Pueden estar conmigo en la carta de Pablo a los colosenses, en el capítulo 1, desde el versículo 15 hasta el 20. Tengo ya unas semanas exponiendo Colosenses y les confieso que yo quería llegar aquí. Todo en Colosenses apunta a Cristo, y dentro del libro esta es la cúspide de toda la carta. Pablo, desde la prisión, está pastoreando la iglesia por medio de una carta, y todo lo anterior había sido una introducción para llegar hasta este punto. Mostraremos desde aquí la supremacía de Cristo sobre todas las cosas.
Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades. Todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
— Colosenses 1:15-20
Un gran Salvador para una gran necesidad
Pueden sentarse, mis hermanos. Hoy tengo el gozo y el privilegio de predicar de cosas muy grandes. Reconozco que es un texto denso, y me gusta que así sea. Yo estoy resuelto, hermano, a encontrar el gozo de mi salvación. He entendido que uno debería pagar el precio para que la salvación de uno tenga aquello que la Palabra del Señor dice que produce en el corazón del creyente: gozo, plenitud, seguridad, confianza, regocijo. No es sencillo.
El paradigma de nuestros días es mantener las cosas al nivel más básico. Un minimalismo en todas las cosas: lo menos necesario, lo más simple posible, condénsalo. Es un minimalismo en el arte y un minimalismo en la arquitectura; los edificios ya no dan gusto, paredes y muros sin decorado alguno, cristal y aluminio. Los libros, el tipo de literatura, es sumamente digerida. Los editores mismos te dicen que la gente ya no es como antes, que hay que darle las cosas muy básicas. De hecho, decía un editor que si quieres llegar a una gran audiencia deberías pensar que estás interactuando con un niño de siete años. Y en cuanto a la exposición de la Escritura, se quiere tratar siempre a los adultos como si fueran párvulos.
Yo estoy persuadido de que la Palabra del Señor es densa y de que el pueblo del Señor necesita encontrarse con esta palabra densa y hacer el esfuerzo. Ejercitar el músculo del discernimiento, pues haciendo ese esfuerzo y pagando ese precio encontrarás tu gozo. Advierto a la congregación que no es que estoy buscando ser innecesariamente denso, pero estamos subiendo una cumbre y te sentirás un poco cansado. Lo que puedo decirte es que si llegas a subir a esa cumbre, si pagas el precio, allá arriba están las respuestas para muchas de tus preguntas. Y eso que estás buscando, que se llama plenitud, ahí se encuentra.
Me dicen: no lo compliques, di solamente lo que sea absolutamente necesario. Pero es que nuestro problema ante Dios es sumamente complicado. Este es el conflicto de los siglos, y el conflicto de los siglos se soluciona en la cruz de Cristo. Sería yo un necio si le predicara a la congregación asuntos sencillos, ligeros, fáciles de entender, para problemas que son muy grandes. El problema que hay en esta tierra, en esta creación, tiene dimensiones cósmicas; es un problema titánico. Yo prefiero predicarte cosas densas y que hagamos el esfuerzo, aunque entienda que hoy probablemente tú no lo comprendas en su totalidad, pues yo tampoco lo comprendo en su totalidad. Sigo luchando.
Dame el evangelio así, tan complejo como parezca, y que el Señor nos ayude. A través del tiempo yo espero que estas preciosas verdades produzcan en tu corazón sosiego, descanso, gozo, satisfacción, plenitud. Hay cosas que realmente son complejas, como nuestra gran necesidad de salvación y nuestro gran Salvador, que es Jesucristo.
Un Cristo reducido no salva
Jesús es el Señor. Pero una cosa es afirmar que Jesús es el Señor y otra cosa es interiorizar las implicaciones de que Jesús realmente sea el Señor. Yo estaré mostrando hoy que Jesús es el Señor de la creación y que Jesús es el Señor de la iglesia; pero interiorizar el señorío de Cristo en nuestro corazón va a requerir tiempo.
Veo que aun la persona de Jesús ha sido simplificada, reducida, a un punto tal que Cristo ya no impresiona. La gente dice: «Él es tu amigo, Él es mi amigo.» Él es el Señor. Y el Señor te puede llamar a ti amigo, y es una gran concesión; pero entiende esto: tratar a Cristo como «mi amigo Jesús» no es el camino para tener gozo en tu salvación. Tú deberías referirte a Cristo como el Señor del cielo y de la tierra, el que tiene el dominio sobre todas las cosas; y que Él, que es el Señor sobre todas las cosas, genere su impresión en ti. Y cuando Él genere su impresión en ti, entonces vas a tener la seguridad de tu salvación.
Si Cristo es solamente tu amigo, tu amigo no te salva, y vas a buscar tu Salvador en otra parte. Le pido al Señor hoy que me dé gracia y recursos para hacer la presentación a la altura que Él merece; mostrar que Él no está al nivel de nosotros, que Él es mucho más grande. Es interesante que en este texto frecuentemente se dice «Él es, Él es, Él es». Reconocer el señorío de Cristo sobre todas las cosas es una tarea titánica, algo que requiere profunda reflexión, muchas palabras y sobre todo tiempo, pero vale la pena, pues es el punto de partida para que nuestra salvación produzca gozo. Tenemos que entender nuestra gran necesidad y también nuestro gran Salvador.
Yo quiero mostrar a Cristo tal cual Cristo es, y que por favor no nos pique de comenzar a sacarle cosas. No sea usted el niño que va al restaurante y pide la hamburguesa sin cebolla, sin tomate, sin kétchup, y le quita la carne. Una tostada es lo que quieres. Hermano, qué más deseo yo que mi iglesia se coma a Cristo, que coma su cuerpo y beba su sangre. Porque ese es el Cristo que satisface, y ese es el único Cristo que salva. Es un Cristo que es grande, un Cristo que es glorioso, un Cristo que tiene la preeminencia sobre todas las cosas. Ese es el Cristo que da satisfacción.
Lo otro no satisface, lo otro no llena. Estuve dos días esta semana en un hotel y me fue demasiado difícil conseguir alguna proteína. Mucho carbohidrato, mucha harina; harina de colores, harina pintada. Y yo preguntando: ¿dónde está la proteína, lo sustancioso? Ay, hermano, Cristo es muy sustancioso. Él satisface plenamente la necesidad del ser humano. Pero el Cristo que satisface es el Cristo que se ha revelado en su Palabra: un Cristo completo, un Cristo glorioso, un Cristo poderoso, con todo su señorío. Los hombres hoy quieren un Cristo sin poder, sin deidad, sin autoridad, un Cristo sin perfección, un Cristo que no juzgue, que se parezca a ellos, un Cristo tolerante e inclusivo.
No. Cristo como se reveló a nosotros. Él no esperaba que tú lo entendieras la primera vez. De hecho, los discípulos que caminaron con Él siguieron conociéndole años después. Y yo le pregunto a uno de ellos: pero tú caminaste con Él tres años, ya tú le conoces. No, no; me faltará vida para conocerle. Si tú piensas que ya conociste a Cristo, vuelve a ver las Escrituras; probablemente tu nivel de entendimiento de tu Salvador todavía no es tan grande como podría ser.
La imagen del Dios invisible
Quiero predicar hoy sobre la supremacía de Cristo sobre todas las cosas, y comenzaré mostrando la supremacía de Cristo en la creación. Dice el versículo 15 que «Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación». Aquí hay palabras que hay que entenderlas.
Para entender la supremacía de Jesús tenemos que hablar sobre la creación. Es interesante que Pablo no desprecia la creación, sino que la pone en el centro. Para que tú entiendas a este gran Salvador, deberías entender la creación que este gran Salvador ha hecho. Él se revela en la creación; Él es el Señor en la creación. No es casualidad que la Biblia comience por Génesis y no por Mateo. ¿Por qué la Escritura comienza por Génesis? «En el principio creó Dios los cielos y la tierra.» Porque esta creación, este orden de cosas, tiene un autor, y ese autor tiene la soberanía sobre su creación. Para entender el evangelio deberías entender que esta creación tiene un autor.
Él tiene un derecho legítimo sobre nosotros. Esta es una razón para mantener vivo el debate sobre la creación: preservar la soberanía del Creador. Tú deberías entender que tú te debes a Él porque tú eres criatura suya. Los hombres no tenemos que otorgarle a Dios un permiso; Él es dueño tuyo. Dios no aparece en la Escritura revelándose al hombre y diciéndole: «Yo sé que ustedes tienen sus títulos; si me pudieran ceder su propiedad, entonces yo podría ser Señor de ustedes.» No. Él aparece como el dueño de la creación.
Reconoced que Jehová es Dios; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos.
— Salmo 100:3
Por eso el Señor le dijo a Job, cuando Job quiso hacer fuerza: «¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.»
De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.
— Salmo 24:1
Dios no tiene que pedirle permiso a ningún ser humano para ser el Señor del cielo y de la tierra. De hecho, en esta porción de la Escritura que estoy exponiendo aparece su señorío sobre el cielo y sobre la tierra, sobre las cosas visibles y sobre las invisibles; sobre las cosas que tú conoces y sobre las que desconoces. Tronos, dominios, potestades: todo ha sido creado por Él y para Él.
Lo más impresionante en esta descripción es que presenta a Jesús como la imagen del Dios invisible. Aquí tengo que explicar palabras. Imagen, eikon, no es una copia. Nosotros le llamamos imagen a ver una realidad y copiarla; los seres humanos usamos ese término porque no teníamos otro. Cuando dice que Cristo es la imagen, está diciendo que Cristo es la única posibilidad que nosotros tenemos de llegar a conocer a Dios como Dios es. Dios es espíritu, y la única revelación que Dios ha dado de sí mismo es Cristo. Si usted quiere conocer a Dios, Él es la imagen del Dios invisible. Y si alguien dice que ha conocido a Dios, ha conocido a Dios a través de Cristo.
Hermano, estas son palabras grandes, de las palabras que disgustan. Si Él es la imagen del Dios invisible, no hay persona alguna que haya conocido al Dios invisible fuera de Cristo. «Pastor, ¿y qué vamos a hacer con las demás religiones?» Que hagan ellos lo que quieran hacer con su intento de conocer a Dios por sus propios medios; pero dice la Escritura que Él es la imagen del Dios invisible. Escuchen el término en singular: Él no es una imagen, Él es la imagen.
De forma tal que si alguien me dice que ha conocido a Dios, yo le pregunto: ¿y conociste a Cristo? «No, yo le conocí directamente.» ¿A través de qué? Un dios imaginado, un dios ficticio. Nosotros conocemos al Dios que se ha autorrevelado en Jesucristo, por lo cual podemos decir que no hay otro nombre dado a los hombres en el cual podamos ser salvos. Son palabras grandes, hermano, palabras de exclusividad, pero esto reduce toda la conversación. ¿Y qué hacemos con las religiones milenarias? ¿Y qué hacemos con los otros caminos, con las otras filosofías? Si tú estabas pensando que has conocido a Dios, asume que no has conocido a Dios, porque la única manera de conocer a Dios es a través de Cristo, pues Él es la imagen del Dios invisible.
Nadie ha conocido a Dios fuera de Cristo
Esto no es un asunto marginal, esto no es algo accesorio. A la gente le encanta decir: «esa no es una doctrina grande». Esta es la doctrina. Él hablaba de sí mismo y decía: «Mi Padre y yo la misma cosa somos.» Felipe en algún momento dijo: «Yo quiero conocer al Padre.» Y Él dijo: «Felipe, si tú me has visto a mí, has visto al Padre, pues el Padre y yo la misma cosa somos.»
A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
— Juan 1:18
Y alguien pondrá el dedo en el Antiguo Testamento y dirá: «Aquí hay alguien que vio a Dios.» Si hay alguien en el Antiguo Testamento que vio a Dios, aunque él no lo supiera, estaba viendo al Hijo, pues Él es la imagen del Dios invisible. Nosotros hablamos de la encarnación de Cristo, que en algún momento se hizo hombre, pero Él se está revelando desde la creación. De hecho, Juan capítulo 1 dice:
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
— Juan 1:1,3
O sea, que un creyente, cuando lee el Antiguo Testamento y después lee el Nuevo, dice: ah, pues ya yo entiendo. Es que Él no se había encarnado, pero se estaba manifestando desde la antigüedad, de forma tal que si alguien en la antigüedad llegó a conocer al Dios invisible, le conoció a través de Cristo.
Cristo se ha estado revelando desde los patriarcas hasta Israel, después los profetas, y luego se encarnó, se hizo hombre y se reveló a nosotros. Es el mismo Cristo desde Génesis hasta Apocalipsis. Una cosa es el Cristo preencarnado, otra cosa es el Cristo encarnado y otra cosa es el Cristo glorificado, pero es el mismo Señor del cielo y de la tierra. De forma tal que con Job usted va a poder hablar de su Señor Jesucristo: «De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven.» ¿A quién? ¡A Cristo! Él es la imagen del Dios invisible.
El término no alude principalmente a algo visual, a una representación visual, sino a algo esencial. Es un asunto moral, es un asunto de personas, es un asunto de carácter, es un asunto de voluntad. Él y el Padre la misma cosa son. Y si tú has conocido al Padre, le conociste a través de Él. Él es el camino, Él es la verdad y Él es la vida, y nadie viene al Padre sino por Él. Si alguien le dijo a usted que ha conocido al Padre, usted le dirá: si tú has conocido al Padre, le conociste a través de Cristo. Y a Cristo le conocemos objetivamente.
La gente dice: «Tú no sabes; yo tengo una relación con Dios que nadie conoce, y mi relación con Dios es muy particular.»
Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.
— Juan 5:22
La gente no quiere servir a Cristo, sino que quiere servir a un dios etéreo, impersonal, inodoro, incoloro, pasivo. Jesucristo no es pasivo. Él es el Señor del cielo y de la tierra, y Él no solamente espera que usted le reconozca como Dios, sino que usted le obedezca como Dios. Si el dios que usted ha estado sirviendo es el dios de las corazonadas, las corazonadas no esperan obediencia de la criatura. Si el dios que usted ha estado sirviendo es el dios de la imaginación, la imaginación no hace que tú quieras obedecer.
Ahora, si usted dice que conoció a Dios y verdaderamente le conoció a través del único camino por el cual podemos conocer a Dios, que es Jesucristo, entonces Jesucristo requiere tu obediencia. Y no te puedes quedar pasivo, asumiendo que tienes una relación con Dios. Si tú tienes una relación con Dios, es a través de Cristo; y si es a través de Cristo, se espera tu obediencia. Ya ve, hermano, que le digo que esto es una subida, que no es sencillo. Pero es una subida que da satisfacción: si tú llegas allá arriba, te vas a encontrar con Cristo y con todo su señorío. Él tiene la respuesta, Él tiene la satisfacción y Él tiene la plenitud.
El primogénito de toda creación
Dice el versículo 15: «el primogénito de toda creación». El Antiguo Testamento completo está poblado de imágenes de primogenitura. Primogenitura, más que un asunto de orden de nacimiento, es un asunto de dignidad, es un asunto de principalía. ¿Quién era el hijo primogénito? Era el hijo al cual el padre le daba una doble porción de su herencia y del cual esperaba que estableciera su casa. No era solamente el hijo preferido; también era el hijo más digno, era la figura más grande en esa casa.
Se está hablando aquí de la dignidad de Cristo: en cuanto a la creación, Él es el primogénito. En la creación no hay nadie que sea más relevante, más importante, más digno que Él. No hay nada de lo creado que sea más valioso que el Creador mismo. El término alude a una principalía, no necesariamente a un orden. Los Testigos de Jehová y otras religiones han querido utilizar este texto, que habla de la principalía de Cristo, de su supremacía, para decir que Él es un ser creado. Pero el versículo 17 dice que Él es antes de todas las cosas. Él no es un ser creado, no tiene principio ni final, pues Él es Dios.
Lo que te está diciendo es que cuando tú comparas al Creador con la criatura, el Creador tiene la principalía. Y este es el problema de los hombres: que nosotros adoramos lo creado, pero no adoramos al Creador. Todo el mundo se quiere sentir consternado, emocionado ante un ocaso, ante un amanecer, ante las nubes, ante un paisaje, pero no llega a concluir que si existen nubes, si existen ocasos, si existen amaneceres, es porque hay un Dios que tiene el control de su creación.
Lo que te está diciendo es que Él es lo más digno que tus ojos pueden ver; que Él tiene una gloria especial, un valor especial, y que a Él es que tenemos que atesorar. El primogénito era atesorado, de forma tal que el Señor pedía: eso que ustedes atesoran tanto, dénmelo a mí. Nos está mostrando desde el Antiguo Testamento que atesorar cosas es algo valioso, pero que lo más valioso que nosotros podemos atesorar es a Cristo. Cuando a un hombre se le moría su primogénito, ese hombre se sentía destruido. Hermano, no pierdas la dignidad que tiene Cristo y que debería tener en tu corazón. Haz tesoro a Cristo sobre todo lo demás; es lo que te estamos mostrando.
Él es muy digno, Él es muy grande, Él es muy valioso, extremadamente importante. De forma tal que si usted tiene un deleite en las cosas naturales, un deleite en las aves, un deleite en la naturaleza, por favor, hermano querido, cuide su corazón, pues Él necesita tener la principalía sobre todas las cosas. Romanos capítulo 1: los hombres, en vez de exaltar al Creador, exaltaron la creación, y se hicieron inútiles. Sobre el primogénito descansaba la autoridad del padre; tenía derechos excepcionales. Si Cristo es el primogénito, entonces la creación completa está bajo su única autoridad.
Todo fue creado por Él y para Él
Pero después lo lleva más profundo; vamos más alto. Dice el 16: «Porque en él fueron creadas todas las cosas.» ¿Todas, realmente todas? «Las que hay en los cielos y las que hay en la tierra.» O sea, que Él no solamente es el creador del orden que nosotros conocemos: el orden que nosotros desconocemos también fue hecho por Él. Yo no sé bien cómo funciona toda la tierra, pero mucho menos sé cómo funciona el cielo. Y el cielo y la tierra fueron creados por Él. Eso que usted no puede llegar a dimensionar —cómo funciona, cómo está estructurado, cuáles son sus diferentes aspectos—, eso fue hecho por Él y para Él.
Y después tú vas a decir: bueno, eso es lo que está tan alto y lo que está tan bajito. No, después lo clarifica aún más: «visibles e invisibles». O sea, que Él es el creador del orden físico y también del orden espiritual. Hay gente que ve a Cristo como si Cristo solamente hubiera hecho la creación física. Él no solamente hizo la creación física; Él hizo la creación espiritual. Y si algo existe, existe por Él y para Él, y es sostenido por Él.
Entonces, ¿para qué Pablo está haciendo estas declaraciones tan grandes? Para que usted se goce de su salvación. Ahí está el problema, hermano: si tú no ves un Salvador tan grande, tú crees que tu salvación es muy pequeña. «Sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades. Todo fue creado por medio de él y para él.»
Lo material y lo inmaterial, lo visible y lo invisible. Miren, la creación está compuesta, a grandes rasgos —y hablo como un lego, por lo que puedo inferir de aquello en lo cual yo he sido puesto—, por objetos, por leyes y por conceptos. Este orden de cosas en el cual nosotros nos movemos, todo fue hecho por Él. Él hizo lo que existe como objeto, pero al mismo tiempo hizo las leyes que gobiernan las cosas que existen. Leyes que todavía nosotros estamos tratando de inferir. Eso es la ciencia: el esfuerzo del hombre por tratar de inferir cómo funciona este mundo tan complejo que ha sido creado por Él y para Él.
La luz, el sol, la luna, las estrellas, la arena del mar, el agua: todo fue creado por Él. Los objetos son más fáciles. El cuerpo humano y sus órganos, y la complejidad que tiene cada uno de esos elementos a nivel molecular, a nivel atómico, a nivel de composición: todo ha sido creado por Él y para Él. Cuando encontramos un telescopio debimos habernos gozado en lo grande que Él era; y cuando inventamos el microscopio también debimos habernos gozado en lo grande que Él era. Esas son las cosas que el Señor ha hecho y que tú y yo no vemos. Hay territorios todavía en este planeta que nosotros no conocemos, y Él ya está gozándose en su creación. El océano ha sido más explorado hacia arriba que hacia abajo; sabemos más del espacio sideral que lo que sabemos del océano. Y el océano fue creado por Él y para Él.
Él fue el que te salvó, hermano. Yo no estoy haciendo aquí el ejercicio de exaltarte la creación para que te sientas sobrecogido, como Discovery Channel. No. Yo te estoy mostrando quién es tu Salvador, para que dejes de estar diciendo «Jesús es mi amigo» y digas: Él es el Señor del cielo y de la tierra, y tengo el gozo de que Él me llame a mí amigo.
Ese es el Dios que satisface: un gran Salvador. La gravedad fue creada por Él y para Él. ¿Usted ha pensado, hermano, que no ha habido avería en la gravedad? Esto funciona con estabilidad. No hay intermitencia en el sol; no hay un día que no prendió, no hay avería. Funciona. Las leyes de la termodinámica; las leyes del movimiento de Newton: inercia, fuerza, acción y reacción. ¿Y quién es Newton? Newton más o menos entendió cómo esto funcionaba, pero él no es el creador. El creador del sol y de la tierra es Jesucristo.
Y el mismo que hizo las leyes de Newton, las leyes de la termodinámica y la gravedad, fue el mismo que me compró a precio de sangre. Y tengo el gozo de ser conocido por Él y de que Él me ama con amor eterno. Ay, hermano, ese es mi Salvador. Déjame presentarte a mi Salvador. Esa es una salvación tan grande. Por eso dice la Escritura: ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?
Él no solamente hizo objetos y leyes; Él también hizo conceptos. Cosas que nosotros no podemos definir objetivamente, pero que podemos percibir conceptualmente. El concepto de dominio, el concepto de autoridad. ¿Por qué existe el concepto de autoridad? Porque Él nos enseñó, Él nos hizo a su imagen, y Él tiene un concepto de lo que es autoridad. La dignidad, algo tan etéreo. ¿Por qué decimos que tú eres un ser humano digno? ¿Qué es ser digno? Es un concepto que Él hizo: un valor superior, esto es más digno que aquello. El concepto de rendimiento, de crecimiento, de propiedad. Todo fue creado por Él y para Él.
Y alguien va a decir: «No, Dios no hizo el banco.» Él no hizo el banco, pero hizo el concepto de propiedad, de forma tal que tú puedes decir que algo es tuyo o no es tuyo. El concepto de rendimiento y aumento lo hizo Él. Y sobre todo, Él hizo al hombre que inventó el banco. De forma tal que podemos decir que todo ha sido creado por Él y para Él.
Y su genialidad es aún más grande, pues Él no solamente hizo los conceptos, los objetos y las leyes, sino que hizo un ser con capacidades especiales para que haga mayordomía de su creación, y para que en su creación aparezcan cada cierto tiempo cosas nuevas, como un teléfono inteligente. Dios no hizo los celulares, pero hizo las radiofrecuencias; las leyes del electromagnetismo de Maxwell las hizo Él. Con toda seguridad hizo el silicio, el litio y el cobalto, y al hombre que logró meter todo eso en un aparato. Y cuando se metió todo eso en una placa, y lo usamos primero como un walkie-talkie y después haciendo scroll en las redes sociales, eso también fue creado por Él. Y todo ha sido creado por Él y para Él, de forma que aun en el celularcito ese que está usando, sea el último o el penúltimo, Él también tiene la gloria y la preeminencia. Y cuando tú digas «wow, esto funciona», entonces di: grande es Dios, poderoso es Dios, majestuoso es Dios.
Tronos y dominios: los reinos se doblan ante Él
¿Gobiernos? ¿Diferentes sistemas de gobierno, algunos mejores, otros peores? Aquí hay dos ejemplos: pone cosas celestiales y también cosas terrenales. Entre las cosas terrenales, tronos o dominios son estructuras visibles de poder. No hay reino, no hay gobierno que sea más grande que Dios. Clarifico aquí, hermanos queridos, que lo que los hombres producimos haciendo mayordomía de la creación glorifica al Señor en el nivel último, pues la criatura es suya y los elementos que está administrando la criatura también son suyos.
Pero nosotros utilizamos la creación para hacernos daño, para explotar, para destruir, por lo cual Dios juzga la tierra y la castiga. Los reinos de esta tierra no siempre han glorificado a Dios, pero el hecho de que existan reinos ha traído gloria a Dios. Y cuando Salomón en su grandeza aumentó la gloria del reino de Israel, estaba aumentando la gloria del Dios que hizo tronos, reinos, dominios, potestades. Entiendan esto: no significa que todo lo que hizo Salomón era bueno. Pero por lo menos la Escritura da testimonio de grandes reinos que se engrandecieron con el poder del Señor, haciendo mayordomía de la creación, y que terminaron con sus propios regentes dándole la gloria al único que es grande.
Usted ve a Israel con relación a Egipto y pareciera que Israel era gente ovejera, acostumbrada a cosas rupestres, cosas muy básicas. Egipto era grande: tenía literatura, tenía pirámides, tenía faraón. Y el Señor se reveló a Faraón, rey de Egipto.
Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos. Orad a Jehová para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré ir, y no os detendré más.
— Éxodo 9:27-28
Aquí hay uno que es grande, que es Faraón, reconociendo que hay alguien que es más grande que Faraón. De forma tal que si hay tronos, si hay dominios, todo ha sido creado por Él y para Él. Faraón llegó hasta donde Dios le permitió engrandecerse. Y uno ve los reinos y dice: wow, qué grandes son. Grande es Dios.
A Nabucodonosor, rey de Babilonia, ¿saben cómo le llamaba el Señor? «Mi siervo.» Y tú dices: ¿cómo es que le llama a Nabucodonosor «mi siervo»? Porque Nabucodonosor no hará ni más ni menos de lo que yo le permita.
Mas al fin del tiempo yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?
— Daniel 4:34-35
Ese fue el que me salvó. Ese es el gran Nabucodonosor dando testimonio de mi gran Salvador. ¿Sabes, hermano, por qué tú y yo no nos gozamos más en nuestra salvación? Porque todavía estamos mirando a Egipto y a Babilonia. El Señor le decía a su pueblo: dejen de estar mirando a Egipto y a Babilonia; mírenme a mí, que yo soy el grande.
Y Darío, rey de Persia, dice:
De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. Él salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel del poder de los leones.
— Daniel 6:26-27
Ese no era Daniel el que lo estaba diciendo; ese era Darío, rey de Persia. Ese es mi Dios, ese es mi Salvador. «Pero eso era Darío, que tuvo un avivamiento.» Después vino Ciro. «Ese Ciro nunca dijo nada.» ¿Qué dijo Ciro?
En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo: Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá.
— Esdras 1:1-2
¿Cómo que despertó Jehová el espíritu de Ciro, rey de Persia? Es que Ciro no es más grande que Jehová. Él es un muñequito en la mano de un Dios demasiado grande. Y mi Salvador está despertando el espíritu de Ciro para que Ciro diga y haga lo que Él quiere que haga. Ese fue el que me salvó a mí: el que usaba a Ciro como si Ciro fuera un títere. «Ciro, edifícame.» Son muchas las palabras, hermano. Qué grande es mi Salvador.
El Señor muestra grandes reinos en el Antiguo Testamento. La gente dice: ¿para qué muestra esos reinos? Porque la historia no es la historia de Israel; la historia es la historia de Dios y de la soberanía de Dios sobre todos los pueblos. Senaquerib, rey de Asiria: Ezequías oró delante de Jehová diciendo:
Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras; y que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y por eso los destruyeron. Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios.
— 2 Reyes 19:15-19
Sobreabundo, hermano; perdóname que sobreabunde. Tengo que sobreabundar. Nínive estaba lejos de Israel; ellos pensaban que estaban sueltos, que allá no había jurisdicción. De aquel rey no sabemos ni siquiera su nombre: yo lo conocí como el rey de Nínive. Ahora yo conozco a Jehová, que humilló al rey de Nínive. Y el rey de Nínive parecía un adolescente delante del Dios de Israel, hermano.
Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, y se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?
— Jonás 3:6-9
Hombres y animales, todo el mundo, y clamen a Dios fuertemente. Ese era el rey de Nínive. «Bueno, eso era lo de antes, que era medio torpe. Pero Roma no; con Roma, cuidado. Roma sí es grande y Jesús es chiquito.» Mira, hermano, luchar con Roma no era fácil. Los romanos eran los romanos; ante un gobernador romano cualquiera temblaba. Y estar ante Pilato hacía que cualquiera temblara.
Entonces le dijo Pilato a Jesús: ¿a mí no me hablas? ¿Y tú no sabes ante quién es que tú estás? Pilato le habla a Jesús encarnado, en aparente debilidad: «Yo soy Pilato; a mí tú no me vas a hablar, que yo soy el que pongo a hablar a los hombres. ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?» Y la gente oyendo, porque estaba guapito allá con la autoridad de los judíos.
Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. Desde entonces procuraba Pilato soltarle.
— Juan 19:11-12
¡Hermano, desde entonces procuraba Pilato soltarle! Ahí es que dicen en el campo que se le pusieron los huevos a peso. Cualquiera suda; el que no, asuda. Ah, ¿tú quieres soltarle, Pilato? Es que Él, Él, Él: «En él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.» Pilato, fui yo el que te hizo grande y el que te preparó para que fueras grande, en el momento en que yo me iba a mostrar aún más grande. Tú no estás aquí por casualidad; tú estás aquí para que tengas la oportunidad de ver al Hijo de Dios encarnado.
Todas las cosas en Él subsisten
Dos ejemplos celestiales: poderes o autoridades. Son estructuras de poder invisible: ángeles y demonios. No hay un ángel que sea un ser increado; todos los ángeles fueron creados por Él y para Él. Hablo de esto como un lego, pero la Escritura muestra que los ángeles y arcángeles tienen órdenes y son muchos. Los demonios son ángeles caídos, y aun los demonios se sujetan a Él. Cuando Él caminó entre nosotros, los demonios lo veían. La gente habla de los demonios como si fueran cosa irresistible; pero cuando Él pasaba, los demonios se asustaban. «¿Qué tienes contra nosotros?», decían ellos.
Colosenses 2:15 dice:
Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
— Colosenses 2:15
Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
— Efesios 6:12
Yo no sé con precisión cómo funciona el mundo espiritual. Pero así como la gravedad se sujeta a Él, así como las leyes de la termodinámica se sujetan a Él y los principios de radiofrecuencia de Maxwell se sujetan a Él, yo sé que los ángeles y los demonios se sujetan ante Él. De forma tal que la única razón por la cual existen todavía es porque todavía en Él subsisten.
Todo —todo, no algunas cosas— fue creado por medio de Él y para Él. Que algo haya sido creado para Él no significa que sea bueno, como Nabucodonosor; no significa que sea justo, no significa que sea probado. Lo que significa es que todo alcanza los propósitos suyos. Que las cosas hayan sido creadas para Cristo significa que son para la manifestación de su gloria. Porque ha habido reinos, porque ha habido imperios, porque ha habido ciencia, porque ha habido tecnología, porque la ciencia ha aumentado, se está manifestando su gloria y la capacidad que Él puso en el hombre.
La gente vive con la tecnología; la tecnología es la magia de nuestros días. Y cada vez que hay un nuevo avance tecnológico —ahora hay ChatGPT, la gente ve los modelos de generación de lenguaje y eso es casi magia—, ¡wow, wow, wow! Lo que nos está diciendo el texto es que hay alguien que es más grande que eso.
Nos hablan de la singularidad, de que va a llegar un momento. Yo sé que va a llegar un momento, y ese momento está en la mano suya. De forma tal que yo puedo decir confiadamente: Señor, en tus manos están mis tiempos. No tengo ansiedad alguna del futuro. Yo uso todas esas cosas, hermano, y cuando las uso espero que, si el Señor no ha venido, habrá cosas aún más grandes; y si el Señor viene, cosas más grandes veré yo en su presencia. Pero eso de vivir ante la tecnología de un «wow» al otro, eso lo hago yo en la casa del Señor, adorando al Señor de gloria en gloria. Y cuando el Señor te ve que tus ojos y tu corazón se derriten ante los avances tecnológicos, Él está diciendo: mira mi criatura, volviéndose loca con un disparate. Porque cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.
Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios. Y Jesús le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño alguno.
— Lucas 4:33-35
Se le va, y no le hace daño alguno.
Dice el versículo 17 que todas las cosas en Él subsisten. Y esto a mí me rompe la cabeza, hermano. Porque si todas las cosas en Él subsisten, en Él subsisten los principados, las potestades, los ejércitos de las tinieblas; todo, aun el diablo, subsiste porque a él se lo permiten. La gente quiere mostrar a Satanás como si fuera un ente libre. No: será atado. La única razón por la cual él opera es porque le han permitido operar. Ahora, dígame usted por qué el Señor le permite operar, y yo le pediría a usted que me explique las leyes de la termodinámica, el movimiento de Newton, la radiofrecuencia de Maxwell. Hay cosas que nosotros no podemos entender, pero todo ha sido creado por Él y para Él, y todas las cosas en Él subsisten.
La gente dice: «Ese gobernador, ¿por qué el Señor no lo quita?» La predicación tiene algo, hermano: no debe hablar solamente de lo que está pasando en el momento, porque de aquí a poco eso será ridículo. Usted dirá: «¿Y por qué el Señor no quita a Maduro?» Usted va a escuchar eso en veinte años y va a decir: ¿y quién era Maduro? No somos nada, hermano; nosotros somos polvo, y Él es grande, y Él es el Dios de los siglos, el Dios de los tiempos. La gente dice: si Dios es bueno, ¿por qué Él permite esto y por qué permite lo otro?
La única razón por la cual la creación, que es un sistema armónico, sigue en pie es por su poder. Los científicos han descubierto que la armonía que hay en la creación se mide en micras, y que una pequeña varianza podría tener proporciones cósmicas. Y como esto todavía no ha implosionado, como esto todavía no ha colisionado, es porque Él sostiene todas las cosas. Usted se levanta y sale el sol, y se pone el sol, y todavía el aire se respira, por la misericordia suya. Alabado sea el nombre de nuestro Salvador. ¿Por qué persiste el imperio? Por su voluntad. ¿Y los fenómenos naturales? Ay, hermano, esto me rompe la cabeza; pero no hay huracán que se forme sin el consejo de Dios, no hay virus que emerja sin el consejo de Dios, no hay enfermedad sin el consejo de Dios. De forma tal que nosotros humildemente recibimos todo eso como la providencia de Dios, me favorezca o no me favorezca.
La cabeza del cuerpo, que es la iglesia
Después dice el 18. Después de mostrarnos la creación general, la historia general de Dios, nos muestra que hay otra historia en la cual Él también tiene la principalía. Después de hablar de la creación, de los poderes espirituales y los terrenales, de lo visible y lo invisible, dice: «Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia.» La iglesia es una creación tan especial de Dios que se contrapone a la creación general. Y así como el Señor hizo los planetas, hizo las galaxias, hizo el sistema solar, el Señor está haciendo algo especial en Cristo, que se llama su iglesia gloriosa.
Y por eso la iglesia es tan valiosa. Hay dos historias: la historia general y la historia de la redención. Las dos historias están en las manos de Dios, y en las dos Él tiene la supremacía, la preeminencia. Y así como Él es el primogénito, el más digno en la creación, al mismo tiempo Él es la cabeza del cuerpo, y el cuerpo es la iglesia. Destaco aquí que la iglesia es gloriosa, pero no es más gloriosa que el Señor de la iglesia. Y así como sería idolatría celebrar la creación desconociendo al Creador, sería idolatría celebrar cada iglesia local sin celebrar al Señor de la iglesia local. Aquí no hay nadie que sea más importante que Él, no hay nadie que sea más digno que Él, no hay nadie que merezca la gloria: sólo Él.
«No a nosotros, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria.» En la iglesia de Cristo nadie se destaca más que Cristo. Y si alguien intenta destacarse, deténgalo usted, porque uno a veces concede, y al conceder afirma. ¡No! A Él, a Él. La iglesia de Cristo es una comunidad de adoradores. ¿Adoradores de quién? De Él. ¿Qué hace un predicador? Exaltar a Cristo. ¿Qué hace un cantante? Celebrar a Cristo. ¿Qué hace el pueblo? Exaltar las glorias de Cristo. ¿Para qué existe la iglesia? Para proclamar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Si usted va a una iglesia y allí le llamaron la atención hacia un hombre, hacia el edificio, hacia los programas o hacia la gente de esa iglesia, perdieron el rumbo hacia Él.
Porque todo ha sido creado por Él y para Él, en la creación general y en la creación especial. No hay nadie más digno aquí que Él. «Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.» Él es el más grande.
Reconciliar consigo todas las cosas
He mostrado la supremacía de Cristo en la creación y la supremacía de Cristo en la redención. Pero tanto en la creación como en la redención hay un problema: el pecado ha dañado todas las esferas de la creación. Por eso dice la Palabra que la creación gime esperando la redención. La creación no funciona bien, y la iglesia tampoco funciona bien. Las dos cosas son muy mejorables. Yo no me autoengaño: que yo tenga el privilegio de ser parte de la iglesia del Señor no significa que la iglesia del Señor sea perfecta; y que yo sea ciudadano de esta creación no significa que la creación sea ideal.
Ya no hay telecable, hermano, lo que hay son plataformas de streaming; pero cuando había cable, los programas nos decían que el problema de la creación era el ser humano. Sí, los hombres han dañado la creación. Pero hay aquí un problema más grande que los seres humanos, que viene desde antes, porque antes de que esta creación se dañara ya había una serpiente, ya había un diablo, ya había rebelión.
Ahora, en Cristo están siendo reconciliadas todas las cosas. Dice el 19:
Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
— Colosenses 1:19-20
El sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario tiene proporciones cósmicas. Ahí está la salida a los problemas de la humanidad y a los problemas de la creación, y es la única esperanza que hay tanto para la creación general como para la creación especial: que en Cristo sean reconciliadas todas las cosas. ¿Saben por qué en Él pueden ser reconciliadas? Porque solamente en Él hay plenitud.
Cualquier cosa que a ti te da deleite, te da un deleite delimitado, un deleite puntual; las cosas en esta tierra se están dañando, y Eclesiastés le llama a eso vanidad. Pero en Cristo, porque Él es Dios, está la plenitud; significa que en Él está el diseño ideal para todo aspecto de la creación, y eventualmente lo implementará. La gente vive haciendo castillos en el aire para decir cuáles son las soluciones a los problemas del mundo. La solución a los problemas del mundo es Cristo, porque en Él hay plenitud y en Él ha querido el Padre reconciliar consigo mismo todas las cosas. En Cristo está la respuesta a todo dilema, grande o pequeño, del ser humano; en Él están las respuestas para todas tus preguntas.
Hay cosas que yo no sé responder, pero yo sé que Él tiene la respuesta, porque Él tiene la plenitud. En Él las cosas son como son. En Cristo está la receta original de cualquier deleite mediocre que nosotros podamos tener en la tierra. ¿Usted ha pensado que cualquier cosa que a usted le da mucha satisfacción puede dar más satisfacción de la que le está dando? Hablemos del dulcito de coco: es bueno, pero yo estoy esperando el nuevo dulcito de coco, con el nuevo paladar. En Cristo se están reconciliando todas las cosas, de forma tal que usted tendrá una nueva creación y un nuevo cuerpo, con instintos y con capacidades de apreciación superlativas. Nosotros nos estamos preparando para una creación ideal, para un paladar ideal, para un tacto ideal, para un olfato ideal, para una vista ideal. En Él hay plenitud; en Cristo se amplifican todos nuestros sentidos.
Dice que en Cristo Dios está reconciliando todas las cosas, y tú dirás: wow, pero quizás cuando se pase balance nos quedemos a medias, pues no seamos suficientes. Dice: «haciendo la paz mediante la sangre de su cruz». En la cruz del Calvario se pagó el precio necesario para que todas las cosas puedan ser reconciliadas en Cristo. Y si en Cristo la creación completa será reconciliada, también puedes ser reconciliado tú. Todo esto aterriza en el evangelio. Si Él tiene el poder, en la sangre de su cruz, para hacer que este planeta funcione de la manera en que debería funcionar, ¿no tendrá la capacidad de hacer que los pecadores actuemos como deberíamos actuar?
El evangelio nos muestra que hubo una creación, pero también hubo una caída; y que en Cristo ha habido redención y eventualmente habrá una consumación. Si los planetas en algún momento van a funcionar como deben funcionar, hay poder en la sangre de su cruz para reconciliar al hombre, que es completamente depravado y pecador, con un Dios que es tres veces santo. La única salida posible al problema que hay en la creación, a los problemas grandes y a los problemas pequeños —entre ellos el problema de tu pecado—, es la sangre de Cristo en la cruz del Calvario.
Por eso dice la Palabra: reconciliados en Él, tenemos paz para con Dios a través de Jesucristo.