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Mensaje

Jesús sana a un ciego en Betsaida

Marcos 8:22-26

Los milagros de Jesús son lecciones figuradas de realidades espirituales. En la curación progresiva de un ciego en Betsaida, el Señor describe dramáticamente nuestra salvación: de la ceguera total a ver difusamente, hasta que finalmente vemos a Cristo tal cual Él es.

Transcripción automática

Este milagro de la curación de un ciego en Betsaida solamente lo documenta Marcos. Los milagros del Señor tenían tres propósitos principales. Primero, Él era movido a compasión: cuando veía al ser humano en su condición, no podía evitar reconocer que no fuimos creados para vivir enfermos ni arrastrándose. Segundo, estaba mostrando su autoridad y su deidad. Pero la tercera cosa, en la cual hoy quisiera detenerme, es que el Señor hacía milagros como si fueran parábolas dramatizadas. En cada milagro del Señor hay mucha enseñanza, y lo que nosotros más podemos aprovechar es la lección figurada que aquí se nos está dando.

Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase, y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.

— Marcos 8:23-25

Un sincero interés en el bienestar de otros

Este hombre ciego no vino él a Jesús, sino que otros le trajeron. Dice el texto: «Le trajeron un ciego y le rogaron que le tocase.» Mientras estudiaba este texto, me llamaba la atención la sorprendente pasividad de este hombre dada su condición. No era él que estaba gritando por salud. Había hombres que al parecer tenían más fe que él en que el Señor podía hacer un milagro, y le trajeron. Hay personas que han estado en su condición durante tantos años que ya pierden completa esperanza de que su condición pueda ser suspendida. Este hombre vino porque le trajeron, y hasta mucho después en el relato es que habla por primera vez.

Así de indiferentes y pasivos estábamos nosotros antes de ser salvados. El hombre antes de venir a Cristo no sabe que necesita a Cristo. Nosotros no predicamos el evangelio porque la gente quiere a Cristo; nosotros sabemos que la gente necesita a Cristo. Pero los hombres no van a clamar muchas veces a Cristo y nosotros tendremos que clamar por ellos. La gente que más necesita en este momento a Cristo es la gente que menos sabe que existe Cristo. Tú tienes gente que no está viendo y tú ves; tú tienes gente que no lo tiene y tú lo tienes. Sé tú parte de los que están rogando por algún ciego.

Recuerdan aquel grupo que trajeron un amigo paralítico delante del Señor y tenían tanto deseo de que fuera sanado que removieron el techo y le dejaron caer por una cuerda. Sé tú el centurión que ruega por un milagro para su siervo. Sé tú la cananea que ruega por su hija endemoniada. Sé tú el Jairo que ruega por su hija. En los milagros de Jesús hay un marcado interés de terceros en el bienestar de alguien. Reconozco que uno se cansa: hay personas que uno ama y trae y trae y testifica y la gente todavía no lo ve. Pero no te canses, porque Cristo lo está mirando.

El milagro no ocurrió según las expectativas

Le rogaron que le tocase. Ellos habían visto que el Señor a otro le tocó, y entendían que si le ponía la mano encima, ya. Sin embargo, los seres humanos funcionamos por imitación y siempre estamos tratando de replicar lo que ha sucedido antes. Recuerda a Naamán, que cuando iba a buscar su milagro tenía una plantilla de todo lo que había que hacer. Y cuando el profeta le dijo «ve al río y sumérgete», Naamán dijo: «¿Cómo que al río?» Pero el milagro no depende de la técnica ni de la estrategia; depende de que Dios quiera hacerlo.

Recordé una historia de cuando era jovencito. Mi primo Moisés le mandó una carta a Radio Transmundial diciendo que era radioescucha y tenía problemas para captar la señal. Le mandaron una antena de cobre que se ponía detrás del radio. Yo quise la mía. Mandé mi carta a maquinilla: «Radio Transmundial, Bonaire, Antillas Holandesas, soy un radioescucha desde Santo Domingo.» Esperé mis dos meses. De allá me mandaron unos planos: las instrucciones de cómo fabricar su propia antena. Yo no quería los planos, yo quería mi antenita.

Las formas del Señor podrían ser diferentes a nuestras expectativas. No esperes que el Señor te va a salvar de la misma manera que salvó a tu hermano. Pero el Señor siempre nos da algo mejor a lo que estábamos esperando. Estos amigos entendían que con ponerle la mano bastaba. ¿Qué hace el Señor? Tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea, y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima. Le tomó de la mano, aunque no era parálisis lo que tenía. Le escupió en los ojos, aunque ellos querían que le tocase. Le puso las manos encima, no en los ojos. El Señor hace lo que quiere hacer.

Un trato único para cada quien

Le preguntó si veía algo. Él mirando dijo: «Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.» Está distinguiendo alguna cosa, pero todavía confunde árboles con hombres. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase, y fue restablecido. Un milagro en dos etapas, el único milagro que se hace en dos etapas en todos los evangelios. Me parece un gesto sumamente tierno que el Señor le tome de la mano. Él pudo haber hecho el milagro solamente, pero quería que tuviera la experiencia completa de que el Señor le tomó por la mano.

A veces a los más indiferentes el Señor le da el trato más personalizado, y a los más interesados solamente les hace su milagro. Este hombre tuvo el privilegio de que lo primero que vieran sus ojos fuera el rostro de nuestro Señor. Mientras me preparaba para predicar esto, recordé la historia de Fanny Crosby, compositora de himnos cristianos. Siendo niña tuvo una infección en los ojos, le pusieron cataplasma de mostaza, le dañaron los ojos y no volvió a ver. Siendo ciega aprendió de memoria el Pentateuco, los cuatro evangelios, Proverbios y Salmos. Fue diaconisa, misionera y la más reconocida escritora de himnos cristianos: más de ocho mil himnos.

En un cumpleaños le preguntaron: «Si el Señor te dio tantos dones, ¿cómo es que te retuvo la vista?» Ella respondió: «Dios tiene poder para transformar todas las desgracias en dones. Si antes de nacer habría podido hacer una petición, habría pedido nacer ciega. Porque al llegar al cielo, el primer rostro que alegrará mi vista será el rostro de mi Salvador ya resucitado.» El Señor tiene un trato único para cada quien, y la lección aquí es espiritual.

Una lección espiritual progresiva

Justo antes de este milagro, el Señor reprendió a sus discípulos: «¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? Teniendo ojos, ¿no veis? Y teniendo oídos, ¿no oís?» Él hizo antes un milagro de un hombre que no oía y ahora oye, y ahora hace un milagro de un hombre que no veía y ahora ve. Figuradamente, el Señor está describiendo cuál es la condición de sus discípulos.

Hay un paralelismo con lo que sigue en el texto. Antes el Señor sacó al ciego de la aldea; ahora saca a sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Les pregunta: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?» Ellos responden difusamente: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; otros, alguno de los profetas.» Todavía no están mirando claramente. Después viene la respuesta de Pedro que confirma la claridad de su visión: «Tú eres el Cristo.» En ambos casos el Señor saca a alguien de la ciudad, muestra que a veces hay turbación y a veces hay claridad, y al final les manda no decir nada a nadie. El Señor está hablando de una condición espiritual.

La salvación progresiva

Como creyentes, estamos recibiendo el milagro de la salvación, pero vamos a ver las cosas progresivamente cada vez más claras. Tú deberías estar deseando que el Señor no te deje, sino que siga obrando en ti. Humildemente deberías decirle: Señor, ya yo veo, pero veo los hombres como si fueran árboles. Quiero ver aún más claramente, verte a ti tal cual eres. Si pudieras resumir cómo ha sido nuestra salvación: todos comenzamos siendo completamente ajenos a la realidad de Cristo. Somos traídos a Cristo, a veces por el interés de alguien que está rogando por nosotros. Cristo nos toma de la mano y nos saca de nuestra zona de confort. Primero llegamos a ver las cosas difusamente, pero tarde o temprano nuestra visión espiritual es completamente restablecida.

El evangelio es la buena noticia de que Cristo el Señor tiene el poder para hacer el milagro más extraordinario: la salvación de nuestras almas. Todos los milagros en el ministerio de Jesús apuntan a una realidad espiritual mucho más grande. El Señor no solamente quiere que tú veas ciegos que miran; quiere que tú te veas a ti mismo en tu anterior condición y que ahora celebres lo que Él está haciendo en ti. Nuestra salvación es un hecho puntual que depende de su gracia, pero tiene su origen en la voluntad de Dios y se va manifestando progresivamente, de forma tal que quienes estábamos completamente ajenos hoy llegamos a ver claramente a Cristo.