El Señor provee para su pueblo todo lo que ha hecho falta. Llega un punto donde tú dices: ¿qué más va a hacer falta? ¿Qué otra cosa necesita el pueblo? Ya el Señor le ha dado agua, ya le ha dado codornices, le ha dado maná, ya le ha dado victoria, ya le ha dado ancianos. ¿Qué más necesita el pueblo? Todo lo que haga falta. Hago un salto alto y le recuerdo a la iglesia que la salida de Israel de Egipto nos recuerda a nosotros nuestra propia salida. El Señor libertó a su pueblo y el Señor sigue libertando a su pueblo. Y si alguna lección general nos va a quedar de todas estas provisiones del Señor, es la siguiente.
El Señor proveerá para nosotros todo lo que haga falta para nuestra liberación. De forma tal que es tanto, y en tantas maneras, lo que el Señor provee, que llega un punto en que tú reposas pacientemente en tu Dios y dices: si el Señor hasta ahora ha estado proveyendo para mi liberación, el Señor lo seguirá haciendo. De hecho, llega un momento en que uno se pregunta: ¿y qué más se le puede dar? Esto es Éxodo capítulo 18. Hoy veremos el regalo de la compañía: cómo el Señor no solamente nos da carne, sino que también puede agradar a su pueblo a través del compañerismo. Dice así la Sagrada Escritura, la palabra del Señor. Es la visita de Jetro a Moisés.
Oyó Jetro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés y con Israel su pueblo, y cómo Jehová había sacado a Israel de Egipto. Y tomó Jetro, suegro de Moisés, a Séfora la mujer de Moisés, después que él la envió, y a sus dos hijos; el uno se llamaba Gersón, porque dijo: forastero he sido en tierra ajena; y el otro se llamaba Eliezer, porque dijo: el Dios de mi padre me ayudó y me libró de la espada de Faraón. Y Jetro el suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de este, vino a Moisés en el desierto, donde estaba acampado junto al monte de Dios. Y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella.
— Éxodo 18:1-6
Y Moisés salió a recibir a su suegro, y se inclinó, y lo besó; y se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y vinieron a la tienda. Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho a Faraón y a los egipcios por amor a Israel, y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová. Y se alegró Jetro de todo el bien que Jehová había hecho a Israel, al haberlo librado de mano de los egipcios. Y Jetro dijo: Bendito sea Jehová, que os libró de mano de los egipcios y de la mano de Faraón, y que libró al pueblo de la mano de los egipcios. Ahora conozco que Jehová es más grande que todos los dioses; porque en lo que se ensoberbecieron prevaleció contra ellos. Y tomó Jetro, suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios; y vino Aarón y todos los ancianos de Israel para comer con el suegro de Moisés delante de Dios.
— Éxodo 18:7-12
Pueden sentarse, mis hermanos. Lo que se ve en esta primera parte del capítulo 18 es otra provisión del Señor para su pueblo. Entre las múltiples provisiones que ya el Señor le había dado —entre ellas un oasis, victoria sobre sus enemigos, cuidado—, ahora en Éxodo 18 encontramos una provisión distinta y también necesaria: un tiempo de solaz y compañerismo. Lo último que supimos de Israel es que estaban prestos a pelear una batalla y el Señor les dio la victoria. Ahora no hay batalla. Lo que habíamos sabido anteriormente es que el pueblo reiteradamente volvía a murmurar. Ya Israel no está murmurando.
Ahora hay un paréntesis de solaz, y en este paréntesis el Señor no solamente quiere que tengan paz, sino que también tengan compañerismo, y eso también el Señor lo provee. En este pasaje vemos dos grandes regalos adicionales del Señor como ejemplo para nuestra vida cristiana: un ejemplo de compañía sincera y tierna, y un ejemplo de un buen consejo. Ambas cosas las provee el Señor. Lo que nos dejan ver estos textos es que la sabiduría también es regalo de Dios. Y así como el Señor te cuida por un medio, también te cuidará por otro medio. Pero tú tendrás que concluir conmigo que todo proviene de Dios. La lección general en estos textos es que el Señor nos está cuidando.
El Señor puede sorprenderte mañana
Lo que se hace ver en todos estos textos es que ellos no salieron de Egipto con su sabiduría, sino con la mano poderosa de Dios, y Dios terminó dándoles sabiduría. Y falta todavía más provisión: después de todo esto el Señor también les dio la ley, les dio su presencia. Lo que quisiera transmitirle a la iglesia es que confiemos que el Señor nos está cuidando. Comienzan los primeros versículos mostrando un buen ejemplo de compañerismo: el gozo en el reencuentro, el gozo en el testimonio y también el gozo en la adoración. Moisés no sabía que el Señor le tenía esto preparado.
Yo quisiera caminar por esta tierra con esta conciencia: que el Señor está cuidando de mí. Quisiera que tú te movieras por este largo desierto que es nuestro peregrinar con esta profunda convicción: que el Señor mañana puede sorprenderte. De hecho, los hijos del Señor caminamos por esta tierra no mirando los indicadores; caminamos esperando la providencia. Y si el Señor sorprendió a Israel, también puede sorprenderte a ti. Moisés estaba en ese momento administrando al pueblo, estaba aconsejando al pueblo, y el Señor lo sorprende con una grata visita: viene su suegro, viene su esposa y vienen sus hijos.
¿Quién era Jetro? Jetro aparece al principio de Éxodo, en el capítulo 4. Moisés había huido de Egipto, y huyendo de Egipto se encontró con Jetro. Jetro primero lo acogió, después le dio una de sus hijas por mujer, protegió a Moisés durante un tiempo, y cuando Moisés sintió el llamado del Señor, entonces Jetro, con mucha madurez, le dijo: ve en paz. El Señor sorprendió a Moisés en la zarza ardiente y él sintió el llamado. Entonces fue a su suegro, que era también su empleador, y le dijo: Jetro, yo voy a Egipto. Un asunto peligroso, un asunto del cual cualquiera te disuadiría. Y Jetro le dijo: ve en paz. Y ahora que el Señor le ha dado victoria, ahora que le ha dado solaz, dice el versículo 1: «Oyó Jetro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés y con Israel su pueblo, y cómo Jehová había sacado a Israel de Egipto».
No es un manual: es una descripción de lo que Dios hace
Lo que anteriormente era una visión, lo que anteriormente era un llamado, ahora es una realidad. Él escucha las noticias y quiere celebrar junto a Moisés. Cuando uno ve textos como este, la gente dice: ¿y de qué se trata? La Escritura tiene textos que son prescriptivos, para que tú hagas cosas, y tiene otros textos que son descriptivos, para que tú conozcas cosas. Hay una tendencia en estos días en que las personas sienten que todas las conversaciones se tienen que tratar sobre ellos. Y alguien dirá: ¿y los que no tenemos suegro? ¿Y los que no tenemos esposa? ¿Y si yo solamente tengo un hijo y no dos? Hermano, la Escritura no se trata siempre sobre ti de manera milimétrica.
Se trata sobre todo de los grandes planes de Dios. Y lo que aquí se está mostrando no es un ejemplo para que salgas a buscar un suegro como Jetro. Lo que se está mostrando aquí es el gran poder de Dios para proveer para su siervo, aun a través de su suegro. No te sientas ahora como que «ah, bueno, esto no tiene que ver conmigo». Tiene que ver con Dios. El Señor lo hizo anteriormente, el Señor puede hacerlo otra vez. Aquí no hay una lista de cosas para que nosotros hagamos. Esto no es un manual de convivencia familiar. Es una descripción hermosa de las grandes cosas que hace Dios: proveernos aun desde los lugares donde tú no lo estabas esperando.
Quiero implicarte. Aquí no hay una lista de cosas para que hagamos; aquí hay una cosa que Dios hizo. Y la lección que podemos extrapolar de esta narración es que Dios es bueno y tiene cuidado de su pueblo, y que nuestra familia y relaciones primarias pueden ser utilizadas por el Señor para alcanzar sus propósitos. Quizás no se trata tanto de esperar que el Señor te mande un Jetro, sino de que tú llegues a ser un Jetro para alguien. No siempre se trata de «ah, yo también quiero de eso»; a veces se trata de que el Señor quiere que tú no seas Moisés, sino Jetro. ¿Puedes seguirme en el pensamiento? No es siempre «wow, ¿dónde está el mío?». A veces la pregunta es: ¿y cómo tú lo eres para alguien más?
Cuando Dios llama a una persona, llama a una familia
Hay gozo en su encuentro. Hay un recurso literario de reiteración donde se nos repite vez tras vez, en el versículo 1, en el 2, en el 5, en el 6, en el 7, en el 8, en el 12, en el 14, en el 15, en el 17, en el 24 y en el 27, que Jetro era el suegro de Moisés. Y uno dice: ¿para qué lo repiten tantas veces? Para que usted entienda que este hombre tiene familia. Que no es un desconectado que anda por ahí buscando la providencia del Señor, sino que es un hombre familiar: tiene esposa, tiene hijos y también tiene suegro.
La familia es algo bueno y las relaciones primarias pueden ser utilizadas por Dios. Quiere el Señor abrir los ojos de la generación que viene subiendo para que deje de pelear con su familia y entienda que su familia puede ser utilizada por Dios para cosas buenas. Se nos ha vendido la idea de que todas las relaciones familiares tienen que ser relaciones tensionantes. Y quizás te tocó a ti, pero no a todo el mundo. Hay otros caminos que son mucho más altos y el Señor también puede darte algo como esto. En el antiguo oriente un suegro era una posición honrosa, una posición de autoridad y de admiración. Y dice que cuando viene, Moisés lo besa.
O sea, no hay aquí una tirantez, no hay aquí una tensión; lo que hay es una relación muy amigable entre el siervo del Señor y su suegro. ¿Y cuál es el principio? Que frecuentemente el Señor nos provee relaciones —amigos y familiares— que nos ayudarán en nuestro llamado. Lo que Dios quiere hacer a través de ti no quiere hacerlo a través de ti solamente; lo quiere hacer a través de ti y de tus relaciones primarias. Una lección consistente en el Antiguo y el Nuevo Testamento es que cuando Dios llama a una persona, no solamente está llamando a una persona: está llamando a una familia. ¿Y significa esto que mi familia siempre me va a respaldar? No. Lo que significa es que el Señor puede respaldarte a través de tu familia.
Y que si el Señor ha llamado a uno de los tuyos, el primero que debería respaldarlo eres tú. Para que un hombre como Moisés se levantara, el Señor le preparó a un hombre como Jetro. Y qué bendición es tener a alguien así. Un líder emergente y un líder maduro. Un hombre con sabiduría y un hombre con fuerzas. Alguien que ha sentido el llamado de Dios y alguien que puede ser sensible a que su yerno está siendo llamado por Dios. Gloria al Señor por eso.
No contratas a una persona, contratas un entorno
Hablaba con una persona hace unas cuantas semanas y me decía que para él un principio, cuando estás reclutando personal, es asumir que no está contratando a una persona, sino que está contratando un sistema familiar. No estoy hablando de un creyente, estoy hablando de un hombre de negocios. Decía él que cuando contrata a un empleado, asume que no está contratando a ese empleado, sino al sistema familiar de ese empleado. Y que esa familia va a ayudar a ese empleado a que sea exitoso en su labor, o le va a boicotear para que no sea exitoso en lo que está haciendo.
Piénsalo desde esta perspectiva: cuando estás interactuando con una persona, no solamente estás interactuando con esa persona; estás interactuando con un capital relacional que esa persona tiene detrás. Y a veces, en un empleado joven, tú puedes sentir a sus padres que están respirando. Detrás de una muchacha hay una madre, hay una abuela, hay un entorno. Hermano, lo que te estoy mostrando es que tu entorno cuenta, y que cuando el Señor quiere hacer algo a través de una persona, frecuentemente también quiere hacer algo a través del entorno de esa persona.
¿Cuál era el entorno de Moisés? Bueno, Jetro, ya he hablado de él: sacerdote de Madián, padre de Séfora. Séfora era una mujer que por lo menos entendía la importancia de la circuncisión, pues en algún momento vino el Señor y ella circuncidó al niño; o sea que entendía. Estaba Aarón, que era elocuente en palabras. Estaba María, que era profetisa y que desde niña, siendo hermana de Moisés, era una muchacha con iniciativa.
Me muevo miles de años hacia adelante. Miren el entorno de Jesús. «Ah, Jesús es un hombre solitario en Galilea». No. Jesús es el primo de Juan el Bautista, que llamó a unos pescadores que estaban entrelazados entre ellos. Ese era su sistema. Pedro, Jacobo y Juan: dos hermanos y un amigo que eran pescadores, y se conocían las familias, que estaban entretejidas. Y uno ve a Jesús como solo, caminando por Galilea. No, Jesús no estaba solo caminando por Galilea. Ahí estaban los hijos de Zebedeo, estaba Zebedeo, estaba Salomé, estaba Pedro, su suegra, su mamá; las mujeres que servían al Señor; la mamá de Jesús. ¿Pero usted sabe, hermano, lo bien que le hace a uno en el ministerio tener una mujer piadosa como María al lado?
Nadie es exitoso solo
¿Usted se imagina a los discípulos de Jesús interactuando con María? Hermano, estoy mostrando lo inverso de lo que nos muestran en estos días. Nos muestran que los hombres que son exitosos en cualquier esfera de la vida son exitosos solos, y no es así. Frecuentemente hay un entorno que el Señor ha estado preparando para alcanzar su propósito en uno. El propósito es uno, de forma tal que uno llega a atesorar las relaciones que el Señor le ha dado. Yo te pregunto: ¿quiénes son tus amigos al día de hoy? En gran medida tú vas a llegar tan lejos, humanamente hablando, como tus amigos te lo permitan. ¿Qué es lo que ordena que una persona en su vida haga la voluntad de Dios? Las relaciones primarias que tiene esa persona alrededor, que también quieren hacer la voluntad de Dios.
Si sigo hacia adelante: Priscila y Aquila, como matrimonio. Felipe, diácono, un hombre lleno del Espíritu Santo, tenía cuatro hijas que profetizaban. Bernabé y Juan Marcos, un tío y un sobrino haciendo juntos la voluntad del Señor. Hermano, estoy mostrando que nuestras relaciones importan, y que esta idea que nos han vendido —de que una persona va a ser exitosa en hacer la voluntad del Señor porque siempre va a quemar las naves y será un tipo solitario— no es consistente. Frecuentemente el Señor no solamente quiere usarte a ti: quiere usar tu entorno. Y cuando una persona le es útil a Dios, le es útil a Dios porque hay un entorno que le ayuda.
Vamos al Antiguo Testamento: ¿qué diremos de Samuel? «No, Samuel, él quiso hacer la voluntad del Señor». ¡No! Había una madre piadosa que quería que su hijo hiciera la voluntad del Señor. Había un entorno que asumió a Samuel. Estoy hablando de que nuestras relaciones importan para que el Señor alcance sus propósitos. ¿Qué nos venden en estos días? Que tú estás solo y que solo vas a ser exitoso. No es así. Realmente hay amigos, hay parientes, hay gente que son como familia aunque no lo sean. Y el Señor no solamente quiere usarte a ti; el Señor quiere unirte a otros para que juntos alcancen sus propósitos. Jetro no es protagónico, pero es parte de esta historia.
Sé tú el Jetro de alguien más
Cuando Jetro supo que el Señor estaba por hacer algo, él permitió que en su familia esto sucediera y lo aupó. Y ahora viene y visita a Moisés, y le trae sabiduría adicional. Gloria al Señor por recursos como esos. Recuerda, hermano: todo el mundo quisiera tener un Jetro. Ábrete tú a que tú puedas ser el Jetro de alguien más. Yo me gozo con el personaje de María en el Nuevo Testamento. María no escribió ningún libro, no aparece dando discursos. Pero yo estoy seguro de que una mujer piadosa como María tuvo gran influencia en la vida de muchas personas que estaban en su entorno. Sé María para alguien más, sé Jetro para alguien más. Si tú tienes un familiar que quiere hacer la voluntad del Señor, anima su llamado.
Tuve el gozo este fin de semana —jueves, viernes y sábado en Santiago— de estar en una capacitación para pastores. Estuve compartiendo mesa con muchachos muy jóvenes que quieren predicar, muchachos de 19, 20 años. Y uno ve a estos muchachos que se cuadran bien. Dos de ellos estaban en mi mesa y yo pude retroalimentarles. Y cuando yo vi a uno de ellos exponiendo la palabra, no soporté y fui donde su pastor y le dije: mira, ese muchacho se cuadra bien. Él quiere predicar la Escritura. Un muchacho muy joven, pero puede sintetizar, puede ver el hilo conductor. Míralo. Y el pastor se le acercó, y parece que lo conoce, y le preguntó: ¿qué tú haces en tu iglesia? «Sí, yo a veces dirijo el culto». Un muchacho muy joven.
Ahí hay alguien que está subiendo y necesita un capital relacional de gente en esa iglesia local que empuje, que apoye lo que ese muchacho quiera hacer. Hermano, la lección aquí no es frustrarte porque tú no tienes un suegro como Jetro. La lección aquí es animarte a que tú puedas ser el Jetro de alguien más, sea o no sea familia tuya. Si nosotros como pueblo queremos ganar la batalla del Señor, tenemos que estar abiertos. Aquí hay gente como Jetro que orbita alrededor del pueblo del Señor, alrededor de aquellos que el Señor ha llamado, y les ayuda. Anima a alguien a que haga la voluntad de Dios. «¿De verdad, tú viste a Dios en una zarza ardiente?».
Crea la oportunidad para alguien más
Mira, definitivamente que yo no estoy mirando lo mismo que tú ves, pero si el Señor te llamó, el Señor irá contigo. Cuenta conmigo y ve en paz. Gloria al Señor. ¿Qué es lo que veo más frecuentemente, hermano, y me frustra? Gente que quiere hacer la voluntad del Señor y un entorno que no le ayuda, aun siendo un entorno de creyentes, con las mismas expectativas que tiene todo el mundo. No hay quien quiera ir por ahí con el Señor para que se abra el Mar Rojo. No hay quien quiera ir por ahí a ver el maná caer del cielo. Que el Señor levante gente que quiera hacer su voluntad, y levante un entorno que ayude a que esa gente sea exitosa en hacer la voluntad de Dios.
Sé tú el Jetro de alguien más. Ofrécele ayuda, ora por él, conoce sus dones, ábrele alguna puerta. Si usted ve un líder que surgió, yo estoy seguro de que si usted sale a rastrear, encontrará el entretejido relacional que hay detrás: un montón de gente que empujó, que aupó, que oró por mí, que me ayudó para que yo terminara haciendo mi vida en la voluntad de Dios. Porque un muchacho de 25 años, por sus propios medios, no iba a terminar pastoreando una iglesia. Humanamente hablando, ¿cuáles son las posibilidades de que un muchacho solo, a los 25 años, pastoree una iglesia? Tiene que tener familiares piadosos, tiene que tener amigos en la fe. Podría hablar de mis familiares de esta iglesia, de mis amigos de esta iglesia; hablo también de mis parientes en otra parte.
El Señor utilizó a mis familiares —tíos, primos de la iglesia Misión Bíblica— para que a mí, siendo un muchacho, me invitaran a predicar. Y cuando yo todavía probablemente no tenía la misma habilidad, ellos me daban la oportunidad. Y a través de ellos eventualmente comenzaron a invitarme a campamentos a predicar, y comencé a tomarle cada vez más el gusto a predicar la palabra. Un familiar vio a alguien que quería hacer la voluntad del Señor, dijo que se podía y creó una oportunidad. Crea tú la oportunidad para alguien más. Únete a él en la misión. Mantente cerca. Haz que su ministerio sea más llevadero. Alguien dirá: «es que yo no sé qué hacer». Cuídale los hijos a alguien. Eso fue lo que hizo Jetro.
Cosas pequeñas que abren puertas grandes
«Que tú vas a cruzar el Mar Rojo». Y yo me pongo en el lugar de Jetro y digo: hay que cuidar a los muchachos. Y hasta a la mujer. Hermano, hay una ayudita práctica que tú puedes darle a un recurso de tu iglesia local que probablemente le abra una puerta. Considera comprarle los libros, cubrirle parte de los estudios teológicos a algún muchacho. «Muchacho, ¿de verdad que tú quieres estudiar?». Sé Aarón para alguien más, que se colocó al lado de su hermano. Sé María para alguien más. Sé Jetro para alguien más. Todo el mundo quiere que alguien haga algo por ellos. Resuelve tú en tu vida hacer algo por los otros, porque al final todo es de Cristo.
Y si todo es de Cristo, todo es nuestro. Y qué gozo da saber que no fuiste quizás cardinal, sino marginal, pero que a causa de tu intención alguien terminó su vida haciendo la voluntad del Señor. Uno de los recuerdos más bonitos que yo tengo del ministerio es de un momento, cuando estábamos recién mudados aquí, en que vino un pastor de Puerto Plata y me dijo: mira, cuando yo estaba en el instituto bíblico, éramos los dos muchachos. Yo comencé a trabajar muy joven y ganaba dinero, y una de las primeras cosas que hice cuando comencé a ganar dinero fue que no solamente diezmé en mi iglesia y compré unas cuantas chucherías, como compran los muchachos, sino que a un muchacho de la Villa que iba al instituto bíblico le compré los cuadernos, le compré los libros, lo animé, y dos empanadas.
¿Y qué es la empanada? Sobre todo la empanada, hermano. Y él vino de Puerto Plata a decirme: wow, yo recuerdo que cuando los dos éramos muchachos, tú me ayudaste comprándome los libros para el instituto, y también me ayudabas de vez en cuando con el desayuno. Son cosas como esas, hermano, las que abren una puerta para que alguien termine haciendo en su vida la voluntad del Señor. ¿Qué fue lo que Jetro hizo? Le cuidó a los hijos, los celebró, los aupó, creyó que el Señor le estaba llamando. ¿Qué es lo que tiene usted en su familia? Muchachos cristianos que quieren servir a Cristo, y la familia siempre ahí: «¡claro, mi amor! ¿Qué es lo que hace falta?».
Celebrar lo que el Señor hace en otro
Ahora Jetro está llegando porque él escuchó. ¡Ay, hermano! ¿Tú te imaginas poder ver la obra del Señor en un pariente, en un relacionado tuyo, y saber, sin protagonismo alguno, que tú fuiste utilizado por el Señor sin darte cuenta para algo tan grande como eso? Yo me pongo en el lugar de Jetro: ese hombre estaba loco por ver lo que el Señor había hecho, que ahí se estaba formando un pueblo. «Oyó Jetro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés y con Israel su pueblo, y cómo Jehová había sacado a Israel de Egipto».
Qué bueno es que alguien sienta que también es parte del proyecto de alguien más. Me encuentro con gente que fueron muchachos conmigo en la iglesia; ellos no han venido a PezMundial, ellos no han visto mi ministerio, pero a la distancia me dicen: wow, yo veo que el Señor te lo concedió. Yo recuerdo cuando tú decías que querías sembrar una iglesia, y el Señor te lo concedió. Hermano, que alguien pueda celebrar lo que el Señor está haciendo en tu vida, o que tú celebres lo que el Señor está haciendo en la vida de los otros. Te quiero sacar de este individualismo de pensar que siempre es un lobo solitario el que honra al Señor.
Y quiero sacarte de esta idea de que siempre en las cosas nosotros tenemos que ser el protagónico. Jetro no era protagónico, pero yo me imagino a este hombre saltando en un pie. Moisés estaba el otro día huyendo de Egipto, que le iban a arrancar la cabeza. El Señor le dijo que volviera a Egipto. Ahora el Señor lo saca de Egipto con su mano poderosa. El Señor es omnipotente. ¡Cruzan el mar! ¡Y aquí llueve algo que le dicen maná! Yo me imagino a Jetro cuando vio el maná: ¿y esto llueve por aquí? Sí, el Señor ha hecho todo esto. Es la alegría de saber que tú viste algo en ciernes, y ahora el Señor permite que sea una realidad. ¡Gloria al Señor por testimonios como ese!
Cuando él llega, ¡cuánta prudencia! Dice el 6: «Y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella». Parece que se está anunciando. ¡Cuánta prudencia! Cuando Jetro encuentra a Moisés, ya Moisés no era el muchacho que andaba corriendo; ya era un hombre con carácter que el Señor había estado levantando. Estos relatos en Éxodo no son necesariamente cronológicos; tienen un orden más bien temático. Se está mostrando que el Señor libertó a Israel, que proveyó para Israel, y todo esto va caminando hasta el Sinaí, y en el Sinaí les da la ley. Pero probablemente hay un tiempo entre estos eventos, pues ya Israel no se está quejando, ya Israel no quiere matar a Moisés.
¿Con quién celebras tú?
En el capítulo 17 Moisés decía: Señor, si tú no intervienes pronto, este pueblo me terminará matando. Ya el pueblo no le quiere matar, sino que el pueblo viene de manera dócil delante de Moisés a buscar consejo. Y en este momento de solaz, en este momento de tranquilidad, es que Jetro le visita. El Señor cambia los tiempos para bien, y que Él permita que nosotros podamos ver eso. Parte de que la gente vive la vida en blanco y negro es que nunca ha hecho ninguna inversión espiritual en nada ni en nadie. ¿Hay algo, espiritualmente hablando, que te sucedió en alguna parte de la cual tú hayas sido parte? ¿Donde tú hayas puesto algún granito de arena, aunque sea orando?
¿Hay alguien que, si el Señor termina usándolo, tú podrías sentirte representado en ese proyecto? Que tú digas: mira, yo realmente estuve ahí contigo. Yo oraba por ti, yo creía que el Señor realmente te había llamado. ¿Tú tienes eso o no lo tienes? La gente sigue los deportes y celebra si gana su equipo. ¿Hay algún equipo espiritual que tú estás apoyando? ¿Hay alguien que está haciendo algo para Dios en alguna parte de esta tierra, donde tú sientas que lo que esa persona está haciendo es también parte de tu trabajo? No es necesariamente que haya que hacer cosas dramáticas; algo tan sencillo como orar, como animar, como decir «aquí estoy, lo que necesiten, estoy con ustedes»: todo eso abre muchas puertas.
Y claro está, dice el 7 cómo lo recibió Moisés: «Y Moisés salió a recibir a su suegro». ¡Jetro, el Señor lo hizo! Yo me imagino que Moisés estaba loco. Hermano, cuando tú has compartido en ciernes lo que el Señor está por hacer, y eventualmente el Señor lo hace, tú quieres encontrarte con las personas que habían soñado que eso podía ocurrir. Dice: «Y Moisés salió a recibir a su suegro, y se inclinó, y lo besó; y se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y vinieron a la tienda». Ven, entra, sigamos hablando. Qué cosa más hermosa. Eso es lo que es un compañerismo cristiano. Esas cosas el Señor también las provee. ¿Hay algún amigo con el cual tú puedas celebrar?
El gozo del testimonio de primera mano
En el 8 y el 9 Moisés testifica: «Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho a Faraón». Acabamos de pelear con Amalec y el Señor nos dio la victoria. Mire, yo estaba allá en la montaña, yo estaba intercediendo por el pueblo, y me estaba cansando, y el pueblo perdía. Ay, hermano, eso es verdadera comida: escuchar este testimonio así, de primera mano. ¿Y qué fue lo que pasó? Mira, lo que pasó fue esto y lo otro. Inicialmente pensábamos una cosa, pero entonces el Señor nos dio la victoria. Qué cosa más hermosa. Y en Mara no había agua para beber, y el Señor hizo un milagro, y las aguas que eran amargas hizo que fueran aguas dulces. Y después no solamente nos dio agua, sino que el Señor nos llevó directamente a Elim, donde había un oasis y había palmeras y tuvimos ahí recreo. Testimonios como esos son verdadera comida para el que tiene vida espiritual.
¿Hay alguien que te pueda contar a ti algún testimonio? No te digo siquiera que tú seas el testimonio para alguien, sino: ¿hay alguien que pueda contarte a ti algún testimonio y tú te puedas legítimamente gozar en lo que el Señor está haciendo? Las preguntas son estas, hermano: ¿quién es tu equipo? ¿Con quién tú celebras? ¿Con quién tú te recreas? Cuando Dios responda a tus más profundos y sentidos motivos de oración, ¿hay alguien que pueda celebrar eso contigo? Le hablo a los padres que están criando: cuando un hijo tuyo te diga «mami, papi, yo quiero servir a Cristo», ¿hay alguien a quien tú puedas hacerle inmediatamente una llamada telefónica para decirle: el Señor respondió la oración?
Mi hijo, mi hija, me acaba de decir que quiere servir a Cristo. ¿Hay alguien a quien tú puedas llamar por teléfono? O tú estás haciendo la obra del Señor sin ningún tipo de compañerismo, y quizás tú deberías reevaluar tu capital relacional. ¿Hay alguien que pueda entender eso? Hay gente que no tiene siquiera alguien que pueda entender lo que ha sucedido: una decisión importante, el sentirte dirigido por el Señor. Hay momentos donde el Señor providencialmente te interrumpe y te hace saber que te interrumpió, y momentos donde el Señor providencialmente te dirige y te hace saber que te dirigió. ¿Hay alguien a quien tú puedas llamar para decirle: mira lo que acaba de suceder; yo pensaba tomar esa decisión y siento que el Señor ahí me habló y me interrumpió?
Qué celebra tu gente
O yo me sentía dubitativo y el Señor confirmó que era por ahí, y el Señor lo hizo. ¿Hay alguien a quien tú puedas llamar? Hermano, estoy mostrando que el compañerismo espiritual importa. Y que para uno cruzar este desierto hace falta gente con la cual uno pueda reencontrarse. Y que cuando nos reencontremos podamos celebrar lo que el Señor está haciendo en medio de nosotros. Y que la soledad no sirve de nada. Ay del solo, que cuando cayere no hay quien lo levante. ¿Cuántos entre tus relacionados realmente creen que existe un Dios personal que se alegra contigo? ¿Qué celebra tu gente? «Bueno, si yo cambiara el carro, eso sí». No está mal cambiar el carro; cámbielo si usted puede.
Lo que estoy mostrando es la simplicidad de que tus relacionados puedan celebrar que le cambiaste el año al carro, pero que no puedan celebrar que tu familia está haciendo la voluntad de Dios. Que no puedan celebrar que tus hijos, después de una temporada de rebeldía, quizás el Señor tuvo misericordia y los salvó. El contraste: que puedan celebrar que conseguiste el aumento en el trabajo, que conseguiste el ascenso, o que compraste la casa, y que no puedan celebrar que el Señor tuvo misericordia de un familiar tuyo para el cual parecía que ya no había esperanza. Cuando el Señor haga un milagro, de esos milagros grandes que el Señor hace, ¿quién va a celebrar contigo el milagro? Eso es lo que te estoy preguntando.
Ese familiar tuyo, para el cual parecía que ya no había esperanza, por el cual tú quizás ya habías dejado hasta de orar: cuando el Señor lo salve, ¿con quién tú lo vas a celebrar? ¿Quién lo va a entender? ¿Quién va a escuchar eso y va a querer venir donde ti? No basta con lamentarse; tenemos que comenzar a actuar. Si ese no es tu caso, si tú no tienes a nadie a quien puedas llamar para hablar de los temas espirituales, si no hay nadie con quien tú puedas celebrar un milagro, si no hay nadie con quien tú puedas celebrar que el Señor no solamente llamó, sino que confirmó el asunto, comienza hoy a cultivar intencionalmente amistad con gente piadosa, gente que sea espiritualmente admirable, y díselo.
El capital relacional también se elige
Díselo: mira, yo quiero que tú y yo estemos más juntos, yo quiero que tú y yo saquemos un ratico, aunque sea una semana sí y otra no, para hablar de las cosas del Señor. Busca a alguien con quien tú puedas encontrarte para hablar de lo que el Señor está haciendo en medio de ustedes. «Ay, es que yo no tengo un suegro como Jetro». Busca un amigo como Jetro. Busca un hermano de la iglesia, o de otra iglesia, pero alguien con quien tú puedas tener cierta complicidad espiritual y sentir que estamos en la misma página, esperando ver juntos la gloria del Señor. Con gracia, hermano, con toda la gracia del mundo. Ya era de noche, yo llegué de Santiago y estaba hablando de lo que iba a predicar, y decía: yo tengo que hablar de tal cosa, y no sé si mencionarlo o no, porque sé que son cosas difíciles a veces de digerir, pero tengo que decirlo. Con gracia.
Considera las relaciones de cada uno antes de unirte en matrimonio. ¿Cuál es el capital relacional de tu futura esposa y cuál es el capital relacional del futuro esposo al que te vas a unir? Porque esa gente van a ser los abuelos, los tíos, el círculo de amistad de tus hijos. Con esa gente tú vas a criar. ¿Hacia dónde va su corazón? Y si no, haz lo que el Señor le dijo a Abraham: sal de tu tierra y de tu parentela. Si tú estás rodeado de gente cuya motivación es el materialismo, la ostentación, las contiendas, la promiscuidad, esos van a ser los tíos, esos van a ser los abuelos, esos van a ser los amigos, y con esa gente tú vas a criar.
La gente habla a veces del capital relacional. Hay cosas que uno no puede quitar de su vida, pero hay cosas que uno puede priorizar. Y si tú estás rodeado de gente que no ama a Dios, busca la manera de priorizar relaciones con gente que ame a Dios. Cuando tú te vayas a casar, en tu futura boda, ¿hay alguien que legítimamente la va a celebrar, porque cree que esa unión de esas dos personas puede repercutir en mucho fruto para la gloria del Señor? ¿O tú crees que lo van a estar haciendo en grupitos de a dos, a ver cuál de las dos familias tiene más dinero, si ellos son compatibles, cuánto tú crees que duren, «yo no creo que pasen del primer año»?
Con esa gente vas a cruzar el desierto
Esa es la gente con la cual tú vas a echar para adelante. Con esa gente tú vas a cruzar el río. Con esa gente tú vas a cruzar un desierto. ¿Cuál es el capital relacional que hay en tu familia en este momento? ¿Es gente que espiritualmente está viva o no? Porque fulanito y fulanita no son dos personas nada más: son dos entornos que se están juntando.
«No, que yo me voy a casar con ella, no con su padre». Te vas a casar con su padre. «No, que a mí no me gusta su familia; me gusta él». Cógele el gusto. Cuando gran parte de la bendición que el Señor le dio a Moisés fue que lo casó con una hija de Jetro. ¿Me siguen el pensamiento? Entonces alguien dice: pastor, ya yo estoy casado, y esa gente no ama nada de Dios. Y esa gente lo único que viene mirando son los años de los carros, los sellos en los pasaportes, la marca de la ropa. Ora al Señor. Tú no puedes salirte ya de ese entorno, pero busca, aunque sea a la distancia, compañerismo con gente piadosa, con quien puedas celebrar lo que el Señor está haciendo en medio de tu desierto particular.
El capital relacional importa; eso es lo que estoy mostrando. Y para hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas necesitamos gente que nos aúpe a hacer la voluntad de Dios, y gente que celebre cuando el Señor la haga. Modela y predica el evangelio en tus relacionados. Una de las cosas más valiosas que el Señor nos puede dar son familiares que amen a Cristo. «No, es que yo no tengo ninguno». Ora al Señor, modela el evangelio, predica el evangelio en tu entorno. Que una de las cosas más hermosas, donde hay más paz en las relaciones, es que quizás estamos bien o estamos mal, pero ahí está el evangelio. Y si ahí está el evangelio, hay esperanza. Ora por ellos, que el Señor les salve. Integra a tu familia en tu ministerio. No te quedes solo.
El gozo en la adoración
Del 10 al 12 se muestra que esta gente comenzó a adorar al Señor. «Y Jetro dijo: Bendito sea Jehová, que os libró de mano de los egipcios». Ay, hermano, ¿tú sabes lo que es un familiar tuyo celebrando así lo que el Señor acaba de hacer? Hay unos familiares, hermano, así de piadosos y sinceros, que se les sale de adentro: ¡gloria a Dios! Hoy te estoy diciendo que al primo fulano el Señor lo acaba de salvar. Eso es «gloria a Dios» lo que toca. Gracias, Señor, por tu obra. Gracias, Señor, porque respondiste nuestra oración. Eso es lo que hay que decir, hermano. La adoración es la reacción natural cuando uno se siente sobrecogido.
¿Qué es lo que Jetro quiso hacer? Adorar al Señor. Un gloria a Dios. Y Jetro dijo: bendito sea Jehová. Él no está predicando, hermano. Él no está dando clases. Eso le salió de adentro. Wow, de verdad, no, pero tenemos que orar aquí mismo. Gloria al Señor que lo hizo. De verdad que el Señor tuvo misericordia; si estábamos hablando de eso ayer mismo. Ven, vamos a orar aquí mismo. Gloria al Señor: eso es lo que hace falta. Lo que era tu profunda aflicción, hoy es tu profundo motivo de acción de gracias. Aquí va la siguiente pregunta: ¿cómo tú celebras? ¿Cómo celebró Jetro? Adorando al Señor. Dice él: bendito sea Jehová, que libró al pueblo de la mano de los egipcios. Esa gente era muy fuerte, pero Dios es más fuerte. Bendito sea Jehová.
Después, en el 11, mejoró su teología. Dice el 11: «Ahora conozco que Jehová es más grande que todos los dioses». Se ha debatido mucho si Jetro era un sacerdote del Dios verdadero o no. Yo tengo mucho tiempo estudiando el tema, y a lo que he concluido es que Jetro tenía el mismo conocimiento de Dios que tenían esos pueblos semitas del desierto: probablemente eran politeístas, conocían algo del Dios verdadero. Pero ahora que el Dios verdadero se le reveló a Moisés en la zarza ardiente y sacó a Israel con mano poderosa, el hombre no tiene otra cosa que decir: su teología está siendo corregida. Dice él: ahora conozco que Jehová es más grande que todos los dioses, porque en lo que se ensoberbecieron prevaleció contra ellos. Corrigió su teología. Que el Señor haga un milagro tan grande en tu entorno, en tu familia, que los familiares que son más o menos dubitativos digan por sí mismos: gloria a Dios. Y a veces el Señor hace cosas así, provisiones tan impresionantes. Porque todo el mundo tiene familiares de los cuales uno dice: pero ¿ellos son verdaderos o no son verdaderos? ¿Ellos están en Cristo o no? Que el Señor haga un milagro tan impresionante en tu propia casa, que tus familiares, sobrinos, primos, hijos, los que no han creído, digan definitivamente que este es el Dios verdadero.
Celebrar delante de Dios
Dice así mismo el 12: «Y tomó Jetro, suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios». Wow, qué hermoso. ¿Un culto? Aquí hay que hacer un culto de acción de gracias. Yo creía que el primero que no iba a estar vivo eras tú. Aquí hay que hacer un culto de acción de gracias. Que el Señor no dejó a mi nieto huérfano. Que el Señor no dejó a mi hija viuda. ¡Glorificado sea el nombre del Señor! Duro es, hermano, cuando hay que celebrar con los incrédulos. ¿Cómo celebra el incrédulo? Que te dieron el aumento: hay que destapar un whisky, hay que quemar un par de miles de pesos, hay que fumar unos cuantos puros, hay que emborracharse. O sea, si hay que celebrar con el impío… Hermano, ¿quién es que va a celebrar contigo, y cómo va a celebrar?
Es que tú y yo no celebramos igual. Jetro está celebrando en los términos en que también Moisés celebraría, y con la gente con la que Moisés quiere celebrar. No es Jetro solo. Dice así mismo: «Y tomó Jetro, suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios; y vino Aarón y todos los ancianos de Israel para comer con el suegro de Moisés delante de Dios». ¿De verdad que tú quieres celebrar conmigo? ¿Tú estás dispuesto a hacerlo delante de Dios? Lo que estoy diciendo es que cuando una gente que ama a Dios quiere celebrar que el Señor cruzó el mar con nosotros, quiere celebrarlo de manera diferente. Y que vale la pena tener gente que celebre así en tu vida: que celebre delante de Dios, delante de la gente que tú amas. «Vamos a celebrarlo, pero no invites a la gente esa de la iglesia, que no es un culto lo que vamos a hacer». Bueno, es que si tú no amas a quienes yo amo… Con esta gente fue que yo crucé el mar. Ellos fueron sacados de Egipto junto conmigo y todos nosotros hemos visto la poderosa mano del Señor.
Un buen ejemplo de consejo
Jetro, si es así, ve y celebra solo, porque yo celebro con Aarón y con los ancianos de Israel, que ayer mismo me querían arrancar la cabeza, pero que el Señor ha estado santificando. Esa es la obra del Señor en medio de su pueblo, hermano. Y gente así vale la pena. Cuida relaciones como esa, gente que pueda hablar contigo en tus propios términos. Hay un momento en la semana en que tú dices: mira, yo necesito pasar un ratico, aunque sea, con alguien que ame a Dios, con quien podamos hablar el mismo lenguaje, que podamos tener los mismos códigos, que podamos decir amén sin disculparnos. Porque a veces, hermano, no se le sale a uno un amén delante de los incrédulos.
Este hombre no solamente cantó, no solamente sacrificó, no solamente se gozó: con mucha prudencia también aconsejó. Y los mejores consejos que tú vas a tener en tu vida van a venir de gente como esa. Gente piadosa, que ama al Señor, que está viva espiritualmente y que te puede aconsejar. He estado mostrando, en primer lugar, un buen ejemplo de compañerismo. Ahora mostraré un ejemplo de buen consejo. Solamente baja un poquito la expectativa. No seas demasiado riguroso. La gente está pensando que siempre le van a dar un consejo estructurado, como si dijera el Señor: primero esto y después esto. Mira, nuestros amigos, relacionados, gente con quien pasamos el tiempo, nos influencian a veces de manera muy casual.
Y decisiones importantes que tú has tomado en tu vida las tomaste a causa de amigos, familiares, relacionados, sin que fuera necesariamente un asunto dramático, trascendental. A veces un pequeño gesto te inclinó a tomar una decisión, buena o mala. Un pequeño gesto. No es que siempre Jetro va a bajar de la montaña y te va a decir: Moisés. Así no. A veces vas a ver a un amigo tuyo que hizo algo y tú también vas a querer hacerlo. Cosas muy sencillas a veces, cosas más trascendentales en otras ocasiones. Yo les decía que entré muy joven a estudiar la Biblia en un seminario, y entré en gran medida por mi amigo José Ramón Santana, que ya falleció. Él estaba apasionado por eso, fue y se matriculó y me dijo: vamos, Junior, inscríbete. Y yo vi el asunto, y vi a José Ramón, y dije: bueno, si José Ramón está, yo también puedo estar. Y terminé en un instituto bíblico.
El consejo de Jetro
Probablemente tú terminaste en un bar influenciado por otro amigo. Hay gente que su primer novio o novia lo tuvo porque un amiguito también tuvo el suyo. Me siguen el pensamiento: nuestros relacionados no tienen que hacer un consistorio para que tomemos una decisión. Hay cantidad de cosas que yo hice que yo no quería hacer. ¿Y por qué las hice? Porque mi entorno las hacía. No quería quedarme afuera. ¿Que ese no es tu círculo? Claro que tú eres tu círculo. Entonces te estoy animando, hermano, a que no siempre esperes que baje alguien con el gran consejo.
A veces son gestos, pequeñas decisiones, en las que tu entorno te va a ayudar o no. Dice el 13:
Aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde? Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios. Cuando tienen asuntos, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes. Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios. Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo. Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar.
— Éxodo 18:13-23
Escuchen: el mismo pueblo que anteriormente quería matar a Moisés, ahora viene a Moisés para consultar a Dios. Y es el mismo consejo que Jetro le dio a Moisés cuando estaba solo: ve en paz. «Todo este pueblo irá en paz a su lugar».
Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo. Y escogió Moisés varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes sobre el pueblo, sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez. Y juzgaban al pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo traían a Moisés, y ellos juzgaban todo asunto pequeño. Y despidió Moisés a su suegro, y este se fue a su tierra.
— Éxodo 18:24-27
Tremendo consejo, hermano. Aquí hay un consejero con calidad. Hay calidad en el consejo mismo. Y hay una prudencia, una forma, una elegancia, que uno diría: yo quisiera que todo el consejo que venga a mí venga de ese modo.
Un consejero prudente aconseja en el momento oportuno
Un consejero prudente aconseja en el momento oportuno. Si esto hubiese llegado dos meses atrás, no había oído para el consejo. Pero llegó en el momento prudente, cuando ya había solaz, cuando ya había paz. Vio el ambiente, se dio cuenta de que era oportuno dar ese consejo. Porque hay cantidad de gente muy bien intencionada, dando muy buenos consejos, pero de manera inoportuna. Y lo otro es, hermano: si se está entrando el agua y estamos dando cubetazos para sacar agua, no es el momento para venir a recomendar la marca de la cubeta que hay que comprar. ¡Saca agua!
Siempre aparece un consejero: «yo no sé si en vez de esa cubeta usaran la otra». Agarre la cubeta y saque el agua. Cuando tengamos un tiempo de paz y haya solaz, quizás podamos cambiar la cubeta, pero ahora hay que sacar el agua. Un consejo oportuno. El consejo es bueno porque el consejero es cercano. Antes de hablar, primero sirvió a Moisés cuidando de su familia, se gozó con él, adoró a su Dios, comió con los ancianos de Israel, durmió, y después opinó con cuidado. Hay cantidad de cosas que tú quieres que alguien haga y vas a tener que reservártelas. No es el momento. A veces los consejos sobreabundan; hay un momento en que los consejos pasan por encima.
Un buen consejero es un buen consejero porque no siempre está aconsejando. Por regla general, yo prefiero comer más de lo que aconsejo, celebrar más de lo que aconsejo, adorar más de lo que aconsejo. No siempre debemos estar aconsejando. Porque llega un momento en que va a venir uno y no lo van a recibir con un beso: ahí viene el hombre este que siempre viene a ponernos a sacar más agua. Un consejero calificado: tenía autoridad para opinar, no era un curioso de camino, sino un hombre sabio y prudente. De hecho, su nombre de pila no era Jetro; Jetro pareciera que es un título y significa excelencia. Era una persona que tenía cierta dignidad. Cultiva eso.
Y el consejo que él le dio fue tremendo consejo. El consejo no es bueno porque fuera un asunto complicado, no. El consejo es bueno porque le guiaba a Dios. Todo lo que Jetro dijo apuntaba a Dios. Seguía la línea melódica de la voz de Dios. Le dice Jetro a Moisés: involucra a los ancianos. ¿Y qué era lo que el Señor le venía diciendo a Moisés desde antes? Lo mismo. En este caso, el consejo sigue la línea melódica de la voluntad de Dios. Y eres tú quien puede distinguirlo. Si tú estás permaneciendo con el Señor en su palabra, cuando alguien te da un consejo, tú puedes decir: pero este consejo armoniza, como si fueran voces, con lo que Dios ha hablado en su palabra.
Consejos de los que hay que cuidarse
No es quién te dé el consejo; es si el consejo sigue la línea melódica de la voz de Dios. Moisés dice: es que lo que Jetro me está diciendo es lo mismo que el Señor me viene diciendo desde antes. ¡Claro que sí! El consejo es bueno porque dice el versículo 19: «Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Está tú por el pueblo…» ¿delante de quién? Delante de Dios. «Y somete tú los asuntos…» ¿a quién? A Dios. No a quien te dio el consejo. El consejo te envía a la fuente. ¿Y cuál es la fuente? La fuente es Dios. En el versículo 23 se ve la dependencia de Dios: «Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte».
Oigan qué gracia. Hay gente que dice: eso es lo que tú tienes que hacer. Así no. Mira, yo te suministro un consejo que entiendo que es bueno; busca tú la dirección del Señor. Y si esto hicieres, porque el Señor te lo mandare a ti. No dominar al aconsejado. Perdóname, hermano, que llueva sobre mojado, pero así como le digo que todo consejo piadoso seguirá la línea melódica de la voz de Dios, yo quisiera mostrarle algunos ritmos que son peligrosos en los consejos. No es si el consejo viene del psiquiatra, si viene de un profesor, si viene de un amigo, de este o de aquel; es si el consejo se parece a la voz de Dios.
¿De qué tipo de consejo tú deberías tener cuidado? Consejos de vanagloria, donde tú eres exaltado, donde tus relacionados te sirven, consejos que te hablan de fama, de renombre, de romperle los ojos a alguien. «Si esto hicieres, tú vas a ver que todo el mundo te va a admirar, tú vas a ser número uno». Eso no es lo que estamos buscando; lo que buscamos es glorificar al Señor. Hay otros consejos que son consejos de altivez: «no muestres debilidad, Moisés». ¿Qué es lo que tú estás diciendo, que Moisés sea un hombre altivo? Prejuicios innecesarios: cuídate de este, cuídate de aquel. Eso no es lo que estamos esperando; es que hagamos la voluntad de Dios. Materialismo: ese consejero que te anima a encontrar tu valor en los bienes materiales, sin servicio, sin utilidad, sin trascendencia. Consejos de autosuficiencia: «tú puedes, tú lo vas a lograr». ¿Qué es lo que Jetro le dijo en el versículo 18? El trabajo es demasiado pesado para ti, no podrás hacerlo tú solo.
Cómo se recibe un buen consejo
Así sí. No es «wow, Moisés, tú eres un superhombre, yo desde que te conocí sabía que tú dabas para mucho». Eso no es. Moisés, depende del Señor y busca la dirección del Señor. La forma prudente es tan importante como el contenido del consejo. De hecho, hay cantidad de consejos muy buenos que no se reciben porque se dan de manera imprudente. Jetro no pretendió controlar a Moisés: sugirió algo y dejó la decisión en sus manos. Jetro identificó soluciones, no solamente problemas. ¿Has visto a otras personas que son muy buenas haciendo diagnóstico de problemas? «Esa puerta como que está pegando ahí arriba». ¿Y usted cree que yo no había visto la puerta hace rato? «Mira, esto está como de cambio». Ya sabemos que está de cambio. Dedicarte a encontrar errores, problemas.
Hablábamos hoy en la escuela bíblica de cómo Pablo buscaba oportunidades de afirmar a las iglesias, no solamente de decirles las cosas que estaban mal. No seas un consejero pesimista, que siempre está buscando problemas. Trae confianza, trae soluciones. En la última parte se muestra cómo se recibió el consejo, hermano, y en esto también yo veo la mano de Dios. Del 24 al 27 también hay un milagro, porque que unos hombres puedan ser humildes y enseñables, de forma tal que se dejen interrumpir en sus vidas para hacer la voluntad del Señor, es un milagro. El estorbo para un buen consejo es la altivez. «Pero si yo acabo de liberar a este pueblo de Egipto, ¿quién eres tú para venir a mí a ordenarme cómo hacer las cosas?».
Es que Moisés no es altivo. Él no entiende que ha liberado a un pueblo. Es un hombre humilde y enseñable. Les digo que yo veo aquí un milagro tan dramático como sacar agua de la roca. Porque que un hombre, sobre todo un hombre que está en posición de autoridad, sea interrumpido por otro hombre y no se deje llevar del orgullo y la altivez, sino que escuche y sea enseñable, es un milagro. ¿Y qué es lo que Moisés hizo? Dice el 24: «Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo». ¿Que no es un milagro? Es un milagro. Cuando yo he recibido consejos, hay una voz interna negativa: yo sé por qué me lo está diciendo.
Aférrate al Señor, no al instrumento
Comienza mi corazón ahí a luchar, a buscar. Y a veces he recibido consejos y puedo sentir que en mí hay cierto sosiego. Y cuando los recibo digo: gracias, Señor, que permitiste no solamente que yo tenga un buen consejero, sino que tenga la humildad; que baje la altivez y yo pueda escuchar y ser cuidado a través de este medio que tú me has traído. Eso es un milagro. Dice así mismo, al final, el 27, que yo creo que es la parte más hermosa. Le diré ahora por qué, pero escuchen cómo dice el 27: «Y despidió Moisés a su suegro, y este se fue a su tierra». Le digo que yo entiendo que es una parte hermosa.
Pues la meta en discernir y hacer la voluntad del Señor es que tenemos que aferrarnos al Señor y no a Jetro. Un hombre como Jetro, con tan buenas ideas: busquen la soga y vamos a amarrarlo, y nos quedamos con Jetro. Que ahora vamos a entrar a la tierra prometida con Jetro. No, hermano; como tampoco hay que cargar la roca ni la codorniz. La dinámica de hacer la voluntad de Dios en el desierto es aferrarse al Señor y no a los instrumentos. Jetro, ¡gracias! Que el Señor te bendiga. Fuiste de mucha bendición para nosotros. En lo adelante el Señor levantará otros instrumentos. Seguirá sacando agua de las rocas, seguirá haciendo los milagros que haya que hacer. Gracias, Jetro. Es no aferrarte.
El hombre natural, cuando encuentra que el Señor le responde un motivo de oración por un instrumento, grande o pequeño, tratará de aferrarse del instrumento. El hombre prudente y sabio entiende que es Dios y no los hombres. Creo que no abuso del texto, hermano, al mostrar que aquí también hay un principio que es bíblico: que dejará el hombre a su padre y a su madre. La meta no es «quédate aquí y ahora vamos a estar mucho mejor», sino: Jetro, gracias. Una visita, celebrar, gozarse, que el Señor te siga ayudando en tu proyecto, nos vemos. ¡Qué bonito eso! Una persona que cierra. No hay que quedarse para siempre. Y si a ti el Señor te ha provisto algún instrumento, grande o pequeño, no te quedes tú tampoco para siempre. Te agradezco infinitamente. Fuiste de mucha bendición para mi vida. ¡Nos vemos!
El evangelio en este texto
Es no aferrarnos al instrumento, sino aferrarnos al Señor. ¡Qué hermoso es un hombre que sabe cuándo llegar! Y también, ¡qué hermoso es un hombre que sabe cuándo irse! La prudencia de Jetro tú te das cuenta porque llegó en el momento oportuno y se fue en el momento oportuno. En eso también hay sabiduría. ¿Cómo se ve el evangelio en este texto? Primero, el evangelio de nuestra liberación del pecado, hasta llevarnos a una relación de pacto con Dios en Cristo, no es una noticia que pueda quedarse en el silencio. Segundo, el Señor nos provee familiares, amigos, hermanos en la fe con quienes celebrar nuestra salvación, y que ellos mismos nos encaminen a seguir haciendo en nuestras vidas la voluntad de Dios.
Dondequiera que haya evidencia de la salvación de Jehová, hay otros que de cerca y de lejos se están gozando con nosotros. Mi oración es que cualquier cosa, grande o pequeña, que el Señor haga en tu vida, haya gente que se goce ahí en la obra del Señor. Y mi oración es que tú seas el Jetro de alguien más.