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Las lecciones del maná

Éxodo 16:1-36

Puedes ser creyente por muchos años, tener un trabajo estable y buenos ingresos, incluso guardar fielmente el día del Señor… y aun así no haber hallado verdadero reposo. Puedes conocer mucho acerca de Dios, manejar doctrinas profundas como la omnipotencia y la soberanía de Dios, y sin embargo no haber interiorizado la verdad más básica: que Dios cuida de ti. De hecho, puedes confesar que Dios es todopoderoso y soberano y, al mismo tiempo, vivir en constante ansiedad respecto a tu sustento. El maná no fue simplemente provisión para Israel; reducirlo a eso sería perder por completo su sentido, porque el Señor ya los venía sosteniendo desde siempre. El maná fue una escuela completa donde Dios enseñó a su pueblo que cuida de ellos (un hecho para interiorizar), los disciplinó para que aprendieran a confiar en que la obediencia trae reposo, y dejó un testimonio permanente de su fidelidad. Hoy veremos las lecciones del maná.

Predicado7 de septiembre de 2025
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Las lecciones que podemos encontrar en el maná. El maná es provisión de Dios; el maná también es confianza. Es Éxodo, en el capítulo 16: Dios da el maná. Dice así la Sagrada Escritura, la palabra del Señor.

Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto.

— Éxodo 16:1

O sea, dos meses y medio después de haber salido de Egipto.

Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.

— Éxodo 16:2-3

Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley o no. Mas el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día. Entonces dijeron Moisés y Aarón a los hijos de Israel: En la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto, y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; porque nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? Dijo también Moisés: Jehová os dará en la tarde carne para comer, y en la mañana pan hasta saciaros; porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él; porque nosotros, ¿qué somos? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová.

— Éxodo 16:4-8

Y dijo Moisés a Aarón: Di a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones. Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios.

— Éxodo 16:9-12

Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento. Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer. Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda. Y los hijos de Israel lo hicieron así; y recogieron unos más, otros menos; y lo medían por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer.

— Éxodo 16:13-18

Pueden sentarse, mis hermanos.

Sacar a Egipto del corazón de Israel

Esta es una de las porciones cardinales en el Antiguo Testamento para entender la revelación de Dios. Este es uno de esos textos que, cuando uno los interioriza, cuando uno los entiende, toda la revelación de Dios llega a tener sentido. Jehová, Dios todopoderoso, se ha estado revelando a la nación de Israel. Primero se apareció a Moisés en forma de una zarza ardiente, y se mostró como Dios santo, Dios poderoso. Luego le dijo que iba a libertar a su pueblo de Egipto, y sacó a Israel de Egipto con su mano poderosa.

Una nación grande como Egipto no pudo detener el brazo de Dios que se había levantado para salvar a su nación. Todo el libro pareciera que se ocupa de la liberación de Israel de Egipto, pero el centro del libro, el corazón del libro mismo, es Dios sacando a Egipto de Israel. Los problemas son dos y no uno. No era solamente el hecho de que Israel estaba cautivo físicamente; era el hecho de que Israel estaba cautivo espiritual, emocional y mentalmente.

Dios no solamente le está sacando físicamente de una nación extraña; al mismo tiempo está sacando una nación extraña que está en el corazón de su pueblo. Y esta porción de la Escritura, cuando las personas la leen, piensan que se trata principalmente de comida y provisión, pero no es así. Se trata principalmente de un asunto de confianza. Dios quiere que su pueblo confíe en Él. Y a menos que el pueblo de Dios confíe en su Dios, no va a poder llegar a hacer su voluntad. De hecho, en el monte Sinaí el Señor le da las leyes; pero antes de darle las leyes, ahora Dios le está dando la confianza. Y es que para obedecer a Dios, usted necesita confiar en el Dios que se ha estado revelando delante suyo.

La clave en todo el asunto es un asunto de confianza. Hay leyes grandes, leyes preciosas, pero probablemente tú no estás listo para cumplir esas leyes, no porque no entiendas, sino porque no confías. Y a menos que entiendas e interiorices la verdad de que Dios está cuidando de ti, siempre vas a tener dificultades para hacer la voluntad de Dios. Tú puedes ser un creyente por muchos años. Tú puedes tener un trabajo estable y hasta buenos ingresos. Incluso puedes guardar fielmente el día del Señor y no haber entrado al verdadero reposo. Pues el verdadero reposo no es solamente guardar un día de la semana; el verdadero reposo es llegar a creer profundamente que Dios cuida de ti.

Y un creyente no reposa completamente hasta que su corazón esté saciado. No es un asunto de sacar un día de la semana solamente, es un asunto de llegar a confiar en Dios a un nivel tan alto que realmente puedas reposar. De hecho, este texto, Éxodo 16, no trata principalmente de provisión y alimento; trata principalmente de reposo en Dios. Un creyente reposa en su Dios cuando cree que su Dios le está cuidando, de forma tal que él puede bajar la ansiedad, bajar la guardia y obedecer. La obediencia necesita un corazón tranquilo. Una persona sobresaltada, una persona que está hiperventilando, ansiosa, pensando en qué será de mí, muy difícilmente logrará hacer la voluntad de Dios.

El verdadero reposo es creer que Dios cuida de ti

Alguien se preguntará: ¿y por qué el Señor no le dio las leyes primero y después el reposo? Porque para obedecer usted necesita reposar. Yo me dedico al trabajo de la predicación, soy un pastor, y predico la verdad de Dios semana tras semana. Y la gente saborea la verdad de Dios, la gusta un poco y sigue de largo, en su ansiedad, en su agobio, en su cansancio. Para que el pueblo de Dios se encuentre con la ley de Dios, necesita primero reposar. Dios quiere que tú estés tranquilo, y después que tú le conozcas a través de la ley. Primero te dio el maná y después te dio la ley. De manera impresionante, las dos cosas se guardaron juntas.

Se guardó una porción del maná y una porción de la ley, porque el Señor quería que esas dos cosas caminaran juntas. Tú confías en que Dios es bueno y cuida de ti, y después tú comienzas a hacer la voluntad de Dios. A menos que tú confíes en que Dios es bueno y cuida de ti, tú siempre vas a estar cancaneando con hacer la voluntad de Dios. Leyes muy altas, leyes hermosas, pero un pueblo ansioso y un pueblo desconfiado. De hecho, Israel en cada rincón de ese desierto estaba pensando que Dios lo iba a matar: nos vamos a morir de hambre, nos vamos a morir de sed.

Las grandes quejas de Israel: primero se quejan de agua, y el Señor le da agua y le lleva a un oasis en Elim. Después se quejan porque tienen hambre, y el Señor le da codornices y le da el maná; y después vuelven y se quejan sobre el agua. Hermano, eso no es Israel, eso somos nosotros. Puedes conocer mucho acerca de Dios, manejar doctrinas profundas como la omnipotencia de Dios, la soberanía de Dios, y sin embargo no haber interiorizado la verdad más básica. La verdad más básica es que Dios no solamente es santo y poderoso, sino que Él es bueno y quiere cuidar de nosotros. No es un Dios distante. Él no vino a matarte, Él vino a salvarte.

El maná no fue simplemente provisión para Israel. Reducirlo a eso sería perder todo el sentido del asunto: el Señor les venía dando comida desde antes, el Señor los venía sosteniendo desde antes. No es solamente un asunto de comida, es un asunto de confianza. Dios quiere que su pueblo llegue a confiar en Él de forma tal que llegue a reposar en Él. «Yo guardo el día de reposo, el domingo es el día del Señor». No. Si tu corazón está inquieto, si tú estás pensando en la semana, si tú estás aquí haciendo el plan, si sientes el estrés en el cuello, en el hombro, en el cuerpo, ese hormigueo, tú no estás reposando. «Sí, mira, yo no trabajé hoy». Probablemente tú lo que no llevaste fue el cuerpo.

Recuerda que el Señor no solamente quiere sacarte de la esclavitud; Él quiere sacar la esclavitud del corazón tuyo. Él quiere revelarse como un Dios santo y poderoso a un pueblo que es libre, libre para obedecer su voluntad. Él le dijo así mismo a Faraón: deja ir a mi pueblo para que me adore. No es deja ir a mi pueblo para que se lo coma la ansiedad, para que se lo coma el estrés; es para que adore. Hermano, el reposo es más que guardar un día; el reposo es el estado de ánimo confiado de una persona que ha llegado a gustar de que Dios es bueno y tiene cuidado de ella. Y si tú interiorizas esa verdad, muchas otras verdades también serán interiorizadas. Por eso es el asunto más básico. Tú primero crees que Dios es real y que se reveló por una zarza ardiente, y después tú crees que Dios es bueno y te ha dado el maná.

Y después tú dices: si Dios se reveló por medio de la zarza ardiente como Dios santo y poderoso, y después Dios me ha estado alimentando, entonces yo puedo confiar como un niño en que el Señor va a tener cuidado de mí. Y a eso se refiere la Escritura cuando dice que lleguemos a ser como niños. Es que el niño no anda pensando si va a llegar a fin de mes, ni cómo se van a pagar los colegios. El niño no piensa; el niño llega. Hermano, el Señor quiere que nosotros lleguemos a confiar en Él como un niño, de forma tal que lleguemos a obedecerle. Que lleguemos a creer que Él no nos está matando, Él nos está salvando.

Detrás de cada lucha hay una lucha de confianza

Él nos quiere alimentar. Quien no ha interiorizado esa verdad no va a poder luchar con ninguna otra cosa. Lo que está detrás de cada acción de obediencia de un creyente es una tierna confianza de que Dios tiene cuidado de él. Y detrás de cualquiera de tus luchas, la lucha principal es una lucha de confianza. Tú quieres casarte, probablemente estás considerando un yugo desigual, y tú dices: si yo no me caso ahí, si yo no cultivo eso, entonces me voy a morir solo y yo nunca voy a tener nada. Dios cuida de ti. ¿Tú quieres hacer la voluntad del Señor en eso? Deja de estar buscando áreas grises, deja de estar buscando razones.

Interioriza esto: yo no tengo ni más ni menos de lo que el Señor quiere que yo tenga. Y si Él quiere que yo me case, me casaré. Y si Él quiere que tenga hijos, los tendré. Estás luchando con un trabajo o un negocio que es lucrativo pero dudoso. La pregunta clave no es «pastor, ¿eso es prudente o no es prudente?», sino: ¿tú crees que Dios te va a cuidar de forma tal que no te vas a morir de hambre? Esa es la pregunta. ¿Tú realmente crees que Dios es bueno y tiene cuidado de ti? Duro es tener que hacer negocio o trabajar en condición de hambre.

Sustento y abrigo no te faltarán, es lo que dice la Escritura. De forma tal que un creyente camine en esta tierra con la dignidad de que no se va a morir de hambre. Y cuando todo el mundo está trabajando para no morirse de hambre, tú dices: yo de hambre no me muero. Probablemente me falten los detallitos, me falten los secundarios; hermano, pero el plan básico ya es de nosotros. «No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan». ¿Y qué pasó? Que Dios cuida de mí, eso es lo que pasó. Los matrimonios son difíciles. Somos pecadores que dijimos «acepto». «Ah, pastor, usted no sabe con lo que yo estoy luchando. Esa mujer no es fácil. Ese hombre no es fácil».

Yo no estoy preguntando por el hombre, no estoy preguntando por la mujer; estoy preguntando por Dios. ¿Tú crees que Dios cuida de ti también ahí? ¿También ahí? No que el Señor me ha dado esto, me ha dado aquello, sino ahí, en ese departamento específico. En este momento específico, ¿tú crees que el Señor te está cuidando o no te está cuidando? ¿O tú crees que en el matrimonio el Señor te está matando? No es un argumento para que no trabajes tu matrimonio; trabaja tu matrimonio, pero coloca a Dios en el matrimonio. Es un argumento para trabajar en las dificultades matrimoniales a la luz de la confianza de que tu marido o tu esposa no son tu Dios, no son tu salvación. Pueden ser muy buenos, pero lo que tú realmente necesitabas se llama Cristo, el pan de vida que descendió del cielo. Y si tú estás satisfecho en Cristo, es más fácil resolver esos problemas cuando los problemas son secundarios. Duro es cuando tú crees que esa es tu vida.

¿Y la adversidad? ¿Tú crees que Dios también te está cuidando en la adversidad? ¿Y la duda? ¿Tú crees que Dios te está cuidando en la duda? ¿Tú crees que Dios es bueno y procura lo mejor para ti, aunque no logres entender perfecta y cabalmente su voluntad al respecto? Tú no tienes un problema de entendimiento, tú tienes un problema de confianza. Porque yo estoy seguro de que mis hijos no me entienden, pero confían. Ellos no entienden las decisiones que estoy tomando por ellos. Ellos no entienden necesariamente mi curso de acción, ni están llamados a entenderme. Y yo tampoco voy a hacer demasiado esfuerzo por explicarme, porque a mí me mueve su bienestar. Y lo mismo pasa con tu Dios: tu Dios no necesita sobreexplicarse para salvarte.

Él te salvará aun cuando tú no lo entiendas. De hecho, eso es la salvación. Él nos amó cuando en nosotros no había nada que pudiera ser amado. Él nos sacó de Egipto antes de que nosotros moviéramos un dedo a favor de la obediencia. Él no te dio primero la ley y después te mostró la puerta; Él primero te sacó con su mano poderosa de Egipto y después te dio la ley. Esa es la clave. Yo no tengo que entender cabalmente toda la revelación de Dios, porque Dios es muy grande. Lo que yo tengo que entender es esta profunda verdad: que Dios cuida de mí.

Primera lección: el cuidado de Dios

En la primera parte, que son los versículos 1 al 15, hay una lección sobre el cuidado de Dios. Israel vuelve a murmurar y el Señor le vuelve a cuidar. ¿Qué Dios es este que no nos devuelve mal por mal? ¿Qué Dios es este que acabamos de murmurar y nos da agua y un oasis, y volvemos a murmurar y nos da codornices y también nos da el maná? Es que Él es Dios. Y Él no te está salvando, Él no te ha elegido porque tú te lo hayas ganado. Es por gracia, por el puro afecto de su gracia. Israel no salió de Egipto por su capacidad, por su sabiduría, por su dignidad. Salieron por la misericordia del Señor, y por la misericordia del Señor atravesarán un desierto.

La clave aquí es que se están alejando de Egipto. Yo estoy persuadido de que este pueblo realmente no había salido. Ellos estaban afuera, es verdad. Pero ellos dicen: mira, es que la comida está allá y el desierto está acá. Es un asunto de distancia. A medida que se iban alejando de Egipto, la ansiedad iba creciendo. Porque es verdad que en Egipto nos tenían esclavizados, pero estábamos comiendo. Donde no hay comida es aquí. Eso es seguir a Dios en el desierto y hacer su voluntad: caminar hacia un desierto donde no se ve nada. Lo que hay es oscuridad, lo que hay es desierto, arena. Y entender que Dios te está cuidando porque hay una columna de nube y una columna de fuego, y Dios está aquí. Y eso es lo que es un creyente caminando por el desierto de este mundo.

¿Por qué Israel está ansioso y piensa que se va a morir de hambre? Porque no ve bultos. Yo me imagino que esta gente miró alrededor. El instinto de alimentación es fuerte. Todo el mundo revisa: hay pocos bultos, estamos muy ligeros. ¿Y con qué se van a alimentar? Por eso me lo como yo solamente. Yo calculo que no llegamos ni al viernes. ¡Nos vamos a morir! Ese es el cálculo: mucha gente y poca comida. En el desierto no se siembra. De hecho, por eso era que ellos anhelaban Egipto, porque ellos saben que en Egipto estábamos cogiendo lucha, pero estábamos comiendo. Y ahora vamos a un desierto donde vamos a estar cogiendo lucha y no vamos a estar comiendo.

Hermano, es muy humano; toda la empatía del mundo con ellos, porque eso somos nosotros. Yo sé que el Señor me está cuidando, pero ¿hasta cuándo?, ¿hasta dónde? Yo sé que su promesa es firme y es real, pero hasta cuándo y hasta dónde. Seguir la voluntad de Dios en mucho sentido es caminar por el desierto mirando la columna de nube. Sentir tu vulnerabilidad. El silencio. Bueno, yo lo sé: pasar tiempo con gente piadosa cuando tú estás cogiendo lucha es un lío, porque el piadoso está mirando lo que tú no ves. «Confía en el Señor, el Señor te va a ayudar». Yo sé. Pero cada vez estamos más lejos de Egipto.

Hay un cálculo matemático en el que tú dices: mira, un par de metros más y ya no nos va a dar la fuerza para devolvernos. Estamos a tiempo. Esa es la lucha de una persona que está intentando hacer la voluntad de Dios o satisfacerse en el mundo. Tú quieres volver a tus cosas de siempre y tú quieres hacer la voluntad de Dios. Y tú dices: dale para allá con la voluntad de Dios, pero es que no se ve nada, es que eso se ve confuso. Sí, yo sé. Es que no es un asunto de entendimiento, es un asunto de confianza. Tú vas a caminar por el desierto porque Dios cuida de ti. El Señor es el que va a cuidar de ti, y va a cuidar de ti durante cuarenta años.

Estamos comenzando, llevamos dos meses y medio y ya hemos murmurado dos veces. Faltan treinta y nueve años y pico. Su hambre principal no era hambre de alimento, era hambre de Egipto. Y tu hambre principal no es el hambre de lo que tú piensas: hay hambre de mundo. Es que hay una manera esclavizante de satisfacerte y hay una manera liberadora de satisfacerte. Y la manera esclavizante de satisfacerse es el mundo, y tú sabes que tú todavía llegas. «Yo no me voy a quedar, yo solamente voy y vuelvo. Yo agarro algo y vuelvo y salgo». O tú sales de Egipto definitivamente, o no vas a salir. Esa es la clave. Lo que aquí se describe no es hambre, es falta de confianza.

Y su descripción de lo que tenían en Egipto está exagerada, como siempre está exagerado nuestro deseo. Eso no es verdad. Dicen ellos en el versículo 3, supuestamente, «cuando comíamos pan hasta saciarnos». Habladores, mentirosos: cuando ustedes estaban comiendo pan, lo que les daban era migaja. «Pues nos habéis sacado a este desierto para matarnos de hambre». Recordaban las ollas. En Números se detalla aún más profundo: ellos hablaron hasta de ingredientes exóticos, cosas que jamás habían comido.

Y la gente extranjera que se mezclaba con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos.

— Números 11:4-5

Tú jamás te has comido ese ingrediente. Eso somos nosotros. El Señor quiere satisfacernos de manera legítima y satisfactoria, y tú le estás mencionando los ingredientes que tú escuchaste que alguien mencionó. Mira, cuando yo tenga eso que yo vi que subió aquel influencer, que dijo que fue allá. Cuando yo tenga eso, entonces… Su murmuración sigue la estructura universal de la murmuración, que siempre es exageración, comparación irreal y culpa para alguien. Ese salario mío, que no da para mucho, que no resuelve. La esposa esa que yo tengo. El empleador. El pastor ese que se tomó un mes completo de vacaciones. Esa es la estructura general de la murmuración: siempre hay exageración, siempre hay comparación irreal y siempre hay un culpable.

Tú. O aquel. O el gobierno. Entonces viene la respuesta del Señor, y ahí está la grandeza de mi Dios: que Él me ve a mí pidiéndole cosas exageradas, desproporcionadas, culpando a terceros, y Él no me devuelve en consecuencia. A mí me rompe la cabeza que en las tres grandes murmuraciones de Israel, el Señor, en vez de darle castigo, lo que le dio fue provisión. Porque es que Él te ama. Y Él quiere tener cuidado sobre ti. Y Él no te da lo que tú mereces; Él te responde no de acuerdo a tu carácter, sino de acuerdo al suyo. Y Él es bueno. Y Él no nos está dando porque lo merezcamos. Esto es gracia.

El hambre convertida en prueba

Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley o no.

— Éxodo 16:4

Yo me imagino a Moisés y a Aarón: «¿Y entonces hay que probarlo? Pues yo se lo digo, Señor: no andan». El Señor convertiría el hambre en una prueba. Dice: «para que yo lo pruebe». Agúantenme aquí. El Señor no solamente es omnipotente; Él también todo lo sabe. Él conoce. El tiempo está en su mano. Él conoce las cosas que fueron, Él conoce las cosas como realmente son, y Él conoce las cosas que serán. O sea, que el Señor no tenía que hacer una cosa para probar a ver si esto era así. El Señor sabe.

¿Y por qué el Señor lo hace? ¿En qué sentido esto es una prueba? ¿Qué es lo que el Señor quiere probar? Él no buscaba conocer, como si le faltara conocer algo. Él está buscando hacer evidente la raíz del problema. Si el profesor es bueno, él sabe que tú no tienes la capacidad de aprobar el examen, pero él te va a dar el examen. Y tú dices: profesor, si usted sabía que yo no podía aprobar el examen, ¿para qué me lo da? Porque yo quiero hacer evidente dónde están las carencias, dónde están las debilidades. Yo te voy a dar el examen porque después te quiero marcar los puntos donde tú deberías esforzarte, y después yo quiero darte otro examen, y si acaso te faltaban los puntos, te voy a pasar con 70.

Cambia la perspectiva. No es que esto sea una prueba de retos, a ver si aprueban, a ver si le amo o no le amo. Él te está amando desde antes. «Con amor eterno te he amado, por tanto te prolongué mi misericordia». Él no necesita que Israel apruebe para amarle. Lo que Él quiere es que su pueblo se dé cuenta de la maldad en su corazón, y de lo desproporcionados que nos vemos cuando estamos llorando delante del Señor y murmurando por cosas que hace rato Él ha estado cuidando en nosotros. Porque esta no es la primera vez que Israel come; están comiendo desde antes.

El Señor convertiría el hambre en una prueba. Y visto así, nuestras aflicciones persiguen un fin didáctico. Dondequiera que tú estés experimentando aflicción en este momento, ahí hay un indicador que se está encendiendo. Ahí tu corazón está mostrando dónde está el problema. Es el diagnóstico, es la luz en el tablero que te está diciendo: hey, aquí hay algo. La prueba no es para amarte o no amarte. La prueba es para tu santificación, la prueba es para tu refinamiento, la prueba es para fortalecer tu carácter.

Y la marca distintiva de Dios cuando corrige es que provee y también instruye. Qué hermoso mi Dios. El legalismo solo corrige, y se regodea cuando alguien no alcanza: mira, había que llegar a diez y sacaste tres. Ese es el legalismo. Dios no lo hace así. El Señor corrige, el Señor instruye y el Señor provee. Él quiere enseñarte, pero satisfecho. Ahí tú te das cuenta de que Dios es el que tiene el asunto. Porque cuando es el hombre el que tiene el asunto, el que se quiere comportar como Dios, el hombre solamente exige, solamente demanda. ¿Han visto ese subalterno que quiere dar galletas por el jefe? Ese es el hombre legalista. Cuando el Señor corrige, el Señor no solamente corrige, no solamente reprende: el Señor primero instruye, el Señor primero provee, y después entonces el Señor te da el mandamiento.

Porque Él es bueno; Él no es solamente un profesor, Él es tu padre, y quiere tener cuidado sobre ti. Y va a aprovechar ahora el instinto de alimentación para edificarles. ¿Y por qué el instinto de alimentación? Porque el Señor pudo haber utilizado otro instinto: el de supervivencia, el de trascendencia, hasta el de reproducción; pero el Señor eligió el instinto de alimentación. Porque de todos nuestros instintos, es el instinto más recurrente. Usted come hoy, y va a tener que comer ahorita, y va a tener que volver a comer, y volver a comer. Usted confía hoy, y va a tener que confiar ahorita, y tendrá que volver a confiar, y volver a confiar. El Señor utilizó el alimento porque, a través de entender que el Señor cuida de ti en la comida, tú vas a extrapolar que el Señor cuidará de ti en todas las demás cosas de la vida. Y cuando tú logras confiar en que el Señor tiene cuidado de eso, tú vas a decir: y también de lo otro, y que venga lo otro, y también ahí, y también ahí. Es un asunto de confianza. Era apropiado el instinto de alimentación porque es un instinto universal: lo tienes en todas las edades, en todos los pueblos, en todas las etnias.

Una provisión que satisface plenamente

Es un asunto recurrente, es un instinto permanente. No va a llegar un momento en esta existencia temporal en que tú llegues a no tener hambre, de forma tal que tú siempre vas a intentar comer. Y si Cristo es el pan de vida que descendió del cielo, Él no solamente quiere satisfacerte una vez ya; Él quiere satisfacerte constantemente, permanentemente, Él quiere ser para ti la verdadera comida. Y así como tú comes a cada hora y a cada merienda, esto es lo que Cristo quiere hacer para nosotros.

Aparecieron Moisés y Aarón como emisarios y le hablaron al pueblo: miren, no es contra nosotros, es contra Dios. Y lo mismo me digo a mí mismo: de cualquier queja que yo tenga sobre un segundo o un tercero, mi queja primaria es ante Dios, porque Él lo vio primero. Yo tuve un cliente así, que me hacía la vida imposible. Cada vez que yo le entregaba algo me la ponía difícil. Y siempre buscaba un tercero para excusar su falta de carácter: no, eso es fulano, que no ha hecho las cosas. Al final yo le dije: ¿es usted? Después yo me di cuenta de que no era fulano; era él que lo decía. Cualquier aflicción que haya en este momento sobre tu vida, el Señor la vio, el Señor la permitió. Y si acaso tú te vas a quejar sobre alguien, quéjate sobre Él.

«Pastor, déjeme decirle que no, mire, que es la esposa, que es el esposo, que es el hijo». ¿Tú crees que ellos son más fuertes que Dios? ¿Tú crees que ella es más fuerte que Dios? ¿Tú crees que él es más fuerte que Dios? Es duro digerir la aflicción cuando tú realmente has entendido que Dios es soberano. Porque eso te rompe la cabeza y tú dices: ¿cómo va a ser que Dios es bueno y toleró esto? Luche con eso, que ahí está creciendo nuestro conocimiento de Dios. Dios le recordó que estaba presente mostrándole la nube. Le está diciendo: esto es sobrenatural, no es natural. No es que vayan y hagan una comprita; fue una nube la que los sacó. No es que miren a ver si pueden recoger algo, a ver si consiguen algo. No.

Ustedes van a estar durante cuarenta años confiando en que Dios cuida de ustedes. ¿Y qué es lo que dice el Señor? No castigo, no reprensión: provisión. El maná era algo completamente desconocido para ellos y sorprendente. No se comparaba con ningún otro alimento. Hay muchas descripciones en el Antiguo Testamento de cómo era el maná, pero esto es algo que no se comporta como un alimento normal. Es un asunto providencial. En Egipto tú comías lo que a ellos les sobraba, y aquí tú estás comiendo lo que en Egipto jamás han pensado que se puede comer. Y es la provisión de Dios para ti.

Podían recoger tanto como pudieran comer. Un gomer era más o menos un litro por persona. Y satisfizo puntualmente a todo el pueblo; fueron completamente saciados. Interesante que ninguno dijo: ay, yo como que tengo hambre, me falta. No, no, no. Hermano, esa capacidad de Dios para satisfacernos plenamente ha sido una de las verdades de mi temporada. Yo estoy persuadido de que el único que puede satisfacerme es el único que verdaderamente me conoce. Y de que no hay sucedáneo en este mundo que se compare con la provisión específica de Dios para mi corazón. Porque el único que realmente puede satisfacerme es el único que realmente me conoce. Esa provisión de Dios para nosotros es una provisión muy puntual, muy satisfactoria.

¿Le digo más sobre el maná? A ninguno le hizo daño. Parece que a todos les gustó: no hay quejas. No hubo que hacer un panel para probar qué tal sabía. Bajito en sal, en su punto para todo el mundo. Es que esa es la provisión de Dios para ti: es una provisión que te satisface plenamente, de forma tal que tú dices: mira, todo esto está bajito, pero esto como que es lo que realmente mi alma necesita. Eso es Cristo. ¿Le digo más? Alto en proteínas, bajo en carbohidratos, keto, paleo, amigable con omega 3, no transgénico, bajo índice glucémico, alto en fibra y sin azúcar agregada. Eso es lo que diría la funda de ese pan.

Hermano, lo que te estoy mostrando es que lo que Dios tiene para ti, eso es lo que va a dar satisfacción a tu alma. La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella. Cuando es tu Dios el que está proveyendo, no hay dolor, no hay quejas, no hay malestar: todo el mundo come, todo el mundo queda satisfecho. Realmente Cristo es el único que puede satisfacer plenamente el hambre de toda la humanidad.

Segunda lección: obediencia y reposo

Lo que sigue es una lección de obediencia y reposo. Dice del 19 al 30.

Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés.

— Éxodo 16:19-20

O sea, estamos en el viernes. El Señor te mostró la nube, te mostró las codornices, y todavía tú dices: aun de Dios yo tengo que acaparar, porque me voy a morir de hambre. Recuerda que el problema principal no es de comida, el problema principal es de confianza. Es que tú tienes que confiar no solamente en que Dios es poderoso y cuidará de ti puntualmente, sino en que Él te ama, Él es bueno y cuidará de ti recurrentemente. Ellos dijeron: hay que aprovechar, no sea que se pierda; si nosotros vamos para un desierto, ¡agarren! Qué duro es un ser humano cuando se le salen los instintos.

Es el instinto de conservación, cuando la gente está en modo supervivencia. ¡Se está acabando! ¡Este muchacho es tan lento! Esta gente no sabe, estamos en el desierto. Transgredieron el mandato de Dios acaparando maná, y se pudrió. Aun lo que es bueno, cuando no se utiliza según los términos de Dios, se daña. Esa es la lección. Aun las cosas apropiadas que Dios mismo te ha dado, cuando no se usan y no se reciben según los términos de Dios, se dañan. Aun lo que es bueno no solamente es bueno en sí mismo: es bueno según los términos de Dios.

Y en el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés.

— Éxodo 16:22

Los príncipes son los cabezas de familia. Están diciendo: ya se nos pudrió la primera vez y tuvimos gusanos. Yo estaba leyendo esto y me reía. Ciertas cantidades de cosas se nos dañan encima. Porque si guardamos un chin y se pudrió y vino un gusano, imagínate tú guardar por casa, fulano que come mucho, que le guardamos dieciséis gomeres de esto; si esto se descompone, ese gusano va a estar tremendo. ¿Tú estás seguro de que realmente se puede guardar? Porque ya nosotros intentamos guardar un chin y se dañó. Ellos están confirmando. Moisés, estamos guardando; habla con Dios, tú sabes, para que lo preserve. Recuerda, hermano, que esto es de bajo índice glucémico, alto en fibra, sin azúcar, sin conservantes, sin preservantes. Moisés, ¿tú estás seguro?

Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo hoy; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió.

— Éxodo 16:23-24

Yo me imagino a todo el mundo mirando el plato: ¿tú crees que este está bueno? Claro que está bueno, porque lo está haciendo según los términos de Dios, y lo que el Señor ha dicho es bueno. Y no hay gusano.

Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo. Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es de reposo, en el cual no se hallará.

— Éxodo 16:25-26

No solamente un día de descanso, sino consagrado a Jehová. Escucha esto, hermano: el día de reposo no es solamente un asunto práctico, no es un asunto de si yo quiero. Está consagrado a Jehová, eso es lo que el Señor ha establecido. Ellos tenían que ser previsores; ahora obedecieron y no se dañó.

Entonces dice el 27: «y aconteció que algunos del pueblo». Aquí por lo menos me trae la esperanza de que no fue todo el pueblo, sino algunos. Están aprendiendo. Bueno, eso somos nosotros. Uno lee eso y dice: no, yo fui de los que obedeció. Hermano, probablemente tú fuiste de la parte del pueblo a la que un tiempo se le pudrió por desobedecer. El día séptimo salieron a buscar y no hallaron. Y no hay problema, porque no tenemos nada; yo fui y no encontré, todos estamos igual, porque no es como que yo tenga algo en la mano.

Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron. Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día.

— Éxodo 16:27-29

El Señor lo vio. Quizá los que salieron se retrajeron en silencio y dijeron: nadie nos vio, nosotros estamos guardando el día de reposo, no hay ningún problema. No lo están guardando: el Señor te vio. La lección de hallar y no hallar debería advertirnos. Cuando uno no honra a Dios, cuando uno no obedece a Dios, tú puedes salir, pero no vas a encontrar.

Y te cansa, y te cansa, y te frustra, y te frustra. Una de las señales más importantes de que realmente alguien está trabajando según el diseño de Dios es que puede trabajar en ese ciclo de trabajo y reposo, trabajo y reposo. Y cuando llega el día de reposo y tú no puedes congregarte con tranquilidad, tú no puedes estar tranquilo, eso no es diligencia, eso no es sofisticación: eso es pobreza y esclavitud. «Ah, que eso es legalismo». Este es el diseño de Dios para el trabajo. Es cierto, la iglesia comenzó a reunirse el domingo después de la resurrección del Señor, pero todavía el ciclo permanece: son seis días para trabajar y uno para reposar.

Y el que no reposa no es sofisticado, no es más trabajador que la media; tú eres muy pobre. Tan pobre que necesitas trabajar todos los días. Y observen a su alrededor, hermanos. Líbreme el Señor de acusarlos, que ese es el trabajo del diablo. Pero fíjate que la gente más pobre que tú tienes alrededor es la gente que trabaja de domingo a domingo, sin ciclo alguno. Yo puedo entender que ellos crean que están ganando mucho, puedo entender que crean que son más sabios que la media, pero la verdad es que eso es pobreza. Y lo que es riqueza es poder reposar. La gente ostenta cantidad de cosas: ostenta su ropa, los relojes, sus vacaciones.

¿Qué tal si se pusiera de moda ostentar que tú descansas? En este mundo donde todo el mundo ostenta la ropa, los tenis, los relojes, las vacaciones, ¿qué tal si ostentáramos el hecho de que no vivimos en un huye-huye, en un corre-corre? Que pude congregarme sin sobresalto, que no se están cayendo las cosas a pedazos. Aquí estoy, gloria al Señor, tranquilo. Tú notas cuando una gente realmente trajo el cuerpo, pero su corazón está agitado, no se concentra, siempre está en un corredero: tengo que avanzar. Hermano, agúantenme aquí: yo soy de los que salieron. ¿Ustedes entienden? Yo no he llegado al reposo para decir: no, aquí estoy yo, que yo fui de los primeros que reposé.

No, hermano. Yo primero me cuido, después miro la cuenta corriente, después calculo, y después digo: a ver si puedo reposar. Pero yo veo que Dios está buscando activamente mi descanso. ¿Sabe usted que el corazón de este capítulo es el versículo 30? El corazón no son las codornices, no es ni siquiera el maná. El corazón del capítulo es el versículo 30.

Así el pueblo reposó el séptimo día.

— Éxodo 16:30

Así, después de intentar satisfacerse por sus propios medios, después de murmurar, después de pelear contra Moisés, después de pelear contra Aarón, después de salir cuando no había que salir y de no hacer lo que había que hacer. Cuando ellos realmente entendieron: mira, no nos morimos, ya van tres semanas y esto sigue cayendo y Dios sigue proveyendo. Y así, cogiendo lucha, transgrediendo, forzando y forzando, cuando tú entendiste que te iba a romper y que al final no ibas a prosperar de ese modo.

El Señor no quiere que tú seas un rico de esclavitud. El Señor no quiere que tú trabajes todos los días: lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados, domingos y domingos. Me dice la gente: pastor, es que usted no sabe la situación que yo tengo. Aquí lo que dice es que el día sexto el Señor da dos veces. La Biblia dice que el Señor te da doble. O sea, que algo estás haciendo tú aun con la provisión adicional que el Señor te está dando. O sea, tú me estás diciendo entonces que Dios no es fiel, que a ti el Señor no te lo está dando.

O hay un problema de contentamiento, o hay un problema de confianza, o hay un problema de mayordomía; pero algo está pasando, porque lo que dice aquí es que el Señor te daba para que igualaras. Recuerda, hermano, que yo me predico estas cosas primero a mí y después te las comparto. Pero lo que dice aquí es: ¿hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. ¿Qué es lo que tú estás haciendo con lo que el Señor te está dando para que guardes? «No, es que yo no puedo, yo lo he intentado». Sí, hermano, yo he estado en lo mismo.

Pero según los libros, a ti te está llegando lo necesario para que tú descanses. ¿Por qué? Porque tu problema no es un problema de recursos: tienes un problema de confianza y tienes un problema de carácter.

Tercera lección: un testimonio para las generaciones

Después viene un testimonio de fidelidad. El Señor no quería dejar esto solamente allá en Israel, porque nosotros también lo necesitamos. Él no quería dejar esto como un asunto arqueológico, un anacronismo allá en el tiempo, para que tú lo veas de lejos. Él quiere que tú te sientas implicado. Y Él dijo: miren, va a haber una generación que va a vivir en el 2000 y pico, por allá. A esa gente vamos a tener que explicarle más o menos esto, porque ellos no lo comieron, ellos no lo vivieron. Por lo menos descríbanselo: qué sabor tenía, cómo se veía. Y sobre todo descríbanles que el Señor cuidó de nosotros, para que ellos en el futuro entiendan que el Señor también va a cuidar de ellos. Porque hay gente que va a estar trabajando todos los días, que necesita escuchar que los gusanos están ahí.

En años, yo no he visto a nadie que transgreda el día de reposo y que llegue un momento y diga: yo lo logré, ya me esforcé y trabajé con gusanos, con podredumbre; eso estaba descompuesto, pero yo le sacaba la parte que se dañó. No he visto a nadie que lograra eso y que llegara o a hacerse rico o a vivir tranquilo. De hecho, parece que primero te empobreces, porque tú comienzas a trabajar según el orden de Dios y pareciera que te vas a morir de hambre; después te das cuenta de que no te moriste de hambre, y tú llegas a confiar en el Señor para las cosas más grandes.

Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel.

— Éxodo 16:31

Oigan, eso estaba bueno. Ese tipo de cosas que en estos días hacen como daño. Algo como harinoso, pero al mismo tiempo con aceite, su grasita, y también dulce, como con miel. Fue como una empanada de hojaldre de queso con guayaba, algo así. No hay problema, hermano: este predicador siempre se sobregira. Una combinación de algo que era como un cereal, pero al mismo tiempo crocante como si fuera hojaldre, y también dulzón. Ese tipo de cosas que te las podrías comer de desayuno, de merienda, de almuerzo, de cena. Y lo mejor, que era sin gluten, bajo en calorías, sin azúcar añadida.

Se describe su forma y su sabor para las futuras generaciones, para nosotros, para que digan: lo que Dios provee es bueno. Eso es bueno, eso es algo rico, es suculento. Interesante que no era alimentación funcional: era sabroso. Hay gente que cree que si yo hago la voluntad de Dios, es verdad que me va a ir bien, pero que eso no tiene colores, que eso es como medio aburrido, monótono, repetitivo, cansón. No: es rico, es sabroso, es suculento, apetecible. Yo me imagino que ellos estaban esperando que cayera de nuevo: que quiero mi porción.

Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado: Llenad un gomer de él, y guardadlo para vuestros descendientes, a fin de que vean el pan que yo os di a comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto.

— Éxodo 16:32

Recuerda, hermano, que la clave de esto es que tú entiendas que Dios cuida de ti. Cuando tú entiendes que Dios cuida de ti, entonces es más fácil obedecer el mandamiento. Si tu hijo, si tu descendiente no entiende que Dios cuida de ellos, van a terminar siendo tan esclavos como esclavo eras tú.

Cuando los jefes de familia establecen en su casa un precedente de reposo —y recuerda que reposo es más que guardar el domingo, reposo es realmente que tu corazón llegue a confiar en Dios, es un asunto de la mente, del corazón—, cuando una gente comienza a reposar, está estableciendo un precioso testimonio, un precedente para sus hijos, para sus nietos. Y qué hermoso que el Señor te conceda decirle a tus hijos: mi hijo, mira, en algún momento yo trabajaba como si fuera un trompo. Tenía dos trabajos, una picadita en el medio, hacía horas extras, y todo el trabajo que llegaba yo lo agarraba. Y después yo entendí que realmente Dios cuidaba de mí. Y cuando entendí que Dios cuidaba de mí, primero dejé los tres trabajos y me quedé solamente con uno. Después comencé —no fue de repente, así como yo pensaba que me iba a morir de hambre, entonces yo trabajaba hasta los domingos—, y llegó un momento en que yo comencé a honrar también el día del Señor y a santificarlo como dice la Palabra. Y primero sentí que no me morí, después vi que me comenzó a ir bien, me sentí mucho más tranquilo, y sobre todo sentí que obedecí al Señor. Y tus hijos quizá también quieran obedecerle.

Los hijos de gente adicta al trabajo, que lo que hay detrás de eso es falta de confianza en Dios, terminan pareciéndose a sus padres, a esa gente que siempre está brincando. ¿Tú has visto que cualquiera los pone a bailar como un trompo? ¿Que me llamó fulano? ¿Dónde? Que hay un trabajo, démelo a mí. ¿Una hora extra? Déme cuatro. Eso es pobreza y esclavitud. Y cuando no hay hora extra: ¿y quién fue el que hizo el horario, que no me dio a mí la hora extraordinaria? Ya saben que si era amanecida, si era día feriado, ahí estaba yo. Mi hijo, mira, en un momento yo vivía así: abría todos los días, no descansaba nunca. Y eso no cambió porque me hice rico. Eso cambió porque yo llegué a confiar en que Dios cuida de mí y en que no nos íbamos a morir de hambre. Y comencé a hacer la voluntad de Dios en mi vida, paso a paso. Y cuando yo comencé a obedecer al Señor en eso, también pude obedecer al Señor en lo otro.

Hermano, lo que se está evitando aquí es que tu descendencia sea una descendencia de esclavos, que no reposen ni se regocijen en Dios. Y escuchen dónde se colocó el símbolo.

Y Aarón lo puso delante del Testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó a Moisés.

— Éxodo 16:34

El testimonio y el maná. Pues el mismo Dios que demanda obediencia es el primero que ha estado proveyéndote. Y no hay un área en la vida de un creyente en la que Dios no tenga, en su tiempo, legítima provisión. «Mira, yo voy a tener que irme por la izquierda ahí, porque Dios no llegó a tiempo». Hermano, eso es gusano y podredumbre.

Cristo, el pan de vida

Dice el 35 que esto no fue un asunto eventual o excepcional.

Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán.

— Éxodo 16:35

¿Cómo se ve el evangelio aquí? Jesús dijo:

Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

— Juan 6:35

Las dos cosas por las cuales murmuró Israel fueron por agua y por alimento. Y el Señor dijo: el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás. Él, Jesucristo, es la respuesta de Dios que satisface plenamente las necesidades más profundas de tu alma. La buena noticia del evangelio es que Dios nos eligió en Cristo aun antes de que pudiéramos responder en obediencia.

Y ha seguido trabajando en nosotros, como trabajó con Israel en el desierto. Y al igual que el maná, nuestra meta es comernos a Cristo, saciarnos en Cristo, hasta que Él sea interiorizado en lo más profundo de nuestro corazón. Y hasta que tú no te comas a Cristo, como dice la Palabra —hay que comer su cuerpo y beber su sangre—, hasta que tú no interiorices a Cristo, hasta que no te satisfagas en Cristo, tú vas a estar deseando las migajas que tú estabas buscando en Egipto. Esto es más que un asunto de un día de reposo: es un asunto de libertad, es un asunto de satisfacción. Oro por la iglesia, para que pueda encontrar en Cristo su sustento, y para que deje de estar mirando hacia atrás y obedezca al Señor durante cuarenta años, comiendo bueno en el desierto.

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