Le pido que cuando lo tengan se pongan un momento sobre sus pies para que leamos la Escritura. Libro de los Hechos en el capítulo 17. Estaremos leyendo desde el versículo 1 y hasta el versículo 9. Es Hechos, capítulo 17, desde el versículo 1 y hasta el versículo 9. Es la continuación de la lectura que estuvimos exponiendo el domingo pasado sobre la expansión de la Iglesia con el poder del Señor en toda la provincia de Macedonia. La semana pasada estuvimos en Filipos, ahora vamos, con la ayuda del Señor, hasta la ciudad de Tesalónica. Dice así la Sagrada Escritura, libro de los Hechos, capítulo 17, desde el versículo 1 y hasta el versículo 9. Vamos a esperar que todos puedan tenerlo y buscarlo, si damos un momentito.
Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras que era necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien Dios anunció, decía él, es el Cristo. Y algunos de ellos creyeron y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos, gran número; y mujeres nobles, no pocas. Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraron sacarlos al pueblo.
Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; los cuales Jasón ha recibido; y todos estos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad oyendo estas cosas. Pero obtenida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.
— Hechos 17:1-9
Pueden sentarse, hermanos amados. Dice al final del versículo 6: “Que trastornan el mundo entero también han venido acá”. Quisiera tomar esta última parte del versículo 6, hermanos, para mostrarles hoy desde la Sagrada Escritura las dos formas en que el cristianismo trastorna el mundo. A modo de introducción les digo que la llegada del cristianismo a la ciudad de Tesalónica fue considerada una amenaza. Quienes no habían creído vieron a los cristianos como una horda de invasores que, después de haber arrasado con el mundo entero en su campaña, amenazaba ahora con trastornar también su ciudad. Evidentemente la acusación era infundada, fruto de los celos de los judíos que habían disminuido sus filas, pero desde una perspectiva no deja de ser cierta. La llegada del cristianismo no deja las cosas en su lugar; es un impacto repentino que rompe con las estructuras tradicionales en la vida del hombre y entrona a Cristo en el centro mismo de su existencia, desplazando cualquier otra estructura que demande su lealtad.
Para nosotros, Jesús es el Cristo, no hay otra esperanza de liberación fuera de Él, y Jesús es también el Señor, no hay fidelidad que pueda rivalizar con la que tenemos hacia Él. Son dos mensajes aparentemente inofensivos, pero con el poder de trastornar todo el sistema del mundo. Dos cosas he venido yo a decirles, hermanos: he venido a decirles en primer lugar que Jesús, mi Señor Jesús, es el Cristo. Y yo creo que ustedes lo saben, pero a mí no me faltan las excusas para demostrarle a mi iglesia que mi Señor es el Cristo, y ante toda oportunidad hago yo lo que hacían los apóstoles: cierro comer ante cualquier auditorio las razones por las cuales nosotros hemos concluido que Jesús de Nazaret es el único, irrepetible Salvador. Y lo otro que he venido a decirles es que Jesús es el Señor.
Jesús es el Cristo y es el Señor: el mensaje que trastorna
He venido a decirles que Jesús es el Señor, porque me parece que ustedes lo dicen con sus palabras, pero cuando lo dicen con sus palabras no han podido interiorizar las implicaciones que tiene el señorío de Cristo sobre su iglesia. Son dos cosas sencillas: primero, que Jesús es el Cristo para los judíos y, para los romanos, que Jesús es el Señor, y no hay otro Señor después de Él. Son nueve versículos que tenemos por delante y quiero comenzar desde el versículo 1 mostrando de qué manera esto fue un trastorno para los judíos. No quiero yo concederle a esta gente de manera tan sencilla que realmente los cristianos habían trastornado el mundo, pero yo me pongo en sus zapatos y los entiendo.
Yo quiero ahora que usted me entienda a mí en esto: no estoy concediendo que los cristianos habían abortado, trastornado el mundo; sin embargo, al ponerme en los pies del pecador, al ponerme en los zapatos de los incrédulos, yo puedo concluir con ellos que definitivamente esto fue un trastorno. Comienzo exponiendo de qué manera la llegada del cristianismo era un trastorno para los judíos. Dice que Pablo pasó, al salir de Filipos, por determinadas ciudades y llegaron a Tesalónica. Tesalónica era una ciudad importante del mundo antiguo, era una ciudad portuaria; se estima que tenía quizás unos 200,000 habitantes. Y había una mayor presencia de judíos que la ciudad de Filipos; había tantos que hasta tenían una sinagoga.
El punto de predicación elegido por Pablo y el equipo misionero fue precisamente la sinagoga. Recuerden que en Filipos, cuando llegaron, no había sinagoga, sino que fueron a las afueras de la ciudad y encontraron unas mujeres. En este caso encuentran una sinagoga y, si hay una sinagoga, definitivamente hay varones, porque los requisitos mínimos para abrir una sinagoga era que diez varones judíos estuvieran presentes. Estamos hablando ahora de una ciudad importante, tanto desde la perspectiva de su población como importante para los judíos; se ve que había muchos judíos allí congregados. Me parece necesario, para poder clarificar el texto y que ustedes entiendan qué fue lo que hicieron los cristianos después de conocer al Señor, explicarles qué era una sinagoga.
Quizás lo más parecido a una sinagoga del tiempo de los apóstoles era una iglesia contemporánea. A diferencia del templo, en las sinagogas no se hacían sacrificios de animales. La sinagoga era un lugar comunitario, era un punto de predicación donde había maestros, era un lugar para instruir a los niños en la palabra del Señor. También era un punto de acogida para los judíos que vivían en el exilio; para un judío en el exilio, participar de la vida de la sinagoga era estar en contacto con el pueblo del Señor. Para ellos estar en la sinagoga era como cuando un dominicano está en el exterior y se encuentra con otros dominicanos. Para ellos la sinagoga era quizás un pedacito del terruño en el extranjero; estar en una sinagoga, para los judíos, era un asunto importante.
La sinagoga y la evangelización paciente
Era tan importante que las autoridades judías amenazaban al pueblo con expulsarles de la sinagoga. Recuerdan los padres de aquel muchacho que fue sano por el Señor y que le abrió los ojos; decían que estaban atemorizados porque las autoridades judías habían amenazado que si alguien decía que Jesús era el Cristo, iba a ser expulsado de la sinagoga. Un judío quería estar en su sinagoga; era un lugar acogedor para él, era un lugar de instrucción, era la manera de mantenerse vinculado con el pueblo de Israel estando en el extranjero. Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica donde había una sinagoga de los judíos. Si había una sinagoga, había fuerte presencia judía; si había una sinagoga, se ve que estos judíos tenían alto respeto en esa ciudad, que tenía la tolerancia necesaria para dejarles establecer una sinagoga. Y dice que Pablo se estableció allá.
Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos. No son tres días consecutivos, sino que son tres días de reposo, o sea, tres semanas, casi un mes. Quiero comenzar aplicando desde temprano, hermanos: cuando uno tiene el propósito de persuadir a alguien de que Jesús es el Cristo, muy probablemente necesite más de una reunión. Y quiero mostrarle a mi iglesia que la evangelización no siempre será un asunto tan rápido como que le mostraste tres versículos a una persona, regresaste a tu casa y esta persona tomó o no tomó una decisión. Hay personas que requieren tres días de reposo. De hecho, yo creo que algunos de ustedes, cuando dimos estudio bíblico en su casa, requirieron algunos, no tres días de reposo, sino tres meses con todo y sus días de reposo.
La evangelización no siempre es un asunto tan transaccional como que una persona viene donde ti, tú le muestras los versículos y ya lo dejas a ver si toma una decisión. La evangelización a veces requiere un mínimo de tres días de reposo; requiere un tiempo. Recuerden que esto es confrontar a una persona en su necesidad y hacerle ver por la Escritura que Jesús es el Cristo; a veces se requiere más de un encuentro. No fue ni muy corto, pero tampoco muy extenso, porque también está el otro extremo: personas que piensan que el único objetivo analítico que hay es esa alma. Debemos dedicarle a las personas el tiempo necesario para que puedan ser persuadidas de que verdaderamente Jesús es el Cristo y tomen una decisión por su alma, que no sea un tiempo tan expreso que las personas no lleguen a entender, pero tampoco que nos establezcamos tanto tiempo que estemos siempre repasando las mismas personas y, hasta cierto punto, condonando y haciéndonos parte de su conducta, porque cuando una persona ha entendido lo que tiene que hacer, debe tomar una decisión.
El punto de predicación, una sinagoga; la duración del esfuerzo, tres días de reposo. Aquí quería llegar, hermano: el versículo 3, ¿cuál era el contenido del mensaje de Pablo? Quiero explicarle esto, hermano, sin ánimo de ser demasiado acucioso, para que ustedes entiendan qué es lo que se hace cuando se predica a Cristo. Quiero darle cierta intencionalidad al mensaje evangélico de mi iglesia; yo quisiera mostrarle qué es lo que ustedes no deben dejar de hacer cuando tienen la oportunidad de leer la Escritura ante un incrédulo y confrontarle con la figura de nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué era lo que Pablo estaba haciendo? Está documentado en la Escritura.
Declarar y exponer las Escrituras: el método apostólico
Aguanten aquí un momentito, hermano. Me llama mucho la atención: no se nos dice todo lo que se hizo, pero sí se nos dice de manera muy clara cuál era el método que estaba utilizando el apóstol Pablo para evangelizar. Y hay muchos ministerios y hermanos que tienen métodos evangelísticos; yo respeto eso, hermano, y sé que hay diferentes aproximaciones, pero yo sé que hay un asunto que es absolutamente necesario y que no se puede decir que alguien ha sido evangelizado hasta que no ha sido confrontado al respecto de esto. En lo que tenga el versículo 3, ahí se nos dice lo que él estaba haciendo. Primero menciona la forma: estaba declarando y exponiendo las Escrituras; las Sagradas Escrituras tienen que ser declaradas ante los incrédulos y, al mismo tiempo, tienen que ser expuestas.
Estas traducciones al español a veces pierden un poquito el sentido, pero en el original hay una diferenciación. Una cosa era la primera palabra: declarar, que es como abrir, exponer a la luz, que era lo que se hacía siempre en las sinagogas. Dondequiera que las Escrituras son abiertas, las Escrituras son declaradas; es como permitir que la luz entre. Pero no solamente estaba declarando la Escritura; quizás declarar uno podría traducirlo de manera más sencilla de entender: era leerla públicamente, leerla a viva voz, permitir que las personas llegaran a estar en contacto con las Escrituras. En el mundo antiguo no era tan frecuente como en la actualidad; quizás solamente en la sinagoga una persona tenía la experiencia de que se abrieran los rollos y podía escuchar que un maestro leyera la Escritura. O sea, lo que Pablo está haciendo es abrir las Escrituras, exponerlas ante ellos.
También lo hacía después de declarar, después de abrir; dice que les estaba exponiendo. Ese término “exponer” es poner una cosa al lado de la otra. Primero, abrir el rollo, darle una lectura; es importante comenzar leyendo el rollo. De hecho, a cualquier persona que pretende evangelizar yo le diré que cuando te vayas a evangelizar, trata de abrir el rollo. Abrir el rollo es abrir las Escrituras, permitir que las personas entiendan que usted no le está persuadiendo de un mensaje que es propio; permitir que las personas entiendan que lo que les está tratando no es su propia opinión, sino el consejo del Señor revelado en su Palabra. Él primero estaba abriendo la Escritura y después estaba poniendo una cosa al lado de la otra.
Miren, las Escrituras son un terreno común con nuestros interlocutores. Cuando usted quiera llevar a alguien a Cristo, comience con la Palabra que Cristo ha inspirado; comience con la Palabra del Señor. Eso hace que el ego salga de la ecuación. Cuando usted comienza con la Escritura, usted está diciendo: esta no es discusión de Rafael contra ti, es Dios contra Rafael y también contra ti; es la Palabra del Señor delante de la cual todos los hombres tenemos que doblarnos. Comenzar abriendo el rollo es un asunto muy seguro para la evangelización. Además de esto, la Escritura tiene un contexto universal; no hay persona alguna que no pueda sentirse impactada por las verdades de Dios reveladas en las Sagradas Escrituras, es de interés casi universal.
Lo que me llama la atención es la segunda cosa que él hacía. Primero estaba declarando y después estaba exponiendo; estaba colocando junto, estaba explicando los rollos, mostrando cómo las Escrituras se relacionan entre sí. Miren, para que haya evangelización debe suceder que alguien vea la figura de Jesús por un lado y, al mismo tiempo, esta persona debe entender que Jesús está cumpliendo algo que se dijo por otro lado. Para que la evangelización funcione hace falta mostrar las profecías que demuestran quién iba a ser el Mesías y después mostrarle el candidato que tenemos como Mesías, que es Jesús de Nazaret. Y cuando las personas logran relacionar que de Cristo fue que se habló en los profetas, que de Cristo fue que se habló en los Salmos, que de Cristo era que todas estas cosas se habían escrito sobre Jesús de Nazaret, entonces concluyen, naturalmente, si el Señor les da la gracia, que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, tal cual se reveló en las Escrituras. Lo que Pablo estaba haciendo era no solamente leer el rollo, sino demostrarles a estas personas, persuadirles, que en Cristo se cumplieron las profecías.
Isaías 53 y la demostración de que Jesús es el Cristo
Ayudar a entender el contexto en cada parte, ver cómo todo apunta hacia Cristo. Puedo imaginar que quizá Pablo tenía por un lado el rollo de Isaías, por otro lado tenía los Salmos, y él estaba demostrando cómo Jesús de Nazaret no era un accidente, no era simplemente un profeta, sino que definitivamente era el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Sé que lo he hecho muchas veces, pero como les dije al comienzo, hermano, yo ando buscando excusas para reforzar entre mi iglesia local la convicción que nosotros tenemos: que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Acompáñame a Isaías 53. Si yo pudiera dramatizar lo que Pablo está haciendo en Tesalónica, me imagino a Pablo en la sinagoga de los judíos diciéndoles: “Permítanme el rollo del profeta Isaías. Ha sucedido recientemente un asunto en Jerusalén del cual yo sé que ustedes tienen noticias. Era un profeta de Nazaret, se llamaba Jesús, el cual fue crucificado. Yo creo que todos ustedes tienen idea de Jesús el profeta”.
Jesús hizo determinadas señales; saben cuáles señales fueron. Nos dijeron: alguien que cambió el agua en vino; otras personas nos dijeron que le abrió los ojos a un ciego. Yo creo que ustedes también saben que este hombre padeció persecución. Acompáñenme a Isaías, y todo el mundo en la sinagoga estaba atento; no todo el mundo tenía un rollo, hermano. Había un solo rollo para toda la sinagoga y esto era carísimo, costosísimo. Yo imagino que Pablo habrá dicho: “Permítanme el rollo”; Pablo era un maestro, podía hacer esto. Permítanme el rollo de Isaías; desenvuelve Isaías. No había tampoco capítulos y versículos, sino que imagino a Pablo girando el rollo y llega hasta la porción que en el rollo se dice, que para nosotros es Isaías 53, pero sospecho que no había este marcador. Y Pablo les dice: “Ustedes han escuchado la historia, saben los milagros que hizo, saben su enseñanza, han escuchado hablar sobre su carácter, saben que fue crucificado”.
¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.
Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.
— Isaías 53
Yo me imagino que aquí están pensando: “Es verdad, se parece un poco a Jesús de Nazaret lo que está diciendo aquí, pero ¿es concluyente el argumento?”. Pablo lee un poco más; gira el rollo. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores”. Quizá alguien dice: “Sí, un primo mío estaba ahí y eso era lo que todo el mundo decía, la multitud: que si ese era el Hijo de Dios, ¿por qué Dios no le salvaba?”. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él y por su llaga fuimos nosotros curados”. Esto se está pareciendo peligrosamente a lo que pasó con Jesús de Nazaret; leo un poco más, Pablo, dame un poco más de luz.
Convicción profética y el testimonio de la Iglesia
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. Oh, pero alguien dijo que Él dijo algo como eso, como que Él estaba llevando en la cruz los pecados de todos ellos y que, si Él moría, entonces los pecados de ellos eran perdonados. “Angustiado él y afligido, no abrió su boca”. Aunque la crucifixión era un castigo usado, no era un castigo popular, y cuando había una crucifixión todo el mundo en el mundo antiguo sabía que había habido una crucifixión. “¿Quién recuerda un caso reciente de crucifixión?” Así, el que sucedió allá en Jerusalén: Jesús de Nazaret. “Angustiado él y afligido, no abrió su boca”. Oh, pero sí se le preguntó y dice que Él no respondió; lo que decían es que se quedó callado, que no tuvo cómo defenderse. ¿No dice la Escritura que el Cordero de Dios no abriría su boca?
“Como cordero fue llevado al matadero y como oveja delante de sus trasquiladores enmudeció y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes y por la rebelión de mi pueblo fue herido”. “Pablo, y nosotros nunca habíamos visto eso así, pero parece que eso compagina”. “Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte”. Oh, ¿cuántos eran en la crucifixión? Eran tres, había dos ladrones y estaba Él, y después ¿dónde fue crucificado? Apareció uno que tenía un sepulcro, era un rico. “Chequea otro más: aunque nunca hizo maldad ni hubo engaño en su boca”.
Yo me imagino que aquí el apóstol Pablo habrá hecho un paréntesis y habrá dicho: “Él no vivió solo, vivía rodeado de gente, y nadie que estuvo con Él nunca le encontró falta. Aquellos en que se recostaban en su pecho no encontraron en Él falta alguna; es el único hombre perfecto que ellos pudieron conocer. Decían que la santidad emanaba de Él. Nunca hubo en Él engaño, nunca hubo en Él maldad; perfecto”. “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimientos; cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días y la voluntad de Jehová será en sus manos prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos y llevará la iniquidad de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes y con los fuertes repartirá despojos, por cuanto derramó su vida hasta la muerte y fue contado con los pecadores, habiendo Él llevado el pecado de muchos y orado por los transgresores”.
¿Qué es lo que el apóstol Pablo está haciendo en Tesalónica? Él está abriendo los rollos, está buscando la Escritura, está poniendo una cosa al lado de la otra. Él no solamente estaba leyendo, él estaba leyendo y demostrando que en la Escritura se confirmaba que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios. ¿Cuál era la fuente? Dicen ellos que lo estaba haciendo desde las Sagradas Escrituras, versículo 3: “Que era necesario que Cristo padeciese y resucitase de entre los muertos, y que Jesús, a quien yo os anuncio —decía él— es el Cristo”.
Hermano querido, la evangelización no es lograr que un pecador se sienta entusiasmado. La evangelización no es tampoco lograr poner a las personas en un contexto emotivo donde las personas dicen que sí. La evangelización es algo que se hace en el poder del Señor, con la ayuda del Espíritu Santo, yendo adonde el pecador a mostrarle que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para eso hay que conocer las Sagradas Escrituras. La evangelización no funciona en el aire, la evangelización no funciona sin motivo, no funciona sin razón; la evangelización es algo dinámico, es ir de una persona que no conoce al Señor a decirle: en Jesús de Nazaret se cumplieron las Sagradas Escrituras. Tanto se podría decir acerca del cumplimiento profético en Él: nació en el lugar indicado, bajo la tribu indicada, en el tiempo indicado, dando las señales esperadas, con el carácter apropiado, padeciendo como se había señalado y siendo levantado de entre los muertos tal cual estaba escrito.
Jesús es: presente vivo, no pasado muerto
Yo me imagino que después de todo esto el apóstol Pablo decía: “Y yo perseguí a la Iglesia; estaba de camino a Damasco y me encontré con el Señor. Y cuando me encontré con Él, yo pregunté: ¿Quién eres, Señor? Y Él me dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. Me imagino que quizá Pablo cuela su testimonio personal y les dice a estas personas: “Jesús no está muerto, Él está vivo”. El testimonio de un cristiano no es el testimonio de que él está viviendo con verdades arqueológicas.
Dice la Escritura que él decía: “Y que Jesús, a quien yo os anuncio, es el Cristo”. Yo quisiera, si pudiera, subrayar ese “es”. Lo subraya porque no está diciendo: “Jesús era el Cristo”. Pablo no está hablando de Cristo en pasado; Pablo habla de mi Señor Jesucristo en presente continuo. Él dice: “Jesús es el Cristo”, no es “Jesús fue el Cristo” o “Jesús era el Cristo”. No, Él es el Mesías en tiempo presente. Pablo estaba muy familiarizado con Jesús, porque se encontró con Él; el Señor le hablaba a Pablo, le dirigía consistentemente. Para Pablo Jesús estaba vivo.
Versículo 4: “Y algunos de ellos creyeron y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos, gran número; y mujeres nobles, no pocas”. Hermano, la evangelización es lograr que el pecador entienda que Jesús de Nazaret no es solamente un personaje histórico; es que en Jesús de Nazaret se cumplieron consistentemente todas las profecías que tenían que cumplirse. La profecía más extraordinaria decía que el Padre le iba a levantar de entre los muertos, que el sepulcro no podría retenerlo, y Pablo lo vio resucitado.
Este cúmulo de evidencia, en el extremo vergonzoso para los judíos, se le está diciendo, todavía, en su sinagoga, diciéndole que a ese al cual ustedes crucificaron, ese era, ese es el Señor. Me recuerda que asimismo se presenta al comienzo del libro de los Hechos, en el capítulo 4.
Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis, y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.
— Hechos 4:10-11
Ver la predicación de Cristo en ambiente judío era un asunto extremadamente hostil, y es que estas personas estaban siendo confrontadas en que el Mesías vino y ellos no le recibieron, y aquella piedra desechada no se quedó desechada para siempre, sino que el Señor la trajo de entre los muertos y ha venido a ser la cabeza del ángulo. Yo puedo imaginar lo que el apóstol Pablo estaba haciendo, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras que era necesario que el Cristo padeciese y resucitase de entre los muertos y que Jesús, a quien él anunció, es el Cristo.
Isaías 53 como caballito de batalla en la evangelización
¿Cuál fue el resultado de la predicación? Ya les mencioné cuál era el contenido; el contenido era Cristo. Hermanos míos, si vamos a dar un estudio bíblico evangelístico, si tenemos la oportunidad de compartir de Cristo con los compañeros de trabajo, tengan marcado en su Biblia Isaías 53. Ese es, hermano, mi caballito de batalla. Yo, todo el que veo interesado, una persona en mi dedo ya va Isaías 53, y yo le digo: “¿Tú has escuchado hablar de Jesús?”. Yo le digo: “Mira, Jesús de Nazaret es un personaje histórico; hay más evidencia histórica de Jesús de Nazaret que de casi todos los personajes de su época. Todos los historiadores serios están de acuerdo en que hubo un judío llamado Jesús de Nazaret y que Él decía que era el Cristo. Eso está documentado en la historia de Roma, eso está documentado en la historia de los pueblos antiguos; todo historiador serio documenta eso”.
“Ahora, yo creo algo más; yo no solamente creo que Jesús es un personaje histórico, que vivió, que no es una fábula; que Jesús es histórico, eso está en la Wikipedia, eso está en cualquier fuente; eso ya no hablemos de eso, que eso no hay que ser especialista para entender que Jesús existió. Ahora, lo que creemos los cristianos no es solamente que Jesús existió; nosotros creemos que Jesús era el Cristo”. Yo le explico: “Cristo, Mesías, es la misma palabra; eso significa ‘el Libertador’. Y a un pueblo antiguo, a los judíos, se le dieron más de sesenta profecías”.
¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?
— Isaías 53:1
Ellos tenían que estar muy atentos para saber que Dios les enviaría un Libertador. Esa profecía decía el lugar donde iba a nacer, decía los sufrimientos que iba a padecer, decía las obras que iba a hacer, decía los milagros, decía al mismo tiempo el carácter; decía que iba a ser levantado. Entonces voy con mi dedito a Isaías 53; leo, y cuando le voy leyendo Isaías 53, la gente dice: “Oh”. Yo le digo: “¿De quién tú crees que está hablando?”. Y la gente frecuentemente dice: “Eso parece la película que dan en Semana Santa”. Y yo le digo: “Eso lo escribieron más de 600 años antes de que se cumpliera”.
Las personas piensan que la Biblia es un libro que alguien se sentó a escribirlo en orden. No. Isaías escribió tiempo atrás, tiempo atrás, y después que Isaías escribió, 600 años después, nació en el lugar de nacer una persona con las características que iba a tener: la tribu correcta, el nombre correcto, el carácter correcto, la obra correcta, la sabiduría correcta, profecías que Él mismo no pudo haber manipulado para cumplir. Yo casi siempre termino el detalle anunciando, por ejemplo: había una pequeña profecía, un profeta que profetizó poco, que dijo que Él iba a pedir algo y le iban a dar vinagre.
Y cuando ya Cristo estaba en la cruz, que ya todo estaba cumplido, hermano, miren: ya Cristo en la cruz, eso era un asunto que estaba, eso estaba planchado; ya todo se cumplió. Pero había una pequeña profecía que decía que le iban a dar vinagre. Y Él, estando ya en la cruz, antes de morir, dice algo que parece como una anécdota, como un comentario al margen: dice, “Tengo sed”. Le acercaron vinagre; cuando lo probó, dijo: “Consumado es”. Ese “consumado es”, si acaso habían profecías que estaban en el pie de página del pie de página, ya Él lo cumplió. Ya no es solamente lo que enseñé, cómo viví, los milagros que hice, sino hasta la profecía pequeña de profetas no muy populares, hasta esa está cumplida. Cuando Él dice “Consumado es”, es: toda profecía está cumplida. Entonces le digo a la persona: “Amado interlocutor, yo creo que yo te he demostrado desde Isaías 53”.
Fe racional y obra del Espíritu: algunos creen, no todos
Lo que creemos los cristianos, la fe cristiana: la gente piensa que cuando los cristianos decimos “No, yo soy un creyente”, es que eres una persona crédula, alguien como ingenuo, “naïf”; como decir una persona: “Ah, tú eres una persona que cree cualquier cosa”. No. Un creyente es sumamente bronco con sus asuntos intelectuales. Ahora, hay algo en lo cual un creyente en Cristo está afirmado: es que Jesús de Nazaret es el Cristo, el Hijo de Dios, y su Salvador; y él lo cree porque está completamente persuadido de esto, con la ayuda del Espíritu Santo y desde las Escrituras.
Tengo que poner aquí una nota al margen: usted puede hacer eso diez veces y se va a ir de 10–0, porque el pecador no solamente tiene un problema intelectual, es que sus ojos han sido cerrados, su corazón ha sido cerrado. Y él quizá pueda entender esto intelectualmente, pero solamente con la ayuda del Espíritu Santo sucede este fenómeno que usted puede mostrarlo, y una persona siente que todo está tan claro como el agua; dice: “Definitivamente Jesús no es un hombre más; Jesús no es solamente un gran maestro; Jesús es el Mesías esperado, Él es el deseado, Él es el deseado de todas las naciones; Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”.
Cuando usted aplica esto desde la profecía y el Espíritu Santo quiere hacer esta preciosa obra —porque la salvación es del Señor— entonces es día de salvación. Ahora, yo sigo haciendo eso, hermano, aunque no siempre haga contacto con la bola. La predicación: yo tengo argumento para seguir haciendo esto aunque no siempre haga contacto con la bola. Usted le puede explicar las profecías a cien pecadores; de esos cien pecadores, quizás ninguno la vea y quizás cinco la vean. Si esos cinco la vieron, usted está seguro de que usted no solamente fue fiel a la predicación, sino que el Espíritu Santo estuvo al lado suyo haciendo la obra. Por eso dice la Escritura: “Y algunos de ellos creyeron”, no todos.
Bueno, si ante un maestro como Pablo no todo el mundo cree, yo creo que nosotros podemos estar consolados. Si esto era Pablo, y mira cómo un maestro como Pablo —una persona que vio a Cristo resucitado— ¿usted se imagina con la convicción que Pablo hablaba de su Señor? ¿Qué les está diciendo? “Tiempo atrás yo tenía la ropa de Esteban, la tenía en mis manos; después iba de camino a Damasco y me encontré con el Señor, y Él me habló con voz audible y me tiró al suelo. Yo tuve que decirle dos veces ‘Señor’, y yo, que perseguía la Iglesia, soy quien te está diciendo que ahora estoy persuadido que aquel que yo perseguía Él es el Mesías, que Él es el Cristo”. Era Saulo lo que estaba predicando.
Y ni aún él, hermano, logró que todos creyeran. Me imagino a Pablo… miren, Pablo tenía una convicción muy profunda, definitivamente era un hombre guiado por el Señor; era una persona que tenía palabras, sabiduría, era un erudito, era un gran maestro, y dice que “algunos de ellos creyeron”. Hermano, la salvación es del Señor. La predicación es otra parte; yo puedo enseñarles a ustedes cómo predicar, pero yo no puedo asegurarles el resultado. Los resultados son del Señor. Sigamos predicando que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y esperando, hermanos, que alguno… Ay, quiere el Señor que aquí hoy haya alguno. Quiere el Señor que aquí hoy haya alguien que diga: “Guau, Isaías 53; eso fue lo que yo vi en la película de Semana Santa, y todo eso se había dicho 600 años antes. Ese es Jesús, Él es el Mesías, el Hijo de Dios; y ahora yo no solamente le reconozco como Mesías, sino que yo me sujeto a su señorío”. Quiere el Señor que eso suceda hoy.
Evidencia de conversión: apartarse y juntarse con la Iglesia
“Y algunos de ellos creyeron”. Yo quiero mostrarles ahora qué hace una persona cuando cree, cuando una persona cree se aparta. “Y algunos de ellos creyeron y se juntaron con Pablo y con Silas”. El poder del Evangelio es que cuando una persona… yo no conozco a nadie que Cristo salve y lo deje en el mismo lugar; cuando Cristo te salva, Él te aparta. Ellos andaban, estamos en la sinagoga, que les introduje diciéndoles que era un lugar muy acogedor, pero ahora que en la sinagoga ellos ven a Cristo, ellos le preguntan a Pablo y a Silas: “¿Dónde es que ustedes se están juntando?”. “En la casa de un tal Jasón, ahí es que hay que ir; ahí es donde nos estamos juntando”.
¿Dónde se están juntando los cristianos? Hermanos, los cristianos tenemos un deseo imperante de reunirnos. Cuando Cristo dijo: “Yo edificaré mi ‘ekklesia’”, ‘ekklesia’ es el mismo término en griego para sinagoga; Cristo está diciendo: cuando yo levante mi pueblo, yo voy a hacer una nueva sinagoga, yo voy a hacer una nueva iglesia, yo voy a hacer un grupo aparte. Cristo dijo: “Yo edificaré mi ‘ekklesia’”, o sea, esto no es parecido a la sinagoga de antes; esto es un grupo nuevo, un pueblo nuevo: linaje escogido, real sacerdocio, nación santa. No hay nadie que ha sido llamado por el Señor que lo deje el Señor en el mismo lugar.
Si usted realmente ha sido salvo, usted se pregunta: “¿Dónde es que nos estamos reuniendo ya? ¿Dónde nos estamos reuniendo? Pues yo soy parte del grupo”. Estas personas dejaron a los otros y se comienzan a reunir con Pablo y con Silas. ¿Cuál es la evidencia, hermano, cuál es la evidencia de que alguien se ha convertido a Cristo? Un deseo ardiente de juntarse con otros cristianos. Yo no conozco ningún creyente verdadero que crea desde su casa y se quede en el mismo lugar. “Maestro, ¿dónde moras?”. Esa es la pregunta de lugar. Lo que toca es: “¿Dónde nos estamos reuniendo? ¿Dónde es que está el grupo mío? ¿Dónde estamos?”.
Cuando uno llega a una iglesia verdadera, hermano, el gozo que se levanta en el corazón de uno, cuando uno se encuentra con otros creyentes que han vivido la misma experiencia, es que tú dices: “Yo estoy aquí, yo estoy con mucha confianza, yo estoy entre mi pueblo; esta es mi gente”. El grupo no era muy grande, pero dice: “Aquí es que estamos, nosotros estamos con ustedes”. Vienen a apartarse; era un gran sacrificio. Era más cómodo quedarse ahí con todos los demás. Pablo iba a la sinagoga judía a predicar, hermano, y cuando él predicaba, buscaba una casa y establecía una iglesia, porque uno tiene que cuidar de todo y apartarse. Esto es significativo, esto no es algo innecesario.
El cristianismo como algo totalmente nuevo
Alguien podría decir: “Bueno, pero el cristianismo es como la continuación del judaísmo; o sea, yo puedo quedarme aquí y ser un buen cristiano”. No. No. El cristianismo es una cosa nueva; el Señor lo dijo claramente: uno no puede agarrar algo viejo y juntarlo con algo nuevo; no, esto no es remiendo. El cristianismo no es una versión mejorada del judaísmo; es un antes y un después. Si usted era judío, usted ahora tiene que hacerse cristiano y dejar aquello, el sistema viejo, porque esto no es compatible con el sistema anterior. Lea el libro de Gálatas; si usted se ha dado cuenta, el cristianismo es una cosa nueva y no hay compatibilidad hacia atrás. Apartarse es significativo porque demuestra que el cristianismo es algo completamente nuevo.
Porque manifiesta que esto no tiene dependencia del instrumento anterior. Mire, el judaísmo es muy fuerte; eso dijo un historiador que consulto frecuentemente: que el judaísmo se bebe cualquier otra cosa y produce algo nuevo que es judío, y tenía esta capacidad de absorción. De hecho, el temor que hubo en la Iglesia primitiva era que el cristianismo se iba a convertir en un departamento del judaísmo. Lo que se debatía en el Concilio de Jerusalén era si los cristianos tenían que hacerse primero judíos para llegar a ser cristianos, y lo que se demostró es: no, usted puede ser un cristiano sin hacerse judío. No hay que ir a la religión anterior para tener estas nuevas cosas que esto está haciendo en medio de los hombres; esto no es para los judíos solamente, esto es para todo el mundo.
Además, hermano, había que apartarse para que la gente no entienda esto como un sincretismo. Si el Señor le abrió los ojos y usted entendió que ese viejo sistema no iba para ninguna parte, que no tenía capacidad alguna para salvar, yo me gozo en que los que vinieron primero eran de los griegos piadosos, gran número. Esos griegos piadosos eran gentiles que iban a la sinagoga, pero no se habían hecho judíos, no se habían circuncidado, pero podían entrar en la sinagoga. Un gentil no podía entrar al templo de Jerusalén, pero podía entrar a la sinagoga, y muchos gentiles se habían hecho amigables al judaísmo porque valoraban el judaísmo y se congregaban. Esos que están ahí, que aparecen como griegos piadosos, quizás son esas personas que, al día de hoy, todavía no han hecho una decisión por el Señor, pero ya vienen y se congregan y visitan. Son gente: “Guau, mira, tiene una buena característica”.
Estas personas parece que se dieron cuenta: “No, porque en el judaísmo no hay nada que buscar; si ya el Mesías vino y está reinando, yo estoy esperando todavía que venga. O sea, yo he estado buscando en el lugar incorrecto; yo he estado buscando en una profecía que no tiene… yo tengo una expectativa que nunca se va a cumplir”. Ellos se dieron cuenta: “Yo he llegado a este asunto y he estado refugiándome, pero definitivamente que esto lo que iba a dar ya lo dio; lo nuevo está en el otro lugar. Ahora mismo no hay nada que buscar”. Lo primero que lo dejaron fueron ellos; después dice: “Mujeres nobles”.
A mí me impresiona, y alguien me lo ha dicho a mí más de una vez: bueno, las mujeres parece que son más sensibles al Señor que los hombres. Y usted cree que el sexo de una persona es impedimento para que el Señor la salve; si el Señor hubiera querido salvar nada más a las mujeres, no les salva a los hombres nobles. Analicen este asunto: si la salvación es del Señor y el Señor tuvo poder para salvar a Saulo, salvar a los griegos piadosos y salvar a las mujeres nobles, ¿por qué no salvó también a los hombres nobles? Yo no sé, hermano, pero el Señor le da a la mujer un trato siempre como de importancia, y ellas fueron cardenales en el avance de la Iglesia del Señor en sus primeros años. Yo le atribuyo este asunto al poder del Señor.
Reacción judía: celos, turba y falsos testimonios
“Entonces los judíos que no creían”… ¿cuál fue la reacción de los judíos? Miren, la reacción de los judíos ante los misioneros fue la misma reacción que tuvieron ante nuestro Señor Jesucristo, y en esto, sin buscarlo, están confirmando que estos hombres son del Señor. El Señor les dijo a sus apóstoles: “Cuando ustedes vayan, si lo han hecho conmigo, ¿no lo van a hacer con ustedes?”. ¿Qué fue lo que hicieron con mi Señor? Una acusación motivada por celos. Buscaron lo peorcito que había y les pagaron para que dijeran un falso testimonio, generaran tumulto para acusarle a Él; eso es lo que hacían en tiempo de mi Señor. ¿Qué fue lo que hicieron con los misioneros?
“Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba alborotaron la ciudad, y asaltando la casa de Jasón procuraron sacarlos al pueblo”. Ellos están haciendo un tumulto y están ahora acusando a los cristianos de que están trastornando el mundo. Ese ha sido el sistema del diablo, hermano, desde nuestro Señor Jesucristo hasta el día de hoy. Hacen un tumulto y después acusan a la Iglesia. Eso se repite en la historia del cristianismo vez tras vez, vez tras vez: hacen un alboroto, hacen algo para acusar a los cristianos. “Los cristianos tienen la culpa”.
Por eso les decía al principio, hermano, que yo no puedo concederles que definitivamente el cristianismo estaba trastornando el mundo; no, el cristianismo estaba enderezando el mundo. Pero desde su perspectiva era una amenaza; estaba trastornando su seguridad, había trastornado el centro mismo de la promesa judía. Los judíos le decían a los hombres que viviendo según la ley les iba a ir bien; los judíos les decían a los hombres que viviendo según las enseñanzas del Antiguo Testamento podían agradar a Dios; ellos les decían que si pasaban el tiempo necesario guardando la ley ellos iban a ser distintos. Y miren sus mismas autoridades aquí sobornando a un grupo de delincuentes para un falso testimonio.
Hermano, está demostrado que la ley no cambia a los hombres. Por eso dice la Escritura que es letra muerta; que lo único que cambia verdaderamente el corazón del hombre es el poder vivificador del Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo, hermano, comienza siempre con la Escritura, pero el poder está en Dios; el libro por sí solo no funciona. Usted puede ser un gran estudiante de las Sagradas Escrituras y estar muerto en sus delitos y pecados. Estas personas guardaban la ley de Moisés, eran reconocidos como autoridades y estaban muertos, estaban muertos en punto tal que podían tomar dinero y sobornar a hombres ociosos para que dieran un falso testimonio.
¿Usted sabe lo que es eso, que un líder espiritual hacer eso? De que ir al mercado a buscar a los que no están trabajando: “Vengan, para que vayan allí, griten y hagan un tumulto”. Y esos son los líderes espirituales. Yo me imagino que el mismo pueblo debía pensar: “¿Y qué hombres son estos, que dicen que son lo mejorcito que hay, y están sobornándome a mí para que vaya a gritar contra aquellos?”. Está demostrado, hermano; ellos demostraron con su propio testimonio que lo que estaban predicando era una religión, era un aparato que no tenía ningún poder vivificador sobre el corazón de los hombres. No había logrado hacerlos mejores; es que los gentiles, de hecho, un judío y un romano no eran mejores. ¿En qué sentido eran mejores? Estaban muertos los dos en sus delitos y pecados.
La religiosidad es un aparato muerto sin capacidad alguna para transformar el corazón de los hombres. Le he mostrado en primer lugar cómo el cristianismo trastornó a los judíos; fue un trastorno para ellos porque les demostró que el Señor ya vino y está reinando. Ahora mismo ellos todavía están esperando que esto se cumpla; sorpréndase usted que todavía, al día de hoy, el judaísmo es una religión popular y están esperando que venga el Señor. El Señor está reinando, hermano, ahora mismo en gloria, como lo vio Juan en la isla de Patmos, y todavía están esperando que el Señor venga a reinar.
Cómo trastorna al romano: otro Rey, Jesús
El Reino, hermano, ha sido establecido; el Señor vive en gloria; todavía ellos lo están esperando. Y así hay almas, amigos, que quieren agarrar los retazos del judaísmo para venir atrás de nosotros; “Hay que vivir a la luz de aquellas cosas”. Esto es algo totalmente nuevo y glorioso que el Señor ha hecho. Muestro ahora cómo los judíos sabían qué había que decirle a un romano para que el romano ponga su aparato en marcha. El Imperio romano era muy grande, y los romanos no eran locos viejos que andaban persiguiendo a cualquier loco que se levantaba en cualquier campo; eso no era así.
Sin embargo, si usted es un judío usted sabe qué era lo que no se debía decir. Lo que no se debía decir. Aunque la realidad, hermano, es que en estos tiempos, en los tiempos de los apóstoles, tampoco era un asunto que tuviera tanta vehemencia; pero una máxima para el judío es que el César es el Señor. Dice el versículo 6 en adelante… paso ahora a ver cómo trastorna al romano: “Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; los cuales Jasón ha recibido; y todos estos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús”.
Eso era lo que había que decir para poner el aparato romano en marcha. Se buscaba asegurar la pax romana, que en ninguna parte del territorio haya sedición, que en ninguna parte del territorio haya revuelta, que entonces vengan a levantarse facciones y demás. Para un romano… de hecho, Tesalónica era una ciudad muy independiente; no era colonia como Filipos, sino que era una ciudad que tenía muchos más privilegios. Tenía sus propios magistrados, pero estaban bajo el control romano, y se evitaba que alguien dijera que había otro que no era el César.
Ellos están diciendo la palabra correcta; es lo mismo que nuestro Señor Jesucristo. ¿De qué acusaron al Señor Jesucristo? Por eso le pusieron la cruz: “Este es el Rey de los judíos”. Le han dado el mismo tratamiento que le dieron a nuestro Señor Jesucristo, y en esto a mí me da como ciertas cosquillitas de satisfacción, porque padecer como nuestro Señor debe ser motivo de orgullo. No debemos padecer de gratis; les voy a enseñar hoy, hermano, que hay que ser cuidadosos, no debemos estar buscando coger golpes de gratis: “Denme, porque yo quiero ser como el Señor”. Sin embargo, si tuviéramos la oportunidad, padezcamos por la causa de Cristo.
Pablo, en este momento, está teniendo una completa identificación con su Maestro; está diciendo: “Me están acusando con el mismo mecanismo de falsedad; están utilizando a los impíos para esto, están diciendo de nosotros que tenemos otro Rey, que tenemos otro Rey”. Es verdad; todo lo que están diciendo, hermano, se parece a las acusaciones que habían levantado contra mi Señor Jesucristo. Me llamó la atención aquí, hermano, ver los nuevos creyentes que empezaron a padecer temprano; se fueron, agarraron a los nuevos creyentes y se los llevaron.
Yo me reí mucho en la semana; yo comencé a preparar esto desde el lunes y estaba yo riéndome. Digo yo: “Ven acá, ¿pero y por qué…? Porque parece como que escondieron a los apóstoles; a los misioneros los guardaron”. “Y no se lleva… ven acá, ¿y por qué Pablo permite que a su hermano Jasón y a sus hermanos se los lleven y no va él?”. Hermano, yo me reía, pero la realidad es que Pablo estaba blandito; viene de recibir los golpes en Filipos, no acaba de sacar los pies del cepo. Hay que cuidar al obrero del Señor.
Sabiduría para padecer: no buscar golpes de gratis
No podemos permitir, hermano… el apóstol viene de recibir los azotes en Filipos, después lo meten preso, le ponen un cepo, sale de allá, y cuando llega aquí, ¿vamos a permitir que le den el mismo tratamiento? Espérese, que faltan ciudades todavía. Parece que los guardaron y les dijeron: “No, vamos nosotros”. Y fue sabia la decisión. Aquí es que les quiero decir, hermano, que no debemos… he visto hermanos míos que tienen una propensión a martirizarse, y en toda coyuntura, en todo asunto, dicen: “Me están maltratando por la causa de Cristo”. Hermano, si hay que padecer, padezcamos, pero si podemos compartir los golpes, compartámoslos, y si podemos no recibirlos ninguno, gloria al Señor.
De hecho, una vez, al mismo apóstol Pablo, cuando comenzó su ministerio, allí mismo en el libro de los Hechos, justo cuando estaba comenzando su ministerio, dice Hechos capítulo 9:
Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle; pero sus asechanzas llegaron al conocimiento de Saulo; y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.
— Hechos 9:23-25
Como que descolgándolo, que vea y enfrente a las autoridades, hermano, es que lo van a matar. Oh, pero Cuba es un lugar, hermano, dulce para eso. Cada cierto tiempo aparece —perdónenme el término, pero es eso— un loco viejo que llega a Cuba de que a enfrentar a Fidel y al sistema, dice que en el nombre del Señor. ¿Qué es lo que hace? Le deja un daño a los hermanos en Cuba. Él los regresa para su país pensando que él es un héroe de la fe y deja Cuba revolteada para el trabajo misionero.
Pablo no andaba buscando picar pleito con las autoridades; él decía: “Si aquí hay un problema, mejor me ausento yo”. Y es verdad, hermano: literalmente, en Tesalónica se fue. Cuando fueron a buscarlo, no apareció; cuando pudieron agarrarlo, ya Pablo estaba en Berea. Y no era “ja’ huyendo”, hermano; es un asunto sencillo: primero, lo están acusando por una falsedad. Cuando llevaron aquí a los hermanos, dice el versículo 8: “Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad oyendo estas cosas; pero obtenida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron”. Ya; y quedó una iglesia establecida.
Si Pablo se queda ahí peleando, hermano, lo que va a terminar es dañando la causa de Cristo. Entonces un obrero del Señor tiene que saber cuándo es un momento propicio para entrar y cuándo es un momento propicio para salir, y que no hay que estar haciendo un alboroto más grande si no fuere necesidad. Pareciera como que Pablo está huyendo; no está huyendo, y hay una iglesia establecida. Yo me gozo de que Pablo no tenía la misma carga que tienen algunos obreros de entender que a la Iglesia del Señor hay que cuidarla, hermano, como si fuera un asunto… esto es el poder del Señor obrando en su pueblo.
La Iglesia estaba constituida; puede estar compuesta en este momento solamente de algunos gentiles y mujeres nobles. Vayan a buscar la carta de Tesalonicenses: era una multitud tiempo después, porque era una iglesia bíblicamente establecida. No hay que tener una carga innecesaria por el tamaño de la Iglesia, por el momento de la Iglesia; la Iglesia es un proyecto del Señor, y Pablo no es cardinal para el avance de la Iglesia. Él puede ser un instrumento, pero Pablo no es absolutamente necesario. Yo digo: “Guau, Pablo, y tú te estás yendo de la ciudad de Tesalónica; quédate con ellos un año más”. Hermano, ya ahí se predicó el Evangelio; la gente vio a Cristo en las Escrituras.
Estoy convencido de que el Señor dispondrá de sus medios de gracia para que la obra avance. Por eso a mí ninguna iglesia pequeña me preocupa; a mí me preocupa una iglesia enferma, a mí me preocupa una iglesia que no es bíblicamente constituida. Pero una iglesia que está bíblicamente constituida tiene la promesa del Señor de que ni aún las puertas del Hades, del infierno, prevalecerán contra ella. Yo no temo de una iglesia pequeña; yo temo de una iglesia enferma, porque si la Iglesia es una iglesia bíblicamente constituida, es el poder del Señor la vida de su Iglesia.
Y tarde o temprano, lo que el Señor quiera hacer en ese lugar se hará; en Tesalónica fue el caso. Pablo salió y la Iglesia siguió igual.
“Hay otro rey”: Jesús y los señorcitos interiores
Termino, hermano, llamando la atención al mensaje: “Estos que trastornan el mundo…”, y también dicen ellos que hay otro Rey. Nosotros, como creyentes, entendemos que hay otro Rey. El Imperio romano fue un imperio de muchos que han sucedido; antes de ellos estuvieron los griegos, antes de ellos estuvieron los persas, antes estuvo Egipto. Esta sucesión de imperios, el profeta Daniel habló de ellos. Roma es el imperio de turno. El imperio es la manera del hombre de rivalizar contra Dios, de entender que puede haber un poder fuera de Él.
Después del mundo de los imperios vino el feudalismo, y ya no solamente había un señor, sino que había otros señores feudales; y al día de hoy ya todo el mundo cree que es un pequeño señorcito. Ya no hay tal cosa como un señor feudal, pero adentro de todos nosotros hay un pequeño señorcito que emerge y que dice: “Yo soy el señor”. Lo que le dice un cristiano a su pequeño señorcito en su corazón es: “Cristo es el Señor”, que era lo mismo que le decían al señor feudal, y era lo mismo que le decían al César: “Cristo es el Señor; no hay notoriedad que esté más alta que Cristo en toda mi existencia; Cristo es la autoridad máxima”.
¿Cómo podemos nosotros afirmar esta verdad, hermanos queridos, de que Jesús es nuestro Rey, de que no hay otro? De hecho, en español el término “Señor” ya está muy golpeado; en inglés, en la King James, suena como más bonito, pues pone “Lord”, como “Guau, yes, Lord”; es decir, el “Lord” está por encima. “Señor” aquí es cualquiera; “señor” es cualquier persona que tenga algo de peso en los bolsillos. Eso ha afectado mucho el entendimiento. Cuando llamaban a alguien “Señor”, era “Señor”; era alguien que te ponía a temblar.
Por ejemplo, cuando Pablo llamó “Señor” por primera vez, en Hechos capítulo 9, le dice: “¿Quién eres, Señor?”. Y sí, temblaba. “Señor” es uno que tiene el poder para ponerte a temblar. El Señor les dijo: “No le tengan miedo a los que pueden dañar el cuerpo; ténganle miedo a aquel que puede echar el alma de ustedes al infierno”. Está hablando de sí mismo, está diciendo: “Tómenme a mí; el único temible es el Señor”. ¿Cómo nosotros podemos practicar esta realidad de que nosotros tenemos solamente un Señor? “Cristo es el Señor”.
Les repito que adentro de ustedes, semanalmente, ustedes van a tener una sínful —una sinfonía— de que son más grandes de lo que son. Y mañana usted va para el trabajo, y usted se para frente al espejo y usted va a ver que está muy bien vestido, que causa cierta impresión: “Esta vez sí, hoy estoy…”. Y usted va a tener que decirle a su alma: “Jesús es el Señor”. Ya no hay imperios que generen esto; ahora lo que hay es un pequeño señorcito que quiere emerger adentro del corazón de uno.
Adoración y servicio: fumigar la idolatría interior
Lo primero que yo recomiendo, hermano, es que usted tiene que aprender una o dos veces a la semana a rendirse completamente en adoración. Esta carnalidad dentro del ser humano de dominar sobre los otros, de creer que es Dios, como Sosa cura el hotel, se cura levantando sus manos y diciendo: “Señor, eres tú; tú eres el Señor, yo no”. Al que es digno de recibir la gloria eres tú. La adoración del pueblo del Señor es un asunto que eso es como fumigar al pueblo de la idolatría, de entender que hay alguien que está por encima de Dios.
Hacerse así ante el Señor es decirte a ti mismo: “Él es, y yo no soy”. Quiero animar a mis hermanos a que rehúyan toda estructura de dominio y ostentación de poder. Yo sé que muchos de ustedes quieren llegar a ser supervisor y poder tener personal y “bajar línea”; al ser humano carnal le gusta eso. Lo que dice la Escritura es que nosotros debemos hacernos siervos de todos, y tener un liderazgo de servicio. Por dentro, todo ser humano quiere la gerencia; quiere la oficina de la esquina. Por dentro, todo ser humano quiere tener la empresa más grande, quiere dominar la industria, quiere dominar sobre otros.
De pronto, ¿para qué quieres hacerlo? “Jesús es el Señor”. Cuando conoces que Jesús es el Señor, ahora vas a querer hacerlo porque cuando tú llegues a ser el primero en la industria, vas a poder servir a todos los demás. Como dice la Escritura: cuando gobierna el justo, lo hace en el nombre del Señor. Yo quiero animar a mis hermanos a que tomen su servicio para el Señor —“Yes, Lord”— que lo tomen eso militarmente. Porque, ¿cómo vamos a decir que tenemos un Señor que nos está mirando y que nuestro servicio para el Señor es un asunto díscolo, de que a veces sí, a veces no, y como así medio nebuloso? Al Señor se le hacen las cosas como el Señor.
Una vez le dijo uno de sus siervos: “Yo sabía que tú eres duro; siegas donde no sembraste, cosechas donde no dejaste”. Y Él no lo negó; le dijo: “Pues tú sabías que yo era así”. Hermano, mi Señor es exigente. Yo quiero animar a todos ustedes que cuando se comporten en su vida cristiana se comporten como que hay Uno que está por encima de ustedes, que siempre los está mirando; que hay un Señor: Jesús es el Señor.
¿Qué queremos decir cuando decimos “Cristo salva”?
Concluyo con una pregunta, hermano: ¿qué queremos decir cuando firmamos “Jesús salva”, escuchan mis hermanos “Jesús salva”, “Cristo salva”? ¿Qué es lo que decimos? “Un libertador, un Salvador”. Era lo que los judíos estaban esperando; ellos sabían que eventualmente Dios interrumpiría la historia y entraría en la historia con brazo fuerte para salvar a su pueblo. Sin embargo, de lo que los judíos querían ser salvados no era de lo que Dios quería salvarlos. Los judíos estaban esperando un hombre militar. Para un judío era inconcebible que cómo va a ser que el Mesías termine en una cruz romana; eso no es compatible. Que nuestro Mesías termine siendo crucificado por los romanos, “no lo entiendo”, decían ellos.
Es que la más profunda necesidad que hay dentro del hombre no es la necesidad de libertad política. Ellos estaban esperando un hombre que venga y vuelva a restablecer el trono de David: la libertad política. ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que Jesús salva? Queremos decir que Él es el único que puede satisfacer la más profunda necesidad del corazón del hombre; y la más profunda necesidad del corazón del hombre es volver a tener comunión con Dios. Hubo algo que se interrumpió en algún momento de la historia; lo que se interrumpió en un momento de la historia fue la comunión con nuestro Dios. Nosotros fuimos creados para vivir en comunión con Dios, para pasearnos con Él en un jardín; el pecado ha hecho separación entre Dios y nosotros.
Y los hombres piensan que están cerca de Dios, y el Señor los ve como trapo de inmundicia. Los hombres dicen: “Somos dignos delante de Él”; el Señor dice: “Todos se descarriaron como ovejas y cada cual se apartó por su camino”. La más profunda necesidad en el corazón del hombre es la necesidad de tener comunión con Dios. ¿Qué decimos cuando decimos “Jesús salva”? Lo que decimos es que Él puede romper la más profunda atadura que haya en la vida de un hombre, y la más profunda atadura que hay en el corazón de todos los hombres es la atadura del pecado.
Muchas personas no vienen a Cristo porque están siendo atados ahora mismo, y dicen: “Yo tengo que dejar esto, tengo que dejar lo otro”. Yo tengo que decir que cuando Cristo viene a hacer la obra en una persona, hace una obra tan extraordinaria que la persona no tiene él que dejar algo; Cristo rompe las cadenas. Las ataduras del pecado son rotas en el Señor.
El Mesías libertador y el mayor beneficio del pueblo
¿Qué era un Mesías, qué era un Libertador? Era aquel que iba a entrar en la historia con el poder de Dios y mano fuerte para buscar los mayores beneficios para su pueblo. ¿Qué decimos nosotros de Jesús? Que Él ha satisfecho nuestra más profunda necesidad, que ha roto la cadena más gruesa, al mismo tiempo que está buscando en este momento el mayor de nuestros beneficios. Y los cristianos caminamos todos los días a la luz de que el Señor está buscando el bienestar de nosotros. Tenemos no solamente una vida plena en la existencia presente, sino que tenemos una vida eterna garantizada en nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Oro por la Iglesia, por la persona que esté aquí, que haya podido reconocer hoy que Jesús es el Cristo y que Jesús es el Señor. Extiende tu manito ahí sobre una persona que tengas cerca e intercedamos los unos por los otros. Pidamos por dos cosas hacia nuestros hermanos y amigos que estén aquí presentes: que los creyentes podamos ser afirmados más profundamente en esta realidad de que Jesús es el Cristo, de que Jesús es al día de hoy, de que Él está vivo, y que toda persona que vive reunida pueda doblarse en adoración delante del único que merece toda la gloria, que Jesús es nuestro único y verdadero Rey, que no hay poder alguno que pueda rivalizar contra el señorío de Cristo sobre nuestras vidas.
Ay, Señor, gracias por tu Palabra predicada; gracias por estas dos profundas convicciones que sostienen nuestra vida. Permítenos no solamente decirlo, Señor, sino sentirlo y vivirlo, vivir a la luz de esta realidad, de que por tu misericordia nuestros ojos fueron abiertos. Señor, ay, gracias, Señor, porque yo pude verlo; gracias, Señor, por la salvación de mi alma. Cuánta gente vio lo mismo que yo vi, Señor, y no vio, no pudo verte. Yo gracias, Padre, porque abriste mis ojos; yo te pude ver a ti reflejándote con luz refulgente en tu Palabra. Gracias, Señor, porque en algún momento de mi vida yo pude abrirla; ay, no, Señor, yo pude ver porque tú abriste mis ojos, abriste mi corazón.
Oración final: ver a Cristo y rendirse a su señorío
Señor, resplandece en tu Palabra; resplandece hoy ante alguien que está aquí congregado. Señor, permite que alguien hoy pueda verte; abre nuestros ojos, Señor, quita el velo, Padre, para que te puedan ver a ti en toda tu gloria, para que puedan ver los rayos de tu luz refulgente que están bañando hoy la creación. Abre hoy, Señor, los ojos; quita los velos de nuestra mente, ablanda nuestros corazones, Señor; permite que hoy alguien te vea en tu Palabra.
Ay, Señor, mira este temor que he tenido por mi iglesia esta semana, de ver otros señores que quieren emerger. Ay, Señor, ordena hoy la fidelidad de nuestros corazones; nos rendimos solamente a ti. Tú eres Señor, tú eres Señor; todo nuestro tiempo, toda nuestra vida, todo nuestro pensamiento, nuestros mejores años van para tu gloria. Tú eres el Señor; rompe, Señor. Permite que aquellos que van caminando, que van caminando, Señor, hacia su propio proyecto, sean interrumpidos hoy; que se encuentren con el Señor. “Dura cosa es dar coces contra el aguijón”. Permite, Señor, que puedan verte y que nos sometamos bajo tu señorío.
Ay, Padre, que no digamos que somos salvos y lo neguemos con nuestra existencia. Permítenos vivir una existencia de sumisión a la luz, Señor, de estas preciosas promesas. Gracias porque hemos visto a este Libertador; gracias porque estás buscando en este momento el mayor de nuestros beneficios; gracias porque has roto la más gruesa cadena; gracias, Señor, porque has satisfecho nuestra más profunda necesidad. Gracias por la confirmación de tu Espíritu Santo en nuestro corazón, que nos recuerda que somos tuyos.
Oro por cualquier persona que esté aquí congregada que todavía no haya hecho de Cristo su Salvador personal, el Señor único de su vida. Todo creyente en algún momento lo vio con la ayuda del Señor; tú hoy pudiste verlo. El Espíritu Santo te está ayudando; solo estuvieras cerrado ahora mismo, solo estuvieras confundido. Si tú has visto hoy claramente que Jesús es el Cristo, ahora yo te invito a que te sujetes a su señorío; acéptale como tu Salvador, acéptale como tu Señor. En oración ahí, en sinceridad de tu corazón; Él es quien escucha, Él es omnipotente, Él conoce tus pensamientos, Él conoce tus deseos.
Tú puedes decirle ahí al Señor, en oración: “Perdona mis pecados; he estado buscando en otros lados, salvándome por mis propios medios, he estado buscando salvación en otras partes donde no la hay. Tus negocios no te salvarán, tu oficio no te salvará, tus familiares no podrán salvarte; la necesidad que tú tienes es la necesidad de Dios. Sin Dios estás en putrefacción, te estás descomponiendo; lo único que puede reconectar al hombre con Dios es Cristo. Yo soy el camino —dijo Él—, yo soy la verdad y yo soy la vida; y nadie viene al Padre si no es por mí”.
Si has podido hoy ver a Cristo, yo te invito a que te humilles delante de Él en oración; le digas: “Señor, Señor Jesucristo, te reconozco hoy en tu señorío; reconozco que estuviste entre nosotros, pero no eres nuestro igual. Te reconozco; te pido que perdones mis pecados; escribe mi nombre en el libro de la vida, y en estos momentos me humillo y reconozco tu señorío sobre mí”.
El señorío de Cristo sobre nosotros significa que hacemos Su voluntad, que buscamos Su mejor interés; el señorío de Él sobre nosotros significa que nada nos da más satisfacción que Él. La misma satisfacción que tenían los súbditos cuando veían al César es la satisfacción que tenemos nosotros cuando, en adoración, vemos a nuestro Cristo paseándose entre nosotros. Él es tu satisfacción, Él es tu identidad, Él es tu representación. Si tú has puesto en el Señor hoy tu confianza y le has reconocido en su deidad, si le has reconocido que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y el Señor de tu vida, bienvenido a la familia de Dios.
Será un gusto recibirte en nuestra iglesia local, integrarte al pueblo del Señor. Quien ha sido salvado ha sido apartado, y vas a tener el deseo de estar con nosotros, estar con tu pueblo, reunirte donde se reúne tu gente. Oro por toda mi iglesia, Señor; afirma tu señorío sobre este pueblo. Mira nuestras tentaciones, Señor, de desviarnos, de buscar señoríos nosotros; enseñoréate, Señor, sobre nosotros. Paseate en medio del pueblo, Padre, que podamos ver tu gloria y que sintamos nuestra pequeñez.
Todo esto, Señor, por tus méritos; todo esto por tu ayuda; todo esto, Señor, en el nombre de Jesús, nombre que es sobre todo nombre.