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Serie - Mundo relativo - Así nos sostendremos

1 Pedro 3:13-17

En medio de un debate moral intenso en nuestra sociedad sobre sexualidad, familia y verdad, la iglesia no puede quedarse al margen ni responder con carnalidad. A la luz de 1 Pedro 3:13-17, somos llamados a sufrir por la justicia, a no amedrentarnos, a santificar a Cristo en el corazón y a presentar defensa con mansedumbre, reverencia y buena conciencia.

Predicado21 de julio de 2013
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Venimos ante tu presencia ahora a buscar alimento. Como el siervo brama, Señor, por las corrientes de las aguas, así brama por ti, oh Dios, el alma mía. Mira este rebaño tuyo aquí congregado, Señor, que quiere ser alimentado con la hermosura de tu revelación. Mira este instrumento aquí, Señor, un instrumento limitado, y mira la hermosura de tu revelación. Permítenos, Padre, hoy deponer nuestros pensamientos para asumir los tuyos.

Mira este tema urgente y necesario, Señor, que vengo a compartir con mi iglesia. Permite que tu palabra predicada se entienda y se obedezca. Trae tú, Señor, provisión especial de revelación, provisión especial de gracia, de entendimiento, de iluminación, para que todo el que está aquí presente, Señor, pueda testificar que hoy fue alimentado por el buen alimento de tu palabra. Mira la gente que vino de lejos, Señor, se movió, se levantó y vino hasta aquí a cantarte y a recibir tu palabra.

Regálales hoy, Señor, un acompañamiento especial de tu Santo Espíritu. Regálanos hoy, Señor, un entendimiento especial de tu palabra. Permite que lo que aquí hoy recibamos, Señor, también se lo demos a otro. Nos humillamos delante de ti, Señor. Decidimos que seas tú veraz y que sea todo hombre mentiroso. Reconocemos que tu palabra es la verdad, Señor, y no la nuestra. Mira nuestras actitudes, Señor. Acompáñanos tú, dirígenos tú, pastoreanos tú, Señor, en el nombre de Jesús. Amén.

Hermano, me dispongo a predicar este sermón y yo estoy como nuevo, hermano. Yo he venido a predicar con un deseo de transmitirles a ustedes esto, que a veces yo mismo me preocupo, porque cuando tengo tanto deseo de predicar un pasaje de la Escritura, a veces la pasión me traiciona. Y es tanto lo que hay para decir, hermano, en la primera carta de Pedro, en el capítulo 3, que le voy a pedir que me acompañen porque tengo que ir un poco rápido.

El contexto social y el llamado a participar

Busquen su Biblia. Estaremos considerando solamente una porción de la Escritura; están todos los versículos que estaremos predicando en un mismo capítulo. Es el capítulo 3 de la primera carta de Pedro. Que busquen en sus Biblias y lo dejen ahí marcado, en la primera carta de Pedro, en el capítulo 3. La razón que tengo para seleccionar esta porción de la Escritura y predicarla hoy es que ahora mismo está sucediendo un fuerte debate en nuestro país sobre asuntos morales.

Se está debatiendo el fomento de la inmoralidad sexual, la promoción de las llamadas «preferencias de género», la legislación del matrimonio entre homosexuales, la legalización del aborto. Son todos estos temas que están en los periódicos día tras día, están sobre el tapete en este momento. Por primera vez en muchos años se están poniendo en duda seriamente los valores cristianos sobre los que se ha sustentado históricamente nuestra sociedad, un debate en el que se enfrentan las posiciones conservadoras con el relativismo moral y la verdad de Dios contra la corriente del mundo.

El debate está sucediendo ahora mismo en los medios de comunicación, en el asiento de un carro público, en las reuniones de amigos y en los lugares de trabajo. Quizá tú mismo participaste del debate en esta semana. En tu trabajo quizás se está hablando de este asunto. Quizás en tu casa vino el tema. Quizás algún vecino te preguntó que qué opinas acerca de esto. Hermano, el debate es real, está sucediendo ahora mismo.

Nosotros los cristianos no podemos quedarnos al margen, tenemos que participar en este debate. Con este sermón inauguramos una serie de enseñanzas que persigue un mismo objetivo: preparar la iglesia para que represente dignamente a Cristo, con mansedumbre, reverencia y buena conciencia en este momento histórico, con posiciones llenas de gracia y de verdad. Veremos el consejo de Dios para sostenernos firmes en un mundo cambiante. Hermano, yo vine a invitarles a participar.

Si buscan los periódicos de la semana pasada encontrarán un comunicado que un gran número de iglesias evangélicas de la República Dominicana publicó de cara a este debate que está sucediendo en la sociedad dominicana. Ha habido una gran controversia al mismo tiempo porque empresas dominicanas como el supermercado Bravo han respaldado este debate. Y, por otro lado, la otra parte del debate también ha rebatido. Se cuestiona ahora mismo si acaso tiene la iglesia qué decir sobre estos temas.

Algo que está también siendo debatido es el nombramiento como embajador en la República Dominicana de un activista por los derechos de los homosexuales, gay, transgénero, que fue nominado por el presidente Obama junto con seis activistas homosexuales más. Es un movimiento humano histórico sin precedentes. El presidente de los Estados Unidos de América hizo una promesa en campaña y dijo que iba a hacer del servicio exterior de los Estados Unidos una herramienta para la difusión de las ideas de igualdad, buscando que se reconozcan los mismos derechos que tienen las parejas llamadas tradicionales con relación a este nuevo set de parejas.

Influencias externas y ataques al diseño de Dios

Ya también este movimiento en Estados Unidos ha tenido un gran avance en este último tiempo. Hace escasos días se derogó una ley federal que establecía que el matrimonio debía ser reconocido entre un hombre y una mujer, y esto da paso en Estados Unidos a que todos los demás estados también aprueben el matrimonio entre homosexuales. Pero no solamente esto, sino que el servicio exterior de Estados Unidos tiene su propia agenda, tratando de que esto no solamente sea un asunto que funcione en Estados Unidos a nivel federal y después a nivel de todos los estados, sino que en todas las partes del mundo donde Estados Unidos de América tiene influencia también se aprueben las mismas leyes.

Nos dicen a nosotros: ¿qué están haciendo un gran alboroto por eso? Porque es un hombre que ha sido nominado en su condición de embajador, y viene aquí y representa a los Estados Unidos, ¿qué tienen ustedes que decir sobre su preferencia sexual? Eso es algo privado. No, no es algo privado, porque no viene un homosexual simplemente a hacer la función de un embajador; viene un activista de los homosexuales que fue nominado por Obama fruto de una promesa de campaña, de enviar estas ideas relativistas a todos los rincones de la tierra. ¿Qué tiene la iglesia que decir sobre esto, hermano? Tenemos que estar preparados.

Hubo una campaña en los últimos meses, por la cual en nuestra iglesia estuvimos orando. Es una campaña donde se promovía la promiscuidad sexual, diciéndoles a los niños y adolescentes que tenían el derecho de tener relaciones sexuales sin importar lo que dijeran sus padres. Algo nunca visto en la sociedad dominicana. Buscando que personas que todavía no tienen pleno uso ni siquiera de sus facultades, sin importar lo que digan sus padres en su casa, una institución les está diciendo: «Yo te digo que tú tienes el derecho». Menores de edad que todavía están bajo la potestad de sus padres, se les está promoviendo la promiscuidad.

Bueno, pero también en este último tiempo vimos hace escasos días el «Orgullo Gay» celebrado en la República Dominicana. Y grandes caravanas por el malecón y en diferentes lugares hicieron grandes congestionamientos de vehículos. Y en todo esto, el tema está ocurriendo. Yo les pregunto: ¿qué tiene la iglesia que decir?

Contexto de 1 Pedro 3 y la pregunta clave

Hermano, he venido con esta serie de sermones, en primer lugar, a invitar a mis hermanos a participar del debate y, en segundo lugar, a animarles a debatir con altura y a representar dignamente los intereses de Cristo. Esta porción que he seleccionado para predicar el día de hoy, que está en el capítulo 3 de la primera carta de Pedro, tiene un contexto inmediato. El contexto en que Pedro dio estos consejos sobre los cuales yo hoy estaré predicando es una serie de ordenanzas sobre los deberes conyugales.

Pedro introduce el capítulo 3 hablando de las responsabilidades que tiene una mujer cristiana hacia su marido y la responsabilidad que tiene un marido cristiano hacia su esposa, y cómo debería funcionar la familia cristiana. Y esto que Pedro estaba estableciendo para la iglesia del Señor era algo que resultaba molesto para los impíos en aquel momento. Imagínense ustedes si resultara molesto para el día de hoy aquello que Pedro había establecido para la iglesia. Pedro sabía que iba a ser algo rechazado con energía por los impíos, y lo mismo está sucediendo el día de hoy.

Aquellas cosas que son para nosotros valores, no porque yo entiendo que es bueno, sino porque el Señor lo estableció, el mundo relativista actual ahora mismo lo rechaza y nos dice que estos valores no tienen ningún sustento. Yo les pregunto, hermano: ¿cómo puede permanecer la iglesia en pie después de este aluvión? Haciendo uso de los mismos recursos que el Señor estableció en la Palabra. Hoy he venido a decirles simplemente cómo permaneceremos. No quiero abundar mucho hoy en argumentos, sino solamente hablarle específicamente a la iglesia de qué puede hacer la iglesia para permanecer firme ante esta gran oposición.

Le decía Pedro a la iglesia, capítulo 3, leeremos desde el 13 en adelante:

¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

— 1 Pedro 3:13-17

Así permaneceremos. Hermano, lo que vengo a decirles hoy es de qué manera puede la iglesia del Señor mantener sus convicciones en un mundo relativo. De qué manera nosotros podemos enfrentar esta gran oposición que está teniendo el cristianismo en este tiempo. De qué manera nosotros podemos involucrarnos en el debate y argumentar a favor del Señor. ¿Qué haremos para permanecer?

1. Prepárate para padecer

Vengo a desarrollar una serie de cinco puntos. El primero de ellos, a la luz del capítulo 3 en el versículo 14, dice: «Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois». Hermanos, ¿qué haremos? Lo primero que quiero exhortarte es que te prepares para padecer. Este primer consejo parece un consejo raro, pero yo le estoy diciendo, hermano: ahora mismo nosotros estamos ante una gran guerra, y cuando un soldado se aprieta para ir a la guerra, él mentalmente se prepara para que puede recibir algunos tiros.

Pedro comenzó aconsejando a la iglesia y le decía: para ustedes sostener sus posiciones morales en medio de los impíos que no entienden estas cosas, lo primero que tienen que hacer es prepararse para padecer. «Si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois». En primer lugar, hermano, como nosotros nos preparamos para enfrentar esto, lo primero que tenemos que hacer es estar preparados para padecer. ¿Y de qué manera padece un cristiano? Hay varias maneras en que un cristiano va a padecer en un mundo relativo y que se aferra a la revelación de Dios.

Primera forma de padecimiento: tú vas a ser marginado. Hermano, te lo digo de nuevo: vas a ser marginado. Serás marginado en tu trabajo, en tus amistades, en tu familia. Serás puesto de lado. Cuando las cosas se polarizan, lo que va a suceder es que aquellas personas que sostengamos posiciones morales absolutas y las posiciones de Dios, cada vez seremos más visibles y cada vez seremos «los otros». Hermano, podemos ser marginados en muchas áreas. Cada vez será más difícil que nosotros vivamos vidas plenas en los negocios; ya comienza a ser muy difícil.

Cada vez que yo me reúno con alguna persona que quiera hacer la voluntad de Dios en los negocios, le aconsejo: acostúmbrate a dar la vuelta larga. Ser cristiano en medio de una sociedad caída, hermano, esto significa que para muchas cosas nosotros tenemos trabas. Serás criticado injustamente. Tendrás un cansancio interno al tener que luchar contra la corriente. Hermano, ¿tú no luchas cuando tú ves televisión? Perdón, pero cada vez que yo veo televisión, yo veo una serie, yo tengo que estar cerrando los ojos de vez en cuando; a veces ya ni siquiera cierro los ojos, pero me siento mal, siento lucha.

Todo es lucha cuando te hacen una conversación en la que tú sientes que todo el mundo va por un lado y tú ves las cosas desde un punto de vista diametralmente opuesto a como lo ve la mayoría. Entonces, soy un bicho raro. Quiero participar en la conversación, pero la gente no ve mi punto. Siéntete bienaventurado. Primer consejo al respecto, ¿qué haremos para permanecer, hermano? Lo primero es que nos vamos a acostumbrar a que vivimos en un mundo donde nosotros somos minoría, donde la voluntad de Dios no está prevaleciendo, donde seremos marginados, donde nos vamos a sentir cansados.

Hermano, hacer la voluntad de Dios contra un mundo que siempre te está pidiendo lo mismo en el trabajo… ¿tú no te has sentido agotado? Te dicen que hagas algo y tú dices: «Yo no hago eso por mi convicción». «Hazlo, hazlo, hazlo, hazlo, hazlo». Entonces recuerda cómo estaba Sansón cuando Dalila le tentaba. Ella venía, dice la Biblia que él se sintió cansado en su corazón, y al final dio su brazo a torcer. Hermano, te vas a cansar, pero mantente firme.

2. No te amedrentes: quién está aliado contigo

¿Cómo permaneceremos? Lo primero es: vamos a hacernos la idea y vamos a prepararnos en que el padecimiento es real, que nosotros vamos a padecer. Dice el 14, la parte b: «Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis». Lo primero que te tengo que decir, hermano, es que te prepares para padecer; en segundo lugar, te tengo que decir que no te amedrentes. Esto es una lucha real, hermano, o sea, hay un lado contra otro lado, pero yo te diré que a veces la lucha lo que la define no es lo que tiene un lado o el otro, sino de quién tú estás aliado, de un lado o del otro.

Hay grandes batallas que se ganan con los aliados. ¿Y adivinen ustedes quién es el aliado de la iglesia en este asunto? El que creó el cielo y la tierra y lo sustenta. Ese es el que está a favor de la iglesia. Hermano, no te amedrentes. Tú estás en la luz, ellos están en las tinieblas. Te pruebo un argumento muy fuerte para esto, hermano: los cristianos tenemos dos mil años de historia debatiendo y sosteniendo el mismo punto, que es la verdad. ¿Saben qué hacen los impíos? Cada doscientos años hay un punto prevaleciente distinto; hay que hacer una teoría distinta.

Lo que nosotros estamos defendiendo no comenzamos a defenderlo el día de ayer. Hermano, la iglesia de Cristo tiene dos mil años de historia defendiendo estas mismas cosas y ha prevalecido. Lo que nosotros predicamos no es una filosofía nueva que nació ayer, no es una teoría que apareció una persona y vino a argumentar y dio una conferencia. No, hermano, lo que nosotros estamos defendiendo son las firmes promesas de Dios, son sus firmes ordenanzas, un asunto que se ha mantenido firme durante los últimos dos mil años de historia.

No somos los primeros que defendemos estas cosas, quizá tampoco seamos los últimos. Las causas de Cristo tienen dos mil años prevaleciendo y seguirán prevaleciendo hasta el final. No te amedrentes. En tercer lugar, dice también el apóstol Pedro que, en vez de amedrentarse y conturbarse, «santificad a Dios el Señor en vuestros corazones». Hermano, lo mejor que puede hacer la iglesia ante esta avalancha moral es santificarse.

Es más, nosotros a veces no avanzamos más rápido en derrotar a nuestro enemigo en esto porque no hacemos lo que dijo Pedro. Pedro le dijo a la iglesia: no se vuelvan locos, entiendan que ustedes van a padecer; por otro lado, les dijo: no se amedrenten; y después les dijo: santifíquense. Hermano, esta lucha moral que se está debatiendo en Santo Domingo es una lucha que será defendida por personas que tengan autoridad para hacerlo.

¿Saben por qué no avanza más rápido la posición de Dios en la sociedad? Porque nosotros queremos defenderlo, hermano, pero no queremos santificarnos. ¿Tú quieres ser un buen defensor de la causa de Cristo? Entonces comienza tú a santificar tu corazón para Cristo. No es solamente, hermano, tener argumentos, también es tener la autoridad moral sobre la sociedad. ¿Cómo vamos a prevalecer? Lo primero, acostumbrándonos a tener un poco de oposición; en segundo lugar, dejando de amedrentarnos; en tercer lugar, santificándonos delante del Señor para que tengamos autoridad moral.

3. Estar preparados para presentar defensa

En este cuarto punto quiero detenerme: tenemos que estar preparados para ser perseguidos, ya nos lo dijo. Dijo también que no debemos amedrentarnos, también está diciendo que tenemos que santificarnos, pero dice el versículo 15 que tenemos que estar preparados para presentar defensa. ¿Tú sabes, hermano, que los cristianos históricamente hemos optado por acostumbrarnos a perseverar en los caminos del Señor, pero no a defender la causa de Cristo?

Y tú le dices a un hermano: «¿Tú eres cristiano?» «Sí, yo soy cristiano, pero eso es un asunto muy privado, tú ves, algo que tiene que ver con mi vida, que yo no ando diciendo a nadie». Hermano, el cristianismo no es así. Si realmente el cristianismo es un asunto que se puede sostener con argumentos racionales, esto no es un asunto de interpretación privada como que yo solamente lo vivo. Cualquier persona racional podría entender esto, aunque solamente una persona a la que el Señor alcance con salvación podría proceder.

Pero el cristianismo no es un absurdo. A veces yo he tenido que intervenir en conversaciones de hermanos míos, donde cuando la gente les pregunta la razón de su esperanza, lo que dicen es: «No, eso es un asunto muy privado, yo tengo mi fe en el Señor y yo no ando… si tú no lo crees, no lo crees». Yo les digo: no, hermano, eso no es así. Quizás tú no quieras defender a Cristo, pero Cristo es una buena posición para ser defendida. Quizás tú no quieras exponerte, pero el cristianismo puede ser defendido ante cualquier auditorio. Hermano, esto es un asunto racional.

El cristianismo puede ser defendido y debe ser defendido. Prepárate para defenderlo. Hay dos áreas en que el cristiano se prepara para defenderlo: el cristiano se prepara espiritualmente y también se prepara intelectualmente. Esa combinación, una preparación, fortaleza espiritual y fortaleza intelectual, da muy buen resultado. Miren a Moisés. Hermano, Moisés era un hombre de Dios, pero al mismo tiempo Moisés era una persona que tenía un intelecto que había sido cultivado.

En su tiempo, Moisés era un hombre que podía escribir, y escribió los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Moisés fue educado en el palacio real por los egipcios y este hombre entendía la administración, este hombre entendía de letras; al mismo tiempo era un hombre que tenía una espiritualidad vibrante y libertó a un pueblo. Pero Moisés no solamente era un administrador, un gran escritor, no; también era un hombre de Dios.

Miren a Daniel. Hermano, Daniel era un hombre que no daba su brazo a torcer. Era un hombre que tenía una espiritualidad vibrante, pero al mismo tiempo Daniel era un consejero real, que los reyes de esta tierra querían tener a Daniel en su corte. Y nosotros debemos tomar la decisión en Babilonia antes que Daniel la tomara. Ambas cosas, hermano: la dimensión espiritual y también la dimensión intelectual.

Algo paradójico es que el cristianismo se ha dividido en dos lados. Hay un lado de intelectuales y un lado de gente que tiene devoción. Y tú te encuentras personas que pueden elaborar amplios argumentos a favor del cristianismo, y te encuentras otro grupo de personas que pueden orar de rodillas por la causa de Cristo, pero como que no se encuentran.

Hermano, yo mismo quiero que mi vida sea esa doble realidad. Yo quiero ser una persona que tenga una espiritualidad vibrante al mismo tiempo que tenga argumentos a favor de Cristo, pero hay que buscarlo intencionalmente. Es más, eso se ha debatido; algunos dicen: «Mira, los bautistas son intelectuales y los pentecostales son espirituales». Hermanos, no es así. Tenemos que cultivar las dos cosas.

Si queremos gente que defienda la causa de Cristo en República Dominicana… Yo estoy emocionado ante este debate porque veo una gran oportunidad, pero queremos gente que tenga una vida espiritual vibrante y queremos gente que tenga argumentos para poder defender. Es necesario que hagamos un evangelismo más racional. Yo tengo cierta preocupación porque la gente viene a Cristo y tú le preguntas: «¿Y tú sabes a dónde tú viniste? ¿Y tú sabes qué es ser un cristiano? ¿Y tú sabes qué era un cristiano?» «No, yo sé que yo ya soy un cristiano y vengo a la iglesia». Hermanos, eso no es ser un cristiano.

Un cristiano es una persona que puede decir, aunque sea los aspectos básicos de su fe, por qué es un cristiano. Decía Pedro: «Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros». Tenemos que estar preparados, hermano, prepárate para presentar defensa.

Miren, a veces subestimamos los discípulos de Cristo y la gente dice: «Pero que los discípulos de Cristo no eran personas muy instruidas, ni ellos pudieron defender». Miren, no se llamen a engaño. Los discípulos de Cristo eran judíos. Los judíos, desde que los muchachitos aprendían a hablar, ya les estaban hablando de la Torá, y desde que un viejito caminaba y podía balbucear, ya estaba en contacto con la palabra del Señor. Y hasta los doce años era expuesto intensivamente al estudio de todo el Antiguo Testamento.

Los discípulos de Cristo eran personas que conocían las Escrituras. Un judío pescador, en Occidente, sería un intelectual. ¿Ya me pueden entender el asunto? O sea, el judío pescador —«ah, mire, pescadores del Burgo»— no; un judío pescador en Occidente podría ser un intelectual, porque eran personas que desde la temprana infancia… ¿usted sabe lo que es usted poner a un niño con ese cerebro todavía fresco, es ponerlo: «Lo que dice Yavé, lo que dice Yavé, lo que dice Yavé», y se lo ponían en las paredes, se lo ponían sobre las frentes? Hermano, esta gente estaba inmersa en la Palabra de Dios.

Por eso los discípulos de Cristo reconocieron que ahí estaba el Mesías, porque es que conocían las Escrituras. Pablo no era un improvisado, hermano.

4. Ejemplos de preparación y el llamado a conocer la fe

Y una vez les dije cómo se sucedía y se lo repito. Miren, el otro judío… todos los judíos querían que sus hijos llegaran a ser rabíes, eso era como ser pelotero aquí, en República Dominicana. Todo papá quiere que su hijo sea pelotero; en Israel todos los papás querían que sus hijos fueran rabíes, fueran grandes maestros. Y desde temprano, así como aquí les regalan un guante a un muchacho, lo ponen a parar limones y cosas, los judíos desde temprano le ponían la Palabra de Dios en las paredes, se la ponían en la frente, comenzaban a ponerlos en contacto con los pergaminos, que entendieran ese asunto.

Y a los doce años todos los muchachos iban como a la primaria entre los judíos; eso era aprender la Torá, aprender a leerla completa. Y había algunos que demostraban tener una capacidad especial, como hay aquí muchachos que los mandan a 90 y que llegan de Juan a primera en qué sé yo cuántos segundos. Asimismo, entre los judíos había niños que tenían un desempeño especial en el manejo de la Torá, y estos niños que tenían esta habilidad especial decía su maestro, llamando a su papá, le decía: «Mire, fulano, yo sé que usted es carpintero, pero el hijo suyo tiene potencial para llegar a ser un rabino. Mande ese muchacho donde el rabí fulano para que él esté a los pies de él y ver si puede llegar a ser un gran maestro».

Y el papá, cuando le decían eso, «¿Que mi hijo puede ser un gran maestro?», prefería perder un carpintero y ganar un gran maestro. Hermano, ese fue el caso de Pablo. Pablo era un niño que fue instruido desde temprano en los caminos del Señor. Él venía de una familia que había dedicado a eso y que fue puesto al cuidado de Gamaliel. Hermano, Gamaliel en aquel momento, eso era como el Harvard y el MIT de este tiempo, era el gran maestro en tiempos de Pablo, y Pablo estudia a los pies de Gamaliel.

Además, se entiende que el apóstol Pablo, para poder llegar a los pies de Gamaliel, era una persona que tenía que haber memorizado todo el Antiguo Testamento completo. ¿Usted cree que fue Pablo que escribió Romanos así por casualidad? ¿De que: «No, que yo creo que allá se dice…»? No, hermano. El apóstol Pablo tenía el Antiguo Testamento en la cabeza, no el Salmo 23 como lo tenemos nosotros: «Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos…» No, hermano. El apóstol Pablo tenía la Ley en la cabeza, memorizada, y te podía citar el Antiguo Testamento, a un punto tal que en Hechos, capítulo 17, del 2 al 4, dice que el apóstol Pablo discutió durante tres días de reposo con los judíos.

Y no era de que: «Ay, por favor, háganse cristianos, acepten a Cristo». No, no, no, ese no era el mensaje de Pablo. El mensaje de Pablo es: en Cristo se cumplieron las profecías por esto, por esto y por esto. Las profecías de Miqueas, las profecías de Isaías: «Miren lo que se dijo aquí de Cristo». El apóstol Pablo estaba exponiéndole la Ley a los judíos.

Cuánta falta hace en este tiempo, hermano, gente que conozca, aunque sea, cristianismo básico, para que cuando les pregunten la razón de su esperanza, en vez de decir: «No, yo me hice cristiano porque yo entendí», diga: «Yo me hice cristiano porque estoy persuadido de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y mi Salvador». Estén prestos a presentar defensa ante todo aquel que demande la razón de su esperanza.

Ya les dije lo que hay que hacer, pero en este punto también me gustaría decirles cómo hay que hacerlo. No solamente Pedro nos dijo que defendiéramos, también nos dijo que defendiéramos con tres actitudes básicas. Primera actitud básica para defender la fe: él dijo que lo hagamos con mansedumbre.

¿Y cuánta falta le hace esto al pueblo evangélico? Hermano, nosotros somos reconocidos ante la sociedad como bravucones, como gente que, en la discusión, lo que queremos es apabullar. Dice la Escritura que defendamos nuestro punto con mansedumbre. ¿Usted ha visto a Cristo ante Pilato, hermano? Cristo estaba ante Pilato así, y Pilato arriba. Yo me imagino allá en su tarima, él mira a Cristo y le dice: «Entonces, tú eres rey de los judíos». «Tú lo has dicho». «¿Y no vas a decir nada a favor tuyo?» Y él dice: «Pero a mí me parece que este es el Hijo de Dios». Y dice la mujer: «Mira, Pilato, ese hombre, ese es un justo, no hagas nada». Y Pilato dice al pueblo: «Pero este hombre no ha hecho nada, no encuentro…». Pero no ha hablado Cristo todavía.

Hermano, si fuéramos nosotros hubiéramos dicho cosas ahí: «Mira, Pilato, yo quería estar aquí delante de tu presencia para decirte que esto y aquello…». Hermano, Cristo no dijo nada; dice la Escritura: «Como oveja… no abrió su boca». Solo le dijo el Señor a Pilato: «Tú lo has dicho; eres tú que lo dices». Presentemos defensa sobre Cristo, hermano; lo primero es que estamos llamados a presentar defensa ante el que nos demande razón de nuestra esperanza. No es por la calle atropellar a la gente en otras convicciones.

Sin embargo, en tu trabajo te preguntan: «Fulano, pero tú eres un cristiano, ¿y qué tú piensas sobre esto?» «Ah, espérate, yo tengo cosas que decir. Vamos a sentarnos. Me gustaría, mira, después del trabajo, si tú tienes unos quince minutos, que nos juntemos para que veamos lo que dice la Escritura respecto de eso. ¿Tú estás disponible?» Estemos dispuestos con toda mansedumbre.

5. Mansedumbre, reverencia y buena conciencia

Mire una definición etimológica de lo que es ser manso, porque la gente no sabe lo que es el manso. Manso no es una persona de espíritu apagado, un manso no es una persona mojigata. No, eso no es un manso. ¿Saben lo que es un manso? Una expresión que sería equivalente es «un caballo domado». ¿Ha visto usted este caballo que tiene esta energía, así, que nadie puede con él? Cuando el caballo es domado, el caballo conserva toda su energía, toda su potencia, toda su capacidad, pero la orienta en una sola dirección, y con elegancia.

¿Ha visto lo que es un caballo caminando? No un caballo bravo que está así como subiendo las patas. No. Lo que es mansedumbre, hermano, es un caballo domesticado. Un hombre manso es un hombre que puede debatir en completo dominio de sus pasiones. Es una persona que, ante una discusión, que ante un debate, no se exaspera, no se exalta, no manotea, no… «¿Que Cristo es el Hijo de Dios? ¡Hermano!» Eso no es mansedumbre.

Dice la Escritura que estamos llamados a presentar defensa con toda mansedumbre. O sea, entrar en toda tu posición con total dominio de tus expresiones, con total dominio de tus pensamientos, con total dominio de tus palabras, con total dominio de tus gestos. Qué hermoso es un cristiano haciendo defensa de Cristo, tomando el control de sus pasiones, que no se deja exasperar por lo contrario, sino que les responde con toda mansedumbre.

Pero al mismo tiempo dice que lo hagamos con reverencia. Y hacerlo con reverencia, hermano, una reverencia es un respeto especial. Es como tú hablas cuando estás ante un gran dignatario, ante una gran autoridad, que tú no hablas como alocadamente, sino que tú hablas con cierto comportamiento, mantienes cierto porte, cierta reverencia. Dice la Escritura que lo hagamos con toda mansedumbre y que lo hagamos con reverencia.

Hermano, hacerlo con reverencia es evitar el exceso de confianza. Hay cristianos que debaten como que ellos son los únicos que han visto. Hermano, tú tienes la verdad, pero vete al paso, no ofendas al contrario, sin burlarte de los demás por su posición. Hay cristianos que quieren ridiculizar a los otros y ponerlos en vergüenza. Yo era así, hermano.

Yo lo he testificado, que mi deporte era ese. Yo esperaba a los testigos de Jehová en mi casa con las revistas Atalaya, subrayaba para humillarlos, y a mí me daba gusto cuando los dejaba sin argumentos. Y cuando la gente se quedaba así como que no, no tenía más, me decían: «Yo voy a traer otra persona para que hable contigo». Hermano, yo me sentía victorioso y yo decía en mis adentros: «Lo vencí, lo apabullé». Eso es carnalidad, hermano, eso es orgullo.

Dice la Escritura que lo hagas con mansedumbre, en control de tus pasiones, y que lo hagas con reverencia, distinguiendo al contrario. Hermano, una reverencia en el debate es escuchar las otras partes. «¿Oh, tú eres un ateo? Me gustaría escuchar tu posición, exprésamela. ¿Tú eres un agnóstico? ¿O tú eres homosexual? ¿Tú entiendes que la preferencia sexual… en qué sustentas tu posición? Explícamelo, me gustaría. ¿Tú estás dispuesto a hacer esa pregunta?» «Oh, sí, usted es lesbiana, usted entiende que… ¿y cómo usted ha llegado a entender que eso es un asunto que es honroso, que es un asunto que es factible? Ajá, me gustaría escucharte».

Hermano, eso es reverencia, pero son homosexuales, una lesbiana… Hermano, con toda mansedumbre y con toda reverencia, sin refutaciones personales. Miren, los cristianos tenemos que ser muy cuidadosos, porque en los asuntos de pecado nosotros no somos extraños a ese asunto. Hermano, todos somos pecadores, dice la Escritura; en eso somos un club.

Ten cuidado en tú debatir contra el pecador como si tú no fueras uno, porque entre los bomberos no nos pisamos la manguera. O sea, esto es de pecador a pecador. «Yo también soy un pecador, lo que pasa es que yo soy un pecador redimido, soy un pecador perdonado, soy un pecador libertado. El Señor tuvo también misericordia de mí; yo no soy mejor que tú». Hermano, nosotros en el debate, en la apología, no elaboramos argumentos contra personas, nosotros condenamos conductas a la luz de la Palabra del Señor.

Y hay que ser muy cuidadoso, porque la Escritura dice que el Señor ama a esa gente. No ama sus pecados, pero ama a esa gente. Mire usted a un homosexual con que vive una vida promiscua, pero Cristo le ama y también murió por usted. Y yo no soy mejor que tú. Y tú puedes decir eso sinceramente, que tú no eres mejor que él. «Todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se fue por su camino».

Ten cuidado con esto, hermanos, porque nosotros no estamos llamados a refutar personas, sino a refutar conductas. Dice Pedro que lo hagamos con mansedumbre, que lo hagamos al mismo tiempo con reverencia, y aquí, hermanos, que le añadamos algo más: que lo hagamos con limpia conciencia. ¿Qué es hacer un asunto con limpia conciencia? Es tú darte a ti mismo testimonio de que tú no estás haciendo esa misma cosa.

No ser un simulador. Hermano, qué difícil es uno debatir estas cosas ante personas, y uno sabe que está haciendo lo mismo. «Ah, yo te estoy condenando a ti porque tú eres una persona promiscua». Pero cuidado, hermano, si se te está llenando tu mente de pornografía. «Ah, yo te condeno a ti», pero ten cuidado si estás tú deseando la mujer de tu prójimo. «No, porque esto es reprobado…» Que tal cosa. Pero ten cuidado si tú estás trayendo lo que no te corresponde.

Hermano, para tú ser un buen apologista, para tú defender, dice la Escritura que no solamente hay que hacerlo con reverencia, también hay que hacerlo con limpia conciencia, que no haya un testimonio interno que te esté diciendo: «Tú no tienes autoridad moral para estar defendiendo esas cosas». Hay que limpiar el ojo propio, hay que evitar la simulación. Dice la Escritura que seamos irreprensibles.

Hermano, un hombre irreprensible no es un hombre que no ha cometido errores; es un hombre que ahora mismo, en este momento, no tiene cola que le pisen. Qué tal la dificultad que muchos tienen en este tiempo para defender estas cosas. Están defendiendo eso, pero «mira ahí el pastor que salió en Alicia Ortega, que ponía la misión, le ponía la danzarina y la llamaba por teléfono». «Están defendiendo eso, pero mira quién es lo que anda ahí». «Ah, el cardenal dice que no hay que…» Pero mira, el cardenal no ha condenado a los sacerdotes esos que violaron los niños. ¿Esto no es lo que nos dicen?

Hermano, es muy cuesta arriba uno defender estas posiciones cuando no hay una limpia conciencia, cuando uno está haciendo un ejercicio mecánico de defender, y su conciencia le está diciendo: «¿Y quién eres tú para estar defendiendo eso?» El que piensa que está firme, mire que no caiga, dice la Escritura. «Saca la paja de tu ojo» antes de estar tratando de revisar la vista a tu contrario. ¿Cómo hacerlo? Hermano, con mansedumbre y con limpia conciencia.

Hay varias actitudes que tenemos que evitar para defender las posiciones de Cristo. Primera: creer, hermano, que nuestras convicciones son entendidas por todo el mundo. Miren, hay cristianos que predican el Evangelio y piensan que todo el mundo entiende esto a la primera. ¿Usted sabe qué dice la Escritura? Que estas cosas, para los que están perdidos, todavía son locuras.

Pero hay cristianos que se desesperan porque no entienden, «pero es que esto está tan claro, y por qué que la gente no lo ve». Tú antes no lo veías. ¿Y cuántas veces no fuiste tú expuesto a la verdad del Evangelio y no lo entendiste? Hermano, ten cuidado, porque a veces uno piensa: «No, es que mi posición… Esto es un país cristiano y todo el mundo lo entiende». No, hermano, la gente no entiende eso.

El Evangelio solamente puede ser entendido cuando se explica racionalmente y, por la ayuda sobrenatural del Espíritu Santo, el entendimiento es abierto. Asunto a evitar: creer que con buenos argumentos podemos convencer al pecador. Mira, tú puedes ser un pico de oro, hermano. Tú puedes ser la persona que elabore el discurso más redondo sobre esta tierra, pero el convencimiento de pecado… La última vez que yo vi mi Biblia, decía la Escritura que era algo que lo hacía el Espíritu Santo.

Podemos ser usados por el Espíritu Santo para convencer al hombre de pecado, pero un debate de tú a tú no produce salvación. Por eso hay que confiar en que el Señor tenga misericordia, como la tuvo de nosotros. Asunto a evitar, hermano: no hagamos a la víctima el adversario. Eso fue lo que le pasó a Estados Unidos en Vietnam, que cuando llegaron soldados a liberar al pueblo, comenzaron a maltratar al pueblo, y el pueblo los aborreció.

Nosotros no hemos sido llamados, hermano, a darle con el palo al pecador; estamos llamados a reconciliar a todos con Cristo. O sea, que la labor que nosotros estamos haciendo ante el pecador no es venir al pecador a derribarlo, a destruirlo, a humillarlo, a demostrarle que «te gané». No, hermano; la labor que nosotros estamos haciendo es ir a buscar al pecador, porque él es víctima del mismo modo que lo eras tú.

No hagas del incrédulo el enemigo; el enemigo no es él, él es víctima de tu mismo enemigo. Estamos llamados a rescatar, no estamos llamados a destruir. No somos «nosotros contra ellos», hermano; somos «nosotros por ellos». No es la iglesia contra los homosexuales; no, es la iglesia porque todos los hombres vivan una vida agradable al Señor. Por fuera de su conducta, ahí hay uno por el cual Cristo murió.

Asunto a evitar, hermano: no pienses que tu mundo es el mundo. A veces uno habla con esta confianza, como que si lo predominante en nuestra sociedad fuera el pensamiento de Dios. ¿Sabe qué dice la Escritura que nosotros somos? Dice la Escritura que nosotros somos remanente. Remanente, hermano, es un pedacito que quedó cuando todo se dañó.

Dice la Escritura que somos pequeño rebaño. Dice la Escritura que somos pueblo adquirido por Dios, que somos nación santa entre las naciones perversas. Ten cuidado, porque tus posiciones, cuando tú las manifiestas, no son compartidas por todo el mundo, y no te sientas mal. Pero imagínese usted, hermano, que vengan aquí los chinos diciendo que hay que comerse los asuntos con los palitos, y entienden que todo el mundo… «No, eso es para allá», dice la gente. Es lo mismo que tú le dices a la persona: «No, hay que vivir en santidad, hay que promover el matrimonio según lo definió Dios». «Ajá, ¿tú me quieres poner a mí a comer con palitos?»

Hermano, esta no es la posición predominante; esta es la excepción, pero la excepción es la voluntad de Dios.

Asunto a evitar, esto es importante: olvidar que la imagen de Dios está también en ellos. Por eso es que merecen respeto. Es más, nosotros, todos los seres humanos, todos fuimos creados a la imagen de Dios. Y esa imagen del Señor está media maltratadita en determinadas personas, y hace que sus pensamientos sean pensamientos trastornados, pero algo de la dignidad que el Señor le puso ahí queda todavía.

Es más, una de las razones por las cuales podemos argumentar con confianza es que yo sé que ese cerebro lo diseñó el Señor y que ese cerebro tuyo le hace sentido a los argumentos de Dios. ¿Por qué podemos debatir, hermano, con confianza? Porque es que la lógica la hizo Dios. Y yo te estoy diciendo, le estoy diciendo a tu cerebro, que ha sido diseñado por el Señor, que esta es la verdad que el Señor determinó para nosotros. La imagen de Dios está en todo ser humano, hermano; por eso es que nosotros nos oponemos al asesinato, por eso es que nos oponemos a cualquier actividad que denigra al ser humano en su condición, porque entendemos, hermanos, que el ser humano fue hecho a imagen de Dios.

6. Argumentar con el ejemplo y el peso del testimonio

Por último, le dijo el apóstol Pedro a la iglesia, en el capítulo 3: «Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo». Le dice aquí Pedro, en cortas palabras: hermano, argumenta con el ejemplo. ¿Qué dicen ellos sobre ti? ¿Qué dice esa persona con la cual tú estás debatiendo? ¿Cuál es la idea que tenía de ti antes de que comenzara el debate? ¿Había visto el fruto del Espíritu Santo manifestándose en tu vida?

Yo sospecho —solo sospecho, muy para mis adentros— que la gente está más en contra del comportamiento altivo y del mal testimonio de algunos creyentes que de su doctrina. El problema aquí que se está debatiendo, hermano, no es la doctrina de Dios, es el comportamiento de nosotros. La ciudad de Santo Domingo ahora mismo está enardecida contra las posiciones conservadoras. ¿Saben por qué? Porque quienes sostienen las posiciones conservadoras, la imagen que dan…

Oh, dígame usted, hermano, cuando el cardenal sale hablando por televisión y habla con esa bravuconería, ¿qué es lo que piensan los dominicanos? Cuando los cristianos salen por la calle a ofender y a despotricar contra aquellos que no tienen su estilo de vida, ¿qué es lo que piensan ellos? «¿Y quién eres tú para imponerme tu estilo de vida?» Decía Pedro: prediquen con su ejemplo.

Hermano, esto está complicado ahora mismo. Miren, yo hice una encuesta hace no más de cinco años, cerca de seis años, con quienes trabajaban conmigo en Hospitel en aquel momento. Les mandé un correo a cada uno de ellos y les dije: «Fulano, dime la razón por la cual yo tengo tanto tiempo invitándote a una iglesia y tú no me acompañas, que vengas a la casa del Señor conmigo; sé muy sincero», les puse. Y mis compañeros de trabajo en Hospitel me respondieron ese correo.

Y ellos me dieron razones por las cuales no visitaban una iglesia cristiana. Algunas razones eran razones más superficiales y había otras razones más profundas. Uno de ellos fue muy claro; él me dijo: «Mi tío es pastor. Yo he visto cómo mi tío se ha enriquecido con una iglesia pequeña, explotando a los feligreses». Y yo le respondí; me enardecí cuando escuché esto. «Ah, es que tu tío…» Yo le dije: «¿Y por qué tú no lo demandas?» Entonces me repuso después: «Porque es mi tío».

Hubo otro de ellos que me dijo: «Mi madre y mis hermanos son cristianos». Es difícil uno argumentar a favor de Cristo, hermano, cuando el testimonio de los hijos de Cristo no está bueno en esta ciudad. Uno quiere hacerse loco, hermano, pero mis amigos, ¿quiénes eran mis amigos? Miren, gran parte de los mejores músicos de este país son amigos míos. Yo, en tiempos en que yo dirigía los jóvenes, lucía con estos muchachos, comenzando una escuela de música una vez en Lucerna.

Y muchos de ellos fueron contratados cuando un hermano cayó en una posición pública, en un asunto ahí de la CDE, lo pusieron en un plan, algo, y los contrataban porque él era pastor de una iglesia; entonces contrataba a las personas en una dependencia pública y se los llevaba a que fueran músicos de la iglesia. Y con eso les pagaba. Salieron en Nuria mis amigos. Y yo no digo esto, hermano, lleno de orgullo, son mis amigos; salieron en Nuria la foto de ellos, la cédula, «Mira ahí a fulano, mira a fulano, mira a fulano». ¿Y qué decía Nuria? «Este es un pastor evangélico que está en una dependencia pública, contrata a estos músicos por allá, les paga un sueldo de los bienes públicos y los lleva a tocar a su iglesia».

Hermano, es complicado argumentar a favor de Cristo. Tengamos limpia conciencia; vamos a argumentar con el ejemplo. Nosotros queremos que prevalezca la posición de Dios, hermano, vamos a tratar de comportarnos como hijos de luz. Todos los días aparece un pastor cristiano que hizo destrucción en alguna parte. Entonces yo quiero decir: «No, ese no es de mi iglesia, ese es de tal iglesia». Hermano, la iglesia de Cristo es una.

¿Tú crees que el impío está pensando: «No, ese no es…»? Hay algunos que entonces cometen doble pecado, porque también se vuelven… «No, eso es en la iglesia fulana; en mi iglesia no suceden esas cosas». Hermano, la iglesia de Cristo es una. ¿Tú crees que el mundo sabe lo que es la iglesia Génesis 30:16, o la iglesia evangélica Pez Mundial? El mundo no sabe eso. El mundo dice: «Son los cristianos que están haciendo eso». Déjame decirte, nosotros somos evangélicos protestantes, pero aún los sacerdotes católicos que andan por ahí, eso, hasta eso, indirectamente nos afecta.

7. Conclusión: cómo permanecer y oración final

¿Cómo podemos nosotros permanecer? Lo primero: prepárate para padecer. Lo segundo: no te amedrentes. Lo tercero: santifica a Dios en tu corazón. Prepárate para presentar defensa y, al mismo tiempo, evita algunas actitudes y argumenta con tu ejemplo.

Pedro terminó su pasaje de la misma manera que lo comenzó. Dice él, al final de su consejo: «Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal». Terminó con ñapa, hermano. Hay hermanos que están padeciendo aquí por su fe, pero ten cuidado, que hay que padecer haciendo el bien. La gente dice: «No, hay algunos hermanos…» Dicen: «No, la gente me rechaza». Pero ¿te rechaza por tus doctrinas, te rechaza por tu comportamiento, o te rechaza porque eres una persona insoportable en el lugar donde estás trabajando?

Hermano, que seamos rechazados por hacer el bien. No que «la gente está contra mí», y tú no estás cumpliendo con tus compromisos. ¿Qué testimonio tienes tú con los de afuera, como dice la Escritura? Hermano, vamos a ser perseguidos, pero por hacer el bien. Permítanme orar para que todos ustedes puedan participar de este gran debate que está sucediendo en nuestra ciudad, pero que puedan hacerlo con autoridad moral, que puedan hacerlo con mansedumbre y que lo hagan también con reverencia. Cierren sus ojos un momento y oro por la iglesia.

Mira, Señor, esta gran oposición que están teniendo tus verdades en este momento en nuestro país. Mira la República Dominicana, mira cómo naciones más grandes están exportando su maldad. Mira cómo las posiciones tuyas, Señor, están siendo ridiculizadas. Mira cómo nos sentimos zarandeados. Te pido por mis hermanos, para que en medio de sus padecimientos por hacer el bien sean alentados.

Te presento a mis hermanos que están aquí congregados, Señor, para que puedan debatir llenos de gracia, llenos de verdad, con mansedumbre. Mira esta carnalidad, Señor, que nos hace preferir ganar un argumento y no ganar un alma. Mira esta vanidad, Señor, que nos hace a veces querer debatir con las personas para humillarlas y no para traerlas a la luz.

Mira nuestra conciencia, Señor, mira mi conciencia, que de vez en cuando, con frecuencia, el Señor me recuerda que quizás no estoy a la altura de mis argumentos. Permite que nuestro ser interior, nuestro ser privado, Señor, en la intimidad de nuestra casa, en la intimidad de nuestras habitaciones, en la intimidad de nuestros pensamientos, donde la gente no nos ve, Señor, que nuestra conciencia ahí se parezca a nuestros argumentos.

Permítenos tener argumentos que sean consecuentes, Señor, con lo que dice nuestro ser interior. Mira nuestro testimonio con los de afuera. Mira a mis hermanos, Señor, que la gente que les hará preguntas es la misma gente con la que quizás ellos han estado comportándose inadecuadamente. Termino pidiéndote, Señor, por nuestro país.

Mira este país, Señor, que durante cientos de años ha prevalecido porque fue sustentado, y dice en su escudo: «Dios, Patria, Libertad». Mira este país, Señor, donde la gente quiere tener libertad y quiere tener patria, pero zanjando a Dios. Ten misericordia de la República Dominicana. Señor, sabemos que esta lucha no es contra carne ni contra sangre.

Provee, Señor, provee, Señor, para que cuando tu iglesia argumente tu Espíritu Santo también ayude, dando la satisfacción, Señor, de que en este momento en que se están debatiendo asuntos morales, la iglesia haga una defensa digna, que no seamos avergonzados, Señor. Ten misericordia de nosotros. Mira aquí a mis hermanos, Señor, que también están siendo zarandeados.

Mira aquellos que quizás, Señor, por desconocimiento piensan que el Evangelio es solamente una emoción pasajera. Mira aquellos que no han entendido la perfección de tu revelación. Permite que como iglesia, Señor, podamos crecer en madurez, para que cuando participemos o no participemos en la conversación, Señor, nuestros argumentos sean consecuentes con los tuyos.

Ayúdanos en todo esto, Señor, proveenos en todo esto, en el nombre de Jesús. Amén. Que el Señor les bendiga mucho, hermanos. Nos vemos en la semana en las diferentes actividades, y el próximo domingo nos vemos en la escuela bíblica unida. Que el Señor nos ayude.

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