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El reinado de Roboam

2 Crónicas 10–12

El mal testimonio de los padres puede influir en los hijos, pero no determina su destino: lo decisivo es disponer el corazón para buscar a Jehová antes de tener poder, porque la necedad en el liderazgo destruye familias, iglesias y naciones.

Predicado14 de septiembre de 2014
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Te presentamos, Señor, en oración este momento. Nos presentamos nosotros mismos, Señor, como una oportunidad, mirándote a ti como nuestro alfarero, mirándote a ti, Señor, como el que nos da forma, para que tú tomes la palabra y nos tomes a nosotros, y que nuestra vida se parezca a lo que tú quieres que sea. Te encomiendo, Señor, a mis hermanos, encomiendo a mi iglesia local, para que seas tú haciendo que tu palabra sea impregnada en cada uno de los corazones.

Permite que esta historia que estaremos considerando sea una oportunidad para que nuestra vida sea refinada y que se parezca a lo que tú quieres que sea. Te encomiendo a cada uno de mis hermanos, me encomiendo yo mismo delante de ti. Dirígenos en este tiempo, acompáñanos tú, Señor, condúcenos a través de tu palabra. Permítenos entender tu voluntad para nosotros en este tiempo y así mismo actuar en consecuencia. En Cristo, nuestro Señor, amén.

Tal como han visto, hermanos, en este año completo, que ya entramos a la recta final, hemos estado predicando el Antiguo Testamento cada vez en porciones específicas de la palabra del Señor. Ahora mismo nos encontramos predicando sermones acerca del tiempo de la monarquía en Israel. Estamos viendo los reyes de Israel: ya vimos el rey David, ya vimos a Saúl, ya vimos también el rey Salomón. Hoy veremos el reinado de Roboam, que es un hijo de Salomón. Acompáñenme en sus Biblias al segundo libro de Crónicas, en el capítulo 10. Doy un chance para que puedan buscar la Escritura y aprovecho para hacerles un preámbulo y responder la siguiente pregunta: ¿por qué es importante estudiar a los reyes de Israel?

Quizás usted me dirá: “Pastor, esos no son nuestros reyes, no tiene nada que ver la monarquía de Israel con nosotros en este tiempo, la iglesia cristiana no es una monarquía”. Es más, ya en el mundo quedan pocas monarquías, ¿por qué la iglesia del Señor debería estar considerando a los reyes de Israel? La primera razón por la cual tenemos que hacerlo es porque Dios eligió este pueblo para revelarse a todos nosotros. Dios se relacionó con ellos, y cuando uno estudia la historia de la monarquía, de algún modo está estudiando la historia de Dios con un pueblo, y es el mismo Dios.

Por qué estudiar la monarquía de Israel

La monarquía ya no existe, pero Dios sigue siendo Dios, y lo que Dios consideraba que era bueno en tiempos de la monarquía, todavía Dios lo considera bueno en tiempos de la democracia. Y a pesar de que nos transportamos a un momento puntual de la historia pasada, que es el Israel antiguo, el Dios del Israel antiguo aún sigue siendo Dios.

Y sin importar que ya ni siquiera Israel tenga una monarquía, cuando nosotros estudiamos la monarquía de Israel no estamos estudiando solamente una institución de la historia, estamos estudiando al Dios de la historia revelándose por medio de una institución. No es que nosotros queremos que ustedes sean expertos en la monarquía de Israel; queremos que ustedes conozcan a Dios de manera más profunda y de manera más especial. Es como la anécdota de que tú conoces a una persona, y cuando ves el trato de esa persona con los demás, llegas a conocerla todavía de manera mejor. Quizás tú conoces a un hombre, pero cuando conoces a ese hombre en el contexto de su familia, entonces ese hombre, hacia ti, adquiere una nueva dimensión. Tú le dices: “Ya yo no solamente te conozco a ti, sino que te conozco a ti también cuando te relacionas con los demás”.

Pero también la monarquía de Israel, y sus malos ejemplos —porque regularmente eran ejemplos malos—, nos reflejan a nosotros mismos, y la manera en que Dios lidió con ellos puede ser la manera en que Dios lidia con su iglesia en este tiempo. Y en tercer lugar, en estas historias se cumplieron profecías. Es importante entender este momento de la historia porque en este momento de la historia Dios está cumpliendo aquello que prometió.

Hay dos series de libros en el Antiguo Testamento donde se habla de la historia de los reyes. Quizás si buscan en su Biblia, en el Antiguo Testamento, encontrarán dos libros que se llaman así mismo, se llaman libros de Reyes. Pero también hay dos libros adicionales que cubren el mismo momento histórico; se llaman libros de Crónicas y están juntos.

Reyes y Crónicas; contexto de Roboam

Acompáñenme en su Biblia, búsquenlo ahí. Si encontraron el libro de Crónicas, un poco antes encontrarán los libros de Reyes. Son cuatro libros históricos: primer libro de Reyes, segundo libro de Reyes, primer libro de Crónicas y segundo libro de Crónicas. Estos dos juegos de libros describen el mismo momento histórico desde diferentes perspectivas. Si consultan el libro de Reyes, encontrarán una historia general acerca de los reyes de Israel. Pero si consultan el libro de Crónicas, encontrarán una historia ampliada acerca de una parte de los reyes de la nación.

Precisamente hoy estaré predicando el momento donde el reino de Israel se divide en dos reinos: el reino del norte y el reino del sur. La gran diferencia entre los libros de Reyes y los libros de Crónicas es que los libros de Crónicas narran exclusivamente, de manera ampliada, la historia de los reyes del sur, o sea, los reyes que reinaron en Judá; y los libros de Reyes narran, de manera más resumida, ambas historias: el reino del norte y el reino del sur.

Son libros que se escribieron de manera complementaria. Si usted lee una historia en el libro de Crónicas, encontrará la misma historia en el libro de Reyes, pero hay historias que se narran en el libro de Crónicas con más detalles que como se narran en el libro de Reyes. Es como que el libro de Reyes es la historia general de la monarquía, y el libro de Crónicas es la historia especializada del reino de Israel, pero enfocado hacia el sur.

Hoy estaré exponiendo la Escritura en el segundo libro de Crónicas, y lo haré así porque estaré hablando de la historia de uno de los reyes que reinaron en el sur, en la tribu de Judá. Es Roboam, hijo de Salomón, y en esto seguimos la misma secuencia: ya predicamos acerca de Saúl, ya predicamos acerca de David, ya predicamos acerca de Salomón y ahora estaremos predicando sobre un hijo de Salomón que se llama Roboam.

Lectura bíblica: la división del reino

Hermano, no pretendo hacer un sermón de cada uno de los reyes, porque son muchos. Además, no todos reinaron durante un tiempo tan largo como los primeros, ni tienen una historia que sea una historia tan relevante a la luz del contexto general de las Escrituras. Quizás los reyes principales fueron los primeros. Está, por ejemplo, el rey Saúl, que fue el primer rey de Israel; está David, hermano, un hombre conforme al corazón del Señor y del cual se escribe gran parte del Antiguo Testamento; está Salomón, que fue el hombre más sabio de su época y se describe con amplitud su reinado. Pero después de Salomón las historias tienden a ser historias mucho más cortas.

Quizás consideremos dos reyes más de Israel, y de aquí, entonces, nos moveremos a considerar otra porción del Antiguo Testamento. Acompáñenme a 2 Crónicas, en el capítulo 10, y consideremos esta historia. La última vez que consideramos los reyes vimos la historia de Salomón. Bueno, pues Salomón murió, y lo que veremos a continuación es qué sucedió después de la muerte de Salomón. Dice así la palabra del Señor, capítulo 10 del segundo libro de Crónicas:

Roboam fue a Siquem, porque en Siquem se había reunido todo Israel para hacerlo rey. Y cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, el cual estaba en Egipto, a donde había huido a causa del rey Salomón, volvió de Egipto. Y enviaron y le llamaron. Vino, pues, Jeroboam y todo Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: Tu padre agravó nuestro yugo; ahora alivia algo de la dura servidumbre y del pesado yugo con que tu padre nos apremió, y te serviremos. Y él les dijo: Volved a mí de aquí a tres días. Y el pueblo se fue. Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo? Y ellos le contestaron, diciendo: Si te condujeres humanamente con este pueblo, y les agradares, y les hablares buenas palabras, ellos te servirán para siempre. Mas él, dejando el consejo que le dieron los ancianos, tomó consejo con los jóvenes que se habían criado con él, y que estaban a su servicio; y les dijo: ¿Qué aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Alivia algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros?

Entonces los jóvenes que se habían criado con él le contestaron, diciendo: Así dirás al pueblo que te ha hablado, diciendo: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminuye nuestra carga; así les dirás: Mi dedo más pequeño es más grueso que los lomos de mi padre. Así que, si mi padre os cargó de yugo pesado, yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo con escorpiones. Vino, pues, Jeroboam con todo el pueblo a Roboam al tercer día, según el rey les había mandado, diciendo: Volved a mí de aquí a tres días. Y el rey les respondió ásperamente; pues dejó el rey Roboam el consejo de los ancianos, y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo con escorpiones. Y no escuchó el rey al pueblo, porque la causa era de Dios, para que Jehová cumpliera la palabra que había hablado por Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat. Y viendo todo Israel que el rey no les había oído, respondió el pueblo al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos herencia en el hijo de Isaí. Israel, cada uno a sus tiendas. David, mira ahora por tu casa. Así se fue todo Israel a sus tiendas. Mas reinó Roboam sobre los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá. Envió luego el rey Roboam a Adoram, que tenía cargo de los tributos; pero le apedrearon los hijos de Israel, y murió. Entonces se apresuró el rey Roboam, y subiendo en su carro huyó a Jerusalén. Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.

— 2 Crónicas 10:1-19

Dígame, hermano, ¿qué le parece el personaje? ¿Qué le parece el personaje, hermano? Ya consideramos a Saúl, consideramos ya a David, consideramos a Salomón. ¿Qué le parece el hijo de Salomón? Dice así nuestra introducción.

Introducción a Roboam y la influencia de Salomón

Roboam fue el cuarto rey de Israel. Decía tercero, pero no es tercero, sino que es el cuarto: está Saúl, está David, está Salomón y después está él. Roboam fue el cuarto rey de Israel y el último en tiempos del reino unificado. Como hijo de Salomón recibió doce tribus unidas y protegidas de sus enemigos, pero fue tan insensato que con su primera decisión dividió el reino en dos, quedándose él con una parte muy pequeña.

Su mal proceder podría atribuirse indirectamente al mal testimonio de su padre, pues el hombre más sabio de su época, en su postrimería, se apartó, se entregó al pecado y terminó como un necio, llegando a tener 700 esposas, 300 concubinas, edificando altares para dioses falsos y, al parecer, se olvidó de instruir a sus propios hijos en el camino de la sabiduría. En el principio la sabiduría, que es el temor a Jehová. Sin embargo, la Biblia atribuye estas faltas de Roboam directamente a una carencia propia: hizo lo malo porque no dispuso su corazón para buscar a Jehová. Eso dice el libro de 2 Crónicas en el capítulo 12, y con él arrastró a todo el pueblo.

Hoy veremos tres cosas principales: veremos que el mal testimonio de los padres puede afectar hasta cierto punto el carácter de los hijos; veremos la importancia de temer a Dios antes de llegar a tener poder; y en tercer lugar, la forma en que el carácter de los líderes puede llegar a tener una influencia en todo su pueblo. Este rey Roboam, hermanos, está considerado en la Escritura como uno de los reyes malos. No es que hay unos reyes buenos o malos en el sentido moral humano solamente, sino reyes que buscaron hacer la voluntad del Señor y reyes que no buscaron hacer la voluntad del Señor.

En cuanto a este rey específicamente, Roboam, me gustaría comenzar considerando la posible influencia que Salomón, su padre, pudo haber llegado a tener sobre él. Aparece en la Escritura el reino de Salomón y aparece Salomón, y hay personas que consideran a Salomón solamente en su primera etapa. En la primera etapa de Salomón, Salomón fue un hombre sabio, no porque haya leído muchos libros o porque tuviera una inteligencia sobrenatural innata, sino porque recibió la sabiduría como un don de Dios, fruto de la petición que le hizo en oración.

La paradoja de Salomón y la formación de Roboam

Quiero establecer esto: no era que Salomón tenía una mente prodigiosa; fue que Salomón buscó humildemente la presencia del Señor, y el Señor le recompensó con una sabiduría extraordinaria. Sabiduría que, al parecer, según la Escritura, no le acompañó en todas las partes de su reinado, sino solamente en la primera etapa. Esto es una gran paradoja, de las paradojas más grandes que encuentro en toda la Escritura. Salomón, el hombre que dice la Escritura misma que no había como él en la tierra en sabiduría, aquel que escribió el libro de Proverbios, el mismo que dice “instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”, el mismo que dijo que “el principio de la sabiduría es el temor a Jehová”, el mismo que advertía en el libro de Proverbios a sus hijos acerca de evitar acercarse a mujeres extrañas que desviaran su corazón, aquel que con tantas advertencias prudentes trató de cuidar y pastorear moralmente a la nación.

En la segunda etapa de su historia, olvidó a Dios y terminó siendo uno de los hombres más necios sobre la tierra. No quiero cargar a Roboam con los pecados de su padre, pero al considerar a su padre en la primera etapa, entonces yo explico. Una de las últimas narraciones que se hace del reino de Salomón es cuando le visita la reina de Sabá. Es una reina de otra parte que viene atraída por la sabiduría de Salomón. Dice que la reina de Sabá vino y traía preguntas a Salomón, y Salomón le deslumbró con su sabiduría. Él le mostró su casa, él le mostró su mesa, él le mostró sus múltiples sirvientes y lo bien que vivían, quizás le mostró sus potreros y también le mostró el templo que había construido.

Ahora yo me pregunto: “Salomón, ¿y qué tal tu familia? ¿Cómo está? ¿Salomón, lo posterior, también la casa está bien, y tu familia qué tal?” Bueno, reina de Sabá, tú sabes que yo tengo 700 esposas y 300 concubinas. Hermano, qué paradoja. El hombre más sabio de esta tierra terminó apartándose de Dios y se convirtió en uno de los hombres más necios de toda la Escritura.

Con esto quiero dar una advertencia: que conozcas la palabra del Señor y estés en su camino no es una garantía. Hermano, cuídate, no solamente de conocer la palabra del Señor, sino de ponerla en obra en todos los momentos de tu vida. Son muchas las personas que comienzan bien. Y la pregunta es: ¿qué tal terminas? ¿Qué influencia pudo haber tenido Salomón en la vida de Roboam? Quiero decirles: de esas mil mujeres aproximadamente, entre 700 esposas y 300 concubinas, yo me pregunto, ¿y dónde están los hijos de Salomón? No aparecen en la Escritura.

La madre de Roboam, el hogar roto y la responsabilidad personal

Un hombre que tuvo con mil mujeres, o sea, yo esperaría —aunque sea— que tuviera un reguero de hijos. El único que se menciona, hermano, es Roboam, y cuando se menciona parece que es un hombre soberbio, altivo, un necio. Al parecer, este hombre que dijo “instruye al niño en su camino”, él mismo se olvidó de instruir a sus propios hijos. Eso uno lo ve consultando historiadores, y la mayoría de los historiadores coinciden en que parece que Roboam ni siquiera conoció a Salomón, sino que fue instruido en un harén.

Ahora yo le pregunto: ¿quién era la mamá? Sí, la Escritura dice quién es la mamá. La mamá era una amonita. Los amonitas eran aquellos descendientes de Lot, que convivió con su hija, y de ahí salieron los moabitas y los amonitas, y eran las personas que adoraban a Moloc. Moloc era aquella deidad pagana a la que se le ofrecían sacrificios de niños en hornos. Y con esta mujer fue que Salomón procreó a Roboam.

Cuando vino a ver, el mellizito, el hermanito. Hermano, no quiero atribuir lo que la Escritura no dice, esto, pero es una posibilidad, porque uno no se encuentra con más, se encuentra con esta fiera en 1 Reyes 14, y uno se pregunta: ¿de dónde salió? De ahí. El mismo Salomón escribió el libro de Cantares y Cantares 1:6 dice:

“Me pusieron a guardar las viñas; y mi viña, que era mía, no guardé.”

— Cantares 1:6

Ay, hermano querido, ¿qué le quiero decir con esto? Que tú tengas luz y seas sabio no significa que tus hijos vayan a ser sabios y que tus hijos vayan a ser hijos creyentes. Tengo cierta carga como iglesia porque se ha llenado la iglesia de niños, y ahora me preocupan los niños. Me preocupa la generación siguiente. La segunda generación del hombre más sabio sobre esta tierra fue la generación de Roboam.

Roboam era hijo de una amonita, era adoradora de Moloc. Hagamos una comparación: Salomón fue polígamo. ¿Saben ustedes cuántas mujeres tuvo Roboam? Dieciocho esposas y sesenta concubinas, y con todas ellas procreó veintiocho hijos varones y sesenta hijas; casi cien muchachos. Salomón cargó al pueblo. ¿Saben cómo fue que Salomón cargó al pueblo de todas estas cosas? En su segunda etapa, cuando se olvidó de Dios y cayó en su necedad, Salomón comenzó a hacer grandes construcciones, y cada vez hizo que el pueblo fuese más explotado. Este hombre, Roboam, está comenzando a reinar y él quiere aumentar aún más la carga.

Salomón terminó en idolatría; Roboam también. Ahora, hermano, yo le pregunto: ¿esto significa que tal los padres, tal los hijos? No, eso no es así. Por eso la puse en la introducción: que los padres tienen una influencia hasta cierto punto. El mal ejemplo no es un asunto irresistible, no es así. Tengo que aclarar esto porque escucho vez tras vez el comentario de: “¿Y qué va a pasar con mis hijos si mi padre no es cristiano? ¿Qué va a pasar con mis hijos si no crecen con su mamá? ¿Qué pasa con sus hijos si no crecen con su papá?”

No somos conductistas: la fuerza de la Palabra sobre la genética

Hermano, los cristianos no somos conductistas. El conductismo te dice que tal lo que usted vio, usted lo hará. Nosotros somos cristianos. Lo que le faltaba a Roboam no era tener o no tener padre; lo que le faltaba era entrar en contacto con la palabra del Señor. Muchos me dicen: “Ay, que mis hijos no conocen, no pasan tiempo con su papá, ¿qué va a pasar con él? Que no tiene esto, no tiene aquello”. Hermano, no es un asunto de tener su mamá, tener su papá presente; es un asunto de tener la palabra del Señor en el corazón.

La raíz del problema se anuncia en 2 Crónicas 12:14. Dice que Roboam hizo lo malo porque no dispuso su corazón para buscar a Jehová. El problema no era que Salomón no estaba presente; el problema era que la palabra del Señor no estaba presente en ese corazón. Son muchos los niños de nuestras iglesias que quizá no crezcan con su mamá, son muchos los que quizás no tengan un papá creyente.

Ahora tenemos que decirles a nuestros hermanos que la ley de Dios funciona solo con la mamá, solo con el papá o a pesar del papá y a pesar de la mamá. No es que “ah, que debe tener a papi o a mami presente”; no, es que la palabra del Señor debe estar presente. Y en la historia ha sucedido que normalmente quien pone a la segunda generación en contacto con la palabra del Señor no son los progenitores.

Le tengo que mencionar tres ejemplos, y rápido, de reyes y de personajes relevantes de la Escritura. Miren el rey Josías: debió haber sido uno de los mejores reyes de Israel. Él no conoció a su papá: su papá murió y él tenía ocho años. Yo, si yo pusiera un ranking así en los reyes de Israel, yo pondría: David, Josías, Joás. Miren a Joás: tampoco conoció a su papá; siete años tenía cuando su papá ya murió, y tampoco se crió con su mamá. ¿Saben quién crió a Joás? El sacerdote Joiada, creo que se llama, y su esposa, y lo criaron en el templo, y de ahí salió uno de los más grandes reyes de Israel sin conocer a papá y sin conocer a mamá.

La palabra del Señor funciona con papá solo, con mamá solo, o sin ninguno de los dos. “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo Jehová me recogerá.” Quizá tú tienes temor de: “¿Qué va a pasar con mis hijos si mi mamá, si mi esposa es un mal ejemplo? ¿Qué pasará con mis hijos si mi papá es un mal ejemplo?”

Esther: no le sabemos el papá ni la mamá, pero Esther tenía un tío que se llamaba Mardoqueo, que le enseñó cuál era su pueblo y cuál era su gente. Timoteo: Eunice y Loida. Hermano de la iglesia, ¿qué es lo que le quiero decir con esto? Que ciertamente podríamos inferir que Salomón tuvo una influencia en Roboam, pero esa no es una influencia irresistible. Lo que más le faltaba a Roboam no era tener a Salomón cerca; lo que más le faltaba era tener cerca la palabra del Señor. Dice: “Él hizo lo malo porque no dispuso su corazón para buscar a Jehová”.

Disponer el corazón y cultivar conversaciones piadosas

¿Qué es disponer el corazón? La Escritura enseña el corazón como el centro de nuestras decisiones, el centro de nuestra voluntad, y dice la Escritura que nosotros podemos disponer nuestro corazón, hacer que nuestro hombre interior tienda a hacer lo que agrada a Dios. Y eso no sale solo; para eso uno se dispone. Tengo que darle algunas ideas para que ustedes aprendan a disponer su corazón para hacer la voluntad del Señor.

Recuerden de nuevo, hermano, les digo: hasta cierto punto Salomón pudo haber incidido en su hijo Roboam. Sin embargo, no era una incidencia irresistible. La palabra del Señor funciona. Nosotros no somos conductistas, somos cristianos. La biología determinista te dice que tal los genes, tal el hombre. Nosotros entendemos que la palabra del Señor es viva y eficaz, que es más cortante que una espada de doble filo, que penetra hasta partir el alma y el espíritu. Trabaja desde adentro.

Hermano, confía en el poder que tiene la palabra del Señor más allá de la genética y más allá del entorno. Grandes hombres de Dios han salido desde contextos familiares inimaginables. ¿Qué nos queda? Disponer nuestro corazón, y el corazón de los nuestros. ¿Cómo nosotros podríamos disponer nuestro corazón para hacer la voluntad del Señor? Lo que más funciona, hermano, en esto es escudriñar las Escrituras y ver los hechos de Dios, pero no es lo único. Hay conversaciones piadosas que disponen a uno a hacer lo que agrada a Dios.

Tú no has tenido una conversación con una persona que te dispone a la maldad, y después de esa conversación tú quieres hacer lo que no agrada al Señor. Así mismo hay conversaciones piadosas que se tienen entre creyentes que hacen que la devoción surja. Ahora, mi preocupación es: ¿de qué hablamos los evangélicos cuando nos reunimos? No terminamos hablando como de la misma cosa que habla el mundo: de las noticias, de lo que dijo hoy fulano, de lo que está pasando en la ciudad. Hermano, cuando nos reunamos vamos a tener conversaciones que nos desafíen a hacer la voluntad del Señor.

Que dispongan nuestro corazón a hacer su voluntad. Orar, congregarse en la iglesia. También dice la Escritura que podemos hacer algo más:

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”

— Proverbios 3:6

En primer lugar, les he dicho, hermano, que la influencia de Salomón sobre Roboam pudo haber sido, puede explicar indirectamente el comportamiento de Roboam. Sin embargo, lo que lo explica directamente es que al corazón de ese muchacho no llegó a tiempo la palabra de Dios. La palabra de Dios es más fuerte que la genética y la palabra de Dios es más fuerte que el entorno.

La necedad con poder: consejo de ancianos y consejo de jóvenes

Me muevo a un segundo punto. Roboam fue a Siquem porque en Siquem se había reunido todo Israel para hacerlo rey. Hermano, había un consenso general de que este era el rey. El pueblo estaba incómodo, como estamos incómodos todos, con los tributos. ¿A quién no le cargan los tributos? ¿No te cargan a ti y a mí también? Yo no conozco un pueblo en toda la tierra que pague impuestos de buena gana. Todo el mundo se queja. El pueblo se quejaba, pero querían hacerlo rey. Todo el problema no era un problema grande; no, el pueblo dice: “Mira, te vamos, queremos que tú seas rey; lo que queremos es que tú bajes un poco la carga porque estamos forzados, Roboam”.

Ahora aquí se ve la importancia de tener sabiduría antes de llegar a tener poder. Usted me dirá: “Pastor, pero yo no voy a ser rey sobre ningún pueblo, ¿para qué yo tengo que ser sabio?” Miren, ustedes quizás no tendrán un reino, pero ustedes tienen familia. Ustedes tendrán empresas, ustedes tendrán empleos, y en esos empleos posiblemente lleguen a tener gerencias generales. Ustedes llegarán a ocupar posiciones públicas. Quizá usted tenga hasta una trabajadora doméstica.

Hermano, hay que preocuparse por cultivar la sabiduría de Dios antes de llegar a tener poder, porque cuando se combina el poder con la necedad hay una amplia destrucción. Las doce tribus de Israel tenían consenso y le decían: “Nosotros queremos que tú reines sobre nosotros”. Ahora, en su primera aparición pública, este hombre dio un golpe, hermano, y dividió el reino en dos. Lo que le tomó a David casi toda su vida, lo que hicieron estos dos reyes —bueno, hicieron con la mano David y Salomón—, vino Roboam y lo desbarató en un solo momento.

Dice el libro de Proverbios, quiero leer alguna porción de las Escrituras, y rápidas, acerca de tener sabiduría antes de llegar a tener incidencia o poder:

“Cuando los justos dominan, se alegra el pueblo; mas cuando domina el impío, el pueblo gime.”

— Proverbios 29:2

Y dice:

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.”

— 1 Pedro 5:6

Me muevo a lo siguiente, pero antes menciono algunos de los errores de Roboam. Primer error de Roboam: él se aferró a lo que había hecho su padre, pero él mismo no tenía autoridad. Miren, Salomón era un rey que trabajó para su pueblo y demostró que trabajaba para su pueblo. En tiempo de Salomón hubo paz; en tiempo de Salomón hubo prosperidad. Salomón podía aumentar los impuestos y el pueblo no lo aborrecía, aunque se quejara.

Ahora, Roboam, ¿qué tú has hecho? Roboam se rodeó de gente como él, un grupo de cortesanos inmaduros. En vez de servir al pueblo, él vino a servirse del pueblo. Y lo que más me llama la atención de Roboam, hermano, es que este hombre era tan soberbio y obstinado que el reino se dividió y él ni cuenta se dio. Él vino a abrir los ojos de que el reino se había dividido en dos cuando mandó a su tributario a cobrar los impuestos y se lo mataron, pero no entendía que el reino se había dividido.

La necedad en la casa, en la empresa y en la iglesia

O sea, yo me pregunto: ¿a qué aspiraba Roboam? ¿Qué esperaba del pueblo? Él no se detuvo a entender que el reino se dividió en dos; él entendía que todas las cosas estaban normal y que, a pesar de eso, le iban a pagar impuestos. Hermano, tenemos que cultivar la sabiduría antes de llegar a tener influencia, porque cuando se juntan esas dos cosas hacen un daño enorme.

Cuánto daño hace, en una familia, un hombre insensato que lee un versículo y dice: “No, porque dice la Biblia que yo soy la cabeza de esta casa”, y comienza a comportarse como cabeza de una casa sin entender lo que eso significa. Lo que eso significa, hermano, es que tú tienes que servir en tu casa de la misma manera que Cristo sirve a la iglesia: hacerlo con amor, hacerlo con paciencia. Pero hay personas insensatas que leen esto y dicen: “No, dice la Biblia que yo soy la cabeza de esta casa; mi hija, hay que servirme; mami, es que hay que atenderme”. Un hombre sabio se gana el respeto de su familia y su familia le sirve de buena gana.

Qué triste es una persona —¿no han visto las empresas?— que llega y lo ascienden, y cuando lo ascienden lo primero que hace es que se le sube el humo a la cabeza y quiere demostrar que él tiene poder. Él no llega con su ascenso a preguntar: “¿Qué problema puedo resolver yo en esta organización?”, sino “¿A quién me le puedo subir encima? ¿Con quién puedo demostrar? Vamos a ver si esto funciona. ¿Con quién puedo yo demostrar mi fuerza?”

¿Cuál es la urgencia, hermano? La urgencia es que consigamos sabiduría antes de conseguir poder, para que no nos convirtamos en lo que se convirtió Roboam. En primer lugar les he enseñado que la influencia de los padres afecta a los hijos hasta cierto punto, pero que la palabra de Dios es más fuerte que eso. Y les he enseñado, en segundo lugar, que hay que cultivar la sabiduría antes de llegar a tener un negocio, antes de llegar a tener una gerencia, antes de llegar a tener la responsabilidad de una casa, o antes de llegar a tener, aunque sea, una trabajadora doméstica.

Y que uno aprende eso sirviendo; dice la Escritura que aprendamos de Cristo, que no vino para ser servido, sino que vino para servir. Pero no puedo dejar de decirles, hermanos, la forma providencial en que Dios se reservó un remanente en Israel.

Dios preserva un remanente piadoso en Judá

Acompáñenme al capítulo 11, versículos del 13 al 17. A pesar de un rey como Roboam, miren la manera sobrenatural en que el Señor hizo que ese pueblo no se perdiera tan rápidamente, no se destruyera tan rápidamente. Capítulo 11, versículo 13 en adelante, miren qué sucedió en Jerusalén. El reino se dividió en dos. Diez de las tribus se fueron con un enemigo suyo, que era Jeroboam. Solamente la parte más pequeña se quedó con Roboam: se quedó la tribu de Judá y se quedó también la tribu de Benjamín, que eventualmente llegó a considerarse solamente Judá. El reino más grande fue el reino del norte, que eran diez tribus; este reino de Roboam era el reino más pequeño.

Pero miren cómo el Señor bendijo a Judá y a Jerusalén de forma tal que la maldad de Jeroboam y la de Roboam no destruyera este pueblo totalmente. Dice así la palabra del Señor en el capítulo 11:

“Y los sacerdotes y levitas que estaban en todo Israel se juntaron a él, desde todos los lugares donde vivían. Porque los levitas dejaban sus ejidos y sus posesiones, y venían a Judá y a Jerusalén; pues Jeroboam y sus hijos los excluyeron del ministerio de Jehová. Y él, esto es Jeroboam, designó sus propios sacerdotes para los lugares altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho. Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel, y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová el Dios de sus padres. Así fortalecieron el reino de Judá…”

— 2 Crónicas 11:13-17

Hermano, miren cómo el Señor, a pesar de Roboam, cuidó el reino de Judá. Llenó la ciudad de Jerusalén de levitas, de sacerdotes y de hombres piadosos. ¿Qué lección espiritual hay en esto? Miren, la mayoría de los cristianos, a nivel mundial, habitaremos en países donde no hay gobernantes que son piadosos. La mayoría de nosotros trabajaremos en empresas donde la gente no quiere hacer la voluntad del Señor. Muchos de nosotros tendremos que convivir en familia con gente que no ama a Dios.

Pero aquí hay una preciosa lección espiritual que nosotros podemos poner en práctica: sin importar que el liderazgo sea malo, cuando los justos llenan la tierra, entonces la bondad aumenta y el Señor cuida al pueblo. Roboam era un perverso, pero a pesar de Roboam los hombres más piadosos de todo Israel se juntaron en Jerusalén, y el Señor cuidó esa nación.

Hermanos, a veces uno está esperando que el poder político cambie para comenzar a cambiar el mundo. Con esto yo quiero enseñarte que cuando nosotros somos cristianos y nos comportamos como cristianos, a pesar de tener reyes malos, a la ciudad le va bien. Aún con un mal gobernante, los creyentes podemos transformar una ciudad.

El impacto social de una iglesia fiel

No hay evidencia de que Roboam haya cambiado mucho. Lo que hay evidencia es de que en Israel, en Judá, esa ciudad se llenó de gente piadosa. Eso ha pasado también en momentos de la historia. Estaba mirando una estadística de Estados Unidos: en la última década, la delincuencia en la ciudad de Nueva York descendió en cerca de un 80%. Los sociólogos andan vueltos locos, no saben explicar qué es lo que ha pasado en Nueva York. La curva de delincuencia va en picada hacia abajo.

Los liberales normalmente dicen que cuando algo así sucede lo que pasó fue que se disminuyó la pobreza, pero dicen los indicadores que la pobreza sigue en el mismo lugar donde estaba y la delincuencia va en picada hacia abajo. Los conservadores normalmente dicen que cuando las cárceles se llenan, entonces eso es lo que hace que disminuyan los crímenes. La cárcel tiene la misma población que tenía antes, los pobres siguen estando donde están, pero la delincuencia en Nueva York va bajando. La única explicación que está apareciendo para este asunto es que Nueva York se ha llenado de iglesias.

Y que, en una década, cerca de un millón de evangélicos se mudaron y se establecieron en la ciudad de Nueva York. Hermanos que están aquí presentes, que están anhelando un 4 %, otro porcentaje y cantidad de iniciativas más… no, eso no es lo que hace que la sociedad cambie. La sociedad cambia cuando los justos hacen lo que tienen que hacer.

Al reino de Judá le fue bien porque eso se llenó de gente piadosa. Otro ejemplo: miren Estados Unidos cuando comenzó. Saben que comenzó con los puritanos de la Iglesia de Inglaterra, que entendían que Inglaterra se había corrompido, y ellos dijeron: “Miren, esto aquí no sirve; el último que apague la luz”, se montaron en un barco y cayeron en Estados Unidos. Estados Unidos, su mejor momento de la historia, según Paul Johnson, fue su primera etapa de desarrollo, cuando dijeron que iban a ser una ciudad sobre una colina y una luz que iluminara a todo el mundo.

La ciudad de Filadelfia, por ejemplo, fue fundada precisamente por un cristiano. Filadelfia es la ciudad del amor fraternal. Hay una calle en Filadelfia que solo tiene iglesias porque la diseñó de esa manera. Las ciudades en Estados Unidos nacían con una iglesia al lado, y esa gente prosperó.

En Latinoamérica ha pasado lo mismo. Miren, si usted compara la iglesia evangélica latinoamericana y la compara con la iglesia en Estados Unidos ahora, no se parece. ¿Qué es lo que aparece? En Latinoamérica tendemos a la santidad, tendemos a confiar en la palabra del Señor, tendemos a la evangelización, y en Estados Unidos como que son iglesias más nominales. ¿Por qué? Es que lo mejor de Estados Unidos salió, y lo mejor misionero, que vinieron aquí, era lo mejor que había allá.

Latinoamérica, la iglesia y la transformación social

Latinoamérica, al día de hoy, está mejor. Lo que no logró el Che Guevara, lo que no logró Pinochet, lo que no lograron los revolucionarios, lo logramos los cristianos. Latinoamérica se llenó de cristianos, y en Latinoamérica la democracia funcionó mejor cuando llegaron las iglesias. ¿Qué era Latinoamérica antes de que llegaran las iglesias? Hermano, esto era monte y culebra, un grupo de tiranos que cada uno tenía su pedazo. Vayan a Cuba, encontrarán que Cuba tenía su tirano; vengan aquí, encontrarán que este tenía el suyo, y cada uno tenía el suyo.

¿Qué pasó, hermanos, cuando llegó la iglesia evangélica y se instaló en Latinoamérica? Que respondan, pregúntale al sociólogo: “¿Cómo es que ha mejorado Latinoamérica?” Te hablarán de PIB, de indicadores macroeconómicos. Busquen la palabra del Señor. Lean:

“Cuando los justos se multiplican, el pueblo se alegra…”

— Proverbios 29:2 (parafraseado)

Cuando los justos alcanzan posiciones de influencia, la sociedad cambia.

Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel, y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres. Así fortalecieron el reino de Judá y confirmaron a Roboam hijo de Salomón. A pesar de Roboam, a Jerusalén le fue bien, porque Jerusalén se llenó de gente piadosa.

Hermano, mi anhelo es que esta ciudad cambie no porque aparezca un político que traiga la panacea. Mi anhelo es que en esta ciudad la gente cambie su manera de pensar, y eventualmente cambie su manera de vivir, aunque no nos cambie el gobernante. Nosotros podemos tener una mejor ciudad si los cristianos hacemos lo que hay que hacer.

La caída de Roboam y las consecuencias del pecado

Termino. ¿Qué pasó con Roboam al final? Ya les he enseñado que el ejemplo de su padre, hasta cierto punto, lo pudo haber impactado, pero que dice la Escritura que lo que le faltó fue la palabra del Señor en el corazón. Ya les he dicho también que hay que tener sabiduría antes de tener influencia, para no hacer que las cosas se dañen. En tercer lugar, les he dicho la forma providencial en que Dios cuidó a Jerusalén y fue llenándose esa ciudad, a pesar del rey que tenían; se llenó la ciudad de hombres piadosos.

Ahora permítanme enseñarles cómo terminó la historia de Roboam. Está en el capítulo 12:

“Cuando Roboam había consolidado el reino, dejó la ley de Jehová; y todo Israel con él.”

— 2 Crónicas 12:1

Hermano, se repetía la constante en la monarquía: el pueblo hacía la voluntad del Señor, le iba bien; el pueblo dejaba de hacer la voluntad del Señor y venía destrucción. Pero aquí hay una parte, hermano, que me llama mucho la atención. Este mismo versículo dice: “Cuando Roboam había consolidado el reino, dejó la ley de Jehová… y todo Israel con él”. Entonces vemos el mismo principio: hasta cierto punto el liderazgo de una nación afecta a la nación.

“Y por cuanto se habían rebelado contra Jehová, en el quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén, con mil doscientos carros, y con sesenta mil hombres de a caballo; mas el pueblo que venía con él de Egipto, esto es, de libios, suquienos y etíopes, no tenía número. Y tomó las ciudades fortificadas de Judá, y llegó hasta Jerusalén. Entonces vino el profeta Semaías a Roboam y a los príncipes de Judá que estaban reunidos en Jerusalén por causa de Sisac, y les dijo: Así ha dicho Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de Sisac. Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: Justo es Jehová. Y cuando Jehová vio que se habían humillado, vino palabra de Jehová a Semaías, diciendo: Se han humillado, no los destruiré; antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalén por mano de Sisac. Pero serán sus siervos, para que sepan lo que es servirme a mí, y lo que es servir a los reinos de las naciones.”

— 2 Crónicas 12:2-8

Quiero decir con esto, hermano: hay personas que piensan que pueden vivir en este juego de “yo hago la voluntad del Señor una temporada, después me arrepiento, y todo está bien”. Les explico. Hay personas que piensan que pueden decir: “No, yo voy a hacer la voluntad del Señor este año, pero el año entrante yo puedo bajar un poco el ritmo, tú sabes, bajar un poco la marcha y no ir tan en serio”. Tú te humillas y el Señor te evita la destrucción; pero lo que pasó en Jerusalén fue que, a pesar de que salvó la vida, terminaron siendo sirvientes de Egipto.

Dice que en tiempos de Salomón había escudos que eran escudos de oro. Vino el rey de Egipto, se llevó todo eso, y en tiempo de Roboam hubo que mandar a hacer otros escudos, pero ya no de oro, sino de bronce. Hermano, jugar a la insensatez, jugar a que se hace por un tiempo la voluntad del Señor y después yo hago lo que bien me convenga, no lleva un buen camino. El Señor va a hacer que su propósito se mantenga, eso es indudable, pero perdemos calidad de vida. No nos va tan bien como nos pudo haber ido.

Con esto les enseño que el Señor perdona tus pecados, pero normalmente, como un recordatorio de tu insensatez, te deja parte de sus consecuencias. Son muchas las personas que se han entregado al libertinaje en muchas áreas, y el Señor ha perdonado sus pecados; serán salvos, pero hay enfermedades que se van a tener que quedar con ellas. Hay situaciones que van a acarrearse y te van a acompañar hasta el final de tus días.

Advertencia contra el doble ánimo y resumen de aplicaciones

Te arrepentiste, muy bien, pero vamos a dejarte ahí la esclavitud de Egipto para que tú te recuerdes lo que es servirme a mí y lo que es servirle a ellos. Hermano, ten cuidado con jugar al doble ánimo. Dice así mismo un libro de Crónicas que Roboam era un rey insensato, o sea, un rey imprudente y pusilánime, de esta gente que hoy está y mañana no está. No juegues con Dios a la importancia, porque a veces Dios te quita el castigo definitivo, pero te deja alguna circunstancia temporal.

Son muchas las personas que dicen: “Wow, mira, yo soy cristiano ya y tengo tal cosa, pero he cometido tantos errores en mi pasado que todavía no puedo tener ahora mismo una vida más o menos plena”. En Jerusalén no vino destrucción total, pero tuvieron que servir a los egipcios, y murieron en esa situación.

Les he enseñado, hermanos, que la influencia de los padres hasta cierto punto ayuda a los hijos, pero que la palabra del Señor es más fuerte. Les he enseñado que hay que tener sabiduría antes de tener poder para que el pueblo no se divida en dos, para que no venga amplia destrucción. Les he enseñado al mismo tiempo, a través de la historia de Roboam, que cuando gobierna el justo el pueblo se alegra, pero cuando gobierna el necio, asimismo se destruye. Hemos visto la manera providencial en que el Señor cuida la ciudad. Y también hemos visto que nuestros pecados tienen consecuencias.

Permítanme orar por ustedes. Quiero orar específicamente en dos áreas. Quiero orar por mis hermanos que tienen hoy sabiduría, para que puedan hacer esta gran labor de pasar la sabiduría a la generación siguiente. Tú tienes salvación, gloria al Señor; que el Señor quiera que tus hijos también la tengan.

Hermano, les recuerdo, he tenido cierta carga, y menciono los nombres para que sean motivo de oración. ¿Qué va a ser de los niños de nuestra iglesia en la siguiente generación? ¿Serán los líderes de esta congregación, o serán los hijos de hombres sabios sin ser sabios? ¿Seremos nosotros los padres de Roboam, o seremos nosotros aquellos que subiremos a la generación siguiente?

Me pregunto por los que tengo así más de cerca, son los mismos. Me pregunto: ¿qué va a pasar de quizá mañana? ¿Qué será de Juliet, qué será de Elías que viene en camino, y de Keren, y de Ariel, el bebé de José y de Larissa, y de Lucas, y de Diego, de Jorgito? ¿Qué va a pasar con ellos? ¿Serán los hijos de creyentes piadosos? Cuidado si estamos preparando nosotros los próximos Roboam. Salomón escribió el libro de Proverbios, y él mismo no vivió de acuerdo a aquellas cosas que él mismo recomendaba.

Oremos al Señor para que nos dé entereza de no solamente ser conocidos por una iglesia de gente sabia, sino por una iglesia que produce generaciones sabias. Que el Señor nos cuide, que el Señor nos acompañe.

Oración final e intercesión por familias y la ciudad

Te pido, Señor, por todos nosotros, ver este gran reto que tenemos por delante. Hemos sido alcanzados con salvación, Señor, pero queremos lo mismo para los nuestros. Quiero pedirte específicamente por esta generación de niños que viene subiendo en nuestra iglesia. Míralos a ellos, mira sus padres, y si acaso, Señor, sus padres no son buen ejemplo, que aparezcan tíos, que aparezcan abuelos o que aparezcan sacerdotes que impacten esos niños con la palabra del Señor.

Ay, Padre, líbranos de ser los padres de Roboam. Te pido específicamente por aquellas hermanas de nuestra iglesia que están criando solas, te pido que las acompañes en el proceso. Señor, enséñales que tu palabra es poderosa, enséñales que sus hijos, Señor, no dependen de un padre; enséñales, Señor, que sus hijos tienen su Padre celestial, y que tu palabra en el corazón es más fuerte que la genética, es más fuerte que la conducta.

Te pido específicamente, Señor, por los matrimonios de nuestra iglesia, que sean matrimonios piadosos, que no solamente alcancen la sabiduría para su generación, sino para la generación siguiente. Te pido, Padre, por mis hermanos que están en eminencia; mira aquellos, Señor, que son supervisores, que son gerentes, que tienen negocios propios, que tienen casas; mira aquellos que tienen responsabilidades familiares; mira a los hombres que tenemos aquí, que deben ser cabeza en su casa. Enséñales, Señor, a servir para que el pueblo les siga de buena gana.

Evita, Señor, que la necedad de los hombres siga dividiendo las instituciones. Levanta a los hombres de esta iglesia, Señor, para que su casa no se divida, sino que se mantenga junta. Te pido, Señor, por aquí, por la ciudad de Santo Domingo. Permite que cada vez haya más iglesias en Santo Domingo, Señor. Permite que cada vez haya más creyentes en Santo Domingo. Permite que de todas las partes, Señor, donde hay injusticia, donde hay violencia, donde hay, Señor, el gobierno más perverso, haya la mayor densidad de hombres santos.

Permite que aumente la piedad, Señor. Haz el milagro en Santo Domingo que sucedió en los tiempos de Roboam, que a pesar de gobernantes perversos el reino se llenó de gente piadosa. Permite, Padre, que la iglesia evangélica y que la República Dominicana produzcan un cambio positivo, que tarde o temprano los sociólogos tengan que concluir, Señor, que el poder de tu palabra transformó reinos, familias, transformó ciudades.

Todo esto para la gloria tuya, en el nombre de Cristo, amén. Que el Señor les bendiga, hermanos, que el Señor les guarde. Nos vemos el próximo miércoles en nuestro culto de estudio bíblico.

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