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El reinado de Josias

2 Crónicas 34

El reinado de Josías muestra cómo una reforma exterior es limitada si no está acompañada por la obra profunda de la Palabra de Dios en el corazón del pueblo. Dios usó a este rey piadoso y el redescubrimiento del Libro de la Ley para traer el último gran avivamiento antes del exilio.

Predicado28 de septiembre de 2014
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Segundo libro de Crónicas, capítulo 34. En específico, los reyes de Judá son los reyes de Israel, pero estamos considerando los del lado de Judá. Recuerden que el reino se dividió en dos partes, una parte del reino del norte, que es el reino que se llamó Israel como tal, y el reino del sur. El reino más grande fue el reino del norte, pero del reino del sur es que viene la descendencia de David, y recuerden la profecía de que un descendiente de David reinaría para siempre, y ese es nuestro Señor Jesucristo. Por eso he preferido trazar los reyes, no desde los dos lados porque nos tomaría mucho tiempo, sino específicamente del lado de Judá, para que entendamos el cumplimiento profético y cómo el Señor permitió que no faltara un descendiente de David y que estas genealogías se guardaran de forma tal que tanto en Mateo como en Lucas se pudiera trazar la genealogía de nuestro Señor Jesucristo hasta el rey David con mucha precisión.

Ya consideré los reyes de la primera parte, primero reino unificado. Consideramos el reinado de Saúl, el reinado de David, el reinado de Salomón; después, de reino dividido, y un reinado también que vino después, el primero con el reino dividido, que fue el reinado de Roboam. Y ahora vamos a hacer un gran salto en el período de los reyes y caeremos hasta uno de los últimos reyes, que es el rey Josías. A veces se clasifica a estos reyes entre reyes malos y reyes buenos. No es una clase que yo la prefiera tanto porque dice la Escritura en el Nuevo Testamento que no es justo ni aun uno, que todos nos descarriamos como ovejas, pero lo que se quiere decir con esta clasificación útil es que hay reyes que hicieron con su vida la voluntad del Señor y otros reyes que no hicieron con su vida la voluntad del Señor, y al mismo tiempo es reconociendo que, humanamente hablando, hay personas que obran en mejor manera que otras.

Sería injusto, por ejemplo, comparar el reinado de Acab, muy perverso, con el reinado de Joás o el reinado de Josías. Por eso, a estos reyes en los que prevaleció la voluntad del Señor se les llama los reyes buenos. Hoy estaremos considerando un rey de los reyes buenos. Y expondré una porción de la Escritura que en el 2011 ya la expuse en esta misma iglesia. Lo hago ahora por dos razones principales: primero, porque considero que este es un rey necesario para uno entender la monarquía de Israel, conocer su historia; y después, porque estamos en el mes de la Biblia y es un reinado muy a propósito del mes de la Biblia. Verán, no quiero adelantar, pero verán cómo la Escritura transformó el reino y, como ayer se celebraba a nivel nacional Día de la Biblia, el Día Nacional de la Biblia, he seleccionado este rey porque viene muy a la mano, hace sentido dentro de la monarquía, es uno de los reyes que hay que conocer.

Bueno, sería interesante que los conozcamos todos, pero hay reyes cuya documentación no es tanta, que reinaron durante corto tiempo o que no hicieron grandes obras. Este es un rey que es muy útil que se conozca, y por otro lado, la Palabra del Señor transformó el reino en este tiempo. Por eso creo que es muy apropiado.

Oración inicial y panorama de Crónicas

Antes de pasar a considerar la porción de la Escritura en el segundo libro de Crónicas, en el capítulo 34, oremos al Señor para que Él nos conduzca en este tiempo de enseñanza. Te pedimos, Señor, que sea tu Palabra que nos conduzca a nosotros y que sea tu Espíritu Santo a través de ella. Te pedimos, Padre, que la Palabra que hoy se exponga cale profundo en el corazón de cada persona que está aquí presente, y que podamos salir de aquí, Señor, con ánimos renovados para considerar tu Palabra y vivir de acuerdo a ella. Permite, Señor, que al final de esta exposición esta firme resolución quede asentada en cada corazón: el poder de tu Palabra para producir en nosotros profundos cambios. Acompáñanos tú, dirígenos tú. En Jesús, amén.

Acompáñenme, hermanos, segundo libro de Crónicas, capítulo 34. Como ya les he enseñado antes, tanto los libros de Crónicas como los libros de Reyes son libros con historias paralelas. Las historias que se narran en el libro de Crónicas también se narran en el libro de los Reyes. El libro de los Reyes es el gran compendio de las crónicas reales de Israel. Sin embargo, el libro de las Crónicas se centra solamente en los reyes del sur. Por eso hay reyes que no aparecen en los libros de Crónicas y sí están en los otros libros. Preferí exponer desde el libro de Crónicas porque este rey pertenece al sur y en ambos se narra la misma historia, pero en éste se narra desde un punto de vista un poquito más cronológico.

Es el reinado del rey Josías. Haciendo esta introducción, vemos que en el reinado de Josías el reino de Judá experimentó su último gran avivamiento antes de la deportación a Babilonia. Este rey está entre los llamados reyes buenos, y aunque su reinado no tuvo el esplendor de Salomón o de David, es el único que recibe la siguiente evaluación al final de su reinado: que no hubo otro rey antes de él que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés, ni después de él nació otro igual. Hermano, qué resumen de su reinado. Heredó de su padre Manasés su reino sembrado de idolatría: esto era con lugares altos, altares domésticos, hechiceros, espiritistas, diferentes cultos, el mismo templo corrompido; pero a pesar de su corta edad, desde sus comienzos mostró gran devoción e interés en hacer la voluntad de Dios. El punto crucial de sus reformas fue el hallazgo del libro de la Ley.

Pues, al parecer, o fueron las copias intencionalmente destruidas en tiempos de los reyes anteriores, o quedaron en tal desuso que virtualmente desaparecieron. Hoy estudiaremos este especial tiempo de avivamiento, pero sobre todo la influencia que tuvieron en el mismo las Sagradas Escrituras.

Lectura del texto bíblico principal

Segundo libro de Crónicas, capítulo 34. Consideremos esta amplia porción; primero la leeremos y después pasaremos a exponerla. Dice la Palabra del Señor:

De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén. Este hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda. A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de David su padre; y a los doce años comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalén de los lugares altos, imágenes de Asera, esculturas e imágenes fundidas. Y derribaron delante de él los altares de los Baales; e hizo pedazos las imágenes del sol que estaban puestas encima de ellos, y despedazó también las imágenes de Asera, las esculturas y estatuas fundidas, y las desmenuzó, y esparció el polvo sobre los sepulcros de los que les habían ofrecido sacrificios. Quemó además los huesos de los sacerdotes sobre sus altares, y limpió a Judá y a Jerusalén. Lo mismo hizo en las ciudades de Manasés, de Efraín, y de Simeón, hasta Neftalí, y en las casas asoladas alrededor. Y cuando hubo derribado los altares y las imágenes de Asera, y quebrado y desmenuzado las esculturas, y destruido todos los ídolos por toda la tierra de Israel, volvió a Jerusalén.

— 2 Crónicas 34:1–7

Detengámonos un momento aquí. Como regularmente hago, expondré tres cosas. Lo primero, la actitud piadosa de este rey. Después, la herramienta que el Señor le proveyó para que culminara las reformas, esto fue las Escrituras. Y después, la forma en que estas reformas fueron implementadas en el reino. Comencemos con la primera parte, que es la porción de la Escritura que ya hemos leído: la actitud piadosa de este rey. Tenía celo por la casa de Dios.

Algo que no se describe en la Escritura es de dónde le vino a Josías la piedad. Yo tuve ayer largas horas tratando de ver todos los textos bíblicos que sean relativos al reinado de Josías y no hay una evidencia de cuál fue el instrumento utilizado por el Señor para avivar la piedad en el corazón de este joven rey. Lo que se nos dice es que desde muy tempranos años él comenzó a inquirir acerca de cómo hacer la voluntad de Dios. ¿De dónde le pudo haber venido la piedad? No fue de su familia, porque sus familiares, sus antepasados, eran hombres impíos. Es más, de lo peorcito de los reyes de Israel fueron el papá y el abuelo de él.

La devoción temprana de Josías y los límites de la reforma externa

En su casa parece que no lo aprendió. No vivía en medio de un pueblo de gente devota. Él no creció en Israel en los tiempos donde se adoraba al único Dios verdadero, creció en Israel en los tiempos donde se adoraba cualquier dios. Yo estuve tratando de imaginarme cómo era Jerusalén en tiempo de Josías, y había imágenes, habían, perdón, estatuas; uno caminaba por las calles y encontraba altares, uno encontraba hechiceros, profetisas, hermano. Vivir en esa ciudad no favorecía, humanamente hablando, que un joven se inclinara al Dios verdadero. No sé qué fue lo que le permitió a Josías tener esta inquietud hacia su Señor.

Por otro lado, no aparece ningún mentor que pudiera atribuírsele a él. Por ejemplo, en tiempo del rey Joás hubo un gran avivamiento, pero estaba el sacerdote Joiada, y el sacerdote Joiada junto a su esposa adoptaron al rey joven y lo encaminaron a hacer la voluntad del Señor a un punto tal que cuando Joiada murió vinieron sus amigos y desviaron el corazón del rey y terminó siendo destruido. No hay Joiada en la vida de Josías. Grandes profetas hubo en Israel en su tiempo, eso es cierto. Por ejemplo, en tiempo de Josías fue el profeta Jeremías, que es uno de los profetas que se le llama profetas mayores porque profetizaron durante largos años. De tiempo de Josías es el profeta Sofonías, de tiempo de Josías es el profeta Hageo, y hasta una profetisa había, se llamaba Hulda. Sin embargo, no hay evidencia tampoco en la Escritura de que hubiera fuerte cercanía entre el rey y los profetas. Es más, como que no coinciden sus ministerios de forma íntima.

Hermano, no sabemos de dónde vino la devoción y la piedad, pero algo lo sabemos con total seguridad, y esto a mí me sorprende a un punto tal que lo único que puedo decir es gloria a Dios. Más de 300 años antes, en tiempos de un rey malo, el Señor profetizó que tiempos después levantaría un rey que destruiría la idolatría, y el Señor dijo 300 años antes que ese rey se llamaría Josías. Yo no sé si utilizó un Joiada, no sé si utilizó los profetas, yo no sé si alguien de su familia se levantó e instruyó a este muchacho. Ahora, yo sé que en la providencia del Señor, 300 años antes, el Señor se había reservado a un rey joven al cual había determinado hasta su nombre, y el Señor dijo textualmente que a ese le iba a utilizar como instrumento para derribar los altares y traer la devoción a su pueblo.

Esto me anuncia algo de la salvación que yo todavía no he podido abarcar, hermano, y me sobrecoge, y es que yo no sé hasta dónde llega la providencia del Señor y hasta dónde llega la devoción del hombre, pero el Señor la utilizó. No sabemos si alguien había orado por un rey, no sabemos si lo estaban esperando, pero sabemos que el Señor cada cierto tiempo utiliza instrumentos elegidos para cumplir su propósito. Y, aunque nosotros no sepamos ubicar de dónde vino la devoción, sabemos que el Señor puso ahí lo que había que poner y utilizó a Josías como instrumento para traer la devoción en este último momento del reinado en Jerusalén. Algo que vemos aquí también es el alcance de esta reforma inicial.

Fue una reforma útil hasta cierto punto, pero deténganse en lo siguiente: fue una reforma muy limitada. El rey mandó a quitar los altares, pero aun sin altares el pueblo seguía siendo un pueblo idólatra. Usted quita las imágenes de Asera y en el corazón del hombre no ha sucedido nada. Fue buena la reforma inicialmente, pero fue una reforma limitada. Tú quitas los hechiceros y los hechiceros no dejan de ser hechiceros, siguen ejercitando su hechicería en otra parte. Y había un momento, había un lugar hasta donde el rey Josías no podía penetrar: eran los altares privados, y aun había algo mucho más profundo, que es el corazón del hombre.

Reforma política vs. cambio del corazón

Hermano, con esto quiero enseñarle que la reforma política entre paréntesis ayuda hasta ciertos puntos, pero no es posible cambiar el corazón de un pueblo solamente con reformas políticas. A veces veo a mis hermanos anhelando que los legisladores hagan algo, y es útil hasta cierto punto. Pero déjenme darle un ejemplo que lo tenemos ahí mismo. Ayer era el Día Nacional de la Biblia. ¿Alguien se enteró? Fue distinto el país. Cuando digo que alguien se enteró, estoy hablando figuradamente, proporcionalmente; nadie se enteró de esto. Quizás unos cuantos creyentes lo supimos, pero no es que hubo un gran despliegue en Santo Domingo, cantidad de gente leyendo la Palabra, las personas comprando Biblias, regalando Biblias, las personas en su casa… no, no, no. La cosa siguió igual.

Las reformas primeras de Josías fueron útiles hasta cierto punto, pero no era una actitud generalizada en el pueblo, eso estaba en el rey. Fíjese que quitaron los altares delante de él, o sea, al rey no le gustan, quítenlos. Después de estas primeras reformas, Israel no fue muy distinto; no hubo menos altares, y eso ¿es malo? No, eso es bueno. ¿En qué sentido fue útil? Bueno, lo primero es que anunciaba la posición del rey y del liderazgo del país, y eso influye. Yo trato de no mezclar en mi sermón, hermano, los asuntos políticos y temporales, yo trato como de siempre apuntar hacia lo eterno, pero no puedo evitar, porque yo habito una ciudad y las temporalidades me alcanzan, una espinita que tengo ahí clavada con mi presidente la tengo como en el corazón ahí. Una espinita tengo ahí con mi presidente, el mío, Danilo Medina, el presidente de todos nosotros, es una espinita que yo tengo ahí, que me va a acompañar, parece, hasta el final de su ejercicio y va a provocar que yo no le eche un voto si siguiera o no.

Y es que no permitió que no se impusieran a este señor que ha venido aquí a difundir toda esta perversidad, y el presidente no ha dicho nada. Hermano, pero en su silencio, en su silencio, en su silencio ha dicho mucho. Que el rey Josías, el piadoso Josías, haya mandado a que se quitara por lo menos de las avenidas las estatuas, que dictara eso, anuncia que la cabeza en este reino está aspirando a hacer la voluntad del Señor. Y, aunque no masivamente el pueblo cambie el corazón, al pueblo le llega un mensaje: “Wow, aquí hasta las autoridades van haciendo la voluntad del Señor, ¿y yo qué?”. Al mismo tiempo, esto evitaba la promoción de la idolatría.

La idolatría no es solamente una práctica; también, si ahí hay un altar donde se adora una deidad, ese altar se convierte en una promoción de esa deidad. Y al eliminar los altares y las estatuas, a pesar de que no podía cambiar el corazón del pueblo, estaba contribuyendo a que la promoción de la idolatría no siguiera destruyendo al pueblo. Y esto, sobre todo, era un acto de adoración al Señor, porque lo quería hacer por el temor de Jehová que estaba en su corazón. Él mandó la reforma hasta este punto. Es útil, pero no es suficiente.

¿Qué aprendemos nosotros? Miren, con quitar los colmadones no se cambian las ciudades. No es suficiente con quitar colmadón, pero ayuda, ayuda su chin. Con eliminar los puntos de droga, hermano, usted no reduce el consumo de droga necesariamente, pero ayuda. Con sacar la inmoralidad de la radio, de la televisión y esa difusión de la inmoralidad, no se cambia a la sociedad, pero se evita que se deteriore más rápido. Hermano, con que las iglesias crezcan en las ciudades no necesariamente eso apunta a que se transformen las ciudades, pero es una gran cosa, ayuda.

El corazón de la reforma y la providencia de Dios

Sin embargo, les diré en lo adelante. En este primer punto les he enseñado que había una actitud en el rey y esto fue visto por Dios. Y algo que veremos más adelante es que cuando uno tiene la intención de hacer las cosas a la manera del Señor y glorificarle, el Señor provee los medios para que las cosas se hagan. Las reformas no comenzaron con los medios, la reforma comenzó con las actitudes. Un rey tuvo la actitud hacia la voluntad del Señor y el Señor le dio el medio idóneo para que tal cosa suceda. El Señor prospera la diligencia. Esta intención que había en el rey Josías de hacer la voluntad del Señor, que le llevó a quitar de las avenidas principales por lo menos la idolatría, parece que el Señor vio eso y le dio un medio a Rey Josías con lo cual él pudo implementar la reforma, no solamente a nivel externo, no solamente a nivel exterior, sino la reforma verdadera, que es la que se produce en el corazón del hombre.

Acompáñeme un poco más hacia adelante. Este primer punto lo concluimos en el versículo 7:

Y cuando hubo derribado los altares y las imágenes de Asera, y quebrado y desmenuzado las esculturas, y destruido todos los ídolos por toda la tierra de Israel, volvió a Jerusalén.

— 2 Crónicas 34:7

Hermano, fue tan amplia esta primera reforma de Josías que no solamente alcanzó Jerusalén, donde estaban los límites de su trono, sino que dice que esto alcanzó también las tribus que eran tribus circundantes: lo mismo hizo en las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón y hasta Neftalí, y en los lugares asolados. Los lugares asolados eran los desiertos. Fue tanto su ímpetu por eliminar la idolatría que hasta fue a los desiertos, a los lugares altos que había allá, y también los eliminó.

Pasemos a la segunda parte. Ya vemos en él una devoción, ya vemos en él una reforma inicial, aunque sabemos que muy limitada. Veamos ahora el instrumento que proveyó el Señor en su tiempo para que la reforma completa pudiera ser desarrollada.

A los dieciocho años de su reinado, después de haber limpiado la tierra y la casa, envió a Safán hijo de Azalía, a Maasías gobernador de la ciudad, y a Joa hijo de Joacaz canciller, para que reparasen la casa de Jehová su Dios. Estos vinieron al sumo sacerdote Hilcías, y le dieron el dinero que había sido traído a la casa de Dios, que los levitas que guardaban la puerta habían recogido de Manasés y de Efraín, y de todo el remanente de Israel, y de todo Judá y Benjamín, y de los moradores de Jerusalén. Y lo pusieron en manos de los que hacían la obra, que eran mayordomos en la casa de Jehová, y ellos lo dieron a los que hacían la obra y a los que colaboraban en la casa de Jehová, para restaurar y reparar el templo. Daban asimismo a los carpinteros y canteros, para que comprasen piedra de cantería y madera para los armazones, y para la trabazón de los edificios que habían destruido los reyes de Judá. Y estos hombres trabajaban con fidelidad; y eran sus mayordomos Jahat y Abdías, levitas de los hijos de Merari, y Zacarías y Mesulam, de los hijos de Coat, para que activasen la obra; y de los levitas, todos los que eran entendidos en instrumentos de música. También velaban sobre los cargadores, y eran inspectores de todos los que hacían la obra en cualquier clase de servicio; y de los levitas eran escribas, oficiales y porteros.

— 2 Crónicas 34:8–13

El hallazgo del Libro de la Ley

Y al sacar el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, el sacerdote Hilcías halló el libro de la ley de Jehová dada por medio de Moisés. Dando respuesta, dijo Hilcías al escriba Safán: Yo he hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. E Hilcías dio el libro a Safán. Y Safán lo llevó al rey, y le contó el asunto, diciendo: Tus siervos han cumplido todo lo que les fue encomendado. Han reunido el dinero que se halló en la casa de Jehová, y lo han entregado en mano de los encargados, y en mano de los que hacen la obra. Además de esto, declaró el escriba Safán al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me ha dado un libro. Y Safán leyó en él delante del rey. Luego que el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus vestidos.

— 2 Crónicas 34:14–19

Hermano, en esta segunda parte veremos que, así como en la primera el rey Josías manifestó profunda devoción al Señor, a un punto tal que quitó las imágenes y aunque sea comenzó la reforma externa, el Señor vio la devoción de Josías y le proveyó un instrumento que había sido olvidado, había sido dejado de lado, con el cual la reforma espiritual verdaderamente iba a ser posible. Me gustaría comenzar con la siguiente pregunta: vemos que la Ley del Señor se había perdido. En medio de los proyectos de construcción, de repente apareció un rollo.

Dicen algunos comentaristas que probablemente en los períodos de los reyes malos, esos mismos reyes se habían ocupado de destruir la Palabra del Señor para hacer en el reino lo que bien les pareciera. También se podría inferir que fue el mismo pueblo que desestimó la lectura de la Ley, y esto se desestimó a un punto tal que quedó en el olvido. Ya sea una cosa o sea la otra, parece que aproximadamente durante 40 años en Israel no se había considerado la Ley de Dios. Hermano, esto es algo preocupante. Estamos hablando de una monarquía. En las monarquías se hace lo que el Señor ha establecido que el rey haga. La pregunta que yo me hago es: ¿cómo habían estado gobernando los reyes de este reino sin tener la voluntad de Dios?

Aquí se mencionan sacerdotes, ¿y qué habían estado haciendo los sacerdotes?, ¿en base a qué hacían el ritual de los sacrificios? Bueno, también se mencionan levitas. Miren, una de las responsabilidades de los levitas era enseñarle la Ley al pueblo. Había levitas que estaban de oficio establecido, pero ¿qué estaban haciendo los levitas? Y se menciona también escribas; la labor de los escribas era transcribir la Palabra del Señor, ¿y este escriba qué hacía? Hermano, esto es algo alarmante: la Ley del Señor salió de la sociedad, pero aun la estructura religiosa siguió funcionando.

No había Ley, no había la Palabra del Señor, pero aún había un rey que hacía lo que le parecía; no había Ley que le dijera cuál era la voluntad del Señor, pero había un sacerdote que mantenía el ritual; no había Ley para enseñar, pero aun los levitas conservaban su oficio; no había Ley para transcribir, pero aun había escribas. Hermano, esto tiene una profunda lección para nosotros, y es que a veces la devoción se escapa al pueblo, la Palabra del Señor sale de la sociedad, pero la religión permanece.

Y a todo esto les parecerá raro, pero estaba aquí hablando de lo que yo decía: que durante años, siglos, la iglesia romana tradicional sacó la Palabra del Señor, y esta gente todavía se llamaban cristianos, se llamaban católicos. Miren, en el Concilio de Trento, todo esto fue en los 1500, la Iglesia católica romana prohibió que la Palabra del Señor se leyera por el pueblo llano. Estaba leyendo la biografía de Francisco Lacueva, que fue un canónigo católico que se hizo evangélico y aceptó al Señor Jesucristo; era canónigo, y él decía que para estudiar las Escrituras él tenía que escribirle una carta a su obispo: “Señor obispo, yo tengo una Biblia allá en la mano, yo la tengo, pero yo no la he abierto, usted sabe. Yo quisiera que desde allá usted me dé la autorización para yo leer la Palabra del Señor”. Lo que sucedió fue que cuando le dieron autorización y Francisco Lacueva consideró las Escrituras, terminó rindiendo su vida a Cristo.

Parte de la realidad de la mayoría de los católicos que yo conozco es esa. Yo conozco católicos que fueron monaguillos, que fueron esto, que fueron aquello. Les digo: “¿Y tú tienes un ejemplar de la Escritura? Porque quisiera regalarte uno”. Me dicen: “Ay, qué bueno, porque yo no tengo”. Amigo, usted tiene 40 años participando de la religión católica y todavía no sabe lo que Dios le demanda al hombre. Pues lo mismo pasaba en tiempo de Josías: continuaba el rey, continuaba el sacerdocio, continuaban los levitas, continuaban los escribas, pero la Palabra del Señor había sido sacada de la sociedad.

¿En base a qué vivimos si no está la Palabra?

Ahora, yo hice la pregunta, pero no di la respuesta: ¿cómo esta gente gobernaba, cómo esta gente oficiaba el culto, qué enseñaba esta gente? Es posible que fuera en base a la autoridad que ellos tenían, quizás las opiniones personales de cada rey, quizás la forma de gobierno y práctica de los pueblos circundantes. “Ellos lo hacían así”, quizás quedaba, miren, cuando la gente deja de leer la Palabra del Señor, pero la leyó en algún momento, le queda como un vago recuerdo, como cuando tú tomas una fruta y haces una batida, esa fruta tú la cuelas, y después tú tomas esa pulpa y le pones un poquito de agua y puedes hacer otro jugo, sí, métele mucha azúcar, métele mucha, mucha, mucha azúcar, rápido, pero tú sacas otro jugo.

Verán, hay gente que ya dejó la Palabra del Señor hace rato, pero todavía como que le queda un chin, así le queda un chin. Ellos dicen: “Mira, yo no recuerdo dónde, pero en la Ley del Señor se decía que…”; sí, algo ahí hay. Quizás eso era lo que los levitas estaban dando, quizá eso era lo que los sacerdotes estaban haciendo, un vago recuerdo de lo que era la religión verdadera. Hermano, pero eso no es muy raro al día de hoy. Yo le pregunto a las personas al día de hoy: si tú no tienes la Palabra de tu Creador, ¿cuál es tu fuente de autoridad?

Yo le pregunto a los hombres: tú eres un hombre, tú tienes una familia, tú supuestamente eres el líder en tu casa, ¿en base a qué tú ejecutas tu liderazgo?, ¿cuál es la autoridad que ha delegado eso en ti? Mire, si usted no tiene la Palabra del Señor, la única manera de un hombre ejecutar su liderazgo en su casa es la fuerza. Si él es más fuerte, entonces por eso usted lo hace. Ahora le pregunto a las mujeres: ¿de qué manera ustedes hacen sus roles en su casa si nadie se lo ha dicho? Le pregunto a los hijos: ¿por qué ustedes deberían obedecer a sus padres si sacamos la Palabra del Señor de la sociedad?, ¿por qué un hijo debería obedecer a un padre?, ¿por qué un marido no debería abandonar a su esposa y a sus hijos?, ¿por qué los gobernantes deberían ejecutar gobiernos justos?, ¿por qué deberíamos hacer que valga la ley para los poderosos y también para los débiles?, ¿por qué no solamente a los ricos deberíamos darle un trato preferencial?

Miren, cuando sacamos la Palabra del Señor de la sociedad, sucede no solamente la idolatría, sucede la injusticia, sucede el abuso, sucede la imposición del más fuerte. ¿Para qué servía la Palabra del Señor? Para que los abusos no se cometieran en Israel. Había leyes específicas que decían que había que cuidar al huérfano, que había que cuidar a la viuda, que había que cuidar al extranjero. Había leyes específicas acerca de cómo administrar justicia, y cuando sacamos la Palabra del Señor, ¿qué sucede? Que yo hago la justicia al que más me convenga.

La Palabra del Señor ha sido sacada de nuestra sociedad, y nosotros nos preguntamos todavía cuál es la autoridad funcional. ¿Por qué, por ejemplo, yo debería someterme al gobierno? Porque la Biblia lo dice, Romanos 13, así es. ¿Por qué debemos pagar tributos?, ¿por qué razón, si me conviene, por qué razón yo no puedo defraudar, dado los medios?, ¿por qué razón, si nadie me va a ver, por qué no puedo defraudar? Hermanos, cuando sacamos la Palabra del Señor, no solamente vamos a ver una fuerte idolatría, sino que vamos a ver la inmoralidad, vamos a ver la aberración, vamos a ver la injusticia.

Gente que no tiene la Palabra del Señor en este tiempo, yo le pregunto: ¿cuál es tu fuente de autoridad hoy? Quizás un leve recuerdo de la Palabra del Señor, tradiciones y prácticas familiares, prácticas culturales. Uno oye a una gente: “¿Y por qué tú haces lo que haces?” “Porque aquí lo hacemos así, y tú sabes que eso es bueno”. Miren, el problema que tiene el materialismo ateo es que cuando te dicen que algo es verdad, tú le dices: “¿Por qué eso es verdad?” “Porque lo digo yo”. ¿Y cuál es tu fuente de autoridad? No hay manera, no hay manera de que si tú sacas la Palabra del Señor y su revelación objetiva de la sociedad, puedas ni siquiera emitir un juicio de valor, porque ¿cuál es tu autoridad? Tú mismo: la historia, las prácticas. Si sacamos a Dios, hermano, todo lo demás se diluye.

Peligro de sustituir la Palabra: tradición y mensajes agradables

Pero tampoco uno lo ve solo hacia la sociedad. Hermano, pero yo tengo cierto temor, porque miren, es verdad lo que les digo: el catolicismo romano cambió la Palabra del Señor por la tradición y el magisterio de la Iglesia. En la práctica, por ejemplo, un católico no tiene que leer la Biblia, sino que solamente tiene que participar en determinados días de fiesta, y si tiene preguntas se responde del magisterio de la Iglesia, el dogma. Pero los evangélicos no es que estamos muy lejos. El grueso del mundo evangélico, el grueso, el grueso, ha cambiado de predicar la objetiva Palabra del Señor a predicarle a la gente lo que la gente quiere oír.

Dice la Escritura que una señal de los postreros tiempos es que se amontonará gente que tiene comezón de oír en los oídos. Y lo más común en este tiempo no es que se le predique a la gente lo que se le predicó al rey Josías, se le está predicando a la gente lo que la gente quiere oír: “Tú estás bien, tú estás en victoria, dale, hermano, Dios te va a bendecir, te va a ir bien. Recuérdate, solamente manda tu ofrenda para que te vaya mejor, pero te va a ir bien”. Hermano, usted coge y hace un rastreo por medios de comunicación cristianos, y se encontrará que en la mayoría de los casos no se está predicando a la gente lo que confronta la Palabra del Señor, sino lo que la gente quiere oír.

Y en este sentido, aunque nosotros tenemos la Palabra del Señor, la Palabra del Señor no ejerce autoridad funcional sobre el pueblo de Dios. No es solamente tener el libro, hermano. Dice la Escritura: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros”. Ese “more en vosotros” significa habite en vosotros. Y ese habite en vosotros es que se instale en ustedes de forma tal que el entorno responda a ella. Es que la Palabra del Señor no sea una consulta lejana, sino que habita dentro de nosotros. Es como que domine todo el contexto, domine todo el lugar, a un punto tal que tus pensamientos tiendan a parecerse a la Palabra de Dios, que tus decisiones reflejen la Palabra del Señor, que en tu adoración salga la Palabra del Señor, que la Palabra del Señor no solamente pase por donde ti, como pasa un sobrino que vino del campo y se quedó dos días, sino que la Palabra del Señor ponga en tu vida su casa.

¿Qué les digo con esto, hermano? No es solamente que tengamos la Ley, es que tengamos la disposición de escuchar la Ley. Sucede algo en tiempo de Josías. Ya les he enseñado en primer lugar que la reforma inicial fue una reforma exterior. Ahora les estoy enseñando en segundo lugar que el Señor le dio a Josías una herramienta poderosa para implementar la reforma interior, y es la Palabra de Dios. Fue recibida por Josías. Y me gusta lo siguiente: me gusta el medio que utilizó el Señor y, al mismo tiempo, la actitud del rey. Hermano, cuando el escriba le llevó la Ley al rey, no se la dejó nada más. “Rey, yo se la traje, mire, hemos encontrado aquí un tesoro para que usted lo ponga y adorne la mesita”.

Hermano, este es un hombre sabio, este Safán es un hombre sabio. Cuando fue donde el rey, escuchen lo que le dijo. Además de esto, declaró el escriba Safán al rey, diciendo: “El sacerdote Hilcías me dio un libro”. Un libro: “Qué bonito, una reliquia tenemos, ¿dónde lo ponemos? No, me dio un libro, aquí está el libro, yo lo tengo conmigo, si quiere, yo se lo leo por mí”. Probablemente era un rollo lo que él había conseguido. Además de esto, el sacerdote Hilcías me dio un libro, estoy en el versículo 18, “y leyó Safán en él delante del rey”. Hermano, no se lo dejó ahí de que “Rey, yo se lo traje para que cuando quiera usted lo considere”, sino que él lo abrió, y cuando lo abrió, entonces se lo leyó.

El impacto personal de la Palabra en Josías

Luego que el rey oyó las palabras de la Ley, rasgó sus vestidos. Hermano, ese hombre fue sabio. Quizás si le deja el rollo al rey, el rey, ni siquiera iba a abrirlo, pero se lo leyó al rey. En esto, hermano, yo he tomado una idea. Miren, yo he regalado muchas Biblias, muchas Biblias, muchas Biblias, pero la mayoría de la gente a la que yo le regalo Biblia, yo sospecho que lo que quieren es abrirla en su casa en el Salmo 23. Hay gente que entiende que la Biblia es un amuleto. El escriba no solamente le llevó al rey el libro, porque muy probablemente lo dejaban en una mesita, como la gente quiere tener una Biblia: “Ya tengo mi Biblia”. Hermano, vamos a tratar de que la gente no solamente llegue a tener un ejemplar de las Escrituras, sino que el oído sea expuesto a la Palabra, que se apueste el oído.

Algo que yo he utilizado en los últimos años es que cuando yo invito a la gente a leer la Biblia, por lo menos le leo el Evangelio de Juan. “Mira, te voy a regalar una Biblia para que leamos juntos el Evangelio de Juan”, y le doy la Biblia, y leemos juntos el Evangelio de Juan, porque usualmente el Señor utiliza las Escrituras para regenerar el corazón del hombre. Dice la Escritura que nosotros estamos muertos en delitos y pecados, pero la Palabra del Señor es poderosa. Dice la Escritura que el Señor crea con el poder de su Palabra. Eventualmente, había un valle de huesos secos, y con el poder de la Palabra del Señor, ese valle de huesos secos se llenó de carne.

Hermano, eso que está sucediendo aquí se llama regeneración. Yo les digo: Josías desde niño, desde los ocho años, había mostrado devoción. Josías ya desde los doce años está derribando altares, está destruyendo la idolatría. Sin embargo, cuando Josías escucha la Palabra del Señor, algo adentro de él le dice: “Tú no eres digno para estar ante la presencia del Señor”. El poder que tiene la Palabra del Señor es que nos enseña que nuestras buenas obras no son suficientes. La mayoría de la gente piensa en el interior de ellos mismos que son buenos, y quizás Josías pensaba que era bueno, pero cuando la Palabra del Señor fue puesta en el oído de Josías, Josías entendió: “Realmente yo soy pecador, que tenga el Señor misericordia de mí”.

Lo que la gente necesita, hermanos, no es solamente reforma exterior. La gente necesita también que sea confrontada con su verdadera realidad, y tu verdadera realidad es que, sin importar que tú hayas limpiado a Jerusalén, a Judá, que hayas limpiado las tribus circundantes, adentro de ti tú estás muerto en tus delitos y pecados. La Palabra del Señor te confronta. Hay cosas que están escondidas en el corazón del hombre, que solamente con el poder de la Palabra del Señor esas cosas pueden salir. Te enseña que tú eres pecador, te enseña que tú necesitas la gracia del Señor.

Luego que el rey oyó las palabras de la Ley, rasgó sus vestidos, y mandó a Hilcías, y a Ajicam hijo de Safán, y a Abdón hijo de Micaía, y a Safán escriba y a Asaías siervo del rey, diciendo:

Andad, consultad a Jehová por mí y por el remanente de Israel y de Judá, acerca de las palabras del libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que ha caído sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron la palabra de Jehová, para hacer conforme a todo lo que está escrito en este libro.

— 2 Crónicas 34:21

Llama la atención que él, por sus buenas obras, no entendía que se había librado de la ira del Señor. Que él desde los ocho años tuviera devoción no lo libraba de la mano del Señor. Quiero decirle a las personas que están aquí presentes que todavía no se consideran cristianos, que sin importar la opinión que tú tengas de ti mismo, Dios tiene una opinión verdadera sobre ti. Josías pudo refugiarse en decir: “Yo limpié Israel, Jerusalén, de la idolatría”, pero en su corazón él sabía que era un pecador y necesitaba la misericordia del Señor.

Quizás tú te has refugiado en decir: “Yo soy, en mi familia, una persona seria, yo soy un hombre, una mujer tranquilo o tranquila, yo no le hago mal a nadie, yo hasta voy a la iglesia”. Hermano, eso es una gran cosa, pero eso fue lo primero que hizo Josías. Cuando Josías recibió la Palabra del Señor, fue confrontado en su pecado y reconoció, reconoció su verdadera condición. La verdadera condición de todos los hombres, lo dice la Escritura: “No hay justo, ni aun uno. Todos se descarriaron como ovejas, cada cual se apartó por su camino. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.

Consultando a la profetisa Hulda y confirmando la Palabra

La actitud del rey fue de humillación. Él se arrepintió; la Escritura le mostró su verdadera condición, pero al mismo tiempo él confirmó lo que había leído por medio de un profeta, y esto es una buena práctica para todos los creyentes. Mira, a veces cuando tú lees la Palabra del Señor, la Palabra del Señor te dice que ya algo está mal, pero es muy sabio que tú consultes eso mismo con alguna persona que también tenga luz. Él mandó a consultar, y consultaron a la profetisa. Dice el texto:

Entonces Hilcías y los del rey fueron a Hulda profetisa, mujer de Salum hijo de Ticva, hijo de Hasra, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en el segundo barrio; y le dijeron las palabras del rey. Y ella les respondió: Jehová Dios de Israel ha dicho así: Decid al varón que os ha enviado a mí: Así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre este lugar y sobre los moradores de él todos los males de que habla este libro que han leído delante del rey de Judá; por cuanto me han dejado a mí, y han ofrecido sacrificios a dioses ajenos, provocándome a ira con todas las obras de sus manos; por tanto, mi ira se derramará sobre este lugar, y no se apagará. Mas al rey de Judá, que os ha enviado a consultar a Jehová, diréis así: Jehová el Dios de Israel ha dicho así: Por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Dios al oír sus palabras sobre este lugar y sobre sus moradores, y te humillaste delante de mí, y rasgaste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, yo también te he oído, dice Jehová. He aquí yo te recogeré con tus padres, y serás llevado a tu sepulcro en paz, y tus ojos no verán todo el mal que yo traigo sobre este lugar y sobre los moradores de él. Y ellos dieron al rey la respuesta.

— 2 Crónicas 34:22–28

La profetisa confirmó: “Miren, lo que dice ahí es verdad y va a suceder, el Señor lo ha dicho”. Pero dice que el rey se conmovió profundamente. Hermano, ¿por qué se habrá conmovido tan profundamente? Josías, lo primero, su pecado fue confrontado, su pecado, y eso pudo haber llamado su atención. Pero probablemente lo que la Ley decía confirmó algo que él ya había sentido desde su niñez: “Las cosas en este reino no están bien, esta idolatría no lleva a ninguna buena parte”, y ahora la Palabra del Señor lo dice.

Hermano, eso sucede frecuentemente cuando uno lee la Escritura, que ya el Señor ha inquietado el corazón de uno a que uno haga algo, pero la Escritura es como que te lo confirma. Parece que Josías dijo: “Estos doce años que ya yo tengo implementando esto, al parecer no ha sido coincidencia. Parece que era Dios que me estaba guiando, y ahora la Palabra del Señor lo confirma”. Pero al mismo tiempo, las Escrituras le dieron autoridad para implementar verdaderamente la reforma que hacía falta. Antes las reformas se hacían porque el rey quería; ahora las reformas se van a hacer porque el Dios que hizo este reino lo demanda. Es distinto.

Hermano, nosotros la única autoridad que tenemos para traer reformas sociales es la Palabra del Señor. Cuando nosotros le digamos a los hombres que tal cosa es buena o es mala, no lo digamos como que es nuestra preferencia personal, digámoslo: “Nosotros creemos que es así porque Dios así lo demanda”. A veces los cristianos cometemos el error de hablar de posiciones morales como si fueran nuestras preferencias. No son nuestras preferencias, son las ordenanzas de Dios.

Quizás antes Josías decía: “Ey, vamos a quitar esa estatua”. “¿Por qué?” “Porque Josías quiere”. Ahora Josías podía enseñar: “Es que el Dios que hizo este reino dijo que solamente a ese Dios adoraréis”. Pero, al mismo tiempo, las Escrituras le dieron una herramienta útil para que la reforma calara, no solamente en las calles, quitando las estatuas, sino que calara en el corazón de la gente. Lo que él hizo con la Ley más adelante se ve claramente. Dice el capítulo 35, versículo 3:

Y dijo a los levitas que enseñaban a todo Israel, y que estaban dedicados a Jehová: Poned el arca santa en la casa que edificó Salomón hijo de David, rey de Israel, para que no la carguéis más sobre los hombros. Servid ahora a Jehová vuestro Dios, y a su pueblo Israel.

— 2 Crónicas 35:3

Los levitas iban a servir a su pueblo, pero ya tenían la Ley. Había algo objetivo para que las reformas caminaran.

En primer lugar, les he dicho que es muy bueno propiciar los cambios y anunciar nuestra devoción, pero que esos cambios son limitados. En segundo lugar, les he dicho que lo único que puede transformar verdaderamente el corazón de un hombre es la Palabra de Dios. Hermanos, desestimemos cualquier posibilidad de lograr la transformación de Santo Domingo solo promulgando leyes. Si hay en el Espíritu que se haga, que se haga, pero no confiemos en eso. Confiemos en que la Palabra del Señor sea puesta en los oídos, y del oído al corazón.

La proclamación pública de la Ley

Cuando el corazón del pueblo sea transformado, entonces el pueblo será distinto. Termino con lo siguiente: el gran proyecto, ¿cuál fue? La reforma espiritual, y está en el versículo 29 en adelante:

Entonces el rey envió y reunió a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. Y subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalén, los sacerdotes y levitas, y todo el pueblo desde el mayor hasta el más pequeño; y leyó, oyéndolo ellos, todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová.

— 2 Crónicas 34:29–30

Hermano, ya no solamente es Josías. Ahora Josías está reuniendo a los ancianos de Judá y de Jerusalén, y subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el mayor hasta el más pequeño. Así es que cambia una nación. Y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová.

Anteriormente, el rey mandaba a que se quitaran las estatuas y que se derribaran los altares. Ahora les reúne a todo el pueblo, reúne a los ancianos, reúne a los sacerdotes, a los levitas, a los mayores y a los niños, y a todo el pueblo les lee la Palabra de la Ley. Me llama la atención el lugar de la reunión. Él no los llamó a que vayan a su casa, él no los llamó a que vayan al palacio. “Vamos al templo”. Esto también debería ser una lección para la iglesia local: hay que poner a la gente en contacto con la Palabra del Señor, hay que leerles la Palabra.

A veces yo siento que no somos más intencionales en traer la gente a la casa de Dios porque quizá algún hermano mío piensa que traerlos a la iglesia es para que conozcan a sus amigos, para que conozcan a mis hermanos. No, no es para eso. Los traemos al templo para ponerlos en contacto con la Palabra del Señor. Cuando tú traigas un amigo a la iglesia, tú trae a tu amigo porque tú tienes la expectativa de que tu amigo pueda escuchar la Palabra del Señor y el Señor hacer en él una obra. O sea, reunió a todo el pueblo en el templo, y en el templo les leyó la Ley.

Y estando el rey en pie en su sitio, hizo delante de Jehová pacto de caminar en pos de Jehová, y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazón y con toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro.

— 2 Crónicas 34:31

Termino con lo siguiente: ¿cuáles son las posibilidades reales que tenía Josías de lograr un cambio permanente? Mínimas. La profetisa Hulda le dijo: “Yo voy a detener el castigo, no va a venir ahora mismo, pero eso no elimina lo que viene”.

Resultados limitados pero reales, y aplicación a nuestra sociedad

Hermano, nuestra motivación para poner a la gente en contacto con la Palabra del Señor no debe ser solamente que haya un gran cambio en Santo Domingo. Un asunto trascendental… miren, después lo que pasó fue que el pueblo de nuevo volvió a sus ídolos. Es más, yo tengo la ligera sospecha de que Israel realmente nunca se arrepintió. Eso fue Josías que se arrepintió, fue Josías que lo sintió. Dice que el pueblo escuchó la Ley. Hermano, yo lo leí, lo leí con cuidado, miren qué es lo que aquí está diciendo:

Y estando el rey en pie en su sitio, hizo delante de Jehová pacto de caminar en pos de Jehová…

— 2 Crónicas 34:31

Aquí no está refrendando que es que todo el mundo estaba ahí de acuerdo. Traten de entenderme en esto: era Josías que tenía todo el corazón, y Josías ahora tiene la autoridad de la Palabra, y por eso puede pactar en nombre de ellos, pero no era que el pueblo entero estaba viviendo un avivamiento, no. El rey, que es la cabeza, ha entendido que la manera en que tenemos que hacerlo es honrar al Señor. Y si ustedes tienen duda de que el pueblo no estaba, miren lo que dice el 32:

E hizo que se obligaran a ello todos los que estaban en Jerusalén y en Benjamín; y así hicieron los moradores de Jerusalén conforme al pacto de Dios, el Dios de sus padres.

— 2 Crónicas 34:32

Todavía era un poco impuesto el asunto. Hermano, después de esos días el pueblo volvió a su idolatría y terminó perdiendo su territorio y siendo deportado a Babilonia. Ahora, no quiero desanimarles. No sé cuántos, pero mucha gente en tiempo de Josías abrió los ojos porque se les reintrodujo la Luz. Quizás nosotros como evangélicos en Santo Domingo, predicando la Palabra del Señor, no logremos que aquí la Palabra del Señor corra por las calles en masa, pero quizás, por la misericordia del Señor, podemos lograr un gran cambio. Puede ser que se reduzca la idolatría, puede ser que se aumente la justicia, puede ser que aumente la moral, puede ser que se detenga un poco el poder abrasador del pecado y la gente no se destruya tan rápido como les tocaría.

En tiempo de Josías, muy probablemente, hasta después que él encontró la Ley, el grueso del pueblo siguió en su corazón siendo un pueblo idólatra. Pero la Palabra del Señor es un muro de contención en la sociedad, tanto para los creyentes como para los impíos. Quiero orar por mi iglesia, hermano, para que tengamos una confianza renovada en la Palabra del Señor. El rey Josías se sintió animado a reunir sacerdotes, ancianos, adultos, niños y a todo el mundo, y parece que el mismo rey fue que les leyó la Palabra del Señor.

Quisiera despedir el mes de la Biblia animando a mis hermanos a que hagan todo lo posible para que la gente que esté a su alrededor y en sus contornos también reciba su Palabra. Puedes regalar una Biblia y leerla con alguien. Puedes mandarle un enlace, una porción de la Escritura; puedes compartirla en las redes sociales, en internet, en distintos lugares. Hagan que la Palabra del Señor corra en la sociedad. Y no está de más: hagan un esfuerzo de traer la gente a la iglesia para que escuche la predicación.

Llamado personal: que la Palabra sea autoridad funcional

Antes de orar, les hago un llamado a mis hermanos. Yo te pregunto, hermano: ¿la Palabra del Señor es una autoridad funcional en tu vida?, ¿es tu fuente de referencia?, ¿es tu fuente de sabiduría? ¿O tú tienes una Biblia? No es lo mismo tener una Biblia que tener la Palabra del Señor como tu fuente de autoridad, como tu fuente de referencia y como tu fuente de sabiduría.

Tener una Biblia es una gran cosa, pero que sea la Biblia la que conduzca tus pensamientos, que sea la Biblia la que moldee tus emociones y que sea la Biblia la que dirija tus decisiones, eso es otra cosa. Sospecho que para muchos de mis hermanos ellos tienen el libro, pero todavía la Palabra del Señor no mora en sus corazones con tanta libertad como debería morar. Hago un llamado a mis hermanos, hermano, es sencillo: vamos a leer la Biblia. ¿Qué le parece? ¿Está muy complicado?, ¿está muy…? Yo no puedo hacer como Josías, porque Josías era un rey, hermano, y Josías podía obligar a la gente. Yo no llego hasta ahí, hermano, pero ya que no puedo demandarles, permítanme rogarles: vamos a leer la Biblia.

Arranquen con el calendario, con el Evangelio de Juan. Consideremos las Escrituras nuevamente, hermanos, porque dice la Escritura: “Escudriñad las Escrituras… porque ellas son las que dan testimonio de mí”. Consideremos las Escrituras, porque ellas dan testimonio de Cristo.

Oro por la iglesia local. Gracias, Padre, porque tenemos tu Palabra. Permite ahora que tu Palabra ejerza autoridad funcional sobre nosotros. Viendo, Señor, el testimonio de Josías, asimismo quiero animar a mis hermanos. Permite que la Palabra del Señor habite en ellos, Señor, que no solamente se pase por ahí de vez en cuando, sino que coloque en ellos su morada. Permítenos, Señor, poner esta sociedad en contacto con tu Palabra. Danos una confianza renovada en el poder que tiene, Señor, tu Palabra para traer un avivamiento real y genuino.

Ay, Señor, te oro por aquellos de mis hermanos evangélicos que han descuidado el ministerio de la Palabra y se han dedicado a predicar a la gente lo que la gente quiere oír. Te pido por ellos, Señor, que son mis hermanos y que es mi iglesia, que quizás han perdido la confianza en tu Palabra y se han refugiado en la psicología del mundo, en las prácticas culturales, en la autoayuda, en la motivación. Devuelve a tu iglesia, Señor, la autoridad de tu Palabra y permite que las reformas avancen.

Te pido por aquellos que están en eminencia, Señor. Te pido por el presidente de nuestro país. Te pido, Señor, por Danilo Medina, para que sea tu Palabra, y que tú utilices algún instrumento para que él se refugie en tu Palabra. Permite, Señor, que tu Palabra preserve moralmente a esta ciudad, permite que tu Palabra haga que aumente la justicia, permite que tu Palabra, Señor, haga que aumente la bondad, la virtud.

Te pido por mi iglesia local, que no solamente sea una iglesia… Ay, Señor, que no sea una iglesia de gente que se acostumbra a recibir sermones, sino que sea una iglesia de gente que se acostumbre, Señor, a identificar en el sermón dónde está tu Palabra y que atesore tu Palabra. Pon sabiduría en este pueblo, Señor, para que desechen opiniones de hombres y atesoren, Señor, como el tesoro más valioso, tu Palabra. En el nombre de Cristo te pedimos esto. Amén.

Que el Señor les bendiga, hermanos, que el Señor traiga fruto a través de su Palabra.

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