Reconociendo, hermano, que no estamos ante un libro común, sino que estamos abriendo las Sagradas Escrituras, que son las únicas que tienen la promesa de que nos pueden hacer sabios para la salvación que es en Cristo Jesús, que es el libro inspirado por Dios y en el cual nosotros encontramos nuestro sustento espiritualmente hablando. Hagamos, en una evidencia de dependencia del Señor, oremos juntos, y le voy a invitar a que ponga su manito así hacia alguna persona que tenga cerca y que, como hermanos, nos presentemos ante el Señor en oración. Siempre es bueno, hermano, comenzar la exposición de la Escritura en oración, afirmando que dependemos del Señor; oramos a Él.
Estamos, Padre, por considerar tu Palabra. Estamos, Señor, ante este libro que es el único que tiene la promesa de que nos puede dar la sabiduría necesaria para la salvación que es en Cristo Jesús. Tenemos, Señor, aquí el testimonio de generaciones de creyentes que han sido puestos en contacto con tu Palabra y su vida ha cambiado. Así, Señor, en esta tranquilidad te pedimos que hoy suceda ese milagro, de que los ojos nuestros sean abiertos de par en par para que te veamos a ti, tal como tú dijiste: que consideremos las Sagradas Escrituras porque son ellas las que dan testimonio de ti.
Te presento este pueblo aquí congregado. Te presento, Señor, cada persona aquí, para que seas tú, para que sea tu Santo Espíritu abriendo el entendimiento, fortaleciendo la voluntad, poniendo el deseo, Señor, poniendo hambre. Mira que tenemos la Palabra, pon tú hambre ahora por tu Palabra, aliméntanos espiritualmente, susténtanos. Permite, Padre, que este sermón, en palabras sencillas pero palabras extraordinarias porque fueron inspiradas por ti, sea herramienta hoy, Padre, y que aquellos que han tenido quizás una vida espiritual, un desempeño pobre, una vida espiritual muy pasiva, sean motivados a pasar a un estilo de vida más activo espiritualmente hablando, para la gloria tuya. En el nombre de Jesús te pedimos esto. Amén.
Consideremos, hermano, primera carta de Pablo a los Corintios, capítulo 9. Leeremos desde el versículo 24 y hasta el versículo 27. El tema es “Un atleta preparado”. Dice así la Palabra del Señor, primera carta de Pablo a los Corintios, capítulo 9, versículos 24 en adelante:
¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la aventura; de esta manera peleo, no como quien golpea al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
— 1 Corintios 9:24-27
Una incorruptible. “Así que yo de esta manera corro, no como a la aventura; de esta manera peleo, no como quien golpea al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. “Un atleta preparado”: esa es nuestra introducción.
Corinto, los juegos ístmicos y el paralelo con la vida cristiana
La ciudad de Corinto era famosa en la antigüedad por su gran cultura deportiva. Había gimnasios en muchas partes, el deporte era uno de sus principales entretenimientos, y sus atletas se contaban entre sus celebridades. En esta ciudad eran celebrados cada dos años los juegos ístmicos, que eran, después de los Juegos Olímpicos, los segundos en importancia del mundo antiguo. El apóstol Pablo aprovechó la amplia cultura y valoración deportiva que ostentaban los corintios para desarrollar una rica analogía sobre las disciplinas espirituales.
Se alude, con referencias deportivas, a diferentes aspectos de nuestra preparación espiritual. Hoy veremos estos cinco aspectos y la forma en que podemos integrarlos. Lo que veremos es, en el aspecto deportivo, la actitud del atleta: cuál es la actitud que debe tener un atleta. Veremos su disciplina, veremos el premio que persigue, veremos el método de su entrenamiento y, al mismo tiempo, veremos su campo de trabajo.
Los hermanos de la iglesia saben que este tema me toca a mí cerca, y tengo que decirles cómo llegué a predicar este sermón. Hace cerca de un año yo prediqué aquí un sermón sobre la parábola del sembrador, y antes del sermón hice dos cosechas de habas en el patio de mi casa. Cosechando las habas en el patio de mi casa pude entender mucho mejor a qué se refería el Señor cuando estaba hablando la parábola del sembrador, de manera fortuita, porque no era que lo estaba buscando.
En días pasados, mientras yo trabajaba mis ejercicios físicos —que, con la ayuda del Señor, ya tengo casi 10 libras menos, sí, y cerca de 7 km diarios, gracias por sus oraciones— estuve pensando, hermano, mientras trotaba, mientras corría, ya estoy trotando casi un kilómetro, pero mientras lo hacía estuve pensando en lo siguiente: la vida cristiana comparada con una carrera. Y yo me decía a mí mismo: qué difícil es pasar de un estilo de vida sedentario a un estilo de vida activo.
Recuerdo que la primera vez que yo intenté trotar, yo salí, yo pensé que lo iba a lograr y fui al botánico. Corrí como 15 metros y casi me senté en una piedra. Yo sentía que literalmente me estaba muriendo; el corazón, hermano, no aguantaba, y un dolor en las piernas, un calor en el cuerpo. Tuve que detenerme en el momento, no corrí más de 15 metros, y pensaba mientras trotaba días pasados que qué difícil es comenzar de cero a cien.
De lo imposible a lo alcanzable: disciplina y expectativa realista
Yo recuerdo que en aquel momento, cuando yo salí, iba caminando hacia el botánico y pensaba: si el Señor me permitiera en algún momento correr un maratón. Ahora mismo tengo serias dudas de que sea posible correr un maratón, y tengo alma. Cuando yo veo las proezas, yo considero ahora mismo que quien logra correr 42 km, hermano, eso es de las más grandes proezas que ha logrado el ser humano, porque yo correr cerca de 400 metros ahora mismo lo logro con mucha dificultad; imagínense aquellos que logran correr un maratón.
Pero me he puesto a investigar y he visto que personas de más de 50 años han comenzado a correr y logran correr un maratón. Uno entendería que un maratonista es una persona que comenzó a los 15 años, pero personas han completado maratón a los 80. Usted me dirá: ¿qué tiene que ver esto con el mundo espiritual? Lo que diré a continuación: la vida cristiana es una vida que inicialmente puede parecer imposible para el ser humano, pero que, por medio de la disciplina, por medio de la práctica, proezas espirituales pueden ser logradas.
Me gustaría hoy, como objetivo, trazarme lo siguiente: quisiera que ustedes tengan una valoración objetiva sobre el mundo espiritual, para que no hagan como yo y pretendan correr un maratón el primer día, sino que usted sepa qué se puede lograr, en qué tiempo y cómo pueden ser logradas estas cosas. Que la vida espiritual no es solamente una vida de contemplación, y en esto tengo gran temor. Hay hermanos que siento que están pasando el trajinar de su vida de una manera muy pasiva, y piensan que con ir a correr, con ir a caminar, con pasar algún tiempo en la vida cristiana se logra un objetivo, y no es así.
Hay personas que piensan que, con ir al gimnasio, se puede lograr una buena condición física. Yo no quiero que ustedes me levanten la mano, pero un fuerte aplauso para todos los que se inscribieron en gimnasio, pagaron y no volvieron. Un fuerte aplauso para todo aquel que compró una máquina caminadora, la tiene en su casa para tender ropa en ella. Hermano, con tener instrumentos de ejercicio, con inscribirse a un gimnasio, no se logra un objetivo. Del mismo modo le diré: con venir a la iglesia y recibir la Palabra del Señor no se marca la diferencia, hace falta algo más. El tema de hoy: “Un atleta preparado”.
Apariencia, conocimiento y el engaño de las formas
En primer lugar quiero quitar el mito de que, con ir al gimnasio, usted está logrando una buena condición física. Hay una apariencia: entonces se pone ropa deportiva, entonces se pone un calzado deportivo, usted se sube por encima de una caminadora, y se pasan esos cinco años y probablemente no mejore su condición física. La ropa deportiva no mejora tu rendimiento, el inscribirte en el gimnasio tampoco, participar en el ambiente deportivo no marca la diferencia.
Tengo que quitarle también otros mitos: la gente que piensa que se puede percibir externamente la condición física de una persona. No se logra, hermano. Yo, caminando, encontraba personas gruesas, gente que, a mi entender, no tenían ningún tipo de condicionamiento físico, y yo iba caminando y en un momento estas personas me pasaban corriendo y se me perdían de la vista. Lo que aparenta el hombre por fuera de su condición física no necesariamente lo es. Asimismo, encontrar un hombre delgado no significa que tenga una buena condición; muy probablemente está al borde de un preinfarto.
Que una persona sea gruesa o que una persona sea delgada no habla mucho de su condición física. Lo que habla de su condición física es la capacidad que tiene esa persona de someter su cuerpo a la práctica intensiva y qué tanto de resistencia tiene, y hay personas gruesas que resisten mucho y hay personas muy delgadas que no lo logran. Asimismo, hermano, ten cuidado, porque a veces tú evalúas espiritualmente a un hombre y mides mal. El hermano tuyo que aparentemente no tiene un buen desempeño espiritual por lo que tú ves por fuera, puede ser que te lleves una sorpresa, y aquellos que tú entiendes que van por delante en el caminar cristiano probablemente van detrás.
Le digo: son muchas las personas gruesas que me han pasado a mí corriendo por el lado, y aquellos que uno esperaría que tengan mejor desempeño no lo logran. Otra cosa que le diré es que el conocimiento no es sinónimo de rendimiento. Voy a tener ya cuatro meses en esto y yo he encontrado mucha gente que sabe acerca de atletismo, que sabe cuál es el calzado correcto y que sabe cuál es la técnica correcta de la pisada, y yo le pregunto: ¿y por qué tú no corres? “Bueno, yo corrí una vez y por eso tengo toda la información”. Tú tener el conocimiento de las Escrituras no te hace un cristiano.
Hay gente que tiene toda la cultura deportiva y conoce todos los lugares, y conoce todas las técnicas, y conoce todos los términos, pero no corre. Hermano, ¿cuál es la versión espiritual que hay en esto, a modo de preámbulo? Que tú conozcas el ambiente de iglesia, que tú conozcas la Palabra del Señor, que tú tengas cierta cultura de la vida cristiana, no te hace un atleta. En Wikipedia no se aprende a correr. Leyendo en tu casa solamente no se llega a ser un discípulo de Cristo. Pablo decía que de esta manera él corre.
Métodos, años y el mito de los programas milagrosos
¿Hay algo más que pueda decirle como preámbulo? Sí, tengo otra cosa que decirle. Hay gente que piensa que si hace el ejercicio, tarde o temprano llegará, y lo que demuestra la experiencia es que lo más probable es que nunca llegue. Yo entendí esto, alguien me lo advirtió, me dijo: “Mira, tú ves personas que tienen ya cinco años yendo al gimnasio, su condición física todavía es la misma. Hay personas que tienen años yendo a correr a tal lugar y todavía no han mejorado”. ¿Por qué no mejoran? Porque hay que tener no solamente la práctica, sino que hay que tener el método correcto.
Y en esta porción del libro de primera de Corintios, capítulo 9, versículos 24–27, se nos enseña cuál es el método. Pero te diré: no basta con que lo hagas, hay que hacerlo bien. No basta con que tengas años en los caminos del Señor, hay que aprovechar los años. Y a veces, después de años de hacer una cosa de la misma manera, tú encuentras el método correcto y logras en meses lo que te ha tomado quizás cuatro años. Si estás en el mismo lugar, hermano, no basta solamente hacerlo, hay que hacerlo bien. No basta solamente correr la vida cristiana, hay que correr de forma tal que aumente el rendimiento, que podamos tener la victoria.
¿Hay algo más, Pastor, que quiera decirnos como preámbulo? Sí. Lo último que le diré como preámbulo es que no existen los programas milagrosos. Hay cantidad de personas que tienen una vida espiritual muy pasiva y están esperando un retiro. Hay cantidad de personas que tienen un estilo de vida de poco movimiento y quisieran ir a un congreso y salir del congreso renovados, dicen algunos: “Yo quiero ir a un congreso que salga desafiado, yo quiero ir a un congreso que yo salga de ahí transformado”.
Hermano, los congresos, los retiros y los campamentos no transforman, motivan. Tú puedes ir a un lugar y recibir ahí la motivación necesaria para involucrarte en los ejercicios espirituales que te permitan parecerte a Cristo, pero yo no he conocido a nadie que vaya a un retiro y salga de ahí transformado. Yo he sabido de gente que va a un retiro y sale de ahí informado, con lo que hay que hacer de ahí en adelante para parecerse a Cristo, pero no hay programas milagrosos.
Sin ánimo de dañar ninguna marca ni de motivar nada raro, ya que tenemos personas que están trabajando en el área, pero yo he conocido a mucha gente que han hecho el “Body Transformation”, y lo hicieron de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante, si pueden entenderme en esto. Es un programa intensivo que te permite alcanzar un condicionamiento físico. Vaya a buscar el “Body Transformation” dentro de un tiempo. Hermano, los programas milagrosos no existen. Hay programas que inicialmente te motivan a hacer algo, pero hay que pagar el precio, el tiempo.
Gente que está aquí en la iglesia deben hacer una evaluación así, rápida. Sé que hay personas que tienen ya cinco años en los caminos del Señor, hay otros que tienen un mes, hay otros que tienen quizás meses, hay otros que están abriéndose a la expectativa de: “¿Y yo podría caminar los caminos del Señor?”. ¿Qué es lo que quiero decir con esto? Que no tengas una expectativa irreal. Tú puedes estar ampliamente informado, ampliamente motivado, pero tarde o temprano hay que correr y el precio hay que pagarlo, y eso no se improvisa.
Primera analogía: la actitud competitiva del atleta
Cinco analogías hace el apóstol Pablo de la vida deportiva. La primera está en el versículo 24:
¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.
— 1 Corintios 9:24
En primer lugar, vengo a hablarle acerca de la actitud competitiva. Esto casi no se habla del discipulado cristiano, hermano, pero un cristiano, de algún modo, tiene que tener el mismo espíritu que tiene un atleta. Tiene que anhelar competir. Tiene que anhelar correr. Tiene que tener como esta hambre por llegar más lejos, este deseo de vencer. A diferencia de las carreras que se hacían aquí, a las que se está aludiendo, en la vida cristiana gana más de uno. Más de uno llega a la meta, no es la intención de llegar primero porque si no, no llegaste; no. La intención que quiere transmitir este versículo es tener la actitud necesaria, es correr de tal manera que pretendas vencer, que pretendas llegar.
Si buscas una carrera de atletismo, busca los 100 metros planos. Encontrarás quizás a Usain Bolt, que está ahí corriendo y él puede hacerlo en pocos segundos, pero aquel que tenga el peor de los tiempos correrá con el mismo deseo que corren todos. Todos quieren vencer. Es como una hambre, hermano, de competencia, un hambre de llegar, un deseo de lograr alguna proeza. Espiritualmente hablando, hermano, ¿tú tienes el deseo de llegar a alguna parte? Algo que tiene que tener todo atleta por dentro.
Yo recuerdo cuando yo tiraba alguna pelota de básquetbol y yo me imaginaba que yo era Michael Jordan. Y tú me dices: “¿Y tú jugabas como Jordan?”. No, yo no jugaba como Jordan, pero había un deseo, hermano, de hacerlo, había un deseo de vencer. La vida cristiana tiene que tener lo mismo, tiene que tener cierto deseo competitivo, y ser competitivo no está mal. ¿Qué es ser competitivo, qué es una persona competitiva? Una persona competitiva es aquel que pregunta: ¿hasta dónde es que se ha llegado?, ¿cuál es la meta más alta?, ¿en cuánto tiempo lo están haciendo? A mí me gustaría por lo menos llegar cerca. Eso es ser competitivo, no es el deseo de llegar para dejar a los otros fuera, es el deseo de llegar cada vez más lejos.
Es el deseo de vencer, el deseo de competir, de lograr alguna proeza, del justo reconocimiento. Algo que tiene el apóstol Pablo, hermano, en todas sus cartas, que se evidencia que el apóstol Pablo tenía un amplio sentido competitivo. Él decía: “A mí me interesa ir a un lugar donde nadie más haya ido”. ¿Hasta dónde es que el Evangelio no ha llegado? “¿No ha llegado por allá? A mí me gustaría llevarlo”. Es más, miren: en el momento en que más se expandió el Evangelio en el siglo XX, ¿saben qué era lo que estaba sucediendo?
Había un deseo de conquista, había un deseo misionero. Cuando aparecían los lugares decían: “¿Dónde no se ha predicado el Evangelio todavía? Hacia allá entonces yo voy”. Nosotros hoy tenemos el Evangelio quizás porque una persona tuvo el deseo de competir de tal manera que llegara a alguna parte. Esa hambre por conseguir algo, hermanos, no está mal. Ser competitivo no está mal. Extender un poco más la frontera no está mal, subir un poco más la marca.
Sueños espirituales y falta de hambre en la iglesia
¿Contra quién se compite? Contra otro compañero de equipo, contra la marca del otro, contra la proeza más grande que se haya logrado. “Corran de tal manera que puedan lograrlo”. Primera actitud que se nos describe aquí es la actitud del atleta, se llama competitividad. Yo quisiera motivar a mis hermanos a que tengan sueños espirituales. Yo te pregunto, hermano, a ti: ¿hasta dónde tú has llegado espiritualmente?, ¿cuál es tu meta?, ¿cuál es tu tiempo?, ¿hasta dónde has logrado empujar?, ¿hasta dónde has logrado resistir?, ¿hasta dónde has logrado sembrar?
Debe haber el deseo adentro de todo ser humano, de todo cristiano. El deseo que hay en todo ser humano de competir, de ganar, de tener alguna recompensa. Pero no se queda aquí solamente. Primero nos dice la actitud del atleta, se llama competitividad. Hermano, un atleta no competitivo, mejor que no corra. Una persona que se va a poner ahí a competir y no desea ganar, aunque las posibilidades sean remotas, mejor que no corra.
Algo que he visto en las olimpiadas es que todos llegan a la meta. En las olimpiadas pasadas había un video muy famoso de un atleta que llegó cojeando, no sé si eran los 200 o los 400 metros, pero él se lesionó en medio, parece que un tendón o algo, y esta persona llegó hasta la meta con un solo pie. Y tú dices: ¿qué es lo que pasa? ¿Cómo esta persona, que no tiene ya ninguna posibilidad de ser el ganador del primero, ni del segundo, ni del tercer lugar, cómo es que llega hasta la meta con una sola pierna?
Hermanos, el deseo de competir es el deseo de llegar más lejos, eso se llama competitividad. Algo que he visto como que en nuestras iglesias la gente como que no es muy competitiva, como que no quiere llegar más lejos, no sé qué sucede, hermano, pero tengo que reconocer al mundo pentecostal, que es un mundo ampliamente competitivo. Yo veo mis hermanos pentecostales que cada uno de ellos anda preguntando dónde se puede ir más lejos, hasta dónde se puede llegar, qué es lo que hay que practicar.
Como que no veo, hermano, que en nuestra iglesia tengamos esa hambre. Quiero alentar a toda mi iglesia, y comenzando por mí mismo, tenemos que ser más competitivos en este año. Lo segundo está en el versículo 25, decía el apóstol Pablo: “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene”. Está hablando aquí de la disciplina de un atleta: de todo se abstiene. Tengo que aclarar que no necesariamente son cosas que, per se, son malas. Hay cosas que no son malas, sino que simplemente no convienen.
Abstención con propósito y disciplina de un atleta
Miren, cualquier persona que ha hecho algo relevante en algún momento de su vida se ha tenido que abstener de algo. Y cuando se ha abstenido de eso ha encontrado comentarios de personas que dicen: “Ah, entonces tú te vas a abstener de todas las cosas”. “No, no me voy a abstener de todas las cosas; sin embargo, para mi propósito del momento…” Y no estoy hablando de la vida cristiana en este instante, estoy hablando de cualquier otra cosa en tu vida que haya valido la pena.
¿Aquí hay alguien que ha hecho una carrera profesional? Se abstuvo de algo. ¿No recibió comentarios de que: ‘ya tú no te vemos, te abstienes de todo, tú de todo te has retirado’? “No, no me abstengo de todo; sin embargo, tengo una meta”. ¿Alguien aquí tiene una familia, alguien aquí ha tenido una relación de noviazgo, una relación de matrimonio, ha llegado a alguna parte en cuanto a sus relaciones? Se ha abstenido de algo, claro que sí.
Miren, cuando uno milita en la vida cristiana, un cristiano no solamente se abstiene de aquellas cosas que, per se, son pecaminosas. Un cristiano se abstiene de cosas que le son lícitas, pero no le son convenientes. Dice aquí el apóstol que aquel que milita, de todo se abstiene. Y he estado investigando acerca de los juegos ístmicos, y estos eran atletas que se preparaban y hacían un compromiso durante diez meses, y durante diez meses comían el mismo plato de comida. Y usted me dice: ¿cómo es que una persona aguanta con el mismo plato de comida durante diez meses? Es que está apuntando a alguna parte.
Oigan cuál era el menú de un atleta de estos que corrían en los juegos ístmicos, oigan cuál era su menú. Ellos comían carne de buey en grandes cantidades y comían frutos secos. Oigan cuál era el menú. Y usted dice: “¿Y de eso es que esos hombres aguantan más?”. Y usted también dice: “¿Y esa era la mejor dieta?”. No, quizá si usted busca ahora, con la nutrición como ha avanzado, no es la mejor dieta porque le falta tal cosa, pero ellos comían carne de buey y frutos secos, los mantenía. Y ellos entendían que, al abstenerse de otras cosas, oigan lo que ofrecían estos hombres: decían, durante diez meses, nosotros vamos a vivir una vida de exclusión solamente con el ejercicio para prepararnos para los juegos ístmicos.
Diez meses comiendo carne de buey y comiendo frutos secos, y ustedes dirán: “¿Y está malo comer otras cosas?”. No, no está malo, no es que la comida es mala. Sin embargo, para su propósito del momento, que era ganar tal cosa, no convenía. A veces nos dicen a los cristianos evangélicos: “Pero es que ustedes quieren vivir absteniéndose de todas las cosas”. No, hermano, dice la Escritura que todas las cosas nos son lícitas. Son pocas las cosas que yo, como pastor, he podido identificar que sean, per se, malas, cosas que usted puede decir: “Mire, eso es malo en sí mismo”, muy pocas. Sin embargo, desde el punto de vista del propósito que nosotros tenemos, y es de competir de una manera tal que seamos aprobados, hay cosas que no son convenientes.
Aquel que lucha, de todo se abstiene. Cosas que son dañinas en sí mismas se desechan, cosas que no convienen también. Algo que he visto, y quiero alentar en esto, es que hay personas que cuando van a participar en alguna actividad deportiva se rodean de herramientas y quieren hacer deporte, hermano, rodeado de cosas. No se puede al mismo tiempo trotar y tener un radio encima. Cosas que yo he visto, por ejemplo: hay gente que va trotando y con un radio, o sea, usted está oyendo música, usted está haciendo deporte o usted está oyendo música.
Cargas innecesarias y sacrificio del tiempo
Hay cosas que yo no entiendo, ¿han visto a la persona corriendo con un radio en la mano? Son cosas que… ¿Es malo? No, no es malo, pero muy probablemente te lesione, muy probablemente te distraiga, te ponga atento a esas cosas. Usted no puede ir caminando y viendo el celular al mismo tiempo, son cosas como que fácilmente se va por un hoyo. Son cosas que no son “malas”, pero son cosas que no convienen. Lo digo a modo de broma, pero en la vida cristiana, en la vida espiritual, hay muchas cosas de las cuales un cristiano se aparta. Y la gente pregunta: “¿Y tú te apartas de eso porque sea malo?”. “No, yo me aparto de eso porque temporalmente es algo que no me es conveniente para el propósito que tengo”.
Cosas que puedo mencionar: el tiempo. Un cristiano, para usted comprometerse con la vida cristiana y tener algún resultado, eso va a sacrificar su agenda. Hay cosas a las que usted va a tener que decirle que no. Pero eso no es solamente en la vida cristiana, en cualquier otra cosa que valga la pena en la vida, hacerla, usted va a tener que sacrificar su tiempo. Y la gente te dirá: “Pero es que ya tú no tienes tiempo para nadie”. Yo calculo, mire, en nuestra iglesia tenemos reuniones, yo he calculado —y no digo esto como que es algo que sea “bueno”, quiere el Señor que nos permita eventualmente tener más reuniones entre semana— pero el tiempo de iglesia que atienden los miembros de la iglesia evangélica Pez Mundial son, como mucho, como mucho, cuatro horas a la semana.
Un día tiene 24 horas y a la semana nosotros estamos dando cuatro horas, y aún así los amigos tuyos dicen: “Pero ahora tú solamente vives metido en la iglesia”. Algo que yo he visto es que quien no está participando de tu misma actividad, cualquier cosa le parece grande, quien no está militando cualquier cosa le parece exagerada. Y uno tiene que poder sobreponerse a estos comentarios hostiles de personas que te dicen que tú te estás tomando la vida cristiana de manera desproporcionada. Tú entiendes que el que lucha, el que milita, de todo se abstiene.
Hay ciclos de abstención; no es para siempre que hay que abstenerse. Llegará un momento que habrá tiempo para eso, pero llega un momento en que tú te retraes, especialmente para participar de alguna cosa que es la intención de lograr, para gloria del Señor, alguna proeza. Esto es abstención con un propósito. ¿De qué cosas uno se abstiene? De cualquier cosa que es lícita, pero para el propósito del momento las detenemos.
Ayuno, retiro, vigilia y la renuncia temporal
¿Y qué es lo que buscamos con esto? Buscamos un premio. Dice la Escritura que tenemos una corona incorruptible. Miren qué interesante, que el premio que se nos ha ofrecido a los cristianos no es un premio con valor económico. Analicen lo siguiente: una corona, ¿qué valor tenía la corona que se utilizaba en los juegos ístmicos, cuando ni siquiera era una corona de oro? ¿Saben de qué era que le ponían la corona? De hojas de pino. Y en los olímpicos usaban de laurel; en los juegos ístmicos, una guirnalda de hojas de pino. Es decir, ¿para qué sirve eso?
Eso significa que la sociedad ha reconocido que, cuando un atleta ganaba, en la antigüedad no se le daba —en los juegos ístmicos— no se le daba un valor económico, que sí se utiliza en los Juegos Olímpicos de la actualidad. Lo que se le daba era el reconocimiento público de que este ciudadano, este hombre, es un atleta reconocido que ha logrado vencer y que ha logrado tal proeza, y que merece todo nuestro mérito. ¿Y nosotros de quién lo vamos a recibir, hermano?
Dice la Escritura que en un momento nosotros nos veremos ante el Señor, el Señor nos preguntará: “¿Qué tú hiciste con lo que yo te di?”. Y a algunos el Señor les dirá: “Ven, buen siervo y fiel; sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor”. Nosotros no competimos buscando la aprobación de los hombres, buscamos la aprobación de Dios. ¿Qué era lo que se le daba a los atletas en los juegos ístmicos? Reconocimiento público. Y nosotros queremos recibir de Dios ese reconocimiento completo y que te diga: “Ven, buen siervo y fiel, sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré”.
Les he dicho ya: ¿cuál es la actitud? Competitividad. ¿Cuál es la disciplina? Es la abstención con un objetivo. No quiero salir de la abstención, hermano, sin recordarle: un cristiano no está llamado a abstenerse de cosas que le son lícitas para siempre. Ahora, eventualmente, para determinadas proezas, para determinados propósitos, para un ejercicio espiritual, dice la Escritura que es lícito abstenerse, y nuevamente entonces después reintegrarnos.
El premio que persigue: una corona que sea incorruptible. Esto significa el reconocimiento del Señor de que lo que has hecho lo has hecho bien. Me interesa especialmente el punto cuatro: es el método de entrenamiento. Pablo dice que él no luchaba solamente por luchar, miren cómo lo describía, versículo 26: “Así que yo, de esta manera, corro”. ¿De cuál manera? De cuál manera Pablo corría, él lo ha explicado a continuación: “No como a la aventura”.
Método correcto: metas concretas y enemigos reales
Una persona que corre a la aventura es una persona que corre sin ningún propósito específico, sin ninguna meta, sin ningún fin. Que puede ser que todos los atletas vayan corriendo hacia el norte y él vaya corriendo hacia el sur. Pablo dice: “Yo no ando corriendo así, como por correr, como a la aventura”. Él tenía una meta concreta. Y lo otro que dice: “De esta manera peleo, no como quien golpea al aire”. No como quien golpea al viento.
¿Cuál es el método de entrenamiento que está recomendando Pablo? Lo primero, que tengas una meta concreta; que no vayas por ahí haciendo cosas a la aventura. Yo, pensando en mi vida espiritual, la mayoría de las veces yo he estado así. Yo no sé si te ha pasado, como que tú estás haciendo un ejercicio espiritual, pero como que tú oras un día aquí, haces algo allá, pero no hay un propósito concreto de tu ejercicio, no hay una meta precisa. “No, yo aquí hago a veces algo así, hago a veces algo allá”. Dice el apóstol Pablo que él no anda como a la aventura.
Hermano que estás aquí presente, ¿andas tú así? ¿Quién es una persona que anda a la aventura? Ahora mismo está de moda el “cross fitness”, una persona va y hace bicicleta, un día hace tal cosa, pero hay personas que lo hacen ordenadamente. Hay gente que piensa que: “Mira, yo salgo hoy, patino un día, me monto en la bicicleta el otro, camino tres pasos, después vuelvo a mi misma vida”. Eso es correr como a la aventura.
Ahora, una persona que tiene una meta específica dice: “Mira, mi plan de entrenamiento espiritual es este. Haré durante tanto tiempo esto, y específicamente lograré tal propósito, tal objetivo”. Pablo dice que él no anda como a la aventura corriendo. Sospecho que tú podrías estar corriendo así. Ahora, Pablo dice que no corre de esa manera. ¿De qué otra manera Pablo no corre? Esto es una analogía tomada también de otro deporte. Él dice: “De esta manera peleo, no como quien golpea al aire”.
Habían dos maneras en que los deportes de contacto se practicaban en la antigüedad. Había una manera de practicarlos y era tener un adversario real, que antes de los juegos principales probablemente sea un miembro de tu propio equipo, una persona que está practicando contigo, y es un adversario real. Y habían otros que golpeaban al viento: si usted practicaba la esgrima, entonces comenzaba con la espada y le tiraba a su propia sombra; si usted practicaba boxeo, entonces comenzaba a golpear al aire.
Pablo dice: “Yo no estoy corriendo como a la aventura, como el que no va para ninguna parte, sino que yo sé para dónde voy en mi disciplina espiritual. Y al mismo tiempo yo no tengo enemigos imaginarios, tengo enemigos reales. Mi ejercicio es un ejercicio con provecho”. Había en esa escuela de la antigüedad quien decía que el mismo efecto se lograba luchando contra un adversario real que luchando contra tu propia sombra. Pablo dice: “Yo no estoy luchando contra mi propia sombra”.
Hermano que estás aquí presente, que estás caminando los caminos espirituales, te advierto: luchar contra tu propia sombra es tener como una vida espiritual que está cazando fantasmas, que no está persiguiendo un objetivo, impactar algo de manera concreta. Y correr como a la aventura es salir a correr, doblar a la derecha, doblar a la izquierda y no hacer ningún plan. No quiero cargarle la anécdota, pero he visto gente también que corren así.
Plan concreto vs. movimiento sin rumbo
Yo he visto personas que salen a correr y van moviendo el cuerpo, y mueven las manos y van haciendo así. Yo pensé: ¿hay algún provecho en eso o hay más provecho en tú plantearte un plan de entrenamiento preciso y alcanzarlo en determinado tiempo? En moverse mucho no hay ejercicio. Le preguntaba yo a Rosina, mi cuñada, que es doctora: “Rosina, pero yo atiendo el patio de mi casa, y yo desyerbo, y yo arranco la maleza. ¿Como cuántas calorías tú crees que yo esté quemando en esa actividad?”. Me decía la doctora algo que es científico, ella me decía: “El ejercicio que produce resultado no es desyerbar el patio de vez en cuando y hacer una cosa y la otra, eso aprovecha, pero no aprovecha tanto. El ejercicio que aprovecha es el ejercicio intenso, o sea, intensivo, el ejercicio sistemático, donde al cuerpo tú lo sometes a un ritmo y mañana al otro”.
Hermano que estás aquí presente, eviten golpear el viento y eviten correr como a la aventura. Hagan un plan de entrenamiento específico y persigan algún fin concreto para la gloria del Señor. ¿Cuál es el método de Pablo? Una meta concreta y adversarios reales, no imaginarios. Donde quiero detenerme y terminar es en la última parte. Él dice cuál es su campo de entrenamiento, y sorpréndanse ustedes: este es el campo de entrenamiento de Pablo, dice: “¿Dónde yo entreno? Mírenlo aquí: sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”.
Esta es también una analogía sacada del deporte. ¿Quién era el heraldo? Era una persona que se paraba y que proclamaba a los competidores, era el que los llamaba: “Que venga este a competir, que viene de la ciudad de Cecilia”. Es el heraldo. Pablo dice: “Cuidado, si yo me preocupo más de estar llamando a otros a involucrarlos en el camino del Señor y no me preocupo por yo mismo correr mi carrera y venga yo a ser eliminado”.
¿Cuál es el campo de entrenamiento? ¿Pueden ver dónde era que Pablo practicaba, cuál era? Era su propio cuerpo. Hermano que estás aquí presente, a veces los cristianos quieren salir a buscar su enemigo fuera de ellos mismos y dicen: “No, mi adversario es tal persona, mi adversario es el diablo, El Mundo…”. Le decía Pablo a Timoteo: “Ten cuidado de ti mismo y de tu doctrina”. Hay gente que anda cuidando solo lo que está afuera. Hermano, el primer enemigo tú lo tienes dentro, se llama la carne.
La carne, los instintos y el dominio propio
¿Qué es la carne? Cuando Pablo está hablando de su propio cuerpo no está hablando de su cuerpo físico, él no está diciendo que se está golpeando físicamente. Él está hablando figuradamente de los deseos incorrectos de la carne. Adentro de ti hay instintos y esos instintos han sido puestos por el Señor. Recuerdo que prediqué de esto el año antepasado, y estos instintos son muy buenos, pero hay que controlarlos.
¿Qué significa esto de que Pablo competía contra él mismo y golpeaba su propio cuerpo? Que hay un instinto que está dentro de ti, que el Señor lo ha puesto ahí con un buen propósito, pero dice el apóstol Pablo que hay que someterlo a servidumbre. No voy a dar un listado exhaustivo, pero menciono algunos para que entiendan cómo es la lucha espiritual, cómo es que tú luchas contra ti mismo. Dentro de cada uno de nosotros el Señor ha establecido una serie de instintos; son cosas que están ahí y que salen solas, los niños tienen esos instintos desde que nacen y comienzan a desarrollarse mientras crecen.
¿Cuál es el primer instinto que se tiene, que tiene el ser humano? El instinto de alimentación. ¿Hay que hacer un curso para que a alguien le dé hambre? No, eso viene solo. No hay que leer ningún manual para tener apetito, el apetito viene. Eso es parte de nuestra carne, es parte de nuestra naturaleza. Ahora, dice el apóstol Pablo: “Yo mismo golpeo mi naturaleza y someto mi naturaleza a servidumbre”. ¿Y qué sucede cuando se abusa del instinto de alimentación? ¿En qué se termina? En gula. Y los cristianos evangélicos tenemos que ser cuidadosos con esto, hermano, porque a veces se oponen a la borrachera, pero no limitan la comida.
Al cuerpo no se le da todo lo que el cuerpo pide. ¿Usted quiere saber lo fuerte que es un instinto, hermano? Intente una dietica. Mayo dijo una vez que cuando tú quieres comer el mejor banquete, anuncia públicamente que te vas a hacer dieta, te van a invitar. Y yo no sé de dónde es que eso viene, pero tú anuncias que “yo voy a hacer dieta” y aparece la cena. Los instintos están ahí dentro y como uno siente que no están dispuestos a ser controlados, tú ponte en contra de algún instinto para que tú veas cómo se revela.
No hay un día donde tú tengas más hambre, más apetito que el día en que tú digas: “A partir de este momento yo resuelvo —como dice el libro de Proverbios— poner cuchillo a mi garganta y no darle al cuerpo todo lo que pide”. ¿Es malo comer, hermano? No, no es malo comer. Ahora, los cristianos cada cierto tiempo podemos tener el control de ese instinto de alimentación para decirle al cuerpo: “Cuerpo, tú no te enseñorearás sobre mí, sino que yo tengo dominio sobre ti, te someto a servidumbre”.
¿Y el descanso, el reposo, es malo? Pero, ¿qué pasa si a veces se abusa del descanso, del reposo? ¿En qué se termina? En pereza. Es un estilo de vida holgazán, una persona que no quiere hacer nada con su vida, que está tirado ahí. El instinto de posesión, ¿es malo? Todo ser humano quiere tener algo que diga: “Eso es mío”. Un niño pequeño tiene un carrito y él dice: “Ese es mi carrito”. Y tú le dices al niño: “Pero préstale tu carrito a tu amiguito”. “No, mi carrito”. Es algo muy primitivo, eso es algo muy adentro, es algo muy básico en el ser humano, se llama instinto de posesión.
Posesión, adquisición y sexualidad bajo control
El ser humano fue hecho para dominar cosas para la gloria del Señor y tiene el deseo de ponerle su nombre a cualquier parte: “Esa es mi ropa, ese es mi carrito, esa es mi casa, esa es mi mamá”. ¿Y qué pasa cuando se abusa del instinto de posesión? Se deriva en algo que ustedes conocen que se llama celos: tú querer poseer cosas a un punto tal de que eso más nadie tenga acceso a eso, ese control.
Hay instintos que el Señor ha puesto dentro de nosotros. El Señor ha puesto dentro de nosotros un instinto que se llama instinto de adquisición. Tú quieres adquirir cosas, comprarlas. En mercadeo se habla del instinto y de cómo es que el ser humano encuentra gratificación cuando compra algo, aunque ni siquiera sepa qué es lo que está comprando, pero el hecho de comprar algo ya da placer. Y usted me dice: “¿Y es malo adquirir cosas, es malo comprar cosas?”. No, no es malo comprar cosas. Pero se han conocido personas que sean presa del instinto de adquisición, que compran lo que no necesitan; se compran con los ojos.
¿Qué es lo que Pablo está diciendo aquí? Pablo está diciendo que él golpea su cuerpo, él golpea su carne y lo pone en servidumbre. ¿Qué es poner la carne en servidumbre? Es tomar todos los instintos que el Señor nos ha dado y decir: “Instintos, ustedes no me gobiernan, yo los gobierno a ustedes”. Hay un instinto que tiene todo ser humano, el instinto de reproducción, y eso está dentro del ser humano. Dios te hizo para reproducirte, pero no para que te reproduzcas como se reproducen los animales.
¿Han visto personas que tienen un concepto animal de la sexualidad, que van por ahí como sin rumbo y cada vez que el instinto les dice: “Reprodúcete”, entonces tratan de reproducirse? Es tener control de esas cosas. Hermano, la vida cristiana no es un despropósito, no es decir: “Yo soy cristiano y vengo al templo”. No. Un cristiano es un atleta que dice: “Yo estoy sometiendo mi cuerpo a servidumbre, y en esa área específica he tenido resistencia, y en esa área específica he tenido dominio, y ahí he logrado colocar mi naturaleza en servidumbre”.
Les repito, hermanos que están aquí presentes: “Bueno, aquel que nos dice: ‘Entonces, los cristianos se oponen a la comida’”. No, no, no nos oponemos a la comida, nos oponemos a que la comida nos domine. “Ah, entonces lo que nos oponemos es al descanso”. No, no nos oponemos al descanso, nos oponemos a que el descanso nos domine. “Ah, entonces los cristianos se oponen a la posesión”. No, nosotros celebramos la posesión, es una manera de ejercitar la mayordomía que el Señor le ha dado al ser humano, pero cuando la posesión te posee a ti, entonces estamos hablando de que hay un problema.
“Ah, porque los cristianos ahora no quieren que uno se reproduzca”. Claro que no, hermano. Lea la Escritura, qué hermoso es el lecho sin mancilla, qué hermosa es la sexualidad cuando no ha sido dañada por el pecado. ¿A qué nos oponemos? Nos oponemos a que nuestro cuerpo tome dominio de nosotros.
Luchas distintas en un mismo campo de batalla
¿Quién es un atleta preparado? Así respondo a la pregunta: un atleta preparado es aquel que, por medio de las disciplinas espirituales, ha logrado fortalecerse a un punto tal que tiene victoria, una tras una, sobre cada uno de sus adversarios. Y yo no sé cuál es el tuyo específicamente. Miren, algunos de mis hermanos no tienen muchos problemas con las posesiones, son gente generosa. Han visto a personas que tienen las cosas y como que son canal de bendición: “Yo tengo y, si no tengo, lo pongo a disposición de los otros, y si no, que se lo lleven”. Pero no le pongas la mano a su comida.
“Mi comida, no”. Le estoy diciendo, quizá puedas sentirte tú reflejado. Hay gente que es en extremo generosa con sus bienes, sus posesiones, y se lo da al que se lo quiera llevar, pero: “Ten cuidado con mi comida, que me la pellizque el que me limita mi comida, ay, cuidado con eso”, diría el Señor. Hay gente que no tiene ningún problema con los celos, con el hurto —el hurto es cuando se abusa del instinto de adquisición— pero por no poder limitar su sexualidad.
El ser humano ha sido hecho para tener reconocimientos, es un instinto. Los niños muy temprano aprenden a hacer cosas que a los padres les agrade para que los padres se la celebren, y tú dices: ¿de dónde viene eso? El ser humano tiene dentro de sí mismo el instinto de la recompensa, de hacer algo y ser reconocido por eso. Pero miren este ser humano que vive para que los hombres le celebren y que solamente desea que se hable de ellos y que se le dé la palmadita y se celebren sus proezas; hay un instinto que se está abusando.
Hermanos, todos nosotros tenemos luchas distintas, pero luchamos en el mismo terreno. El terreno se llama nuestro cuerpo y nuestros instintos. ¿Quién es un atleta preparado? Aquí advierto: no seas irresponsable; no seas irresponsable, no seas irresponsable. Irresponsable es una persona que deja la cosa al descuido. Han visto a Salomón, qué clase, cuando él perdió la idea de Dios, él le dijo a su corazón: “Ven que te probaré con todas las cosas”, y comenzó a darle satisfacción ilimitada a todos los instintos.
No seas irresponsable. Sin embargo, en la vida cristiana uno vence poco a poco y de a uno en uno. Usted no puede lograr pasar de cero a cien en la vida cristiana de un día para otro. Sin embargo, usted poco a poco puede tener control de cada una de las áreas de su vida, poco a poco, de una en una. La vida cristiana no es con mucho grito, no es que tú digas: “Mira, yo en la primera semana, ya aquí, ya aquí, ya aquí”. No, hermano, hay luchas que tú las estarás echando hasta que te mueras.
Supervivencia, trabajo y un llamado a entrenar
Hay hermanos míos que lucharán hasta la tumba con el instinto de adquisición, por ejemplo; otros con el reconocimiento, otros con la alimentación, otros con la reproducción, otros con la supervivencia. ¿Se abusa del instinto de supervivencia? Les pregunto. Claro que sí: un personaje que vive para el trabajo, y que necesita tener cada vez más dinero y más dinero y más dinero. ¿Con qué está luchando ese? Con el instinto de supervivencia. Piensa que si él deja de amontonar bienes y riquezas y seguridades, Dios desde el cielo no le va a poder proveer. Todos son instintos por los cuales nosotros luchamos.
¿Quiénes son atletas preparados? Hermano, concluyo con esto. Te animo a que no veas la vida cristiana como un asunto pasivo, sino como algo activo. Te animo a que te dispongas a dar pequeños pasos espiritualmente hablando, donde tu hombre espiritual sea fortalecido. Te animo, hermano, a que participes de las disciplinas espirituales que hagan falta, como hacía el Señor.
Ustedes leen los evangelios y encontrarán que Cristo daba un discurso público y se iba al monte. Y tú dices: ¿para qué el Señor se iba al monte? Cristo comenzó su ministerio público después de 40 días de ayuno y oración en el desierto. Antes de la cruz, Cristo fue a Getsemaní, y Él fue a Getsemaní; Él fue a orar intensamente ante el Señor, y fue donde sus discípulos y les dijo: “¿Ustedes no han podido velar conmigo aunque sea un ratito?”. Les decía el Señor: “¿Y cómo podrán ustedes hacer frente a las cosas que les vendrán después?”.
Y por último, hermano, diré que predico este sermón con temor y temblor, porque a mí también me hace falta. No quiero que tú sientas como que los otros están así y tú estás sin cero; no, hermano. Todos nosotros queremos hacer la voluntad del Señor. Leo de nuevo el pasaje, permítanme orar por la iglesia:
¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la aventura; de esta manera peleo, no como quien golpea al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
— 1 Corintios 9:24-27
Hermano, te he enseñado que dejes de correr sin ningún rumbo y que dejes de tener enemigos imaginarios, busca una lucha real y ejercítate para la gloria del Señor.
Oración final: instintos, abstención y victoria
“Sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido yo heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. Hermano, ¿a qué te he animado? Te he animado, en último lugar, a que reconozcas que tu propio cuerpo es tu campo de trabajo. Tu lucha no es contra el vecino, tu lucha es contra eso que se manifiesta dentro de ti que hace que rechaces al vecino. Tu lucha no es con el diablo, tu lucha es con algo que Satanás está avivando adentro de ti. Tu lucha no es contra el mundo, tu lucha principal está en los instintos que están dentro tuyo, que el mundo utiliza como fuente para avivar los deseos que hay en ti y que deshonran a tu Creador.
Permítanme orar por la iglesia para que este año el Señor nos permita tener lucha en diferentes áreas de nuestra vida. Cierra tus ojos un momento ahí, hermanos, y daré un momento para que le pidas tú al Señor que te fortalezca en ese instinto que Él ha puesto y que quizá te está siendo difícil manejar.
Oro por mis hermanos a quienes el Señor les ha dado el instinto de adquisición, y han adquirido tantas cosas y siguen adquiriendo que quizás terminen deshonrando al Señor por usos ilícitos, por hurto, tomando lo que no les corresponde. Bendice, Señor, esta iglesia dándole dominio para que pongan en servidumbre el instinto de adquisición.
Te pido, Señor, al mismo tiempo por aquellos que están aquí presentes y están luchando con sus posesiones. Mira aquellos a quienes tú les has dado hijos, pero creen que sus hijos son para ellos y nadie más. Mira aquellos a quienes tú les has dado un compañero, un esposo, una esposa, pero luchan con los celos porque quieren controlarles. Mira aquellos a quienes tú les has dado bienes sobre esta tierra, pero defienden su propiedad, Señor, como si fuera lo único que tienen. Permite, Padre, que tengamos éxito en el instinto de posesión.
Mira a mis hermanos que luchan con la comida. Sabemos, Padre, que tú quieres que nos alimentemos, que tú quieres cuidarnos, pero mira, Padre, cómo nos tienta el instinto de alimentación y ya después que somos saciados todavía queremos más. Danos victoria, Señor, en este año, este año como buenos atletas, en el departamento de la alimentación.
Mira a mis hermanos que luchan con el descanso, Padre. Mira a aquellos que están aquí presentes que quizás la pereza, la holgazanería, la falta de iniciativa les hace que se queden recogidos en su casa y que no quieran salir; les hace, Señor, que lleguen a cumplir jornadas laborales y que no hagan cosas productivas con su vida. Danos victoria sobre la pereza, danos victoria, Señor, sobre la holgazanería.
Mira a mis hermanos que están teniendo lucha con las tentaciones sexuales. Qué hermoso es, Padre, cuando el instinto se usa para la gloria tuya, pero qué dañino es cuando ese instinto descontrolado quiere tomar control de nosotros mismos. Trae una gran victoria, Señor, en este año, en nuestra iglesia. Permítenos vernos no solamente como un grupo de personas reunidas que están esperando que algo suceda, sino, Señor, como un grupo de atletas que están siendo formados y fortalecidos para tener victoria en cada uno de los departamentos.
Trae, Señor, este año, disciplinas espirituales a nuestra iglesia. Mira aquellos que necesitan abstenerse. Yo voy a hacer esta oración y te pido que le pidas ahí mismo al Señor conmigo. Mira cualquier cosa que quizás te sea lícita, pero de la cual tú necesitas, en este momento, abstenerte. Mira cualquier cosa en la cual tú hayas estado participando y de la que tú necesites, como buen atleta, ausentarte temporalmente para glorificar al Señor.
Enséñanos, Padre, en qué área es que necesitamos abstención. Enséñanos en qué área es que necesitamos colocar límites. Enséñanos, Señor, de qué cosa, de las tantas que tú has hecho y que sabemos que no son malas, pero que en este momento específico cada uno de mis hermanos, y yo mismo, necesitamos ausentarnos. Permite, Padre, que cuando lleguemos al cielo tengamos alguna proeza que mostrarte. Permite que recibamos de ti, Señor, no la reprimenda, sino que recibamos de ti, Señor, la palabra de reconocimiento: “Ven, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré”.
Bendice con fortaleza, Señor, a cada uno de mis hermanos. Bendice, Señor, con resistencia a cada uno de mis hermanos. Bendice con disciplina espiritual a cada persona que te ha creído. Te pedimos estas cosas para tu gloria, en el nombre de Jesús. Amén.
Que el Señor les fortalezca, hermanos; que entrenemos para su gloria y que seamos fortalecidos. Nos veremos el próximo domingo.