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Mensaje

La supremacía de Cristo sobre todas las cosas

Colosenses 1:15-20

Reconocer el señorío de Cristo sobre todas las cosas es una tarea que requiere profunda reflexión, pero vale la pena. Este es el punto de partida para que nuestra salvación produzca gozo: entender nuestro gran Salvador y nuestra gran necesidad.

Transcripción automática

Tengo ya unas semanas exponiendo Colosenses. Todo en esta carta apunta a Cristo, y dentro del libro, esta es la cúspide. Pablo, desde la prisión, está pastoreando la iglesia por medio de una carta, y todo lo anterior había sido una introducción para llegar hasta este punto. Estaremos leyendo desde el versículo 15 hasta el 20 del capítulo 1 para mostrar la supremacía de Cristo sobre todas las cosas.

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

— Colosenses 1:15-20

Un gran Salvador para una gran necesidad

Hoy tengo el gozo y el privilegio de predicar de cosas muy grandes. Reconozco que es un texto denso, y me gusta que así sea. Yo estoy resuelto a encontrar el gozo de mi salvación, y he entendido que uno debería pagar el precio para que la salvación produzca lo que la Palabra del Señor dice que produce en el corazón del creyente: gozo, plenitud, seguridad, confianza, regocijo.

El paradigma de nuestros días es mantener las cosas sencillas al nivel más básico. Un minimalismo en todas las cosas. En cuanto a la exposición de la Escritura, se quiere tratar siempre a los adultos como si fueran párvulos. Pero yo estoy persuadido de que la Palabra del Señor es densa y el pueblo del Señor necesita encontrarse con esta palabra densa y hacer el esfuerzo. Ejercitar el músculo del discernimiento, pues haciendo ese esfuerzo y pagando ese precio encontrarás tu gozo. No es que estoy buscando ser innecesariamente denso, pero estamos subiendo una cumbre. Te sentirás un poco cansado, pero si llegas a subir a esa cumbre, allá arriba están las respuestas para muchas de tus preguntas.

Nuestro problema ante Dios es sumamente complicado. Es el conflicto de los siglos y se resuelve en la cruz de Cristo. Sería necio predicar a la congregación asuntos sencillos para problemas que son muy grandes. El problema que hay en esta tierra tiene dimensiones cósmicas. Aun la persona de Jesús ha sido simplificada, reducida, a un punto tal que Cristo ya no impresiona. La gente dice: «Él es tu amigo.» Él es el Señor. Si Cristo es solamente tu amigo, tu amigo no te salva y vas a buscar tu salvador en otra parte. Reconocer el señorío de Cristo sobre todas las cosas es una tarea titánica, algo que requiere profunda reflexión, muchas palabras y sobre todo tiempo, pero vale la pena. Este es el punto de partida para que nuestra salvación produzca gozo: tenemos que entender nuestra gran necesidad y también nuestro gran Salvador.

Cristo es muy sustancioso. Él satisface plenamente la necesidad del ser humano. Pero el Cristo que satisface es el Cristo que se ha revelado en su Palabra, un Cristo completo, glorioso, poderoso, con todo su señorío. Los hombres hoy quieren un Cristo sin poder, sin deidad, sin autoridad, sin perfección, un Cristo que no juzgue, que se parezca a ellos, un Cristo tolerante e inclusivo. No. Cristo como se reveló a nosotros. Él no esperaba que lo entiendas la primera vez. De hecho, todavía los discípulos que caminaron con Él vivían conociéndole años después.

La imagen del Dios invisible

Dice el versículo 15: «Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.» Para entender la supremacía de Jesús tenemos que hablar sobre la creación. Pablo no ignora la creación sino que la pone en el centro: para que entiendas a este gran Salvador deberías entender la creación que ha hecho. Él se revela en ella. No es casualidad que la Biblia comience por Génesis. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Esta creación tiene un autor y ese autor tiene la soberanía sobre su creación. Él tiene un derecho legítimo sobre nosotros porque somos criatura suya. Los hombres no tenemos que otorgarle a Dios un permiso. Él es dueño tuyo. «Reconoced que Jehová es Dios; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos.»

En esta porción de la Escritura aparece su señorío sobre el cielo y sobre la tierra, sobre las cosas visibles y sobre las invisibles. Lo más impresionante es que presenta a Jesús como «la imagen del Dios invisible.» Imagen, eikon, no es una copia. Cristo es la única posibilidad que tenemos para llegar a conocer a Dios como Dios es. Dios es espíritu y la única revelación que ha tenido es Cristo. Si alguien dice que ha conocido a Dios, ha conocido a Dios a través de Cristo. No es una imagen; es la imagen. De forma tal que si alguien me dice que ha conocido a Dios, yo le pregunto: ¿y conociste a Cristo? Un Dios imaginado, un Dios ficticio no es el Dios de la Escritura. Nosotros conocemos al Dios que se ha autorevelado en Jesucristo. Por lo cual podemos decir que no hay otro nombre dado a los hombres en el cual podamos ser salvos.

El único camino al Padre

Él hablaba de sí mismo y decía: «Mi Padre y yo la misma cosa somos.» Felipe en algún momento dijo: «Quiero conocer al Padre,» y Él respondió: «Felipe, si tú me has visto a mí, has visto al Padre.» Juan 1:18 dice: «A Dios nadie le vio jamás. El unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.» Si alguien en el Antiguo Testamento vio a Dios, aunque él no lo supiera, estaba viendo al Hijo, pues Él es la imagen del Dios invisible. Juan 1 dice que en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Cristo se ha estado revelando desde los patriarcas hasta Israel, después los profetas, y luego se encarnó. Una cosa es el Cristo preencarnado, otra el Cristo encarnado y otra el Cristo glorificado, pero es el mismo Señor del cielo y de la tierra.

El término no alude a algo visual principalmente, sino a algo esencial. Es un asunto moral, de carácter, de voluntad. Él es el camino, Él es la verdad y Él es la vida. Y nadie viene al Padre si no es por Él. La gente vive en dilemas porque dice: si yo tengo un dios subjetivo, abstracto, etéreo, entonces puedo servir a dios a mi manera. Ahora, si Dios es revelado a través de Cristo, Cristo no es etéreo; Cristo es visible, objetivo, Señor del cielo y de la tierra, y reclama tu obediencia. El mundo te dice: «Yo conocí a Dios, pero no a través de Cristo,» de forma tal que si conoció a Dios directamente, no tiene que hacer la voluntad que se reveló en Cristo. Pero la única manera de conocer a Dios es a través de Cristo, y si has conocido a Dios, estás obedeciendo al Señor Jesucristo. Jesucristo no es pasivo. Él no solamente espera que le reconozcas como Dios, sino que le obedezcas como Dios.

El primogénito de toda creación

Dice el versículo 15: «El primogénito de toda creación.» El Antiguo Testamento está poblado de imágenes de primogenitura. Primogenitura, más que un asunto de orden de nacimiento, es un asunto de dignidad, de principalía. El hijo primogénito recibía una doble porción de la herencia y se esperaba que fuese quien estableciera la casa del padre. No era solamente el hijo preferido; era el más digno. Se está hablando de la dignidad de Cristo: en la creación no hay nadie más relevante, más importante ni más digno que Él. No hay nada de lo creado que sea más valioso que el Creador mismo.

El primogénito era atesorado, y el Señor pedía: lo que ustedes más atesoran, dénmelo a mí. Nos está mostrando que atesorar cosas es algo natural, pero lo más valioso que podemos atesorar es a Cristo. Cuando a un hombre se le moría su primogénito, se sentía destruido. Haz tesoro a Cristo sobre todo lo demás. Él es muy digno, muy grande, muy valioso. Testigos de Jehová y otras religiones han querido utilizar este texto para decir que Cristo es un ser creado. En el versículo 17 dice que Él es antes que todas las cosas. Él no es un ser creado. No tiene principio ni final. Él es Dios. Romanos capítulo 1 dice que los hombres, en vez de exaltar al Creador, exaltaron la creación, y se hicieron inútiles.

Todo fue creado por Él y para Él

«Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles.» Él no solamente es el creador del orden que conocemos; el orden que desconocemos también fue hecho por Él. Es el creador del orden físico y también del espiritual. Y si algo existe, existe por Él y para Él y es sostenido por Él. ¿Para qué Pablo hace estas declaraciones tan grandes? Para que te goces de tu salvación. Si no ves un Salvador tan grande, crees que tu salvación es pequeña. Pero si te das cuenta a quién nombraron para que sea tu Salvador, te vas a sentir seguro.

La creación está compuesta por objetos, por leyes y por conceptos. Él hizo lo que existe como objeto, pero al mismo tiempo hizo las leyes que gobiernan las cosas que existen. Leyes que todavía estamos tratando de inferir. Eso es la ciencia: el esfuerzo del hombre por comprender cómo funciona este mundo tan complejo creado por Él y para Él. La luna, las estrellas, la arena del mar, el agua, el cuerpo humano y sus órganos, la complejidad a nivel molecular y atómico — todo ha sido creado por Él. Cuando inventamos el telescopio debimos habernos gozado en lo grande que Él era, y cuando inventamos el microscopio también.

La gravedad fue creada por Él y para Él. No hay intermitencia en el sol. Las leyes de la termodinámica, las leyes del movimiento de Newton: Newton más o menos entendió cómo funcionaban, pero él no es el creador. El creador es Jesucristo. Y el mismo que hizo esas leyes fue el mismo que me compró a precio de sangre. Él no solamente hizo objetos y leyes; también hizo conceptos. Cosas que no podemos definir objetivamente pero percibimos conceptualmente. El concepto de autoridad, de dignidad, de rendimiento, de propiedad. Todo fue creado por Él y para Él. Y su genialidad es aún más grande: no solamente hizo los conceptos, los objetos y las leyes, sino que hizo un ser con capacidades especiales para que haga mayordomía de su creación.

Tronos y dominios se sujetan a Él

El texto dice: «Sean tronos, sean dominios.» Son estructuras visibles de poder. No hay reino ni gobierno que sea más grande que Dios. La Escritura da testimonio de grandes reinos que se engrandecieron con el poder del Señor y terminaron sus regentes dándole la gloria al único que es grande. Faraón, rey de Egipto, envió a llamar a Moisés y le dijo: «He pecado, Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos.» Aquí hay uno que es grande reconociendo que hay alguien más grande que él.

A Nabucodonosor, rey de Babilonia, el Señor le llamaba «mi siervo.» Daniel 4 registra sus palabras: «Al fin del tiempo yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo y mi razón me fue devuelta, y bendije al Altísimo y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, y él hace según su voluntad en el ejército del cielo y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano ni le diga: ¿qué haces?» ¿Sabes por qué no nos gozamos más en nuestra salvación? Porque todavía estamos mirando a Egipto y a Babilonia. Darío, rey de Persia, declaró: «Él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido.» Y Ciro: «Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén.»

Y el rey de Nínive, cuando llegó la noticia del juicio de Dios, se levantó de su silla, se despojó de sus vestidos, se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar: «Hombres y animales, clamen a Dios fuertemente, y conviértase cada uno de su mal camino.» La gente dice: eso era lo antiguo, era medio torpe. Pero Roma no. Con Roma, cuidado. Un gobernador romano hacía que cualquiera temblara. Pilato le dijo a Jesús: «¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte y que tengo autoridad para soltarte?» Y Jesús respondió: «Ninguna autoridad tendrías contra mí si no te fuese dada de arriba.» Desde entonces procuraba Pilato soltarle. «En él fueron creadas todas las cosas, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades.» Pilato, fui yo que te hice grande, en el momento en que me iba a mostrar aún más grande.

Todas las cosas en Él subsisten

Dos ejemplos celestiales: poderes o autoridades. Son estructuras de poder invisible: ángeles y demonios. No hay un ángel que sea un ser increado. Todos fueron creados por Él y para Él. Los demonios son ángeles caídos, y aun los demonios se sujetan a Él. Cuando caminó entre nosotros, los demonios se asustaban: «¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres: el Santo de Dios.» Y Jesús le reprendió diciendo: «Cállate, y sal de él.» Colosenses 2:15 dice: «Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.»

Dice el versículo 17 que «todas las cosas en él subsisten.» Si todas las cosas en Él subsisten, también los principados y las potestades, positivos o negativos. Aun el diablo subsiste porque se lo permiten. La única razón por la cual opera es porque le han permitido operar. Hay cosas que no podemos entender, pero todo ha sido creado por Él y para Él.

La única razón por la cual la creación, que es un sistema armónico, sigue en pie es por su poder. Los científicos han descubierto que la armonía en la creación se mueve en micras: una pequeña varianza podría tener proporciones cósmicas. Y como esto todavía no ha implosionado, es porque Él sostiene todas las cosas. Tú te levantas y sale el sol, y se pone el sol, y todavía el aire se respira, porque por la misericordia suya. No hay huracán que se forme sin el consejo de Dios. No hay virus que emerja sin el consejo de Dios. Humildemente recibimos todo eso como la providencia de Dios.

Reconciliar consigo todas las cosas

Así como Él es el primogénito, el más digno en la creación, al mismo tiempo Él es la cabeza del cuerpo, y el cuerpo es la iglesia. La iglesia es gloriosa, pero no más gloriosa que el Señor de la iglesia. Así como sería idolatría celebrar la creación desconociendo al Creador, sería idolatría celebrar la iglesia sin celebrar al Señor de la iglesia. En la iglesia de Cristo nadie se destaca más que Cristo. ¿Qué hace un predicador? Exaltar a Cristo. ¿Qué hace un cantante? Celebrar a Cristo. ¿Para qué existe la iglesia? Para proclamar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Tanto en la creación como en la redención hay un problema. El pecado ha dañado todas las esferas de la creación. Por eso dice la Palabra que la creación gime esperando la redención. La creación no funciona bien y la iglesia tampoco funciona bien. Ahora, en Cristo están siendo reconciliadas todas las cosas. «Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.» El sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario tiene proporciones cósmicas. Es la única esperanza tanto para la creación general como para la creación especial.

En Cristo está la plenitud. Cualquier cosa que te da deleite, te da un deleite delimitado. Pero en Cristo, porque Él es Dios, está la plenitud. Significa que en Él está el diseño ideal para todo aspecto de la creación y eventualmente lo implementará. En Cristo está la respuesta a todo dilema, grande o pequeño, del ser humano. En la cruz del Calvario se pagó el precio necesario para que todas las cosas puedan ser reconciliadas en Cristo. Y si en Cristo la creación completa será reconciliada, también puedes ser reconciliado tú. El evangelio nos muestra que hubo una creación, pero también una caída, y en Cristo ha habido redención y eventualmente habrá consumación. La única salida posible al problema de la creación y al problema de tu pecado es la sangre de Cristo en la cruz del Calvario. Reconciliados en Él, tenemos paz para con Dios a través de Jesucristo.