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Grandes Retos Familiares - Infidelidad, Divorcio y Nuevo Casamiento

Jeremías 3:6-14; Mateo 19:3-9; 1 Corintios 7

El divorcio nunca es la voluntad ideal de Dios, pero en un mundo caído la Escritura reconoce causas legítimas y muestra cómo la iglesia debe tratar con gracia y verdad a los que sufren infidelidad, abandono y nuevos casamientos.

Predicado28 de julio de 2013
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

De lo que es el divorcio, lo que es la separación de casamiento y matrimonio a la luz de la Palabra del Señor, alguien se podría preguntar que si acaso desarrollar estos temas no daría pie a que un hermano, que quizás no esté pensando en estas cosas, comience a pensar en el divorcio. Nada más alejado de la realidad, hermanos míos. Líbranos el Señor de, como iglesia, poder nosotros bajar la dignidad que tiene esta preciosa institución que es el matrimonio. Sin embargo, un cristiano tiene que estar preparado para dar respuesta ante temas que son temas comunes. Quizás hace 40 años, cuando en la sociedad dominicana todavía prevalecían aquí los valores de Dios, este no era un tema necesario en la iglesia, era un tema excepcional, donde, cuando aparecían problemas aislados y casos muy puntuales, entonces el ministro iba a la Palabra del Señor a ver qué decía la Palabra del Señor al respecto.

La situación al día de hoy no es así. Cada día más esta sociedad deja el pensamiento de Dios y cosecha las consecuencias, y ante esta realidad, como iglesia no podemos cerrar los ojos. Tenemos el compromiso de decirle a esta ciudad qué dice Dios al respecto de cada cosa, y en este tema, aunque les aseguro que el divorcio es un tema que en el corazón de Dios siempre será un tema desagradable, porque Él creó la familia, el Señor no dejó a su pueblo sin respuesta tampoco en este tema. En cuanto a esto también la Escritura tiene que decirnos. En la primera parte de hoy estuvimos analizando lo que es la familia a la luz de la Palabra del Señor y qué compone una familia, cómo se debe ver una familia, cuál es el elemento primordial en la unión matrimonial.

Esto dijimos que es un pacto. Dijimos que la Escritura es consecuente al establecer que un pacto matrimonial permite que las personas permanezcan juntas de acuerdo a la voluntad del Señor. Para cerrar esta primera parte de cómo es una familia desde la perspectiva de Dios, no tendré ya el tiempo de resumir todo el tema que vimos ya en una hora, sino que vamos a tomarlo justo donde lo dejamos, y eran preguntas claves que una persona tiene que poder responder para definir si acaso está participando en una familia. La primera pregunta clave es si acaso dejaron sus lugares de origen y se establecieron para vivir juntos de manera independiente y permanente.

Lo otro es si es una unión exclusiva entre ellos, si se pertenecen y se corresponden. Si hay un pacto, aunque sea un pacto tácito entre las partes, a un punto tal de que si una de las dos faltara, entonces entendiera que estaba defraudando. La otra pregunta es si acaso se fusionaron y se entienden que tienen cierta pertenencia de “es mi carne y yo soy la suya”. De forma ideal, hermano, como debe establecerse un matrimonio, hemos visto ya que no todos los matrimonios comienzan de manera ideal, que algunos comienzan donde están y, con la ayuda del Señor, caminan hacia lo que es óptimo. De manera, hermano, esto no hay discusión entre cristianos que se conocen y se casan; sería faltarle al Señor comenzar un matrimonio de manera imprudente, de manera desordenada. Sin embargo, entre hermanos que vinieron al Señor después de haberse casado, tenemos que ver esas excepciones, cuál es la voluntad del Señor.

Y de forma ideal, de una manera perfecta, cómo se establece un matrimonio debe ser de forma ordenada, haciendo unas cosas primero y otras después, no comenzar con unión sexual cuando todavía no hay ni siquiera un pacto formal entre ellos. Debe ser de forma concreta, debe ser de forma pública. Los matrimonios no son asuntos privados, son asuntos que están ante la sociedad, no es como un secreto de “estamos casados y no se dice”. Los matrimonios desde la perspectiva de Dios comienzan de forma pública, y todos los matrimonios, cuando se comienzan desde la perspectiva de Dios, deben aspirar a la permanencia en el tiempo, sin divorcio y evitando siempre el yugo desigual.

¿Qué sucede, hermano, si una persona vino a Cristo ya con un matrimonio quizás desordenado? Lo que establece la Escritura en el libro de Primera de Corintios, en el capítulo 7, en el versículo 17, es que cada quien debe ser recibido por la iglesia en el momento en cómo venga. Acompáñenme allá. Yo me siento como un poco raro; yo siempre espero que a esta hora estemos cantando y demás, pero les digo, hermanos, que tengo urgencia de que veamos este tema, porque quizás nunca antes en la historia de nuestra iglesia habíamos sacado el tiempo para ver estas cosas de manera ordenada y durante tanto tiempo. Por eso debemos hacerlo así, le dedicaremos hoy el tiempo que nos haga falta. Primera de Corintios, capítulo 7.

Recibidos como venimos a Cristo

Versículo 17, estaremos considerando la primera lectura de esta segunda parte, que es un solo versículo del capítulo 7 de la carta de Pablo a los hermanos de Corinto. Hermano, ¿qué sucedía en Corinto? ¿Cuál era el contexto? En Mateo 19, en Mateo capítulo 5, se le hicieron preguntas a Jesús acerca del matrimonio, acerca del divorcio, pero allí Cristo le respondió a una audiencia de judíos que estaban comprometidos a vivir de acuerdo a la Palabra del Señor y que sería imposible que un judío viniera al matrimonio a menos que hiciera las cosas ordenadamente. Sin embargo, la audiencia a la cual Pablo está hablando en este momento son una audiencia de gentiles que están en la ciudad de Corinto y viviendo en una ciudad permeada de la inmoralidad sexual. Y le preguntan estos hermanos a Pablo: “Pablo, ¿y qué debemos hacer? Porque hay hermanos que vinieron a Cristo quizás en matrimonios informales”.

“Pablo, ¿qué debemos hacer? Porque hay hermanos que vinieron a Cristo quizás de creyentes con no creyentes. Pablo, ¿qué debemos hacer entonces?”. Pablo les responde, les dice a los hermanos, versículo 17:

Pero cada uno, como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así haga. Esto ordeno en todas las iglesias. ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide. La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios. Cada uno, en el estado en que fue llamado, en él se quede.

— 1 Corintios 7:17-20

¿Qué es lo que Pablo, cuál sentido que Pablo tiene detrás de esto? Evitar que personas que vinieron a Cristo después de estar en otro momento de su vida sean impedidos de entrar a la iglesia porque no tenían la relación formal ideal que sí tenían los judíos. Y este es el mismo caso como se ve en la iglesia en el día a día. Hay hermanos que vinieron a Cristo de manera ideal: un cristiano se casa y no hace yugo desigual, se casa con la pareja cristiana. Pero se pregunta la hermana: “Yo soy cristiana, tengo una relación difícil porque mi marido no lo es”. Veremos eso un poco más adelante, pero dice Pablo: “Si tú eres cristiana, estás con marido inconverso, permanece con él”, le dice el apóstol. Si Pablo no diera este consejo, quizás daba luz a que las personas dijeran: “No, mira, y si yo estoy con un converso, yo me convertí, yo soy una nueva criatura, ¿debo abandonar a mi esposo?”. Le dice Pablo: “No lo hagan”.

Ahora, ¿deberíamos recibir las personas como están para dejarlos ahí? No, hermano. Toda persona cuando viene a Cristo asume una nueva manera de pensar, y como asume una nueva manera de pensar, debe asumir una nueva manera de vivir. Las cosas viejas pasaron. Esta es la razón por la cual en nuestra iglesia podemos recibir personas que vengan a los caminos del Señor y quizás no estén legalmente casados. ¿Pero qué les recomendaríamos? “Hermano, ven a Cristo como estás. No es el hecho de que tengas una unión legalmente informal razón para que tú no seas un cristiano. Eres un cristiano, ven a Cristo como estás, y a partir de este momento comienzas a caminar tu relación de pareja hacia la voluntad del Señor, pero no le impidamos que venga”.

¿Entienden la diferencia en esto? O sea, la razón no debe ser: “Mira, si tú no tienes un matrimonio ideal compuesto por todos los pasos que un cristiano tiene que dar, entonces tú no puedes ser un cristiano”. Lo mismo he visto en congregaciones que se le impide el bautismo a personas. Escuchen, escuchen esta diferenciación porque es delicado. Se le impide: una hermana aceptó al Señor, pero su marido, que le corresponde, su marido suyo, no es cristiano, y él no desea casarse en este momento por la razón que ella tuviere. “Ah, hermana, entonces no te podemos bautizar”. No podemos condicionar el bautismo de una creyente a que un impío decida formalizar su relación. ¿Pueden ver la diferenciación? Sin embargo, le diríamos a la hermana: “Hermana, ora al Señor y con tu testimonio persuade a tu esposo de la importancia de reconocer tu matrimonio ante Él”. Vean la diferenciación.

Claro, vamos a verlo más adelante. Otro es el caso de una persona que viene a Cristo con una persona que no le corresponde. ¿Qué les recomendaríamos? “Abandona esa relación porque ese no es tu marido”. Mira la diferenciación. Por eso quise explicar en la primera parte qué es lo que establece un matrimonio y qué no es un matrimonio. Si está establecido un matrimonio, ven como tú estás y camina con la ayuda del Señor, y eso es para celebrar, hermano. Cuando se logra que un incrédulo, un impío, acepte formalizar el matrimonio, mire, eso debe ser un asunto para celebrar en una iglesia, pero no deberíamos impedirle la comunión a un hermano. Pues también es lo inverso: hay hermanos que han venido al Señor en relaciones informales y su esposa no acepta a Cristo.

“Bueno, mi mujer no se quiere casar, entonces yo no puedo ser cristiano porque mi mujer no quiere ser cristiana”. No, hermano, la salvación es individual. Tú tienes una relación con Cristo, eres parte de la comunión de la iglesia. Ahora, con tu testimonio, con tu ejemplo, persuade a tu esposa para formalizar cada vez más su relación de matrimonio. Pero dice Pablo: no le impidamos entrar a la comunión de la iglesia. ¿Cómo era una ceremonia judía típica de matrimonio? ¿Cómo funcionaba esto? Hay casos en la Escritura que se mencionan, han aparecido documentos arqueológicos de cómo era el proceso que se seguía. El primer paso era que el padre tomaba a su hija de la mano. Se comenzaba de esa manera. ¿Qué significa esto?

Que el matrimonio es un asunto de familia, son dos familias que se juntan. Por eso es que las invitaciones de boda dicen: “Las familias fulano de tal y fulano de tal están casando a sus hijos”. El matrimonio, desde el punto de vista de Dios, siempre ha sido un asunto de familias. El padre tomaba a su hija de la mano, la entregaba a su yerno ante los testigos, pronunciaba en voz fuerte: “Aquí la tienes, aquí la tienes”. Luego los bendecía con una bendición patriarcal, se firma y se sella un pacto entre ellos, y se hace entonces una gran fiesta. ¿Para qué se hacía una gran fiesta entre los judíos? Para dar un testimonio público de que esas personas ya se pertenecen de manera exclusiva, y esa es la razón por la cual los cristianos promovemos que hayan fiestas de bodas.

El carácter público y permanente del matrimonio

Hago pausa aquí. No es que hay que tirar la casa por la ventana cada vez que un cristiano se casa, pero debe haber un momento público en que se diga: “Estas personas formalmente se pertenecen”. Porque probablemente alguien tenía la expectativa, tenía los ojos puestos en ese hermano, o alguien tenía los ojos puestos en esa hermana. Cuando se hace una fiesta de boda, aunque sea una fiesta de boda pequeña, pero en un lugar público, entiendan claro, tú le estás diciendo a la sociedad: “Sociedad, estas personas ya no cuenten con ellos, porque dejaron a su padre y a su madre, se unieron en matrimonio, ya son una sola carne”. Es un testimonio público.

Les definía en la primera hora de nuestra escuela bíblica que el matrimonio, como lo define la Escritura, es un pacto que se hace entre Dios, se da testimonio ante los hombres y da unos privilegios de intimidad. Se da un testimonio ante los hombres, o sea, eso es un asunto importante. Hemos ya explicado lo que significa el matrimonio, hemos explicado cómo se consume el matrimonio, hemos explicado la dignidad que esto tiene delante del Señor y hasta hemos visto casos excepcionales que podrían suceder. Entramos ahora a otro tema. En primer lugar definimos qué es matrimonio. La razón por la cual explicamos primero matrimonio es que sin entender lo que es el matrimonio ante Dios, un pacto entre las partes, es imposible que se entienda lo que es el divorcio.

Pasemos ahora a analizar lo que es el tema del divorcio. Le diré en primer lugar, hermano, que el divorcio es un tema bíblico. Hay hermanos que, en un exceso de celo por el matrimonio —debemos ser celosos del matrimonio—, pero, hermano, no a un punto tal que neguemos lo que el mismo Dios ya ha establecido. Hay hermanos que, en un exceso de celo por cuidar la institución del matrimonio, han querido afirmar que el divorcio no es un asunto bíblico. Y no es así. En reiteradas ocasiones la Escritura establece el divorcio y establece en qué contextos y cómo determinados divorcios son por causas legítimas y bíblicas, y en qué casos no. Y no es un asunto aislado en las Escrituras, como que apareció un profeta menor que mencionó eso, no.

El tema lo desarrolló Cristo, el tema lo desarrolló Pablo y el tema lo desarrolló Moisés. El divorcio en las Escrituras no es un asunto raro, es un asunto muy bíblico y está claramente establecido. Tampoco esto es un tabú, hermanos, es una realidad. El divorcio, en un mundo caído, es igual que la muerte. La gente dice: “No, que nadie quite la vida, solamente el Señor que da la vida y solamente el Señor puede quitarla”. Pero, ¿no hay asesinatos?

Y en la voluntad del Señor, cuando un hombre le quita la vida a otro, ¿no es que el Señor le ha dado la vida a alguien para quitársela? Pero sucede. ¿Deseamos que existan divorcios sobre la tierra, hermanos? No deseamos que existan divorcios en la tierra, pero existen divorcios en la tierra. Uno de los problemas que tiene la iglesia de Cristo, que es la iglesia de Cristo, es que ante los temas que son temas espinosos quiere hacer como el avestruz y meter la cabeza en la tierra. Hermanos, la Escritura explica claramente que hay divorcios, que hay divorcios por causas injustas y no legítimas, y que hay divorcios justificados. Ahora, la Escritura también siempre es consecuente en decir que el divorcio siempre es trágico.

No veo ningún versículo en la Escritura que me hable de que existe una forma feliz de que suceda un divorcio. ¿Y cuál es la razón de esto, hermano? Recuérdense que el Señor dijo que cuando alguien se unió en un pacto matrimonial se fusionó en un solo ser, a un punto tal de que cuando eso se mezcla, la única manera en que se deshace un asunto así, en que funciona, lo más parecido es a una amputación. ¿Es la voluntad del Señor que las personas pierdan piernas? No, ahora, hay gente que ha perdido piernas y brazos, y no fue el Señor que le dio ese bracito para que se lo cortaran, pero en determinadas coyunturas hay personas que han perdido miembros de su cuerpo. Eso es lo más parecido a un divorcio: es tomar una parte que ya es una sola entidad y tomar un cuchillo y hacer una incisión. Hermano, ¿eso es deseable? Nunca. ¿Eso es feliz? Nadie.

Ahora, si la parte tiene gangrena y se va a dañar la entidad entera, hay casos en que la Escritura justifica un divorcio. Y hay que hablar de esto, hermano, porque un gran problema que tenemos las iglesias evangélicas es que hemos creado una serie de miembros que parece que son como miembros de tercera categoría delante del Señor, que son los hermanos divorciados. Y si alguien es divorciado, divorciada, como que se entiende que es un miembro menor. No, hermano, es un miembro del Señor que en muchos casos son víctimas. La Escritura, la Escritura, la Escritura, ¿saben a quién condena? La Escritura condena a las personas que faltan a sus compromisos matrimoniales y dañan a la otra persona, y cómo la Escritura trata la parte afectada: como una víctima.

Dios aborrece a quien abandona el pacto, no a la víctima. Hermanos, como que la gente te diga: “El divorcio…”. Le digo, imagínense: ni el divorcio ni el asesinato son la voluntad del Señor. Si una persona daña a otra y le quita su vida, ¿el que le quitaron la vida también participó en el asesinato y debe ser condenado por ese horror? No, fue una víctima. Y si un hermano fue abandonado por su compañera de su juventud, como dice el libro de Proverbios, entonces, ¿deberíamos entender que el hermano es un hermano inmoral porque lo abandonaron? Es una víctima de ese asunto. Quiero establecer, hermano, que no todos los divorcios son iguales, que hay divorcios por causas caprichosas e ilegítimas y que la Escritura establece que hay divorcios por causas justas.

Acompáñenme a Jeremías, que les voy a dar el caso más extraordinario. Capítulo 3, versículo 6 en adelante, capítulo 3 del libro de Jeremías, del versículo 6 en adelante. Hermano, Israel, el Señor dijo que estaba desposada con Él, que tenía un pacto el Señor con su pueblo, y acusó a su pueblo de infidelidad. Les decía: “Ustedes han faltado contra mí”. Y el Señor le reprendía, le mandaba profetas a Israel: “Israel, tú eres mi esposa”, le decía. “No faltes a tu compromiso”, le decía. “Vuelve a tu primer amor”, le decía el Señor a Israel. Hermano, el Señor llamando a su esposa le decía: “Israel, vuelve a tu primer amor”, le decía el Señor. Bueno, pues Israel permanecía en sus infidelidades, en sus inmoralidades, y miren qué sucedió.

Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica. Y dije: Después de hacer todo esto se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá. Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó.

— Jeremías 3:6-8

El Señor mismo se estaba divorciando de Israel. Hermanos, esto es un asunto trascendental. La gente piensa: “Bueno, no, el Señor no permite el divorcio”, pero Él mismo le dio carta de repudio a Israel. ¿Y por qué se la dio?

Porque dice que debajo de todo árbol frondoso andaba fornicando con las naciones vecinas. Bueno, la Escritura admite un divorcio legítimo siempre y cuando se falte al pacto matrimonial por medio de la infidelidad sexual. Lea un poco más. Está hablando ahora de Judá, dice:

Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó. Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño. Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová. Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá. Ve y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová; no guardaré para siempre el enojo. Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y fornicado con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice Jehová. Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo.

— Jeremías 3:8-14

Hermano, el Señor se siente defraudado por su esposa Israel. Le dice: “Mira, yo le di carta, pero” le manda el profeta y le dice: “Miren, a pesar de que yo le di carta, dile que si se arrepiente y vuelve, que yo soy su esposo y que yo la voy a recibir”. Esto da un principio primigenio, hermano, y es que la fornicación da paso a un divorcio, pero no necesariamente. Aquí hay otro problema, y es que, hermano, fornicación, fornicar, es faltar por medio de desórdenes sexuales en cualquier área. La palabra en el original dice “porneia”, y eso incluye desde actos de prostitución hasta homosexualidad, lesbianismo, pornografía, cualquier acto inmoral. Dice la Escritura que los actos sexuales inmorales dan autorización legal para que un pacto sea destruido.

Sin embargo, el mismo Señor dijo: “Cuando Israel lo hizo, fornicó contra mí debajo de los árboles frondosos, yo le di carta, pero después le dije: Mira, si tú te arrepientes, yo te recibo de nuevo”. Voy a exponer el principio más detenidamente, porque aquí da cabida a la explicación.

La fornicación autoriza un divorcio legítimo, pero no lo obliga. No hay una obligatoriedad. Un hermano defraudado por su esposa podría darle justamente carta de repudio, sin embargo es su prerrogativa hacerlo, y tomando el ejemplo del Señor, él podría perdonarle. Una hermana que se ha sentido defraudada por su marido porque quizás buscó otra pareja y se unió sexualmente a ella, estaría en la condición de darle carta de divorcio porque él faltó a su pacto matrimonial. Sin embargo, esta hermana podría seguir el ejemplo del Señor y tener misericordia y decirle: “Arrepiéntete y ven, que yo te recibo”. Por eso no es correcto decir que la fornicación destruye el pacto matrimonial, sino que la fornicación da pie a la destrucción del pacto matrimonial, da un derecho legítimo.

¿Cómo lo explicó el Señor? Acompáñenme a Mateo, capítulo 19, capítulo 19 del Evangelio de Mateo. Leeremos desde el versículo 3 y en adelante, leeremos desde el 3 y hasta el versículo 10. Ahora está el Señor explicando más detenidamente el tema. Quiero enseñarles con esto, hermano, que hay consistencia a lo largo de toda la Escritura en cuanto a que el divorcio no es la voluntad del Señor, que el matrimonio es un pacto que se hace ante Dios, y que la única razón legítima para poder destruir un pacto de este tipo es la misma que el Señor que aceptó el pacto ha determinado, y es faltar al compromiso del pacto matrimonial, dañarle por medio de la fornicación.

Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio y repudiarla? Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así.

— Mateo 19:3-8

Entonces Cristo ahora, hermano, explica el principio con una contundencia que no deja duda.

Dice el Señor:

Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.

— Mateo 19:9

También le dijeron sus discípulos: “Si es así la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse”. Hermanos, esto no lo inventó ningún hombre; el Señor está estableciendo que el matrimonio debe preservarse, debe preservarse el pacto matrimonial. Sin embargo, el mismo Señor establece que, ante la fornicación, he aquí una excepción. Algo que me llama la atención es el contexto de esta discusión, hermano. Lo primero es que le están preguntando a Cristo, y la gente a veces no se detiene a analizar cuál es el contexto en el cual Cristo está respondiendo la pregunta.

Hermanos, en Israel habían dos escuelas grandes de interpretación de la ley: estaba la escuela de Hillel y estaba la escuela de Shammai, eran dos grandes rabinos, y estos rabinos le daban la enseñanza al pueblo. Uno de ellos era el más conservador, y le decía al pueblo: “El divorcio es imposible por cualquier razón”. Y el otro entonces estaba en el otro extremo: decía que el divorcio se permite por cualquier cosa. ¿Cuál de los dos ustedes creen que era más popular? ¿Cuál de los dos ustedes creen que era más popular, hermano? Hillel, que era el más liberal. Hillel decía, y hay documentos de Israel, que en Israel un hombre podía darle carta de repudio a su mujer porque, cocinando, le quemó los alimentos.

Porque él llegó a la casa y ella no lo saludó correctamente, porque si vamos caminando y ella se me fue caminando delante y me dejó detrás. ¿Ven el cuadro? Están preguntándole a Jesús: “Maestro, como dice Hillel, ¿podemos dar carta de divorcio por cualquier cosa?”. Oigan lo que le están preguntando a Cristo: por cualquier cosa. Entonces Cristo aquí está tratando de establecer, hermano, que el matrimonio no puede ser anulado por razones caprichosas, que no debe relajarse el pacto matrimonial como si fuera un asunto de conveniencia, que no es justo hacerlo así.

Pero los fariseos querían polarizar a Cristo. Decían: “Si él responde que sí, que se puede, es un liberal, está del lado de Hillel, y se va a ir todo el que sea conservador en contra de él; pero si responde que no, nadie va a querer seguirlo, porque ¿quién va a querer seguir un maestro que prohíba que un hombre pueda separarse de su mujer?”. Hasta los discípulos lo pensaron. Los discípulos al final dicen: “Bueno, pero si tal cosa fuera así…”. Están poniendo a Cristo entre la espada y la pared. O sea, si él dice que se permite por cualquier cosa, un liberal, como Hillel, y los conservadores lo van a refutar, pero si él dice que no, qué hombre va a querer seguir a este maestro que va a impedir eventualmente que este hombre repudie a su mujer.

¿Con qué Cristo respondió, hermano? El que está respondiendo fue el mismo que creó el matrimonio. Y ese que creó el matrimonio dijo: “Pero yo no solo estoy diciendo desde el principio cómo que esto funciona bien, que se junten y no se separen”. Sin embargo, Cristo dice: “Si alguno faltara a su pacto matrimonial y entra en una relación de fornicación, entonces es legítimo que la otra parte…”. Y las razones, hermano, a veces la gente no las considera y piensa que son caprichosas, pero son razones hasta de salud. Es legítimo dar carta de repudio cuando una persona se siente desagraviada, porque no necesariamente una mujer; un hombre cristiano que su mujer se unió con otro, ¿cómo él va a querer ahora unirse sexualmente de nuevo a ella? Hermano, lo están poniendo en una situación muy difícil.

Una hermana que ha sido defraudada por su marido, que se ha estado uniendo con otras mujeres, ¿cómo va a querer ella ahora unirse completamente a él? Pedirle eso solo podríamos hacerlo apelando a la misericordia. Hermano, si fuera misericordioso, si la hermana fuera misericordiosa, y el Señor te pone eso, acude al Señor y permítelo, pero solamente así. Dice que tiene el derecho legítimo de poder hacerlo. El Señor, hermanos, en esto está diciendo: aún permanece la norma de que se junten una vez y para siempre, pero si acaso una de las dos partes faltara a esa norma, no se sientan defraudados, no se sientan que le están faltando al Señor si acaso ustedes no permanecen.

Pablo y la realidad de un mundo inmoral

Me dan un momentito y veamos una mayor explicación de esto. Ya vimos cómo lo expone el Antiguo Testamento a través del mismo Padre que dijo que le dio carta de repudio a la adúltera Israel; ya vimos cómo Cristo de hecho explicó el tema. Ahora veamos cómo lo explicó Pablo. Acompáñenme a Primera de Corintios en el capítulo 7. Aquí les ha estado hablando Cristo, Cristo le estaba hablando a una audiencia de judíos que estaban obligados a hacer la voluntad del Señor y desde niños habían sido formados para tener familias ordenadas. Ahora Pablo se encuentra ante una nueva realidad: él está hablando a gentiles del pueblo de Corinto, una ciudad que estaba permeada por la inmoralidad sexual, y Pablo quiere ahora explicar a la gente acerca del matrimonio.

Pero a los que están unidos en matrimonio mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.

— 1 Corintios 7:10-11

Está hablando aquí del divorcio a partir del versículo 10. Veamos cómo enseñó Pablo acerca del divorcio. Este primer grupo del que está hablando es parejas de cristianos, parejas que los dos tienen la misma convicción. Ahora Pablo le habla a otro grupo, que son parejas que están casadas, creyentes con no creyentes, y les dice del siguiente modo. Primer grupo: está hablando de los cristianos, dos cristianos ante el divorcio; ahora está hablando de un cristiano con un inconverso ante el divorcio:

Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone.

— 1 Corintios 7:12-13

Fíjense, hermanos, que el listón que pone Pablo para una pareja de creyentes en su primer grupo es un listón todavía más alto que el que pone para parejas de creyentes con no creyentes. ¿Qué dice Pablo cuando está hablando de parejas de creyentes? Son requisitos estrictos. Les dice: permanezcan en su unión matrimonial.

A diferencia de Cristo, en ese asunto excepcional, Pablo no mencionó la cláusula de excepción. ¿Qué dijo Cristo en Mateo 19? Que si acaso había adulterio, perdón, si acaso había fornicación, entonces daba cabida a que exista un divorcio legítimo. Pero Pablo le está escribiendo a los corintios. ¿Cuál es el problema que había en Corinto? Que esta gente vivían en inmoralidad. La situación en Corinto era tan inmoral, que si acaso Pablo les recuerda eso, esta gente quizás se divorcian todos. Era una ciudad donde vivía el papá con la esposa de su hijo, donde había desórdenes. Si Pablo dice: “Miren, recuérdense que ustedes también podrían hacerlo”, se entiende que sí, pero Pablo está diciendo: debe primar la pureza matrimonial, y lo que deseamos no es que ustedes abandonen, sino que permanezcan.

¿Y por qué Pablo no le da a los cristianos la misma norma que le dio Cristo, la misma norma flexible que le dio a la pareja de un creyente con un inconverso? Por lo siguiente: a diferencia de los inconversos, una pareja de dos cristianos tiene, en primer lugar, la Palabra de Dios; en segundo lugar, tiene al Espíritu Santo; y en tercer lugar, tiene la disciplina de la iglesia. Es más, el mismo Pablo dice en otro pasaje que dos cristianos no deberían ir a un juzgado. Dice Pablo: “Si tú tienes un negocio con un hermano y ese hermano te defrauda, es mejor que pierdas ese dinero y no vayas a demandarlo”. La única manera de que dos cristianos se divorcien sería si una de las partes demanda a la otra en divorcio.

Pablo lo que está recomendando es que permanezca la unión matrimonial entre los cristianos y que se busque la reconciliación, y es un caso más estricto que un caso de un creyente con un inconverso. Hermano, entre cristianos el divorcio no debe de ser una realidad, pero aun así sucede, aun así sucede. Les digo, no es ideal, pero aun así sucede. ¿Qué sucede en pareja de inconverso, en pareja mixta? Quizás los creyentes de Corinto pensaban: “Mira, yo soy creyente y mi esposa no lo es, yo me voy a separar de ella mejor, porque así yo puedo servir mejor al Señor”. Es verdad, hermano, es más fácil tú servir al Señor solo que servirlo atado a un inconverso. O puede ser la hermana: “Mira, mi marido no quiere aceptar a Cristo, yo me voy a separar de él”. ¿Qué dice Pablo con mucha sabiduría? “Si tu pareja no es creyente, no le abandones, permanece con él, permanece con ella”. Pero él sigue desarrollando el tema.

Antes de avanzar, ¿qué prima en una disyuntiva entre dos cristianos, hermanos? ¿Qué prima? Prima la reconciliación, prima el perdón, prima que permanezcan en una unión matrimonial, y podría darse el caso: si hay fornicación, el mismo Cristo lo dijo, se permite. Son casos que están normados.

Acompáñenme a Deuteronomio. Y no cierren todavía la cita de Primera de Corintios, porque volveremos allá. ¿Cuál era la norma que había establecido Dios por medio de Moisés para el adulterio? Acompáñenme, Deuteronomio, capítulo 24. Dice así la Palabra del Señor, cómo estableció esto por medio de Moisés el Padre en la ley:

Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrero hombre que la tomó por mujer, no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida.

— Deuteronomio 24:1-4

Oiga cómo funcionaba el divorcio en el Antiguo Testamento. Un hombre que encontraba una razón —dice aquí “algo indecente”, algo que no pudiera soportar, como se puede traducir— podía darle carta, podía repudiarla, pero no podía hacerlo así como de un momento a otro: “Usted me va”. No. Había que seguir un proceso ordenado, un proceso formal, un proceso metódico, y un proceso que era definitivo, a un punto tal que si un hombre daba un divorcio a su mujer, ya no podía de nuevo volverse a casar con ella.

¿Y esto por qué era así? Hermanos, con relación a las leyes de los pueblos vecinos de Israel, ¿saben cómo era el divorcio entre los pueblos vecinos? Si un hombre quería dejar una mujer, le decía tres veces en voz alta: “Te despido, te despido y te despido”, y estaban separados. No, no es broma, era así. O sea, los pueblos cananeos, ¿cómo era el divorcio entre los cananeos? Él le decía tres veces a la mujer: “Te despido, te despido, te despido”, y ya estaban separados. ¿Qué estableció el Señor, hermano? Mire, el Señor estableció: “Bueno, ok, si él encuentra una razón, dice una razón que le impida él permanecer con esa mujer por la razón que sea, lo primero que hay que cuidar es a esa mujer”.

Miren este caso: las mujeres en Israel no podían heredar, no tenían patrimonio, dependían de sus maridos. Una mujer repudiada en Israel sin tener una carta de divorcio, ¿a dónde iba a ir? ¿A dónde iba a ir? Lo primero es que la podían apedrear, porque se entendía que se había entregado a otro, o que era una adúltera. El Señor le dijo: “No, eso no es un capricho de que si no me gustó se fue, no. Usted quiere dejar a su mujer, quiere faltar al pacto que usted hizo, hágalo de la siguiente manera”.

Lo primero es que tiene que tener una causa. Tiene que escribir una carta formal, escribir una carta. Eso evita los impulsos, porque “te despido, te despido, te despido”, cualquiera lo dice cuando le queman el agua. Pero sentarse a escribir una carta, hermano, cuando no había Word ni Excel, sino que había que buscar un escriba que hiciera este asunto, no era tan fácil. O sea, había que buscar una gente que escribiera esa carta. ¿Usted me entiende, hermano? Hay que evitar el impulso del divorcio, de que “no, mira, estamos peleados, nos dejamos”. No, no nos dejamos. Hay que buscar un escribiente que nos haga una carta, hay que escribir una carta, ¿verdad? Lo otro es que hay que dar una razón de por qué es que la está dejando.

La otra cosa es que hay que entregar la carta personalmente, dársela en la mano, la carta. Hay que despedirla formalmente de la casa, no de que “no, estamos dejados, cada uno en la casa”. Hermano, en Israel eso no existía, eso de que “estamos separados”. La separación es un asunto que se trata bíblicamente. La Biblia habla de divorcio; hay gente que está junta, pero no de que “no, estamos guapos, quédate ahí”. No. Hay que darle y formalmente recordar que el matrimonio se establecía dejando un lugar para establecerse en otro. Ahora ese lugar donde tú te estableciste, tienes que dejarlo, y tiene que existir una separación física. Dice que tiene que despedirla. Y, por otro lado, no podía volverla a tomar si acaso se arrepentía. O sea, hay que pensarlo bien.

No como en estos tiempos que la gente vive de que “no, que estamos dejados, juntos, estamos dejados, estamos juntos”. ¿Usted está seguro de que usted le quiere dar carta de repudio a esa mujer? Si acaso le da carta de repudio, jamás volverá a ser esa mujer suya. Hay que pensarlo muy bien. Pero, sobre todo, dice aquí que lo que estaba haciendo el Señor era cuidando el testimonio de esa mujer. Y dice que la razón por la que le estaban dando la carta era para que ella volviera a casarse. Bueno, ahora hay hermanos que interpretan esto y dicen: “Pues que las personas pueden divorciarse, pero que no se casen de nuevo”. Un problema, un problema muy serio, hermanos. En el Antiguo Testamento el Señor estableció que la razón por la cual se buscaba dar formalmente por terminado el pacto matrimonial era permitir que esta mujer no quedara en la inanición.

¿A dónde iba a ir una mujer repudiada sin una carta de divorcio? Con esa carta de divorcio podía casarse de nuevo. Estoy explicando, hermano, que el divorcio no es un caso raro en las Escrituras, que es un caso en el cual hay testimonio, y que la razón por la cual se estaba dando este testimonio era evitar que existiera tal desorden. Volvemos entonces a Primera de Corintios, capítulo 7. Hago un resumen de lo que hemos visto hasta ahora en cuanto al divorcio. Lo que hemos visto es que no es la voluntad del Señor, nunca lo ha sido ni lo será, pero que sucede en un mundo caído. Sí sucede en un mundo caído.

Hay cláusula de excepción en los divorcios, y hay cláusulas de expresión. Hay divorcios por razones que no son justificadas. ¿Qué es un divorcio por razones justificadas? “Mira, porque ella ya no me gusta, o él no me gusta, o no nos caemos bien”. No. No, eso no es una causa justificada. “No lo soporto”. Eso no es una causa. “Esta vieja…”. Eso no es una causa justificada.

Hermanos, el Señor está evitando los divorcios por razones que sean caprichosas. Y cuando Pablo explicó el divorcio, cuando Pablo explicó el divorcio lo explicó haciendo dos grupos distintos. Hizo primero divorcio entre dos creyentes. Él dijo —¿qué dice Pablo ante dos creyentes de Corinto?—: “Miren, si son dos creyentes que están casados”, dice él, reconcíliense. “Y si se separa, quédese sin casar o reconcíliese con su marido”. Y algunos dicen: “No, porque Pablo decía que no se vuelva a casar”. Analicen esto, porque si se volvía a casar, hacía imposible la reconciliación. ¿Qué dice Pablo? Dice Pablo: permanezcan ahí y no se casen, pero no menciona todavía la cláusula de excepción.

Hay hermanos que toman Romanos, en el capítulo 7, cuando el Señor está explicando. En Romanos 7 el Señor también dice, “así como el matrimonio debe permanecer…”. Es verdad, pero eso no es exhaustivo, es una ilustración con la cual se está explicando un tema mucho más amplio.

Volvemos a Primera de Corintios, capítulo 7, y veamos. Hemos visto ya divorcios entre dos creyentes. Eso es un asunto, hermano, que no se debe ni siquiera considerar, que no se debe ni siquiera pensar. Debe primar la reconciliación. Y si acaso hay dos hermanos y uno de los hermanos cayó en adulterio… ¿Ese adulterio terminó el matrimonio? No, no. Esto es un asunto aquí muy delicado, hermano, porque cuando una persona falta a su compromiso matrimonial se expone a un punto tal, hermano, que eso es sumamente peligroso, porque si la otra parte decide hacerlo ya no habría otra cosa que hacer.

Siempre en la iglesia uno aconseja a la hermana: “Hermana, perdone, tenga misericordia. Hermano, mira, ya se arrepintió, Dios dio testimonio de que quiere enmendar. Hermana, sé misericordiosa, perdónale”. Uno le busca, pero esto es un asunto, hermano, que es muy grave porque, le digo, tiene consecuencias que son emocionales, consecuencias que son psicológicas, consecuencias sociales, consecuencias de salud. Esto, que no suene muy fuerte, pero yo ante casos de infidelidad a una persona lo primero que recomendaría…

Mire, un hombre fue, una mujer salió y vivió de manera inmoral. Ah, dicen: “No, no, no, no, lo suyo es poner en duda, se ha arrepentido, quiere restaurarse”. Lo primero que yo buscaría es la causa médica de ese asunto. “Ten cuidado, vamos a ver ahora”. Imagínense ustedes un hombre que ha estado viviendo con prostitutas y demás, volver a unirse en la intimidad matrimonial… Eso, por lo menos una analítica médica, yo creo que es un asunto sabio pedirlo en estos tiempos. Es complicado. Ustedes me entienden que no es tan fácil, hermano, la intimidad sexual. Vivir en una pareja y esta libertad que tiene un marido y una mujer, cuando viene un tercero ese asunto se daña.

Estadísticamente hablando, es muy difícil que una parte de la pareja que ha sido defraudada pueda volver a tener intimidad sexual placentera hasta tiempo después. Esto es como cepillarse con un cepillo de dientes que otro lo usó. Sí, hermano, es la realidad, sí. La infidelidad sexual en el matrimonio es un asunto devastador. Otra cosa es volver a unirse íntimamente con una persona que ya estuvo como con un desconocido, con un extraño. ¿Usted sabe, hermano? Es más fácil cepillarse con el cepillo de dientes de otro que tener sexo nuevamente con una persona que… Por eso es que es tan devastador. Pero el que defraudó, hermano, te faltó tu compañero con quien tú te uniste, te faltó tu compañera, eso es devastador, hermano, eso es un asunto devastador.

¿Qué sucede en el caso de hermanos y hermanas que están casados con un converso, como dice Pablo, y que estas cosas deben ser administradas? Leemos ahora la segunda parte del capítulo 7 de Primera de Corintios. Estos hermanos estaban preocupados porque ellos pensaban: “Bueno, pero es que si mi marido o mi esposa es inconverso, y yo soy cristiano, yo me estoy uniendo con él, entonces el Señor me va a tomar eso en cuenta, porque él es impuro”.

¿Qué Pablo les dice a ellos? Versículo 12:

Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. Porque, ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?

— 1 Corintios 7:12-16

“Pero si el incrédulo se separa, sepárese”. ¿Ah, pues Pablo está recomendando aquí el divorcio? No, hermano, no es un asunto de recomendación. Usted puede entender la diferencia. Pablo no está fomentando, hermanos, el divorcio, sino que lo primero que él dice es: permanezcan. Permanezcan, permanezcan. Hermanos, el consejo de una iglesia evangélica siempre va a ser: permanece. ¿Hubo infidelidad? Permanece, perdónale, permanece, permanece. Pero dice también Pablo: “Pero si el incrédulo se separa, sepárese, pues no está el hermano o la hermana sujeta a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios”.

Una interpretación descabellada que han hecho algunos de esto es que dicen que la unión sexual santifica, y que por eso los esposos de mujeres cristianas van a ir al cielo porque “ya fueron santificados”. No es eso lo que dice. No. Lo que está diciendo aquí es que la unión sexual de un creyente con un incrédulo no le afecta. Que un incrédulo tenga sexo con una inconversa, si es su mujer, si es su mujer, si es su mujer, no le contamina, porque el mismo Pablo al final dice: “Quizás…”, y no lo da como una seguridad, sino como una posibilidad: “Quizás con tu ejemplo tú le ganes para Cristo”, dice él. O sea, no es que quizás por medio de la cópula sexual le va a ganar para Cristo, sino que quizás por tu testimonio le puedes ganar para Cristo.

Aquí hay una expresión que ha dicho Pablo que me gustaría detenerme a explicarla en cuanto a parejas de creyentes y no creyentes. Dice Pablo que el Señor no nos ha llamado a servidumbre, sino a paz. ¿A qué se está refiriendo el apóstol Pablo cuando dice esto? ¿Qué es esto de “servidumbre”? Dice él: “Si el incrédulo se separa, sepárese”. ¿Y qué hacemos con la hermana si el incrédulo se separa? Aquí está el problema. ¿Y qué hacemos con el hermano? El incrédulo se separa. Bueno, es recibido en el pueblo del Señor como un creyente más, soltero.

Aquí entonces yo hago un paréntesis. Miren, el divorcio es un asunto devastador, y no hay manera, a pesar de que sea por causa legítima, de que esto sea bueno. Y hermanos y hermanas divorciados tendrán que convivir con este asunto. Relacionarse con un divorciado es difícil; un divorciado relacionarse con parejas es difícil, porque ya tú ni tienes la inocencia del soltero ni tienes el compromiso de un casado. Ahora, dice la Escritura que quedó libre de eso. “Libre”, “salió libre”, dice la Escritura. ¿Qué quiero enseñarles por medio de esto, hermano? Miren, socialmente un divorciado tiene ciertos estigmas, y eso es natural, como lo tiene un manco.

¿Me entienden la diferencia? ¿Es algo deseable? No. Pero si va a perder el cuerpo entero, que se pierda el brazo. Y cada vez que tú caminas, la gente dice: “Ay, mira, le falta un brazo”. Lo mismo con un divorciado, hermano. Van a pasar años hasta que la gente te reciba normal. Hay gente que te va a preguntar: “¿Y fulano qué?”. ¿Qué yo recomiendo en esto? Que si un cristiano se separa de un inconverso, siga la recomendación de Deuteronomio y lo haga totalmente. ¿Qué debemos evitar los cristianos? ¿Qué debemos evitar? Hay gente que se separa, pero no se divorcia. “Estamos como peleados, estamos…”. No. La Escritura no habla de eso. La Escritura habla de que un hombre es marido de su mujer, y su mujer no debe separarse por ninguna causa.

Es más, la única causa que la Escritura da como válida para que las parejas se ausenten sexualmente son cortos periodos de oración. Esto es raro, porque el mundo dice que los cristianos estamos opuestos al sexo y que los cristianos no queremos que la gente tenga sexo. ¿Sabe qué dice la Escritura? Las parejas cristianas tienen que tener sexo con regularidad, y la única razón para separarse es por cortos tiempos, para que se dediquen mutuamente a la oración. Oigan qué cosa. Entonces, después dice la razón: ¿y por qué es que no se deben separar? Para que no den lugar al diablo y no vengan a caer en fornicación y terminen destruyéndose el matrimonio.

Tengo que hablarles de esto, hermanos, y lo hago lleno de amor. Miren, por muy injustificada que sea la razón para un divorcio, siempre será una razón devastadora. Es devastadora para la víctima, o sea, a quien le faltaron al pacto; es devastadora para la persona que dañó; es devastadora para los hijos que pudieron dar al mundo. No hay forma de tener un divorcio feliz.

Ahora, dice la Escritura que suceden divorcios y que hay razones, pero que no estamos llamados a esclavitud. ¿Qué sería esclavitud? Le explico lo que es servidumbre, esclavitud: es una mujer casada con un hombre que está ausente. Hay hombres que no quieren estar en su casa con su familia, con su mujer, sino que quieren estar brujuleando por el mundo y tener una mujer ahí. Quieren vivir como solteros con una mujer ahí. No, una mujer de Dios no ha sido llamada a esa servidumbre. “Si usted es mi marido, yo quiero que esté aquí cumpliendo sus deberes matrimoniales, entre ellos estar presente”.

¿Qué es estar llamada a servidumbre? Una mujer cristiana que está con un hombre y ya vive con una tensión encima porque no sabe si él va a traer de la calle una enfermedad, como ha sucedido. Que son casos de estos que no se mencionan, pero no es raro casos de hombres que han venido a contagiar a su casa de enfermedades sexuales a sus mujeres. ¿Qué es estar llamada a servidumbre? Una mujer con un hombre que tiene más de una pareja, que está por allá y que anda como en esa vida. Es más, llega un momento en que la mujer cristiana parece que es una adúltera, una mujer que su marido anda por allá fornicando en la calle. Eso es servidumbre.

¿Y qué dice Pablo? “Mira, en ese caso, si él es así, mejor que se separe, porque tú no estás llamada a eso”. O sea, permanece, permanece, permanece, pero si eso se vuelve insostenible, dice el apóstol Pablo, si se vuelve un asunto que no pueda… “Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre”.

Hemos hablado acerca del matrimonio: qué es un matrimonio, qué consume un matrimonio, cuál es la importancia del pacto matrimonial. Hemos visto cuáles razones legítimas existen. ¿Cuál es la razón legítima? Hermanos, hemos visto dos: una es faltar al pacto, ¿verdad?, infidelidad; y la otra, abandono. O sea, ¿cuáles dos razones son legítimas en la Escritura para considerar un divorcio? Dos razones legítimas: infidelidad y abandono. Una mujer que su marido le da carta y dice: “Bueno, tú ya no…”. Depende. ¿Cómo una mujer obliga a un hombre a mantenerse casado? ¿Cómo un hombre obliga a una mujer a mantener el pacto matrimonial? Hermano, no hay forma.

Son razones legítimas. Ahora viene la pregunta, hermano, que esta es la que más controversia trae de todas. Ya hemos aplicado lo que es el matrimonio y cómo sucede. Entre los grandes retos familiares hay otro gran reto familiar: ¿qué sucede con una persona que está separada? ¿Qué sucede con esto si es por causas legítimas? O sea, por causa legítima, tal como enseña Deuteronomio, tal como enseñó Cristo. Díganme ustedes, cuando Cristo estaba… Vamos a Mateo de nuevo, Mateo 19. Damos esta última parte, versículo 19:9. ¿Para qué era que se le estaba dando la cláusula de excepción? Para separarse. ¿Qué dice Cristo, capítulo 19, versículo 9?

Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.

— Mateo 19:9

Lo que el Señor está diciendo aquí es: “Estos hombres y estas mujeres que están dejando a sus parejas para unirse con otra están cometiendo adulterio”, dice el Señor. Dice el Señor, o sea, dice el Señor: eso, que dejaron su pacto matrimonial y se unieron a otro, son adúlteros, aunque se hayan casado, dice el Señor. Pero vimos una salvedad. El mismo Señor no dejó esto olvidado. Él dijo: “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada también adultera”. Pero Él dijo una salvedad.

Con la salvedad que estableció el Señor, la fornicación. O sea, en esto no hay que perderse ni ponerle patas a los caballos, está claro. Si una mujer, si un hombre recibió un divorcio legítimo, está libre, tal como quedaba cuando le daban la carta de divorcio en Deuteronomio. O sea, ¿para qué se le daba la carta de divorcio en Deuteronomio? Para que ella vaya con esa carta y otro hombre pueda establecer un matrimonio con ella. Era una constancia. O sea, lo que es consistente a través de la Escritura es lo siguiente: el Señor no desea el divorcio, el divorcio sucede, y cuando el divorcio sucede por causas legítimas, dice el Señor que la persona queda libre. O sea, la expresión es como “queda suelto”, queda sin ningún tipo de compromiso, volvió a ser lo que era antes, volvió a la soltería.

¿El nuevo casamiento es recomendable? Pablo explicó claramente que el casamiento es recomendable en determinados contextos. ¿El nuevo casamiento en cuál determinado contexto? Una persona joven, dice Pablo, para que no se esté consumiendo, para que no se esté quemando, que se case, dice él, para que no ande quemándose. Ahora hago aquí, hermano, lo que sucede es lo siguiente: después que una persona se casó, normalmente no quiere… “Ya, yo estuve casado”, entonces quiere ir más rápido. ¿Qué hay más rápido? “Mira, pasaste por el trauma del divorcio, una separación. Fue legítimo, quedaste suelto, como dice la Escritura, no estás sujeto a servidumbre. ¿Vas a casarte de nuevo?”. Entonces el proceso dice, “sí, pero ya como tú estás casado, ven para mi casa y múdate aquí, que ya…”.

No, no. Hermano, no. Esto va de nuevo como noviecito. Y tú dices: “Pero ya tengo 60 años, tengo 50 años”. Y yo les diré: “Ah, pues sí, que vamos a volver a pasar por el mismo proceso”. Y si no, se consideraría fornicación. El caso que he visto es personas que logran divorcios por razones a veces incorrectas o correctas y después pasan la edad sexual, se quedan solos. ¿Cómo se casa un cristiano? Yo le expliqué: ordenadamente, completamente, siguiendo todos los procedimientos.

¿Qué sucede en el caso de una persona? Lo primero que habría que ver, hermano, es si sería mejor quedarse soltero, como dice Pablo, o si sería mejor casarse. La soltería, la Escritura lo enseña, hermano, como una bendición, como algo que es hasta deseable, para el que el Señor le da la capacidad.

En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.

— 1 Corintios 7:1-2

Hermano, no solamente es injusto, he visto casos de hermanas. Pongan casos, casos que he visto, no en nuestra iglesia, pero en mi experiencia cristiana. He visto casos de hermanas que se casaron a los 18 años, su marido la abandonó a los 22, se fue a la calle, se estableció con otra mujer, la dejó suelta. Entonces le dicen: “No, hermana, tú no puedes casarte porque tu marido todavía está vivo”. Entonces, ¿justamente qué se está sugiriendo?

Hermano, la realidad es que debemos evitar que los matrimonios se dañen. Tenemos que evitar que los matrimonios se dañen. Pero inmediatamente, inmediatamente, por una razón o la otra, una de las partes se une sexualmente con otro, ya hay una razón para que el matrimonio pueda quedar eliminado. Por otro lado, esa mujer, imagínese usted una hermana de 22 años, que se casó a los 18 y a los 22 está sola, una jovencita. Ahora le van a faltar 50 años. Primero, una tentación, porque se vuelve atractiva. Hermana, no hay una cosa más atractiva que algo intocable. Parecerá una virgen de los altares de esas que había en Grecia. O sea, esta hermana con 22 años, no podemos hacer nada con ella. Y está en la iglesia congregándose, los hermanos están enamorando, pero: “No, yo no puedo casarme porque todavía quien fue mi marido está vivo”. Eso no, la Escritura no lo enseña en ningún lugar.

Enseña lo siguiente: enseña que si dos creyentes están casados, dos creyentes, no deben casarse con otro hasta que el creyente muera, porque, claro, son dos hermanos. Prima la reconciliación, prima el perdón, prima el consejo de la iglesia. Y hasta en ese caso, hermano, podría bíblicamente demostrarse que hay excepciones, hasta en ese caso podría demostrarse bíblicamente que hay excepciones. Pero la voluntad del Señor, dice aquí, versículo 7:

A causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.

— 1 Corintios 7:2

“El marido cumpla con la mujer el deber conyugal”. ¡Qué palabras tan bonitas, hermano! Eso es lo que está diciendo: “El marido tenga sexo con su mujer”, es lo que está diciendo. Yo veía en los periódicos, en días pasados, alguien con esto de Profamilia y que “no, que los cristianos se oponen al sexo y todo lo que es sexo para ellos es malo”. Lo que dice aquí es: “El marido tenga sexo con su mujer”, dice, “y así mismo la mujer tenga sexo con su propio marido”.

La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo, de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia. Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento. Quisiera más bien que todos los hombres fueran como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro. Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de continencia, cásense; pues mejor es casarse que estarse quemando.

— 1 Corintios 7:4-9

En cuanto a esto, hermanos, se me ha acabado el tiempo y tengo que cerrar. ¿Qué quiero aconsejarles en esto? Miren, no se debe festinar el divorcio, no hay manera de que un divorcio sea feliz, pero tampoco debemos cometer injusticia con hermanos divorciados por causas legítimas, tratándoles con desprecio o algo parecido. Por otro lado, no debemos estar sujetos a esclavitud. O sea, mujeres, hombres cristianos, si el Señor les ayuda a permanecer, permanezcan, pero tampoco lleven eso a puntos extremos en los cuales pongan en riesgo su salud, su integridad física.

Escuchaba, con mucha tristeza, un caso de un marido abusador que golpeaba a la mujer, y le decían en su iglesia: “No, no debes ausentarte, porque una mujer no debe ausentarse”. ¿Y qué hacemos? ¿Permitimos que este hombre mate a la mujer? Prima la vida. O sea, porque primero el Señor dio vida y después dio matrimonio. Prima la vida, y después cualquier otra cosa.

En cuanto a segundas nupcias, hermanos, tengo que dar una ñapa. En cuanto a esto, tengo que dar ñapa. En cuanto a segundas nupcias, hermano, la Escritura las permite, pero en eso hay que ser triplemente cuidadoso. Una persona que no tuvo éxito en su primer matrimonio, antes de pensar en casarse de nuevo tiene que pensar en enmendar. Usted me entiende esto. O sea, no es un asunto como deportivo, de que “no, yo obtuve un divorcio legítimo, ya, cásenme”. No, hermano. Es más, yo tendría triple cuidado de casar a una persona en segundas nupcias, porque hay que ser cuidadoso. Estadísticamente hablando, personas divorciadas tienen menos respeto por la institución del matrimonio y es más fácil que violen el pacto matrimonial, porque ya lo hicieron una vez.

¿Qué diremos de esto con relación a los ministros? Miren, pocas personas en la Escritura tienen un listón de requerimientos más amplio que los ministros del Señor. Una de las descripciones que hace la Escritura de un ministro del Señor, hay dos que competen a esto: lo primero es que debe ser un hombre irreprensible y lo segundo es que debe ser un hombre que sea marido de una sola mujer.

Es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente…

— 1 Timoteo 3:2

Si a mí me preguntaran y me dijeran: “¿Podemos ordenar al pastorado a un hombre divorciado?”, escrituralmente hablando, hermano, cuando dice “marido de una sola mujer” no está hablando de sus números de casamientos, está hablando de que no está en bigamia, que no es polígamo, es lo que está diciendo. Pero al mismo tiempo la Escritura dice que debe ser un hombre que pueda dar un testimonio de integridad familiar, y en esto hay que ser en extremo cuidadoso. Si a mí me preguntaran, hermano, respecto de esto, yo les diría: la Escritura no lo prohíbe, pero se impone la prudencia. Ustedes pueden entender esto. O sea, por mucho que se quiera buscar, el divorcio no es un asunto deseable.

Último consejo, y con esto cierro, hermano: si tú has vivido un divorcio, algo que tú debes hacer si te divorciaste es divorciarte totalmente. ¿Qué cosas no son prudentes? No son prudentes que la gente diga que está divorciada y todavía legalmente tenga la atadura. No es prudente. Entienden esto. O sea, no es prudente que una persona… Si usted se divorció, haga lo que se determinó en la carta: sepárese, y suelte, y no vuelva a ver para allá. ¿Qué sucede con una persona que dice que se divorció pero todavía tiene un acuerdo legal con esa persona? Da paso a que otro se enamore de ella y cometa adulterio, porque le pertenece legalmente todavía a otro.

¿Qué cosas no son prudentes? No es prudente tener un divorcio y permanecer teniendo contactos ocasionales, gente que “te han dejado, pero que nos encontramos de vez en cuando y nos llamamos”. Eso no es prudente. Aléjese. ¿Qué es más prudente? Un hombre o una mujer divorciada, festinar el divorcio y hablar del divorcio como si fuera algo bien visto. ¿Usted puede entenderme eso? El divorcio no es bien visto por la Escritura. No. He visto hombres, hombres en segundas nupcias que hablan de sus anteriores matrimonios con una libertad: “Sí, yo me casé…”. Hermano, eso no. Uno habla de eso con temor y temblor ante el Señor. Dice: “Misericordiosamente, el Señor me permitió establecerme en una familia”, pero no es algo que se celebra.

¿Qué cosa les recomiendo? No es prudente. No es prudente que entre divorciados haya relación de cercanía. Eso de “no, él y yo fuimos esposos, pero ahora somos los mejores amigos”. Eso no aplica, hermano. Cuando una gente se divorcia, se divorcia, se casa, es una unión exclusiva, y eso tiene que ver con los sentimientos. Hermanos, no da buena cosa nada de eso. Mi recomendación es: siga el ejemplo que dio Moisés. Y si a usted le dieron carta de divorcio, váyase. Y si usted fue quien dio carta de divorcio, no mire para allá. Y el mismo Moisés decía que ni siquiera debe considerar la posibilidad de volverse a casar con esa misma persona. ¿Ya me entienden esto? O sea, esas son cosas raras, pero hace que cuando alguien menciona la posibilidad de dar carta de divorcio por razones legítimas lo considere: “¿Tú estás dispuesto a no volver a casarte jamás con esa persona?”.

Ten cuidado, porque hay gente que da un divorcio hasta para dar una lección, de que “no, le puse el divorcio para como para dar un susto”. Hermano, no es para dar un susto, tiene consecuencias que son trascendentales. Uno quisiera tratar estos temas de manera más exhaustiva, tratarla de manera más amplia, pero se me acabó el tiempo y tenemos que adorar al Señor por medio de nuestras canciones. Que el Señor les bendiga mucho, y recibimos nuestro ministerio de adoración.

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