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Las mujeres en el ministerio de Jesús

Lucas 8:1-3

Las mujeres tuvieron un lugar importante en el ministerio de Jesús, sirviendo movidas por gratitud y no por búsqueda de títulos. Se muestra la posición complementaria de nuestra iglesia y cómo las hermanas pueden involucrarse activamente en el ministerio con su diseño femenino.

Predicado26 de mayo de 2024
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Es Lucas en el capítulo 8, versículos 1, 2 y 3, para ver desde aquí las mujeres en el ministerio de Jesús. Tres versículos de la Palabra del Señor para mostrar desde aquí las mujeres en el ministerio de Jesús. Dice así la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios, mujeres que sirven a Jesús:

Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.

— Lucas 8:1-3

Pueden sentarse, mis hermanos. Pretendo desde esta porción de la Escritura, que es corta, hacer muchas cosas. Son solo tres versículos que parecen incidentales dentro del evangelio de Lucas, pero me parece que tienen mucha intención, y desde aquí pretendo hacer tres cosas.

Quisiera primero exhortar a las madres, pero nos quedaríamos cortos como iglesia si nos enfocáramos en las madres solamente. Quisiera exhortar a las madres, pero también instruir a toda la iglesia y mostrar con gracia la posición de nuestra iglesia respecto de las mujeres en el ministerio. Y usted va a decir: pastor, pero eso está como denso para el Día de las Madres. Puede ser. Yo estoy convencido, hermano, que el mejor regalo que uno puede darle a cualquier persona es claridad.

Yo he estado preparando la iglesia para un segundo viaje misionero. Le he dicho a la iglesia que tenemos que volver a poner la mano en el arado y salir a la misión. Y quiero invitar a mis hermanas a que se involucren activamente en la misión del Señor. Y para esto tengo que traer a la iglesia claridad.

A mí me parece que todas nuestras hermanas, tanto las que están casadas como las que aún no están casadas, las que son madres como las que esperan serlo, agradecerían que un predicador les traiga claridad, pues ellas quieren servir al Señor, pero quieren hacerlo con limpia conciencia. Y el mejor regalo que yo puedo traerle a las madres de nuestra iglesia es ser tan claro como el Señor me lo permita respecto de lo que ustedes podrían hacer para servir al Señor. Y encuentro esta porción de la Escritura muy propicia al mostrar mujeres que servían al Señor.

El contexto: la mujer que amó mucho

Comienzo mostrando este texto que dice al comienzo: «aconteció después». ¿Después de qué? Lo que hay justo antes es Lucas capítulo 7, desde el versículo 36 hasta el 50. Es un momento en que el Señor visita a un fariseo en su casa. Y estando visitando a este fariseo en su casa, viene una mujer y hace algo que parece un exabrupto. Se destaca como una mujer pecadora. Y esta mujer pecadora vino y lavó los pies del Señor. Y no solamente los lavó, sino que derramó un perfume y los secó con sus propios cabellos. Y hubo cierta controversia respecto de si lo que esta mujer había hecho era un asunto apropiado.

Dice el versículo 44 del capítulo anterior. Simón era el dueño de la casa donde el Señor estaba compartiendo, era un fariseo:

Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.

— Lucas 7:44-48

Inmediatamente después, entonces incluye Lucas esto que aparece como un paréntesis o transición en el relato, donde hay muchas mujeres que están sirviendo al Señor de múltiples maneras. Y no solo muestra que estas mujeres sirven al Señor, sino que le están acompañando en el viaje misionero, junto a los nombres de los hombres.

¿Cuándo se muestra? Se muestra justo después de que esta pecadora vino a él. Se muestra en el contexto de que el Señor está saliendo a la misión, para mostrarnos que la presencia de mujeres no era solamente un asunto anecdótico, sino que era un asunto regular. ¿Cómo se muestra? Se muestra de una manera natural, sin exabrupto, como que estaban habituados a que las mujeres le acompañaran y sirvieran también al Señor.

El equipo misionero de Jesús

Hermana querida, lo primero que puedo decirte en el Día de las Madres es que tú tienes un Señor en el cielo y que tu Señor espera que tú sirvas a la iglesia de Cristo. Y que hay maneras distintivamente femeninas en que puedes hacerlo. Y que como iglesia no deberíamos tener prejuicio alguno respecto de que nuestras hermanas son muy valiosas para el Señor y que debemos contar con ellas también en el ministerio.

Muestro ahora el equipo misionero de Jesús. Jesús iba predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él. Y después, «y algunas mujeres». No es algo solamente de Lucas, aunque en Lucas hay un marcado interés en hacer notar que las mujeres estaban presentes. En todos los evangelios se muestra que las mujeres servían al Señor.

Está la suegra de Pedro, está también la misma María, está también la mujer de los hijos de Zebedeo, y muchas otras. Qué decir de María Magdalena, de las hermanas de Lázaro. Los evangelios están poblados de mujeres valiosísimas que hicieron grandes contribuciones a la causa de Cristo. Y si se mueven al libro de los Hechos, a las cartas paulinas, encontrarán que dondequiera que emergía la iglesia, las mujeres estaban muy presentes. Que no se ocultan: se destacan.

No había en el ministerio de Cristo una estructura de poder. De hecho, están aquí personas que sirven al Señor y en algún momento entre ellos hubo una lucha de poder, a ver quién iba a ser el primero. ¿Y saben qué le dijo el Señor? El que quiera ser el primero entre ustedes, que se vuelva el siervo de todos. Y con eso en mente le digo que las mujeres en el ministerio de Jesús fueron primeras. Porque no tuvieron ninguna posición formal, títulos o rótulos de autoridad, pero sirvieron al Señor, sobre todo movidas por gratitud. Y yo creo que eso mueve el corazón de Dios.

Servían movidas por gratitud

Algo que se destaca en los evangelios es que aquellas mujeres que servían a Cristo no le servían por un asunto nominal, no le servían por una búsqueda de poder, no le servían por una búsqueda de relevancia. Casi siempre estas mujeres estaban respondiendo a algo que el Señor había hecho por ellas. Es la samaritana, que fue a su pueblo y le dijo a la gente: él me ha dicho todo cuanto he hecho.

Esta mujer agradecida entonces presentó a Cristo ante los samaritanos. Lo que es muy marcado en el ministerio del Señor es que las mujeres le servían, y le servían movidas por un sentido de gratitud. Aquí están los doce, y los doce tienen un lugar importante, pero junto a los doce se menciona también un grupo de mujeres que servían al Señor. Por nombre, tres. Pero después dice «y otras muchas». Esas muchas otras traen mucho estímulo. No era un asunto pequeño. Muchas mujeres estaban en el ministerio del Señor, estaban colaborando en la misión.

Creo, hermano, que no sobra volver a destacar que estas mujeres no estaban buscando un título, no estaban buscando un lugar, no estaban buscando rivalizar con los doce. Estaban buscando servir a Cristo. Y yo creo que ese es el anhelo más grande que debe tener todo creyente. Ya sea usted un hombre o una mujer, todos deberíamos anhelar servir a Cristo. Vivimos en días donde las personas se requieren para hacer la más mínima cosa tener una posición, tener un puesto, tener un título. Lo más hermoso es servir a Cristo. Hermano, cuando usted llegue a la presencia del Señor, no le preguntará qué título usted ocupó; le preguntará qué hiciste para servirme a mí cuando estuviste en la tierra.

Hermanas aquí presentes, tu pastor te está indicando que la cosa más valiosa no es que usted tenga un rótulo, no es que usted sea llamada por un nombre en específico. Lo más valioso es que usted sirva al Señor de todo corazón, y el Señor lo ve. Y que si usted está esperando otra cosa para servirle, probablemente está buscando cosas secundarias. Lo más hermoso es tener la oportunidad de servir a Cristo.

Y hablo en este momento a los varones, que también estamos aquí. Se debate en otros lugares quién es el que debería serlo: ¿deberían las mujeres ser pastoras?, ¿deberían las mujeres tener lugares de autoridad? Hablaré de eso en breve. Así como entiendo y explicaré dentro de un momento que no es el llamado de Dios ni el rol, tampoco todo hombre debe ser un pastor. Pero todo hombre debe tener un corazón de servicio. El Señor ha dado cierta estructura a la iglesia y eso no viene a menoscabar el rol de ningún otro.

Todo el mundo debe servir a Cristo con un corazón abierto, con un corazón agradecido. Si usted es varón o hembra, sirva a Cristo con gratitud; es lo que puedo decirle. Yo mismo he llegado a esa resolución, hermano. Espero que el Señor me permita seguir sirviendo en lo que sirvo durante muchos años. Pero yo no sirvo a Cristo porque tengo un título o un rol muy particular. Yo sirvo a Cristo por gratitud. Él me ha salvado, él me compró a precio de sangre. Y para servir a Cristo, hermano, a mí con colar café me basta. No tengo que tener un título especial, no tengo que tener un rol muy preponderante. Con colar el café me basta, porque lo quiero hacer como para el Señor.

La cosa más sencilla, cuando se hace para Cristo, se reviste de la importancia más grande. El rol más humilde, el rol más básico desde la perspectiva de los hombres, cuando lo haces con gratitud y como para el Señor, llega a ser la cosa más hermosa. ¿Cuál es el más grande? El que tenga el corazón más agradecido. La mujer que lavó los pies del Señor: a esa, mucho se le perdonó, entonces mucho amó. Amemos mucho, es la lección.

El diseño femenino puesto al servicio de la misión

Muestro ahora que las mujeres, con su diseño hermoso que Dios les ha dado, tienen grandes oportunidades para contribuir con la misión. Estoy persuadido de esto, y es que a mis hermanas el Señor les ha dado algo que se llama instinto maternal. Y eso es útil para criar sus hijos, pero al mismo tiempo eso es parte de su diseño. No tenemos el mismo cableado. Los varones funcionamos de un modo, las hembras funcionan de otro. Y Dios nos hizo así. Y él quiere ser servido en su iglesia por los unos y también por los otros.

¿Pastor, queremos tener una iglesia masculina o una iglesia femenina? Queremos tener una iglesia en la cual todos seamos parte. Y esperamos que usted le sirva al Señor como varón o le sirva al Señor como hembra, según el Señor le llamó. Sin embargo, nuestras hermanas tienen algo, hermano, por lo que tenemos que agradecer al Señor: se llama instinto maternal. Y esto todas lo tienen, desde jovencitas, aun antes de parir, ya usted tiene eso.

¿Qué es el instinto maternal? Es algo que opera en una mujer aun antes de la procreación y se expresa en todas las esferas de la vida. Ahora mismo en la literatura de negocios se promueve mucho la participación femenina y se habla de cómo una mujer con estos instintos puede ser muy útil en diferentes áreas. Es verdad. De hecho, esa es la razón por la cual cada vez más las empresas prefieren contratar mujeres que contratar varones. Hay algo en ellas que es muy útil para una organización.

¿Cómo se expresa este instinto maternal? Las mujeres tienden a madurar más temprano y a asumir responsabilidades por otros, con altas habilidades sociales, mucho antes que los varones. Los varoncitos estamos cultivando eso de las habilidades sociales después de los 25. Funciona así, hermano, Dios nos diseñó. Usted es una jovencita que desde muy temprano ya va teniendo un instinto gregario, va teniendo un sentido maternal, que ahora la gente le llama de diferentes nombres, pero que es algo muy natural. Ellas se expresan de manera muy social, incluyen a otros; son instintos que están funcionando en su corazón. Tienen alta capacidad de sacrificio y abnegación, priorizan las necesidades de los suyos aun antes que las propias. Es un asunto muy femenino y hermoso en el pueblo del Señor.

Estoy mostrando que no hay que tener hijos necesariamente para servir al Señor con el diseño que Dios te ha dado. Que así como en un varón, aun antes de casarse, se van manifestando actitudes de masculinidad —estaré predicando de eso próximamente—, en nuestras hermanas desde muy temprano hay actitudes muy femeninas que el Señor les ha dado, y nosotros deberíamos auparlas, aplaudirlas, reconocerlas como algo bello, como algo hermoso.

Qué cosa más fea cuando una mujer es condicionada para cooperar como un hombre. Que abandones tu diseño, que abandones tus rasgos particulares, que abandones tu feminidad para que entonces puedas servir a Cristo. Tú no deberías servir a Cristo como un hombre; tú deberías servir a Cristo con lo que Dios te ha dado, con esto hermoso que se llama feminidad. Y aun antes de procrear, eso se manifiesta en tus servicios, se manifiesta en tus actitudes, y está glorificando al Señor. Hermanas, no todas ustedes van a tener hijos, pero todas ustedes van a tener la oportunidad de servir a Cristo.

Y alguien dice: ¿para qué Dios me hizo hembra? Para que le sirvas. Hermanos, no todos ustedes encontrarán esposa, pero todos ustedes tienen que servir a Cristo. Y el diseño masculino que Dios nos ha dado es hermoso cuando se pone a la disposición de la causa de Cristo. Hermanos, estoy rescatando el diseño, mostrándoles que varones y hembras, aun antes de nuestros roles familiares, tenemos un diseño único y particular con el cual podemos glorificar al Señor.

Administrar, incluir, atender

Estas mujeres servían a Cristo. ¿Qué tienen las mujeres? Las mujeres saben poner los recursos donde mejor utilidad puedan tener. En lo doméstico se dice que rinden el presupuesto, ¿oye, verdad? El presupuesto familiar, cuando tiene este criterio, cuando tiene este sentido de utilidad, rinde más. Y en la casa del Señor pasa lo mismo. En nuestras hermanas hay una capacidad de administrar la obra del Señor que es hermosa. Ellas pueden ver necesidades no atendidas y las accionan. Y hermoso es cuando operamos todos juntos para la gloria del Señor.

Las mujeres tienen la capacidad de manejar múltiples responsabilidades a la vez. Tienen la capacidad de incluir a otros. Cuando los hombres nos vamos del árbol y no incluimos a nadie, siempre hay una hermana que dice: pero este también debe ser incluido. Desde jovencita se hace manifiesto.

Les dije que el fin de semana pasado estuve jugando basquetbol con unos niños de la iglesia. Me deben la revancha algunos, eso lo estaremos resolviendo. Pero algunas niñas se acercaron; estábamos jugando los varones, varones más grandes, varones más pequeños, pero las hembras también querían estar ahí. Y dice una: denme un tiro. Sí, mi amor, toma, tira la pelota. Ella tiró la pelota y después dijo: también para mi hermanito. Y a mí me parece tan bonito esto que hay en una hembra, que hace que no solamente ella tenga que expresar lo que quiere hacer, sino también incluir al más pequeñito. Dice ella: sí, porque los niños también hay que incluirlos. Es parte de ser mujer. Este deseo de que todo el mundo participe, este deseo de que todo el mundo sea atendido.

En lo doméstico, una mujer, ya sea esposa o hermana, ya tiene un espectro muy amplio de las necesidades. Y anda buscando necesidades no atendidas: en los más pequeños, en tus hermanos, en tus padres, en los abuelos. Dios les diseñó así. Con esto sirvan a Cristo, es lo que le estoy diciendo. No hay que ser una pastora para hacer esto. Lo que hay que hacer es ser mujer, y apropiarte de tu diseño único y particular, y con esto expresar servicio para tu Dios.

Estas mujeres, ninguna estaba entre los apóstoles. De hecho, en el texto, en el fraseo, hay intención. Se menciona a Jesús, después a los doce y después a las mujeres. Es para que no haya confusión, hermano: no eran parte de los doce, pero eran parte del equipo del Señor. Tan valiosas como los doce. Estoy diciéndote que tu valor no descansa en rótulos o títulos, que tu valor descansa en el corazón que tienes para tu Señor. Y que cuando tú expresas en gratitud tu servicio al Señor, él lo está mirando. Y que no deberías sentir que si el tuyo importa más que el otro; el Señor lo verá. ¿Cuál será el más grande, hermano? El que más ame, es lo que puedo decir.

Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.

— Lucas 7:47

Ama mucho, es lo que te puedo mostrar.

Formar el carácter de Cristo en los más pequeños

He estado mostrando cómo las mujeres con su diseño tienen grandes oportunidades para contribuir con la misión. Traeré dos cosas más respecto de esto y me muevo. Hay una oportunidad que tienen nuestras hermanas —casadas, solteras, jovencitas—, y es contribuir en la misión, pues tienen acceso y oportunidad para formar el carácter de Cristo en varones y hembras en el momento más necesario.

Usted me dirá: pastor, ¿eso no lo pueden hacer los varones? Lo hacemos y lo podemos hacer. Pero dado su diseño, nuestras hermanas tienen una gracia especial para conectarse con los más pequeños. Los hombres podemos cultivar esto por convicción, por ejercicio, pero entre ellas sale de manera natural. Y la gente dice: ¿por qué es que en el ministerio de los niños como que siempre hay mujeres? Porque tienen algo de ese benditio instinto maternal que el Señor hace que se exprese.

Y ellas quieren cuidar, quieren proteger, tienen cierta ternura que no necesariamente los caballeros la tenemos. Ya voy mencionándome entre los caballeros, hermano. Estoy haciendo un gran esfuerzo: ya no soy un joven. Caballero, tengo que irlo asumiendo poco a poco. Un caballero, un joven adulto, no tiene la misma gracia que tiene una joven, aun antes de casarse, para conectar con los más pequeños. Esto es algo bello, es algo hermoso y es un asunto muy natural en la iglesia. Sucede que ellas conectan con ellos; lo mejor que tú puedas hacer con esa gracia y esa conexión es usarla para formar en ellos el carácter de tu Señor.

¿Cuál es la puerta que tiene una hermana en su iglesia local? La puerta que tiene es que los más pequeños están prestos, están ávidos de conocer a Cristo, y tú puedes mostrárselo con una gracia que probablemente tu esposo o tu hermano mayor no la tenga. Una gran ventana demográfica. La cosmovisión de un niño está siendo formada, y tú puedes incidir. Alguien dirá: pero es que con los varones y con las hembras… A los varones y a las hembras el Señor te ha dado una oportunidad.

De hecho, los líderes varones venimos a conectarnos con esa generación cuando ya llegan a la adolescencia. Hacemos esfuerzos, hermano, y yo lo hago, por conectar con los niños. Pero ustedes tienen mucho más tiempo de disponibilidad para hacerlo, conviven con ellos, están mucho más cerca. Y el mejor trabajo que usted puede hacer para la causa de Cristo es formar en los momentos en que la formación más valor tiene. Cuando alguien llega a los 13 años, en muchos sentidos ya su pensamiento está hecho. Su carácter está formado, y también su cosmovisión. Y en ese momento tú puedes incidir especialmente. Y no es que no lo puedan hacer los varones: lo hacemos, hermano, pero ustedes tienen una gracia y una oportunidad aún más especial.

Más allá del ministerio de niños

Pero no solamente en el ministerio con los niños. Lo menos que quisiera yo es crear el estereotipo de que en PezMundial las hermanas sirven en el ministerio de niños. No es así. Más allá del ministerio con los niños, tu diseño en nuestro ministerio importa. Yo entiendo, hermana, que de manera natural lo harás, te involucrarás donde hay niños —en algunas más, en algunas menos—, tu corazón como que tiende hacia allá, pero no es lo único. De hecho, no todas están marcadas así. Las mujeres enriquecen la misión de múltiples maneras. Ese capital relacional que la iglesia necesita tejer, en muchos sentidos es tejido a través de ustedes.

Las hermanas tienen una gracia para la hospitalidad, para recibir a otros, para involucrarlos. Y puedo llenar esto de referencias, pero en el Nuevo Testamento es muy evidente cómo mujeres tuvieron esta capacidad de acoger, de recibir, de involucrar. Son mucho más relacionales que nosotros. Es cierto, un hombre busca una iglesia para su familia. Pero ¿saben normalmente quién es el que determina la iglesia de su familia? Son las esposas. Hay una gracia que ellas tienen, hay cierta sensibilidad. Tu esposo te puede traer, pero frecuentemente es la esposa o la madre la que dice: esta es nuestra iglesia. Y son ellas las que se involucran. De hecho, una familia se compromete cuando el corazón, normalmente de la esposa o de la madre, se compromete en ese lugar.

Hay algo en ella para tejer relaciones para los suyos, de forma tal que el rol de una mujer piadosa importa. A mí me importa mucho predicarle a mis hermanas, porque tarde o temprano el Señor te colocará en un contexto donde tendrás que seleccionar una iglesia, un pastor para tu familia. Y la sensibilidad espiritual y el carácter que tenga una mujer importa. Qué triste es una familia que va a la deriva, de congregación en congregación, porque no hay una mujer que haya sido formada para saber elegir la congregación donde van a crecer sus hijos.

Y usted me dirá: pastor, ¿eso no es responsabilidad masculina? Es verdad, pero a las mujeres les pesa aún más. De hecho, los hombres tenemos cierta flexibilidad para un lugar o para el otro, pero cuando llega una mamá, cuando llega una abuela, cuando llega una esposa, dice: mi amor, aquí parece que podemos echar raíces, aquí parece que es. Y gloria al Señor por eso.

Sensibilidad para cuidar al pueblo

Entienden las mujeres cierto instinto de protección que les ayuda a discernir, a cuidar, a leer entre líneas. En el libro de los Hechos se describe la historia de un hombre elocuente, en Hechos 18; se llamaba Apolos. Este hombre elocuente en palabras llamaba la atención de la gente, pero había una mujer madura que escuchó a Apolos. Dice el pasaje, como lo traduce la Traducción en Lenguaje Actual —me gusta mucho porque transmite el énfasis—:

Un día Apolo, confiado en sus conocimientos, comenzó a hablar a la gente que estaba en la sinagoga. Pero cuando Priscila y Aquila lo escucharon, lo llevaron a su casa y le explicaron en forma más clara y directa el mensaje de Dios.

— Hechos 18:25-26

Una mujer sabia y sensible cuidando la congregación. Ay, hermana, así como tú tienes una pasión por cuidar de tu casa. He visto estas capacidades que tienen las madres de leer a los amiguitos. Hay madres que se transportan hasta los abuelos: van como leyendo a los amiguitos, y a los padres, y a los abuelos, y de dónde vienen. Esa misma sensibilidad debe tener una mujer cristiana en su corazón para cuidar a su pueblo de las herejías, de las relaciones incorrectas, y decir: ahí hay algo. Y advertir al pueblo: mi amor, a mí me parece que hay algo, vamos a buscar discernimiento, orar al Señor, advertir a los obreros, a los líderes. Hermanos, cuidemos la iglesia. Y ahí sirven las mujeres para eso.

Miren, en los negocios uno se da cuenta. Empresarios sabios van con la mujer. Y a veces él está por firmar y ella lo devuelve. Hay una sensibilidad, hay un sentido de cuidado por los suyos que el Señor ha cableado en el corazón de una hermana. Y esto no solamente es hermoso en los negocios, no solamente es hermoso en lo doméstico, sino que también es hermoso en el pueblo del Señor.

¿Qué decir de su sentido de la mayordomía, del seguimiento, del cuidado, de la previsión? Es la mujer virtuosa del libro de Proverbios. Qué hermoso es una mujer que no solamente lo asume en la esfera doméstica, sino también con gracia en la esfera eclesiástica. Cuando hay integridad en la iglesia, buenas prácticas, las mujeres se sienten seguras y se involucran. Esto es una buena señal para el ministerio. De hecho, hermano, lo único que daña este hermoso diseño de Dios es el pecado, el prejuicio, el mal testimonio. Pero donde hay integridad, las mujeres con alegría sirven al Señor.

Y puedo decir esto, hermano, con limpia conciencia: son nuestras hermanas las que mueven en muchos sentidos la obra. Usted sale a buscar la historia de la iglesia contemporánea y son hermanas que, con mucha discreción, con mucha feminidad, con mucha integridad, han estado impulsando la causa de Cristo. Varones también, pero nuestras hermanas tienen un lugar preponderante.

La posición de nuestra iglesia: igualitaria y complementaria

He estado mostrando, hermano, que no es solamente el ministerio de los niños, que hay muchas áreas. Aquí es que vengo a traer gracia. Denme ahora toda su atención, pues tengo el ánimo, hermano, de ser tan claro como sea posible. Me preguntan muchas veces, y normalmente respondo, pero casi nunca lo hago desde el púlpito. Me preguntan: ¿cuál es la posición de las mujeres en la iglesia PezMundial? ¿Qué deberían hacer las hermanas?

Ahorita me preguntó alguien: ¿deberían predicar? Hoy mismo, hermano, me acaban de preguntar. Con toda la gracia del mundo y toda la claridad —y la claridad es una muestra de amor—, me gustaría mostrarle cuál es la posición de nuestra iglesia respecto de las mujeres en el ministerio. Hay dos posiciones principales; solamente resumo las posiciones y explico la nuestra, porque no voy a tener tiempo, hermano, tengo que cerrar. No tengo el tiempo ahora como para dar un tratamiento exhaustivo.

Hay una posición que se llama posición igualitaria, que dice que varones y hembras en Cristo somos absolutamente iguales y que no hay ninguna distinción. Y esto lleva a que todo lo que pueda hacer un hombre debería poderlo hacer ella. Y viceversa: todo lo que pueda hacer una mujer, lo debería hacer un hombre. Esa posición se llama posición igualitaria, y muchas iglesias evangélicas tienen esta posición. Una posición igualitaria hace que hermanas sean ordenadas al ministerio pastoral, pues no hay diferencia en los roles; entonces asumen que es igual. Esto es lo que ustedes ven, que en muchas congregaciones hay pastoras, hay hermanas que tienen posiciones de liderazgo muy marcadas.

En esto hay posiciones más saludables que otras. Concedo esto, hermano, aunque no sea mi posición: reconozco que hay posiciones y hay exageraciones de esta posición. Pues vemos a veces por los medios mujeres que parecen realmente hombres, hablando con unas maneras que son masculinas —pueden seguirme en esto—, estas maneras masculinas de enseñar, como gritando, peleando, con actitudes de dominio. Hay otras que son mucho más femeninas, pero de todos modos son ordenadas al ministerio pastoral. Y hay una gran cantidad de hermanas nuestras que quizás no desearon que se les añadiera esto, pero como se casaron con pastores, también se les llama pastoras. En esta posición igualitaria, esto se concede.

Hay otra posición, que es la posición de nuestra iglesia, que es una posición complementaria. Entonces explico la posición complementaria. ¿Qué creemos? Creemos que tanto hombres como mujeres tenemos la imagen de Dios, por lo cual tenemos igual valor e igual dignidad. Si quieren anotar citas bíblicas, es Génesis 1:27. Uno y otro fueron hechos a imagen de Dios, de forma tal que nuestro valor es algo que no está en juego.

Aun antes de que un hombre pueda hacer cualquier cosa para Dios, ya es valioso para el Señor, pues tiene su imagen. Y aun antes de que una mujer pueda hacer cualquier servicio para el Señor, ya su vida tiene dignidad y tiene valor. Primer aspecto de nuestra posición: en una posición complementaria creemos que tanto hombres como mujeres tienen la misma dignidad y valor al tener la imagen de Dios.

En segundo lugar, creemos que en cuanto a recibir el evangelio y ser justificados por fe no hay diferencia alguna entre varón y mujer. Ambos necesitamos a Cristo y ambos podemos alcanzar salvación, tal cual lo explica Gálatas capítulo 3, del 26 al 28. No hay diferencia alguna en cuanto al evangelio entre judíos y gentiles. No hay diferencia alguna entre varones y hembras. Algunos hermanos míos dicen: tú ves, ahí dice Gálatas que ya no hay diferencia entre varones y hembras. No, eso es en cuanto a la salvación. Usted es hembra y otros somos varones. Desde su manera de vestir hasta la forma de su cuerpo, su fisonomía, su naturaleza le indica que usted fue salva pero usted sigue siendo hembra. Usted fue salvo y usted sigue siendo varón. ¿Estamos de acuerdo ahí, hermano?

Les digo esto porque casi siempre la posición igualitaria toma este texto de Gálatas para mostrar «ustedes ven que no hay diferencia», y se está hablando de la salvación. Lo que está diciendo es que así como un judío necesita a Cristo, un gentil también lo necesita. Y así como una mujer necesita a Cristo, un hombre también lo necesita. Que un hombre no puede salvar a su mujer y una mujer no puede salvar a su marido. Que cada uno de nosotros, en cuanto a salvación, necesitamos a Cristo.

Un asunto de diseño, no de conveniencia

Otro elemento, hermano. Creemos que hay dos instituciones que son singulares por haber sido creadas directamente por Dios. Estas instituciones son la familia y la iglesia. Y que por diseño Dios estableció que los hombres, varones, lideraran estas instituciones: liderando la familia y liderando la iglesia en representación de Cristo. Estamos persuadidos de que esto es un asunto de diseño. ¿Entienden lo que es diseño? Que esto no es algo arbitrario. Dios estableció por diseño que sean varones los que lideren el proyecto familiar; eso es Efesios 5, del 22 al 31. Y Dios estableció por diseño que sean los hombres los que sean ordenados al ministerio de la iglesia local; Segunda de Timoteo 2:2. Y todo esto es representación de Cristo.

Esto no es un asunto de preferencia. «A mí me gusta», «no, a ella le gusta». No es preferencia, es diseño. Dios lo hizo así. Esto no es un asunto de capacidad. «Ah, pero mire, es que ella tiene más capacidad que él». Ay, hermano, lo concedo, es verdad. Cantidad de hermanas nuestras tienen más capacidad que los varones. Pero esto es diseño, no es capacidad. Esto no es un asunto de conveniencia. «Ah, mire, es que son muchas más las mujeres, están mucho más dispuestas las mujeres». No es conveniencia, es diseño.

Esto no es un asunto cultural. Cristo está por encima de la cultura. Están las Escrituras, y cuando Cristo estuvo entre nosotros, él lo hizo así. Usted entiende este asunto: que Cristo no está sujeto al tiempo y al espacio, sino que él es eterno, él es el Señor de los tiempos. Cristo no tiene pasado, él no tiene futuro, él es el Señor de la eternidad. Y él, que habita la eternidad, cuando estuvo en medio de nosotros, escogió doce hombres como apóstoles suyos, y sirvió con una gran cantidad de mujeres, pero no estableció a ninguna mujer en una posición de liderazgo. Y usted me dice que es un asunto cultural. ¿Y qué hacemos con Cristo? ¿Usted cree que la cultura estaba por encima de él? Es un asunto de diseño, y sobre todo de fidelidad a Dios.

Ay, hermano, si fuera por conveniencia, a alguna hermana mía hace rato que yo la hubiera ordenado, si fuera por conveniencia. Ustedes tienen los dones, tienen la carga; yo quisiera que mis hermanos los tengan. No es conveniencia: tengo mala conciencia. Si fuera un asunto cultural, hace rato que ya el mundo habría arropado tanto a la familia como a la iglesia. ¿Cuántas son las familias que en este momento están siendo dirigidas por mujeres y les va bien? ¿Y cuántas son las iglesias que han dado fruto siendo dirigidas también por mujeres y les va bien? Ah, mira, que aquí funcionó. El Señor tiene misericordia, hermano, pero eso no cambia el diseño. Y yo esperaría que cuando usted alcance madurez, en un sentido o en el otro, usted vuelva al diseño de Dios.

Como frecuentemente sucede en la esfera doméstica: cantidad de hermanas nuestras compraron el discurso del empoderamiento y le dieron para adelante. Y llegó un momento en que encontraron el diseño de Dios, y cuando encontraron el diseño de Dios, humildemente se recogieron y permitieron que sus esposos lideraran. Y eso no sucedió rápido, hermano. Algunas han tenido que esperar harto tiempo. Y lo mismo pasa con la iglesia local. Yo esperaría que en un momento, cuando una iglesia encuentre el diseño de Dios, nuestras hermanas humildemente den un paso al costado y los varones que tienen llamado —porque no todos lo tienen— asuman su responsabilidad ante el Señor.

Qué pueden hacer nuestras hermanas

Creemos que las mujeres deberían involucrarse activamente en el servicio de su iglesia, en todas las áreas del ministerio: por ejemplo, en la oración, en la enseñanza, en el cuidado de otros creyentes y en la administración de la iglesia. Siempre sujetas al liderazgo de su esposo las que estén casadas, y al liderazgo de su iglesia todas ellas, tal cual dice Hebreos 13:17, que se sujeten a sus pastores.

Hermano, estamos muy abiertos a que en todas las áreas del ministerio, con sus distintivos femeninos, sujetas a su marido las que lo tengan y sujetas a los pastores de su iglesia local, las hermanas deberían hacer muchas cosas en la iglesia del Señor. ¿Pastor, hasta deberían ser ordenadas como pastoras? Ay, hermano, que se entienda: es de diseño, no de conveniencia.

Pareciera que el espíritu de este tiempo es que si una gente no tiene un rótulo, un título, como que su vida no importa. Ay, hermana, tú no necesitas un título para servir a tu Dios. Tú no necesitas un cargo para que sirvas a Cristo. Como tampoco lo necesitan la mayoría de los hombres, porque la mayoría de los hombres no van a ser ordenados tampoco al ministerio pastoral y tienen que servir a Cristo. Esto es un asunto de diseño, un asunto de llamado. ¿Han visto esta dicotomía que te ponen a elegir? «Y entonces las mujeres no van a ser pastoras». Ni la mayoría de los hombres tampoco. Esto es un asunto de diseño y de llamado, hermano, y por eso no tienes un lugar menor, te estoy mostrando.

Creemos asimismo que las maneras en que esta sujeción se hace evidente o se promueve podrían variar de acuerdo a la madurez de cada iglesia, a las prácticas de su contexto y a la orientación de sus líderes. Creemos, hermano, que una hermana puede hacer muchas cosas en una iglesia siempre y cuando esté sujeta a su marido y sujeta al liderazgo de su iglesia.

Cada iglesia local tiene sus códigos, tiene sus prácticas para manifestar esa sujeción. Cuando describo las posiciones de los otros, no es para ser controversial, es para ser gracioso y ser claro. Hay congregaciones donde no se estila que las hermanas comiencen encabezando la oración, porque ellos han entendido que la asamblea de creyentes, cuando está reunida como iglesia, las hermanas no deberían encabezar la oración, sino que debería ser un anciano de la iglesia. El pastor de esta congregación y el liderazgo está muy abierto a que nuestras hermanas, con sus distintivos femeninos, puedan encabezar el culto en oración. ¿Cómo comenzamos hoy el culto? Una hermana orando por la iglesia. ¿Me entienden al respecto? Y entre nosotros no hay controversia alguna respecto de esto.

¿Y la enseñanza, pastor, qué piensas? Hermano, vine a explicar el asunto. Solo repito el punto: siempre y cuando estén sujetas a sus maridos y siempre y cuando estén sujetas al liderazgo de su iglesia local, nuestras hermanas deberían involucrarse activamente en diferentes áreas del ministerio. Asegúrese, asegúrese de que cuando lo haga, lo haga de manera distintivamente femenina y que no haya una insubordinación ni en lo doméstico ni en lo eclesiástico.

Nuestras prácticas como iglesia

¿Cuál ha sido en esto nuestra práctica como iglesia? Nuestra práctica respecto de esto ha sido, en primer lugar, tomarnos en serio el trabajo pastoral. No es por exaltarme, hermano, pero yo no juego con ese asunto. Yo tendré que rendir cuenta al Señor por este rebaño. Cuando digo que no juego con este asunto es que, en cuanto a capacitar al pueblo del Señor para la obra del ministerio, cuidar a mis hermanos espiritualmente y dirigir la iglesia, esto para mí no es un asunto negociable, no es algo que pueda cederlo con facilidad.

Y yo no necesito dirigir siempre un culto para sentir que estoy cuidando al pueblo, capacitando la obra o dirigiéndola. Yo vengo de un contexto ministerial donde el pastor siempre terminaba el culto. Yo me río de eso, hermano, pero se ve así: a Parra usted no le terminaba un culto, porque él entendía que el pastor tenía siempre que decir «terminamos». Entonces él decía: no, Junior, Junior, siempre, siempre tú me llamas a mí al final, yo oro.

La pastora Margarita. Durante años, en la iglesia de San Juan, estaba la pastora Margarita. Yo no tuve controversia alguna con eso. Ahora, yo no ordenaría a una hermana nuestra. Pero el pentecostal tiene una formación diferente a la mía, su posición al respecto. En esto variamos. Pero parte de los códigos de aquel lugar era que las hermanas lo hacían así.

Iglesias que amo tienen la práctica de que las hermanas pueden enseñar desde un atril pequeño, pero no desde un púlpito grande. A mí me pareció curioso que cuando mis hermanas van a enseñar, entonces alejan el púlpito y ponen un atril. Hermano, usted esté tranquilo, que esos son los códigos de ellos. Así como en alguna casa el papá se sienta en un punto, y para recordar que ese es el papá, se sienta así. Y hay otras casas donde un hombre no necesita esos códigos para que sea evidente que en esta casa hay un varón. Hay casas donde el papá deja sus dos chancletas samurái en la puerta y el machete en su sitio, para transmitir que… Hermano, cada lugar tiene sus códigos. Estamos de acuerdo en eso, hermano.

Lo importante es tomarnos en serio el trabajo pastoral. Y yo estoy persuadido de que el vacío en el liderazgo pastoral hace que cualquier participación femenina se vea desproporcionada. Cuando no está claro el trabajo pastoral de una iglesia, cualquier cosa que haga una de nuestras hermanas pareciera que ella es una pastora, y no es así. Mientras más queramos que se involucren, más involucrados deberíamos estar los varones.

Creemos que debemos orientar a nuestras hermanas para que consulten a sus maridos cuando se van a involucrar en algún ministerio. Yo tengo por práctica, cuando invito a una hermana a algo, decirle: mira, por favor, habla con tu esposo, pregúntale. «Entonces, pastor, ¿y por qué usted quiere que le pregunte?». Pues ya está sujeta al liderazgo de su marido, ¿entiendes? Dice la Escritura que cada hermana está sujeta a su propio marido. Yo no puedo sujetar a otra hermana, ya está sujeta a su marido. Pero en el liderazgo eclesiástico está sujeta a los líderes de su iglesia, no al pastor como un hombre, sino a lo que él representa en esa organización.

Entonces, nuestra práctica ha sido orientar a nuestras hermanas para que consulten a sus maridos, y promover la participación de varones, que es algo que hacemos. ¿Y por qué? Porque mientras más varones estén involucrados en el ministerio, mayor número de nuestras hermanas lo podrán hacer con limpia conciencia. Se ha vuelto como una letanía, hermano, pero quiero darte claridad. Denme un chin más de paciencia, que le aplico un chin y me muevo.

También tenemos como práctica animar a las hermanas muy dotadas y dispuestas a orar y esperar a que sus hermanos desarrollen liderazgo. Y con prudencia, de hecho, le digo a mis hermanas: mira, ayúdame a orar para que otros varones también se involucren. No es un asunto de quitar a las hermanas para poner a los varones.

Que todos contribuyan con la causa de Cristo

Es que tanto unos como otros contribuyan con la causa de Cristo. ¿Entienden la diferencia? No es un sesgo, hermano, es un asunto prudencial. Si no somos sabios respecto de esto, cada vez los hermanos van a ser menos. Vivimos en una sociedad donde las mujeres son muy preservadas, muy cuidadas, muy formadas, y copan los lugares, pues tienen ventajas respecto de esto por la formación familiar. A los hombres como que nos dejan un poco más sueltos en esta sociedad y terminamos desarrollándonos mucho más tarde. Si como iglesia no ponemos el ojo en involucrar también a los varones, nuestras hermanas cada vez tendrán más mala conciencia respecto de sus propios roles.

Algo hermoso que podemos hacer los varones es involucrarnos aún más. Yo promuevo y le animo a mis hermanos: contribuyan con la escuela bíblica. A veces yo llego a la escuela bíblica y encuentro esto, un vacío de varones y todas las hermanas buscando capacitación. ¿Quiénes serán las que terminarán enseñando siempre? Las hermanas. ¿Y los varones dónde están? En otras cosas. Cuando vamos a servir al Señor intencionalmente, hermano, yo involucro y le digo: hermano, ayúdame, participa, representa a Cristo, que mientras más involucrado tú estés, más oportunidades crearemos para nuestras hermanas.

Yo creo que el Señor podía tener a las mujeres porque tenía doce hombres que estaban comprometidos. Si Cristo no tuviera doce hombres comprometidos con el ministerio, probablemente habría sido escandaloso que estas mujeres también sirvieran al Señor. Mientras más comprometidos estemos los varones, más espacio habrá para nuestras hermanas.

¿Qué hemos hecho en nuestra iglesia? Animar a las hermanas a coordinar diferentes ministerios, pero que siempre se sienta en esto la presencia pastoral. Y no es algo como de tener la soga corta, pero yo tengo la responsabilidad de decir: hermana, vamos a darnos una llamada, pasa por casa, tómate un café con Karo y conmigo, vamos a ponernos de acuerdo en lo que vamos a hacer en el ministerio. Es que se sienta el trabajo pastoral en los diferentes ministerios de la iglesia.

En cuanto a prioridad, hemos dado prioridad en la predicación dominical al pastor de nuestra iglesia, a maestros que están en formación y a pastores que son invitados. ¿Eso significa que una hermana no pueda predicar? No, hermano, pero damos prioridad; entienda lo que es prioridad. En mi trabajo pastoral he entendido sabio que en el culto principal del domingo prediquen regularmente el pastor, los maestros que estamos formando y pastores invitados. En otro tiempo, hermanas nuestras han predicado. Miren, Jacqueline Campos tiene una gracia para enseñar que es hermosa. Todavía yo lo recuerdo.

Entonces, «ah, las hermanas…». Hermano, no, por favor, no lo lleve a un asunto de cuentas, que esto no es de cuentas, es de corazón. Esta iglesia es movida en gran medida por las hermanas, pero lo hacen con mucha prudencia. No es un asunto de sesgo o de cuentas. Su hermana Maribel ha sido maestra en esta iglesia durante muchos años. En una temporada entendimos prudente darle prioridad a que nuestros varones también se desarrollen. Yo creo que toda nuestra iglesia está muy contenta al ver a los varones que se van involucrando más y más en este ministerio.

Queremos promover en todos los ministerios una actitud de servicio, no de principalía o de posiciones, comenzando por el pastor. Lo menos que quiero yo, hermano, es tener un rótulo en la frente que diga «pastor». Lo que yo quiero es labrar tu corazón, cuidarte, conducirte. Esa es la diferencia. No es algo como de a ver quién tiene el título. No es quién tiene el título, es quién tiene el corazón.

Gracia hacia quienes piensan distinto

Termino el punto con esto, hermano. Creemos que las diferencias entre iglesias con posiciones complementarias, que no ordenan pastoras, e igualitarias, que sí ordenan pastoras, no son una doctrina fundamental, pero sí una gran limitación para colaborar unas con otras. Es difícil, hermano, hacer misión en lugares que están muy decantados por posiciones que usted entiende que contravienen el diseño de Dios. Me siguen en este punto. O sea, no es algo como para eximirnos del pueblo, pero hay que reconocer que es difícil.

Y yo mismo hago un esfuerzo, hermano, de amar el ecosistema. Y participo en reuniones donde hay pastoras. Pero cuando llegan los púlpitos álgidos, sin pretenderlo, entonces ofendo. Porque tarde o temprano se me preguntará cuál es la posición de nuestra iglesia. Y cuando le traigo claridad, mi claridad produce ofensa. Y he tenido la triste experiencia de compartir en lugares donde trato a mis hermanas que se llaman pastoras con dignidad, y después ellas me dicen: Rafael, ¿y cómo es que tú predicas respecto de esto, si tú estás sentado aquí al lado mío? Ay, es que tú fuiste comprada a precio de sangre. Y estás haciendo una labor en el pueblo del Señor que yo tengo que reconocer. Quizás no comparto lo que estás haciendo en la forma, pero al mismo tiempo celebro tu corazón.

Y muchas de ellas probablemente han sido ordenadas a este ministerio, no necesariamente porque lo estuvieran buscando, sino porque otros que quizás no tienen el mismo criterio lo han hecho. Por lo cual, invito a mi iglesia a que mantengamos la comunión, reconozcamos la contribución de todos en la obra del Señor y mostremos mucha gracia. Que nosotros no ordenemos hermanas al ministerio pastoral no significa que vayamos a andar por la vida desordenando a otras hermanas.

Siempre menciono a Elania, hermano. Elania es una persona que nos asiste en la casa, que tenía una vida muy desorganizada y fue comprada a precio de sangre. Fue salva. Y en su barrio buscó una iglesia, y en su iglesia hay una pastora. Y el primero que animó a Elania a que vaya donde su pastora soy yo. Y usted me dice: Rafael, ¿y esa contradicción? Porque tú dices que no ordenarías a una hermana tuya al ministerio pastoral, pero tú mandas a Elania a que se vea con su pastora. Y yo le pregunto: Elania, dígame, ¿y su pastora cómo está? ¿Está yendo? ¿La está escuchando? ¿La está siguiendo? Hermano, que yo tenga mala conciencia respecto de algo no significa que ande por la vida tratando de imponer mis posiciones a los otros.

Tres nombres que celebro

En un ejercicio, hermano, de gratitud al Señor y de transparencia, quiero mostrar tres nombres de mujeres que han sido ordenadas al ministerio pastoral y creo que han hecho una gran contribución al pueblo del Señor, aunque no comparta yo su ordenación.

Mira, aquí hay dos mujeres que discipularon a la clase alta de la República Dominicana cuando a los evangélicos no nos recibían. Una es Mireya Camilo; ella está en la presencia del Señor. Esa señora tenía un tesón para discipular mujeres que usted no se imagina. Eventualmente eso se convirtió en una iglesia, terminó siendo ordenada y terminó siendo la pastora Mireya. Ay, hermano, una vez me encontré con ella y yo quise entrevistarla porque admiraba el trabajo que hizo. Y a mí no me salía decirle «pastora»; le decía «hermana Mireya», pero se escucha raro. No fuimos amigos, ya ella partió con el Señor, no hay nada en contra; solamente destaco su nombre para decirle que tuvo una gran contribución en la causa de Cristo en nuestra generación, discipulando mujeres de clase alta de la República Dominicana en pequeños grupos. Yo creo que el Señor recibió eso.

Entonces, ¿tú vas ahora a confrontar a doña Mireya? Para nada, hermano. Cuando la vi, lo que hubo en mi corazón hacia ella fue admiración, y no tuve el gusto de conocerla.

Otra señora, Sara Rodríguez, es muy conocida ahora como la pastora de Juan Luis Guerra; ella no es la pastora de Juan Luis Guerra principalmente. Fue una hermana que, siendo católica en la renovación carismática, el Señor la alcanzó con salvación. De ahí salió y comenzó a buscar mujeres y a discipularlas. Tiene una carga respecto de esto, hermano. Hizo un trabajo precioso. Después el Señor permitió una obra hermosa, se convirtió Juan Luis Guerra, se llenó de músicos, de gente. Ha sido un asunto grandísimo en la iglesia Más que Vencedores.

«Ah, Rafael, tú estás diciendo entonces que tú celebras el ministerio pastoral de Mamá Sara, como le llaman». No, hermano, yo celebro el fruto de su ministerio. Y lo menos que ando buscando yo en esto es confrontar. Menciono su nombre para que ustedes se den cuenta de que en mí no hay prejuicio alguno respecto de esto, de que en otros lugares haya otras posiciones. Celebro ese ministerio y el fruto.

Y otra señora que yo he querido conocer, pero no he tenido el gusto: un trabajo precioso, Orfa Luna. Miren, de las mías, una expositora de la palabra impresionante. Esa señora desarrolló aquí un trabajo cuando aquí no se hablaba de niños con dificultades de aprendizaje y otras cosas. Yo conozco su historia, y usted me dice: ¿cómo tú sabes la historia de ella? Hermano, a mí me interesa el ecosistema y amo la iglesia del Señor dondequiera que suceda. Orfa Luna, pastora en el ministerio en este momento; yo creo que ella como que luchaba con llamarse pastora, primero era un ministerio en una iglesia, al final terminó asumiéndolo y terminó siendo la pastora Orfa Luna. Tremenda expositora de la palabra del Señor, un ministerio muy discreto, para nada escandaloso; es una mujer muy propia en su elemento, muy admirable en muchos sentidos. Yo hubiese preferido que fuera otra cosa el ministerio, pero que siga. Hermano, ¿cómo voy yo a andar por la vida? Reconozco el fruto de su ministerio, una iglesia muy hermosa, un ministerio precioso. Yo tendría dificultad de llamarle pastora, pero al mismo tiempo celebro, hermano, lo que ha hecho, y fue comprada a precio de sangre.

Con esto quiero mostrarle a nuestra iglesia que nosotros tenemos una posición y tenemos mala conciencia al ordenar a nuestras hermanas para el ministerio pastoral. Pero al mismo tiempo estamos muy abiertos: en otros lugares suceden otras cosas. Si me preguntaran, yo trataría de darle la base bíblica a estas cosas, trataría de incidir, pero tampoco me han preguntado. ¿Quién soy yo, quién es Rafael Pérez para andar por la vida tratando de que el mundo se torne a la manera mía? Con mucha humildad le transmito esto.

Cómo perder todo el gozo de servir al Señor

Ahora le hablo a mis hermanas que están aquí. Hermana, yo quiero que usted sirva a Cristo. Y yo creo que le he demostrado con mucha gracia que usted no necesita ser una pastora, una obispa o una reverenda para servir a Cristo. Que como las mujeres que sirvieron al Señor en su ministerio, usted puede hacerlo.

A veces, cuando uno enseña con ironía, como que la gente atiende más y hasta lo recuerda. Yo quiero transmitirle ahora con ironía cómo perder todo el gozo de servir a tu Señor. Ya que le he presentado de manera positiva los argumentos y quizá de manera positiva usted no los recibió, déjeme mostrárselos de manera negativa. Yo quiero mostrarles ahora a mis hermanas —jovencitas, casadas, abuelas—, yo quiero dar la receta para que pierdan todo el gozo de servir a Cristo. Estoy siendo irónico.

Si tú quieres perder todo el gozo como mujer, haz de la sociedad y sus normas obsoletas el centro de tu servicio. Derriba, rompe el techo de cristal. Haz que tú seas la primera mujer que logra algo, y haz eso el centro de tu vida.

¿Tú quieres perder todo el gozo de servir a tu Señor? Exige cuotas, representación femenina, pon el foco en ti y no en Cristo. Haz ruido, llama la atención.

Ay, hermano, tú que estás sirviendo a Cristo en este momento, ¿tú quieres perder todo el gozo de servir a Cristo? Exagera la idea de que tu casa, tus hijos y solo tu marido son tu ministerio. Limítate exclusivamente a la esfera doméstica. Deja que sean los hombres los que acompañen al Maestro en la misión. Sirve a tu marido solamente, que él quizás sirva a Cristo, o quizás no.

¿Tú quieres perder todo el gozo? Exige un título, un cargo, un rótulo. Le doy la idea: considera llamarte pastora, reverenda, obispa —no avispa, obispa con O—.

¿Quieres perder todo el gozo de servir a tu Señor? Sepárate de los varones. Crea un ministerio exclusivamente de mujeres y sé tú su pastora, aun sin el título. Crea una iglesia femenina dentro de la iglesia, con su liderazgo, sus programas y sus propias enseñanzas.

¿Quieres perder todo el gozo de servir a Cristo? Sexualiza el asunto. Asume que siempre hay una intención oculta en los varones. Evita el contacto físico y hasta visual. Evita toda oportunidad de integración y de servir juntos. Eso es si tú quieres perder todo el gozo al servir a Cristo.

María, Juana y Susana

Ahora, si tú quieres servir a Cristo con gozo, haz lo que hicieron estas mujeres. ¿Quiénes eran estas mujeres?

Y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.

— Lucas 8:2-3

No es la obispa María, la pastora María, la ministra María. María, María, ella, y sirve a Cristo. Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes. Juana es Juana ya. No, no es la pastora Juana, la reverenda Juana, para nada: es Juana, la que sirve al Señor. Y Susana, y otras muchas que le servían con sus bienes. Susana.

Esta fiebre de títulos, hermano, hay que bajar este asunto. Susana es Susana, Juana es Juana, y María es María. Y sirvieron al Señor. Y cada una de ellas, hermanas, con roles únicos.

¿Quién era María Magdalena? Un testimonio viviente del poder del evangelio para transformar la vida de una mujer. Lo más hermoso que podía decir María Magdalena no es «yo soy una entre los apóstoles». Lo más hermoso que podía decir es: yo estaba en opresión y el Señor a mí me libertó. Y es un hermoso testimonio de que las mujeres en Cristo pueden alcanzar la más alta libertad.

¿Quién era Juana? Era la mujer de un hombre poderoso, el intendente de Herodes. El intendente era el mayordomo de su casa, el que administraba sus bienes. Y esta mujer, la mujer de un hombre poderoso, era una mujer de influencia. Quizás esta mujer, hermano, fue testigo de la decapitación de Juan el Bautista en la corte de Herodes; fue testigo de cuando el Señor fue llevado a la corte de Herodes. Ella era una mujer de influencia, la mujer de un hombre poderoso, con corazón para el Señor. Quizás ese es el rol tuyo. Quizás tú seas la esposa de algún Chuza: usa de su influencia para presentar a Cristo.

Susana y otras que le servían con sus bienes. No puedo evitar pensar en Lidia, que era una comerciante de púrpura, prendas valiosas. Mujeres que tenían recursos materiales, y con sus recursos materiales servían al ministerio del Señor.

El evangelio nos incluye en una nueva familia

Estos tres perfiles tienen intención. Lucas, al comienzo del evangelio, está escribiendo a un excelentísimo Teófilo. Y al escribirle a Teófilo, él le dice: ahora yo voy a ponerte en orden las cosas que han sucedido y que para nosotros son ciertísimas. ¿Quién era Teófilo? Probablemente un hombre romano de alta influencia; por el saludo usted deduce que era un hombre excelentísimo. Y era importante para Lucas mostrarle a Teófilo que hombres y mujeres, con sus roles distintos, podían servir a Cristo. Que el cristianismo no tenía prejuicios hacia las mujeres y tampoco hacia los hombres. Se muestra que el cristianismo no es un culto extravagante hacia las normas sociales, que los maridos de estas mujeres estaban muy de acuerdo en que las mujeres pudieran servir al Señor.

¿Qué está mostrando aquí? Que no hay que exaltar a la mujer como un ser puro o espiritualmente más alto, como algunas ideologías orientales —que de ahí viene todo aquello de la adoración a María y todas estas cosas, pues te mostraban a la mujer como que era la dadora de vida, un ser especial—. Está mostrando que las mujeres eran pecadoras como los hombres, que necesitaban liberación, que también necesitaban a Cristo. Y que cuando alcanzaban a Cristo, entonces expresaban esto con gratitud. Se muestra una abierta colaboración en la iglesia entre hombres y mujeres.

¿Cómo se ve aquí el evangelio? El evangelio es la buena noticia de que Cristo salva a hombres y salva también a mujeres. Y que todos juntos podemos llegar a servirle sin conflictos y sin prejuicios.

El evangelio nos incluye en una nueva familia donde las relaciones son renovadas y aportamos cada uno con nuestro diseño particular. El evangelio nos muestra que no hay tal cosa como una guerra, que no hay tal cosa como un conflicto. Que un hermano debería sentirse muy agradado al ver a las mujeres participar en la iglesia, y que las mujeres deberían ser las primeras que quisieran que los hombres asuman el liderazgo. Que el Señor le conceda a todas nuestras hermanas servirle en forma distintivamente femenina, y que su trabajo sea notorio para el Señor, aunque no sea notorio para todos.

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