Segundo libro de Crónicas, capítulo 34. Es la historia del rey Josías, y veremos aquí el rey que oyó las palabras de la ley. Estaremos leyendo desde el versículo 1. Es el reinado del rey Josías, un rey que oyó las palabras de la ley de Dios. El viernes pasado estuvimos celebrando el Día Nacional de la Biblia.
De ocho años era Josías cuando comenzó a reinar, y treinta y un años reinó en Jerusalén. Este hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en los caminos de David su padre, sin apartarse a la derecha ni a la izquierda.
A los ocho años de su reinado, siendo aún muchacho, comenzó a buscar al Dios de David su padre; y a los doce años comenzó a limpiar a Judá y a Jerusalén de los lugares altos, imágenes de Asera, esculturas e imágenes fundidas. Y derribaron delante de él los altares de los baales, e hizo pedazos las imágenes del sol, que estaban puestas encima; despedazó también las imágenes de Asera, las esculturas y estatuas fundidas, y las desmenuzó, y esparció el polvo sobre los sepulcros de los que les habían ofrecido sacrificios. Quemó además los huesos de los sacerdotes sobre sus altares, y limpió a Judá y a Jerusalén. Lo mismo hizo en las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón y hasta Neftalí, y en los lugares asolados alrededor.
Y cuando hubo derribado los altares y las imágenes de Asera, y quebrado y desmenuzado las esculturas, y destruido todos los ídolos por toda la tierra de Israel, volvió a Jerusalén.
A los dieciocho años de su reinado, después de haber limpiado la tierra y la casa, envió a Safán hijo de Azalía, a Maasías gobernador de la ciudad, y a Joa hijo de Joacaz, canciller, para que reparasen la casa de Jehová su Dios. Vinieron estos al sumo sacerdote Hilcías, y dieron el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, que los levitas que guardaban la puerta habían recogido de mano de Manasés y de Efraín y de todos los remanentes de Israel, de todo Judá y de Benjamín, y de los habitantes de Jerusalén.
Y lo entregaron en mano de los que hacían la obra, que eran mayordomos en la casa de Jehová, los cuales lo daban a los que hacían la obra y trabajaban en la casa de Jehová, para reparar y restaurar el templo. Daban asimismo a los carpinteros y canteros para que comprasen piedra de cantera, y madera para los armazones y para la entabladura de los edificios que habían destruido los reyes de Judá. Y estos hombres procedían con fidelidad en la obra; y eran sus mayordomos Jahat y Abdías, levitas de los hijos de Merari, y Zacarías y Mesulam de los hijos de Coat, para que activasen la obra; y de los levitas, todos los entendidos en instrumentos de música. También velaban sobre los cargadores, y eran mayordomos de los que se ocupaban en cualquier clase de obra; y de los levitas había escribas, gobernadores y porteros.
Y al sacar el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, el sacerdote Hilcías halló el libro de la ley de Jehová dada por medio de Moisés. Y dando cuenta Hilcías, dijo al escriba Safán: Yo he hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. Y dio Hilcías el libro a Safán.
Y Safán lo llevó al rey, y le contó el asunto, diciendo: Tus siervos han cumplido todo lo que les fue encomendado. Han reunido el dinero que se halló en la casa de Jehová, y lo han entregado en mano de los encargados, y en mano de los que hacen la obra. Además de esto, declaró el escriba Safán al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me dio un libro. Y leyó Safán en él delante del rey.
Luego que el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus vestidos; y mandó a Hilcías, a Ahicam hijo de Safán, a Abdón hijo de Micaía, a Safán escriba y a Asaías siervo del rey, diciendo: Andad, consultad a Jehová por mí y por el remanente de Israel y de Judá, acerca de las palabras del libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que ha caído sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron la palabra de Jehová, para hacer conforme a todo lo que está escrito en este libro.
— 2 Crónicas 34:1-21
Una nación que funcionaba sin la ley de Dios
Pueden sentarse, mis hermanos. Es una porción singular del Antiguo Testamento, donde vemos una temporada relativamente oscura en la historia de Israel. Vemos aquí que es posible dirigir una nación completa sin tener presente la ley de Dios y hasta lograr algunas cosas buenas y agradables a Dios. Pero sabemos que solamente escuchando la ley de Dios se puede emprender una reforma espiritual que cambie el corazón del pueblo.
Josías es considerado uno de los reyes buenos de la nación de Israel. Desde el comienzo de su reinado hizo lo recto ante los ojos del Señor, siguiendo el ejemplo de David. Dice que comenzó a buscar al Dios de David su padre, o sea, su antepasado. Sin tener acceso a la ley de Dios, este hombre comenzó a limpiar Israel de la idolatría. Sin tener acceso a la ley de Dios, él comenzó a reparar el templo. Era un hombre que tenía un corazón para Dios, pero no tenía la palabra de Dios.
Quisiera comenzar concediendo que hay gran cantidad de personas que no consideran la ley de Dios y aun así hacen cosas que son buenas. Quisiera conceder que hay personas que no leen la Biblia y, aun sin leer la Biblia, providencialmente pueden emprender algunos proyectos que son agradables a Dios.
Porque cuando una persona llega a tener la Sagrada Escritura, hay algo más allá que el interés común que tenemos los seres humanos de hacer las cosas buenas. Hay un avivamiento espiritual. Hay fibra espiritual. Hay una conciencia de que el Dios del pueblo ha estado hablando. Así comenzó Josías una reforma espiritual que cambió el curso de una nación. Hoy veremos lo que la palabra de Dios puede hacer en una nación, o en una casa, o en una vida, o en una iglesia.
Yo celebro que tengamos un Día Nacional de la Biblia. Nunca me han invitado, pero yo veo la transmisión del acto y me emociono. En cada Día Nacional de la Biblia, al presidente de turno se le entrega un ejemplar de las Sagradas Escrituras. Normalmente las Sociedades Bíblicas Dominicanas, su representante va y le entrega al presidente, a la vicepresidenta, a las personas que estén ahí, dignatarios, un ejemplar de la Sagrada Escritura. Y la palabra del Señor, por unos cuantos minutos, es celebrada por los gobernantes. Lo simbólico cuenta. Es hermoso que se celebre la Sagrada Escritura.
Ay hermano, pero cómo desearía yo que nuestros gobernantes no solamente tuvieran un ejemplar de la Sagrada Escritura, sino que providencialmente sus ojos fueran dirigidos a porciones de la Sagrada Escritura y, leyendo en el libro, llegaran a sentir lo que sintió Josías. A veces uno habla de las naciones y los gobernantes y parecen cosas muy grandes. Pero quisiera yo que un padre de familia leyera la Biblia y que, leyendo la Biblia, se dé cuenta de que hay alguien que es más grande en esa casa que él mismo. Quisiera yo que un hombre prudente, un hombre sabio en los términos humanos, leyera la Sagrada Escritura y, leyendo la Sagrada Escritura, escuchara la voz de Dios. Vemos aquí, desde el versículo 1 y hasta el 13, una sociedad completa funcionando sin la ley de Dios, y le estaba yendo bien.
Lo último que queda: formación en valores
El Señor, en su gracia común, en su providencia, puede conceder sus favores aun cuando las personas objetivamente no quieran escuchar su ley. Aquí hay toda una serie de instituciones judías que están operando sin tener un ejemplar de las Escrituras, comenzando por el rey. El conocimiento general de Dios ha llenado toda la tierra. Existen fuentes secundarias que se hacen eco de la ley de Dios. Hay personas que hacen lo que es correcto como por un rumor, aunque objetivamente no saben qué es lo que Dios espera del hombre.
Solamente mencionaré algunas cosas. Se habla de valores familiares. Usted que tiene hijos, ¿por qué usted espera que sus hijos le honren? ¿Qué es lo que queremos decir cuando decimos «bendición, mami», «bendición, papi»? Eso es algo que parece bonito, es culturalmente aceptable, pero ¿de dónde viene? ¿Por qué razón un padre espera la obediencia de un hijo y no al revés?
Porque hay autoridades y magistrados. Porque asumimos que en la creación debe existir determinado orden. Porque honramos a los envejecientes. En una sociedad pragmática, un envejeciente debería ser echado de lado —quítate de en medio, que ahora vamos los jóvenes—, y sin embargo seguimos honrando las canas. Porque en nuestra sociedad todavía queda como un rumor, como un eco, a causa de la gracia general común del Señor, algunos aspectos de su revelación; y como por tanteo, por señales, los seres humanos hemos reunido esas cosas y les llamamos formación en valores. Es lo último que queda cuando la palabra de Dios es sacada de la sociedad.
Ay hermano querido, yo he querido decirte el día de hoy que tú necesitas algo más profundo que formación en valores. Josías estaba haciendo lo correcto siguiendo el ejemplo de David su padre, pero él no había tenido un encuentro con el Dios al cual David su padre había servido. Por instinto, por cultura, por referentes, tú tienes algo de temor de Dios. Pero cuando tú entiendes cuál es el Dios verdadero, tal cual Él se ha revelado, tú puedes sentir lo que sintió Josías.
Hombres con influencia espiritual han marcado el curso de una nación. Hay un rey parecido a Josías, pero diferente: se llamaba Joás. Joás tenía un sumo sacerdote, Joiada, que le instruyó en la ley de Dios; y mientras tanto vivió Joiada, Joás hizo lo correcto. Pero cuando falleció Joiada, entonces Joás perdió su referente.
El peligro de comer de segunda mano
Hermanos queridos, muchos de ustedes —y perdónenme que hable tan directamente— tienen a veces, quizás, posiblemente, más de cultura cristiana que conocimiento objetivo de lo que es la ley de Dios. Y las cosas correctas que ustedes hacen, probablemente las hacen porque han visto que otra persona también las hizo. Yo quisiera mostrarles que hay un privilegio de conocer directa y objetivamente la ley de Dios, y aún algo mucho más profundo, que es conocer la voz del Dios de la ley. Y que cuando tú actúas así, ya tú no tienes un referente de segunda mano, ya tú no tienes formación cristiana, sino que tienes una relación personal con el Dios del libro.
La meta de un creyente no es tener un rumor de la ley, no es tener lo que quedó de generaciones anteriores de personas que sirvieron a Dios. La meta de todo creyente debe ser conocer la ley de Dios y, más profundo que eso, conocer al Dios que nos dio la ley. Ay, hermano querido, tu abuelito hizo un gran trabajo. Probablemente tu abuelito te dijo que existe algo que se llama las Sagradas Escrituras. Probablemente te dijeron que existe un lugar que se llama iglesia. Y probablemente te mostraron las nubes y te dijeron que allá arriba hay un Dios. Y si ese es el conocimiento que tú tienes de la voluntad de Dios para el hombre, tienes un asunto general que es bueno, pero estás al nivel que estaba Josías antes de haber tropezado con la ley.
Un cristiano no está llamado solamente a vivir de rumores, a comer de segunda mano. Está llamado a conocer la ley de Dios y, sobre todo, al Dios que te dio la ley. La fuente del conocimiento de Josías era que anduvo en los caminos de su padre David; está en el versículo 2. Este es un conocimiento de segunda mano, es un conocimiento limitado, es un conocimiento inestable, es un conocimiento cambiante. A través de la vida de creyentes relevantes, el Señor no solamente nos dejó su testimonio y su ejemplo: el Señor nos dejó su ley, pues su ley es estable y no cambia. Y a través del testimonio de David tú podrás conocer que David sirvió al único y verdadero Dios; pero el Señor no solamente te dejó el testimonio de David, como un rumor que pasa de generación en generación. El Señor te dejó objetivamente su ley.
Y en la ley hay algo que es más fuerte que el testimonio de un hombre. La predicación dominical. No, no me quejo. Yo me gozo del privilegio que tenemos los creyentes en nuestros días, de que un domingo en la mañana, a pocos kilómetros de su casa, usted podría conseguir un lugar donde se abren las Sagradas Escrituras y se predican. Es un privilegio. Por lo menos en nuestra ciudad es muy común que existan púlpitos. Y en este momento nosotros hemos tenido en nuestro país un privilegio, hermano: que grandes expositores bíblicos el Señor ha permitido que coincidan en una sola generación. Una persona en Santo Domingo, es poco común que te diga: no, mire, es que por aquí yo no encuentro un lugar donde se prediquen las Sagradas Escrituras. Se te predican.
Pero quiero mostrarle al pueblo evangélico que necesitamos más que grandes maestros, necesitamos más que altos púlpitos: necesitamos que tú mismo tengas una relación personal con el Dios del libro. Y si tu relación con la palabra del Señor está descansando solamente en lo que se te predica el domingo, tienes un asunto muy limitado y estás viviendo como vivía Josías. A mí eso no me impresiona. Yo le pregunto a una persona si está leyendo su Biblia. Yo me rasgo las vestiduras porque sospecho que en estas iglesias que nos llamamos iglesias bíblicas la enseñanza descansa sobre todo en el púlpito de la iglesia, pero no necesariamente el pueblo llano tiene pasión por conocer, consumir y permanecer ellos mismos en las Sagradas Escrituras.
Que tú seas expuesto a la predicación dominical no es la vocación del Señor para tu vida. El Señor quiere que tú leas tu Biblia, que tú permanezcas en ella. Y sucede que se leen más libros sobre la Palabra que la Palabra misma. Tú preguntas: ¿qué estás leyendo en estos días?, y te van a decir: MacArthur, Piper, R. C. Sproul. No es de eso que estamos hablando. Si tu relación con la Palabra depende en gran medida de lo que escribió R. C. Sproul, tú estás comiendo como comía Josías. Ahora, Josías saboreó cuando comió de primera mano. ¡Oh, ahora sí! ¡Me han leído el libro! Esto fue lo que mi antepasado David conoció. Ay, hermano, acabo de leer la biografía de R. C. Sproul, por eso lo menciono.
Pero Keller, Sproul, Piper, Jonathan Edwards comieron de primera mano. La meta no es leer grandes libros. La meta es leer el libro. Y cuando tú permaneces en ese libro, tienes una relación personal con aquel que conocieron los grandes autores que para ti son referentes.
¿Cómo se puede tener una relación con Dios? Tú puedes tener una relación con Dios basada en tu cultura, en tus referentes, y no tener un fundamento sólido, porque tú crees lo que tú crees. ¿Has pensado, hermano querido, en la cantidad de decisiones importantes que un creyente toma en su vida para honrar a Dios? ¿Cuál es el fundamento de tu decisión? Está bien, tú has considerado vivir de ese modo porque así vives; porque me mostraron que eso es bueno. Eso no es un fundamento. Un fundamento es porque Dios lo dice.
Hermano, yo no creo lo que creo porque yo tengo una doctrina bautista. No; yo creo lo que creo porque creo que eso viene del lugar al cual acudieron aquellos que hicieron las grandes confesiones de fe históricas. Una relación confesional no es la relación con el libro. ¿Qué hizo Josías antes de tener relación con Dios? Él comenzó a buscar el rostro de Dios, quitó físicamente la idolatría y al mismo tiempo reparó el templo. Y muchas cosas estás haciendo tú también sin conocer la ley de Dios.
La forma imprevista en que la ley fue hallada
Hablaré ahora del versículo 14 en adelante: la forma imprevista en que la ley fue hallada. Hermano, todas estas personas eran instituciones que la ley había establecido. Se estableció un rey, se estableció un sacerdote, se establecieron levitas, se establecieron escribas; pero ninguna de estas personas hacía sus oficios con un fundamento: lo hacían por referencia cultural.
Tú eres sacerdote, ¿pero en base a qué tú haces el sacerdocio? Ah, porque yo aprendí de mi abuelo; ah, porque aprendí de mi antepasado. Y tú le preguntas a una persona: ¿y por qué tú, como cristiano, te comportas como te comportas? El pastor me enseñó que tengo que vivir así. Ay, hermano querido, eso no es un fundamento. Necesitas algo más que tu pastor, necesitas algo más que tu abuelita, necesitas algo más que tus amigos cristianos. Tú necesitas tener un propio fundamento, el fundamento de las Escrituras.
Dice el 14: «Y al sacar el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, el sacerdote Hilcías…». Y yo le pregunto a Hilcías: Hilcías, ¿pero tú no eras el sacerdote? El sacerdocio tenía requerimientos que eran muy puntuales. Tenía que conocer precisamente cómo se ofrece el sacrificio. Tú no te vestías de manera arbitraria. ¿Cómo tú lo haces? Ah, yo aprendí por imitación. Ay, hermano, por imitación no.
«El sacerdote Hilcías halló el libro de la ley de Jehová dada por medio de Moisés. Y dando cuenta Hilcías, dijo al escriba Safán». Espérate, que yo no me voy a quedar con esto: yo, que soy sacerdote, estoy haciendo esto por imitación, pero vamos a llamar al escriba. ¿Y a qué se dedica un escriba? A interpretar la ley y a enseñarla al pueblo. Safán, ¿con qué tú has estado trabajando? Ay hermano, yo quisiera preguntarle a Safán qué es lo que le ha estado enseñando al pueblo. Safán, pero tú eres un escriba, ¿con qué libro, con qué ley has estado instruyendo al pueblo? No, yo le digo lo que a mí me dijeron, le enseño lo que a mí me enseñaron: que existe un Dios que está por encima de las nubes, que nosotros somos su pueblo. Eso se llama cultura general.
Hermano creyente, evangélico, usted necesita algo más que cultura cristiana, usted necesita un fundamento. Y el fundamento comienza en la Palabra, y con el Dios de la Palabra. Porque aquí hay un escriba a quien le han traído un libro, a ver si lo conoce. Dice el 15: «Y dando cuenta Hilcías, dijo al escriba Safán: Yo he hallado el libro de la ley en la casa de Jehová» —me tropecé con esto—. «Y dio Hilcías el libro a Safán. Y Safán lo llevó al rey y le contó el asunto, diciendo: Tus siervos han cumplido todo lo que les fue encomendado; han reunido el dinero que se halló en la casa de Jehová y lo han entregado en mano de los encargados y en mano de los que hacen la obra». Todo eso está muy bien. Y hay otro detalle: «Además de esto, declaró el escriba Safán al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me dio un libro». Bueno, aquí hay una abierta irresponsabilidad. Están como buscando: y el libro, y ese libro. Ellos no saben de qué se trata. «Y leyó Safán en él delante del rey. Luego que el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus vestidos».
Hay gente que tiene una relación con Dios por imitación; hay gente que tiene cultura general cristiana y que necesita encontrarse con el Dios de la ley. Y es un fenómeno diferente. Una cosa es tú aprender por imitación, una cosa es lo que te dijeron en la escuelita bíblica, una cosa es la predicación del domingo, y otra cosa es cuando Dios te habla a ti a través de su palabra.
Perdóname el momento de locura de hablar de mí mismo, hermano. Yo fui instruido en los caminos del Señor desde muy joven. Hubo una temporada de mi vida donde yo leí la palabra del Señor y la palabra del Señor fue real para mí. Y ya yo no tenía lo que mi maestra de escuela bíblica me había enseñado, ya yo no tenía lo que mi pastor predicaba el domingo. Yo tenía ahora algo nuevo, singular y diferente: yo había sentido por primera vez en mi vida a Dios hablando a mi corazón a través de su palabra. Esa es la Palabra. Eso cambió mi relación con Dios.
Ya yo dejé de ver la Biblia como un libro enciclopédico, como yo veía el diccionario Larousse, como veía el diccionario Logos, que es el diccionario de mi generación. Yo llegué a ver la Biblia como un libro que se hace vivo y en el que emerge la voz de Dios. Y no fue que yo escuché una voz; es que lo que yo leía ahí resonó en mi corazón. Fue algo más profundo que la mente. Ya no solamente eran datos anecdóticos, ya no eran personajes, ya no eran pueblos, ya no eran historias, ya no eran narrativas: era Dios hablando a su siervo a través de su palabra. Eso cambió mi perspectiva y cambió mi relación con Dios.
Mucha gente lee la Palabra, hermano. De hecho, el escriba y el sacerdote la leyeron y la Palabra no causó en ellos lo que parece que causó en el rey. Las tres instituciones operaban al margen: el rey, el sacerdote y el escriba. Pero los tres eran las tres personas cardinales que necesitaban tomarse en serio la ley de Dios.
Una iglesia que opera por costumbre
Asimismo es posible gestionar toda una iglesia local sin tener un fundamento. Ustedes se sorprenderían, pero es más común que en las iglesias locales se tomen decisiones por tradición y costumbre que decisiones basadas en lo que dice la Palabra. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué hacemos el culto que hacemos? ¿Por qué la liturgia? ¿Por qué el orden? ¿Por qué enseñamos como enseñamos? Ah, porque esa es nuestra tradición, es nuestro estilo. No, hermano; existe algo que se llama principio regulador de la adoración. Dios ha establecido la manera en que espera que su pueblo le adore, y en este tipo de cosas hay cierta libertad, pero al mismo tiempo hay mucha restricción.
Y cuando una iglesia opera como operaba Israel en los días de Josías, la iglesia hace lo que hace la iglesia de al lado y todo el mundo vive imitando lo que está funcionando. Miren, aquella congregación hizo esto, vamos a hacerlo también nosotros. ¿Pero por qué hacemos lo que hacemos? ¿Porque otras iglesias lo están haciendo? Si vamos a hacer lo que estamos haciendo, vamos a adorar en los lugares altos, vamos a poner las imágenes de Asera, vamos a no limpiar Israel, sino que vamos a contaminarlo aún más. Nuestros criterios y nuestras costumbres no son suficientes para adorar al único y verdadero Dios, porque Él se ha revelado. Y como iglesia local, deberíamos sentir la carga de que existen fundamentos y principios.
Para la liturgia, hermano, ¿qué se hace? Se imita la cultura, lo mismo que hace el mundo, pero se hace como para Dios. Si lo que estás haciendo tú y la iglesia local es lo mismo que hicieron ayer en las diferentes fiestas que se hicieron en esta gran ciudad, probablemente perdimos el rumbo. En esa fiesta no se toma en cuenta al único y verdadero Dios, ni la manera en que Él se ha revelado a su pueblo. Aquí tenemos el libro. Entonces, estableciendo, hermanos queridos, que en la liturgia de una iglesia, en el orden de la adoración, no se hace lo que tú y yo queremos hacer: se hace lo que Dios nos ha concedido hacer.
Y para la enseñanza, ¿qué vamos a hacer? Bueno, se pueden compartir algunos sabios consejos. Retórica, retórica espiritual. Tú dices cualquier cosa. Hermano, si aquí podemos enseñar lo mismo que usted podría leer en Hombre y Sociedad, perdimos el rumbo. El caballero de la armadura oxidada. Juventud en éxtasis. Ay hermano, esto da un poco de risa, pero son muchos los púlpitos hoy domingo donde se está compartiendo más positivismo, psicología, consejos de negocios. A mí me sorprende, porque yo vivo en el mundo de la empresa, cómo la literatura de negocios permeó el púlpito cristiano. El libro es el único libro que nos permite hacer esto.
Y para el gobierno de la iglesia, hermano, ¿cómo vamos a gestionar la iglesia? Ah, pero yo soy bueno en eso; mira, yo tengo una maestría, yo sé muy bien de desarrollo organizacional. La estructura de una iglesia, el Señor estableció cómo se hace; eso está en el Nuevo Testamento. Y cuando usted tropieza con eso, dice: oh, pero hay una manera de hacerlo, que no es la manera en que a mí me enseñaron, no es la manera en que yo estoy imitando. No se improvisa según lo que tú tienes a mano, sino que se hace según la ley de Dios.
Basta con dejar de usarla
Solamente clarifico aquí, hermano, que en tiempos de Josías no hubo un esfuerzo intencional para sacar la ley de Dios. Bastó con dejar de usarla. Y en la iglesia contemporánea nadie anda buscando las Biblias para ser quemadas. Yo me reí ayer porque tengo la cita de que en un momento de la historia dominicana, en tiempos de la colonia, se quemaron trescientas Biblias en la plaza de Santo Domingo. A mí me llama la atención que aparecieran trescientas Biblias.
Porque si salimos a buscar en este momento la Biblia de los creyentes, quizá el creyente dice: yo sé que tengo una, pero yo no sé dónde está. Deme su Biblia, que la vamos a quemar. Bueno, yo creo que la mía se me quedó en la iglesia. La mía debe estar en mi carro. Ay hermano, es que no es un libro de referencia. O sea, yo creo que gran parte de la cristiandad está en este momento descansando en lo que se predica en el púlpito, pero ellos mismos no están permaneciendo en la Palabra. No hay que hacer un esfuerzo intencional para sacar la Biblia de la sociedad. Basta con dejar de usarla. Basta con quitarle la prioridad. Por eso te digo, hermano querido: vamos a celebrar el Día de la Biblia no solamente con actos protocolares; vamos a comenzar a permanecer en la Palabra.
De hecho, en nuestras conversaciones del día a día eso debería emerger. Bueno, ¿y tú qué estás leyendo? Daré algunas ideas: usa tu Biblia, regala la Biblia, piensa bíblicamente, fundamenta tus convicciones, trae la palabra de Dios a tu conversación diaria. Una pregunta entre nosotros común, que no es un asunto raro, pero que por lo poco común que es hacerlo parece raro: preguntarle a un hermano, ¿qué libro de la Biblia tú estás leyendo ahora mismo? ¿Hay algún personaje que te haya llamado la atención? ¿Viste algo en la Escritura con otros ojos? ¿Algo emergió, algo se levantó? ¿Dios ha hablado esta semana a tu corazón a través de su palabra? Son preguntas muy comprometedoras esas, hermano. Quizás lo son por lo poco común que son entre nosotros, pero deberíamos poder hablar y decirle: dime, ¿qué es lo que tú estás leyendo? Mira, yo estoy leyendo Jeremías. ¿Y tú, en qué estás? Tercera de Judas, Cuarta de Corintios.
Bueno, lo que estoy mostrando es que tenemos que perderle el miedo y la vergüenza a hablar la palabra del Señor, porque si dejamos de hablar la Palabra, de aquí a una generación usted no va a encontrar una. Yo tengo al día de hoy un deseo renovado por el libro físico. ¿Saben por qué? Porque con el libro físico uno se tropieza. Mis hijos no se van a tropezar con lo que yo tengo en el Kindle. Lo que van a encontrar son los libros que están en mi mesita de noche, los libros que están en mi escritorio, los libros que están en el librero, los libros que están rodando por la casa.
Eso debe generar una pregunta: mira, me estás rompiendo la cabeza, eso ahí yo no lo entiendo. Eso debe ser una conversación. Te estás preparando para responder la pregunta de alguien. Un asunto hermoso es cuando alguien te hace preguntas de la Escritura y tú no sabes responderlas, porque estudian los dos. Y con sinceridad tú puedes decir: mira, yo realmente no había detenido mi mente en eso, y yo voy a estudiar para responder. Dame unos días.
Lo que la ley produjo en el rey Josías
Muestro ahora lo que la ley produjo en el rey Josías; dice el 19: «Luego que el rey oyó las palabras…». Oye, hermano, qué hermoso: oyó las palabras. Porque a mí me habían hablado mucho de nuestra historia, de nuestra cultura, de nuestro antepasado, del bisabuelo; yo tenía mucha información general, pero ahora el rey está oyendo la Palabra, está comiendo de primera mano.
«Luego que el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus vestidos». Rasgar el vestido era una manera de manifestar simbólicamente contrición, arrepentimiento. El rey está diciendo: me siento mal. Frecuentemente, cuando tú te tomas la Palabra en serio y tú lees la Biblia y Dios te habla a ti a través de la Biblia, una de las cosas que tú sientes es un sentimiento de culpa, de vergüenza. Esto que sintió Josías, al parecer sus contemporáneos no lo sintieron igual. Pero siéntelo tú. Es interesante cómo la palabra del Señor en el corazón de un hombre habla de un modo y a otra gente le trata de manera indiferente.
Les dije que leí esta semana la biografía de R. C. Sproul, y dice él que el Señor lo convirtió siendo un cristiano que creció en la iglesia presbiteriana. Lo que estaban estudiando en ese momento era el libro de Eclesiastés, y el versículo que él escuchó era la parte b de Eclesiastés 11:3, que dice:
Y si el árbol cayere al sur, o al norte, en el lugar que el árbol cayere, allí quedará.
— Eclesiastés 11:3
Y dice R. C. Sproul que él sintió que él era como ese árbol, que estaba seco, cortado, pudriéndose.
Y que él fue a su cuarto y en oración entregó su vida a Cristo. Él dice: yo fui al estudio bíblico con un amigo y mi amigo también sintió algo, y ahí él también oró; pero al otro día yo le dije a mi amigo que había entregado mi vida a Cristo, y a mi amigo no le interesaba el tema. Es interesante cómo dos personas son expuestas a la Escritura y uno tiene contrición y el otro sigue de manera indiferente. Que el Señor te conceda no solamente leer la Biblia, sino que Él te lea a ti a través de la Palabra.
Lo primero que él sintió, hermano, fue esa contrición. Él dice que rasgó su vestidura. Dice más adelante, versículo 21: «Andad, consultad a Jehová por mí y por el remanente de Israel y de Judá, acerca de las palabras del libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que ha caído sobre nosotros».
El Dios que se reveló en su palabra es un Dios tres veces santo. El Dios que usted encontrará cuando lea la Escritura no es el dios de Winnie Pooh, no es el dios de los asuntos tiernos, no es el dios de frasesitas sueltas, de pensamientos positivos: ay, mira este versículo, qué alentador. La Escritura es un libro difícil, que si no fuera por el Espíritu Santo nosotros no entenderíamos. Los dos énfasis más comunes de la Escritura son estos: el primer énfasis es que el Dios que se ha revelado es un Dios realmente santo. Y el segundo énfasis es que no hay justo ni aun uno.
Y la Escritura sin el evangelio no es un libro positivo. De hecho, yo cuando regalo Biblia últimamente estoy regalando ahí ese problema. No sé si usted me entiende: mira ahí, te regalo esto, el Señor tenga de ti misericordia. Porque si alguien realmente lee el libro y arranca por el Antiguo Testamento, desolador. Y si arranca en el Nuevo Testamento, de los evangelios en adelante, desolador. O sea que él va a abrir la Escritura y es muy probable que donde él abra lo que encuentre sea desolación y condenación. Tiene que ser un privilegiado, hermano, porque si va a determinadas partes va a tener que el Espíritu Santo llevarle para que entienda el evangelio.
¿Qué es la Escritura? Es un libro que te muestra la depravación del hombre por un lado, la santidad de Dios por el otro lado, y el evangelio en el centro. Y normalmente la gente comienza a leer la Biblia y se desespera. Dice: pero aquí lo que hay es adulterio, aquí lo que hay es violencia, pero ese hombre tuvo dos mujeres.
Ayer va Yule y me dijo: léeme la historia bíblica. Ven, mi amor, vamos a leer. Y toca la historia de Elcana. Elcana fue un hombre que tuvo dos mujeres, y yo lo leo con mis ojos primero en silencio y me vi en la necesidad imperiosa de hacer una introducción. Digo: mi amor, esta es la historia de Elcana, y Elcana no era bueno. El Señor ha establecido que cada hombre tenga su propia esposa, y Elcana tuvo dos.
Y tú dices: bueno, yo voy a arrancar por Génesis, que seguro por ahí todavía la cosa no se ha dañado mucho. Hermano, desde que usted llega a Génesis 3 encuentra la caída del hombre. Después encuentra los patriarcas, que van de desorden en desorden, de líos familiares en líos familiares. Y tú dices: ¿qué libro es este? Es un libro negativo. ¡Sí! Es un libro que te muestra un Dios absolutamente santo y hombres completamente depravados, de forma tal que no hay justo ni aun uno. Y en medio te muestra a Cristo, el evangelio.
Uy, la gente lee la Biblia y dice: ¿qué es esto? ¿Qué libro es este? Es el libro donde a los hombres se los traga la tierra. Es un libro donde Dios le mata a los hombres los hijos y le dice: no lo llores. Donde hay una concubina —ay hermano, tú le regalas la Biblia y que agarre por la concubina, que la cortan— y entonces: ¿qué es esto?, ¿qué cosa positiva hay aquí?
Cuando Josías leyó la Biblia, él no encontró un «salve, muy favorecido, el Señor es contigo». No, no fue eso. Estoy en el 21: «Porque grande es la ira de Jehová que ha caído sobre nosotros». Si usted se toma en serio la palabra del Señor, cuando usted lea su Biblia lo que va a encontrar es que grande es la ira de Dios.
Usted puede encontrar eso ahí; puede encontrarlo en el Pentateuco, lo puede encontrar en los libros poéticos, en Primero y Segundo de Reyes, Primero y Segundo de Crónicas, en la narrativa, en los profetas mayores, en los profetas menores. Usted va a encontrar que grande es la ira que ha caído sobre nosotros. El estado del hombre sin Dios y sin el evangelio es condenación. Y en todos estos libros el Señor se ha encargado de recordarte que el estado normal del hombre es condenación, y que la única esperanza está en Cristo. Y uno quisiera que Cristo esté explícito en toda parte de la Escritura, pero no: el Señor primero te desespera y te muestra cuál es tu verdadera condición. Y después Cristo emerge, y cuando Cristo emerge entonces mi alma descansa.
Él reconoció el peligro. Yo quisiera que usted lea su Biblia, para que cuando usted lea su Biblia usted reconozca el peligro y diga: pero es que yo no soy tan bueno como yo pensaba que era. No basta con venir de una familia cristiana, no basta con decir nominalmente que soy cristiano. Hay que vivir de acuerdo a Dios. ¿Y si yo no vivo de acuerdo a Dios?
«Andad, consultad a Jehová por mí y por el remanente de Israel». Este es el rey manifestando humildad. Él, que acaba de limpiar a Israel, él, que acaba de reparar el templo, él no entiende que está seguro. Yo te pregunto: ¿y tú estás seguro? ¿Por qué todo el mundo piensa que está bien y que hay paz con Dios? Pero tú lees la Escritura y la Escritura te muestra cuál es tu verdadera naturaleza, cuál es tu verdadera condición: desolación, podrida llaga. Tú lees la Escritura y la Escritura te muestra que tú no eres tan bueno como tú creías. Y tú dices: pero es que estos hombres son mejores que yo y el Señor los reprobó, ¿y qué será de mí? Si Josías, que desde los ocho años está haciendo la voluntad de Dios, que desde los ocho años de su reinado está limpiando a Israel y las ciudades circundantes y está reparando el templo, si Josías se sintió así, ¿quién soy yo para sentir que yo estoy correcto ante la presencia de Dios?
Mostró humildad y mandó a consultar a Jehová. Qué hermoso es cuando una gente lee el libro y, cuando lee el libro, sale a preguntar. Dice: miren, yo estoy desesperado, porque aquí dice que no hay justo ni aun uno, que todos se descarriaron como ovejas, que a una se hicieron inútiles. Yo estoy desesperado porque aquí dice que la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
La voz de Dios confirma la Palabra
Interesante que cuando mandó a consultar, Dios le habló basado en la Palabra. Leo desde el 22 para dar el contexto. Mandaron a buscar una profetisa.
Entonces Hilcías y los del rey fueron a Hulda profetisa, mujer de Salum hijo de Ticva, hijo de Harhas, guarda de las vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en el segundo barrio, y le dijeron las palabras antes dichas. Y ella respondió: Jehová Dios de Israel ha dicho así: Decid al varón que os ha enviado a mí…
— 2 Crónicas 34:22-23
Hago una pausa aquí, hermano. El Señor pudo haber mandado a Josías donde Hulda desde el primer momento. Pero no lo mandó primero a Hulda: lo mandó primero a la ley. ¿Saben por qué? Porque si lo mandaba primero a Hulda, él iba a cambiar la religión de David su padre por la religión de Hulda, y siempre iba a estar comiendo de segunda mano.
Yo estoy persuadido, hermano, de que Dios es real y de que Dios habla, pero cada vez que Dios habla, Dios es consistente con toda la Escritura. Y cada vez que tú has escuchado la voz de Dios, si es la voz de Dios, la voz de Dios te conduce a la Palabra. Hulda no le dijo algo distinto a lo que decía la ley. Lo que está diciendo Hulda es lo que dice la ley. Hermano, no sucede que Dios te diga a ti algo que no sea consistente con la Escritura. Frecuentemente Dios le habla a aquellos que han permanecido en la Escritura, y les dice siempre cosas que son consistentes con las Escrituras.
Pero hay gente que no quiere la ley, sino que quiere a Hulda. Hulda, dime. Hulda vivía ahí hacía rato. ¿Y por qué Hulda no había ido antes delante del rey? Porque el Señor quería que el rey entendiera que había que comer directamente de la Palabra. Y después de la Palabra, Hulda confirmó lo que Dios había dicho. Aquí el rey escuchó la voz de Dios basada en la Palabra. Así se escucha la voz de Dios: cuando está basada en la Palabra.
Dice el 24: «He aquí, yo traigo mal sobre este lugar». Ah, pero esto es lo mismo, lo mismo que acababa de leer en la Palabra, Hulda se lo está diciendo. Wow, pero es que yo quisiera que un ángel me lo diga. Si un ángel te lo dice, lo que te va a decir el ángel es que de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Wow, pero si apareciera aquí una Hulda que me lo diga, ¿qué me diría? Que la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. El Señor dice que no hay nada nuevo debajo del sol. Lo que Hulda está diciendo es lo mismo que habían leído.
He aquí yo traigo mal sobre este lugar y sobre los moradores de él, todas las maldiciones que están escritas en el libro que leyeron delante del rey de Judá.
— 2 Crónicas 34:24
O sea que el Señor sabe que lo habían leído en el libro. Interesante, hermano, que el Señor está al tanto de dondequiera que se esté leyendo el libro. Y él le dijo: eso que te acaban de leer ahí, eso es lo que yo voy a traer. Ay hermano, todo el mundo quiere sentir a Dios, sentir que Dios me está hablando a mí, que me diga cosas. Dios se hace sentir a través de la lectura de su palabra. Y cuando él permite que el Espíritu Santo se manifieste, te confirma lo que ahí está escrito.
Y dice el 25: «Por cuanto me han dejado, y han ofrecido sacrificios a dioses ajenos, provocándome a ira». Y Josías va a decir: pero yo estaba limpiando Israel por eso mismo. Sí, pero tú no sabías la razón objetiva por la cual lo estabas haciendo. Esta es la razón. Tú lo estabas haciendo por instinto, tú lo estabas haciendo por imitación, tú lo estabas haciendo por cultura general, pero esta es la razón: «provocándome a ira con todas las obras de sus manos; por tanto, se derramará mi ira sobre este lugar, y no se apagará».
Dice el 26: «Mas al rey de Judá, que os ha enviado a consultar a Jehová…». Guau, hermano, cómo el Señor sabe todos los hechos anteriores y los hechos recientes. «Mas al rey de Judá, que os ha enviado a consultar a Jehová, así le diréis: Jehová el Dios de Israel ha dicho así». Ay hermano, eso pesa mucho. Ya no es que David nos instruyó, o que abuelita decía, o cómo te enseñó a orar tu abuela. No, no, no. Escuche la autoridad que tienen esas palabras: Jehová el Dios de Israel ha dicho así. Uff, eso pesa mucho.
Yo quisiera que cuando tú leas la Palabra, la leas con ese nivel de autoridad. Cuando tú estés leyendo, no lo hagas como quien lee literatura general, narrativa. No, no, no: Jehová el Dios de Israel ha dicho así.
Por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón se conmovió, y te humillaste delante de Dios al oír sus palabras sobre este lugar y sobre sus moradores, y te humillaste delante de mí, y rasgaste tus vestidos y lloraste en mi presencia, yo también te he oído, dice Jehová. He aquí que yo te recogeré con tus padres, y serás recogido en tu sepulcro en paz, y tus ojos no verán todo el mal que yo traigo sobre este lugar y sobre los moradores de él.
— 2 Crónicas 34:27-28
Por cuanto oíste las palabras de este libro. Ay hermano, el Señor le está mostrando misericordia. ¡Qué descanso! ¿Qué más quisiera yo, hermano, sino que cuando leas la Escritura sientas estremecimiento, temor? Los niños hoy en la feria de la Biblia, hermano, pusieron ventiladores, y sonido, y efectos. Y no deberían ser los niños los que nos enseñen a nosotros que así de grande es nuestro Dios, que así de poderoso es Él, que así de estruendosa es su voz. Ay, que voy para un encuentro con Dios, de verdad.
Dios ve nuestra humillación, Él ve nuestra vestidura rasgada, espiritualmente hablando. «Yo también te he oído, dice Jehová». «Y ellos refirieron al rey la respuesta». Wow, hermano. Imagina el descanso de Josías: pues yo hacía unas cuantas cosas porque sabía que existía un Dios, pero yo no sabía que este Dios se revelaba de manera personal. Yo no sabía que este Dios tenía una palabra y que a través de su palabra hablaba al corazón de uno.
Resumen de un avivamiento: un rey mejor que Josías
Leo ahora del 29 al 33 para que vean el resumen de un avivamiento cuando está basado en la Palabra y en la voz de Dios. En la historia de los avivamientos no ha habido avivamiento alguno donde no haya un profundo entendimiento de la santidad de Dios y de tomarse en serio las Escrituras. La gente anda buscando un avivamiento como cosas que están en el aire, como sentir cosas, movimientos. Un avivamiento es una profunda conciencia de la santidad de Dios y tomarte en serio lo que dice su palabra.
El rey ya está salvo. Josías va a morir en paz. El Señor vio su corazón, recibió su arrepentimiento. Pero Josías dice ahora: no solamente yo. Un rey verdadero piensa así: yo tengo un pueblo, yo no quiero que mi pueblo perezca. Ya yo me arrepentí, yo escuché la voz de Dios en la ley, mandé a consultar a Jehová, el Señor me dijo que vio mi arrepentimiento y que él me recibió. ¿Y qué hago con mi pueblo?
Dice el 29: «Entonces el rey envió y reunió a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén». Los ancianos son aquellos que tienen prestancia: líderes, cabezas de familia. Este es el resumen de un avivamiento. Lo primero que él hizo fue reunir a los ancianos. Todo pueblo tiene un liderazgo, gente de influencia, aunque sean líderes vocales, gente que mueve gente. Tráeme a los ancianos, reúnelos.
Y subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el mayor hasta el más pequeño; y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová.
— 2 Crónicas 34:30
Él expuso a la nación completa a la Palabra. ¿Por qué hacemos lo que hacemos, hermano? ¿Por qué predicamos la Palabra? No porque somos cristianos y tenemos que predicar. No, hermano, esto es una labor espiritual. Nosotros queremos exponer a todo el pueblo, al grande y al pequeño, a la palabra de Dios, porque quizás exponiéndoles sientan lo mismo que sentimos algunos de nosotros. En este momento los hijos de ustedes están siendo expuestos a la palabra de Dios.
Yo quisiera sacar mi iglesia de la tradición y de hacer las cosas por costumbre. ¿Y por qué tenemos un ministerio de niños? Porque hay que atender a los niños. No, hermano, no, no, no. Porque hay que exponer a la Palabra desde los más grandes hasta los más pequeños, esperando que en la Palabra ellos reconozcan cuál es su verdadera condición, reconozcan cuál es el único Dios verdadero, y ahí encuentren misericordia. Esto no es un trabajo mecánico.
¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¡Ay, que tenemos un interés en los niños! Ay, hermano, no. Si fueran los niños, tuviera yo interés en mi niño; pero tengo interés en los tuyos, de forma espiritual. ¿Están pensando en ese asunto? Que no es solamente dar clase por dar clase. ¿Y por qué se predica? Porque hay un púlpito, porque se predica la Palabra. No, porque hay que darle a la gente eso, no, no, no. Le predicamos la Palabra porque yo quiero que usted sienta lo mismo que yo sentí cuando la leí. Por lo mismo hizo Josías que se le leyera a todo el pueblo: Josías tuvo un encuentro con el Dios personal en la Palabra, y cuando él tuvo ese encuentro quiso que otro también lo tuviera.
Ay hermano, yo no puedo darte mi corazón, no puedo darte mi sensibilidad, pero el Señor puede darte a ti lo mismo que me dio a mí. Y cada vez que yo predico la Palabra, hermano, yo quisiera que alguien tenga el mismo encuentro personal que tuve yo leyendo la Escritura. Y tú me vas a decir: Rafael, pero dice la hermana Maribel que tú te convertiste muy joven, cuando estabas pequeño. El trato de Dios con una persona es a través del tiempo. Nominalmente es verdad: yo en algún momento, siendo muy niño, oré. Pero yo después, leyendo la Escritura, escuché la voz de Dios. Y después recuerdo un momento donde tomé la decisión de bautizarme. ¿En qué momento tú fuiste salvado? El Señor me está salvando desde el vientre de mi madre.
El día específico yo no lo recuerdo, pero para mí fue un asunto notorio, especial. Lo que recuerdo es que eran los días del gobierno de Balaguer, donde la luz se iba mucho, y yo me recuerdo leyendo la Biblia con lámpara. Cuando yo leía la Biblia con lámpara, yo sentía que ya como que se levantaba. Y desde entonces yo he querido dedicar mi vida a enseñar la Escritura, esperando que la Escritura se levante ante alguien más. Y que alguien, en alguno de estos textos, diga: wow, lo sentí. Yo veo ahí que hay algo más que letra, hay algo más que personaje, hay algo más que historia, hay algo más que cultura general. Dios está en su palabra, hermano, y Él habla al corazón del hombre a través de su palabra.
Y esa es mi oración: que cuando se predica la Palabra, tu corazón salte y sienta lo que sintió Josías. ¿Por qué Josías reunió al pueblo? Porque quería que el pueblo sintiera lo mismo que él sintió. Y usted me dice: ¿y todo Israel sintió lo mismo? No. Pero que alguien encuentre a Dios al leer la Palabra. Eso fue lo que hizo Josías: subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el mayor hasta el más pequeño, y leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová. Hermano, yo estoy leyendo esto hoy esperando que esto se levante ante los ojos de alguien.
Que alguien pueda decir: ahí hay más que letra, ahí hay un Dios que está hablando a mi corazón. Yo no te puedo dar mi fe, no te puedo dar mi salvación. Josías no le podía dar su fe ni su salvación al pueblo, pero podía darle la ley al pueblo. Él se aseguró de que el pueblo completo escuchara la Escritura, para que alguien sintiera lo mismo que él había sentido y tuviera la misma misericordia que él había tenido de Dios. Yo no predico la Palabra, hermano, porque tenga que predicarla. Yo predico la Palabra esperando que esto salte en el corazón de alguien. Que el Señor conceda que el corazón de alguien se mueva, que alguien pueda decir: oh, lo vi, sí.
Dice el 31:
Y estando el rey en pie en su sitio, hizo delante de Jehová pacto de caminar en pos de Jehová y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazón y con toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro.
— 2 Crónicas 34:31
Usted puede ser un creyente que no ha tomado esa decisión todavía. Yo le concedo que quizá usted es salvo. Porque llega un momento en que usted no solamente es salvo, sino que es salvo y usted hace pacto con el Señor de vivir de acuerdo a ese libro. Dice: Señor, yo me someto en este momento voluntariamente a hacer tus decretos, a obedecer tus preceptos, a decir lo que tu palabra diga. Yo quiero hacer tu voluntad.
Después obligó a Israel a vivir de acuerdo a ese libro. Dice el 32: «E hizo que se obligaran a ello todos los que estaban en Jerusalén y en Benjamín; y los moradores de Jerusalén hicieron conforme al pacto de Dios, del Dios de sus padres». Vamos a vivir de acuerdo a eso. Y usted me va a decir: es que nosotros no estamos en una monarquía. Mire, hay tres instituciones donde eso puede ocurrir: o en Israel, que era una teocracia, o en una familia, donde hay una cabeza, o en una iglesia local. Hay conjuntos de seres humanos que se obligan los unos a los otros a vivir de acuerdo a un código.
Hablo aquí con mucho cuidado, hermano. Yo soy miembro de una iglesia local porque esa iglesia local, sus miembros, se han comprometido a vivir de acuerdo a un código. Nos obligamos. ¿Usted entiende eso? En mi casa no es voluntario que se va a leer la Palabra. Tú me vas a decir: pero tú no puedes obligarlos, ellos son niños. Miren, mientras tanto yo crea que tengo una autoridad moral y espiritual en mi familia, y que todavía soy cabeza de esta casa, en esta casa se hace la voluntad de Dios. Ah, no, hay que dejar la opción. Estos no son tres países juntos, no son las Naciones Unidas. Aquí se adora al Dios del libro.
Y una iglesia local tiene una estructura. Cuando usted es miembro de una iglesia, usted es miembro de un pueblo que ha elegido vivir de acuerdo a algún código, y nos obligamos a vivir así. Escuche el término que se utiliza: «e hizo que se obligaran a ello todos los que estaban en Jerusalén». ¿Qué es que se obligaran a ello? Usted quiere vivir aquí con nosotros: aquí hemos resuelto que vamos a vivir de acuerdo a este libro. ¿Y qué hago yo si yo no quiero vivir de acuerdo a ese libro? Bueno, pero hay otras naciones. Mis problemas están con la gente que quiere ser miembro de una iglesia local y vivir de acuerdo a otros códigos, a otros libros. Hay muchas otras maneras de vivir, pero el pueblo del Señor es una nación singular que vive de manera diferente. Eso que está ahí puede suceder o en una teocracia como Israel, o en una familia, o en una iglesia local, donde usted voluntariamente se someta a vivir de acuerdo a ese código. No es un asunto, hermano, de que vamos a vivir auscultándonos, pero usted debe tener la intención de obedecer, por lo menos.
En el 33, lo que anteriormente él intentó hacer manualmente, mecánicamente, ahora lo pudo hacer espiritualmente. Recuerden que comienza la narración con él limpiando a Israel de los ídolos. Él podía quitar físicamente los ídolos, pero no podía quitar el ídolo del corazón. Ahora la labor, más que física, es espiritual.
Y quitó Josías todas las abominaciones de toda la tierra de los hijos de Israel, e hizo que todos los que se hallaban en Israel sirviesen a Jehová su Dios. No se apartaron de en pos de Jehová el Dios de sus padres, todo el tiempo que él vivió.
— 2 Crónicas 34:33
Aquí es diferente. Tú puedes quitarle a la gente su ídolo, pero tú no puedes hacer que ellos sirvan a Jehová su Dios.
Una reforma espiritual es más que quitar mecánicamente el pecado. El único que puede quitar espiritualmente el pecado es Cristo. ¿Qué es esto? Una reforma espiritual. Anteriormente, él limpió el pueblo de los lugares altos; ahora está haciendo un trabajo que es más que físico. Es importante lograr algún avance, pero ahora dice el 33 también: «no se apartaron de en pos de Jehová». Así es que queremos vivir. No hacemos nada con quitarte tu pecado, quitarte tus ídolos, si todavía está en tu corazón. Se trata de que tú quieras vivir en pos de Jehová, el Dios de sus padres, todo el tiempo que él vivió. El avivamiento fue un asunto espiritual.
¿Cómo se ve aquí el evangelio? Yo leo la historia de Josías y digo: wow, yo quisiera vivir en un reino así. ¿Quién no quisiera vivir con un rey como Josías? La gente habla del reino de David y demás, pero yo digo: no, mejor Josías. Joás no, porque Joás no tenía una relación con Dios él mismo, era a través de Joiada; pero Josías sí. Josías era un rey bueno que conoció al único y verdadero Dios. ¿Quién no quisiera vivir en un reino como el de Josías?
Miren, Cristo está creando un nuevo pueblo, una nueva nación. Cristo es un rey aún mejor que Josías. Cristo vivió una vida perfecta. Cristo no tuvo que tropezar con la ley, sino que fue el autor de la ley. Y tiene algo mucho más poderoso que su ejemplo o que la fuerza para hacer que vivamos de acuerdo a ella: se llama nuevo nacimiento. Esta nación es una nación más grande que la nación de Israel, porque lo que Israel hacía por obediencia y por ejemplo, nosotros podemos hacerlo con la ayuda del Espíritu Santo. La iglesia es un nuevo pueblo. Dice Colosenses 1:13-14:
El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.
— Colosenses 1:13-14
Oro en dos sentidos: para que ustedes permanezcan en la Palabra, y para aquellos que solamente ven letra, que el Señor permita que vean detrás de la letra al Dios que nos dio la Palabra.