El año pasado completo yo estuve exponiendo las Escrituras desde el Antiguo Testamento. Por un asunto de tiempo no fue posible cubrir todo el Antiguo Testamento completo, pero por lo menos destacamos las partes más significativas. Este año no tengo la intención de predicar todos los testamentos, pero sí tengo la intención de predicar uno de los evangelios, y el Evangelio que he seleccionado para exponer es el Evangelio de Mateo, el primero de los cuatro evangelios que está en el Nuevo Testamento.
El centro de la Escritura es Cristo. Lo anterior se llama Antiguo Testamento y, a partir de Cristo, los libros que se escribieron después se llaman Nuevo Testamento. La primera parte del Nuevo Testamento se compone por los evangelios: el Evangelio de Mateo, el Evangelio de Marcos, el Evangelio de Lucas y el Evangelio de Juan. Son cuatro evangelios, y los cuatro narran la misma historia y de algún modo hasta con la misma estructura: narran la historia del nacimiento de Cristo, de su ministerio público, narran también la muerte de Cristo y también narran su resurrección.
Los cuatro evangelios tienen esas cuatro partes: todos nos hablan del nacimiento de Jesucristo, nos hablan de su ministerio público, de su muerte y todos terminan en su resurrección. Claro está, cada evangelista lo narra en su propio lenguaje, con sus propias particularidades, como cuando nosotros todos vimos la misma historia y, cuando le contamos la historia a alguien más, la contamos con nuestra misma personalidad. El Señor permitió que cada evangelista, cuando escribiera su evangelio, lo escribiera con su propia personalidad.
El Evangelio de Mateo, por ejemplo: Mateo era un judío que escribió para un entorno judío, y eso se siente cuando uno lee su evangelio. Del mismo modo pasa con Lucas; Lucas parece que pensaba en un pueblo más universal, un pueblo gentil, y en sus referencias se nota eso. Juan fue el último de los evangelistas, y cuando él escribe también en su evangelio se nota el contexto en que lo escribió.
Hay tres de estos evangelios que se parecen más en su idioma, se llaman el Evangelio de Mateo, el Evangelio de Marcos y el Evangelio de Lucas. A estos tres evangelios se les llama evangelios sinópticos. Algo sinóptico es como “ver junto”, y es porque la estructura de ellos y también las referencias se parecen mucho. El Evangelio de Juan tiene las mismas cuatro estructuras, pero tiene una necesidad particular, por eso hace que sea un poquito diferente.
En los talleres de membresía últimamente siempre incluyo el Evangelio de Juan, por eso ahora he seleccionado el Evangelio de Mateo por dos razones principales: primero, porque no lo había cubierto antes; y segundo, porque el Evangelio de Mateo hace como la concatenación entre el Antiguo Testamento, que era lo que estábamos mirando el año pasado, y el Nuevo Testamento. Es como una transición entre un testamento y el otro. Hoy he seleccionado el capítulo 1 y el capítulo 2 de Mateo y, dentro de estos capítulos, específicamente el personaje de José.
También en este mes estamos comenzando los estudios bíblicos los miércoles, y los miércoles estaremos viendo más detenidamente el libro de Mateo, parte por parte.
Propósito del Evangelio de Mateo y su audiencia
A modo de preámbulo les diré que los libros de la Escritura no existen como en el vacío. Cuando un escritor inspirado escribió un libro, lo escribía con un propósito, y hay veces que ese propósito no se anuncia en la primera oración. No dice: “Soy Mateo y escribo este evangelio con tal propósito”, pero ese propósito se infiere desde la estructura, y uno puede como tratar de entender qué propósito tenía cada uno de los evangelistas cuando estaba escribiendo su evangelio.
Por ejemplo, el Evangelio de Mateo fue escrito, al parecer, dirigido específicamente a una audiencia judía. Y se infiere que tenía un propósito de defender la fe; eso se llama un propósito apologético, de defensa del evangelio. Cuando Mateo escribe su evangelio no está escribiendo a un grupo de personas que no tenían idea de Jesús, como quizás era el caso de Lucas; Mateo está escribiendo a un grupo de personas para los cuales el Jesús de Nazaret no fue un hecho desconocido, sino que probablemente habían conocido a Jesús.
Y o lo rechazaron, rechazaron a Cristo intencionalmente, o lo ignoraron. O sea que Mateo parte del supuesto de que las personas para las cuales él está escribiendo ya tienen por lo menos una idea general acerca de quién es Jesucristo. Y cuando él escribe a estas personas, parece que escribe tratando de defender que Cristo definitivamente era el Mesías que ellos habían estado esperando.
En algunas partes de Mateo también se puede suponer que Mateo está respondiendo a rumores que habían sido esparcidos por las autoridades judías. Por ejemplo, los judíos habían estado diciendo que nadie sabía dónde iba a nacer el Mesías, y cuando Cristo estuvo predicando ellos decían: “No, porque nadie sabe de dónde va a nacer el Mesías”. Entonces Mateo les escribe tratando de confrontarles y evidenciando que definitivamente ellos sabían que el Mesías iba a nacer en la ciudad de Belén, pero que intencionalmente habían elegido decir que no, para negar la deidad de Cristo.
Parece que también habían estado esparciendo rumores, y así mismo ellos decían que Jesús no podía haber sido el Mesías porque Jesús era galileo, y que de Galilea, Galilea de los gentiles, no pudo haber salido el Mesías. Por eso escribe Mateo explicando que el hecho de que Cristo haya vivido en Egipto, en Galilea, o sea en la ciudad de Nazaret, era todo esto un cumplimiento profético, y que los mismos profetas así lo habían anunciado.
Pero hay todavía casos mucho más graves. Por ejemplo, los judíos en tiempos de Jesús habían esparcido el rumor de que el cuerpo de Cristo no había resucitado, sino que eran los discípulos de Cristo que se habían robado el cuerpo. Entonces Mateo escribe su evangelio y, en la parte final, les confronta diciéndoles: “Los discípulos no pudimos habernos robado el cuerpo, porque ustedes mismos le pidieron a las autoridades romanas que pusieran guardias en la entrada del sepulcro y que sellaran la tumba. Y fueron ustedes que lo pidieron”. Entonces Mateo trata de responderles a personas que ya conocían a Cristo, pero que no habían reconocido que verdaderamente Jesús era el Hijo de Dios.
Les sorprenderá que esto que les estoy mencionando son los mismos argumentos que dice la gente en la actualidad. Algunos dicen: “Es verdad que Jesús existió, pero Jesús no es el Cristo; lo que pasó fue que el cuerpo se lo robaron”. Otros dicen: “No es verdad que en Jesús se cumplen las profecías”. Y algunos incomprensivos todavía dicen lo mismo que decían los judíos: “Nosotros somos hijos de Abraham, pero tú eres hijo de fornicación”. Oigan el insulto que le estaban diciendo a nuestro Señor Jesucristo: le decían que Él era un hijo de fornicación.
Entonces Mateo escribió su evangelio, y de nuevo les digo: no lo escribe en el vacío, tratando de responderle a todo el mundo, sino que escribe para una audiencia judía y trata de demostrar que definitivamente Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios. Él refuta todas estas cosas.
Lectura de la genealogía y explicación inicial
Acompáñenme a Mateo; leeremos de manera un poco rápida el capítulo 1 y el capítulo 2. El capítulo 1 consta de la genealogía de nuestro Señor Jesucristo, también del anuncio de su nacimiento, y el capítulo 2 habla del nacimiento per se. Dice así la palabra del Señor:
Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram. Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón. Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa. Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías. Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías. Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel. Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor. Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud. Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, y Matán a Jacob. Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.
De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce.
— Mateo 1:1–17
Esta es una de las partes que la gente encuentra más tediosa de todas las Escrituras cada vez que se habla de genealogías. Son nombres raros, no son nombres que para acá sean comunes, y es como una letanía que se va repitiendo. No es una historia, no es una parte narrativa, y la parte de la genealogía, hermanos, como que la gente la soporta; todos los otros relatos la gente los espera, pero miren, las genealogías son interesantísimas.
Hay cantidad de datos que están entretejidos en esas genealogías y son muy importantes. Si no tuviéramos una genealogía, no supiéramos que verdaderamente Jesucristo es un descendiente directo del rey David y que es un descendiente de Abraham. La genealogía de Jesucristo conecta a Jesús de Nazaret con el rey David y lo conecta también con Abraham. Esta genealogía no está solamente para que la tengamos, está aquí para demostrar que Jesucristo era un descendiente de David, por lo cual tenía derecho a sentarse en el trono suyo, por aquella promesa de que un descendiente de David se sentaría en el trono.
Algo interesante de esta genealogía es que conecta a Jesús con David a través de José, pero Jesús no participó en el engendramiento de José, ni José participó en el engendramiento de Jesús. Es algo muy interesante: José aparece en la genealogía de Jesús, pero José no era el padre carnal de Jesucristo, sino que solamente era su padre legal.
Es muy interesante porque el Evangelio de Lucas entonces hace una genealogía sobre Cristo y conecta a Jesucristo con David y con Abraham, pero desde María. Esto es interesante porque Lucas lo hace desde María, pero Mateo lo hace desde José. Se está demostrando con esto que Jesús está emparentado con el rey David y es un descendiente suyo porque su papá José era descendiente de David y, ante los ojos de Dios, era el papá legal de Jesús; o sea que tenía el derecho al trono. Pero si alguien tiene dudas, también por el lado de María está emparentado con el rey David.
Particularidades de la genealogía y la soberanía de Dios
Algo interesante de esta genealogía también es que comienza y termina con una imposibilidad para la concepción. Comienza con Isaac, que era el hijo de la promesa, el cual no podía ser concebido de la manera natural en que fue concebido, y termina con Jesús, que también es un mejor Isaac, el Hijo de la promesa, y fue concebido de manera milagrosa. Algo interesante es que al final de la genealogía siempre se dice: “engendró, engendró, engendró, engendró”, pero cuando menciona a José no dice: “Y José engendró a Jesús”.
Se menciona varias veces “engendró, engendró, engendró”; después dice: “Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo”, o sea que la genealogía documenta que es verdad que legalmente Jesús es el hijo de José, pero no fue engendrado por José, sino que fue engendrado en María, y José era el esposo de María. Miren qué genealogía más particular.
Algo también interesante en esta genealogía es que, a diferencia de lo que se podría esperar, siempre se esperaba que la descendencia iba a venir por el primogénito del hombre. O sea, es tu primer hijo; a través del primer hijo se perpetúa siempre este linaje que terminaría en el Mesías. Pero en la descendencia que se nos presenta hay muchas excepciones. Por ejemplo, aparecen los hijos de Isaac: aparece Jacob y Esaú, pero no aparece Esaú, sino que aparece Jacob, que es el segundo. Y después aparecen los hijos de David, y no aparece el primogénito de David, sino que aparece Salomón.
Es muy interesante; Judá no era el primer hijo, y aparece también en la genealogía. Con esto se ve el propósito soberano de Dios: que la genealogía no cruzó como uno podría esperar, sino como el Señor determinó que la genealogía se desarrollara. Incluye personajes reconocidos como reyes de Israel: los mejores reyes de Israel están aquí, pero también los reyes más perversos de Israel están en la genealogía.
Hay personajes muy conocidos de las Escrituras, como por ejemplo Rut y Booz, pero al mismo tiempo hay personajes que no se sabe qué pasó con ellos, porque son personajes un poco anónimos. Hay de todo en la genealogía de Cristo. Hay casos también muy escandalosos que aparecen en la genealogía, y se mencionan los nombres. Por ejemplo, nos dice: “Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara”.
Pero muy interesante es que esos son uno de los casos más escandalosos del Antiguo Testamento: un hombre engendra a través de la esposa de uno de sus hijos. Y aparece en la genealogía de Cristo y nadie se pone la mano en la cabeza como “¡qué escándalo!”. Uno de los casos más oscuros del libro de Génesis aparece, y aparece en la genealogía de Cristo. Pero aparece también la ramera Rahab, una mujer de un pueblo extraño que era una ramera, una prostituta; aparece en la genealogía de Cristo.
Muy interesante que parece que Mateo quería que apareciera el nombre ahí, porque no se estilaba que nombres de mujeres aparecieran en genealogías, y Mateo intencionalmente incluye esos casos que podrían hacer que cualquiera se ponga la mano en la cabeza, y lo pone en la genealogía de Cristo.
Hay gente que dice: “Ah, mira, que en la genealogía de Jesús hay prostitutas”. Sí, él quiso que se pusieran ahí. Es muy interesante eso porque no aparece como algo vergonzoso, como “ay, no queremos que se diga”, sino que Mateo intencionalmente lo dijo. Para que ustedes vean lo intencional que fue; es como que salió a buscar esos casos e intencionalmente los documentó. Por ejemplo, cuando se nos menciona al rey David se nos dice:
Isaí engendró al rey David; y el rey David engendró a Salomón, de la que fue mujer de Urías.
— Mateo 1:6
¿Y para qué hay que decirlo así? A esa mujer no le correspondía a David; él le quitó la mujer a Urías, y engendró a través de ella. Hizo una conspiración para matar a Urías, y Mateo no sigue de largo: “de quien engendró a Salomón”, no, no. Dice: “engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías”. O sea, casos que son muy escandalosos aparecen intencionalmente en la Escritura.
Cada cierto tiempo entonces aparece alguien que no conoce que Dios lo determinó así, y sale: “Ah, que en la Escritura aparece tal cosa”. Sí, Dios determinó que eso se documentara así. Algo así, por ejemplo, en la genealogía, es que ninguno de los antepasados de Jesús logró llenar la expectativa de Dios. Uno sale a buscar entre los patriarcas, por ejemplo; Abraham fue el primero, Abraham mentiroso, una persona que tenía ciertas debilidades. Su hijo repitió su misma historia. Uno sale a buscar personaje por personaje y ninguno quedaría aprobado.
O sea que, de algún modo, el Señor está diciendo: “Hacia atrás de mí no hay nadie que sea aprobado delante del Señor, y el único que será aprobado es el Hijo que está naciendo en este momento”.
José como padre legal y la soberanía en la elección
¿Cómo termina la genealogía? Termina mostrando a José como marido de María. Aquí viene la curiosidad, y es que de ahí viene el nombre “Pepe”. Porque a los Josés se les dice “Pepe” en España, y algunos dicen que lo que significa “Pepe” es “padre putativo”, o padre legal, o el padre que es aceptado como que fue el papá suyo aunque no lo haya engendrado.
Ese José como padre putativo de Jesús hace que a muchos José entonces les llamen “Pepe”. ¿Qué quiero demostrar con esto, hermanos? Que en la genealogía de Jesús aparece José como el padre de Jesús, pero no aparece como quien lo engendró. Pero desde la perspectiva de Dios, el padre legal de Jesús era efectivamente José.
Algo que quiero destacar en esto es la soberanía de Dios que se ve en esta genealogía. Lo primero es que es una genealogía que va contra la lógica del hombre. Se esperaría que quienes aparezcan en la genealogía de Jesús sean personas que tuvieran méritos, lo más limpio, lo más renombrado, las mejores generaciones. Pero esto está lleno de gente que uno, humanamente hablando, no quisiera que estuviera.
Pero fue la genealogía, fue la línea que eligió para encarnarse. En esto Dios muestra su soberanía. No es de personas meritorias, no es de personas sobresalientes; de un grupo de gente anónima, de un grupo de delincuentes, nació el Salvador de todos nosotros. Contra los derechos de primogenitura —los judíos eran celosos del derecho de primogenitura, del derecho de cada quien— el Señor eligió trazar esa línea por la cual nació por lugares que a veces se desviaban. Uno diría: “La genealogía tenía que haber pasado por Esaú”, pero Dios salta a Esaú y lo hace a través de Jacob. “Tenía que haber pasado por el primogénito de David”, pero lo salta a él y sale por Salomón.
El Señor es soberano en las cosas que hace, a pesar de nuestros errores, a pesar de nuestros prejuicios, contra nuestra voluntad. Me llama la atención, hermanos, que en los relatos de la natividad de Jesús no aparece el Padre preguntándole a María y a José si acaso ellos querían ser la familia que el Señor eligiera para traer su Hijo al mundo. A María se le dio la información y se le notificó: “Tú has concebido, y se llamará su nombre Emanuel”. O sea, no le estamos diciendo: “María, ¿qué te parece?”.
Yo escuché esta discusión que tuvimos el año pasado, a finales, en el país, acerca del aborto. Escuché una senadora —creo que fue— o una diputada que se paró a decir: “Hasta a María, cuando María iba a concebir, se le preguntó”. Hermanos, a María no se le preguntó; a José no se le preguntó. A ella se le dio el anuncio de que el Señor les había elegido soberanamente para encarnarse.
En todo esto se anuncia la soberanía de Dios. Dice asimismo el libro de Romanos, en capítulo 9 y en el versículo 16, que esto no depende ni del que mucho corre ni del que mucho puede, sino del que el Señor tenga misericordia.
Para los judíos, todo eso era muy importante: “Nosotros somos hijos de tal linaje, somos hijos de tal promesa”. El Señor les dijo a ellos, dijo nuestro Señor Jesucristo, que Dios puede levantarle hijos a Abraham aún desde las piedras. Para eso está esta genealogía: primero, para emparentar a Cristo con el rey David y para demostrar que verdaderamente Dios es soberano y que podía encarnarse de la manera que Él lo determinara.
Les recuerdo que esta es una genealogía desde la perspectiva de José. Dice asimismo nuestra introducción que el padre de nuestro Señor Jesucristo es uno de los personajes bíblicos más subestimados. Poco se escucha hablar en Navidad sobre su participación en la encarnación y en otras épocas del año, como el Día del Padre, pocas veces se destaca su carácter justo, su firme resolución a obedecer y la forma en que Dios constantemente dirigía a su familia por medio de él.
Hoy veremos que, aunque no participó en su concepción, este fue el padre que Dios escogió para su Hijo, así consta la genealogía como su padre legal; que en la Anunciación se evidenció su justo carácter, y que en el nacimiento tuvo un papel destacado, siendo guiado por Dios en todas las decisiones para la protección de su familia. Consideremos ahora el personaje de José.
La Anunciación desde la perspectiva de José
En Navidad casi nadie habla de José. Es más, que José como que en la Biblia lo han destacado como un segundón, como una persona no muy presente. Siempre se destaca María al lado de Jesús, pero casi nunca se enseña al padre de Jesús. Eso es sorprendente porque en el Nuevo Testamento aparecen más veces Dios dándole anuncios a José que Dios hablando con María.
María, por ejemplo, recibió el ángel del Señor una vez, y José, por lo menos cuatro veces, recibió dirección del Señor. Mateo comienza introduciéndonos la genealogía a través de José, y el personaje destacado en la Anunciación, desde Mateo, también es José. Fíjense lo que dice el versículo 18 en adelante del capítulo 1:
El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.
Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.
— Mateo 1:18–25
El protagonista aquí es Cristo, como en toda la Escritura, pero el secundario muy importante aquí lo tiene José. Yo he venido a reivindicar a José. Antes de esto, déjenme explicarles cómo era este asunto, porque dice que ellos estaban casados ya, o sea, era su mujer, pero todavía no se habían juntado.
El matrimonio, el desposorio en Israel, a diferencia de cómo sucede en Occidente, es un poco distinto. Allá consistía en dos etapas: estaba una etapa legal, que era el momento en que las personas iban y hacían como un contrato; formalmente eran esposos, pero todavía era un matrimonio que no se había consumado físicamente.
Aunque para todos los fines ya eran esposo y esposa. Por eso en todo momento no se dice aquí: “Está bajo el seco su novia” o “de quien él estaba enamorado”; no, se habla de la esposa. Cuando el ángel le habla, le dice: “No temas recibir a María tu mujer”; el ángel asume que es su mujer, pero que él no la ha recibido.
En Israel el matrimonio tenía dos etapas, era un desposorio. La primera etapa era una etapa legal, donde se hacía un acuerdo donde se decía: “Tú y yo ya somos esposos”, y se le daba al hombre principalmente un tiempecito para que arreglara un lugar donde iba a mudar a su esposa.
En Occidente lo hacemos distinto: la gente se enamora y entre los dos salen a buscar una casa, ven y salen al apartamento, y después entonces anuncian una fecha, se casan y se mudan allá. No era así allá; la gente se casaba tiempo antes y, cuando el hombre lograba ubicar un lugar para mudar a su esposa, entonces hacía una fiesta. En esta fiesta se hacía un banquete y se hacía como una inauguración, y el padre entregaba a la novia. Desde el momento que se casaban ya era su esposa.
Pueden entender: para fines legales, si ese matrimonio no se consumaba, ya había que dar una carta de divorcio. En Israel se entendía que, si el matrimonio no se consumaba pero se hizo el contrato, y el marido moría, ya ella era una viuda. Oigan las implicaciones que esto tenía. O sea, que si el marido moría antes de consumar, era una viuda para los fines prácticos.
Aquí hace sentido aquella parábola que se nos menciona, la parábola de las diez vírgenes. Han leído eso. A mí, durante niño, eso me confundía mucho: “¿Y cómo es esto, que un hombre viene a casarse con diez vírgenes?”. No es así, sino que se estilaba que, en la fiesta de boda, quienes entregaban a la novia eran diez amigas suyas vírgenes, y había toda una fiesta donde iban por las calles desfilando. Primero el pacto legal y lo segundo era la consumación del matrimonio.
Lo que sucedía aquí es que José y María ya habían firmado un contrato matrimonial, y para los fines legales ya eran marido y mujer, pero todavía no se había consumado el matrimonio. Entonces se encuentra que María ha concebido, fruto del Espíritu Santo.
El dilema de José y su reacción justa
Bueno, yo quiero decir que el dilema de José era mayor que el dilema de María. Siempre lo han dicho: “Mira esta mujer, una mujer que todavía no había conocido varón, esta mujer que se encuentra embarazada”, y se habla del caso de María. Pero la verdad, hermanos, es que el caso de José, para mí, es el caso de un héroe de la Biblia.
Lo primero es que María no tenía ninguna duda de que realmente había sido un asunto sobrenatural. José podía tenerla, porque era ella que había concebido. Ella no tenía duda de que no había conocido varón, pero José tenía que creerle. Se puede entender: en la cabeza de María no hay duda de que fue el Espíritu Santo, pero José, naturalmente hablando, cualquier hombre duda.
Era un milagro raro, algo que nunca antes había sucedido. José iba a tener que amar a un hijo por convicción, porque no iba a estar en el vientre suyo. Jesús estuvo en el vientre de María, pero José no participó en su concepción. O sea, era por convicción que iba a tener que amar a ese muchacho: “El Señor me dijo que es hijo mío, legalmente. No temas recibirla por esposa, porque yo soy el Padre que el Señor ha elegido”. Pero era un asunto por convicción.
Humanamente hablando, José era la víctima. Fue a él que lo deshonraron, o sea, fue a él que le faltaron a su compromiso. Normalmente, en un hombre hay una expectativa de sus hijos. Por ejemplo, todo hombre anda esperando, cuando concibe, cuando el Señor permite engendrar, a ver en qué se le va a parecer su hijo: si en lo físico, en el carácter, si va a heredar su oficio. Es natural que los hombres estén esperando; a veces uno dice: “Deja ver si se me parece a mí”.
A mí me tocó que Julie se me parece en la sonrisa; no sé, en lo cariñosa y demás, pero vamos a ver si en el carácter se parece a mí. Pero uno siempre anda como apuntando: “Deja ver si sacó algo mío”. ¿Qué iba a sacar José, qué iba a sacar Jesús de José? Nada, hermanos. O sea, José no participó en esa concepción.
Algo que me llama la atención en todo esto, hermanos, es que José no reaccionó como humanamente se esperaría que reaccionara un hombre. Le digo otra cosa aquí antes de detallar ese asunto: me llama mucho la atención que, cuando Dios eligió encarnarse, Él se encarnó en una familia.
Digo esto con mucho amor, hermanos: miren, una realidad en nuestro tiempo, a consecuencia de que vivimos en un mundo caído, es la gran cantidad de padres que están criando solos. Pero cuando el Señor se quiso encarnar, Él se encarna en una familia, y le mandó un ángel a hablarle a José para que María no fuera madre soltera.
Con esto les digo, hermanos, que se tenga mucho respeto por toda persona que cría sola; eso está lleno de gracia, es muy digno que alguien críe solo. Pero la voluntad del Señor es la familia, y cuando quiso encarnarse, Él reivindicó la institución de la familia. O sea, Él le mandó a buscar un padre, aunque sea adoptivo, se lo mandó a buscar.
Con esto les digo el alto valor que tiene la familia para el Señor: que hasta cuando no era necesario para los fines de la concepción, cuando Él quiso encarnarse, se encarnó no en el contexto de una viuda, no solamente de una mujer virgen, sino que el Señor se encarnó en una familia.
Esta situación difícil evidencia el carácter de José, por eso nos dice que era un hombre justo. Dice que, a pesar de esto, él no quería infamar a su esposa. Oigan, pónganse en el caso de José, hermanos: ¿a usted le han traicionado? Usted se casó y anda arreglando una casa para mudarla, y se encuentra con que su esposa está embarazada, y usted tiene la plena seguridad de que usted no participó en eso; pero aun así dice que José no quería infamarla.
A mí me llama eso la atención. Carnalmente hablando, lo que se esperaría es que usted fuera el primero que diga: “Eso es una sinvergüencería”, que diga cosas fuertes, se lo diga a la familia, grite. Dice que José se quedó en silencio. Dice que estaba meditando al respecto de todo esto, pero en silencio. Y dice que en el interior de su corazón él no quería infamarla.
Hermanos, todo un ejemplo para cualquier hombre. Dice que ella era su esposa, era su esposa, y él, humanamente hablando, había sido traicionado, porque el ángel no vino y le habló de una vez. Humanamente hablando, él mandó un momento sin explicación. Pero dice que lo que había en el corazón de José no era difamar a María, no era perjudicarla, sino que dice que él no quería infamarla porque era un hombre justo.
Prudencia, silencio y obediencia de José
Algo me llama la atención también: dice que el ángel se le apareció cuando él estaba pensando en esto, o sea, estaba reflexionando sobre todo. Dice que José era un hombre justo. Llama la atención, y esto de algún modo debería ser para nosotros un ejemplo para los cónyuges.
Un gran problema en este tiempo es que las situaciones familiares se vuelven muy difíciles de resolver porque la gente, ante cualquier situación, ya en el muro de Facebook lo ha comentado a los amigos, se lo ha contado a las amigas, y ya cuando hay una oportunidad para ayudar a un matrimonio, ya eso se ha desbaratado a un punto tal que todo el mundo está participando del asunto.
Ante este escándalo en potencia, dice que José estaba callado esperando. Y vino un ángel del Señor y le habló, y él no tuvo que llamar a mamá: “Mami, mira lo que dice el ángel, que fue Él”; no. Él guardó su corazón.
Hermano y hermana que está aquí presente, que el Señor te ha permitido tener esposo y tener esposa: dice la Escritura que el amor cubre multitud de pecados. No significa esto que tú te haces de la vista gorda; lo que significa es que hay cosas que uno las guarda en el corazón, las reflexiona en oración y las medita antes de darles rienda suelta a las palabras.
¿Cuántos son los matrimonios que han sido perjudicados porque hubo una crisis familiar y, en vez de guardar silencio ante el Señor, enseguida salieron a llamar las amigas, a llamar la familia, a decir “lo que esta mujer me hizo” o “lo que este hombre me hizo”? Algo muy interesante es que José pasó ahí su tiempecito con esta incertidumbre en el corazón, y lo que había en el corazón de José era proteger a María y no perjudicarla, de forma tal que, cuando el ángel le dijo: “No temas recibirla, porque lo que hay en ella es concebido sobrenaturalmente”, José no tuvo duda y continuó con el matrimonio.
Una lección, hermanos, para este tiempo: la prudencia de este hombre. Yo sé, hermanos, que hay una gran tentación en el ser humano cuando ha sido ofendido, cuando ha sido afectado, de darle rienda suelta a las palabras, llamar personas, perjudicar, poner a la gente en contra y como ganar la opinión pública. ¿Han visto eso, que la gente tiene una situación con alguien y quiere como ganar la opinión pública, que fulano esté de acuerdo conmigo? Y mira cómo dice que José guardó absoluto silencio.
Y en medio de esto el Señor vio su incertidumbre, le mandó un ángel y le animó. Sobre todo, hermanos, llama la atención la resolución de José a obedecer al Señor. En él no hubo duda de que el Señor le habló, en él no hubo duda de que el Señor estaba guiándole. Dice: “Despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado”.
Y de nuevo, les diré, no dice aquí “como el ángel le sugirió”, sino “como el Señor le mandó”. En esto vemos, hermanos, que el Señor es soberano y a veces coloca a sus hijos en situaciones que son muy complicadas, pero si tú tienes la convicción de que el Señor ha hablado, actúa en obediencia porque el Señor ha hablado.
Dice aquí que el ángel le dice —el ángel hasta le dio el nombre que José le iba a poner al niño—: “Ponle por nombre Jesús”. Jesús significa “Dios salva”, y también le dice de qué iba Dios a salvar por medio de Jesús: “Él salvará a su pueblo de sus pecados”.
La verdadera misión de Jesús: salvar de los pecados
Hago en esto, hermanos, una explicación. Un gran problema en este tiempo es que la persona entiende que Cristo va a salvar de cosas mínimas. Por ejemplo, yo escucho a personas hablar del evangelismo y hablar de la salvación, y lo último que se menciona es el perdón de los pecados. “Venga a Cristo para que usted tenga una vida feliz; venga a Cristo para que se resuelvan los problemas en su familia; venga a Cristo para que tenga bendición; venga a Cristo para que sea prosperado; sí, el Señor también perdona tus pecados, tú sabes”.
Bueno, lo principal que vino a hacer Jesús no fue resolver nuestros problemas materiales. Lo principal que hace Jesús es que Él salvará a su pueblo de sus pecados. Ese nombre es un nombre muy significativo, y es un problema en este tiempo. Debemos rechazar como falaz cualquier propuesta de bienestar para el hombre, cualquier salvación que no comience por resolver el problema del pecado.
El problema mayúsculo que hay en el corazón del hombre no es que tú tienes una crisis familiar, no es que tú tienes una situación de salud, no es que tú tienes problemas económicos. No es: “A veces ven a Cristo a ver si consigues trabajo”. No, hermanos. El problema principal que tiene el ser humano es el problema de pecado.
No dice aquí que Él va a sanar a los hombres, que Él va a arreglar todas las familias. Dice que Él salvará a su pueblo de sus pecados. Hay un falso evangelismo que se hace en este tiempo. Se dice que Jesucristo soluciona problemas secundarios; es más, gran parte de esos problemas secundarios, nosotros nos moriremos con ellos.
La gente piensa que todo el mundo tiene que ser sanado; no es así. El mismo Pablo le escribe a Timoteo: “Mira, a causa de tu problema de salud, toma no solamente agua, sino también toma un poquito de vino”. Pablo, ¿y por qué tú no lo sanas? Porque la voluntad del Señor no es principalmente nuestra salud física; la voluntad del Señor es principalmente lidiar con nuestros problemas de pecado.
A José le dijeron: “El hijo tuyo, el hijo que traeremos desde tu familia, Él va a salvar a su pueblo de sus pecados”. Algo que me preocupa, hermanos, es que a veces se hace evangelismo como si fuera que el perdón de los pecados es la oferta secundaria. Yo comparo esa oferta con un supermercado donde tú compras una leche Jumbo y le amarran un tapita, como un cucharoncito. Es como tú compras leche Jumbo y tiene también este cucharoncito.
No, hermanos; la verdad es que lo otro es lo que es añadidura, el complemento. La leche Jumbo en este sentido es la salvación de tus pecados. El principal problema que ha venido el Señor a resolver no son otros problemas secundarios. Él salvará a su pueblo de sus pecados.
Tenemos que ser cuidadosos, hermanos; pocas veces a la gente se le anuncia el evangelismo como: “Mira, ven a Cristo y serás perdonado de tus pecados”. Se dice: “Ven a Cristo y serás feliz, ven a Cristo y tú vas a ver que serás sanado, ven a Cristo y serás prosperado, ven a Cristo y tus problemas se resolverán, ven a Cristo y todo será solucionado”. Hermanos, eso no es evangelismo. El evangelismo lo que dice es: “Ven a Cristo y el Señor te salvará de tus pecados”.
Y lo otro que hacemos con eso, dice la Escritura: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y las demás cosas os serán añadidas”. Hermanos, de nuevo: que el perdón de los pecados no sea como la oferta que está amarrada a la leche Jumbo; que el perdón de los pecados sea la verdadera oferta.
Falsos evangelismos: por ejemplo, hay un evangelismo que ignora el problema del pecado y le habla a la gente de bienestar. Yo escucho eso en las emisoras cristianas todos los días y en los canales de televisión: “Ven a Cristo para que tú tengas bienestar; ven a Cristo para que tengas placer”. Eso se llama hedonismo. Tú no necesariamente, cuando vengas a Cristo, las cosas van a ir mejor humanamente hablando; lo que va a ir mejor es tu relación con Dios, tu conciencia tranquila, la expectativa de vida eterna.
Muy probablemente nosotros muramos con muchos de los problemas que tenemos ahora mismo.
Falsas esperanzas y el problema radical del pecado
Reformas políticas: ¿cuántas son las personas que han puesto la esperanza en que el político de turno va a arreglar todo? Yo les pregunto: ¿él va a perdonar a la gente su pecado? No, no se los va a perdonar. ¿Y por qué contamos con que las cosas van a ser mejor? El principal problema del ser humano no son las injusticias políticas; el principal problema del ser humano es el problema de pecado.
Hay otro que tiene el falso evangelio basado en la ciencia: “No, mira, cada vez vamos a estar mejor porque la ciencia va a ir aumentando”. ¿Quién ha dicho? La ciencia aumenta progresivamente y el hombre cada vez está más muerto en sus delitos y pecados.
El desarrollo intelectual: ese fue mi problema, hermanos, dos años atrás. Yo encontraba medio pueblo evangélico detrás del 4 %, y les decía: “¿Ustedes creen que verdaderamente este país va a mejorar con el 4 %?”. “Sí, ahí está el 4 %”. ¿Y dónde estamos? No es que nada de esos temas esté mal; el avance de la ciencia está bueno, el avance de la educación está bueno. Hermanos, si usted puede comer mejor, coma mejor; si puede tener un “chip” mejor, tenga un “chip” mejor. Pero el principal problema que tiene el ser humano no son los problemas secundarios.
El problema radical en el ser humano es que necesitamos ser salvados de nuestros pecados, y a eso vino Jesús. El avance en la religiosidad tampoco es una gran cosa. Al día de hoy el pueblo dominicano evangélico es mayor que hace diez años. Hay más dominicanos ahora mismo en una iglesia a esta hora del día que en cualquier otro momento de nuestra historia. Casi todo el mundo tiene su iglesia: “Yo me congrego, tú sabes, que yo voy aquí”. Yo me pregunto: “Tú te estás congregando, pero ¿ya el Señor te salvó de tus pecados?”. “No, no, eso es después, pero ya me estoy congregando”.
No está mal que tú te congregues en una iglesia, pero congregarte en una iglesia sin resolver tu problema de pecado, sin ser salvado de tu pecado, la verdad es que eso no tiene mucha gracia. La oferta principal de Cristo es que Él salvará a su pueblo de sus pecados.
Debemos ser cuidadosos para no poner la salvación como la oferta adicional; esta es la oferta principal de Dios al hombre. Y la otra no es segura. Síganme en esto: no todos los cojos en Israel fueron sanados; no todos los ciegos recibieron la vista; no todos los leprosos fueron curados; no todas las viudas fueron sustentadas. Pero todo el que confesó su pecado, sus pecados fueron perdonados.
La oferta de Cristo, la oferta que es segura, es que Él salvará a su pueblo de sus pecados. Me llama la atención que todo esto se lo dijeron a José. O sea, José tiene aquí, hermanos, un personaje muy importante: él fue el que recibió la motivación; se le dijo el nombre.
Hay personas que dicen: “Pero hay una contradicción, porque dice que Él sería llamado Emanuel, pero que el nombre era Jesús. O sea, ¿Él se llama Jesús o se llama Emanuel? ¿Cómo es?”. Su nombre, como nombre propio, era Jesús, como tal. Pero a Jesús se le llamó con diferentes títulos. Por ejemplo, se le llamó Emanuel, que significa “Dios con nosotros”; pero también se le llamó “Dios fuerte”, “Padre eterno”, “Príncipe de paz”. Todos fueron diferentes títulos que recibió Jesucristo.
“Emanuel” como tal es una descripción de lo que Él era como persona. Se dice: “Tú eres Dios con nosotros; tú eres Dios mismo en medio de nosotros”. No hay tal contradicción.
Les recuerdo, hermanos, en el evangelio, lo principal, lo principal, no lo secundario: Él salvará a su pueblo de sus pecados.
El nacimiento y la visita de los sabios de Oriente
Me muevo un poco más. Me llama en esto también la atención el nacimiento de Cristo y su preservación, y cómo Dios habló a José. Después de esto dice:
Despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús.
— Mateo 1:24–25
Esto lo voy a leer un poco rápido; quiero solamente sacar algunas lecciones del capítulo 2:
Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.
— Mateo 2:1–6
Esto es significativo. ¿Por qué razón? En ese momento Herodes reunió al mismo grupo que terminó crucificando a Jesús. O sea, al momento del nacimiento, Herodes convocó al sanedrín, convocó a las autoridades judías, que fueron los mismos que terminaron conspirando con mentiras para crucificar a Cristo. Y Herodes los reunió, y cuando los reunió él les preguntó dónde había de nacer el Cristo, y ellos tenían muy claro que la profecía decía “en Belén”.
¿Y por qué después cuestionaban a Jesús diciéndole que no se sabía dónde iba a nacer el Mesías? Esto evidencia que ellos conocían las Escrituras. Me llama la atención que ellos pudieron guiar a otro, pero ellos mismos se perdieron.
Herodes llama a estas personas, y yo me imagino la escena: “Los estoy convocando porque vienen unos sabios de Oriente y me han dicho que ha nacido el Mesías. Quiero que me digan dónde nació”, y ellos le dicen la ciudad, pero se quedan ahí.
Por eso dice el apóstol Pablo que hay que ser cuidadosos, no vaya a ser que nosotros seamos heraldos para otros y nosotros mismos seamos reprobados. Las autoridades judías pudieron decir con precisión dónde había nacido Jesús, pero no fueron a verlo.
Así mismo hay cantidad de personas que son muy buenas explicando la profecía y explicando las Escrituras, pero ellos mismos no se mueven para hacer la voluntad del Señor. Hermanos, no hace falta solamente un conocimiento intelectual de las cosas que el Señor ha establecido; hace falta que nos movamos para hacer la voluntad del Señor.
Si realmente ellos entendían que iba a ser en Belén, lo mínimo que debieron haber hecho fue enviar un emisario a ver si es verdad que nació. Dice aquí que toda Jerusalén se turbó, pero la turbación no fue suficiente.
Han visto esas personas que escuchan la palabra del Señor y tiemblan, dicen: “¡Wow!, hoy sí me dio duro la palabra del Señor”, y se van para su casa, y vienen el otro domingo: “Vamos a ver a ver cómo me da hoy”, y dicen: “¡Uy!, hoy sí”. Hermanos, turbarse y conmoverse no tiene mucho mérito ante el Señor; el mérito está en hacer la voluntad suya.
Dice que toda Jerusalén se turbó con Herodes: estaban maquinando, “Ha nacido el Mesías”. Las razones por la turbación pueden ser varias, pero ahí hubo turbación. Les repito: turbarse, conmoverse sin arrepentirse no tiene mucha gracia.
Medios de gracia y dirección de Dios por medio de José
Me llama la atención también los tres modos que, a lo largo de la Escritura, se ve que el Señor utilizó para guiar a los sabios. Lucas no lo dice, pero les resumo: las profecías, un fenómeno natural —la estrella— y los sabios de Israel también les ayudaron.
Esto muestra, hermanos, los diferentes medios de gracia que el Señor siempre utiliza para que uno llegue a Cristo. Mira, la gente viene a Cristo de diferentes maneras: algunos vienen a Cristo porque vieron algo, otros porque sintieron algo, otros porque leyeron la Biblia, otros porque alguien los invitó, otros porque un amigo los trajo —y el amigo se quedó—. Hay diferentes razones por las cuales la gente viene a Cristo, pero todos son medios de gracia.
Yo no sé cuál fue el medio que el Señor utilizó para traerte a ti: quizás utilizó una estrella, quizás las profecías, quizás alguien te lo dijo. Pero todos son medios de gracia con los cuales el Señor nos atrae hacia sí mismo.
Y me llama la atención sobremanera que cada vez que el Señor quiso dirigirse a esa familia, Él llamó a José. Sigo leyendo:
Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá, y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.
— Mateo 2:7–11
Aquí hay algo curioso: siempre nos han dicho que fue en el pesebre. En la Navidad siempre nos enseñan a María y José en el pesebre, los animalitos y demás, pero nos dicen aquí que lo encontraron en una casa. Esto es muy interesante, y es porque Jesús nació, y ellos estaban transportándose hasta allá. Parece que la primera noche, cuando llegaron, Jesús nació donde pudo haber nacido, pero tendrían que ser muy desaprensivos para dejar a una mujer recién parida ahí con los animales. Parece que al día siguiente lo ubicaron en algún lugar, y cuando llegaron los sabios de Oriente ya Jesús estaba en una casa.
Algún curioso me pregunta: “Pastor, ¿y José dónde está? Porque dice que lo encontraron con la mamá”. Quizás estaba Dios comprando leche, pampers y toallitas; no sabemos. No dice en qué estaba; la Biblia no nos responde todas las menudencias. Hay cosas que no hacen falta.
Dice que, al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron, y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. De aquí algunos han deducido que los reyes magos eran tres. La Biblia no dice que fueran tres; pueden haber sido doce. Lo que nos dice aquí es que los presentes que le llevaron eran oro, incienso y mirra.
Siempre nos enseñan como cada rey mago con su regalito, entrando al pesebre. Pero lo que dice aquí es que entraron en una casa, no sabemos dónde, pero ya consiguieron dónde. Y dice que la totalidad entre ellos le trajo estos regalos. Pueden entenderme: quizá los sabios que vinieron de Oriente eran Melchor, Gaspar y Baltasar; quizá había cuatro más, no sabemos cuántos eran. Quizás era una comitiva muy grande; no se sabe.
Y sí sabemos que le trajeron tres tipos de regalo específicamente, que eran regalos muy a propósito, porque esta familia era una familia de muy escasos recursos. Cuando fueron a presentar a Jesús al templo, con la ofrenda que entregaron se vio que eran de los más pobres.
Pero les llevaron oro, les llevaron presentes; y muy probablemente con esto fue posible lo que sucedió después. Versículo 12:
Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
— Mateo 2:12
Aquí me llama la atención, de nuevo, el protagonismo de José:
Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José, y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.
— Mateo 2:13
¿Y por qué no a María? Me encanta ver que el Señor está hablando con José; el Señor entiende que él es la cabeza de esa familia, o sea que ante el Señor él es el representante de ellos. Esto debe hablar a los hombres: parece que el Señor desea dirigir nuestras familias a través de nosotros.
Interesante: el Señor no le dijo a María: “María, dile a José que…”. No. Dice: “Se le apareció en sueños a José”. Esta es la segunda vez. Y le dijo: “Levántate y toma al niño y a su madre”.
José guiado cuatro veces para proteger la familia
El Señor está hablando con José; el Señor entiende que él es el líder de esa casa: “Y huye a Egipto y permanece allá hasta que yo te diga, porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo”.
Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto; y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi hijo.
— Mateo 2:14–15
Aquí vemos al Señor dirigiendo. Yo no encuentro otro personaje bíblico que haya sido dirigido por el Señor de manera tan constante, de manera tan precisa, y sobre todo que obedeciera al Señor con tanta resolución. Samuel, por ejemplo, escuchó que el Señor le llamó dos veces, pero no hay evidencia de que Samuel tuviera dirección del Señor en cada momento de su vida.
Aquí vemos un ángel del Señor hablándole a José vez tras vez tras vez para proteger a su familia. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre y se fue a Egipto. Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: “De Egipto llamé a mi hijo”.
Aquí decían también los judíos: “Ese es egipcio; estuvo en Egipto”. Y la profecía dice que tenía que ser llamado de Egipto, pero que iba a nacer en Belén. El Señor determinó todo esto para cumplir al mismo tiempo todas las profecías.
Entonces Herodes, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Voz fue oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron.
— Mateo 2:16–18
Pero después de muerto Herodes, de nuevo:
He aquí, un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño.
— Mateo 2:19–20
Tercera vez. Esto tanto se repite que parece que había una comunicación entre José y el Señor directa, de forma tal que decisiones minuciosas de familia venían donde José. Van tres veces que José recibe un ángel del Señor.
Entonces él se levantó y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel. Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes, su padre, tuvo temor de ir allá. De nuevo:
Pero siendo avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea; y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado Nazareno.
— Mateo 2:22–23
Cuarta vez. Vemos al Señor interviniendo directamente para dirigir la familia a través de José.
Resumimos esto en dos cosas, hermanos. Lo primero: cada movimiento de nuestro Señor Jesucristo, de una ciudad a otra, cumplió una profecía. Esto lo utilizaron los judíos para desmeritar a Cristo, diciendo que no había nacido en Belén, diciendo que era un galileo, que era un gentil, diciendo que era de otra ciudad. Pero vemos que los profetas habían anunciado cada ciudad donde residió el Señor y que el Señor utilizó todos estos movimientos para cumplir la profecía.
José como modelo para los hombres de hoy
Pero al mismo tiempo me gustaría concluir esto animando a los hombres de nuestra iglesia. Aquí les hablo a los hombres de nuestra congregación, muchachos que están aquí que piensan eventualmente hacer familia. Lo que uno ve consistentemente en el relato de José es que, cuando el Señor quiso dirigir esa casa, no habló con María ni habló con un tío de María, sino que habló con la cabeza que el Señor había establecido en esa casa, y esa cabeza era José.
Vemos aquí un hombre que tiene que proteger a su familia, pero que depende del Señor para proteger a los suyos; que el Señor le provee lo que hace falta; que el Señor le indica dónde tiene que ir; y que, ante su tribulación, es el Señor quien le alienta. Me gustaría, hermanos, reivindicar a José como un buen ejemplo para los hombres en este tiempo.
¿Qué problema tenemos en la sociedad? En nuestros días encontramos una gran cantidad de hombres que han descuidado su rol familiar. Encontramos una gran cantidad de hombres que no dependen del Señor. Encontramos una gran cantidad de hombres que no tienen una buena relación con el Señor y, cuando el Señor quiere hablar a esa familia, a veces tiene que hablarle a la mujer.
Un buen ejemplo para nosotros en este tiempo es que veamos la figura de José. Dice la Escritura que era un hombre justo, y en eso tratemos de imitarle en nuestro rol familiar. Cada vez que el Señor quiso mover esa familia de un lugar para otro, cuatro veces habló con José.
Hermanos, yo como hombre tengo un gran temor sobre esto. Yo me pregunto: si acaso el Señor tuviera que dirigir a mi familia, ¿me llamaría a mí? Si acaso el Señor quisiera que tu familia tome una decisión importante, ¿tú serías un buen canal de comunicación? Si acaso el Señor quisiera proteger a los tuyos, ¿te hablaría a ti o tendría el Señor que mandar a alguien más para que mueva tu familia?
Un buen ejemplo para hombres en este tiempo es que miremos la figura de José. Les recuerdo a todas las parejas: ante un caso de incertidumbre por la integridad de su esposa, José guardó silencio. Ante un caso que podía afectar a María a un punto tal que terminara apedreada, dice que José no se desesperó, sino que parece que estuvo meditando en su corazón estas cosas hasta que el Señor le respondió.
Oro por las familias de nuestra iglesia, para que el Señor levante el liderazgo masculino, del mismo modo que utilizó a José como padre putativo de nuestro Señor Jesucristo, y para que Él permita que, en vez de destruir nuestras familias, sean edificadas.
Oración final por los hombres y las familias
Tengan sus ojos cerrados un momento, y damos las gracias al Señor por estos primeros dos capítulos de Mateo.
Presento, Padre, principalmente a los hombres que están aquí, aquellos que ya hemos hecho familia y tenemos esta responsabilidad en nuestros hombros, y aquellos que aún no se han casado, para que tú les alientes. Padre, te pido que, del mismo modo que lo hiciste, que armaste una familia intencionalmente para encarnarte, te pido que se levanten nuevos proyectos familiares en nuestra iglesia.
Permite que, del mismo modo que José obedeció, Señor, entendamos que nuestra familia puede tener un propósito grande. Encomiendo a los padres que están aquí presentes, Señor; permite que deseen ellos que sus familias sean instrumentos para cosas muy grandes. Mira cada persona que está aquí congregada, Señor.
De nuevo, Padre, te pido por los hombres específicamente: levanta el liderazgo masculino; levanta, Señor, hombres que no solamente sean buenos proveyendo para su familia en dinero, proveyendo a su familia en lo material. Permite que sean hombres que sean cabezas espirituales de su casa, a un punto tal que tú puedas tratar con nosotros.
Te pido por las familias, Señor, específicamente esta institución que tú creaste. Mira a aquellos de nuestros hermanos que han tenido, por diferentes razones, que criar solos. Permite, Padre, que inculquen este valor de la familia en sus hijos, de forma tal que sus hijos también hagan familias.
Mantén tus ojos cerrados ahí, hermano; permíteme orar al Señor por cualquier dilema que tú tengas. Mira el dilema de José, Señor, y cómo él se debatía entre una cosa y la otra, y cómo tú respondiste. Te pido por mis hermanos que están aquí presentes, que están luchando en su corazón con alguna decisión importante.
Mira a aquellos, Señor, que están luchando con una decisión, que no saben si van a afectar a alguien, que no saben si será tu voluntad, que no saben quizás cómo entrar o cómo salir. Permite que, por algún medio, quizás tú vayas a utilizar tus Escrituras, ellos sean alentados del mismo modo que fue alentado José, y que tengan la plena seguridad de que la decisión que van a tomar es una decisión que te agrada a ti.
Y que cuando tengan esa seguridad, Señor, lo hagan con convicción, del mismo modo que lo hizo José. Permite, Señor, que en nuestra iglesia se tomen resoluciones importantes en cosas que quizás, humanamente hablando, no son cómodas, pero sabemos que te glorifican, con resoluciones en nuestra iglesia, del mismo modo que hubo una resolución en el corazón de José.
Bendice este pueblo congregado, Señor; desde ahora te presentamos la semana, acompáñanos tú. En Jesucristo, amén.
Que el Señor les bendiga, hermanos; que el Señor les guarde. Recuerden que el próximo miércoles estaremos considerando el libro de Mateo, y que el domingo seguiremos predicando respecto de este libro.