Te damos a ti toda gloria, Señor. Te damos muchas gracias porque en esta temporada de Navidad tú nos has ayudado a poner el entendimiento. Te pedimos ahora, Padre, que nos disponemos nuevamente a abrir tus Escrituras y exponerlas. Te pedimos que de la misma manera que ha sucedido hasta ahora, que seas tú mismo en medio nuestro poniendo el entendimiento, poniendo la voluntad, acompañándonos en este tiempo.
Mira qué privilegio tenemos ahora ante nosotros, Señor. Estamos por abrir tu Palabra, estamos por escuchar tu voz. Señor, te pedimos que en esto tu Santo Espíritu se mueva en la congregación. Permite que aquellos, Señor, que han comenzado a abrir sus ojos a la realidad tuya, que te vean claramente ahora expresado en la Navidad. Permite que aquellos que ya te han conocido, Señor, que afirmen aún más sus convicciones, y que te conozcan de una manera todavía más completa, de manera más profunda, de manera más cabal. Acompáñanos en este tiempo de enseñanza para la gloria tuya, en el nombre de Jesús. Amén.
Tres perspectivas para entender la Navidad
En sus manos, en sus programas, en la parte central, está la porción de la Escritura que estaremos considerando. Durante toda esta temporada de Navidad 2013 hemos estado compartiendo una serie de enseñanzas sobre la Navidad con entendimiento. Lo que hemos estado haciendo es aprovechar la temporada navideña, no porque los cristianos celebremos un día que es el 25 de diciembre, que la superstición dice que nació Jesús. Les he explicado ya que Cristo no nació probablemente en diciembre. Sin embargo, podemos aprovechar esta temporada para decirle al mundo de qué se trata la Navidad, para poner entendimiento en la tradición y que celebremos la Navidad con entendimiento.
En las dos enseñanzas anteriores ya he aprovechado el tiempo para aclarar y separar lo que es tradición de superstición. El domingo anterior ya aproveché para enseñar desde Lucas la perspectiva histórica de la Navidad. Y hoy me dispongo a ir un poco más adelante: que no nos quedemos solamente en las tradiciones y en la historia, sino que veamos qué tiene que ver esto con nosotros. Dice así nuestra introducción: la Navidad puede ser estudiada desde la perspectiva cultural —esto es tradición y superstición de los pueblos—, desde la perspectiva histórica —esto es fechas, personajes y lugares— y también desde la perspectiva teológica, lo que Dios ha revelado de sí mismo y sus implicaciones para nosotros.
Hoy cerraremos la serie de enseñanza de la Navidad 2013 con la perspectiva teológica: la encarnación de Dios en Cristo es la cumbre más alta de la revelación. Nunca antes habíamos visto a Dios tan claramente revelado, y no veremos nada más claramente hasta el final de la historia. Hermanos, nosotros no somos sociólogos. Si fuéramos sociólogos, entonces nos enfocaríamos en la parte cultural de la Navidad y podríamos analizar de dónde vienen los villancicos, de dónde vienen los arbolitos, de dónde vienen las diferentes tradiciones del mundo. Es más, hay personas que dedican gran parte de su tiempo a estudiar culturalmente la Navidad.
Tradición y superstición
Les recuerdo que no está mal la cultura, no están mal las tradiciones. El aspecto cultural de la Navidad cubre tradiciones y cubre supersticiones. Las tradiciones no están mal. Un ejemplo de que las tradiciones no siempre son malas es que hoy tenemos aquí un almuerzo navideño. ¿Dice alguna parte de la Biblia que en Navidad hay que compartir un almuerzo? No lo dice. Ahora, una tradición muy buena de nuestros pueblos es que para esta fecha del año las personas se acostumbran a compartir alrededor de una mesa. Eso se llama tradición.
Una tradición nos dice que para esta fecha del año, no solamente en nuestro país sino en diferentes partes del mundo, se acostumbra a dar regalos. ¿Está malo dar regalos? No, esos son asuntos tradicionales. Es un asunto tradicional también que para esta fecha del año la gente decore su casa de una manera distinta. ¿Y en algún lugar de la Escritura Dios nos ha revelado que tenemos que decorar nuestra casa de una manera distinta? No lo ha revelado. ¿Y eso es malo? No lo es.
No vine a hablar de la cultura, pero tengo que decir que nosotros no nos oponemos a las tradiciones, siempre y cuando la tradición no entre en conflicto con la revelación. Sí nos oponemos a las supersticiones: atribuirle a los objetos, atribuirle a las fiestas, las virtudes que no tienen. Aquí me viene la pregunta de siempre: «Pastor, ¿y debemos poner el arbolito?». Ahora yo te pregunto: ¿pones el arbolito desde una perspectiva supersticiosa o lo pones desde una perspectiva tradicional? Si lo pones desde una perspectiva supersticiosa, estás diciendo que el arbolito tiene algún poder, que te sucede algo en tu casa cuando pones un arbolito. Eso es superstición.
Ahora, si tú entiendes que es un adorno navideño tradicional, ponga el arbolito, hermano, y no se sienta mal. Ahora, si su conciencia le reprende, como decía el apóstol Pablo, entonces no lo haga. Había un conflicto similar en tiempos de Pablo, y es que en aquel tiempo la gastronomía se había mezclado con la religión, y había personas que antes de comer dedicaban sus alimentos a los ídolos. En gran parte de las carnicerías, la carne que se comía era la carne que se había ofrecido en los templos como sacrificio a sus deidades. Y Pablo les dijo a los hermanos: hermanos, no se mueran de hambre. Si tienen que comer de esa carne, no pregunten mucho y cómansela. Ahora, hermanos, por favor, no le sacrifiquen sus alimentos a los ídolos. Eso es lo que separa la tradición de la superstición.
En eso, hermanos, doy la cultura por cerrada. Pasemos a la historia. Muchos de mis hermanos ya conocen la perspectiva histórica de la Navidad, que son las cosas que realmente sucedieron. Algunos de mis hermanos ya saben que del burrito y demás no hay mucha evidencia. Pero sí saben que el Señor se encarnó, saben en qué momento de la historia sucedió y quién estaba reinando en ese tiempo, conocen los personajes que participaron, conocen la historia y conocen las fechas. Son datos históricos. Los cristianos tenemos que tener una perspectiva histórica de la Navidad, pero con una perspectiva histórica de la Navidad no es suficiente.
Si ya usted aprendió a separar la superstición de la tradición, un aplauso, que ha logrado una gran cosa. Si ya usted aprendió a distinguir lo que es histórico de lo que es fábula e inventos, es una gran cosa. Ya usted sabe que el Señor nació en un pesebre, que probablemente en determinada fecha, ya usted sabe que no fue en diciembre ni el 25 de diciembre. Saber los datos históricos es una gran cosa, pero con los datos históricos solamente usted no ha entendido completamente la Navidad. La perspectiva que me propongo enseñar hoy es la perspectiva menos común de la Navidad y es la más densa, la que menos colores tiene, pero es la más importante.
Lo que me propongo hoy enseñarles no son solamente las fechas, los lugares y los personajes, ni solamente la separación entre lo supersticioso y lo tradicional. Lo que me propongo hoy enseñarles es qué tiene que ver la Navidad con nosotros hoy, qué es lo que significa la encarnación de Cristo. No voy a esperar hasta el final para decirlo, lo digo desde el principio: vengo a enseñarles que la Navidad es importante porque Dios se ha revelado en Cristo. Y que la encarnación es un asunto vital para el cristianismo desde un punto de vista teológico, porque eso tiene implicaciones prácticas para la iglesia el día de hoy. Si usted solamente sabe la perspectiva histórica, se ha perdido gran parte; y si solamente conoce la perspectiva cultural, todavía está más perdido. Pero cuando usted conoce la perspectiva teológica del nacimiento de Cristo, entonces usted puede celebrar la Navidad con un entendimiento todavía más cabal.
En todas las navidades que nuestra iglesia ha celebrado no recuerdo haber explicado esto desde esta perspectiva, por eso lo hago, hermanos, con mucho ánimo.
El texto: Hebreos 1
Acompáñenme en sus Biblias a la epístola a los Hebreos, en el capítulo 1, los versículos del 1 al 4. Veamos la perspectiva teológica: Navidad con entendimiento, Dios revelado en Cristo. La epístola a los Hebreos es una epístola interesante. Muy pocas veces usted va a escuchar que se predica la Navidad desde aquí. Casi siempre se predica la Navidad desde Lucas o desde Mateo, y cuando se predica desde allí, aunque se puede explicar también la perspectiva teológica, normalmente se cubre solamente la perspectiva histórica. Hebreos capítulo 1 es una epístola interesante, hermanos, porque no saluda, no se introduce, sino que va directamente al grano. Y esta epístola comienza exaltando a Cristo de la siguiente manera. Dice la Palabra del Señor, Hebreos capítulo 1, desde el versículo 1 y hasta el 4: Dios revelado en Cristo.
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.
— Hebreos 1:1-4
Hay que buscar la Navidad aquí, hermanos, y parece un poco denso. Hay que buscar a Cristo encarnado aquí y como que no se ve a simple vista. Es una lectura densa, hermanos, pero importante. ¿Qué es lo que nos dice esencialmente Hebreos en el capítulo 1? Nos dice que Dios ha hablado, y nos dice que Dios ha hablado todavía más claramente por medio del Hijo. Lo que quiero que ustedes vean, hermanos, es la Navidad como un hecho de revelación de Dios, es Dios expresándose a nosotros, es la historia de la revelación. Veremos primero la historia de la revelación en sus diferentes partes, veremos después la superioridad de esta revelación en Cristo, y al final el poder que tiene esta revelación para la iglesia.
La historia de la revelación
Hermanos, amigos: el cristianismo no es una religión inventada. El cristianismo no fue comenzado por filósofos. El cristianismo no es un sistema religioso que los hombres se pusieron de acuerdo para diseñar, como un arquitecto se pone de acuerdo para diseñar un edificio. El cristianismo es una religión revelada. Lo que nosotros entendemos que es verdad es lo que Dios ha dicho que es verdad. Dios tomó la iniciativa en la revelación. Esta revelación de Dios comenzó desde el comienzo de los tiempos. Dice la Palabra del Señor que Dios ha hablado muchas veces y de muchas maneras. Dios ha hablado. Hermanos, la Navidad es un tiempo donde Dios el Padre está hablando claramente, y está hablando claramente a través del Hijo. La Navidad entra dentro del plan de revelación de Dios hacia su pueblo. Dios se ha revelado, Dios ha hablado.
¿Cuál es la historia de la revelación? Es la iniciativa de Dios desde el comienzo de los tiempos para manifestarse a sus criaturas. ¿Cómo comenzó esta manifestación de Dios a través de los tiempos? Comenzó con la creación. Leímos en los devocionales de esta semana que los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. ¿Cuál ha sido la primera gran revelación de Dios? Dios se ha revelado a sus criaturas por medio del firmamento, por medio de las estrellas, por medio de las cosas animadas e inanimadas. La creación anuncia la gloria de Dios. ¿Cuál es quizás la revelación de Dios más grande, la más majestuosa, la más universal? Se llama creación. Cuando el hombre creado mira hacia el cielo, el cielo le anuncia que hay un Dios.
Por eso dice el libro de Romanos que los hombres no tenemos excusa delante de Dios, porque lo que de Dios es conocido, Dios mismo lo ha revelado por medio de las cosas creadas. La creación, primera expresión de la revelación de Dios. Dios ha hablado. Pero la creación no es la única iniciativa de Dios. Dios siguió hablando más hacia adelante y habló por medio de llamados: le habló a Abraham, le habló a Jacob, le habló a Moisés. Y cuando uno junta lo que la creación anuncia de Dios con el llamado de Dios en la vida de Abraham, de Jacob y de Moisés, uno llega a tener una concepción de la revelación de Dios más completa, más profunda, más total.
Pero Dios no se quedó allí. También Dios se reveló al hombre por medio de un pueblo. Este pueblo es el antiguo Israel: un pueblo reunido por Dios, llamado por Dios, conducido por Dios. Y en el trato de Dios hacia su pueblo nosotros podemos entender a Dios todavía de manera más completa que lo que le entendíamos por medio del firmamento y por medio de la relación de Dios con Abraham, con Jacob y con Moisés. Y Dios no se quedó en revelarse a un pueblo, sino que a este pueblo Dios le dio la ley. Y cuando Dios le dio la ley al pueblo, como que se nos iluminó todavía más el entendimiento y conocimos a Dios todavía de una manera más completa, más profunda y más cabal.
Hermanos, Dios no solamente hizo el firmamento, llamó hombres, llamó un pueblo y les dio la ley. También en medio del pueblo el Señor construyó un tabernáculo, y después construyó un templo. Y cuando Dios construyó un tabernáculo y un templo, vimos cómo a Dios le gusta que esté su casa, y la arquitectura del tabernáculo y del templo anuncian atributos comunicables de Dios. La revelación de Dios sigue en aumento. Pero Dios no solamente hizo el firmamento, llamó hombres, llamó a un pueblo, le dio la ley y les construyó un templo. También el Señor le mandó a este pueblo profetas. Y cada vez que un profeta habló en nombre de Dios, entonces conocimos a Dios de manera más profunda, de manera más completa y de manera más cabal.
¿Y se quedó el Señor solamente con los profetas? No. La montaña más alta de la revelación de Dios, el momento de más luz, el momento de más claridad, cuando vimos a Dios revelándose al hombre de manera más clara, más completa, más profunda y más cabal, se llama Navidad. Eso es natividad o encarnación: cuando Dios mismo se hizo hombre y estuvo con nosotros. Como dice Juan introduciendo su Evangelio, puso su tabernáculo en medio nuestro y vimos su gloria, gloria como la del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Dice que la gloria del Señor estuvo en medio nuestro.
Cuatro características de la revelación
¿Qué les dice todo esto acerca de la revelación de Dios? En primer lugar, que la revelación de Dios históricamente ha sido una revelación progresiva.
Lo que conocemos de Dios hoy es más de lo que conocíamos de Dios ayer. Lo que conocen ustedes de Dios es más que lo que de Dios conoció Moisés; lo que conoció Moisés de Dios es más que lo que de Dios conoció Jacob; lo que conoció Jacob fue más que lo que de Dios conoció Abraham; y lo que conoció Abraham fue más de lo que de Dios conoció Noé; y lo que conoció Noé fue más de lo que conoció Adán. Cada generación de creyentes hacia Cristo tuvo una revelación de Dios más clara, más completa y más cabal. La revelación de Dios es una revelación progresiva.
Quiero enseñarles así rápido, antes de entrar al tema preciso, cuáles son las cuatro características de la revelación de Dios. Primera característica: es una revelación progresiva, va en aumento y en aumento y en aumento. ¿Y cuál fue el momento más grande de la revelación de Dios? Se llama Cristo en la Navidad.
Segunda característica: hermanos, la revelación de Dios siempre ha sido limitada. Dios es más grande de lo que Dios a nosotros, criaturas imperfectas, nos ha revelado. Si usted ve a Cristo en la ley, el que hizo la ley es más grande que la ley misma. Si usted le ve en el tabernáculo, el tabernáculo no puede contener la gloria de Dios, Dios tiene que ser más grande. Si usted le ve en los profetas, tiene que ser más grande que los profetas. Y hasta en Cristo, hermanos, que es la mayor expresión de la revelación de Dios, esto mismo dice: se anonadó a sí mismo y descendió y tomó forma de hombre. O sea que Dios todavía, en su esplendor y su gloria, es más grande.
Tercera característica: la revelación de Dios no solamente es progresiva, no solamente es limitada, también es suficiente. Y esto nos da un poco de tranquilidad. ¿Suficiente para qué? Alguien me preguntará: «Pastor, ¿y qué tanto yo podría conocer de Dios, si yo me dispongo y hago mi mejor esfuerzo?». Tanto como Dios misericordiosamente se ha revelado. ¿Y podría yo responder todas las preguntas que tenga sobre Dios? No, no vas a poder responderlas. Tu cerebro tampoco da para llenar tu mente de la cabalidad de Dios. Dios es eterno, Dios es infinito, Dios es muy grande; tú eres limitado, tú eres temporal, tú eres pequeño. La mente de Dios, hermanos, es la pelota de playa; la mente tuya es una pelota de jugar bola en la calle.
No cabe la pelota de playa dentro de una pelota de jugar en la calle. Asimismo, no cabe la mente de Dios dentro de nuestra propia mente. ¿Hasta dónde llega la revelación de Dios? Hasta donde sea suficiente para alcanzar salvación y para vivir una vida agradable a él. La revelación de Dios es progresiva, la revelación de Dios es limitada, la revelación de Dios es suficiente.
Los hermanos que tuvieron el estudio bíblico en casa de Arelis, por favor, ¿me podrían decir cuál es la cuarta característica de la revelación de Dios? ¿Quién me la dice? Ismenia: es consistente. ¿Y qué significa la consistencia en la revelación de Dios, hermanos? Que lo que usted conocía de Dios a través de la creación no contradice a lo que usted conoció de Dios en la vida de Abraham. Y lo que usted conoció de Dios por la vida de Abraham, que caminó con Dios, es consistente y no contradice a lo que usted conocerá de Dios por medio de la ley. Y lo que conoció de Dios por medio de la ley no contradice tampoco a lo que conoció de Dios por medio de Cristo. Decían los judíos: «Es que tú viniste a incumplir la ley». Y él decía: «No, no, no; yo no he venido a abrogar la ley, yo he venido a cumplir la ley. Yo no he venido a decir que la ley era mala, yo he venido a darle a la ley el perfecto cumplimiento. Yo no puedo rechazar la ley porque yo mismo la di».
Cuarta característica, hermanos: la revelación de Dios es progresiva, limitada, suficiente y es consistente. Dice aquí Hebreos capítulo 1 que Dios ha hablado, y primero dice que ha hablado muchas veces y después dice que de muchas maneras. Son diferentes expresiones de Dios, diferentes profetas tuvieron diferentes perspectivas. A Jacob se le dijo de qué tribu iba a venir el Salvador. A Isaías se le dijo de qué familia. Miqueas dijo de qué aldea: de la humilde Belén. Se le dijo a Daniel el tiempo preciso en que estas cosas sucederían. Se le dijo a Malaquías que un precursor sería enviado delante de él. A Jonás, su estadía dentro del vientre de un pez prefiguró su entierro y su resurrección; a eso el Señor le llamó la señal de Jonás. A Isaías y a Oseas se les anunció su resurrección.
Muchas veces y de diferentes maneras, pero todo esto era fragmentado. ¿Cómo se ve Cristo en estas cuatro características de la revelación? Lo primero, hermanos: como es progresiva, Cristo fue anunciado, Cristo fue evidenciado por señales y milagros, Cristo fue demostrado en la resurrección. Pero Cristo mismo estaba limitado. Apareció un momento donde el Señor se vio en el monte de la transfiguración, y por un momento sus discípulos más cercanos pudieron ver a Cristo. No le voy a decir que completamente, pero un poco más allá de lo que le vieron todos los hombres. Vieron a Cristo prefigurado y el Señor les permitió ver el resplandor de su gloria, y dice que sus vestiduras se tornaron blancas y su rostro resplandecía.
¿Qué les digo con esto, hermanos? Que en Cristo se ve Dios claramente revelado, pero de Cristo todavía nos llegará un momento en que le veremos cara a cara y tal cual es. Ese Cristo prefigurado, ese Cristo transfigurado que se vio allá en ese monte, eventualmente será el mismo Cristo que nosotros podamos ver, porque nos dice a sí mismo la Escritura que ahora mismo vemos parcialmente, como por un espejo, pero eventualmente veremos tal cual él nos ve.
Implicaciones: Dios ya tomó la iniciativa
¿Cuáles son las implicaciones para la iglesia de estas cosas? Hermanos, les he anunciado que Dios se ha revelado históricamente y que la historia de la revelación de Dios ha tenido diferentes momentos, que comenzó con la creación y terminó con Cristo. ¿Qué nos dice todo esto? ¿Cómo es esto importante para mí? ¿Cuáles son las implicaciones para mí en la actualidad?
Primera implicación es la siguiente: Dios tomó ya la iniciativa, no esperes otro momento. Hay gente que está detenida, está esperando que el Señor tome una iniciativa a favor suyo. Ya Dios tomó la iniciativa. La historia de la revelación de Dios es la historia de la iniciativa de Dios. Al que está esperando que Dios emprenda una iniciativa a favor de él de manera puntual, te tengo que decir que la implicación de esto es que Dios ya tomó la iniciativa, ya Dios dio todas las señales que iba a dar. No esperes que el Señor tome otra iniciativa de revelación a favor tuyo. Dios tomó la iniciativa.
Segunda consecuencia: ya Dios se reveló objetivamente. Hay gente que todavía está suponiendo a Dios, y ese Dios, hermanos, es un desastre tremendo. Gente que va definiendo a Dios: «Dios es tal cosa», y lo que tú entiendes que es bueno tú piensas que Dios lo tiene. Lo que tú entiendes que es bueno es malo; la bondad que sale de tu mente no puede alcanzar la bondad de Dios. Lo que Dios es, es lo que Dios objetivamente reveló. Por el resto, la iglesia del Señor no está llamada a inventar nuevos dioses, está llamada a entender cómo Dios se ha revelado a sí mismo de manera objetiva. Ya Dios se reveló, deja de especular.
Es que la gente especula en cuanto a los atributos de Dios. Hermanos, los atributos de Dios, lo que de Dios sabemos, ya Dios lo reveló. ¿En qué más especula la gente? En cuanto al plan de salvación de Dios. ¿Saben que hay hombres que inventan su plan de salvación? Dicen: «No, al final de los tiempos lo que Dios va a hacer es esto y esto y aquello». Estás especulando. Ya Dios objetivamente reveló su plan de salvación en Cristo. Lo ha dicho: que si pones en Cristo tu confianza tienes vida eterna. «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado».
¿Qué implicaciones prácticas tiene esto? Hermano, amigo que estás aquí presente, tengo que decirte que con la encarnación, con la natividad, la revelación de Dios alcanzó su cumbre más alta; que ya no hay chance para la especulación, que ya Dios se reveló objetivamente, que solamente tienes que conocerle a través de lo que Dios ya dijo anteriormente. No hay que suponer a Dios, como la gente supone a Dios en sus atributos, en su plan de salvación, en la adoración. Es tendencia ahora mismo la adoración subjetiva, la adoración no concreta, la adoración especulada. Hermanos, la iglesia adora a Dios en los términos que Dios espera que se le adore, inicialmente por medio de la obediencia.
«Finalmente les envió a su hijo»
¿Cuáles son las consecuencias de esta revelación que ha alcanzado su cumbre más alta por medio de Cristo? Que Dios ha tomado la iniciativa y no debemos esperar otra acción; que Dios se ha revelado objetivamente y no tenemos que suponerlo; que Dios ha consumado la revelación y no hay que especular al respecto. Hermanos, hay una parábola que me gustaría leer, es Mateo capítulo 21. Estamos hablando acerca de Dios revelado en Cristo. Vayamos a Mateo 21. Si alguien tiene dudas aún acerca de otro envío de Cristo, de otro filón de revelación, tengo que leerle Mateo 21.
Versículo 33 en adelante. Esto tiene que ver con la revelación de Dios en Cristo, escuchen lo que dice. A aquellos que están especulando a Dios, escuchen lo que dice Mateo 21 por medio de una parábola. A aquellos que están esperando que Dios se acerque nuevamente y les revele algún atributo, escuchen lo que dice Mateo 21. A aquellos que no terminan de entender que la revelación de Dios alcanzó su punto final por medio de Cristo, dice así la Palabra del Señor:
Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera.
— Mateo 21:33-36
Escuchen la palabra clave aquí de la revelación de Dios en Cristo, hermanos. La palabra clave de la revelación de Dios en Cristo es «finalmente». Si alguien espera que Dios hable de nuevo, si alguien espera otro evangelio, si alguien espera otra manifestación del conocimiento de Dios, escuchen lo que dice Mateo 21:37: «finalmente». Figuradamente dice el Señor aquí: «Finalmente les envió a su hijo».
Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?
— Mateo 21:37-40
Quiero hablarle por un momento a las personas que están aquí presentes y todavía no han conocido a Cristo. Quiero hablarle por un momento a las personas que están aquí presentes y todavía no han hecho una decisión por Cristo. Quiero hablarle a la gente que está aquí, que está esperando que el Señor le mande un profeta más. Quiero hablarle a la gente que está aquí congregada, que todavía no entiende que lo que de Dios conocemos ya Dios lo reveló. Tengo que decirle que la palabra clave en todo esto es «finalmente».
Ya Dios tomó la iniciativa, eso es finalmente. Ya Dios reveló objetivamente su plan de salvación para nosotros, eso es finalmente. Ya Dios consumó la revelación en Cristo. No esperes otra cosa que no se haya revelado, esto es finalmente. Iglesia Evangélica PezMundial: nosotros no estamos llamados a esperar una nueva revelación de Dios. La revelación de Dios alcanzó su cumbre en Cristo. Quien no entiende esto, dice la Escritura que tiene comezón de oír. Hay gente que no ve a Cristo en las Escrituras y comienza a buscarlo en diferentes lugares. Se llama comezón de oír. Nosotros no estamos llamados a buscar revelación de Dios en ninguna otra parte. El Señor no enviará a otro siervo suyo. Eso se llama finalmente.
La superioridad de la revelación en Cristo
Les he narrado la historia de la revelación. Quiero decirles ahora de qué manera esta revelación es superior a todas las demás. ¿Por qué la encarnación de Cristo en la Navidad supera la ley? ¿Por qué la encarnación de Cristo en la Navidad supera a los profetas? ¿Por qué la encarnación de Cristo en la Navidad supera a un pueblo elegido? ¿Por qué supera la relación con Abraham? ¿Por qué supera todo lo anterior? ¿Cuál es la superioridad de Cristo?
«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por medio del Hijo». Sí, aquel que apedrearon para quedarse con su heredad, aquel que finalmente vino a hablar. ¿Por qué Cristo es superior a todas las cosas anteriores? Lo primero: es una revelación definitiva y es una revelación concluyente. No falta nada.
Bueno, pero me preguntarán: «Pastor, hay cosas que todavía son preguntas que están por responder, ¿cómo es que no falta nada?». No falta nada desde el punto de vista de la suficiencia. Recuerden las características de la revelación de Dios: es progresiva, es limitada y es suficiente. Miren, la Escritura no habla de todos los temas. Usted no va a encontrar el álgebra en la Escritura. Hay hermanos que le tienen tanto amor a la revelación de Dios que quisieran sacar arquitectura, diseño y todas las cosas desde la Biblia. Gloria a Dios por su intención, hermanos, pero la Biblia tiene una cosa, se llama la revelación de Dios y su plan de salvación. Usted no encontrará el teorema de Pitágoras en la Escritura, usted no encontrará geometría, usted no encontrará álgebra ni finanzas. Aunque de todas esas cosas de algún modo la Escritura habla, el centro de las Escrituras es anunciarnos la revelación de Dios.
El plan de salvación es una revelación definitiva y concluyente. En Cristo se concluyó, en Cristo toma cohesión toda la revelación.
Una revelación personal del Padre
¿Qué más? Es una revelación personal del Padre. Conocer a Dios es el anhelo del ser humano. Hay algo que comenzó en Génesis, hermanos, y es que el Padre nos echó a nosotros de su jardín. Estamos leyendo Génesis: no nos botaron, salimos mal. El contexto en que el hombre se relacionaba libremente con Dios, fue echado de allí; y fue echado, hermanos, con tanta energía que fueron puestos dos ángeles para que no volviera a entrar. Y desde entonces al ser humano le falta algo: yo quisiera ver al Padre, yo quisiera verlo como lo veía Adán, yo quisiera relacionarme con él como se relacionaban ellos. Usted fue echado del jardín.
Felipe, hermano, amaba al Señor, y cuando dijo: «Mira, Señor, tú estás tan cerca del Padre que yo quisiera que tú me muestres al Padre». Le dijo Felipe al Señor, en Juan 14. Escuchen a Felipe, hermanos, en toda su buena intención, como quisiéramos todos nosotros. Escuchen a Felipe deseando ver al Padre, Juan 14, versículo 6 en adelante:
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.
— Juan 14:6-7
¿Qué era lo que quería? Ver al Padre, de nuevo encontrarnos con él, disfrutar de su casa, de su presencia, de su familiaridad. Quisiéramos volver al Padre. ¿Qué le dijo Cristo? Yo soy el camino para ir al Padre, yo soy la verdad para ir al Padre, yo soy la vida para relacionarse con el Padre. Nadie viene al Padre sino por mí. Si me conocieseis a mí, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis y le habéis visto.
Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.
— Juan 14:8-11
Hermanos, Cristo fue progresivamente anunciando sus atributos, pero aquí ya está hablando sin ningún pelo en la lengua. ¿Tú has visto una afirmación tan contundente? Le dice: el que me ha visto a mí, ha visto al Padre.
¿Por qué es esta una revelación mayor, hermanos? Porque ciertamente la ley era tan perfecta y era Palabra de Dios que yo podría decir: esas son palabras de Dios, la ley es casi Dios. Pero la ley no caminaba entre nosotros. La habíamos escuchado. Esta es una revelación personal del Padre. No es que el Señor está mandando una carta. Si yo te mando una carta, tú te sentirías distinguido; pero si yo me muevo de mi casa y voy a la tuya, tú te sentirías todavía más distinguido. Una llamada telefónica ayuda, pero ir personalmente… Miren, quien va personalmente está poniendo en eso toda su intención. Que el Padre venga personalmente a estar en medio nuestro: no hay una revelación que compita con eso.
Estuvo entre nosotros, puso su tabernáculo en medio nuestro y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. ¿Por qué es que la Navidad es tan gloriosa? Porque la Navidad no es una ley dada desde allá a través de Moisés para el pueblo. No, no, no. La ley es así; ahora Cristo es Dios mismo haciéndose hombre para estar en medio del pueblo. Esto es superior porque es personal.
Es un detalle de Dios, anuncia su buena actitud. Es como un maestro que tú tienes, que le da clase a todo el grupo, y en un momento de tu debilidad te dice: «Alumno, veo que vas más lento que todo el grupo, me gustaría que vengas a mi casa porque quiero personalmente darte a ti la lección, yo quiero que tú alcances al grupo». ¡Qué distinción! ¡Qué detalle del maestro hacia nosotros! Él no solamente quiere darnos la clase del pizarrón, sino que quiere que vayamos a su casa y él personalmente quiere darnos la tutoría. Hermanos, ante la revelación de Dios en Cristo el hombre tiene que sentirse distinguido. Dios no ha mandado una carta, Dios no ha mandado un profeta, Dios no ha puesto un tabernáculo, Dios no ha hecho el firmamento solamente, sino que Dios personalmente dijo: «Hey, aquí estoy».
Dice: el que me ha visto a mí, ha visto al Padre.
Yo recuerdo un detalle de un gerente. Ya lo he contado, quizás usted conoce la historia, pero yo entré a trabajar como programador en una empresa y yo no tenía tantas habilidades como tenía el resto del grupo. Y mi gerente me evaluó, y él me dijo: «Crea un algoritmo que tenga esto y esto y aquello». Yo lo hice, pero yo en ese tiempo era más diseñador que programador. Y cuando él me evaluó, yo me di cuenta de que quedé en vergüenza. Y dije: «Wow, a esta persona ya me contrataron, ya hicieron el asunto de reclutamiento, ya me contrataron, tengo seguro, tengo todas las cosas, pero ahora se demuestra que mis habilidades no son tantas como se esperaría para la posición». Hermanos, este gerente es alguien de quien yo todavía, cuando lo veo, tengo que sentirme agradecido. Él me dijo: «Mira, Rafael, tú eres muy bueno diseñando, pero aquí te estamos contratando como programador, no como diseñador. Yo te voy a pedir que vengas: yo tengo un escritorio allá arriba, en la tercera, al lado de mi oficina, y yo voy a querer que tú trabajes conmigo ahí durante un mes, y que tú me hagas todas las preguntas que tú me puedas hacer. Y mira este libro de programación, yo voy a querer que tú lo leas; y si tú necesitas algo, entonces me haces la pregunta».
Hermanos, yo trabajé durante dos meses al lado de Domingo Andújar, en su escritorio, escritorio con escritorio. Y cuando no podía definir una variable: «Domingo, ¿cómo es que se define la variable?». Y él me decía: «Defínela de tal modo». Hermanos, ¡qué detalle! Él estaba llamado solamente a supervisarme, pero en ese momento él tomó la iniciativa de poner su criterio al lado mío, de ponerme a mí al lado suyo: «Y si acaso tienes una pregunta, tú me preguntas y yo te respondo». Él me enseñó a programar.
Hermanos, la encarnación de Cristo en la Navidad es el detalle más grande. No es Dios hablando por medio de la ley escrita en piedra desde el cielo, rodeado de ángeles, tronando; no es Dios hablando por medio de sus siervos, sus profetas; no es Dios hablando por medio de la arquitectura; no es Dios hablando por medio del firmamento. Es una revelación de Dios personal: «Hey, yo estoy aquí, tú estás perdido en tus delitos y pecados, pero yo me preocupo por ti. Conóceme, conóceme; y si me has conocido, has visto al Padre; y si has visto al Padre, entonces tienes vida eterna». Porque la revelación de Dios en Cristo es la revelación más grande porque es una revelación personal.
Una revelación concreta y de primera mano
El Señor no mandó a nadie, el Señor estuvo aquí. ¿Qué más? Es una revelación concreta, es una revelación palpable, es una ordenanza y es una demostración práctica. Moisés decía lo que había que hacer, pero Moisés no daba la tutoría. ¿Ahora qué decía Cristo? Cristo decía: ejemplo os he dado. Moisés podía interpretar la ley; los fariseos podían decirte cuándo tú estabas dentro y cuándo tú estabas afuera, pero no te ayudaban a estar dentro. La revelación de Dios en Cristo es la revelación más completa, la más perfecta, porque es una revelación palpable, es una demostración práctica.
¿Qué más? Es un testimonio de primera mano. Miren, no hay una cosa más aburrida que oír el cuento que vivió otro. Alguien tuvo una experiencia y te hace el cuento, y lo hace de una manera tan vívida, lo hace con tantos detalles, que tú sientes que tú estás ahí cuando es el cuento de primera mano. Ahora intenta tú hacer ese cuento a alguien, para que tú veas, y entonces… no, es que él lo vivió, tú no. Cuando Cristo estuvo en medio nuestro, ¿saben qué decían de él? Decían: «Es que él habla como quien tiene autoridad». ¿Y cuál era la autoridad que él tenía? Que cuando Cristo hablaba del firmamento: yo lo hice. ¿Tú me entiendes? Te estoy hablando del sol, de la luz, de las estrellas: yo lo hice con el poder de mis palabras.
No es lo mismo que yo te diga a ti que el Señor al que yo sirvo hizo el sol, la luna y las estrellas, que él diga: «Yo hice la constelación, la Osa Menor y la Mayor». Cuando Cristo hablaba, hermanos, hablaba como quien tiene autoridad. Él te hizo, él conoce tus necesidades. Miren, cuando Cristo se acercaba a una persona sufriendo, Cristo conocía el entretejido de emociones que tenía ese ser humano, y las palabras de Cristo, hermanos, como que llegaban así: «Guau, el que me hizo me está remendando». Nunca mandó un ayudante: «Mira a ver cómo tú lo resuelves». No, no, no. Él mismo me está remendando. Él tiene el detalle: el Creador del cielo y de la tierra, después que el pecado vino y destruyó, él vino a remendar el mundo por sus propias manos.
¿Por qué es la revelación más completa de Dios en Cristo, en la Navidad? Hermanos, porque es Cristo remendando al mundo. Es él, dice Hebreos, que hizo el mundo con el poder de su palabra, por el cual todas las cosas subsisten. Es él mismo remendando al mundo. Qué hermoso, qué detalle. Es aquel que hizo la empresa.
Hay una historia que se conoció mucho: Steve Jobs. Él hizo Apple Computer y Apple lo despidió. O sea, él hizo la empresa, y Apple lo despidió, y él se dedicó a hacer otras cosas. Y la empresa estaba en su peor momento, y los accionistas dijeron: «Llamen a Steve, que él fue quien hizo esta empresa». Y llamaron a Steve, hermanos, y Steve entró por la puerta de Apple con toda la autoridad, porque él dijo: «Yo fui quien creó los primeros productos, yo hice el logo, yo hice el nombre, yo hice esta empresa». Ese hombre murió en la etapa más alta, porque él entró con toda autoridad a remendar aquello que él mismo había creado.
El mérito de Cristo en la Navidad, y por eso su revelación es la más grande, es que aquel que hizo el mundo con el poder de su palabra, aquel por el cual todas las cosas subsisten, dijo: «Ajá, el pecado lo dañó. El pecado dañó mi creación». Wow. Hermanos, Cristo remangándose las mangas para entrar en la historia, y él con su propio cuerpo y con sus propias manos, el mundo que estaba en deterioro, Cristo remendando al mundo. Eso es la Navidad. Y por eso es la revelación más grande: es una ordenanza, es una demostración práctica, es un testimonio de primera mano con toda la autoridad.
El testimonio fue dado por el mismo que nos dio los testimonios anteriores. Había gente que quería competir con Cristo, decían: «No, porque mira, ahí está Moisés». ¿Y saben qué le decía Cristo? «Buscad lo que de Moisés: Moisés habló de mí». Le decían a él los judíos: «¿Qué, que tú eres más grande que Moisés, por quien fue dada la ley?». Y Cristo lo decía así: «Buscadlo, que Moisés dio testimonio de mí». Hermanos, la encarnación es el momento más alto de la revelación de Dios.
El poder de esta revelación: purificación de pecados
Tengo que terminar. Les he dicho ya la historia de la revelación de Dios. Les he dicho que es progresiva, que es consistente, les he dicho que es limitada y que es suficiente. Les he dicho cómo todo esto alcanza su cumbre en Cristo, que es la montaña más alta de la revelación. Les he dicho que ustedes no pueden conocer todo de Dios, pero que lo que de Dios ha revelado, hermanos, es suficiente para tener una vida plena en esta tierra. Les he dicho la superioridad de la revelación en Cristo y por qué la Navidad tiene tanto mérito.
No que sea el 25, hermanos; pongamos la Navidad en otoño, en verano, en primavera, en la época en que se celebre: Cristo nació, Dios tomó la iniciativa y nos enseñó su gloria por medio de Cristo. Ahora déjenme decirles cuál es el poder de la revelación. Hebreos capítulo 1:
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados…
— Hebreos 1:1-3
Hermanos, ¿en qué otro momento de la revelación de Dios usted encontró esa palabra: purificación de pecados? Dios tuvo un gran detalle con Abraham, caminó con Abraham, Abraham conoció a Dios, se relacionó con él. Pero la revelación de Dios a Abraham no lo purificó, lo dejaba donde estaba. Él caminó con Dios, gran cosa, muy bueno, pero no se habla de purificación de pecados.
La ley, hermanos, era magnífica para una cosa: para diagnosticar. Hermanos, la ley era un diagnóstico. ¿Usted ve la ley? La ley puede diagnosticar precisamente; la ley es un tester: usted pone el corazón del hombre ante la ley y la ley le anuncia dónde están todas las variedades, pintas y expresiones del pecado. Pero nos deja ahí mismo. Los profetas venían y decían: «Es que acuérdense que el Señor habló», pero no podían remendar. O sea, no podían remendar. Isaías, hermanos, mi profeta favorito: Isaías fue magnífico diagnosticando, pero pésimo remendando. La ley es una gran cosa, los profetas, una gran cosa; el templo: tú ibas al templo y podías ver la santidad de Dios anunciada por esas paredes, anunciada, hermanos, por ese lugar santísimo. Pero te acercabas mucho al lugar santísimo y tú no salías de ahí más santo; salías de ahí sabiendo que Dios era muy santo. El templo y el tabernáculo no purificaban.
Ahora la revelación de Dios en Cristo, porque es una revelación tan grande, no solamente es superior a todo lo anterior, sino que esta revelación tiene un poder especial. Las demás fueron dadas poderosamente: en la creación vemos la mano poderosa de Dios; haciendo un pueblo, con mano fuerte —dice el Señor que sacaré a mi pueblo de Egipto con mano fuerte, lo liberó e hizo de él una nación—; con mano fuerte fue dada la ley.
Pero la revelación de Dios en Cristo fue dada humildemente, y sin embargo tiene un poder extraordinario. Hermanos, cuando Dios iba a dar la ley, apareció un ejército de ángeles, aparecieron truenos y centellas; el pueblo dijo: «El Señor está allá arriba, que no nos acerquemos, para que no nos consuma». Cuando Cristo vino no hubo nada de eso. La revelación de Dios comenzó de manera muy humilde, fue la revelación donde no se ve inicialmente el mayor poder expresado, pero es la revelación más poderosa de Dios. ¿Por qué? Porque es la única que tiene esa palabra que purifica los pecados del hombre.
Bueno, como que yo les he dicho esto a ustedes y como que se han quedado así, como que no ha pasado nada, como que «okay, él purificó los pecados, ¿y qué tiene que ver eso?». Hermanos, tú estabas muerto en tus delitos y pecados, y todo lo anterior te dijo lo malo que usted era. En este momento el Señor se ha revelado y no solamente él te dice dónde tú estás, sino que él te ayuda a lidiar con eso. No solamente nos permite conocer a Dios o nos enseña su voluntad para nosotros, sino que también nos permite actuar de acuerdo a ella y para acercarnos a él. Dice la Escritura que esta es una revelación de Dios que purifica: «habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo».
Todas las revelaciones anteriores de Dios nos enseñaron su gloria, nos enseñaron su santidad, nos enseñaron su majestad, pero la pregunta clave que había quedado es que nos sacaron, hermanos, nos sacaron del huerto por nuestros pecados. Nuestros pecados todavía estaban ahí, y el Señor podía elegir temporalmente no mirar para allá, pero tus pecados seguían igual. Ahora dice la Escritura que en la revelación de Dios dada en Cristo nuestros pecados desaparecen. Y no solamente eso: nos dice Dios «esto espero de ustedes», pero ahora ustedes pueden hacer esto porque tienen la capacidad de hacerlo.
Aquí Hebreos hace una progresión continua, dice: Cristo es resplandor de su gloria, e imagen misma de su sustancia, sustentador de todas las cosas con el poder de su palabra, purificador de nuestros pecados, sentado a la diestra de la Majestad en las alturas, y cuyo nombre es superior a todos los ángeles: su nombre es Hijo. Hermanos, es hermoso, porque la revelación de Dios en Cristo es la revelación más grande. El hombre está perdido, suelto en el pecado. Concluyo aquí: a través de la ley usted podía conocer un poco de Dios, a través de los profetas usted podría conocer de Dios un poco mejor.
Esta es la vida eterna, leímos en la semana. ¿Cuál es la vida eterna? ¿Alguien leyó eso? ¿Cuál es la vida eterna? Con esa pregunta yo escuché que la respondieron: que te conozcan a ti, que conozcan al Padre. Esa es la vida eterna. Porque es que Cristo nos presenta al Padre tan claramente, porque es que Cristo es la revelación más perfecta, porque a través de Cristo nosotros podemos conocerle a él. «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado». Hermanos, esta es la única revelación de Dios que sirve para vida eterna.
Oración final y llamado
Cierren sus ojos un momento ahí y démosle la gloria al Señor por la gracia en la Navidad. Oro por toda la congregación. Mira, Señor, el esfuerzo que he hecho aquí con mis medios limitados para enseñar tu gloria en la encarnación. Te pido primero por mis hermanos: permite que celebremos la Navidad, Señor, con este entendimiento, de que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándonos en cuenta nuestros pecados.
Señor, tengo que cerrar aquí esta serie de enseñanza. Solo por ti, Señor, permite que mis hermanos entiendan de manera más profunda y se apropien de esto: la superioridad de tu revelación en Cristo, el poder de tu revelación para el perdón de nuestros pecados, la consumación de la historia de la revelación. Te pido por mis hermanos, para que sean fortalecidos en esta verdad, de que tu revelación es suficiente, de que no nos hace falta nada más, Señor, de que aquí lo tenemos todo.
Oro por las personas que están aquí presentes. Cierren sus ojos un momento ahí, permítanme primero interceder. ¿Puedes tú ver al Padre a través de Cristo? ¿Puedes tú entender que realmente Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios? ¿Acaso ha obrado el Espíritu Santo en tu conciencia y te recuerda que en el cielo hay un Dios que ha tomado la iniciativa para verse contigo? ¿Acaso en esta Navidad, en la culminación de esta serie de enseñanza, has podido ver tú claramente que Dios ya se acercó? Quizás teníamos personas aquí que estaban esperando todavía un ángel, que estaban esperando todavía una nueva ley.
Quizás ya puedes ver tú que el Señor tomó la iniciativa. ¿Matarás tú al Hijo, como hicieron los labradores malvados? El Señor envió a los profetas, el Señor envió la ley, y los destruyeron; envió ahora a su Hijo, ¿lo matarás tú también? Finalmente, el dueño de la viña envió a su hijo. ¿Qué harás tú con el Hijo? Negar a Cristo es matarle. No reconocer su gloria es ofenderle. Permanecer muerto en tus delitos y pecados cuando él mismo vino personalmente a acercarse a ti.
Quizás esta Navidad de 2013, después de escuchar todos estos sermones sobre Navidad con entendimiento, estás con capacidad de decir: «Señor, Dios que hiciste el cielo, la luz, las estrellas por medio de Cristo, Creador mío, sustentador de todas las cosas, mis pecados me han separado de ti. Ahora quiero tener la vida eterna, te reconozco en Cristo». Puedes decirle ahí, y que el poder de su revelación obre a favor tuyo, puedes decirle ahí: «Purifica mis pecados, lávame más y más de mi maldad, recíbeme nuevamente en tu presencia». «Yo soy el camino, y soy la verdad, y soy la vida», decía él, «nadie viene al Padre si no es por mí». Es que él es quien te purifica, él es quien te puede presentar ante el Padre de manera perfecta.
Amigo que estás aquí, reconoce hoy tus faltas, tus pecados delante del Señor. Permite que la Navidad tenga en este sentido para ti que es un tiempo de purificación. Permite que aquel que te creó te remiende. Permite que aquel que te sustenta materialmente hablando también te sustente espiritualmente hablando: resplandor de su gloria, imagen de su sustancia, sustentador de todas las cosas con la palabra de su poder, purificador de nuestros pecados, sentado a la diestra de la Majestad en las alturas, cuyo nombre es superior a todos y se llama Hijo.
Doy un chance ahí, porque quizás hay personas que puedan confesar su pecado delante del Señor en oración. Un cristiano es una persona que reconoce que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y su Salvador. ¿Tú puedes reconocer eso hoy? Admite delante del Señor: «Señor, vivía sin reconocerte, vivía negándote, vivía haciendo sabia mi propia opinión. Perdona mis pecados y escribe mi nombre en el libro de la vida, y acéptame como tu hijo. Purifícame de mis pecados, Salvador».
Dios se reveló en Cristo para purificar nuestros pecados. Si tú has hecho esta oración con fe, dice la Escritura que aquel que creyere esto —esto es, creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y tu Salvador— y fuere bautizado, ese será salvo. El 29 de este mes, el último domingo, que es el próximo domingo, en nuestra iglesia estaremos comenzando talleres de membresía, enseñándoles los rudimentos básicos de la fe cristiana a aquellos que han conocido a Cristo, preparándoles para dar un testimonio público por medio de las aguas.
Termino orando por toda la congregación. Bendice a tu pueblo aquí reunido, Señor. Bendícenos con salvación, bendícenos con madurez, bendícenos, Señor, con certidumbre, bendícenos con el conocimiento. Gracias por todo lo que tú has revelado. Gracias, Señor, por haber nacido, gracias por darnos a conocer al Padre. Tuya es la gloria, Señor, en el nombre de Jesús. Amén.