Pueden abrir la Palabra del Señor en el libro de los Salmos en el capítulo 16. Doy un chance para que puedan buscar la Sagrada Escritura. La Palabra de Dios es el libro de los Salmos en el capítulo 16, y quisiera mostrarle desde esta porción de la Escritura a la iglesia cuál es la clave para una vida gozosa. Es el Salmo 16. Se pone un momento sobre sus pies y leamos la Sagrada Escritura. Este es un salmo escrito por David. Dice así la Escritura, la Palabra del Señor, libro de Salmos en el capítulo 16. Dice el salmista:
Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; No hay para mí bien fuera de ti.
Para los santos que están en la tierra, Y para los íntegros, es toda mi complacencia. Se multiplicarán los dolores De aquellos que sirven diligentes a otro dios; No ofreceré yo sus libaciones de sangre, Ni en mis labios tomaré sus nombres.
Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, Y es hermosa la heredad que me ha tocado.
Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia. A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
Se alegró por tanto mi corazón, Y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente. Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción.
Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre.
— Salmo 16
Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre. Leamos juntos ese último versículo, hermanos. Es la resolución del salmista. Dice él: Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre. Pueden sentarse, mis hermanos.
Quisiera mostrarle desde esta porción de la Escritura cuál es la clave para una vida gozosa. Reconozco que el título parece un título pretencioso para un sermón. “Este hombre ahora le va a dar la clave para una vida gozosa”. Yo no puedo dársela, yo le puedo mostrar dónde he encontrado que está la clave para una vida gozosa. Yo creo que aquí está la clave.
Si le introduzco el salmo, le diré que este es el salmo de un hombre contento, y en su estudio se puede desvelar cuál es la clave para una vida gozosa. En este salmo no hay queja, no hay lamento, solamente hay una resolución confiada. Este hombre parece que le han tomado una fotografía en un momento dulce de su vida. Hay días cuando uno no está para la foto, hermano. Este salmo fue escrito por el rey David, y usted lee otros salmos escritos en el libro por el mismo David y usted dice: “¿Pero y este es este hombre?”. Es el mismo, sí, es el mismo.
Sabemos que el salmo es de David y que este no fue siempre su estado de ánimo, pero que exista este salmo es una fuerte evidencia, un fuerte testimonio de las actitudes del rey David. David sufrió mucho, pero no fue definido ni por la amargura ni por la desesperación, sino por el gozo.
El tema del entusiasmo y la mayordomía del gozo
Los predicadores siempre volvemos a nuestros grandes temas, y uno de los temas de mi predicación es el entusiasmo. Parte de lo que yo creo que yo puedo predicar y de lo que el Señor ha cargado mi corazón, no para predicar una vez, sino para dedicar mi vida a predicar, es que el Señor realmente puede traer gozo al corazón del hombre. A ese gozo yo le llamo también entusiasmo, un asunto conducente a mucha cosa buena en la vida de una persona. Mientras más escudriño la Escritura, me doy cuenta que el gozo, el entusiasmo, no es el fin, es el medio, pero para llegar al fin más grande es necesario entrar en un estado de ánimo gozoso.
Le llamo también la mayordomía del entusiasmo. No hablo yo de esto, hermano, como si fuera que yo vivo siempre exultante de gozo. No, hermano, no soy yo como una persona de estas inocentes que viven con un entusiasmo irracional, no es eso. Esto no es algo que yo siempre he podido retener, pero testifico que nunca lo he dejado de buscar. Me resisto a entregarme a la amargura, me resisto a entregarme a la tristeza, me resisto a vivir una vida cristiana que no sea caracterizada por un gozo que venga desde lo alto.
Y como le decía quizá un mes atrás, hasta me molesto con aquellos que dicen que han conocido al único Dios verdadero y a la única fuente perdurable de gozo, pero su vida no lo anuncia. Todos estos sentimientos, sentimientos de desánimo, de queja, de desolación, me visitan, pero en el Señor, figuradamente hablando, yo me sacudo en el Señor. Hoy veremos, siguiendo este salmo, cuál es la clave para vivir una vida gozosa, para cultivar la mayordomía del entusiasmo.
Comienza el salmista en los versículos 1 y 2 mostrando cómo había hecho de Jehová el centro de todo su bien, y ahí está la primera clave. Si usted quiere vivir una vida gozosa, si usted quiere permanecer en entusiasmo, usted tiene que hacer de Jehová el centro de su bien. Dice él: “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti”.
Primera clave: Jehová, centro de todo tu bien
¿Cuál es la clave para una vida gozosa? Comienza haciendo de Jehová el centro de su bien. Esto es un asunto de confianza. Él le dice al Señor: En ti he confiado. Yo le pregunto: ¿En qué está confiando usted para tener una vida gozosa? ¿Usted está confiando en usted mismo? ¿Usted está confiando en que una persona va a traer gozo a su vida? ¿Usted está confiando en la economía, está confiando en su patrimonio? ¿Cuál es la confianza para nuestro gozo?
La clave para vivir una vida gozosa comienza haciendo que Jehová sea el centro de todo tu bien. Y esto usted primero lo acepta por convicción y después lo vive. Y cuando usted hace que Jehová sea el centro de su bien, usted cierra otros canales y deja de esperar por ahí. Yo quiero que usted tenga claro el carril del centro para vivir una vida gozosa cuando usted entiende dónde no está el gozo. No hay que listar lugares, pero el gozo no está en ningún lugar que no sea en Dios.
Comienza con un asunto de confianza: Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Puedo decir que requiere también una disposición. El salmista está hablando con él mismo y dice: “Alma mía, dijiste a Jehová”. Esto no es positivismo barato, pero tú requieres pastorear tu alma, y a veces tú tienes que llegarte con una entereza cristiana y decirle a tu corazón: “Corazón, espera en Dios”. De hecho, a veces un creyente piadoso se reprende a sí mismo y se dice: “Deja de estar buscando en otra parte y pon tu confianza donde tú dijiste que estaba tu confianza”.
Qué hermoso es una persona que descubre sus contradicciones, sus disyuntivas, y él mismo se reprende. Es como que David le está diciendo a su alma: Alma de David, tú dijiste que en Jehová estaba tu confianza. “Alma mía, dijiste a Jehová”. Veía un meme de estos que comparten, de una niña que se empuja a otra por un tobogán y después viene ella y se empuja, y ponían que a veces es uno mismo que tiene que darse el empujoncito. Muchas veces soy yo que le tengo que decir a mi alma: “Rafael Pérez, espera en Dios”.
Es un asunto de confianza, es un asunto de disposición y también es un asunto de humilde dependencia. “No hay para mí bien fuera de ti. Tú eres mi Señor, y no hay para mí bien fuera de ti”. Para vivir una vida gozosa usted tiene que hacer que Jehová sea el centro de cualquier bien que usted pueda esperar, y cuando esté esperando en otra parte, usted tiene que decirse a sí mismo: “Por ahí no hay gozo, por lo menos no hay gozo permanente”.
“Tú eres mi Señor”: un sentido de subordinación, Él está arriba; “Tú eres mi Señor”: un sentido de sujeción, Él dispone de mí; “Tú eres mi Señor”: a ti es que yo te sirvo, de ti yo dependo. Me visita a veces el pensamiento de que muchas cosas dependen de mí, y yo miro al cielo y digo: “Yo dependo de Él”.
Ser siervos de un Señor que cuida de nosotros
Hablo con los hombres. Vivimos en una sociedad donde se subestima el rol de los hombres y todo el mundo dice que las mujeres están muy cansadas. ¿Usted sabe lo que es un hombre que se toma la familia en serio? La carga de tener que representar a tu esposa y a tus hijos y a tu familia delante del Señor. A veces las esposas no saben el privilegio que tienen de sujetarse a alguien. Yo paso balance y digo: muchas cosas vienen a mí. Yo quisiera como tener un empleador, yo quisiera tener una persona a la cual yo llegue y me le recueste, y yo miro al cielo y digo: yo soy su siervo y Él es mi Señor.
Muchas cosas pueden depender de mí, pero yo dependo de Él. “No hay para mí bien fuera de ti” es la actitud de un siervo. Nosotros no entendemos lo que es un siervo. El siervo en el mundo antiguo era una persona que dependía completamente de su señor. Él no era dueño de sí mismo, su horario no dependía de él, él no tenía libertad. Él no trabajaba para ese hombre, él vivía para ese hombre. Yo veo a Abraham, que habla del siervo de Abraham; el siervo de Abraham no era un empleado, era una persona que vivía en su casa y estaba bajo el cuidado y la sujeción de Abraham. No era un empleado, no era un freelance.
Es un sentido de protección, de representación, de sostenimiento, y yo me gozo en tener con Dios ese tipo de relación: una relación donde yo no cuido a Dios, sino que Dios cuida de mí. Porque mi alma necesita eso: mirar al cielo y decir: Yo no estoy cuidando el cielo, yo no estoy cuidando los intereses de Dios, Dios cuida los intereses míos. El rey en algún momento le dijo al Señor que lo iba a construir casa, y el Señor le dijo: “No me construyas casa, yo te puedo construir a ti una casa”. Él estaba pensando en un edificio físico, el Señor estaba pensando en algo mucho más grande que el edificio físico: “Yo a ti puedo edificarte casa”.
Ah, hermano, tú si eres el siervo de Dios, tú no tienes que generar ansiedad a causa de las cosas de Dios. Tú solamente obedeces, tú solamente sirves, y tu alimentación está segura, tu protección está segura, tu representación está segura. Tú eres mi Señor, no hay para mí bien fuera de ti. El siervo de un señor no anda pensando si es rico o pobre. Mi patrimonio es el patrimonio de mi Señor. Su casa es mi casa. Yo no ando cuidándome, Él cuida de mí, yo no tengo que validarme, su nombre es mi nombre.
Ah, hermano, ese tipo de relación de humilde dependencia con el Señor es lo que nos lleva al gozo. Ya tú no vas a querer ser más importante de lo que tú eres, porque tu importancia depende de que tú eres un siervo en la casa de Dios. Él es tu Señor y Él te ha dado su nombre. Primera clave, hermanos, para tener una vida gozosa: hacer que Jehová sea el centro de tu bien. Y si todavía Jehová no es el centro de tu bien, entonces desencántate de buscar gozo en otra parte.
Y cuando te ofrezcan que “por aquí hay cosas”, recuerda: no hay gozo; solamente hay un corto entusiasmo que siempre me dejará más insatisfecho de lo que estaba antes. Alguien me dijo una vez: “Tú te conformas muy rápido”. No es que yo me conformo muy rápido, es que tengo demasiada ambición. Mi corazón fue diseñado para algo demasiado grande, de forma tal que ese vicio particularmente siempre me dejará insatisfecho. Y tú me juntas dos veces eso y ya estaré doblemente insatisfecho. Lo único que da plenitud al alma del hombre es Jehová.
Segunda clave: referentes correctos y rechazo de la idolatría
Y esa es la clave para una vida gozosa: que Jehová sea el centro. Escucha la palabra: no es “Jehová la fuente”, es “Jehová el centro”, no la fuente solamente. Porque para mucha gente Jehová es la fuente de su gozo. Él no es solo la fuente de tu gozo, Él es el centro de tu gozo. De Él viene el gozo y Él es tu gozo al mismo tiempo.
Después dice el salmista, en el versículo 3: “Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros es toda mi complacencia”. Segunda clave: tienes que buscar los referentes correctos. Hermano, elige con cuidado cuáles son tus héroes. En gran medida, el gozo de tu vida depende de con quién estás pasando tu vida. Y si tu corillo es el corillo de los malvados, tu corazón va a tener el mismo nivel de satisfacción que tiene el corazón de ellos.
No estoy molesto, hermano, estoy entusiasmado. De hecho, por primera vez en mucho tiempo, como que siento que el Señor me trajo gozos renovados. Le escribí a una persona y le decía: durante la semana yo sentí que el gozo iba creciendo, y la salud me ayuda. He tenido un mes casi de debilitamiento en la salud y, como que por primera vez, me siento muy saludable y muy gozoso. Gloria al Señor por eso.
Hermano, tienes que elegir cuáles son tus referentes, y gran parte del gozo en tu vida depende de con quién estás compartiendo tu vida. Decía el salmista, decía David: “Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros es toda mi complacencia”. En esta gente es que yo me deleito, ellos son mis héroes, está diciendo él. Un buen traductor de la Nueva Traducción Viviente lo tradujo así mismo. El versículo lo pone: “Los justos de la tierra son mis verdaderos héroes; ellos son mi deleite”. Esa es la gente con la cual yo paso el tiempo, esa es la gente que alimenta mi vida.
¿Sabes por qué no tienes más gozo? Porque hay gente que está alimentando tu vida, y eso no es necesariamente un asunto intencional. Todos los seres humanos nos estamos retroalimentando. Tú pasas ocho horas al lado de una persona y esa persona te va a dar parte de lo que hay en su corazón. Las actitudes se contagian. Tú pasas el tiempo rodeado del malvado, del impío y del idólatra y vas a tener el mismo nivel de gozo y satisfacción que tienen ellos.
De forma tal que, para tú tener mayordomía del entusiasmo, tú tienes que elegir con cuidado tus referentes y ponerlo en tu agenda. Hay personas con la cual tu alma necesita pasar el tiempo, y debes tener una santa ambición al respecto de eso. “Miren, esta semana no puede pasar sin pasar tiempo con gente que alimenta correctamente mi alma, porque mi alma necesita”.
Un referente o héroe es una persona que te genera admiración y deseo de imitarle. Todos tenemos de eso, aunque no lo reconozcamos, pero hay gente para ti que es admirable, hay gente para ti que es deseable. Yo te estoy llamando a que desees las cosas correctas, a que admires lo que debe admirarse y que rechaces intencionalmente lo otro, porque estás haciendo mayordomía del entusiasmo. Para tener gozo en tu vida, necesitas mejores referentes.
Yo necesito hacerle “scroll” a las cosas correctas, necesito darle “play” a las cosas correctas, que lo siguiente que se reproduzca le haga bien a mi alma. No tienen que ser referentes explícitos. Aun en forma velada, todos los seres humanos nos estamos imitando. Alguien pasa tiempo contigo y te va a imitar, y tú pasas tiempo con esa persona y le imitarás tú a él. “Para los santos que están en la tierra y para los íntegros es toda mi complacencia”. No hay espacio en mi corazón para mirarles a ellos, dice él. Yo estoy en el negocio del gozo, hermano, estoy buscando, y yo sé que por ahí no hay.
Elegir héroes, evitar falsos dioses y malos modelos
Tú andas buscando gozo donde yo no busco gozo, entonces yo tengo por obligación que pasar el tiempo contigo, pero yo por necesidad voy a pasar también tiempo con la gente que necesito pasar el tiempo. Uno no puede elegir todos los seres humanos en esta tierra con los cuales uno convive. Ahora, uno sí puede elegir en cuáles uno encuentra deleite, contentamiento: “Con este me complazco”. ¿Quiénes son tus héroes? Tus seres te prestan su vocabulario, sus historias de vida, sus hábitos, sus realizaciones. La gente con la cual tú te complaces te está nutriendo, está hablando a tu corazón.
Entonces la gente dice: “Es que ellos son muy radicales”. No es que son muy radicales, es que yo quiero tener gozo en mi vida, y por ahí no hay. “Ay, eso es demasiado extremista”. Demasiado extremistas, no. No es extremista, hermano, es mayordomía del entusiasmo. Yo necesito gozo en mi vida, yo quiero que las promesas del Señor sean reales para mí. Yo no quiero ser un creyente que no anuncie en su semblante que hay un Dios muy grande que está en el cielo.
Y para que eso se manifieste en mí, yo necesito hacer lo que hizo el salmista. ¿Qué hizo el salmista? Eligió los referentes correctos. Dice que en esa gente él tenía complacencia. Complacencia es deleite, deseo, deseo de imitación, admiración. Admirando al perverso no vas a tener el gozo. Interesante que dice él: “Para los santos que están en la tierra”. Está hablando de gente contemporánea a él.
Lea el Antiguo Testamento y entonces se va a dar cuenta que hubo gente muy piadosa que estaba en el círculo íntimo de David. Con esa gente era su complacencia. Y había gente muy perversa con la cual David necesitaba pasar el tiempo; ahí él no se complacía. “Yo tengo que estar contigo, pero no me voy a deleitar. Haz las cosas tuyas, hazlas. Yo voy a mirar por otro lado, hazlas”. David no podía elegir todas sus relaciones, hermano, pero lo que sí podía elegir era adónde iba su complacencia.
“Yo tengo que estar aquí en esta corte, tengo que estar contigo, y yo sé que tú vas a hacer las cosas que tú haces. Haz tus cosas. Fulano, ven, hazlas, yo sé que tú dale. Pero mi corazón ahí no está. No me río, no me deleito, no te pregunto, no te pido”. De hecho, él es más radical aún. Dice él después, en el 4: “Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre ni en mis labios tomaré sus nombres”.
Óyeme lo radical que era David. El hombre estaba ocupado en su gozo. Él no solamente eligió los referentes correctos, también rechazó intencionalmente los malos referentes. Bueno, usted no puede convivir, no puede hacer vida, participar recurrentemente donde le están ofreciendo sacrificios a otros dioses y quedarse en neutro. “No, es que yo estoy en el mundo y el mundo es un mundo caído y eso se hace”. Tarde o temprano usted va a presenciar eso, y a menos que haga un esfuerzo intencional de rechazarlo, lo va a terminar mirando como algo bueno, lo va a terminar mirando como agradable, y a lo malo le llamará bueno y a lo bueno le llamará malo.
Lo que está diciendo David es: “Ellos van a sacrificar, yo sé que van a sacrificar, pero yo no”. Bueno, no basta con un rechazo nominal para ser exitosos en la búsqueda del gozo, hace falta un rechazo activo e intencional. Necesitamos posicionarnos en contra de los falsos referentes, y ser radical al respecto de eso. No solamente estar a favor de Dios, es al mismo tiempo posicionarse en contra de los falsos dioses.
Todos tenemos referentes. Habla una persona que conoce un poco del asunto: la cultura no es neutral, no es solamente entretenimiento. Las canciones son más que canciones. Las canciones en las cuales se deleita mi carne, mi carne no se deleita en ellas solamente por lo que dice la canción; se deleita por la canción, se deleita por el intérprete, se deleita por lo que hay alrededor de la canción. Es algo mucho más complejo.
Testimonios personales de referentes y héroes equivocados
Y yo necesito mejores referentes. El libro que estás leyendo no es solamente un libro, ese libro tiene una agenda, te está graduando el alma en un sentido. Y tú me dices: “Pastor, ¿es que no deberíamos leer ningún libro que no sea libro cristiano, ni escuchar…?”. No, hermano, lea, pero lea con cuidado y no se entregue. Tú necesitas tener mejores referentes y evitar los referentes incorrectos.
Bueno, durante gran parte de mi juventud, de mi adolescencia, mis referentes fueron Dostoievski. Dostoievski no puede ser mi referente. ¿Sabes por qué me di cuenta de que era un referente? Porque conocía las novelas, conocía por qué él escribió las novelas. Y usted lee la novela “El jugador” de Fiódor Dostoievski y representa a Rafael Pérez en un momento de su vida. Yo no soy ese hombre, yo no quiero ser definido por mis pasiones. Léalo, usted entiende, y usted me dice.
Si tú no lees ningún libro de Dostoievski, en este momento, hermano, primero, no tengo tanto interés; después, son novelas que regresen, no tengo vida para eso. Fito Páez no puede ser mi héroe. No puede serlo. “Me gusta ‘Estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa’, me gusta…”. No, hermano, yo no quiero estar al lado del camino fumando el humo mientras todo pasa. “No es bueno nunca hacerse enemigos que no estén a la altura del conflicto, que piensan que hacen una guerra y se hacen pis encima como chicos”. No, hermano, esa no es mi línea de argumentación, es otra más alta que esa.
Y me di cuenta en esta semana que, gracias al Señor, ya no me satisface. En un momento Fito Páez era mi héroe, porque me daba cuenta que era mi héroe, pues no solamente consumía su música. A mí me gustaban las canciones de Fabiana Cantilo porque fue mujer de Fito Páez. ¿Usted me entiende en esto, hermano? Si esos son tus héroes, esos son tus sentimientos. ¿Quiénes son tus héroes?
Hay una generación completa de hombres que su héroe era Julio Iglesias. Ese no puede ser tu héroe, no puede ser tu referente, porque tú estás buscando gozo. Y yo te he persuadido que ahí no hay. Hay entusiasmo temporal, pasajero. Te escucho una canción y no puedo evitar todavía emocionarme, si me colocan la canción, quizá por el momento en que la conocí, pero mi contentamiento, mi complacencia, no está ahí.
Yo necesito menos Joaquín Sabina y, más honesto, yo necesito menos de Alejandro Magno y más de Martin Lloyd-Jones. Eso es lo que mi alma necesita: buenos referentes. Y a menos que haya un cambio en lo que tú estás consumiendo, no va a haber un cambio en lo que tú estás sintiendo.
Primera cosa: él hizo que Jehová fuera el centro. “Pastor, ¿y qué más es lo que a usted le gustaba escuchar?”. Muchas otras cosas, hermano, que no dan satisfacción permanente, y no vine aquí a hablar de ellas, yo vine a hablar de Cristo. ¿Me siguen el pensamiento? No voy ahora a venir a mostrarte: “Wow, él tiene intereses culturales muy variados, mira, se va de Dostoievski a Fito Páez, de allá cae para España…”. No, no es eso.
Lo que estoy diciendo es que yo intenté ahí beber agua y no sacia. Ese estado, esa sensación de tener el estómago lleno y tener el alma vacía. “Yo comí, pero no me sacié, no me satisfizo”. Ahí no hay. Lo que te estoy diciendo, hermano, es: busca donde hay. Primera clave: que Jehová sea el centro. Lo segundo: mejores héroes, evitar los falsos dioses.
Él decidió no servir esos dioses. Detrás de toda forma de pecado hay una forma de idolatría, hay algo que está reemplazando a Dios. Elige, hermano, elige no servir al falso dios del dinero con su ídolo, la avaricia. Elige no servirle. “Pastor, es que todos necesitamos sostenernos”. No estoy hablando de sostenimiento, hermano, estoy hablando de idolatría, algo mucho más profundo: es poner en eso tu confianza.
Tercera clave: recrearse legítimamente en la heredad de Dios
Elige no servir al falso dios del poder, con su ídolo los deseos de control. Elige no prenderle vela a ese deseo de control; y cada vez que tú sientas el deseo de control, mátalo, porque si tú no lo matas, te va a matar a ti. Elige no adorar al falso dios de la sensualidad, con su ídolo la promiscuidad. No lo elijas, no lo acaricies, ni siquiera lo más leve. Dice que no visitarás aún en tus conversaciones, dice: “Ni en mis labios tomaré sus nombres”. Hermanos, ni en mis labios tomar esos nombres, ya ni aun se nombre, como dice la Palabra.
Cuando tú saques eso de tus labios, probablemente el gozo comienza a llegar a tu corazón. Les he dado dos claves, mi alma: primero, que Jehová sea el centro. Lo segundo, que los referentes sean los correctos. Lee biografías de grandes cristianos, pasa tiempo con gente piadosa a quien tú admiras. Háblame de un amigo cristiano tuyo que tú admires. En la adolescencia yo admiraba a un amigo querido de mi iglesia local. Era un joven maduro, mayor que yo; yo le veía a él con admiración, y fue de bendición para mí, porque lo que tú admiras tú lo replicas.
¿Quiénes son tus héroes? ¿Cuáles son las personas en las cuales tú te quisieras convertir? Tú dices: “Mira, él es para mí admirable, es un referente”. Decía el apóstol Pablo: “Sed, pues, imitadores de mí, como yo de Cristo”. Todos están en el trabajo de la imitación. ¿A quién vas a imitar?
Del 5 al 7 nos muestra la tercera clave, y es recrearse legítimamente. Dice: “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado”. Es un tipo legítimo de recreación. No es la voluntad del Señor que usted sea un ermitaño, que sea un asceta, que sea una persona que no tiene deleite en nada, que viva como en blanco y negro.
Es la voluntad del Señor que usted se deleite legítimamente y que sirva de las cosas correctas con la cuchara grande, que de eso coma mucho. ¿Por qué tú deseas las cosas del mundo? Porque tu alma fue diseñada para un deleite muy grande, pero el mundo no te lo da. Lo que el Señor quiere no es que tú dejes de comer, es que comas bien, que te sacies, que te recrees legítimamente, que tengas un gozo legítimo.
Qué hermoso una persona que dice: “Eso es legítimo, ahí no hay vergüenza, ahí realmente hay gloria para mi Dios”. ¿Cómo comienza una recreación legítima? Comienza teniendo a Dios por sí mismo como algo mucho más importante que sus provisiones. Una forma elaborada y piadosa de idolatría es deleitarte en la provisión de Dios, pero no deleitarte en Dios mismo. Él no está hablando primero de su herencia, lo primero que él dice no es su herencia material. Lo primero que él dice es que su herencia, la porción de su copa, es Jehová.
Más importante que las cosas que Dios te ha dado es Dios mismo. Cristo no es el medio, Él es el fin. Él es satisfactorio en sí mismo. Quien no encuentra a Dios como deleite en sí mismo siempre está volviendo a la idolatría y volviendo a la insatisfacción. Porque lo que Dios te ha dado fuera de Él mismo también te va a dejar insatisfecho. Parece locura esto, hermano. La gente piensa que lo que satisface son las provisiones de Dios. No, lo que satisface es Dios mismo, porque las provisiones de Dios también son temporales.
La heredad, la suerte y la sabiduría de Dios en nuestra historia
¿Cuánto deleite dan los hijos, hermano? Tarde o temprano desencantan. El muchacho más bueno, tarde o temprano desencantará a su mamá y a su papá, y tú dices: “¿Qué es lo que pasa?”. Es que no son plenamente satisfactorios. Dios, que es satisfactorio, te dio los hijos. “Ah, yo tengo un esposo más bueno”, diría una hermana, “hay una mujer más buena, hermano”. Tarde o temprano todos nos vamos a decepcionar, hasta en las cosas más altas, hasta lo ministerial.
Hay gente que se satisface plenamente en el servicio al Señor. Hermano, hasta el servicio al Señor en algún momento se volverá insatisfactorio, pero el Dios que te permite servirle, Él es satisfactorio. Lo que te quiero mostrar es que las cosas que Dios te ha dado no te las dio para que reemplazaras a Dios. Las cosas que Dios te ha dado te las dio para que caminaras hacia Dios.
También hay idolatría en exaltar las provisiones que Dios te ha dado. La piedad está en hacer que Dios sea satisfactorio en sí mismo: “Señor, tú me has dado esto, pero te amo más que lo que tú me diste”. Lo más valioso en mi vida no es lo que Dios me está dando, lo más valioso es que Él me da todas las cosas. Él es valioso en sí mismo, de forma tal que la pérdida de cualquier cosa no se me va a llevar el gozo. Ahí es que está el detalle.
Hay gente a la que el Señor le da patrimonio y también se lo quita. ¿Y qué va a pasar cuando el Señor te quite el patrimonio? ¿Que se vaya el gozo? Porque el gozo no estaba en el patrimonio; el patrimonio era el caramelito para llevarte a Dios. Cuando el gozo está en Dios, la falta de patrimonio te hace decir: “Bueno, se me fue el patrimonio, pero ahí está Dios sentado en el mismo lugar, y Él fue el que me lo dio”.
No abuso, hermano, del dolor de nadie, pero ahí casi se entiende lo que decía Job: “Jehová dio, Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Lo que Job está diciendo es: se fueron los animales, y él dijo: “Me duele, me duelen los animales, pero Dios todavía está ahí”. Esto es viable, el Señor me cuide, hermano. Pero yo no creo que haya pérdida alguna en esta tierra que un creyente no pueda soportar si él mira al cielo y dice: “Cualquier cosa que yo tuve en esta tierra fue una provisión del Dios que todavía está en el cielo. Mientras tanto tenga al Dios que me lo dio, todavía Él es satisfactorio”.
Tarde o temprano los padres se van a ir. ¿Y qué va a pasar cuando se vayan los padres? Que adorarás el nombre de tu Dios que te permitió tener padres. “No, yo no creo que pueda soportar la pérdida de mi ser querido”. Todavía tú tienes el Dios que te dio tu ser querido. “Este trabajo es mi vida, es todo lo que me define, yo soy definido porque Dios me dio un muy buen trabajo”. Y el que te lo dio, todas las cosas nos dio también a Cristo, y a este no te lo van a quitar.
Cuando cualquier pérdida en tu vida venga, ponla en el contexto de que se te ha quitado algo muy valioso, pero eso que es muy valioso es marginal con la cosa aún más valiosa que tú tienes. Y todo se vuelve más soportable, hasta la muerte. Dice él: “Tú sustentarás mi suerte”. Suerte es un término que tiene dos connotaciones: tiene una connotación de azar y tiene una connotación de destino. Lo que él está diciendo es: mi destino está en la mano de Dios.
Pero no es interesante la palabra, él no dice: “Dios determinó mi suerte”. Lo que dice el texto es: “Tú, el Dios que yo conozco personalmente, sustentas en tiempo presente y continuo mi suerte”. Es como una persona que dice: “Dios está tejiendo mi historia en este momento, ahora mismo”. Yo no puedo ver mi vida solamente como que el Señor ya la pensó y escribió las páginas. Yo creo que el Señor está escribiéndola todos los días ahí, y Él todos los días está sustentando mi suerte, Él me está cuidando en el día a día.
Recibir la heredad sin queja: antídoto contra la envidia
El destino del creyente está siendo sustentado, conducido y sostenido por su Padre celestial. Lo que está diciendo David es: no está sucediendo ni más ni menos que Dios escribiendo mi historia. Eso hace que uno todos los días se levante al siguiente capítulo. ¿Has pensado lo que es abrir los ojos del día y decir: “¿Qué Dios habrá dispuesto hoy para mí, qué es lo que el Señor está haciendo?”? Hay gente que se entrega a un determinismo absoluto y dicen: “No, es que ya todo se va a vivir como que todo se grabó y le dieron a ‘play’”. No es eso, es que el Señor está filmando ahora mismo.
Y tú me dices: “¿Y cómo eso puede suceder?”. No me pidas que lo explique, hermano, yo predico lo que dice la Palabra. Lo que dice la Palabra es que el Señor sustenta mi suerte. Yo no lo veo solamente como que Él proveyó desde la antigüedad; yo creo que el Señor está interviniendo todos los días a favor de ese siervo suyo que está caminando humildemente sobre la tierra, de forma tal que no hay un día que yo prenda ese carro para comenzar mi jornada, llevándome a un muchacho al colegio, sin decir: “Señor, aquí vamos de nuevo y tú sustentas mi suerte. No hay nada que tú no hayas visto, no hay nada que tú no estés escribiendo” y con la expectativa de que el caramelito el Señor lo traerá hoy.
Dice el 5 y el 6, hablando de la provisión: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos”. En otros años he explicado qué significa “las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos”, solamente lo reitero. En Israel la herencia tú no elegías tu herencia, a ti te la daban: “Tú eres de esta tribu, te tocó un pedazo”. Te medían tu terreno con unas cuerdas, te decían: “Mira, de aquí a aquí va el tuyo”. Y a este hombre le midieron su tierra y, cuando le midieron su tierra, ¿saben qué dijo? “¡Wow! Yo no sabía cuál era la que me iba a tocar, pero la que me tocó, ¡wow!”.
Lo que él está diciendo es: “Me midieron mi heredad y lo que me tocó ha sido bueno”. Lo que él está diciendo es un hombre que tiene un entusiasmo donde dice: “A mí me tocó una heredad, no donde yo la elegí, sino donde Dios la eligió para mí. Me están midiendo mi porción de tierra y mi porción de tierra me está gustando”. Probablemente la porción de tierra que le tocó era una cueva y un lugar pedregoso. Es la que Dios eligió para mí.
Algo de aquí va a sacar el Señor. “No, mira, no te tocó en el valle, no te tocó la parte más fértil. Me tocó donde Dios dijo que me tocaría”. Y por convicción digo que las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos. Y en esta tierra sucede que hay gente que tiene terrenos que parece que no son muy buenos y ahí hay recursos que son muy valiosos. Salga a buscar lo que Dios le dio, lo que le estoy diciendo, y diga que eso es bueno por convicción.
“Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos” es la expresión de un hombre que recibe con beneplácito su heredad. Qué triste el hombre que el Señor va y le muestra su tierra: “Fulano, yo te amo, y yo que te conozco digo que esta es la tierra que te estoy dando a ti”. Y él hace un “chupi” espiritual: “No, hombre, yo quería la otra”. ¿Qué sabes tú lo que tú querías, qué sabes tú lo que es bueno para tu vida, qué sabes tú cuál es tu historia? Él te ama y te la está dando, coge esa y agradece.
Se escucha feo en la presencia de Dios un creyente inconforme con lo que Dios le está dando: “No me está gustando lo que me están dando, yo no era eso lo que quería”. El antídoto para los enemigos de tu gozo está en entender que tu Padre celestial, que te ama y es el único que te conoce perfectamente, fue quien te lo dio, ni más ni menos que lo que tú necesitas.
Y la satisfacción en la vida de uno está cuando uno está mirando alrededor y dice: “Yo no me hubiera dado a mí mismo eso mismo. Yo sé que el Señor es sabio, pero yo no hubiera elegido eso, yo lo hubiera hecho así”. Alma, no. Tú tienes tu vida, lo que Dios te ha provisto, y por convicción tú dices: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y hermosa es la heredad que me ha tocado, aunque sea piedra”.
Agradecer la familia, el país, la iglesia y el momento de vida
Hermano, mis orígenes, Azua y demás, eso es piedra, hermano. Los que caen en muchos de esos lugares, pero vamos a darle para allá. Gente que dice: “Eso es un terreno baldío, ¿tú vas a sembrar ahí?”. Sí, siembre aquí. Cuando deje de estar pensando en lo que se siembra, diga: “Dios, que me ama y me conoce, me lo dio, y si Él me lo dio, solamente Dios sabrá qué va a hacer en mí a través de esto”.
Este es el antídoto para la envidia y la comparación. Cuando yo peco ahí, yo miro alrededor y digo: “A aquel le fue mejor que a mí”. ¿Según criterio de quién? “A fulano le fue mejor que a mí”. Según el criterio de quién, según mi propio juicio muy limitado, según mi corazón malvado y caído. Pero según la mente del Dios sabio, personal, que tiene control de la historia, a él no le fue mejor que a mí. Yo creo que a él le fue muy bien, y a mí también.
Por convicción, hermanos, si existe un Dios personal que tiene cuidado puntual sobre mi vida, no hay manera alguna de que la provisión de Dios para la vida del vecino tenga sentido para mí. No hay manera alguna. Y por convicción, tiene que hacer sentido que Él nos diga: “No codiciarás ni la mujer ni el animal de tu prójimo ni ninguna otra cosa”. Desea a Dios. Este es el antídoto para la envidia y la comparación.
Yo no tengo ni más ni menos que lo que Dios me ha provisto, y su provisión es la mejor versión posible de cualquier cosa, perfectamente dispuesta para mí. Yo me engaño a mí mismo pensando que hay alternativas: “No, mira, si en mi vida yo hubiera tomado tal decisión y no esta. Si yo en vez de haber hecho lo otro…”. Yo esta semana estaba hablando con un hermano y le decía: “Mira, a veces yo pienso que si yo hubiera quedado en el trabajo que yo tenía, más o menos en el 2008, y no me hubiera dedicado a otra cosa, probablemente mi vida en este momento hubiese sido una vida menos accidental”.
Hermano, yo no he vivido ni más ni menos que la vida que Dios ha permitido que yo viva, y cualquier proyección que yo haga, esos son pajaritos en el aire. Y eso no trae gozo, solamente trae insatisfacción, porque yo no cuido de mí, Él cuida de mí. Y he tenido la ruta de vida que Dios diseñó para mí, eso es particular para mí.
Cuando yo veo la tuya, digo: “Dale para adelante a la tuya”, pero esta es la ruta que Dios me dio a mí. Pero me visita la envidia, aun en las cosas más piadosas. Yo veo el tipo de ministerio que el Señor le ha dado a otros pastores, y por dentro digo: “El Señor me pone a mí a coger mucha lucha, y a fulano está comenzando y mira, ya el Señor le mandó de todo, aquello y aquello…”. Hermano, yo no hago ni más ni menos que el ministerio diario que Dios humildemente me ha permitido hacer, y este es. Yo digo por convicción que las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos.
Pero a veces proyecto cosas y pajaritos en el aire. Digo: “No, mire, ¿qué pasaría si en vez de haber hecho así lo hubiera hecho del otro modo?”. Eso no iba a pasar, hermano, porque yo no soy más fuerte que Dios. Y mi vida está en sus manos. El único que realmente me conoce es el único que realmente puede satisfacerme. Él me conoce mejor de lo que me conozco yo mismo, y lo que Dios me ha dado a mí, yo digo por convicción que es bueno para mí.
A cada aspecto de su heredad usted tiene que decirle un “Amén”, que así sea: una resolución conforme. “Esta es mi familia de origen, yo tengo la familia que Dios me dio. Ay, si mi papá hubiera sido creyente, yo pude haber hecho…”. Usted es hijo del doctor “Jane Doe” y está perdido en delitos y pecados. Yo soy hijo de Rafael Pérez, gloria al Señor, por eso. Fue el papá que Dios me dio, Ernesto Pérez; tenemos el mismo nombre. Me siguen esto: “Ay, si yo hubiera tenido otro papá…”. Este es el que Dios me dio, yo soy hijo de él.
Esta es la mamá que Dios me dio, estas son las hermanas que Dios me ha dado, esto es mi familia de origen. Amén. Usted se beba eso como la provisión del Señor para su vida, que no esté siempre inconforme. “Ay, si yo hubiese nacido en otro país, ¿qué hubiera sucedido? Aquí, en el Caribe insular, aquí fue que lo colocaron, hermano, aquí es”.
Escuchaba una persona que decía: “No, mi mamá cuando estaba embarazada se fue de viaje a Estados Unidos y ya cuando estaba naciendo, entonces volvieron para atrás. ¿Para qué volvieron? Me hubieran dejado allá”. No, hermano. Cuando entienda que Dios tiene control de su vida, ahí está el gozo. ¿Entiende el gozo? Cuando tú entiendes que Dios es personal y que tiene cuidado sobre ti.
Digo “Amén”, hermano, a la esposa y los hijos que Dios me ha dado. “Amén, Señor, estoy contento”. “Ay no, yo quisiera tener otros hijos, o unos hijos diferentes, o más hijos…”. Hermano, si usted no tiene ninguno, dígale “Amén” a lo que Dios determinó para usted. Y cuando usted vea otro que tenga doce, usted le dice “Amén” a los doce de él también, aunque yo no tenga ninguno.
Yo le digo “Amén” a la esposa que el Señor me ha dado. Hay hombres que son ganados porque comienzan a proyectar cosas: “No, y si con Juanita hubiese sucedido…”. Probablemente lo de Juanita no era. Esa es la que Dios le dio, esa. Le digo “Amén” a mi iglesia local, le digo “Amén” a mi ministerio, “Amén” a mi oficio, “Amén” a mi momento de vida. “Ay, mis mejores años pasaron, mis mejores años…”. No, mis mejores años son estos, hermano, porque el Señor sigue aquí todavía y sigue proveyendo para mí hoy.
Por convicción, yo digo, hermano, que este es mi mejor año. “¿Y por qué?”. Porque es el mejor año que Dios me dio a mí. No vamos a mandar el año a pérdida: “Qué año horrible”. No, hermano, es el mejor año, por convicción, porque hay cuidado personal de Dios sobre nosotros.
El consejo de Dios y la mayordomía del entusiasmo
Amén aun aquello que todavía no he recibido, pero cada vez que el Señor lo traiga, si vino de Dios, mire, de Dios hasta los golpes son buenos. Dígame “Amén”. Se lo repito: de Dios hasta los golpes son buenos. Entonces diga “Amén”. “Ay, me puso un dedo encima, me está matando”. Él te ama, como mucho te está disciplinando.
Es el antídoto, hermano, para vencer la envidia, la comparación. Es el antídoto para vencer el sentimiento de víctima. Ese hábito de estar siempre victimizándose: “Yo no tengo lo que debía tener porque fulano se me fue adelante y él es más fuerte que Dios. Por eso se fue adelante”. “No, mira, yo debía tener tal situación, pero fulano se interpuso y la oportunidad que estaba para mí, entonces se cerró esa oportunidad…”. Entonces no estaba para ti, porque la que se abrió, esa es la que Dios dispuso para ti.
¿Cuánta gente amargada está por oportunidades que supuestamente se cerraron en su vida? Sentimiento de víctima, la autoconmiseración, el sentimiento de pena, de dolor por mi sufrimiento: “Yo tengo una vida muy difícil”. De verdad, yo creo que tienes una vida muy viable si tú pones a Dios en primer lugar. “No, es que tú no entiendes mi sufrimiento”. No, yo el que entiendo un chin es el mío, ¿ves?
Se arma un poco como una manipulación en eso, donde como que la gente… “Tú no me entiendes”. No, ni te voy a entender tampoco. Busca el gozo y el deleite donde lo estoy buscando yo. Yo te puedo decir dónde hay. Es el antídoto, hermano, para la queja y la amargura.
Mientras otra persona parece muy sofisticada porque nada le satisface, nunca está cómoda, le pones la mejor comida adelante y no es la mejor comida; le pones la mejor situación y siempre está como… No, hermano. El antídoto para eso es ser como un niño. Yo me gozo en esos niños que no tienen muchos recursos; al contrario, tú les llevas un juguetito, y el juguetito más pequeño, y ese niño se goza más que el niño que está lleno de juguetes.
Porque yo estoy rodeado de niños que tienen recursos y tú les llevas un juguetito, “Ay, gracias… otro más”. Un tío tan bueno, hermano, nos enreda tanto. Viene que el Señor nos manda las cosas y ya como que no es ni noticia. Las provisiones que Dios todos los días está mandando para nosotros las vemos como “¿Y qué mandaron hoy, qué trajeron hoy, qué hay hoy, a qué hora llega eso hoy?”.
Agradezca. Estos, hermano, son los enemigos de tu gozo. ¿Cuáles son los enemigos de tu gozo? La envidia, la comparación, el sentimiento de víctima, la autoconmiseración, la queja, la amargura. Esos son los enemigos de tu gozo.
Entonces dice el salmista: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado”. Los bienes del Señor son buenos. No son plenamente satisfactorios, Él es satisfactorio, pero son buenos y dígale “Amén”. Y el Señor no solamente te da bienes, también el Señor te da su consejo. ¡Guau, hermano, qué hermoso! Qué loco es usted ser sabio y bien provisto, ambas cosas. Eso es riqueza, tener la provisión constante de un Dios que te ama y al mismo tiempo sabiduría.
Entiende esas dos cosas en esta tierra: ese es un hombre feliz. Dice él, como si fuera poco que le hayan dado heredad y que le cayera en lugares deleitosos: “Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia”. Un hombre sabio. Ese es Salomón en vivo y directo en sus mejores años. Era Salomón que el Señor le dijo: “¿Qué quieres?” y él dijo: “Dame sabiduría”, y le dieron sabiduría y también le dieron los bienes. Salomón fue un hombre sabio y provisto por Dios. Es un hombre rico.
Yo les he dicho esa anécdota en otro momento, pero Balaguer en algún momento llamó a un funcionario y le dijo: “Mire, aquí en esta mano yo tengo un cheque y en esta otra yo tengo todo mi afecto, toda mi consideración hacia su persona. ¿Usted quiere el cheque o quiere la consideración del doctor?”. Y el hombre, muy sagaz, le dijo: “Doctor, ¿cuál de las dos manos quiere que yo escoja?”. “¿De qué quiere… el cheque o la consideración?”. Y el hombre, muy sagaz, le dijo: “Doctor, abráseme. Abráseme, son las dos cosas. Yo quiero su afecto, su alta consideración y el cheque”.
Hay gente que quiere como acuartelar a uno en ese dilema: “¿Qué tú quieres, tú quieres ser sabio o tú quieres ser bien provisto de Dios?”. Yo quiero todo lo que Él mande, todo lo que Él mande. Estoy dispuesto, hermano, estoy aquí con un “calimete” de lo gordo para todo lo que mande el Señor.
Todo lo que el Señor me mande. No rechace, hermano, el menudito de Dios, agárrelo ahí. “¿Y por qué Dios da tan menudito?”. Hermano, gente dice: “No, no, Señor, no… el menudito”. Agárrelo, hermano, que eso viene de Dios, y todo buen juicio que venga de Dios agárrelo también. Es un hombre gozoso, un hombre bien provisto por su Dios y un hombre sabio, las dos cosas.
“Bendeciré a Jehová que me aconseja”. El consejo de Dios es tan deseable como sus provisiones materiales. A veces el Señor te da mucho consejo y a veces te da mucha provisión material, y yo me gozo, hermano, en esto, pero a veces la gente más sabia son los que están en lo material como más disminuidos. Y tú dices: “¿Y qué es lo que pasó?”. Que el Señor le dio mucho de lo otro. Que se gocen en eso también, gócense en las dos cosas.
Mirando el futuro: confianza más allá de la muerte
Y después que tú logras entrar en este estado de gozo, te va a visitar el pensamiento: “¿Y si me lo quitan?”. Ese miedo del orgulloso. Ahora el salmista cambia la tesitura del salmo y, del 8 al 11, él pone la atención en el porvenir. Aquí hay una transición porque él comienza a hablar en futuro. El primer segmento ha estado hablando en presente y ahora lo va a hablar en futuro.
¿Y qué es lo que él dice en futuro? Dice él: “A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido”. A veces, hermano, tú miras alrededor y tú dices: “Esto está tan bueno que la tristeza que yo tengo es: ¿por dónde es que va a venir el golpe? Esto está tan bueno, estoy tan contento con el Señor que ahora tengo como el pensamiento de que me lo pueden quitar”.
¿Qué dice el salmista? “No seré conmovido, porque a Jehová he puesto…”. Yo no tengo lo bien fuera de Jehová, lo que me da gozo no solo viene de Jehová, yo he puesto a Jehová delante de mí, dice. La única manera de preservar el gozo es cuidar la fuente del mismo. Que se lleven lo secundario, que no me quiten la fuente, porque de donde salió vuelve a salir. Donde salió el primer gozo, puede salir el segundo.
Vivir en la presencia del Señor con la conciencia de que Él está presente, de que Él está atento. Yo fui pastoreado esta semana con la historia de Agar e Ismael. Dijo Agar que Dios es “El viviente que me ve”. Dice ella: Él no es un Dios que está muy vivo, Él no es un concepto, Él es un Dios que está vivo, Él es el Viviente, pero Él no solamente es viviente, Él es personal, Él me ve. Vivir con la conciencia de que Dios te está mirando.
Y tú todavía dices: “Ay, ¿y qué va a pasar si se me enferma el muchacho? ¿Y qué va a pasar si pierdo a mis padres? ¿Y qué va a pasar si el matrimonio…? ¿Y qué va a pasar si el trabajo…?”. Dios está en el mismo lugar: “A Jehová he puesto delante de mí; no seré conmovido”. Lo que está diciendo con “no seré conmovido” es: “Yo no voy a ser arrancado, yo estoy clavado, yo estoy prendido por la raíz. Donde están puestas, eso no me lo van a quitar. Yo no seré conmovido”. Dice él: “A Jehová he puesto a mi diestra”.
La diestra era un lugar de protección, de seguridad. Caminar con la conciencia de que Dios está cerca. Esperar los detalles que Él tiene para nosotros. Dice el 9: “Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; mi carne también reposará confiadamente”.
Hermano, él habla de su alma, de su corazón, habla de su carne, y alguien dirá: “Pastor, explíqueme minuciosamente la diferencia entre alma, corazón, carne”. Hermano, agarre la poesía, ¿qué es lo que él te está diciendo? Él está diciendo: “Yo estoy plenamente satisfecho”. No es un asunto para ir a buscar minuciosamente ahora “qué es el alma, qué es el corazón, cuál es la diferencia entre la carne y el alma”. No es eso, hermano, no racionalice demasiado, sea como un niño.
Lo que él está diciendo es: “Yo tengo la certidumbre de que plenamente estaré satisfecho en mi Dios, hoy”. “Mi carne también reposará confiadamente”, dice él. Él no se está cuidando, él no está ansioso, él no teme al porvenir. Ese es uno de los asuntos, hermano. A veces el Señor te permite experimentar un tipo de gozo que tú dices: “Guau, pero es que está tan bueno que ahora tengo la ansiedad de que se puede perder”. Dios es más bueno que eso. Dios te dio a crédito, no te lo quita.
No hay problema, hermano. Es cuando crece el patrimonio que la gente dice: “No, mi estilo de vida, que yo no quiero perder mi estilo de vida…”. Trate de no perder a Cristo, que Cristo es su vida, ¿entiende? Y comparado con cualquier otra cosa, eso es paja de coco con relación a Cristo, porque Cristo es satisfactorio.
Él está tan fuerte en su proyección que él proyecta. Esto es un salmo mesiánico, tres veces en el Nuevo Testamento se menciona esta porción del salmo y se aplica a Cristo. Pero que sea mesiánico no significa que no tuviera aliento para la vida presente del salmista que lo pronunció en primer lugar. Dice él: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”. Este hombre está pensando más para allá de la muerte, él dice: “Estoy blindado”. Otra forma de decir: “Yo estoy asegurado en el Señor”.
Tú me dices: “¿Qué es lo más fuerte que puede pasar?”. La muerte. El Señor no dejará mi alma en el Seol, dice. Yo pensaba eso, hermano: si tú proyectas tu vida temporal, esto es neblina, como dice la Escritura, y un pestañear, y tú dices: “Pero este pestañear ha sido demasiado bueno”.
Plenitud de gozo en la presencia de Dios
¿Ha pensado lo que es la eternidad y lo que es nuestra existencia temporal, y lo que es nuestra queja porque esta existencia temporal no ha sido tan satisfactoria como nosotros entendemos que debió haber sido? Y tú dices: “Estoy en la introducción solamente, y para introducción ha sido demasiado buena”.
Ahí me puse yo a leer un libro, hermano, de un creyente, un libro muy piadoso, pero el hombre en el prólogo… Yo siento que leyendo el prólogo ya él escribió un libro. Digo yo: “Este es el prólogo”. Y tú estás viendo que él escribió tres libros publicados y este es el prólogo del libro, y no hemos comenzado. Yo siento ya que leí cuatro capítulos, con eso se hace un libro, el prólogo.
Bueno, esto es un pestañear, y para pestañear ha sido demasiado bueno. Tú comparas lo que es la eternidad y lo que te ha guardado en Cristo y lo que te están dando ahora mismo, y tú dices: “Para algo que es tan corto, demasiado detalle le pusieron, demasiado bueno está”. Si esto es efímero y esto es un asunto pasajero, demasiado bueno, Dios puso demasiado detalle en la introducción para el creyente.
Y el alcance de cualquier aflicción también es limitado. Ahí es que el diablo te engaña en el gozo. Te dice: “No, yo me voy a pasar toda la vida en esto”. Amigo, usted no es eterno en su sufrimiento. “Ay, ya se me acabó mi vida y no se ha logrado…”. Entienda, usted es eterno, su vida todavía no ha comenzado formalmente, esta es la introducción.
El versículo 11, una triple resolución de confianza pensando en el futuro. Tú dices: “Guau, esto está bueno. ¿Y qué va a pasar? Puede ser que se me vaya”. No se va a ir. Dice: “Me mostrarás la senda de la vida”, no ahora, en lo adelante. “Ay, porque yo tuve sabiduría hasta ahora para hacer lo que he hecho, pero yo no sé mañana…”. Mañana, en el mañana, a usted se le mostrará de nuevo la senda de la vida.
“¿Ay, qué va a pasar, hermano?”. No viva en ansiedad, viva en gozo, en el gozo presente, que el futuro el Señor tiene control. Esto está planchado en el Señor, ya lo hizo Dios, no tu inteligencia ni tu capacidad. “Me mostrarás la senda de la vida”. Él dice: “Hasta ahora las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos”. ¿Y qué va a pasar mañana? Que mañana se te mostrará la senda de la vida. Lo que está diciendo es: lo que está por delante, por definición, es mejor que lo que se quedó atrás.
Dice él: “En tu presencia hay plenitud de gozo”. No en los medios de Dios, no son las provisiones temporales de Dios. Dice él: “En tu presencia hay plenitud de gozo”. Ay, hermano, que le quiten cualquier cosa, pero no la presencia de Dios, porque ahí hay plenitud de gozo. “No, yo creo que… ay, hermano…”. Mire, tiene que haber casos tristísimos. Una familia perdió un niño muy pequeño en una circunstancia. “Wow, ¿y qué va a reponer ese dolor tan profundo?”. No son los hijos los que van a reponer el gozo, hermano.
Tu presencia trae plenitud de gozo. Nosotros vivimos en una sociedad donde se exagera la provisión de Dios, aun las provisiones más hermosas. Un hijo no es más satisfactorio que Dios. Un hijo es más satisfactorio con Dios. Un esposo, una esposa, no es más satisfactoria que Dios. Es más satisfactoria con Dios. El cuerpo humano, el cuerpo tuyo, no es más satisfactorio que el Dios que te dio el cuerpo, es lo que te estoy diciendo.
Dice que en la presencia de Dios hay plenitud de gozo. Yo me engaño a mí mismo y digo: “Si el Señor me concediera tales cosas, yo tendría plenitud de gozo”. No, hermano, así no. Así no, porque cuando Él me conceda esas tres cosas yo le voy a mostrar diez más que también quiero. Así no. Si Él me concede su presencia, en mi corazón habrá plenitud de gozo.
Después dice él, y recuerda: está pensando en el porvenir, porque dice: “Total, está bueno ahora mismo, pero esto no se va a poner peor”. Lo que está diciendo es: “Delicias a tu diestra para siempre”. Este es el salmo de un hombre contento.
Si me permitiera resumirlo, hermano: ¿cuál es la clave, en dónde es que se consigue la clave para una vida gozosa? La clave para una vida gozosa es tener la relación correcta con tu Dios. Dejar de cuidarte a ti mismo, verle a Él como tu Señor y aceptar que tú eres su siervo. La casa del Señor no será conmovida, trata tú de ser un buen siervo en la casa de tu Amo.