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Mensaje

Israel murmura en Mara

Éxodo 15:22-27

A menos de una semana de haber sido liberados de la esclavitud en Egipto, a escasos tres días de haber cruzado el mar Rojo —cuando el pueblo cantó junto a Moisés, exaltando cuán grandemente se había magnificado Jehová: «Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación» (v2)—, hubo un repentino cambio de actitud. Una prueba inesperada reveló una tendencia recurrente en el pueblo: la murmuración, expresión de descontento, ingratitud y rebelión. El caso nos recuerda que nuestro arte puede ir muy por delante de nuestro nivel de madurez, y que podemos estar cantando junto a una multitud grandes verdades que aún tenemos pendientes de aprender. Hoy veremos la prueba repentina que enfrentó Israel al entrar en el desierto, su actitud persistente y la completa provisión de Dios para ellos.

Transcripción automática

La última vez que nos vimos estuvimos hablando acerca de tener una nueva conciencia sobre la presencia de Dios y hablábamos del arca del pacto y de los elementos que tenía dentro suyo: una porción del maná, la vara de Aarón y una copia de la ley. Cada una de estas cosas son simbólicas y tienen lecciones espirituales para el pueblo de Dios. Mi deseo es hablar pronto al respecto del maná, pero me doy cuenta que tengo que introducir y ver cómo Israel llegó hasta allá. El maná es el símbolo de la provisión de Dios para su pueblo. Engloba, sintetiza, resume una verdad espiritual: Dios quiere cuidar de nosotros. Y la manera en que uno pueda avanzar espiritualmente en el transitar de esta vida es llegar a interiorizar la verdad de que Dios tiene cuidado de nosotros.

El Señor no solamente nos salvó, sino que nos está salvando. Él tiene un cuidado detallado. La lucha de Israel en el desierto, en gran medida, fue la lucha de interiorizar esta verdad, no solamente aprenderla. Usted puede aprenderla rápido, tenerla en la mente, poderla frasear, verbalizar. El asunto es que usted no solamente lo entienda intelectualmente, sino que interiorice en su corazón esta profunda verdad: Dios cuida de ti. Que cuando tú resuelvas hacer en tu vida la voluntad de Dios, no te va a faltar. En el capítulo 16 de Éxodo, el Señor da el maná. Pero en el capítulo 15, en la parte final, es como una introducción. Si aquello es el plato fuerte, esto es la entrada. Es lo que prepara la actitud, la mente, el corazón, para que el Señor te pastoree en esta profunda verdad: Dios cuida de ti. Nos queda un desierto por delante donde tendremos que hacer la voluntad del Señor, pero no estamos solos.

E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur, y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua. Y llegaron a Mara y no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas, por eso le pusieron el nombre de Mara. Entonces el pueblo murmuró contra Moisés y dijo: ¿Qué hemos de beber? Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol, y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas y allí los probó. Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti, porque yo soy Jehová tu sanador. Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas.

— Éxodo 15:22-27

Una prueba repentina

Les coloco en la cronología. Dios está salvando a su pueblo, le salvó de la esclavitud, ya le sacó de Egipto. Hace menos de una semana que Israel había salido. Tres días antes habían cruzado el Mar Rojo. Estos acontecimientos fueron muy rápidos. Suceden muchas cosas en corto tiempo y luego vendrá un largo período en el desierto. Paradójicamente Israel pudo haber llegado a la tierra de Canaán en el primer año, pero el Señor les encaminó por el desierto y durante muchos años más Israel llega a conocer a Dios profundamente.

¿Cuál es el propósito de esta jornada? ¿Cuál es el propósito de sus aflicciones? El propósito global, más que llevar a Israel a la tierra prometida, era que Israel llegara a conocer a Dios profundamente, pues para hacer la voluntad de Dios es necesario conocerle. Uno ve la historia de Israel y pareciera que siempre es el mismo pueblo, y no es así. En miles de años de historia usted encontrará generación tras generación que llegaron a luchar con lo mismo: Dios, inmutable, sigue siendo Dios, y nuestras generaciones cambian. Esta generación que tenemos ante nosotros es la generación de la gente que salió de Egipto.

Uno asume que este era un pueblo devoto, piadoso. En gran medida era un pueblo que no conocía a Dios. Podían conocer la historia, podían tener un referente étnico, podrían decir «somos hijos de Abraham», podrían tener una vinculación familiar con Dios, pero no le conocían profundamente. Dios estaba revelándose a ellos. De hecho, Dios para Israel en este momento era en muchos sentidos un perfecto desconocido. Están saliendo de Egipto, pero todavía no tienen muy claro a quién es que van a adorar.

Nuestro arte puede ir delante de nuestra madurez

No hay agua, encuentran agua que no se puede beber, y comienzan a murmurar contra Dios. Un cambio repentino en su actitud. Esto es prueba de que nuestro arte, nuestras canciones, pueden ir muy por delante de nuestro sentimiento. Podemos junto a una multitud cantar verdades preciosas que todavía no nos hemos bebido. Podemos unirnos al coro y decir «Dios es bueno, Él es nuestra fortaleza», y al mismo tiempo tener una conversación interna negativa y decir «este Dios como que nos va a dejar morir de hambre.»

Una cosa es que usted participe en la liturgia del pueblo, que usted verbalice las canciones del pueblo. Y una cosa muy diferente es que usted conozca al Dios de este pueblo. Vamos a cantar gloriosas verdades y murmurar todos los días. El Señor permitió una prueba repentina que hizo evidente el estado del corazón de Israel y salió a la luz la actitud recurrente de este pueblo: la falta de confianza en Dios, la murmuración y la queja continua. Se acababan de abrir el mar en dos. Los egipcios se los tragaron las aguas. Pero tú entiendes que Dios te va a dejar morir de hambre. Hay lecciones espirituales que necesitan más de un acontecimiento.

Desde el capítulo 15 hasta el 17, el Señor condensó tres episodios donde se documentaron las grandes quejas de Israel. El Señor les endulza el agua. Les lleva a Elim y les pone a acampar junto a corrientes de agua y palmeras. Pero después dicen «tenemos hambre y nos vamos a morir.» El Señor les da el maná. Y escasos días después dicen de nuevo «tenemos sed.» Una y otra vez murmuran por agua, hasta que Moisés terminó golpeando la roca.

He venido a predicar acerca de la historia de Israel, pero sobre todo esta es la historia de la vida de todo creyente. Tenemos a un Dios muy grande que está cuidando de nosotros, pero todos los días estamos dudando al respecto de si el Señor cuidará de mí. Hoy veremos una prueba repentina, una actitud persistente y la completa provisión de Dios para su pueblo. Recuerda, más que de la gran queja de Israel, he venido a hablar al respecto de las grandes quejas de nosotros. ¿Cuál es nuestra actitud ante la tribulación? ¿Cómo respondemos?

También hay que sacar a Egipto de Israel

Tenemos grandes doctrinas, pero para tú vivir de acuerdo a esas grandes doctrinas necesitas saber que hay un gran Dios que está cuidando de ti. Que tú tienes leyes que son muy singulares, pero tienes un Dios que es muy grande. Y a menos que tú ventees esas dos cosas, siempre vas a estar cojeando la doctrina. Porque tienes doctrina muy grande, pero tu Dios se ve muy pequeño. Para que un pueblo haga la voluntad de su Dios, necesita sentir que está sirviendo a un Dios que es muy grande, que está cuidando de forma milimétrica, que tiene un cuidado de detalle.

Este desierto, el desierto de Shur, es un punto de transición. Cuando uno ve esta historia, parece que terminó. Son los tráileres. Estamos a tres días y nos quedan por delante cuarenta años. Cuando uno piensa que ya entendió la lección, que ya interiorizó, que ya maduró, de la parte del Señor quizá te falta. Estoy hablando de salvación en el sentido más amplio, que no consiste únicamente en sacar a Israel de Egipto o hacerlo atravesar el Mar Rojo. También hay que sacar a Egipto de Israel.

En la milicia hay un estribillo que dice que el hombre sale de la guardia pero que la guardia no sale del hombre. Tú puedes haber salido físicamente de Egipto y todavía comportarte como un egipcio. Tú puedes ser salvo y carnal. Puedes ser un creyente filosóficamente maduro pero emocionalmente inmaduro. Puedes declarar grandes doctrinas y al mismo tiempo todavía no confiar en tu Dios. Salvación también incluye rescatarlos de ellos mismos, de sus actitudes de siempre. Es un asunto del corazón. Faraón no era el problema principal. El problema principal estaba en ti. Y aunque tú dejaras de ver a Faraón, todavía en tu corazón hay un problema y Dios está haciendo que el problema salga.

Esta prueba fue muy temprano. Interesante que el Señor no los llevó directamente desde Egipto hasta Elim, sino que los pasó por Mara. El Señor quiere pasarles por Mara porque en Mara es que el corazón sale. Todos nosotros deshonramos al Señor de manera particular, pero el mecanismo es el mismo. Dios te quiere cuidar y tú no confías en que Dios te está cuidando.

Pruebas tempranas que confirman la salvación

Esas pruebas repentinas, tempranas, confirman la salvación del creyente. Yo no le tengo miedo alguno a que un nuevo creyente sea afligido. De hecho, frecuentemente cuando alguien viene a Cristo, en determinadas áreas las cosas comienzan a irle mal. Y la gente dice «pero yo vine a Cristo ahora y como que se me están cayendo los palitos.» La prueba temprana te visita. Si el Señor te sacó de Egipto con su mano poderosa, Él no solamente te sacó para dejarte como tú estabas. Él quiere sacar al egipcio. Él no solamente quiere liberarte físicamente, Él quiere liberarte espiritualmente. Quiere que tú le conozcas. Quiere revelarse.

De forma tal que en vez de pegar las alarmas porque un nuevo creyente está siendo afligido, vamos a decirle: si el Señor le salvó y le sacó de Faraón, también el Señor puede sacar eso que hay en su corazón. Y es ahí que eso se manifiesta, esa actitud recurrente que hay en ti. No albergo duda al respecto del poder de Dios para sostener en el desierto a aquel que sacó de Egipto. Si tú fuiste salvo por el Señor, el Señor gradúa la prueba y la aflicción. Yo digo que terminará siendo bueno. Que a los que aman a Dios y son llamados conforme a su propósito, todas las cosas alcanzarán su propósito. No es que todas las cosas serán bonitas; es que todas las cosas alcanzarán ese propósito que Dios está haciendo.

¿Y cuál es el propósito que Dios está haciendo? Que tú le conozcas más profundamente, más perfectamente. Y hasta que lleguemos a la tierra prometida tendremos cuarenta años para conocer a Dios. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú enviaste. La vida no se trata de ir de oasis en oasis. La vida se trata de conocer a Cristo más profundamente. Tú no vienes a Cristo para vivir de oasis en oasis, tú vienes a Cristo para conocerle más perfectamente, más concretamente, y para eso sirve la aflicción.

Las aguas que no te puedes beber

Dice aquí que cuando llegaron a Mara no pudieron beber las aguas porque eran amargas. Eso es desesperante. Es más desesperante ver el agua que no te puedes beber que no haber visto el agua. Teniendo sed, es el desespero del ser humano: hay cosas que tú necesitas, que tu Dios quiere darte, que Él no te las quiere dar ahora mismo, y te permite que veas algunas cosas. Y tú dices «¿para qué me hace ver el agua?»

Es el dilema del creyente, que te colocan frente a las aguas que no te puedes beber. Hay un tremendo negocio, pero es turbio. Eso podría abrir cantidad de puertas, pero hay que cerrar medio ojo. Es el empleo de tu vida, pero riñe con tu vida. Mi vida es Cristo y es el empleo de mi vida que riñe con mi vida. No es infrecuente ese dilema del creyente: yo sé que son las aguas, sé que no son para mí. En el cielo hay un Dios que tiene para mí unas aguas reservadas. Él puede hacer que, si Él quiere que yo me beba esas, sean dulces; y si no, por delante está Elim.

Vienen a mi mente los Proverbios: «La bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella.» Encontraron agua pero no pudieron beber y tuvieron que depender de Dios. Esta prueba repentina es la dinámica de la vida de un creyente. Todos los días tu fe va a ser probada respecto de si tú confías o no confías en que tu Dios cuida de ti.

Una actitud recurrente: la murmuración

¿Cuál es la actitud recurrente? Murmuración. ¿Qué fue lo que más hizo Israel en el desierto? Murmurar. Y sin ánimo de ser categórico, cuando aprendieron a dejar de murmurar, entonces entraron en la tierra prometida. «Entonces el pueblo murmuró contra Moisés y dijo: ¿qué hemos de beber?» No es verdad que en Egipto no estaban matando, no estaban matando, pero ahí estaba el Nilo. Nunca hubo problema para beber agua.

Más que el mal corazón del pueblo, lo que aquí se evidencia es la paciencia de Dios y su compromiso con Israel. Uno ve estos textos y lo primero que emerge es que Israel es un pueblo malvado. Lo primero que debería emerger es que Dios es un Dios muy paciente. Y que Él está tan comprometido con la salvación de Israel que puede hasta tolerar por un tiempo su murmuración. Lo que Dios soporta en su pueblo, probablemente su propio pueblo no lo soporte entre ellos mismos.

Dios está salvando a Israel como te está salvando a ti. Yo no creo que Israel caminara en el desierto pensando que siempre Dios lo estaba matando. De hecho, lo que Dios quería que ellos supieran es que estaba comprometido con su salvación. Él te amó cuando en ti no había nada que fuera digno de su amor. Y Él está comprometido en seguirte amando. La prueba de Dios para su pueblo no es una prueba para destrucción, es una prueba para manifestación, para contraste, para evidenciar lo que hay en el corazón de forma tal que ellos tengan su satisfacción en Él.

Israel murmuró siendo esclavo y siendo libre

Israel murmuró en Mara, después de cruzar el Mar Rojo. Después de cantar, murmurando. Después el Señor los instaló en Elim y después de Elim comienzan a murmurar de nuevo. El Señor les manda el maná y parece que ya estaban satisfechos. Y el pueblo vuelve y murmura por agua. Hay algo profundamente aleccionador en este patrón. Israel murmuró siendo esclavo y siendo libre. Teniendo hambre y teniendo provisión. Teniendo sed y teniendo agua. Murmuró después de milagros evidentes. Lo que hace evidente su murmuración es que no depende de la condición externa ni de los recursos disponibles, sino del estado de su corazón.

Usted puede murmurar en la abundancia y murmurar en la precariedad. La murmuración no es un asunto de medios, es un asunto del estado del alma. Tú puedes ser bendecido de manera extraordinaria y aún así seguir murmurando. En el corazón está la murmuración. Recuerda, el Señor no solamente está sacando a Israel de Egipto, también está sacando a Egipto del corazón de Israel.

La gracia que provee en medio de la queja

Israel le da murmuración y el Señor le da bien. Ese es nuestro Dios. Y esto es la gracia. Llama la atención que no hay una reprimenda, solamente hay una respuesta a una oración. «Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol, y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Y allí los probó.» Déjame defender un poco a Israel. Dios conoce el estado de inmadurez del pueblo. Sabe que está lidiando con gente que en lo espiritual está todavía medio inmadura. Esta gente son egipcios en gran medida. El Señor está lidiando con un pueblo que necesita conocer al único Dios verdadero y está haciendo de ellos una nación.

El propósito de la aflicción fue recetado por Dios. El Señor sabía lo que iba a pasar en Mara. Para eso el Señor llevó a Israel a Mara: para mostrar el estado de su corazón y mostrar su profunda provisión y cuidado para su pueblo. Más que reprender, el Señor en este momento está disciplinando a Israel. El enfoque es pedagógico: «Para que ustedes conozcan que yo soy Jehová, su sanador.» Dios no hace nada fuera de su revelación. Si realmente Dios te dio algo, Él quiere que tú conozcas algo de Dios a través de eso que te está dando. El propósito de la provisión no es solamente satisfacerte en lo material. Dios siempre se está revelando.

El gran desperdicio de la cristiandad es la cantidad de gente que está recibiendo tanto la disciplina como la provisión del Señor y no se pregunta el para qué. Un ascenso: «Dios me ama.» Está bien, pero ¿qué estás conociendo de Dios a través de ese ascenso? Una nueva aflicción: «El Señor me quiere destruir.» No te va a destruir; Él quiere que tú conozcas algo. Dios se revela en Elim y también se revela en Mara. Estos estatutos y ordenanzas muestran una hermosa consistencia: «Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios e hicieres lo recto delante de sus ojos… ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti, porque yo soy Jehová tu sanador.»

Elim: la gracia extravagante

El Señor se está mostrando como el que cuida, como el que escucha. Que nosotros murmuramos y Él no nos devuelve mal por mal, sino que nos atiende como atiende a los niños. Todo padre prudente sabe que no siempre se corrige; a veces se soporta. Nosotros no podemos andar siempre con un chucho en la mano. Llega un momento que tú dices «es un niño, es inmaduro, le estamos corrigiendo, le estamos disciplinando; el propósito no es dañarle.» Y hay cosas que usted soslaya a causa de un gran proyecto pedagógico.

El Señor toleró la murmuración y dijo: denle agua, endulcénsela, no solamente denle agua; denle estatutos, denle mandamiento, denle identificación conmigo y después instálenlos unos cuantos días en un oasis. Ese es Dios. Y en el versículo 27, un versículo hermoso: «Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de agua» — no una, doce. Cuando tú pensabas que te ibas a morir, el Señor te está mostrando que hace rato que Él tenía esto visto para ti. La paradoja de la gracia: tú con un traguito estabas bien y te están dando doce. Y setenta palmeras. Está caluroso. «¿Y el clima, qué tal?» Y acamparon allí, junto a las aguas. El mismo Dios que tú pensabas que te estaba matando porque no te daba un poco de agua, te puede hacer acampar junto a las aguas.

Ruidosos para murmurar, silenciosos para agradecer

¿Y dónde están las canciones? ¿No era muy ruidoso murmurando cuando no había agua? ¿Y no vas a cantar? ¿No hay una palabra de acción de gracias? «Señor, gracias. Tú eres bueno. Padre, perdónanos. Nosotros habíamos estado ahí en nuestra indolencia, murmurando y quejándonos. Dije que tú nos estabas matando. Y mira lo que tú tenías para nosotros.» No hay eso.

Este relato termina con gracia extravagante. El Señor haciendo cosas por Israel que no debió haber hecho. Un pueblo inmaduro, murmurador, olvidadizo. Parecía no merecer llegar a un oasis. Yo tampoco lo merecía. Ya cada rato estoy acampando junto a las aguas. El Señor permite que tú te goces en aquello que tú pensabas que jamás te iba a tocar. Yo lo que esperaría es que tú tengas memoria y que así como murmuraste, también testifiques. Si tú fuiste ruidoso en Mara, sé ruidoso en Elim.

Cada vez que el Señor te dé la oportunidad de acampar junto a las aguas, reflexiona. Sobre todo reflexiona en tu anterior condición, en tu murmuración. Búrlate un poco de ti mismo. Rafael Pérez, ahí estás tú. Aquí estás ahora. Estás cómodo. Pensabas que te ibas a morir antes de ayer. Estás mirando la fidelidad de Dios y tú pensando que todo se iba a quedar a pedazos. Pensaste que ya no había futuro. Mira aquí al Señor. Sobre todo, confirma la buena disposición de Dios para agradar, acomodar y servir bien a su pueblo.

La teología del deleite

Quiero pastorear a mi iglesia al respecto de esto. Las falsas doctrinas de prosperidad han hecho un daño tremendo, porque ahora han hecho que la gente ni testifique. Y hay algo como muy pietista, muy piadoso, muy puritano, siempre medio afligido. La gente relaciona como que siempre tenemos que estar bebiendo agua amarga para estar sirviendo al Dios verdadero. El Dios verdadero endulza las aguas y el Dios verdadero también nos manda a Elim.

No es que te quiero entregar a la superficialidad de esa falsa doctrina que te dice que siempre vas a tener salud, siempre va a haber viajes, siempre va a haber bienes materiales. Lo que te quiero llevar a la madurez es a entender que en Cristo hay provisión para todas nuestras necesidades cuando el Señor quiera hacerlo. Y que Él la administra de forma tal que alcance su mejor propósito en el corazón de sus hijos. La teología del deleite es necesaria. Pablo decía «sé tener abundancia.» No te hace menos maduro el hecho de que tú testifiques que el Señor está teniendo cuidado de ti.

A la gente le encanta hablar de Job para hablar de un creyente que siempre está cogiendo lucha, de que si tú eres bueno entonces el Señor te va a mandar el mal. No es así. A Job no le gustaba la situación que estaba viviendo. Y cómo termina el libro de Job: «Quitó Jehová la aflicción de Job. Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero, porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes, mil asnas.» Y sobre todo conoció a Dios más profundamente. «Y tuvo siete hijos y tres hijas. Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra. Y después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta la cuarta generación. Y murió Job viejo y lleno de días», deleitado en el Señor y habiendo conocido a Dios más profundamente.

Decide ahora

Lo que te quiero mostrar es que si te enmaran, el Señor tiene propósito en enmararte. Si llegaste a Elim, el Señor tiene un propósito en Elim. Hay que gozarse en la abundancia y testificar. ¿Y para qué son las aflicciones? Para conocer a Dios. ¿Y para qué la abundancia? Para conocer a Dios también. ¿Cómo se ve el evangelio en esto? El evangelio es la buena noticia de que fuimos salvados en Cristo cuando nosotros no teníamos la madurez para relacionarnos con Dios adecuadamente. El Señor te sacó de Egipto cuando tú todavía no podías adorar a Dios correctamente. Ese es el evangelio. El Señor no salva al que está listo. El Señor salva al que todavía no le conoce bien.

Si hay alguien que está esperando tomar una decisión por el Señor, que no espere llegar a la tierra de Canaán para decidir. Decide en Mara, decide en Elim, y el Señor seguirá trabajando contigo. Oro por la iglesia para que pueda conocer a Dios en la abundancia y también en la aflicción.