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Planificar siguiendo la voluntad de Dios

Romanos 15:22-33

En Romanos 15:22-33 vemos el esbozo del último plan ministerial de Pablo, y aprendemos a planificar con responsabilidad y previsión, pero siempre sometidos a la voluntad de Dios, listos para aceptar impedimentos, desvíos e imprevistos.

Predicado6 de octubre de 2023
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros. Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros, cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros. Mas ahora voy a Jerusalén para administrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén. Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales. Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España. Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo. Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta; para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros. Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

— Romanos 15:22-33

Cómo llegamos a este texto y a este tema

Póngase sobre sus pies y abra su Biblia. Estaremos leyendo hoy Romanos, capítulo 15, desde el versículo 22 en adelante. Libro de Romanos en el capítulo 15, estaremos leyendo desde el versículo 22 y hasta el versículo 33. Son los últimos planes que tenemos documentados en el ministerio del apóstol Pablo y hoy estaremos viendo cómo planificar siguiendo la voluntad de Dios. Libro de Romanos, capítulo 15, versículos 22 hasta el 33. Son los últimos planes en el ministerio documentado del apóstol Pablo y aquí estaremos viendo cómo planificar siguiendo la voluntad de Dios.

Dice así la Sagrada Escritura, libro de Romanos, capítulo 15, desde el versículo 22 en adelante. Es el momento en que Pablo se propone ir a Roma, el esbozo de sus últimos planes ministeriales, dice así la Sagrada Escritura, la Palabra del Señor, libro de Romanos, capítulo 15, desde el 22 en adelante.

Pueden sentarse, mis hermanos. He aquí un esbozo del último plan ministerial del apóstol Pablo. Alguna persona piensa: “Oye, ¿de dónde sacan los predicadores los textos que van a predicar?”. De la Biblia, de la Palabra del Señor. Pero la Palabra del Señor no habita en el vacío, habita en tu mente, en tu corazón, y hay un texto que el predicador elige, escoge, porque de algún modo con este texto él se sintió dirigido por el Señor a predicar desde ahí la Palabra del Señor.

Frecuentemente uno no solamente predica la Escritura, pero no dice cómo llegó a predicar esa porción de la Escritura. Hoy se lo diré. Recuerden que tengo en desarrollo una serie del Salmo 119, que está bien avanzada, y al mismo tiempo estamos en Primera de Juan. Mi interés inicial era seguir atendiendo las series que ya tenemos en desarrollo. Sin embargo, hace dos meses que estoy inmerso en el proyecto de planificar el 2023 y en lo adelante, por lo menos en el mediano plazo, y cada vez que uno se siente sobrecogido por estas cosas, trata de buscar sabiduría en la Escritura.

Encontré este texto y ha sido de bendición para mí, mientras esbozo la planificación de nuestra iglesia, ver la planificación del apóstol Pablo. Siento que el Señor pastoreó mi corazón leyendo este texto y creo que esto no debe ser solamente un asunto mío, sino que debería ser usado para la planificación tuya y para la planificación de nuestra iglesia local. Buscar la sabiduría de Dios para planificar siguiendo su voluntad. De hecho, hay grandes advertencias en las Escrituras acerca de aquellos que planifican sin contar con Dios.

Sin embargo, la advertencia de tener cuidado para no planificar sin contar con Dios no debería anular la sabia previsión y la planificación. Creo que de esta porción de la Escritura podemos aprender cómo planificar siguiendo la voluntad de Dios. Así llegué al texto y así llegamos hoy a hablar de esto, mirando el plan del apóstol Pablo.

Dos tipos de personas al planificar y los retos comunes

Al mismo tiempo, sé que a algunos de ustedes les encanta planificar. Tienen agendas, varios calendarios. Les gusta recibir cualquier fecha en la cual usted se va a comprometer con mucha antelación. Pero hay otros que prefieren improvisar en el corto plazo, que no tienen agendas, y que las fechas usted no solamente tiene que dárselas, sino que tiene que recordárselas varias veces.

Usted esté en un grupo o esté en el otro, los unos y los otros tendrán que lidiar con los mismos retos. ¿Cuáles son los retos al planificar? Primero, la frustración de los impedimentos. Te planificaste y vas a hacer una cosa, pero probablemente no puedas hacer lo que dijiste que ibas a hacer. Eso frustra. La frustración de los impedimentos es el primer reto.

Segundo reto, los muchos imprevistos que encontrarás en el camino. Usted planifica, pero no llega directo. A veces llega en una ruta zigzagueante, donde al parecer a veces avanzas y después retrocedes, después vuelves a avanzar. Y al mismo tiempo, el reto de orar sabiendo que probablemente el Señor no te responda con lo que tú quieres que te responda, sino que te dé una respuesta alternativa. Son estos los mismos retos que tuvo que vivir el apóstol Pablo cuando esbozaba su ruta ministerial: el reto de los impedimentos, el reto de los imprevistos y el reto de las oraciones con respuestas cambiadas.

Donde tú le decías al Señor que te concediera esto, y el Señor te concedió otra cosa que era mejor, pero que no era la figura mental que tú habías dibujado. Si le sumo a estos retos, hermano, el hecho de la incertidumbre en las cuales estamos viviendo, se vuelve mucho más difícil planificar. Al día de hoy, usted planificó una cosa e inmediatamente tiene que volver a ajustar. Todo es muy imprevisto, todo es muy limitado, y uno se sienta muy granado al respecto de bosquejar planes y proyectos porque estamos cansados de planificar y terminar haciendo otra cosa.

Oigan el reto que tengo yo aquí por delante: invitar a mi iglesia a que, si ya planificó, vuelva a planificar y que entienda que lo hacemos para glorificar al Señor, aunque las cosas no resulten tal cual como nosotros las habíamos pensado. Comenzaré mostrando que el apóstol Pablo aprendió, con la ayuda del Señor, a lidiar con los impedimentos. Dice así mismo el versículo 22 en adelante: “Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros”, y ese “muchas veces” suena duro.

Lidiar con los impedimentos sin dejar de planificar

Aquí hay un hombre que tiene el deseo de hacer algo para su Dios, pero que su Dios, hasta este momento, no le había concedido que esa cosa se diera. Es evidente que el apóstol Pablo, en otra temporada, hizo planes que fueron barajados. Es evidente que en otra temporada hizo anuncios de visita que no pudo cumplir. Es muy marcado que él tenía un vivo deseo en su corazón de hacer algo, y el Señor tenía otros planes, por lo cual él nos dice, a través de la Palabra, que muchas veces le fue impedido hacer esto.

Y en el versículo 13 del capítulo 1, hablándoles de la misma situación, él dice que muchas veces fue estorbado. No solamente un impedimento, sino un estorbo. ¿Quién es el estorbado? Una persona que se apunta hacia un lugar y cuando enciende, cuando le da hacia allá y toma velocidad, lo detienen. He luchado yo con la emoción, en esta temporada, de volver a hacer planes cuando me doy cuenta de que gran parte de los planes que hemos hecho no han concretado o no han terminado en ninguna parte.

De volver a sacar la punta al lápiz cuando estoy cansado de escribir planes y proyectos que uno dice: “Pero, Señor, ¿para qué planifico si Tú siempre tienes otra cosa?”. Y podría yo, con inmadurez, refugiarme en la providencia del Señor diciendo: “Si acaso el Señor va a terminar haciendo lo que Él quiera hacer, ¿para qué hace falta planificar?, ¿para qué hacemos presupuesto?, ¿para qué ponemos fechas, si todo está en veremos?”. Hermano querido, he entendido dos razones sabias por las cuales hay que hacerlo, aunque sepamos que el Señor, en su providencia, puede disponer otra cosa.

Aquí hay un hombre que muchas veces quiso ir a Roma y ahora de nuevo dice: “Y ahora de nuevo voy a vosotros”. Estos son de los textos más interesantes de la Escritura, porque tenemos, por un lado, la carta, y por otro lado tenemos la narración en el libro de los Hechos; van de manera paralela. Si usted lee los últimos capítulos del libro de los Hechos, usted encontrará el viaje de Pablo a Roma y se dará cuenta que no sucedió como él lo había pronosticado.

El hombre llegó a Roma, pero llegó a Roma de manera muy diferente. El Señor le concedió lo que era su deseo, pero a la manera de Dios y no a la manera suya. Aquí estamos nosotros haciendo planes y proyectos para nuestra iglesia, con la convicción de que probablemente el Señor nos lo conceda, pero de maneras alternativas. Y que lo que nosotros estamos deseando probablemente ocurra, pero no de la manera, forma y al tiempo de nosotros, sino al tiempo de Dios.

Cambios de prioridad, no de intención

Ahí vamos aprendiendo a planificar siguiendo la voluntad de Dios, donde estamos aferrados a nuestro Dios y no a nuestros sueños. Vemos también que el apóstol Pablo, en vez de cambiar su intención, lo que cambió fue su prioridad. A veces el Señor no te cambia la intención, lo que te dice es: “Ahora no”. Él sigue con el interés de ir a Roma. Es evidente que él entiende legítimo el viaje a Roma. Lo que él entendió es que el viaje a Roma no sucedería en el momento que él lo iba a hacer.

A veces el Señor no te dice que no hagas algo, sino que no lo hagas ahora. De hecho, hay cantidad de necedad donde hay personas que están aferradas a proyectos importantes, necesarios y proyectos de Dios, pero de manera extemporánea. El asunto es que Dios quiere que él llegue a Roma, pero no ahora, sino después y a la manera de Dios. Hermano querido, muchas de las cosas por las cuales tú te afliges en este momento, el Señor quiere concedértelas a su manera, a su tiempo y a su forma.

La frustración está cuando nosotros queremos que sea a la manera nuestra y al momento nuestro. Estamos aferrados al momento de Dios. También me gozo en ver que mientras el Señor le concedía llegar a Roma, dice el versículo 23: “Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones…”. O sea, Pablo, ¿que tú no te has cruzado de brazos esperando que el Señor abra la puerta? No. “Vamos trabajando”.

Hay aquí un rasgo de sabiduría, y es que cuando estamos esperando hacer la voluntad del Señor en algún área y todavía no se nos concede, no es una razón para cruzar los brazos; es una razón para trabajar en aquello que sí se nos concedió. En vez de frustrarte, trabaja en aquello que el Señor te concedió, para que puedas decir: “No teniendo más campo en estas regiones”. Pablo está diciendo: “Esto se agotó por aquí, lo que yo iba a hacer ya se ha hecho”.

Hermano querido, qué hermosa es una persona que espera trabajando. Y qué tristeza da aquel que espera sentado, cruzado de brazos, asumiendo que en algún momento va a poder hacer los planes y proyectos que el Señor ha puesto en su corazón. Hermano, en lo que llega el sueño, haga algo. Aunque lo que usted quiera es Roma, trabaje donde el Señor le ha puesto.

Trabajar donde Dios me puso mientras atesoro el sueño

Hay complicidad entre la hermana Maribel, la hermana Mayra… Recuerdo la dinámica. O sea, Pablo quiere ir a Roma, y sabemos en el libro de los Hechos que el Señor le va a conceder llegar a Roma, pero donde él está, está trabajando. Cuando hay planes y proyectos y uno tiene el corazón para Dios, una responsabilidad solemne que tenemos delante de nuestro Dios es que nuestro Dios nos encuentre trabajando.

Y usted no podrá disculparse con el Señor al respecto de que usted no hizo algo a causa de que Él no le concedió hacerlo, porque usted tenía otra cosa que hacer. Usted será juzgado por el Señor por lo que hizo con aquello que el Señor le concedió en ese momento. La sabiduría está en glorificar al Señor en Roma o aquí. Lo que Dios quiera, para el deleite suyo, no para el nuestro.

Es interesante que mientras él trabajaba, mantuvo el deseo de ir a verlos, dice él: “Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, porque trabajé, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros”. Hermano, hay una sabiduría especial también en atesorar un proyecto en tu corazón para tu Dios, donde tú dices: “Yo no sé si esto será hoy, no sé si será mañana, pero cuando el Señor me lo conceda, esto ha sido atesorado en mi corazón como algo que eventualmente, cuando Él abra la puerta, será hecho para la gloria suya”.

No fue que el apóstol abandonó el sueño, no fue que él dejó la intención de ir a Roma. Lo que está diciendo es: “En lo que trabajo, y mientras lleno esta región completa del evangelio, desde hace muchos años he mantenido el interés en mi corazón de ir a vosotros”. Quiero darle algunas recomendaciones para mantener el sueño vivo mientras el Señor no permite que usted llegue a Roma.

En todos nosotros hay un sueño. En todos nosotros hay un plan, en todos nosotros hay un proyecto. El asunto está en que el proyecto quizá no sea para el 2022, sino que sea para el 2024, o para el 2027, o para el 2035. Y en esa línea de tiempo hay ansiedad. Yo recuerdo cuando yo tenía el proyecto de sembrar una iglesia, que yo sentía que yo transpiraba ese asunto y tenía una pasión casi irresistible, y le doy las gracias al Señor que nunca dejé de trabajar en la iglesia local.

Mantener vivo el sueño sin cruzar los brazos

Probablemente pude haber cruzado los brazos y decir: “No, mira, no me puedo comprometer porque yo estoy en tránsito, tú sabes, el Señor me va a llevar a mí eventualmente a plantar una iglesia”. Hermano querido, yo no sabía si era en el 2008 o en el 2030. Y entre el 8 y el 30 se hacen unas cuantas cosas para la gloria del Señor. Yo no sé cuál proyecto el Señor ha puesto en tu corazón, pero todos nosotros tenemos sueños.

El asunto es trabajar mientras acariciamos el sueño, mientras atesoramos el sueño. ¿Cómo mantener el sueño vivo en lo que el Señor no permite llegar a Roma? Recomendaciones generales para mantener el deseo, como lo mantuvo el apóstol. Ora al Señor y mantente al tanto. ¿Qué es mantenerse al tanto? Quizás yo no estoy en Roma, pero yo puedo saber lo que está sucediendo en Roma. Yo puedo conocer la necesidad de Roma, mantenerte al tanto.

Ten una perspectiva en el sueño, pero vive en la realidad. Entiende y vive la realidad. No porque yo no estoy en Roma ya yo estoy proyectándome como que estoy en Roma. No, no, no, no. Yo puedo echar un ojo a lo que ya está pasando allá, con la expectativa de que probablemente terminemos llegando allá, pero mientras tanto voy trabajando donde el Señor me ha colocado. Eso es sabiduría.

Hablaba días pasados con un hermano que le asesoraba respecto de estas cosas y le contaba la historia de un amigo que tuve en el primer gobierno de Leonel Fernández, mi amigo Joaquín. Recuerdan cuando Leonel comenzó a dar las becas. Su papá trabajaba en el gobierno o algo parecido, y a Joaquín le dijeron que cuando él terminara el bachillerato él se iba para California, que tenía una beca.

Todos terminamos el bachillerato y buscamos qué hacer. El que pudo ir a la UASD fue a la UASD. El que pudo ir a una universidad privada fue a una universidad privada. El que pudo fue a la U, consiguió un trabajito, después se fue para una universidad privada. “Joaquín, ¿qué tú estás haciendo?”. “No, que yo estoy para California”. Y nos pasó el primer gobierno de Leonel y no se fue. Y hasta donde yo supe, todavía no se ha ido.

Entiendan lo que es ese tránsito. Es el tránsito del que está esperando, es el tránsito del que está operando con que una cosa va a llegar. Es el tránsito del que llega a una iglesia y todavía está aquí como flotando: “No, yo no me puedo comprometer…”. Trabaje hoy, aunque el Señor le lleve mañana a otra parte. Comprométase hoy, aunque el Señor disponga otra cosa después. Hermano, trabaje donde el Señor le colocó, aunque eventualmente el Señor le permita también llegar a Roma.

Ayudar “según está a tu alcance” y documentar los sueños

Ayuda según está a tu alcance. Pablo todavía no ha llegado a Roma, pero está mandando esta carta. Oye, hermano, ¡y qué carta! Él está ayudando según el Señor se lo permite. Escribe lo que Dios puso en tu corazón hoy, ese ardor, y plánchalo ahí. Déjalo “dormir” en una gaveta durante unos cuantos años.

Yo leí hace muchos años un libro acerca de escritura; el autor decía que los escritores acostumbran a escribir novelas y dejarlas dormir. O sea, yo escribo la novela, cuando se sacan eso de la mente, la guardan durante unos cuantos años y después vuelven a releer la novela, con la perspectiva que le da el tiempo, hacen correcciones y entonces la publican. Yo leí el asunto y dije: “Bueno, yo no quiero escribir novela, pero yo tengo planes y proyectos, y tengo sueños”.

Y cada cierto tiempo yo documento algo que quiero hacer para el Señor en algún momento, y luego paro. Y cuando lo hago, como que siento que me quité un avión de encima. Yo no puedo estar lidiando hoy con los problemas del 2040. Cada día traerá su propio afán. Eso está planchado y si el Señor lo permite, aquí hay un proyecto. ¿Y eso se va a cumplir? Yo no sé, pero ahí hay algo, porque el ardor que yo tengo en este momento probablemente no lo tenga en el 40.

Documente hoy lo que usted quiere hacer para el Señor y tenga paz al respecto de esto, de que, si el Señor quiere, se lo concederá en otra temporada. Les he recomendado la biografía de Guillermo Carey; está en la página de la iglesia, un resumen de su biografía que escribí hace mucho tiempo, y parte del ministerio de Guillermo Carey es que él tenía ardor por ir a las misiones, pero era un zapatero, y nadie creía que el zapatero podía llegar a las misiones.

Guillermo Carey mandó a comprar un mapa y lo pegó en la zapatería, en la pared, y él oraba, como Pablo deseaba Roma, él oraba por la misión en la India. Y cuando nadie entendía que él podía, él puso el mapa y oró y se encargó de conocer la geografía, se encargó de aprender diferentes idiomas y dialectos, se encargó de aprender rutas comerciales, investigó los dioses del lugar. Y seguía arreglando su zapato.

Entienda la dinámica: no es que él va a dejar de ser zapatero, sino que dice: “Yo sigo remendando zapatos y oro para que el Señor me permita hacerlo”. Eventualmente, el Señor se lo concedió y rindió gran fruto allá. Sin embargo, durante cuatro años sirvió como pastor en su ciudad, como predicador itinerante, contribuyó de diferentes maneras en su iglesia local, y después el Señor se lo concedió.

Hermano, que el Señor nos lo conceda. Estoy dando algunas ideas para que pueda prepararse, aunque el Señor no te permita llegar a Roma. Yo hablo por ustedes, pero como iglesia tenemos planes y proyectos, y yo miraba los sueños que tenemos para el Señor, hermano, y yo digo: “¡Wow!, pero esto parecen cosas grandilocuentes”. Claro, si usted mira el día de hoy la realidad de nuestra iglesia y usted la proyecta al 2008, parece grandilocuente lo que está sucediendo hoy, pero el Señor lo ha hecho.

Y si podemos esbozar lo que el Señor podría hacer en medio de nosotros a corto, mediano y largo plazo, quizá también nos sorprenda. Guardemos eso ahí, oremos al respecto y esperemos que el Señor nos permita llegar a Roma.

Cómo Dios nos interrumpe: Espíritu Santo, diablo y prioridades

He estado mostrando cómo lidiar con los impedimentos. Cuando tu Dios te interrumpe. Y a lo largo de toda la Escritura encontramos múltiples interrupciones. Alguien dirá: “¿Y cómo es que el Señor me interrumpe, que va a mandar un ángel?”. Dice en el libro de los Hechos, del apóstol Pablo, que el Espíritu Santo no le permitió en algún momento hacer algo. ¿Y cómo es que el Espíritu Santo no te lo permite? Hermano, el Espíritu Santo es una persona real y habla a nuestro corazón y nos persuade.

Y tú quieres hacer algo, y el Espíritu Santo… a veces tú sientes que tú estás luchando con el Espíritu Santo que te está hablando, te está inquietando, y tú querías hacer eso y el Espíritu no te lo permitió. Paz. A veces no es el Espíritu que te interrumpe, sino el diablo. Y Pablo, a los tesalonicenses, les dijo que él quería hacer algo, pero que Satanás lo había interrumpido.

No voy a abundar en cuanto a eso, hermano, pero el diablo puede ser usado por Dios que interrumpe tu tiempo en tu camino. Porque si uno ve la historia de Job, también fue interrumpido y Satanás se demostró que podía ser hasta usado por Dios en sus propósitos. No voy a abundar ahí para no salir del tema, pero después de hablar del Espíritu Santo y hasta de la oposición diabólica, puede ser utilizada por el Señor para llevarte a ti a otra parte.

Muestro lo que he encontrado en la Escritura de cómo el Señor nos interrumpe. Bueno, a veces el Señor te interrumpe mostrándote cuál es la tarea actual. Cuando Pablo dice aquí: “Por esta causa me he visto impedido…”. ¿Saben cuál era la causa? El trabajo que estaba realizando. Yo estoy investigando la causa y digo: “Pero cuidado si fue que Pablo sintió de nuevo lo que dice el libro de los Hechos, que el Espíritu Santo se lo impidió…”. No. La causa aquí es que él dijo: “No puedo desatender lo que estoy haciendo. Tengo primero que terminar el trabajo aquí para después hacer otra cosa allá”.

La causa, en este momento, es un asunto de prioridad, ya que él estaba haciendo un trabajo importante en ese lugar que no podía abandonarlo. Bueno, a veces no hay que ser un genio para darte cuenta de que no es el momento de llegar a Roma.

Buen juicio, llamado y compromisos presentes

Siempre recuerdo, hermano, a mi pastor Parra. Una persona le dijo que estaba llamado… ya no sé, ahora el énfasis en las iglesias locales está en plantación de iglesias, pero en los 90 el énfasis estaba en las misiones foráneas. Y parecía que si usted no tenía un plan para irse a la ventana 10/40, usted no tenía sentido. Entonces los hermanos se apasionaban con esto, algunos movidos por el Señor y algunos movidos superficialmente.

Y había un hermano que tenía una familia relativamente nueva, no recuerdo la historia cómo era, pero según recuerdo era una familia relativamente nueva, una esposa embarazada, y el hermano decía que estaba llamado por el Señor a irse de misionero a alguna parte. Y el pastor le dijo que Dios no le estaba llamando. Es duro, hermano, cuando te tiran un balde de agua fría. Entienda el balde de agua. O sea, tienes una responsabilidad aquí, un embarazo en curso, una responsabilidad.

No quiero ser categórico al respecto de eso, hermano, yo sé que el Señor en su providencia puede utilizar medios que escapan a nuestro cálculo y las misiones están llenas de historias así. Pero por favor entienda que a veces el buen juicio, como tiene en este momento el apóstol Pablo, que dice: “Hasta ahora estoy impedido”. ¿Por qué ha sido impedido? Porque tengo un trabajo que está en curso y hasta que no termine este trabajo, entonces no debería atender otra cosa.

El Señor nos muestra una tarea urgente o algún trabajo pendiente. Romanos 15, del 20 al 21, dice: “Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; y los que nunca han oído de él, entenderán. Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros”. Porque yo tengo esta carga de predicar el evangelio en el lugar donde estoy, todavía no he podido ir.

Hermano, a veces es tan sencillo como tú mirar lo que el Señor te mandó a hacer ya, y considerar cuándo podrías terminar eso, para entender que el Señor te está llevando a otra parte. Alguien quisiera como que yo les dé la fórmula: “Yo quisiera saber si ya es el momento de irme a Roma o no”. Hermano, cada quien va a tener que discernir.

Yo estoy, hermano, también un poco agotado de que la gente quiere que tú vengas a hacerle su tarea. La convicción del llamado la tienes tú, y tú, y tú, y tú… y ustedes me siguen usando y me dicen: “Ah no, dígame, pastor, si esto es sabio o no es sabio…”. ¿Qué te ha dicho el Señor a ti? ¿Ya terminaste lo que estás haciendo?

Pasión versus obediencia, y el chiste del “cabo de agua”

Para un creyente maduro, hermano, esto no es solamente un asunto de interés o pasión, es un asunto de fruto y obediencia. Y cada vez yo quiero moverme menos por pasión y más por obediencia. El que se ha movido por pasión, cada vez que algo brilla está detrás de eso: “Ay, un interés nuevo, algo renovado…”. Hermano, esto no es por intereses, los intereses van y vienen.

Es un asunto de dar fruto para el Señor y ser obediente, porque tú vas a encontrar cosas que brillan todos los días. No todos los días tú vas a encontrar un ministerio muy interesante, no todos los días vas a encontrar una labor más llamativa, no todos los días vas a encontrar una cosa más brillosa. Ahora, comprométase en algo y dé fruto para el Señor. Es un asunto de fruto y obediencia. Pablo probablemente dice: “¡Wow!, Roma brilla mucho”.

“Pero aquí hay un fruto que traje, hay una semilla que está sembrada y hay un fruto que hay que recoger, y sobre todo hay una convicción de obediencia. Tengo que glorificar al Señor aquí antes de irme a Roma”. Administra la pasión, es lo que quiero decir. Yo tengo un poco de respeto a las conferencias, porque en las conferencias te dan mucha pasión, pero poco compromiso. Y la gente dice: “Tú quieres motivación, ve a una conferencia, que tú vas a encontrar un motivador que te va a decir qué hacer con tu vida”, y tú sientes que: “¡Wow!, este es el llamado de Dios para mi vida”.

Repósalo ahí. Vamos a ponerlo a macerar un ratico. Y vamos a ver cómo eso se ve de aquí a 12 meses. Y probablemente de aquí a 12 meses ya tú has revisitado 15 pasiones más. Dice el libro de Proverbios: “El corazón del hombre genera muchos proyectos, pero al final prevalecen los designios del Señor”. Y esos muchos proyectos, hermano, los siento yo. Yo hablo con el Señor, me bendijo con una esposa que por lo menos me entiende.

Pero yo hablo con Jamie: “Mira, yo quiero hacer demasiadas cosas”. Entre las cosas que yo quisiera hacer, yo quisiera ser alcalde pedáneo y ser “cabo de agua”. Usted me dice: “¿Y qué es eso?”. Y yo bromeo con eso, hermano. Días pasados estábamos con unos hermanos de la iglesia en Baní, y estaban los que hacen de “cabo de agua”, o sea, un cabo de agua, alcalde pedáneo, y yo bromeo con esa cosa. Y vimos un canal de riego y yo me entusiasmé.

Yo he bromeado con eso durante tantos años, de que yo quisiera ser alcalde pedáneo, cabo de agua. Cabo de agua es quien, en los campos, en los parajes, le dan la llave de los canales de riego y puede decir: “Tú vas a regar hoy y tú vas a regar mañana”. El que administra el riego. Entonces le dan la llave. Y yo: “¡Guau!”, hermano, y vi los canales así, y pasó por ahí un cabo de agua, y me permitió agarrar la compuerta y toda la cosa. Hermano, yo he bromeado tanto con eso que yo como que sentí que se realizó mi sueño.

Le digo esto, que parece ridículo, es para que ustedes se den cuenta, hermano, de lo que son los intereses, la pasión en el corazón de la gente. Hoy quiere ser astronauta, mañana quiere hacer esto y después entonces quisiera hacer lo otro: “Y ahora quiero poner una pastelería”, y mañana entonces “Me gustaría irme de viaje”, y después lo otro. Haga algo y glorifique al Señor ahora, según los medios que el Señor le ha dado.

Y el Señor te permitirá quizás llegar a Roma, pero haz algo hoy. Porque si no, tú vas a terminar diciendo: “No, yo no quiero pastorear iglesia, porque mira, el llamado verdadero de Dios para la vida mía no es pastorear iglesia. Yo quiero ser cabo de agua, eso es lo que yo quiero ser, que me den a mí la llave, que yo quite candados y ponga candados”. Y pregúntale a fulano si regaste. “Oye, ¿regaste…?”. Hermano, déjense de esas cosas y maduren al respecto de hacer cosas concretas para el Señor, según los medios que el Señor le ha dado.

Ocúpese en algo. Cuando una persona no está ocupada, hermano, los intereses brincan como “lucecitas”, eso siempre está brillando. Ocúpese en algo y se va a dejar de interesar; se va a cansar un chin.

Compromisos reales, familia y decir “no” con sabiduría

A veces yo siento que cuando la gente no está ocupada le brillan muchas cosas, y siempre está desenfocado. Comprométase en algo. Para usted, la familia debe ser un compromiso importante. Bueno, yo tengo un bebé recién nacido de cinco meses por delante; a mí me están faltando 20 años de paternidad. No hay que ser un ángel para usted darse cuenta de que probablemente tiene responsabilidades inmediatas que le van a llevar a decir que no a otras cosas.

Desde el embarazo de Karol, y ahí estoy jugando esa carta, porque todos los días me están llamando para algo. Y yo: “Mira, yo tengo una esposa embarazada en este momento y tengo que acompañarla en este momento del embarazo, y no puedo salir del país”. ¿Hay alguna razón? En lo humano, yo quisiera ir; me están invitando a ir a un lugar y yo quería ir. En lo humano, tú entiendes. Pero al mismo tiempo digo: cada vez que salgo del país es un gasto, cada vez que salgo del país se me acumula el trabajo aquí, y tengo una mujer embarazada. Es una razón.

Nehemías tenía un proyecto que estaba haciendo y los enemigos del pueblo del Señor querían distraerlo. ¿Sabe lo que mandó a decir Nehemías? Nehemías 6 del 2 al 5: “Sambalat y Gesem enviaron a decirme: Ven y reunámonos en alguna de las aldeas en el campo de Ono; mas ellos habían pensado hacerme mal. Y les envié mensajeros diciendo: Yo hago una gran obra y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros”. No puedo, estoy comprometido.

Bueno, a mí me encanta la gente que me dice que no con una razón valedera. Ha habido personas que tú le preguntas: “¿Tú podrías hacerte disponible para algo?”, y te dice: “Mira, realmente yo quisiera, y eso que tú me estás mencionando es lo que yo he deseado hace tantos años, pero en este momento yo tengo un compromiso firme, y es que yo tengo la universidad por terminar y no quiero retirar materias. Yo quiero terminar la universidad y creo que eso glorifica al Señor”.

Ese no era yo, usted me entiende. No piense que eso soy yo. Yo era el irresponsable que por compromiso ministerial retiraba una materia de la universidad con facilidad. Un campamento, un lugar que hay que predicar. “Pero claro, no te preocupes, retírala, que todavía estamos en la primera semana”.

Qué hermoso es una persona que te dice que no a causa de que está haciendo algo importante. “Mira, realmente yo quisiera, pero en este momento tengo que ser responsable, no puedo”. Alguien me llamó: “Mira, hay un encuentro intensivo para pastores que va a ser desde el jueves hasta el domingo, y va a ser de la mañana hasta la noche”, y lo que me describió me parecía fantástico. “Mira, yo tengo una reunión el próximo viernes, una reunión de planificación del presupuesto 2023 de mi iglesia; estamos trabajando por eso hace dos meses y orando al respecto, esperando en el Señor, y yo estoy comprometido con mis hermanos desde hace dos meses, con antelación, y en este momento yo no me siento cómodo comenzando a mover cosas para algo que me llegó a última hora. Te agradezco que me hayas considerado, pero no puedo. Tengo una razón importante”.

El Señor te interrumpe a veces mostrándote una razón importante: la edad de tus hijos, el momento de tu matrimonio. “Mira, estoy recién casado y tengo que establecer esta familia”. Y establecer una familia requiere presencialidad, usted entiende; tenemos que estar aquí. O probablemente yo tengo un matrimonio ya consolidado, pero en este momento estoy en una crisis familiar y mi matrimonio no está en el mejor momento, y no entiendo sabio en este momento abandonar el proyecto familiar para perseguir ningún interés. Mi familia me necesita. Tengo un hijo enfermo.

Como que me he quedado aquí dando vueltas, hermano, en este asunto, pero creo que hay salud en esto, hay sabiduría. A veces el Señor te habla, te ha mostrado: “Mira, puedo usar al diablo que te interrumpe, puedo utilizar el Espíritu Santo, puedo utilizar mostrarte las responsabilidades actuales que ya tú tienes, en las cuales estás comprometido”.

Fuerza mayor, puertas cerradas y “el hombre propone…”

A veces el Señor te permite asuntos de fuerza mayor. De fuerza mayor fue cuando agarraron a Pablo en Jerusalén y lo maniataron y se lo llevaron levantado y lo embarcaron y lo mandaron para Roma. Él está preso y tiene que llegar, y está en el centro de la voluntad de Dios. Causa de fuerza mayor.

A veces el Señor abre y cierra puertas, como dice Colosenses. Tú querías hacer eso por el Señor; no abrió la puerta, o la cerró. Es triste ver una puerta cerrarse, pero también alegra saberse dirigido por Dios. “Mira, yo quería hacer eso, y cuando fui… ahí no abrió. ¿Y qué pasa?”. Que Dios no quiere que eso se haga. “¡Guau!, pero yo pensé que iba a estar haciendo eso en este momento y no se puede hacer…”.

Bueno, el Señor no me lo ha permitido. “Señor, si se abre la puerta, aquí estamos”. Le leo Proverbios 19:21 en diferentes traducciones; ya se lo cité, se lo leo en diferentes traducciones. Dice una: “Muchos son los planes en el corazón del hombre, mas el consejo del Señor permanecerá”. Dice otra: “Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá”. Y una paráfrasis, la traducción al lenguaje actual; oigan cómo lo tradujo: “El hombre propone, Dios dispone”. Eso es.

Él no asumió que el impedimento era un obstáculo para hacer planes. Él hizo planes, pero aprendió a lidiar con los impedimentos. En primer lugar, he estado mostrando que para planificar siguiendo la voluntad de Dios hay que lidiar con los impedimentos. “¿Y qué hacemos, pastor, entonces, no planificamos?”. No. Dijo Martín Lutero: “Aunque el fin del mundo sea mañana, yo sembraré hoy manzanos en mi huerto”.

¿Sabe lo que significa esto? Que hay que hacerlo de todos modos. No significa que tú te vas a excusar en que las cosas son difíciles, en que no se han podido dar planes y proyectos cuando tú sabes que son cosas que glorifican al Señor, principalmente.

Él bosquejó su plan. Dice, del 23 en adelante: “Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros, cuando vaya a España iré a vosotros; porque espero veros al pasar y ser encaminado allá por vosotros…”. El Señor abrió una puerta. ¿Cuál fue la puerta? Que se terminó el trabajo que él iba a hacer.

El asunto aquí, hermano, no es aprender a hacer un plan, sino aprender a lidiar con lo que un plan requiere. Pero en el plan de Pablo había por lo menos cuatro elementos. El primer elemento de su plan: él dice que había acabado su trabajo en el lugar, “no teniendo más campo en estas regiones”. Cuando esté en un plan, diga: “Señor, lo que me mandaste hacer anteriormente ya lo hice, me siento descansado”, y a veces es una razón para terminar lo que comenzaste.

“Puedo hacer plan siguiente. Señor, me gozo en que hasta aquí Tú nos ayudaste. Mira, se ha entregado esto, ahora permíteme hacer lo siguiente”. Primer elemento en el plan de Pablo que yo encuentro aquí es que él había acabado el trabajo en su lugar.

Encaminado por otros y la gestión estratégica del gozo

Otro elemento: dice él que esperaba ser encaminado por los romanos. Encaminado es un eufemismo para describir la ayuda material. Como cuando él escribe a las iglesias y les decía: “Fulano va con ustedes, encamínenlo”. Encamínenlo, denle lo que haga falta para que siga haciendo el trabajo. En el plan de Pablo él entendió que la iglesia de Roma podría contribuir con la misión en España, de forma tal que él está escribiendo con mucha prudencia, diciéndoles: “Ahora voy a hacer un trabajo intermedio, pero por favor, cuando vaya, quiero gozarme con ustedes y que me encaminen”.

Cuando hay proyectos hay que encaminarlos. Y cuando a usted le pedimos que nos ayude a encaminar un proyecto, usted sabe de qué le estamos hablando. Entiende el eufemismo. Hemos tenido necesidad en diferentes áreas, hemos tocado diferentes puertas, hermano, para encaminar esos proyectos, y fueron bien encaminados. A Dios la gloria. Encaminar en el lenguaje bíblico es proveer de lo que haga falta, principalmente lo material, para que un trabajo sea hecho. Él estaba esperando que los romanos le encaminaran a España. Esa era la segunda razón.

Pero también él veía Roma como un refrigerio para su alma. Dice que él quería hacerlo “gozando con vosotros”. Bueno, eso también se planifica. Yo he entendido la administración estratégica del gozo. Para usted hacer algo para el Señor, sobre todo si es algo grande, usted necesita estar gozoso.

Entonces usted puede hacer un plan de forma tal que usted ponga ahí los diferentes elementos que hay que poner para que eso se haga con gozo. Llegó días pasados un hermano y me encontró dando el taller de membresía, y vio que yo tenía una sonrisa así, hermano, y una alegría. Yo he entendido estratégico poner un taller de membresía los domingos en la mañana, antes del culto. ¿Y por qué pongo ahí los talleres de membresía y no pongo reuniones pastorales complicadas? Porque esos talleres me dan gozo.

Hay reuniones que tú vas y te drenan, y hay otras que cuando tú vas te llenan. Entonces, si yo voy a predicar el domingo, yo quiero tener antes del domingo un taller de membresía, algo que me llene de gozo porque voy a predicar las Escrituras. ¿Ahora voy a poner, de que “No, vamos a tener la reunión de presupuesto el domingo en la mañana, antes del culto…”? No, no, no.

Así no. Maneje la gestión estratégica del gozo. Para usted hacer cosas grandes para el Señor, usted tiene que administrar su estado de ánimo, porque en gran medida muchas cosas no se hacen porque usted se siente desanimado. En el año, hermano, hay muchos compromisos que se atienden, pero yo tengo por lo menos dos compromisos que me llenan de gozo.

En los últimos cinco años, por lo menos, mis hermanos de Mesa Evangélica Misionera me han llamado, una vez al año, a un retiro de ellos para que yo predique. Cuando yo voy, hermano, qué cosa más acogedora, me llenan de gozo. Me llamaron este año y lo puse ahí estratégicamente, en una fecha que es conducente a que, con ese gozo, pueda glorificar mucho mejor a mi Señor. Y mis hermanos de La Vega, de José. Esos hermanos son los hermanos más hospitalarios que yo conozco, y cuando ellos me invitan a algo, hermano, eso se coloca estratégicamente.

Porque les voy a ministrar la Palabra, pero al mismo tiempo me siento muy bien cuando comparto con ellos, de forma tal que eso es conducente para otras cosas. Eso es lo que Pablo está diciendo. Pablo dice: “Yo voy para España, un lugar que probablemente sea árido, donde yo no vea a mis hermanos durante mucho tiempo, y yo quisiera, de camino, pasar por Roma para llenarme de gozo, porque lo que me queda por delante, hermano, es duro”.

Recuerden cuando Pablo iba preso a Roma, que el Señor le permitió un “refresquito” en medio, visitar una iglesia local que le animó. Eso es muy necesario. Gestión estratégica del gozo. Coloque asuntos que le llenen de gozo de forma tal que pueda glorificar al Señor. Es tan necesario planificar el gozo como el trabajo.

Miren el Día de Familia de nuestra iglesia. Eso es un momento como que nos prepara para el fin de año; uno viene al Día de Familia y uno se afirma, uno se anima. La iglesia queda… gestión estratégica del gozo. Eso está colocado ahí de forma tal que permitimos llenarnos de gozo para entonces afirmar el fin de año. Que el Señor nos siga ayudando.

Fruto logrado que impulsa al siguiente paso

Y después él ve a Jerusalén. Dice el versículo 29: “Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo”. Él está diciendo: “Yo voy ahora a Jerusalén, me tengo que desviar, pero cuando llegue a Roma voy a llegar con la abundancia de la bendición del evangelio de Cristo”. Esa abundancia de la bendición es que cuando algo que tú hiciste para el Señor produjo su fruto, alcanzó un propósito bueno, eso te llena.

Cuando usted ha logrado un hito en el ministerio, usted se siente motivado a lograr otro más. Y él dice: “Yo voy a Jerusalén esperando que esa emoción de ver fruto en esto me permita entonces después pasar por ustedes, llenarme de gozo y llegar a España a hacer un gran trabajo para el Señor”.

En todas estas cosas he estado hablando, en primer lugar, acerca de lidiar con los impedimentos. Hablemos un poquito de los imprevistos.

Desvíos e imprevistos en la ruta de Dios

¿Qué es un imprevisto? Que Pablo está queriendo ir a Roma, se encuentra probablemente en Corinto, y ahora él se siente interrumpido para llegar a Jerusalén. No acabamos de dar una clase de geografía, pero Corinto está aquí, y él quiere ir a Roma, que está allá. Pero Jerusalén está por acá. Y él dice: “Yo quiero ir a Roma, pero ahora tengo que ir a Jerusalén, o sea, tengo que darle para atrás para después volver para España”.

O sea, él quería llegar al límite occidental, pero entonces ahora está mandando para el oriente. Es como que tú estuvieras en Baní y quieres llegar a Pedernales, pero el Señor te interrumpe con un imprevisto y te dice: “Ok, tú vas a llegar a Pedernales, pero por favor llega primero a Samaná”.

Según investigué, hermano, cerca de 1500 kilómetros de retroceso con relación a Roma, para después darle a todo ese trayecto hacia atrás. Son imprevistos. “Ah, yo no conocía ese peaje, esto yo no lo planifiqué. Esto no estaba en el plan…”. Yo sé que no estaba en el plan. “Dale para allá, amigo, y que te vaya bien”.

Un desvío a Jerusalén, un desvío. Fulano, párate, que yo voy. A veces tú vas en una ruta: “Yo voy para Pedernales, estoy en Baní”. “Ah, mira, yo tengo que llegar a Samaná, para que me dejes de camino…”. Ajá. Hemos nosotros vivido desvíos; la vida está llena de eso, y la gente se jala los moños con esos desvíos. En esos desvíos el Señor lo pone en ruta.

¿Y cuál era el desvío? Atender a la necesidad material que tenía la iglesia en Jerusalén, un asunto que era precioso y que ameritaba el desvío. El apóstol Pablo estaba comprometido en atender sus necesidades materiales; y esto primero es lo primero. Las interrupciones no pueden… No puede, no puede, no puede… Y cuando ya puede, aparece una necesidad en Jerusalén.

Hermano, sirva al Señor. Porque si usted se aferra a sus planes se va a frustrar. Sirva al Señor, porque si usted se aferra a sus sueños y sus proyectos se va a frustrar. De hecho, yo creo que el Señor, en su misericordia, no nos enseña toda la trayectoria, porque nos volvemos locos.

Estamos pensando, hermano, en cómo el Señor, con gracia, nos ha permitido a nosotros ser padres de nuevo. Y después de momentos de tristeza y demás, si el Señor nos dice a nosotros hace dos años que íbamos a estar cambiando pañales en este momento, quizá lo hubiéramos recibido con alegría, hermano, pero nos impresiona mucho. Ahí estamos, en una ruta larga donde el Señor permitió idas y venidas, pero ahí estamos, hermano, y el Señor nos puso en ruta; estamos de los más contentos. Gloria al Señor por eso.

Y así ha pasado en la vida de todos ustedes, pero ustedes no lo notan. Ustedes querían ir para Pedernales, estaban en Baní, y el Señor los mandó a pasar por Samaná. Y tú dices: “Señor, estamos caminando como para atrás…”. No, son desvíos. Y en esos desvíos el Señor alcanza su propósito.

Primeras cosas, hermano: impedimentos. Otra: desvíos. Por favor, en su plan y proyecto abra su corazón a que habrá impedimentos y habrá desvíos. “No era lo que yo esperaba estar haciendo en estos momentos, pero aquí estoy, rumbo a Pedernales, aquí estoy, rumbo a Samaná; y después para Pedernales”. Gloria al Señor.

Sirva a su Dios y no a sus proyectos. Entienda. No se aferre a su plan, aférrese a su Dios. La pregunta es: “Señor, ¿Tú vas a ir conmigo? Si Tú vas conmigo, Señor, lo hacemos tres veces sin problema”.

Bañar los planes en oración y luchar juntos

Termino mostrando, después de lidiar con los impedimentos y admitir que van a haber imprevistos —imprevistos de 1500 kilómetros, por los transportes del mundo antiguo, más o menos, no por carretera del mundo actual, sino del mundo antiguo—, le mostraré, del 30 al 33, que Pablo tenía un plan, probando su plan en oración. Cubrió su plan en oración, aireó su plan en oración.

A todos nos gusta hacer planes; el asunto es orar por ellos. Es bonito meterle datos a una tabla de Excel. El asunto es orar por ellos. Yo, en lo particular, hermano, no soy en esto un estándar. Yo prefiero hacer plan y proyecto y lo guardo y toda la cosa, pero, ¿qué tanto estoy orando por mi plan y mi proyecto?

Cada vez uno, en una agenda, debe tener también un cuadernito de oración, ambas cosas. “Señor, aquí está el plan”. Cuando me refiero a bañar el plan en oración, es hablar con el Señor de eso, como me imagino a Guillermo Carey remendando zapatos, mirando el mapa: “Señor, permíteme ir allá. Señor, dame los recursos para la misión. Señor, cualifícame para hacerlo. Señor, dame los medios para que lo que es mi sueño se cumpla”.

Baños su plan en oración. Le estoy llamando a bañarlo, hermano, porque no es como que “ya oré por eso”, sino “báñelo”; o sea, sumérjalo en oración. Es lo que dice Pablo, versículo 30: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios”. Es lo que está diciendo: “Bañen este plan en oración. Vamos a tener ahora, vamos a hacer el presupuesto del 2023, vamos a hacer el plan de nuestra iglesia a mediano y largo plazo; vamos a bañar eso en oración, hermano. Ayúdenme a orar por eso”, lo que él está diciendo.

Y creo que fue sabio involucrar a toda la iglesia, porque quien ora con nosotros está literalmente —y es lo que dice la palabra en el original— luchando conjuntamente conmigo. Lo que está diciendo es: “Ayúdenme a luchar conjuntamente conmigo en oración”. Pareciera que para Pablo orar tampoco era una cosa sencilla. “Únanse a esta batalla de orar al Señor por esto conmigo. Yo quiero ir a servirles a ustedes, pero oren por eso”.

Quien ora con nosotros se siente parte del plan. Quien ora con nosotros celebra con gozo. Y sobre todo, quien ora con nosotros se desprende con facilidad. “Lloré por eso, yo me desprendo. Lloré por eso, yo participo”. Hasta para recibir, hay que haber orado. Yo a veces lo estoy sintiendo, que yo llego, me toca predicar, y como alguien está esperando: “No, el pastor viene a traer un mensaje…”. Yo ya oré por eso. Usted ayúdeme a luchar en oración.

Yo quiero orar por ustedes: “Señor, permíteme predicar con denuedo. Permíteme predicar con gracia”. Pero yo quisiera que en mi iglesia también digan: “Señor, permíteme que mi corazón hoy sea ministrado. Permite que la Palabra alcance en mí un propósito. Permite que mi pastor hoy no esté predicando al aire”. Vamos involucrándonos en esto. Luchen conmigo conjuntamente, es lo que está diciendo.

Cuatro motivos de oración y la voluntad de Dios

“Yo voy para allá y quiero ministrarles, pero yo quiero que ustedes oren desde ahora por mí, que lo sientan, que esto es parte de ustedes”. Sobre todo, orar nos prepara para lidiar con los impedimentos y recibir con gracia los imprevistos. Testifico que cuando he orado al respecto por algo intensamente y la puerta se cierra, tengo más paz que cuando no lo he hecho.

A veces la puerta está cerrada, hermano, pero también tienes mala conciencia de que tú no sabes si se cerró la puerta, si el Señor te está diciendo algo o no te está diciendo nada, si tú no oraste… Cuando tú oraste por esa puerta, tú recibes el estado de la puerta como una providencia del Señor. “Padre, tengo limpia conciencia, yo te oré por eso”.

“¿Y tú no vas a seguir intentando?”. “Lloré por eso. Y si yo le he orado por eso al Señor, y yo luché por eso en oración, y yo veo que la respuesta es ‘no’, algo mejor el Señor hará. Pero el Señor se glorificará”. Lo que está mostrando, está diciendo: “Luchen conjuntamente conmigo al respecto de esto”.

Cuatro motivos de oración les mandó. Dice, en el versículo 31: “Para que sea librado de los rebeldes que están en Judea”. Esos rebeldes eran judaizantes que no querían que el evangelio se predicara a los gentiles y lo combatían, lo mismo que lo “galatearon” a Pablo cuando estuvo en Jerusalén. Con esto lo que me quiere mostrar es: “Tú ora al Señor, pero entiende que el Señor te puede dar también respuestas alternativas a tu oración”.

Pablo está orando para ser librado de los rebeldes, pero cuando llegó, los rebeldes lo agarraron, hermano, y le dieron su… Sí, pero él oró por eso. Bueno, quizá porque oraste no te mataron. “Ah, pero ese es el asunto, hermano”. “Por eso estoy en pie”. Claro. Porque ese es el asunto: que la gente ora y se aferra a que se va a cumplir su sueño. No. Probablemente el Señor maceró el asunto ahí. Oraste, mira, su vida fue preservada. Después estuvo en un barco, hermano, el barco naufragó y el Señor salvó su vida. Ah, que había una iglesia orando al respecto de que él pudiera ser librado. De esa manera fue librado.

Primera oración: que sea librado. Después dice: “Y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta”. Y tú dices: “¿Qué es eso? ¿Que se haga una ofrenda?”. Hermano, tan importante como disponer la ofrenda es que se reciba la ofrenda. A veces usted quiere servir a una persona y el Señor no le ha dado medios para que se lo sirva. Es decir: “Yo tengo un recurso que te podría ser de bendición y tú no quieres recibir ese recurso”.

“Si supieran lo que es para tu paz”. A veces tú vas a un lugar y tú dices: “No, yo voy a predicar el evangelio. ¿Y quién no necesita el evangelio?”. No es eso, es que ellos reciban el evangelio. Y hasta para ayuda material, hermano, lo difícil que es repartir en esta tierra, dar o repartir recursos materiales es una de las tareas más complejas que se pueden hacer en esta tierra. Y por eso hay que orar.

A veces dando ofendes. “Fulano, mira, estoy viajando 1500 kilómetros para venir hasta aquí a darte una ofrenda…”. “Yo no le he pedido tu ofrenda, yo no necesito ofrenda”. Y Pablo podía decir: “Yo les he dicho a los gentiles que vengan para acá a ayudar a los judíos. ¿Qué tiene que ver que los gentiles estén ayudando?”. Entonces, el asunto no es solamente que haya una ofrenda o que haya un instrumento que lleve una ofrenda, sino que se reciba la ofrenda.

Hay un libro que se llama así mismo, que lo he recomendado varias veces: “Cuando ayudar hace daño”. Y es que a veces tú quieres ayudar, pero hace daño la ayuda. “Cuando ayudar hace daño”. “Padre, permite que se reciba la ofrenda, y que todos mis hermanos judíos no se llenen de prejuicios al respecto de dónde viene la ofrenda, de quién es el instrumento o de si hay una agenda en esa ofrenda, sino que la reciban con gozo”. El Señor se lo concedió: la recibieron con gozo.

El otro motivo de oración, en el 32, dice: “Para que con gozo llegue a vosotros”. O sea, yo quiero que ustedes oren por mi gozo. Hermano, si usted le pide a Dios que ore por su pastor por algo, dígale: “Señor, llena a mi pastor de gozo”, porque yo he entendido que el gozo en el ministerio es conducente a que haya fruto. Cuando no hay gozo, lo que hay es insatisfacción, murmuración, “chuípiti”, hay “chuípiti” espiritual, hermano, que sube a la presencia del Señor… “chuípiti” de ministerio: “Mira lo que estamos permitiendo hacer, iglesias que tú me has permitido pastorear, la dificultad…”.

Oren para que el Señor me dé gozo, porque si yo tengo gozo, puedo sacar fruto. Entonces, si usted va a orar: “Señor, levanta un instrumento”. Ahora yo quiero orar: “Señor, levanta un instrumento con gozo. Permite que venga alguien, Señor, que tenga gozo, que lo haga con alegría”. Hoy mi hermana Sara oró, y yo estaba emocionado, porque cuando ella vino a comenzar el culto, comenzó el culto con gozo. Hay que orar por eso, hermano, porque cuando hay gozo hay edificación.

Él está diciendo: “Oren por mí, por favor, oren por mí”, dicen: “Para que con gozo llegue a vosotros”. Y aquí está la clave de todo esto, hermano: “Para que con gozo llegue a vosotros…”, y después dice: “Por la voluntad de Dios”. O sea, no es que él está dando otra cosa por sentado: “Por la voluntad del Señor, que llegue a ustedes con gozo”. Y dice después: “Y que sea recreado juntamente con vosotros”.

Esa recreación… O sea, él está diciendo: “Yo voy a llegar a ustedes y yo aspiro a que el Señor, entre ustedes, me dé un recreo. Ay, hermano, que cuando yo llegue allá a Roma no sea para lidiar con problemas, que no sea para inconvenientes, que eso sea un recreo para mi alma. Oren para que el Señor me permita recrearme”.

También para la iglesia, el domingo hay que orar por la recreación. “Señor, permite que hoy que me congrego, permíteme recrearme junto con mis hermanos”. Ese era su cuarto motivo de oración.

Aplicación directa a la planificación de la iglesia

Recuerden que el contexto de todo esto, hermano, es la preparación de la planificación de nuestra iglesia para el 2023 a corto plazo y luego a largo plazo. Oren, por favor, esta semana, especialmente por la planificación 2023. Oren para que el Señor nos cuide del ego, de la autosuficiencia, de la falta de fe. Para que el Señor nos cuide del ego, de la autosuficiencia y de la falta de fe.

Oren para que el Señor nos conceda seguir trabajando en su obra, que eso no está garantizado. Hermanos, la iglesia del Señor prevalecerá. Lo que queremos es que esta iglesia local siga en pie. Porque la gente dice: “No, la iglesia del Señor está segura, yo sé, hermano, que la iglesia del Señor se va a salvar…”. Lo que queremos es que esta asamblea de creyentes el Señor le mantenga su lámpara encendida. Y una manera de hacerlo es seguir no solo dando presupuesto, que el Señor lo haga, sino también sabiduría para gestionarlo, que el Señor nos conceda seguir trabajando en su obra.

Oren especialmente para que el Señor nos provea de todos los recursos que hagan falta, materiales y humanos, para los proyectos de nuestra iglesia de aquí a largo plazo. Y que el Señor aumente la visión de nuestros planes, que salgamos del corto plazo y que pensemos de 4 a 8 años, de 9 a 21. Que el Señor nos conceda planes por lo menos hasta el 2043.

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