Vayamos juntos al libro de los Hechos. Lleguemos juntos hasta el capítulo 16 del libro de los Hechos, para considerar la sabiduría de la palabra del Señor. Pueden buscar todos Hechos, capítulo 16. Si ya lo tienen, pueden ponerse un momento sobre sus pies para que leamos. Estaremos viendo desde el versículo 6 y hasta el final del capítulo en el versículo 40. Esta es una porción extensa de la Escritura. De hecho, se podrían tomar varias de estas historias que están entremezcladas, lo que el Señor hizo en una ciudad que era la ciudad de Filipos, y exponerla cada una de manera individual, pero prefiero tomar cuatro ejemplos distintos para mostrarle hoy a mi iglesia la excelencia del poder de Dios que ha estado moviendo su iglesia, impulsando su avance en medio de la tierra.
Es Hechos, capítulo 16, desde el versículo 6 en adelante. Quisiera que, mientras leemos todo este texto, la atención suya esté en ver el poder de Dios en el avance de su iglesia, en ver que la iglesia del Señor no avanzó por las estrategias de los hombres. En entender que el Señor nos ha estado moviendo, el poder de Dios manifestado en estos versículos. Dice así la palabra del Señor, libro de los Hechos, capítulo 16, desde el versículo 6 en adelante:
Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia. Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas.
— Hechos 16:6-8
Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”. Cuando vio la visión, enseguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio. Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.
— Hechos 16:9-14
La primera obra del Espíritu Santo la vimos interrumpiendo a los obreros para que no vayan al lugar. La segunda obra la estamos viendo abriendo el corazón de Lidia para que tuviese atenta a lo que Pablo decía.
Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: “Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa y posad”; y nos obligó a quedarnos. Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces diciendo: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación”. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: “Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella”; y salió en aquella misma hora.
— Hechos 16:15-18
Vemos aquí una tercera manifestación del poder de Dios, ahora teniendo dominio total sobre el reino de las tinieblas.
Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los trajeron al foro ante las autoridades; y presentándolos a los magistrados, dijeron: “Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos”. Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.
— Hechos 16:19-25
Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí”. Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro y, temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”. Ellos dijeron: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa”. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y enseguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.
— Hechos 16:26-34
Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: “Suelten a aquellos hombres”. Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: “Los magistrados han mandado a decir que se os suelte. Así que ahora salid, y marchaos en paz”. Pero Pablo les dijo: “Después de azotarnos públicamente, sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel; ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto; sino vengan ellos mismos a sacarnos”. Y los alguaciles hicieron saber estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran romanos. Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que saliesen de la ciudad. Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto a los hermanos, los consolaron y se fueron.
— Hechos 16:35-40
Dejémoslo ahí, hermano, por un momento. Pueden ocupar sus asientos. Quiero mostrarles que el avance de la iglesia del Señor no depende de iniciativas, planes o proyectos que pueden hacer los hombres. Tampoco depende de las capacidades persuasivas de los obreros, de su poder natural o de situaciones aleatorias favorables a la conversión de la gente. Tal como se muestra en las Escrituras, depende exclusivamente del poder de Dios, que es quien mueve a los obreros, abre el corazón de los hombres, vence las ataduras de las tinieblas y dispone las circunstancias de forma tal que todo alcance su propósito.
La expansión de la iglesia en la provincia de Macedonia, específicamente en las ciudades, nos ofrece un detallado ejemplo de cómo Dios hace esto y un fuerte estímulo para depender completamente de Dios en cada etapa de la tarea de la evangelización. Tengo como propósito, hermano, hoy una sola cosa: que esta iglesia entienda que es el poder de Dios que nos está moviendo y que seguirá moviendo a nuestra iglesia. Tengo un propósito solamente: desestimular cualquier expectativa de que por nuestros propios medios podremos hacer la obra del Señor.
La autoridad de Cristo y la misión permanente de la Iglesia
El lunes pasado aquí en la oficina de la iglesia se tuvo un devocional con este mismo texto. Y mientras se desarrollaba el devocional, yo me emocionaba al ver la confianza que el Señor pone en el corazón de uno, de que la obra de Dios puede y debe ser hecha. Hoy en los talleres de membresía estuvimos viendo cómo el Señor, antes de dar la Gran Comisión, dijo de sí mismo que toda potestad le ha sido dada en el cielo y en la tierra.
Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones… …y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
— Mateo 28:18-20
Yo quiero entusiasmar a mi iglesia acerca de que el poder no está en nosotros, sino que está en Dios, y que es Dios quien hará y está haciendo que se cumpla aquella promesa de que Él edificaría su iglesia, y ni aun las puertas del Hades prevalecerían contra ella.
Miren, la iglesia cristiana es un ejército en formación que siempre está en campaña. No llegará un momento en que la iglesia cristiana deje de hacer la misión. La iglesia cristiana siempre está en avance. Ustedes no lo notan tanto porque somos una iglesia relativamente pequeña, pero esta iglesia, en asunto de nueve años, se ha multiplicado quizás por cinco. Y si usted vuelve a ver esta iglesia dentro de treinta años, con la ayuda del Señor, aquí habrá una multitud congregada que ninguno de nosotros podrá contar.
Usted me pregunta: ¿dónde está la confianza?, ¿dónde está el poder para hacer esto? La confianza está en Dios y el poder está en Jesucristo, que dijo que toda autoridad le ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos. Toda esta larga historia sucede en una misma ciudad, una ciudad relativamente pequeña: cuatro hechos extraordinarios donde Dios mostró su poder. Quisiera entusiasmar a mi iglesia respecto a que Dios puede dirigirnos.
En primer lugar, como evidencia de su poder en el avance de su iglesia, Dios lo evidencia en esta lectura en la oportuna dirección de sus obreros. El equipo misionero quería ir a una ciudad o a la otra y se había dispuesto a llegar, pero cada vez el Espíritu Santo les bloqueó. Dice Lucas, que es quien está escribiendo, que quisieron ir a diferentes ciudades, pero que el Espíritu Santo se lo impidió. Arranco aplicando estas cosas, hermano, diciéndole a mi iglesia que mi Dios tiene una agenda.
Nosotros no siempre podemos entender la agenda de Dios. Siempre estamos haciendo la obra del Señor, pero Dios tiene una agenda. Me emociona que Pablo y sus compañeros de misión intentaron ir a diferentes ciudades. Ellos eran diligentes en hacer que avanzara la iglesia del Señor, pero el Espíritu Santo estaba obrando como en contra de ellos. Dice que el Espíritu Santo se lo impedía. Póngase usted, hermano, en la condición de ellos, que están tratando con mucho sacrificio y esfuerzo de llevar el evangelio más allá, y que usted sepa que el Espíritu Santo no le está permitiendo hacer una obra.
Yo quisiera mostrarle a mi iglesia que tenemos que ser lo suficientemente sensibles y obedientes para entender que hacemos planes y proyectos para el Señor, pero que el Señor en cualquier momento puede interrumpirnos. Y que la manera en que tú y yo hemos entendido que tenemos que hacer la obra del Señor no necesariamente sea una manera incorrecta, pero Dios tiene un plan distinto, un plan superior, un plan que es mejor y que hace sentido de acuerdo al propósito soberano que el Señor tiene en la evangelización.
Yo me emociono que ellos tres veces cambiaron de rumbo y no se sintieron mal. “Señor, yo quiero hacer tu obra y tú no me permites entrar a esas ciudades”. Dice que el Espíritu Santo se los impidió. Hermano, iglesia querida, nuestro Dios tiene una agenda, y yo creo que el honor en una iglesia cristiana está cuando la iglesia, en oración, pone el oído en el corazón de Dios y sabe hacia dónde Dios le está guiando.
Son como los discípulos que salieron a pescar y dice que aquella noche no consiguieron nada. Después se encontraron con el Maestro y el Maestro les dice que sus redes salieron a pescar, no encontraron nada. Les dice el Señor: tiren la red de nuevo, muévanse y tiren la red al otro lado. Y cuando ya lanzaron la red al otro lado, entonces el barco vino lleno de peces. Iglesias cristianas, nosotros tenemos que ser diligentes en lanzar la red, pero también tenemos que ser obedientes cuando el Señor nos dice que por ahí no, que por otra parte.
Nuestra orientación más que a las ciudades está en seguir la agenda de aquel Dios que es soberano y que en el momento oportuno pueda mostrarle a la iglesia cuál es el plan. Yo he visto, hermano, que ser interrumpidos por Dios mientras hacemos su obra es un privilegio. Que usted quiera hacer algo para su Señor y el Señor no le permita hacer eso para que haga otra cosa, usted debería recibir eso con humildad. “Señor, hasta este momento he tratado de ser fiel a mi ministerio, he tratado de lanzar la red por aquí y no se ha podido. Si tú me enseñas un camino más alto, gloria sea dada al nombre del Señor”.
La agenda soberana de Dios y la obediencia de sus siervos
El Señor manifiesta su poder en la iglesia, hermanos, dirigiéndonos hacia direcciones y asuntos con los que ninguno de nosotros estaba contando. Me he sentido reprendido por el Señor, hermano, acerca de planes, y yo quisiera invitar a mi iglesia a que primero, en oración, pongamos el oído en el corazón de Dios. Por mucho que seamos diligentes en hacer la obra, si el Señor no quiere que la obra sea hecha, no se hará. Y cuando Dios quiera que se haga su obra en alguna parte o de alguna manera, Dios lo dirá.
Como obreros del Señor, nuestra principal prioridad no debe ser solamente hacer la obra del Señor, sino hacer la obra del Señor a la manera del Señor y en el lugar donde el Señor quiere que su obra sea hecha. Yo conté por lo menos siete veces donde el apóstol Pablo fue directamente dirigido por el Señor. En una ocasión estaba en Jerusalén orando y dice que le sobrevino una visión, y el Señor le dijo que no era allí, sino que lo quería en otra parte. Pablo intentó razonar con el Señor: “Señor, hay razones suficientes para yo quedarme aquí”. El Señor le dijo: “No, no es aquí, es en otra parte”.
Hermano querido, lo que le estoy diciendo es que nuestro Dios frecuentemente nos interrumpe en el camino, y gloria a Dios por cada interrupción. Cuando estás convencido de que algo debe ser hecho para el Señor, frecuentemente tu Señor te detiene y te envía a hacer un asunto distinto en otra parte. Nuestro Dios manifiesta su poder en el avance de la iglesia dándole a sus obreros una oportuna dirección. Lo hace en el momento que Él considere, lo hace mientras tratamos de hacer su voluntad, y el fruto de su dirección, hermano, no necesariamente es una celebración de fruto en otra parte.
Las ciudades a las cuales Pablo quería ir con su equipo, yo estuve investigando, y eran ciudades que, razonablemente hablando, valía la pena ir. El Señor le dijo que a ninguna de esas, sino que le presentó un varón macedonio con los brazos extendidos. Pero cuando Pablo llega a Macedonia, no es que hay un grupo de personas que están esperando ardientemente ser predicadas con el evangelio. Parece que ni siquiera los hombres estuvieron interesados. Uno pensaría que después de ver una visión de un varón macedonio con los brazos extendidos, Pablo llegara a Filipos y encontrara allá un estadio de personas esperando al apóstol Pablo y su equipo.
O sea, si el Señor te movió de aquí y te mandó para allá, parece que el fruto está allá. Hermano, el fruto del ministerio de Pablo en esta primera etapa en Filipos quizá fueron dos familias solamente. Pero por esas dos familias el Señor interrumpió el equipo misionero del apóstol Pablo. Yo quiero decirle, hermano, que cuando el Señor te dirija de un sentido hacia otro, no necesariamente es porque visiblemente haya una obra más alta en ese lugar. Es que el Señor es soberano en cómo hace las cosas y uno tiene que ser obediente para dejarse interrumpir y hacer lo que el Señor quiere que sea hecho.
Primera manifestación del poder de Dios: el Señor manifiesta su poder con oportuna dirección. ¿A qué debería llevarnos esto como iglesia, hermano? Yo creo que nosotros deberíamos estar indagando todos en la presencia del Señor hacia dónde el Señor quiere llevar a la iglesia evangélica Pez Mundial. Yo creo que nosotros deberíamos estar buscando la dirección del Señor, buscando oración y al mismo tiempo haciendo la obra del Señor, y quiera el Señor interrumpirnos cuando hemos resuelto que algo debe ser hecho para su gloria.
Primera manifestación del poder de Dios: yo estoy convencido, Dios dirige a sus obreros hacia donde tienen que hacerlo. Recuerdo un momento en que nuestra iglesia estaba buscando dónde predicar y entendimos que era fructífero tener unos estudios bíblicos en Olimpo durante una temporada. Yo me sentí dirigido por el Señor a predicar en ese mismo lugar. Recuerdo alguna hermana querida que siempre me decía: “Estás perdiendo el tiempo, no debes ir. Deberíamos sacudirnos los pies, seguir a otra parte”. Hermano, gloria al Señor, porque me sentí dirigido por el Señor y en ese lugar hubo almas, hubo conversión y hubo fruto. Gloria al Señor por su oportuna dirección, a veces para quedarnos, a veces para abandonar un lugar, pero cada vez que el Señor nos interrumpa, hermano, tengamos la sensibilidad necesaria para dejar nuestro proyecto y asumir el proyecto de Dios.
Me muevo a una segunda manera en que Dios manifiesta su poder. Cuando llegaron a la ciudad de Filipos, dice que fueron a las afueras de la ciudad y se encontraron con las mujeres que habían ido a orar. Son los versículos del 11 al 15:
Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días.
— Hechos 16:11-12
Esta era una ciudad importante del mundo antiguo. Esta ciudad la fundó el padre de Alejandro Magno y tenía una situación especial: era una colonia en pleno derecho. O sea, usted vivir en Filipos era como usted pudiera vivir en la misma Roma; tenía todos los derechos, tenía todas las facilidades, no tenían ni siquiera que pagar impuestos. Era una ciudad completamente libre, una colonia, primera ciudad de Macedonia y una colonia.
Y estuvimos en aquella ciudad algunos días.
— Hechos 16:12
Parece que no sucedió nada extraordinario cuando llegaron a Filipos. Yo no sé ustedes, hermano, pero yo esperaría que después que Dios me dirija para que vaya a un lugar, yo vaya a ver directamente algo rápido: si no conversión, por lo menos gente interesada, personas esperando. Yo estaba leyendo esto y me reía, porque yo me pregunté: ¿dónde está el varón macedonio? Pues Pablo salió de una ciudad, abandonó otra y llegó aquí porque vio un varón macedonio que tenía los brazos extendidos, pero cuando llega no hay tal varón macedonio, sino que lo único que consigue es un grupo de mujeres que habían ido a orar.
Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.
— Hechos 16:13
Yo sospecho, hermano, que dijeron: “Aquí en la ciudad misma hay poca cosa que buscar, vamos a las afueras”. Además, se estilaba que los judíos, cuando no tenían sinagoga, salían a las afueras de la ciudad a orar.
Entonces, una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.
— Hechos 16:14
Aguántenme aquí, hermano, que me interesa mucho hacer una diferenciación. Esta segunda manifestación del poder del Señor a mí me llama la atención, porque uno esperaría que si Pablo va a predicarle a una mujer inmoral, a una mujer rebelde al evangelio, a una persona que no quiere saber de Dios, haga falta, hermano, de los recursos espirituales que Cristo tiene, gloria, poder desde lo alto. Pero Pablo tiene un encuentro con una mujer que se está reuniendo para orar, que conoce las Escrituras, que es una adoradora del Dios de Israel.
Y que tiene una disposición a oír, pero no era suficiente. “Y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía”. Segunda manifestación del poder del Señor: el Señor capacita a la gente para que se abra al evangelio. Ahora la pregunta del millón es: ¿y esta mujer ya no estaba abierta al evangelio?, ¿esta mujer ya no estaba abierta a la realidad de Dios?, ¿no era una mujer temerosa de Dios?, ¿no era una mujer que podía orar, que quizás conocía la Escritura, que tenía algún tipo de conocimiento de Dios?
Para usted ver a mi Señor Jesucristo usted necesita una obra sobrenatural para que sus ojos sean abiertos. La situación del hombre sin Dios es que está en cerrazón, y frecuentemente las mujeres y hombres que tienen el perfil de Lidia son aquellos más necesitados del poder del Señor, porque sin el poder del Señor no podrían abrir los ojos a la realidad de Cristo.
El corazón abierto por Dios: Lidia y la obra interna del Espíritu
¿Cuánta gente conocen ustedes que son personas que ya aman a Dios, que son personas que leen la Escritura, que es gente que tiene temor de Dios, que es gente hasta que va a una iglesia a orar, y todavía necesitan una obra sobrenatural del poder de Dios que rompa su cerrazón y que les abra los ojos, que abra su entendimiento, que abra su corazón? Dice que el Señor abrió el corazón de ella para que tuviese atenta a lo que Pablo decía. Aquí marco la diferencia: una cosa es oír y una cosa es ver a Cristo. Una cosa es usted estar expuesto e incluso “buscar del Señor”, pero otra cosa es cuando el Señor rompe las ataduras de la mente y abre el entendimiento para que podamos conocer a Cristo.
Yo quiero mostrarle a mi iglesia que una persona lea la Biblia y venga a la iglesia no es suficiente. Es más, yo estoy convencido de que aún algunos que se consideran ya creyentes todavía necesitan esta obra sobrenatural de Dios que rompe las escamas de los ojos y puede ver a Cristo en toda su gloria, su majestad y esplendor. Que pueda reconocer a Cristo leyendo las Escrituras, que pueda hacerlo: eso es una obra de Dios.
Me llama la atención que lo que dice aquí que el Señor abrió no fue su mente. Dice que el Señor abrió su corazón. Miren, para los antiguos, el corazón era el centro mismo de la personalidad de alguien. Cuando dice que Dios abrió su corazón, está hablando de todo su ser. Yo creo que todo creyente verdadero puede confesar, testificar, que en algún momento de su vida él siente que su ser interior fue abierto a Dios. Y hasta aquel que anteriormente se consideraba un religioso, aquel que anteriormente se consideraba un cristiano, puede testificar que hubo momentos en su trayectoria donde él siente que su hombre interior fue abierto.
Cuando el Señor abre el corazón de una persona, lo que está haciendo es que está abriendo su razón, sus emociones, sus relaciones. Es como una persona que ha sido descubierta delante del Señor. Abrir el corazón de alguien es una obra sobrenatural que hace el Espíritu Santo para que su iglesia avance. Todo creyente verdadero testificará que en algún momento de su existencia su ser interior fue abierto milagrosamente por el Señor y llegó a sentir cosas que no sentía, llegó a entender lo que no entendía y llegó a vivir lo que no vivía. Y llegó a poder percibir lo que no percibía.
La realidad de un hombre sin Dios, aun aquellos que vienen a la iglesia y se consideran religiosos, es que una persona, hasta que no tiene el poder de Dios derramado sobre su vida, todavía está velada ante las cosas del Señor. Sorpréndanse si ustedes entienden que esto es algo muy fuerte: aun los discípulos del Señor, que pasaron años con el Señor, al final del ministerio del Señor, que se encontraron con mi Señor resucitado, no entendieron la realidad completa del ministerio de nuestro Señor Jesucristo hasta que:
Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.
— Lucas 24:45
¿Y qué había pasado con los discípulos, qué había pasado con aquellos que vivían al lado del Señor? Hermano, es que creer en el evangelio es algo más que una experiencia intelectual. Creer en el evangelio es un fenómeno sobrenatural del poder de Dios que opera sobre una vida y la abre a la realidad de Dios. Y esta santa disposición hacia el Señor, y este deseo ardiente, y este fervor que se produce, es la segunda manifestación del poder del Señor, haciendo que su iglesia avance: abre el corazón de Lidia para que Lidia sea dispuesta al evangelio.
¿Cómo se evidencia, hermanos, cuando se ha abierto el corazón de la gente? Yo hago ahora un ejercicio de explicar esto; mi deseo es que mis hermanos puedan asentir conmigo. Y que aquellos que todavía su mente no ha sido abierta a la realidad de Dios, el Señor hoy pueda hacer un milagro y abrir su corazón. Yo estoy convencido de que no todo el mundo lo entiende. Si alguien puede entender lo que yo estoy por decir, esa persona casi seguro ha sido abierta por el Señor.
Si alguien vino a Cristo y verdaderamente está en Cristo, en algún momento de su vida él pasó de la indiferencia a tener un vivo deseo por los asuntos espirituales. Es un asunto que usted no entiende, que no puede explicar, pero que anteriormente no estaba. Lo que te tenía sin cuidado comienza a ser para ti importante; comienzas a tener un gran interés por escuchar, dice “estar atenta”: esa hambre de Dios.
Esa hambre es una capacidad para hacer la voluntad de Dios renunciando al mundo y al pecado. Es un asunto que no se satisface hasta que tú encuentras a Cristo, y cuando Cristo llega, llegas a percibir tal nivel de satisfacción que dejas todo lo otro a un lado y Él se vuelve el centro de tu vida, el centro de tu existencia. Cristo abre a las personas a la necesidad de Él.
Quiero advertir a mi iglesia que tenga cuidado, porque la evangelización no funciona por medio de la apologética. Hay personas que han entendido que evangelizar es discutir con las personas acerca de realidades espirituales, acerca de doctrina. Eso no es evangelización. La evangelización es una obra que se hace con el poder de Dios:
Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
— Hechos 1:8
La evangelización no es primariamente un asunto racional, es primariamente un asunto espiritual. Dios alcanza personas intencionalmente, ciudades intencionales y de maneras sobrenaturales. Pablo tuvo que desplazarse desde muy lejos para poder llegar a Filipos y encontrarse con esta mujer que, a simple vista, era ya una mujer de Dios. Pero aún ella necesitaba ser abierta desde adentro, para que entendiera la realidad de nuestro Señor Jesucristo.
Hermanos, queridos amigos que están aquí presentes, ver a Cristo en su palabra, ver a Cristo en la realidad de la vida, ver a Cristo en la predicación es algo más que una serie de ideas que uno se aprende; es un fenómeno espiritual. Me llama la atención que esto sucedió de una forma aparentemente sencilla: dice que ellos estaban hablando.
Y ahí, hablando, mira, la gente está pre-condicionada a esperar expresiones contundentes del poder de Dios siempre en maneras extraordinarias, y Dios lo hace. Me recuerda el profeta cuando estaba en la cueva, que cuando vino, él sintió cómo se estaba cayendo la cueva, sintió truenos, ruido. Y después, un silbo apacible. Hermano, Dios hace las cosas a veces de una manera estruendosa y a veces de una manera más apacible.
Con una conversación sencilla con el apóstol Pablo y su equipo misionero esta mujer ahí mismo estaba siendo abierta, abierto su corazón a la realidad de Dios. A veces esto sucede de una manera tan sutil que solamente la persona puede percibir el efecto, pero tú no ves una luz, tú no ves un sonido. A veces sucede que tú haces las cosas que habías hecho antes, como venir a la iglesia: un día tú vienes a la iglesia y eso te impacta poderosamente; tú dices: “Guau, pero yo vine a la iglesia, y fue un domingo diferente. ¿Qué pasó hoy en mí?” Es que quizá hoy en ti el Señor tuvo misericordia y te abrió la realidad de Cristo.
Es así también con la Escritura: tú lees la Escritura, lees la Escritura, y lees la Escritura, pero un día tú lees la Escritura, y la Escritura como que se abre para ti, tus ojos son abiertos y dices: “Guau, ¿y qué pasó?” Es que más que una lectura intelectual es el poder de Dios haciendo que el corazón del hombre sea abierto. A veces sucede de manera tan sencilla como con una conversación. En esa conversación el Señor va dando gracia, y esta persona va siendo transformada desde adentro. Esta persona va percibiendo lo que no percibía y entendiendo lo que no entendía.
Sucedió en este momento de una manera tan sutil:
Entonces, una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.
— Hechos 16:14
Saben por qué hay que orar cuando se predica el evangelio: porque es el Señor quien puede hacer la obra. Y si uno no ora está corriendo un gran peligro, porque no ha entendido que nosotros solos no podemos hacer la obra. Si nosotros entendemos que toda autoridad ha sido dada a Cristo en el cielo y en la tierra, por tanto, “vayan y hagan discípulos”, y después hemos entendido: “He aquí que estaré con vosotros todos los días y hasta el fin del mundo”, uno entiende que la evangelización es algo que se hace exclusivamente en el poder de Dios.
Nosotros podemos hablar con Lidia, pero el Señor puede abrir el corazón de Lidia. Y esta es una motivación, hermano, para predicar el evangelio a los vendedores de púrpura y también a la gente que anda por la calle. Cristo es para todo el mundo, porque no hay poder en esta tierra que pueda medirse con aquel que tiene toda autoridad, todo poder, todo dominio, la ciudad, el cielo y la tierra.
Yo quiero animar a mis hermanos a que conversen con una persona, pero conversen en el poder de Dios. ¿Y qué es conversar con alguien en el poder de Dios? Es conversar con una persona entendiendo que en ti no hay capacidad alguna para convencer. Es conversar con una persona entendiendo que en ti no hay medios humanos alguno para persuadir, pero tú has entendido: “He aquí estaré con vosotros todos los días y hasta el fin del mundo”. Es entender que en conversaciones sencillas de los creyentes el Espíritu Santo se mueve de manera poderosa, que el Señor nos acompaña cuando participamos en esta obra, y es hacer que las paredes de la iglesia se extiendan todavía más allá. La iglesia está avanzando y está avanzando en el poder de Dios.
Dios decide el campo: Asia, Bitinia y la confianza en su plan
Tengo que irme rápido, hermano, porque es mucho texto que tenemos por delante, pero hemos visto ya dos manifestaciones. Primera manifestación: el Señor sabe dónde quiere salvar y manda sus obreros allá. Doy una ñapa del punto uno, hermano. Hay gente que puede sentir cierta impotencia y decir: “Guau, pero ¿cómo va a ser que yo quisiera predicar en Azua y el Señor me está mandando para San Pedro de Macorís?” Hermano, cuando el Señor quiera salvar en Azua, la salvará.
Ustedes deberían velar que todos los pueblos lleguen al conocimiento de Dios; sin embargo, entiendan que la agenda la tiene Él. Yo estoy convencido de que Dios quiere salvar a todos los hombres, pero yo no estoy convencido de que a todos los hombres Dios quiera salvarlos hoy. Dios tiene planes, proyectos, orden de prioridad que en mi mente humana limitada no caben. Yo no puedo explicarle, yo no sé por qué. Sin embargo, estas ciudades que aparecen aquí, a las cuales a Pablo le fue impedido entrar, después aparecen como ciudades evangelizadas en el libro de Apocalipsis.
Con esto quiero decir: a veces hasta nos engaña uno mismo poniéndose una urgencia inoperante. Tú ves el mapamundi y dices: “Hay tanta tierra, hay tanto mundo y hay tan pocos obreros. Ay, Señor, nadie está haciendo nada”. Hermano, haga lo que Dios le permita hacer y deje el mapamundi en la mano del Señor. Cuando el Señor quiera, va a permitir que el evangelio llegue a Bitinia; cuando Él quiera. No es ahora que el evangelio “tiene” que ser llevado a Bitinia porque la gente de Bitinia necesita a Cristo. Yo sé que la gente de Bitinia necesita a Cristo. Lo que yo sé es que no van a poder ver a Cristo a menos que Él les abra los ojos.
Y yo puedo predicar en Bitinia, pero yo no puedo abrir los ojos en Bitinia. Usted debe anhelar hacer la obra del Señor bajo el poder del Señor, porque usted no puede abrir los ojos. Usted puede gastar su vida en Bitinia, pero mientras el Señor no abra los ojos, la gente en Bitinia no va a abrir sus ojos a la realidad de Dios.
Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.
— Hechos 16:6
Ay, pero los asiáticos necesitan de Cristo. Y van a conocer a Cristo cuando Cristo les abra los ojos. Lo que quiero es desmotivarte, hermano, a que no te eches encima esa carga inoperante con la que Satanás a veces quiere engañar a uno: “Ay, la gente se está perdiendo, no está conociendo a Cristo”. Yo sé que se están perdiendo, yo quiero predicar, y lo haré de la manera que el Señor permita hacerlo. Pero si Dios no me manda, mandará otros obreros. Al día de hoy todas esas ciudades han sido evangelizadas, y en todos esos lugares hay testimonios de nuestro Señor Jesucristo.
¿Cómo evidenció Lidia su conversión, hermano? Lo evidenció con hospitalidad. Yo me gozo que dice que ella “nos obligó a quedarnos”. Miren, una de las manifestaciones de que uno es del Señor es que cuando uno ha abierto sus ojos a las realidades de Dios y uno entiende lo que son sus hermanos, uno quisiera quedarse con sus hermanos para siempre. Eso es algo inexplicable que anteriormente no existía, pero esa hospitalidad hacia la iglesia del Señor se manifiesta en la evangelización.
Lo que dice la Escritura es:
Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: “Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa y posad”; y nos obligó a quedarnos.
— Hechos 16:15
Parece que fue tanta la insistencia de: “No, que tiene que ser aquí”, que dicen la mayoría de los historiadores que parece que la iglesia del Señor en Filipos comenzó en la casa de Lidia. Ella vino a recibir la iglesia del Señor en su casa. Es el privilegio de todo creyente recibir a sus hermanos, recibir un culto de adoración, recibir una oportunidad; eso debe ser recibido como verdadera comida. Esta hermana les obligó: “No, es aquí. No, que vamos a seguirlo haciendo allá. No, en mi casa, en mi casa es que yo quiero que la iglesia esté”. Una evidencia de su conversión, hermano, fue la hospitalidad.
Eso es algo que frecuentemente se manifiesta: si eres del Señor, tú quieres estar con tus hermanos. Es muy raro que una persona realmente sus ojos hayan sido abiertos y pueda ver a Cristo, y no ande detrás de la iglesia de Cristo. Sorpresa para mí son personas que se llaman cristianos que están buscando una razón para no estar con el pueblo del Señor. Si tú eres del Señor, tú quieres estar con el pueblo del Señor. La hospitalidad es la celebración de que Dios está moviéndose en medio de nosotros, y tú quieres estar en el mover de Dios.
Hemos visto ya dos casos del poder del Señor: primero dirigió a los obreros, después abrió los ojos de la gente. Veamos el tercer caso del poder del Señor, versículos 16 al 24:
Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación”. Y esto lo hacía por muchos días. Mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: “Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella”. Y salió en aquella misma hora.
— Hechos 16:16-18
Tercera manifestación del poder de Dios, hermano: aquí ni siquiera los poderes de las tinieblas pueden rivalizar con el poder de Dios. El Señor rompe aún las ataduras de las tinieblas, hermano; aun las ataduras del diablo. El Señor tiene poder para esto.
Me impresiona que Pablo no tenía un interés desmedido por enfrentar los espíritus. Yo veo ahora mismo una corriente entre mis hermanos que andan como cazando espíritus, andan buscando manifestaciones espirituales. Aguántenme aquí, que hay dos extremos. El primer extremo es ignorar que las fuerzas del mal son reales. Pero a mí me llama la atención que mi Señor Jesucristo, dondequiera que ministraba, aparecían demonios. Y uno, en esta época, ¿será que los demonios cesaron?, ¿será que están en escasez?, ¿será que se tiñeron?
Lo más probable es que nosotros hemos estado subestimando el poder de las tinieblas que está operando ahora mismo sobre los hijos de desobediencia y que tiene a la gente postrada espiritualmente. Por eso la iglesia necesita depender de Dios. El otro extremo: hay un extremo que es el extremo que ignora y dice: “No, eso era un asunto del pasado; eso parece que ya dejó de aparecer”. ¿Será que la gente es libre al día de hoy? No, la gente no es libre, la gente está esclavizada.
El primer extremo, entonces, es ignorarlo. El otro extremo es buscarlo desmedidamente. Y si no se manifiesta algo, si no hay un poder, entonces como que se provoca. Pablo soportó esto durante muchos días; ella venía gritando delante de él, sabía que estaba atada y no la reprendía. Él soportó esto durante un tiempo. Yo quiero decirle a mi iglesia que nuestra principal labor no es andar libertando gente, porque eso es poder del Señor que liberta. De hecho, Pablo no la libertó él: él la libertó en el nombre de Jesucristo.
Luz y tinieblas: discerniendo el sincretismo y el falso reconocimiento
O sea, la primera tarea de la iglesia no es andar por ahí como “cazafantasmas”, tratando de libertar a todo el que encontremos. La tarea nuestra es la proclamación del evangelio, y mientras proclamamos el evangelio, frecuentemente el Señor también hace la obra de liberación. Lo que Pablo está evitando aquí es que la obra del Señor esté relacionada con las tinieblas, porque lo que ella está diciendo es verdad.
Oye, hermano, qué buena promoción, cualquiera la quisiera. Lo que ella está diciendo es una buena promoción, entre comillas. Lo que dice es verdad; esta mujer es una teóloga, hermano, de hecho. Oye, a mí me avergüenza ver por ahí hermanos míos, cristianos evangélicos, que no se refieren a mi Señor con tanto respeto como esta adivina. Lo que ella está diciendo es verdad. Está diciendo: “Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación”.
Me llama la atención, consistentemente, en los enfrentamientos entre mi Señor Jesucristo y las tinieblas, que todos ellos se refieren a mi Señor Jesucristo con un alto nivel de respeto. “Es Él el hijo de David”, le decían “el Señor”, “el Dios Altísimo”. “Sois siervos del Dios Altísimo”. Ay, hermano, perdónenme que yo use esta comparación tan pobre, pero si aun los demonios se refieren a mi Señor con tanto nivel de respeto, por favor eviten las expresiones graciosas para referirse a mi Señor que vive ahora mismo en gloria y que todo poder le ha sido dado en el cielo y en la tierra.
Cuando usted se refiere a mi Señor Jesucristo, no me diga solamente “Jesús”; diga “Señor Jesucristo”, “Siervo del Dios Altísimo”, “Rey de reyes, Señor de señores”. Yo no quiero ver a ninguno de mis hermanos usando estas expresiones que se usan ahora mismo, que las usan frecuentemente los incrédulos para referirse a mi Señor; ya yo he hablado de eso en mi iglesia, pero tengo que repetirlo: “papito Dios”, “papá Dios”. Son cosas que rebajan la gloria de su nombre. Hable con respeto hacia Él, el Dios Altísimo. Lo que ella está diciendo es verdad.
Me llama la atención que ella se refiere con más respeto que muchos creyentes contemporáneos. El problema es que nosotros no solamente estamos buscando una expresión correcta, estamos buscando la persona correcta. Y debemos evitar, como creyentes, que las fuerzas del mal lleguen a hacer alianza con el evangelio. Porque cuando ella decía esto, las personas que le pagaban para adivinar decían: “Ah, pero mira, ellos… eso es lo mismo”. Saben que, de hecho, al día de hoy el problema que hay en la cristiandad es que todo se ha mezclado a un punto tal que la gente llega a entender que no hay nada distinto y que todo es igual, porque todo el mundo se parece.
Ella decía: “Ah, estos siervos del Dios Altísimo”. Y la gente del pueblo iba a pensar: “Ah, pero mira, tienen cierto nivel de alianza, se parecen, eso es lo mismo”. Y ella se está poniendo adelante para igualarse al poder de Dios. Uno debería evitar que la obra del Señor sea relacionada con las tinieblas. Dice la Escritura:
¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?
— 2 Corintios 6:14
Ninguna. Cualquier expresión de sincretismo, cualquier expresión donde se pueda ver cierta percepción de confabulación, de que “es lo mismo”, un creyente debería evitarlo. Parece lo religioso, parece que son adoradores de algo, pero no: espérese. Yo soy un siervo del Dios Altísimo; el otro grupo, para allá. Nosotros somos distintos.
Pablo reprendió y expulsó el demonio para evitar que el cristianismo llegara a confundirse con los poderes de las tinieblas. Después la gente iba a decir: “Ah, pero mira, es lo mismo la adivinación que lo que pasa en la iglesia; lo que pasa es que son diferentes personas, pero lo mismo. Además, mira que ella sabe decir ‘Dios Altísimo’”. ¿Cuántas personas te dicen a ti al día de hoy: “No, no importan las diferencias; mira, yo puedo decirlo, tú sirves al Dios Altísimo, yo también le sirvo en otra manera”? Eso se llama sincretismo, y uno debería evitarlo.
¿Qué se evita? Miren, admitir un reconocimiento de fuerzas inapropiadas perjudica. Que una adivina esté diciendo “guau, mira los cristianos, la iglesia”, eso es lo que dicen al día de hoy. Escuchaba ahí en la radio una de estas personas, y estaba hablando de eso, y dice: “No, el espiritual, uno entiende que Dios toca aquello y cinco cosas más”. Ese reconocimiento no lo acepten. Tú no puedes juntar a Cristo con ninguna otra cosa. No solamente hace falta la expresión correcta, hace falta la persona correcta.
Debemos evitar permitir ser relacionados innecesariamente. Ahora mismo hay un foro que se llama “Foro de las religiones por la paz”. Un nombre bonito. Y en el foro de las religiones por la paz usted va a encontrar al cristiano, un pastor evangélico, un sacerdote católico, un budista, un tal, cualquier religión, porque “hay religiones por la paz”. Y nos vamos a tomar la foto, como que todo es igual. No, hermano: Cristo no se iguala con nada más. ¿Qué relación tiene la luz con las tinieblas? Ninguna.
Cosas que uno debe evitar, hermano. Miren, hablo de esto con cuidado porque sucede en el día a día. Frecuentemente los creyentes son invitados a fiestas de pecado donde nos llevan como un adorno. Y la gente se dispone a celebrarse a sí misma, a celebrar la lujuria, a darle rienda suelta a su carne, pero siempre quieren un evangélico que vaya y ore.
Le digo esto con cuidado, hermano, porque que una persona inconversa te pida a ti oración no es algo malo. Ahora, que no me pidan a mí que yo ore para una fiesta de maldad, que no me pidan que yo ore para una fiesta de pecados, para celebrar su lujuria, para celebrar este tipo de cosas, porque ahí nosotros, indirectamente, lo que estamos haciendo es endosar. Y esto yo lo lamento porque muchos familiares míos participan de estas cosas. También me invitan a mí a participar en una fiesta donde lo que prima es la bebedera, donde lo que prima es la borrachera, donde lo que prima es el desorden, pero llevan al evangélico: “Ah, venga para que ore”.
¿Para qué ore por su bebida, por su borrachera, por su lujuria? Yo voy a orar para que ellos dejen eso. Pero yo sé que ustedes han sido invitados a esos foros donde siempre se lleva un creyente que es como un adorno. No está mal si en tu trabajo te piden que ores, si alguien te pide oración. Uno no ora solamente por los creyentes; uno ora por todo el mundo y espera que la gracia común del Señor los alcance. Pero debemos evitar dar una percepción de que es lo mismo la adivinación con el evangelio. No es lo mismo. De que es lo mismo la fiesta del pecado con la fiesta del Señor. No es lo mismo. ¿Qué relación tiene la luz con las tinieblas? Ninguna.
No queremos la expresión de esa muchacha, aunque lo que esté diciendo sea verdad, porque perjudica el evangelio. “No le deis las cosas santas a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos”, dice la Escritura. Tengo que aplicar esto todavía más, hermano, porque no quiero dejarlo a usted a que saque sus conclusiones, se lo digo.
Miren, ahora mismo hay cantidad de artistas; todo artista mundano tiene una canción “cristiana” ahora mismo. Le cantan a la promiscuidad, le cantan a la lujuria, le cantan a la infidelidad, le cantan a la vanidad, pero siempre tienen una canción cristiana. Y esa canción cristiana es como el caramelito para que entendamos que es algo bueno. Que digas algo bueno temporalmente no te hace la persona correcta. Se espera que tengas el corazón correcto al mismo tiempo que la expresión correcta.
Esta mujer no tenía ningún lugar con Pablo, pero algunos dirían: “Está bien, porque está anunciando a Cristo, ¿no?” No. A Cristo, Cristo ha determinado que el tesoro del evangelio sea anunciado en personas que han sido lavadas desde adentro, el instrumento correcto haciendo la expresión correcta.
Reitero aquí, hermano, que quien hizo la obra fue el Señor, y la hizo en su momento. Yo no sé cómo el Señor le dijo a Pablo que iba a libertar a esta muchacha, no sé cómo sucedió. Lo que sé es que él dijo: “Te mando, no en mi nombre, sino en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella”, y salió en aquella misma hora. Hermano, ante el nombre de Jesucristo tienen que huir las tinieblas. Yo no sé si mi iglesia todavía ha entendido que es el nombre que es sobre todo nombre:
Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
— Filipenses 2:9-11
En el nombre de Jesucristo no hay poder alguno que pueda quedar de pie. El nombre de Jesucristo es el nombre que todo lo dobla. Él está diciendo: “Yo te mando en el nombre de Jesucristo”.
Ahora vuelvo y advierto: hay hermanos que han entendido que pueden usar el nombre de Jesucristo como si fuera sortilegio o amuleto. “Ordeno que se sane la nevera en el nombre de Jesucristo”. Espérese, hermano, que no es así. El Señor Jesucristo, cuando quiera libertar, nos permitirá hacerlo en su nombre. Pero tienes que ser dirigido por el Señor; si no, vas a quedar en vergüenza.
Cuántas personas han intentado libertar, proveer, abrir el mar, resucitar, como si el nombre de Jesucristo fuera algo que tú has dado forma como tarjeta de crédito. No, hermano. Obra en el nombre de Jesucristo es hacerlo porque Él te ha mandado hacerlo. “Yo te mando porque Él me mandó a que seas libre”. Ahora, el nombre de Jesucristo es el nombre que tiene poder, hermano; no hay fuerza alguna que pueda contrarrestar al Señor.
El Señor validó que ellos eran siervos suyos. A mí me llama la atención que la muchacha endemoniada quería validar con sus palabras a los siervos del Señor; el Señor validó a sus siervos sacando el demonio de la muchacha. Cuando ella fue libre, el pueblo entendió: estos verdaderamente son siervos del Dios Altísimo, no porque ella lo dijo, sino porque ella fue libertada.
Quiero hablar en este momento a aquellas personas que estén aquí presentes que todavía no son siervos del Señor: o tú sirves al Señor, o tú sirves a la maldad; no hay dos, no hay tres caminos. Un lado o el otro, porque “el que conmigo no recoge, desparrama”.
Miren, el pecado, el demonio, no busca el bien de nadie. Satanás es malo “por diseño”; él es malo, su naturaleza es todo mal. Se esperaría que después de que esa muchacha sea libertada, haya cumpleaños, haya celebración, los familiares, todo el mundo diciendo: “¡Guau, fue libertada!” ¿Saben qué pasó cuando fue libertada?
Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro ante las autoridades.
— Hechos 16:19
Aquí hay gente que se siente querida por el diablo, se siente querida por el pecado, se siente querida por la maldad. No te quieren ni quieren tu bienestar; es que tú les representas ganancias. Cuando vieron que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los trajeron al foro ante las autoridades. Ellos no le agradecen que fue bueno que ella fuera libertada. No.
Sepan que a Satanás y a aquellos que le sirven les conviene que la gente esté atada. ¿Cuántas ataduras tienen las fuerzas de las tinieblas para representar algún beneficio material a alguien? Miren, hay estructuras de pecado y de maldad que son potencializadas por la fuerza del mal, por los demonios, y eso les representa un beneficio económico a alguien: los juegos de azar, la promiscuidad sexual, las drogas y el alcohol. Todo eso es promovido, son asuntos promovidos, impulsados por los demonios. Lo que hacen los demonios en la tierra es hacer que abunde la mundanalidad, multiplicar todo eso para ofender a Dios.
Y eso les representa un beneficio económico a alguien, y la persona participa en ese tipo de cosas y piensa: “Guau, esta gente me quiere, esta gente me sirve, esta persona me trata bien”. No; les representas un beneficio. En el momento que seas libertado por el Señor, así mismo lo vas a notar: no te aman, no te buscan ni quieren tu bienestar. La única persona que quiere el bienestar tuyo y de tu alma es mi Señor Jesucristo.
Tengo que moverme, hermano, a la última expresión. Pero a mí me impresiona cómo la mundanalidad llega a dominar ciudades. Estas personas fueron donde la autoridad y dijeron: “Ellos están alterando nuestras buenas costumbres”. Entre ellos, la adivinación era una “buena costumbre”.
O sea, oigan: ellos llegaron a entender que adivinar era algo como un ícono para ellos; una marca. Y en el mundo antiguo era así: la idolatría, la adivinación. Una ciudad donde había buenos adivinos, eso era una ciudad bien ranqueada. Para ellos era ofensivo que ella había sido libertada, porque parece que consideraban la adivinación una buena práctica.
Primera manifestación del poder de Dios: dirigiendo a sus siervos. Hermano, que estamos dirigidos por el Señor. Segunda manifestación del poder de Dios: abriendo los ojos de aquellas personas que hasta parecen ser “buena gente”, buenos creyentes, personas devotas; hasta ellos necesitan que sus ojos les sean abiertos y que vean a Cristo. Tercera manifestación: romper las ataduras de las tinieblas.
Y aquí una cosa con la otra: aquí participaron los amos de la muchacha, que agarraron a los obreros y los llevaron como si fueran ellos autoridad. Saben que los pecadores en las ciudades, quien administra un pecado y sirve bien un pecado, se sienten con un poder delante de los otros, que ellos pudieran hasta meter presos gente. Así pasa ahora mismo: en todo pueblo hay alguien que es el patrocinador principal de un pecado, y esa gente llega a tener un poder que pueden hasta apresar a alguien.
Los apresaron ellos, después los magistrados les complacieron, humillando y maltratando sin causa a los obreros. Dice el versículo 23:
Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.
— Hechos 16:23
También los humillan, les despojan la ropa sin hacer ninguna pregunta, les dan latigazos. Y le dicen al carcelero que los ponga aparte, y el carcelero viene y hace también su parte:
El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo.
— Hechos 16:24
Imagínense estos obreros, después que tienen el cuerpo maltratado, vienen y les ponen un cepo en los pies. El cepo era unas piezas de madera que tenían dos hoyitos en medio, donde se metían los tobillos; le ponían el peso por la pierna y una pierna quedaba separada de la otra, y no tenían movilidad. Esto era un asunto desgarrante, un maltrato, un castigo muy fuerte.
Él hizo su parte: los mandó al calabozo más profundo y los puso en el cepo. Veamos ahora la cuarta manifestación del poder del Señor: cómo el Señor ordena todas las circunstancias, todas, para alcanzar su propósito. Voy al versículo 25 en adelante:
Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios, y los presos los oían.
— Hechos 16:25
Bueno, nosotros no podemos hacer una estrategia que podamos poner una cosa primero y otra después, de forma tal que al final las personas sean alcanzadas con el evangelio. No podemos. El Señor lo hace. Yo he tenido cierta impresión con todo este movimiento que hay de “crecimiento de la iglesia”: estrategas, personas que quieren dar consultorías respecto de que “hay que poner una cosa primero y otra después”. Yo me pregunto: ¿quién puede disponer del poder de Dios?, ¿quién puede ordenar una circunstancia?
Tú y yo podemos manipular a un ser humano, ponerle algo delante, pero no podemos abrir sus ojos. El Señor sí ordena todas las circunstancias de forma tal que el que Él quiera alcanzar sea alcanzado. ¿Qué es lo que Él hace?
A medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban. El Señor dispuso soberanamente que sus obreros fueran apresados. Me emociona ver cómo los obreros, cuando son apresados, no asumen un asunto de frustrarse. Recuerden que Pablo vio una visión de un varón macedonio con los brazos extendidos. Todavía no hemos visto el varón macedonio con los brazos extendidos, y ya Pablo tiene los pies en el cepo.
Miren, hay que creerle al Señor, hermano, y saber que estamos siendo dirigidos por el Señor, porque en los momentos de tribulación, de circunstancias hostiles, frecuentemente a uno le llega el pensamiento de: “Guau, he invertido mi vida en venir a esta ciudad, y solamente he podido hablar con una mujer y su familia, y ahora tengo los pies en el cepo”. Pero él estaba en medio de un poderoso plan del Señor para alcanzar la ciudad de Filipos.
Él no sabía cómo. Bueno, frecuentemente nosotros estamos expuestos por el Señor a circunstancias que no sabemos explicar humanamente hablando. El convencimiento que nosotros tenemos es:
A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
— Romanos 8:28
Es decir, que todo hace sentido de acuerdo al plan soberano del Señor. Pablo no sabe cómo, Pablo no sabe por qué, Pablo no sabe qué el Señor está haciendo en medio. Pablo todavía no sabe que el Señor está por romper las cadenas, dar testimonio a todos los presos y ganarse al carcelero para su reino. Pablo no lo sabe. Pablo sabe que, en este momento, tiene los pies en el cepo.
Y en este momento de incertidumbre, Pablo canta. Iglesia, la vida, desde la perspectiva del hombre, está llena de incertidumbre. Ahora, desde la perspectiva de Dios, todo tiene sentido y todo tiene su buen propósito. Pero nosotros no lo sabemos. Yo quisiera como que el Señor nos dijera: “Pablo, vas a libertar a una endemoniada, después te van a buscar, te van a poner en la cárcel; prepárate, porque te van a poner un pequeño cepo, eso es un detalle, los latigazos son un asunto, pero tú también ya en otra ocasión te lo han dado; ya tú sabes cómo eso viene”.
“Además, aquí los latigazos los dan con una rama; son distintos. El cepo te lo van a poner, te van a poner el cepo. Canta. Y cuando tú comiences a cantar, no dejes de cantar. Pablo, tú vas a comenzar a cantar, tú vas a comenzar a cantar, tú vas a comenzar a cantar, y tú verás que yo voy a mandar un terremoto y se va a romper la cadena”. Ahí cualquiera lo hace, hermano. El asunto es que Pablo no sabe lo que sigue.
Yo quiero desafiar a mi iglesia a que cante cuando no sepa lo que sigue. A veces yo no sé qué es lo que sigue adelante, hermano, pero yo sé que el Señor es poderoso y que está utilizando mi propia vida para el avance de su causa. Nuestro propio cuerpo en el cepo, hermano, está contribuyendo a la manifestación de la gloria de Dios. Y aquí que me recuerde a mí a María, cuando María dijo:
He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.
— Lucas 1:38
Pablo no sabe lo que sigue. Lo que él sabe es que está justo en el propósito de Dios. Ay, hermano, ese es un momento precioso en la vida cristiana: cuando tú tienes hostilidad, cuando tienes tribulación, pero tú tienes una paz que sobrepasa todo entendimiento y que está concatenada a que tú sabes que estás haciendo lo que Dios quiere que se haga en ese momento.
Si el Señor me mandó para la ciudad de Filipos, con los pies en el cepo, yo puedo cantarle al Señor. “Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios, y los presos los oían”.
Yo no abuso la Escritura al decir a mis hermanos que es necesario aprenderse los himnos, porque en los momentos de tribulación eso es lo que sale. Ay, hermano, qué triste el creyente que en un momento de tribulación le salen canciones mundanas, canciones viejas, eso es lo que le sale. Que en los momentos de tribulación, hermano, en nosotros salga alabanza, salgan himnos, salgan expresiones al Señor. Hay que aprendérselos, hermano, porque con los pies en el cepo y en un calabozo oscuro, a usted no le van a poner una pantalla con las letras. Hay que saberse los himnos para cantar y honrar al Señor.
Estamos explicando aquí, hermanos, cómo el Señor manifiesta su poder obrando en medio de las circunstancias, cosas que nosotros no sabemos cómo. El Señor está manifestando su poder y su gloria. Dice que los presos los escuchaban. Hermano, miren, es necesario tener testimonio del Señor, aunque sea cantando, porque después el Señor hace una gran obra. Nosotros queremos que la gente sepa que fue Dios quien la hizo.
Estaban estos hombres del Señor ahí, en tribulación, cantando. Los presos los oían y quizá los presos se estaban burlando: “Mira estos, adorando a Dios en el cepo, ¿qué poder tiene el Dios de ellos, que tienen los pies en el cepo ahora mismo?” Pero cuando el Señor mandó, hermano, la manifestación visible de su poder, todos ellos tuvieron que reconocer que ahí dentro había siervos del Señor.
Tú tienes que tener un reconocimiento como cristiano dondequiera que tú estés, porque de tus circunstancias más hostiles el Señor te quiere sacar. Y cuando la gente sepa que un siervo del Señor fue sacado, tendrá que darle la gloria, no a los siervos, sino al Señor de los siervos. Que cantemos en momentos de tribulación para que la gente, cuando seamos sacados de allí, le den gloria al único y verdadero Dios.
Entonces, sobrevino de repente aquí —todo ha sido muy sutil en Filipos—, hermano, que nuestro Dios tiene las dos versiones. Hay cosas que Él hace en silencio y hay cosas que las hace con estruendo. Aquí vamos a ver la versión alta, la versión estruendosa:
Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.
— Hechos 16:26
Un terremoto no rompe cadenas, hermano; es el poder de Dios que está siendo manifestado. Sin embargo, el canto de los santos preparó a los presos para que entendieran que era el poder de Dios que estaba siendo manifestado. Nosotros predicamos a Cristo, el evangelio, no necesariamente porque ahora mismo sea evidente que Dios está por hacer algo, sino porque el Señor puede sorprendernos en algún momento, y nosotros queremos que ellos sepan que fue nuestro Dios quien lo hizo.
Queremos tener un testimonio público como siervos del Señor, para que cuando el Señor nos libere, la gente sepa que no salimos por nuestra propia fuerza, sino que el Señor, con su poder, libertó a sus siervos. Puertas abiertas, es el Señor diciendo: “A mis obreros no me los meten presos; soy yo quien dispone de ellos. No hay fuerza alguna que pueda detenerlos”.
Y no porque sean ellos, sino porque yo estoy haciendo que crezca mi iglesia, y ni aun las puertas del Hades prevalecerán contra ella. No hay fuerza alguna, no ha aparecido sistema, no ha aparecido gobierno, no ha aparecido persecución que detenga el avance de la iglesia del Señor, hermano. La iglesia del Señor es una fuerza incontenible: puertas abiertas, cadenas rotas. Él está diciendo: cuando yo quiera que mis siervos salgan, saldrán. No hay nada que haya podido contener el avance de la iglesia del Señor.
Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido.
— Hechos 16:27
Para un soldado romano, él tenía que cuidar los presos con su propia vida. Y si ellos habían escapado, no solamente lo iban a matar, sino que lo iban a hacer lo mismo que le estaban haciendo a los otros presos: lo iban a castigar y después lo iban a matar. Él está pensando: es más fácil que me quite yo la vida, a que me la quite el superior.
Quiero mostrar el gran cambio operado por Dios en el carcelero. Primer gran cambio operado por Dios en el carcelero. Recuerden que en el versículo 24 fue él que los mandó al calabozo más profundo y que les puso los pies en el cepo. Ahora dice el 28 y 29:
Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí”. Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro y, temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas.
— Hechos 16:28-29
Miren el cambio: primero humilla a los obreros, ahora se postra a los pies de ellos. Está reconociendo que Dios está con ellos.
Segundo gran cambio: de querer la muerte a querer la salvación. Dice el versículo 30:
Y sacándolos, les dijo: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”.
— Hechos 16:30
Y tú no eras el que te querías quitar la vida ahora mismo. Mire, la salvación es un misterio. Se ve la gente; aparecen, parecen desquiciados. Tú estás pensando en matarte ahora mismo, y ahora me estás preguntando por la salvación. Oye, qué contraste. Él está por quitarse la vida; Pablo dice: “Aguanta, no te la quites”. “Ahí sí: yo quiero ser salvo”. Qué contraste, hermano, este hombre está siendo tocado por el Señor.
Porque cuántos de ustedes cuentan entre la gente sacada con mano poderosa del Señor cuando estaban al punto de quitarse la vida, y aquel que anteriormente tenía su vida por poca cosa ahora ama su vida en Cristo. Este que quería quitarse la vida ahora dice: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” Y después otro contraste, hermano: de ponerle los pies en el cepo para causarle dolor, dice el versículo 33:
Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas.
— Hechos 16:33
Oigan, este que primero causó heridas ahora lava heridas. Otro fuerte contraste, el versículo 34:
Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.
— Hechos 16:34
De ponerlos en el calabozo más profundo a ponerlos en su casa y ser su anfitrión. Dice un historiador que en las prisiones anteriores, sobre todo en las prisiones de tiempos anteriores en Roma, en las colonias, el carcelero vivía encima. Parece que no fue casualidad muy lejos, sino que lo subió: “Aquí, en mi mesa; comamos, te limpio la herida, te lavo, te doy un buen trato”.
Termino, hermano, hablando de la pregunta y la respuesta que este hombre hizo, versículo 30:
Y sacándolos, les dijo: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”.
— Hechos 16:30
Esa es una pregunta de alguien que ha sido tocado por el Señor. Esta pregunta tiene tres aspectos que son importantes para cualquier persona que no haya reconocido a Cristo como su Salvador. ¿Qué tiene que hacer una persona que no ha reconocido a Cristo como Salvador?
Lo primero: un reconocimiento de su necesidad de salvación. Tú no puedes estar seguro por tus propios medios, no puedes salvarte en tus propias fuerzas. Es una renuncia a tu posición, a tu seguridad, a otros medios. “Yo soy el carcelero, ustedes son los presos, y yo les pregunto a los presos, porque ellos están libres en el Señor: ¿qué tengo que hacer yo, que soy carcelero, para ser salvo?” Cuando una persona dice: “¿Qué tengo que hacer para ser salvo?”, está manifestando que él tiene una necesidad de salvación.
Otro: una expresión pública de su deseo ante alguien. Todo creyente verdadero ha tenido que humillarse delante de alguien —delante de hombres, aparentemente—, pero delante de Dios, para decirle: “Yo tengo el deseo de eso que el Señor está ofreciendo”. Me emociona que él tiene un reconocimiento de cargo: “¿Qué debo hacer?, ¿qué tengo que hacer?” La pregunta que resuena en los pecadores, hermano, es una pregunta que es como un balde de agua fría sobre el ego del hombre: “¿Qué tengo que hacer para ser salvo?”
Si esto fuera como la ciudadanía romana, que hay que comprarla, “yo pago por comprarla”. Si esto fuera como un viaje largo que hay que hacerlo, “yo hago el viaje a donde haya que hacerlo; me veo con quien tenga que verme; ¿qué es lo que hay que hacer?”. Si es un esfuerzo extraordinario, “yo lo hago”. Pero no. Ellos le dijeron:
“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa”.
— Hechos 16:31
Creer en el Señor Jesucristo, hermano, es creer que lo que hace falta para que tú seas salvo ya Él lo hizo. Tú no serás salvo por lo que tú hagas; tú serás salvo por algo que hizo mi Señor Jesucristo. Lo que hizo mi Señor Jesucristo fue que en la cruz del Calvario pagó el precio de la salvación de todos nosotros, y lo que ninguno de nosotros pudo haber hecho, Él lo hizo en tu lugar. Se es salvo creyendo en el Señor Jesucristo.
¿Qué es creer en Cristo? Es creer que Cristo, en la cruz del Calvario, pagó el precio por tu pecado y por tu maldad; algo que tú no vas a poder pagar por tus propios medios, sino que lo único que vas a poder decir es: “Dios, gracias”. Creer en el Señor Jesucristo para salvación es un asunto que reconoce que en ti hay incapacidad y que en Él hay completa abundancia. “Cree en el Señor Jesucristo, y será salvo tú y tu casa”.
Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.
— Hechos 16:32
Guau, hermano, cuánto no quisiera decir sobre esto. ¿Entonces van a ser salvos automáticamente? Hay muchos hermanos míos que han abusado de este versículo y han entrado a la pasividad de decir: “Bueno, ya yo creí en Cristo, voy a ser salvo yo y toda mi casa”. Lo que hicieron después los apóstoles es que le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. La gente no será salva a menos que escuche la palabra del Señor.
Esta promesa de salvación es que cuando tú crees en Cristo, frecuentemente sucede el caso de que, dando testimonio del Señor, salva también tu familia. Pero no es un asunto automático; es un asunto que media predicación. Los familiares del carcelero de Filipos, en algún momento, dijeron lo mismo que dijeron ellos: lo mismo que le dijeron a él: “¿Qué haré para ser salvo?” “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa”.
Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y enseguida se bautizó él con todos los suyos.
— Hechos 16:33
Hermano, un bautismo de medianoche. Yo quiero poner en alto mi confianza. No esperó que amaneciera: “No, venga, será lo mejor; se la llevan los hombres…” No. Es hoy. Hoy es la única salida: “Cree en el Señor Jesucristo, y estarás a salvo tú y tu casa”.
Lo que pasa en los versículos finales del 37 hasta el versículo 40 es que el apóstol Pablo entonces les muestra a los magistrados que él es romano. Pareciera un asunto de ostentación o vanagloria, pero a mí me parece muy necesario que los creyentes, cuando han sido apresados injustamente, manifiesten que no han cometido ningún delito, porque eso contribuye a la manifestación de la gloria del Señor.
Pablo y sus compañeros fueron apresados injustamente como delincuentes y ahora querían las autoridades, en secreto, despacharlos. Lo que él les dijo fue:
Pero Pablo les dijo: “Después de azotarnos públicamente, sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel; ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos”. Y los alguaciles hicieron saber estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran romanos. Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que saliesen de la ciudad. Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto a los hermanos, los consolaron y se fueron.
— Hechos 16:37-40
El apóstol Pablo se aseguró de dejar un testimonio en la ciudad de Filipos de que nada desordenado había sido hecho, de que nada ilegal había sido hecho, de que no les dieron el justo juicio que merece un romano, de que los maltrataron injustamente. En todas estas cosas estoy convencido de que el nombre de mi Señor Jesucristo también fue glorificado.
Llamado a la fe y oración por el avance de la Iglesia
Quiero orar por la iglesia, pero sobre todo quiero orar por cualquier persona a quien hoy el Señor haya abierto su entendimiento. Creo que he demostrado que esto no es por mi persuasión ni por la persuasión de mis hermanos, no es por nuestro esfuerzo y diligencia, que es solamente por el poder de Dios. Y yo creo que la mano de mi Señor todavía sigue salvando.
Le pido a mi iglesia que interceda fervientemente ahí, en oración, como hacemos los creyentes, sabiendo que la salvación es del Señor y que Él la manifiesta en la ciudad, en el lugar, en la persona que Él determine. Si aquí hay alguien que todavía no tiene en Cristo su confianza: cree en el Señor Jesucristo y estará salvo tú y tu casa. Si aquí hay alguien que ha escuchado la predicación y ha entendido porque el Señor se lo ha permitido, si aquí hay personas que han sentido la libertad que solamente el Señor da, es porque el Señor así lo ha hecho.
Si aquí hay alguien que ha visto un pueblo gozoso, adorando al Señor y cantando en medio de la tribulación, es porque ha entendido que el Señor se mueve en sus circunstancias. Si alguien ha escuchado la predicación y quiere poner en Cristo su confianza, puede decir ahí, en silencio, ante el Señor, una oración de fe: dile “Creo, Señor, creo”.
El que creyere y fuere bautizado será salvo.
— Marcos 16:16
El bautismo es más que aguas: es un reconocimiento público de tus pecados, una decisión de abandonarlos para abrazar a Cristo. Si alguien ha sido tocado por el Señor, yo le invito a que se acerque a nuestra iglesia, se acerque a mí o a algún hermano, que manifieste que ha puesto en Cristo su confianza. Y será de mucha satisfacción para nosotros hablarle la palabra del Señor a él y a todos los que tenga en su casa.
Oro por la iglesia del Señor, para que el Señor le permita ver su poder, la expansión de su iglesia. Permítenos sentirlo, Señor, permítenos verlo, permítenos como iglesia movernos en tu poder, Señor, y ver cómo las fronteras de tu pueblo cada vez son más anchas, cómo cada vez, Señor, se extiende más. Usa, Señor, esta iglesia como un instrumento para manifestar tu poder. Abre, Señor, el entendimiento, el corazón de alguien. Manifiesta hechos y prodigios extraordinarios, de forma tal que todo el que nos vio cantando entienda que nuestro Dios tiene poder.
Haz una obra extraordinaria, Señor, sigue aumentando este pueblo para la gloria de tu nombre. Permite que avance, Señor, en Santo Domingo tu iglesia, como avanzó en la ciudad de Filipos. Gracias por tu palabra, Señor, gracias por esta oportunidad de estar juntos en tu presencia. Bendice este pueblo congregado con todo tipo de bendición en el nombre de Jesucristo, nombre que es sobre todo nombre, aquel a quien le ha sido dado todo poder en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra. Todo esto, Señor, para confesar la gloria de tu precioso nombre.
En Jesucristo. Amén.
Que el Señor les bendiga, hermanos amados. Nos despedimos cantando alabanzas al Señor.