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Implicaciones prácticas de la doctrina cristiana

Hebreos 13:1-6

Si la doctrina cristiana es realmente la correcta, debe manifestarse en un estilo de vida distinto: en amor perseverante, compasión genuina, honra al matrimonio y victoria sobre la avaricia.

Predicado16 de septiembre de 2018
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Que el Señor les bendiga, hermanos queridos. Les pido que me acompañen en la Sagrada Escritura. Vayamos juntos al último capítulo del libro de Hebreos, Hebreos capítulo 13.

Pueden ponerse un momento sobre sus pies para que leamos la Sagrada Escritura. Estaremos considerando los primeros seis versículos del capítulo 13, y con la ayuda del Señor veremos aquí las implicaciones prácticas de la doctrina cristiana.

Es el libro de Hebreos en el capítulo 13, desde el versículo 1 y hasta el versículo 6. Dice así la Sagrada Escritura:

Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo.

Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.

— Hebreos 13:1-6

Pueden sentarse, hermanos, amigos queridos.

En nuestra introducción dice que, a diferencia de la filosofía, esta disciplina que encuentra su propósito en el conocimiento por sí mismo, la doctrina cristiana carece de valor cuando solamente se entiende. Hasta que no somos llevados a actuar, a decidir, a cambiar de rumbo, todavía la doctrina no ha alcanzado su propósito.

Así, un discípulo de Cristo no se conforma con solamente entender; él quiere vivir a la luz de ese nuevo entendimiento. Hebreos, este libro que hemos estado considerando en nuestra iglesia desde hace un buen tiempo, es un libro relativamente denso, una de las epístolas más profundas del Nuevo Testamento. Concluye con una serie de implicaciones prácticas. Esto es: si realmente hemos entendido la supremacía de Cristo, si hemos sido salvos, si hemos entrado en el verdadero reposo, si entendemos a Cristo como nuestro gran sumo sacerdote y, con su ayuda, hemos perseverado hasta aquí, tal conocimiento debería manifestarse en formas prácticas.

Desatender este asunto hace inútil nuestra fe y se convierte en un mal testimonio ante los no creyentes. Si realmente los cristianos tenemos la doctrina superior, debería serlo también nuestra manera de vivir. Hoy veremos las implicaciones prácticas de la doctrina cristiana.

Me propongo dos cosas con estos seis versículos del libro de Hebreos en el capítulo 13. En primer lugar, quisiera mostrarles, hermanos, que es necesario no solamente quedarnos en el conocimiento, hay que pasar a la práctica. Y después quiero exponer el texto mismo. Pero antes de exponer el texto déjeme decirle el lugar que este texto ocupa en la epístola de los Hebreos.

Si usted puede ubicar cualquier carta del Nuevo Testamento, encontrará que se compone de dos partes principales. Hay primero una exposición de conocimiento: amplio conocimiento, profundo conocimiento, importante conocimiento. Y después hay una serie de recomendaciones prácticas. Es evidente que los autores, inspirados por el Señor, entendieron que la vida cristiana no era simple filosofía.

No venimos aquí, hermanos, solamente para conocer algo que anteriormente ignorábamos. Hemos venido aquí para actuar de una manera diferente. Aún antes de exponerle el texto, hermanos, quiero animar a la iglesia a que entienda que no se trata solamente de tener la doctrina correcta. Si tu doctrina correcta no se corresponde con la manera correcta de vivir, has perdido el rumbo. Si nos quedamos solamente en amplias exposiciones del texto bíblico, hermanos, no hemos alcanzado el propósito de Dios.

Todo esto es consistente con otras partes del Nuevo Testamento. Dice el libro de Santiago, el capítulo 2: tú tienes fe, yo te mostraré mi fe por medio de mis obras. Le decía también el Señor a sus discípulos: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros”. “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

La necesidad de obras visibles en un mundo que nos observa

He tenido la preocupación de que los evangélicos nos caracterizamos principalmente ante la sociedad. Estoy en este momento pensando no en cómo nos entendemos los unos a los otros, no en cómo tú me entiendes a mí y yo te entiendo a ti, sino en cómo el mundo nos lee. El mundo nos lee como catedráticos que nos gusta pontificar sobre todos los temas, pero que nuestra vida diaria no necesariamente anuncia, o está al nivel, o se corresponde con aquellas cosas que estamos expresando.

De hecho, los evangélicos, por un asunto de separarnos de aquellos que buscan la salvación por las obras, parece que no tienen obras. Las implicaciones prácticas de la vida cristiana parece que nosotros las bajáramos hacia abajo, como si fuera un tema secundario. Hermanos queridos, si acaso nosotros hemos podido estudiar en el libro de Hebreos las grandes doctrinas de la Escritura, si hemos visto aquí esta preciosa confluencia entre el antiguo y el nuevo pacto, si hemos visto la grandeza de nuestro Señor Jesucristo, definitivamente esto debería anunciarse hoy en la manera en que nosotros estamos actuando.

He titulado esta exposición de la Escritura “Implicaciones prácticas de la doctrina cristiana”, porque quiero mover mi iglesia hacia el aspecto de las obras. Nosotros no hacemos obras para ganar nuestra salvación, pero definitivamente nuestra salvación debería anunciarse por medio de nuestras obras. “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres”, dijo el Señor, “para que vean vuestras buenas obras”.

En esta sección del libro de Hebreos no hay tanta unidad temática, sino un grupo de ejemplos que anuncian que todo esto es a consecuencia de lo anterior. Sin lo anterior, sería imposible que usted viva esta realidad; pero sin esta realidad, lo anterior carece de sentido. Si usted ha llegado desde el capítulo 1 hasta el capítulo 12 en el libro de Hebreos y ya ha podido entender lo que allí hay, es necesario que eso se manifieste. Y si usted intenta hacer esto sin leer lo anterior, entonces tampoco lo va a lograr. Una y otra cosa están atadas, son unidades, hermano, que una depende de la otra.

Apelo en esto a la historia, hermanos. Cuando el cristianismo nació, nació en contexto de persecución, y la manera en cómo el cristianismo se validó al mundo es que ellos vieron nuestras buenas obras. En la antigüedad, las personas entendieron que el cristianismo era superior al paganismo porque vieron que los cristianos se amaban los unos a los otros y manifestaban el amor aun a aquellos que no eran parte de su círculo relacional.

Consistentemente se encuentra en la historia documentada de los primeros años de la iglesia, documentada por los enemigos de la fe, que estos enemigos de la fe se sentían avergonzados porque el cristianismo había logrado lo que el paganismo ofrecía y no hacía. Los cristianos arrasaron con el mundo antiguo porque los cristianos eran fuertes en obras. Su manera de vivir, su manera de ayudar a los necesitados anunciaba que el cristianismo era superior a cualquier cosa que el hombre haya inventado por sus propios medios.

Estaré demostrando por lo menos cuatro de estas implicaciones, pero por favor no vean esto como un listado concluyente: “Bueno, si hago estas cuatro, ya entonces estoy ok”. No. Estas cuatro son como para abrirte el apetito respecto de que, si realmente tienes la doctrina correcta, deberías tener un estilo de vida que sea distinto. No es que si yo logro hacer estas cuatro entonces estoy ok y puedo descansar. No. Después de haber visto estas cuatro, salga a buscar todas las implicaciones prácticas que están al final de todas las epístolas del Nuevo Testamento y viva así.

Yo quisiera, hermanos, que nuestra iglesia produjera discípulos de Cristo que realmente se comporten en este mundo de una manera diferente. Que, cuando las personas nos vean actuar, nos vean vivir, digan: definitivamente lo que esa persona predica es verdad. Que el testimonio en nuestro estilo de vida anuncie la grandeza de la doctrina en la cual nuestro estilo de vida está sustentado.

Primera implicación: amor fraternal que permanece y hospitalidad al desconocido

Comienza el autor de Hebreos, en los versículos 1 al 2, explicando que, si realmente entendimos del 1 al 12 —digo yo— esto, deberíamos tener una amplia expresión del amor. Por favor, tenga los dos versículos en la mente al mismo tiempo. Dice el 1: “Permanezca el amor fraternal”. Y dice el 2: “No os olvidéis de la hospitalidad”. Este texto nos invita a amar en dos sentidos distintos.

Y, en relación a cualquier otro sistema filosófico, entre comillas, uno de estos aspectos es muy esperable y natural, y el otro es novedoso y sorprendente. Hasta el versículo 1, todas las religiones antiguas estaban de acuerdo respecto de eso; pero el versículo 2 da una perspectiva al cristianismo que rompe el molde y se va más allá de cualquier otro sistema de creencias que el mundo antiguo haya conocido. El primero dice: permanezca el amor fraternal.

Hablo primero acerca de la expresión “amor”. Cuando el Nuevo Testamento habla de amor, todos los autores estaban pensando en la expresión de amor de Cristo. La mejor definición de amor que nosotros podemos dar es: una disposición activa a buscar el bienestar de alguien. Y para nosotros, siguiendo el ejemplo de Cristo, amor, desde la perspectiva de los autores del Nuevo Testamento, no es solamente un sentimiento; es una disposición a buscar el bienestar de alguien. De tal modo buscó Cristo el bienestar de nosotros. Una persona que ama, según el término como se usa en el Nuevo Testamento, es una persona que tiene obras, es una persona que tiene acciones, es una persona que tiene actitudes a favor de los otros.

En la primera de las expresiones dice: permanezca el amor fraternal. El término aquí está dando una connotación de amor por vinculación. Es “filadelfía”: amor a “adelphos”, amor al hermano, amor a aquel con el cual tú te sientes vinculado. Hasta este punto, la mayoría de los hombres entiende que eso es razonable. Definitivamente debería yo manifestar amor a mis familiares, debería manifestar amor a mis vecinos, debería manifestar amor a mis conciudadanos, debería manifestar amor a mis hermanos de la iglesia. Con aquellos a los cuales yo me siento vinculado, entonces puedo manifestarles amor. Esto hace sentido.

Si usted ve el término “permanezca”, al parecer el autor no estaba preocupado de que ellos tuvieran la capacidad de amar a un adelpho; lo que estaba preocupado era de que ellos tuvieran la capacidad de amarle permanentemente. Y aquí es que el amor cristiano comienza a distinguirse. Un cristiano no solamente tiene una disposición a amar; un cristiano tiene una disposición a amar que permanece. “Permanezca el amor fraternal”: no solamente manifiéstenlo, sino manifiéstenlo cuando ustedes quizás no quieran hacerlo.

En esto, el cristiano comienza a distinguirse en el mundo, en su sociedad. Un cristiano no solamente ama cuando siente celo; el cristiano tiene un tipo de amor que permanece. Todos los hombres aman cuando se sienten vinculados, pero nosotros amamos porque nos sentimos vinculados y tenemos una disposición a que nuestra acción benevolente a favor de ese ser permanezca.

Si yo le dijera solamente, hermano: “Ámense los unos a los otros, dada su vinculación”, usted diría: “Me hace sentido”. El detalle importante es amarnos entendiendo que corremos el peligro de abandonar y de dejar de intentarlo.

No es difícil manifestar amor a los hermanos; lo difícil es hacerlo de manera consistente. Lo difícil es hacerlo durante más de una temporada. Lo difícil es hacerlo cuando las relaciones, las vinculaciones, hermanos, tienen estrés, tienen dificultades. Ahí es que hace falta que permanezca el amor fraternal. No es solamente “tengan amor”, porque ya lo tenemos, sino que el amor permanezca.

Hermano, si la doctrina que has aprendido, si la palabra del Señor, si la doctrina correcta ha valido la pena, tú deberías tener un amor que permanece. Si la doctrina que tú has aprendido, la palabra del Señor, es la doctrina correcta, tú deberías tener el tipo correcto de amor; y el tipo correcto de amor es un amor que permanece.

Recuerda: no es apuntando a la expresión del amor, es apuntando a la continuidad del amor. Aquí él no está diciendo “ámense”; les está diciendo que permanezcan amándose. Es una firme resolución: aceptar a todos nuestros hermanos, y aceptar a todos nuestros hermanos a largo plazo.

Hermano, amar a largo plazo no es un “fly al cátcher”. De hecho, cualquier persona un poco responsable, cuando piensa en amar a largo plazo, debe sentir un poco de estrés. Dice: “¡Guau, a largo plazo!”. Porque si es hoy, cuenta con mi amor; pero mañana no puedo asegurártelo. La temporada que viene, el año entrante, durante muchos años, no creo que tenga la capacidad. De hecho, tú sabes que has conocido a Dios porque este amor que permanece ha sido derramado en nuestros corazones. Nos parecemos a Él porque podemos amar continuamente y permanentemente. El hombre común ama por temporadas, pero un cristiano, que no solamente tiene una doctrina más alta, sino un estilo de vida que es diferente y aún más alto, ama y permanece amando.

La segunda expresión, en la primera variaba por la continuidad; pero la segunda expresión varía con el objeto del amor, a quién se lo estamos dirigiendo. Este término, que es el término “hospitalidad”, es un término, una muy buena traducción de las implicaciones de lo que significa hospitalidad. Sin embargo, hay un aspecto que no existe un término en español para transmitirlo. Hospitalidad es un aspecto de lo que significa, pero cuando se hace aquí la expresión está contrastando con el versículo 1. El versículo 1 dice: “Permanezca el amor fraternal”; el versículo 2 dice: “No os olvidéis de la hospitalidad”.

El término ahí, hospitalidad, tiene la misma raíz del término primero. Es “filos”; pero aquí el “filos” no es a un “adelphos”, aquí el “filos” es a un “xenos”, es a un extranjero, es a uno que nos es raro, a uno que nosotros no conocemos ni nos sentimos vinculados. Si el primero era “filadelfía”, este quizás se pueda pronunciar “filoxenía”: es amor al que te es extraño, amor al que es desconocido, amor al que tú no conoces.

Amor al extranjero: la hospitalidad que rompe el molde

Si el primero era filadelfía, este segundo podemos llamarlo “filoxenos”: amor al que te es extraño, amor al que es desconocido, amor al que tú no conoces. Un cristiano se distingue en el mundo porque no solamente ama a sus hermanos, también ama a los extranjeros. El término hospitalidad aquí describe una actitud, y es la actitud de bienvenida, la actitud de recibir a aquel que tú no necesariamente recibirías según tus instintos naturales, según tus vínculos actuales. Es recibir al que tú no conoces.

Amor al extranjero. Se traduce hospitalidad, es cierto, pero el peso del término está en que, en este amor, estamos amando al desconocido. En el primer amor amamos al que conocemos; en esta expresión del amor estamos amando al que nosotros no conocemos. Y ahí es que de verdad un cristiano se ve raro, y ahí es que de verdad el cristianismo se ve glorioso, porque podemos expresar nuestro amor no solamente por los vínculos, podemos expresar el amor del mismo modo que lo expresa nuestro Padre celestial: hacia los justos y hacia los injustos. Él hace salir su sol y su lluvia para todo el mundo. La misericordia del Señor abarca a todas sus criaturas, y el amor de la iglesia cristiana debería tocar a toda la sociedad.

Nosotros tenemos una prioridad hacia el adelpho, pero tenemos una convicción de amar, hermano, a todo el que tengamos al lado. Nuestro mayor estándar de amor es amar al prójimo. Si en el versículo 1 lo que matizaba el término era “permanezca”, aquí lo que matiza el término es “no olvidéis”. Allí el peligro era que nos cansemos de hacerlo; aquí el peligro estaba no en que nos cansemos de hacerlo, sino en que corramos el peligro de pasarlo por alto, de dejar de verlo.

Si allí era “permanezca”, aquí es “no olvidéis de hacerlo”. Es que tenemos que tener una actitud intencional, de tener presente a aquel con el cual nosotros no estamos vinculados. Y es muy útil que haya sido matizado así el término, porque con lo que tú vives y convives, muy probablemente tú lo vas a amar. Ahora, aquel que no vive y no está vinculado contigo, tú vas a tener que hacer un esfuerzo para no olvidarlo.

Al no ser estas relaciones primarias, donde la convivencia es inevitable, tenemos que buscarlos intencionalmente. Un creyente desarrolla una piadosa disposición a amar a personas que él no conoce. Y aquí es que el término amor más brilla, según el amor como se presenta en el Nuevo Testamento, porque amor no es sentimiento, amor es acción benevolente.

Tú dices: “Yo no puedo amar a esa persona, porque con esa persona yo no me siento vincularmente conectado”. Es que no se trata de conectarte vinculantemente, se trata de una intención benevolente de buscar el bienestar aun de los desconocidos.

No quiero yo caer, hermanos, en la trampa de venir ahora a dar otra filosofía. Esto tiene que ser práctico. Yo quiero llamarte a reflexionar, hermano: ¿cuándo fue la última vez que tuviste una acción benevolente hacia una persona que no te la podía corresponder, hacia una persona con la cual tú no te sentías en el deber de hacerlo, hacia una persona que te era un perfecto desconocido? ¿Cuándo fue la última vez que amaste solamente porque las personas tienen la misma imagen de Dios, y porque el Señor le ama, le amo yo también?

Si solamente amas a aquellos que te son adelphos, aquellos que te son hermanos, aquellos que te son vinculados, todavía no estás alcanzando el estándar del amor del Nuevo Testamento. El amor del Nuevo Testamento ama aun a aquellos que nosotros no conocemos. Por un lado, el amor a los vinculados; por otro lado, el amor a los extranjeros, a los que nos son extraños. Eso es hospitalidad.

Al no ser estas relaciones primarias, donde la sociedad nos estimula, se requiere mucha convicción. Miren, a los hijos usted los va a amar porque les quiere amar, pero también porque tiene una sociedad que le dice que los hijos hay que amarlos: “¿Cómo va a ser? Es tu hijo, es tu hijo”. Cuando dejas de amar a un hijo, alguien te va a dar con el codo y te dice: “Pero es tu hijo”.

A un padre usted le ama porque, si no, usted tiene un entramado social que le recuerda: “Hay que amar a tu papá, a tu mamá”. Al esposo, a la esposa, al cónyuge, usted encuentra un entramado social que le recuerda: “Hay que amar a tu esposo, es tu esposa”. Ahora, al extranjero, hermano, usted no tiene esa presión por amarle, y por eso tiene que amarle por convicción.

Aquí es que hace sentido el término “no os olvidéis”. Como no tienes un codo que te esté recordando, “no os olvidéis”, tenemos que hacer un esfuerzo intencional de ver al que el mundo no ve. Un cristiano tiene que tener una ola expansiva de amor: expresar el amor al adelpho y expresar el amor también al extranjero.

Formas posibles, hermanos, de expresar esta hospitalidad. Si usted es un creyente, tiene que cultivar la empatía. Aquí no se vale: “Yo no soy así, yo no era así”. Hermano, ahí es que se dice: “Yo no era así”, no: “Yo no soy así”. Ser empático con lo que tú no conoces.

Esta desproporción no puede ser que el hermano sea tierno entre nosotros, que estamos vinculados, pero aquel al cual él no conoce, el hombre le trate como si fuera un objeto. Tiene dignidad, es una persona. Tienes que amar al que te sientas vinculado, y tienes que amar también al que te es extraño. Ser empático evita la indiferencia y la insensibilidad.

Oye, hermano, hasta en el mundo dan normas de cortesía y relación interpersonal. ¿Cómo va a ser que entre los creyentes no podamos brindarle a una persona siquiera una sonrisa, mirarla a los ojos? Buscar la gente, buscar la gente con la mirada. El mundo evita al que le es extraño. ¿Han visto una persona en una fila que está mirando para otra parte? No quiero tener vinculación contigo, no quiero conectarme, porque la mirada conecta. Alguien te viene jugando conversación y tú te volteas, dices: “Ahí viene, me va a entrar en tema”. Hermano, amar al que te es extraño, amar al que te es extranjero, es un asunto raro en este mundo, pero es lo que distingue a los cristianos.

Aún entre nosotros, hermanos. Ayer mismo prediqué cuatro veces, cuatro talleres distintos, en una congregación que me invitó. Y cuando llego, estaba esperando que el pastor saliera de la oficina. Estaba sentado esperando, en la oficina, que el pastor terminara con alguien; y había una persona sentada al frente mío, y duramos cinco minutos él haciendo una cosa y yo haciendo otra.

Yo, en un momento, me sentí reprendido por el Señor. Yo dije: “Pero ¿cómo va a ser que no tenga la capacidad de ni siquiera preguntarle su nombre?”. “¿Cómo te llamas?”, fue lo primero. Y la persona me miró y me dijo su nombre, estuvimos hablando como diez minutos. No significa, hermanos, que ahora tengo el mejor amigo del mundo, ahora estamos vinculados. Lo que significa es que en ese momento yo hice lo que dice Hebreos capítulo 13 versículo 2: fui hospitalario con alguien que yo no conocía.

Ser hospitalario, hermano, dedicarle a una gente cinco minutos. Oye, hermano, si vivimos para nosotros mismos, no vamos a ser hospitalarios. Entiende que, en tus 24 horas del día, algunos minutos deberían ser dedicados a los que te son extraños. Por lo menos deja de evitarlos intencionalmente. Si tú por decir algo no eres expansivo, por lo menos no seas repulsivo. Quizás tú no eres la persona más empática del mundo, pero por favor tampoco seas agresivo. Esa es una actitud hostil, agresiva y poco cristiana.

Un creyente debería buscar al otro con la mirada, debería tender sus brazos, debería presentarse. Un creyente debería andar por la sociedad con los brazos extendidos: “¿A quién puedo servir? ¿A quién puedo manifestar amor? No te conozco, pero también te sirvo”. Esa disposición a servir a los que nos son extraños son rasgos distintivos del carácter de Cristo.

Formas posibles de expresar hospitalidad, amor al que nos es extraño: cultiva la empatía, evita la indiferencia, la insensibilidad. Mira la gente a los ojos, busca temas de conversación, saluda. Tenía un adelpho acostumbrado a saludarte. Imagínate lo que sería saludar a aquel que te es raro, que te es extraño. ¿Cómo va a ser que seas un cristiano y no saludes? Llegas a un lugar y es como que no hay nadie en ese lugar. Hermano, es una descortesía impresionante a la imagen de Dios en las personas tratar a la gente como si fueran solamente objetos, como si fueran solamente masa.

Esas personas tienen la dignidad que tienen los seres humanos; es que fueron hechos a imagen de Dios, aunque esa imagen haya sido deteriorada, haya sido muy dañada. Son su hechura. Busca intencionalmente ver a aquellos que los otros evitan. La sociedad, hermanos, está construida de forma tal que tú pagas para no ver. Un creyente debería pagar por ver.

La sociedad está hecha para evitarte determinadas experiencias que hagan que la imagen de Cristo florezca en ti. Hace que vivas cerrado, hace que vivas aislado. Nosotros vivimos en un mundo donde las relaciones han sido dañadas, donde las bardas han sido construidas. De hecho, vivir así es un símbolo de ostentación; y cosa que se ostenta es: “Vivo donde nadie me va a tocar, donde nadie me va a ver”. Hermano, baje un poco los muros. Si realmente ha nacido de nuevo, deberías tener una disposición favorable hacia aquellos que tú no conoces.

Compasión profunda: acordarse de presos y maltratados

No tengo que moverme mucho, hermanos, pero una manera de ser hospitalario, para ser hospitalario, es que tenemos que estar dispuestos a involucrarnos personalmente. Esto no se terceriza. La actitud hospitalaria, yo no puedo depender de que alguien más lo haga. En esto tenemos que parecernos al buen samaritano. Encontró un hombre en necesidad, dice que le recogió, curó sus heridas, lo vendó, lo subió en su transporte, lo llevó hacia un lugar donde le dieron las atenciones, pagó por él, se interesó por su vida. Hermano, un creyente debe involucrarse personalmente en el bienestar de los otros.

Primer aspecto en el cual nosotros manifestamos que realmente la doctrina cristiana está haciendo en nosotros su buen efecto, es que tenemos una amplia expresión del amor no solamente en las relaciones primarias, en las relaciones formales, en las relaciones actuales, sino a aquellos que tenemos cerca. Amar al prójimo es amar al próximo, al que tú tienes al lado: ama al próximo.

Lo segundo, hermanos, está en el versículo 3. Dice:

Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo.

— Hebreos 13:3

Aquí nos están diciendo un asunto que también es extraño al mundo, pero es característico del cristiano. El cristiano puede llegar a sentir una genuina compasión. Compasión no es beneficencia, compasión no es asistencialismo. Compasión es primero sentir, y después hacer.

Un creyente que es compasivo no solamente es un creyente que dispone los medios prácticos o fácticos para resolver el dolor de los otros; es una persona que puede llegar a sentir lo que los otros están sintiendo. La generosidad puede, hermanos, ser movida por la compasión; pero a veces también puede ser generoso y no ser compasivo. Una persona que es compasiva no solamente responde, también siente.

Ay, hermanos, no todo el mundo tiene los problemas resueltos que tienes tú. “Ah, pero yo no tengo todos los problemas resueltos”. Yo sé; pero los problemas resueltos que tienes tú, hay alguien que todavía no los ha resuelto. Hay personas que no tienen lo que a ti te sobra, hay personas que todavía no han tenido el privilegio. La compasión, hermanos, es comenzar a sentirlo, no es comenzar a hacerlo. Es distinto. La compasión es sentir.

Un creyente debería tener un corazón sensible, un creyente debería sentir la aflicción del que está siendo afligido. Debería sentir el desespero de los desesperados. Bueno, a mí me avergüenza que yo frecuentemente no siento eso en mi corazón; y si no siento eso, no tengo el carácter de Cristo, porque Cristo era movido a compasión. Los milagros de Cristo no solamente eran señales, los milagros de Cristo no solamente eran provisiones; frecuentemente dice que nuestro Señor fue movido a compasión.

¿Cuándo fue la última vez que tú fuiste movido? Es “movido”, que hay algo en tu corazón, un pulsar interno, algo que se te atraviesa, que tú no puedes dejar de hacerlo. Eres movido. Compasión es poder ser movido. “Yo soy muy práctico, yo en mi presupuesto tengo incluido ayudar aquí, ayudar allá”. Hermano, no solamente queremos que eso lo anuncie tu presupuesto, queremos que eso esté en tu corazón.

Un creyente se distingue en este mundo porque es un ente que siente. “No, yo respondo”. Mira, hermano, no me pongas primero la mano en la cartera, primero en el corazón. Hay veces que tú no tienes cómo resolverlo, pero por lo menos tú te compadeces. Bueno, yo prefiero un creyente compasivo que un creyente solamente generoso, prefiero una persona que sienta a una persona que solo actúe; porque si sientes, estás anunciando que realmente tu corazón se parece al corazón del Señor.

Dice aquí: “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos”. Está diciendo aquí: no “acuérdense de ellos para mandarles algo”, sino “acuérdense de ellos y traten de sentir lo que ellos están sintiendo”. Oye, hermano, ¿cuándo fue la última vez que tú sentiste el dolor de alguien? Que tú dices: “Mira, ese no es mi dolor, pero lo estoy sintiendo como si fuera mío. Ese no es mi problema, pero yo estoy sintiendo ese problema como si fuera mío”.

Un creyente debe tener un corazón compasivo. Podemos tener la mejor doctrina del mundo, pero si la compasión todavía no ha llegado a caracterizar nuestro corazón, la doctrina se ha vuelto filosofía, un asunto que no produce ni gloria para nuestro Señor ni testimonio al mundo. El mundo entenderá que nosotros somos del Señor cuando vea que nuestro corazón se parece al suyo, que era movido frecuentemente a compasión.

Dice que el Señor lloraba, que el Señor se compungía, que el Señor le cambiaba su agenda. Veía la derrota del proyecto humano, y Él, el hermano que fue el autor del diseño original, aquel a quien le secuestraron su proyecto, el pecado vino y lo dañó, pero Él no podía evitar pensar en que las cosas podían haber sido de manera diferente, y se compadecía por la miseria humana. ¿Cuándo fue la última vez que te compadeciste?

He escuchado conversaciones de mis hermanos que me traspasan el alma. Hablan de los problemas sociales con este nivel de desapego con que hablan los impíos. Parecen más sociólogos que cristianos. “Sí, eso es un problema estructural. Sabes que la pobreza, eso es un asunto…” A la persona se le está metiendo el agua en la casa. “Sí, lo que pasa es que a esa persona le han dado en otras cosas, esa misma persona en su casa tiene televisores; en su casa compran los tenis”. Hermanos, sabemos todas esas cosas, pero tienen el agua hasta aquí.

Cuando el Señor se compadeció de nosotros, Él no estaba pasándonos todo el listado de nuestros desvaríos. Él sintió compasión, hermano, y ya. Una persona en la calle necesita comida. “Sí, lo que pasa es que esa persona, esos son drogadictos que huelen cemento”. Hermano, huelan lo que fuera, esa persona come. De hecho, ver a una persona atada al vicio debería producir en ti no solamente una repulsión al vicio, debería llenar tu corazón de compasión hacia la persona a la cual el vicio ha dañado.

Los creyentes no solamente rechazamos el vicio; al mismo tiempo nos compadecemos de la persona que es presa del vicio. “Ah, pero mira que esta persona está ahí”. Hermano, él está ahí, es verdad, a causa del vicio que lo tiene atado; pero la compasión es algo que no puede saltarse.

No seamos estructuralistas respecto de esto, seamos compasivos. Está hablando de los presos aquí. Muy probablemente eran creyentes que, por su fe, habían sido apresados. Él dice: no solamente consideren enviarle algo. En aquel momento, si un preso no tenía a alguien fuera de la cárcel, se moría; porque este asunto de sostener un preso es relativamente nuevo en la historia. Antes, cuando una persona perdía su libertad, alguien que estaba fuera tenía que mandar la comida, tenía que mandar la ropa, tenía que ocuparse de esa persona, porque si no, moría de hambre.

En la antigüedad no existía tal cosa como existe el día de hoy, que en la cárcel se le da comida. Si esa persona iba a comer era porque tenía alguien afuera que mandaba la comida. Está diciendo: no solamente recuerden mandar la comida al preso, sino sientan que están presos juntamente con ellos.

Compasión, hermanos. “Y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo”. Sientan como que el maltrato que ellos están sintiendo, ustedes lo están sintiendo. El mundo te dice que no deberías sentir eso porque eso te debilita. El mundo te enseña que si eres una persona sensible, eso es una “sensiblería”, y lo que va a hacer es drenarte, te va a debilitar, te va a dañar, te va a afectar el juicio.

Nosotros entendemos que cuando vamos sintiendo, mientras más siente nuestro corazón, más se parece nuestro corazón al corazón suyo, al corazón de Cristo. Más sentimos y nos parecemos a Él. Para nosotros no es una debilidad, es fortaleza tener un corazón compasivo, a un punto tal que sientas en tu cuerpo, que no está siendo maltratado, el maltrato que otro cuerpo está sintiendo. Eso hace que nuestro corazón se parezca al corazón del Señor.

He mencionado en primer lugar, hermanos, la implicación práctica de una amplia expresión del amor hacia el adelpho y hacia el extranjero. He mostrado en segundo lugar una amplia expresión de la compasión. Si realmente hemos nacido de nuevo, hermanos, nuestro corazón debería ser sensible.

Oye, hermanos, llorar con los que lloran es un privilegio. ¿Cuándo fue la última vez que tus ojos se mojaron al ver la miseria? ¿Cuándo fue la última vez que tú viste a una persona en la que la imagen del Señor había sido tan deteriorada que ya no parecía una persona, sino que el pecado le había hecho parecer un animal? ¿Cuándo fue la última vez que tú sentiste lo que esa persona estaba sintiendo, que tú sentiste el rechazo de la gente como si tú fueras rechazado, que tú sentiste la agresión de la gente como si tú fueras agredido? Hasta que tú no sientas eso, no te estás pareciendo al Señor.

Compasivos. Que nuestra compasión ante el mundo nos distinga. Qué hermoso sería si nosotros somos definidos así: “Guau, esa gente sí siente. Esa gente no solamente ayuda, esa gente siente. Esas personas no solamente son generosas, ellos son compasivos, ellos pueden sentir el dolor de los otros”.

Perspectiva cristiana sobre el matrimonio y la sexualidad

Tercer asunto que hace característico a un cristiano, y esto lo distingue del mundo, es el versículo 4. Las perspectivas que nosotros tenemos acerca del matrimonio, de la familia, están años luz de lo que está el mundo. Es decir, en el mundo, y está en la iglesia también, hermanos, hemos perdido en esto el rumbo. Dice el versículo 4:

Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.

— Hebreos 13:4

Así como le he mostrado ahorita que esta manera en que amamos los cristianos, esta manera que el mundo no ha conocido, cuando la ven en nosotros reconocerán que nuestra doctrina es superior. Así como le he mostrado que la compasión cristiana es una compasión que sorprende al mundo, porque el mundo puede responder, el mundo puede asistir, el mundo puede proveer, pero el mundo no siente como sentimos nosotros. La posición, la perspectiva que nosotros tenemos acerca del matrimonio debería ser una perspectiva, hermanos, que deslumbre al mundo. Digan: “Guau, pero estas personas sí están adelantadas. Y sus vidas anuncian aquello que ellos están creyendo”.

Como cristianos, hermanos, nosotros vivimos en un mundo que ha destruido la institución de la familia. Vivimos en un mundo que ha relajado la institución de la familia. Hablar de esto parece que estamos en el carril contrario al mundo, y eso es hermoso, hermanos, que sea así.

Lo primero es que dice que el matrimonio debe ser honroso, y no solamente en uno, sino “honroso sea en todos el matrimonio”. Algo que es honroso es algo que es digno de reconocimiento, algo que es muy deseable. Algo que es honroso es algo de lo que uno dice: “Guau, yo quisiera eso, yo celebro eso, yo anhelo eso”.

Yo te pregunto, hermano querido: antes de hablar de fornicación, de adulterio, de pronto, ¿consideras tú la institución del matrimonio como una institución honrosa? ¿Qué perspectiva tienes tú respecto de la vida matrimonial? Si tienes una perspectiva pobre respecto de esto, tienes la perspectiva del mundo. El mundo ve el matrimonio como un mal necesario. Un creyente llega a ver el matrimonio como algo deleitoso, como algo de lo que dice: “Guau, yo quisiera tenerlo si el Señor me diera eso a mí también”.

Entre los cristianos, lo primero que tenemos que hacer para defender la institución creada por Dios, que es el matrimonio, es que deberíamos tener una expectativa que sea honrosa, una expectativa que sea alta. Y digamos: “Guau”.

¿Qué otra cosa podemos hacer, hermanos, respecto de tenerlo como algo honorable? Entendamos que el matrimonio debe ser honorable no solamente entre los cristianos. El matrimonio fue una institución creada por Dios para todos los hombres. Nosotros no solamente entendemos que el matrimonio entre cristianos es honroso, aun entre personas que no aman al Señor es honroso también.

Y tenemos una posición honorable del matrimonio entre creyentes, entre creyentes con cónyuges que no lo son, entre cónyuges que tienen matrimonios con dificultades. Nosotros entendemos que el matrimonio es honroso aun en las circunstancias más hostiles. Nosotros entendemos que eso sigue siendo precioso, aunque nosotros no hayamos tenido la mejor experiencia.

¿Qué podemos hacer, hermanos, para cultivar esta perspectiva honorable del matrimonio? Lo primero es que como iglesia nosotros deberíamos estimular a las personas a participar del matrimonio y proveer para que así sea. Cuando un hermano nuestro, en primer lugar, anuncia que quiere casarse, eso debería ser tomado por nosotros, hermanos, como una enorme alegría. Eso es deseable. Pero, por otro lado, una iglesia cristiana debería ser lo suficientemente sensible para responder con ayuda práctica a todo el que está comenzando.

Oh, hermanos, comenzar un proyecto familiar es difícil. Pero qué hermoso es cuando hay una iglesia que se pone, aun aunque sea que tú no tengas con qué ayudarle materialmente, pero hasta el estímulo emocional ayuda para que un matrimonio despegue. Necesita mucha gente que esté soplando a favor de eso. Es difícil, hermanos.

Mira el estrés de los primeros años del matrimonio. Eso necesita mucho estímulo, mucha ayuda, muchas palmaditas: “Dale para adelante, yo también pasé por ahí, el Señor te ayuda, vendrán mejores años para tu matrimonio”. Esa crianza en los primeros años, hermano, mira, estamos ahí ahora mismo, eso no es fácil. Cualquiera se desespera. Pero qué hermoso es un hermano que ya crió, que viene y te dice: “No te desesperes, dale pa’lante”.

Recuerdo los primeros años de Juliet, hermanos, cuántas hermanas, sobre todo la cooperación, se acercaban y a veces decían: “No te preocupes, esos tiempos después se enferman menos”. Recuerdo esos momentos. Ni bíblica tenía situaciones de alimentación y demás, y había hermanos que decían: “No te preocupes, así mismo yo tuve uno, y el Señor ayudó, después termina siendo hasta más grande”. Eso ayuda mucho.

Pero una pareja que está criando también necesita mucho soporte. Miren, el que está criando va a experimentar que por lo menos diez años de su vida no va a tener conversaciones plenas, son conversaciones interrumpidas: uno hablando y viene el niño. Bueno, eso no es fácil, pero ayuda mucho. Lo otro es que está contra la cultura, porque nos han enseñado el egoísmo: “Yo quiero vivir para mí mismo, yo quiero buscar mi propia tranquilidad, yo quiero mi felicidad, yo no voy a proveer para nadie, yo no voy a criar a nadie”. Ayudemos, hermanos, ayudemos.

No es solamente… Hay gente que ha entendido que el asunto de los cristianos con matrimonio es que nos oponemos al divorcio. Oye, qué definición más pobre: “Ah, que ellos se oponen al divorcio”. No. No es que nos oponemos al divorcio; es que nosotros entendemos que el matrimonio es honroso, una perspectiva positiva respecto de esto. Honroso el matrimonio, algo deseable, algo bueno: “Tú te has casado, cuentas con mi ayuda, cuentas con mi oración, cuentas con mi estímulo”.

Hay falsa religión, hermanos —por lo menos conozco una— que cuando los jóvenes se van a casar, les dan comida, alimentación, electrodomésticos. Toda su iglesia local cierra filas con esas personas para que ese matrimonio comience. Si alguien se va a casar, hermano, quítese algo de su casa y déselo. Quítese de un electrodoméstico y déselo, quítese de un coroto de su casa, que el Señor le dará otro, más en posición, para reponer eso. Que esa persona que está comenzando, un joven de la iglesia, una joven que se va a casar, yo esperaría que en su casa pronto falte una mesita, pronto falte algún electrodoméstico, pronto falte algo. Ayudar a las personas que están comenzando, porque para ti, que ya comenzaste, es más fácil reponerlo.

Estimulemos a las personas a que participen en el matrimonio. Mire, un consejo temprano podría alejar a una persona de un gran daño. Alguien está comenzando y dice: “Mira, yo estoy pensando, fulano y yo nos vamos a mudar”. No. No se muden, deben casarse. Vamos a ayudarles a que se casen. Un consejo temprano. ¿Cuántos creyentes ven personas tomando malas decisiones y miran hacia otra parte? No. Interrúmpalo, porque el matrimonio debe ser honroso para todos.

Un buen ejemplo de dinámica familiar es un fuerte motivo de aliento y una razón para mejorar. Mire, todo creyente debería invertir en mejorar su matrimonio para ser un buen testimonio a los que están comenzando. Usted quiere tener una buena práctica matrimonial para estimular a los jóvenes a que se puede tener un buen matrimonio. No hagamos de esto, hermanos, un espectáculo, como enseñando nuestra vida como si fuera perfecta; pero usted debería dejarse ver con su cónyuge. Usted debería tener momentos donde la sociedad le vea con él o con ella, disfrutar su cónyuge de forma tal que los que no tienen digan: “Guau, pero esta gente disfruta, a ellos les gusta estar juntos”, y quieran casarse.

Hermanos, el mundo ha dañado la familia a un punto tal que la gente no quiere casarse, y alguien dice que se quiere casar y encuentra cinco incrédulos, con la mente cauterizada, que le van a decir: “No, no haga eso, eso va a tener de gran daño sobre tu vida”. Hermanos, el matrimonio es una institución honrosa. No estoy hablando de datos cristianos: se han hecho estudios seculares que han demostrado que a las personas, cuando se casan, les va mejor. Qué deseable, que las mejores sociedades son sociedades que tienen matrimonios fuertes, honrosos en todos.

Y en esto distingámonos del mundo: ofrecer consejería prematrimonial. Miren, nuestra iglesia no solamente da consejería prematrimonial para personas que son de nuestra iglesia y se van a casar. Si usted sabe que alguien se va a casar, dígale: “Acércate a mi pastor, allá dan consejería prematrimonial”. Se lo damos, los cristianos, se lo damos a los no cristianos. Que la familia vaya bien, hermanos, eso glorifica al Señor. Creyentes o no creyentes, todos necesitan consejería; e incluyo ahora, hermanos, consejería postmatrimonial también.

Después que una persona se casó, si no lo tuvo antes, vamos a darle después. Que una familia reciba después los roles de una familia, porque hay personas que no lo tuvieron antes. Que no se pasen ahora cuarenta años de matrimonio improvisando. Dar el mismo contenido de la consejería prematrimonial a una persona que no lo tuvo, eso a mí me parece bonito.

Hermano, evitemos participar en chistes que caricaturizan la institución de la familia y destruyen la honorabilidad del matrimonio. No se ría aunque le cause gracia. Hay gente que dice: “Ah, no, es que me causó gracia”. Hermano, aunque te cause gracia, yo voy a luchar por no reírme, porque sé que eso ofende a Dios. Yo no puedo evitar, hermanos, que me pase un meme por los ojos y que me cause gracia respecto de eso. Ahora, yo puedo evitar compartirlo, yo puedo evitar deleitarme en eso.

Es gracioso, ¿verdad?, esos chistes de suegra, esos chistes de la esposa, esos chistes del marido, esos chistes al hombre natural le causan gracia. Y si a usted eso le causa gracia, porque todavía el viejo hombre se manifiesta en usted, entonces muera hacia eso y diga: “Mira, me causó gracia, pero voy a hacer un esfuerzo para no reírme. Están gozando con eso, pero ahora mismo yo voy a mirar a otra parte, voy a salir de ahí, porque no quiero dañar la institución del matrimonio”. Honroso sea en todos el matrimonio.

Tengamos sano entusiasmo respecto del proyecto familiar, hermanos. Enamórese de su proyecto familiar, no solamente de su esposa, de su esposo, sino del proyecto completo, de los beneficios que tiene la familia. Entusiásmese. Y cuando una persona cumpla años de casado, diga: “Guau, hasta aquí el Señor le ha ayudado”. Entusiásmese, reencuéntrese respecto a su proyecto familiar.

Quitemos todo sentido de vergüenza al hecho matrimonial. Dice: “Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla”. Otro prejuicio es que los cristianos nos oponemos al sexo. No, hermanos queridos. De hecho, el cristianismo es una religión que habla abiertamente acerca del sexo. Y, de hecho, a lo que se opone la palabra del Señor es a que los cónyuges no tengan relaciones sexuales. Lo que dice la Escritura es que no dejen su lecho matrimonial, a menos que sea por corto tiempo, para dedicarse a la oración, y pronto se reencuentren de nuevo para que no entren en tentación.

Hay gente que piensa que los cristianos como que no podemos hablar del tema del sexo: “Ay, van a hablar del sexo”. Hermanos, para nosotros el sexo, el lecho sin mancilla, es una manera honorable de hablar de la sexualidad. Para nosotros no es un tema tabú, no es un tema vergonzoso. Lo que es vergonzoso es la inmoralidad. Lo que es vergonzoso es la fornicación. Lo que es vergonzoso es el adulterio. Pero el lecho sin mancilla, hermanos, eso es honroso.

Claro, dentro de la honorabilidad del matrimonio está que la intimidad está reservada para ustedes dos solamente. Lo que no vivimos nosotros es enseñando nuestra intimidad, atrayendo a otros a nuestra intimidad, enseñando la intimidad. Para nosotros, así como no es un tema tabú, tampoco es un tema público.

Fornicación: daño a la mente, a la familia y al proyecto de vida

El libro de Cantares es un libro que habla de la sexualidad en unas maneras, hermanos, que son hermosas. No son explícitas, no son vulgares, no son maneras pornográficas de hablar del sexo. Todas son maneras muy dignas, porque para nosotros, hermanos, no es un tema vergonzoso, pero tampoco es un tema de enseñárselo a todo el mundo. “Ah, pero ustedes se avergüenzan de sus genitales, que no los enseñan”. No, es que los genitales no son para enseñárselos a todo el mundo. “Ah, pero ustedes se avergüenzan del acto sexual, que no pueden ni siquiera ver una foto de alguien practicándolo”. Hermano, es que eso está hecho para practicarse en un contexto de intimidad, de resguardo, para ellos solamente.

De hecho, una de las hermosuras del matrimonio está en que esa persona solamente usted la ha visto, y esa persona solamente lo ha visto a usted, y eso le corresponde a ustedes solamente. No traiga a otros a su lecho matrimonial. “Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla”.

Hay dos cosas que nosotros debemos… Hay tres cosas que debemos hacer para defender la institución del matrimonio. En primer lugar, difundir su honorabilidad como algo deleitoso, como algo deseable, como un estado mejor que el estado en que la persona no convive en el pacto matrimonial. Eso es lo primero: defender la honorabilidad. Lo otro: tenemos que evitar la fornicación.

Fornicación, hermanos, es específicamente tener relaciones sexuales antes del matrimonio, pero el término en sí incluye toda una gama de inmoralidad sexual. Un fornicario es una persona que ha dejado el diseño de Dios para la intimidad. Eso es un fornicario: una persona que ha dañado el diseño de Dios para la sexualidad. Es una persona que no solamente se aproxima al sexo, sino que quiere aprovecharse del sexo según su manera, y para ofender a Dios. Es un término muy amplio, incluye toda la perversión del diseño de Dios para la sexualidad. Cualquier persona que daña el diseño de Dios para la sexualidad se puede llamar un fornicario, aunque la manera más característica es teniendo relaciones sexuales antes del matrimonio.

Aquí viene la pregunta: “¿Y por qué es que los creyentes se oponen a tener relaciones sexuales antes del matrimonio? ¿Por qué? ¿Es que ellos no quieren que uno se deleite?”. Lo que queremos es que tú cuides tu deleite. “Ah, pero es que ellos no quieren que uno disfrute”. Lo que queremos es que usted disfrute intensamente. No es, hermanos, que los creyentes tenemos una posición fuerte en contra del sexo dentro del matrimonio. No. Es que entendemos que el sexo no es un asunto blanco y negro, sino que nosotros queremos la sexualidad a todo color, dentro del contexto donde la sexualidad puede ser expresada y disfrutada.

Les pido que en esto por favor sean un poco compasivos. Entiendo que no todos ustedes vinieron a los caminos del Señor en el mismo momento. Algunos vinieron a Cristo después de haber pasado temporadas de su vida completa utilizando la sexualidad fuera del diseño de Dios. Hay otros que vinieron a Cristo después que habían dañado diferentes áreas de su vida usando mal, sin conocer, el diseño de Dios.

Cuando explico estas cosas, por favor, entienda que mientras tanto tengo que ayudar a que la vida suya sea restaurada, porque el Evangelio restaura todas las cosas. Tengo que advertir a aquellos que están entrando a la vida para que tomen mejores decisiones. Comprendo que hermanos míos vinieron a Cristo después de haberse pasado una vida de inmoralidad, una vida de sexualidad desordenada. Comprendo que muchos tuvieron hijos antes de casarse, tuvieron relaciones sexuales con más de una persona, convivieron sexualmente. Hermanos, en el Evangelio todas las cosas son ordenadas. Cuando predico a favor de esto no es que estoy predicando en contra tuya, hermano; estoy alentando a aquellos que están entrando para que entiendan la hermosura del diseño de Dios.

Advierto esto para que no venga Satanás a engañarte, a ponerte un dolor en el corazón diciendo: “Bueno, yo no tuve la oportunidad”. Hermano, si tú llegaste a Cristo después de haber dañado eso, no pienses ahora que es en contra tuya; tenemos que advertir. De hecho, aquel que lo hizo mal debería entender cuál es el modelo bíblico para ayudar a los que van entrando.

Las relaciones prematrimoniales dañan la institución de la familia y dañan la persona misma, y quiero demostrar por qué. Lo primero que hace una vida promiscua, una vida de informalidad, una vida de inmoralidad sexual, una vida de encuentros sexuales casuales, fortuitos, furtivos, sin nada de permanencia fuera del pacto matrimonial, es que eso va a dejar en tu mente recuerdos, un precedente de recuerdos, experiencias, puntos de comparación que serán difíciles de borrar.

Hay una cantidad de personas que no han llegado a disfrutar de la intimidad matrimonial porque tuvieron tantas experiencias informales antes de entrar al matrimonio que, al día de hoy, eso es un lastre que está en su mente, en su memoria, que no les deja disfrutar a plenitud lo que es la intimidad matrimonial. No se conecta del mismo modo. Para que el sexo produzca todo su deleite necesita un contexto de confianza, de permanencia, de desarrollo a través del tiempo. No se puede disfrutar sexualmente solamente con el sexo casual. La sexualidad es algo que va creciendo, es algo que dos personas tienen la vida por delante para conocerse, para satisfacerse.

¿Cómo te va a dar deleite una prostituta? ¿Cómo te va a dar deleite una persona que ni siquiera conoces el nombre? ¿Un hombre que conociste en un bar en una noche? ¿Cómo esa persona va a satisfacerte de manera profunda? Personas que han pasado su vida teniendo esos tipos de encuentros casuales tendrán que depender especialmente del Señor y del poder del Evangelio para que su mente, su pensamiento, sea sanado y para que lleguen a disfrutar de la intimidad sexual. Por eso se convierte en un lastre: no puede disfrutar sexualmente al compañero que ahora el Señor te ha dado porque ha tenido tantos compañeros que eso se convierte en una serie de precedentes que contaminan tu intimidad sexual.

Por otro lado, el sexo antes del matrimonio tiene altas probabilidades de que te lleve a concebir sin tener un proyecto familiar, y eso afecta en más de un sentido. Primero, la misma incertidumbre hace que no disfrutes la intimidad sexual. El pensar: “Oye, después de la relación sexual quizás hasta un momento, pero esto puede traerme que yo conciba antes de estar preparado para enfrentar esto, para recibir esto en el contexto que el Señor ha dado, que es la familia”.

Y eso va a hacer que quedes vinculado a una persona, a su familia actual y futura, durante toda la vida. Una relación sexual de tres minutos podría vincularte a una familia que todavía tú ni siquiera conoces, de aquí a los próximos 70 años. Oye, eso debe ser una situación difícil: tener ahora que echar para adelante la vida de un hijo con una persona que tú ni siquiera le conoces el nombre. Y vamos a ver quiénes van a ser los abuelos, vamos a ver quiénes van a ser los tíos, y después los próximos compañeros que esta persona tenga, y sus manos. El daño que eso hace es enorme.

De nuevo, usamos compasión por nuestros hermanos que están experimentando esto, pero no se lo recomendemos a aquellos que están comenzando. No es agradable traer a tus hijos al mundo en un contexto de inseguridad y precariedad, donde no hay una familia establecida para ellos. Ahora el mundo te dice: “Solo podemos darle pa’lante”. No. Hermanos, aun nuestros hermanos que lo están haciendo por convicción cristiana y con la ayuda del Señor pueden testificar que su estado es un estado más precario que si tuvieran una familia constituida en la cual puedan desarrollar su proyecto familiar.

Al mismo tiempo, eso se convierte en algo precioso, porque la vida siempre es, ¿verdad?, deleite de la vida y honor al Señor, y puede proceder en consecuencia. Sin embargo, esto se va a convertir en una fuente de tensión y división en tu futuro matrimonio. “Ah, no, te recibo”. Hermanos, es más fácil recibir a una persona en el contexto familiar que no tiene un precedente, que todavía no tiene hijos fuera del matrimonio, que lidiar en un matrimonio donde hay hijos que están en otra parte.

La aflicción de un cónyuge cuyos hijos no saben dónde están… Hermanos, acompañar a un cónyuge en esos momentos de la vida es algo que no es deseable. Se colocará en la posición de no poder criar a tus hijos. Qué triste. Te alejaste del diseño de Dios y ahora no tendrás el privilegio de criar a tus hijos. No serás una influencia para ellos, tendrás que verlo y conformarte con que otro moldee su mente, su corazón, según la manera que entienda. Qué tristeza.

Son cosas que uno debe decir. Aún a un hombre uno lo hace para advertir a los más jóvenes. Pero concebir fuera del matrimonio probablemente te vincule con personas que no tienen las mismas convicciones tuyas respecto del valor y del respeto de la vida, y tu hijo muera temprano. He escuchado el comentario como si esto fuera un deporte: “No, yo sí estoy embarazada, pero yo no quiero tenerlo”. ¿Cómo que no quieres tenerlo, y está en tu vientre?

Hermano, la sexualidad debe ser reservada para el matrimonio porque hay mucho dolor. Qué dolor hay en el corazón de un padre que supo que su hijo fue muerto en los primeros meses, en los primeros días, porque aquella persona con la que convivió no tenía su misma valoración respecto de la vida.

Proverbios 5, del 15 al 19, es una advertencia poética respecto de estas cosas. Es seguridad, hermanos, para el proyecto familiar, es seguridad para la realización sexual dentro del matrimonio solamente. Porque ahí es que puede disfrutarse de manera intensa y según las cosas que el Señor ha dispuesto. Dice Proverbios capítulo 5, del versículo 15 en adelante:

Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de tu propio pozo. ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, y tus corrientes de agua por las plazas? Sean para ti solo, y no para los extraños contigo. Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre. ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, y abrazarás el seno de la extraña?

— Proverbios 5:15-19

Hermanos, es una advertencia respecto de la dignidad que tiene el matrimonio y la hermosura del sexo dentro del contexto familiar. Las relaciones sexuales antes del matrimonio predisponen a la persona para la inmoralidad después de casarse. Una persona que ha tenido una vida de sexualidad promiscua antes de casarse, ¿por qué deberíamos contar con que después que se casó va a permanecer en el vínculo familiar y va a tener un comportamiento honorable?

El mundo enseña a tener ligereza sexual antes de casarse, y después se espera que, en el pacto matrimonial, entonces van a tener una vida piadosa. ¿Usted sabe con quién se casó? Si usted tiene cuatro años de convivencia casual, fortuita, y después entiende que este hombre va a ser un hombre honorable, que esta mujer va a estar satisfecha en usted solamente, si lo único que ha tenido con usted son encuentros casuales, y probablemente le conoció y se fueron esa misma noche. Hermanos, por favor, evitemos la fornicación, porque la fornicación daña el proyecto familiar.

Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios. Ven al concepto de intimidad. Una persona que ya entrega su cuerpo a cualquiera no llega a entender lo que es la intimidad.

La mejor ilustración que yo he encontrado de la intimidad sexual, hermanos, es que eso es como un cepillo dental. Usted no iría a una casa, ¿verdad?, y diría: “Préstame uno, ¿hay alguno que me pueda prestar su cepillo? A mí se me quedó el mío, si alguien me puede prestar su cepillo”. “Mira, yo lo acabo de usar, usa el mío”. Hermanos, si a nosotros nos genera esta repulsión tener un cepillo dental ajeno en nuestra boca, ¿cómo vamos a tener otra parte de su cuerpo en el cuerpo nuestro, sin ningún tipo de criterio?

Y no quisiera traer al púlpito cristiano lo que pasa en los lugares de prostitución, pero en esos lugares un hombre va y usted es el tercer cliente en esa noche, y hay otros dos que estuvieron antes que usted. Y usted ahora va a ser solidario con cinco más y con todos los cuarenta clientes que esta persona tuvo durante el mes, y hay personas que llegan a disfrutarlo.

Hermano, el nivel de degeneración en la mente humana llega a disfrutarlo. Todo debe ser como el cepillo dental. Yo, hermano, si alguien usa el mío, si yo tuviera la reserva, yo uso otro. Lo boto, lo desecho. Sí, así: si alguien usa el cepillo, aunque estaba nuevo, lo limpia, porque solamente el pensar que alguien usó el tuyo… Entonces imagínate un amigo suyo duerme en su casa: “No, fulano, yo me levanté temprano, ya yo usé el tuyo, no te preocupes”. Tú le echas agua, pero estás incómodo.

Hermanos, honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla. Pero los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios. El hombre ha llegado a ver el sexo fuera del matrimonio, el sexo casual, el “sexo recreativo”, como le llaman, como algo honorable. Si usted analiza las explicaciones que eso tiene, hermano, usted dice: “Yo como que no pienso hacerlo, no”. Que sea para el matrimonio.

He estado hablando en primer lugar de la fornicación. Un aspecto de la fornicación es eso, hermanos: el desorden. Pero hay otro, que es la desvirtuación. Hay otros que se han ido todavía más allá: no solamente se cepillan con el cepillo dental de cualquiera, sino que hay otros que han cambiado el diseño de Dios también en el uso de los hombres como mujeres y de las mujeres como hombres.

La promiscuidad, en ese sentido, coloca al hombre en un estado de degeneración. Dice el libro de Romanos que el Señor les entrega a sus pecados, y por ahí siguen caminando, hermanos, en un derrotero que eso no tiene fin. Al día de hoy hay toda una campaña mundial respecto de que entendamos que la homosexualidad, la degeneración, que todas esas cosas son loables, que no se deben rechazar.

Hermano, es una actitud de amor advertir. Yo no puedo evitar que convivan en relaciones degeneradas, pero yo tengo el deber cristiano de advertir, porque es amor.

Degeneración sexual y sus consecuencias: advertencia por amor

La promiscuidad sexual en ese sentido, hermanos, la degeneración no es un asunto agradable. Fuera de los medios provistos por Dios, que es un hombre para una mujer, no hay deleite, por mucho que usted busque fisiológicamente y mentalmente. No hay manera de contar eso como algo placentero. Solamente la degeneración del mundo, que a lo bueno le llama malo y a lo malo le llama bueno, ha llegado a tener en eso deleite. Físicamente no es posible. Usted puede explicarlo; usted no tiene que ser un pastor para ver esto. Hable con cualquier persona que tenga algo de sentido de anatomía humana, y le dirá que no puede ser placentero porque no fue hecho para eso.

Por mucho que se presione la sociedad respecto de todo, aun los no creyentes saben que eso es antinatural. La gente ha querido decir que la iglesia es la que se opone. No, hermanos, no es la iglesia, es el sentido común: es antinatural. El daño que acarrea la homosexualidad, el bestialismo, todo tipo de degeneración sobre su propio cuerpo, hermanos, es inmenso y eso no se lo queremos desear a nadie. Es un daño enorme.

La salud entre homosexuales tiene los peores índices a nivel mundial. No estamos hablando de versículos bíblicos, hermanos, dicen las estadísticas que los homosexuales tienen un 50% más de probabilidades de experimentar depresión y trastornos de ansiedad. “Ah, bueno, es que los cristianos se oponen…”. No. Es por tu propio bien. Entiende que esa conducta desviada va a traer en ti depresión en más de un 50% sobre la media.

Alto riesgo de adicciones, drogas y alcohol; dos veces más propensos a intentar el suicidio, aun en países muy liberales y con legislación a favor. Dicen: “Mira, hay ahora mismo una epidemia de jóvenes homosexuales atentando contra su vida”. Lo que nos dicen es que necesitamos que se apruebe el matrimonio entre homosexuales. Pero vaya a los países donde el matrimonio entre homosexuales ha sido aprobado hace décadas, y tienen índices iguales o más altos.

En Países Bajos, el matrimonio homosexual se aprobó en el 2001, y allá los homosexuales son tres veces más propensos a trastornos mentales y diez veces más propensos al suicidio que en otras partes del mundo. Y pueden casarse, porque el asunto no es la legislación. Allá, aun con legislación. En Canadá, con el matrimonio homosexual aprobado desde el 2005, mueren más por suicidio que por VIH.

En Norteamérica completa, Estados Unidos, el 22% de los jóvenes homosexuales intentarán suicidarse. No. Esto no es loable, hermanos. Nos enseñan la homosexualidad ahora mismo en las series de televisión como que es un estilo de vida “cool”, como que es algo agradable: “Guau, son muy creativos, son personas muy alegres”. Sí, con unos índices de depresión que están rayando la estratosfera. Sí, dicen: “Los homosexuales son las personas más felices que hay en esta tierra”, y por montones están intentando contra su vida, hermanos.

Entendamos que la promiscuidad en todos estos sentidos, todo sentido de fornicación, hermanos, es algo que deshonra al Señor y que daña sobre todo al hombre.

Primera cosa para mantener la honorabilidad de la familia: celebrar, hermanos, la familia como institución honorable. Lo otro: evitar todo desorden en la sexualidad, toda informalidad en la sexualidad, todo asunto que deshonre al Señor olvidándose de su diseño. Y en tercer lugar, evitar el adulterio, no dañar el matrimonio después de casarse.

El adulterio es faltar al pacto matrimonial, violentar eso que has dicho: que será tu única, será tu único. Dañar el pacto matrimonial es adulterio. A los adúlteros también los juzgará Dios. ¿Por qué? Porque han dañado la institución que es cardinal para el avance de la sociedad, que es la familia.

El adúltero no solamente daña… Nos da una perspectiva pecaminosa, trae gran daño social. Señores, todavía la gente anda buscando qué es lo que ha pasado en la sociedad dominicana en los últimos tiempos, que la epidemia del adulterio ha producido divorcio. Cantidad de familias han sido destruidas, y ante lo que era la fortaleza de la estabilidad familiar, al día de hoy ha sido drenada, ha sido menguada, y no sabemos lo que está pasando.

Hermano, la epidemia de inmoralidad sexual, en la cual hemos sido bombardeados, ha dañado la sociedad en más de un sentido. La gente todavía anda buscando cuáles son las causas y cuáles eran las consecuencias respecto de esto.

Quiero animar a todos aquellos que están hoy en un pacto matrimonial a que fortalezcan su vida matrimonial. La mejor manera de cuidar tu matrimonio es nutrirlo. Hay gente que piensa que cuida su matrimonio aislándose, protegiéndose; nunca invierten. Hermanos, invierta en su matrimonio, invierta en su relación matrimonial. Es una manera mucho más hermosa de cuidarlo.

Entienda lo vulnerable que es la posición de un adúltero. Mire, un adúltero… Uno lee lo que es el adúltero en la Escritura y primero ve lo ofensivo que es solo a Dios. Y en segundo lugar ve la posición vulnerable que queda un adúltero, hermanos. La única razón bíblica que usted encontrará para divorcio legítimo es el adulterio. Entonces una persona falta al pacto matrimonial y no podría decir: “A mí hay que recibirme, a mí hay que perdonarme”.

Usted está a expensas de que alguien manifieste algo que yo me siento a veces hasta limitado de aconsejar, hermanos. Porque después que cruzaron el cepillo, volver… Por dignidad, la dignidad que tiene el ser humano, hay que respetarlo. Pero una persona que ha tenido una vida promiscua después de casarse, que quiere venir de nuevo a convivir con su esposo, con su esposa, eso es mucho pedirle a un hermano. Es fuerte. Sea cristiana, recíbalo, porque esa persona tiene dignidad, pero se está exponiendo.

Primero le está quitando la dignidad que tiene el ser humano, y después le está exponiendo a enfermedades, a trastornos, a sentirse como un objeto. Además, el adulterio crea una ola expansiva de maldad. Te daña a ti, a tu cónyuge, a tus hijos, a sus respectivas familias, a las relaciones, a la sociedad en su conjunto. Ambos, fornicarios y adúlteros, serán juzgados por el Señor.

Primer aspecto, hermanos, en lo cual un creyente debe anunciar que tiene doctrinas correctas es el amor, un amor expansivo. Lo segundo, la compasión. Lo tercero, una perspectiva distinta al mundo con relación a la familia. Si tenemos familias diferentes, hermanos, la gente va a ver a Cristo en nosotros.

Victoria sobre la avaricia: contentamiento, provisión y protección

Lo último, que complementa a la compasión pero que es distinto, como le he venido diciendo, es la generosidad. Está en los versículos 5 al 6. Dice:

Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.

— Hebreos 13:5-6

Si usted es un creyente, no puede ser un avaro. Al día de hoy la gente ha relacionado la avaricia con la riqueza. Frecuentemente un avaro no tiene dos pesos en los bolsillos, pero es avaro. La gente piensa que ser rico es ser avaro. La avaricia, hermanos, es lo que al día de hoy se difunde como algo loable: tener más que los demás, poder dañar a los otros desde una posición de poder, desear cada vez más.

No podemos hablar de nuestro trabajo, hermanos, con avaricia. ¿Cómo va a ser que su primera aproximación a un empleo sea: “¿Y cuánto te van a pagar?”. Eso es avaricia. Primero: ¿cuáles son tus dones?, ¿cómo tú vas a glorificar al Señor ahí?, ¿de qué manera tu trabajo va a ser útil? “¿Cuánto pagan?” Y ese oficio: “No, no me gusta ese oficio, pero si ahí pagan mucho, yo aprendo eso”. Avaricia, hermanos.

Pero es común entre los creyentes hablar de esos temas de una manera tan poco piadosa. ¿Cómo va a ser que nuestra primera aproximación a nuestra utilidad como ser humano…? ¿Usted sabe lo que es dedicarle veinte años de su vida a un oficio solamente por avaricia? Hay cantidad de gente que, al día de hoy, no trabaja en aquello para lo cual Dios le hizo, sino en aquello que ellos entienden que da dinero.

“¿No, pues es lo que pagan bien, y usted tiene las aptitudes, Dios le dio esa capacidad, Dios le dio esa formación?”. “No, yo no sé hacer nada de eso, pero yo tengo que buscarme lo mío”. No es una actitud cristiana, es avaricia. Una persona que es un avaro es una persona que ama el dinero. Así mismo es la etimología de esa palabra: “filarguros”: “filia”, amor; “arguros”, dinero. Es una persona que ama el dinero, alguien que ama el dinero por sí mismo.

Entonces yo le he preguntado a una persona: “Si tú fueras rico, ¿qué tú hicieras?”. ¿Se trata de llamarle foto al dinero? ¿Usted me entiende? Hay personas que tú les preguntas: “¿Te quieres empeñar en ser rico? Pero, ¿para qué tú quieres ser rico? ¿Para retratarlo? ¿Para que me vean? Para que mis primos estén mirando lo que yo tengo”. No es un asunto, hermanos, urbano solamente, es avaricia.

Primero es una vanidad extraordinaria, y después un asunto muy ofensivo delante del Señor. Por favor, hermanos queridos, que no sea el dinero lo que mueva sus decisiones principalmente. Que no sea el dinero lo que mueva su oficio. Que no sea el dinero lo que mueva sus aproximaciones. Que no sea el dinero lo que mueva sus relaciones. La avaricia es algo que nos daña en todos los sentidos.

¿Cuántas personas no tienen al día de hoy los mejores amigos porque buscaron amigos movidos por la avaricia? “Estas personas creo que me serán conducentes al proyecto avaricioso que yo tengo, yo voy a cultivar una amistad con ellos”. Hermano, eso no es piadoso. Un creyente en este mundo renuncia a la avaricia. Estamos rodeados de avaricia: la ostentación, la vanidad, el enseñar que podemos, el desperdicio, hermanos; todas son expresiones de avaricia. Usar más de lo que te corresponde, usar más de lo que te satisface, todo es avaricia.

Trabajemos buscando recompensas que vayan más allá de lo monetario: un sentido de utilidad, la experiencia de haberlo hecho, el glorificar al Señor, el servir a los otros. Sí, frecuentemente el Señor te va a colocar en una posición donde vas a poder hacer este trabajo que le va a dar a Él mucha gloria, le va a servir mucho a la gente, y este otro trabajo que te va a dar mucho dinero. ¿Cuál de los dos tú vas a elegir? Si eres dominado por la avaricia, perderás la satisfacción de servir a Dios y servir al prójimo por ganarte dos pesos más.

Que el Señor quite la avaricia del medio de nosotros. Advierto aquí algo, hermanos: al día de hoy se difunde algo que le llaman “emprendimiento”, como si fuera lo único que se puede hacer. Y usted dice: “¿Y por qué tú quieres emprender?”. “Porque fulano de tal emprendió algo y él consiguió una ronda de financiación y resolvió los problemas de sus nietos en un fin de semana”. Hermano, ¿eso es lo que nos motiva? ¿O es que realmente tenemos dones, que tenemos oportunidades, que tenemos maneras de glorificar al Señor?

¿Qué es lo que mueve tus decisiones comerciales, tus decisiones familiares, tus decisiones relacionales, tus conversaciones? Que no sea el amor al dinero. Eso se siente. Has hablado con una persona que tú sientes: “Guau, pero esta persona solamente tiene temas económicos, solamente piensa en rendimiento, solamente piensa en ganancias, solamente piensa en esto”. “Sean vuestras costumbres…” La palabra costumbres, una traducción contemporánea, es “estilo de vida”. Sea vuestro estilo de vida sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora.

Que en tu estilo de vida se anuncie que tú eres una persona que no eres movida por el dinero principalmente, que no eres una persona que eres conducida principalmente por lo mercurial, por lo económico, por lo monetario. La manera en que podemos vencer la avaricia nosotros… Tres maneras distintas presenta el texto.

En primer lugar, cultivemos el contentamiento. Alguien que no está contento siempre va a querer más. El contentamiento no depende del nivel que tenga tu cuenta, no depende de eso. Es una actitud que hay en el corazón. Aun antes de que tu cuenta comience a aumentar, ya el contentamiento puede llegar a tu corazón, y una persona que está contenta no depende de lo que diga el banco. Tú quizás no tengas recursos boyantes, pero estás contento en tu corazón.

Primer lugar para vencer la avaricia, que estamos arropados de esto, hermanos: cultiva el contentamiento. Pídele al Señor que le dé alegría por lo que usted tiene. Disfrútelo que usted tiene, desempolve algo de su casa. Hay cantidad de gente que trabaja y trabaja por conseguir algo, después ni siquiera lo disfrutan cuando llega a su casa. “Oye, por favor, la cosa más sencilla que el Señor le haya dado, disfrute eso. Conténtese: ‘Gracias, Señor, porque me has dado esto, gracias por esta provisión, gracias por esta comidita, gracias porque nos diste los medios para hacerlo’”. Eso es contentamiento.

Lo otro: confíe en la provisión del Señor. “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque Él dijo: No te desampararé ni te dejaré”. Hermano, usted no debe desear tener mucho, usted debe desear ser bien provisto. Son dos expectativas distintas. Un creyente no anhela necesariamente tener mucho; lo que anhela es que el Señor provea de manera constante, a la luz del Padre nuestro: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”.

Usted no anhela, hermanos, tener recursos boyantes. De hecho, si usted no lee eso, usted no confía en la provisión del Señor. No es que se entregue al desorden, que se entregue, hermanos, a la imprevisión; pero por favor, que su gozo no dependa de tener mucho acumulado. Que su gozo dependa de la confianza que usted tiene puesta en la continua provisión del Señor.

Es como un río, hermanos. La provisión del Señor es algo que tú sacas un jarro del río y tú no piensas que el río se va a secar mañana. Entonces mañana yo puedo volver al mismo río. Es la confianza en la provisión del Señor, hermanos, un asunto que es continuo, un asunto que es confiable. Nuestro Dios no se va a esconder mañana. Si Él te proveyó hoy, te va a proveer mañana. Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora.

En primer lugar, contentamiento. En segundo lugar: “Porque Él dijo: No te dejaré ni te desampararé”. Hermano, la provisión del Señor es segura, la provisión del Señor es continua, es constante, es abundante, y además es muy específica. El Señor no te provee a veces los medios, sino que Él satisface directamente la necesidad, y eso ayuda mucho. A veces yo le he estado orando al Señor porque me permita que aumente mi cuenta corriente, y Él no hace que aumente, sino que Él desaparece el problema, y es mejor.

Decía: “Señor, yo te estaba orando que tú me dieras medios para pagar esto, y tú supliste otra forma. Gloria al Señor, que logró lo mismo y me da mucha más satisfacción”.

Y lo otro está en el texto. Primera cosa: cultivar el contentamiento. Lo segundo: confiar en la provisión del Señor. Lo tercero, para vencer la avaricia: “El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me pueda hacer el hombre”. Una persona que tiene un corazón temeroso, si una persona piensa que los hombres siempre le van a dañar, si una persona no confía en la seguridad que tenemos de que estamos en las manos del Señor, él necesita tener una cuenta corriente muy amplia para sentirse seguro en esta tierra. Y su corazón será dominado siempre por la avaricia.

Cuando usted confía, hermano, que el Señor no solamente es su ayudador, sino que el Señor es su protector, usted puede operar con menos presupuesto y mucho más gozo. Que el Señor permita que como iglesia, hermanos, también nos distingamos porque hemos vencido la avaricia confiando en el contentamiento que viene de arriba, en la provisión del Señor y en la protección que nuestro Dios nos da.

Si usted se protege por sus propios medios, busque mucho dinero. Si usted no confía que el Señor intercede con su poderosa mano, busque mucho dinero. Si usted confía en la provisión del Señor y en su protección, hermanos, tenga mucho contentamiento.

Oración final y llamado a vivir la doctrina

Oro por la iglesia, para que la doctrina valga la pena. Padre, entusiasma a mi iglesia respecto de no solamente crecer en profundidad, sino en expresión. Permite que la victoria sobre la avaricia, Señor, nos caracterice dentro del mundo; que la gente note, Señor, que nosotros no somos dominados.

Permite, Señor, que nuestras prácticas familiares anuncien, Señor, que tenemos una doctrina mucho más alta. Permite, Señor, que nuestra compasión, nuestro corazón sensible y nuestra disposición a expresar el amor nos distingan. Ay, Padre, mira el temor que he sentido de que nos convirtamos en filósofos. Padre, trae obras a nuestra iglesia, trae obras, Señor, dándonos medios para llenar esta ciudad de disposiciones benevolentes a favor de todos los necesitados.

Señor, mira que necesitamos tu provisión de sabiduría, sobre todo, porque sabemos que podemos hacer mucho más de lo que estamos haciendo. Bendice a cada una de las personas aquí congregadas, Señor. Ay, si hay alguien —y con sus ojos cerrados— ahí, si hay alguien que no ha puesto, Señor, su confianza y ha visto que hay una expectativa más alta, que hay una posibilidad, un camino más alto, un camino distinto, más distinguido, más honorable, yo lo invito a que ponga hoy en el Señor su confianza.

Estas cosas son posibles porque el Señor habita en nosotros. Nos parecemos a Él. Padre, en todas estas cosas exaltamos tu precioso nombre. En Jesucristo. Amén.

Nuestro ministerio de alabanza nos despide con canción.

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