Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
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La doctrina de la gracia común

Salmo 145:8-10

Dios muestra su bondad no sólo en la salvación de su pueblo por medio de Cristo, sino también en innumerables favores que otorga diariamente a todos los hombres, justos e injustos. Este sermón expone la diferencia entre la gracia común y la gracia especial, el propósito de esa gracia común y cómo debe afectar nuestra visión del mundo y nuestra relación con los incrédulos.

Predicado5 de enero de 2014
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

¿Y le voy a pedir a los hermanos ahí donde están cierren sus ojos un momento y que en este primer domingo del año, recibamos con expectativa la palabra del Señor en este gozoso momento? Ahí permítanme dirigir este tiempo ante el Señor.

Aquí está este pueblo reunido, Señor, con este privilegio de ser expuesto a tu palabra. En este primer domingo del 2014, Señor, tenemos este privilegio ante nosotros de ser expuestos a tu palabra. Manifestando, Padre, que dependemos totalmente de ti, te pedimos humillados, reverentemente, Señor, que sea tu Santo Espíritu en medio nuestro abriendo los ojos del entendimiento, preparando la voluntad, afirmando nuestros pasos para que caminemos derechos en tu presencia. Mira este privilegio, Señor, que tenemos como pueblo de tener tu palabra.

Permite que tu palabra predicada hoy haga un efecto en la vida de la gente. Mira aquellos, Padre, que son creyentes ya consolidados en ti, personas que se han arrepentido, se han bautizado y han recibido el Espíritu Santo en su corazón. Permite que tu palabra hoy expuesta, Señor, sea una palabra que afirme aún más, Señor, su convicción en ti, en tu carácter, en quién tú eres.

Mira aquellos, Padre, que están en medio nuestro y todavía no tienen la convicción, a pesar de que están en tu casa, Señor, que son parte de tu familia. Permite que tu palabra hoy expuesta sea una invitación para el no creyente y que personas hoy rindan reverentemente su vida como una ofrenda ante ti.

Permite que tu palabra predicada hoy haga esos dos efectos, Señor: que consolide a aquellos que ya hemos creído y en ti permanecemos, y que invite a aquellos, Señor, que todavía están fuera, y que al ver, Señor, quién tú eres y lo que has hecho por ellos, rindan su vida como una ofrenda, Señor, ante tu presencia. Dirígenos tú, condúcenos tú, trae tu palabra, Señor, mira que solamente nosotros como instrumentos la exponemos. Permite que ella haga su buena obra para tu gloria. En el nombre de Cristo, amén.

En este primer domingo del año he venido a exponerles la doctrina de la gracia común del Señor. Les invito a que busquen sus Biblias en el libro de Salmos, en el capítulo 145, para que leamos allí unos versículos de la palabra del Señor.

Lectura bíblica y propósito del sermón

Lo que regularmente hacemos en nuestra iglesia, lo que esperamos hacer, lo que acostumbramos a hacer, es tomar una porción de la palabra del Señor y exponerla a profundidad, esperando que suceda siempre lo que el mismo Señor dijo: que escudriñemos las Escrituras porque son ellas las que dan testimonio de Él. Es lo que hacemos normalmente: tomamos un pasaje de la Escritura y lo exponemos con profundidad.

Sin embargo, hoy he venido a hacer algo un poco diferente. No tengo hoy el propósito de exponer una porción de la Escritura para que tengamos profundidad en ella, sino exponer una doctrina a lo largo de diferentes partes de la Escritura para que tengamos perspectiva. Son las dos cosas que todo estudiante de la Escritura debe anhelar tener: anhelamos tener profundidad en el conocimiento de la palabra del Señor, y también anhelamos tener perspectiva para saber a dónde va todo el consejo de la palabra de Dios.

Si yo fuera un guía turístico y todos estuvieran ustedes en una guagua, hoy no pretendo llevarles hasta el destino, sino solamente mostrarles el mapa. No pretendo llevarles hasta el punto final hacia donde vamos, sino que solamente pretendo que abramos el mapa de esta gran doctrina que se expresa en diferentes partes de toda la Escritura y que ustedes tengan perspectiva en todo esto. Es la doctrina de la gracia común.

Libro de Salmos, capítulo 145. Leeremos, a modo de inicio, los versículos del 8 al 10. Dice así la palabra del Señor. Acompáñenme en sus Biblias, libro de Salmos, capítulo 145, versículos del 8 al 10. Dice el salmista:

Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia.

Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras.

Te alaben, oh Jehová, todas tus obras, y tus santos te bendigan.

— Salmo 145:8-10

En esta primera porción de la palabra del Señor creo que se comienza a visitar algunos rasgos del carácter de Dios. Y de manera puntual, hermanos, este sí es un propósito que hoy tengo: quiero que ustedes entiendan un rasgo del carácter de Dios, y es su amplia misericordia y su amplia bondad no solamente con los cristianos, sino con todas sus criaturas.

Antes de introducirla, hermanos, permítanme hacerles un preámbulo con una anécdota. El año pasado en una empresa se pagó el doble sueldo. Ya a todos los empleados que tenían todo el tiempo se les pagó su doble sueldo completo. Sin embargo, de manera extraordinaria, porque casi nadie lo contratan en diciembre, hubo empleados de esa empresa que fueron contratados en Navidad.

Ilustración del doble sueldo y diagnóstico espiritual

A todos los empleados de la empresa, como bien corresponde, se les pagó su doble sueldo. Pero hubo un empleado que fue contratado dos días antes de que se entregara el doble sueldo, y cuando se entregó el doble sueldo, todos los empleados celebraron: “¡Nos han dado el doble sueldo!”. Y ahí está el nuevo. Bueno, ¿y qué sucedió con el nuevo, qué piensan que sucedió con el nuevo? No, lo que sucedió con el nuevo fue que le dieron su doble sueldo completo.

Y cuando al nuevo le dieron su doble sueldo completo, todo lo que era un espíritu de celebración entonces se tornó en un espíritu de fuerte cuestionamiento. “¿Cómo va a ser que nosotros tenemos aquí todos los días del año trabajando de 8 a 5 en esta empresa para que nos den nuestro doble sueldo, y a este que acaba de entrar entonces se lo dan completo? El doble sueldo que le dieron a él debían habérnoslo a nosotros redistribuido como bonos, en vez de gastar el dinero de la empresa dándole un doble sueldo a aquel que no le corresponde”.

Hermanos, cuando termina un año los hombres pasan balance y algunos dicen: “Me fue bien”, y otros dicen: “Me fue mal”. Yo no sé si usted pasó balance de cómo le fue en el año, pero yo vengo a decirle cómo le fue a todos ustedes ante el Señor: les fue mejor de lo que les correspondía. Quizás algunos tienen más, quizás algunos tienen menos, pero todos ustedes tienen más de lo que les corresponde: “Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos”.

Lo que he venido a exponerles es una doctrina que se llama la doctrina de la gracia común, y lo que esto expresa es cómo el favor del Señor alcanza no solamente a sus criaturas que han sido objeto de su misericordia en la salvación, sino que alcanza a todos los hombres. “Bueno es Jehová para con todos”, dice. La introducción de este sermón dice que los cristianos podemos aceptar con facilidad que Dios ha mostrado su amor para con nosotros de una manera especial, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros.

Pero regularmente obviamos que la gracia común de Dios está disponible para todo el mundo. El hombre que vive sin Dios, quien merece la muerte por sus pecados y no es digno de sus favores, aún respira y ve salir el sol, y más que eso, goza de innumerables favores. Hoy aprenderemos, en primer lugar, a diferenciar la gracia común de Dios de su gracia especial. En segundo lugar, el propósito de esta gracia común que está disponible para todos los hombres. Y en tercer lugar, las formas prácticas en que la gracia común de Dios afecta nuestra relación con el mundo.

Por qué enseñar la gracia común y su definición

¿Por qué razón vengo a explicar el primer domingo del año la doctrina de la gracia común de Dios? En primer lugar, porque esta doctrina responde a algunas preguntas puntuales que ustedes mismos tienen. Quizás tú te preguntas: “¿Por qué a este que es un impío le va mejor que a mí? ¿Por qué a este que es un hombre pecador, emprende proyectos y le va bien? ¿Por qué los poderosos de este mundo son los que mejor viven y aquellos que somos fieles a la voluntad del Señor no necesariamente nos va igual que a aquellos?”.

He venido a exponer esta doctrina, en primer lugar, por eso, porque responde a preguntas existenciales puntuales. En segundo lugar, esta doctrina de la gracia común de Dios guarda relación con muchas otras doctrinas que a lo largo del 2014 en este púlpito les estaré exponiendo. Les dije: no pretendo que tengamos mucha profundidad en la doctrina, sino mucha perspectiva, y que veamos a la luz de la Escritura cuál es el carácter de Dios aquí evidenciado. En tercer lugar, porque la doctrina de la gracia común de Dios ha sido históricamente una doctrina eclipsada.

Aprendemos de su gracia especial para salvación, pero no entendemos que el Señor está teniendo misericordia para con todos, y que los favores del Señor nos han alcanzado a nosotros de una manera extraordinaria. Sin embargo, toda la creación disfruta de favores de Dios. La bondad del Señor no es sólo hacia los cristianos, hacia los evangélicos o hacia la iglesia. La gran misericordia del Señor ha alcanzado a todo el mundo.

En primer lugar, ¿qué pretendo, hermanos? Explicar la diferencia entre gracia común y gracia especial. ¿Qué es la gracia común? Es algo que tiene que ver con el carácter de Dios; ahí tiene su origen, en que Dios es un Dios bondadoso.

Origen, alcance y contraste con la gracia especial

Y no solamente los cristianos podemos testificar de la bondad de Dios, sino que todas las criaturas de Dios tendrán que testificar: el Creador es un Creador bondadoso. ¿Qué pretendía David cuando escribió el Salmo 145? Pretendía enseñarle a los hermanos que, sin importar su condición o su relación con Dios, el favor de Dios está disponible para todo el mundo y no solamente para los cristianos.

¿Dónde tiene su origen la gracia común de Dios? En su carácter, en su amor. Para que Dios demuestre su amor al mundo no hace falta ni siquiera que exista la iglesia. Desde la creación el Señor ha estado manifestando su favor. Cuando miramos alrededor nos vemos rodeados de la gracia común de Dios, y me preguntarán: “Pastor, ¿eso es suficiente para salvación?”. No, no es suficiente, pero es muy bueno.

¿En qué se diferencia la gracia común de la gracia especial que obra para salvación? Se diferencia en que la gracia común tiene su origen en el carácter benevolente del Creador. La gracia especial tiene su origen en el sacrificio de Cristo en la cruz por nosotros. Ambos tienen su origen en Dios, ambos lo tienen, pero a una se le llama la gracia especial que obra para salvación y a la otra la gracia común que opera para beneficio de todos los hombres.

¿En qué se diferencian? En su origen, en su acceso. La gracia común del Señor tiene un acceso universal. Sin importar en qué parte del mundo le ha tocado nacer, en qué contexto, ahí usted está disfrutando de los favores del Señor. La gracia especial, que opera para salvación, tenemos acceso a ella por medio de la predicación del evangelio y es un acceso particular.

¿En qué se diferencian en su alcance? Hermanos, aquí es que los cristianos tenemos cierto recelo con el impío. Eso está en el Salmo 37, anótelo ahí en su bosquejo. El Salmo 37 es la queja del salmista ante el Señor. El salmista dice: “Al impío le está yendo bien”. Leo una porción del Salmo 37 y miren lo que es la gracia común.

“Capítulo 37 de Salmos: No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad, porque como hierba serán pronto cortados y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová y haz el bien, y habitarás en la tierra y te apacentarás de la verdad”.

El impío prospera y la herencia eterna del creyente

Hermanos que están aquí presentes, ¿pueden ustedes dar testimonio conmigo de que en esta tierra ahora mismo, a los que mejor les está yendo materialmente hablando no necesariamente es a los cristianos? ¿Pueden ustedes dar testimonio conmigo de que los hombres impíos aparentemente van delante de nosotros en el beneficio de la gracia común del Señor? ¿Pueden ustedes ver alrededor que aquellos que hacen la voluntad del Señor no necesariamente son los reconocidos de este mundo?

Le decía el Señor al salmista en el Salmo 37: “No te impacientes a causa del impío”. ¿Y por qué es esto? Es porque la gracia común del Señor ha alcanzado hasta al impío y le permite temporalmente disfrutar de bendición. Pero la gracia extraordinaria y especial del Señor en Cristo ha alcanzado a su iglesia y nos ha bendecido, no por las bendiciones temporales que disfruta el impío, sino con bendiciones eternas.

Acompáñenme ahora a primera de Pedro, capítulo 1. Desde el apóstol Pedro, el apóstol Pedro, capítulo 1, primera epístola de San Pedro, capítulo 1, versículo 3, dice la palabra del Señor:

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.

— 1 Pedro 1:3-4

¿En qué se diferencia la gracia común del Señor de su gracia especial? En que la gracia común está disponible para todos los hombres, pero ofrece solamente beneficios terrenales, temporales. La gracia común del Señor alcanza a todos los hombres. Sin embargo, la gracia especial nos da una herencia incorruptible, que no se deteriora; incontaminada, que el pecado no la daña; e inmarcesible, que no se marchita.

¿Cómo se aplica la gracia común? Se aplica por mayordomía. ¿Cómo se aplica la gracia especial? Se aplica por fe. Hermano, Adán recibió una encomienda en el huerto del Edén y era sojuzgar la tierra, hacer mayordomía. Y los beneficios que tenemos en Adán es que tenemos acceso a la creación, acceso a los recursos materiales, acceso a la tierra, a la semilla, al agua, a los animales, a las estaciones del año.

Por la gracia común del Señor, nosotros podemos trabajar la tierra y producir. Por la gracia común del Señor, usted puede comenzar negocios y le va bien. Por la gracia común del Señor, ustedes han podido estudiar, tener conocimientos y ser personas productivas. ¿Hay que ser un cristiano para ser un profesional exitoso? No, no hay que serlo. La gracia común del Señor permite que sus conocimientos estén disponibles para todas las criaturas.

Ciencia, tecnología y contraste con la salvación

El avance de la ciencia, la tecnología… Hermanos, la invención de los electrodomésticos, ¿saben cómo llegamos a tener electrodomésticos? El Señor estableció leyes en la creación, son leyes naturales, y los científicos se dedicaron a estudiar la creación y vieron sus principios y vieron cómo funciona. ¿Qué es la tecnología? Es aplicar las leyes naturales a las necesidades prácticas del hombre, y apareció el televisor, la licuadora, la lavadora, aparecieron los celulares.

Y usted me pregunta: “¿Y solamente los cristianos tenemos acceso a eso?”. No, todo el mundo tiene acceso a la gracia común del Señor. Sin embargo, el Señor no solamente nos ha dado su creación material, también nos ha dado su creación espiritual, que es la iglesia. En Adán recibimos todo aquello, pero en Cristo recibimos la vida eterna y la salvación por la fe en Jesucristo.

La gracia especial para salvación es aquella que opera en los cristianos trayendo en nosotros regeneración, justificación, santificación y glorificación. Ambas cosas vienen del Señor. “Pastor, ¿a qué usted ha venido hoy?”, he venido a enseñar, hermanos, que todos los hombres han sido bendecidos por Dios. Sin embargo, que los cristianos somos especialmente bendecidos a través de Cristo.

Que si usted tiene la primera parte, eso es la gracia común: le ha ido bien, disfrútelo, pero la gracia común no dura para siempre. Ahora, la gracia especial es algo que ya está reservado para nosotros en el cielo, una herencia incorruptible, inmarcesible e incontaminada. Le decía el apóstol Juan a Gayo, su amigo, le decía: “Gayo, yo quiero que el Señor te bendiga de una manera tan completa, que te bendiga en lo material así mismo como prospera tu alma”.

Que las cosas materiales que el Señor te ha dado te aprovechen, pero que las cosas espirituales también estén ahí. ¿Cuál es la diferencia entre la gracia común y la gracia especial? La gracia común está disponible para todo el mundo, a la gracia común llegamos por mayordomía. La gracia especial está disponible para aquellos que hemos creído.

Antes de cerrar el primer punto, hermanos, de la diferencia entre una cosa y la otra, permítanme darle evidencias de la gracia común. ¿Cómo se evidencia la gracia común? Quizás aquí hay gente que todavía duda del favor de Dios, quizá aquí hay gente todavía que tiene cuestionamientos acerca de si nuestro Dios Creador es un Dios bondadoso. Déjenme decirles dónde se evidencia.

Evidencias de la gracia común: vida, creación, familia

En primer lugar, se evidencia en la prolongación de la vida. Dijo el Señor en Génesis 2:17 que el hombre, en el momento de pecar, en ese momento moriría. Yo le pregunto: el que está aquí presente, ¿ha pecado? Usted respira, su corazón late. ¿Y por qué late su corazón, por qué respira usted? Por la gracia común del Señor que ha extendido sus misericordias. “Clemente es el Señor y misericordioso; Jehová, lento para la ira y grande en misericordia”.

La gente se pregunta: “¿Y por qué, si somos pecadores, estamos vivos?”. Porque el Señor no nos ha cortado todavía. Dice la Escritura que el Señor ha extendido todavía sus misericordias, y aún más, que es paciente para con todos, no queriendo que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento. ¿Cómo se evidencia la gracia común del Señor? En que usted está vivo, en que usted respira, en que late su corazón. Si tu corazón late, tú afirmas conmigo: Dios es bueno; no me ha dado lo que me corresponde, sino que ha ampliado sus misericordias.

¿En qué más se manifiesta, hermanos, la gracia común del Señor? En la preservación de la creación aun después de la caída. Usted siembra y la tierra todavía produce algo. Bueno, antes producía más, pero todavía la tierra produce. Hermano, Adán, cuando sembraba, Adán recibía más que nosotros. Dice la Escritura que después de la caída la tierra ha perdido cierta capacidad productiva, pero todavía produce, y tú comes por la gracia común del Señor. “Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia”.

Hermano, la familia, testifiquen conmigo: ¿usted no conoce familias de incrédulos que no aman a Dios que les va bien? ¿Ustedes no conocen hombres y mujeres que, sin temor a Dios, han permanecido en el vínculo familiar? ¿Y quién hizo la familia? Dios. ¿Y la familia es sólo para los cristianos? No. El Señor ha bendecido a toda su creación con la familia, y que hombres impíos puedan tener familias hasta adorables y permanecer en el vínculo familiar a lo largo de años y disfrutar de esa bendición del Señor: la familia es evidencia de la gracia común del Señor.

Hermano, conocer la ley de Dios… Mire, yo he sabido de hombres que no reconocen todavía que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, pero han leído las Escrituras y los libros de sabiduría y les va bien. Murió hace un tiempo Facundo Cabral. Facundo era un conocedor de las Escrituras. Testificaba Facundo Cabral que él, siendo un niño, escuchó un sermón acerca de Mateo capítulo 4 y que ese sermón cambió su vida. Él dice: no le cambió para salvación, hermanos, pero lo hizo un poco más sabio.

Ley de Dios, moral y milagros como gracia común

Y cuando Facundo Cabral escribía tú sentías como: “Ven acá, ¿pero este será un cristiano que está escribiendo?”. No, es que él conoce la ley del Señor, aunque todavía no opere para la salvación. Conocer la ley de Dios permite a los hombres crecer en sabiduría para que les vaya bien en esta tierra; eso es beneficio del Señor. Eso es gracia común. Personas que están aquí, solamente por recibir la predicación del evangelio, aunque usted todavía no sea un cristiano, usted va ganando.

Lea el libro de Proverbios y viva de acuerdo a eso. En cuanto no se encuentre con el Señor en el cielo, que en la tierra le vaya bien. Eso es gracia común del Señor. ¿En qué más se evidencia la gracia común? Hay algo que los filósofos le llaman la moral judeocristiana. Esto que tenemos nosotros, que entendemos que hay cosas buenas y cosas malas, ¿de dónde sacamos eso?

Yo discutía en cierto momento con un materialista que me decía: “Dios es un Dios inmoral; las Escrituras son libros terribles, ahí hay violencia”. Me decía, y yo le pregunté: “¿Y cómo tú has entendido que la violencia es mala? ¿Y cómo tú has entendido que hay decisiones que son honorables? ¿Cómo tú has entendido que hay cierta moralidad?”. “No, yo soy materialista”. “Si tú eres materialista, entonces tú no tienes algo objetivo que te diga: eso es bueno, eso es malo. Si somos solamente materia, si tú no tienes la moral judeocristiana, entonces tú no podrías tener algo objetivo para decir qué es bueno y qué es malo”.

Si acaso tú puedes tener juicios morales objetivos es porque el Señor te ha enseñado algo que se llama moral, que hay un Dios Creador que te hizo con dignidad. Si acaso el ser humano puede argumentar éticamente es porque el Señor le ha dotado de una conciencia, y esa conciencia está desbalanceada en el cerebro de un hombre natural, pero todavía tira de vez en cuando su grito. Hay algo adentro de ti que te dice: “Eso no está bien”, y tú dices: “¿Dónde yo aprendí que eso no estaba bien?”. Es la gracia del Señor que permitió que tú tuvieras su imagen, su gracia común.

Y no solamente los cristianos tenemos conciencia. Los cristianos tenemos una conciencia regenerada, una conciencia balanceada, una conciencia mucho más sensible, pero que el hombre tenga conciencia significa que la gracia común le ha alcanzado. Los milagros del Señor: ¿usted cree que todo el que el Señor sanó fue un discípulo de Cristo? Vimos el domingo pasado la evidencia que de diez sanados, uno fue agradecido. ¿Y qué pasó con esos nueve? Gracia común del Señor para nueve y gracia especial para salvación para uno.

La gracia del Señor se hace evidente para todos los hombres. A algunos los alcanza de manera general y común, y a otros les alcanza como a ese leproso agradecido, de quien el Señor dijo: “Ve en paz, tu fe te ha salvado”. A todos les quitó la lepra: gracia común; a uno le quitó la lepra del pecado: gracia especial. ¿En qué más se evidencia la gracia del Señor común para todos los hombres? Miren, hay cierta iluminación que yo le llamo a eso “iluminación indirecta”.

Yo recuerdo que en un momento las baterías de mi casa estaban dañadas y yo tenía que hacer algo, y yo estaba haciendo eso que estaba haciendo con la luz indirecta que entraba de la casa del vecino. No había luz formal, pero si yo mantenía la puerta abierta, y la puerta de mi casa estaba abierta también, entraba la luz. No era luz del área común que entraba a la casa, pero me iluminaba.

Luz indirecta, profetas y paciencia de Dios

Hermano, hay gente que vive en una patente oscuridad, pero le llegan así pequeños rayos de luz dispersos. Esa es la gracia común del Señor. Hay familias perversas donde hay un cristiano que es luz. La gracia común del Señor alcanza a todos los hombres, a veces a través de esos provisos. Hay parejas donde hay un creyente y uno que no es creyente, y ese creyente puede ser luz en esa casa y les va bien a los dos.

Yo escuché una vez a un hombre que dijo: “No, cuando mi mujer vaya, cuando Cristo venga, yo voy pa’l cielo, porque estoy casado con fulana, y el Señor tendrá que llevarnos juntos”. No. La gracia común del Señor alcanza a esa pareja y la preserva milagrosamente, pero la gracia especial opera de manera individual.

Bueno, ¿cómo funciona la gracia común del Señor? La represión profética. A los judíos había algo que ellos no entendían, y es cómo el Señor les mandaba profetas a pueblos paganos. En la mente judía ellos decían: “Nosotros somos el pueblo del Señor, somos un pueblo especial, somos su pueblo escogido”. ¿Y sabe qué hacía el Señor? “Jonás, ve y anúnciame allá en Nínive, anúnciales el arrepentimiento”.

Y Jonás dice: “Señor, ¿para Nínive? ¿Esta ciudad que nos ha maltratado, esta ciudad que nos ha hecho esclavos, esta ciudad que ha estado maltratándonos? ¿A Nínive?”. Pues Jonás cogió para Tarsis y no quería llegar a Nínive. Hermano, el Señor mandó a Jonás milagrosamente a aterrizar en Nínive para que se le predicara a Nínive arrepentimiento. Y tú dices: “Pero Nínive era el pueblo de Dios”. No, no era el pueblo de Dios. ¿Pero qué pasaba? Son creación de Dios.

Dijo el Señor: “¿Tienen ustedes misericordia para las plantas y no tendré yo misericordia de esa gran ciudad donde la gente no sabe distinguir su mano izquierda de su mano derecha?”. La gracia del Señor permite que la voz profética alcance hasta los pueblos más corruptos. Usted me dice: “¿Y eso era gracia para salvación?”. No, pero los preservaba.

La gracia del Señor permitió que diferentes pueblos fueran advertidos. Miren, a Nínive le mandaron primero a Jonás, y ¿saben qué predicaba Jonás? Les decía: “Nínive, de aquí a poco, si no se arrepienten, Nínive será destruida”. Y ¿saben qué hicieron los habitantes de Nínive? Nínive era la capital de Asiria. Los habitantes de Nínive se arrepintieron, todos ellos, y dice el relato que hasta los animales les dejaron de echar comida, en arrepentimiento, en ayuno delante del Señor.

¿Y qué hizo el Señor? Detuvo la ira temporalmente. Cien años después, el Señor mandó otro profeta a Nínive, le mandó a Nahum. ¿Qué había pasado? Nínive, por la gracia común del Señor, fue preservada durante muchos años, pero permaneció en su pecado y no se arrepintió de corazón. Y ¿saben qué les dijo el Señor por medio de Nahum? “Ustedes creen que están seguros, pero de aquí a poco una inundación destruirá la ciudad de Nínive”. Y así ocurrió.

Advertencias, juicios y gobierno como misericordia

Hermano, por la gracia común del Señor, muchos que están aquí hoy presentes aún no han sido destruidos. Quizás Jonás vino y anunció con voz profética, y el juicio fue detenido. Pero viene Nahum y dice: “De aquí a poco vendrá y toda la ciudad será destruida”. Hay gente que está aquí muy segura por la gracia del Señor. Usted está en el borde de sus pies. Dice la Escritura que por sus misericordias no hemos sido consumidos.

Sin embargo, llegará un momento que no será Jonás, sino que será Nahum. El día del Señor ha sido detenido milagrosamente, pero no solamente Nahum, sino Sofonías también profetizó a Gaza, a los filisteos, a Amón, a Etiopía, a Asiria, a Canaán. Hermano, el Señor destruyó a los cananeos, les quitó su tierra porque su perversidad ya había desbordado los límites del Señor. ¿Por qué fue destruida Sodoma y Gomorra? Dice el Señor que su maldad ya había subido. Parece que el Señor ve los niveles de los pueblos y dice: “Mira, ese está muy mal, ese está más o menos”.

¿Ustedes no entienden que el Señor ha matado pueblos enteros como evidencia de su justicia? Los asirios, ¿eran el pueblo del Señor? No. ¿Y cuál era el pueblo del Señor? Bueno, los hebreos, los judíos, esos fueron su pueblo elegido. Pero no fue a su pueblo elegido porque los judíos fueran mejores que nadie. Los judíos fueron elegidos por el Señor para que en ellos fueran benditas todas las naciones de la tierra.

Los judíos creían: “No, el Señor nos seleccionó porque somos mejores que los otros”. No, tú no eres mejor que nadie. El Señor te seleccionó a ti para que en ti sean benditas todas las familias de la tierra. ¿Sabe cómo el Señor le llamaba al rey de Persia? Le decía a Ciro. Cuando yo leí eso, yo me asombré. Yo dije: “Señor, de verdad que tú estás fuera de liga”.

Cuando yo leí ese asunto, el pagano Ciro, un rey de una ciudad perversa, oigan cómo el Señor hablaba de Ciro. Le decía: “Ciro, mi ungido, al cual yo he llamado por su mano derecha”. Ajá. Y después le dijo: “Ciro, el que yo he elegido para que pastoree a mi pueblo Israel”. Entonces, ¿pero un rey perverso? Apoyado por Nabucodonosor, de cara dura, bueno, crueldad.

¿Ustedes creen que Nabucodonosor jugaba? Bueno, hermano, era tan malo que terminó como los animales comiendo pasto, y ¿saben qué decía el Señor de Nabucodonosor? “Nabucodonosor, mi siervo”. Y luego, entreviendo, hermano, que los gobiernos terrenales que tenemos aquí son buenos en sí mismos, dice Pablo en Romanos capítulo 13 que toda autoridad, todo gobierno ha sido establecido por Dios.

Hermano, por la gracia común del Señor, el Señor permite que los pueblos tengan liderazgo, que haya gobiernos, que no vivamos en el caos. Uno se queja del gobierno, hermano, pero miren, vivir en un país rodeado de caos, donde no hay autoridad, donde no hay nada, donde no hay institucionalidad, es terrible. Vaya a Haití —y digo esto salvando la diferencia y sin deseo de ofender—, vaya a Haití a ver si usted encontrará institucionalidad, vaya a Haití a ver si usted encontrará una democracia representativa, vaya a un país donde hay inestabilidad política para que ustedes vean lo que es que haya gobierno. Es la misericordia del Señor, su gracia común.

Insatisfacción humana y propósito de la gracia común

Que no permite que seamos totalmente destruidos. Hermanos, doy más argumentos de que existe la gracia común. Todos ustedes tienen cierto nivel de insatisfacción, y eso nunca se llena. El libro de Eclesiastés es evidencia de que el Señor nos diseñó a nosotros para estar, hasta que llega Cristo, permanentemente insatisfechos. El hombre se rodea de placeres, se rodea de dinero, de poder, de mujeres. El libro de Eclesiastés nos enseña, hermanos, que al final de todo eso el ser humano termina donde mismo estaba: insatisfecho.

Esa insatisfacción que el Señor ha colocado en el corazón de nosotros es una manifestación de su gracia común. ¿Y cómo opera? La insatisfacción que da la gracia común permite que nosotros deseemos todavía algo más grande, algo más satisfactorio, y eso es Cristo.

En primer lugar, hermanos, les he enseñado cuál es la diferencia entre la gracia común del Señor y la diferencia con su gracia especial. Lo resumo: la gracia común está disponible para todos los hombres. “Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia; bueno es Jehová para con todos”. ¿Y qué es la gracia especial? La gracia especial es aquella gracia que no tiene su origen ni en Adán, ni en la mayordomía, ni en la bendición de Adán, sino en Cristo, que nos permite a nosotros milagrosamente ser regenerados, ser justificados, ser santificados y ser glorificados.

A la gracia común accedemos sin tener que hacer nada: usted nació y ya es merecedor de esos favores. A la gracia especial uno accede por medio de la fe. Ya he explicado la diferencia. Ahora déjenme explicarles, en segundo lugar, cuál es el propósito: por qué el Señor manifiesta su gracia común.

Porque el Señor, nosotros siendo merecedores de su castigo, todavía nos da de su favor. Porque si el Señor tiene el derecho para destruirnos, porque hemos deshonrado su nombre, hemos pecado, ¿por qué el Señor no nos destruye? ¿Cuál es el propósito de la gracia común?

Propósitos de la gracia común y disciplina del pueblo de Dios

En primer lugar, la gracia común anuncia el carácter de Dios, a amigos y a enemigos. Dice el libro de Mateo que el Señor es bueno y hace salir el sol sobre justos e injustos. Hermanos, hasta los enemigos del Señor necesitan saber que el Señor es bueno. Hasta los hombres que no hacen la voluntad del Señor necesitan saber: Dios es bueno.

¿Para qué el Señor manifiesta su gracia común? En primer lugar, para testificar de su carácter, de su bondad, de su misericordia. En segundo lugar, la gracia común del Señor limita el deterioro. El pecado, hermanos, si lo dejan suelto, el proceso de deterioro al que lleva al hombre es un proceso acelerado. Ahora, por la gracia común del Señor, la gente se va deteriorando, pero chin a chin, y no lo nota.

La vida del impío, al día de hoy, está mal, y dentro de dos años estará peor, y dentro de cuatro, destrucción, pero él no lo nota. Es que las misericordias del Señor han sido aumentadas, el Señor permite que se deterioren, pero poco a poco. ¿Y por qué? Porque el Señor es paciente para con todos, no queriendo que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento.

¿Para qué sirve la gracia común del Señor? Bueno, permite que su pueblo sea disciplinado. Hermano, ¿por qué el Señor nos permite a nosotros que tengamos carencia en medio de abundancia, siendo nosotros sus siervos? ¿Saben para qué? ¿Alguien se lo imagina? ¿Por qué el Señor permite que el impío prospere y que el justo lo vea?

Hermano, eso se llama santificación. Es el proceso en el cual tú llegas a amar todas las cosas menos a Dios, y amar a Dios por encima de todas las cosas. Dice la Escritura que Moisés, en Egipto, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón por seguir la promesa del Señor.

El Señor permite que tú seas cristiano y que tú tengas aparente carencia en medio de un mundo injusto de abundancia para que tú mismo respondas la pregunta: “¿Amo más yo a Dios y sus promesas que lo que el mundo temporalmente ahora me está dando?”. Porque tú eres cristiano, el Señor permite que el impío tenga más que tú para que tú entiendas, por fe, que tienes más que el impío, aunque tú aparentemente no lo veas.

En la gracia común el Señor permite que algunos aparentemente, temporalmente, tengan más que tú para que tú entiendas que tu riqueza no está en la tierra, sino que está en las regiones celestiales, sentado al lado de Cristo. La gracia común, hermanos, opera de manera santificadora sobre la iglesia. ¿Para qué más? La gracia común permite la predicación del evangelio.

Hermano, porque el hombre es un ser insatisfecho, porque el hombre es social, es racional y porque el hombre tiene voluntad, por la gracia común del Señor puede alcanzar la salvación. Doy dos razones más y paso a mi tercer punto. ¿Para qué sirve la gracia común del Señor? La gracia común del Señor es una invitación amorosa.

Invitación amorosa de Dios y ejemplo de la beca

¿Y qué hace una invitación amorosa? El Señor te permite que respires, el Señor te permite que administres su creación, el Señor te permite que hagas hasta patrimonio y riqueza. ¿Y para qué? ¿Ustedes recuerdan cuando Jacob iba a encontrarse con Esaú, qué hizo? Mandó regalos delante, mandó regalos delante.

¿Saben qué es lo que está haciendo el Señor desde el cielo ahora mismo con el impío? Está mandando regalos delante, regalos delante. Y el Señor te está bendiciendo, el Señor te está prosperando, el Señor está teniendo paciencia para contigo y el Señor no te ha cortado. Y cuando tú miras todo lo que el Señor, por su gracia común, te ha dado, tú dices: “Señor, ¿y por qué tú eres misericordioso para con todos?”. Y el Señor te dice: “Lo que pasa es que te he dado mi invitación para que vuelvas a reconciliarte conmigo”.

¿Recuerdas al papá del hijo pródigo? Al papá del hijo pródigo fue al que le habían faltado, su hijo era el que lo había humillado. Él no tenía que moverse, pero cuando vio a lo lejos a su hijo, dice que el papá del hijo pródigo sale corriendo a su encuentro. ¿Y qué anuncia que el papá haya corrido? ¿Qué anuncia que el padre se moviera? Anuncia, hermanos, la actitud de Dios de benevolencia hacia el impío.

Que el Señor te haya rodeado de su gracia común es una invitación para que disfrutes de su gracia especial. Tengo más que decir acerca de la gracia común, hermanos, pero déjenme ponerles un ejemplo más: ¿para qué sirve la gracia común? Permite, facilita, la predicación del evangelio.

Uno a veces le predica a la gente, y la gente ve a Dios como un Dios tan, tan distante, un Dios que no se preocupa por ellos. Y tú le dices: “Tú respiras, tu corazón late, te va bien en la vida, has podido hacer cosas. La gracia común del Señor ya te alcanzó”.

Había una muchacha una vez que le dieron una beca para estudiar. Eso es muy bueno, cuando a alguien le dan una beca. Le dieron una beca para estudiar y le dijeron: “Mira, puedes elegir tales carreras”. Y llegó el momento de decidir qué carrera, la llamaron de la universidad: “No se puede perder la beca, tienes que decir qué carrera vas a estudiar”. Y ella no sabía qué carrera estudiar.

Entre las carreras que le habían puesto, había una que a ella como que le hacía un poquito de clic, pero no había decidido que esa iba a ser la carrera. Y llamó a alguien y le dijo: “Ven acá, ¿tú sabes qué es lo que hace un diseñador industrial?”. “Mira, yo no sé, pero tengo al lado un diseñador industrial, póngamelo”.

Y la diseñadora le dijo: “¿Tú estás hablando conmigo? Si estás hablando conmigo, ¿por dónde me estás hablando?”. “Por un teléfono”. “¿Eso lo hace un diseñador industrial. ¿Dónde tú estás?”. “En una casa”. “¿Tú ves una ventana?”. “Sí”. “Esa ventana la diseñó un diseñador industrial. Abre la ventana, ¿qué tú ves?”. “Un carro”. “Ese carro lo diseñó un diseñador industrial. Eso es lo que hace un diseñador industrial”.

Usando la gracia común para predicar y aplicaciones prácticas

Hermano, qué ejemplo más palpable, qué ejemplo más práctico. Uno está predicando el evangelio a personas que no tienen idea de Dios, y la gente dice: “Dios está presente, Dios me ama”. Ponte la mano ahí, siente tus pulmones; ponte la mano ahí, siente el latido de tu corazón. Mira alrededor: tienes hijos, tienes familia, tienes alimento, tienes vestimenta, tienes comida, tienes familia. Todo eso es una invitación amorosa del Señor.

Y el Señor te dice que no quiere destruirte, que ha hecho abundar hacia ti sus misericordias, que ha hecho que abunden en ti sus misericordias. El Señor te ha enviado una invitación amorosa a que te reencuentres con Él.

Les he explicado la diferencia entre gracia común y gracia especial. Les he dicho por qué el Señor le da su gracia común a todos los hombres. Permítanme terminar diciéndoles formas prácticas en que esto nos afecta.

“Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras. Te alaben, oh Jehová, todas tus obras; y tus santos te bendigan”.

Formas prácticas en que nos afecta la gracia común. Primera forma práctica es que los cristianos, por la gracia común del Señor, podemos ver la creación con optimismo. ¿Qué es ver la creación con optimismo, hermanos? Cuando usted ve los árboles, cuando usted ve el ser humano, cuando usted ve el sol, la luna y las estrellas, usted puede decir: “Gracias, Señor, porque a pesar de que el pecado entró en el mundo, y la creación gime con dolores de parto esperando, hermanos, que estas cosas sean restauradas, todavía en la creación se ven cosas buenas”.

Todavía la creación puede verla con cierto optimismo. ¿Cuál es el optimismo? Que Dios no la ha abandonado. Hay gente que piensa que Dios hizo esto y se fue. Hay gente cuyo concepto de Dios es un Creador que no está presente. ¿Qué decimos los cristianos? Que por la gracia común, el Creador hizo esto y todavía es Él quien sustenta el cielo y la tierra con el poder de su palabra.

¿En qué más nos afecta la gracia común? Podemos ver la creación con optimismo, sabiendo que la creación puede ser regenerada, y que así como el hombre está en degeneración, así mismo puede estar en regeneración. Y que hay lugares, hermanos, donde el pecado ha dejado gran devastación, ha traído corrupción, ha traído vicios, pero así mismo el evangelio se predica y la creación comienza a regenerarse.

Vocación, trabajo y mayordomía bajo la gracia común

¿Cómo nos afecta la gracia común del Señor en el optimismo, hermanos? Podemos ver la creación con optimismo, anhelando ser instrumentos del Señor. Hay personas que piensan que solamente siendo un ministro del evangelio, de la gracia especial del Señor, se puede hacer una gran cosa con la vida de uno. Hermano, no todos ustedes están llamados a ser ministros del evangelio, a ser pastores y líderes en una iglesia.

Muchos de ustedes, como Ciro, tienen su llamado en el gobierno, y quiere el Señor que de ustedes se diga: “Ciro, mi ungido; Ciro, que yo he levantado para pastorear a mi pueblo Israel”. Quiere el Señor que de ustedes se diga, como dijo de Nabucodonosor: “Mi siervo”.

Hermano, hay diferentes esferas de influencia, de liderazgo, donde uno puede, por la gracia común del Señor, glorificarle. Adán recibió la encomienda: “Administra la tierra, sojúzgala”, le dijo el Señor. Eso es: administra de forma tal que de la tierra salgan buenas cosas. Podemos ser instrumentos del Señor en diferentes roles.

Unos como ministros del evangelio. Yo soy un ministro del evangelio, a eso yo me dedico. Yo administro la gracia especial del Señor; bueno, un gran privilegio. Pero entre mis hermanos hay otros que están llamados a ser comerciantes. Y un comerciante, haciendo negocio, puede hacer negocio para la gloria del Señor. Cuando un comerciante compra y vende y le va bien, ¿el Señor no se goza en el cielo diciendo: “Mira, mi creación, comerciando y administrando lo que yo le he dado”?

Otros como agricultores. Muchos de mis hermanos no están llamados, hermanos, a pastorear iglesias; están llamados a sembrar la tierra y ver en eso la gloria del Señor, la gracia común del Señor. Hay otros de mis hermanos que están llamados a ser gobernantes y políticos. ¿Qué, que podemos ser políticos? Claro. Podemos administrar al pueblo, los asuntos, hacer las leyes y hacer que se cumplan para su gloria.

Muchos de mis hermanos están llamados a ser científicos. ¿Y qué hace un científico? Mira la creación, y cuando mira la creación trata de identificar en la creación las leyes que el Señor ha establecido, y puede ver la gravedad y puede ver la armonía de la creación y puede ver los ciclos. Por la gracia común del Señor, hermanos, podemos administrar todo esto que el Señor ha hecho.

Disfrutar gracia común y especial, y testificar con valentía

Muchos de mis hermanos están llamados a ser intelectuales. Muchos de mis hermanos están llamados a ser músicos. Muchos están llamados a ser buenos profesionales. “Bueno, yo lo que soy es un médico, ¿y yo puedo utilizar la medicina para la gloria del Señor?”. ¡Claro que sí! Muchos de mis hermanos pueden ser empleados privados en diferentes áreas.

Recuerden, hermanos: la gracia común del Señor nos invita a usar la creación con mayordomía para la gloria del Señor. Su gracia especial nos invita a edificar la iglesia por fe en Cristo Jesús. ¿Cómo nos afecta la gracia común del Señor? Podemos disfrutar ambas provisiones.

Es hermoso cuando usted puede, por la gracia común del Señor, disfrutar una parte, y por su gracia especial ser parte de su pueblo elegido, ambas cosas. El mundo en su plenitud. Le decía así el anciano a Gayo: no es malo disfrutar de la gracia común del Señor, no es malo disfrutar de la creación, no es malo ser bendecidos en lo material.

Hermanos que están aquí presentes, yo les diré: yo desearía que todos mis hermanos sean materialmente bendecidos. Sin embargo, si materialmente no te ha ido tan bien, recuerda que tú tienes una herencia reservada para ti en el reino de los cielos, que es incontaminada, inmarcesible, que no se daña, que el pecado no llega.

Sin embargo, yo quisiera desearles a mis hermanos este año lo mismo que le deseaba el anciano a Gayo, el anciano —este es el apóstol Juan— a Gayo, el amado, a quien amo en la verdad: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud”. ¿Eso es gracia especial o gracia común? Eso es gracia común. “Así como prospera tu alma”. ¿Y eso qué es? Gracia especial.

Hermano, ¿cómo esto nos afecta? Podemos desear que el Señor nos permita administrar su creación: comer, beber, vestirnos, tener un lugar donde guardar el cuerpo. Pero también, hermanos, si cualquier cosa de esa faltara, recuerda 1 Pedro capítulo 1: el Señor tiene una herencia para nosotros reservada, y que está guardada en los cielos.

Es una herencia, hermanos, que no se contamina. ¿Cómo nos afecta la gracia común? Hermano, nosotros podemos testificar con seguridad, porque puede ser que nos rechacen, pero el que nos rechaza es doblemente malagradecido. Te han dado pulmones para respirar; recuerda que Dios te permite respirar. El impío a veces, cuando tú le predicas la gracia del Señor, te dice: “Eso es una locura, yo vivo bien”. Cuando él te diga eso, tú le dices: “Tú estás respirando, tú estás hablando; esa lengua con la cual tú maldices te la puso Dios”.

Nos permite testificar de Cristo con seguridad, sabiendo que todos los hombres ya han sido materialmente bendecidos por el Señor, y que queremos que sean espiritualmente bendecidos, pero no que el Señor los ha dejado.

Voz profética de la iglesia y ejemplos históricos

Hermano, la voz profética de la iglesia, esto ha cambiado mi concepción. Miren, la iglesia tiene que abrir su boca en medio de la sociedad, aunque la gente no se convierta. Pero si nosotros logramos, hermanos, que con nuestra voz profética en Santo Domingo disminuya un poco la corrupción, aumente un poco la moral, la gente tenga un poco más de conciencia, yo creo que hemos logrado una gran cosa. Lo mismo que lograba el Señor cuando mandaba a los profetas a que vayan a predicar a Nínive, esa gran ciudad.

Termino con lo siguiente: ¿cuáles son casos prácticos de hermanos suyos que, a través de la historia, han utilizado la gracia común del Señor para bendecir a los hombres? Usted ha oído hablar de un gran movimiento intelectual que comenzó en el siglo XVI; se llama el Renacimiento.

¿Y cómo nace el Renacimiento? Los teólogos comenzaron a pensar: Dios es luz, Dios es verdad, debe haber algo absoluto para regir las cosas. El mundo venía de la Edad Media, del oscurantismo, y en el siglo XVI los teólogos comenzaron a decir: “Debe haber algo que sea verdad, debe haber algo que sea absoluto, debe haber belleza todavía en algo”. Y de ahí salió un gran movimiento intelectual que se llamó el gran Renacimiento del siglo XVI.

El Renacimiento está conectado a la gracia común del Señor. Y florecieron la música, las artes, la teología. Apareció la Reforma Protestante. Hermano, yo les recuerdo la historia de un hombre que se llama William Wilberforce. Yo les he hablado de Wilberforce en diferentes momentos. Cuando William Wilberforce abogaba porque se dejara de ir a los lugares de África a buscar los esclavos y traerlos, él no logró eso solamente para los cristianos, lo logró para todo el mundo.

Y los barcos negreros dejaron de moverse sobre las aguas porque un hermano suyo se paró en el Parlamento y dijo: “Dios nos hizo a todos iguales, y todos tenemos la misma dignidad delante del Señor, y eso que está haciendo Inglaterra es una aberración”.

¿Y usted me pregunta: “Y todos esos negros que venían en los barcos, se convirtieron, fueron a una iglesia y tomaron la Biblia?”. No. Pero todos ellos fueron objeto de la gracia común del Señor, porque un hermano suyo se paró y dijo: “Todos fuimos creados con dignidad por un Creador”.

Derechos civiles, gracia común y llamado final

Vi una película esta semana con mi esposa, se llama “El mayordomo de la Casa Blanca”. Tremenda película, hermanos. Y ahí narra cómo los negros en Estados Unidos han ido avanzando hasta tener cada vez más derechos civiles. Un hermanito mío, pastor de una iglesia, Martin Luther King, hermanito mío él.

Hermano Martin Luther King se paró frente al monumento a Lincoln y dijo: “Todos fuimos creados ante el Señor para disfrutar de los mismos beneficios que da su creación”. ¿Usted cree que él estaba predicando la gracia común o la gracia especial? Estaba predicando la gracia común del Señor. Hermanos, porque un hermanito suyo se paró a predicar la gracia común, hoy los negros, los afroamericanos, tienen derechos civiles y hay un presidente negro en la Casa Blanca que llegó ahí por la gracia común del Señor, aunque no esté sirviendo a los propósitos de su gracia especial.

Quiero motivar a mi iglesia en este año a que se abra a la posibilidad de que nosotros somos su pueblo, de que somos el pueblo de Dios, de que somos el pueblo especial, pero que no se nos olvide, hermanos míos: “Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras. Te alaben, oh Jehová, todas tus obras, y tus santos te bendigan”.

Cierren sus ojos ahí un momento. Exhorto en este momento con la convicción de que todos ustedes han sido objetos de la gracia común del Señor. Quiero ahora decirle a las personas que están aquí presentes que todavía no tienen la convicción de que la gracia especial del Señor ha obrado a favor de ellos.

Amigo que estás aquí presente, que no te sabes un cristiano, por la misericordia del Señor estás respirando, por la misericordia del Señor has sido expuesto al evangelio, por la misericordia del Señor estás en su iglesia, por la misericordia del Señor no has sido consumido. Aun así, te recuerdo que llegará un momento que no será el día de la misericordia del Señor. Ahora mismo estamos en el año agradable del Señor, pero llegará el día que será el día de la ira, el juicio del Señor.

Casi como Nínive fue advertida, pero dentro de cien años Nínive fue destruida, ahora mismo el Señor te envía a ti su palabra, que te despierte. Pero llegará el momento en que serás el objeto del castigo del Señor que bien mereces. Dice la Escritura que si confesamos nuestros pecados, por la gracia común podemos hacerlo; si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad.

He expuesto aquí cómo el Señor ha manifestado su bondad, su misericordia y su amor para contigo. Ahora déjame decirte que el Señor no solamente permite que puedas ver el sol. El Señor también, en su gracia especial, hizo que su Hijo descendiera sobre la tierra, que muriera en tu lugar, que fuera levantado de entre los muertos, y que por su sacrificio tengas tú esperanza.

Invitación a la gracia especial y oración final

Si tú quieres ser beneficiario hoy, no solamente de la gracia común del Señor, sino también de su gracia especial, yo te invito a que reconozcas tus pecados, pongas tu fe en el Señor y que seas prosperado, así como has sido prosperado materialmente en todas las cosas, que también prospere tu alma.

Quiero orar hoy para que las almas de los aquí presentes sean prosperadas. Si tú has escuchado la predicación de la gracia común, si has visto esta gran invitación de Dios en su creación, si has visto su misericordia expuesta, yo te invito a que no esperes un día más y que esta mañana de domingo, primer domingo del año, resuelvas no solamente ser beneficiario de los favores generales de Dios, sino ser beneficiario de ese favor especial.

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

— Juan 3:16

El regalo más grande, este regalo de Cristo, se accede a él por medio de la fe. Confiesa hoy ante el Señor tus pecados, dile ahí de nuevo en oración al Señor: “Perdona mis pecados, en este momento estoy arrepentido, resuelvo seguirte. Escribe mi nombre en el libro de la vida, dame esperanza, pon tu Espíritu Santo en mi corazón”.

Dice la Escritura que el que creyere y fuere bautizado será salvo. Ahora mismo, los domingos estamos dando talleres de membresía en nuestra iglesia, preparando a las personas para que confiesen a Cristo por medio de las aguas.

Oro por toda mi iglesia. Mira a mis hermanos aquí reunidos, Señor. Permite que vean lo mucho que les has amado. Permite que haya una conciencia renovada de tus favores. Permite que tus misericordias estén en nuestra memoria, Señor. Te pido que las personas que tengas aquí presentes, Señor, sean despertadas a esta realidad: de que tú tienes años amándoles, haciendo que salga el sol, haciendo que puedan respirar, permitiendo que logren cosas, Señor, que tengan hasta reconocimiento por lo que han logrado.

Te pido por mis hermanos que están aquí, Señor, que quizás miran al impío del Salmo 37 y tienen envidia de lo que él tiene. Enséñales, Señor, lo que dijo el apóstol Pedro: que su herencia está reservada en el reino de los cielos. Gracias por tu gracia. Gracias, Señor, por tu gracia común, que nos ha alcanzado a todos. Gracias, Señor, por tu gracia especial, que ha salvado a algunos para tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.

Que el Señor les bendiga, hermanos. Nos vemos el próximo domingo en nuestro segundo culto del año.

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