Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
Saltar al contenido

Un llamado a la sensatez

1 Corintios 10:15-33

En las áreas grises de la vida cristiana, el creyente debe ejercer una libertad responsable y sensata, considerando los peligros espirituales ocultos y buscando siempre la gloria de Dios y el bien del prójimo.

Predicado21 de mayo de 2017
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Dispongámonos, hermanos amados, a recibir el consejo de la palabra del Señor. Pueden buscar en sus Biblias, hermanos queridos; continuemos con la primera carta de Pablo a los Corintios y cubramos hoy, con la ayuda del Señor, la parte que tenemos pendiente del capítulo 10. Pueden tener abierta la Escritura en la primera carta de Pablo a los Corintios, capítulo 10. Denme un chancecito para que todos puedan acomodarse. Estaremos hoy en la primera carta de Pablo a los Corintios, capítulo 10; con la ayuda del Señor estaremos cubriendo los versículos que tenemos pendientes, desde el versículo 15 y hasta el versículo 33.

Son muchos ya los sermones que hemos estado predicando acerca de la libertad cristiana. Comenzamos en primera de Corintios, primera carta de Pablo a los Corintios, en el capítulo 8, y hoy llegaremos hasta el final del capítulo 10. Con esto cerramos la unidad completa y el tema que se ha estado cubriendo acerca de lo sacrificado a los ídolos y, sobre todo, acerca de la libertad cristiana. Yo les dije una vez que yo me siento como un predicador un poco melancólico, porque cada vez que cubro una unidad de la Escritura, entonces me pregunto cuándo volveremos a esa misma unidad, porque el tiempo no alcanza para tanto todavía.

En este año nos faltan sermones del libro de Hebreos, nos faltan varios en momentos especiales para los cuales ya hay temas. También tenemos que visitar de nuevo los profetas menores, y mi meta, hermano, en mi ministerio de enseñanza es poder cubrir toda la Escritura con la misma iglesia, pero es mucho, es mucho el texto. Por ahí tengo el Salmo 119, que todavía estoy buscando cómo dividirlo para compartirlo en una serie, pero damos las gracias al Señor de que hoy hemos podido concluir esta unidad temática acerca de la idolatría y la libertad cristiana. Este largo viaje que comenzamos en la primera carta de Pablo a los Corintios en el capítulo 8 hoy podemos llevarlo, con la ayuda del Señor, a feliz término.

Un llamado a la sensatez y las áreas grises

Hoy estaremos viendo un llamado a la sensatez. Dice nuestra introducción que en esta prolongada exposición sobre el tema de la idolatría, el apóstol Pablo ya explicó a sus lectores el significado de la libertad cristiana. Ahora, en los versículos finales encontramos un llamado a la sensatez: aunque con limpia conciencia ellos tenían la libertad de participar en diferentes cosas, como la carne sacrificada a los ídolos, no deberían terminar en una moral mecánica, un pragmatismo frío, sino juzgar con sensatez cada uno de los siguientes asuntos.

Deberían juzgar con sensatez los peligros ocultos en los ídolos. Deberían juzgar con sensatez la tentación de refugiarse en lo estrictamente legal y hacer solamente eso. Deberían juzgar también con sensatez el peligro del egoísmo, también el exceso de cuidado, la vanagloria y la posibilidad de hacer tropezar a otros. Veremos cómo actuar con sensatez en cuanto a comer, a beber y a cualquier otra cosa. Este sermón de hoy también se podría titular: ¿Qué hacer con las áreas grises de la vida cristiana? ¿Cómo proceder en asuntos que no han sido objetivamente normados? ¿Cuál es el perfil de un cristiano sensato?

Creo que esto es relevante, hermano, porque cuántos cristianos insensatos hay al día de hoy. Cuánta gente abusando de su libertad. Cuánta persona conduciéndose en los caminos del Señor de manera imprudente, de manera impetuosa, de manera improvisada. Yo quisiera que al final de la exposición de hoy mi iglesia fuera una iglesia más sensata en cuanto a comer, a beber y en todas las áreas de la vida.

Es primera carta de Pablo a los Corintios, capítulo 10, versículos desde el 15 hasta el 33. Pueden ponerse por un momento sobre sus pies y leamos la Escritura. Dice así la palabra del Señor:

Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo, pues todos participamos de aquel mismo pan. Mirad a Israel según la carne; los que comen de los sacrificios, ¿no son partícipes del altar? ¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?

Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivo de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivo de conciencia. Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por motivo de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro; pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro? Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser censurado por aquello de que doy gracias? Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos. Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

— 1 Corintios 10:15–33; 11:1

Que el Señor les bendiga, pueden sentarse. Es un llamado a la sensatez. Lo que pretendo hacer hoy, hermanos, es introducir primero respondiendo la pregunta: ¿cómo debe la iglesia recibir la enseñanza? “Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo”. Después entonces estaré respondiendo la pregunta: ¿cómo actúa un creyente sensato? Y a esta pregunta estaré dando cuatro respuestas distintas que están en el mismo texto.

Cómo recibir la enseñanza: juzgar como sensatos

Comienzo con el versículo 15, que es el que da inicio a este llamado a la sensatez. Dice el apóstol Pablo a la iglesia en Corinto: “Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo”. Quiero introducir, hermanos, mostrando cuál debe ser la actitud de la iglesia cuando está por recibir la palabra del Señor. La actitud de la iglesia cuando está por recibir la palabra del Señor no debería ser recibir esto mecánicamente, sin ningún esfuerzo intelectual. No debería ser recibir esto como si fuera una orden solamente, como un mandamiento frío, sino que la iglesia, cuando está por recibir la palabra del Señor, debería juzgar lo que está recibiendo y ser persuadida cada uno en su propia conciencia.

De hecho, la meta de un maestro es la meta de persuadir. En una iglesia no venimos a imponer o solamente a disertar. Si usted viniera a la casa del Señor y solamente recibiera un discurso lanzado al aire, usted estaría perdiendo el tiempo. La meta de todo predicador cristiano es persuadir a una audiencia de lo razonable, de lo bueno, de lo deleitoso que es conocer el consejo del Señor y hacer su voluntad. El apóstol Pablo no está imponiendo, sino que está persuadiendo; él les dice: yo estoy hablando en audiencia de gente sensata, juzguen ustedes lo que estoy diciendo.

Si ellos no juzgaban por sus propios medios terminarían siendo esclavizados por Pablo. Hermano, yo no he venido solamente a transmitirte una idea, yo he venido a persuadirte bíblicamente de que esto es razonable. El apóstol Pablo, que tenía la autoridad, no imponía, él persuadía. Y después de una larga disertación sobre el tema de la idolatría, el tema de la libertad cristiana, ahora pone la pelota del lado de la cancha de la iglesia; le dice: iglesia, juzguen ustedes acerca de esto. Si esto no es consistente con todo el consejo del Señor, si esto no es razonable, si esto no es conveniente para ustedes, querido iglesia, yo he venido a decirte que mi meta como maestro no es imponerte ni solamente informarte, sino que quiero persuadirte.

De todo el consejo del Señor, de lo razonables que son sus principios. Y como iglesia yo quiero llamarte también a que te hagas de la costumbre de juzgar bíblicamente lo que recibes. No es un vaciado de información, no solamente un discurso, no es una disertación; es una persuasión bíblica de los principios escriturales. Después que el apóstol Pablo está por cerrar el tema, le dice a la iglesia: “Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo”, y está por hacer ahora su argumento. ¿Cuál es el argumento que está por hacer el apóstol Pablo? ¿Cómo actúa un creyente sensato? ¿Cómo proceder ante estos temas que podrían traer división en la iglesia?

Lo primero que hace un creyente sensato es lo que comienza a hacer desde el versículo 16 hasta el versículo 22: es que considera los peligros ocultos que hay en aquellas cosas en las cuales él se apresta a participar. Aquí veo también, hermano, la necesidad de ver grandes porciones de la Escritura. Si la iglesia se hubiese quedado en 1 Corintios 8 hubiera estado mal informada acerca de cuál era el completo pensamiento de Pablo acerca del tema de la idolatría. El que anteriormente dijo que los ídolos nada son está por explicar ahora mismo que dentro de la idolatría había peligros ocultos que quizá la iglesia no había considerado cuando se aprestaba a participar.

Peligros ocultos en la idolatría y la comunión

Dice el texto, desde el versículo 16 en adelante: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo, pues todos participamos de aquel mismo pan. Mirad a Israel según la carne; los que comen de los sacrificios, ¿no son partícipes del altar? ¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos? Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican”.

Ay, hermano querido, yo he venido a ponerte la urgencia de que hay cosas que parecen triviales, pero son peligrosísimas; cosas en las cuales un creyente ingenuo se entrega sin entender las implicaciones y consecuencias que eso tiene. Pareciera que el tema de la idolatría es solamente un asunto de conciencia y que si mi conciencia es fuerte yo participo. El apóstol Pablo está por explicar que detrás de algo que parece vano, que es la idolatría, hay un conjunto, hay un entretejido demoníaco que está operando detrás de todas estas cosas y que podría ser un peligro para la iglesia del Señor.

Primera cosa que hace un creyente sensato es que considera los peligros ocultos que pueda haber detrás de cualquier asunto que pareciera ser trivial. Para esto el apóstol entonces coloca dos ejemplos: primero el ejemplo de la mesa del Señor y después el ejemplo de los sacrificios en el Antiguo Testamento. El primer ejemplo, el ejemplo de la comunión, el vino y el pan. Dice él que aquello en lo que participamos tiene significado. Estoy hablando a aquellos creyentes que dicen: yo puedo participar de cualquier cosa, mi conciencia no me reprende. Hermano querido, aquello en lo cual tú participas tiene significado, y cada vez que un creyente participa en una cosa o en la otra, ese creyente está dando un anuncio de cuáles son sus convicciones, de cuáles son sus preferencias y cuáles son las opciones que él ha elegido. Participar no es solamente un asunto trivial.

Hay cantidad de cosas en las cuales mis hermanos participan y dicen: eso no es nada. Hermano creyente, yo vengo a decirte que es algo. Cada vez que un creyente participa en determinadas cosas se está haciendo solidario con esas cosas. Me emociona que el apóstol Pablo tome ejemplos de asuntos simbólicos. Él dice: bueno, pero si eso no es nada, tampoco el pan y el vino es nada. El argumento de esto es, hermano, que el símbolo de que nosotros somos parte del cuerpo del Señor, el símbolo de que somos parte del pueblo del Señor, es que nosotros tenemos asuntos simbólicos: tenemos un pan. Alguien dirá: eso es harina. Tenemos una copa de vino, que alguien dirá: ah no, eso es el fruto de la uva. Son asuntos que parecen sencillos, pero cuando participas tienen significados profundos.

Hermanos, hay asuntos en tu vida que, si como creyente participas, te estás endosando con eso, te estás haciendo solidario con eso, estás participando y lo estás representando. ¿Qué significa la comunión a la sangre de Cristo? Significa una participación plena en todos sus beneficios. Cuando un creyente toma el vino, él está diciendo: yo me estoy haciendo solidario con Cristo, me estoy haciendo partícipe con Cristo, y la victoria de Cristo es mi propia victoria. Eso es simbólico, pero es representativo. Pablo le está diciendo a la iglesia: iglesia, el llamado que estoy haciendo no es que se entreguen en la idolatría. Es verdad que los ídolos nada son, pero cuando participas en eso estás simbolizando, estás representando asuntos que son profundos.

Medios de gracia y participación en sistemas paganos

¿Cuál es la comunión del cuerpo de Cristo? Es la participación plena en su naturaleza. Hermanos, nosotros tenemos la convicción de que cuando participamos de la mesa del Señor hay medios de gracia que fluyen a través de nosotros, que no están ni en el pan ni en el vino; están en Dios, pero a través de estos elementos simbólicos se transmiten a la iglesia del Señor. Esa convicción a nosotros nos alimenta. El apóstol Pablo le está diciendo: la idolatría parece ser algo trivial, algo sencillo, algo ingenuo, una simple ignorancia, pero detrás de todas esas cosas hay muchos elementos simbólicos.

Hermano querido, el llamado que te estoy haciendo es que cuando vayas a participar en una cosa o en la otra consideres el peligro oculto que hay de estar endosando, de estar representando, de estar haciéndote copartícipe de algo que no tiene nada que ver ni con tu llamado ni con tu naturaleza. Después, entonces, él pone otro ejemplo más; él dice, y me gusta cómo lo traduce el versículo 17, la NVI dice: “Hay un solo pan del cual todos participamos; por eso, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo”. Así como la comunión en la mesa del Señor nos integra con el pueblo grande, así como la comunión, los elementos simbólicos, nos integran al pueblo del Señor, hay asuntos paganos, idolátricos, que te integran a un sistema mundano que no va a contribuir a la glorificación de Dios, sino que va a contribuir al culto a los demonios.

La aplicación de todo esto, hermano, es que quien participa está representando todo lo que allí se hizo. Hay un hermano que me dirá: yo soy fuerte y puedo participar de determinada cosa. Cuando participas estás endosando todo lo que hay detrás de eso. Estoy haciendo un llamado, hermano, a que seamos sensatos y que no miremos el pecado solamente como asunto ingenuo. Cantidad de cosas que mis hermanos dicen: eso no es pecado, eso no es nada. Cuando te dedicas a buscar el sistema diabólico que hay detrás de eso, te das cuenta que al participar lo estás endosando, que al participar estás diciendo que perteneces a ellos, que al participar te estás haciendo solidario, que hay demonios que están recibiendo culto a través de esas cosas.

De quien participa está adquiriendo las características de quienes practican la idolatría. La iglesia decía: yo puedo participar, y a mí eso no me hace nada. No; cuando lo haces hay atributos que son comunicables. Te estás integrando a ellos, estás diciendo que perteneces a ellos. Y para rematar el punto, después de hablar de algo que es simbólico, que es la comunión, entonces menciona los sacrificios del Antiguo Testamento. Lo que está diciendo es que quien sacrificaba se hacía partícipe con el altar, estaba participando de la adoración. Cuando usted llegaba con un animal a sacrificarlo en el altar en el Antiguo Testamento, usted estaba participando de algo que era muy grande: se llama la adoración en Israel.

Idolatría, demonios y la seriedad del asunto

Desde que usted se movía, hasta cuando usted llega y cuando se hace el sacrificio, usted está participando de esos sacrificios, se está haciendo partícipe, está endosando todo lo que ahí se está haciendo, está dando un testimonio público de su fe en Dios, un testimonio público de su reconocimiento de su pecado, una contribución colectiva a la adoración. Al moverse también estaba animando a otros a que se movieran. A veces yo he imaginado, hermano, cuando el altar se encendía en Israel, el humo subía, el pueblo se movía, la gente estaba esperando para hacer su sacrificio. Lo que el apóstol está por decir es: a los ídolos no son nada, aparentemente; detrás de eso hay un sistema demoníaco que recibe culto y recibe retribución.

Hermano, la idolatría no es algo trivial, tiene consecuencias. Pablo está por resolver una aparente contradicción, porque dice el versículo 19: “¿Qué, pues? ¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos?”. Esto parece que él se estaba desdiciendo porque había dicho en el capítulo 8 que los ídolos nada son, y si los ídolos nada son, ¿por qué yo no debo participar? Hermano, este es el dilema en la vida cristiana: si yo soy libre en Cristo, ¿por qué yo tengo que abstenerme? Si eso para mí no tiene ningún valor, no tiene ningún significado; si yo sé que eso es ignorancia, ¿por qué yo no puedo participar?

No puedo participar porque, antes digo, versículo 20: “Que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican”. Aunque los ídolos no son nada, porque hay un solo Dios creador del cielo y de la tierra, Satanás utiliza expresiones idolátricas, vanas y caídas para agenciarse un culto. Y aunque sea por ignorancia, estás endosando aquello en lo cual estás participando. Y esta es la razón, hermanos, por la cual los cristianos evangélicos históricamente nos hemos, en nuestra libertad, abstenido de participar en cantidad de expresiones culturales idolátricas, que nosotros entendemos que son vanidad, que no tienen ningún valor, pero que no queremos endosar.

Y ahí vienen las personas y me dicen: pero eso no es pecado, pero tiene tal cosa. Hermano, es que no es la trivialidad de la idolatría, es lo profundo que hay detrás; que el príncipe de este mundo, el engañador, el diablo, ha usurpado la gloria del Señor, distrayendo a los hombres en asuntos que parecen vanos, pero que detrás tienen la implicación de que son demoníacos. La idolatría no es algo trivial. Yo preferí dejar esta parte, hermano, porque tengo que cubrir hoy el tema de los demonios y me va a tomar un poco de tiempo, pero yo quisiera decirle a mis hermanos que esto es serio.

No es solamente, como dice la persona, de que si hay música secular o música cristiana, esto es serio. No es solamente de que si eso es un ambiente cristiano o de hermanos, esto es serio. Hay influencias diabólicas, demoníacas, que operan en la creación utilizando instituciones que a veces son legítimas, para doblarlas y hacerle un culto al diablo. Y hay veces que usted, en su ingenuidad, este creyente insensato, se entrega a eso y termina adorando a Satanás. Parece, hermano, cuando dice: “A los demonios sacrifican y no a Dios”, que esto funcionaba de forma velada. Y prevalecía la idea en ellos de que como eso no es nada, ya al llegar al entendimiento de que los demonios nada son, entonces yo sí puedo participar. Lo que está diciendo de forma velada es algo: Satanás está detrás de eso.

Naturaleza y operación de los demonios

Miren, el deseo de Satanás siempre ha sido usurpar la gloria de Dios. Y usted dice: pero ¿cómo Satanás se hace de una gloria, si yo no le puedo adorar intencionalmente? Es que con él lograr contaminar, con él lograr tomarse un atributo de Dios, ya está logrando su propósito. Él obra con falsedad, en asuntos aparentemente triviales. Quienes participan, dice él, se estaban vinculando con los demonios. Hermano, primer asunto de un creyente prudente, de un creyente sensato, es que él entiende que detrás de asuntos triviales hay maldad; hay asuntos que como a cualquiera le darían nada, a ti te importan. No porque los ídolos sean algo, sino porque tú sabes el sistema demoníaco que opera detrás de esto.

¿Quiénes son los demonios? La Escritura enseña a los demonios como ángeles caídos, seres creados por Dios, que cuando Satanás se rebeló perdieron su dignidad. Y al día de hoy operan en la creación tratando de oponerse al avance de la obra del Señor. Enseña la Escritura acerca de los demonios que pueden tomar control de una persona, como el endemoniado gadareno, y tomar dominio sobre sus deseos, de sus capacidades mentales, de sus capacidades físicas. La posesión demoníaca es una realidad, y frecuentemente la gente llega a ser poseída por los demonios participando en asuntos que parecen triviales.

“Ah, no, que yo participo porque eso no era nada”; es un culto a los demonios que está detrás de eso, y al participar te estás haciendo solidario con los demonios y terminas en posesión. Enseña que los demonios pueden eliminar las facultades de las personas. A uno en Mateo capítulo 9 lo había dejado mudo, y a otra en Lucas capítulo 13 la había dejado encorvada. Enseña que los demonios pueden enfermar a las personas y traer determinados males, por eso el Señor les dio, en Mateo 10:1, poder a sus doce discípulos para echarlos fuera y para sanar.

Yo no quiero colocar a la iglesia, hermanos, en un asunto de un delirio de persecución donde vean demonios en cada parte, pero tampoco quiero yo pecar de dejar a mi iglesia en la superficialidad de pensar que no hay demonios y que nada es nada. Detrás de muchos sistemas mundanos hay fuerzas diabólicas que operan para poseer a los creyentes, para desviar la gloria del Señor. Hermano, te estoy elevando el nivel de alerta: un creyente sensato no asume esos asuntos como algo trivial.

Dicen que los demonios pueden haber sido echados y después regresan al mismo lugar y reposeen a las personas. Enseña que una misma persona puede ser poseída por más de un demonio. Me gozo porque Colosenses 2:15 dice que su poder ha sido despojado y que, por la victoria de Cristo, han perdido algunas de sus facultades y han sido limitados. Dice también que pueden tener cierta apariencia benevolente y darle a la persona ciertas capacidades. Por ejemplo, frecuentemente en el libro de los Hechos, en el Nuevo Testamento, se vincula la adivinación a fuerzas demoníacas, y hay personas que participan y dicen: no, eso no es nada, es solamente un asunto de… es un show de magia.

Doctrinas y sistemas demoníacos; separación de la idolatría

En algo aparentemente trivial pueden haber demonios operando, y tú, practicando tu libertad, terminas siendo atado. Dice Hechos capítulo 13 que también distraen para impedir el avance de la obra del Señor; había un tal Elimas, un mago, que se oponía a lo que el Señor estaba haciendo. El pasaje donde dice que un demonio puede re–poseer a una persona es Lucas capítulo 11. Frecuentemente, cuando el Señor sanaba, le decía a las personas: no vuelvas a hacer lo que estabas haciendo, para que no te acontezca algo peor.

Hermanos queridos, estoy levantando la alerta de sensatez de que en asuntos triviales y sencillos hay fuerzas espirituales de maldad, las cuales están operando y buscando detener el avance de la obra del Señor. Está complejo el asunto. Dice que Judas, que era uno de los doce, fue poseído por un demonio que le llevó a traicionar al Maestro. Para que Judas hiciera, hermano, este asunto tan malvado que es vender al Señor, dice que fue poseído por un demonio, y después hay otro evangelista que se lo atribuye directamente a Satanás. O sea, que vemos que los demonios están al servicio del diablo para robarle al Señor su gloria, para impedir el avance y para limitar al ser humano.

Asimismo dice primera de Timoteo capítulo 4, versículo 1, que hay determinadas doctrinas de demonios; hay determinadas doctrinas falsas, hay sistemas diabólicos que las están promoviendo. Hermano, con esto quiero elevar el nivel de sensatez de mi iglesia. No entendamos que las cosas son “que nada es nada”, porque a veces detrás de ese “nada es nada” se esconde algo. No pensemos que porque eso es ignorancia, como dicen algunas personas, ya no tiene implicación espiritual.

Miren, esa es la razón por la cual fue tan fuerte la separación entre los cristianos evangélicos y el catolicismo romano. Porque un cristiano evangélico veía un altar, y le decían: no, que eso es un asunto de la tradición de los abuelos, y él entendía que detrás de eso, que parece que es un valor familiar, hay fuerzas demoníacas. Por eso no adoramos imágenes, por eso nos oponemos a todas esas cosas y limitamos nuestra participación donde eso se hace.

Yo he encontrado hermanos fuertes que entienden que “nada es nada”, y los encuentro donde mismo están adorando los ídolos y poniendo la vela, ahí están ellos, y hasta lo disfrutan. Ay, hermanos queridos, detrás de algo que parece sencillo, que es idolatría, hay fuerzas demoníacas. Yo, en lo particular, hermano, limito mi presencia en esos lugares. Y si yo tuviera que elegir entre sentarme como fuerte o como débil, yo elijo, en precaución, presentarme como débil.

Y usted me dirá: pero no se puede ir si hay que dar un pésame. Hermano, yo recientemente fui a un lugar; llego de último, doy el pésame y me voy. Se puede entender el consejo que hay detrás de eso. Y usted me dirá: Pastor, pero esos ídolos no son nada, eso es piedra, no son nada. No son nada, pero hay demonios que se ocultan detrás de los ídolos. Esas fiestas dominicanas de palos y demás, donde te encuentras a lo que ahora llaman “música raíz”, y hay creyentes que por un asunto cultural y por demostrar su libertad entonces participan en la música raíz, endemoniados.

Sensatez ante expresiones culturales y lo “lícito”

Hermano, detrás de asuntos que parecen sencillos… yo tengo la tentación de hacer un listado, hermano, pero solamente le menciono algunos. Miren, hay expresiones musicales y lugares de música que parecen: no, que eso es una sala de concierto. Ten cuidado, que detrás de esa sala de concierto hay toda una operación de maldad; que si usted puede limitar su presencia allí, limítela. ¿Cómo opera un creyente sensato? En primer lugar, hermano, un creyente sensato considera los peligros ocultos de determinados asuntos tradicionales, culturales, triviales, asuntos que aparecerían como que uno está levantando una alerta innecesaria, pero uno sabe que Satanás utiliza algo que “no es nada” para alcanzar sus propósitos.

La pregunta que usted debe hacerse, hermano, es: ¿a qué me podría yo estar exponiendo si participara de eso? No se entregue como que no, no; pregúntese: ¿a qué me podría yo estar exponiendo? ¿A que me están invitando a una actividad, estoy yo endosando ese culto, estoy yo respaldando esa práctica, estoy haciéndome solidario con eso, estoy exponiéndome a fuerzas espirituales que operan allí? Si usted no tiene, hermano, esa convicción, ese no es su lugar; la mesa suya es la mesa del Señor. La solidaridad suya, su vinculación, es con la sangre de Cristo.

Por eso es que es tan enérgico el apóstol Pablo, diciendo, versículo 20 en adelante: “Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios”. Quita el asunto este de que “lo importante es que se haga para Dios”. Hay gente que piensa: al final todo eso va para el mismo Dios; usted le llama de un modo y los otros le llaman de otro. Hermano, la idolatría es a los demonios y no a Dios.

Por mí me han dicho: perdóname, es que ustedes le llaman Jehová y nosotros lo llamamos de tal forma. No estoy intencionalmente usando el nombre, ustedes saben cómo le llaman a sus deidades. “No, que él se montó en fulano, eso es Dios que lo posee”. No, son demonios, que le llevan a lujuria, le llevan a vergüenza, le llevan a promiscuidad. Detrás de todas esas cosas hay sistemas que son satánicos.

Y “no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios”. Ahí está el mandato. Pastor, que usted está diciendo… Ahí viene que usted me pregunta: Pastor, ¿qué hacemos con determinadas cosas? Y yo encuentro que la gente como que siente que no le he dado una respuesta contundente. Es que te estoy cuidando, es que no quiero que te hagas partícipe con los demonios. “Pastor, es que yo solamente voy y participo y salgo pronto”. Hermano, si usted puede no ir, no vaya. Si usted puede limitar su participación en esos lugares, no participe. No hay que entrar; no se haga partícipe con los demonios.

“No podéis beber de la copa del Señor y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?”. Bueno, un creyente tiene que tener ciertos celos, cierta dignidad, y limitar donde entra. Por ejemplo, asuntos idolátricos, asuntos de promiscuidad, asuntos de vanidad; dondequiera que haya ese tipo de cosas, detrás de eso Satanás lo usa, hermano, porque él se agarra, él les roba la gloria del Señor y lo utiliza para limitar al ser humano.

Primer asunto: considera los peligros ocultos en asuntos que parecen triviales. Segundo asunto, versículo 23: no te excuses en lo exclusivamente legal. Hay hermanos que dicen: no, yo puedo participar porque ningún versículo me condena, yo tengo la libertad de hacerlo, eso no es pecado. Y ahí es donde yo encuentro siempre al creyente ingenuo; el creyente ingenuo siempre anda buscando la oportunidad de operar al borde. Es como: mira, yo sé que el límite está ahí, y como yo estoy de este lado, bueno, quizá no es pecado directamente, pero no es sabio.

Lo que dice la Escritura en el versículo 23 es: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”. Hay cosas que no son pecaminosas, hay cosas que son lícitas, y tú no deberías participar. No hay que demostrarme bíblicamente, dame cinco versículos donde eso… Y tú le das cinco versículos: ah, pero son cinco versículos del Antiguo Testamento, yo los quiero del Nuevo. Le das cinco del Nuevo: ah, pero eso no lo dijo Jesucristo, lo dijeron los apóstoles. Hermano, ¿hasta dónde vas a llegar en la insensatez de operar hasta el borde, sin entender que eso va a traer gran daño sobre tu alma?

Está el creyente que siempre quiere decir: eso me es lícito, la Biblia no me lo impide, yo estoy en lo correcto. Hay gente que ha tenido tremendo accidente operando “en lo correcto”, y el accidente tiene la misma consecuencia. Yo tuve hace cerca de doce años el accidente más correcto que se puede tener. Miro para atrás y todavía me impresiona; hermano, yo recuerdo como por flashback los asuntos. Yo tenía todo en orden.

Transitaba en la calle correcta. Yo iba en una vía, a la velocidad correcta; yo no estaba superando el límite legal de velocidad, iba un poco rápido, ¿verdad?, pero dentro de los parámetros legales. Tenía mi licencia al día, mi seguro al día, tenía la actitud correcta de quien va en una vía, porque quien va en una vía no se puede detener en cada intersección. Lo que se entiende es que quien va a entrar en la intersección es quien se detiene. Cuando iba en la vía, a la velocidad correcta, en la vía correcta, con mi seguro correcto, con mi cinturón puesto, hay otro en “lo correcto” que atravesó, y le di al medio de la puerta. El Señor me preservó la vida, hermano.

“Todo me es lícito” y filtros de provecho y edificación

Pero no podría decir… yo mismo tuve ahí cinco minutos explicándole a todo el que venía cuando el choque, explicándole que no, que yo venía, que yo tenía la preferencia, que fue ella que entró en la intersección. Hermano, el accidente es el mismo. Yo puedo tener toda la razón del mundo, pero tuve que llevarme mi carro en una grúa. Tuve que pagar la reparación de mi carro, pudo haber tenido consecuencias físicas. Así mismo hay cantidad de creyentes que andan por la vida entendiendo que tienen el derecho: “No, porque yo vengo en la vía; el que entra en la intersección es el que tiene que frenar”. Hermano, frene usted; establezca usted los límites prudenciales, porque al final el choque es el mismo.

“Ah, pero yo estoy haciendo lo que es legal”. Es verdad, tiene toda la razón del mundo, pero el choque es el mismo. “Todo me es lícito”, hermano, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Hay asuntos en los cuales estás en lo correcto y, de todos modos, deberías no exponerte. Mira, los fariseos eran especialistas en eso. Los fariseos no evadían la ley, la eludían. Ellos eran expertos en dedicarle un razonamiento complicado para dar seis vueltas y entender que todo estaba “en lo correcto”, cuando dejaban de hacer la voluntad del Señor.

Asimismo hay hermanos míos que siempre están “en lo correcto”. “La Biblia no me condena”, excusa que encuentran para esto: “Hermano, eso no es pecado, no hay suficientes versículos; tales maestros están de acuerdo conmigo; fulanito cristiano también lo hace”. Sea sensato usted. “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”.

He escuchado: “Mi pecado no le hace daño a nadie”. Me decía un pastor cómo un hermano de su iglesia andaba con un bate en el baúl, con intenciones violentas. ¿Es ilegal tener un bate? Quizás, hermano, usted no está violando ninguna ley en tener un bate en el baúl de su carro. Pero esa actitud violenta y pecaminosa de tener un bate: “Yo tengo un bate en el carro”. Tú no puedes mostrarle bíblicamente que él ha violado ningún mandamiento del Señor al tener un bate en el carro; él tiene un bate en mano, un instrumento deportivo.

Me parece, dice el pastor, que el hermano lo que hizo fue que el pastor le sale: hermano, mira primero la actitud violenta, pero después te puede parar una patrulla y te revisan el baúl. “Ah, pastor, no se preocupe, que yo lo resuelvo”. Él compró un guante y una pelota, y los puso junto. ¿Ha violado alguna ley?, ¿ha cometido algún pecado? Hermano, estos que quieren estar excusándose en lo que es exclusivamente legal son insensatos. “Como a sensatos hablo, juzguen ustedes estas cosas”. “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”.

Hay dos filtros que usted tiene que ponerle a su derecho. Primero, este es el filtro del provecho. Me gusta cómo lo traduce la Biblia de las Américas: “Todo es lícito, pero no todo es de provecho”. Un creyente no hace todo lo que la ley le permite. Esto de entregarse a experimentar todo lo que no sea ilegal, hermano, no es sabio; es insensatez. “Ah, porque no hay ningún versículo, entonces yo voy a participar”. Hermano, todo es lícito, pero no todo te es provechoso, no todo te es conveniente, no todo es de edificación.

Preguntas clave: provecho, edificación y bien del otro

Aplíquelo a la película, aplíquelo a la música, aplíquelo a cualquier expresión de esta cultura caída. Que no quiere decir que eso… yo no he dicho “nada malo”: eso es humano. Que sea humano no significa que tenga que verlo de ese modo. “Ah, pero eso se hace”, que eso se hace no significa que usted tenga que estarlo presenciando. Cantidad de hermanos míos están siendo insensatos, primero participando en asuntos que parecen triviales aunque tengan consecuencias demoníacas, y los otros operando en lo que es estrictamente legal: “Si no pueden demostrarlo bíblicamente, entonces yo lo hago”.

Hermano, hay cosas en las cuales usted tiene la libertad para participar y no debe hacerlo. Primer filtro: el filtro del provecho. Segundo filtro: el filtro de la edificación. Y cuál es la pregunta clave: la pregunta clave es, ¿en qué forma esto será útil y contribuirá a la edificación de mi alma? “No, eso no hace nada”. Si no hace nada, entonces no lo haga. Porque un creyente participa en asuntos que tengan utilidad y que tengan edificación. No pierda el tiempo; cuide su alma; no sea insensato.

En primer lugar he estado mostrando que hay asuntos que parecen sencillos y no lo son, que hay asuntos que parecen triviales y son demoníacos. En segundo lugar, que no te excuses en lo que es exclusivamente legal; que no operes al borde; que no entiendas que porque tienes el derecho tienes que hacerlo. Si algo no es útil, si algo no es de edificación, hermano, eso no es para ti.

Versículo 24: “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro”. Hermano, qué seguro es esto. Asume como norma el bienestar de tu hermano; eso te va a producir un tipo de deleite que es muy seguro. Me he dado cuenta que el pecado florece en la soledad: “Yo lo hago, ¿por qué?, porque a mí me gusta”. ¿Y tú crees que eso beneficia a alguien más aparte de ti? “No, a mí solamente”.

Asume como norma que cuando algo te sea lícito, que al mismo tiempo sea provechoso, sea para el beneficio de alguien más. He visto, hermano, que eso es seguro; eso te permite un deleite que es muy seguro. Es de mucho provecho tener una perspectiva plural. El egoísmo conduce a la caída. Hermano, si eso me traerá satisfacción a mí, yo quiero que también eso beneficie a alguien más. Y cuando uno asume eso como norma, frecuentemente uno se da cuenta de que lo que produce bienestar a mí daña a otro; si daña a otro, entonces no lo haga.

La pregunta clave aquí, hermano, es: ¿de qué forma esto contribuirá al bienestar de mis hermanos? “No, a nadie; es que a mí me gusta hacerlo”. Pero ¿contribuye?, ¿edifica?, ¿es útil? Mira, una persona que es muy edificada es una persona que busca no solamente su propio deleite, su propia satisfacción, sino que busca la satisfacción de alguien más. Me he dado cuenta que frecuentemente los asuntos pecaminosos son asuntos solitarios. Cuando algo sólo está circunscrito a tu necesidad muy puntual y muy particular, y eso no es de beneficio para nadie más, sino solamente para ti, muy frecuentemente es algo pecaminoso.

El Señor se goza en proveernos asuntos que tienen deleite comunitario, deleite familiar, deleite congregacional; algo que mucha gente puede celebrar al mismo tiempo. De los versículos 25 al 30 hay una parte que es relativamente amplia y compleja. Y es que, así como podemos pecar de ingenuos, hay otros también, hermano, que establecen límites muy altos. Y un creyente vive, hermano, buscándose ese balance, de no ser imprudente, de no ser insensato, de no ser una persona superficial que anda por la tierra participando en todo lo que hay que participar, mirando todo lo que hay que mirar, comiendo todo lo que hay que comer, pero al mismo tiempo no establecerse un límite que sea tan corto que termine esclavizado.

Equilibrio entre libertad y escrúpulo excesivo

Así como había algunos que no participaban en nada, había otros que participaban en todo y no se ponían ningún límite; había otros que se abstenían de todo y también terminaban en esclavitud. Estos casos están del versículo 25 al 30. Dice la Escritura: “De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivo de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivo de conciencia”.

Hermano, el asunto es que en un mundo caído, si usted se dedica a preguntar y es en extremo quisquilloso con todas las cosas, usted siempre va a encontrar vinculación de algo hacia la maldad, y vamos a entrar a un estado de inoperancia. Así como hay algunos que su insensatez está en entregarse a todo y practicar todo aunque sea demoníaco, hay otros que su insensatez está en que no practican nada, no comen de nada, entonces terminan también esclavizados.

Lo que está diciendo el apóstol Pablo es: cuando usted vaya a la carnicería, deje de estar preguntando necesariamente, porque el que se pone a preguntar encuentra. Recuerdo cuando yo trabajaba, hermano, en asuntos comerciales, y yo vivía en ese dilema donde yo digo: “Wow, este cliente… me ha pedido un crédito, ¿le doy o no le doy el servicio?”. Si usted se dedica a preguntar, hermano, usted va a encontrar alguna ramificación diabólica, va a encontrar algún asunto de la maldad. “Ah, que vamos para un restaurante; hay que traer los mejores registros comerciales del restaurante; quiero saber quiénes son todos los accionistas; quiero ver de dónde viene el capital; quiero ver quién es el cocinero”. Hermanos, termina en esclavitud.

Pero tampoco se entregue a participar de todo. Entienda ese límite saludable, donde usted tiene conciencia de que va a deshonrar a su Señor. Porque también hay otros, hermano, que no tienen ningún límite y tienen a cualquiera por cliente, a cualquiera por proveedor; con cualquiera se sientan en una mesa. Pero si usted se dedicara a buscar vinculación, la va a encontrar. “Dejen de preguntar”, lo que está diciendo es: no se mueran de hambre, coman.

Me llama la atención que en el 28 y el 29 él incluye un ámbito muy amplio; él dice: hay algunos que compran en la carnicería, hay otros que van y se sientan en la mesa. Él está diciendo: cómpralo en la carnicería, ya quitó la opción de que vaya al templo. Porque habiendo maneras de comer: usted iba al templo y se lo comía ahí, o usted iba a la carnicería y compraba lo que sacrificaban en el templo. Él dice: cómase lo que venden en la carnicería, pero no pregunte.

Hermano querido, si usted quiere vivir una vida de reflexión, comience a preguntar. Mire, en este mundo caído, casi todo… usted no aprenda a vestir sin analizar; detrás de eso hay explotación, hay abusos. Yo mismo a veces me he preguntado: ¿cómo es que logran que eso tenga esos precios? Yo digo: “A alguien están explotando”. No puede ser que uno aprenda a vestir: “No, que eso es por el asunto de producción en serie, producción en lote”. A alguien están explotando.

A alguien le han pagado menos de lo que hay que pagarle; a alguien le han quitado un derecho; a alguien le quitaron una patente. Hermano, en este mundo caído, si uno se dedica a preguntar, va a entrar en un estado de inoperancia. Entonces no sea insensato preguntando de más, porque hay hermanos también que quieren vivir con unos límites imposibles.

Tres casos prácticos: carnicería, invitaciones y conciencia ajena

El texto presenta tres casos posibles. El primer caso es al comprar en la carnicería. Si alguien llegó a la carnicería, y usted vive en la ciudad de Corinto, es casi seguro que eso viene de un templo. ¿De dónde viene la carne? Del templo. ¿Dónde sacrifican? En el templo. El otro caso es si un incrédulo te invita a participar.

“Deja de estar preguntando y come”. Me gusta, hermano, cómo lo traduce la NVI: “Y ustedes aceptan la invitación”. Porque dice: “Si te invita y quieres ir”. Hermano, no siempre hay que querer ir. Pero si ya usted fue, está en la mesa. Porque si no, usted va a terminar solo en esta tierra, sin compartir su mesa con nadie, sin convivir con nadie. Son dos estados: hay un estado de imprudencia y un estado de inoperancia. Huya usted de los dos.

Me gusta, hermano, lo que dice el libro de Eclesiastés respecto de eso, que dice que no seas tan justo que te perjudique. No vivas tratando de ser tan bueno que termines viviendo en una nube, como de hecho terminaron viviendo muchos judíos y viven así al día de hoy. Ellos van en un avión donde lo kosher tiene que tener un sellito que certifique que eso fue producido… No pregunte y coma.

El primer caso es el caso de una persona que dice: mira, como yo vivo en Corinto, y yo no voy a poder comer de otro lugar que no sea de la… yo la compro en la carnicería, no en el templo, sino en la carnicería. “Ay, Pastor, pero es que en el templo está más fresca”. Esos son los sacrificios que uno hace para no endosar un sistema de maldad. Tú dices: por lo menos, si ya la llevaron a la carnicería ya dejó de tener la connotación idolátrica o pagana; ya está en la carnicería.

El segundo caso: “Si algún incrédulo os invita y queréis ir”. Hermano, si a usted lo invitan a un lugar, deje de estar preguntando de dónde eso viene, qué cómo, qué cuándo. Hay otro caso, que es un caso más complicado todavía, y es en el que quiero detenerme un momento. Dice: el primer caso está en el 25: “De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia”; porque el que se dedica a preguntar se va a sentir mal, y se va a volver algo pecaminoso. Segundo caso, versículo 27: “Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivo de conciencia”.

Ahora, el versículo 28: “Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos, no lo comáis”. Ahí quita el asunto. Yo estoy convencido, hermano, de que hay veces que hay que pararse de la mesa. Porque hay gente que hasta usa los creyentes para eso: para ver qué hacen. Te colocan en posiciones donde tú estás participando con limpia conciencia, pero te cuentan: “Ah, que tú no sabes de dónde eso viene, lo que hace fulano para poder tener esto; lo que hubo detrás de esto”.

Si es el caso de que a ti te sorprenden, hermano, no participes. No endoses eso. Otro puede ser el caso de un creyente, y eso lo he visto, hermano; me parece muy lamentable, pero sucede. Hay creyentes que miden la conciencia de los otros, y te hacen a ti preguntas, y te exponen a cosas que para ti, hermano, en la libertad en Cristo, eso no tiene ningún valor, pero parece que para él sí. Te está preguntando, el hermano tiene problemas de conciencia con eso y te está utilizando a ti para medir. Limítate también, porque quizás no están participando en igualdad de condiciones: tú estás participando en libertad y él en esclavitud.

Hay gente que tiene problemas con determinadas prácticas, determinados pecados, y buscan a otros creyentes y se los ofrecen: “Vamos a ver qué va a hacer fulano”. Yo no quiero utilizar mi libertad para dañarte. Porque volvemos a lo que vimos en los capítulos anteriores: puede ser que tú, participando, hagas que ese hermano que tiene mala conciencia entonces también participe, y participen de manera diferente: tú en libertad y él en esclavitud.

“Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis por causa de aquel que lo declaró, y por motivo de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud”. Me gozo de que en cada uno de los consejos él lo corona con esto: “Porque del Señor es la tierra y su plenitud”. Con esto lo que Pablo está diciendo es: fue el Señor que hizo los alimentos, fue el Señor que hizo la comida, fue el Señor que hizo los animales, fue el Señor que hizo la creación. Participar de la creación no es pecaminoso; todo es del Señor. Sin embargo, hay connotaciones que pueden ser connotaciones pecaminosas, a las cuales un creyente tiene que tener una salida prudencial.

La pregunta máxima: ¿para la gloria de Dios?

Tres casos posibles: si va a la carnicería, no pregunte. Si algún incrédulo te invita y quieres ir, come. Pero si te das cuenta que puedes tú estar participando, endosando algo… Oye, se han visto casos lamentables donde a creyentes les han traído negocios, les han traído propuestas, los colocan en situaciones para probarlos, hasta para burlarse. Y cosas que a un creyente, la verdad, eso no le importaría mucho, ahí debería pensar: yo estoy representando el nombre del Señor.

Todo esto, hermano, al final siempre dice: “Porque del Señor es la tierra y su plenitud”. Cuando tú lo hagas, hermano, hazlo así, rompe el asunto de conciencia diciendo: esos elementos los hizo el Señor. “¿Qué es lo que es eso? Para mí eso es comida normal, yo la como”. He tenido casos donde tú estás en lugares donde tú tienes la sospecha de algo, hermano, deja de… no indagues. Ese asunto de tener una sensibilidad demasiado alta, un extremo de cuidado, no es sabio hacerlo.

La conclusión para todas estas cosas, hermano, va desde el versículo 31 hasta el 11:1. Dice él: “Si, pues, coméis o bebéis…” Y me gusta aquí que amplía el radio, dice: “O hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. Y esta es la pregunta, hermano, más difícil de responder en determinadas situaciones. La pregunta es esta. Vamos resumiendo las preguntas.

La primera pregunta es: ¿al participar en este asunto me podría yo estar exponiendo innecesariamente a algún asunto espiritual? La segunda pregunta: ¿en qué forma esto será útil y contribuirá con la edificación de mi alma? Si no edifica ni es útil, no participe. Tercera pregunta: ¿de qué forma esto contribuirá al bienestar de mis hermanos? La pregunta clave aquí es, hermano: ¿de qué manera esto contribuirá con la gloria del Señor?

Y hay veces que tú no vas a encontrar manera objetiva en que tú puedas decir que eso glorifica a Dios. Si algo no glorifica al Señor, tampoco te hará bien a ti. Si algo no puede pasar el filtro de que eso contribuya para la gloria del Señor, tampoco te es útil. En cuanto al cuidado, hermano, la pregunta que te puedes hacer es: ¿puedo participar en esto con relativa tranquilidad, sin dañar mi conciencia? Si no, hermano, participe; si no, entonces absténgase.

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. La meta de la vida de un creyente, hermano, es no glorificarse él, es no glorificar a los hombres; todo eso es idolatría, el no participar en otra cosa sino en glorificar el nombre del Señor. Si algo no contribuye con la gloria del Señor: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos”.

La conclusión es: todo para la gloria del Señor, todo con extremo cuidado para no ser tropiezo. Dice la Escritura que aquel que hace caer a uno de estos pequeñitos, mejor le fuera que se atase al cuello una piedra de molino y se echase al mar. Todo con el propósito de salvar a los perdidos. Y en todas estas cosas, hermano, busque un creyente maduro para imitar.

He visto que es sabio tener referentes humanos como nosotros, de personas que están viviendo a la luz de principios bíblicos. Muchas cosas, cuando usted las ve dramatizadas en la vida de alguien más, usted encuentra soluciones prácticas; usted encuentra: “Mira cómo este hermano se aproxima a eso”. Decía el apóstol Pablo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. Qué bueno, hermano, es cuando el Señor nos da referentes en determinadas áreas: referentes familiares, referentes comerciales, referentes diarios en los estudios, personas que han hecho la voluntad del Señor y han podido terminar bien. Busque un ejemplo de un creyente maduro que usted pueda imitar, y en todas estas cosas glorifiquemos al Señor.

Oro por la iglesia para que el Señor le evite los dos peligros: primer peligro, participar con ingenuidad, la insensatez; segundo peligro, establecerse, hermanos, límites demasiado altos que ningún ser humano pudiera alcanzar. Oro por la iglesia para que pueda expresar su libertad glorificando a su Señor.

Oración final por sensatez y uso correcto de la libertad

Gracias, Señor, por esta porción también de la Escritura. Padre, mira cómo te he estado pidiendo por estos hermanos míos. Padre, permite que sean sensatos en todas las áreas de su vida. Que no tengan, Señor, que oprimir el botón si no le hace falta; que no tengan, Señor, que ponerse donde no es necesario. Que se limiten, Señor, si no ven gloria para tu nombre o edificación para sus almas.

Padre, cuídanos, cuídanos de este pensamiento que ha estado permeando a la iglesia del Señor, de que “nada es nada y todo es todo”. Ay, Padre, cuídanos, protégenos; mira cómo nosotros caminamos a veces a tientas en un mundo de oscuridad. Señor, permite que tu Santo Espíritu nos corrija, nos reprenda, nos redarguya. Señor, haznos sensibles para tener el mayor cuidado de nuestras almas, con sensatez.

Padre, permite que la libertad que tú le has dado a mis hermanos en Cristo, la libertad que tú nos has dado en Cristo, Señor, no se arruine por la insensatez. Enséñanos dónde están los límites prudenciales. Padre, mira a los hermanos míos que están luchando con áreas grises: asuntos laborales, asuntos familiares, asuntos comerciales, Señor, donde ellos van a tener que hacer tu voluntad y a veces no saben de manera objetiva. Permite que apliquen estos principios, Señor, y que encuentren sabiduría. Haznos una iglesia sensata, Señor.

Ay, Padre, alértanos cuando nos estemos aproximando imprudentemente; límitanos, Señor, cuando queramos ir más allá de los límites. Sobre todo, Padre, permítenos tener una existencia relativamente placentera en un mundo de idolatría. Permítenos, Señor, tener alimentación, permítenos tener sustento, y que podamos glorificarte en un mundo, Señor, que camina en la dirección contraria.

Bendice a cada persona aquí congregada; bendícenos, Señor, con la mejor expresión de tu libertad. Gracias, Padre, porque sentimos nuestra libertad. Gracias, Señor, también porque sentimos tu gloria. Gracias, Señor, porque tu amor nos impulsa. Bendice ampliamente a la iglesia congregada. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Recibe lo nuevo por correo

Los mensajes del domingo, los devocionales y los artículos. Sin frecuencia fija y sin publicidad.

Puedes darte de baja cuando quieras.

En vivo PezMundial Radio