Te encomendamos, Señor, esta oportunidad gloriosa de exponer tu Santa Palabra, con la expectativa de que nuestro pensamiento sea cambiado, de que nuestra vida sea mejorada, de que los ojos de los ciegos sean abiertos. De que las personas que están aquí congregadas, Señor, que ya te reconocen a ti como su único y suficiente Salvador, sean fortalecidas en su fe, y que aquellos, Señor, que comienzan a abrir sus ojos a la realidad de ti, puedan hoy, Señor, verte claramente expresado en tu Palabra. Que sea tu Santo Espíritu convenciéndoles de pecado y que puedan rendir sus vidas ante ti, permite que hoy tu iglesia sea edificada, permite que hoy, Señor, aquellos que comparten con nosotros, aunque todavía no han hecho una decisión por ti, que sus ojos sean abiertos, sus oídos sean abiertos, Señor, que te vean a ti, y que no corran de la luz, sino que caminen hacia la luz.
Dirígenos tú en este tiempo de enseñanza, pon tú, Señor, la palabra de sabiduría en buena tierra. Como siempre te pedimos, fortalece especialmente nuestra voluntad. Humanamente hablando, Señor, nosotros somos incapaces de comportarnos a la manera tuya, somos incapaces, Señor, de actuar de la manera que conviene y que a ti te agrada. Pero sabemos, Señor, que eres tú en medio nuestro, dándonos la valentía, dándonos la entereza, dándonos la capacidad, Señor, para que pongamos por obra aquello que estamos viendo. Condúcenos tú, Señor, dirígenos tú, en el nombre de Cristo, amén.
Hoy expondremos las Escrituras, hermanos, en el Evangelio de Lucas, en el capítulo dos, específicamente en dos versículos, el versículo 10 y el versículo 11. Estaremos anunciando el anuncio completo. Acompáñenme en sus Biblias, Evangelio de Lucas, capítulo dos, versículos 10 y 11. Estaremos exponiendo la Escritura en esta porción, este glorioso anuncio, y he titulado asimismo este sermón, hermanos: “El anuncio completo”.
La razón es la siguiente: aunque es poco probable que Cristo haya nacido en diciembre, de todos los meses que fuera posible, de todas las fechas que se puedan tratar de identificar, si de alguna cosa estamos seguros es de que Cristo no nació en diciembre, mucho menos el 25 de diciembre. Eso la Escritura no lo dice en ninguna parte, eso se llama superstición. Y es algo que viene del catolicismo romano, que puso una fecha para el nacimiento de Cristo y ellos determinaron que era el 25 de diciembre, cosa que la Escritura no dice y que, históricamente hablando, es poco probable que haya sido así.
Navidad con entendimiento y el anuncio completo
Pero ya que la cultura está en este tiempo celebrando la Navidad, nosotros podemos aprovechar la oportunidad para recordar la noticia completa. En medio de la algarabía, podemos proclamar lo que Cristo vino a traernos, esto es salvación, sin olvidar lo que Cristo nos exige, esto es señorío. Hoy veremos tres cosas específicas: primero, las razones por las cuales este es un anuncio alegre; en segundo lugar, el contenido del anuncio, esto es la salvación; y, en tercer lugar, la exigencia que Cristo le hace al mundo, esto es señorío.
Quisiera que ustedes no me recuerden como el Grinch de la Navidad, pero en los últimos años, cada vez que vengo a hablar de esto, tengo como que quitar mucho ruido del medio y decirles a ustedes lo que no es Navidad. Es más, me he propuesto en esta Navidad 2013, como he titulado todas las enseñanzas que estaré exponiendo, “Navidad con entendimiento”. Mi meta como su pastor es que ustedes celebren la Navidad, pero que lo hagan bien. Mi meta es que ustedes celebren la Navidad, pero que lo hagan en los términos de Dios. Mi meta es que ustedes puedan separar el ruido del entendimiento, y que cuando ustedes digan: “Ahora yo estoy celebrando la Navidad”, realmente sepan lo que están diciendo.
El día de hoy he venido a decirles el anuncio, pero no la mitad del anuncio. Yo he venido a decirles el anuncio completo. Dice Lucas, capítulo dos, versículo 10 y 11:
Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.
— Lucas 2:10–11
Este es un anuncio que le va a traer algarabía, un anuncio que será recibido con gusto, un anuncio que se puede dar con gozo. El anuncio es el siguiente: dice que será para todo el pueblo, “que os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador…”, y mucha gente deja aquí la lectura. Pero la lectura dice más: “Porque os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor”.
Hermanos, lo que la iglesia cristiana le recuerda al mundo en este tiempo en que el mundo está celebrando la Navidad es que lo que nosotros celebramos no es solamente que nace un niño. Nosotros celebramos que nos ha nacido hoy un Salvador. Y que cuando nosotros decimos que ha nacido un Salvador, también decimos la segunda parte, y es que este Salvador no solamente es un Salvador, sino que es Cristo y que es nuestro Señor.
El anuncio completo: Salvador y Señor
El anuncio completo que yo he venido a darles es que no solamente decimos que ha nacido un niño. El anuncio completo que he venido a darles es que ese niño que nació es nuestro Salvador, y después de eso les diré que si ese es tu Salvador, al mismo tiempo es Cristo y que Cristo es el Señor. Ese sí es el anuncio completo.
Tres cosas vine a decirles: lo primero, las razones por las que este es un anuncio alegre. El ángel les dijo: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo”. Miren, no existe tal cosa como un “espíritu navideño”. No existe tal cosa como una temporada donde los hombres tienen buena voluntad. No, no existe tal cosa. Racionalmente hablando, uno no debería recibir diciembre con alegría, sino con amplia preocupación.
Diciembre es un mes muy ajetreado. Se come tanto que uno termina y llega un momento en que uno dice: “Ya, ya, que no nos den más”. Las calles se complican, se gasta y se gasta innecesariamente. Los psiquiatras le han puesto nombre a un padecimiento recurrente en esta época; le llaman la depresión de fin de año. Mucha gente triste. Hermano, vengo a decirte que aun así hay nuevas de gran gozo, pero que el motivo del gozo no es la temporada, sino una noticia que se da en esta temporada.
Cuando tú dices: “Navidad es un tiempo de gozo”, no es porque la Navidad como temporada necesariamente sea un tiempo gozoso. No hay gran gozo en la temporada navideña, aunque hay gozo limitado, del chiquito. Pero gran gozo no hay. Donde hay gran gozo es en una gran nueva que se nos ha dado. Una “nueva” es una noticia. Hermano, he venido a decirte que el gozo no está en la temporada, que el gozo está en la noticia que se da en esta temporada.
Gozo del “chiquito” y gozo del grande
Pero tengo que conceder que sí, ciertamente en la vida hay cierto gozo del chiquito. Hay cierto deleite, hay razones por las cuales los hombres se pueden sentir un poco gozosos en Navidad. Lo primero es que hay cierta actitud infundada, promovida por los encartes del periódico que nos dicen que en este tiempo hay que estar alegre. Nos lo dicen tantas veces que uno termina creyéndoselo: “Ha llegado Navidad, tiempo de alegría; ha llegado Navidad, tiempo de alegría”. Y te lo dicen tantas veces y por tantos medios que tú terminas como sintiéndote contento: “Oye, llegó la Navidad, qué bueno”. Eso es gozo del chiquito.
El clima refresca, llega cierto fresquecito; eso es un motivo, pero no es un motivo de gran gozo. Ese es un motivo de gozo, pero del chiquito. Hay gente que encuentra gozo en la superstición que nos dice: “¡Guau, Cristo nació el 25 de diciembre!”, y comienzan a pensar: “Cristo nació el 25 de diciembre”, y en esa superstición, aquellos que son muy religiosos encuentran cierta alegría. Ya les dije que Cristo no nació el 25 de diciembre. Es muy probable que Cristo no nació ni siquiera en diciembre. Si acaso, históricamente hablando, se fuera a buscar un mes, quizá sería entre febrero y marzo, pero no en diciembre. Pero los supersticiosos se alegran de ese consuelo: “Ah, nació Cristo en la Navidad, el 25 de diciembre”.
Hay gente que encuentra gozo del chiquito en añorar mejores tiempos. Quizás un tiempo donde la familia estaba unida alrededor de una mesa, quizá un tiempo que era un tiempo mejor para todos los tuyos. La gente recuerda otras épocas de Navidad, y cuando recuerda otras épocas de Navidad, esa añoranza le da cierto deleite, cierta alegría. Hay deleites que son asuntos temporales y lícitos, aunque pasajeros. En la comida se encuentra cierto deleite; antes más, porque en otras épocas, en otros años, había alimentos que estaban reservados para la Navidad.
Hubo un tiempo en que las manzanas y las uvas eran alimentos de Navidad. Ahora mismo hay manzanas, uvas, pastel en hojas en enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio y también en Navidad. Antes en eso había cierto deleite.
Deleites temporales y gozo verdadero
En determinados estratos sociales, la Nochebuena es la mesa más importante del año, aunque también tengo que decirles que, en el caso de muchos de ustedes, no es ese. Muchos de ustedes comen mejor en febrero otros años que en Navidad. Tengo que decirles, ese no es tu caso probablemente, pero hay un deleite temporal en comida, en cambiar la muda de ropa, en pintar la casa, en dar y recibir regalos, en tener la buena compañía, en viajar.
La Navidad es el tiempo en que muchas personas recogen y van a sus lugares de origen y vienen familiares de otros países; eso da deleite, tengo que conceder, da deleite, pero del chiquito. Esto es una noticia que da gozo. Hay gente que encuentra gozo, y tengo que admitirlo: el pecado produce cierto deleite. Y mentiríamos los cristianos si no dijéramos que el pecado puede producir placer. Hermanos, nosotros no podemos tapar el sol con un dedo: el pecado produce un deleite que es intenso y, para este época del año, hay muchas oportunidades de pecar y de participar de ese deleite que es intenso, pero efímero, y tiene consecuencias destructivas que son eternas.
Pero hay cierto gozo en el pecado en este tiempo, del chiquito. Ahora, tengo que decir, hermano, que en la época de Navidad hay un motivo de celebración, hay un motivo de acción de gracias, hay gozo del grande, y a esto el ángel le llamó “nuevas” no de gozo, sino de gran gozo. ¿Cuáles son las razones correctas que tenemos los cristianos para decir que la Navidad, la natividad de Cristo, el anuncio de su llegada, es un motivo no solamente de gozo, sino de gran gozo, y es un gozo progresivo que va como en aumento?
Lo primero, hermano, que le diré, por lo cual nosotros podemos decir que es tiempo de gran gozo, es una buena actitud de Dios hacia los hombres pecadores. Hay gente que dice: “Y para los hombres de buena voluntad”. No, la Escritura no habla de hombres de buena voluntad. La Escritura lo que dice es: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”. Lo que se anuncia en la natividad es que comienza una temporada comenzada por Dios con su encarnación, de buena voluntad para los hombres, y esto es motivo de alegría. Pues claro que sí.
Tú eres un hombre pecador, ¿cómo tienes la oportunidad de encontrarte con Dios? Tus pecados han hecho una barrera entre tú y Dios, y tu enemigo, que es Dios, te dice: “Inauguro una temporada de buena voluntad para los hombres”. Esto es motivo de alegría: la buena actitud de Dios para con nosotros.
El año agradable del Señor y el jubileo
¿Cuáles son las nuevas de gran gozo? Que Dios, que anteriormente era tu enemigo, en este tiempo ha creado un compás para que puedas tú resolver tus problemas con Dios. Dice la carta de Pablo, segunda carta a los Corintios, capítulo 5, versículo 19:
que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.
— 2 Corintios 5:19
Eso es motivo de gran gozo. Tu enemigo, tu enemigo, por un momento ha bajado las armas, tu enemigo, por un momento, ha quitado la amenaza destructora y te dice: “Vamos a crear un compás inaugurado con la encarnación”, que el mismo Cristo le llama a este tiempo “el año agradable del Señor”.
¿Cuál es la nueva de gran gozo en la Navidad? La nueva de gran gozo en la Navidad es una buena actitud de Dios hacia los hombres pecadores, de reconciliación, de perdón, de remisión de pecados. Es un jubileo. Miren, en Israel, cada 50 años había un año de jubileo. Y cuando el Señor dijo allá en Lucas, capítulo cuatro, versículo 19, que ha venido a proclamar “el año agradable del Señor”, ahí está diciendo: “He venido a proclamar el jubileo del Señor”.
Cada 50 años, en el Israel antiguo había que hacer tres cosas. Había que perdonar todas las deudas, y si un hombre le debía dinero a otro, esa deuda, en el año 50, en el año de jubileo, había que perdonar toda la deuda. Y personas que no tenían con qué pagar, deudas que se iban amontonando sobre deudas, cada 50 años podían, de ser un “house”, libres de deudas en Israel. En el año del jubileo, cada 50 años, que era año de jubileo, había que libertar a los presos.
Y tú dices: “Guau, yo, que me he metido en delitos que me iban a robar la cárcel durante tantos años, pero llegó el año agradable, llegó el jubileo, los presos libertados”. Cada 50 años, en Israel, había que darle total libertad a los esclavos. Y personas que habían terminado sirviendo a los otros en condición de esclavos, cada 50 años era año de jubileo, y había que libertar a los esclavos, había que perdonar las deudas, había que soltar a los presos.
¿Qué dice el Señor? Acompáñenme allá, Lucas, capítulo 4, versículos 18 y 19. Decía Cristo:
El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.
— Lucas 4:18–19
¿Por qué es una noticia de gran gozo? Porque en Navidad se comienza a proclamar el año agradable del Señor.
La buena actitud de Dios y el “no temáis”
Hermano, con esa noticia solamente, de que el Señor tiene una buena actitud en este tiempo, misericordiosamente, temporalmente, hacia los hombres… Porque saben ustedes que va a venir después del año agradable del Señor el día de la ira y el juicio de Dios, donde toda la ira del Señor, donde todo el poder del Señor, será derramado sobre los impíos. Pero en este tiempo es el año agradable del Señor.
¿Por qué celebramos Navidad, hermano? Porque Navidad inaugura el año agradable del Señor. Y hay motivo para uno estar contento con esta cosa. Pero claro, hermano, déjeme decirle algo. Primero le comparto una anécdota. Había una vecina que yo tenía en Lucerna, que en un momento éramos amigos y en otro momento yo sentí que me comenzó a mirar mal. Y yo venía caminando, muchas veces me miraba mal, y yo decía: “¿Qué será lo que habrá pasado?”. Y como que comencé a interiorizar ese asunto y cada vez que veía a la persona… Yo no sé, ya yo no recuerdo la historia del todo, si ella cruzaba la calle, la cruzaba yo.
Yo sé que si ella venía por esa acera, yo iba por la otra. Y duramos un tiempecito en ese asunto. Yo no recuerdo la historia bien, cómo era, si fue ella que se me acercó o me acerqué yo a ella, pero en un momento como que nos acercamos y ella me preguntó, o yo le pregunté a ella: “Ven acá, ¿y qué es lo que pasa, por qué tú me miras mal? ¿Por qué es que tú cruzas la calle?”. Y yo le dije: “No, porque yo cruzo la calle porque tú la cruzas”, y yo veía que tú me mirabas. Hermano, llegamos a la conclusión de que llevábamos tiempo que no nos podíamos ni mirar, y no había nada.
Y después de eso hubo como un descanso. En Navidad se proclama que anteriormente, cuando yo venía por la acera, tú cruzabas la acera, porque sabías tú, sí sabías que estabas en falta con Dios. Pero en Navidad se anuncia el año agradable del Señor: “He bajado las armas, no te voy a destruir”. Y por eso aquel ángel que se encontró con todo el que se encontró, el ángel comenzó con la misma expresión: “No temáis”. Cuando visitó a María: “No temáis”. Cuando visitó a José: “No temáis”. Cuando visita a los pastores: “No temáis”.
¿Y qué es lo que pasa? Es que ellos sabían, y la ley les decía en su conciencia, que un hombre pecador, cuando se encontraba con el ángel del Señor, irremediablemente moría.
Reconciliación, Jacob y Esaú, y el gozo del anuncio
Y cuando llegan los ángeles les dicen: “No teman, porque he venido a darle una noticia de gran gozo: el año agradable del Señor”. El gozo, hermano, está inicialmente en la buena actitud de Dios. Es el hijo pródigo, que estaba en deuda, había deshonrado a su padre, pero cuando viene caminando a la casa de su padre, él ve que el padre le ve a lo lejos y sale corriendo hacia él y le abraza. El padre todavía no ha dicho palabras, pero la actitud del padre… yo me imagino que el hijo pródigo dijo: “Uf”.
Hermano, Navidad es un tiempo donde los hombres decimos: “Uf”. El Señor que yo sabía que me iba a destruir, el Señor con el cual yo tenía pecados sobre pecados, el Señor al cual yo le debía, ha venido a anunciar el año agradable del Señor y mandó un ángel delante: “Ha nacido el Salvador”. No ha venido a destruir, ha venido el Salvador, ha venido a edificar, ha venido a levantar.
En primer lugar, hermanos, motivo de gran gozo: una actitud agradable, favorable del Señor, nuevas de gran gozo. ¿Qué más? Esto va aumentando progresivamente. Después, el gozo del anuncio mismo. El hecho de que el Señor viniera y mandara al ángel delante a decir que ha venido el Son de paz, que ha venido buscando reconciliación a pesar de que se le ha faltado. Ahora todo continúa con el anuncio: Dios ha venido a salvarte, Dios no ha venido a destruirte.
Recuerdo a Jacob caminando a encontrarse con Esaú. Hermano, ¿ustedes recuerdan a Jacob que había robado a su hermano? No sólo lo había robado, le había quitado lo que era suyo. Después de años donde Jacob y Esaú no se veían, Jacob tiene que encontrarse con Esaú. Yo me imagino a Jacob así, sudando: “Guau, ahora tengo que encontrarme con Esaú, no solamente yo le quité su derecho, sino que ahora yo me voy a encontrar con él, yo lleno de propiedades. Yo he utilizado lo que a él le tocaba y en mí eso ha significado bendición, y ahora voy a encontrarme con mi hermano”.
Dice que él estaba temblando. Él pensaba que cuando se encontrara con Esaú, éste le iba a matar a él, iba a matar a su mujer, iba a matar a sus hijos, iba a acabar con todo el ganado.
Jacob, Esaú y las nuevas de gran gozo
En un momento él dividió sus posesiones: “Mira, que se vaya un grupo por un lado y otro grupo por otro lado, porque si acaso Esaú nos alcanza y mata al primer grupo, el segundo grupo entonces que salve la vida”. Tenía que encontrarse Jacob con Esaú. ¿Y saben qué sucedió? Hermanos, busquen Génesis 33. Cuando se van encontrando y viene así, sudando, Jacob a encontrarse con Esaú, oigan lo que recibe, Génesis 33, versículo 8. Se encontraron, y Esaú dijo: “¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado?”. Y Jacob respondió: “El hallar gracia ante los ojos de mi señor”. Y dijo Esaú: “Suficiente tengo yo, hermano mío”.
Oye, hermano, yo me imagino que cuando ese “hermano mío” entró por el oído de Jacob, él dijo: “No me va a matar”. “Hermano mío”. Mire, yo me imagino esa vocecita así de Esaú, que él no había escuchado durante años, ahora la escucha. Esa voz que él pensaba que le iba a destruir la vida, y le dice: “Hermano mío”. ¿Por qué es motivo de gran gozo, hermano? No solamente por la actitud del Señor, sino por lo que el Señor dice: “Ustedes me han robado, ustedes me han faltado, ustedes me han ofendido, pero en este tiempo yo no vengo a herirles, no vengo a destruir. En este tiempo vengo a proclamar el año agradable del Señor”.
¿Cuál es, hermano, el motivo de gran gozo que sigue en aumento? Primero, la buena actitud de Dios; segundo, el gozo del anuncio mismo. En tercer lugar, hermano, el gozo del convencimiento. Cuando un cristiano se alegra en Navidad, cuando tú confiesas tu pecado delante del Señor y el Espíritu Santo da testimonio a tu corazón de que tus pecados te han sido perdonados… Qué cosa más gloriosa.
El hombre sin Cristo tiene una conciencia de pecado que le da un testimonio ahí, que le dice todos los días: “Tú no eres bueno, tú no estás en paz con Dios, tus hechos no son agradables delante del Señor”. Quizás ante los hombres tú eres un prohombre, pero ante Dios, dice la Escritura, que tú eres un desecho.
El gozo del perdón, la santificación y la esperanza
¿Por qué, hermano, es nueva de gran gozo? Porque cuando llega el convencimiento, y tú sabes que has pasado de muerte a vida, y tú sabes que el Señor te ha restaurado, y tú sabes que el Señor te ha dado más de lo que tú merecías, el gozo del convencimiento, hermano, es algo que alegra la vida de un cristiano. Te puede faltar cualquier cosa en Navidad, pero cuando tú dices: “Mis pecados han sido perdonados, y el Espíritu Santo da testimonio en mi conciencia de que yo tengo paz con Dios”, eso es una nueva de gran gozo. No de gozo del chiquito, del que da la temporada navideña, no; de gran gozo, hermano.
Recuerden en Navidad que tus pecados han sido perdonados, que la cosa más valiosa que tú tienes en tu vida se llama paz con Dios. Nuevas de gran gozo: una actitud favorable del Señor; nuevas de gran gozo: el anuncio mismo; nuevas de gran gozo: cuando te han testificado esto y el Espíritu Santo te da el gozo del convencimiento. Pero no se queda aquí, hermano.
En el caminar cristiano hay un gozo que lo da la experiencia de santificación. Yo miro para atrás, y perdónenme que tengo que hablar de mí, pero yo miro para atrás mi vida y digo: “Guau, Señor, pero yo no soy igual que como era ayer”. Tú miras tu vida hoy y tú recuerdas cómo era tu vida en diciembre del 2011 y tú dices: “Guau, Señor, pero mi vida no es hoy lo que era ayer”. Así dijo un hombre que era traficante de esclavos; él dijo poéticamente: “Aún no soy todo lo que puedo ser, pero tampoco soy lo que era ayer; y lo que soy, lo soy por la gracia del Señor”.
Hermano, el gozo de tú ver tu vida regenerándose para la gloria del Señor. Hoy te doy una nueva que será de gran gozo. ¿Por qué va a ser de gran gozo? Porque tú miras tu vida hoy y tú miras lo que era tu vida ayer y dices: “Yo tengo gozo, yo hoy tengo esperanza, yo hoy tengo libertad, yo hoy tengo paz con Dios”. Eso es una nueva de gran gozo, hermano.
Y si te falta todavía razón para tener gran gozo en la Navidad, yo te diré que cuando tú miras lo que va a ser tu futuro en Dios, y tú lees en el libro de Apocalipsis qué va a pasar con la vida de los cristianos al final de los tiempos, ¿qué dice la Escritura? Que vas a recibir un cuerpo glorificado, y que estarás para siempre en la presencia del Señor, y que verás al Señor cara a cara, y que tendrás una naturaleza incorruptible. Tú dices: “Guau, Señor, yo hoy tengo razones para gozarme con todo lo que tú has hecho, pero cuando miro hacia el futuro, todavía sigo gozándome”.
Y por eso, para mí, esto es nueva de gran gozo: no sólo lo que el Señor ha hecho conmigo, sino también lo que el Señor hará conmigo de aquí y hasta la eternidad. Por eso esto es un motivo de gran gozo.
Gozo en la noticia, no en la temporada
Hermano que estás aquí, yo he hecho un esfuerzo hasta ahora de decirte que te alegres en la noticia y no en la época. Tú tienes razones para celebrar la Navidad, las tienes. El Señor perdonó tus pecados, el Señor quitó tu culpa, el Señor te proclamó el año agradable, el Señor te dio la noticia, el Espíritu Santo dio testimonio a tu conciencia, tú has visto en tu vida el resultado del Evangelio. Tú tienes hoy esperanza, tú tienes paciencia, tú ves tu vida refinándose, y cuando miras hacia el futuro, tú ves que lo que te espera es una eternidad de glorificación en la presencia del Señor: “Os doy nuevas de gran gozo”.
Pero no se queda aquí; también dice que no solamente será para ellos, sino que será para todo el pueblo. Habían venido libertadores locales, y siempre aparecía un libertador que quitaba el yugo de un lado y ponía el yugo en la otra parte, porque ese es el mundo injusto. Ahora Cristo entró, hermano, y dice que será para todo el pueblo, será para el oprimido y será para el opresor, será para el santo y será para el más pecador.
Miren la paradoja de Cristo: que Cristo vino a darle nuevas de gran gozo a Simeón y a Ana, y Cristo vino a darle nuevas de gran gozo al publicano recaudador de impuestos. Cristo es una nueva de gran gozo, pero no solamente para un grupo, es para todo el pueblo. ¿Por qué es tan glorioso este anuncio? Porque es para oprimidos y es para opresores.
El Señor permitió que los sabios de Oriente miraran la estrella y encontraran al Mesías, y permitió también que los más humildes pastores de ovejas recibieran el anuncio presencialmente por un ángel. Los intelectuales de la época y el pueblo más humilde, todos tuvieron nuevas de gran gozo. Fue para todo el pueblo.
Yo no sé si tú eres como los sabios de Oriente, que leyendo y estudiando, entre día encontraron al Mesías, o tú eres como los humildes pastores, que quizás solamente tenían unas cuantas ovejas. Pero Cristo es nueva de gran gozo y será para todo el pueblo. Hermanos, Cristo no es para el estrato más grande o para el más bajito; Cristo es para todo el mundo.
Para todos: oprimidos, opresores y todas las “sectas”
Cristo no es solamente para el hombre más santo o para el hombre más pecador; Cristo es para todo el mundo. ¿Acaso no decían eso de Él? “¿Qué libertador es este? Imagínense la locura de los judíos, decían: ‘¿Qué libertador es éste, que se congracia con nuestros enemigos?’. ‘Oíganlo hablar de libertad de esclavitud, pero él anda de arriba para abajo con los recaudadores de impuestos, con los opresores, con las autoridades de este tiempo. ¿Y qué libertador es este?’”. Es que Cristo es buena nueva para todo el mundo: para el que oprime y para el oprimido.
Entre los judíos, hermanos, había diferentes sectas que decían: “Yo soy un judío fariseo y, si soy judío fariseo, entonces tengo estricto apego a la ley y la interpreto de tal manera”. Otro decía: “Yo soy un judío esenio y vivo retraído en el desierto”. Los judíos celotes, y los celotes querían libertar al pueblo tomando el poder por la fuerza. Cristo es nueva de gran gozo para el fariseo, para el esenio, hasta para el celote. Cristo vino a libertar al celote.
¿Por qué celebramos a Cristo en Navidad, hermano? Porque Cristo es para todo el mundo. “Os doy nuevas de gran gozo”. Estoy en mi primer punto todavía, hermano. Cristo es nueva de gran gozo. Voy al segundo.
¿Cuál es la noticia? La gente se alegra, pero ¿por qué se alegra? Bueno, lo dice: “Que os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador”. El contenido del anuncio, hermano: el anuncio nos dice que nos nació un Salvador. Quiero hacer un paréntesis aquí.
Que Cristo tenga una buena actitud para con los hombres no ignora la evidencia. Que Cristo haya resuelto hacer un compás de paz y, con su encarnación, inaugurar el año agradable del Señor, no hace que el pecador sea santo. Que el Señor no está destruyendo en este tiempo no significa que no te vaya a destruir mañana.
¿Por qué hago este paréntesis aquí, hermano? ¿Por qué hago esta acotación? Porque el hecho de que tú sepas que el Señor tiene el año agradable no significa que tu deuda haya sido perdonada. No es como una amnistía fiscal. El gobierno dice: “Vamos a hacer una amnistía fiscal para todo aquel que se acoja a ella”. Y cuando se anuncia la amnistía, todo el mundo celebra, pero no todo el mundo va a Aduanas y llena un formulario diciendo: “Yo quiero acogerme a la amnistía fiscal”.
Necesidad de un Salvador: pecado, deuda y esclavitud
Hermano, que el gobierno anuncie la amnistía fiscal no elimina tu deuda. Que el ángel anuncie nuevas de gran gozo no quita la evidencia. Cuando el Señor evaluó al mundo, ¿saben lo que dijo? No fue con el niño y les dijo: “Ustedes lo están haciendo bien”. Él les dijo: “Ustedes necesitan un Salvador. Ustedes son esclavos, ustedes están perdidos, ustedes necesitan alguien que los liberte”. La actitud amigable del Señor no ignora la evidencia: tú eres un esclavo.
Dios no visitó su pueblo solamente para consolarle. Él ha dicho: “Yo he venido a libertar a los cautivos”. La Navidad: “Que nació Cristo, nació Cristo”. Hermano, Cristo nació para traer salvación. El diagnóstico que el Señor hizo del mundo: “Yo tengo una actitud agradable para ustedes, pero ustedes están muertos en sus delitos y pecados, ustedes necesitan de un Salvador”.
¿Qué significa, hermano, un Salvador? El pecado ha traído tres cosas sobre la humanidad, tres cosas principales. Lo primero que ha traído el pecado sobre ti es que te ha separado de Dios. En la locura del mundo, la gente habla de Dios como su amigo en este tiempo, pero la Escritura te evidencia que eres enemigo de Dios. No es lo que tú creas, es lo que Dios dice.
El gran problema de la época es que la gente piensa que tiene paz con Dios. No. El Señor ha anunciado el año agradable del Señor, pero eso todavía te deja a ti muerto en tus delitos y pecados. Que el Señor tenga la buena disposición de lidiar contigo, de ayudarte a resolver tu problema, no significa que tu problema esté resuelto. Que digamos “Cristo nació en Navidad” no perdona los pecados de los hombres. Hermanos, después de la Navidad 2013, la generalidad del mundo estará todavía muerta en sus delitos y pecados. Cristo nació, pero Cristo nació para traernos un Salvador.
Primera consecuencia del pecado: estás separado de Dios. Segunda consecuencia del pecado: estás en esclavitud. Dice la Escritura que todo el que comete pecado se hace esclavo del pecado. Mire, el hombre sin Dios es esclavo de las cosas más sencillas. Hasta las cosas más pequeñas hacen que el hombre natural termine en esclavitud. Hay gente que es esclava de los placeres, y ahí casi todo el mundo se queda: de las drogas, del sexo, de las bebidas, del alcohol, del cigarro.
Hay gente que es esclava de las cosas más sencillas, pero hay otros que son esclavos del trabajo. ¿Han visto personas que viven solamente para trabajar, trabajar y trabajar? Son esclavos del trabajo. Hay otros que son esclavos del reconocimiento y de la aprobación de los hombres.
Esclavitudes modernas y efectos del pecado
Cuántas personas necesitan que siempre se les saquen sus logros, sus méritos, una palmadita en la espalda para sentirse bien. Son esclavos del reconocimiento y de la aprobación de los hombres. Hay gente que está esclavizada de sus posesiones; ellos no tienen sus posesiones, sus posesiones los tienen a ellos. Dice la Escritura que son esclavos de las riquezas.
Hay otros que son esclavos de sus propias opiniones. Sí, hay gente que dice: “Yo soy muy recto en proceder”, pero es esclavo de esa rectitud, son psicorrígidos. ¿Han visto otras personas que dicen: “No, porque yo soy un hombre muy ordenado, que nadie me mueva nada”? Son esclavos de esa cosa. Hay otros que son esclavos de una imagen de sí mismos, positiva o negativa. Hay gente que está esclavizada con un súper ego, y hay otros que son esclavos de la baja autoestima.
Hay gente que, cuando se ve en el espejo, son esclavos porque se ven más grandes de lo que son, y hay otros que son esclavos porque, cuando se ven en el espejo, se ven más pequeños de lo que realmente son. ¿Qué ha traído el pecado? Primero te ha separado de Dios, y después te ha dejado en esclavitud.
Y la gente dice: “No, yo no soy esclavo de nadie”. ¿Cómo tú sabes que realmente no eres esclavo del pecado? Intenta dejar de hacerlo. “No, yo lo dejo cuando yo quiera”. Inténtalo. La cosa más sencilla puede esclavizar al hombre natural. El pecado esclaviza. El Señor ha venido a recuperar lo que el pecado había quitado: el pecado te separó de Dios, el pecado te dejó en esclavitud, el pecado dañó tus relaciones.
Porque el pecado entró en el mundo, comenzaron los conflictos en las familias. Claro que ha venido el Señor a decirte: “Yo soy para ti un Salvador. He venido a hacer algo que tú no puedes”. “Yo puedo volverte a tender un puente —ha dicho Cristo— para que tú tengas paz con Dios. Yo puedo sacarte de la esclavitud del pecado y yo puedo restablecer tus relaciones dañadas”. Cristo, en Navidad, es tu Salvador.
Oh, la paradoja de la Navidad: que la gente celebra que ha nacido un Salvador, pero no va donde Él. La gente canta en los villancicos que ha nacido un Salvador, pero se queda donde está: muerto en sus delitos y pecados, separado de Dios.
¿Te ha nacido realmente un Salvador?
Dice la gente: “Ah, que es Navidad. Ha nacido el Salvador, ha nacido el Salvador”. Pero, ¿nació para ti el Salvador? En primer lugar, yo te he dicho que la razón está en la noticia y no en la temporada. En segundo lugar, que lo que nació fue un Salvador. Cuando uno dice esto, hermano, la gente dice: “Ah, que ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador. ¿Y por qué tú me estás diciendo que yo soy esclavo?”. Porque eso es lo que el Señor dice que tú eres.
“¿Entonces tú estás diciendo que yo no tengo paz con Dios? ¿Tú estás diciendo que yo soy esclavo del pecado? ¿Tú estás diciendo que yo tengo un problema en mis relaciones?”. Sí, eso es lo que ha traído el pecado sobre ti. Pero te ha nacido en la ciudad de David un Salvador.
Y no se queda ahí, sigue avanzando. Hermano, la salvación no es un regalo sin condición. La salvación, el Señor nunca la enseñó como algo que lo tomas y ya. Cristo no vino a salvarte y te dejó donde tú estabas. No. Él vino a salvarte, y cuando el Señor te sacó de la esclavitud del pecado, dice la Escritura que Él te compró a precio de sangre para sí mismo.
No es como el técnico que fue a tu casa a repararte la nevera: “Ahí está la avería, ahí está la factura, nos vemos; si a usted le falta algo, usted me llama”. No, no, no. Dice la Escritura que Cristo te compró a precio de sangre. Si te nació un Salvador, te nació también un Señor.
Aquí es que la Navidad se le pone agria a la gente. Todo el mundo celebra que nació un niño, algunos celebran que nació un Salvador, pero casi nadie celebra en Navidad que nació un Señor. Dice la Escritura: “un Salvador, que es Cristo el Señor”. No lo borre con liquid paper, que eso está ahí.
En Navidad, en Navidad no solamente Cristo se hizo hombre; Cristo se hizo hombre para ser tu Salvador y para ser tu Señor. ¿Y qué significa que Cristo sea Señor de tu vida en Navidad? No recuerdo yo haber escuchado ningún sermón sobre el señorío de Cristo en Navidad, personalmente. En Navidad proclamamos que Cristo salva, en Navidad proclamamos que Cristo es Señor sobre aquel pueblo que Cristo ha salvado. Él pagó por ti un precio de sangre.
El señorío de Cristo: autoridad, dirección y oración
¿Qué significa la exigencia? ¿Qué es lo que Cristo exige al mundo? Que si Cristo es tu Salvador, Cristo es también tu Señor. Él no hace una cosa, Él hace las dos. Hermano, tengo que terminar en este punto, te explico rápido qué significa que Cristo sea tu Señor.
Mira, si tú dices: “Cristo es mi Salvador”, automáticamente estás diciendo: “Él es mi Señor”. Si Cristo es tu Señor, es la autoridad máxima sobre tu vida. Recuerda, no es como el plomero que fue y te resolvió el problema y se fue. No. Cristo te sacó de la esclavitud, te sacó de la posesión de otro para que tú seas su posesión valiosa. Tú eres siervo de Cristo.
Él es la autoridad máxima sobre tu vida. Mira, la gente no está acostumbrada a tener autoridad sobre sí misma. Porque ya te acostumbraste a ver la imagen de Cristo de una manera, ya tú no lo ves como debes verlo. Hay gente que ve a Cristo hacia abajo, otros que lo ven igual. Hay gente que ve a Cristo allá: “Ha nacido un niño”. Otros lo ven ahí: “Es mi Salvador”. Pero hay otros que miran hacia arriba: “Es mi Señor”.
Hermano, he venido a proclamar el señorío de Cristo en la Navidad. El ejército de aquellos que hemos sido salvados somos también el ejército de aquellos que voluntariamente nos humillamos delante de nuestro Señor. Elisabet, cuando Cristo estaba en el vientre, ya reconocía a Cristo desde el vientre como su Señor. He venido a quitar la caricatura de Cristo que nos han vendido en Navidad, de que Cristo es un niño. No. El que nació fue tu Señor, y merece toda la dignidad. Los regalos que llevaron los sabios de Oriente eran regalos que se le daban oficialmente a un príncipe que había nacido.
Si Cristo es tu Señor, es la autoridad máxima sobre tu vida. Si Cristo es tu Señor, es quien le da dirección a todas tus acciones. Yo, predicando de esto, hermano, fui fuertemente confrontado. Siento que me ha faltado oración en este año. Si Cristo es mi Señor, ¿cómo que yo he tomado decisiones importantes en este año sin consultarlas con mi Señor? ¿Y quién me ha dado a mí ese nivel de libertad?
Hermano, ten cuidado con tus decisiones y consúltalas. Si Cristo es tu Señor, cualquier decisión sobre tu vida tiene que ser consultada con tu Señor en oración. Y cuando el Señor dice “no”, es no, y cuando dice “sí”, es sí.
¿Estás tú acostumbrado a recibir del Señor un “no” por respuesta? Hay gente que cree que Cristo es su consultor, que Cristo es su amigo, que Cristo es su asesor, que Cristo es su plomero, que Cristo es la persona que va a su casa y resuelve problemas. No. Tú estás bajo el señorío de Cristo en la Navidad.
Dependencia, contentamiento y obediencia a la Palabra
Aquí se complica: el que nació, cualquiera asume que nació un niño, algunos asumen que ese niño es Salvador, pero muy pocos asumen que quien nació fue su Señor. Hasta ese momento de mi vida yo había vivido con mucha libertad; yo entendía que podía tomar mis propias decisiones. Pero ahora nació mi Señor.
¿Saben para qué los cristianos oramos? Porque la oración anuncia dependencia y anuncia humildad. Cuando un cristiano ora está diciendo: “Señor, tú tienes la última palabra sobre mis decisiones”. Si Cristo es tu Señor, es la fuente de tu sustento.
Miren, los esclavos no tienen a quién quejarse si la provisión es poca. Si estás en Cristo en una relación de dependencia y señorío, lo que Cristo te haya dado tú tienes dos cosas para hacer con eso: o te quejas donde Cristo o desarrollas contentamiento. Si Cristo es tu Señor, en la queja debes ir a Él.
Te pregunto, hermano que estás aquí, que dices que Cristo es tu Salvador: ¿vives tu vida tú, en Navidad, para agradar al Señor? No. El hombre natural vive para agradarse a sí mismo o para agradar a los otros. Ahora, los cristianos que estamos bajo el señorío de Cristo vivimos para agradarle a Él. Dice la Escritura: “Hagan todas las cosas como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibirán la recompensa”.
Si Cristo es Señor sobre tu vida, temo que si Cristo fuera realmente Señor sobre nuestra vida, recibiríamos su Palabra de una manera distinta. Yo tengo todavía la sospecha de que algunos de mis hermanos vienen a la iglesia a recibir la predicación de la Escritura como si fueran recomendaciones. Hermano, todo lo que damos aquí de la Palabra del Señor no son recomendaciones; esto es autoritativo para todo aquel que esté bajo el señorío de Cristo.
Cuando se predica la Palabra, no se están proclamando las palabras del maestro en Constanza, Rafael Pérez; están predicando las Escrituras de tu Señor. Es más, cuando recibas la Escritura, hermano, recíbela como: “¡Wow, va a hablar el Señor!”. Esto que se está diciendo aquí tiene consecuencias sobre mí, esto es lo que me va a poner dirección; si el Señor dijo “a la izquierda”, a la izquierda.
¿Estás bajo el señorío de Cristo?
Yo traje del ejército esta ilustración. Tú quieres saber si tú estás bajo el señorío de Cristo, responde a esta pregunta. Tú dices: “Sí, Cristo nació. Guau, Cristo es mi Salvador”. Perfecto. “Cristo es mi Señor”. Veámoslo.
Hermano que estás aquí presente, traigo una pregunta para responder, mis hermanos, para terminar mi sermón. En Navidad proclamamos que Cristo nació, en Navidad proclamamos que Cristo es nuestro Salvador y en Navidad proclamamos que Cristo es el Señor. La pregunta es esta: “Pastor, yo quisiera saber si yo estoy bajo el señorío de Cristo o no”. Responde lo siguiente: ¿Te está siendo un chin difícil vivir la vida cristiana? ¿Tú luchas en tu día a día para hacer tu voluntad o la voluntad del Señor?
Si tú no estás luchando, si tú no sientes que tú estás pesando, muy probablemente tú no estás bajo el señorío de Cristo. Porque todas las relaciones que son de sujeción molestan un poquito. Tú quieres saber si realmente tú estás bajo el señorío de Cristo, pregúntate: “En esta semana, ¿en algún aspecto de mi vida yo luché para hacer mi voluntad o la voluntad de mi Señor? ¿En esta semana me fue un poco difícil hacer su voluntad?”. Si tú no estás sintiendo que te está pesando un poco la vida cristiana, muy probablemente tú vas por la libre.
Si tú sientes que la vida cristiana es como un fly, que se titula “Vive como tú quieras”, muy probablemente estás haciendo tu propia voluntad y no la voluntad de tu Señor. “Os ha nacido hoy… os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor”.
Hermano que está aquí presente, en Navidad proclama que nació el Señor. Quiero orar por mi iglesia, para que no solamente tengan una emoción de la Navidad, sino que tengan una convicción de salvación y que tengan una resolución de señorío. Cierra tus ojos ahí donde estás en este momento y permíteme orar para que el Señor nos fortalezca.
Llamado a reconocer al Salvador
Con tus ojos ahí cerrados te digo: asumo que hay dos grupos aquí. Un grupo necesita reconocer a Cristo como su Salvador, y otro grupo necesita reconfirmar a Cristo como su Señor. Quizás, hablando del primer grupo ahora, hay personas que todavía están lidiando con sus problemas según sus propios términos. Tengo para anunciarte que por ahí no se llega.
Estás atado al pecado, eres esclavo del pecado, estás vendido al pecado. Solamente con la ayuda sobrenatural del Salvador podrás recobrar tu libertad. Tú no podrás hacer la voluntad del Señor en tus propios términos; estás maniatado, estás atado con cadenas. Son las cadenas del pecado, estás en camino a la destrucción. Un esclavo no vive durante muchos años, mueren desgastados. El pecado te está destruyendo.
Mantén tus ojos ahí cerrados. Quizás tú eres un pecador que eres un preso de confianza del pecado y tienes una cadena larga, que tú puedes irte muy lejos. Eso no significa que tengas libertad. Estás muerto en tus delitos y pecados. Así dice el Señor: el Señor dice: “Tú necesitas un Salvador”.
Esclavo que estás aquí, que tienes cadenas largas y caminas lejos, esclavo que estás aquí, que los grilletes no aprietan mucho. Quizás tenemos esclavos en medio nuestro con grilletes holgados, y piensan: “Porque no siento las cadenas, entonces soy libre; porque puedo caminar muy lejos, entonces lo soy”. No. Dice la Escritura que estás muerto en tus delitos y pecados. Eres como Israel preso en Egipto; no podrás salir por tus propios medios. Con la mano poderosa del Señor es que las cadenas del pecado serán sueltas.
Gente que está aquí muerta en sus delitos y pecados, tenga la humildad necesaria para reconocer que te ha nacido en la ciudad de David un Salvador. Dice la Escritura:
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
— 1 Juan 1:9
En Navidad nos nació un Salvador.
Puedes decirle al Señor ahí, en oración, este domingo 15 de diciembre: “Señor, reconozco. Aprovecho este tiempo de gracia, aprovecho este año agradable para arreglar cuentas ante ti, y reconozco que soy pecador. Reconozco que estoy vendido al pecado, reconozco que no puedo hacer tu voluntad, que soy incapaz”.
Tengo que hacer énfasis: gente, reconozcan en Navidad que quien nació es el Salvador. Reconozcan su pecado. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos.
Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
— 2 Corintios 5:19
El Señor ha elegido, en este momento, pasar del algo ante las personas que pueden confesar su deuda. Él tiene el derecho para destruirte, pero Él quiere levantarte. Confiesa tus pecados; no lo hagas uno tras otro, son muchos. Dile al Señor: “Señor, mis pecados son demasiados. Tengo años viviendo, quizá el pecado más grave que he cometido es vivir de espaldas a Dios durante todo este tiempo. He gastado mi vida viviendo sin tomar en cuenta a un Dios”.
Llamado a reconocer el señorío de Cristo
Confiesa tus pecados. Si has confesado ante el Señor tus pecados, gloria al Señor, que hoy te ha nacido un Salvador. Oro ahora por mis hermanos que están aquí, que se llaman cristianos, pero viven sueltos. Oro ahora por mis hermanos que están aquí congregados que viven su día a día sin tener en cuenta que en el cielo hay un Dios.
Oro ahora por mis hermanos que están aquí congregados, que dicen que han sido salvos, pero que no están sintiendo el peso del señorío de Cristo sobre sus vidas. En Navidad reconocemos que este Salvador que ha nacido es Cristo y es el Señor, que Él tiene la autoridad máxima sobre tu vida.
Puedes decirle ahí ahora al Señor, con tus palabras: “A partir de este momento, Señor, yo resuelvo apegarme más a ti, consultar más mis cosas contigo, preguntar más sobre mis acciones si te agradan a ti o no te agradan”. Quizás puedes hoy darle al Señor el lugar que merece en tu vida.
Quizá puedes resolver y puedes confesar, como cristiano ahora, el pecado de la autosuficiencia. Quizás, como yo he hecho en esta semana, puedes tú mismo reconocer que has tomado decisiones importantes sin consultar detenidamente con el Señor. Quizá puedes reconocer ante el Señor que te has estado quejando por su provisión porque te ha dado poco, pero te ha dado lo que te conviene.
Quizá puedes ir ahí, en oración: “Señor, mira, hay insatisfacción en mi corazón porque no tengo tanto como quisiera tener, pero si reconozco que tú eres mi Señor, eres tú mi sustentador, y lo que tú me has dado lo recibo con contentamiento”.
“Os ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor”. Oro por mi iglesia que está aquí congregada. Mira, Señor, este ejército de pueblo, este pueblo como un ejército que ha sido comprado por ti a precio de sangre. Míranos, Padre, a cada uno de nosotros, que quizás hemos estado tomando decisiones sin consultar con el Señor, hemos estado viviendo, Señor, a la manera nuestra y no a la tuya.
Aprovechamos esta Navidad para proclamar tu señorío. Decimos que eres tú por encima de todo tu pueblo, Señor. Decimos que hemos sido comprados a precio de sangre, que somos posesión tuya.
Oración final y bendición
Gracias, Padre, por la salvación de nuestras almas. Gracias, Señor, por tu señorío sobre nosotros. Oro por este pueblo aquí reunido. Mira nuestra iglesia, Señor, en Navidad. Trae, Señor, un gozo que venga desde adentro. Gracias por tu buena voluntad, gracias por tu anuncio, gracias por la convicción, gracias por la esperanza. Señor, alegra mi iglesia en esta Navidad.
Gracias, Señor, por todas las personas que año tras año tú has arrebatado de las garras del pecado y que hoy pueden reconocer que tú eres su Salvador y que tú eres su Señor. Gracias, Señor, por tu Palabra predicada. En el nombre de Cristo, amén.
Hermanos, que el Señor les bendiga. Que el Señor, en mayúscula: Señor, les bendiga.