Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
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Una perspectiva bíblica del trabajo

Génesis 1–2

El trabajo no es un castigo, sino un regalo de Dios dado antes de la caída, para que el hombre exprese la imagen de Dios administrando la creación con responsabilidad y descansando bíblicamente.

Predicado18 de mayo de 2017
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Que el Señor les bendiga, hermanos, amigos queridos. Le doy la bienvenida nuevamente. Gracias por responder nuestra invitación y acompañarnos en esta conferencia. Hemos orado al Señor para que la perspectiva bíblica prevalezca en el trabajo, prevalezca en la familia y prevalezca en todas las áreas de la vida. Hoy hemos venido a ver una perspectiva bíblica acerca del trabajo. Si usted es la primera vez que viene aquí, siéntase bienvenido; soy el Pastor Rafael, para nosotros es un gusto tenerle aquí, una alegría que pueda visitarnos.

Situado a esto, esto es lo que hace el pueblo del Señor regularmente: reunirse para exaltar el nombre del Señor y también para recibir su palabra. Todos los jueves, todos los domingos nos reunimos en este mismo espacio para hacer esta misma cosa: exaltar el nombre del Señor y mostrar también su palabra. Si usted viene por primera vez, le invito a que vuelva el próximo domingo. De hecho, el próximo domingo tendremos un tema que es complementario a esto, porque veremos cómo hacer todas las cosas en la vida para la gloria del Señor.

Y el próximo jueves entonces tendremos un discipulado sobre este mismo tema. Sabemos que una conferencia no alcanza para todas las perspectivas, para aplicar cada cosa, por eso desde ahora hemos previsto tener el próximo jueves a las 7:00 de la noche discipulados en grupos pequeños sobre una perspectiva bíblica sobre el trabajo. Ya no para recibir la conferencia completa, sino para aplicar la conferencia a áreas específicas sobre el trabajo. Hoy estaremos mostrando la perspectiva bíblica y, con la ayuda del Señor, el próximo jueves en grupos pequeños estaremos compartiendo, aplicando estos principios bíblicos a las diferentes áreas, los diferentes roles, a las diferentes cosas que todos nosotros debemos hacer para la gloria del Señor.

Desde ahora está abierta la invitación: el próximo domingo a las 10:30 de la mañana estaremos aquí reunidos exaltando al Señor y mirando cómo hacer otras cosas para su gloria, y el próximo jueves a las 7:00 de la noche estaremos aquí reunidos en discipulados para grupos pequeños. También queremos extender la invitación: si usted tiene niños, por ahí viene el campamento bíblico de verano de nuestra iglesia, será en el mes de julio, y si usted quisiera que sus niños, sus sobrinos participen, puede hacerlo.

Vaya a la mesa de información, deje sus datos para reservar el cupo, reservar la asistencia para su niño, su sobrino, su familiar. No tenemos tanto espacio para recibir a todos los niños que uno quisiera, pero si usted inscribe sus niños desde temprano, entonces reservamos ese espacio para usted. De nuevo, siéntase bienvenido a nuestra iglesia, es un gusto que usted esté aquí, es una alegría para nosotros compartir una perspectiva bíblica al respecto del trabajo.

Cada vez que la iglesia va a compartir la Escritura, es una práctica saludable orar. Esto no se hace porque es un ritualismo, como “lo que se hace antes de predicar”; se hace porque uno sabe que, para entender la palabra del Señor, necesitamos la ayuda sobrenatural del Espíritu Santo, y para que la palabra del Señor anide en el corazón de uno también necesitamos la ayuda del Espíritu Santo. Para poner en obra todo esto que el Señor demanda de uno necesitamos la ayuda del Espíritu Santo. Por eso les pido que tienda sus manitos o alguna persona que tenga cerca, manifestando que estamos juntos por exponernos a la palabra del Señor. Oremos al Señor para que sea Él que nos dirija a un entendimiento más claro de la perspectiva bíblica acerca del trabajo.

Ya hemos exaltado tu nombre, Señor. Hemos manifestado lo que eres tú para nosotros. Gracias por tu presencia en este lugar, Señor. Gracias por cada persona que interrumpió su agenda para venir aquí. Permite, Padre, que aquellos que por primera vez entran en contacto con tu palabra se sientan, Señor, deseosos, hambrientos de conocerte más y más; que esta primera aproximación, Señor, sea el punto de entrada no solamente para una perspectiva bíblica sobre el trabajo, sino para una vida completa rendida a tu palabra.

Del mismo modo, Señor, te pido por mis hermanos aquí hoy congregados. Permite que como creyentes veamos cuál es el eterno llamado tuyo para nosotros en nuestra vida diaria y comencemos, Señor, a vivir en consecuencia. Permite que nuestras mentes, nuestros corazones hoy sean llevados a tu palabra, Señor, y permanezcan allí. Diríjenos tú en cada una de las partes. En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, nuestro Salvador.

Dios se presenta como trabajador en la creación

Amén. Permítanme, hermanos, amigos, compartirles una perspectiva bíblica al respecto del trabajo. Yo creo que todos ustedes son expertos en este tema. De hecho, casi cualquiera de ustedes podría mostrarnos acerca del trabajo alguna perspectiva. Es lo que ustedes hacen de 8 a 5, algunos más allá de 8 a 5. Es lo que usted hace de lunes a viernes. Es aquella actividad que estará ocupando la mayor parte de su vida.

He tenido yo la preocupación pastoral de que, dado que el trabajo ocupa gran parte de nuestra existencia, mis hermanos y amigos estén desaprovechando este precioso recurso que el Señor les ha dado para vivirlo para su gloria. Hoy pretendo hacer algo que es demandante, algo que es muy difícil, y es en una hora entusiasmarles a ustedes acerca de que esto que ustedes han estado haciendo durante toda su vida puede ser hecho de una manera mejor. Hoy he venido con el propósito de llevarle a un entendimiento aún más claro de cuál es la perspectiva de Dios para el trabajo.

Por un asunto de tiempo no pude detenerme en cada una de las referencias, pero le voy a pedir que, si pueden, tomen anotaciones para que después en su casa puedan continuar con este tema. Estaré partiendo desde el libro de Génesis, donde todo comenzó. La palabra del Señor, la Biblia, la Sagrada Escritura comienza en el libro de Génesis, y Génesis en el capítulo 1, en el versículo 1, presenta por primera vez a nuestro Dios. Y cuando nuestro Dios se presenta por primera vez, aquello en lo que Dios se presenta haciendo es trabajar. La palabra del Señor comienza con la introducción de un Dios que se presenta a los hombres trabajando.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

— Génesis 1:1

Lo que continúa desde el capítulo 1 hasta el capítulo 2 es nuestro Dios haciendo que todo lo que hoy hay exista, día tras día, de manera ordenada: primer día, segundo día, tercer día de la creación, hasta alcanzar el día séptimo. Y cuando Dios llega al día séptimo, entonces dice que Dios reposa. Comienzo esta conferencia mostrándoles que la primera presentación que Dios hizo de sí mismo es un Dios que llega al hombre y se presenta al hombre trabajando, que trabaja durante toda una semana y descansa al séptimo día.

Con esto comienzo, hermanos, a corregir un malentendido, y es aquel malentendido que nos enseña que el trabajo es algo malo, que el trabajo es un castigo. Lo que enseña la Escritura es que el trabajo fue creado por Dios para el beneficio del hombre, es una bendición. Pero cuando el hombre abusa del trabajo, a consecuencia del pecado, lo que antes era un esfuerzo saludable llega a ser un tormento, una maldición. Si el trabajo fuera malo, Dios no trabajaría. Si el trabajo fuera algo impropio, Dios no lo haría. Si el trabajo fuera algo denigrante, nuestro Dios no trabajaría.

Pero el Dios que hizo la tierra con el poder de su palabra se presenta al hombre trabajando de lunes a viernes, y después nos da la encomienda de trabajar. Hay seis características del trabajo de Dios que se revelan en la creación desde Génesis capítulo 1 hasta Génesis capítulo 2. Lo primero es que Dios trabajó de forma creativa. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”; un día, segundo día, y cada una de estas cosas, cuando Dios las iba haciendo, las iba haciendo en forma ordenada.

Si ustedes quieren saber cuál es la perspectiva del trabajo desde la perspectiva de Dios: es que Dios trabaja en forma creativa, hace cosas nuevas; y Dios trabaja en forma ordenada. Al final de cada período entonces se detiene la narración y dice: “Y vio Dios lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”. Me llama la atención el hecho de que Dios, que es perfecto y todopoderoso, se detiene un momento, mira hacia atrás y considera la obra de creación que ya ha hecho, la evalúa, y la evaluación que Dios hace del trabajo que Él mismo ha hecho es que vio Dios lo que había hecho y era bueno en gran manera.

El modelo divino de trabajo y nuestra encomienda

Si ustedes analizan todos los días de la creación, todos los días de la creación el Señor estaba haciendo cosas nuevas, pero cada una de esas cosas nuevas eran cosas útiles. Aparece Dios creando la luz, aparece creando las especies vegetales, después los animales, todo en un orden lógico, normal, necesario. Y todas estas cosas tienen un sentido de utilidad. Estoy introduciendo, presentando el trabajo de la manera en que Dios lo hace: Dios aparece en el libro de Génesis trabajando de manera creativa, de manera ordenada, evaluando en medio de su trabajo, creando cosas útiles, y al final terminando las cosas que comenzó.

¿Cuál es la presentación que Dios hace del trabajo que Él mismo hace? Es un trabajo ordenado, un trabajo creativo, un trabajo que se evalúa, es un trabajo que se termina, y al final Dios mismo reposa. Sólo introduzco con esto el mandamiento, y quería llegar hasta este mismo momento. Dios, que es todopoderoso, Dios que pudo haber hecho la creación en un solo instante, Dios que no necesitaba trabajar, Dios que solamente con pensar las cosas pudieron haber sido, Él trabaja en seis días de manera ordenada y al séptimo día reposa.

Les pregunto, hermanos, les pregunto, amigos: si Dios no se cansa, si Dios es omnipotente, si nuestro Dios no se agota, ¿por qué Dios reposa? A la conclusión que he llegado desde el Génesis es que Dios se presentó trabajando para luego darnos a nosotros una encomienda a trabajar, y lo ha hecho de una manera que nosotros podamos seguirle en el proceso. Recuerdo que cuando programaba computadoras, hay una manera de hacer software y es que usted hace un algoritmo, pero primero hace un diagrama de flujo. Usted enseña cuál es el orden lógico que el software va a tener.

Estaba trabajando al lado de un ingeniero y él pasaba directamente al algoritmo. Yo le pregunté: “¿No haces los diagramas de flujo?” Él me dijo: “Ya yo tengo tantos años haciendo software que no necesito hacer el diagrama, puedo pasar directamente al algoritmo, pero si tú lo necesitas te puedo mostrar el diagrama”. Entonces, a partir de este momento, el ingeniero, cuando iba a hacer los algoritmos, primero dibujaba diagramas y yo podía entenderle. Cuando veo a Dios creando en Génesis 1 y Génesis 2, veo a Dios haciendo un trabajo de forma tal que nosotros como hombres podamos replicarlo, podamos imitarlo.

El trabajo desde la perspectiva de Dios, a la luz de Génesis 1 y Génesis 2: Dios no necesitaba haber trabajado de esta manera, pero Dios trabajó; trabajó en forma ordenada, trabajó en forma metódica, hizo lo que hay que hacer para trabajar y después reposó. Mi Dios, que no se cansa, reposó.

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

— Génesis 1:27–28

Después que Dios trabajó, después que Dios enseñó cómo se trabaja, entonces colocó al hombre en la creación y le dijo al hombre: ahora tienes la encomienda de que sigas trabajando en nombre mío y a la manera en que yo he estado trabajando. Quiero mostrarles, hermanos, una definición de trabajo a la luz de Génesis capítulo 1 y capítulo 2.

Las palabras claves en Génesis 1:27–28 son “fructificad”: es no ser estériles, no ser sin fruto; hagan cosas productivas, fructifiquen. “Multiplicaos”: no se queden donde están, sigan aumentando. “Llenad la tierra”: toda esta vasta creación que yo he hecho en diferentes días, ahora vayan, tomen posesión de ella, llénenla. “Sojuzgadla”: sojuzgar algo es administrarlo de forma tal que rinda el mejor de sus frutos. Y después dice: “Señoread”. Todo esto nos da a nosotros cuál es el concepto bíblico del trabajo.

El concepto bíblico del trabajo es administrar la creación en nombre de Dios, de forma tal que alcance sus objetivos con el mayor aprovechamiento. La palabra clave en todo esto es “en el nombre de Dios”. Hermanos queridos, cuando los hombres trabajamos, estamos ocupando nuestro lugar en la creación, imitando a Dios quien nos hizo a su imagen, administrando aquellas cosas que Dios ha creado de forma tal que alcancen su propósito. El trabajo, desde la perspectiva cristiana, es digno porque cuando el hombre trabaja se parece a su Dios. El trabajo, para Dios, es agradable porque cuando el hombre trabaja está imitando a su Dios.

Por eso la pereza es tan gravosa en las Sagradas Escrituras. Cuando un hombre deja de trabajar y se entrega al ocio, entonces está rechazando participar de esto que es la imagen de Dios en él y la oportunidad que Dios ha creado para el hombre. Todos estos pasajes que he estado leyendo son pasajes que son anteriores a la caída del hombre. Con esto estoy demostrando que el trabajo no es un castigo, sino que es un beneficio, es un precioso regalo que Dios nos ha dado para que ejercitemos esto que tenemos, que es la imagen de Dios en nosotros.

El trabajo, el pecado y la maldición: aclarando conceptos

El principio número 1 de 3 que estaré compartiendo es que nuestros pecados —la envidia, los celos, los desórdenes— convierten el trabajo en una maldición. Dice un conocido merengue dominicano que el trabajo se lo dejan al buey, porque el trabajo lo hizo Dios como un castigo. Esto es muy conocido y es popular, pero no es verdad. A la luz de la Escritura, Génesis 1 y Génesis 2, el trabajo fue dado antes de la caída; el castigo dado por Dios al hombre en Génesis 3 es que el trabajo iba a ser hecho rodeado de dificultades, pero el trabajo per se es una bendición dada por Dios al hombre, para que ejecute su imagen trabajando del mismo modo en que Dios trabajó.

Dice el libro de Eclesiastés, capítulo cuatro:

He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu. El necio cruza sus manos y come su misma carne. Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.

— Eclesiastés 4:4–6

La Escritura en ninguna parte enseña el trabajo ni como un castigo ni como una maldición. La Escritura enseña el trabajo como algo digno, creado por Dios y practicado por Dios mismo. Lo que hace que el trabajo se desarrolle en condiciones tan deplorables y precarias es el pecado. No es un castigo, sino un privilegio dado al hombre antes de la caída para que expresara la imagen de Dios trabajando. El castigo fue el empeoramiento de las condiciones.

Usted me dirá: “Pastor, trabajar es difícil”. Yo le diré que es verdad. Me dirá que el trabajo es aflicción; yo le diré: sí, el trabajo tiene aflicción. De hecho, las aflicciones en nuestro trabajo diario son recordatorios de que el pecado tiene consecuencias, y el Señor se ha encargado de establecer en la creación recordatorios para que el hombre tenga presente que el pecado tiene consecuencias. Cuando el hombre desobedeció a Dios, el Señor castigó al hombre, y como castigo al hombre fue haciendo que su trabajo día tras día le recuerde que el pecado tiene consecuencias.

El trabajo no es malo per se, el trabajo no es malo en sí mismo; sin embargo, el trabajo al día de hoy tiene un componente de fatiga.

Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.

— Génesis 3:17–18

Cuando el hombre desobedeció, el Señor le castigó estableciendo condiciones duras para que el trabajo sea hecho. Esto de que “la tierra te producirá cardo y espina”, hermanos, es lo que cualquier agricultor tendrá que testificar. Qué bonita sería la naturaleza si no existieran las malas hierbas, qué bonita sería la creación si no existieran estos elementos que hacen que los componentes de la creación nos anuncien que el pecado tiene consecuencia.

Hermanos queridos que están aquí presentes, amigos que nos acompañan, quiero mostrarles que el trabajo difícil es un recordatorio permanente de que el pecado tiene consecuencias. Sin embargo, desde la perspectiva bíblica, el trabajo sigue siendo algo bueno, creado por Dios mismo y practicado por Él en primer lugar. Así mismo, hay otras expresiones del pecado que hacen que esta limitación por diseño que ya tiene la creación sea todavía más gravosa: han empeorado las condiciones del trabajo.

Dice el libro de Eclesiastés que la envidia, la codicia, la vanidad, la avaricia y diversos desórdenes hacen que esto, que ya por diseño ha sido limitado, sea todavía más difícil. ¿Por qué trabajar es tan duro? Dos razones principales. Primero, porque el trabajo ha sido limitado por aquel que lo creó: Dios, que hizo la creación e hizo al hombre, estableció que la tierra fuera limitada por diseño. Y en segundo lugar, el hombre que administra la creación, cuando se olvida de Dios, entonces se entrega a la envidia, codicia, vanidad, avaricia y otros desórdenes, y el trabajo se hace doblemente complicado.

Todo ser humano tendrá que testificar que trabajar es difícil, pero aquellos que se han entregado al pecado y a la maldad entonces tienen un doble mal: tienen un trabajo, una tierra que ha sido limitada, y al mismo tiempo tienen otras consecuencias de pecados adicionales que dañan y limitan las condiciones de trabajo. Por eso un creyente cambia su actitud y se refugia en la palabra del Señor, dice el Salmo 127:

Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; porque a su amado dará Dios el sueño.

— Salmo 127:2

Hermanos amados, queridos hermanos, la expectativa que les estoy dando es que, a pesar de una creación limitada y a pesar de condiciones hostiles para hacer el trabajo, a su amado dará Dios el sueño. Dice asimismo la palabra del Señor: “Deléitate a sí mismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón”.

Si me pudieran establecer un diseño para una perspectiva bíblica del trabajo, sería lo siguiente: una creación limitada para recordarnos que el pecado tiene consecuencias; nuestros pecados adicionales que hacen el trabajo todavía más difícil; pero al mismo tiempo esperanzados en que cuando nos deleitamos en Jehová, Jehová nos concede las peticiones de nuestro corazón. He estado mostrando, en primer lugar, que nuestros pecados —la envidia, los celos y otros desórdenes— convierten el trabajo en una maldición.

El ocio nunca ha sido el plan de Dios

Muestro ahora, en segundo lugar, que el ocio nunca ha sido el plan de Dios para nosotros en ningún momento de nuestras vidas. Quizá te han vendido la expectativa de que deberías trabajar duro durante tus primeros 40 años y después dedicar tu existencia a no hacer nada. Quizás has sido contagiado con la idea de que una existencia placentera es una existencia donde no hay actividades. Quizás te han dicho que dejar de trabajar es un sueño deseado. La actitud de sus rostros me dice que sí, que sí; precisamente contra esto es que he venido, he venido a predicar. Lo admito: ha ganado, ha prevalecido la idea de que cuando un hombre logra liberarse del trabajo, entonces es un hombre digno de ser aplaudido.

Que si una persona logra trabajar en su vida, no 40 años, sino solamente 10, y después permanecer tumbado en su casa para siempre, a ese le fue bien. Sin embargo, dice el libro de Eclesiastés:

Por pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se desploma la casa.

— Eclesiastés 10:18

Algo que lamento profundamente es que aún entre mis hermanos ha prevalecido la idea de que trabajar es malo, y que si a un hombre le fue bien, logró dejar de trabajar. Quiero mostrar que, aunque esto fuera lo que predique la cultura popular, el ocio nunca ha sido el plan de Dios para nosotros. Dios se goza en ver a un hombre en actividad, y no en un momento de la vida, sino en todos los momentos de su vida.

Esta imagen de un hombre tirado reposando eternamente primero no tiene asidero bíblico, y ni siquiera aquellos que por un corto tiempo lo han logrado han podido permanecer así. Me dediqué a hablar con personas que lograron retirarse; en nuestra sociedad eso no es común, en otros países, países más desarrollados, es común que a determinada edad una persona se siente. Yo les estuve preguntando a personas retiradas que qué tal su vida, y todos ellos están pensando volver a trabajar. Este sueño de estar en tu casa, en pantalones cortos, ver televisión, salir, durante un mes, durante dos, quizás una persona lo soporta, pero tarde o temprano dentro del hombre hay algo que se llama la imagen de Dios que le recuerda que fuimos hechos para buenas obras.

Que el Señor tiene propósito para nosotros, que tenemos talentos, dones, habilidades, y que cuando esos talentos, dones y habilidades se usan, nos sentimos bien. Hay algo profundo en el corazón del hombre que le hace desear sentirse útil. Dos personas retiradas me dijeron: “Es un sentido de utilidad, es que yo siento que ahora no soy útil. Anteriormente tenía cosas productivas que me hacían salir de mi casa, proyectos que me estimulaban a tener que empujar; ahora estoy aquí sentado, recibo un salario a fin de mes de retiro, pero tengo el deseo de volver a hacer algo”. Casi nadie logra retirarse por completo; y aunque lo lograra hacer, adentro del hombre está la imagen de Dios.

Y el Dios que se presentó en Génesis 1 y Génesis 2 es un Dios que, sin necesidad, trabaja. Me llamó la atención un personaje de la Escritura que tenía 85 años y todavía deseaba trabajar:

He aquí, hoy tengo ochenta y cinco años. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día, porque tú oíste aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas; quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.

— Josué 14:10–12

Este hombre de 85 años todavía deseaba trabajar. Sé que tengo varias audiencias en este auditorio: hay personas que están entrando al mercado laboral, hay otros que están establecidos en el mercado laboral, hay algunos que están pensando salir del mercado laboral y algunos que el mercado laboral ya no los quiere. He venido a decirle a todas las audiencias aquí congregadas que, sin importar el momento de su vida, todavía la voluntad de Dios para ustedes es que utilicen sus habilidades, dones, oportunidades para la gloria del Señor y para administrar la creación.

Detenerte, detenerte, detenerte no es primero una opción y después tampoco es agradable. Hay una diferencia entre ocio y reposo. La voluntad de Dios para nosotros no es el ocio, pero sí es el reposo. ¿Qué es el reposo? El reposo es una pausa posterior al trabajo con un objetivo preciso: reflexión, preparación y disfrute. Ocio es solamente dejar pasar el tiempo. ¿Cuáles son las personas más depresivas en una sociedad? Son aquellos que están entregados al ocio.

De hecho, aquellos que están desempleados testifican que son difíciles las condiciones precarias de no tener ingresos regulares, pero todavía es más difícil mirar el techo blanco y un abanico que se está moviendo. Qué difícil es ciertamente vivir sin ingresos regulares, pero difícil es quedarte en tu casa esperando que pase el tiempo. ¿Cuál es la diferencia entre ocio y reposo? El reposo es una pausa saludable y establecida por Dios posterior al trabajo; el ocio es solamente dejar pasar el tiempo, y ese sentimiento de dejar pasar el tiempo es un sentimiento doloroso, es un sentimiento hostil, es un sentimiento que entristece. Es que una persona se recuerda: yo tengo la imagen de Dios en mí, tengo dones, habilidades, creatividad, oportunidades, y estoy dejando pasar el tiempo.

Una vida satisfactoria no es una vida entregada al ocio; es una vida entregada a un trabajo hecho a la manera de Dios, con pausas regulares, recurrentes, también a la manera de Dios.

Ciclos bíblicos de trabajo y reposo

Hay tres componentes de reposo según ha sido establecido en las Escrituras. Lo que el Señor estableció es que se trabaja seis días y se descansa uno. Y ese descanso recurrente es un llamado para reflexionar, para mirar hacia atrás lo que hiciste durante la semana, para mirar hacia adelante en preparación. El ser humano necesita pausas regulares, recurrentes. Lo que nos venden es: “No te detengas durante 40 años, sigue corriendo. Si puedes tener dos trabajos, ten dos; si puedes tener tres, ten tres; nunca descanses, porque va a llegar un momento en tu vida que sí podrás descansar, reflexionar, prepararte, disfrutar”.

El reposo, tal cual ha sido establecido en las Sagradas Escrituras, tiene ese objetivo: reflexión, preparación y disfrute. El hombre contemporáneo trabaja y trabaja sin descanso durante 65 años contando con que eventualmente se retirará a reflexionar y disfrutar de su esfuerzo, pero eso nunca sucede, es solo un autoengaño. Quien no está al día de hoy disfrutando, nunca va a llegar a disfrutar; quien no está al día de hoy descansando, nunca va a llegar a descansar. La voluntad de Dios para nosotros no es el retiro, sino un ciclo constante de trabajo y descanso: seis días trabajarás, más el séptimo será de reposo.

Lo que el Señor ha establecido para nosotros no es “65 años de trabajo y después retiro”; lo que el Señor ha establecido para nosotros es una vida completa, productiva, de trabajo, de utilidad, y ciclos constantes y recurrentes, bíblicamente establecidos, para reposar. Quien al día de hoy no está reposando, nunca va a aprender a reposar. Y oigan qué proyecto tengo yo esta noche: yo quiero que ustedes reposen. Que le digan que no a algunas opciones de trabajo, que intencionalmente se queden en su casa, que disfruten de aquellas cosas que Dios les ha dado.

Si una persona al día de hoy no está disfrutando, no está reposando, no está reflexionando, nunca va a poder hacerlo. ¿Cuántas personas al día de hoy no establecen pausas? Quien no aprenda a descansar ahora nunca va a tener la oportunidad de hacerlo. Esto que aparece arriba —y lo describo con palabras— es el autoengaño: 60 años de mucho trabajo y después 10 años de ocio. Lo que aparece abajo es el ciclo de trabajo bíblicamente establecido y a la manera de Dios: seis días de trabajo y un día de descanso.

No es el descanso al final de la vida, son descansos recurrentes: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis días trabajando para la gloria del Señor y después a reposar. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis días trabajando para la gloria de Dios y después a reposar. Es el ciclo bíblico para el trabajo, y respetar ese ciclo no solamente traerá gran daño sobre tu cuerpo si no lo respetas, sino que también traerá gran daño sobre tu mente y también sobre tu alma.

El ser humano necesita imitar a Dios en la manera en que Dios trabajó. Hermanos, si Dios no necesitaba reposar, parece que el reposo es necesario; lo hizo para nosotros. Quizás es el ciclo de creación y recreación. Alerta: si al día de hoy no estás reposando periódicamente, es muy probable que mueras y nunca logres hacerlo. ¿Hay alguien que va a testificar que perdió su vida? ¿Hay alguien que testificará que nunca reposó? ¿Hay alguien que testificará que nunca se deleitó? ¿Hay alguien que testificará que nunca evaluó su trabajo?

Hermanos, amigos queridos, no desperdicien su vida. Trabajen para la gloria del Señor y descansen recurrentemente. Primer principio que he estado estableciendo, hermanos queridos, lo primero que he estado compartiendo es que nuestros pecados hacen aún más precarias las condiciones limitadas en las cuales se desarrolla el trabajo en la creación. Lo segundo que he estado estableciendo es que el ocio nunca ha sido el plan de Dios para nosotros, en ningún momento de nuestras vidas, y les mostré un caso de un hombre de 85 años.

Personas que están aquí hoy presentes que pasan de los 50, todavía sus vidas son útiles para Dios como aquellos que tienen 20. No hay un momento en la vida donde digamos que ya no tenemos utilidad. El llamado de Dios para el hombre es una vida completa, rendida a trabajar para su gloria en cosas útiles, cosas creativas, cosas que nos permiten practicar la imagen de Dios en nosotros.

El límite intencional: aprender a entrar en reposo

Les muestro ahora, en tercer lugar, que a menos que establezcas intencionalmente un límite, nunca entrarás en reposo. Hay algunos electrodomésticos que los fabricantes por diseño los limitan. La sierra quizás podría tener aún más revoluciones, pero ha sido limitada intencionalmente para que pueda ser útil. No tiene tanta potencia quizás como podía tener, ha sido limitada intencionalmente. Nuestro trabajo no se hace al mayor límite posible, nuestro trabajo se hace con pausas recurrentes que el Señor ha establecido para nuestro propio beneficio, deleite y seguridad.

Dice la Escritura:

El trabajo de los necios los fatiga, porque no saben por dónde ir a la ciudad.

— Eclesiastés 10:15

Es la imagen de un hombre que está en el campo trabajando y trabajando, trabajando. Se pregunta: “¿En qué momento es que vas a ir a la ciudad? ¿En qué momento es que vas a dejar el trabajo de lado? ¿En qué momento es que vas a desconectarte de la oficina?” El trabajo de los necios los fatiga porque no saben por dónde ir a la ciudad. Hermano querido, quizá tú eres un agricultor, quizá eres un empleado de oficina; entonces yo vengo a decirte a ti: ¿en qué momento es que vas a ir para tu casa? ¿En qué momento es que se cierra la puerta de la oficina? ¿En qué momento se apaga la computadora?

Cada vez es más difícil descansar, reposar, porque nuestra generación es la generación del trabajo intelectual, del trabajo del saber. Hay algunas personas entre nosotros en esta noche que su trabajo no es un trabajo físico, no es montar 50 cajas una encima de la otra. De hecho, el trabajo del saber, como se ha llamado, a menos que establezcas intencionalmente un límite para desconectarte, no te vas a desconectar, porque tiene la capacidad de ir contigo a dondequiera que tú vas. Sales de la oficina y estás resolviendo el problema de la oficina. Estás de vacaciones y los mensajes siguen llegando al celular.

Me decía una persona que cada vez que pestañea y ve la pantalla hay cinco correos más. Dice: “Guau, cinco más… y cinco más”. Hay otra traducción que lo traduce: “Tanto se afana el necio trabajando que no conoce el camino a la ciudad”. Ay, hermanos, amigos queridos; esta noche yo he venido a mostrarles el camino a la ciudad. He venido a decirles: debe llegar un momento que usted se va para su casa. Debe llegar un momento que el trabajo se quedó, que el trabajo se concluye: el sexto día el trabajo se concluye y está terminado; se reposa y después se vuelve a trabajar. Son ciclos recurrentes, ciclos regulares.

Ser envuelto por el trabajo. Algo muy lamentable en todo esto es que hay personas que han llegado hasta a ostentar de esto, de estar muy afanados: “No tengo tiempo para nada”. Son las personas que andan con tres celulares, dos agendas y siempre se van moviendo de un lado al otro, y parece que son muy inteligentes. La Escritura no les llama inteligentes, les llama necios: “Tanto se afana el necio trabajando que no conoce el camino a la ciudad”.

Ay, hermano querido, que sea tu trabajo monte en el campo o que sea tu trabajo dentro de la ciudad, lo que tú necesitas no es solo el camino a la ciudad, sino lo que necesitas es el camino a tu casa. El principio tres, con lo cual hoy pretendo terminar, es que a menos que establezcas intencionalmente un límite, nunca entrarás en reposo. Me llama la atención que la Escritura le llama “entrar en reposo”, entrar en un reposo, porque el reposo no llega solo. Usted no se quede esperando el séptimo día y cuando llegue el séptimo día: “Ajá, descansamos”. No, no, no: uno entra en reposo. Es algo que se diseña, es algo que se establece, es algo que se prepara.

También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.

— Marcos 2:27

Un gran mal es que en un momento de la historia la gente comenzó a adorar el día de reposo. El propósito del día de reposo no es que el día de reposo sea adorado; el propósito del día de reposo es que el hombre entre intencionalmente en reposo. El día de reposo fue hecho por causa del hombre y no el hombre por causa del día de reposo. No fue “día de reposo le dieron a los hombres”; fue que a los hombres le dieron un día de reposo.

Hermanos, amigos queridos, nosotros ya no estamos bajo la ley de Israel, pero nosotros necesitamos entrar en reposo. Y yo les aseguro que a su familia le irá mejor, a usted le irá mejor, y a su trabajo le irá mejor, a la creación completa le irá mejor si los hombres entramos en reposo. Hay tres objetivos del día de reposo que el Señor estableció legalmente para Israel. ¿Por qué el Señor estableció un día de reposo legal en Israel? Hay tres razones principales.

La primera razón por la cual Dios instituyó por ley en Israel un día de reposo es porque sabía que, de otro modo, el hombre nunca reposaría, por lo menos nunca lo haría de la manera correcta. Cuando Israel vivía bajo la ley mosaica, una vez a la semana se reposaba, o se reposaba. Parece que Dios lo sabía: que el hombre, si se dejaba suelto, trabajaría no solamente lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo, sino que hasta al domingo le pondría tres días a la semana más para también seguir trabajando.

Protección, eficiencia y justicia en el reposo

Hermanos queridos, Dios estableció legalmente en Israel un día de reposo porque, si no, los hombres nunca iban a entrar en reposo. Dios amó tanto al hombre que legalmente lo limitó. Tú dices: “Guau, ahora estamos bien porque ya no estamos bajo la ley”. El principio se mantiene: el hombre necesita reposo, el hombre necesita esparcimiento, el hombre necesita pausas recurrentes. Las pausas son necesarias. La primera causa es protección.

Ay, hermanos queridos, el ser humano no soporta trabajar con intensidad durante 14 días, jornadas de 30, jornadas de 2 años. Hay personas que testifican que tienen años sin reposar, que hace años que no ha habido una pausa en su vida donde han podido salir del trabajo. Si usted ha tenido la bendición de poder tener un día de la semana para por lo menos reflexionar, exaltar el nombre de su Señor con sus hermanos, hacer una pausa intencional, y ha podido respetar eso, es un privilegiado.

Anteriormente existió una ley que protegía al hombre y ya, hermano, el hombre ha entendido que esa “libertad”, porque ya puede trabajar todos los días, eso no es libertad, es esclavitud. La primera razón por la cual Dios estableció un día de reposo legal en Israel es un asunto de protección: Dios quiere que el ser humano mantenga su dignidad, mantenga su protección, y por eso lo estableció. Lo segundo es eficiencia.

Dios instituyó por ley en Israel un día de reposo para que el hombre administrara mejor su creación. El hombre reposado trabaja mejor. Una persona que tiene la mente quemada, una persona que está en constante fatiga, no administra bien lo que está haciendo. Tú puedes tener el cuerpo presente, pero tu trabajo no es el mejor trabajo posible. De hecho, hay industrias donde han encontrado que cuando establecen más pausas recurrentes en el trabajo aumenta aún más la eficiencia.

Llegó un momento en que tienes que dejar de ver el trabajo para ser eficiente. Creo que ustedes han vivido esa experiencia: han tratado de conseguir una solución a un problema con intensidad, con intensidad, con intensidad, y a menos que pausen y dejen de ver el problema, cuando vuelven a verlo entonces encuentran la solución. Una persona que hace pausas recurrentes en su trabajo es una persona que trabaja con eficiencia. La primera razón por la cual un día de reposo fue establecido legalmente en Israel es protección; la segunda es eficiencia.

¿Cuál es la tercera? Es justicia. Dios instituyó por ley en Israel un día de reposo para que los amos no abusaran de sus sirvientes. Tristemente, hoy muchos esclavizan voluntariamente. Una vez a la semana todo el pueblo tenía que reposar para que los poderosos del pueblo no esclavizaran a los más pequeños. Si no existía un día de reposo, los amos iban a obligar a los sirvientes a que trabajaran y nunca reposaran. El Señor estableció que no era voluntario, sino que era por ley, para que los hombres no fueran esclavizados por un asunto de justicia.

¿Cuántas personas al día de hoy voluntariamente se han entregado a la esclavitud de la cual Dios les sacó? Porque ya las sociedades occidentales cristianizadas han entendido la necesidad del reposo, pero algunos voluntariamente salen del reposo; en vez de entrar, entonces salen. Primero de tres objetivos establecidos por Dios para el reposo, para establecer un día de reposo, es la protección; el segundo es la eficiencia, y el tercero es la justicia.

Ya no estamos bajo la ley de Israel, pero el día de reposo sigue siendo una muy buena práctica. De hecho, después de la resurrección de Cristo, la iglesia cristiana comenzó a reunirse no el sábado, sino el domingo. Es una manifestación, primero, un recordatorio de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, pero al mismo tiempo es una manifestación de que ya nosotros no estamos legalmente atados, pero voluntariamente de todos modos reposamos. Y esta es la razón por la cual los domingos, quien no está habituado a esto, si usted sale por la calle encontrará un ejército de hormiguitas que salen de su casa con el interés de reflexionar, prepararse espiritualmente, también disfrutar de la adoración del Señor un domingo en la mañana.

Una gran pérdida de nuestra sociedad es que hace 30 años cualquier familia con un poquito de formación por lo menos una vez a la semana iba a la iglesia. Al día de hoy, a un invitado personal a la iglesia usted le dice: “Vamos a la iglesia”, y le responde: “Yo no tengo el tiempo para ir a la iglesia”. La tragedia de la sociedad occidental es que la gente primero dejó el reposo de lado, después también dejó a Dios de lado.

Quiero llamar a toda persona que hoy está presente a que establezca pausas voluntarias, que establezca límites para su trabajo, que demuestre que es un buen mayordomo administrando la creación, trabajando de la misma manera en que Dios trabajó. Quizá la pregunta se ha quedado sin responder; usted dice: “Todavía mi trabajo es difícil, no he encontrado una respuesta para que mi trabajo sea menos fatigoso”. Hermano, amigo aquí presente: hasta que usted tenga esta creación, usted tendrá que hacer el trabajo con limitaciones. La limitación le recuerda que el hombre desobedeció y Dios castigó el pecado del hombre.

Pero tú estás agregando dolor sobre dolor cuando, aparte de reconocer las limitaciones, también te entregas a desobedecer; que en el trabajo hay que establecer algún límite. Una persona que no descansa no solamente cultiva lo difícil que es trabajar en un mundo caído, sino que transmite también, cultiva las consecuencias de su propia desobediencia.

Concluyo con esto: lo que la mayoría de la gente necesita no es un aumento de salarios ni un nuevo empleo, sino glorificar a Dios con su trabajo, abandonando el pecado, el ocio, la pereza, el desorden y reposando. La respuesta está en la Biblia, no en los clasificados. Oro al Señor para que todos ustedes sean contagiados con hacer su trabajo de la mejor manera posible. Ahí donde está, tienda su manito a alguna persona que tenga cerca.

Les recuerdo que el domingo entrante continuamos mostrando cómo glorificar a Dios en cada una de estas cosas, y que el próximo jueves estaremos aplicando cada uno de estos principios en discipulado y grupo pequeño. Oro por la congregación que hoy es reunida.

Oración final: reposo práctico y reposo en Cristo

Gracias, Señor, por la sabiduría de tu palabra. Ay, Padre, he hecho el esfuerzo de contagiar este auditorio con una expectativa más alta acerca de esta labor que harán durante tantos años. Permite, Señor, que la gente que aquí está hoy presente y congregada pueda tomar hoy una resolución de trabajar para la gloria tuya de una manera mejor. Trae sabiduría, Señor, a esta área tan necesaria; trae, Señor, una perspectiva bíblica al respecto del trabajo. Permite, Señor, que cualquier persona que está aquí hoy congregada tenga hambre de investigar, de buscar, de cultivar de manera más profunda una perspectiva bíblica, no solamente, Señor, sobre tu trabajo, sino sobre su trabajo, sobre su persona, sobre su familia, sobre todas las facetas de la vida.

Bendícenos, Señor, con trabajos más satisfactorios hechos porque son hechos a la manera tuya. Mantén tus ojos ahí cerrados, y si aquí hay alguien que necesita reposar, este es un buen momento para tomar una decisión. Señor, mira aquellos que están aquí agobiados por trabajos que no se detienen. Mira aquellos, Señor, que han estado violentando consistentemente el principio de reposo. Mira aquellos, Señor, que hace años, meses, que no suspenden la labor un día, ni siquiera para venir a tu casa de adoración. Mira aquellos, Señor, que no tienen el tiempo ni siquiera para encontrarse con su Dios.

Permite que alguien hoy tome la resolución, Señor, de el próximo domingo sacrificarse y venir a tu casa. Permite que alguien hoy, Señor, encuentre que esto es deleite, que esto es disfrute, que esto es reflexión, que es la mejor manera, Señor, de dejar sacar el trabajo de la mente y pensar en el Dios que hizo el cielo y la tierra con el poder de su palabra.

Si aquí hay alguien hoy que ha visto estos principios, todavía más: el verdadero reposo para nuestras almas está en Cristo. Dice el libro de Hebreos que Cristo es nuestro reposo. Así como en las áreas diarias del trabajo el Señor estableció una pausa, asimismo estableció el Señor que el hombre se encuentre con Cristo, y que cuando el hombre se encuentre con Cristo su alma encuentre reposo, encuentre verdadero deleite, encuentre verdadero disfrute, encuentre verdadera satisfacción.

Si aquí hay alguien que ha estado hoy congregado y quiere poner en Cristo su confianza, esa persona encontrará no solamente el reposo práctico del trabajo, sino que encontrará reposo para su alma, verdadero deleite. Si alguien hoy aquí ha visto los principios bíblicos y el Señor ha tocado su corazón, si alguien hoy aquí ha participado en la alabanza del pueblo del Señor y se ha sentido invitado, yo le invito a que ponga en el Señor su confianza.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

— 1 Juan 1:9

Dice también la Escritura:

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

— Juan 8:36

Y dice la Escritura que todo lo que a Él viene, Él no le echa fuera; todo lo que el Padre le ha dado vendrá a Él, y al que viene no le echará fuera.

Si aquí hoy alguien quiere entrar no solamente en el reposo práctico del trabajo, sino también en el reposo completo que da Cristo para su vida, yo lo invito a que ponga en Cristo su confianza. Puedes con tus palabras ahí decirle al Señor que pones en Él hoy tu confianza, que le recibes en tu vida y que quieres comenzar a hacer no solamente en el trabajo sino todo lo demás para la gloria suya.

Bendice, Señor, esta congregación reunida. Bendice, Señor, especialmente a los creyentes que están aquí. Permítenos trabajar para la gloria tuya y a la manera tuya. En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor y nuestro Salvador. Amén.

Despedida y canto final de adoración

Nuestros hermanos del Ministerio de Alabanza nos despiden también cantando alabanzas a nuestro Señor. Que el Señor les bendiga. Acompáñennos el próximo domingo a las 10:30. Despedimos esta noche; vamos a ponernos sobre nuestros pies y a cantar otra vez para despedir que es Cristo nuestro Rey de gloria. Amén.

“¿Quién me hace reír? Gloria. Me persigue con su amor. Me asombran sus palabras susurrando en mi interior. Mi conciencia me recuerda: necesito su perdón. Qué Merced a gloria. Reina el universo. Mi príncipe de paz. Revelándome los cielos, los misterios que me da en su verdad. ¿Quién es el Rey de gloria? Hijo de hombre, Hijo de Dios. Su nombre… gloria. Su nombre… reina mi ser. Rey de paz”.

Y esperamos que puedan venir. El Pastor les comentó sobre nuestros cultos regulares, jueves y domingo. Nos veremos aquí el próximo domingo a partir de las 9:00 de la mañana. Están todos invitados. El Señor les lleve con bien.

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