Mira nuestra iglesia, siéntanse bien en medio del pueblo del Señor. Hola, mi amor. Como le decía Rocío, yo también quiero extenderle la invitación, porque a veces una persona es invitada a una actividad especial de la iglesia y piensa que tiene que esperar otra actividad especial para volver a la iglesia del Señor, y no es así. La iglesia cristiana es una organización de puertas abiertas; todas las personas están invitadas a participar en el culto cristiano, sean o no sean cristianos todavía, y la razón por la cual es así es que la fe viene por el oír, y es el oír la palabra del Señor, y a menos que usted venga a la iglesia y escuche la predicación, entonces usted nunca va a llegar a ser un cristiano.
Yo quiero invitarte a que el próximo domingo vengas a la iglesia. Te consideres ahora mismo un cristiano o todavía solamente estés escuchando la palabra del Señor en el culto cristiano, ven; venimos aquellos que ya hemos sido bautizados, que ya hemos creído, y también viene cualquier persona, y lo mejor que hace una familia prudente un domingo en la mañana es ir a la casa del Señor, a darle al Señor el primer día de la semana. Los niños ya van a ser llevados a su actividad; vamos a ver los maestros de niños, dónde están, que se pongan de este lado, y los niños ya pueden ir con ellos, que los van a llevar a su clase.
Vamos a dar un momentito para que los niños puedan ir a sus actividades. Ellos tienen su programa adecuado a su edad. Eso es, y vamos a pedir entonces que los más grandecitos, en la medida de lo posible, ocupen los primeros asientos, de modo que todos puedan participar. La actividad de los niños será en el templo. Eso es, denme un momentito para que los niños puedan acomodarse. Ya con los niños en sus actividades, les pido que me acompañen en sus Biblias. Hay dos cosas principales que se hacen en un culto cristiano: en el culto cristiano el pueblo le expresa cosas a Dios a través de canciones, a través de actitudes, a través de sus ofrendas, y al mismo tiempo el Señor habla a su pueblo por medio de su palabra.
Si viniéramos al culto cristiano y solamente cantáramos canciones, nos faltaría la mitad del culto cristiano. Se vienen esas dos cosas: que el pueblo exprese cosas a su Dios y al mismo tiempo el pueblo viene para que el Señor hable a su pueblo a través de las Sagradas Escrituras.
Oración e introducción al tema de la familia
Les invito a que ahí donde están busquen sus Biblias en el libro de Efesios, en el capítulo 5. Dentro de su programa está la enseñanza que estaremos hoy exponiendo. Les pido que tengan sus Biblias ahí abiertas al libro de Efesios, en el capítulo 5, para que nos encomendemos delante del Señor. Le voy a pedir que ahí donde ustedes están extiendan su manito sobre alguna persona que tengan cerca, en reconocimiento de que estamos juntos como pueblo, siendo expuestos a la palabra del Señor.
Les invito a que oremos al Señor encomendándonos delante de Él. Mira, Señor, este pueblo que está aquí reunido. Mira esta extraordinaria oportunidad para que tú nos conduzcas a través de la sabiduría de tu palabra. Te encomiendo esta mañana especialmente las familias que están aquí hoy reunidas o representadas. Permite que tu Escritura, Señor, venga a sustentar las familias. Permite que la sabiduría de tu palabra, Señor, se ponga por encima del criterio popular, y que aquellos, Señor, que todavía no entienden cuál es tu voluntad para ellos como familia, al ver hoy la hermosura de tu revelación se sientan animados a buscar todavía mucho más.
Nos encomendamos delante de ti para que tu palabra nos ilumine, para que tu palabra, Señor, nos rete, para que tu palabra nos capacite y que podamos hacer tu voluntad. Todo esto te lo pedimos para la gloria tuya, en el nombre de Cristo, nuestro Señor. Amén. Siempre aprovecho el día de familia para tratar un tema familiar, y estuve repasando lo que estamos exponiendo en los pasados días de familia y encontré que hay un tema que se ha tratado ya, pero que quizás no se le ha dado todavía tanta atención como se le podría dar. Hemos hablado acerca de diferentes aspectos de la familia, pero hoy he seleccionado un aspecto específico que creo que si las familias aquí representadas lo entienden y comienzan a vivir en torno a ello, podrían cosechar los frutos de hacer en sus vidas la voluntad del Señor.
He venido a hablar principalmente del modelo de Dios para el liderazgo del esposo. Quizás tú me preguntas: ¿por qué no hablar de las dos partes?, ¿por qué no hablar del esposo y de la esposa? Bueno, es que no me da el tiempo para cubrir el liderazgo del esposo, al mismo tiempo el rol de la esposa y también el rol de los hijos; he seleccionado específicamente hoy hablar de los esposos porque aunque usted no sea un esposo, usted necesita escuchar este mensaje.
Lectura de Efesios y aclaración del enfoque en el esposo
Muy probablemente tú todavía no te has casado; quizás eres un joven. Bueno, pues escucha hoy la palabra del Señor para que, cuando el Señor te lo permita, puedas vivir en tu familia de acuerdo a su voluntad. Quizás tú eres una joven que aún no te has casado; escucha hoy la palabra del Señor para que, cuando el Señor te permita edificar tu propia familia, lo hagas siguiendo su voluntad y no el criterio popular. Quizás eres una esposa y tu marido hoy no está aquí; escucha la palabra del Señor para que sepas qué esperar. Quizás eres un esposo y aquí estás; presta especialmente atención porque muy probablemente gran parte de tus necesidades familiares pueden ser cubiertas si entendieras lo que el Señor ha determinado que un esposo en su familia debería estar haciendo.
Dice así la palabra del Señor en el libro de Efesios, en el capítulo 5, los versículos 22 en adelante. Es la sabiduría de Dios para la familia:
Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.
— Efesios 5:22-25
Desde esta misma porción de la Escritura podríamos exponer cuál es la voluntad del Señor para los esposos, cuál es la voluntad del Señor para las esposas y cuál es la voluntad del Señor para los hijos, pero he elegido intencionalmente centrarme hoy en los esposos. Les diré, a modo de preámbulo, que lo que tengo para compartirles quizás se separe un poco de lo que es el consejo popular; lo que viene de las Escrituras es el plan de Dios, y ahora mismo el plan de Dios va por una parte y el consejo del mundo va por la otra.
Les diré que muy probablemente los principios que ustedes escuchen hoy les parecerán principios desproporcionados, algo que humanamente hablando es imposible de vivir. Son principios muy distorsionados de lo que uno está acostumbrado a ver y cuando uno los ve por primera vez, regularmente se sorprende. Les diré también que hay dos instituciones que no creó ningún hombre, sino que fueron creadas directamente por Dios. La primera es la iglesia y la segunda la familia, y si Dios creó estas instituciones es necesario que estas instituciones sean administradas de acuerdo a la voluntad del Señor.
El plano original de Dios y la ilustración del vehículo
Hago aquí entonces un paréntesis. Los hermanos de Pez Mundial Niño me invitaron a hablar acerca de cómo Dios puede restaurar la familia, y algo que yo hago frecuentemente cuando me invitan a un tema es que hago como el alumno que fue a tomar el examen de ciencias naturales. A ese alumno le dijeron que estudiara la hormiguita, que estudiara el elefante, y él comenzó a detallar el tema, y eventualmente concatenó una cosa con la otra y terminó hablando del tema que él había estudiado. Hermanos, yo he venido hoy a decirles cómo Dios restaura la familia, pero no he venido a hablarles de sus necesidades particulares, he venido a enseñarles el plano original.
Si acaso fuéramos a ver cada necesidad particular que tiene cada familia, hermano, tendríamos que quedarnos aquí hasta el próximo domingo. Yo prefiero enseñarles los planos originales de Dios para la familia y cómo esto funciona, para invitarles a que sigan cultivando el pensamiento de Dios para ustedes, para sus hijos y para sus esposas. Una idea que tengo al respecto de esto es que yo tenía un vehículo, era un vehículo Honda, un Honda negro que era japonés, y cuando yo compré el vehículo sucedía que estos vehículos los traían de Japón y les cambiaban el guía. Uno compraba el carro y se lo entregaban ya con el guía cambiado, pero habían hecho todo un trabajo de mecánica, un trabajo muy complejo, para hacer que ese guía que venía del lado derecho se pusiera en el lado izquierdo.
Cuando me entregaron el carro me dijeron: “El carro está listo ya, pero tiene que darnos por lo menos dos semanas, porque hay unos peruanos que son los que hacen esos trabajos de cambiar el guía de un lado para el otro, y tú vienes en dos semanas y te llevas tu carro”. Yo pagué el inicial del vehículo y volví en dos semanas a buscar el carro. Hermano, el carro quedó que parecía que todo estaba bien. La verdad es que si usted veía el interior del vehículo, usted no entendía que ese guía que estaba hoy a la izquierda había estado hace dos semanas en el lado derecho.
Sin embargo, cuando iba conduciendo el vehículo, a veces ponía la dirección de un lado, pero se movía por el otro. Y cada vez que un mecánico tenía que darle mantenimiento a ese vehículo, yo iba donde él y él me decía: “Pero, ¿qué es esto aquí?, en todos esos carros ese cable entra por aquí”. Yo le decía: “No, el peruano ese cable lo cortó, lo pasó por debajo del asiento y lo sacó por el otro lado”. Al mecánico yo tenía que explicarle cada trabajo que habían hecho los peruanos para cambiarle el guía al vehículo. Al final fui donde un electricista y me dijo: “Mira, para tú resolver los problemas de tu carro lo que tenemos que hacer es cambiar el ramal”.
El ramal es como una medusa de cables pequeños que comunica toda la parte eléctrica del carro. Él me dijo: “Lo que tenemos que hacer es quitar ese ramal y poner un ramal según la codificación y el estándar con el que viene ese vehículo de fábrica, porque han hecho tantos remiendos que ya no se puede reparar”. Lo que ha pasado con la familia y sus necesidades principales es que lo que hace falta hoy no son pequeñas correcciones, sino que tomemos el manual original y, en vez de estar improvisando con concatenaciones de hacer una cosa y la otra, adecuemos nuestra familia según es la voluntad del Señor.
Si acaso, en vez de estar remendando cosas en la familia, miráramos cuál es el diseño original de Dios para la familia, tendríamos menos averías, tendríamos menos reparaciones y nuestras familias funcionarían mejor. Lo que he venido a enseñarles hoy es una parte del plano original, y en el plano original: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia”. Hay tres cosas específicas que les diré acerca del liderazgo de un hombre en su casa. Lo primero es qué significa ser cabeza. Vengo a remediar dos extremos que están pasando con el liderazgo masculino en la familia.
Ser cabeza: desatención y abusos del liderazgo masculino
Hay dos extremos. En un extremo está la desatención: hombres que no están asumiendo su función como el Señor espera que la asuman, y por otro lado entonces hay un abuso en desinformación, personas que han entendido mal lo que significa ser cabeza de familia y, en su desinformación, están haciendo daño. Lo primero que les diré es que esto es una metáfora. Cuando las Escrituras dicen: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó la iglesia”, no está diciendo que un marido sea Cristo. Una metáfora apela a explicar una realidad puntual; el objetivo de cuando las Escrituras nos dicen a nosotros que un marido es cabeza de su mujer no es que el marido entienda que es Cristo para su esposa, nada más alejado de la voluntad del Señor.
Nos está enseñando, a través del ejemplo de Cristo, un asunto muy puntual y particular que el marido debería estar haciendo hacia su esposa. Al mismo tiempo les diré que el propósito principal de esta metáfora es evitar el abuso. Nos está diciendo que el marido es como Cristo ante su esposa, no para que el marido se dedique a que la esposa le rinda pleitesía o adoración, sino para que el marido se dedique a servir a su esposa, así como Cristo se dedicó a servir a la iglesia. La intención de la metáfora no es de algún modo elevar al marido, sino que es que descienda, es enseñarlo como Cristo se humilló.
También les diré que el alcance de ser cabeza el Señor también lo ha determinado. Dice así mismo el versículo cuando comienza: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos”. ¿Qué significa ser cabeza en una familia? ¿Qué significa ser cabeza en un matrimonio? Lo primero que esto significa es entender la metáfora de la relación de Cristo con su iglesia, y lo segundo que esto significa es que tengamos la intención de hacer por nuestras esposas lo mismo que ha hecho Cristo por su iglesia. ¿Cuál es el alcance de todo esto? Dice la Escritura: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos”.
Hermanas que están aquí presentes, yo he venido a decirles que la voluntad del Señor no es que ustedes se sujeten a los hombres. La voluntad del Señor es que cada mujer esté sujeta a su propio marido. Quien no entiende esto entonces lo entiende mal. Por ejemplo, he escuchado hermanos míos que dicen: “Las mujeres, cuando hay hombres, deberían mantener una posición secundaria porque la mujer debe estar sujeta al hombre”. La Escritura no dice que la mujer está sujeta al hombre; la Escritura dice que cada mujer está sujeta a un hombre determinado, que fue el marido que el Señor le dio.
Primera cosa que quisiera que entiendan todos ustedes: la voluntad del Señor para las mujeres no es que se sujeten a los hombres, sino que se sujeten a un hombre específico, y es el marido que el Señor les ha permitido tener. Les mencioné ahorita dos extremos. El primer extremo es una desatención, una pasividad. Son hombres que expresan su liderazgo en cualquier parte, pero no en su casa. Quizás han conocido ustedes hombres que tienen un rol muy activo, por ejemplo en el mundo de los negocios, y en su casa ¿qué hacen? Bueno, en su casa llegan, se acuestan, prenden el televisor y esperan a que esté la cena o la comida.
Quizás conocen ustedes hombres que expresan un liderazgo muy fuerte en una liga de pelota. Quizás conocen ustedes hombres que expresan un liderazgo muy fuerte hasta en la iglesia local. ¿Qué he venido a decirles con esto? He venido a decirles que lo que significa ser cabeza es evitar este extremo, el extremo que es la pasividad: expresar tu liderazgo en otros lugares, pero descuidando tu casa. La voluntad del Señor para el marido es que primero atienda su casa y después atienda el liderazgo en otras partes. Otro extremo de esto son hombres que apoyan las iniciativas de su hogar, pero ellos no lideran estas iniciativas.
Es más, cuando el Señor nos está diciendo a nosotros que en nuestras casas deberíamos ser cabezas para nuestras esposas, nos está diciendo que deberíamos nosotros tener la iniciativa en ese hogar. El término cabeza, por ejemplo, era la manera en que en el Antiguo Testamento se llamaba al liderazgo civil. Una persona era cabeza de un clan, era cabeza de una familia. El Señor nos está diciendo a nosotros: “Ustedes deberían encabezar las iniciativas de esa casa”. Otro extremo en esto de la desatención son hombres que cuando su equipo no les sigue, entonces abandonan a su equipo.
Maridos que están aquí presentes, me gustaría transmitirles la carga de Dios. Es la voluntad de Dios para nosotros que hagamos lo que el Señor por su misericordia nos ha permitido hacer, y lo que nos ha permitido hacer por su misericordia es liderar. Este extremo de la pasividad, de la desatención, es algo que deberíamos todos nosotros tratar de evitar, pero al mismo tiempo está el otro lado. ¿Cuál es el otro lado? Hay unos que no hacen nada a nivel de liderazgo y solamente están ahí presentes, y hay otros que lo que hacen entonces lo hacen mal.
Caricaturas de ser cabeza y falsas ideas sobre el hombre y la mujer
Es como una caricatura de lo que significa ser cabeza. Y si te preguntara cuál de los dos lados yo le tengo más miedo, te diría que le tengo más miedo a este. Así como hay hombres que no asumen liderazgo ante su familia según la voluntad del Señor, hay otros que asumen el liderazgo de su familia y entonces lo hacen mal. Es la voluntad del Señor que tú no ejerzas el liderazgo como tú entiendes que debe ser ejercido, sino que lo hagas siguiendo el modelo de Dios. Lo otro es una caricatura.
Les enseño lo que es una caricatura de ser cabeza de una casa. Es un marido que está buscando una autoridad mecánica; es aquel que dice: “Mi esposa y mis hijos me tienen que seguir porque yo soy un hombre”. Hermano, la Escritura en ninguna parte dice que usted debe ser seguido porque usted es un hombre. Dice la Escritura que usted debe ser seguido porque usted se va a entregar a su familia del mismo modo que se entregó Cristo por su iglesia, y su familia de buena gana le va a seguir. Otro extremo son las mujeres que entienden esto mal; dicen: “Bueno, si él es mi cabeza, yo soy su cuerpo, entonces lo que tengo que hacer es cargar con mi marido”.
No es la voluntad del Señor que ninguna mujer cargue con su marido. No es un asunto de posición vertical, no es como que él está arriba y yo tengo que cargar con él. Cuando la Escritura está hablando de cabeza, está hablando puntualmente de liderazgo. Otro extremo que he escuchado es este comentario que dicen: “Lo que pasa es que los hombres somos racionales y las mujeres son emocionales. O sea, el hombre es como la parte mental de la familia y las mujeres son solamente sentimientos”. En ninguna parte de la Escritura se nos dice a nosotros que la mujer sea solo sentimiento y el hombre solamente razón, y en mi experiencia lo que he visto es que normalmente las mujeres de nuestro contexto tienden a ser mujeres muy racionales.
No es como que una parte es la parte racional, la parte de visión, la parte de inteligencia, y la otra parte es solamente extremidades, o sea, la parte de fuerza, de empujón y emoción. Dice la Escritura que nosotros ante el Señor tenemos igual dignidad, igual responsabilidad, dones, habilidades, capacidades extraordinarias. La única diferencia en esto está en la principalía, en el asunto de la dirección. Otro más: es un hombre que no cultiva lo que el Señor le ha dado a cultivar y espera que su mujer se agache. Dice: “Bueno, ya que el Señor me llama a liderar, yo no voy a cultivar liderazgo ante mi familia, sino que yo voy a esperar que mi familia se agache para que yo entienda entonces que yo soy el líder”.
Hermano, eso es una desconsideración, eso es un abuso. Es más, yo estoy muy preocupado por los niños y adolescentes, porque yo no veo que en nuestras iglesias cristianas se recalque tanto la importancia de que un hombre se prepare para dirigir una casa. Es más, a mí me parece que, aunque no lo estamos buscando intencionalmente, lo que se enseña es que un día va a llegar el momento en que los hombres aprenderán a ser líderes en su casa, y eso sucederá por sí solo.
Pero son pocas las veces que yo veo que se toma el tiempo para tomar jóvenes, adolescentes y hasta desde niños, para inculcarle a los hombres las necesidades de que eventualmente asuman en su casa un rol más activo. Y si no hacemos esto, entonces siempre estaremos dañando el modelo de Dios y refugiándonos en otra parte. Tristes, estos últimos dos son los que encuentro más lamentables del abuso del modelo de Dios. El penúltimo son aquellos hombres que evitan que las mujeres utilicen sus dones, habilidades y su talento. Una tristeza que veo en esto son personas que no entienden que su responsabilidad, son hombres que no entienden que su responsabilidad ante el Señor es administrar los dones que el Señor le ha dado a su familia.
Tu mujer tiene capacidad, tu mujer tiene dones, tu esposa tiene talentos. La voluntad del Señor no es que tú bloquees esos dones, esas habilidades y esos talentos. La voluntad del Señor es que tú cultives eso de forma tal que al Señor se le dé toda la gloria. Y el último de estos extremos es utilizar la fuerza, la manipulación o la provisión económica para exigir tu lugar. No quisiera pensar que esto sucede en la iglesia cristiana, pero lamentablemente sucede. Quizás este es el caso más triste: un hombre que tiene que utilizar su fortaleza física para imponer su liderazgo y dice: “Como yo soy más fuerte que tú, entonces se hace lo que yo entiendo que se debe hacer”.
O: “Como yo proveo, entonces yo puedo condicionar lo que en esta casa se haga”. Hermano, la voluntad del Señor para el liderazgo de un marido no es que el marido se imponga por la fuerza ni que el marido se imponga económicamente, sino que el marido haga lo mismo que hace Cristo. ¿Qué significa ser cabeza? Ser cabeza lo que significa es asumir el modelo de Dios para el liderazgo en tu casa, pero no siguiendo lo que tú entiendes que se debe hacer, sino siguiendo el modelo de Dios. Un marido no es cabeza porque tenga más capacidad que una mujer. Un marido no es cabeza porque sea más inteligente que su familia. Un marido no es cabeza porque tenga más fuerza. Un marido no es cabeza porque económicamente pueda más.
Un marido es cabeza porque el Señor, por su voluntad, permitió que él en su casa asumiera un liderazgo. No tiene que ver esto con que tenga más capacidad; no tiene que ver esto con que tengas más fuerza; no tiene que ver esto con que tengas más solvencia. Tiene que ver esto con que asumes el rol de Dios y lo haces en tu casa para su gloria, y no para tu satisfacción personal.
Consecuencias de la falta de liderazgo y el modelo de Cristo
Les diré más: cuando un hombre en su casa no hace liderazgo, entonces lo que le deja a su familia es una situación muy complicada, porque las mujeres tienen que asumir su rol y siempre tienen la duda de si deberían estar haciendo lo que están haciendo. He querido enseñar qué significa ser cabeza. Paso a un segundo lugar para enseñarles cuál es la voluntad de Dios, pero les resumo: ser cabeza no es un asunto de poder, ser cabeza no es un asunto de fuerza, ser cabeza no es bloquear a tu esposa para que no haga algo; ser cabeza es liderar en tu casa de la manera en que Cristo lidera en su iglesia.
Paso a un segundo punto. Dice: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos” —recuerden, a sus propios maridos, no a todos los hombres— “como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia”. Lo que la Escritura nos está diciendo es que la voluntad del Señor para un esposo en su familia es que ejerza liderazgo, pero no solamente nos dice: “Vayan ustedes y sean líderes en su casa”, sino que el Señor también se encarga de darnos un modelo de cómo este liderazgo debe ser expresado. ¿Cuál es el ejemplo de Cristo? Es un ejemplo de autoridad con sencillez.
¿A qué se refiere el Padre cuando nos dice que nosotros tenemos que ejercer liderazgo en nuestras casas como Cristo ejerce liderazgo en la iglesia? En que tenemos que ejercer liderazgo, pero Cristo en la iglesia no ejerce un liderazgo autoritario. Cristo en la iglesia no ejerce un liderazgo impuesto. Cristo en la iglesia no ejerce un liderazgo manipulador. Cristo en la iglesia ejerce un liderazgo lleno de autoridad, pero con absoluta sencillez. El ejemplo más visual que yo encuentro de esto es que Cristo tomó un lebrillo, se puso un paño en la cintura, se hincó y lavó los pies de sus discípulos, y no dejó de ser Cristo.
Hermanos míos que están aquí presentes, quiero cargarles con esto: la voluntad de Dios para tu casa es que ejerzas liderazgo, pero no puedes hacerlo a tu manera; tienes que hacerlo siguiendo el ejemplo que ha dado Dios. Cristo es nuestro ejemplo. ¿En qué sentido Cristo es un ejemplo? En primer lugar, Cristo se entregó por la iglesia; es un ejemplo de sacrificio. Cuando dice la Escritura que los hombres tenemos que ejercer liderazgo en nuestras casas como Cristo ante la iglesia, nos está hablando en primer lugar de un modelo de sacrificio: que no se sienta a esperar que lo atiendan, sino que Él se sacrifica por los suyos.
¿Qué hizo Cristo por su iglesia? Cristo dice que se entregó por nosotros. ¿Qué hacemos nosotros por nuestra casa? Nos sacrificamos hasta donde el Señor nos ayude, para glorificarle en el matrimonio. ¿De qué manera Cristo ha hecho esto? En primer lugar, lo que ha hecho Cristo es entregarse por nosotros y lo hizo tomando la iniciativa. Dice la Escritura en la primera carta de Juan, capítulo cuatro, versículo 19, que nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero, y así mismo se entregó por nosotros. Escuchen cómo es que la Escritura enseña el amor de Cristo hacia su iglesia. No dice que la iglesia ama a Cristo porque primero salió de la iglesia el amor; dice que Cristo amó primero a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella.
Maridos que están aquí presentes, ¿qué quiero decirles? Quiero decirles que la voluntad del Señor es que ustedes amen a sus esposas tomando ante ellas la iniciativa. Rapidito, ¿qué es tomar la iniciativa? Por lo menos veo tres escenarios donde un marido toma la iniciativa. Lo primero es que espera el Señor que los hombres tomemos la iniciativa en la relación para comenzarla. Que espera el Señor que tomemos la iniciativa en los planes y proyectos de esa casa. Que espera el Señor que tomemos la iniciativa en la reconciliación.
Y esto, cuando yo se lo pongo a los hombres, cae como un balde de agua fría. La cultura popular nos ha enseñado que cuando en las casas las cosas marchan mal, entonces las mujeres salen a buscar ayuda. La cultura popular nos ha enseñado a nosotros que cuando hay tensión en el matrimonio, entonces la mujer se dobla. La Escritura nos ha enseñado que cuando hay un problema en la pareja, entonces el hombre se humilla, se doblega, se sacrifica, se lanza, se decide; y la mujer sigue a su marido de buena gana. Dice la Escritura que el hombre toma la iniciativa como la tomó Cristo.
La iniciativa de Cristo y la provisión del esposo
¿Cómo Cristo tomó la iniciativa? Cuando tú no le buscabas, Cristo te buscó. Cuando había enemistad entre tú y Dios, Cristo se sacrificó por ti. Cuando tú ni siquiera pensabas que podías tener una relación con tu Padre, el Señor fue y te buscó. Pastor, ¿qué me está diciendo con esto? Le estoy diciendo que principalmente tomar la iniciativa en el matrimonio significa que, cuando hay tensión, tú hagas ante tu esposa lo mismo que Cristo hizo por los suyos. Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero y se entregó a sí mismo por nosotros.
Me llama la atención que Cristo lo hizo cuando nosotros no podíamos reconocerlo. Escuchen mi consejo pastoral. Las personas me dicen: “Pastor, es que yo hago cosas por mi esposa y ella como que no lo nota, como que no lo reconoce. Yo me esfuerzo, yo trabajo de ocho a diez de la noche, llego cansado, y ella ni siquiera me da las gracias”. Hermano, amigo que está aquí, yo te diré que Cristo murió por ti hace dos mil años y quizás todavía tú no lo notas. Que Cristo se entregó a sí mismo por ti y todavía tú a Cristo no le has dado ni siquiera las gracias. Que Cristo lo dio todo por amor a su iglesia cuando la iglesia no podía abrir los ojos para decir: “Él es mi Salvador, Él es mi amado, y me rindo voluntariamente a su liderazgo”.
Esposos que están aquí presentes, tenemos que hacerlo, no porque nuestra esposa vaya a reconocerlo, tenemos que hacerlo porque Dios lo demanda. ¿Cuál es el ejemplo de Cristo? Es un ejemplo de que Cristo se entregó por la iglesia. Esto significa sacrificio, de que Él tomó la iniciativa, de que lo hizo cuando nosotros no podíamos reconocerlo, y de que Cristo nos dio a nosotros algo, no porque para Él fuera fácil, sino porque nosotros necesitábamos eso.
Otro aspecto del ejemplo de Cristo en el matrimonio: así como Cristo se entregó a la iglesia —y eso significa sacrificio—, Cristo sustenta a su iglesia —y eso significa provisión—. La iglesia de Cristo tiene dos mil años en pie, no porque la iglesia sea muy fuerte, sino porque Cristo dijo que ni aun las puertas del Hades prevalecerían contra su iglesia. Maridos que están aquí presentes, ¿cuál es la voluntad del Señor hacia ustedes?, ¿cuál es el modelo que nos ha dado? En primer lugar, que Él se entregó por su iglesia; esto es un ejemplo de sacrificio que deberíamos llevarlo al matrimonio. Yo quisiera ver maridos sacrificados por su casa.
Gente que lucha por su matrimonio, hombres que luchan por el bienestar de su esposa y de sus hijos. No maridos que estén esperando que va a llegar un día a las nueve de la noche y todos los problemas estarán resueltos, sino maridos que busquen intencionalmente que en esa casa las situaciones se resuelvan. Primer ejemplo: un ejemplo de sacrificio. Segundo ejemplo: es un ejemplo de provisión. Dice que Cristo sustenta. Es la voluntad del Señor, y Él nos ha dado a nosotros esta responsabilidad: que tengamos el liderazgo, así como lo tenemos con iniciativa al sacrificarnos, que también tengamos la iniciativa, el liderazgo para sustentar a nuestras familias. Es un ejemplo de provisión, y provisión no es solamente sustento material, pero lo incluye.
Jóvenes que están aquí presentes, que no se han casado, quiero hablar con los varones. Mira, una preocupación para ti debería ser buscar algún oficio, buscar algún trabajo, porque eventualmente tú tendrás tu propia familia. Hermano que estás aquí, que aún no has hecho familia: la voluntad del Señor es proveer a los tuyos a través de ti. Esto debería poner a todo hombre cristiano una carga santa sobre él, y decir: “Yo tengo que buscar algún oficio, yo tengo que buscar alguna manera de sustentar eventualmente alguna familia”.
Es más, si alguien me dice: “Pastor, yo estoy tratando de enamorarme”, lo primero que yo le diría es: “Hermano, ¿ya tú tienes trabajo?, ¿ya tú tienes un oficio?, ¿hay algo con lo cual tú puedas sustentar los tuyos?”. “No, Pastor, yo estoy todavía en mi casa jugando Nintendo”. Bueno, no debes enamorarte. Porque el enamoramiento, el noviazgo y la familia, la intención de esto es concretar eventualmente un proyecto, y si no tienes los medios no deberías pensar en eso. “Pastor, lo que hago es que estoy en la casa de mis padres, estoy viendo televisión y ellos pagan”. No, hermano, no deberías ni siquiera pensar en una novia.
¿Pueden entenderme las implicaciones prácticas que esto tiene? Y tú me dirás: “Bueno, pues mi novia trabaja”. Es que la voluntad del Señor no es que tu esposa eventualmente provea para ti, aunque podría hacerlo como excepción; la voluntad del Señor es que tú proveas para los tuyos. Hay cosas que la gente siempre como que las espiritualiza y anda siempre esperando un asunto práctico. Hermano, es eso. Por ejemplo, una persona que está esperando tener una novia debería pensar en un trabajo, debería pensar en algún medio de sustento. Y no te digo que seas profesional, que tengas maestría, posgrado; te estoy diciendo que te puedas buscar la vida con algo, que con tus manos proveas para los tuyos.
Provisión material, emocional y espiritual del esposo
El sustento material es importante, pero no es el único. También el Señor quiere proveer. Escuchen bien: no quiero que piensen que solamente depende de uno, como: “No, yo voy a sacar de abajo porque yo puedo”. No, es que la voluntad del Señor es proveerle a una familia a través de ti. ¿Pueden entender la diferencia? No es que yo soy un súper hombre y puedo sacar de abajo, sino que, si el Señor me ha llamado a mí a liderar en mi casa, el Señor parece que tiene la intención de proveer para esta familia a través de mí. El sustento material es importante, pero no es el único.
Hombres que están aquí presentes, yo les pregunto: ¿quién sustenta emocionalmente su familia? Cuando hay tragedias en la casa, ¿quién es que trae la mano amiga?, ¿quién es que consuela? No me respondan, que yo sé que en muchos hogares dominicanos quien está sustentando emocionalmente esa casa es un tío, es un abuelo, es un primo que mete la mano. ¿Qué pasa en tu casa cuando hay un momento difícil? ¿Te dispones tú a consolar a los tuyos?, ¿te dispones tú a animar? Una esposa necesita ser sustentada emocionalmente, y ¿cómo se sustenta emocionalmente a una esposa?
Digo algunas implicaciones prácticas, aunque no puedo cubrirlas todas. Una mujer necesita ser representada, y espera eso; eso espera, según el diseño que Dios ha puesto en ella. Ella espera ser representada por su marido. Esposos que están aquí presentes, yo sé que a veces quizá usted quisiera quedarse en su casa viendo televisión porque hay una final o tal cosa, pero hay momentos donde un hombre va con su familia porque tiene que representar a los suyos. Es más, les diré: quizá tú ni siquiera quieras estar ahí, pero tú sabes que tu responsabilidad como cabeza de esa casa es dar la cara por la familia que estás liderando.
Algo que a mí me parece muy triste es lo que se vuelve una tendencia: mujeres que participan socialmente de actividades, ellas y sus hijos solamente. ¿Y su marido dónde está? “No, que se quedó en la casa viendo el juego”, “no, que él está trabajando”, “no, que él está resolviendo tal diligencia”. Hermano, es la voluntad del Señor que tú representes tu casa y con eso sustentas a los tuyos emocionalmente. Miren, en la iglesia yo veo la diferencia cuando los padres de los niños vienen a la iglesia; sus niños brillan.
El momento de más alegría que yo veo en un niño de nuestra iglesia, cuyo padre regularmente no viene aquí, es cuando está aquí con su papá. Es como que brilla. ¿Qué es lo que sucede? Es que está sustentando emocionalmente a los tuyos. La alegría que hay en tu esposa cuando se siente acompañada del marido que el Señor le ha dado, eso no hay recurso material que pueda competir con esto. Tu esposa espera ser representada.
Una mujer debe ser reconocida. Hermano, amigo que estás aquí, ¿quién reconoce a tu esposa? ¿Qué es reconocer? Es destacar las cosas cuando están bien: “Qué bien estás, mi amor”, “qué bonita te ves”. Tristemente —que no sea tu caso, hermano—, pero son muchas las mujeres que están siendo sustentadas emocionalmente por un compañero de trabajo, por un vecino, por alguien que destaca sus cualidades y ella se siente bien. Es la voluntad del Señor que tu esposa sea sustentada a través de ti, y esto tienes que buscarlo intencionalmente. Es el sustento emocional.
Una mujer necesita ser animada. Qué triste es la mujer que se siente arropada de complicaciones y que su marido no está preocupado intencionalmente por ella. Así como hay un sustento material, también hay un sustento emocional. “Así como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. En primer lugar, les he enseñado qué significa ser cabeza: que no es algo mecánico, que no es algo de poder, que no es algo de dominio físico ni de dominio económico, que es algo de liderazgo y principalía por la voluntad del Señor; tú no perdiste eso, eso el Señor te lo dio a ti.
En segundo lugar, les estoy enseñando cuál es el ejemplo de Cristo. Ya les he dicho que, en primer lugar, es un ejemplo de sacrificio: Cristo se entregó por su iglesia; y es un ejemplo de sustento: Cristo ha provisto para su iglesia. Y debes proveer, como marido, no sólo económicamente. En Latinoamérica la tendencia es esta: un hombre que siente que cumplió su responsabilidad porque dejó la provisión para la casa y todavía le exigen demasiado, porque él “se mata trabajando para sustentar esta casa”. Hermano, el sustento material ayuda, pero no es el único. Tu familia necesita ser animada, tu familia necesita ser celebrada.
Y hay un sustento que no puedo dejar de mencionar: el sustento espiritual. Un marido cristiano está llamado por el Señor a pastorear a su familia, a aconsejar bíblicamente a su familia, a entender la voluntad de Dios sobre diferentes circunstancias. Es más, una urgencia que deberías tener para venir el próximo domingo a las nueve de la mañana a la escuela bíblica es que tú necesitas conocer las Escrituras para poder llevar la perspectiva de Dios a tu matrimonio, a tu familia, a tus hijos. Un marido sustenta materialmente, un marido sustenta emocionalmente, y un marido también debe sustentar espiritualmente.
Cuidado y protección: prácticas concretas del liderazgo
¿Cuál es el ejemplo de Cristo? Cristo se entregó por la iglesia, un ejemplo de sacrificio. Cristo sustenta la iglesia, un ejemplo de provisión. ¿Cuál es el otro? Cristo cuida a la iglesia, y este es un ejemplo de protección. Maridos que están aquí presentes, hombres que piensan casarse, ¿cuál es la voluntad del Señor para ustedes en este sentido? La voluntad del Señor es que tú cuides de los tuyos.
¿Y cómo yo cuido a mi esposa? Yo no la cuido de cualquier manera; hay diferentes maneras en que la cuidas, no solamente en la calle. Por ejemplo, algo que se usaba antes era que si un hombre iba caminando —y eso viene de la Edad Media, hermanos, eso viene de los tiempos medievales—, si iba caminando tenía que poner a la esposa contra la pared y ponerse él de este lado; o sea, no dejaba a la esposa expuesta. Eso viene de la Edad Media. Luego se veía que los hombres usaban espadas y se decía que tú tenías que tener la esposa a la izquierda y tener la mano derecha disponible por si había que blandir la espada. Eso viene desde allá. Caminando con tu esposa, cuando estás caminando debes dar la actitud de que estás cuidándola, de que estás protegiéndola, de que te estás ocupando de ella.
Pero tú dirás: “Bueno, ya nosotros no estamos en la Edad Media, ya no hay que salir con espadas en la calle; y en este tiempo, ¿cómo se hace?”. Bueno, yo te recomendaría que le des mantenimiento al carro. Hermano, una esposa quedada por la desatención de un marido, de no revisar a ver si la batería tenía líquido o no, que si esa goma estaba bien o no, esas son expresiones de cuidado hacia tu esposa. Que el Señor te cuide de tener a tu esposa de noche, por ejemplo, con una avería en su vehículo; son maneras en que se cuida.
Les pregunto a los maridos que están aquí presentes: cuando hay que pintar —en estas fechas las casas normalmente se pintan—, ¿cuando hay que pintar quién contrata al pintor?, ¿quién supervisa el trabajo? ¿Te parece que estás cuidando a tu esposa cuando la dejas con un pintor en tu casa, que ya ni siquiera conoces, y lo dejas dentro de la casa y te vas a trabajar? ¿Te parece que estás cuidando de tu esposa? Es la protección física, es el cuidado de la casa, es el mejor uso de sus dones, de sus habilidades y de sus talentos.
Maridos que están aquí presentes, hagan todo esto con gusto. La queja más frecuente en los matrimonios es: “Ya yo no estoy enamorado”, “esta esposa no llena mis expectativas”, “yo me cansé de esto”, “ya yo no aguanto más”, “no se me reconoce, no se me busca”. Hermano, tu esposa tiene dones que tú todavía no has descubierto. Tu esposa, el Señor le ha puesto en ella talento que todavía tú no has abierto los ojos a los talentos que ella tiene.
En el antiguo Israel, a cada hombre se le daba una porción de tierra; a cada hombre se le daba la suya, pero no podía elegir qué porción de tierra le tocaba, sino que a cada hombre se le daba una porción de tierra. A eso ellos le llamaban su heredad. No era que yo podía ir y decir: “Mira, me gusta ese terrenito”, no. El Señor había determinado que la tierra estaba dividida en cada tribu, y a cada tribu, a cada familia de esa tribu, le tocaba su tierra.
Y las personas podían tener dos opciones cuando recibían su tierra. Las tierras se delimitaban con una cuerda, entonces se ponía como si fuera un agrimensor de este tiempo: se ponía en una esquina y aquí ponían otro hombre y medían su territorio. Le decían: “Amigo, este es el terreno que le tocó; este es el suyo”. Él no podía elegir su tierra. Él tenía dos cosas que hacer cuando le entregaban su tierra: o él se aburría y decía: “La piedra que han mandado, más buena; esta tierra no sirve para nada”, o él se ponía a identificar para qué servía su tierra.
Por ejemplo, quizá tu sueño era hacer un viñedo, pero habían tierras que no servían para viñedo, pero servían para criar ovejas. Bueno, quizá tu sueño era criar ovejas, pero te tocó una tierra que lo que sirve es para viñedos. Israel, el terreno era muy accidentado, y podía ser que te tocara tierra de montaña, que te tocara una cueva, que en tu tierra pasara un río o que no pasara ningún río, que fuera tierra seca y tuvieras que esperar la lluvia. A cada hombre le tocaba su heredad.
Y tú tenías dos opciones: o te aburrías en tu casa por decir: “No me han dado una buena tierra, esta tierra no sirve para nada”, o tú salías y buscabas la manera de aprovechar lo mejor posible la tierra que te habían dado. Por eso me gozo, porque el salmista, en el Salmo 16, en el versículo 6, dijo —escuchen lo que decía el salmista—, él decía: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y hermosa es la heredad que me ha tocado”.
Quizá este hombre lo que tenía era tierra de piedra, pero él decía: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y hermosa es la heredad que me ha tocado”. “Ah, que mi esposa no llena mis expectativas”, hermano, ¿qué te animo en esto? El Señor te ha dado una heredad, el Señor te ha dado el privilegio de dirigir ese proyecto familiar, y yo te animo a que le cojas el gusto. Lo primero: que le cojas el gusto. Y segundo, que identifiques los dones, las habilidades y la esposa preciosa que el Señor ha puesto en tu vida.
Ahora, si tú te dedicas a mirar el viñedo que sembró el vecino, muy probablemente no te dediques a buscar las ovejas que sí podías tener en tu territorio. Maridos que están aquí presentes, ¿cuál es mi ánimo? Que dejen de quejarse, que dejen de decir: “No, que no llena mis expectativas”, y que digan como dijo el salmista: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y hermosa es la heredad que me ha tocado”.
Gozarse en la esposa y cultivar el matrimonio
Si el Señor te ha permitido tener esposa —miren, no todos los hombres están supuestos a casarse; lo que pasa es que uno piensa en este tiempo que eso es así—, no dice la Escritura eso. Dice la Escritura que “el que haya esposa halla el bien y la benevolencia del Señor”. Eso no es como que a todos; las esposas son dadas por Dios. Y si el Señor te permitió a ti tener una esposa, mi consejo es que le cojas el gusto a eso, que te goces en hacerlo, que le encuentres la satisfacción. No sucede siempre mecánicamente; hay veces que eso hay que cultivarlo.
“Maridos, amad a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella”. Les he enseñado que el ejemplo de Cristo es un ejemplo de sacrificio: Cristo se entregó. Es un ejemplo al mismo tiempo de provisión: Cristo sustenta la iglesia. Y es un ejemplo de cuidado: Cristo protege su iglesia, Cristo cuida de su iglesia, y Cristo cultiva los dones que ha puesto en cada iglesia local. Asimismo, el marido debe aspirar a cultivar una relación matrimonial.
Quiero, en esto hermano, hacer un paréntesis. Miren, cualquier hombre conquista una mujer, pero no todos los hombres pueden cultivar una relación matrimonial. Lo que nos enseñan a nosotros es que los hombres deben aprender a conquistar y hacerse buenos en eso; conquistar no es una gran cosa. No tiene mucho mérito mandar fuegos artificiales durante dos semanas, llenarle de atenciones, una llamada, un detalle, una salida que impresione. Hermano, cualquier hombre conquista; la verdad es que eso está sobrevalorado. La conquista cualquiera lo logra.
Ahora, mantener un matrimonio durante cincuenta años, y reenamorarse quince veces de la misma mujer, eso sí es un logro. Les dio lucha a los bárbaros conquistar Roma, hermano, pero al final de la historia los bárbaros conquistaron Roma. Pero los bárbaros no sabían leer, no sabían escribir, no sabían de leyes, y lo que hicieron con Roma fue que la destruyeron. De ahí salió un periodo oscuro que le llaman el Medioevo, la Era Medieval. ¿Saben por qué llegó el Medioevo? Porque aparecieron unos hombres bárbaros que, al encontrarse con la hermosura de Roma, en vez de administrar Roma cuando la conquistaron, la destruyeron.
Hombres que están aquí presentes, ¿usted es un bárbaro que anda buscando conquistar una mujer para destruirla, o cuando el Señor le permite a usted llegar al corazón de una mujer, usted utiliza lo que el Señor le ha dado y le ora al Señor para que le permita cultivar el corazón de esa mujer de forma tal que ahí salga un matrimonio precioso? Les diré, hermano: esa responsabilidad es masculina. Veo las mujeres preocupadas por cultivar matrimonio, y los hombres muy pasivos. Les digo con esto, hermano: conquistar tiene su mérito, pero cuidar a una esposa, proveer para una esposa, sustentar a una esposa, dirigir un proyecto familiar de forma tal que produzca fruto, eso requiere esfuerzo.
Les he enseñado, en primer lugar, lo que significa ser cabeza: que no es algo mecánico, que no es algo de poder, que no es algo económico, que es algo espiritual, que es algo que lo da el Señor. Les he enseñado, en segundo lugar, cuál es el ejemplo de Cristo: el ejemplo de Cristo es un ejemplo de sacrificio. Te pregunto, marido que estás aquí: ¿te sacrificas por los tuyos?, ¿te doblas para que tu familia pase?, ¿en tu familia se ve eso? Lo que anda buscando tu esposa no es un hombre rico; lo que anda buscando tu esposa es un hombre que manifieste cierta iniciativa, cierto liderazgo.
Hago una pausa aquí y le hablo a los solteros. Hermanos que están aquí, que no se han casado, amigos que están aquí presentes, que no tienen esposa, tengo que cargarles con esto. Si usted tiene algún amigo que no se ha casado y quiere casarse, yo le animo a que usted le diga a esa persona: “Es la voluntad del Señor que eventualmente tú dirijas un proyecto familiar”. Eso es un asunto serio. Si tú fracasas en ese proyecto familiar habrá dolor sobre ti, habrá dolor sobre esa esposa que también se quedará sin marido, y habrá dolor sobre sus hijos. Lo mejor que hace un joven que no se ha casado es comenzar a cultivar ahora el liderazgo que va a tener que utilizar mañana.
Hablo ahora a las jóvenes que están aquí, que no tienen marido, a las que no se han casado. Miren, una de las decisiones más importantes que toma una mujer —yo diría dos decisiones que todas la tomamos—: primero, seguir a Cristo, la decisión más importante. En segundo lugar, una decisión vital para una mujer es: “¿A cuál hombre yo me voy a sujetar?, ¿cuál va a ser el que dirigirá nuestro proyecto familiar?”. En cada día de familias recalco eso: joven que no te has casado, ten cuidado del marido que seleccionas, porque quizás te dejas impresionar de los fuegos artificiales del enamoramiento y no pones tus ojos a ver si ese hombre está escuchando la voz de Dios para poder dirigir tu familia.
Si es un hombre que quiere cuidar de usted, de proveer para usted, de sustentarla, de pastorearla, estos son asuntos vitales.
Advertencias para solteros y la convicción en el liderazgo
Hombres, quizás puedas conquistar a una mujer, pero tristemente es posible que esa mujer que tú puedas conquistar no estés al día de hoy capacitado para liderarla. Alguien me dirá: “Es que mi mujer es una mujer difícil, es una mujer compleja, sí; hay terrenos que son así”. Sí es verdad, hermano, yo te entiendo. Hay terrenos que no son fáciles de cultivar, pero con paciencia, con determinación y sobre todo con convicción —no depende solamente de ti—, el Señor quiere proveerle.
Miren, una convicción para un marido es la siguiente: tú me dices: “Mi mujer es difícil, yo no he podido guiarla, no se deja guiar”, yo te diré lo siguiente: es la voluntad del Señor que te siga tu esposa. El Señor quiere proveerle a tu esposa a través de ti, y esa convicción solamente debería motivarte. Si el Señor quiere proveer para ella, quiere cuidar de ella, quiere usarme a mí, hermano, eso debería ser una motivación para que lo hagas.
Quiero, en un tercer lugar, darle algunas recomendaciones prácticas de cómo esto se puede vivir, de cómo nosotros podemos practicar el ejemplo de Cristo en nuestras familias, de cómo los maridos podemos liderar en nuestra casa para la gloria del Señor. Lo primero que les diré, práctico, es que tienes que hacerlo por convicción y no por comodidad. Yo no sé cómo está tu proyecto familiar en este momento, pero quizá tú ni siquiera aspiras ya a tomar la iniciativa de liderazgo. Y tú dices: “Esa mujer no está en eso, ella no me sigue, ya ni siquiera los hijos me hacen caso, y en esa casa yo soy un cero a la izquierda. Yo no valgo mucho, no me reconocen”. Yo te diré: así mismo se sintió Cristo respecto de ti durante años, y Cristo te esperó. Hazlo por convicción.
Si tú eres su marido, el Señor quiere proveerle a través de ti. Quizá en este momento no se reconozca tu liderazgo, pero hazlo por convicción y no por comodidad. No sé si te ha pasado aquí; quizás hay gerentes aquí. Mire, a un gerente cuando le dan la gerencia le dan una responsabilidad, y puede ser que fracase en ese asunto. Todo el mundo quiere ser gerente, pero el que es gerente tendrá que dirigir personas, y normalmente cuando tú llegas a la gerencia esa gente no quiere que tú les dirijas. Y tú tienes que ganarte al equipo, tienes que darle confianza, tienes que tomar iniciativa, tienes que sacrificarte por ellos, y eventualmente ese equipo entonces te sigue.
Tu familia es un equipo; quizá ahora mismo tu familia no te está siguiendo, yo te pido que lo hagas por convicción, no por comodidad. Cristo, cuando estaba en medio nuestro, Él era el Cristo y la gente no le reconocía. Es más, Cristo vino a sacrificarse por nosotros, y ¿saben cómo lo despedimos? Con piedras, y eventualmente lo colgamos de una cruz. A ti te ha ido mejor. El liderazgo en tu casa no es un asunto de comodidad, es un asunto de convicción: “El Señor quiere proveer para esa casa y yo me dejo usar del Señor para ese propósito que Él tiene”.
En segundo lugar, hazlo con paciencia. Hermano, hay liderazgos masculinos que están muy maltratados. Quizás te tomará cinco años recuperar la autoridad en tu casa. Quizás te tomará un año, quizás te tomará meses. Yo no sé qué tan maltrecho esté el liderazgo en tu casa, pero yo te pido que lo hagas con paciencia. Miren, las familias son hermosas, porque el propósito último de la familia no es que tú te sientas bien. La gente está confundida en eso; piensa: “Bueno, el propósito último de la familia es que nos sintamos bien”. No.
El propósito último de la familia es dar una demostración dramática de lo que es la relación de Cristo con su iglesia, y cuando la iglesia no le seguía, Cristo la esperó. Hermanos, háganlo con paciencia. Esa es la recomendación práctica. Hazlo con constancia. El liderazgo, para que el liderazgo se cultive —hermano, eso es como un jardín—, tú tienes que estar cultivando eso todos los días, buscando capacitación, aprendiendo a dirigir los tuyos, entendiendo que cada mujer es una personalidad única, tiene unos dones únicos, tiene unos talentos únicos.
Y en los primeros años tú tendrás que aprender a cultivar esos talentos. No todos los jardines se cultivan del mismo modo. Hay esposas que requerirán un tipo de atención, otras requerirán otra. Yo te animo a que lo hagas con constancia; no con la motivación de un día de: “No, yo me voy a poner para esto durante una semana”, y tú hablas con ella una semana. Eso no es, hermano. Es constancia, es un trabajo de años, hasta que en esa familia se produzca fruto para la gloria del Señor.
Si quieres un ejemplo de constancia, Cristo le dijo a los discípulos, Él les dijo: “Yo a ustedes les he amado”. Él estaba caminando ya hacia la cruz y les dijo a sus discípulos: “A todos ustedes yo les he amado”. Pero después les dijo, hermano, una palabra que transmite la constancia de Cristo en su relación con la iglesia; les dijo: “Y os amaré hasta el final”.
Permanencia en el matrimonio y confianza en la provisión de Dios
Tú quieres impresionar a tu familia: dile a tu mujer mañana, aunque las cosas estén muy difíciles, tú le dices: “Mira, no está tan buena la cosa ahora mismo, pero yo veo que aquí mañana, el año entrante, todavía uno va a estar aquí tratando de ponerse de acuerdo, porque tarde o temprano le cogemos el piso al asunto”. ¿Usted me puede entender? O sea, no: “Ay, mi amor…”, no. “Yo sé que la cosa está difícil, pero dame un chancecito que vamos a ver si el año entrante…” No. Hermano, el matrimonio es un asunto a largo plazo; eso no es un asunto de días. Eso hay que cogerle el piso. Tú le dices: “Mi amor, la cosa está difícil. No te preocupes, que el Señor quiere que tú me sigas; tarde o temprano vamos a cogerle el piso a esto. Tú vas a ver”.
Motiva a tu familia con constancia. O sea, tú quieres transmitirle seguridad a tus hijos, seguridad a tu esposa: diles: “Mira, yo estoy aquí con ustedes, pero voy a estar aquí mañana también. Está complicada la cosa ahora mismo, no te preocupes; que el 2015 viene por ahí, si no estamos aquí ya, y si no el 2015, el 2018, pero esto es un asunto que yo estoy comprometido a largo plazo. No es una emoción de un momento, no es si me siento bien estoy, y si no me voy; yo estoy convencido”.
Cristo les dijo a sus discípulos: “Yo a ustedes les he amado, y les amaré hasta el final”. ¿Tú crees que tu matrimonio funcione? Deja de estar mirando la puerta y céntrate en un matrimonio de aquí hasta que el Señor te llame. ¿Saben por qué no funciona más el matrimonio? Porque las personas se casan y se casan mirando la puerta. Y dicen: “Aquí te amo, pero cualquier cosa… te amo ahí. Aquí estamos, pero cualquier cosa está la puerta”. Hermano, el matrimonio no es desechable.
Hermanos, amigos que están aquí, tú puedes mandar flores; eso crea un buen efecto. Las flores, tú puedes proveer económicamente; eso crea un buen efecto. Se complica un poquito la emoción cuando no hay luz, cuando la luz la cortan, cuando no hay agua, cuando no hay gas; esas cosas afectan mucho, y ayuda mucho tener tanques llenos. Ayuda mucho. Esas cosas ayudan mucho; son asuntos prácticos. Eso ayuda: mandar flores, pagar las facturas de luz a tiempo, gestionar una cisterna de agua, cambiar un tanque de gas. Todas esas cosas ayudan mucho. Una palabra bonita, todo eso ayuda mucho.
Ahora, tú quieres ayudar a tu familia: da en tu familia un testimonio de constancia, de permanencia. Dile a tu esposa y a tus hijos: “Mira, la cosa ahora mismo no está bien, pero esto es a largo plazo. Nosotros vamos a envejecer juntos; tú sabías, tú y yo vamos a estar ahí en dos mecedoras”. Tú quieres dar… Las flores ayudan, hermano. Los tanques de gas ayudan; tener aceite y que amanezca algo con qué hacer desayuno ayuda mucho, hermano. Pero tú quieres ayudar a tu familia: dale a tu esposa y a tus hijos un testimonio de permanencia.
“Yo también los amé, y los voy a amar hasta el final. Tú eres mi esposa, tú eres mi mujer, tú eres mi heredad, tú eres la que el Señor me dio. Las cuerdas me cayeron…” —en medio de la discusión— “…las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y hermosa la heredad que me ha tocado”. Hazlo con constancia, hazlo con paciencia, hazlo por convicción, y confía en la provisión del Señor.
Ayuda mucho cuando hay en la casa un marido dispuesto. Ayuda mucho cuando un hombre en su casa quiere hacer la voluntad del Señor. Hay una oración que el Señor se deleita en conceder, y es cuando uno le pide al Señor aquello que ya el Señor dijo que Él quería darnos. El Señor quiere que tú lideres a esa mujer. Tú me dirás: “Pastor, la cosa está complicada ahora mismo; ella no me escucha”. Da un ejemplo de constancia, enseña que tú estás comprometido con hacer la voluntad del Señor en esa casa, y quiere el Señor deleitarte, y quiere el Señor deleitarte con que de aquí a dos meses o de aquí a dos años el Señor te bendiga con una esposa y unos hijos que te sigan, no por presión, no por manipulación, no por tu poderío físico, sino que te sigan de buena gana.
Que te hayas sacrificado por los tuyos a un punto tal que tu mujer te diga: “Mi amor, ¿por allá es que vamos? Tú crees que por ahí le damos, porque nosotros somos tu equipo, nosotros estamos juntos contigo en esto”.
Termino animando a los hermanos con este proverbio —ese es el proverbio 5. Dice de la manera siguiente, desde el versículo 15. Este proverbio le habla a los maridos. Bueno, ya les he predicado en esto de manera discursiva; permítanme decírselo en poema, lo mismo que les he dicho con otras palabras. Dice así, la palabra del Señor; está hablando a los maridos. Escuchen, maridos, lo que dice el Señor:
Bebe el agua de tu propia cisterna, y los raudales de tu propio pozo. ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, y tus corrientes de aguas por las plazas? Sean para ti solo, y no para los extraños contigo. Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre.
— Proverbios 5:15-19
Sea bendito tu manantial y alégrate con la mujer de tu juventud.
Oración final por los matrimonios y las familias
Maridos que están aquí presentes, ¿cuál es el consejo de Dios para ustedes? Alégrate con la mujer de tu juventud. No te alegres por dos días; alégrate en la vejez con la mujer de tu juventud. Que no sea un asunto de emoción, que sea un asunto de compromiso, que sea un asunto de constancia.
Voy a terminar orando primero por los matrimonios y después de orar por los matrimonios les voy a pedir que vengan por aquí también, que vengan los míos, que venga Caro y que venga Juliette, para que terminemos orando, para despedir el día de familia, y luego los músicos terminarán cantando una canción. Le voy a pedir que cierren sus ojos ahí donde están y oremos ahora por los maridos que están aquí presentes, por las esposas que están aquí presentes y por las personas a quienes el Señor les permita eventualmente desarrollar un proyecto de familia.
Te pido, Señor, especialmente por los maridos que están hoy aquí reunidos. Te pido por ellos, Señor, para que tú levantes su liderazgo. Levanta, Señor, en esta congregación hombres esforzados por los suyos. Levanta, hombres, Señor, que no tengan poder, sino autoridad. Levanta, hombres, Señor, que tengan paciencia, que tengan capacidad de sacrificarse. Levanta, Señor, hombres que tengan el deseo de proveer para los suyos.
Te pido, Señor, que les des los medios que hagan falta para que cumplan el liderazgo en sus casas. Dale sabiduría, Señor, dale trabajo, Señor, dale paciencia. Permite que se deleiten con la esposa que tú les has dado. Permite que cultiven esa heredad, Señor. Permite que se deleiten con lo que tú les has permitido tener.
Te pido al mismo tiempo, Señor, por las esposas que están aquí presentes. Bendícelas con líderes en su casa. Bendice a las mujeres que están aquí, Señor; bendícelas con maridos que no solamente estén ahí, sino maridos que estén ahí y que estén presentes. Bendice, Señor, a los jóvenes que están aquí hoy congregados; mira a aquellas hermanas que todavía no tienen marido, Señor, provéeles, pero no todo tipo de marido. Permíteles maridos que vean el ejemplo de Cristo y que lo hagan en su casa.
Y mira a los jóvenes que están aquí, que no se han casado. Pon en ellos la carga, Señor, de cuidar. Pon en ellos la carga, Señor, de sustentar. Pon en ellos, Señor, la carga de dirigir. Pon en ellos la carga para pastorear. Bendice a los hombres que están aquí con sabiduría.
Señor, bendice las familias con acuerdo. Qué hermoso sería, Padre, si al volver al modelo bíblico las familias aquí presentes son restauradas. Bendice cada familia aquí representada, Señor; bendícelas con constancia, bendícelas con paciencia. Trae un nuevo ánimo, Señor, en cada esposo para liderar. Todo esto te lo pedimos para tu gloria, en el nombre de Cristo. Amén.