El domingo antepasado mencionamos cómo comenzó el reinado del rey Saúl. Saúl fue ungido para ser rey de Israel. El pueblo se quedó impresionado por su apariencia física y el Señor había hasta profetizado algunos aspectos de su reinado. Lo que haremos hoy, ya que vimos el capítulo 12 el domingo antepasado de primer libro de Samuel, es considerar hoy los capítulos 13, 14 y 15, que en esencia son los capítulos que describen cómo fue el reinado del rey Saúl. Y aunque el capítulo 15 en diferentes momentos ya se ha expuesto en nuestra iglesia, el momento en que el rey Saúl fue rechazado por el Señor, hoy veremos el 13, el 14 y el 15 juntos, porque cuando uno ve estos capítulos al unísono, entonces tiene una idea general de cómo fue este reinado y lo que el Señor hizo en este tiempo.
Como siempre hacemos, oremos al Señor para que Él nos acompañe en este tiempo de enseñanza. Nos disponemos, Señor, en este momento a exponer tus Escrituras, pidiéndote que podamos tener en esto un amplio aprovechamiento espiritual. Mira aquellos que están aquí congregados, que quizás no han sido expuestos a esta parte de tu Palabra. Permite que obtengan aquí sabiduría, Señor, y que se sientan motivados a escudriñar tu revelación completa. Mira aquellos que ya han considerado estas porciones de las Escrituras, permite que cuando vuelvan a ella, Señor, que sea tu Santo Espíritu dando nueva luz, que sea tu Espíritu Santo conmoviéndonos, Señor, para que hagamos tu voluntad y no la nuestra.
Mira este personaje de tu Palabra que es el rey Saúl. Permite que cuando consideremos su historia podamos ver nuestra propia historia, y que quizás, Señor, los desaciertos de otros se conviertan en nuestras victorias personales, y donde otros no pudieron glorificarte, que nosotros nos dispongamos a hacerlo de manera diferente. En Cristo Jesús te pedimos todo esto. Amén.
Antes de leer estos capítulos de la Escritura, dice nuestra introducción, hablando acerca de liderazgo, que cuando la gente piensa en un gran líder viene a su mente la figura de un hombre resuelto, uno con mucha iniciativa, con capacidad para resolver problemas y con mucha orientación al resultado. Así era el rey Saúl. Otros piensan en atributos más superficiales, por ejemplo, una figura físicamente imponente, con los elementos necesarios para que, sin preguntar, todos sepan que están ante el gran líder, y así también era Saúl.
Aún otros van más lejos. Quizás no son atraídos hacia el líder por sus atributos físicos, sino que prefieren seguir a uno que en el pasado haya ganado batallas, como Saúl. Hoy veremos que todas estas cosas: esas actitudes internas, los atributos físicos externos y los resultados que atraen a los hombres pueden ser útiles, pero ninguna es suficiente para llenar la expectativa de Dios. Dios, en el liderazgo, busca algo más.
Acompáñenme al primer libro de Samuel, al capítulo 13. Consideremos juntos esta historia del primer rey de Israel, que es el rey Saúl. Como preámbulo, antes de comenzar a leer las Escrituras, quiero anunciarles que quizá esta no es una historia de un rey como el rey David, que es un rey que emociona, que uno quisiera imitarle. Es un rey que fue desechado por Dios por su mal carácter, pero también tengo que matizarlo y decirles en esto, hermanos, que por el hecho de que estemos considerando un personaje bíblico que fue rechazado por el Señor, no lo rechacen sin más.
A veces algunos hermanos míos cometen el error de clasificar los personajes bíblicos entre buenos y malos, y decir: bueno, el rey David, ese fue bueno; el rey Saúl, ese fue malo; el rey Josías, ese fue bueno; el rey Acab, ese fue malo. No hay tal cosa en la Escritura como hombres buenos y hombres malos. Lo que hay en la Escritura es un solo hombre muy bueno: este es Cristo, este es perfecto, en Él no hay falta; y otra serie de hombres que en momentos de su vida hicieron la voluntad del Señor y en momentos de su vida no hicieron la voluntad del Señor.
Pero dice la Escritura que no hay justo ni aun uno, que todos nos descarriamos como oveja. El único hombre bueno que ha estado en esta tierra se llamó Cristo Jesús, y fue el que murió como Cordero perfecto por nuestros pecados. Fuera de Cristo está todo un número de personajes bíblicos que tuvieron luces y sombras. Y cuando usted vea a los que tuvieron luces, entonces trate de ver qué fue lo que ese hombre hizo aferrado al Señor; y cuando vea aquellos que tuvieron sombras, traten de leer la historia para que ustedes entiendan qué es lo que Dios ama y qué es lo que el Señor rechaza.
Pero no rechacen a Saúl solamente porque es Saúl, sino que consideren la historia, porque yo mismo, cuando leí estos tres capítulos, me di cuenta de que me parezco más a Saúl de lo que quisiera.
Saúl, los “buenos y malos” y el inicio del capítulo 13
Y si solamente rechazara a Saúl, entonces perdería la oportunidad de tomar de la historia de Saúl aquello que podía ser de beneficio para mi alma. Desechen aquello de clasificar en buenos y malos y comiencen a considerar toda la historia tratando de ver no al hombre, sino al Dios que se agrada o que rechaza el comportamiento de los hombres. Esta historia no está aquí para que veamos a un hombre y le aplaudamos. Esta historia está aquí para que nosotros aprendamos a agradar a Dios.
Capítulo 13 del libro de primero de Samuel. Son tres capítulos largos y cada uno de estos capítulos tiene como una historia corta, un pequeño episodio, y lo que pretendo hacer es ver un capítulo, extraer de aquí algunas lecciones espirituales para nosotros y así ver el 13, el 14 y concluir con el capítulo 15. Dice la Palabra del Señor en el capítulo 13, primer libro de Samuel, que es el reinado de Saúl. Dice así la Palabra del Señor:
Había ya reinado Saúl un año; y cuando hubo reinado dos años sobre Israel, escogió luego a tres mil hombres de Israel. De los cuales estaban con Saúl dos mil en Micmas y en el monte de Bet-el, y mil estaban con Jonatán en Gabaa de Benjamín. Y envió al resto del pueblo cada uno a sus tiendas. Y Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos que había en el collado, y lo oyeron los filisteos. E hizo Saúl tocar trompeta por todo el país, diciendo: Oigan los hebreos. Y todo Israel oyó que se decía: Saúl ha atacado a la guarnición de los filisteos, y también que Israel se había hecho abominable a los filisteos. Y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal.
Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra Israel, treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Bet-avén. Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en estrecho (porque el pueblo estaba en aprieto), se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas. Y algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad; pero Saúl permanecía aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando.
— 1 Samuel 13:1-7
Este es el preámbulo de una batalla. Se nos describe aquí cuál era la condición del pueblo de Israel y también se nos describe cuál era la condición de sus enemigos. Era una amplia desproporción. El pueblo del Señor estaba, se podría decir, desvalido y sus enemigos tenían pertrechos militares, tenían carros, tenían jinetes. El rey de Israel, Saúl, estaba esperando porque Samuel le había dicho, de este mismo modo, que esperara allí durante días hasta que él volviera con la voluntad del Señor. Siete días era la orden que había recibido el rey Saúl de esperar a que el Señor le revelara su voluntad.
Lo que sigue a continuación nos describe cuál era el carácter de Saúl:
Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová; me esforcé, pues, y ofrecí holocausto.
Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios, que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.
— 1 Samuel 13:8-14
Y levantándose Samuel, subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín; y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres. En esta porción de la Escritura, hermano, lo que uno se tiene que preguntar es: ¿por qué el Señor ha rechazado la actitud de Saúl?
Activismo religioso versus obediencia: la desobediencia de Saúl
Lo que Saúl ha hecho manifiesta cierta devoción. Él ha hecho sacrificio, ha levantado un holocausto. Humanamente hablando, uno diría: “El hombre ha respondido con devoción”. Entonces, ¿por qué es rechazado por el Señor? Y no solamente es rechazado por el Señor con una reprensión, sino que es desechado por el Señor cuando está intentando ofrecer un sacrificio. En esto hay una profunda lección espiritual, hermano, que me gustaría recordarle tanto a creyentes como a no creyentes: para agradar al Señor hay que agradar al Señor en sus propios términos.
Y cuando intentas agradar al Señor con las cosas que el Señor no te ha mandado, sin importar la actitud que hay en tu corazón, entonces el Señor te rechaza. La razón por la cual Saúl fue rechazado es sencilla; Samuel se lo dijo: “Porque no has guardado el mandamiento del Señor”. Uno de los problemas más comunes de este tiempo es una gran cantidad de personas que quieren agradar al Señor, pero no quieren agradar al Señor en los términos que el Señor busca ser agradado.
Es más, hay más gente proactiva en la adoración al Señor en este tiempo que en cualquier otro momento de la historia. El problema está en que la gente no quiere agradar al Señor según los términos que el Señor ha indicado. Quizás porque los términos del Señor parecen sencillos. ¿Cuál era la manifestación de obediencia que se esperaba del rey Saúl? “Saúl, espérate siete días en ese lugar y no te muevas”. ¿Acaso le ha pedido el Señor a Saúl que le ofrezca holocausto? ¿Acaso le ha pedido el Señor a Saúl que le ofrezca sacrificio? No. El Señor le ordenó a Saúl que se estuviera quieto durante siete días.
Sin embargo, hermano, yo le diré que es más cómodo para el hombre ofrecer obediencia por medio de activismo que ofrecer obediencia por medio de quietud. Es mucho más cómodo movernos de un lado al otro para hacer cosas para Dios, aunque Dios no me las haya pedido, que estar siete días quieto en un lugar. ¿Qué era lo que el Señor le pedía al rey? Que se esté quieto durante siete días. ¿Y para qué eran esos siete días? Para que el rey demostrara que tenía la capacidad de obedecer a Dios según sus términos.
¿Cómo se manifiesta la desobediencia en este tiempo? Cantidad de personas que se mueven de un lado al otro para hacer supuestamente la voluntad del Señor, pero solamente están anunciando que no tienen el carácter para obedecer a Dios en sus propios términos. Es algo muy sencillo, estar siete días quieto, pero Saúl prefirió hacer holocausto y hacer sacrificio, aunque no le correspondía. Y la razón que él dio está aquí, él la explica. Él explicó por qué lo hizo. Él esperó siete días conforme al plazo que Samuel había dicho, pero Samuel no venía a Gilgal y el pueblo se le desertaba.
Entonces él dijo: “Traedme holocausto”. Hermano, ¿cuál fue la razón por la cual Saúl ofreció sacrificio? El temor a que el pueblo entero se le desertara. El temor a perder la representación. Pero yo le pregunto: ¿el tiempo había vencido? Si hubiera sido el día ocho yo entendería que dijera: bueno, el plazo terminó. O sea, eran siete días, y cuando en el séptimo día él veía que cada vez más pueblo se iba, lo que estaba sucediendo, hermano, es que los de Israel se estaban yendo para el otro lado.
Y sucedió que justo cuando él resolvió desobedecer al Señor, aparentemente agradándole, entonces llegó Samuel. ¿Cuál era el origen de la rebelión? El temor a la decepción del pueblo. ¿Cuál fue la actitud pecaminosa? Tomar el rol del sacerdote. ¿Y cuál fue la excusa? Él dio dos excusas, y me llama la atención que son las mismas dos excusas que da la gente en este tiempo cuando quiere adorar a Dios en sus propios términos y no en los términos de Dios. La primera excusa es: “Él se tardó”. Y la segunda: “Yo me esforcé”.
Amigo que estás aquí presente, yo no sé qué esfuerzo estás haciendo tú para adorar a Dios, pero si tú estás haciendo cualquier esfuerzo para adorar a Dios en los términos en que Dios no espera ser agradado, entonces tu adoración no tiene sentido. No importa qué tan lejos vayas, no importa qué tanto tengas que desprenderte, no importa qué tan loable sea el holocausto que has hecho; Dios espera ser obedecido según sus términos.
Falta de visión espiritual y contraste con Jonatán
¿Saben por qué la religión popular cala tan fuerte en el corazón del dominicano? Porque la religión popular le enseña a los hombres el activismo, y que cuando tú haces muchas cosas, entonces tú agradas a Dios. Muchos de ustedes vienen del catolicismo romano, donde se espera que la gente se traslade de lugares a otro, que suba de rodillas a diferentes lugares, que haga sacrificios humanos muy grandes, y en eso la gente encuentra un grado de devoción. Pero, ¿de qué manera el Señor esperaba ser agradado en tiempos de Saúl? De que se esté siete días quieto en un monte. Y que a los siete días, al séptimo día, entonces se le diría lo que tenía que hacer.
Algo que me llama la atención en esto, hermano, es que cuando Saúl es reprendido —y esto sucede varias veces en toda la historia— lo único que hace es que guarda silencio. Saúl es reprendido y Saúl lo que hace es que guarda silencio. Samuel viene y le dice: “Tú te has adelantado a hacer lo que no te correspondía. Locamente has hecho”. ¿Qué hace Saúl? Guarda silencio. Y después que se va Samuel, ustedes vieron lo que él hizo: dice que él contó al pueblo y encontró que tenía seiscientos.
“Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo”. Antes de pasar al siguiente capítulo tengo que recordar que, como el Señor veía al rey, nosotros le llamamos rey, pero el Señor le llama príncipe. ¿Y por qué es esto? Hermano, todos los hombres podemos ejercer liderazgo, pero es en delegación del Señor. Quizás ante nosotros él es rey, pero ante el Señor él es príncipe. Saúl, tú estás en un lugar de Dios, tú estás por designación de Dios, y Dios puede buscar otras personas que hagan lo que tú tienes que hacer.
El capítulo 13 introduce un preámbulo a la batalla: cuál era el enemigo, y después se nos dice cuál era la condición del rey. Pero llama la atención que todavía no hay ninguna batalla. Dice asimismo el versículo 16:
Saúl, pues, y Jonatán su hijo, y el pueblo que con ellos se hallaba, se quedaron en Gabaa de Benjamín; pero los filisteos habían acampado en Micmas. Y salieron merodeadores del campamento de los filisteos en tres escuadrones. Un escuadrón marchaba por el camino de Ofra hacia la tierra de Sual. Otro escuadrón marchaba hacia Bet-horón, y el tercer escuadrón marchaba hacia la región que mira al valle de Zeboim hacia el desierto.
Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza. Por lo cual todos los de Israel tenían que descender a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azadón, su hacha o su hoz; y el precio era un pim por las rejas de arado y por los azadones, y la tercera parte de un siclo por afilar las hachas y por componer las aguijadas.
Así aconteció que en el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de ninguno del pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán su hijo, que las tenían. Y la guarnición de los filisteos avanzó hacia el paso de Micmas.
— 1 Samuel 13:16-23
Lo que está sucediendo, hermano, es que la batalla cada vez se acerca más. El rey no tiene discernimiento espiritual. El pueblo está desatendido, no hay herramientas. Entonces el capítulo 14 nos muestra el contraste entre Jonatán y Saúl, y nos muestra la manera en que el Señor puede proveer a su pueblo en las circunstancias más hostiles.
Dice el capítulo 14:
Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: Ven, pasemos a la guarnición de los filisteos que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre. Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migron; y la gente que estaba con él era como seiscientos hombres. Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.
— 1 Samuel 14:1-3
Aquí aparece en escena el hijo de Saúl, Jonatán, hermano, y sorprendentemente Jonatán demuestra mucha más devoción a Dios que la que está demostrando su padre. Es un contraste. Lo primero que se ve en el versículo 3 es que se está llevando al bisnieto del sumo sacerdote. Saúl no esperó que llegara el representante de Dios, pero su hijo, cuando se prepara para la batalla, entonces lleva al bisnieto del sumo sacerdote. Yo no sé si tiene algún poder andar con el bisnieto del sumo sacerdote, pero por lo menos eso muestra cierta devoción.
Él dice: bueno, si el sacerdote anda con mi papá y mi papá ni siquiera consulta, déjame llevarme al nieto, o sea, a un bisnieto de Elí. Él se lo lleva. Y no solamente que se lo lleva, sino que lo usa. Miren las cosas más adelante.
La fe de Jonatán y la intervención de Dios en la batalla
Entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y del otro lado otro; el uno se llamaba Boses, y el otro, Sene. Uno de los peñascos estaba situado al norte hacia Micmas, y el otro al sur hacia Gabaa. Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizás haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.
Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad.
— 1 Samuel 14:4-7
Ya se está manifestando aquí lo primero: que Jonatán demuestra devoción, y que las personas que están al lado de Jonatán también se sienten animadas a estar con él, y es porque entendían que Jehová estaba con él. También la forma en que consultó la voluntad del Señor. Dice el versículo 8:
Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a estos hombres, y nos mostraremos a ellos. Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros; entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos. Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros; entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal.
Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos; y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos que salen de las cavernas donde se habían escondido. Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, porque Jehová los ha entregado en manos de Israel.
— 1 Samuel 14:8-12
Esto se parece un poco a Gedeón cuando le pidió una señal al Señor de cómo era que lo iba a hacer. Pero lo que estamos mirando aquí, hermano, es que parece que la visión espiritual no pensaba en Saúl, pero sí estaba en Jonatán. Jonatán depende del Señor. Jonatán entiende que Dios puede entregarle una gran victoria sin tomar en cuenta la cantidad de carros, sin tomar en cuenta la cantidad de jinetes; solamente con él y su escudero, él condiciona a que Dios quiera darle la victoria.
Se mostraron, pues, ambos a la guarnición y los filisteos se burlan, dicen: “Ahí vienen los hebreos que estaban escondidos”. Y cuando los llaman, Jonatán dice: “Sube tras mí, porque Jehová los ha entregado”. Hermano, ¡qué desproporción en la confianza! O sea, Saúl está dudando de que Dios pueda ayudar, y Jonatán entiende que con dos hombres, con él y su paje de armas, el Señor ya le ha entregado un pueblo que tiene hasta carruajes, que tiene armas, que tiene espadas. Y él solamente tiene la espada suya y lo que el otro pueda tener, quizá hasta instrumentos de cultivar; esos eran los pertrechos militares.
Pero Jonatán entendía que Dios podía dar la victoria con instrumentos muy limitados. Yo leía esto en las últimas dos semanas y llegué a entender que el capítulo 14 es un contraste con el capítulo 13: que en medio de la más patente oscuridad, el Señor tiene gente con luz en medio de su pueblo, que hacen, que importan, que aunque el rey esté dando señales desviadas, el Señor se reserva personas con visión espiritual que pueden entender que la batalla no depende de los recursos humanos, muy parecido a lo que sucedía en tiempos de Samuel, que el pueblo no tenía ni siquiera que luchar, sino que solamente el Señor daba la victoria; la victoria era del Señor.
Escuchen entonces la manera en que el Señor entregó este pueblo, de una manera sobrenatural:
Y subió Jonatán trepando con sus manos y pies, y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba. Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje de armas, como veinte hombres en el espacio de una yugada de tierra. Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear también ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.
— 1 Samuel 14:13-15
Hermano, aquí se ve la intervención sobrenatural del Señor para darle la victoria a su pueblo. La victoria no dependía de que tuvieran o no tuvieran carruajes, no dependía de que tuvieran o no tuvieran espadas afiladas. La victoria dependía de que el pueblo pudiera confiar en que Dios le entregaría esa batalla. No es un asunto de números, es un asunto de la dirección del Señor a favor de su pueblo. Dos veces se nos dijo en el capítulo anterior que Israel estaba desarmado, y ahora dice aquí que interviene el Señor por medio de temblor, por medio de miedo en sus enemigos.
Saúl sin discernimiento en medio de la victoria de Jehová
Y vuelve a aparecer Saúl en la escena. Escuchen cómo reacciona el rey Saúl:
Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada e iba de un lado a otro, y era deshecha. Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad revista ahora, y ved quién se ha ido de los nuestros. Pasaron revista, y he aquí que faltaban Jonatán y su paje de armas. Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.
— 1 Samuel 14:16-18
Traer el arca de Dios era otra manera en que el pueblo entendía que Dios podía darles espiritualmente la batalla. Y cuando Israel estaba en aprietos en determinadas batallas, solamente con que tuviera presente el arca del pacto, Israel vencía. Hermano, parece que le volvió la visión espiritual al rey, y en medio de esta consternación el rey manda al sacerdote a que traiga el arca. Pero miren qué poco duró:
Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba e iba creciendo en grande manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano.
— 1 Samuel 14:19
Que no la buscara. Saúl ve la consternación y dice: “Nosotros no tenemos espada, aquí lo que hay son instrumentos de agricultores, y ni siquiera están afilados. Traigan el arca, a ver si tenemos ayuda”. Pero cuando ve que el alboroto sigue, él dice: “Detén tu mano”, y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla.
Es como que le llega la visión espiritual, y se le va. Es un momento. Él entiende que el Señor puede ayudarle con el arca, pero dice: “Mira, allá abajo está la consternación y es el hijo mío que está allá debajo; deja ese asunto, y lo que tenga aquí, vamos”. Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla, y he aquí que la espada de cada uno —esto es de los enemigos— estaba vuelta contra su compañero, y había gran confusión.
¿Qué está enseñando el Señor a Saúl? Saúl, no es con capacidades humanas, no es porque tú te has armado o estés desarmado; es porque yo quiera darte la victoria. Cuando llegó Saúl ya Saúl no tuvo ni que intervenir, porque la manera en que el Señor lo había hecho era que había llenado a los otros de miedo, le había dado victoria por medio de dos hombres, a Jonatán y su paje de armas, y después entre ellos mismos comenzaron a pelear el uno contra el otro.
Dice el versículo 21:
Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo atrás, y habían subido con ellos al campamento, de los alrededores; también ellos se pusieron del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán. Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, ellos también los persiguieron en aquella batalla. Así salvó Jehová a Israel aquel día; y llegó la batalla hasta Bet-avén.
— 1 Samuel 14:21-23
Así salvó Jehová, no Jonatán, no Saúl, ni el pueblo. Así salvó Jehová a Israel aquel día. Un rey sin visión espiritual, pero el Señor está defendiendo a su pueblo. Hermano, ¿qué otra lección podemos traer de aquí? A veces uno se pregunta: el Señor le ha dado liderazgo, ya sea en su casa, liderazgo en su trabajo, liderazgo en su iglesia, a gente que no necesariamente está escuchando la voz de Dios. Pero aún así el Señor puede salvar a su pueblo a pesar de ellos, hasta en los momentos más hostiles. Si el Señor quiere salvar a su pueblo, puede hacerlo.
Veíamos en el capítulo 13 del carácter de Saúl un hombre que no tenía la paciencia de esperar para hacer lo que el Señor había determinado, sino que si el Señor no le respondía a tiempo, entonces lo hacía él. ¿Qué vemos en el capítulo 14 del carácter de Saúl? Vemos un rey que confía más en los recursos materiales que en los recursos espirituales. Vemos un rey que quiere mandar a buscar el arca, siempre y cuando el alboroto no sea muy grande, pero si el alboroto aumenta, “vamos nosotros con nuestras propias manos”.
Hermano que estás aquí presente, ¿qué lección espiritual hay aquí para nosotros? Uno ve a Saúl y se sorprende, pero Saúl se parece más a nosotros de lo que nosotros quisiéramos parecernos. ¿Qué tan frecuente es que nosotros oremos al Señor para que nos dé victoria en determinados momentos de nuestra vida, pero cuando las cosas aprietan más allá de lo que nosotros entendemos que es prudente soportar, mandamos a devolver el arca y lo hacemos nosotros?
Así como decía en el capítulo 13 que nos parecemos mucho porque el Señor está demandando de nosotros obediencia y queremos darle otra cosa y decir que lo hicimos bien, en el capítulo 14 también nos parecemos. Es común que la gente espere en el Señor siempre y cuando sean problemas manejables, pero lo que es más frecuente es que cuando la batalla aumenta, cuando aumenta el alboroto, entonces queramos hacer las cosas por nuestros propios medios.
El mandato contra Amalec y la desobediencia de Saúl
Veamos otro capítulo. Capítulo 15, ¿qué nos dice aquí del carácter de Saúl? El imperio de Saúl va desde el capítulo 12 hasta el capítulo 15; ya el capítulo 16 comienza la historia del rey David. ¿Qué nos dice el capítulo 15? Veamos la última parte. Ya Dios le ha dado la victoria al pueblo. Saúl no tuvo que intervenir, el pueblo no tuvo que ser armado, pero el pueblo está teniendo victorias.
Dice el capítulo 15:
Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
— 1 Samuel 15:1-3
Aquí se describe el mandato del Señor específico. ¿Cuál era el mandato del Señor? “Hiere a Amalec y destruye todo lo que tiene”. Está sencillo el mandato para un rey. Y dice el texto:
Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim: doscientos mil de a pie y diez mil hombres de Judá. Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle. Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec.
Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada. Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.
— 1 Samuel 15:4-9
¿Cuál fue el mandamiento que recibió Saúl? Y, ¿qué es lo que Saúl está haciendo? Lo está haciendo, según él entiende. Versículo 10:
Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.
— 1 Samuel 15:10-11
Escuchen cuál fue la sentencia que recibió el reinado de Saúl. Saúl está cerrando ya su reinado. “Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí y no ha cumplido mis palabras”. Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: “Saúl ha venido a Carmelo, y he aquí se ha levantado un monumento”. Bueno, yo le pregunto: ¿qué hace un rey levantándose un monumento? ¿Un monumento a qué? La batalla que tú has ganado no la has ganado por tus propios medios. ¿Un monumento a qué? A su vanidad, a su orgullo, a su autosuficiencia.
“He aquí se levantó un monumento y dio vuelta, pasó adelante y descendió a Gilgal. Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová” (v. 12-13). ¿Crees tú? Algo que he visto, hermano, es que la gente que se parece a Saúl y no hace la voluntad del Señor, sino la propia, es la persona que más presta está a decir que está haciendo la voluntad del Señor. Saúl no ha hecho nada parecido a lo que Dios le mandó, pero cuando viene el enviado del Señor, lo primero que le dice Saúl a Samuel es: “Yo he cumplido lo que el Señor me mandó”. ¿Dices tú?
Entonces, versículo 14:
Samuel entonces dijo: Pues ¿qué valido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos?
— 1 Samuel 15:14
Hermano, predicando esta porción, Samuel le dice en esencia: “Si tú has hecho la voluntad del Señor, ¿qué es esto que estoy oyendo?”. Hermano, yo creo que el Señor a veces mira a los hombres desde el cielo y nos ve a nosotros mismos diciendo: “Señor, aquí estoy yo haciendo tu voluntad”, y el Señor te va a preguntar: “¿Y eso que tú tienes al lado tuyo, qué es? ¿Y eso que estás permitiendo, qué es? ¿Y eso que estás haciendo, qué es?”.
Hermano, ten cuidado, porque tú quieres señalarle al Señor el pedacito donde tú estás haciendo su voluntad, y el Señor te va a enseñar el todo. Saúl respondió:
De Amalec los han traído, porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios; pero lo demás lo hemos destruido.
— 1 Samuel 15:15
Autoengaño, excusas piadosas y la acusación de Dios
Oigan esto: “De Amalec los han traído”. O sea, “de ellos, del pueblo… yo no, ellos los han traído”. No solamente miente porque dice que fue el pueblo y no él que lo consintió, sino también que ahora le quiere dar un propósito espiritual a su despropósito: “para sacrificarlas a Jehová tu Dios”. Me gusta que usted vuelva a notar esa expresión. O sea, Saúl está diciendo que ellos lo que han hecho es que están preparando un sacrificio, eso es lo que nosotros estamos haciendo. No es que nosotros estamos conservando eso, “pero lo demás lo destruimos”.
Entonces dijo Samuel a Saúl:
Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.
Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? Y Jehová te envió en misión, y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín, has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?
— 1 Samuel 15:16-19
Oigan lo que el Señor le mandó a decir a un rey. Hermano, esto es lo que uno no quisiera tener que escuchar que el Señor le diga a nadie. “Aunque eras pequeño en tus propios ojos”, Él está diciendo: cuando ni siquiera tú te lo imaginabas, cuando tú no eras nadie, cuando tú lo que estabas era escondiéndote detrás de las mulas, cuando ni siquiera tu papá te consideraba para nada, ahora tú quizás piensas que eres un chin grande, porque ahora tú te haces monumentos. Pero cuando tú no eras nadie, ni siquiera ante tus ojos, ¿no te hizo Jehová jefe de las tribus de Israel?
Y Saúl respondió a Samuel:
Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.
— 1 Samuel 15:20
Hermano, qué despropósito tan grande es desobedecer al Señor; ahora, triple despropósito es usted querer pararse tú a tú a contradecir a Dios. Óigame, Saúl era fuerte, porque lo que hay que tener es valor para plantarse a hacerle un argumento a Dios. O sea, Dios está mintiendo. Él está diciendo: “Dios se equivocó. Dios está mal y yo estoy bien”. Se ríen, pero ese es el pecador. El pecador se justifica ante el Señor a un punto tal que hace que Dios sea malo y él el bueno.
“Antes bien”, dice él, “yo estoy ahora acusando a Dios. Yo te digo a ti eso anoche, pero eso que Dios dijo, Dios se equivocó, a Dios se le olvidan las cosas. Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas”. Para ser el primero, para exhibirlo. ¿Para qué Saúl llevó a Agag a Israel? Eso era una cosa que utilizaban los reyes de aquel tiempo; era una manera de ellos exaltarse. Cuando yo traigo al rey de Amalec, lo traigo aquí, y yo me puedo mofar, yo puedo enseñarle que aquí tengo el rey, como si tú tienes una mascota, un perrito amarrado o algo así. “Yo soy tan fuerte que tengo aquí al rey de Amalec”.
“Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificio a Jehová tu Dios en Gilgal”. Hermano, la palabrita que a mí más me molesta de Saúl es que Saúl siempre se refería a Dios como “el Dios de Samuel”. Muchos fueron sus despropósitos, hermano, pero yo creo que lo que más feo le quedó a Saúl es que Saúl nunca le dijo a Jehová “mi Dios”. Sino que Dios siempre era un tercero lejano para Saúl. Él estaba allá. Hasta Jonatán hablaba de Dios como su Dios y entendía que su Dios podía darle la victoria, pero Saúl siempre hablaba del Dios de Samuel.
Más característica de la gente que no sirve al Señor de corazón, aunque siempre lo hacen como para obedecer a un tercero devoto. Es una persona que nunca se ha conectado con Dios directamente, sino que siempre tienen que hablar del Dios de papá, del Dios de mamá, del Dios “del que usted adora allá; ya yo hice lo que él decía que había que hacer”. Un tercer personaje muy lejano.
Obediencia mejor que sacrificio y la obstinación de Saúl
Y escuchen la sentencia de Samuel, versículo 22:
Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
— 1 Samuel 15:22-23
Quiero darle esta exhortación a todas las personas que están aquí presentes, que quieren deslumbrar a Dios con sacrificios. Hay una cantidad de personas que no hacen en su vida la voluntad del Señor, pero que de una vez o dos al año dan demostraciones de devoción, y se les sale una devoción extraordinaria, y quieren hacer cosas para decir que aman a Dios. Si tú dices que amas a Dios, la mejor manifestación de tu amor a Dios es la obediencia.
“¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová?”. Algo que he visto con frecuencia es que la gente quiere adorar a Dios con generosidad. ¿Cuántas son las personas que quisieran darle al Señor sus bienes? “Y yo quiero darle al Señor”. En eso son muy liberales. Ahora yo te pregunto: ¿se complace tanto el Señor en que tú le des como en que tú le obedezcas? Hay gente que quiere quedar bien con Dios en determinadas áreas, en decir que son serios, en decir que son honorables, en decir que no hacen tal cosa. La pregunta es: ¿estás prestando atención a la Palabra del Señor?
Dice el versículo 23: “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación”. Por cuanto tú desechaste la Palabra de Jehová, Él también te ha desechado para que no seas rey. Escuchen cómo el Señor describe a Saúl: lo describe como una persona desobediente, uno que desecha su Palabra y un obstinado.
Le hablo a la iglesia nuevamente. Uno mira a Saúl y uno ve que uno está muy lejos, pero la obstinación quizá está dentro de ti. ¿Qué es la obstinación, hermano? Es esa persona que se esmera en hacer vez tras vez, tras vez lo que bien le parece, no a la manera de Dios, sino a la manera mía. En el mundo espiritual, ¿qué es un obstinado? Son estas personas que son sabias en su propia opinión, y tú les dices: “Pero humíllate aquí a la voluntad del Señor, que mira qué es lo que Él espera de los hombres”. “No, yo creo que ahí puedo hacer mi propia voluntad”. Obstinación.
Son estas personas que nunca hacen ante el Señor una conversión genuina porque siempre se quieren convertir en sus propios términos. Son aquellos que son irreprensibles, pero irreprensibles en su ley particular que han hecho para ellos mismos. No se manifiesta en Saúl que Saúl haya reconocido: “Mira, eso que yo hice…” No; él está diciendo: “Yo hice lo que Dios dijo que había que hacer”. Rebeldía, obstinación, desobediencia.
Escuchen de qué manera terminó el primer intento de Israel de tener un rey. Termino con esta parte, versículo 24:
Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos.
— 1 Samuel 15:24
Ok, ya estás reconociendo: “Yo he pecado”. Pero fíjese: “he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras”. De nuevo, Saúl entiende que lo que está haciendo es simplemente lo que agrada a Samuel. Óigame, ¿cuántas son las personas que se van a ir al infierno porque en vez de estar haciendo con sinceridad la voluntad del Señor, lo que están haciendo es lo que agrada para que un ministro entienda que ellos están haciendo la voluntad del Señor?
Saúl no quiere adorar a Dios; Saúl lo que quiere es que Samuel lo deje quieto. “¿Y qué es lo que hay que hacer para que haya paz? Ya yo dije lo que había que decir”. “Y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado”. “Yo, no Saúl, yo no, no es a mí el problema…”. “Y vuelve conmigo para que adore a Jehová”.
Y Samuel respondió a Saúl:
No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel.
— 1 Samuel 15:25-26
Yo he analizado esa porción durante mucho tiempo, y la conclusión a la que yo he llegado es la siguiente: Samuel estaba convencido de que el arrepentimiento no era sincero. Lo que Saúl quería era lo siguiente: él quería la aprobación de Samuel ante el pueblo. Saúl quería que Samuel descendiera con él para que el pueblo entendiera: “Nosotros tenemos un rey espiritual”. Él quería que Samuel estuviera con él para que Samuel endosara su reinado.
“Samuel respondió: No volveré contigo, porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel. Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y éste se rasgó” (v. 26-27). Él está entendiendo que se acaba de terminar su reinado. Está entendiendo que ya Samuel no va a estar disponible para él. Se agarró así del manto de Samuel, y cuando se agarró el manto dice que el manto se rasgó.
Entonces Samuel le dijo:
Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú. Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá; porque no es hombre para que se arrepienta.
— 1 Samuel 15:28-29
Y él dijo:
Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y que vuelvas conmigo, para que adore a Jehová tu Dios.
— 1 Samuel 15:30
¿Qué es lo que está buscando Saúl? Saúl no está buscando arrepentimiento; él lo que está buscando es apariencia física. Él quiere que los ancianos de Israel entiendan que Saúl todavía tiene la aprobación de Dios y que Samuel está con él. No es un arrepentimiento que busca agradar al Señor, es un arrepentimiento que busca agradarse a sí mismo.
¿Cuántas son las personas que “se convierten”? ¿Cuántas son las personas que “se arrepienten”? ¿Para qué se arrepienten? Para endosar con un manto de espiritualidad entonces su vida de despropósito. Eso no es arrepentimiento sincero, eso no es la verdadera voluntad de hacer; lo que yo quiero es que tú me honres ante los ancianos de Israel. Él dijo: “Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y que vuelvas conmigo, para que adore a Jehová tu Dios”. “Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová” (v. 31).
Tengo que terminar aquí estos tres capítulos, hermano, pero yo te diré: ¿qué te parece en estos tres capítulos el primer rey de Israel? Es un rey que no tiene la paciencia de hacer la voluntad del Señor. Es un rey que confía más en los pertrechos militares que en la milagrosa provisión de Dios. Es un rey desobediente, es un rey que no quiere hacer la voluntad del Señor con sinceridad. Es un rey que supuestamente se arrepiente, pero que se arrepiente para validarse ante los hombres.
Aplicaciones para creyentes y no creyentes; oración final
Quiero hablar con dos grupos, como hago siempre. Quiero hablarle un momento, y le pido que antes de orar estén en reverencia, pero les pido que cierren sus ojos. Quiero pedir primero por mis hermanos. Pero te pregunto, hermano: ¿te estás arrepintiendo ante el Señor de corazón o acaso solamente quieres que los hombres piensen que te estás arrepintiendo?
¿Estás tú poniendo el oído en la ley del Señor para hacer correctamente lo que el Señor ha demandado, o estás obedeciendo al Señor parcialmente, solamente en aquellas cosas que te son satisfactorias o agradables? ¿Tienes tú la paciencia de esperar siete días, o catorce, hasta que el Señor revele su voluntad, o eres de aquellos que cuando el Señor no responde a tiempo, entonces ellos hacen la suya y no la de Dios?
Te pregunto, hermano: ¿seguirás obstinado haciendo lo propio, o te humillarás a tiempo antes de ser desechado? Le pregunto ahora a las personas que están aquí, que no tienen conciencia de estar haciendo la voluntad del Señor. El rey Saúl pensaba que estaba agradando a Dios. Quizás eres tú como el rey Saúl, que haces lo que te viene en gana y después dices que esa era la voluntad del Señor.
Quizás no eres tú un devoto creyente, sino que estás conectado a través de la fe de un Samuel, y en vez de buscar la aprobación de Dios, estás buscando agradar al Dios de Samuel. ¿Es Jehová tu Dios, o Jehová es el Dios del amigo tuyo? ¿Es Jehová el Dios de tu familia, o Jehová es mi Dios? Si Jehová desechó a Saúl, que fue el primer rey de Israel, ¿qué será de nosotros?
Oro por toda la congregación aquí reunida. “Mira estos tres capítulos, Señor, del primer rey de Israel, cuánto se parecen a nosotros. Te pido por aquellos, Señor, que dizque se arrepintieron, pero no se han arrepentido. Te pido por aquellos, Señor, que están aquí presentes, que están haciendo su propia voluntad y dicen que están haciendo la tuya. Te pido por aquellos, Señor, que en vez de poner el oído a ver lo que tú demandas de los hombres, salen corriendo a hacer sus caprichos y después dicen que esa era tu voluntad.
Te pido por mí, Señor, que me parezco más a Saúl de lo que quisiera. Te pido, Señor, que traigas ya esta tarde resoluciones de obediencia sincera, confianza plena, Señor, en que tú puedes hacer grandes cosas a favor de tu pueblo. Que tú quites la obstinación, que quites la rebelión, que quites la desobediencia. Mira las personas que están aquí congregadas, Señor, y por diferentes vías, así como tú hablabas a Saúl, tú les has hablado.
Mira aquellos, Señor, que tienen años por hacer tu voluntad y no terminan de hacerlo. Mira aquellos, Señor, que se justifican a sí mismos diciendo: ‘Yo estoy haciendo lo que a Dios agrada, y a Samuel que le moleste’. Trae, Señor, una resolución de obediencia; trae una disposición a hacer tu voluntad. Trae, Señor, gente que tengan la disciplina de escuchar tu Palabra y que tengan la humildad de ponerla por práctica.
Te pido asimismo, Señor, que tú bendigas todas las personas que están aquí presentes, sobre todo, Señor, dándole la bendición de tener un espíritu sumiso a tu Palabra, un carácter obediente a tu voluntad, que no tengas tú que decir de nosotros esto que has dicho de Saúl. Gracias por tu Palabra predicada, Señor, acompáñanos a través de ella. Permite que cuando nos veamos, Señor, en este espejo, cambiemos cosas para la gloria tuya. En el nombre de Cristo. Amén”.
Que el Señor les bendiga, hermanos, y en las semanas próximas seguiremos considerando los diferentes reyes de Israel.