Mis hermanos, quiero que me acompañen a la segunda carta al libro de los Corintios, segunda de Corintios, capítulo 12, verso 1 al 11, que es donde vamos a estar trabajando el tema del día de hoy. Segunda carta a los Corintios, capítulo 12, versículo del 1 al 11. Entonces vamos a tener la porción de las Escrituras para que el Señor nos ayude así a comprender su palabra y que sea de edificación para cada uno de nosotros. Amén. El título que le he puesto a este sermón es: “Dios se perfecciona en las debilidades”. Cuando escuchamos “debilidades” en el mundo, se ve como algo fuera de lo normal, fuera de lo común: alguien que es débil, alguien que carece de fortaleza, carece de convicción, carece de un propósito. Sin embargo, hay una enseñanza muy específica y muy fuerte para nosotros, de forma tal que nos va a ayudar a reconocer constantemente que dependemos de nuestro Señor Jesús.
Dice la palabra del Señor de la siguiente manera, segunda de Corintios, capítulo 12, verso 1 al 11. Leemos, leeré la Reina-Valera:
Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.
— 2 Corintios 12:1-4
De tal hombre me gloriaré, pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que ve en mí u oye de mí. Para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera. Respecto a lo cual, tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástete mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
¿Entonces soy fuerte. Pueden sentarse, mis hermanos. Este es uno de los textos más edificantes, uno de los textos con una de las mayores enseñanzas que podemos ver y notar en la Biblia, y a la vez uno de los textos que ha generado bastante debate en cuanto a qué era realmente el aguijón del apóstol Pablo. Se han presentado muchas explicaciones, pero nunca se ha respondido realmente con certeza si Pablo se refería especialmente a una aflicción física, espiritual, emocional, o algo totalmente distinto, puesto que no se refería a un aguijón literal.
Sin embargo, estamos viendo aquí que no habló directamente, sino que más bien utilizó una metáfora para referirse a este aguijón. Algunas teorías populares, en este caso sobre lo que era este aguijón, hablan acerca de una enfermedad crónica que podía tener el apóstol Pablo. Otros decían que tenía un problema ocular. Muchos hablaban acerca de epilepsia, una discapacidad incluso para hablar. Otros teólogos comentan acerca de Alejandro el calderero, que le hizo mucho daño a Pablo, y esto lo podemos ver en segunda de Timoteo, capítulo 4, verso 14. Nadie puede decir con seguridad qué era el aguijón de Pablo, nadie; excepto Pablo y el Señor conocen ese aguijón.
Pero Pablo nos da unas cuantas pistas para entonces nosotros poder más o menos interpretar, según el contexto, lo que estaba ocurriendo en este momento. Y esto es: impedir que se enardezca a causa de las grandezas de las revelaciones que le fueron dadas a él. Por lo tanto, el objetivo de Dios al permitir el aguijón en la carne de Pablo era para mantenerlo con los pies sobre la tierra, para que esa humildad permaneciera en el apóstol Pablo. Es decir, añadamos a este hecho lo siguiente: ¿quién era Pablo? Pablo realmente fue un hombre usado por Dios, aparte de que el mismo Cristo se le había revelado directamente. Aparte de esto, prácticamente ha escrito el 60 % del Nuevo Testamento.
Para que Pablo no se enaltezca por todo lo que Dios estaba haciendo por medio de él, a través del Espíritu Santo, ese aguijón permanecía en él. Asimismo, mis hermanos, muchas veces Dios tiene algo en nosotros que, por amor y por gracia, permite que permanezca para que nosotros no nos inflemos como el pez. Sin embargo, que mantengamos los pies sobre la tierra para que comprendamos que dependemos totalmente, una codependencia del Espíritu Santo, para caminar aquí en la tierra conforme al modelo de Dios. Todos nosotros luchamos con nuestro aguijón, cada uno de ustedes tiene su aguijón, porque no hay nadie perfecto. Al contrario, nosotros somos personas imperfectas caminando a un camino de perfección.
Y cuando hablamos de perfección, hablamos de un camino de madurez espiritual. Pero en medio de ese proceso constantemente nos chocamos con la lucha, con los problemas, con el de afuera, con el sistema, porque no va de acuerdo a los valores y criterios del Evangelio. Y es por eso que Pablo, aun teniendo un currículo tan excelso y con mucho testimonio de qué hablar, habla acerca de estas cosas para que comprendan la realidad de lo que es vivir conforme a los criterios establecidos por Cristo en su palabra. Y esto es lo que me lleva a mí a mi subtema: tus dones, ministerios y habilidades no deben de ser tu carta de presentación.
El currículo de Pablo y la verdadera gloria
Tus dones, ministerios, habilidades no deben de ser tu carta de presentación. Voy a hablarte un poco acerca del currículo de Pablo. Este hombre tenía la autoridad, tanto en testimonio como en relación con el Señor; el único hombre en la Biblia que dice: “Imítenme a mí, como yo imito a Cristo”. Tenía con qué decirlo. O sea, Pablo tenía menudo para devolver. Yo voy a segunda de Corintios, capítulo 11, porque antes de lo que nosotros leímos en el capítulo 12 existe el capítulo 11, esa es la realidad. Anteriormente en la Biblia no habían capítulos; era una carta que se leía de manera directa, no había interacción con los versículos. Esto nos ayudó a nosotros para mantener un mejor estudio en cuanto a la palabra, pero las cartas se leían en el mismo orden que iba el lector a leerla, no había una pausa como tal.
Por ende, es importante comprender por qué Pablo habla acerca de estas revelaciones y de por qué él tenía este aguijón, y cómo Pablo presenta esta parte de que él tuvo esa revelación, por qué está hablando él en tercera persona, pero se refiere a sí mismo acerca de lo que Dios había hecho con él, para que entonces él pudiera decir esto: que aun así, él permanecía con sus pies sobre la tierra. Dice en segunda de Corintios, capítulo 11, leeré del 21 al 30, lo siguiente; “currículo de Pablo”, así lo he puesto yo. Dice el verso 22, haciendo una pregunta Pablo: “¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? Yo también. ¿Son ministros de Cristo?” Ahí se abre una comilla y dice:
“Como si estuviera loco hablo lo siguiente”, es decir, me expreso para que ustedes comprendan: “Yo más; en trabajos, más abundantes; en azotes, sin número; en cárceles, más; en peligros de muerte, muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligro de los de mi nación incluso, peligro de los gentiles, peligros en la ciudad, peligro en el desierto, peligro en el mar, peligro entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez. Y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma…?
“¿Y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno? Si es necesario gloriarme, me gloriaré más bien en mi debilidad”. Y así acaba él su currículo. Luego de hablarles todas estas características, toda esta carta de presentación a nivel de conocimiento, al igual que lo que son las experiencias de vida como alguien que ha padecido tantas persecuciones, tantos problemas directamente. Esto va para aquellos judíos que estaban dentro de la iglesia de Corinto. Fíjense cómo comienza el apóstol Pablo hablando de que: “Si ustedes son judíos, yo también; si son hijos de Abraham, también descendencia soy; y aun así, si por persecuciones, las he pasado todas”.
Pablo está hablándole a un grupo de hermanos que parece ser que ellos entendían que, por el hecho de haber padecido ciertas situaciones en la vida, ciertas persecuciones, ciertas afrentas, se creían en el derecho de ser los súper espirituales. Sin embargo, el apóstol Pablo dice: “Yo, más que ustedes”. Y aun así, ¿qué dice el apóstol Pablo? “Si he de gloriarme, lo hago ¿en qué? En mi debilidad”. Y así mismo él, en el capítulo 12, hablando de su experiencia espiritual, porque esta es la experiencia física, esta es la experiencia de lo que había vivido el apóstol Pablo de manera física por causa del Evangelio. Entonces aquí habla de una experiencia que trasciende lo sobrenatural.
Estamos viendo al apóstol Pablo decir que el mismo Dios lo traspasó en medio de una visión y le enseñó el tercer cielo. Es decir, Pablo estando vivo ya fue y vio el paraíso. Y a Pablo se le dijeron cosas que eran inefables decir, que no podían ser expresadas como hombre aquí en la tierra. Y aun así, todo esto que a Pablo se le había revelado no fue una carta de presentación para él agarrar y decir: “Yo soy el apóstol Pablo, aquí se va a hacer lo que yo diga, y yo estoy por encima de toditos ustedes”. No, no, no. Al contrario, porque su poder se perfecciona en la debilidad.
Miren cómo él cierra: él dice todas estas atribuciones y estos dones y esta hazaña que está diciendo, pero en el capítulo 12, verso 6, dice lo siguiente: “Sin embargo, si quiero gloriarme, no sería insensato”. Es decir, que el apóstol Pablo tenía con qué decir y con qué argumentar todo eso que había expresado: su testimonio, su vida de devoción, su encuentro con el Señor, y sin embargo todas las iglesias que el apóstol Pablo había plantado. Es decir, él tenía con qué decir: “Yo soy Pablo y puedo decir y hacer, porque yo he hecho y mis testimonios están ahí, mis hechos están aquí”. Sin embargo, él dice lo siguiente: “Porque diría la verdad, pero lo dejo para que nadie piense más de mí de lo que en mí ve u oye de mí”.
Al final, conscientemente el apóstol Pablo sabe su condición delante de Dios y delante de los hombres, y cuál era su rol. Esto me recuerda mucho a lo que Juan el Bautista dijo cuando sus discípulos le preguntaron acerca de Cristo, y qué dijo Juan el Bautista: “Es necesario que yo mengüe, para que Él crezca”. Orgullo, enaltecimiento. Y más adelante el apóstol Pablo en Romanos habla acerca de esto: que no tengamos un concepto más alto de sí de lo que debiéramos tener de nosotros mismos. Sin embargo, el apóstol Pablo nos enseña esta realidad con su propia vida, testificando de ella misma.
La centralidad de Cristo por encima de dones y experiencias
Asimismo, nos hace ver que si realmente, como seres humanos imperfectos y muy débiles, necesitamos constantemente la ayuda del Espíritu Santo para poder nosotros caminar conforme al Evangelio de Cristo, formando el carácter de Cristo aquí en la tierra y entonces ser sal y luz para aquellos que no conocen el Evangelio. Es decir, que aun para Pablo, teniendo ese currículo tan extenso, él entendía y comprendía que para él seguir a la meta necesitaba al Espíritu Santo. Esa era parte de su enseñanza: poner los pies sobre la tierra a estos judíos y gentiles que estaban entonces refiriéndose a él cuando estaban teniendo experiencias extraordinarias.
Fíjense que este texto comienza hablando de esas experiencias y aun así él las tiene por mínimo. ¿Por qué? Porque para él lo más importante era Cristo: la gloria se la debe llevar Cristo, el galardón era necesario que se lo llevara Cristo, y el privilegio y la honra eran solamente para Cristo. Pero él contradice, hace una contraposición con lo que estaba pasando en la iglesia de Corinto, y hoy en día nosotros podemos extrapolar esa parte a nuestro presente.
Personas que dicen tener una experiencia sobrenatural se creen los súper espirituales, con la autoridad necesaria para decir, decretar, hablar o mandar de que “Dios me dijo” y que “Dios hace a través de mí”. El yoísmo dentro de la comunidad del pueblo del Señor ha impregnado de una forma tal que ya no dependemos del Señor, sino que dependemos de nosotros. Y, sin embargo, esto muestra que realmente cada día somos más débiles cuando nosotros, en medio de lo que Dios está haciendo en su pueblo, creemos que lo hacemos por nuestra propia fuerza y carecemos de la realidad de Cristo en nosotros.
Y esto me lleva a mí a la segunda parte del subtema: la debilidad es una oportunidad de crecer en el Señor. Le decía anteriormente que vemos que el mundo y el sistema ven la debilidad como algo fuera de lo común, a una persona que no tiene propósito, alguien que es débil, alguien que para la sociedad no tiene la fortaleza necesaria para cumplir con ciertos criterios, estatutos, órdenes establecidas por el mundo. Sin embargo, la perspectiva de Dios es totalmente diferente a la del mundo, porque para Él, para Dios, es en la debilidad donde nosotros tenemos la oportunidad de crecer en el Señor.
Pero fíjense algo, lo contraproducente que es esto cuando la realidad llega a la vida de cada uno. Cuando llega una enfermedad, cuando llega un problema de salud, cuando llega un problema económico. Hay gente que no creía y comienza a creer ese día, y proclama al Dios que ellos han escuchado hasta ahora, mis hermanos, y buscan el rostro del Señor cuando hay un problema profundo. Pero cuando ese problema sale, como hablaba uno en la clase ahorita: “¿Y el Señor para cuándo? Para el mal de la semana que viene”.
Dice el versículo 7 –ya estamos nuevamente aquí mismo en el texto que comenzamos, segunda de Corintios, capítulo 12, pero ahora voy a hablar acerca del verso 7– hablando de la debilidad, que es una oportunidad de crecer en el Señor. Dice lo siguiente: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exalte desmedidamente”, es decir, para que toda esa experiencia que yo he vivido, que yo he podido presenciar, que el Señor me ha podido revelar, no me exalte desmedidamente. Es decir, que mi corazón no se enaltezca por el hecho de que yo haya tenido una experiencia sobrenatural con el Señor, incluso verlo directamente.
“Bástate mi gracia”: gracia suficiente en medio del aguijón
“Me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee”. Es decir, que constantemente me recuerde que tú eres débil, que constantemente me recuerde que mi situación realmente va a ser de que yo soy un hombre imperfecto y que la perfección no se alcanza. La perfección no se alcanza aquí en la tierra; nosotros seremos perfectos, enteramente perfectos, cuando Cristo venga y partamos a su presencia en el día del Señor. “Para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí”. Esa era la oración del apóstol Pablo, yo no sé qué era.
Hay muchos argumentos teológicos, hay muchos argumentos que hablan acerca de cuál era el aguijón de Pablo. Cada quien tiene su aguijón aquí; todos nosotros tenemos una lucha constante. Y aun así, Pablo rogó tres veces; tres veces significa que la insistencia del apóstol Pablo en medio de esta oración era constante. Pablo oraba por este tipo de problema que tenía. “Y me ha dicho: Bástete mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.
Es decir, para que Pablo descanse en el Señor y repose en el Señor, que él entienda que el poder de Dios era necesario por encima de cualquier debilidad. Eso para mostrar que, por cuanto soy débil, necesito más del Señor. Aquí lo que el Señor te está diciendo a ti, mi hermano, y nos está diciendo a cada uno de nosotros, es que nosotros somos un pedacito en el grupo de arena del mar, y que para nosotros ser algo aquí en el centro del universo necesitamos constantemente la ayuda del Señor.
Te está enseñando codependencia de Él, a vivir una vida codependiente del Señor, a vivir una vida conforme a lo que Él ha dicho, a vivir una vida no conforme a tu propia fuerza, sino a la fuerza del Señor. “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades”. Eso se llama madurez, eso se llama madurez. “En afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.
La palabra “bástate”, “devástate”, en el griego es la palabra “arkéō”; esto significa suficiente, satisfecho, contento. Y la palabra “gracia” en el griego, que es “charis”, significa favor inmerecido, regalo de Dios. Entonces, nosotros podemos entenderlo de esta forma, decir lo siguiente: Dios le dijo a Pablo en estas tres veces: “Conténtate con el favor inmerecido que puse en ti. Quédate satisfecho con los regalos que yo te he dado. Para mí eres perfecto”. Es decir, constantemente crece, madura. Conténtate con quien eres, siéntete satisfecho con lo que yo he depositado en ti. Así se puede leer esta parte.
Imagínese que Dios a ti mismo te diga: “Hermano, siéntete satisfecho con lo que tú eres, como eres ahora mismo”. Y no estoy hablando, mis hermanos, de que seamos mediocres, no; no vayamos a interpretar una cosa por otra. El hecho de yo tener visiones, de tener proyecciones, de hacer proyectos de vida, el hecho de yo querer tener una mejor calidad de vida no está mal. Al contrario, eso está bien, se edifica al Señor también, eso glorifica al Señor, porque todo lo que hagamos, dice la palabra, lo hagamos como que para el Señor.
Lo que te está diciendo aquí es que en tu realidad comprendas, gózate, vive con lo que tienes ahora y no te preocupes tanto por lo que tú vas a conseguir mañana, o por lo que tú puedas hacer mañana, o por tu condición física que tengas, o por tu condición emocional que tengas, o por tu condición espiritual que tengas en el momento. “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. A la medida que nosotros nos damos cuenta y somos conscientes de que somos débiles, comenzamos a depender más del Señor.
Comenzamos a depender más del Señor y esto nos mueve a nosotros, ¿a qué? A buscar más el rostro de Cristo. Esto te motiva y te lleva, por medio del Espíritu Santo, a ir a su palabra constantemente. ¿Para qué? Para conocer al Dios del que tú dependes, para conocer al Dios de quien tú vas constantemente a depender: tu vida, tu día a día, tu toma de decisiones, tu crianza, tu forma de vivir, tu forma de expresarte y tu forma de pensar.
Codependencia del Señor vs. cultura del “yo puedo”
De esta forma, nos hace codependientes del Señor, y el hecho de ser codependientes del Señor te va a mover a hacer lo que Él diga, porque tú no puedes dar un paso sin que el Espíritu Santo te ayude. Charles Spurgeon dice lo siguiente acerca de esto: “Un requisito elemental para servir a Dios con éxito y poder realizar bien y triunfante la obra de Dios es tener conciencia de nuestra propia debilidad”. Se lo repito: un requisito elemental para servir a Dios con éxito y poder realizar bien y triunfante su obra es tener conciencia de nuestra propia debilidad.
Cuando hablamos de conciencia es tener conscientemente que nosotros somos débiles y Él es el fuerte. El mundo te dice una cosa, el Señor te dice otra, y a veces nosotros podemos chocar con este tipo de ideas. Y les voy a explicar más adelante el porqué. En los últimos años yo me he dado cuenta de lo siguiente: que el ser humano es más movido emocionalmente que objetivamente. De hecho, la gran mayoría de las empresas, a través de la motivación, el sistema motiva a la persona a estar constantemente en el positivismo, el yo trabajar, el yo constantemente, incluso cuando usted va a comprar.
Cuando usted va a un sitio, o lo que vemos hoy en día en las redes sociales, en televisión, nos damos cuenta de que el marketing –y esa es la realidad, yo prácticamente eso es lo que he trabajado toda mi vida y me secunda una persona que está aquí, que es de marketing– va directamente a lo emocional y no a lo objetivo. Por ejemplo, una de las cosas que me enseñaron a mí es lo siguiente: “Ve directamente a la emoción, no a la necesidad”.
Inmediatamente yo toco tus emociones con ciertas cosas que puedo decirte, como el: “Tú puedes, te lo mereces, el que trabaja se lo puede pagar”. Hay un anuncio que me encanta, que dice una realidad en medio de una falsedad: “Hay cosas en la vida que el dinero no puede comprar; para todo lo demás, existe Mastercard”. Te trabaja la emoción, toma de la mano mucho con la psicología positiva. Y yo no estoy en contra de la psicología positiva; incluso esa es mi carrera, que estoy estudiando y estoy terminando, de Psicología Clínica.
Pero hay una cierta manera en la forma de hablar acerca de esta psicología positiva que, de la ecuación de la misma, se saca a Dios y se alimenta el yo. De forma tal que yo decirte a ti: “Tú puedes, no hay nada en la vida que tú no puedas hacer con esfuerzo, el cielo es el límite, tú puedes alcanzar las estrellas si te lo propones, propóntelo, que no hay nada que tú no puedas hacer. Sé fuerte, lucha, trabaja, tú puedes hacerlo, tú puedes comprarlo, tú puedes tener”, y el tú y tú y tú, y entonces tú comienzas: “Es verdad, con esfuerzo yo puedo lograrlo”.
Y es verdad, esas cosas realmente no son malas. El problema está cuando en esa ecuación tú comienzas a depender solamente del yo. Y en vez de decir: “Yo voy…”, no; ni siquiera “yo voy”: “Yo creo, Cristo adelante y yo atrás”. En vez de decir: “Yo puedo alcanzar ciertas cosas, si el Señor quiere”. Se oye diferente y se expresa diferente, porque te hace reconocer a ti que tú eres débil y Él es el fuerte.
Pero cuando tú dices “yo, yo, yo, yo”, nos hemos dado cuenta que dentro de la iglesia ese “yo” se ha alimentado tanto que ya no se dice: “El Señor dice”, sino: “Yo digo, yo declaro, yo decreto, yo proclamo y los cielos se abren, y la puerta se abre”. ¿Y de dónde tú tienes para hacer eso? ¿De dónde, de dónde? No es lo mismo decir: “Que el Señor diga, que el Señor dice, que si el Señor quiere o si el Señor permite”. ¿Por qué? Porque ahí es que está la línea que es tan fina que nosotros a veces cortamos.
Entre la dependencia del Señor o entre la dependencia de mis propias fuerzas. Y entonces comenzamos a caminar en dos vías. El Señor quiere mostrarte tu debilidad, y por eso te sigue humillando ahí constantemente por su misericordia, para que tú entiendas que no es por ti, es por el Señor. Eso es por su misericordia que Él lo hace. Pero en el caso contrario, cuando tú comienzas a caminar y entender y adquirir cosas aquí en la tierra por medio de tu trabajo y tu esfuerzo, y tú comienzas a creer que tú lo has hecho tú, y tú comienzas a enaltecerte, y fuera de tu vocación el Señor no existe.
Y entonces ahí es donde tu foco se pierde, y ahí entonces es que la añadidura se ha convertido en tu reino, en vez de que el reino de los cielos sea lo primordial y la añadidura secundaria. Y en medio de esa inflación hay veces que viene el bajón y es duro, mi hermano. Cuando ese bajón viene en medio del proceso y tú no has podido presenciar la gloria de Dios.
Yo voy a leer lo siguiente, mis hermanos, yo escribí lo siguiente: “Comienza a caminar más en la gracia que en el poder de tus fuerzas. Comienza hoy a caminar en el poder de Dios más que en tus éxitos. Comienza a caminar más dependiendo de la gracia que lamentándote por las debilidades. Dios sabe cuánto has intentado cambiar y luchar y no has podido”. Esa es una debilidad. Has perdido, has luchado, has intentado, no has podido, es una debilidad.
Muchos de nosotros nos enfocamos en avanzar, nos enfocamos también en lo que no hemos conseguido, y eso realmente hace que nosotros perdamos el foco de nuestras vidas. Avanzar entonces ahí es que te darás cuenta cada día más que necesitas a Dios en medio de tu ecuación y menos tu humanidad para poder seguir la carrera y pelear la batalla. No es en tus fuerzas, porque realmente somos débiles, pero sí es en Cristo, a través del Espíritu Santo. Entonces pelear la buena batalla y vivir el Evangelio de manera más contemplativa va a hacer que nosotros deleitemos el Evangelio de Cristo.
Es una realidad: la debilidad no es algo que nosotros menospreciemos. La debilidad en nosotros nos permite crecer en el Señor.
Debilidad, procesos y formación del carácter de Cristo
Fíjense que la mayoría de cosas que acontecieron a los discípulos eran pruebas, persecuciones, y en medio de ellas, ¿qué hacía el Señor? Se glorificaba. Fíjense que cuando usted va a avanzar a un siguiente nivel, a veces Dios utiliza procesos para que usted entienda que necesitaba constantemente del Señor para avanzar a ese siguiente nivel. De forma tal que la debilidad lo que hace es que nos acerca a Dios porque comprendemos que sin Él no somos nada. “Separados de mí –dice Cristo– nada, absolutamente nada podemos hacer”.
Y nosotros, a nivel cultural, incluso enseñamos –y eso pasa de generación en generación– que, por ejemplo, yo me encontré con que me decían: “Los niños no lloran, eso es de débiles”. Y un tío mío… me pasó alguna vez, que es muy diferente. Por eso le digo que el sistema, por medio de la concupiscencia del pecado, no tiene la conciencia clara de cómo guiar incluso hasta una buena crianza a unos niños.
Me recuerdo yo, más muchachito, yo no era guapo, al contrario, era tranquilo, y una persona más grande, un muchacho más grande, a un primito mío lo “canqueó”, le dio un cocotazo, a buen dominicano, le dio un golpe por la cabeza para que me entiendan los que están a través de las redes. Y cuando vamos donde mi tío, mi tío me ve y ve a mi primo llorando y le pregunta: “¿Por qué tú lloras?”. “No, porque fulano me dio”. “¿Y Randy, qué tú hiciste?”. Y yo: “No, porque él es más grande que yo”.
“Ven acá, que tú tienes que defender a tu familia, tú eres el hombre, ¿que sí o qué?”. Y yo fui y, atento a lo que él me dijo, yo le entré a trompadas al muchacho, que era más grande que yo. De ahí para adelante yo me creía el papote, yo andaba con el pecho alzado, porque después que yo le gané a este grande, yo puedo ganar a cualquiera. Y me la creí, eso sí, que me dieron un par de fuetazos hasta que llegó uno que me dio duro. Pero para que ustedes vean y comprendan, mis hermanos, que a veces en la falla, en la ignorancia de las cosas –porque una cosa es decir: “Mira, cuando te pasen cosas así, ve a un adulto cuando es con un muchacho más grande que tú”, o no sé, trata de mediar o ser un mediador–; no te enseñan a ser mediador.
Al dominicano le enseñan a no ser mediador. Por eso es que tú ves que cualquiera te topa y lo que quiere es entrarte a tiros. El dominicano es el hombre más agresivo que existe: cualquier cosa no la baraja, es a pleito, y eso es una realidad porque vivimos en este país. Pero realmente, por la concupiscencia y por la ignorancia del sistema de crianza que hay, muchas veces nosotros inculcamos ese tipo de conducta en los hijos por el hecho de que “no sea débil”.
Y, sin embargo, la debilidad va más allá que el simple hecho de yo tener la acción de ir a pelear. ¿Tú sabes quién es guapo, quién es valiente? Tú sabes quién es alguien valiente: un cristiano. El hecho, mi hermano, de usted ser cristiano en un mundo caído, eso es de valiente. El Evangelio no es para todo el mundo. ¿Por qué? Porque con quien usted va a luchar constantemente su vida, día tras día, es con usted mismo.
Dice Cristo: “¿Tú quieres seguirme? Eso es fácil: niégate a ti mismo”. Y ahí hay un problema. “Toma tu cruz y sígueme”. Son dos problemas: uno detrás del otro, y lo último es seguirlo. Pero esos dos encajan: niégate a ti mismo, esa es la lucha constante para que entendamos esas debilidades. Toma la cruz, comprende que los procesos van a seguir y es constantemente que van a estar, y sígueme lo último ya, porque si tú puedes llevar los primeros dos, ya lo otro es seguir al Maestro, porque ya tú hiciste la parte más difícil.
Permanecer en la vid: dependencia diaria de Cristo
La debilidad nos mantiene humildes, eso es lo que Pablo estaba diciendo en segunda de Corintios 12:7, cuando él dice: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exalte desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera”. Aun el apóstol Pablo tenía la facultad para decir que él podía hablar, aun así el apóstol Pablo, para que no se enaltezca, su debilidad se mantiene ahí presente y se mantuvo hasta su muerte, cuando él dice: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera”.
¿Por qué usted cree que lo dijo? La batalla se la duró hasta la partida, hasta que a Pablo le cortaron su cabeza. Las debilidades nos enseñan que dependemos constantemente del Señor. Dice la palabra en Juan, capítulo 15, verso 5, lo siguiente:
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
— Juan 15:5
Nosotros… Él es la vid, o sea, es la fuente de vida, es la fuente. Un árbol que se seca porque no tiene vida no va a dar fruto; nosotros apenas somos los pámpanos. Y hay una parte importante en este texto: permanecer en Cristo. Para nosotros poder seguir caminando un Evangelio conforme al modelo de Dios, necesitamos a Cristo. Y aparte de necesitarlo, hay que permanecer, porque el que no permanece nunca fue del Señor. Esto es duro decirlo, pero es la realidad.
Cuando Él dice: “Ellos se fueron de nosotros, porque no eran de nosotros; porque aquel que es de nosotros permanece aquí”. Y esta es la parte en la que nosotros debemos dar gracias al Señor por su misericordia y su bondad, de que hasta el día de hoy Él ha permitido que permanezcamos dentro del redil de Dios. Eso es de valientes, y en medio de la debilidad es que nos ha llevado a nosotros a permanecer, porque codependemos del Señor. Esto nos ayuda a nosotros a poder caminar esa vida que Cristo ha preparado para nosotros.
En la debilidad, el Espíritu Santo intercede por nosotros. Dice en Romanos 8:26 lo siguiente:
Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
— Romanos 8:26
Nosotros ni siquiera hablamos bien, para que ustedes vean que nosotros somos tan débiles que ni aun así en la oración podemos hacerlo por nuestra propia fuerza. Orar, cuando hablamos de oración, es tener una comunicación con el Señor; en medio de la oración tú no puedes hacerla solo. Tiene que estar el Espíritu Santo intercediendo por ti para que lo que tú vas a decir, Él haga algo. Es como el Espíritu Santo, como el filtro: tú le pides una cosa a Dios y Él le dice: “No, no, Señor, eso no es lo que quiere, lo que quiere es esto”.
Y el mensaje que llega a Dios directamente es el que el Espíritu Santo hace por medio del mismo. El Espíritu Santo intercede por nosotros, pero esto lo hace en medio de qué: dice, “ayuda en nuestra debilidad”. ¿Por qué? Porque en la debilidad nosotros podemos ser usados, pero también podemos ser sanados, pero también podemos ser llevados a un siguiente nivel, porque el Espíritu Santo intercede por nosotros.
Ser débil, para el mundo, es algo que no está calificado para cumplir cualquier labor, o simplemente será menospreciado por la sociedad. Sin embargo, ser débil delante de la presencia de Dios significa una dependencia total para entonces ser fuerte y vivir una vida conforme al carácter de Cristo. Quédense con que separados de Él no podemos hacer nada; ya con eso es algo que nos da a nosotros a entender que nosotros somos una mínima cosa dentro del redil del Señor y que Él, en su misericordia y en su bondad, nos usa por medio del Espíritu Santo para que la función de la iglesia permanezca aquí en la tierra.
No por nosotros, no por nuestra propia fuerza, sino por lo que Dios hace por medio de nosotros, y esto nos hace a nosotros poner los pies sobre la tierra para que comprendamos que dependemos del Señor día tras día.
Cristo, nuestro sumo sacerdote compasivo en nuestras debilidades
Y termino con este texto, Hebreos 4, versículos 14 al 16. Por su misericordia, por su amor, por su gracia y por su bondad, tú y yo podemos decir hoy en día que somos hijos de Dios. No por lo que podamos hacer –le repito–, sino por lo que Dios hace por medio de nosotros. Debilidad, mi hermano, no es sinónimo de que usted es una persona que está descalificada. Debilidades son aquellas cosas que nos permiten acercarnos al Señor para constantemente darle la oportunidad de que Él permita que crezca Él sobre nosotros.
Eso es Dios en Dios. ¿Qué significa eso? Que Dios comienza, hace la obra, y Dios la termina. No nosotros, sino Él sobre nosotros. Dice lo siguiente:
Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
— Hebreos 4:14-16
Esta es una palabra que a nosotros nos lleva a la reflexión de manera interna, de forma tal que nos hace entender que, para nosotros avanzar, necesitamos retroceder hacia dentro y reconocer que sin Cristo nada podemos hacer. Porque su poder se perfecciona en nuestras debilidades. Amén.
Padre Santo que estás en los cielos, Señor, te damos gracias. Gracias porque hasta aquí, Señor, tú nos has ayudado. Señor, mira que nosotros, por tu misericordia, por tu amor, por tu bondad, tú te has placido que seamos parte del redil, porque desde antes de la fundación del mundo ya tú sabías nuestro nombre, ya tú nos conociste y tú nos diste el privilegio de ser parte del redil y ser coherederos del Reino aquí en la tierra, pero también del Reino futuro cuando tú vengas o partamos a tu presencia.
Padre, eso es más que un privilegio, eso es más que un regalo que tú nos has dado. Por ende, nosotros, con ayuda del Espíritu Santo, va a bastarnos desde ahora en adelante tu gracia en nosotros. Sin importar la condición, sin importar lo bien que yo esté o lo mal que pueda estar –física, emocional o incluso espiritualmente– dependo de ti, Señor. Dependo de ti porque para crecer y avanzar necesito tu ayuda por medio de tu Espíritu Santo. Padre, que tu palabra caiga en los corazones nuestros para que así seamos transformados, Señor, de gloria en gloria.
Padre, permítenos, Señor, abrir nuestro entendimiento para poner en práctica, Señor, todo lo que está establecido por medio de tu palabra. Padre, que nuestras debilidades, Señor, nos hagan entender y comprender que necesitamos rotundamente más de ti y menos de nosotros. Como dice esa canción: “Más de ti, menos de mí”. Así, Señor, queremos estar, que constantemente te busquemos a ti, porque es la única forma de seguir caminando la carrera que tú has puesto delante de nosotros.
Permítenos, Señor, avanzar en esta carrera, Señor. Ayúdanos, Señor, a crecer por medio de tu Espíritu. Fortalécenos, Señor, en medio de las debilidades. Danos ese gozo que sobrepasa, Señor, todo. Señor, permite que recibamos ese paz que sobrepasa todo entendimiento. Ayúdanos a vivir una vida en codependencia del Espíritu Santo, para hacer la buena obra aquí en la tierra, para glorificarte a ti, porque toda la gloria, toda la honra, te la mereces tú, Rey de reyes y Señor de señores, Jesús.
Gracias, Señor, por lo que hiciste por nosotros, por lo que estás haciendo y por lo que seguirás haciendo en nuestro día a día. Te lo pedimos, Señor, en el nombre de Jesús. Amén y amén.