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La alegría del Señor por el avance del evangelio

Lucas 10:17-24

El acontecimiento más importante sobre la tierra es la predicación del evangelio. En Lucas 10, tres expresiones de alegría nos impulsan a la misión: la alegría de participar en la obra, la alegría de nuestra propia salvación y la alegría al ver la revelación del evangelio.

Predicado12 de mayo de 2024
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Doy un chance para que puedan buscar la palabra del Señor en el evangelio de Lucas, en el capítulo 10. Prediqué antes acerca de los obreros del Señor y la necesidad de orar porque se levanten obreros. El Señor envió a sus discípulos primero y luego envió a un grupo más grande, de setenta. Esto se describe en Lucas capítulo 10. Hoy estaremos mirando el momento en que estos setenta regresan al Señor y le testifican las grandes cosas que habían hecho mientras obedecían al llamado. Es Lucas capítulo 10, desde el versículo 17 en adelante. Dice así la Sagrada Escritura:

Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

— Lucas 10:17-24

Pueden sentarse, mis hermanos.

El acontecimiento más importante que ocurre en la tierra

En esta porción de la Escritura vemos la alegría del Señor por el avance del evangelio. Todo en este texto transmite entusiasmo, gozo, alegría; de hecho, con tres términos diferentes que son sinónimos en el original: gozo, regocijo, entusiasmo. Se describe primero la emoción de los discípulos que habían obedecido, y luego se describe la emoción del Señor.

El gozo y el entusiasmo ha sido hasta ahora —y le pido al Señor que lo siga haciendo— un elemento en mi ministerio. Yo no sé hacer la obra del Señor solamente con obediencia. Yo voy a obedecer, pero con una obediencia gozosa. Y algo que le pido al Señor es que me permita, año tras año, renovar el gozo, entender que lo que está sucediendo entre nosotros es un asunto impresionante, de forma tal que uno quiera volver a poner las manos en el arado.

Yo estoy persuadido de que el acontecimiento más importante que está ocurriendo en la tierra ahora mismo no va a salir por las noticias; Netflix no le va a hacer una miniserie de cinco capítulos. El acontecimiento más importante que está sucediendo en la tierra ahora mismo es la predicación del evangelio. No es esperable que el mundo esté al tanto de la importancia, de la relevancia, del significado, de lo maravilloso que es que en el mundo, al día de hoy, todavía se esté predicando el evangelio.

Pero yo tengo carga de que mi iglesia entienda que este asunto importa. El acontecimiento singular ahora mismo es que Cristo está siendo proclamado. Cristo es la consumación de la historia. Todo caminaba hacia Cristo. La historia pasada llegó en Cristo a su cúspide, al momento más alto.

Volví a leer el día pasado un libro de Stefan Zweig, un libro muy bueno, un librito corto, se llama Momentos estelares de la humanidad. Describe la humanidad llegando al Polo Sur, describe grandes negocios que se han hecho en esta tierra. Es un asunto enciclopédico, de una gran cultura general. Pero entre los momentos estelares de la humanidad hay uno que no menciona, y a mí me da satisfacción que no lo mencione, pues yo creo que ese no cabe en el libro: está por encima del libro. Ese no es uno de los momentos estelares de la humanidad. Ese es el momento estelar. Y eso es lo que la humanidad necesita conocer.

No es esperable que el mundo esté al tanto, pero como iglesia de Cristo debemos entender el valor y la singularidad que tiene la predicación del evangelio, de forma tal que nosotros mismos queramos proclamarlo y encontremos en su avance una gran satisfacción. Si me ven hablando un poco despacio, no es que me estoy durmiendo: empatía con mis hermanos de traducción, porque yo pongo el turbo y me entusiasmo.

Me anima, hermano, poderle predicar a la iglesia acerca de la singularidad del evangelio. Me anima poder predicarle a la iglesia acerca de la alegría que tuvieron los primeros que predicaron el evangelio. Me entusiasma y regocija mi corazón poderle decir a la iglesia que el mismo Señor Jesucristo, en uno de los pocos momentos en que se regocijó, se regocijó al ver las implicaciones de la predicación del evangelio.

En toda esta porción de la Escritura yo creo que hay ánimo a la iglesia respecto de la misión. Si el Señor se alegró, nosotros nos podemos alegrar con Él. Y no quisiera que nos aproximemos a la obra del Señor solamente como un asunto que tenemos que hacer. Es un asunto que queremos hacer, y queremos hacerlo por el gozo que encontramos mientras lo vamos haciendo.

No es que yo siga tanto los deportes, pero hay un deporte que sigo, que es el básquet, y tengo un interés general en el mundo del desarrollo del atletismo. Leí en alguna parte los elementos que diferentes scouts han entendido que están presentes en aquellos atletas que van a llegar a Grandes Ligas. Mucha gente juega, pero aquellos que van a ser deportistas profesionales tienen características que en ellos son singulares.

La primera característica que encontraron es que los atletas que llegan a ser profesionales tienen familiares con amplio interés en el deporte. Hay casos poco comunes de personas que en su familia nadie sigue los deportes, pero frecuentemente, si usted busca jugadores de la NBA, su papá, o un entrenador, o un familiar suyo jugaba; alguien le transmitió la pasión por el juego. Lo mismo pasa en el béisbol y en cualquier otro deporte.

Sin embargo, hay un elemento que es más significativo que ese. Mucha gente practica el deporte, pero las personas que llegan a las Grandes Ligas no solamente tienen familiares que les estimulan el deporte: al mismo tiempo, ellos mismos aman el deporte. Y un asunto que todavía no se ha podido resolver son muchachos que tienen el cuerpo y la actitud deportiva, pero no tienen el corazón para el deporte. Y tú le dices: ¿qué tú harías si tú no jugaras? Y probablemente dice: para mí sería un gran descanso. Y tú dices: pero él tiene las condiciones, y no tiene el entusiasmo.

Yo creo que con la misión pasa lo mismo. La misión no solamente hay que hacerla; tú deberías tener interés en la misión, entusiasmo por la misión. Yo estuve mapeando mi vida y cómo llegué al ministerio pastoral, y una de las cosas que el Señor utilizó para traerme al ministerio pastoral es que me permitió ver la obra por dentro. Hablaba el viernes pasado con una familia, estábamos compartiendo, y me preguntaban que cómo entré al ministerio. Yo puedo decir que yo entré al ministerio porque alguien me pastoreó con entusiasmo. ¿Entienden la diferencia? Yo no fui pastoreado por una persona que veía la obra como una tarea; yo fui pastoreado por una persona que me transmitió el amor por el juego.

Le pido al Señor que los niños de nuestra iglesia vean a los diferentes servidores de nuestra iglesia más que como personas que hacen cosas, como personas que disfrutan hacer cosas, y que ellos lleguen a la reflexión de que realmente esta gente tiene deleite en lo que está haciendo. Hay alegría en su corazón.

Primera alegría: el gozo de participar en la obra

Comenzaré mostrándoles a la iglesia la alegría que tuvieron los discípulos con el avance de la obra. Dice así el versículo 17:

Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.

— Lucas 10:17

Este grupo de personas, antes de salir a la misión, es esperable que se encontraran dubitativos, temerosos, preguntando si esto vale la pena hacerlo. Pero ahora que fueron y regresaron, dice que regresaron con gozo. Una cosa es ver la misión antes de entrar, y otra cosa es ver la misión de regreso. Ese entusiasmo que tenían ellos es lo que yo quisiera transmitirle a mi congregación.

Ellos acababan de ver que la proclamación del evangelio realmente funciona. Es como una persona a quien la receta le quedó: cuando tú lo ves funcionando, tú dices, realmente funciona y está muy bueno. Ellos escuchaban a Cristo hablar acerca de ir a las ciudades a proclamar el evangelio. Ellos escucharon al Señor decirles: ustedes serán enviados a proclamar el evangelio. Ellos fueron y proclamaron el evangelio. Y al hacerlo, dice que regresaron con gozo.

Ay, hermano, yo te quiero involucrar en que vayamos a un segundo viaje misionero, pero yo no te quiero decir que esto lo vamos a hacer como una pesada carga, como un asunto que no queremos hacer. No, hermano: vamos a ir con el gozo de aquellos que fueron la primera vez y regresaron, y vuelven a hacerlo buscando todavía más satisfacción en Cristo.

Ellos han probado el poder del evangelio. Miren, el evangelio es una fuerza incontenible. Esto parece que está como reposado, pero cuando el evangelio, con el poder de Cristo, es proclamado en el nombre suyo, el evangelio tiene el poder para transformar vidas. El evangelio tiene el poder de hacer que aquellos que no escuchan, escuchen; y que aquellos que no veían, vean. Estoy hablando de lo espiritual, con una persona que se había mantenido indiferente a la causa de Cristo. Por la misericordia de Cristo sus oídos son abiertos, sus ojos son despertados. Las personas pueden testificar que hay un poder muy grande, que esto no depende de que yo estaba o no estaba interesado: es el poder del Señor que está funcionando.

Estos setenta han probado por primera vez que lo que Cristo había dicho en palabras, cuando se pone en acción, realmente funciona. Que uno puede predicar el evangelio y la gente no se quede indiferente. Parte de su gozo es ver que la receta funciona. El evangelio parece estar inactivo, pero es una fuerza incontenible. Se hace manifiesto. Uno ve nuevos creyentes abriendo los ojos a la realidad de Dios. Uno ve creyentes luchando por hacer en su vida la voluntad de Dios. Uno ve gente que por primera vez en su vida llega a tener sosiego en su corazón. Y cuando uno ve eso, se llena de gozo.

Parte de lo que el Señor utilizó para traerme al ministerio fue un pastor que tenía entusiasmo, pero que al mismo tiempo me permitió participar en la obra y ver el gozo que hay cuando las personas abren sus ojos al poder del evangelio. Algo que marcó mi vida entre los años 2004 y 2005 fue una gran cantidad de nuevos creyentes que llegaron a mi iglesia local. Yo servía en una iglesia que había mantenido su demografía durante muchos años, pero en algún momento el Señor nos visitó. Ay, hermano, yo, que estaba al lado de Parra, podía sentir la alegría que él tenía de ver por primera vez en su ministerio lo que la gente le llama un avivamiento. Lucerna era una iglesia que recibía personas probablemente de a cinco en cinco, de tres en tres. Por primera vez comenzamos a recibir gente en la iglesia local de a cuarenta en cuarenta.

Recuerdo un bautismo donde había filas de creyentes. Recuerdo reuniones de trabajo para ver qué vamos a hacer para ministrar este fruto. Y yo, siendo un muchacho, me puse en pie en mi iglesia local y les dije: déjenmelo a mí, que yo los discipulo. Yo no sé cómo, hermano, pero Parra me dijo: Junior, pues dale, hazlo. Los talleres de membresía que yo uso en PezMundial son los mismos talleres de membresía que yo hice en aquel momento para recibir una fila de creyentes. Yo tengo razones para retratar la iglesia local, que les compartiré en un momento, pero yo tengo fotos de esa temporada. De viejitas que pude discipular, que ya no están entre nosotros, ya fueron promovidas, están en la presencia del Señor.

De nietos de esa viejecita, que al ver a la abuela, que hizo profesión de fe, ellos también querían conocer a Cristo. Hermano, en Lucerna hicimos muchos esfuerzos por dar testimonio; esos esfuerzos parecían que no tenían fruto alguno. Pero lo seguimos haciendo, y en algún momento el Señor nos visitó. Yo no he hablado con Parra respecto de esta temporada en la vida de su ministerio, pero yo estoy persuadido de que si le pregunto a Parra, él tampoco va a saber explicarlo. El evangelio se predicaba, y en algún momento, cuando el evangelio se predicó, las personas respondieron a la predicación del evangelio.

Recuerdo tres misiones que se hicieron desde la iglesia. Y las recuerdo, hermano, porque desde ayer estuve viendo fotografías: 2004, 2005, 2006. La gente dice: ¡cuántas fotos tú tomas! Es que yo tengo un entusiasmo con la obra del Señor. Yo creo que esto es tan singular que vale la pena que alguien lo retrate. Con mami a veces jugamos respecto de esto. Yo le digo que mami coordinaba misiones. Yo había conocido a mami como maestra de escuela bíblica, pero la carga que tenía mami era enviar misiones a diferentes pueblos. A veces yo relajo y lo digo de juego, pero en juego y en verdad, yo digo: pero esas sí eran misiones, que iban tres camioncitos cargados de comida, colchones y demás.

Pero la realidad es que se hacía, hermano, y se hacía con gozo. Y yo, siendo un muchacho, participé en misiones en el Sur, misiones en el Cibao, y una cantidad de gente iba a esos lugares y predicaba el evangelio; uno iba casa por casa, y uno veía a estas personas que abrían sus ojos a la realidad de Dios, y uno les decía: ven, que en tal lugar se va a predicar el evangelio, y las personas venían.

Poder probar lo que es la respuesta de una persona a la predicación del evangelio es algo que marca la vida de un creyente. Yo lamento que la gente de PezMundial, muchos de ellos, no hayan tenido la oportunidad de ver a un creyente ser despertado a la realidad del evangelio. Pero cuando una persona abre sus ojos a la realidad de Dios, tú te das cuenta de que algo espiritual sucedió. Esto no es persuasión, esto no es discurso, esto no es filosofía: es que el evangelio te fue predicado de una manera muy sencilla, porque éramos un grupo de muchachos los que lo estábamos haciendo. Recuerdo a Daniel Adón, recuerdo a quien es hoy su esposa, recuerdo a Ramón Mena, que en esos momentos de un gran avivamiento en Lucerna éramos muy cercanos.

Vi una foto de uno de ellos, que en este momento no está en el Señor, y casi me fui en lágrimas ayer, imaginando a mi amigo, que hoy no está en Cristo, y lo útil que fue para el Señor en ese momento.

En esa misma temporada comenzó un movimiento entre las Asambleas de Dios, y nosotros nos unimos a eso de cabeza. Parra identificó un grupo de muchachos de Lucerna y les dijo: miren, vayan al Cibao, que en la iglesia de un pastor amigo mío está sucediendo algo; miren lo que allá están haciendo. Recuerdo que con un Toyota Camry de esos grandes, viejos, de uno de ellos, nos subimos en ese vehículo y llegamos a Santiago a ver lo que estaba sucediendo. Y estaba sucediendo algo que nosotros no podíamos explicar: las personas estaban respondiendo a la predicación del evangelio. Eso para mí no era tan claro como quizás es claro en perspectiva, pero cuando tú ves a alguien respondiendo al evangelio, tú quieres repetir eso más y más.

Yo era líder de jóvenes en mi iglesia y hacía grandes esfuerzos para reunir a los muchachos. Yo me veía en ese esfuerzo como casi desesperado porque la gente viniera al culto de jóvenes, y no querían venir. Y comencé a orar al Señor en esa temporada. Recuerdo que con unos pocos —Ramón Mena, Rocío, Lilian— lanzamos algo que era una red de jóvenes que se reunían en diferentes lugares. Y esas reuniones eran más grandes que todos los cultos que habíamos hecho nunca. Y yo vi a muchachos jóvenes que realmente querían reunirse. Y me preguntaban los adultos mayores de la iglesia: ¿y qué es lo que hacen los muchachos? Porque ellos no quieren ir al culto de jóvenes, pero sí quieren ir a las reuniones de la red. ¿Y saben qué era lo que hacíamos? Orábamos, leíamos la palabra, y le pedíamos al Señor que nos visitara con un avivamiento. Era un asunto impresionante.

Al probar eso, hermano, y recordarlo, yo no puedo evitar ver aquí a los discípulos, que dice que volvieron los setenta con gozo diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Ellos acaban de ver algo glorioso, ellos acaban de ver la proclamación, y esta proclamación ha producido en ellos entusiasmo. Ay, hermano, yo puedo predicarte diez sermones, pero yo quisiera que el Señor te dé el gozo de ver a un pecador que dice: yo quiero a Cristo. Cuando tú ves a un pecador diciendo «yo quiero a Cristo», tú vas a querer compartirle el evangelio a quinientos pecadores más.

Podemos hacer planes y proyectos, pero los planes y proyectos no mueven la iglesia. Hay algo que es más fuerte que plan y proyecto, y es el gozo de ver a un pecador que se humilla y rinde su vida a Cristo. Porque eso nosotros no podemos producirlo por nuestros propios medios.

Cultivar el paladar para las cosas correctas

Al volver a reunirse —ellos habían sido enviados de dos en dos— en este momento tienen treinta y cinco grupos que están dando testimonio de la misma cosa. Nosotros fuimos a esa ciudad, y en esa ciudad se predicó el evangelio y las personas respondieron. Y otro grupo dice: no, yo no fui a la ciudad que fuiste tú, yo fui a la ciudad al lado, y en la ciudad al lado también el evangelio funcionó.

Yo quisiera unir a mi iglesia en este gozo. ¿Cómo puede uno cultivar en el corazón este gozo de ver la obra de Dios funcionando? Tú, como creyente, que quizás eres un creyente muy nominal, que tu vida es el trabajo, orar, leer la Biblia, venir a tu iglesia, tú puedes ser contagiado del gozo que hay en proclamar el evangelio.

Lo primero que yo puedo hacer, hermano, es invitarte a que participes en la misión. Yo sé que congregarse es cómodo, recibir la palabra es cómodo, pero ponerle la mano al arado y ver que todo funciona, eso no es cómodo, hermano: eso es glorioso. Y cuando alguien puede ver eso y decir: wow, pero mira, mi vecino se convirtió. Participa en la misión.

Cultiven interés por el avance de la obra. A mí hay algo que me duele profundamente, y es que yo veo al hermano mío como que no le interesa el funcionamiento de la misión, no le interesa la obra en su conjunto. Es querer ver la cosa como por atrás. Yo no solamente quisiera ver el display: yo quisiera ver esto desde atrás. Ver la obra por dentro. ¿Qué es lo que la iglesia hace? ¿Cómo la iglesia lo hace? ¿Cómo se logra? ¿Cómo se trabaja?

Hermano, qué tristes son las personas que vienen y siempre ven la visual de la iglesia, una iglesia reunida con un programa. Pero este background que hay detrás, todo este movimiento, ese activismo, eso hay que verlo. De hecho, yo estoy persuadido de que los más jóvenes necesitan vernos a nosotros, antes de reunirnos como iglesia, en lo que estamos haciendo. Es como ver un concierto: tú llegas donde va a suceder un concierto a las ocho, al concierto. Pero si tú llegas a las tres de la tarde, vas a ver movimientos, vas a ver ensayos, vas a ver diferentes coordinaciones para que las cosas queden de algún modo.

Yo quiero que tú ames a la iglesia, que veas la iglesia aun antes de que nos reunamos como iglesia. Siempre he visto esto como la punta de un iceberg. El domingo, en la iglesia reunida, es la punta de un iceberg. Rueden por aquí, pasen por aquí, tengan un interés. Vean la gente haciendo diferentes cosas. Últimamente trabajo más desde la oficina de la casa que de aquí, pero esta semana he tenido el gozo de tener muchas reuniones pastorales aquí. Y yo me gozo en que tengo una reunión pastoral y mis hermanos van entrando y yo digo: ¿a qué vienen hoy? Yo mismo no sé a veces qué es lo que está ocurriendo, pero ellos vienen a producir diferentes cosas.

Y yo siento que la iglesia está viva. Hay gente que se está moviendo. Estamos en misión. Soy reiterativo, hermano, en decir que la iglesia es más que un culto, que la misión es más que una actividad producida. Y para despertarte el gozo de servir, tú tienes que ver la iglesia aun antes de que estés sirviendo. Ellos recuerdan que Cristo les capacitó, que Cristo les instruyó y que Cristo les envió. Y cuando fueron e hicieron lo que Cristo les mandó, dice que ellos volvieron con gozo. Hay un gozo mucho más grande que ver la iglesia reunida, y es ver la iglesia cuando está en su misión.

Te animo, hermano, para cultivar el gozo, a que desarrolles el paladar hacia las cosas correctas. Yo sé, una cosa es el culto, pero si tú tienes el paladar, tú entiendes que aquí hay más que un culto. Me pueden entender en el juego de palabras. Yo sé que una cosa es el horario, la iglesia es un horario. Pero si tú tienes el paladar correcto, tú vas a ver más que horario. Tú entenderás lo que es una iglesia reunida. Y cuando tú entiendas lo que es una iglesia reunida, tú vas a ver el poder del evangelio. Nosotros no estamos aquí por nuestros propios medios. Hay personas que nacieron de nuevo y en este momento componen el gran cuadro de la iglesia del Señor. Ahí obró el Señor virtud.

Vuelvo al tema, hermano: yo tengo un deleite en tomarle foto a una iglesia reunida, porque yo entiendo el milagro que ahí está sucediendo. Personas que de otro modo no estarían juntas, están juntas. Y si tú cultivas el paladar para eso, tú vas a tener otro gozo en congregarte. Que es un gozo que llega antes de que comiencen las canciones. Que es un gozo que llega aun antes de que comience la predicación. Pararte ahí en la entrada de la iglesia y ver a tus hermanos subir la escalera, saludarse con cariño, este ánimo de vernos juntos, hermano. Quien tiene el paladar correcto lo disfruta. Hay que hacerle el paladar a la vida de iglesia. Y cuando tú le encuentres el paladar a eso, tú vas a regresar a tu casa con gozo. Hay una comida verdadera, hermano, que quien tiene el paladar goza de esa comida.

Esto es más que música, es más que un discurso, es más que ver gente. Ver gente estimula mucho. Pero ver gente que ha sido comprada a precio de sangre e integrada en algo mucho más grande que sus propias vidas, que se llama la iglesia de Cristo, que está corriendo desde su venida y les recibirá al final de los tiempos, iglesia gloriosa comprada a precio de sangre. Quien entiende lo que sucedió, come dos veces. Llega un momento en que para ti es más que música: es ver la obra del Señor, gustar de la obra del Señor. Es ver a un creyente sirviendo.

Yo le pido al Señor que nos dé como iglesia la madurez de ver a los niños servir sin hacer de esto un espectáculo. Pero hoy yo vi a dos de los más jóvenes entre nosotros que tomaron el momento para servir a Cristo con algo. Y yo no puedo evitar ver una generación anunciándole a otra generación, y ver varias generaciones reunidas sirviendo a Cristo. Eso es un milagro. Quien gusta de lo que está pasando se entusiasma, y siente que está comiendo verdadera comida.

Esto es más que lo que hace el mundo, de que vamos ahora a darle el protagonismo a los niños y que los niños participen. Es más que eso. Es ver niños que realmente conocen a Cristo y que le oran al Señor como si realmente le conocieran. Cualquier persona se para aquí y dice algunas palabras bonitas, pero cuando una persona ora a su Dios y le ora como a un Dios que realmente le conoce… ay, hermano, si tú realmente entiendes lo que está pasando, tú entiendes el milagro que es ver una iglesia, y tú te gozas en las cosas de las que hay que gozarse. Para eso hace falta paladar.

Ver ahí una pequeñita que todavía no tiene mucha conciencia, con su brazo levantado. Ay, hermano, si tú entiendes lo que está pasando, tú entiendes que esto no es un asunto meramente emotivo, con la sensiblería con que lo ve cualquier otra persona. Pero si tú entiendes que en el cielo hay un Dios, y que ese cerebro ya está entendiendo que en el cielo hay un Dios que está mirando un brazo levantado, entonces tú te gozas como estaba yo gozándome. Y vas a querer repetirlo.

Para regresar con gozo, hay que haber participado en lo que te estoy diciendo y tener el paladar correcto. El que no nació de nuevo viene aquí y está buscando excelencia musical.

Aquí no hay excelencia musical, y puede haberla, pero no es lo primero. Ahí afuera hay muchos piano bar donde hay mejor música, ahí afuera hay muchos conciertos donde hay muchas cosas. Ahora, aquí está Cristo, hermano, recibiendo a un pueblo que humildemente le vino a traer adoración. Y aquí hay un pueblo obedeciendo humildemente, según sus fuerzas, al mandato de la Gran Comisión. Y si tú entiendes eso que estamos haciendo, tú vas a regresar con gozo. Tú no te vas a preguntar si hoy hicimos un buen culto o un mal culto, sino que tú vas a decir: obedecimos al Señor, nos gozamos con el Señor. Para gozarse de la misión hay que haber participado en ella.

Pregunta por las cosas por las que de verdad vale la pena preguntar. Tú te reúnes con creyentes, y en vez de preguntarle a qué tú te dedicas, y de qué iglesia tú eres, y cuántos miembros tiene tu iglesia… esas son cosas secundarias. La pregunta que de verdad importa es: ¿cómo tú conociste a Cristo? Esa respuesta a mí me edifica. ¿Pueden entender la diferencia? O sea, preguntarle a una persona: ah, mira, ¿y tú a qué te dedicas? ¿Y cuál es tu oficio? ¿Y cuántos hijos tú tienes? Esas son preguntas secundarias. Ahora, a un creyente usted le pregunta: ¿y cómo tú conociste a Cristo? Y en esa pregunta usted va a comer. Él te dirá: mira, el Señor me visitó en tal momento, el Señor usó tal instrumento, así yo he llegado a conocer a Cristo.

Hermano, esas son respuestas que edifican. Aprenda a preguntar las cosas correctas, para que su alma sea edificada y pueda tener gozo. ¿Cómo tú encuentras gozo en la obra del Señor? Escucha lo que Dios está haciendo en la vida de la gente. Ah, mira, esta persona no se acaba de convertir, es un creyente de cuarenta años en el evangelio; pregúntale: ¿qué has conocido recientemente sobre el Señor? ¿Qué te impresionó más? Para tener gozo, tú tienes que tener deleite en las cosas correctas. Y la cosa correcta es que el evangelio está siendo predicado y que personas están siendo añadidas al pueblo del Señor. Dondequiera que haya un creyente verdadero, tu corazón debería moverse.

Segunda alegría: el gozo de nuestra propia salvación

He estado mostrando primero la alegría por el avance de la obra. Ahora, hay una alegría que yo he conocido que es aún más profunda que esa. ¿Qué dijo el Señor?

Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.

— Lucas 10:17-19

Todo esto suena muy bien, pero él está preparando sus mentes para que reciban lo siguiente. Ahí viene un pero: pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan. Hay un regocijo aún más grande que el gozo que ustedes vieron de que los espíritus se les sujetan.

Regocijaos de que vuestros nombres están inscritos en los cielos. Hay un gozo aún más profundo que el gozo que encontramos al servir a Cristo: es el gozo de saber que nosotros mismos hemos sido comprados a precio de sangre. Es el gozo de nuestra salvación. Y ese gozo va por delante.

Hermano, yo tengo un deleite en la obra del Señor, yo creo que ustedes lo saben. No es en PezMundial que yo tengo un deleite: yo tengo un deleite en mi Señor y en lo que el Señor está haciendo. Y ese deleite que tengo en el Señor hace que mi corazón se expanda dondequiera que la iglesia de Cristo está sucediendo. Hay gente que me dice: tú como que conoces todas las iglesias, como que tú sabes todas las denominaciones. No las conozco todas, hermano, pero dondequiera que haya, yo voy a hacer la debida diligencia. Porque eso vale la pena. Ahí está la mano de mi Dios que ha salvado. Ahí está el corazón de mi Señor. Ahí está mi gente.

Recuerdo moviéndome por el pueblo: si yo veo un pequeño lugar donde dice «iglesia», yo le digo a mi esposa: mi amor, ahí está mi gente, ahí están. Y si la iglesia está abierta, fácil me paro y entro, y saludo: Dios le bendiga. Ay, hermano, si le pongo un ratico, le pregunto: ¿y cómo es que el Señor a ustedes los reunió? ¿Cómo fue que fueron comprados? Y tú dices: es que eso sucede. Hay un gozo, hermano, en eso.

Sin embargo, hay un gozo más poderoso que ese, más profundo que ese. Me parece egocéntrico y egoísta, hermano, pero el gozo mayor es saber que nosotros mismos hemos sido comprados a precio de sangre. Qué triste sería si nosotros somos una iglesia que está en misión y no nos gozamos de nuestra propia salvación. Qué triste sería si nosotros nos pasamos la vida predicando el evangelio a todo el mundo y nosotros mismos no vivimos a la luz de que tenemos el evangelio.

Médico, cúrate a ti mismo. Tú me dices que el evangelio da gozo, pero no se te ve el gozo. Tú me dices que el evangelio da una satisfacción permanente y profunda, pero tú no te ves satisfecho. Caramba, y esa inquietud, ese desasosiego. Ay, hermano, hay un gozo más profundo que el gozo de hacer la obra del Señor, y es el gozo de saber nosotros que Dios en nosotros ha hecho su obra. Mi salvación es mucho más importante que mi ministerio.

Es más importante quién yo soy en Cristo que lo que yo hago para Cristo. Yo podría en mi vida no hacer nada para Cristo, pero ya Él hizo en mi vida algo que ha dado una satisfacción que es muy profunda. Yo soy suyo, hermano, y Él es mío. Y un creyente se siente como hijo del dueño de la casa, que tú dices: antes yo era un siervo, yo hacía diferentes cosas, pero al final todo es nuestro, porque todo es de Cristo. Y eso no se compara con nada. No pierda el gozo de que usted fue comprado a precio de sangre, para que pueda hacer la misión.

Hay una institución que sirve en el país. Ellos hacen asistencia social, construyen casas, hicieron un gran trabajo aquí reclutando jóvenes. Ellos construían edificaciones y hablaban en lugares de las personas que no tenían casa, y construían. Yo puse en mis notas no mencionar el nombre de la institución. Pero a mí me impresionaba cómo estas personas lograron reclutar una gran cantidad de muchachos respecto de su causa. Y a uno de ellos yo le dije: dame play, explícame la misión de ustedes. Wow, hermano, y me explicó con estos niveles de convicción el valor que tiene para una familia tener un techo propio. Me persuadió. Él me decía: si una persona tiene techo propio, cuida la comunidad; si una persona tiene techo propio, es más probable que sus hijos estén seguros.

Si una persona deja de alquilar y llega a tener un techo propio, come mejor, su salud mejora, todo… me dio play, me persuadió. Pero después yo le pregunté: fulano, pero tu familia no tiene un techo propio, y la familia mía tampoco. Vamos a dejar de recaudar para construir casas a otros, y vamos a recaudar primero para construir la nuestra. Hermano, si tú quieres salir en misión a predicar a Cristo, asegúrate de tú tener a Cristo. Si realmente tú quieres salir en misión, asegúrate de que tú eres parte de la misión. Si tú le vas a decir a la gente que en el evangelio hay gozo, asegúrate de que en tu vida hay gozo.

Ay, que Cristo restaura, y tu vida como que todavía sigue fragmentada. Ah, que en Cristo hay esperanza, y como que tú sigues en el mismo desasosiego. Que en Cristo hay vida eterna, y sigues aferrado a las temporalidades. Gócense, sí, es verdad, de que los demonios se sujetan; pero gócense aún más de que sus nombres están inscritos en los cielos. Eso es lo que el Señor está diciendo.

Para que una iglesia se ponga en misión, nosotros necesitamos ser parte de la misión. El evangelio no se le permitió predicar a los ángeles. ¿Saben por qué? Porque para los ángeles caídos no hay esperanza; para los hombres, sí. Y son hombres pecadores perdonados los que le dicen a otros hombres pecadores que en Cristo hay misericordia y hay esperanza. Y Él ha elegido que hombres redimidos inviten a los demás a ser parte de la historia de la redención.

Quien no tiene el gozo de su salvación intentará buscar ese gozo en los lugares incorrectos, entre ellos en el servicio a Cristo. Yo me doy cuenta de si tengo gozo en mi salvación, porque yo podría venir a la iglesia y no predicar. Yo predico frecuentemente, hermano, pero si yo no tuviera un micrófono en las manos, si yo no tuviera un púlpito, ¿tengo yo gozo de ser parte de esta historia? Cuando tú no tengas que hacer algo en la iglesia, de todos modos tú quieres venir. Ahí entiendes el entusiasmo. Y yo me respondo a eso frecuentemente, hermano; yo digo: sí. Colar café para mis hermanos, y yo estoy pago.

Bromeaba hoy con alguno de ellos, hermano: me voy a tener que cesar en el ministerio de la palabra y asumir el ministerio de las mesas, porque hemos tenido un avivamiento con el cafecito. Y la gente espera el café, pero ellos no esperan el café con tanto gusto como esperan la palabra. Ver a mis hermanos beber café, para mí es verdadera comida, porque esa no es solamente gente que está bebiendo café: esa es la gente singular en esta ciudad, los que han sido comprados a precio de sangre. Es como si usted me pasara por ahí jugadores de Grandes Ligas; usted me pasa por ahí personas que han sido firmadas, gente que llama la atención. Eso al mundo no le llama la atención. A mí me llaman la atención ustedes. Es la alegría de nuestra salvación. Esa gente fue comprada.

Afanado y turbado estás en muchas cosas

El activismo ministerial no da tanto gozo como la salvación que el Espíritu Santo nos recuerda, dando testimonio a nuestro espíritu de que nosotros somos suyos. Tú puedes encontrar un gozo en ponerle la mano al arado, pero ten cuidado, porque ese gozo puede desbordarte.

Por esos años, 2003, 2004, 2005, yo escribía mucho en internet; yo estoy escribiendo desde el 99. Y un pastor, que perdí el contacto, ya no recuerdo ni siquiera su nombre, sí recuerdo en qué parte de la ciudad vivía, él me escribió. Mi nick era Morenito7. Mucha gente me decía Morenito. Saludo a todos los que tuvieron Hotmail, hermano; recuerden sus chequeos regulares y todas las cosas. Pero ese era mi correo: morenito7 arroba hotmail. Entonces él me decía Morenito. Ese pastor hablaba conmigo en el 2003, y yo tenía planes para el Señor que ustedes no se imaginan: iba a publicar una revista, iba a sembrar una iglesia, iba a ir a la ventana 10/40, mil cosas más.

Él me llamó por teléfono —era por teléfono, no había WhatsApp—. Me dijo: Morenito, dame tu número. Y yo le mandé el número. Y él me leyó la palabra, y me lo dijo como una conversación. Y me dijo: afanado y turbado estás en muchas cosas, pero solo una te es necesaria; toma la mejor parte, la cual no te puede ser quitada. Cuando me lo dijo, hermano, yo me molesté. Él no quiere que yo sirva a Cristo. Aquí nadie quiere hacer nada, y cuando uno quiere servir a Cristo, entonces vienen a tirarle agua al llamado. Y yo lo que quiero es servir al Señor, y vienen a decirme… y yo sé que yo soy salvo.

Ay, hermano, pero eso se me quedó ahí atravesado como una daga. Afanado y turbado estás en muchas cosas, pero solo una es necesaria; toma la mejor parte. Hermano, yo quisiera que todos ustedes se involucraran en el ministerio. Yo quisiera que todos ustedes vayan conmigo a la misión. Yo quisiera que llenáramos esta ciudad de la predicación del evangelio. Pero sobre todo, yo quisiera que usted entienda que ha sido comprado a precio de sangre, que no hay nada que usted pueda hacer por Cristo que añada más valor al valor que ya su vida tiene en Cristo. Eso es predicarse el evangelio a uno mismo. ¿Cómo aumento el gozo de mi salvación? Predícate el evangelio a ti mismo.

Y yo me digo frecuentemente: Rafael, no hay nada que puedas hacer para que Dios te ame más o te ame menos de lo que ya tú has sido amado por Dios en Cristo. Ay, qué gozo tengo yo, hermano, de ser un pastor de la iglesia del Señor. Con un ministerio, humanamente hablando, insignificante, pero con un gozo extraordinario. Si yo no pudiera hacer este trabajo mañana, ¿qué va a pasar con mi vida? ¿Yo estaría depresivo? ¿Yo no podría hacer otra cosa con mi vida? ¿Sabe, hermano, qué yo haría? Yo me predicaría el evangelio. No hay nada, Rafael, que tú puedas hacer de forma tal que Dios te ame más o te ame menos de lo que has sido amado en Cristo.

Ay, si yo no pudiera predicar la palabra, ¿qué yo haría? Yo no tendría nada que hacer en el pueblo. Ay, hermano, si yo no pudiera predicar la palabra, ¿sabe qué yo haría? Yo me predicaría, en mi mueble, el evangelio. Yo te lo puedo servir a ti, pero ya yo me lo estoy sirviendo. Mi salvación es un hecho completo, no una posibilidad.

Interesante el vocabulario del Señor. Escuchen lo que él dijo, estoy en el 20: no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. ¿Qué es lo que dice Jesús? Interesante que la gente lo frasea y le pone «estén escritos». No es «estén». Eso está escrito.

Aun antes de que ustedes fueran enviados, ya ustedes habían sido redimidos, ya ustedes habían sido comprados. Su vida no es valiosa porque están expulsando demonios. Su vida es valiosa porque su vida está en Cristo. El mayor regocijo es que su nombre está escrito en los cielos.

La mejor manera de uno entrar a la misión es cuando uno siente que uno está pago. No es que yo tenga una deuda de satisfacción, no es que yo ando buscando relevancia, no es que yo estoy buscando un sentido de utilidad, no es que yo estoy buscando un activismo. Cuando tú estás claro de tu propia salvación, tú puedes servir la mesa con más facilidad. Tú puedes predicar el evangelio con un poco más de confianza. Tu vida no es más o menos valiosa de acuerdo a cuánto tú trabajes más o menos para Cristo. Ya tú eres tan valioso como vas a llegar a ser.

Los resumo, hermano: para predicar el evangelio es necesario haber sido salvados y tener el gozo de tu salvación de forma tal que lo compartas. Hemos traído dos gozos: primero, el gozo de participar en la obra. Sentirse parte, hermano. Yo no soy el carpintero, yo no soy el albañil; yo soy parte de lo que Dios está haciendo. Y cuando tú te veas así, tú vas a poder hacer la misión con confianza. Primera alegría: la alegría de participar en la obra. Segunda alegría: la alegría de saber que tú eres la obra, que tú eres salvo y que tu salvación está segura. Qué triste es una persona que sirve a Cristo esperando que Cristo le dé algo más. No, hermano: lo que Dios iba a ver, lo vio en Cristo, y tú fuiste justificado gratuitamente.

Tercera alegría: la revelación del evangelio

La tercera alegría que quiero compartir con la iglesia es la alegría por la revelación del evangelio. Comencé diciendo que la cosa más extraordinaria que está sucediendo ahora mismo es la predicación del evangelio. Quiero mostrar ahora por qué esto es extraordinario, por qué es singular. De hecho, Cristo se regocijó por esto.

Dice el 21: en aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu. Wow, ¿qué produjo esto en él? Dice que en aquella misma hora. ¿Cuál fue la misma hora? La misma hora en que los discípulos estaban gozando. Yo me imagino que Cristo estaba como conteniendo el gozo al ver a sus enviados que regresaron. Estaba conteniendo el gozo para poder instruirles y decirles: no se emocionen demasiado, que la mayor emoción es que ustedes son salvos. Esa es la mayor emoción, ese es el mayor entusiasmo, y él está como conteniendo el gozo. Pero después viene él y dice que se regocijó junto con ellos y se unió a esa alegría.

Y dijo:

Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.

— Lucas 10:21

Estamos entrando ahora a la alegría de ver la revelación del evangelio. Miren, el evangelio era un misterio. Misterio en la Escritura no es algo oscuro, no es algo tenebroso; misterio es algo que tú no lo puedes ver concretamente. El Señor, en el jardín del Edén, a nuestros padres Adán y Eva les predicó el evangelio, y ellos no podían entenderlo. Él habló de una serpiente a la que se le haría herida en la cabeza, él habló de una herida en el calcañar; Cristo está hablando de él mismo, de cuando iba a tener su triunfo definitivo, pero ellos no podían entender esto completamente.

Todo en el Antiguo Testamento apuntaba a Jesús, pero ellos no podían ver con claridad, como lo vemos nosotros, que todo apuntaba a Cristo. Si usted lee el libro de Hebreos, le va a decir que desde el sacerdocio hasta el templo y la ley, todo apuntaba a Jesús. En Cristo todo eso fue revelado. En el evangelio todo eso se ve claro. Nosotros tenemos un privilegio: estamos en la mejor parte de la historia. La historia es como una montaña que va creciendo hacia Cristo. En Cristo alcanzó su consumación, y de Cristo entonces todo va como bajando. No va a suceder algo más relevante que la venida de Cristo. Esa es la noticia.

Ahora, cuando Cristo ve las consecuencias de su venida y que comienza la proclamación del evangelio, ya no solamente por él sino por sus discípulos, él se entusiasma, se emociona, se regocija. Y expresa su emoción diciendo al Padre: oh Padre, te alabo. Y después le dice: Señor del cielo y de la tierra. Él es Señor en el cielo, pero antes de la venida de Cristo parecía que las fuerzas de las tinieblas se enseñoreaban sobre la tierra. Ahora él dice: tú eres Señor en el cielo y también eres Señor en la tierra. ¿Y saben por qué es Señor en la tierra? Porque esos setenta predicaron el evangelio y sobre una multitud completa él comenzó a reinar. Ahí es que él dice: venga tu reino, y hágase tu voluntad en el cielo y también en la tierra. El evangelio es recibido en esta tierra. Dondequiera que el evangelio es recibido en esta tierra, eso es una extensión del reino de los cielos.

Aquí él está mirando el señorío del Padre sobre toda su creación. Esa imagen del regocijo del Señor y su oración debió ser memorable para Mateo. Yo me pregunto cómo se veía su rostro emocionado. Es como cuando a una persona se le sale una sonrisa y después como que te muestra todos los dientes. Y yo creo que no soy irreverente al decir que mi Maestro estaba emocionado. Esto hacia lo cual estaba caminando la historia, ya se ve.

Es como una obra de teatro. Tengo un amigo que está haciendo teatro y me lo encontré el día pasado; pues yo veo sus estados: la obra, la obra, la obra, ya vamos al Teatro Nacional, ya vamos a tener la premiere. Cosa emocionante para ellos. Han preparado una obra durante meses de ensayo, y ya van a estrenarla en el Teatro Nacional. Lo que Cristo está mirando en este momento es el estreno de una obra que se llama «El evangelio del Señor Jesucristo». Y está mirando en este momento a los primeros espectadores, y está mirando que esto está funcionando, y él dice: esto está sucediendo tal cual lo habíamos pensado desde la eternidad. El plan mejor guardado en el corazón de Dios en este momento funciona.

Estimula saber que Cristo se une a nuestro gozo por el avance de la obra. Me emociona saber que dondequiera que yo estoy predicando, él está mirando. Y que dondequiera que hay salvación, él se está gozando. Dice la Escritura que hay fiesta en los cielos por un pecador que se arrepiente. Ese es un regocijo permanente. Nos sentimos nosotros gozosos, y él también.

Aquí él hace una comparación que es admirable. Dice él que esto fue oculto a los sabios y entendidos, y fue revelado a los niños. Es impresionante. Él pudo haber elegido a Pitágoras, a Sócrates, a Platón, a cualquier epicúreo para predicar el evangelio, pero eligió a hombres comunes y corrientes. Y el evangelio es admirable porque los instrumentos que el Señor eligió para su tarea son instrumentos muy precarios. En instrumentos muy precarios hay algo que es muy poderoso, que es el evangelio del Señor Jesucristo. Ellos no lo hacían en su propio nombre; lo hacían en el nombre del Señor.

Porque así te agradó

Hay una intención en ocultar el evangelio a los ojos incorrectos, y la gente quiere que yo les responda este asunto de por qué el Señor lo hace así. Yo me gozo de la respuesta que el Señor dio. La respuesta por la cual esto funciona como funciona es que el Señor es el Señor en el cielo y en la tierra. Y después dice al final del 21: sí, Padre, porque así te agradó. Ahí no hay mucho que decir. Lo que él está diciendo es: no intenten buscar una explicación humana a la salvación de los hombres; la única explicación que hay para esto es que al Señor así le agradó.

Y esto a mí siempre me va a romper la cabeza, hermano. Cuando yo llegue a la presencia del Señor, quizás usted me lo pregunte y se lo pueda responder con un poco más de libertad: por qué el Señor oculta el mismo evangelio a uno y lo revela claramente a otros. Y a veces revela el evangelio a los ojos más inapropiados. ¿Por qué unos sí y por qué otros no? La respuesta que yo le voy a dar en este momento es Lucas capítulo 10, versículo 21: eso es así porque el Señor es el Señor en el cielo y en la tierra, y así a Él le agradó.

No hay explicación humana para el evangelio, porque nuestra salvación no es un derecho: es una gracia. Y por qué Él salva aquí y no salva allá, porque así a Él le agradó. Los seres humanos vamos a tener que convivir con esta idea de que la salvación es del Señor y no de nosotros. El evangelio se le predica a todo el mundo, pero las personas que ven a Cristo son aquellas a las cuales Cristo les es revelado. Dice el 22, por si usted no estaba conforme:

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

— Lucas 10:22

Esa es la predicación del evangelio. El evangelio se le predica a todo el mundo, pero hay personas a las que el Señor elige revelarse. Y tú dices: Señor, si tú nos marcaras claramente cuáles son, nosotros salimos y los buscamos. El evangelio no solamente se predica para salvación; el evangelio se le predica a todos los hombres, respondan o no respondan en obediencia. Es un asunto de fidelidad al Señor, no de resultado. Yo leí la historia de la iglesia donde yo crecí, en la que estuvimos predicando el evangelio durante años y vimos salvación. Pero en algún momento el Señor quiso revelarse a mucho pueblo, y fue un asunto impresionante. No depende de nosotros, hermano, depende de Él.

Bienaventurados los ojos que ven

Ahora, dondequiera que hay entendimiento del evangelio, hay una obra activa de Cristo, porque Él es quien revela el evangelio a los hombres. Después, en los versículos 23 y 24, que son los versículos finales que voy a exponer, el Señor anima a sus discípulos para que reconozcan su privilegio. Hermano, tú no vas a ir a la misión a menos que tú reconozcas que tú tienes un privilegio. Para ti va a ser muy difícil obedecer a Cristo a menos que tú entiendas las grandes cosas que ha hecho Cristo a favor tuyo; a menos que tú estés maravillado con el evangelio, tú no lo vas a hacer. Tú debes ser un entusiasta. El corazón debe moverse. Esto no es un asunto mecánico, no es de planes, no es de proyectos, no es de programas: es de pasión, con impulso.

¿Cuál es el impulso?

Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

— Lucas 10:23-24

Ay, hermano, tú estás en una iglesia hoy, tú entiendes qué es una iglesia, tú entiendes el milagro que está ocurriendo: tú eres un bienaventurado. Tus ojos están abiertos, tu paladar se ha extendido de forma tal que tú puedes gustar las cosas celestiales: tú eres un bienaventurado. Ay, mira, mi gente todavía no lo conoce, mis familiares todavía no entienden, mi compañero de trabajo tampoco. ¡Tú eres un privilegiado! Hermano, tú no vas a compartir tu fe con nadie más a menos que tú entiendas el gran privilegio que es esto.

Y cuando alguien te diga que recibió a Cristo como su Señor y Salvador, tú vas a tener que decir: ¡wow! ¡Aleluya! ¡Gloria al Señor! ¡Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque mis palabras no lo iban a hacer, y tú lo hiciste!

Hay razones por las cuales el avance del evangelio es un asunto impresionante. Dice él que los reyes y profetas quisieron verlo y no lo vieron. El rey, en una teocracia, era el representante de Dios ante el pueblo, y el profeta era el vocero. Y él te está diciendo: wow, los reyes, que eran mis representantes, y los profetas, que eran mis voceros, ellos quisieron ver esto que ustedes están mirando y no lo vieron. Tú eres un privilegiado, y cuando tú sientas tu privilegio, tú vas a poder hacer la misión.

Un creyente que no está maravillado ante la predicación del evangelio es como un fusil sin pólvora: tú tienes plomo, pero no explosiona. Para que yo quiera compartir mi fe con alguien más, yo tengo que estar maravillado de mi fe y de mi propia salvación. Dice él: porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Ay, Señor, la gente se está convirtiendo. Ajá, ¿de verdad se están convirtiendo? Y eso no se dice así: se dice con entusiasmo, con emoción, con expectativa de fe.

A mí me pasa a veces, hermano —recuerden que soy un pastor bivocacional— que voy a lugares donde encuentro a mis hermanos, y son reuniones de negocio. Fui el jueves pasado a una reunión en Acrópolis. Yo tenía casi años sin pasar por Acrópolis. Entré a la torre de negocios, iba a un coworking, en un salón de esos. Y yo estaba impresionado de que eso lo estaban manejando como si fuera un aeropuerto: tienes que registrarte, dejar el bulto por un lado, te escanean por todas partes. Y ahí, mientras estoy desarmándome para que me escaneen, me encontré con una hermana de Lucerna. Y me dice: Junior. Hacía mucho —así me dicen allá—, hacía mucho que yo no la veía. Y yo la dejé siendo una joven, y ya es una señora. Y mis ojos están como buscando rápido, mientras me escanean aquí y me hacen pasar por una máquina, yo escaneando así en la mente. Y yo digo: yo sé que la conozco. Y le pregunto: ¿y quién tú eres? Y me dijo quién era. Y yo: ¡que Dios te bendiga! Y estamos en una fila, hermano, y la gente como que se mueve.

Es impresionante. O sea, hay algo ahí espiritual: dondequiera que haya salvación, hay un asunto que es más grande que nosotros mismos. Yo no puedo evitarlo. Yo estoy en lugares donde me encuentro con mis hermanos, puede ser un asunto comercial, puede ser un asunto de negocio: espérense, mi gente, que en mí hay un avivamiento, hay un sincero entusiasmo de que estoy hablando con alguien que es parte del pueblo del Señor. Ay, hermano, por favor, recuerda: no solamente es la persona, es lo que la persona significa, es lo que nosotros significamos para Cristo.

Dondequiera que usted vea un creyente, entusiásmese y diga: esto es maravilloso. Cuando usted traiga a un amigo a la iglesia, no lo traiga para que vea programas, para que vea canciones: tráigalo y pídale al Señor que él vea lo que usted ve. Ay, qué triste que uno invita a gente y no ve lo que uno ve, no está maravillada de lo que está sucediendo. Y ellos dicen: ¿y qué es lo que pasa? ¿Y por qué lo hacen? ¿Y qué es lo que ven? No puede ser percibido con los ojos humanos.

El evangelio es impresionante, hermano, por lo inesperado del asunto: nosotros fuimos salvados cuando no merecíamos salvación. El evangelio es impresionante por la poca atención que genera en el mundo algo tan importante. Así generó poca atención en el mundo la encarnación de Cristo. Cuando uno les lee a los hermanos ese evangelio, entienden que el mundo antiguo no se detuvo con la venida de Cristo. El mundo seguía en lo suyo: Roma seguía siendo Roma, Grecia seguía siendo Grecia, Persia seguía siendo Persia, y en el campo del Imperio Romano se había levantado el Salvador del mundo.

Para los poderosos del mundo antiguo, Cristo pasó desapercibido. Y para los poderosos del mundo actual, Cristo sigue pasando desapercibido. Pero quien entiende lo que está pasando entiende la maravilla de la predicación del evangelio. No porque el mundo pueda verlo, sino porque tú puedes verlo. Para tú predicar a Cristo, tú tienes que verlo.

El evangelio es impresionante por los instrumentos que están siendo empleados: corderos en medio de lobos, dice el versículo 3. A mí particularmente me impresiona el constante avance de la causa de Cristo. Yo tengo un interés en este asunto, como el que trabaja en una industria y ve los indicadores. Yo veo los indicadores de la predicación del evangelio, hermano, y esto está avanzando aceleradamente. Naciones donde antes Cristo no era proclamado, ya Cristo fue proclamado. Lugares donde antes no había testimonio, ya hay testimonio.

Hermano, yo recuerdo, escasos veinte años atrás, que el mundo evangélico éramos un puñadito de gente, y tú como que conocías a todo el mundo; tú le preguntabas a una persona hace veinte años de qué iglesia eras, y sí, tú la conocías, y al pastor también. Al día de hoy esto se ha llenado de gente, a un punto tal que a veces está difícil conocerlos. Por dondequiera tú encuentras un «Dios le bendiga», por dondequiera tú encuentras un recién convertido. Hermano, es que Cristo está salvando a borbotones. Estas son señales de los tiempos.

Fuerzas espirituales detrás del evangelio

El Señor aceleradamente está salvando. Mantenga los ojos abiertos. Esto es maravilla porque nunca se ha detenido. No ha habido momentos donde pareciera que el evangelio desapareció. El evangelio es una fuerza incontenible. Esto va avanzando, avanzando, avanzando, y año tras año hay salvación. Alguien dirá: no, pero yo como que no lo veo. Abra sus ojos, que el evangelio es más grande que PezMundial. Abra sus ojos, que el evangelio es más grande que tu iglesia local.

El evangelio es admirable por la realidad espiritual que hay detrás de esto. Dice el versículo 17: aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y dice Cristo: yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo, y he aquí os doy potestad. Detrás de lo que nuestros ojos ven como indiferencia, apatía y falta de interés, hay fuerzas espirituales que están trabajando. Por eso el evangelio no se predica solamente con palabras: se predica en medio de oración, en dependencia del Señor y en el nombre suyo, porque ese es el nombre que es sobre todo nombre.

Por dondequiera que iba Cristo, las fuerzas del mal se detenían, retrocedían. Hermano, entiende que la predicación del evangelio no es como predicar filosofías, no es como predicar cosas: esto es una fuerza espiritual. Y en la persona que usted menos piensa, ahí hay fuerzas espirituales que están deteniendo el avance del evangelio.

Yo mismo me pregunto: por dondequiera que Cristo pasaba había endemoniados, gente que hablaba, que se le oponía, y uno como que no lo ve en estos días. Hermano, nosotros no somos llamados a buscar demonios, somos llamados a predicar el evangelio. Y lo que Cristo tenga que hacer para que en esa mente el evangelio se asiente, eso no depende de usted. Pero solamente Cristo sabe las fuerzas espirituales que fueron detenidas para que nosotros hoy, como iglesia, estemos reunidos. Quizás tú ni siquiera eres consciente del poder que obró en ti para que tú pudieras decirle: sí, Señor. Pero aquí dice que por dondequiera que ellos iban caminando había oposición, y ellos dicen: aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. El evangelio es maravilloso porque parece un asunto muy sencillo, pero detrás de esto hay fuerzas espirituales que se habían opuesto a que el evangelio sea recibido en esa mente.

Oro al Señor para que detrás de lo que nosotros vemos como indiferencia, apatía, gente a la que yo invito y dice que no, aunque nosotros no podamos verlas, se detenga la operación espiritual que impide que realmente las personas puedan ver a Cristo en toda su gloria, en todo su esplendor.

Hermano, participa en la misión. Involúcrate. Gózate. Este es el evangelio. ¿Cuál es el evangelio? El evangelio es la noticia impresionante de que Dios está salvando a hombres de la condenación eterna, y que los instrumentos que está utilizando son simples hombres como nosotros. Hombres comunes y corrientes están anunciando verdades que son muy gloriosas. Oro a Cristo para que el evangelio siga siendo proclamado, y para que nos gocemos en participar de la obra, en ser la obra, y al mismo tiempo en la maravilla de que el evangelio está siendo proclamado.

Oración final

Oro por la iglesia. Padre, gracias por tu misericordia mostrada. Gracias por cada persona que tú has salvado. Gracias por todo aquel, Señor, cuyo nombre está inscrito en los cielos. Padre, nosotros no conocemos los detalles de nuestra propia salvación; los conoceremos un día. Lo que tuvo que ser detenido para que nosotros dijéramos: sí, Señor.

Y te pedimos, Señor, que cualquier opresión que esté deteniendo el avance del evangelio sea suspendida. Padre, nosotros no lo vemos, pero sabemos que tu poder está obrando. Ay, Señor, te pedimos que cuando nuestros familiares escuchen, la opresión retroceda. Te pedimos, Señor, por personas que quizás ven el interés y no se sienten con las fuerzas. Muéstrate, Señor, en tu gloria, Señor del cielo y de la tierra. Muéstrate en toda tu potencia y en todo tu esplendor.

Mantén tus ojos cerrados, hermano; oro por ti. Padre, alcanza a mis hermanos con el poder del evangelio. Maravilla a esta congregación, Señor, con la singularidad de lo que aquí está ocurriendo.

Abre nuestro paladar espiritual para gozarnos en las cosas correctas. Permítenos gustar de lo que tú gustas, de forma tal que hagamos lo que tú haces. Que se vuelva a poner la mano en el arado con entusiasmo, con gozo y con expectativa de fe. Señor, mira a los más jóvenes, permite que se involucren y se gocen.

Si hay alguna persona que hoy tiene que tomar una decisión por el Señor, oro al Señor, oro por ti. Yo no puedo hacerlo; yo puedo orar para que el Señor te inquiete, puedo orar para que el Señor abra tus ojos, pero tú tienes que responder a la invitación. Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre, dice el Señor, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

Quizás el Hijo te está revelando al Padre en este momento. Quizás estás viendo lo que no veías, quizás estás sintiendo lo que no sentías. Si tienes que responder al evangelio, dilo ahí en oración, como lo hice yo en algún momento. El evangelio es para todas las generaciones. Dile ahí al Señor en oración: Señor, yo he escuchado al pastor predicar el evangelio, yo quiero responder a esto en obediencia y fe. Yo quiero ser parte de esta historia, yo quiero el gozo de involucrarme en tu obra. Pero sobre todo, yo quiero el gozo de mi salvación.

Padre, dale aquí a alguien el gozo de ver el evangelio que está siendo proclamado y de ver la obra que está avanzando. Ay, Señor, si hay alguien que está orando, dale testimonio en su corazón de que es tuyo. Salva a uno más, Señor; añade a uno más; escribe a uno más en el libro de la vida. Permite, Señor, que su nombre ahí esté escrito. Dándole el gozo de ver, Señor, que no se detuvo con nosotros, sino que el evangelio sigue avanzando. Para la gloria tuya en Cristo Jesús. Amén.

Que el Señor les bendiga, hermanos.

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