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Palabras de aliento de permanecer en la fe

Hebreos 10:23-25

En medio de luchas, tentaciones, caídas y afanes, Dios nos anima a permanecer en la fe por medio de sus firmes promesas, el estímulo mutuo entre hermanos y la vida de la iglesia local, recordándonos que fiel es el que prometió y que podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia para hallar misericordia y oportuno socorro.

Predicado23 de junio de 2013
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Después de haber, Señor, celebrado tu presencia en medio nuestro, después de haber ofrendado, después de habernos gozado con los testimonios de nuestros hermanos, ahora nos disponemos a recibir el consejo de tu Palabra. Te pedimos, Señor, que traigas una provisión especial hoy y que, cuando las personas escuchen tu Palabra predicada, puedan entenderla y ponerla por obra. Encomendamos cada persona que está congregada, Señor, mira a aquellos que han recibido ya la instrucción de tu Palabra, Señor, y la han atesorado en su corazón. Mira a aquellos que están visitándonos por primera vez y quizá no están acostumbrados a escuchar un sermón cristiano. Permite que sea tu Santo Espíritu en medio nuestro, permitiendo, Señor, que tu Palabra se entienda, que tu Palabra se obedezca.

Tenemos la firme convicción, Señor, de que tu Palabra es pan. Permite que hoy tu pueblo sea alimentado por una provisión especial. Todo esto te lo pedimos para tu gloria, en el nombre de Jesús, amén. Acompáñenme con sus Biblias en el libro de Hebreos. Estaremos estudiando hoy tres versículos solamente del capítulo 10 del libro de Hebreos, desde el versículo 23, luego el 24 y terminamos con el 25. Tres versículos de la Palabra del Señor que entiendo pueden ser palabras de aliento para que podamos permanecer en la fe del Señor. Son fuentes de aliento, palabras de aliento para permanecer en la fe. Estaremos considerando solamente estos tres versículos y, antes de comenzar, me gustaría decirles algo más para introducir nuestro tema.

Tres grupos de oyentes y el contexto de Hebreos

Estoy considerando tres grupos de personas que probablemente hoy estén en medio nuestro. Al prepararme para enseñar de esta porción de la Escritura del libro de Hebreos, estuve pensando en tres grupos de personas claramente definidos. Quiero hoy hablarles y predicarles a quienes están luchando para permanecer en la fe. Quizás son hermanos nuestros que han tenido grandes luchas, que han estado dubitativos, que han estado considerando volver atrás. Me gustaría darles estas palabras de aliento, para aquellos hermanos que están luchando, para que ellos puedan consolidarse y permanecer en la fe cristiana.

También quisiera hablarle a aquellos que fueron cristianos y no permanecieron. Quizá tenemos personas en medio nuestro que ya aceptaron la fe cristiana en algún momento y volvieron atrás. Quizás son personas que ya conocen el evangelio, son personas que han estado en contacto con la iglesia, son personas que en algún momento rindieron su vida al Señor, pero no han podido permanecer, se fueron atrás y quizá al día de hoy la vida cristiana no es una realidad para ellos. Y me gustaría, en tercer lugar, hablar con aquellos que están comenzando a considerar el cristianismo. A las tres personas, a los tres grupos, los tres grupos entiendo que necesitan lo mismo: necesitan permanecer. He venido a darles palabras de aliento para que el cristiano permanezca.

He venido a darles palabras de aliento para que aquel que abandonó la fe cristiana vuelva al redil del Señor y quiero darle palabras de aliento para que aquellos que están comenzando a considerar la vida cristiana puedan ser consolidados. Son tres versículos tomados del libro de Hebreos. Como introducción les diré que los primeros lectores del libro de Hebreos eran creyentes de origen judío que enfrentaban una doble oposición. En primer lugar, estaba la oposición del mundo, la oposición natural que enfrentamos todos nosotros, el mundo que se opone a que hagamos la voluntad de Dios. Pero, en segundo lugar, estos hermanos tenían otra gran oposición, y era la oposición de sus amigos y familiares judíos que les estaban persiguiendo porque habían aceptado al Señor Jesucristo como su Salvador.

Estos destinatarios de la carta a los Hebreos tenían una doble persecución. Por un lado les perseguía el mundo, que nos persigue a nosotros también, pero los perseguían sus mismos familiares y amigos, y se habían quedado solos. Si usted lee todos los capítulos del libro de Hebreos, el libro de Hebreos son palabras de ánimo y de consolidación para que estos hermanos judíos no claudiquen y vuelvan atrás. Me gustaría que reciban ustedes estos tres versículos, hermanos, como lo que son: palabra de aliento del Señor para todos nosotros. Hermano que has estado luchando con tu fe, recibe esto como palabra de aliento que viene del Señor. Amigo, si volviste atrás después de haber aceptado al Señor Jesucristo como tu Salvador, esto es una palabra de aliento para que vuelvas a su casa. Y quizás eres una persona que comienzas por primera vez a considerar la Palabra del Señor, esta palabra de aliento también es para ti.

Lectura de Hebreos 10:23-25 y primera fuente de aliento

Son diferentes fuentes. Dice así la Palabra del Señor, acompáñenme en Hebreos, en el capítulo 10, y leamos primeramente el versículo 23, dice así la Palabra del Señor:

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

— Hebreos 10:23

Les voy a leer los dos versículos más y después me detendré en el primero:

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca.

— Hebreos 10:24–25

Son tres versículos, hermanos, y estos tres versículos son fuente de aliento para las personas en sus diferentes momentos. La primera fuente de aliento que tiene este pasaje son las firmes promesas de Dios. Nos dice: “Mantengamos firmes, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”. Estaré considerando en primer lugar esta fuente de aliento, porque es la fuente de aliento primordial, es la fuente de aliento más confiable, es la fuente de aliento más permanente. Primera fuente de aliento: las firmes promesas de Dios.

Amigo que estás aquí, hermano que estás aquí, persona que estás considerando la fe cristiana, si acaso piensas que será difícil la lucha, sí, la lucha será difícil. Pero la primera fuente de aliento son las firmes promesas del Señor. Respondo a la pregunta: ¿tenemos razones para confiar plenamente en las promesas de Dios? ¿Podemos creer nosotros que las promesas de Dios son firmes? ¿Es para nosotros una realidad, tal como dice este versículo, que quien prometió es fiel? Quiero darles algunas razones por las cuales podemos confiar en el Señor. La primera razón por la que podemos confiar en el Señor es que aquel que ha prometido no tenía necesidad de prometer. Hermanos, el Señor nos está dando cosas a nosotros a las cuales Él no estaba obligado a dárnoslas.

Las promesas que hace el Señor no las ha hecho porque nosotros merecíamos promesas, son promesas que han salido de pura gracia. Y podemos ver en sus promesas, hermano, la firme voluntad de cumplirlas. ¿Por qué razón puedo creer yo en las promesas de Dios? Porque a mí me han hecho extraordinarias promesas, promesas que yo ni siquiera estaba buscando. No fue una cosa que el hombre le pidió a Dios que prometiera, no, salió del Señor prometer. Podemos confiar en las promesas del Señor porque Él no tenía necesidad de hacerlo. Persona que estás aquí, que estás quizás dudando en tu fe, ¿puedes creer tú que las promesas del Señor para ayudarte en este caminar cristiano son promesas que se van a concretar? En primer lugar, podemos creerlo porque el Señor no tenía necesidad de hacerlo, y lo hizo.

Razones para confiar en las promesas de Dios

Hay otra razón por la cual podamos nosotros creer en las promesas de Dios. Esta es más sencilla, y es que las promesas son consecuentes con su carácter. El carácter de Dios es amor. Y aunque parezca extraño que el Señor haya provisto tantas cosas para nosotros, es natural que el Señor así mismo lo vea, porque es la consecuencia natural de lo que Él es: Él es amor, y sus promesas se parecen. Pero donde quiero detenerme, hermanos, es en esta tercera razón, que es la razón que más me sobrecoge: nosotros podemos confiar en las firmes promesas de Dios porque Dios ha cumplido consistentemente lo que Dios prometió. Hermanos, nosotros no somos nuevos en cuanto a las obras de Dios. El Señor está haciendo obras sobre esta tierra antes de que todos nosotros naciéramos, y consistentemente Dios ha sido fiel.

Hermano, cuando la Escritura dice que Dios es fiel, no es porque Él quiso ponerse ese apellido, es que la fidelidad de Dios ha estado presente de generación en generación. Yo no fui el primero que esperó una promesa de Dios, tampoco seré el primero al cual Dios le cumpla. Dios consistentemente ha estado cumpliendo; su buen nombre ha estado allí. Yo te pregunto a ti: ¿eres tú más importante que Abraham? ¿Eres tú más importante que Jacob? ¿Eres tú más importante que Moisés? ¿Te crees tú más relevante que David? Si a todos estos hombres el Señor les prometió y les cumplió, ¿quién eres tú para que Dios comience a fallar contigo? Hermano, ¿quién es Rafael Pérez para que Rafael Pérez pueda decir: “Dios, que le cumplió a Abraham, que cumplió a Jacob, que cumplió a David, comenzó a fallarme a mí”?

¿Quién soy yo para dañarle su récord a Dios? ¿Acaso podemos nosotros confiar en que fiel es el que prometió? Claro que fiel es el que prometió, porque si le ha cumplido a estos grandes hombres a través de la historia, ¿quiénes seremos nosotros para que el Señor comience a fallar con nosotros? Hermano, estamos sirviendo a un Dios… esto es una curiosidad lo que voy a compartir, la verdad que no quería derivar mi sermón por aquí. Esto es una curiosidad, pero a mí me interesa que todas las personas que están aquí presentes, cuando reciban las promesas de Dios, tengan la firme convicción de que Dios cumple. Y para eso he traído una curiosidad de lo cumplidor que es Dios.

Esto puede entrar en lo anecdótico. Esto que voy a decir es una curiosidad, hermano, la verdad que son cosas que uno dice: “¡Wow!, y el Señor tenía que haber cumplido eso también”. La promesa que he venido a decirles es que, en un pequeño salmo, un salmito, un salmo, hermano, de los que no son un salmo muy recorrido, no es el Salmo 23, un salmo no muy popular, se había profetizado que nuestro Señor, cuando esté en su pleno sufrimiento, iba a pedir agua y se le iba a dar vinagre. El Señor estaba ya en la cruz. Hermano, durante tres años el Señor cumplió extraordinarias promesas que solamente porque Él era Dios mismo hecho hombre pudo haberlas cumplido, y estaba ya sobre la cruz.

Estando sobre la cruz, después de haber cumplido, hermano, el Señor había resucitado muertos, nació de una virgen, nació en el tiempo señalado, todo lo que se había de cumplir sobre Él se cumplió, pero estaba ya en la cruz y había un pequeño trozo de un salmo que aún no había sido cumplido. Era cortito, hermano, y yo me pregunté: ¿quién estaba atento a esas cosas? Yo le diría al Señor: “De poca cosa, Tú has cumplido tanta cosa, deja eso ahí de lado y consuma tu obra”. Pero dice la Escritura:

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es.

— Juan 19:28–30

El Dios que cumple lo grande y lo pequeño

Hermano, nosotros estamos sirviendo a un Dios tan cumplidor que, agonizando sobre una cruz, dijo: “Tengo sed”. Yo me imagino los soldados que estaban ahí: “¿Tú quieres agua? ¿Tú quieres que te saquemos los clavos? ¿Tú quieres que te quitemos la corona? ¿Tú quieres tantas cositas?”. ¿Y le vas a decir que tienes sed? Hermano, ya en la cruz el Señor dijo: “Tengo sed” porque había un pequeño trocito de promesa que cientos de años atrás Él lo había dicho, que se iba a cumplir. Y el Señor es tan cumplidor que, estando en la cruz, pidió sed para que se le diera vinagre. Estamos hablando de la “pecata minuta” de las promesas de Dios, de las cosas más sencillas, ¿cómo no ha de cumplir el Señor las cosas más grandes?

Palabra de aliento para los hermanos que están aquí presentes: hermano, podemos confiar en las promesas del Señor, porque el Señor cumple lo grande, pero también cumple lo chiquito. El Señor hace que sucedan las grandes cosas, pero también el Señor atiende las pequeñas cosas. Podemos confiar en las promesas del Señor porque fiel es el que prometió. Traje ocho promesas del Señor, pude haber traído dieciséis, o pude haber traído treinta y dos, pero traje estas como botón de muestra, para que ustedes entiendan que en medio de sus dudas, en medio de sus tribulaciones, en medio de sus aflicciones, el Señor está presente y el Señor va a cumplir.

No son promesas exhaustivas, hermano, la verdad es que le admito como torillo lo hice: yo busqué en mi Biblia, tomé algunos libros y fui buscando promesas del Señor como al azar, como al azar, y encontré ocho promesas que yo les aseguro que el Señor puede cumplir. Ocho promesas de Dios que son nuestra primera fuente de aliento para permanecer. La primera de ellas: dice el Señor que ante nuestras debilidades promete que se compadecerá de nosotros, pues conoce nuestra naturaleza:

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

— Hebreos 4:15

Amigo que estás aquí presente, quizás estás considerando la vida cristiana, pero piensas: “¿Acaso podré yo superar mis debilidades? ¿Podré ser yo un cristiano a pesar de mis debilidades?”. Dice el Señor que de nuestras debilidades Él puede compadecerse. Es promesa suya.

Quizás hay hermanos aquí que están pensando volver atrás porque son débiles. Hermano, débil soy yo. Quizás tenemos aquí hermanos que han dicho: “Yo no puedo tener los niveles de excelencia en la vida cristiana para permanecer en esto, voy a volver atrás”. Hermano, ante nuestras debilidades el Señor ha prometido que Él puede compadecerse. Son botones de muestra. Comparto otro más: ante las tentaciones. ¿Eres tú tentado? Yo también. ¿Qué dice el Señor? Él promete que todas las tentaciones que enfrentemos, lo primero es que serán humanas, lo segundo, que Él las limitará según nuestras fuerzas, y en tercer lugar, que con cada una de ellas recibiremos también una salida.

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

— 1 Corintios 10:13

Hermano que estás aquí presente, si acaso estás siendo tú tentado y estás pensando que la tentación es una causa para tú volver atrás, te diré que junto con la tentación el Señor ha dado una salida. A veces, hermano, estamos atribulados, a veces estamos siendo zarandeados por diferentes lugares. Preguntémonos: ¿por qué lugar el Señor va a proveer? Pero es promesa del Señor que la tentación está en el género humano.

Promesas ante tentaciones, caídas y debilidades

Hermano, aquí nadie ha sido tentado como si fuera un extraterrestre. Usted ha sido tentado como es un hombre tentado. Son asuntos que competen con el género humano. El Señor no te va a dar una tentación, no va a permitir que seas tentado más allá de lo que tú puedas soportar. El Señor conoce tus límites. No son pocas las veces que los cristianos sentimos que la tentación sobrepasó nuestra capacidad. Hermano, bíblicamente eso no es posible. No son pocas las veces que nosotros sentimos: “Esta tentación me superó, esta es una ola más grande que yo”. Hermano, bíblicamente no es posible. Dice el Señor que la tentación estará limitada a nuestras fuerzas y que, para que podamos soportar, el Señor nos dará una salida.

Primera fuente de aliento, hermano, en medio de nuestra necesidad para que permanezcamos en la fe, son las firmes promesas de Dios. El Señor ha prometido que ante la tentación tendremos salida. Comparto otra más: dice el Señor que ante una caída, ¿qué hacemos? Promete que no será nuestro juez ni nuestro acusador, sino nuestro abogado. Dice la Escritura:

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.

— 1 Juan 2:1

Quizás aquí hay personas que se han devuelto en su fe porque pecaron. Quizás aquí hay personas que, después de venir a los caminos del Señor, volvieron a su viejo hombre. Quizás aquí hay personas que dijeron: “Yo no puedo ser un cristiano, porque ya volví a caer en la tentación”. Hermanos míos, si acaso tú no solamente fuiste tentado, sino que también tú caíste, entiende que tú tienes el mejor abogado que podrías tener. Aquel ante el cual tú eres deudor será el mismo que te estará defendiendo. Hermano, ¿quién no quiere participar en un caso así? Yo le debo a Él, pero Él me piensa defender.

Aliento, hermano, para permanecer en la fe. El primer aliento son las promesas de Dios, y promesa del Señor es que, a pesar de la caída, Él está presente. Un recurso que utiliza constantemente Satanás para que los cristianos apostaten de su fe es enseñarles que la caída es su destino. Y si acaso tú pecaste, entonces ya tú no eres un cristiano. Hermano, la vida cristiana es un maratón y a veces uno piensa que ya no termina, que no podrá avanzar, que ya no habrá salida después de esta tribulación. A pesar de tu pecado, me gusta lo que el Señor le dijo a David cuando David pecó: “Tu pecado ya ha sido quitado”.

Hermano que estás aquí presente, si acaso no es la naturaleza de un cristiano permanecer en el pecado, pero si acaso caíste, no es motivo para volver atrás, es motivo para depender de que tenemos a Jesucristo el justo y que Él será nuestro abogado. Aliento: las firmes promesas de Dios. Le dije que iba a compartir solamente ocho, lo voy a hacer un poco más rápido. Ante nuestra ignorancia y extravío, señores, hay gente que dice: “Yo no puedo ser un cristiano porque es que a mí me falta. Yo no tengo lo que tienes tú”. Te dicen algunos: “Tú puedes ser un cristiano porque tú lees la Biblia y entiendes; yo no entiendo nada cuando leo la Biblia”.

Dice la Escritura que nuestro Señor, como sumo sacerdote,

puede mostrarse paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad.

— Hebreos 5:2

¿Tú eres un ignorante? Te confieso: yo también. ¿Eres un extraviado, una persona que no sabe conseguir el rumbo en los asuntos espirituales? El evangelio es para ti. Si tú estás en el grupo de las personas que piensan: “Un cristiano es alguien que tiene facilidad para esto”, te digo: la facilidad es la del Señor en el camino. Es su Santo Espíritu que permite que nosotros entendamos la hermosura de su revelación.

Promesas en afanes, escasez, injusticia y disciplina

Palabra de aliento por medio de promesa: ante nuestra ignorancia y nuestro extravío, el Señor promete ser paciente. Ante los afanes, ¿qué dice el Señor? Promete que, cuando oremos, una paz que sobrepasa nuestro humano entendimiento guardará nuestros corazones y pensamientos:

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

— Filipenses 4:6–7

¿Qué es lo que dice nuestro primer versículo? El primer versículo que estamos considerando es que mantengamos firmes, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Estás en medio de mucho afán. ¿Cuál es la promesa de aliento del Señor? Que cuando ores te va a sobrecoger una paz que sobrepasará tu entendimiento. Hermano, esas son las cosas que son difíciles de explicar de la vida cristiana. ¿Cómo explicarle los colores al ciego, o la melodía al sordo? Pero los cristianos sabemos que en medio de amplia tribulación podemos orar al Señor y la tribulación no ha desaparecido, pero sentimos una paz que sobrepasa todo entendimiento.

Persona que estás aquí, que quizás estás pensando volver atrás porque estás envuelto en los afanes, te diré: ora al Señor, y la paz que sobrepasa todo entendimiento será la paz que inundará tu mente y tu corazón. Doy otra más, son promesas del Señor: ante la escasez, ¿qué ha dicho el Señor? Promete que suplirá de acuerdo a sus riquezas en gloria:

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

— Filipenses 4:19

Nuestro problema con la provisión del Señor es que nosotros oramos según lo que nosotros vemos, y si yo veo que ahí está la comida, yo puedo orar al Señor para que la comida pase de ahí hasta acá. Pero cuando nosotros no vemos dónde hay la salida, nos es más difícil orar. Entendamos que el Señor provee de acuerdo a sus riquezas en gloria. Él no va a proveer solo de las cosas que estamos mirando ahora mismo; Él va a proveer desde un lugar donde quizá tú y yo no estamos considerando. De ahí puede proveer nuestro Señor.

Quizás hay personas que están aquí presentes que se sienten muy atribuladas, como se sentían estos judíos creyentes. Fiel es el que prometió, y Él ha prometido que, en medio de la escasez, Él suplirá de acuerdo a sus riquezas en gloria. Ante la injusticia, cuando la realidad de la vida es la injusticia, esto a mí me toca especialmente. Yo le compartí a Carolina, mi esposa, que la injusticia a mí me desespera a un punto tal que como que me saca de mis casillas, y a veces digo: “Señor, pero toma control de mi carácter”. El Señor promete que exhibirá nuestra justicia como la luz y nuestros derechos como el mediodía:

Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía.

— Salmo 37:5–6

La mitad de los conflictos que tenemos los cristianos es en lugares donde entendemos que nuestros derechos no se están reconociendo. Y uno dice: “Yo quiero que me reconozcan mi derecho, yo tengo la razón”. Hermano, dice la Escritura que encomiendes a Jehová tu camino; es promesa del Señor: que confíes en Él y que Él hará, que Él exhibirá tu justicia como la luz y tu derecho como el mediodía. Son promesas del Señor, y hay más.

El octavo botón de muestra, y el último que les compartiré en este punto. Busquen en su Escritura, hermano, que encontrarán magníficas promesas del Señor, y fiel es el que prometió. Dice la Escritura, no solamente ante la injusticia, también ante su disciplina. Una realidad de la vida cristiana es que el Señor a veces le pone a uno la mano. Y, a veces, cuando el Señor a uno le pone la mano, entonces las personas dicen: “Es que Dios no me ama, es que el Señor no me está cuidando, es que Él no es fiel”. Hermano, fiel es el que prometió.

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

— Hebreos 12:11

Dios promete que no será la disciplina para nuestra destrucción, sino para nuestro perfeccionamiento. Yo no puedo garantizarle a ninguna de las personas que están aquí presentes, considerando la vida cristiana, que cuando se hagan cristianos todo en su vida irá bien. Yo no puedo garantizarle eso a nadie, quisiera yo que me lo garantizaran a mí. El Señor no prometió tal cosa. Lo que el Señor ha prometido, hermano, es que para un cristiano la tribulación tiene provecho y que todas estas cosas servirán para nuestro perfeccionamiento. Promesa que tenemos, y fiel es el que prometió.

Segunda fuente de aliento: el estímulo mutuo

Palabra de aliento, hermano, para que permanezcas en tu fe. Es que a veces el Señor te pone la mano, pero el Señor no ha venido a destruir, el Señor ha venido a edificar, el Señor ha venido a refinar, el Señor ha venido a perfeccionar. Y en medio, hermano, de la carencia más absoluta, un cristiano entiende: “Es que el Señor me ha puesto la mano”. Dice ahí mismo, un poco más hacia atrás, que es que somos hijos del Señor y que el Padre, el buen Padre, al hijo que ama, disciplina.

Son aspectos de la vida cristiana que a veces los no creyentes no entienden. Es que alguien se hace cristiano y dicen: “Ah, se hizo cristiano y se le cayeron todos los palitos de la casa; después que aceptó a Jesucristo, las cosas le comenzaron a ir mal, le comenzó a ir mal en el trabajo”. No, no te está yendo mal, te está yendo en el mejor momento de tu vida. Lo que pasa es que nosotros no estamos acostumbrados a recibir del Señor la disciplina. El Señor es un buen Padre; el buen Padre, al hijo que ama, disciplina y, a veces, recibimos la fuerte mano del Señor, pero no es una mano para destruir, es una mano para edificar.

Primera fuente de aliento, hermano, para que podamos permanecer en la fe, fue la fuente de aliento que se les indicó a los hermanos de Hebreos: fiel es el que prometió, y podemos nosotros estar firmes en las promesas del Señor. Tengo que pasar a una segunda fuente de aliento, porque son tres. Primera fuente de aliento que nos da el libro de Hebreos en el capítulo 10 son las firmes promesas del Señor, dice que fiel es el que prometió. ¿Y cuál es la segunda fuente de aliento? Dice también que el estímulo de nuestros hermanos puede ser una poderosa fuente de aliento:

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.

— Hebreos 10:24

Hermano, las promesas del Señor no fallan, pero hay veces cuando estás en plena oscuridad y te es difícil confiar en la promesa, por ahí aparece un hermano al lado que te dice: “Hermano, confía, que yo también estoy contigo”. La vida cristiana es posible porque no solamente tenemos la promesa del Señor, también tenemos hermanos que pueden alentarnos a confiar en la promesa del Señor.

Primera fuente de aliento: las firmes promesas de Dios. ¿Cuál es la segunda? El estímulo de nuestros hermanos. La palabra es “considerémonos”. Dice el autor que unos a otros tenemos que considerarnos, y yo quiero explicar lo que significa esta consideración. La definición de considerar es pensar en algo detenidamente, intencionalmente, con mucho interés, hacerlo durante un largo tiempo hasta llegar a entenderlo plenamente. Cuando una persona quiere comprar una propiedad, dice: “Yo estoy considerando la posibilidad de comprar esa propiedad”. ¿Y qué es lo que él realmente está haciendo? Él está midiendo, él está analizando, él está mirando si la hará con un préstamo, él está haciendo cálculos, él está evaluando.

Dice la Escritura que nosotros tenemos que considerarnos unos a otros; tenemos que pensar en nuestros hermanos detenidamente. Pero esta consideración tiene un destino, dos orientaciones de nuestras consideraciones sobre el estímulo mutuo: lo que debemos dar y lo que debemos esperar. En primer lugar, amor; y en segundo lugar, buenas obras. Dice la Escritura que tú deberías dedicar un tiempo para considerar a tus hermanos, para ver cómo estimular a tus hermanos al amor, a tener actitudes que estén en consonancia con el carácter de Dios, y a las buenas obras, actos que estén en consonancia con la voluntad de Dios.

¿Para qué uno es miembro de una iglesia cristiana? Uno es miembro de una iglesia cristiana, en primer lugar, para honrar lo que dice la Palabra del Señor, y en segundo lugar, porque en una iglesia cristiana podemos hacer los unos a los otros. Y este “unos a los otros” incluye la consideración. Pero ustedes no entienden lo que significa amor. Miren, el concepto occidental que tenemos, los occidentales tenemos un concepto de amor que no es el amor cristiano; es el amor platónico. En el amor platónico, amor es necesidad y satisfacción. ¿Qué es lo que es amor según Platón? Hay una necesidad y hay una satisfacción. ¿Qué es lo que es amor cuando “te da el amor”?

Tengo que hacer un esfuerzo de explicárselo para que no confundan este amor con el amor que enseña el mundo. La Escritura enseña lo que es el amor y dice la Escritura:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.

— 1 Corintios 13:4–8a

El amor cristiano y la vida de iglesia

Eso es amor según Dios. Regularmente se toma 1 Corintios 13 para hablar de amor entre parejas. Hermano, en ningún lugar dice ahí que es el amor entre parejas; eso es amor y punto. ¿Y qué incluye el amor? El amor incluye sufrir. Mire, ser miembro de una iglesia cristiana es un asunto costoso, porque tienes que sufrirlo. Es más, yo tengo la firme convicción de que, cambiando, cuando una persona ha sido llamada por el Señor, puede soportar la vida de una iglesia. Ustedes pueden venir aquí, congregarse y cantar al Señor con nosotros, pero soportar esto por años, rozar con tus hermanos y tener diferentes opiniones, eso solamente, solamente la gracia del Señor lo permite.

Es más, tú puedes saber que tú has sido llamado por el Señor porque tú aguantas, por decir un término, a tus hermanos. Hermano, no es una iglesia, “la Iglesia Evangélica Pez Mundial”, no es lo que ustedes ven hoy. Vengan unos cuantos domingos aquí para que ustedes vean a los hermanos sacando el codo. Vengan unos cuantos domingos para que ustedes vengan a una reunión de miembros, vengan a una reunión del equipo de trabajo. Hermano, a veces con los viejos hemos tenido reuniones tan tensas que uno tiene que salir a ponerse el bálsamo, a decir: “¡Guau!, ¿terminaremos de acuerdo alguna vez?”. Venga para que vea lo que es una iglesia en verdad. El amor es sufrido, eso es lo que es el amor.

“El amor es benigno, no tiene envidia, no es jactancioso”, pero lo que quiero subrayar hoy me gusta, hermano, son las últimas descripciones y quiero poner ese énfasis en lo que es la vida cristiana. Ser miembro de una iglesia es costoso, porque el amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. Es porque el amor nunca deja de ser. Quiero alertarlos. Una alerta: el amor en una iglesia cristiana no se evidencia por la ausencia de conflictos, sino por la permanencia del vínculo entre hermanos a pesar de ellos.

¿Sabe por qué en esta iglesia nos amamos? Porque aquí hay veinticinco miembros que están perseverando en la fe cristiana aunque no estén de acuerdo en todo. Aquí hay gente que está juntos unos a los otros aunque no siempre tengan la misma opinión. No que en esta iglesia haya ausencia de conflicto. No, hermano, es que aquí estamos juntos a pesar de… sufriendo, creyendo, esperando y soportando. Eso es lo que es el amor cristiano, y dice el Señor:

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

— Juan 13:35

Si sufren, si creen, si esperan y si soportan. No te hagas miembro de una iglesia por necesidad y satisfacción: “Ah, también brindo y recibo”. No. Hazte miembro para sufrir. Prepárate para creer en tu hermano en su momento más oscuro, entendiendo que es adentro, adentro, adentro; el Espíritu de Dios está ahí y, de adentro para afuera, el Señor podría hacer algo. Hazte miembro de una iglesia para esperar, hazte miembro de una iglesia para soportar.

Hay un concepto que la gente dice: “Yo me hago miembro después, cuando la cosa se ponga mejor”. Cuando nos hacemos miembros de la iglesia, ahí es que la iglesia se hace distinta. Hermano, la iglesia es sufrimiento. La iglesia no es gente que está buscando la manera de que tú te sientas siempre bien, no. La iglesia es gente que se soporta.

Estimularnos al amor y a las buenas obras

Primer estímulo: las promesas de Dios. Segundo: considerarnos unos a los otros para estimularnos al amor y a las buenas obras. Y esto es más fácil decirlo que hacerlo. Es cuando el hermano te va a ver en cosas que no son obras que están de acuerdo a la voluntad del Señor, y te lo va a decir, y tú vas a decir: “¿Quién es este para decírmelo? Mi hermano”. Hermano, yo semanalmente tengo que llamar a algún hermano de mi iglesia. No le llamo porque soy su pastor; cuando te llamo para exhortarte a una buena obra, para decirte: “Hermano, mira, por ahí no es recto ante el Señor, por aquí sí”, no es porque yo sea el pastor. Te llamo porque tú eres mi hermano, y yo esperaría que tú lo hagas conmigo también. O sea, estimularnos al amor, a que suframos.

Hay veces que tú tienes que llamar a un hermano y decirle: “Mira, yo sé que tienes dificultad con fulano, pero soporta un chin más, aguanta un chin ahí. Sufrelo”. Hermano, hay veces que hay que sufrir a nuestros hermanos, sufre un chin. Eso es la consideración que nos está diciendo aquí el autor que tenemos que tener. Y en esa consideración nos alentamos, y en esa consideración somos alentados.

En esta tercera fuente de aliento quiero detenerme un poco, es la última. Primera fuente de aliento: las firmes promesas de Dios. Eso lo dice el libro de Hebreos en el capítulo 10, en el versículo 23. La segunda fuente de aliento es el estímulo de nuestros hermanos. Eso lo dice el libro de Hebreos en el capítulo 10 y en el versículo 24. Quiero concluir ahora con esta tercera fuente de aliento. Dice:

No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca.

— Hebreos 10:25

Tercera fuente de aliento: las reuniones de la iglesia local.

Hermano, el estar aquí hoy en una iglesia, amigo, el estar usted hoy en una iglesia, ya eso desde el Señor es considerado como una fuente de aliento para todos nosotros. Hay diecisiete ordenanzas de Dios para las que hace falta una iglesia. Hay personas que dicen: “¿Podría yo ser un cristiano desde mi casa? Para yo ser cristiano no tengo que estar…” La palabra que usan, y ustedes la han escuchado, es: “metido en una iglesia”. Bueno, malas noticias, porque yo conté –eso lo conté yo, y me consta que hay más– por lo menos diecisiete cosas que dice la Escritura que deberíamos estar haciendo si somos cristianos, para las cuales necesitamos más de uno.

Esto es como jugar pelota, aunque a usted no le guste. Para jugar pelota hay que jugar en equipo. Más de diecisiete veces dice el Nuevo Testamento: “los unos a los otros”. Dice el Nuevo Testamento: “Ámense los unos a los otros”. Bueno, ¿pues yo puedo ver el culto por mi casa, por televisión, y después, por televisión, vía satélite, amar a una persona que está en otra parte del mundo? No. El culto lo transmiten ahí, pero por televisión no se ama. Donde se ama es aquí, estando presente. Dice la Escritura: “Hospédense los unos a los otros. Tengan paz los unos con los otros. Soporten los unos a los otros. Sean buenos los unos con los otros. Sométanse los unos a los otros. Alientense los unos a los otros. Sobrelleven los unos las cargas de los otros. Sírvanse los unos a los otros. Prefiéranse los unos a los otros. Recíbanse los unos a los otros. Amonéstense, salúdense, enséñense y exhórtense. Espérense al comer. Preocúpense, anímense y edifíquense los unos a los otros”.

¿Por qué es que el Señor espera que yo sea miembro de una iglesia local? Porque en una iglesia local se hacen posibles los “unos a los otros”. Ahora, la preocupación que tenía el autor es que algunos habían hecho la costumbre de dejar de congregarse, en vez de hacer lo inverso. Y la gente te dice muchas cosas sobre esto.

La buena costumbre de congregarse

Tengo que alertarlos: hacer la costumbre de congregarse en una iglesia no es malo. Las costumbres, esas cosas como comer, asearnos o llegar a la casa, hacen posible la subsistencia. Las cosas que de verdad son importantes para el ser humano se hacen por costumbre. Eso no es malo. La persona dice: “No, es que a mí no me gustan los rigores, eso de tener que hacer las cosas con cierta periodicidad”. Las cosas que de verdad valen la pena y son importantes hay que hacerlas con periodicidad.

Es un ejercicio, es un hábito. Llega un momento en que uno desarrolla eso a un punto tal que, cuando uno no viene a su iglesia, a mí me falta algo. Llámame religioso, pero cuando yo estoy en un país que no es el mío, yo busco una iglesia donde congregarme; en una ciudad, hago lo mismo, busco una iglesia. Ya mi cuerpo, yo siento que le hace falta congregarse. Por eso, por costumbre. Una muy buena costumbre. Cuando un cristiano tiene como costumbre congregarse con tanta regularidad, al punto tal de que cuando él no pueda llegar a adorar al Señor junto con sus hermanos, le haga falta.

En vez de evitar que suceda en nosotros la mala costumbre de dejar de congregarnos, deberíamos ejercitarnos en la piedad, como lo dijo el apóstol:

Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.

— 1 Timoteo 4:7–8

¿Y cuál es la promesa de esta vida presente? Hebreos, capítulo 10, versículo 24:

y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.

— Hebreos 10:24

Cuando te congregas tienes ese privilegio, tienes esa oportunidad. Yo tengo cierto temor de que al día de hoy cada vez me encuentro con más amigos y conocidos de diferentes lugares que me dicen que ya son cristianos. Yo les pregunto: “¿Y cuál es tu iglesia local?”. “No tengo; yo visito aquí, yo visito allá”. Eso no es ser miembro de una iglesia local.

Ser miembro de una iglesia local es un grupo de personas definidas, no una masa subjetiva, un grupo de personas definidas con las cuales tú estás haciendo vida de iglesia. La vida de iglesia se siente en el carácter cristiano de uno. Es más, yo hablo con una persona que se llama creyente y no tiene una iglesia con la cual él se está levantando los codos, y hablo con una persona que ha hecho vida de iglesia, y se siente el cambio. Porque la experiencia de un cristiano es convivir y sufrir y soportar una congregación cristiana. Y eso va refinando el carácter de uno.

Nosotros somos como las piedras. Las piedras, en el río, chocando las unas con las otras, se ponen redondas, se refinan. Los cristianos, en una iglesia, chocando los unos con los otros, se santifican y se perfeccionan. Es más, hermano, el lugar, el momento cuando más madura una iglesia es cuando hay conflictos. Decía ese mismo apóstol que es necesario que se manifiesten los conflictos para que ustedes sean aprobados.

Estímulo: en primer lugar, las firmes promesas de Dios; en segundo lugar, animándose unos a los otros; y, en tercer lugar, participar en la vida de una congregación cristiana. Razones comunes que tiene la gente para dejar de congregarse en la iglesia: unos dicen: “Yo puedo ser un buen cristiano sin congregarme”. No lo he visto. No he conocido, en la historia de la Iglesia, una persona que haya llegado a caminar la vida cristiana sin tener un grupo de cristianos con los cuales él se está rozando.

Excusas para no congregarse y la realidad práctica

Tú puedes ser un “buen cristiano” de acuerdo a lo que tú entiendes que es un buen cristiano, pero dice el Señor que, para nosotros ser perfeccionados, necesitamos los unos a los otros. “No tengo nada en común con la gente de la iglesia”. Eso es verdad. Hermano, es verdad, humanamente hablando, y eso lo digo con mucha sinceridad. El setenta por ciento de esta membresía de esta iglesia no son gente con la que, quizás, si no tuviéramos una fe, un Señor y un bautismo, no fuéramos ni siquiera amigos.

Por la confianza que le tengo, pongo de ejemplo a mi hermano Virgilio. Hermano Virgilio no es de mi generación, quizá no tenemos el mismo temperamento, quizá no tenemos las mismas inquietudes, pero es mi hermano, ¿por qué? Porque tenemos una fe, un Señor y un bautismo. Y, en medio de eso, he aprendido a quererlo, y yo entiendo que él también me quiere a mí. Si nos hubieran dejado solos en un parque, sin que tengamos una “frozen” en la mano, quizá no fuéramos hoy lo cercanos que somos, hermano Virgilio y yo.

Hermano, esto no es por afinidad de que “él tiene mi temperamento”, “los dos somos padres”, o “él está casado y yo no”, no. Suelte eso, que eso es carnalidad. Una iglesia tiene en común un Señor, una fe y un bautismo. Fuera de eso, cualquier otra cosa sobra. “Ay, yo estoy buscando una iglesia que la gente tenga tal perfil demográfico, que esté sobre los treinta años, que sean parejas casadas, que tengan niños pequeños”. Hermano, esto no es un ‘norte’, esta es la iglesia del Señor. Esto no es un asunto de que “para una generación” o “para dos”, no, ni de que “para solteros” o “para casados”. “Ay, yo quiero una iglesia de gente que también juegue el mismo deporte que yo practico”. Hermano, esta es la casa del Señor.

Un problema que tenemos al día de hoy es que hay tantas iglesias locales –gloria al Señor porque las haya–. Por un tiempo, mire, había un solo templo, y a usted le gustaba su templo, le gustaba porque había un solo. No era así de que: “Yo voy a ir al templo A o al templo B”. No, hermano. Había un templo, y en un templo se encontraba el único pueblo del Señor. Yo no me he cansado de decir, en estos cinco años con esta iglesia: podemos tener diferencias en la deliberación, pero tenemos que estar juntos en la decisión, porque es que somos un solo pueblo, no somos diez.

Hay gente que, cambiando de iglesia, mira alrededor y dice: “Si aquí hay gente que sea como de mi edad, si tiene mi mismo color de pelo, si le gusta la pelota, yo creo que esta puede ser mi iglesia, porque fulano y fulano y yo como que congeniamos”. Hermano, suelte eso. Una fe, un Señor y un bautismo; fuera de eso, cualquier otra cosa sobra. Otro dice: “La iglesia no está cerca de mi casa”. Es verdad y es mentira. Miren, al día de hoy hay una iglesia evangélica quizá cada kilómetro. Tú puedes encontrar una iglesia en la cual congregarte. Si no es esta, busca otra, pero congégate en una iglesia y haz vida de iglesia, ten compromiso en ese lugar.

Pero en cuanto a la distancia, le diré que la mayoría de ustedes no tienen su trabajo al lado, y van cinco o seis días por semana. Es más, me consta que de la membresía de esta iglesia ahora mismo no hay nadie que viva “cerca”. Nosotros nos juntamos aquí. Que la iglesia quede cerca no es una razón para tú dejar de congregarte. Hermano, busca otra congregación y congrégate. Si no, haz un esfuerzo una vez por semana.

Hay otros que abusan del trabajo. Digo esto con tristeza, hermano, pero se ha perdido la idea de que el domingo es el día del Señor. Y es algo que uno, por un lado, celebra: “¡Qué bueno que ya hasta los bancos abren los domingos!”. Y, por otro lado, uno dice: “Qué malo; qué asunto más grave”. Tengo que decir esto, y lo digo reconociendo el testimonio de la familia de hermanos que regentan el supermercado Bravo, porque son hermanos que están haciendo sacrificios económicos extraordinarios y no abren los domingos. Y tú les preguntas: “¿Por qué razón ustedes no abren los domingos?”. “Porque el domingo es el día del Señor”.

Quiero animar a los hermanos de nuestra iglesia a que el domingo entiendan que el domingo es el día del Señor. Es un domingo para comenzar el día en su adoración y dedicar el día a preparar mentalmente la semana, de que no se involucren actividades de trabajo. Hay veces que hay que dejarse de ganar esos dos pesos.

Congregarse “tanto más” y llamado a no excusarse

Dice la Escritura:

y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca.

— Hebreos 10:25

Miren, con el paso del tiempo será más difícil congregarse. Con el paso del tiempo será más difícil hacer vida de iglesia. Con el paso del tiempo será más difícil todo esto. ¿Cuánto más ahora que aquel día se acerca? En la iglesia hay gente que es simuladora. No tengo nada que decir con respecto a eso. Pecadores que nos estamos santificando. El hombre natural le llama simulación a cuando ve que un cristiano cae, cuando ve que un cristiano peca: “Mira, ese dice que es cristiano, pero yo lo vi en tal cosa”. Sí, eso es el día a día. Lo que pasa es que tú no me ves mucho a mí, pero también yo tengo mis lados oscuros.

Esto no es una razón para permanecer en el pecado, hermano, es una razón para que usted entienda que la iglesia es un lugar real, que esto no es un asunto idílico, esto no es el cielo, esto es la tierra. “Aún no soy cristiano”. ¿Y quién te ha dicho a ti que tú te debes congregar porque tú eres un cristiano? Si tú no eres cristiano es que tú necesitas congregarte en una iglesia para que escuches la Palabra del Señor. Hay gente que entiende que la congregación de una iglesia es para quienes ya se bautizaron: “Y cuando yo me bautice, entonces yo voy a comenzar a asistir con regularidad”. Mira, si tú todavía no has hecho profesión de fe, el primero que debería abrir la iglesia y cerrarla eres tú.

Todas las personas que más necesitan estar aceptando la presencia de los hijos del Señor, asistir a la iglesia y congregarse, no es porque ya seas un cristiano comprometido, es precisamente porque no lo eres. La fe viene por el oír:

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

— Romanos 10:17

Hay gente que quizá esto no lo dicen a mí, porque yo soy quien predico casi siempre el sermón en esta iglesia, pero sé que muchos piensan que no entienden el sermón. Y yo lo entiendo. La verdad, hermano, es que la predicación de la Palabra del Señor es un asunto que requiere inteligencia, pero también requiere la ayuda sobrenatural del Espíritu Santo. Y sucede que, mientras más uno escucha la Palabra del Señor y es puesto en contacto con la Palabra del Señor, su entendimiento como que se va ampliando, yo lo siento como que los ojos se le van abriendo.

Dices: “Guau, pero ahora como que yo entiendo, ahora me hace sentido, junto una cosa con la otra”. Y dices: “Oh, pero mira, yo había visto esto por aquí, esto por allá”. Daniel, hoy yo voy a la Escuela Bíblica y estamos juntando Daniel con Apocalipsis, lo están juntando. Sigue, hermano. Es que mientras más uno avanza en los caminos del Señor, más uno entiende la Palabra del Señor. La primera vez que usted es expuesto a la luz, cuando viene de las tinieblas, es que no quiere ver la luz; los ojos los abre con dificultad, pero al poco tiempo sus ojos están abiertos, la luz no le molesta.

La primera vez que tú escuches la predicación ordenada de la Palabra del Señor, te va a molestar. Es algo que genera una reacción con el hombre natural. Hermano, adentro de ti hay algo que se opone a lo que se está diciendo. Por eso dice la Escritura que en los postreros tiempos aparecerán algunos que no van a soportar este asunto:

Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina.

— 2 Timoteo 4:3a

Porque es que la sana doctrina pica. Ahora, uno sigue avanzando en los caminos del Señor y dice: “Mira, yo no lo entendí del todo, pero yo vuelvo, yo vuelvo, yo vuelvo, yo vuelvo. Señor, dame mayor gracia”.

Ninguna de estas dos razones es válida para dejar de congregarse. He estado dando aliento para permanecer en la fe. El primer aliento son las firmes promesas del Señor; en segundo lugar, segunda fuente de aliento: es el estímulo de los unos a los otros; y la tercera, congregarse con fidelidad en alguna iglesia local.

La promesa mayor: acercarnos confiadamente al trono de la gracia

Tengo que terminar con esto, y terminaré compartiendo la promesa más grande de todas: para creyentes, para personas que al día de hoy están descarriadas de la fe cristiana y también para no creyentes. Dios ha prometido que, sin importar nuestra condición, podemos acercarnos confiadamente a su presencia para alcanzar misericordia y oportuno socorro:

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

— Hebreos 4:16

Pido que cierre sus ojos ahí donde están. Se ha predicado la Palabra del Señor, y quizá aquí hay personas que, como les dije en la introducción, son creyentes que están pensando volver atrás. Quizás han pecado últimamente, quizás la tentación les ha vencido recurrentemente, quizás no han visto la salida donde están y piensan que la vida cristiana no es para ellos. Si ese es tu caso, te digo: mantén tus ojos ahí cerrados. Si eres un hermano mío, estas cosas a veces no se dicen, pero hay personas en la membresía de nuestra iglesia que quizás no lo manifiestan, pero están considerando su anterior manera de vivir.

Que tu pecado no sea un estorbo, que tu caída no sea un estorbo, que el aumento de la aflicción no sea un estorbo. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Si eres tú un cristiano descarriado, quizá tú reconoces que en algún momento eras parte activa de una iglesia, quizás reconoces que en otro momento de tu vida tú fuiste un cristiano y así mismo profesabas tu fe, pero te encuentras muerto en tus delitos ahora mismo, te encuentras sin fuerzas, encuentras que tu testimonio está por el suelo. Quizás la mudanza de nuestra iglesia sea un buen momento para que tú reconsideres, como dijo el profeta: “Miren atrás los viejos caminos y busquen las cosas que dejaron”.

Si eres un cristiano descarriado, quizás este es tu momento de reconciliación. Dice la Palabra del Señor: acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Esto no se siente, estas son cosas que hay que hacerlas. Yo te animo a que permanezcas congregándote en la iglesia, a que no vuelvas atrás, a que esperes la provisión del Señor, que te va a ayudar a permanecer en tu fe.

Si tú no eres un creyente, quizá nunca lo has sido, quizá la Palabra del Señor nunca había hecho sentido para ti, pero el Señor permitió milagrosamente –porque Rafael Pérez no puede lograr tal cosa–, quizá el Señor, en su misericordia, permitió que hoy tú entendieras el sermón y que recibieras no la invitación de un amigo que te trajo a esta iglesia, sino la invitación del Señor directamente. Quizás reconoces que en tu vida hay cosas que no agradan al Señor. También este mensaje es para ti: acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Permítanme orar por ustedes, y con sus ojos ahí cerrados. Señor, te presento mi iglesia aquí congregada.

Oración final, llamado a conversión y despedida

Mira a los miembros de la Iglesia Evangélica Pez Mundial que quizás, en su fe, sienten que no están en el mejor momento. Mira a aquellos que han sido muy zarandeados, Señor. Mira a los que están luchando y casi, casi, Señor, piensan que están por claudicar. Permite que en esta tardecita puedan hallar gracia para el oportuno socorro. Permite, Padre, que puedan permanecer en la fe, y que, cuando pase el viento, puedan reconocer, Padre, que Tú das fuerzas al que no tiene ninguna.

Encomiendo a las personas que están aquí congregadas, quizá en otro momento hasta fueron parte de la membresía de esta iglesia o de otra, quizás fueron hasta grandes líderes en algún lugar, y al día de hoy está

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