Pueden tener abierta allí su Biblia en el libro de Génesis, en el capítulo 1. Antes de leer la palabra del Señor, oremos y encomendémonos a él. Es tiempo de enseñanza, y ahí donde están les pido que extiendan su manito. Le voy a pedir a mi hermano Virgilio que se ponga de pie y que ore al Señor presentando este tiempo de predicación.
Después de habernos encomendado al Señor, les pido que busquen sus Biblias en el libro de Génesis, capítulo 1. Leeremos de manera rápida todos los días de la creación y después nos detendremos en el día sexto, analizando cuál es la esencia de nuestra identidad y de qué manera Dios nos creó.
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
— Génesis 1:1-5
Segundo día:
Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.
— Génesis 1:6-8
Tercer día:
Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero.
— Génesis 1:9-13
Cuarto día de la creación:
Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.
— Génesis 1:14-19
Quinto día de la creación:
Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y fue la tarde y la mañana el día quinto.
— Génesis 1:20-23
Me quiero detener, hermano, en el día sexto, que es un día particular, un día especial, un día donde sucedieron cosas que no sucedieron en los días anteriores. He tenido que leer los primeros cinco días para que ustedes puedan hacer el contraste y marcar la diferencia. Con esto pretendo establecer que la creación del hombre no es una creación general, que es una creación especial, es una creación específica; que dentro de toda la creación Dios se detuvo, y que sucedieron cosas en el día sexto que no sucedieron ni en el primero, ni en el segundo, ni en el tercero, ni en el cuarto, ni en el quinto. Cuando Dios creó al hombre estaba haciendo una creación especial.
Veamos la primera parte del día sexto y después la parte que nos concierne hoy, que es la segunda:
Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.
— Génesis 1:24-25
En el versículo 26 comienza lo que hoy nos concierne, que es la creación del hombre:
Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.
— Génesis 1:26-31
Un tema necesario: la esencia de nuestra identidad
Quiero tomar la segunda parte del día sexto, que es la creación del hombre, para explicar un tema que quizás no sea un tema urgente, pero es un tema necesario. Quizás no sea un tema que uno esté mirando todos los días, pero hace mucho sentido, porque es un tema fundamental para entender muchos otros temas.
Recuerden que todo este año he estado predicando sermones del Antiguo Testamento, con la intención de que mis hermanos hagan un fundamento firme, un fundamento sólido, un fundamento en el cual sustentar su fe; que puedan entender la correlación que hay entre lo que Dios estableció en el Antiguo Testamento y lo que Dios establece también en el Nuevo Testamento; y que entiendan que la palabra del Señor es toda palabra del Señor para todo su pueblo en todo momento. Cuando es correctamente interpretada, uno puede tomar preciosas verdades espirituales de cada parte de las Escrituras. Así como dijo el Señor, un hombre sabio toma de lo viejo y toma también de lo nuevo.
A este tema de Génesis capítulo 1, precisamente lo que se explica en los versículos 27 y 28, le he llamado la esencia de nuestra identidad, y he venido a hablar de esto porque tengo cierta preocupación. Me preocupa que, así como viven los hijos de este mundo —que no saben quiénes son, que no saben por qué están aquí, que viven sin tener un ancla para su vida y andan llenándose de cosas para sentir que son valiosos—, nuestra iglesia corra por el mismo derrotero.
Me interesa que ustedes sepan que son valiosos per se, y que no necesitan algo adicional para encontrar valía en su vida, porque ya nosotros tenemos el valor de haber sido creados según la imagen de Dios. Cualquier cosa que nosotros tengamos, cualquier cosa que nosotros hagamos, eso es un complemento; pero nosotros, que somos hijos de Dios, podemos encontrar en la Escritura una fuente firme para nuestra identidad. Cuando nosotros sabemos quiénes verdaderamente somos, podemos tener y podemos hacer, y eso no nos hace daño. Sin embargo, cuando los hombres no saben quiénes son, cuando no saben por qué están aquí, entonces comienzan a hacer cosas, a llenarse de cosas; y cuando les faltan las cosas que hacen y las cosas que tienen, entonces pierden su identidad.
Quizás es un tema filosófico lo que he traído, hermano, pero me interesa que su identidad tenga un fundamento cierto. Que ustedes no se definan por las cosas que tienen ni por las cosas que hacen; que ustedes se definan por aquello que ustedes son. Y lo primero que ustedes son es creación de Dios.
Dice así nuestra introducción: la mayoría de las personas encuentra su identidad en lo que hace —esto es, su oficio, sus pasatiempos o su vocación—, o en lo que tiene: sus posesiones, su vestimenta, su reconocimiento o su poder. Pero la esencia de nuestra identidad está en un nivel mucho más profundo, esto es, en lo que somos. Si nos despojan de todo lo que tenemos y de todo lo que hacemos, aún conservamos nuestra identidad esencial.
En primer lugar, somos una creación de Dios. En segundo lugar, somos una creación especial, por ser la única en la que el Creador puso su imagen. En tercer lugar, somos una creación específica, pues fuimos hechos varones o hembras para glorificar a nuestro Creador desde roles particulares. Y en cuarto lugar, somos una creación con propósito, que es la mayordomía de la creación. Esos cuatro componentes son la esencia de nuestra identidad, y cuando los entendemos llegamos a tener una autoestima bien fundamentada.
Imagina que lo pierdes todo
Hermano, imagina un caso no deseado en el cual, por alguna razón, tú perdieras toda tu ropa. No te lo deseo, pero imagina que un ladrón visitó tu casa y se llevó los pantalones, se llevó las faldas, se llevó las prendas de vestir, se llevó los accesorios, se llevó lo que te pones en la mano. Tendrías que buscar ropa prestada y vestir la ropa de alguien más. Quizá tú sientas que estás perdiendo tu identidad, porque tu ropa te define: tu estilo de vestir, las marcas que utilizas.
Imagina, hermano, el caso no deseado en que por alguna razón tu integridad física sea afectada, y la forma en que te ves hoy no sea la forma en que te termines viendo. ¿Qué pasará contigo? Quizá serás derrumbado y pienses que tu vida carece de sentido, porque perdiste parte de tu identidad.
Imagina, hermano, que perdieras el trabajo. Eso que has hecho durante tantos años, que es levantarte, ir a trabajar a un sitio a las ocho y salir quizás a las cinco, y hacer esto vez tras vez tras vez; y que cuando la gente te pregunta a qué te dedicas, puedes decirle eso. Imagina el caso no deseado en que tú perdieras tu trabajo, y ya no tengas un lugar al cual ir de ocho a cinco, y no tengas un lugar del cual decir: yo soy empleado en tal lugar, o soy supervisor, o soy gerente, o soy médico, o soy ingeniero. Imagina, hermano, el momento en que ya no puedas ejercer esa profesión, por la razón que fuera. Quizás te verías devastado. Quizás te sentirías deprimido.
Imagina el caso no deseado, hermano, en que quizás pierdas todo tu patrimonio, y que lo poco o lo mucho que tú hoy tienes te sea quitado; que ya no puedas disponer para comprar, para hacer, y tengas que vivir quizás de la misericordia de alguien más. ¿Quizá te sentirías devastado? ¿Te sentirías derrumbado? Quizás sientas que has perdido tu identidad.
Me gustaría señalarte que más allá de lo que tienes y de lo que haces hay una valía, hay una identidad más fuerte que tú tienes; puede ser que te quiten todo, pero eso nadie nos lo podrá quitar. Me interesa que sepas esto, porque si no sabes cuál es tu identidad esencial, cualquier otra cosa que le pongas encima te hará daño; si no sabes cuál es tu identidad esencial, pasarás tu vida tratando de llenarte de cosas o tratando de hacer cosas para sentir que verdaderamente eres valioso. Me interesa que sepas esto para que, ya sea que tengas o no tengas, entonces tú siempre puedas decir: yo soy.
Voy a un punto más profundo. Imagina que mañana —el Señor te cuide— te faltara el esposo o la esposa, te faltara el hijo, te faltara la hija, te faltara la madre, te faltara el padre. Sí, definitivamente te dolerá; pero si tú no sabes cuál es tu verdadera identidad, no solamente te dolerá, sino que te derrumbará. Ha dicho el Señor que en este mundo nosotros tendremos aflicción. Nosotros vivimos en una tierra que es inestable; las cosas que hoy hacemos y las cosas que hoy tenemos, nadie nos asegura que las tengamos o que las podamos hacer mañana.
Quiero solamente señalarte, hermano, cuáles son las cuatro cosas que a ti te definen ante Dios. Dios, que ve más allá de tu ropa, cuando él te ve, ve eso. Dios, que ve más allá de tu trabajo, cuando te ve, encuentra eso. Y Dios ve más allá de tu prestigio. Aquí hago la pregunta: ¿imagina que mañana, por la razón que fuera, perdieras tu testimonio público, y que los hombres que hoy te aplauden mañana se avergüencen de ti, y que aquellos que antes te buscaban ya no te busquen, y que dejes de tener aquel prestigio que quizás por años de arraigo, de trabajo, de ser un hombre o una mujer seria durante tantos años, has llegado a tener? ¿Qué sería de ti?
Quizás tú no estás necesitando este tema hoy, hermano, pero muy probablemente lo necesites el mes que viene. Muy probablemente lo necesites el año que viene. Y cuando te haya faltado lo que tienes o lo que haces, me gustaría que recuerdes lo que dice Génesis capítulo 1, versículos 27 y 28: que creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó. Cuando todo se vaya, aún tendrás tu identidad esencial.
Primero: somos creación de Dios
¿Cuál es la esencia de nuestra identidad? Quiero mostrarte cuatro componentes básicos que tenemos todos los seres humanos, y que aunque nos faltara cualquier cosa, todavía podemos tener. Dice la Escritura: creó Dios al hombre. ¿Cuáles son las implicaciones de haber sido creado por Dios?
Hay un valor esencial, hermano, que tiene la criatura. Eso se llama atribución de virtud. Yo no sé la calidad que tiene un cuadro, pero si el pintor es famoso, cada cuadro que haga el pintor, por el hecho de tener su firma, es un cuadro que vale.
Quizás tú no entiendes el cuadro; quizás tú no puedas entender el valor que tiene el cuadro, pero es un valor que ya tiene, y es por la persona que lo hizo. ¿Por qué somos valiosos los seres humanos? Los seres humanos somos valiosos porque fuimos creados por Dios. Nuestra existencia tiene sentido.
Hubo una vez cierto debate entre un ateo agnóstico, Bertrand Russell, y un creyente, y el ateo afirmó y concedió lo siguiente: a menos que se dé por hecha la existencia de Dios, la búsqueda de significado en la vida carece de sentido. Cuando nada tenga explicación, todavía hay algo que está correctamente explicado, y se explicó al principio de la historia: somos creación de Dios.
Pero esto también tiene otras implicaciones. Tenemos una misma fuente autorizada de consejo y dirección: Dios. ¿Por qué los creyentes confiamos en las Escrituras? Porque nosotros sabemos y nos consta que no somos un accidente. Por eso, hasta el hombre que está en la más patente oscuridad, cuando lee la Escritura, la Escritura como que tiene algún sentido para él; él la lee y siente como que le están hablando. ¿Qué es lo que pasa con la Escritura, que hace tanto sentido en la mente del ser humano, a un punto tal que hasta aquellos que no se han humillado ante Dios para obedecerle, cuando leen la Escritura tienen que reconocer la sabiduría que en ese libro hay, y dicen: ese libro es más que un libro?
Lo que sucede es que tú no eres producto de la evolución; tú eres el producto de la creación intencional de un Dios. Por eso la palabra del Señor hace sentido para ti. No es lo mismo un accidente que una obra intencional y documentada. Por eso la palabra del Señor es la misma para todos los pueblos. Tú predicas la misma porción de Escritura a los negros y a los blancos, y a los dos les hace sentido. Predicas la misma Escritura al hombre rico y al hombre pobre, y para los dos la Escritura tiene sentido. La predicas en China y la predicas en Australia, y aún sigue siendo la palabra de Dios con sentido.
Esto es algo que los psicólogos y psiquiatras evolucionistas tendrán que explicar. Si acaso nosotros todos tenemos fuentes distintas y somos productos evolucionados, entonces no hay un tipo de terapia para el hombre: deben haber setenta tipos de terapias, o setecientos. Si acaso el hombre es la evolución de la materia a lo largo del tiempo, ¿por qué razón el consejo que te sirve a ti debería servirme a mí? Somos hechura suya, somos creación de Dios, y por eso el consejo de Dios hace sentido para todos los hombres.
Hermano, da un descanso no tener que andar sin el manual del fabricante. Yo tenía un vehículo modificado que se hizo en Japón y se trajo a República Dominicana; y como aquí no conducimos del mismo modo en que se conduce allá, entonces le cambiaron el guía, le cambiaron los ramales, le cambiaron todas esas cosas. ¡Cuánta lucha cogí yo con ese carro! Yo buscaba en electricidad, y me decían que eso es muy difícil de trabajarle a ese carro, porque a ese carro tú le buscas el manual y el manual dice que el cable es azul y que viene por este lado, pero el cable no tiene ningún color y está por el otro. Qué paz da, hermano, saber que la mayoría de nuestros problemas encuentran solución en la palabra del Señor. Somos creación de Dios, y la palabra del Señor para nosotros tiene sentido. ¿Por qué recibimos el consejo de Dios como palabra autorizada? Porque es palabra autorizada de aquel que nos creó.
Hermanos, si yo tuviera la convicción de que ustedes todos son seres que han evolucionado de diferentes fuentes, yo no predicara la palabra del Señor. ¿Porque cómo va a ser que el mismo mensaje haga sentido para Maribel, para Nelly, para Raúl, para Priscila, para todos ustedes y también para mí? Hace sentido porque todos nosotros somos hechura suya. Es el consejo del fabricante.
Pero más allá de esto, hermano, sin importar lo que hayamos hecho, bueno o malo; sin importar nuestro testimonio o nuestra convicción, el hombre tiene un valor que es un valor per se. Hay algo entre nosotros que vale porque vale, sin importar nuestros actos buenos o malos. ¿Por qué es tan importante que se entienda esto, hermano? Porque no entender que todos los hombres somos creación de Dios ha traído el totalitarismo. ¿Qué es Hitler? ¿Qué es la Alemania del tiempo de Hitler? Es entender que la raza aria era una raza que había evolucionado más aceleradamente que las demás, y que por eso tenía el derecho de explotar a las otras.
¿Qué te dice la Escritura? Que sin importar tus posesiones, sin importar el color de tu piel, sin importar tu herencia, sin importar tu país, tú eres valioso porque eres valioso; y hay algo esencial del ser humano por lo cual podemos amarlo. Es más: nosotros no tenemos que conocer a un hombre para comenzar a amar a esa persona, porque ya comenzamos a amarle sabiendo que es hechura de Dios. Aquí hace sentido lo que dice la Escritura, que nosotros podemos amar hasta a nuestros enemigos.
Siempre me sorprende la expresión de Dios cuando le habló a Jonás sobre Nínive, y el Señor le dijo: ¿no tendré yo misericordia de Nínive, esa gran ciudad, donde hay cantidad de hombres que no saben distinguir su mano derecha de su mano izquierda? ¿Cómo nosotros podemos amar hasta a nuestros enemigos? Porque hasta nuestros enemigos fueron creados por Dios. Sin importar nuestras decisiones, usted y yo salimos de la misma fábrica. Estamos llamados, hermano, a tratar hasta a nuestros enemigos con la misma dignidad que tienen las criaturas de Dios.
Primer componente de nuestra identidad: nosotros somos lo que somos porque somos hechura suya. Y cuando le falte cualquier cosa, usted recuerde: yo soy valioso porque Dios me creó. Y cuando no tenga en la cartera o no tenga en el banco lo que usted entienda que tiene que tener, entienda: tengo en mi esencia la mano de Dios; él me hizo, soy creación de Dios, y eso me hace valioso.
Segundo: somos una creación especial
Bueno, pero también podemos decir eso de otras criaturas. Todo el firmamento ha sido hecho por Dios, y por eso tiene su valor. Y miren, esto tiene implicaciones muy amplias: la mayordomía de la creación, el cuidado de la creación, la administración de la creación de Dios tiene su esencia en eso, en que la creación es suya. Pero hay algo todavía más grande.
¿Cuál es la esencia de nuestra identidad? No solamente somos creación de Dios, sino que somos una creación especial. El Señor hizo los peces, hizo las plantas; pero cuando llegó el ser humano, entonces Dios se detuvo. Y de esta criatura, que según el salmo es la corona de la creación, lo que él dijo fue lo siguiente:
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó.
— Génesis 1:27
¿Fueron los perros creados a imagen de Dios? ¿Y los peces? Entonces significa que nosotros somos diferentes a ellos. ¿Y qué de estas personas que nos dicen que los animales y los hombres tenemos los mismos derechos y la misma valía? ¿Y las plantas? Hermano, ¿por qué podemos comernos las plantas? Quizás les sorprenda, pero he escuchado hermanos que son influenciados por las ideas panteístas y te dicen que tenemos que ser vegetarianos porque nosotros no podemos comernos los animales, porque los animales también tienen vida y también fueron hechos. El asunto es que el hombre tiene la imagen de Dios, y el Dios que hizo toda la creación autorizó al hombre a que su sustento venga de las plantas y venga de los animales.
Ahora, ¿es lo mismo comerse los animales que manifestar violencia y maldad hacia los animales? No es lo mismo. «Bueno, yo soy a imagen de Dios, entonces yo puedo tirarle piedras a los animales y maltratarlos». No. Tú estás llamado a cuidar de ellos, y hay por lo menos quince referencias en la Escritura que nos dicen que los hombres tenemos que darle un trato digno a los animales. Sin embargo, tenemos que saber que nosotros no somos animales, que la imagen de Dios está en nosotros.
Ahora yo le pregunto a usted: ¿Dios tiene cuerpo? ¿Entonces a qué se refiere la Escritura cuando nos dice que la imagen de Dios está en nosotros? ¿Es que yo me parezco a él? ¿Qué parte de Dios está en nosotros, si Dios es espíritu? ¿Por qué razón el hombre se parece a Dios?
Primero tengo que advertir que cuando la Escritura habla de imagen no está hablando de igualdad. Está hablando de patrón, está hablando de rasgos. Dios sigue siendo Dios; no significa que nosotros somos dioses. Nosotros somos seres creados por Dios, y la criatura siempre es inferior al autor. Sin embargo, cuando un autor hace algo, transmite en eso sus valores, sus convicciones, sus prioridades. Cada criatura es un discurso.
Usted puede buscar cualquier pintura, y usted encontrará que detrás de esa pintura abstracta hay un discurso. Es más: uno a veces no sabe lo que está predicando desde la pared de su casa. Investigue lo que quería transmitir el autor de esa obra y encontrará que detrás de cada obra hay un discurso.
Si usted busca el impresionismo, encontrará que el impresionismo, más allá de cómo se utilizaba la puntada en el cuadro, partía de una concepción de la vida y del mundo que tenían los impresionistas. Que el modernismo abstracto parte de una concepción de la vida y del mundo que tenían también sus autores. Que el realismo también parte de una filosofía. Cada obra, hermano, las obras predican. Usted le pregunta al autor: ¿qué te movió a ti a hacer eso como lo hiciste? Y él te dirá: lo que pasa es que a mí me parece que la vida es un absurdo, y como me parece que la vida es un absurdo, entonces mis obras son así.
La imagen de Dios en nosotros
Hermano, si tú quieres saber lo que piensa Dios, si usted quiere saber las prioridades de Dios, entonces analice la creación del ser humano. La imagen de Dios está en nosotros; somos obra suya. ¿Qué implicaciones tiene esto? ¿Qué aspectos de Dios han sido colocados en nosotros, a diferencia de los perros, de las plantas y de los peces?
Los seres humanos somos seres morales. Tenemos adentro de nosotros la necesidad imperiosa de conducir nuestros actos según algún criterio. Eso está dentro de todos los seres humanos en Rusia, y está dentro de todos los seres humanos en República Dominicana y en Estados Unidos. El ser humano necesita explicar sus obras de acuerdo a determinado criterio. Eso puede ser la palabra del Señor, puede ser lo que me enseñaron en mi casa, puede ser lo que se acostumbra en mi tiempo; pero todos los seres humanos, cuando hacemos algo, lo hacemos de forma tal que podamos explicarlo.
Queremos darle a eso algún sentido moral. Los peces no tienen eso; los animales no lo tienen, hermano; las plantas no lo tienen. Solamente lo tiene el hombre: el hombre es un ser moral. Por eso las enseñanzas morales de Jesús hacen tanto sentido al ser humano; es una moral perfecta. El ser humano necesita buscar la coherencia o la contradicción en cada cosa. Quiere que sus actos sean consistentes; él no quiere ser contradictorio. Y aquí la pregunta para ti: si no te importa que en el cielo haya un Dios, ¿por qué quieres buscar una explicación a lo que estás haciendo? Es porque el ser humano es así. Él no solamente quiere que sus actos tengan un sentido moral; también quiere saber si sus actos son correctos en alguna escala de valores, que puede ser la escala de Dios o puede ser su propia escala de valores.
El ser humano tiene adentro de sí algo que le dice que las cosas son correctas o incorrectas. No se necesita el evangelio para eso, hermano. Cuando el ser humano se olvidó de Dios, hizo su propia moral. Ustedes busquen: todos los pueblos de la antigüedad hicieron algún código de conducta. Desde el código de Hammurabi, pueblos primitivos decían: nosotros queremos hacer un código para poder encontrar una explicación racional a nuestra conducta.
Eso es lo que facilita la apologética, porque nosotros podemos discutir a favor de Dios con los incrédulos, porque sabemos que detrás de esa mente depravada hay al mismo tiempo una mente racional. Sabemos que detrás de ese hombre caído hay un ser moral que Dios ha hecho, y cuando apelamos a él estamos apelando al diseño de Dios. ¿Por qué podemos, hermanos, discutir a favor de Dios? Porque sabemos que esa mente que está siendo utilizada para la maldad fue hecha por el mismo Dios que hizo la verdad; y cuando le persuadimos, le persuadimos racionalmente y le persuadimos moralmente.
La imagen de Dios en nosotros también hace que seamos seres inteligentes. Bueno, aparece gente tan buena que me dice: ay, pero es que el perrito que tengo en mi casa es tan inteligente que eso es como un ser humano. No, no. Un perro no puede proyectar el pensamiento; el perro no puede ir al pasado, no puede ir al futuro. Y alguien me dirá: sí, mire, ese muchachito por mi casa le tiró una piedra al perro, y el perro cada vez que lo ve ladra. Eso es instinto, hermano; es un sentido de supervivencia muy primitivo, un asunto muy básico —esa es la palabra correcta: básico.
¿Usted va a comparar el raciocinio del hombre, la inteligencia del hombre, con la inteligencia que tienen las aves? Parta por el hecho de que la misma Escritura dice que ninguno de los animales tiene la capacidad de preocuparse; solamente la tenemos los hombres. Nosotros podemos pensar qué vamos a comer mañana; ni las aves ni los peces andan pensando en eso. Esa capacidad de proyectar el pensamiento hacia el futuro y hacia el pasado, y extraer de ahí más conocimiento, Dios solamente la puso en nosotros.
Otra cosa que es imagen de Dios en nosotros es el sentido de trascendencia. Dice la Escritura que Dios ha plantado la eternidad en nuestros corazones. Queremos proyectarnos hacia el futuro y queremos permanecer, y el sentido de trascendencia hace que los seres humanos queramos pensar que hay vida más allá.
Dios dice que nos hizo para la eternidad y que hay oportunidad de vida más allá; pero aún sin Dios, el hombre ha inventado alguna forma de vida más allá. De ahí han salido, hermano, las reencarnaciones. ¿Cómo tú llegaste a idear la reencarnación? Es que adentro de mí hay algo que me dice que una vida no es suficiente, que se necesita más que eso; adentro de mí hay algo que me dice que de algún modo tenemos que conservar las cosas que se han hecho, sean buenas o sean malas, y que eso tiene consecuencias. Miren, busquen cualquier sistema de valores fuera de Dios y encontrarán que tiene su explicación en que el hombre es un ser racional, es un ser moral, es un ser inteligente y es un ser que piensa en la trascendencia. Por eso el hombre, aunque sea el menos creyente, por lo menos quiere tener un hijo para perpetuar su nombre; y el que no tiene hijo hace como Absalón, y pone un obelisco muy alto y le pone su nombre, para que haya memoria de él.
Y algo más que me llama la atención: Dios dice «hagamos». Aquí vemos que Dios es trino y que habita en una perfecta comunidad. El ser humano es un ser comunitario, está hecho para vivir en relaciones. La soledad es antinatural; el compañerismo es el plan de Dios para el hombre. Dios vive y habita eternamente en una perfecta Trinidad, donde Dios no se siente solo; y el ser humano, al mismo tiempo, ha sido creado por Dios para habitar en comunidad. Hay hombres que dicen: no, yo disfruto la soledad; a mí me gusta la soledad, yo puedo vivir aquí en la montaña y no tener comunión con nadie. Ese, por lo menos, tiene la necesidad de decírselo a otro hombre.
Bueno, por eso la iglesia es algo tan satisfactorio. La iglesia es una experiencia comunitaria donde buscamos una moral verdadera, donde se ejercita el intelecto, donde se apela a la razón. Por eso los cristianos, hermanos, cuando venimos a la casa de Dios nos sentimos tan llenos: es que es una experiencia que apela a algo más grande que nosotros mismos.
En esto, hermano, no quiero ser idealista. No piensen que los hombres caídos tienen una moral perfecta, una razón perfecta, una inteligencia perfecta, una trascendencia perfecta. El ser humano, después de la caída, todo eso lo malogró.
Si usted busca un poco más adelante, el hombre desobedeció a Dios, y dice la Escritura que el hombre cayó. ¿Qué perdió el hombre cuando cayó? Perdió su comunión con Dios, perdió el sentido de la trascendencia, comenzó a buscar el día a día y la inmediatez; su razón fue distorsionada, su moral también; el hombre comenzó a tener soledad. Sin embargo, hermano, aún después de la caída, todavía el valor esencial del ser humano se mantiene. Miren lo que afirmaba Dios después de la caída, después que el hombre pecó:
El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.
— Génesis 9:6
¿Sabes por qué razón estamos impedidos de quitarle la vida a otro hombre? Porque nosotros no podemos destruir esto que Dios ha plantado, sin importar la maldad de aquel hombre. El hombre fue hecho a imagen de Dios, y aún después de la caída el hombre mantiene su valor esencial.
Hermano, estos primeros dos atributos de la imagen de Dios en nosotros quizás sean un poco conceptuales. Vayamos ahora a dos atributos todavía más prácticos. ¿Por qué eres valioso? Eres valioso porque eres hechura de Dios. Eres valioso porque eres un ser moral, eres un ser racional. Mire, usted puede buscar en la calle el ser humano más malogrado por el pecado; usted lo puede encontrar. Busque un hombre a quien el alcohol casi ha destruido su ser racional —¿han conocido hombres así?—, personas que anteriormente eran seres muy racionales y el alcohol o las drogas han destruido su cerebro. Pero búscalo y habla con él, y encontrarás todavía ahí adentro algunas líneas de un patrón pensante, racional, moral. Y uno dice: ¿está destruido? Sí, pero algo queda.
Tercero: somos una creación específica
Veamos por qué más somos valiosos. Dice la Escritura, en el libro de Génesis:
Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
— Génesis 1:26-27
¿Cuál es el tercer componente de nuestra identidad, hermano? Nosotros no somos una creación genérica; somos una creación específica. Dios hizo a unos varones y a otras hembras. Aterrizo esto en nuestro tiempo, cuando se dice que el hombre no nace ni varón ni hembra, sino que nace genérico, y que es la sociedad la que hace de unos varones y de otras hembras.
Hermano, adentro de su cuerpo, a nivel fisiológico, a nivel mental, a nivel emocional, Dios te hizo varón o Dios te hizo hembra, aunque el mundo te haya trastornado. Y tú puedes cambiar toda la fachada, hermano, pero aún ahí hay algo fundamental adentro que no vas a lograr quitar: cuando se vea en un espejo, él se seguirá viendo varón, o ella se seguirá viendo hembra. Puede engañarnos a todos nosotros, pero adentro de él mismo, en la profundidad de su ser, su identidad esencial le va a seguir diciendo: tú fuiste hecho por Dios. La imagen de Dios en ti, aunque esté muy desbaratada, todavía está; y la identidad específica que Dios te puso adentro permanece: morirá varón, o morirá hembra.
Una aclaración aquí. Algunas personas han malinterpretado la Escritura y han dicho: bueno, pues si Dios nos hizo varones y hembras a su imagen, entonces significa que Dios es hembra y Dios es varón. No, hermano, son cosas distintas. Lo mismo dicen algunos: bueno, pues entonces Dios también es pez, porque los peces son criaturas de él, y Dios también es planta. No; eso se llama panteísmo. Me contaba Raúl de una persona que le estuvo hablando de esto, que le decía: no, Dios también es hembra. Hermano, es una metáfora con la que Dios se está comunicando. Dios no tiene un cuerpo, Dios no tiene sexo; Dios no es varón ni Dios es hembra. Cada vez que Dios habló se presentó como Padre, pero no significa esto que Dios como tal tenga atributos masculinos, o que tenga genitales o cosas como estas. Nada parecido: no abusen de la imagen, porque recuerden que es una figura literaria.
Del mismo modo nos dicen que Dios es rey, que Dios es sacerdote, que Cristo es nuestro profeta, que Cristo es nuestro hermano. Cristo es tu hermano porque hay una filiación, pero no significa esto que Cristo sea hermano de sangre de Maribel Félix. O sea, son metáforas, son la manera en que la Escritura ha explicado estas cosas. Lo que vemos es que así como Dios hizo peces y así como Dios hizo plantas, también Dios hizo hombres; y cuando Dios hizo a los hombres, en su diseño Dios les puso sexo.
Hermano, uno no puede sentir que tiene una personalidad plena si no acepta esto. Usted tiene que tener un profundo sentido de satisfacción con lo que Dios le permitió ser. Si usted sabe que es varón, tiene que buscar la manera de sentirse varón; si Dios le hizo hembra, busque la manera de disfrutar ser hembra.
¿De dónde vienen las profundas depresiones? Estuve mirando estadísticas, hermanos: los homosexuales son el sector de la población mundial que más episodios de depresión enfrenta en su vida; más del setenta por ciento viven en profunda depresión. Ahora, ellos mismos dicen que la razón de su depresión está en que la sociedad les rechaza como ellos son, y que como experimentan el rechazo, se sienten depresivos. Pero otro estudio, este en el Reino Unido, demostró que aun en países liberales, donde se acepta plenamente la homosexualidad y hasta se celebra, y aun entre homosexuales que vienen de familias donde sus padres celebran su libertad sexual, la tasa de depresión es la misma. ¿Y cómo no se va a sentir deprimido un ser humano, si él quiere ser aquello que Dios no le ha permitido ser? La misma depresión sentirías tú si tú quisieras ser un pez y habitar debajo del mar.
¿Cuáles son las implicaciones de esto? Lo tengo que afirmar, hermano: Dios no nos hizo genéricos. Dios nos hizo física, mental y emocionalmente diferentes. Los hombres y las mujeres no procesamos las emociones de la misma manera. Gracias al Señor que nos hizo distintos: los cuerpos del hombre y de la mujer son cuerpos diferentes; la forma en que funciona el cerebro masculino y el cerebro femenino es distinta.
Bueno, ¿cuáles son las posiciones? Algunos han hecho una radicalización de esto y dicen: no, el mejor sexo es el femenino —eso es feminismo—; el mejor es el sexo masculino —eso es machismo—. Es una radicalización. Dice la Escritura que Dios nos hizo a unos varones y a otras hembras, pero que uno no es mejor que el otro, que uno no tiene más valor que el otro. Por otro lado está la igualdad; y en esa igualdad, hermano, ¿quién cree usted que sale perdiendo? Los dos. «Como somos iguales, usted tiene que desarrollar su lado femenino», le dicen a los hombres. No, hermano: el hombre no tiene que desarrollar su lado femenino. El hombre tiene que aprender a complementarse con el sexo opuesto.
Tú tienes que tratar de ser el mejor ejemplar de hombre que Dios te lo permita, y la mujer tiene que tratar de ser el mejor ejemplar de mujer que Dios se lo permita. No somos iguales, somos diferentes. ¿En qué no somos iguales? Fisiológicamente no somos iguales, emocionalmente no somos iguales, mentalmente no somos iguales. ¿En qué somos iguales? En que tenemos el mismo valor, en que la imagen de Dios está en el hombre y está en la mujer. Esto significa que tanto hombres como mujeres somos morales, somos racionales, somos inteligentes y somos trascendentes. Hermano que está aquí presente: a menos que usted acepte la manera en que Dios le hizo ser, usted nunca va a sentir que tiene una identidad plena.
Lo que debemos evitar
¿Cuáles son los asuntos que tenemos que evitar con esto? Lo primero que tenemos que evitar es la caricatura que ha hecho la cultura popular de los sexos. Como dibuja la cultura popular al hombre está a años luz de lo que Dios dijo que era el hombre. ¿Qué dice la cultura popular que es el hombre? Es un hombre fuerte, es un hombre que impone su posición, es un hombre que tiene la última palabra. ¿Qué dice la Escritura que es un hombre? Lo más parecido a Cristo con la iglesia: es un líder de los suyos, es aquel que provee, es aquel que protege, es aquel que dignifica, es aquel que representa.
Al mismo tiempo, la cultura popular ha hecho una caricatura de lo que es la mujer. Dicen: ah, es que los cristianos creen que la mujer solamente da para parir hijos, traerlos al mundo y criarlos. No; busca la mujer virtuosa. La mujer virtuosa es una mujer inteligente, una mujer racional, una mujer que al mismo tiempo se involucra en actividades productivas, una mujer emprendedora. No es la caricatura de mujer que te quieren enseñar en este tiempo, de que las mujeres son para tener hijos y tenerlas ahí en la casa. La mujer virtuosa no era así. Tenemos que evitar la caricaturización.
Pero al mismo tiempo, otra tendencia a evitar es hacer de las consecuencias del pecado nuestra norma. Hermano, no todos nosotros hemos tenido el privilegio de ver en nuestra casa una masculinidad bien llevada. Pero uno no solamente aprende por imitación; también se aprende por instrucción. Quizás tú no tuviste en tu casa —hombre que está aquí presente, le hablo en este momento a los hombres— el mejor ejemplar de hombre que pudiste haber tenido. Busca a Cristo.
Dice la Escritura que si tú quieres saber lo que es una masculinidad bien llevada, apunta a Cristo y a cómo Cristo se comporta con su iglesia.
Suceden también casos de mujeres que quizás están aquí presentes, que tuvieron una madre a quien su marido la abandonó. ¿Y qué hizo la madre? Hizo de las consecuencias de su situación familiar la norma, y se dedicó a que su hija fuera hombre y mujer al mismo tiempo. Y eso se manifiesta cuando le dice: «Mi hija, tú tienes que estudiar para protegerte de un marido». ¿Esa es la razón que una mujer tiene para estudiar? No. Tú vas a estudiar porque tú eres una mujer racional, eres una mujer inteligente, Dios te hizo a su imagen. Qué triste es la mujer que estudia para protegerse de un marido. Hay otras que le enseñan a defenderse con artimañas, porque han pasado su vida defendiéndose de un marido. Hermano, no podemos hacer de la falta la norma.
¿Cómo podemos mejorar esto? Miren, a veces uno aprende por imitación. Y quizás no hayas tenido en tu casa un modelo de mujer que te enseñara lo que es un aspecto femenino bien llevado; o quizás no tuviste en tu casa un hombre que te enseñara esto. Y si no lo tuviste, ¿qué sucede? Aprende por instrucción. Busca lo que dice la Escritura que es un hombre, y guíate por ahí. Busca lo que dice la Escritura que es una mujer, y aprende por ahí. Dice la Escritura que Dios nos hizo hombres o nos hizo mujeres.
Hay otros que aprenden por corrección. Hermano, tengo que decirle que eso se cultiva. Escuchaba a un hombre muy joven que decía: «Es que yo soy así, yo nací de este modo, yo no sé hacerlo de otra manera». Ahí hay una verdad y una mentira. Lo primero: tú no eres así; tú siempre lo has hecho de esa manera. Quizás no has tenido un ejemplo que te enseñe que se puede, o una instrucción que te enseñe, o una corrección. ¿Te va a dar mucha lucha? Sí, yo sé. Y quizá pase contigo lo mismo que pasó con el patico feo, que al final él creía que era un patico y se acostumbró, pero después se dio cuenta que era un cisne.
Hermano, quizás tú has pasado la vida creyendo que eres un patico feo, pero tú no eres un patico feo. No es lo que tú creías, es lo que Dios te hizo ser. Y qué liberador es comenzar a ser en su identidad lo que Dios determinó que uno fuera.
Hermanas que están aquí presentes: yo quiero animarles a que traten de ser lo más femeninas que el Señor les permita, según el modelo de Dios. Y mientras más femeninas ustedes sean siguiendo el modelo de Dios, van a sentir que tienen una identidad más plena. Y quizás a alguna de mis hermanas esto le sea difícil, porque vive en un mundo que no le da un buen ejemplo, o viene de una familia donde no se le ha dado un buen ejemplo, o quizás ha tenido influencia de una instrucción que ha dañado el modelo de Dios. Pero mientras más mujer usted sea, más plena usted será.
Hermanos que están aquí presentes, ¿cuál es mi estímulo? Que comiencen a cultivar su masculinidad. La Escritura nos dice a los hombres: compórtense varonilmente. Algo que a mí me llama la atención es que hasta en las distorsiones, cuando un hombre cuestiona a Dios y dice que Dios no lo hizo ser hombre, ni siquiera parece una mujer. ¿Han visto que no parecen ni mujeres ni parecen hombres? Es una caricatura. Y siempre, hermano, siempre adentro de ellos hay una profunda depresión, siempre hay una profunda tristeza. ¿Y qué es lo que sucede? Que está rebelado contra el diseño de Dios para él.
Primer componente de tu identidad: eres creación de Dios. Lo segundo: eres creación especial de Dios. Y tercero: eres una creación específica. Cuando te lo quiten todo, tú vas a seguir siendo hombre o mujer, hecho a la imagen de Dios. Esa imagen estará ahí, y serás una creación de Dios.
Cuarto: una creación con propósito
¿Cuál es el cuarto componente de nuestra identidad? Dice después el versículo 28: «Y los bendijo Dios». Ustedes ven que está en plural.
Todavía está en plural: no dice que lo bendijo Dios al hombre, o que la bendijo a la mujer; dice que Dios dio esta bendición, y fue una bendición en plural. Nos bendijo a ambos. Esto que acabo de decir a continuación aplica para hombres y aplica para mujeres. Y los bendijo Dios a ambos, y les dijo a ambos: fructificad, ambos; y multiplicaos, ambos; llenad la tierra, ambos; y sojuzgadla, ambos; y señoread en los peces del mar, ambos; en las aves de los cielos, ambos; y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. La mayordomía de la creación, hermano, es otro privilegio.
¿Por qué es importante entender esto? Porque dice el libro de Eclesiastés que todas las cosas hastían. Mira, la única manera en que nosotros podemos tener relativa paz en las cosas que hacemos en esta tierra es entendiendo que Dios nos hizo para hacer algo: para la mayordomía de su creación.
Y esto se hace de diferentes maneras, hermano. Quizás tú seas una maestra, y para que tengas una identidad realizada en Dios vas a tener que explicarte de qué manera, siendo maestra, tú puedes administrar la creación de Dios de forma tal que la creación aumente, que la creación camine mejor. ¿De qué manera aportas a la creación de Dios? Quizás tú seas un ingeniero: tendrás que explicarte a ti mismo de qué manera tu trabajo contribuye a que la creación de Dios sea administrada y sojuzgada, y a que yo sea mejor señor de la creación que Dios nos ha dado.
Yo no sé cuál es tu profesión ni cuál es tu oficio. Quizás eres un ama de casa y tu trabajo está en la casa; entonces tú tendrás que explicarte a ti misma de qué manera, desde la casa, tú puedes administrar la creación de Dios de forma tal que sea fructífera, que se multiplique y que alcance un buen propósito.
No hay una cosa que dañe más y que traiga más depresión que cuando el ser humano se siente subutilizado. Pase usted un día entero subido a una cama, sin hacer nada productivo, y ese día usted sentirá una profunda tristeza. He leído que a los presos, a las personas a quienes se les retiene su libertad, una de las razones por las cuales se les estableció el trabajo dentro de la prisión es que ellos mismos decían: queremos hacer algo con nuestra vida. La mayor prisión no era estar dentro de cuatro paredes; era estar dentro de cuatro paredes sin hacer nada.
El ocio, la vagancia, la pereza, hermano, no solamente ofenden a Dios, sino que te dañan a ti mismo, porque dañan la imagen de Dios que está en ti. Dios te hizo para labores productivas. El hombre trabaja porque le dan un salario, pero hasta trabajar es un privilegio que Dios nos ha dado. Y usted se pregunta: ¿y por qué la gente evita tanto el trabajo y busca estratagemas para trabajar poco? Porque Satanás ha distorsionado esto y nos ha enseñado el trabajo como un castigo. Hermano, trabajar como tal no es un castigo. El trabajo duro vino después de la caída, pero el hombre fue hecho para administrar la creación, y parte de nuestra identidad está en saber que hacemos algo con nuestra vida para que la creación esté mejor administrada.
No hay manera en que tú tengas un sentido de satisfacción con el trabajo que hagas, sin importar el trabajo que sea, a menos que tú entiendas que ese trabajo es un privilegio que Dios te ha dado. No por el apellido o el nombre que tenga tu oficio, sino porque de algún modo estás contribuyendo a administrar la creación de Dios. Eso es parte de tu identidad. El ser humano, siendo productivo, está haciendo aquello para lo cual Dios lo estableció. ¿De qué manera podemos disfrutarlo? Dice la Escritura:
Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa.
— Colosenses 3:23-24
Yo tengo el privilegio, hermano, de que el Señor me ha permitido tener diferentes oficios a lo largo de mi vida. Yo he hecho diferentes cosas; yo podría dedicarme a administrar la creación desde diferentes perspectivas. Por ejemplo, yo en un momento hice administración de computadoras como tal —la parte física, redes, hardware y demás—; eventualmente programé computadoras; después hice asuntos de diseño; después de eso pasé a asuntos administrativos; después el Señor me permitió hacer un negocio, y una cosa y negocios de otra. Lo que yo le puedo decir de todas esas cosas, hermano, es que por mucha variedad que tengan, tarde o temprano uno se aburre. Todos los trabajos, inicialmente, son los trabajos más divertidos del mundo; haga eso ahí durante un año y usted va a ver. Hay algo en el ser humano —eso lo dice Eclesiastés, hermanos— y es que tarde o temprano todas esas cosas hastían.
¿De qué manera uno puede tener un sentido de propósito de lo que está haciendo? Entendiendo esto, hermano: ya sea que usted esté contratado para barrer el piso o contratado para dirigir una organización; ya sea que su trabajo esté dentro de la casa o que su trabajo esté fuera de la casa, entienda que usted tiene que conectar su trabajo con la administración de la creación. Porque cuando uno entiende que lo que está haciendo de algún modo contribuye a la creación de Dios, entonces uno, en el interior de su corazón, tiene un sentido de propósito.
Hermano que está aquí presente, te resumo. Cuando te falte dinero, cuando te falten esas actividades varias que uno hace, recuerda cuál es la esencia de tu identidad. La esencia de tu identidad está en que tú eres creación de Dios; en que eres una creación especial, porque eres la única que tiene su imagen; en que si tú eres varón, fortalezcas tu masculinidad, y si eres mujer, entonces seas femenina; y en que hagas algo productivo con tu vida, aunque no sea mucho, pero trata todos los días de recordar que fuiste puesto en la tierra para administrar la creación de Dios. En esas cosas nuestra existencia entonces tiene sentido.
Oración final
Permítanme orar por todos ustedes, para que el Señor les permita que cada uno de estos rasgos esenciales sea cultivado y sea multiplicado.
Te pido, Señor, por mi iglesia que está aquí congregada. Te pido que cuides a mis hermanos, Señor, de las mismas depresiones que tiene el mundo, de la misma tristeza que tienen aquellos que viven sin ti. Permite, Señor, que cuando nos falte cualquier cosa, recordemos, Padre, que hay una identidad esencial que nosotros tenemos en ti; que fuimos creados para gloria tuya, que fuimos creados por ti.
Padre, te quiero orar específicamente para que mis hermanos tengan un comportamiento digno de ser una creación especial. Mira que el pecado quiere arrastrarnos, Señor, y hacernos comportar como animales. Te pido por mis hermanos, para que ellos te glorifiquen dentro de la creación siendo seres morales y racionales. Mira que Satanás quiere engañarnos, Señor, para que tengamos un comportamiento inferior. Enséñales a mis hermanos, Señor, que fueron creados por ti mismo y por tus manos, que son especial tesoro en ti, Señor, y que no echen eso por el suelo.
Mira, Padre, a aquellos que quizás hayan tenido en algún momento dudas acerca de su identidad como varones o de su identidad como hembras: fortalece su identidad, Señor. Aquellos que quizás no han tenido un buen ejemplo, permite, Padre, que tengan una buena instrucción; y aquellos en quienes hasta la instrucción ha fallado, Señor, permite que sean corregidos por tu palabra. Permite que los varones seamos varones, Señor, y que las hembras sean hembras. Mira a aquellos de mis hermanos que han tenido la tentación de jugar más de un rol, de ser hombres con características femeninas o mujeres con características masculinas. Te pido, Señor, que tú proveas para cada uno de los hermanos que están aquí presentes los recursos necesarios para que desempeñen su rol y que otros les complementen. Bendice, Señor, esta iglesia con mujeres que sean mujeres a la manera tuya y hombres que sean hombres a la manera tuya.
Por último, Señor, te pido que nos permitas hacer con nuestras vidas cosas productivas. Mira a aquellos de mis hermanos que están entrando al mercado laboral: permite, Señor, que ya sea que trabajen en una empresa o que trabajen en otra, recuerden que fueron hechos para actividades productivas, y que las hagan. Mira a aquellos que ya están, Señor, cerrando su labor de más ajetreo en la vida, y quizás ya están pasando a la postrimería de su vida; que quizás muchos de ellos ya no tienen empleo o no tienen actividades tan recurrentes: permíteles, Señor, algún oficio que desempeñen, ya sea desde su casa o fuera de su casa, para que en la última parte de su vida en esta tierra aún se mantengan productivos para gloria tuya. Te pido específicamente, Señor, por mis hermanos que ya tienen más de cincuenta años: provee para ellos actividades donde sientan que aún, Señor, en su vejez, están administrando tu creación.
Trae, Señor, alegría en nuestra identidad esencial. Bendice esta iglesia, Señor; evita que seamos engañados por las tentaciones del mundo; que cuando tengamos o cuando nos falte, Señor, siempre recordemos que somos hechura tuya, creados en Cristo Jesús para buenas obras. Bendice tu pueblo, bendice a nuestras hermanas que no pudieron estar aquí hoy. En el nombre de Cristo, amén.
Que el Señor les bendiga, hermanos, y que tengan satisfacción en su identidad.