Ya que estamos en tiempos peligrosos, hermanos. Ya que estamos en tiempos difíciles. Ya que lo que siempre escuchamos que está por venir, vemos de manera más concreta que va llegando. Creo que es el momento de preparar a la iglesia para tiempos difíciles. Primero vemos al Señor y que sea Él el que nos acompañe en la exposición de las Escrituras. Nos encomendamos, Señor, como pueblo en tus manos. Mira este aluvión que nos ha sobrevenido, Señor. Esta multiplicación acelerada de la maldad. Mira cómo la sociedad está siendo trastornada de manera apresurada. En todas estas cosas, Señor, te encomiendo a este pueblo que está aquí congregado, mirando nuestra tendencia natural a desesperarnos, mira nuestra tendencia natural, Señor, a sentir desespero cuando vemos que el impío se aparta.
Permite que la exposición, Señor, de las Sagradas Escrituras hoy traiga instrucción, hoy traiga consolación, hoy traiga denuedo y traiga esperanza, Señor. Permite que esta iglesia local sea un instrumento para la bendición de este país. Permite que mis hermanos, en los lugares donde tú los hayas puesto, Señor, que permanezcan ahí en obediencia, que permanezcan en confianza, Señor, y con la expectativa de fe de que tú puedas utilizar instrumentos pequeños para propósitos muy grandes. Todo esto, Señor, te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Consideremos, hermanos, cuál es el propósito de las Sagradas Escrituras. En medio de estos tiempos difíciles, en medio de estos tiempos peligrosos, le dice el apóstol Pablo a Timoteo:
Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.
— 2 Timoteo 3:14-15
En medio de tiempos peligrosos, en medio de tiempos difíciles, ¿qué le dijo el apóstol Pablo a Timoteo? Lo que le dijo fue: persiste tú. Dice nuestra introducción que el apóstol Pablo se refirió a los postreros tiempos como tiempos peligrosos, pues la multiplicación de la maldad en sus diferentes expresiones haría que quienes aspiraran a vivir piadosamente experimentaran persecuciones. Ante esta realidad estuvo animando a su hijo espiritual Timoteo, siendo su principal consejo que persistiera en lo que había aprendido desde niño. Esto es, las Sagradas Escrituras. Este sigue siendo el mejor consejo en nuestros días para que no nos desesperemos por el avance del pecado y persistamos en las Sagradas Escrituras, sabiendo que ellas cumplirán en nosotros su propósito.
Nuestro principal llamado como cristianos no es a detener el avance de la maldad en la vida del impío, sino a persistir nosotros en la verdad. Si las multitudes corren detrás del pecado, hermano, persiste tú. Yo, igual que ustedes, estoy preocupado, yo, igual que ustedes, siento la tentación de salir corriendo a detener al impío. Hermano, no quiero desmotivarlos en esto, sigamos orando y enseñando el evangelio, pero nosotros no tenemos tal capacidad. Lo que enseñan las Sagradas Escrituras es que en los postreros días habrá dos caminos, y el malvado seguirá caminando a su perdición y el santo caminará directo hacia su glorificación. Nuestro llamado principal como cristianos no está en levantar pancartas. Nuestro principal llamado como cristianos es a permanecer nosotros.
Y ante esta debacle que está por llegar a la sociedad, hermano, mi llamado para ti como tu pastor no es principalmente a que salgamos a protestar contra la promiscuidad, es a que nos cuidemos nosotros como iglesia local. Para que si el mundo va caminando a lo que es su seguro destino, no corramos nosotros la misma suerte que está corriendo el impío. Perdóname, hermano, pero he sentido una gran decepción en este tiempo porque veo mis hermanos recomendándole al impío que por favor se aparte del pecado. Ellos no tienen tal capacidad. Lo hacemos, hermano, y no dejaremos de hacerlo, pero no lo hacemos porque creamos que tenemos la capacidad de detener el avance del pecado. Dice la Escritura que en los postreros tiempos la apostasía será la realidad.
Y si en este momento el pecador camina hacia su degeneración, eso es totalmente consistente con lo que dice el libro de Romanos. No nos alegramos, hermano, pero lo entendemos. Alguien me dice: “Los pecadores piden leyes que les permitan pecar con mayor libertad”. Entonces yo le diré: el perro ladra. Sorpréndase usted si el perro dejara de ladrar, porque el perro ladra. No le pida a alguien que no sea consistente con su naturaleza. Una naturaleza caída caminará de continuo hacia el mal. Y no son estas cosas nuevas; me sorprende que la persona tiene la mano en la cabeza pensando que el pecado es novedad. Hermano, el pecado nunca ha sido novedad en el mundo. Vaya a los hijos de Caín y usted se dará cuenta que los cainitas eran un grupo de degenerados. Por los poemas que escriben, esas personas eran poemas de violencia. Su vida era una vida promiscua. El Señor destruyó toda esa generación.
Vayan y busquen la generación que se levantó después de Noé. ¿Y qué tal la generación en la cual vivían Pablo y Timoteo? La degeneración del hombre no es novedad en esta tierra. Lo que es novedad en esta tierra es la regeneración que el Señor, por su misericordia, permite que suceda en la vida de los santos. Lo que es sorprendente no es que el pecador peque; lo sorprendente es que el pecador que estaba muerto en sus delitos y pecados haya sido levantado de la muerte por la misericordia del Señor. He venido a decirte, hermano, lo primero en lo que tienes que persistir es tú. Le decía el apóstol Pablo a Timoteo: persiste tú en lo que has aprendido. Él está diciendo que en estos tiempos peligrosos —estoy en el capítulo 3, versículo 12—:
Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste.
— 2 Timoteo 3:12-14
Hermano, yo he venido a decirte que el principal llamado que tenemos nosotros como creyentes no es a evitar que el malvado camine a su perdición, es que persistas tú. Y mi preocupación en este tiempo no es tanto que el mundo esté operando según su condición y naturaleza. Mi principal preocupación, y he estado insistiendo en esto en nuestra iglesia local, es que sospecho que muchos hermanos míos, ante este aluvión de personas que están caminando a su destrucción, tengan la tentación de unirse a la multitud del mundo. Hermano, ante esta situación, nuestro principal llamado es: persiste tú.
La persecución como propaganda del pecado
Estos son tiempos peligrosos, son tiempos de persecución, y quizás tú no sientas la persecución porque directamente vengan a obligarte a pecar. Ese no es el tipo de persecución. Quizás la persecución se manifieste en un aumento, un incremento de la propaganda del pecado que te haga a ti mismo sentir una tentación que antes no habías experimentado para participar del mismo pecado. No estés esperando la tentación como que van a venir a tocar a tu puerta a decirte: “Ven, por favor, peca con nosotros”. Sentirás la persecución cuando las multitudes caminen hacia eso y tú mismo te preguntarás si ellos están en la razón o estás tú. Dice que a lo bueno le llamarán malo y a lo malo le llamarán bueno.
La persecución la sentirás, hermano, porque ya la sentíamos. La realidad es que nos estamos haciendo un poquito los locos, pero ya la sentíamos. ¿Cómo sentimos persecución? Persecución sentimos en la televisión, persecución sentimos en la radio, persecución sentimos en los medios que nos invitan a pecar deliberadamente. Lo que va a suceder en los postreros tiempos, hermanos, es que esta persecución con una propaganda desenfrenada del pecado para invitarte a ti se estará multiplicando. La gente se pregunta: “¿Y por qué está, por ejemplo, esta propaganda y búsqueda de un movimiento mundial buscando el matrimonio entre homosexuales?”.
No es que los homosexuales están locos por casarse, hermano. La realidad es que muy pocos de ellos realmente se casan. Y usted dice: “¿Por qué es que buscan con tanto fervor que se permita el matrimonio entre homosexuales?”. Porque el matrimonio entre homosexuales es algo escandaloso, y cuando eso sucede hay un aluvión de noticias que vienen a decirnos a nosotros que tal cosa es buena. Ellos no buscan el matrimonio entre homosexuales porque quieran glorificar a Dios viviendo en fidelidad eterna el uno para con el otro, no. Ellos buscan la aprobación del matrimonio entre homosexuales porque eso, indirectamente, es la mejor promoción que pueden tener para su pecado.
Por eso es mi recomendación, hermano, que por favor ninguno de ustedes esté en este tiempo compartiendo banderas homosexuales, propaganda homosexual en las redes sociales. Si usted va a hablar de eso, diga que eso ofende a Dios. No estamos llamados nosotros a subir: “Se aprobó el matrimonio homosexual en tal lugar, tantas parejas se casan”. Hermano, eso es promoción. Usted está haciendo relaciones públicas al diablo. Nuestro llamado en este tiempo es decirle a la persona que Dios sigue siendo Dios. Si usted quiere saber si el matrimonio es un deseo legítimo, hermano, ni siquiera los varones y las hembras en este tiempo quieren casarse. Bueno, ahora mismo donde hay un matrimonio hay que pararse de pie a aplaudir y decir: “Gloria al Señor, que ahí hay dos que quieren dejar a su padre y a su madre para unirse en matrimonio”.
¿Y usted cree que aquellos que son promiscuos, que no se quieren someter a nada, verdaderamente quieren casarse? Miren en Holanda, que fue de los primeros países donde se aprobó ese asunto. La proporción entre parejas de homosexuales que se casaron fue un récord cuando comenzó, y eso andaba por el 6 % de las parejas de ellos. O sea, que más del 90 % de los homosexuales en Holanda siguieron en su promiscuidad. El primer año, hermano, era una gran celebración, el 2001, porque 2414 parejas se casaron. Al segundo año solamente 1838; al tercero 1400 y pico; al siguiente otro 1200; ya van como por 1100. Dele 20 años, ninguno se casa. El hombre no quiere vivir del matrimonio; el matrimonio es una institución de Dios que es gravosa para el hombre natural y solamente aquellas personas que aman a Dios quieren vivir en matrimonio.
¿Y por qué quieren ellos estas cosas? Porque difunden con esto su promiscuidad. ¿Cómo vendrán, hermano, los tiempos peligrosos? No es que van a venir a punta de pistola a decirte: “Ven, peca con nosotros”. Es que te van a enseñar el pecado por tantos lugares y por tantos medios que tú mismo dudarás de tu propia convicción. Por eso dice el apóstol Pablo a Timoteo: persiste tú. Porque te van a decir que eso es bueno, y mira, la primera vez que tú lo veas te va a sorprender y te va a escandalizar; la segunda, tú lo ves y dices: “Ya yo lo vi ayer”; la tercera, y cuando lo enseñen 200 veces, tú mismo te preguntarás: “¿Realmente yo estoy en la verdad o están ellos? Cuidado si estoy confundido. No puede ser que todos los hombres estén equivocados”. Y hermanos, persiste tú.
El evangelio ha sido siempre, hermano, un asunto de minorías. Esto es, hermano, de un remanente siempre. O sea, el grueso del mundo caminará hacia la perdición. Hermano, persiste tú. ¿Cómo se manifestará esto? Armando un trastorno de lo que se llamaban valores en esta sociedad. Había hace 20 años un asunto que le llamaban los valores tradicionales de la familia. No eran convicciones cristianas que habían, pero la gente sabía lo que a Dios le agradaba, y todavía la promiscuidad era algo rechazado socialmente. La gente pecaba en silencio, hermano, pero los centros de práctica de pecaminosidad eran asuntos medios oscuros y de noche y lejos. ¿Cómo se va a manifestar, hermano, esta persecución? Que usted lo va a tener ahí al lado de su casa y las oportunidades estarán en todos los lados. Por eso, persiste tú.
Estigmatización del creyente y el ejemplo de Cristo
La estigmatización: miren, ahora es que uno va a saber si uno realmente se ha muerto en Cristo a un punto tal que le importa más la gloria de Cristo que su propia gloria, porque ahora el tiempo va a llegar donde los creyentes seremos estigmatizados. Anteriormente tú decías que eras cristiano y te aplaudían. Va a llegar un momento en que cuando tú digas que eres cristiano se van a burlar de ti. Y qué bueno que sea así, hermano, porque se manifestará quiénes todavía están vivos ellos en su ego o en quiénes Cristo reina. ¿Quiénes viven para su vanagloria y cuáles viven para la gloria de Dios? ¿Cómo se manifestará la persecución? Que no vas a ser celebrado y que cuando tú, en un lugar, digas que tú te opones a eso, te van a atacar de retrógrada, de persona que vives en el pasado, de exagerado, de intolerante. Persiste tú.
¿Cómo se manifestará? Estaremos cada vez socialmente más aislados y tenemos que prepararnos para eso. Ahora, yo les diré, hermano, que a Cristo esto le preocupa menos que a nosotros. Una vez nuestro Señor Jesucristo estaba predicando cosas que escandalizaban al mundo. Le dijeron: “Señor, se te están yendo”, como con una preocupación. O sea, los discípulos vinieron, y yo imagino que los discípulos, hermanos, contaban la gente que estaban con el Maestro: “Hoy tenemos 200, hoy tenemos 500”. El Señor predicó un sermón que no les gustó, y dice que desde aquel momento algunos dejaron de seguirle. Y le dicen: “Maestro, se te están yendo”. Y Él les dijo: “¿Y ustedes se quieren ir también?”.
Búsquenlo en Juan 6, hermanos, para que ustedes se den cuenta. El Señor no les dijo: “Ay, discúlpenme, vengan, que eso no es tan duro como ustedes piensan”. No. El Señor les dice: “Yo no voy a cambiar mi mensaje para que ustedes permanezcan. Si ustedes quieren, váyanse”. Hermanos, persiste tú. Dolor experimentarás cuando veas congregaciones completas apartándose de la verdad de Dios y siguiendo detrás del mundo, hermano, pero persiste tú. El Señor providencialmente nos permitió a Carolina, Gabi y a mí estar en California en el mismo momento en que se estaba aprobando allá la proposición 8, que legislaba a favor de otras cosas, y las iglesias, hermano, estaban divididas. Gran cantidad de iglesias evangélicas estaban a favor de este tipo de cosas.
Yo le pregunté a un pastor querido: “Hermano, ¿cómo esto ha sucedido?”. Él me dijo: “Mira, Rafael, lo que ha sucedido es que durante 40 años la exposición con la maldad ha hecho que gran parte de los creyentes de estas iglesias lleguen a entender que lo malo es bueno y que lo bueno es malo”. Cuando ustedes vean la multitud de creyentes participando de los mismos propósitos, yo les diré, hermano: Dios sigue siendo Dios, persiste tú. La tentación que tenemos nosotros en este tiempo era la misma tentación que tenía Timoteo. Timoteo que ya también sentía y decía: “Pablo, cinco amigos míos ya están en eso. Mira, Pablo, en otras iglesias también…”. Pablo lo dice. Timoteo, que corra el mundo detrás de la maldad, persiste tú.
Su desarrollo es consistente con su naturaleza caída. Que vuelva el cerdo a su vómito, hermano, eso no asusta a nadie. Vuelve el perro a su vómito. Claro, cada vez que lo menciono, vuélvemelo: “Pastor, pero hable de un gato”. Hermano, miren, en mi casa una vez llegó un gato muy bonito. Era un gato de otro tipo de gatos; le decían “gato angora”, un gato, hermano, con un pelaje… Así. Ese gato estaba en la casa de mi tío Luis y por alguna razón no pudieron tenerlo y lo mandaron para Lucerna, para la casa de nosotros. Qué gato más bonito, hermano. Ese gato parecía, ¡guau!, un gato de la aristocracia. Qué gato más elegante, hermano, y caminaba con ese garbo, con ese porte, y tú le servías la comida, el gato, con una elegancia, hermanos.
Y yo dije: “Pero esto hay gatos y hay gatos. Tu gato es un gato como con una actitud”, hermano, y te miraba así como… ¡guau!, qué gato. Uy. Hermano, yo vi el gato así y me quedé impresionado con el gato. En un momento vi al gato vomitar y se comió su propio vómito. Ya yo no lo volví a ver de la misma manera. Oye, hermano, se le fue todo al gato. O sea, ver que el pecador peque, eso es consistente con su condición. Persiste tú, hermano, que tú sí conoces la verdad, que tú sí conoces el evangelio, que tú tienes una mente regenerada, que tú tienes una nueva naturaleza.
Oponámonos públicamente a esto, hermano, pero si no nos hacen caso, persiste tú. Y hay una lucha; ese “persiste tú” tiene que ver porque hay una lucha en nosotros mismos. Uno se queja de estos pecados. A mí me llama la atención que el apóstol Pablo, en el primer versículo, describió una multiforme expresión de pecado que no era solamente la promiscuidad sexual. Entre los pecados que mencionó el apóstol Pablo, yo le aseguro que todos nosotros estamos luchando con alguno de esos. Y el problema es, hermano, que cuando un pecado destaca socialmente, la gente baja la guardia con los otros pecados y puede ser que usted no tenga ningún deseo de casarse como homosexual, pero esté luchando con el pecado en otras áreas de su vida y entienda que el único pecado es aquel.
Hermano, la promiscuidad sexual es uno. También hay otros que son amadores de sí mismos, otros son avaros, otros son vanagloriosos, soberbios, blasfemos, y quizás el tuyo esté ahí. Persiste tú en seguir luchando contra tu pecado, porque que aquel pecado sea ahora mismo un pecado top no significa que no estés luchando tú con los mismos pecados con los que has estado luchando hace rato. Hermano, entienda que el hecho de que aquello ahora mismo sea “trending topic” no significa que nosotros no tengamos que seguir luchando con las mismas cosas que luchábamos antes. Luchemos, hermanos, no contra un pecado en específico; luchemos contra todos, sobre todo con aquellos con los que nosotros tenemos la predisposición.
Sujetarnos a las Escrituras y rechazar mezclas
Una gran tentación es sujetarnos a las Escrituras en este tiempo. Cuando las Escrituras al hombre natural le son gravosas, pero nosotros tenemos que sujetarnos a las Sagradas Escrituras, y ese “persiste tú” que le decía Pablo a Timoteo era: persiste tú en aquello que has recibido y de lo cual te persuadiste. Él le dice: la tentación para nosotros como creyentes, hermanos, es hacer pausas temporales por comodidad. No tienes que contármelo, hermano; yo también lucho con el pecado y yo sé que a veces uno está tan cansado de luchar que uno dice: “Mira, yo tengo ya tres semanas, vamos a hacer una pausa y retomamos”. Persiste tú.
Hacer la voluntad del Señor en nuestras vidas no es cómodo, pero es necesario hacerlo. Te pongo un ejemplo. Miren, yo, después de trabajar muchos años en un teclado incómodo de una laptop, tomé el consejo, hermano, y estoy tratando de mejorar mi entorno de trabajo y compré un teclado ergonómico. Oiga, qué cosa más incómoda. Parece una nave espacial el teclado, hermano. Y cuando uno comienza a usar ese teclado —es un teclado que está partido en dos, pues tiene la posición natural de los brazos— te dicen: los brazos no van así, sino que van así. Entonces, el teclado está partido de ese modo y tiene una inclinación hacia abajo, o sea, que los dedos como que caen, y usted escribe.
Yo tuve un ratico utilizando ese asunto, hermano, y tuve que hacer una pausa. Dije: “Espérate, teclado, nos vemos ahora; vamos a lo mismo que yo he hecho siempre, aunque me esté dañando la mano completa, pero eso me es más cómodo”. ¿No es la misma lucha con el pecado? Usted luchar contra el pecado le va a parecer antinatural, y hacer la voluntad del Señor le va a parecer gravoso. Por eso dice la Escritura que seamos transformados mediante la renovación de nuestro entendimiento para que entendamos la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. A menos que sea transformada tu mente, tú siempre entenderás que la voluntad del Señor es locura y que el pecado es la verdad. Persiste tú, hermano, en lo que has recibido y en lo que te persuadiste.
Esas pausas temporales por comodidad no son sabias. Al enemigo no se le da tregua. Usted no puede estar luchando contra el enemigo de lunes a viernes y recibirlo el sábado y el domingo en su casa. Con el pecado se lucha todos los días, hermano, y es algo con lo que nosotros, hasta que seamos glorificados en el Señor, estaremos luchando. Persiste tú con la misma lucha que has tenido. ¿Cuál será la tentación de este tiempo? Mezclar la sabiduría de Dios con la sabiduría humana. Y eso no está sucediendo ahora mismo, hermano, hace años que la tentación es predicar la palabra del Señor con la sabiduría popular. Se mezclan las Sagradas Escrituras con psicología, con psiquiatría, con terapia, con “coaching”. Hermano, persiste tú en las Sagradas Escrituras solamente.
La tentación de este tiempo es dar 30 % palabra del Señor y 70 % conocimiento humano. Persiste tú en las Sagradas Escrituras. Él dice: tú recibiste esto y tú te persuadiste de esto, persiste tú. ¿Cuál es la tentación? Refugiarte en tu razón caída. Bien, hay veces que tú verás la voluntad del Señor y no verás la lógica que hay detrás de la voluntad del Señor. Recuerda que tu razón ya no es una razón perfecta; tu razón es una razón caída. Y cuando la mente caída de Rafael Pérez entra en conflicto con la palabra perfecta de Dios revelada, debe ganar la palabra de Dios por convicción, porque en lo que yo me pongo de acuerdo conmigo mismo, sea Dios veraz y todo hombre mentiroso.
Hay veces, hermano, que te será difícil entender la perfección de la sabiduría de Dios, y cuando te sea difícil entender la perfección de la sabiduría de Dios, recuerda que Dios no cayó, caíste tú. Y que la mente reprobada no es la mente de Dios, sino la mente del hombre. No tenemos autoridad moral para luchar contra la lógica de Dios, porque nuestros pensamientos son pensamientos de un hombre caído. Nosotros no estamos regenerados del todo, hermano, y comenzamos a ver y comienzan las cosas a hacernos sentido, pero a veces, en nuestra degeneración, cuestionamos a Dios en su sabiduría. Dios es sabio, Dios es perfecto, los pensamientos de Dios son más altos que mis pensamientos, dice la Escritura. Persiste tú en los pensamientos de Dios.
La tentación de este tiempo, hermano, será examinar no tus pecados a la luz de las Sagradas Escrituras, sino examinar tus sagrados pecados. Esa será la tentación, hermano. La gente primero consulta su pecado: “Vamos a ver qué dice la Biblia, ya que yo quiero hacer esto”. La Biblia entonces está en error porque mi pecado es sagrado. Lo que es sagrado son las Escrituras. Persiste tú en esto que has recibido. Lo que has recibido son las Sagradas Escrituras. Hermano, no examines las Escrituras a la luz de tus pecados; examina tus pecados a la luz de las Sagradas Escrituras. Porque cuando tú quieras hacer una cosa, tú encontrarás dos o tres versículos que parezca que Dios quiere que eso se haga.
Uno no se aferra al pecado y sale a buscar a ver qué Dios dice. Uno se aferra a Dios y se aparta del pecado. La tentación de este tiempo es, hermano, que se levantará gente y se le hará Escritura a su concupiscencia. En los postreros días aparecerán multitud de personas con comezón de oír, y en consenso se rodearán de maestros que les hablen según sus concupiscencias. O sea, que el deseo de pecar que tiene el hombre en su corazón encontrará predicadores que le digan que su deseo de pecar es un deseo legítimo, que es algo honorable, que es algo justo. Hermano, persiste tú, no en tus pecados, sino en la autoridad de las Sagradas Escrituras.
¿Cuál es la tentación, hermano? Comenzar por las Escrituras y después seguir tu propia agenda. Son las personas que tienen un versículo y parten del versículo, y después hacen lo que les da la gana. La realidad es que uno no comienza en la Escritura y después termina en su propia opinión. Uno comienza en la Escritura, permanece en la Escritura y termina en las Sagradas Escrituras. Escucharás personas predicándose a ellos mismos y te dirán: “No, pero yo leí un versículo”. Sí, al principio, y después, qué mucha sabiduría humana. Hermano, el peligro en este tiempo será que, así como el mundo va caminando en su concupiscencia, se levantarán púlpitos que les predicarán a la gente que sus pecados son hermosos y cosas agradables.
No, no, hermano, Dios no sigue tu agenda, Dios sigue su agenda. Y tú depones tus propios intereses por el interés de Dios, porque en su gloria está tu deleite, y solamente en la perfección de Dios el hombre puede encontrar paz. Hay cantidad de cosas, hermanos, que nosotros tendremos que enfrentar en los próximos años ante la realidad de un mundo que se ha vuelto sumamente peligroso para quienes practicamos la piedad. Pero tenemos que decirle dos más: nosotros no podemos permitir que las Sagradas Escrituras sean sacadas del debate público sin más.
La Biblia en el debate público y la trampa de la “interpretación”
Está aquel que me dice: “Yo quisiera que tú me des algunos argumentos que no tomen en cuenta las Escrituras acerca de eso”. Es como pedirle al arquitecto que haga el edificio sin geometría o pedirle al contador que olvide la aritmética. Yo no puedo argumentar con otra lógica que no sea la lógica de Dios, porque yo encuentro que esa es la lógica. “Ah, pero eso solamente lo crees tú”. Señores, la sociedad occidental durante 2000 años ha sido una sociedad que ha sido informada con las Sagradas Escrituras, a un punto tal que la democracia, las leyes, los mismos legisladores que el martes estarán debatiendo, ellos tienen una Biblia. Durante 2000 años las Sagradas Escrituras han informado la civilización. ¿Cómo nos piden ahora, como que sin más, que guardemos la Biblia porque es un libro viejo?
¿Y la física newtoniana no es vieja? ¿Y el teorema de Pitágoras no es viejo? ¿Por qué la gente cree que todo lo nuevo es bueno? Te pedirán en este tiempo: “No, por favor, arguméntame sin la Biblia”, y yo te digo: “Y si sacamos la Escritura, ¿quién será la autoridad? ¿Serás tú o seré yo? ¿O alguna persona que busquemos como una tercera autoridad?”. Hermano, si permitimos que las Sagradas Escrituras sean sacadas del debate público, no hay debate, porque no se concluye. El debate concluye porque Dios lo dijo. Y si Dios no ha dicho algo, entonces tu opinión y la mía veremos a ver si tú tienes más calidad que yo o veremos a ver si tú argumentas mejor que yo. Pero si sacamos la lógica de Dios del debate, no hay debate. Volveremos al tiempo de los jueces, donde cada quien hacía lo que bien le parecía.
Te dirán: “No, arguméntame sin la Biblia”, y tú tendrás que decirle: “Búscame un mejor recurso que no sea la Biblia”. Si tú me traes una fuente de autoridad que sea más fidedigna que las Sagradas Escrituras, digamos que ni planteártelo, porque no existe, hermano. La última gran tentación, hermano, que tengo que mencionar es reducir el significado de lo que es interpretación. El refugio del pecador siempre es apelar a que alguien está “interpretando”. Y cuando tú estás empecinado y tienes entre ceja y ceja acariciar tu pecado, tú vas a entender que cuando el predicador te expone las Sagradas Escrituras, esa es su interpretación. Y cualquier cosa que riña con tu pecado pues “esa es su interpretación, y esto que yo quiero hacer, esa es tu interpretación”.
Hermano, no hay cuatro interpretaciones correctas de las Sagradas Escrituras. Si cuatro hombres interpretan las Sagradas Escrituras de manera diferente, hay tres de ellos que están equivocados, o los cuatro podían estar siendo equivocados, pero los cuatro no pueden tener razón al mismo tiempo. Hay una interpretación solamente, y es la que sigue el pensamiento de Dios. Yo entiendo, hermano, que hay porciones de la Escritura que son difíciles, pero casi ninguna tiene que ver con temas morales. Es verdad, hay temas en la cultura que son controversiales. Por ejemplo, hay hermanos que entienden que Cristo vendrá en las nubes, y hay otros que entienden que la iglesia llegará hasta el cielo. Ahí hay controversia, mucha, hermanos, en los temas escatológicos.
Pero el pecado, el pecado, el pecado: avaro, vanaglorioso, soberbio, blasfemo, desobediente a los padres, ingrato, impío, sin afecto natural. En eso estamos toditos de acuerdo. Podemos debatir acerca de si nos encontraremos con el Señor en las nubes o no nos encontraremos en las nubes. Pero en que la promiscuidad es algo aborrecible estamos todo el mundo claro. Hermano, es más, hasta el que no es cristiano y es cuerdo sabe que eso es malo. Después de entender la lógica, no es que “esa es su interpretación”. Hermano, en temas morales la Escritura es muy clara, y los temas donde puede haber controversia son asuntos donde al final todos vamos a terminar de acuerdo, porque cuando nos encontremos en el cielo vamos a estar de acuerdo.
En primer lugar, hermano, les he estado explicando esta apelación de Pablo y su razón. Él le decía: “Persiste tú”, y yo quiero que eso resuene: persiste tú, y tú, y tú, y tú. “Y todo el mundo se fue”. Persiste tú. “Y mi vecino se fue”. Persiste tú. “Y mis familiares también van caminando al mismo despeñadero”. Hermano, persiste tú en lo que recibiste y te persuadiste. Esta palabra tengo que aplicarla: “te persuadiste”. Él no solamente está diciendo: “Persiste tú en esto que tú aprendiste y que tú entiendes particularmente que es verdad”. No; él le dice: “Timoteo, tú te persuadiste de este asunto”, y esa persuasión parece, hermano, que requirió cierto esfuerzo intencional.
Con esto les diré que el llamado de todo creyente es persuadirse en las Sagradas Escrituras, a un punto tal que tú tengas suprema confianza en que las Sagradas Escrituras son perfectas, que ya tienen una armonía interna que deslumbra el pensamiento del hombre, que son verdad, a un punto que puedas luchar con esto con confianza. Pablo está diciendo: “Tú te persuadiste de este asunto”. Hay gente que habla de las Escrituras como algo que hay que verlo como con cuidado, que no se puede profundizar mucho. Hermano, eso es inconsistente. Y no está mal buscar la evidencia. Miren, lea la Escritura, lea la Escritura, lea la Escritura, y mientras más la lea, más perfección encontrará en ella.
Esto no es como el truco de magia. En el truco de magia el mago viene, te impresiona y dices tú: “A ver, mira, yo voy a hacer las cosas”, y saca la mano: “Mira que el lápiz se sostiene”, y tú dices: “Enséñame el truco de nuevo”. “No, ya tú lo viste, no te lo enseño”. Si tú ves el truco tres veces, tú ves dónde está. Las Sagradas Escrituras tú las puedes exponer una vez, dos veces, diez veces, cien veces, doscientas veces, y siguen siendo consistentes. Hermano, no hay temor. Pero yo tengo, en medio de todo esto —me duele por la situación del mundo y cómo camina a su despeñadero—, pero yo tengo dentro de mí, hermano, cierta expectativa de alegría porque ahora mismo hay dos cosmovisiones que están chocando, hermano.
Está la verdad de Dios contra el pecado, y eso, hermano, yo estoy como sentado así, esperando a ver cómo va a prevalecer la verdad de Dios, esperando cómo Cristo reina ante este choque. Hermano, son dos cosmovisiones que están chocando en este momento, y ante este choque, hermano, yo estoy como sentado ahí en un palco, esperando a ver cómo Dios será glorificado en este tiempo. Y el cristianismo avergonzó esa misma cosmovisión hace escasos 1800 años. Miren, en el siglo tercero, Roma, la Roma grecorromana en su parte tardía, era un imperio promiscuo. Hubo un emperador romano que dormía con su caballo. Un imperio donde su emperador duerma con un caballo, imagínense ustedes qué era. Nosotros somos chivitos altos de juego en este tiempo, hermano, en relación con lo que eso era antes.
El cristianismo llegó a Roma, chocó con esa cosmovisión, hermano, y Roma, en cien años, dice que se hizo cristiana. Después de este choque de dos cosmovisiones, lo que se va a demostrar es que sea Dios veraz y todo hombre mentiroso. Por eso dice la Escritura que al final toda rodilla se doblará para la gloria de Dios Padre. Hermano, no hay temor en esto. El mundo desafiará a Dios, pero Dios reina. No hay manera. Yo tengo —no es que lo vea como un asunto de “yo estoy loco por…”— no, no es eso, hermano. Pero en medio, en medio, en medio, yo voy a Cristo. O sea, en medio, Cristo reina. No hay duda alguna, hermano, de que mi cosmovisión cristiana es superior a cualquier tipo de mentira, como lo fue en Pablo también.
“¿Tú creíste en esto? Persuádete de esto”, hermano, a un punto tal que tengas confianza.
El privilegio de conocer las Escrituras desde la niñez
Me muevo un poco. Pablo le dijo a él el beneficio de conocerlas temprano. Le dijo: “Y desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras”. Aquí voy un poco más rápido porque ya yo expuse ese mismo versículo en noviembre del 2013. Si usted no estuvo aquí, pues, le pide a los diáconos que le pasen el audio, que yo lo guardo. Pero le diré, hermano, que conocer la Escritura desde la niñez tiene enormes privilegios. Por eso deberíamos hacer lo posible de que los niños, los adolescentes —sean hijos suyos, sea vecino suyo, esté cerca suyo— vengan a la casa de Dios a conocer las Sagradas Escrituras. Los beneficios son altos.
Es un privilegio, hermano. Mira, no quiero ser desconsiderado con mis hermanos que llegaron, ¿verdad?, después de cierta edad, pero es un privilegio, es un privilegio haber conversado temprano. Si usted vino tarde, hermanos, redoble el esfuerzo, hágalo, pero la verdad, hermano, es que hay enorme privilegio de conocer temprano las Sagradas Escrituras. Lo primero, hermano, es que ellas te evitan divagar. Cuando una persona no tiene una mente informada por las Escrituras, es una mente que está divagando, buscando siempre. Judas capítulo 1 lo describe como nubes sin agua, son como que van buscando, son vendidos a todas las ideas. Un creyente, hermano, sabe en qué ha creído, y viene otra filosofía y él la refuta rápido. Él dice: “Yo no tengo que estar vendido a eso”, y él ve a sus amigos corriendo detrás de eso y él no divaga de un lugar a otro.
Muchos de ustedes vinieron a Cristo después de estar divagando en falsas religiones, en falsas filosofías. Algunos vinieron del materialismo. Lo menos que usted tuvo fue una filosofía que se llama la superficialidad y la mente vendida. El no creer en nada es una filosofía; es un planteamiento filosófico: “¿En qué tú crees?” “En nada”. “Ah, en eso tú crees”. Pero la realidad, hermano, es que la mente humana está hecha para ser regida por algo. Nadie “no cree en nada”. O sea, el que menos cree, por lo menos él mismo cree en su propia filosofía, en su superficialidad, y de ahí el Señor te sacó a ti. Oye, hermano, pero qué tiempecito valioso perdiste divagando en esas cosas.
Treinta años vendidos a asuntos. Por eso, hermano, es que no hay mérito en haber sido un buen pecador. Yo veo a la gente que cuenta a veces su testimonio como que anteriormente eso era bueno: “No, yo en el mundo hice esto, yo hice lo otro”. Hermano, eso no tiene mérito. Mérito tiene el Salmo 1, que dice:
Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará.
— Salmo 1:1-3
“Ah, no, yo voy a esperar a los 40 años”. Mire, mientras más temprano usted comience, mejor. Parte de la dificultad que tiene el hombre para convertirse es que hay personas que tienen una estructura de error de 50 años y después tienen que destruirla para comenzar a edificar. Hay beneficios. Dice: “Desde la niñez las has conocido”. Nos evitan el tropiezo innecesario. Oye, recuerdo esto como predicando en el 2003. Asimismo, miren, hay pecados; los pecados tienen consecuencias temporales y consecuencias eternas. Cuando usted peca contra Dios, usted se sale de la voluntad de Dios y le va mal, y cuando usted viene a Cristo, Cristo perdona inmediatamente. O sea, la justificación, las consecuencias eternas del pecado son quitadas en un abrir y cerrar de ojos. Pero las consecuencias temporales a veces nos acompañan toda la vida.
Y hay gente, hermanos, que el malestar que le ha causado los pecados que cometieron en los años 50, 60 y 70 todavía en el 2015 los están alcanzando. Y dirían: “Yo quisiera volver atrás, a los años 50, 60 y 70, para andar temprano en los consejos de Dios, para evitar el camino de los pecadores”, porque esas consecuencias, hermanos, el Señor permite, para su gloria, que nos acompañen hasta que nos vayamos. Dice la persona: “Si yo hubiera formado una familia en los caminos del Señor, qué distinto hubiese sido”. ¿Tú crees que eso es raro, que el Señor quiera que los hijos nazcan en el matrimonio? Sí, el hombre natural tiene los hijos sueltos, pero eso no es agradable.
Y dice este hombre, poniéndose la mano en la cabeza: “¡Guau!, ¿y ahora? ¿Y cómo hago? Yunduraz”. No se desespere, hermano, espere que el Señor se glorifique ahí, pero hay consecuencias del pecado con las que usted se va a morir. Te evitan el tropiezo. Mira, la Escritura tiene ordenanzas directas de Cristo que Él te dice: “No hagas” o “haz”, y después te dice: “Para que te vaya bien”. Hay ejemplos positivos para imitar y hay ejemplos negativos para evitar. Y propongo ejemplo negativo —que es el ejemplo que más le gusta al impío— de que no: “Salomón tuvo muchas mujeres”, y miren cómo terminó. Eso no es para imitarlo, hermano, es para evitarlo.
Con esto les diré que es un privilegio que tu mente temprano haya seguido las Sagradas Escrituras, porque te evitan el tropiezo. Y tienen un beneficio que es como un beneficio incremental. Mientras más usted llena su mente de la palabra del Señor, más provecho tiene en esto. Más que los primeros meses de la vida cristiana, que son muy exploratorios —te vas poniendo doctrina y demás—, pero mira, cuando usted tiene un año en la familia del Señor, ya usted tiene como una zapata, y de ahí para arriba, hermano, su vida se va edificando cada vez más edificada, más edificada. Eso es como el interés compuesto: mientras más, más. Mientras más conoces de Dios, más profundidad tiene tu mente.
Un caso con el que yo ilustro esto es en la música. Usted puede, con 50 años, comenzar con el teclado, pero esos dedos, hermano, ya con reumatismo y demás, no, no; no es igual. O sea, es verdad, es un privilegio estar ahí desde los cinco años haciendo el do-re-mi. “No, que yo tengo 60, pero…” A cualquier hora se puede comenzar; a cualquier hora se puede comenzar, pero no es igual, no. El violín, miren, el violín. Hay una memoria que se llama memoria muscular. Usted va a comenzar a ejecutar el violín y primero es hacer que su cuerpo se adapte al instrumento, a un punto tal que sea como una extensión de su cuerpo. Un pastor ya entrado en años —yo me lo encontré— se dedicó, había una escuela de música. Le dije: “¿Cómo aprender violín?”. Oye, hermano, yo me deleité porque fui a un recital y el pastor estaba tocando el violín. Ya estaba grandecito el pastor, sí, yo lo vi ahí sacándole notas a un violín.
En días pasados me lo encontré en un evento de pastores. Le dije: “Pastor, ¿y el violín?”. Y me dijo: “No igual, hermano. Hay un callo que le dicen el callo del violinista que sale ahí”. Y eso, hermano, hay que hacerlo desde temprano. Lo mismo pasa con una guitarra. Extender esos dedos para que se muevan, eso hay que comenzar temprano, porque la cejilla con reumatismo no se hace. Hay que empezar temprano. Hermano, conocer las Escrituras desde niño tiene un beneficio, y de nuevo, mire, le aseguro que… No quiero desestimularle; si usted comenzó tarde, redoble el esfuerzo. Pero algo que he visto consistentemente a través de la historia de la iglesia es que los hombres que más fruto han dado para el Señor son aquellos que comenzaron a edificar su mente temprano con la palabra de Dios.
“¿Y si yo comencé tarde, qué hago?” Redoble el esfuerzo, hermano. Bueno, un predicador para mí dilecto, el doctor Martyn Lloyd-Jones, comenzó ya después de grande, y el Señor le permitió dar mucho fruto, pero son excepciones. Por ejemplo, mi predicador favorito del siglo XIX, Charles Spurgeon: a los cinco años ya había leído “El Progreso del Peregrino”. Oiga, a los cinco ya había leído “El Progreso del Peregrino”. A los nueve ya estaba leyendo teología profunda —no el credo abreviado, sino teología profunda— a los nueve, y a los 20 años ya había predicado sus primeros 600 sermones. A los 20, sus primeros 600. Otro lo busca después de 40 años y todavía va a decir: “Sigo igual”. No es igual.
¿Y tú qué estabas haciendo a los 13 años? Mirando a ver cómo cogías la cienvida, de contra, volando chichiguas. Bueno, no es igual. Wesley, por ejemplo, dice que su mamá, Susana Wesley, lo alfabetizó para que leyera las Escrituras. O sea, que ese muchacho, su mamá lo alfabetizó para que leyera las Escrituras, y en la adolescencia ya estaba dando fruto. Y Jonathan Edwards, su hermano, dice que a los 13 años ya estaba en Yale estudiando para ser pastor. Y usted lo encuentra a los 13, y usted lo encuentra después de los 50, pero qué vida tan fructífera. ¿Y qué pasó? Que desde la niñez has conocido las Sagradas Escrituras.
Pero él no solamente había conocido las Escrituras, sino las Sagradas Escrituras. Y aquí tengo que decirle, hermano, que esto no es un libro más. Y se ha relajado mucho en este tiempo de que la gente entienda que esto es un libro. No, esto no es un libro. Estas son las Sagradas Escrituras. Este es un libro singular. Esto es autoritativo. Hay muchos libros, hermano, pero este es el libro. Este es el libro definitivo. Lo que Timoteo había conocido no solamente eran las Escrituras; él había conocido que las Escrituras eran sagradas, y eso es importante.
La reverencia a la palabra de Dios, hermano, tiene que ser cultivada, a un punto tal que tú tengas un acercamiento a la Biblia que no es el acercamiento que tú tienes a cualquier libro. De modo que cuando tú abras la Biblia, tú estés dispuesto a escuchar en la Biblia la palabra de Dios. Y desde niños hay que enseñarles que hay un libro que es superior a cualquier otro. Y eso a ti te va a parecer temprano como que es un poco religioso, un poco que eso es un fariseísmo. Pero a los niños hay que enseñarles a respetar la Biblia. Hermano, “Papi, mami, ¿qué es eso?” “Esa es la Biblia, esa es la palabra de Dios”.
Por ejemplo, una de las cosas que se le enseña a un niño es que no se colocan objetos encima de la Biblia, que la Biblia no se tira al suelo, que no se raya, porque es la palabra de Dios. “Ay, pero eso es importante”. Sí, esa es la parte simbólica. Por eso mi consejo a los padres de la iglesia es que eviten que sus hijos, principalmente en la edad donde el cerebro tiene que saber esas cosas, lo que tengan sea tablet y celulares con la Biblia. Regálenle una Biblia para que él sepa que hay un libro que es un libro singular. Y cuando él entienda que esas son las Sagradas Escrituras, después la leerá en la computadora, en internet, en la tablet o en cualquier lugar. Pero nuestros hijos deben saber que existe un libro que se llama las Sagradas Escrituras, y eso hay que saberlo desde niño.
Ya les he mencionado la apelación de Pablo: persiste tú. Les he dicho el beneficio que tiene conocerlas temprano, beneficio incremental. Ahora debemos decir cuál es el propósito de las Sagradas Escrituras. Él le dijo: el propósito de este libro es hacerte sabio, pero no la sabiduría de este mundo, sino sabio para salvación. Y es el único libro que tiene ese asunto. Hay muy buenos libros, hay libros muy interesantes, pero ningún otro libro tiene la capacidad de hacer que el hombre pecador, muerto en sus delitos y pecados, amador de sí mismo, amador del mundo, entregado al pecado y la promiscuidad, sea sabio para salvación.
Sabiduría del mundo vs. sabiduría para salvación
Hay algunos que son humanamente sabios, pero hay hombres que son sabios para salvación. Es una sabiduría singular. Los libros hacen a los hombres naturalmente sabios, y eso no es malo, hermano. No es un asunto menor que una persona haya leído muchos libros o visto mucho cine o viajado mucho. Todas esas cosas son loables; son una cultura general que es útil. Pero no alcanza para salvación. Por ejemplo, un hombre que es sabio humanamente hablando —yo le mencionaba a ustedes el caso de uno de los hombres más sabios que yo he conocido, de un abogado para el cual trabajé— fue el que me introdujo en la lectura de buenos libros. Pues yo quería quedarme hablando con él durante horas, porque su conversación era una conversación interesante, muy atractiva.
Cuando él hablaba, hermano, como que yo decía: “Guau, pero… ¿y cómo es que él habla así, y cómo es que uno siente esas palabras como pesadas?”. ¿Y qué es lo que pasa? Que era un hombre humanamente sabio, muerto en sus delitos y pecados. ¿Cómo se manifiesta la sabiduría del mundo? La sabiduría del mundo se manifiesta, primero, en una conversación atractiva. Cuando tú comienzas a leer buenos libros o a escuchar buena música o a ver buen cine o a viajar, tú te darás cuenta de que tu conversación como que se vuelve más interesante, tienes referentes y demás. Pero al mismo tiempo, un hombre que es humanamente sabio, sus afirmaciones tienen cierta autoridad, y cuando él habla, como que no habla por hablar, como que habla con cierto peso. Es gente que sabe cuidar las palabras, que sabe colocar la palabra precisa, sabe guardar silencio. Y dice el libro de Proverbios que hasta el necio cuando guarda silencio pasa por sabio.
Son sabios humanamente hablando. Eso es aplaudible, pero están muertos en sus delitos y pecados. ¿Cómo se manifiesta? Miren, los sabios de este mundo casi en todo lo que hacen tienen un gran deleite. Por ejemplo, hay gente que tiene cultura gastronómica. Quien tiene la cultura gastronómica sabe comer y come quizás menos que usted, pero tiene un deleite en eso exponencial. Y te dice: “Mira, esa comida es como que explota, se siente como en el paladar, en la parte de atrás, y es como agrio, pero dulce a la vez”. Y él está en todas esas cosas. Esos hombres de comida, que son sabios, hermano, humanamente hablando. Pero es verdad, hay gente que come y disfruta más que los otros, y comen como unas porciones de comida, hermano… Me dicen: “No, que esto es gastronomía; alta gastronomía”. Y tú dices: “Guau”. Pero están muertos en sus delitos y pecados.
El hombre sabio humanamente hablando es lo que el mundo dice de ellos. Por ejemplo, dice: “Ese hombre no se detiene ante las adversidades de la vida, tiene salida, saca de abajo”. Muerto en sus delitos y pecados. Sabiduría del hombre, sabiduría humana. Ustedes han conocido gente así que dicen: “Mira, fulano, ese no se detiene; ese le da para adelante, saca de abajo”. Sabiduría humana, hermano. “Fulano es de esos hombres que tienen respuesta para todas las interrogantes grandes y pequeñas; no hay dilemas que lo ofusquen. Para todo tiene salida”. Esos son los que el hombre dice: “Ese tiene menudo para devolver; ese no se queda con la de nadie; se la sabe devolver”. Sí, sabiduría; muerto en sus delitos y pecados.
Hay otros que dicen: “Bueno, cuando fulano habla, como que ha vivido mucho”. Y parece, cuando él habla, como que están hablando los años. Y la persona que ha tenido todas las experiencias que ha tenido, todos los dilemas que ha tenido, todos los deleites —regularmente han vivido vidas muy pecaminosas—, pero su pecado saben redibujarlo de forma tal que describen su pecado, hermano, de manera tan vívida que tú dices: “Guau, ese sí ha vivido”. Muerto en sus delitos y pecados. La sabiduría que se alcanza con este libro es una sabiduría singular, porque es la única sabiduría —dice la Escritura así mismo— que te puede hacer sabio para la salvación.
Tú puedes haber leído a Dostoievski y sigues muerto en tus delitos y pecados. Tú puedes haber viajado por todas las partes del mundo y conocer de todos los lugares; puedes ser el mejor guía turístico que puedas tener, muerto en tus delitos y pecados. Las Escrituras son importantes, hermano, porque te hacen sabio para salvación. ¿Y cómo eso funciona? Esto comienza cuando tú, este libro, se abre y el Espíritu Santo opera en él. Este es el único libro, hermano, que viene con un asistente. Hay libros que traen —yo he visto libros que traen cuadernillo de trabajo, yo he visto libros que traen hasta libros de guía, de interpretación del Quijote— pero este libro, hermano, tiene uno que se llama un ayudador, que es el Espíritu Santo, que dice que nos llevará a toda verdad.
Por eso dice la Escritura que cuando Cristo se encontró con sus discípulos al final de su ministerio, dice que les abrió el entendimiento para que entendieran las Sagradas Escrituras, y comenzaron a ver a Cristo en Moisés, en la ley y en todas partes. Este libro, hermano, no viene solo. Este es un libro bien acompañado por el Espíritu Santo, y cuando una gente lee este libro, el Espíritu Santo abre las ventanas de su entendimiento, fortalece su carácter y puede entender la voluntad de Dios y la puede poner por obra. El Quijote no tiene eso, hermano. Sabiduría que alcanza para salvación.
Por eso, cuando la palabra del Señor es expuesta, cosas se mueven en el corazón del hombre y uno siente a veces como las punzadas y tú dices: “¿Pero qué es lo que pasa?”. El testimonio más frecuente es que la gente dice: “Pero como que me conoce; como que me está predicando a mí”. No, no es el instrumento; es que la palabra del Señor penetra hasta lo profundo del ser humano. Dice la Escritura que es más cortante que espada de doble filo. Por eso, hermano, alguien me preguntaba: “Oye, pero ¿qué es lo que pasa? Tú predicas las Escrituras como con pasión”. Es que cuando yo voy a predicar las Sagradas Escrituras, hermano, yo sé que tengo en la mano un asunto extremadamente poderoso.
Cuando usted predica la Escritura, usted siente eso, hermano. No hay cosa más poderosa que la palabra de Dios. Eso penetra hasta los tuétanos, dice ella misma. Yo siento, hermano, a veces cuando yo predico la Escritura que eso es como si fueran piedras que usted está lanzando al alma del hombre. Pues yo mismo lo siento, hermano. Yo, a veces, estoy leyendo la Biblia y tengo que dejarla y decir: “¡Guau, Señor, tú me estás confrontando en mi pecado!”. Entonces, la única que tiene la capacidad de hacer que el soberbio sea humillado, que el ciego vea, que el cojo camine espiritualmente hablando, la única es esta.
Así comienza la salvación. Cuando tú estás expuesto a las Sagradas Escrituras, el primer fenómeno que sucede es que usted entiende. Y eso tanto entender este asunto es peligrosísimo, porque si lo entendió, significa que el Espíritu Santo obró. Para el hombre natural estas cosas, dice la palabra de Dios, son locura, pero para nosotros son poder de Dios. Por eso, si una persona escucha la exposición de la palabra del Señor y la entiende, hermano, definitivamente ahí sucedió un fenómeno sobrenatural, porque para él lo que era locura ahora le ve sentido y después le parecen hasta agradables.
El primer testimonio que da un creyente verdadero es una pasión por las Escrituras que anteriormente no tenía. Y quiere consultarlas, y quiere leerlas, y quiere llenar su mente de ellas. Y tú dices: “Pero tú te pasaste 40 años muerto en tus delitos y pecados y ahora quieres llenar tu mente de las Sagradas Escrituras”. Sí, es que la salvación comienza con regeneración. El Señor permite que tus ojos, espiritualmente hablando, sean abiertos. Y cuando un hombre encuentra que sus ojos son abiertos, lo primero que encuentra es que él no estaba tan bien con Dios como él pensaba que estaba.
Y eso es como un examen médico de rutina. Usted entra normal y le dan un resultado que sale de ahí en silla de ruedas. Dice: “Pero yo entré caminando; ¿por qué me ha dado tan duro el resultado que ahora no puedo ni caminar por mis propios pies?”. Lo primero que te enseñan las Sagradas Escrituras es que estás muerto en tus delitos y pecados y que no hay nada en ti que sea agradable delante de Dios. Y que tú habías estado engañando durante años diciendo que tenías una relación con Dios pero que eras enemigo de Dios. Eso, hermano, es como si tú vas manejando de aquí pa’ Bonao y usted se duerme en la carretera y cuando abre los ojos se siente que un camión se le viene encima.
Cuando la persona tiene sus ojos abiertos por las Escrituras, lo primero que ve es que es un pecador en las manos de un Dios airado y tiene que clamar por misericordia. Lo primero que hace el Señor es que te regenera para que veas tu verdadera condición de pecado. Y lo segundo que hace es que te justifica: la justicia, los méritos de Cristo son imputados al pecador. “Justificados, pues, por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, y esto no es de nosotros sino que es don de Dios”. Y lo tercero que hace la Escritura es que nos va santificando progresivamente. Y mientras más tú consultes el libro, hermano, más el Espíritu Santo va haciendo obras en tu vida. Los cristianos no cambiamos por buenos consejos, hermanos; los cristianos cambiamos leyendo las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación.
En primer lugar, les he expuesto la apelación del apóstol: persiste tú y tú y tú; persiste tú. “El vecino se devolvió; Señor, ¿te quieres devolver tú también?” Persiste tú. Les he enseñado el beneficio de conocerlas desde temprano —mientras más temprano mejor—, un beneficio incremental. Les he dicho también cuál es su propósito: hacernos sabios para la salvación. Y termino, hermano, diciéndoles cómo las Sagradas Escrituras alcanzan este excelso propósito.
Encontrar a Cristo en las Escrituras y la fe razonable
Cómo las Escrituras nos hacen salvos. Esta es la parte quizás que mucha gente necesita conocer en la vida cristiana, porque están esperando que algo suceda, pero no saben cómo va a suceder. Y si usted supiera cómo sucede, entonces usted puede permitir que esto con más facilidad sea alcanzado. Si usted quiere jugar pelota, lo primero que tendrá que saber es cuál es el mecanismo, cómo se anotan carreras. Hay gente que le da duro a la bola, pero no sabe correr las bases. Se comienza por primera, segunda, tercera, y si usted llega “home” primero que la bola, es carrera. “Ah, pero yo no sabía”. No, no; primero usted aprende cómo se hace y después usted le saca provecho a esto.
¿Cómo es que las Escrituras operan el propósito central? El propósito central de esto, hermano, es encontrar a Cristo. Dice: “Te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”. Uno lee las Escrituras no solamente para llenar su mente de información; uno lee las Escrituras para, en las Escrituras, encontrar a Cristo. La salvación no viene porque usted haya leído la Biblia entera. La gente dice: “No, cuando yo lea la Biblia entera…”. Hay gente que no la ha leído entera y ya son salvos, y personas que la han leído entera tres veces y siguen muertos en sus delitos y pecados.
La dinámica de esto, hermano, es encontrar a Cristo en las Escrituras. Cristo les dijo a los hombres: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Él, al final de su ministerio, lo que hizo fue enseñar las Escrituras. Si usted encuentra a Cristo en las Escrituras, usted es sabio para salvación por la fe que es en Cristo Jesús.
Miren, hay asuntos que son importantes, pero secundarios. La mente de un cristiano no es la de un experto en biografías bíblicas. Hay gente que se conoce todos los personajes bíblicos, que le conocen cuál fue el papá, “fulano engendró a Zutano, y Zutano engendró al otro”. Hermano, usted quizá no sepa que el papá de Sansón era Manoa, pero usted puede ser sabio para salvación. Y es importante conocer las biografías, pero es secundario, hermano. Si usted se sabe todas las biografías y usted no ha encontrado a Cristo, usted sigue muerto en sus delitos y pecados.
Por ejemplo, la geografía bíblica, hermano, eso es un deleite. Hay gente que sabe dividir las regiones y dice: “Mira, Samaria está aquí arriba, Judá por aquí, Jerusalén queda por aquí”. Bueno, tienen la geografía bíblica. Es importante conocerla; para muchos textos bíblicos es algo que ayuda, pero es secundario. Usted puede conocer con detalle la geografía bíblica y ser salvo, y usted puede ser un cartógrafo del mundo o de las Escrituras y estar muerto en sus delitos y pecados.
Hay gente que ya distingue género literario; ya sabe lo que es una epístola y un evangelio. Dice: “No, una cosa es la epístola y otra cosa es el evangelio”. Muerto en tus delitos y pecados. El asunto es encontrar a Cristo, hermano, no el género literario. Y es importante conocer los géneros literarios, hermano. La historia contextual: miren, hay personas que son expertos en el imperio egipcio tardío y el temprano, y saben los emperadores: “Mira, el faraón en el tiempo del éxodo fue fulano; ese fue el que construyó las pirámides”, y conocen el mundo babilónico, y conocen el imperio medo-persa y el griego, y los romanos, el grecorromano, y se conocen, hermano, no solamente los imperios de la Biblia, sino toda la historia contextual de las Escrituras.
Sí, son buenos historiadores, muertos en sus delitos y pecados. El propósito de esto, hermano, no es llenar tu mente de información —y eso es importante—. El propósito es hacerte sabio para salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Si usted leyó la Biblia y no encontró a Cristo, perdió el tiempo. Fue sabio, pero no con la sabiduría que alcanza para salvación.
Hay asuntos que son secundarios aunque importantes. Hay personas que son filólogos de las Escrituras y saben cada término, dónde se ha utilizado. Es la persona que sabe decir: “Pablo, cuando utilizaba el término ‘meno’, él no estaba diciendo ahí ‘persiste’, sino ‘permanece’”, y sabe la historia de la palabra y cómo se utilizó en los textos griegos clásicos. Todo eso es útil, hermano, pero usted ser un filólogo en las Escrituras no lo hace sabio para salvación. Sabio para salvación es aquel que en las Escrituras providencialmente encuentra a Cristo.
Y los dilemas, hermano. Hay gente que es experta en los dilemas. Miren, hay dilemas que no podemos resolver. El “orden salutis”, el orden de la salvación, es un dilema. Yo no sé, la gente me dice: “¿Primero la persona, Dios lo determina para salvación y después alcanza la salvación?”. Yo no sé, hermano. Yo he llegado a un punto de esos que yo lo veo por un lado y me parece que sí, por otro me parece que sí. Ahora, yo sé que si una gente encuentra a Cristo en las Escrituras, es sabio para salvación. Quizás no sepas resolver ese dilema, pero eres sabio para salvación.
Alguien me pregunta: “Pastor, yo quiero saber si estoy creciendo en mi conocimiento de las Escrituras, si me están aprovechando”. Respondo a esta pregunta: ¿ya tú ves a Cristo más claramente? ¿Ves a Cristo en Génesis, a Cristo en Éxodo, lo ves en la monarquía, ves a Cristo en el exilio, lo ves en los evangelios y en las cartas pastorales, ves a Cristo? ¿Y en Apocalipsis puedes ver al Cristo glorificado? Si ves a Cristo claramente en las Escrituras, no estás siendo sabio con un conocimiento humano, sino que estás siendo sabio por la fe que es en Cristo Jesús. ¿Y por qué por la fe?
Oiga, hermano, ya he entrado; présteme cinco minutos más. Yo siempre les digo: cuando yo predico un sermón largo, son ustedes que salen ganando, porque son las Escrituras, y si le dan un chin más, les conviene. No debemos hacer de esto una práctica, ¿verdad?, porque las cosas deben tener un horario. Pero, hermano, ahora mismo… Miren, ustedes van a ser bombardeados durante la semana con el pensamiento del mundo. Por tanto, lo que usted pierda aquí y gane con las Escrituras, no creo que pueda ser que ustedes ganen mucho y pierdan poco. Pero tengo que decirle por qué por la fe.
Es más, la fe cristiana es una fe razonable y consistente. Uno no es cristiano porque se levantó un día con el pie izquierdo, llegó a una iglesia y se convirtió. Uno es cristiano porque ha sido rendido ante la evidencia. ¿Y cuál es la evidencia? ¿Cuál es la fe que es en Cristo Jesús? Los cristianos no solamente creemos en Cristo; nosotros creemos que Jesús es Cristo. Por eso: “la fe que es en Cristo Jesús”. La fe que te dice que Jesús no es solamente un personaje histórico —porque eso lo dicen todos los historiadores; ningún historiador serio niega que existió un hombre que se llamaba Jesús—. Ahora, lo que creemos los cristianos es que Jesús es un hombre singular: Jesús es el Cristo, que es el Hijo de Dios, que es nuestro Salvador. Y en eso es que estamos afirmados y de eso es que nos hemos persuadido.
Por eso un cristiano no es necesariamente un hombre crédulo, que está como dispuesto a creer en las cosas. La realidad es que un cristiano sincero no cree “por creer”; cree luchando. Hermano, esto a mí me hizo sentir por encima de mi pecado, por encima de mi desleite por mi pecado. Yo no soy cristiano porque yo dije: “Ay, estoy loco por ser cristiano”. No, hermano. Yo vi que esto es razonable, vi que esto es consistente, yo creo que esto es verdad. Y si es verdad, entonces tengo que rendir mi vida a esto, con dificultades. Pero si por mi carne fuera, hermano, yo estuviera todavía vendido al mundo.
Un creyente tiene una fe puesta en una sola cosa. Esa sola cosa es que Jesús verdaderamente es el Hijo de Dios; que no es solamente el hijo de María. ¿Y por qué creemos esto, hermano? Porque las Escrituras son las que dan testimonio de Cristo. Algo que ayuda mucho es que Cristo, hermano, fue profetizado desde la antigüedad. Y cuando uno ve las profecías —se llaman profecías mesiánicas— uno tiene que concluir que definitivamente Jesús no era un hombre normal, que era Dios hecho hombre. ¿Y cuál es la evidencia?
Miren, las profecías mesiánicas nos dijeron que nacería de una virgen. Nació de una virgen. De determinada tribu: nació de determinada tribu. En determinada ciudad: sí, nació en determinada ciudad. Ahí todos estamos de acuerdo. Pero también nos dijo que llevaría determinado nombre, y le pusieron el nombre que iba, sí. “Ay, pero también iba a demostrar determinada perfección de carácter”. Dice que iba a ser sin defecto, que iba a ser sin falta. Cristo fue observado por sus discípulos, que vivían con Él de cerca, y no encontraron falta alguna en Él. Y eso es difícil. Usted vivir al lado de un hombre… No hay nadie que sea tan bueno, dice la Escritura. Los discípulos de Cristo no encontraron falta alguna en Él, pero los enemigos tampoco.
Tuvieron que, para crucificar a Cristo, crucificarlo con engaño, porque no hubo algo que pudiera iniciar en eso una falta. Pero después lo trajeron ante los romanos; los romanos lo juzgaron, y dijeron las autoridades romanas: “No encontramos en este hombre falta alguna”. Ese hombre que iba a venir, ese Mesías, iba a ser uno que iba a tener un carácter singular, el único que no ha cometido pecado; por nosotros fue hecho pecado. Los cristianos creemos que iba a llevar determinada vida también, que iba a hacer determinadas obras —que a veces se llaman milagros, pero regularmente se llaman señales porque nos permiten encontrar algo—. Y también nos dijo que iba a experimentar determinada muerte, pero no un asunto así como muy corriente, sino que iba a ser entregado por determinado amigo, por un determinado precio.
Algo que a mí me sigue rompiendo la cabeza, hermano, es que el mismo precio que a Cristo se le puso… Oye, especular con los precios es difícil, y 500 años antes había sido profetizado por cuántas monedas de plata iba a ser entregado, y por cuántas fue entregado. Yo digo: “Pero con el tiempo las monedas se devalúan”. Cristo fue entregado por las mismas monedas de plata que dijo el profeta que iba a ser entregado. Y dice la profecía que iba a experimentar determinada muerte y, eventualmente, iba a experimentar una singular resurrección de los muertos.
¿Por qué los creyentes creemos esto, hermano? Nosotros creemos en uno que se levantó de entre los muertos y que dio testimonio de que más de 500 personas le vieron. Por eso es que cantábamos: “Porque Él vive, no temo al mañana; porque Él vive, ya no hay temor; porque yo sé que el futuro es suyo”. Que corre el mundo tras su perdición, pero yo creo en uno que vive. Algo que ayuda mucho, hermano, es leer Isaías 53, 700 años antes de Cristo. Isaías escribió acerca de Cristo y, antes de que el hombre conociera al Hijo de Dios encarnado, dijo Isaías:
¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.
— Isaías 53:1-2
Y de quién estaba hablando el profeta. “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos”. Setecientos años antes, ¿de quién se hablaba? De Cristo. “Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido”. Cientos de años antes de que estas cosas sucedieran se habían profetizado.
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
— Isaías 53:5
Es Cristo. “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros”. Cristo, hermano. “Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca”. Cristo. Nosotros creemos que Jesús es el Cristo porque en Cristo se cumplieron puntualmente las profecías. Esas profecías dan testimonio de Él.
Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.
— Isaías 53:8-9
Hermano, un creyente no se hace cristiano porque un día se levanta y dice: “Yo voy a ser cristiano”. Un creyente se hace cristiano porque lee las Escrituras. “Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio —no humanamente sabio, sino— sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”.
Conclusión y oración final
Hermano, concluyo con esto. El mundo caminará hacia su destrucción. Tú has conocido a Cristo. El mundo amará su pecado más que a Dios. Persiste tú en Cristo. En momentos como estos, hermano, lo mejor que usted puede hacer es consultar las Sagradas Escrituras. El mundo te dirá que lo malo es bueno y que lo bueno es malo. Son las Sagradas Escrituras las que pueden informar tu mente en momentos difíciles como estos. Oremos al Señor para que su iglesia, por su palabra, sea preservada en este tiempo.
Gracias, Señor, por las Sagradas Escrituras. Gracias porque en un mundo de confusión tenemos una fuente autoritativa y segura. Gracias, Señor, porque vemos esta confrontación nuevamente entre el mundo, Señor, y tu palabra. Esperamos ansiosos, Señor, ver cómo tú triunfas en medio de la maldad. Esperamos ansiosos, Señor, ver cómo prevalece tu palabra, cómo ha sido preservada, cómo ha prevalecido tu iglesia durante 2000 años de historia. Sentimos la presión del mundo en este momento, Señor. Sentimos al malvado que arrecia en este tiempo. Y te vemos a ti, Señor. Vamos a Cristo y te vemos a ti glorificado en Apocalipsis y te vemos a ti venciendo, Señor, y a toda rodilla siendo doblada.
Te pedimos, Padre, por misericordia para nuestro país, pero sobre todo, Señor, permite que mis hermanos persistan. Permíteme persistir, Señor; que permanezcamos en tu palabra y que cuando el mundo a lo malo le llame bueno, nosotros, a tu palabra, sigamos diciendo que ella es buena, que es agradable y que es perfecta. Gracias por tu segura revelación. Gracias por esta lámpara, Señor, que es pies a nuestros pies y nos ilumina el camino en tiempos de oscuridad. Oramos de nuevo, Señor, porque prevalezca tu palabra y tu conocimiento el próximo martes. Pero sobre todo oramos, Señor, para que tu iglesia sea preservada en todos estos años para tu gloria. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Hermanos queridos, que el Señor les bendiga, que el Señor les ayude. Nos despedimos con alegría y nos vemos en nuestros cultos de estudios bíblicos durante la semana.