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La futura Gloria del templo

Ageo 2:1-9

Dios anima a su pueblo a reconstruir un templo aparentemente inferior, prometiendo que la gloria postrera de esa casa sería mayor que la primera, porque el Mesías mismo la llenaría con su presencia. Todo el Antiguo Testamento apunta finalmente a Cristo como el verdadero templo, sacerdote y sacrificio.

Predicado9 de noviembre de 2014
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Les pido que busquen su Biblia allí, libro del profeta Ageo, en el capítulo dos. Este es un libro corto del Antiguo Testamento, compuesto por cuatro profecías. Las cuatro profecías fueron dadas del Señor a su pueblo cuando regresó del cautiverio, y en cada una de las profecías se le dio un mensaje concreto. La primera profecía, por ejemplo, fue una reprensión; esta segunda es una palabra de ánimo al pueblo. Y me llama la atención cómo el Señor normalmente se refiere a su pueblo: no solamente viene a reprender, sino que la reprensión del Señor es con la intención de disciplinar y que el pueblo sea restaurado. En la primera profecía, que fue el capítulo 1, fue aquel sermón que vimos en marzo 9; el Señor estaba reprendiendo al pueblo porque había descuidado la reconstrucción del templo.

Aquí entonces el Señor viene a animar al pueblo, les da razones para concluir la obra. Quise terminar en el capítulo dos porque este capítulo termina señalando hacia Cristo, y ese es el propósito de todo el Antiguo Testamento. Marquen allí el capítulo dos del profeta Ageo. Estaremos considerando los versículos del 1 al 9, pero antes, como hacemos siempre, encomendémonos delante del Señor. Ahí donde ustedes están, extiendan su manito sobre alguna persona que tengan cerca, en una manifestación de que estamos juntos considerando la Palabra del Señor. Oremos a Él para que Él nos dirija en este tiempo de enseñanza. Con reverencia, Señor, con dependencia, con agradecimiento, con deleite, Padre, porque estamos con tus palabras que son dulces como la miel, nos encomendamos como iglesia delante de ti; permite que cada persona que está aquí hoy congregada.

En torno a ti, Señor, al ser puesta en contacto con tu Palabra, algo se mueva en su interior. Confiamos, Señor, en el poder que tiene tu Palabra para enmendar despropósitos, confiamos, Señor, en el poder que tiene tu Palabra para rectificar vidas, confiamos, Señor, en el poder que tiene tu Palabra para regenerar y para permitir que la gente pase de la indiferencia al interés. Permite que tu Palabra hoy expuesta produzca en nosotros esta buena obra y que cada uno, Señor, quede en mejor condición con relación a su relación contigo. Mira aquellos que no están quizás tan acostumbrados; permite que entiendan. Mira aquellos que ya son creyentes, Señor; permite que sean animados. Acompáñanos tú en este tiempo de enseñanza, en Cristo nuestro Señor.

La realidad del segundo templo y la decepción del pueblo

Amén. Dice así nuestra introducción, que está en sus programas: al comenzar la reconstrucción del templo, recuerden que el templo fue destruido, como vimos. Y cuando el pueblo fue destruido, el pueblo fue llevado al cautiverio y el templo también fue destruido y quedó en ruinas. Pasaron 70 años en el cautiverio y el Señor permitió, tal cual había sido profetizado, que el pueblo regresara a su ciudad y emprendiera la tarea de reconstruir el templo. Pero al comenzar la reconstrucción, los judíos tuvieron que enfrentar la triste realidad de que, aunque hicieran su mejor esfuerzo, este segundo templo —se le llama segundo templo porque el primer templo fue el templo de Salomón— no alcanzaría el esplendor del primero. Este segundo templo se llama también templo de Zorobabel porque fue el líder que dirigió la reconstrucción.

Los judíos tuvieron que enfrentar la realidad de que, aunque hicieran su mejor esfuerzo, este segundo templo no alcanzaría el esplendor del primero. La decepción fue tanta que, al contemplar las precariedades con que se pusieron los cimientos, quienes habían visto el primer templo lloraron en altavoz. El contraste era muy grande. El primer templo fue edificado con el Reino Unido; el segundo, con un remanente del reino dividido. El primero fue edificado por un rey; el segundo templo fue edificado por un gobernador civil, bajo el permiso de un rey extranjero. El primer templo fue edificado en medio de gran abundancia; el segundo, en relativa carencia. El primero fue majestuoso; el segundo templo fue un templo útil. El primero fue lleno con la gloria de Dios; dice que la gloria del Señor llenó el templo de Salomón.

El segundo tendría que esperar 400 años para ser llenado. Si para los judíos el templo era la presencia misma, era la representación de la presencia misma de Dios en medio de su pueblo, un templo desmejorado no era una buena señal. Comparar estas dos realidades hizo que el proyecto perdiera impulso. Entonces Dios habló por medio del profeta Ageo y animó al pueblo aun en la carencia. Él estaba detrás del proyecto; aun no fuera tan grande o majestuoso como el primero, este era un proyecto necesario. Y aunque tuvieran que esperar muchos años, llegaría el día en que el Rey definitivo entraría físicamente a ese templo, de forma tal que la gloria postrera de esa casa sería mayor que la primera.

Lectura de Ageo 2:1-9 y situación emocional de Israel

Hoy veremos principalmente cómo el Antiguo Testamento termina señalando a Cristo. Acompáñenme a Ageo, capítulo dos. Es uno de los últimos libros del Antiguo Testamento, está justo antes de Zacarías y de Malaquías. Estaremos considerando el capítulo dos, desde el versículo 1 y hasta el versículo 9. Pueden ponerse por un momento sobre sus pies para que leamos juntos la Palabra del Señor. En la primera profecía de Ageo, el Señor está reprendiendo a su pueblo porque había abandonado la labor de reconstrucción. En la segunda profecía de Ageo, el Señor está animando al pueblo ahora para que construya. Dice así la Palabra del Señor, capítulo dos del libro de Ageo, desde el versículo 1 y hasta el versículo 9:

En el mes séptimo, a los veintiún días del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: Habla ahora a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y al resto del pueblo, diciendo: ¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera? ¿Y cómo la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos? Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos. Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros; no temáis. Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones; y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.

— Ageo 2:1-9

Leo de nuevo el 9: la gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos, y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos. Pueden sentarse, hermanos, y consideremos este texto de las Escrituras. Pongámonos en el momento emocional en que estaba Israel. Ellos habían regresado de un largo cautiverio; lo que quedaba del pueblo era un remanente. Había personas que habían presenciado el reino en aquel momento, el Reino Unido, el reino unificado con una monarquía, personas que habían visto el esplendor de esta primera casa. Se ha permitido por la misericordia del Señor que este remanente saliera y regresara a sus tierras; cuando regresan a su tierra comienzan la labor de reconstrucción del templo.

Recuerdo cuando predicaba acerca del templo de Salomón, les enseñaba a ustedes la majestuosidad que tenía esta primera casa. Quiero enseñarles en primer lugar una comparación entre la primera casa y la segunda. El templo de Salomón fue un templo anhelado por Israel. Fue diseñado en tiempos del rey David y fue ejecutado en tiempos del rey Salomón. Esta era quizás uno de los proyectos más majestuosos de toda la antigüedad. No era un proyecto improvisado, no era un proyecto de última hora; esto fue un proyecto soñado por un rey, que fue el rey David, que anhelaba construir este templo y el Señor no se lo permitió. Entonces David se dedicó a soñar cómo debía ser el templo en que habitara el Dios de Israel. Imagínese la emoción con que David diseñó este templo, hizo todos los preparativos.

Comparación entre el templo de Salomón y el de Zorobabel

Es más, cuando llegó su hijo a gobernar, que fue el rey Salomón, al que el Señor le permitió edificar este templo, Salomón ya había recibido desde los contactos de quién iba a proveer la madera. Había un reino unificado para que se pudiera hacer una labor de construcción como esta construcción lo demandaba. Ya se habían hecho los preparativos hasta de la ordenanza que iba a tener este templo, del personal que iba a trabajar aquí dentro, y lo que hizo Salomón fue que lo ejecutó. Hermano, no es lo mismo una reconstrucción del templo por un pueblo que viene de 70 años de cautiverio, que llega aquí con una mano delante y otra detrás, a ver qué se hace, que un templo edificado en tiempos de Salomón, soñado durante una generación y edificado en la segunda. Imagínense la alegría. Bueno, el templo de Salomón fue construido con madera preciosa y con piedras preciosas.

Hubo una labor, hermano, una labor artesanal majestuosa. Si ustedes ven la edificación del tabernáculo, pónganle al tabernáculo 10 puntos más para adelante y usted va a encontrar el templo de Salomón. ¿Cómo fue este segundo templo? Fue una reconstrucción en medio de la carencia, en medio de precariedades. Aquel templo era de madera preciosa y de piedras y de perlas preciosas; este templo era un templo de piedra, se hizo con lo que había colocado bien en la tierra. Aquel templo era un templo mejor, un templo mejor construido, mejor amueblado y mejor servido. Este fue como un grupo minúsculo que vino a ver lo que se podía hacer. Yo quisiera leerles así rápido el libro de Esdras, el capítulo 3, para que ustedes vean la sensación que tuvo el pueblo cuando vio la reconstrucción. Escuchen Esdras, capítulo 3, del versículo 8 en adelante. Esto fue lo que sucedió cuando comenzó la reconstrucción:

En el año segundo de su venida a la casa de Dios en Jerusalén, en el mes segundo, comenzaron Zorobabel hijo de Salatiel, y Jesúa hijo de Josadac, y los otros sus hermanos, los sacerdotes y los levitas, y todos los que habían venido de la cautividad a Jerusalén; y pusieron a los levitas de veinte años arriba para que activasen la obra de la casa de Jehová. Y Jesúa también, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá, como un solo hombre, asistían para activar a los que hacían la obra en la casa de Dios; junto con los hijos de Henadad, sus hijos y sus hermanos levitas. Y cuando los albañiles del templo de Jehová echaban los cimientos, pusieron a los sacerdotes vestidos de sus ropas, con trompetas, y a los levitas hijos de Asaf con címbalos, para que alabasen a Jehová, según la ordenanza de David rey de Israel. Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová. Pero muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz; mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría. Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos.

— Esdras 3:8-13

Había una combinación que no envidiaba a ningún templo. Estaban celebrando: “¡Guau, un templo reconstruido!”. Pero quienes habían visto la gloria de la casa primera, dice que lloraban. Tenían que llorar. Es como el que haya visto el esplendor del pueblo del Señor unificado, cuando se hacían las cosas a la manera de Dios, y ahora usted vea en medio de cenizas, en medio de ruina, cuando se están poniendo los cimientos sobre algo que quedó. El primer templo se hizo con reino unido; este con el remanente de una sola tribu. O sea, en aquel momento había 12 tribus unificadas y puestas a construir; ahora queda el sobrante de la tribu de Judá, que vino del exilio, y esta única tribu es la que está edificando. El anterior en gran abundancia; aquí en relativa carencia.

“¿Quién ha quedado?”, decía el Señor. “Han quedado algunos y recuerdan la gloria de la casa anterior”. Esta fue la razón por la cual el proyecto se detuvo. Siempre los más mayores dicen: “Las cosas de ahora no son como las cosas de antes”. Eso es algo que dice todo el que vio una realidad y ahora ve otra, dice: “Las cosas de antes…”. Y aquí era verdad. No eran los mismos materiales, no era la misma madera, no era la misma emoción, no era la misma expectativa.

Dios anima: “Yo estoy con vosotros” y la dignidad de una casa humilde

Y sobre todo, hermano, cuando este templo se hizo, la gloria del Señor no lo llenó. Entonces viene el Señor; en la segunda parte les enseñaré que el Señor vino para ayudarles. Lo primero que el Señor les dice está ahí: el Señor les dice “Yo estoy con vosotros”. Aquí hay una aplicación, hermano, interesante para cuando uno hace la obra del Señor. Hay veces que uno se involucra en proyectos para la gloria del Señor que, humanamente hablando, son proyectos como que desmotivan. Pero uno sabe que son proyectos que necesitan ser hechos porque el Señor está con nosotros, no necesariamente porque aquí haya mucha gloria. El Señor puede utilizar una casa disminuida para un propósito que es muy grande.

El Señor está hablando por medio de Ageo y le dice: “Es necesario que se reconstruya ese templo, aunque lo que puedan reconstruir sea un templo de piedra, porque eventualmente el Rey vendrá, y cuando el Rey vendrá, al Rey le hace falta que habite un templo”. Anteriormente se hacían estos templos y los pueblos de la antigüedad lo hacían, y los reyes venían, y como que de algún modo entendían que su deidad estaba ahí. El Señor está diciendo: “Es necesario que el templo se reconstruya porque eventualmente llegará el verdadero Rey”. Quise cerrar aquí, hermano, porque todo se va a juntar con los sermones de Navidad. En Navidad, la iglesia cristiana celebra que eventualmente llegó el verdadero Rey, llegó el verdadero Sacerdote, llegó el verdadero sacrificio, y este templo de algún modo tuvo un uso. Este mismo templo, que es el templo de Zorobabel, eventualmente tuvo una segunda reconstrucción en tiempos de Herodes.

Lo que hizo Herodes después fue que tomó los cimientos de Zorobabel y le puso un enchape de oro. Puso como una fachada, y el templo llegó a tener un poco de dignidad, un poco de esplendor. Parece que era bonito. Este templo era un templo de piedra, le digo, hermano, una casa de piedra hecha con lo que había en medio de la ruina, no impresiona mucho; pero en tiempos de Cristo vino Herodes y lo que hizo fue que la fachada del templo la recubrió. Él hizo una plancha de oro, de manera que eso se veía a kilómetros de distancia cuando el sol brillaba. Los discípulos llevaron a Jesús al templo, le dijeron: “Maestro, ven, que tú no has visto el templo, para que lo veas”, y cuando Él fue y lo vio les dijo: “Oigan, ustedes están celebrando este asunto, y de aquí a poco aquí no habrá piedra sobre piedra que no sea destruida”.

Hay una lección espiritual en esto, hermano. Es cómo a veces se piensa que el Señor habita los espacios porque hay pompa, porque hay esplendor. El Señor puede utilizar instrumentos relativamente disminuidos para propósitos que son muy grandes, y hay veces que el Señor elige habitar cosas humildes para enseñar que la gloria de una casa no depende de los materiales con que esa casa está construida, que la presencia del Señor es más valiosa que la madera y que las piedras preciosas. Aquí hay una lección para la iglesia cristiana. Yo les he contado a ustedes esa anécdota y vuelvo y se la cuento: cuando yo he ido a Pedernales a visitar mis familiares de allá, en la carretera yo he contado más de 40 iglesias locales.

Están en casitas de tejamaní, en casitas de palitos de madera, y se están yendo de lado; pero cuando veo esas pequeñas casas disminuidas, yo digo: ahí dentro se congrega el pueblo del Señor, y esa casa es hermosa. Esa casa es importante, no porque es una casa que tenga paredes o aires acondicionados; esa casa es importante porque ahí adentro habita el pueblo del Señor, y dice la Escritura que el Señor habita en medio de la alabanza de su pueblo y que donde hay dos o tres reunidos en su nombre, ahí está Él. Con relación al templo de Salomón, el templo de Zorobabel era insignificante por comparación. Pero por relación a quien eventualmente habitaría ese templo, era un templo necesario, se hacía necesaria su reconstrucción. Dios está con nosotros a pesar de lo que aparentemente pueda significar. Esta es la dignidad que tiene el pueblo del Señor, hermano. No se confunda: la dignidad de una congregación cristiana no depende ni del lugar donde se reúnen, ni del liderazgo, ni siquiera de su membresía, que son las cosas que la gente regularmente busca.

La dignidad de una iglesia del Señor depende de que el Señor está en medio de la alabanza de su pueblo, y cuando hay dos o tres reunidos a su nombre, ahí está Él. El Señor vino a decirles: “Reconstruyan esta casa, porque esta casa quizás en apariencia no se compare con la casa anterior”, pero les dice: “Mía es la plata y mío es el oro”. ¿Qué está diciendo el Señor? “Para ustedes agradarme, no tienen que buscar esas cosas, porque esas cosas ya son mías. Si pueden buscarlas, búsquenlas; si Herodes puede hacer un enchape de oro, que lo haga. Pero esta casa será dignificada cuando el verdadero Rey, cuando el verdadero Sacerdote entonces entre a esta casa. La gloria de esta casa, la gloria postrera de esta casa será mayor que la gloria primera”.

Abundancia, carencia y proyectos que trascienden generaciones

¿Qué otras lecciones espirituales vemos aquí, hermano? Que hay tiempos en que la obra del Señor se hace en medio de la abundancia y hay tiempos en que la obra del Señor se hace en medio de la carencia. Miren, en tiempos de Salomón, la alegría que había en el pueblo era tanta que se desbordó en generosidad, y dice en un momento que Salomón tuvo que decirles: “Ya no traigan más, que no hay dónde guardarlo”. En este segundo templo, la carencia hizo que el pueblo entonces, en vez de generosidad, dijera: “Ya que eso no va a quedar bonito, ¿para qué vamos a dar? Ya que eso nunca va a tener la gloria del templo de Salomón, ¿para qué reconstruir?”. Aquí hay una lección espiritual para nosotros, hermano. Hay veces que uno edificará la casa del Señor en este tiempo, que es su iglesia, en condiciones de abundancia y habrá fruto, habrá alegría; y hay veces que uno tendrá que hacerlo por convicción.

Alienta a Zorobabel, le decía: “No se desmotiven; hagan la obra no por emoción, sino por convicción”. Hay veces que la obra del Señor, hermano, no se hará en medio de abundancia y hay veces que se hará en medio de la carencia, pero siempre hay que hacer la obra del Señor. Otra lección espiritual es que los proyectos de Dios regularmente trascienden a más de una generación. Esta generación que estaba aquí reconstruyendo no sería la generación que vería cuando la gloria del Señor eventualmente llenara esa casa. Pasaron 400 años. Hermanos, hay veces que uno hace cosas para el Señor que quizás sean los hijos de uno, los nietos, los que tendrán que verlas consumadas. Pero uno lo hace por convicción. Quizás nosotros muramos y todavía no veamos la consumación de las cosas para las cuales estamos trabajando hoy, pero hay que hacerlas.

Zorobabel no vio la gloria de esa casa, pero hizo en su tiempo lo que podía haber hecho para que eventualmente quien iba a habitar en esa casa entonces la visitara. Hermano, tú y yo quizá no veamos la venida de Cristo en su majestad; quizá ya estemos en su presencia cuando Él venga. Quizá tú y yo no veamos la obra que el Señor puede hacer por medio de nuestra iglesia local, pero tendremos que hacer en nuestro tiempo lo que haya que hacer por convicción, porque quizás el Señor se deleite en esperar 400 años para hacer algo muy grande. Ahora vamos a tratar que los cimientos sean buenos. Yo no sé, hermano, si las personas que van a empujar esta obra dentro de unos años, quiénes serán. Quizás sea la niña de Egar y de Julissa, que viene por ahí caminando, quizás sea Lucas.

Quizás sea Isabel, quizás sea Julián, no sabemos, hermano; pero hay veces que el Señor elige, quizás sea Diego, Carlos, quizás sea Gilberto, quizás sea alguno de nuestros niños. Uno no sabe, hermano, pero hay proyectos del Señor que tardan 400 años y cada generación tiene que hacer su parte hasta que el Señor consume su proyecto. La iglesia del Señor no es el proyecto de un hombre, no es el proyecto de una generación. Hay veces, hermano, que hay que construir durante decenios; pasarán 100 años, pero lo que el Señor va a hacer, lo hará. Eventualmente esta casa fue llenada de gloria. Otra cosa que les dice el Señor aquí, les está dando ánimo para construir. Él les dice: ustedes tienen que trabajar y tienen que hacerlo. Quiero leerlo nuevamente, escuchen la palabra de ánimo del Señor en el capítulo dos.

Él les dice, versículo cuatro:

Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos. Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros; no temáis.

— Ageo 2:4-5

Hermano, no lo dudes ni por un instante: cuando usted hace las cosas de Dios a la manera en que el Señor lo ha determinado, sin importar lo que digan los ojos, “yo estoy con vosotros”. Sin importar que los elementos no sean majestuosos, sin importar que el respaldo no se vea, “yo estoy con vosotros”. Es un asunto de convicción, no de lo que digan los ojos.

En primer lugar, les he dicho, hermano, que hay veces que uno compara la gloria anterior de algo y no se da cuenta, humanamente hablando, que no vale la pena desmotivarse. En segundo lugar, les he dicho que podemos tener ánimo para continuar, no según lo que dicen nuestros ojos, sino por convicción. En tercer lugar, permítanme hablarles de la gloria futura. Esta es la promesa del Señor sobre esa casa y quiero ver dónde se cumplió la promesa. Dice la Palabra del Señor desde el 6 en adelante:

Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones; y vendrá el Deseado de todas las naciones, y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos.

— Ageo 2:6-7

La mayoría de las Biblias pone la palabra “Deseado” y pone la “D” mayúscula. Ese Deseado de todas las naciones se llama Jesús. “De aquí a poco yo haré todas estas cosas y vendrá el Deseado”.

“De aquí a poco” y el Deseado de todas las naciones

Yo les pregunto, hermano: “De aquí a poco”, ¿cuánto fue ese “de aquí a poco”? ¿Como cuántos años usted le calcula a ese “de aquí a poco”, hermano? Cuatrocientos y algo son “de aquí a poco”. Bueno, dice la Escritura en otra parte que para el Señor un día es como mil años y mil años son como un día. Recuerde que Él es eterno; nosotros somos temporales. El Señor habita la eternidad; lo que para ti es una vida entera de 70 años, para el Señor eso es menos que un punto. Oigan cómo son los tiempos del Señor. El Señor dice: “De aquí a poco yo haré todas estas cosas”. Quizás Ageo y esa gente entendían que eso era para la semana entrante: “de aquí a poco”. Hermano, a veces nosotros como creyentes… el Señor dijo: “He aquí, yo vengo pronto”. Cuando Él vino y se fue, nos dijo: “He aquí, yo vengo pronto”. Han pasado 2000 años, hermano.

Yo quiero ponerles un poquito el contexto con la perspectiva de Dios. El Señor parece que no tiene la misma dimensión del tiempo que tenemos nosotros. Si el Señor dice que “de aquí a poco” y pasaron 400 años, si Él dijo que “vengo pronto”, hermano, sigamos esperando, que tarde o temprano el Rey nuevamente vendrá. Ese “de aquí a poco” debe ser palabra de ánimo para todos nosotros. Hermano, el Señor duró 400 años después de esto sin hablar, pero Él les dice aquí:

De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones; y vendrá el Deseado de todas las naciones.

— Ageo 2:6-7

Primero les he enseñado qué significa “de aquí a poco”: son muchos años desde la perspectiva nuestra, pero poco desde la mente de Dios. Ahora dice aquí que es el Deseado de todas las naciones. Pero la realidad es que las naciones no están deseando a Cristo. Pero la realidad es que Cristo es lo que necesitan todas las naciones. Desde la perspectiva de Dios, Cristo debería ser el Deseado por las naciones, pero las naciones no le desean. Es más, ni siquiera su propio pueblo le deseaba.

Cuando quien verdaderamente iba a habitar ese templo llegó, lo crucificaron. O sea, ni siquiera del pueblo de Israel era el Deseado. Pero aquí el Padre dice que Él iba a enviar al Deseado de todas las naciones. Aquí hay un gran cambio en la perspectiva judía. Miren, los judíos siempre entendieron: “Nosotros tenemos un Dios, en nuestro templo, en nuestro territorio”. Aquí el Señor está diciendo que cuando venga el Deseado no va a ser el Deseado de Israel, sino el Deseado de todas las naciones. Guárdenme eso ahí para Navidad, hermano, porque así mismo comienza el Evangelio de Lucas. Ya entonces no es el Deseado de “nosotros”, sino el Deseado de todas las naciones: el Deseado de los judíos, el Deseado de los dominicanos, el Deseado de todos los países, el Deseado de todas las naciones.

Y después termina diciendo:

…y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos.

— Ageo 2:7

Tres cosas: “De aquí a poco”; lo segundo, el Deseado va a ser para todas las naciones; y lo tercero, que cuando venga el Deseado de todas las naciones, entonces se llenará esa casa de gloria. Aquí se cambia la perspectiva. Anteriormente la casa era gloriosa por la madera y los ornamentos; ahora la casa será gloriosa por la dignidad de la persona que habitaría eventualmente en esa casa. Yo trabajé en una propiedad muy antigua de la zona colonial; está en la calle Las Mercedes, creo que Las Mercedes 135. Es una casa muy antigua, una casa muy vieja, o sea, no es una casa nueva; pero ahí en esa casa a mí siempre me dijeron —y había cantidad de turistas que iban a sacarse fotos—, a mí siempre me dijeron: “En esta casa habitó un personaje histórico”.

La verdadera gloria de una casa: quién la habita

Y yo entendí que eso era así. Me puse a investigar la historia, hermano, y ese personaje ni siquiera habitó esa casa, sino que el personaje vino aquí a reunirse con Máximo Gómez y durmió en esa casa alguna noche. Hace 400 años, en esa habitación durmió un personaje histórico, y todavía están viviendo de ese asunto. Hermano, lo que hace digno un lugar no son los elementos de los cuales ese lugar está construido, sino la persona que habitó en esa casa. Caminan por todas las ruinas de la ciudad colonial: “Ahí vivió Juan Pablo Duarte, ahí vivieron sus familiares, ahí estaba…” Lo que hace importante esa casa no es si son casas de madera o si son casas de tabla, si son casas de madera o si son casas de concreto. Lo que hace importante una casa es la persona que la habitó. El Señor decía: “Este templo es un templo que será eventualmente muy digno, no porque ustedes puedan hacerlo de oro o puedan hacerlo de plata; será muy digno por la persona que eventualmente irá a habitar este templo”.

Lo que me llama la atención, hermano, es que esto está tan claro. Los judíos siempre entendieron que el Mesías iba a habitar en el segundo templo. Lo había profetizado por allá el profeta Ezequiel, Ageo lo anunció, todos los profetas menores hablaron de que eventualmente vendría el Mesías y que habitaría en este templo. Bueno, vino el Mesías y estuvo en ese templo. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. La paradoja de todo esto, hermano, es que era tan claro el anuncio… Los judíos cerraron los ojos a esta realidad: eventualmente vendría un Mesías y habitaría ese templo, y cuando el Mesías vino y habitó el templo, los judíos no lo vieron. Todavía los judíos estaban esperando: “No, ahí va a venir el Mesías, y ahí en ese templo va a venir el Mesías”. En el año 70 después de Cristo, el templo ya reconstruido por Zorobabel y reconstruido por Herodes lo destruyeron completamente.

Todavía los judíos están esperando que eventualmente va a haber… Todavía están hablando de un tercer templo y hoy tienen los planos de cómo es que va a ser el tercer templo, porque “para que venga el Mesías, entonces tiene que venir el tercer templo”. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. Hermano, estaba tan claro, era tan evidente, era tan evidente que el Mesías iba a estar en ese templo, y de hecho estuvo, que cuando el Mesías estuvo en el templo —¿sabe quién fue el primero que identificó, para que ustedes vean la ceguera que tenían los judíos?—, ¿usted quiere saber si los judíos eran ciegos en ese asunto? El Mesías estuvo en ese templo y llenó ese templo de gloria, pero ellos eran tan ciegos espiritualmente hablando, que el único que pudo identificar eso era un ciego de nacimiento; se llamaba Simeón. Es tan grande la paradoja de Cristo: el Mesías iba a venir y Él dijo que iba a llenar esa casa de gloria. ¿O no lo dijo? Lo dijo.

Simeón reconoce la gloria en el templo y cumplimiento de la promesa

Pues los judíos estaban cegados. Le digo, todavía hoy están esperando que va a venir en el tercer templo. Dicen ahora: “La Biblia en ninguna parte habla de eso” y ellos andan soñando con que con el tercer templo va a venir el Mesías. Hermano, el Señor habitó en ese templo, pero los judíos estaban tan ciegos espiritualmente que el Señor permitió en su providencia que quien viera lo que realmente estaba sucediendo ahí y la gloria que estaba llenando ese templo fue un ciego de nacimiento llamado Simeón. Lucas capítulo dos dice así, capítulo dos, versículo 22 en adelante:

Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: un par de tórtolas, o dos palominos. Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.

— Lucas 2:22-26

Este hombre estaba en el templo, hermano; el templo ese de piedra, maltrecho, que no había gran cosa para celebrar, estaba esperando el momento en que ese templo se llenara de gloria. Dice el capítulo dos, versículo 27:

Y movido por el Espíritu vino al templo; y cuando los padres del Niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel.

— Lucas 2:27-32

Los ojos de un ciego de nacimiento vieron espiritualmente la salvación, “la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel”. Hermano, en ese momento la casa verdaderamente se llenó de gloria. “La cual has preparado en presencia de todos los pueblos, luz para revelación a los gentiles y gloria para tu pueblo Israel”.

De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones; y vendrá el Deseado de todas las naciones, y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.

— Ageo 2:6-9

Fue la paradoja de todo esto, hermanos, que los judíos no entendieron que definitivamente esa casa se llenó de gloria. Ellos no vieron la majestuosidad, porque estaban esperando el oro, estaban esperando la plata. La majestuosidad del templo de Zorobabel no estuvo por el material con que estuvo edificado, sino que fue el templo al cual llegó el verdadero Sacerdote. En primer lugar, hermanos, he visto la comparación con ustedes. En segundo lugar, les he dicho que hay que hacer la obra del Señor a pesar de que tengamos que esperar un “poco” de tiempo, y ese poco de tiempo puede ser 400 o 2000 años. Y en tercer lugar, les he dicho que la promesa de la gloria futura realmente se cumplió.

Cristo como templo verdadero y centro de toda la Escritura

Con esto he venido a cerrar, hermanos. Látigo de talento, hermano, y quiero hacer un resumen. ¿Usted quiere saber cuál es la dignidad que tiene Cristo? Cuando Él entró al templo, le estaban hablando de diferentes asuntos, y Él les dijo a los suyos, les dijo en Mateo: “Aquí ahora mismo hay uno que es más grande que el templo mismo”. La realidad no es que Cristo es sólo un nuevo y mejor templo; Él le dijo a los judíos, les dijo: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré”. ¿Qué templo? El Señor se estaba refiriendo a sí mismo. Él estaba diciendo: “Yo soy el verdadero templo. Yo no necesito asuntos hechos de piedra, porque yo soy el verdadero templo”. Les dijo: “Destruyan este templo…”. La Escritura, hermano, tiene tipos y antitipos, y una cosa se cumple en la otra. Eventualmente ese templo lo destruyeron.

Y el Señor lo levantó en tres días, porque el Señor resucitó. Cristo es el verdadero templo, el templo perfecto, un nuevo y mejor templo. Cristo es el verdadero Sacerdote, un nuevo y mejor Sacerdote que intercede por todos nosotros. Cristo es un nuevo y mejor sacrificio, un sacrificio perfecto porque se hizo una vez y para siempre. Los judíos valoraban el templo porque desde el templo era que ellos entendían que Dios hablaba; Cristo verdaderamente es la voz de Dios. Ellos valoraban el templo porque entendían que a través del templo ellos podían entrar en contacto con Dios. Él dijo: “He aquí que yo soy el camino, yo soy la verdad y yo soy la vida, y nadie viene al Padre si no es por mí”. Destruyan ese templo en el 70, y todavía la gente podrá venir al Padre a través de mí. Cristo fue el templo destruido, pero Cristo también fue el templo levantado.

Todo el Antiguo Testamento termina enseñando a Cristo. Todo en Cristo, hermano, es nuevo y todo en Cristo es mejor. Espero, con la ayuda del Señor, a finales de noviembre empezar los temas de Navidad, hablando de Cristo en el cumplimiento profético, pero quiero cerrar los temas del Antiguo Testamento con lo siguiente: a pesar de que tiene diferentes libros, a pesar de que fue escrito en diferentes momentos históricos, la Biblia no tiene diez temas ni tiene once, tiene un solo tema general. Todo en la Escritura apunta hacia Cristo. Usted podría comenzar a leer la Escritura en Génesis, y en Génesis usted encontrará que la Escritura habla de Cristo. Usted podría tomar los profetas, y todos los profetas apuntaban hacia Cristo. Usted puede tomar el templo de Israel, puede tomar la historia de Israel, y toda la historia de Israel apunta hacia Cristo.

La Biblia completa tiene un tema único y central, y ese tema es Cristo. Yo por eso les he traído un video que creo que explica esto de manera magistral. Vamos a permitir que Tomás… quizás antes se pueden mover todos para que puedan mirar hacia acá, y apagamos la luz. Hace un momento allá nuestra hermana Bertania, para que cerremos esta serie de sermones acerca del Antiguo Testamento hablando acerca de Cristo.

La Biblia no es una serie de historias desconectadas; es un solo narrativo en que cada historia y cada personaje señala a una Persona que es más grande. La historia de Adán y Eva no se trata sólo del primer hombre y la primera mujer: hay un mejor y verdadero Adán que pasó la prueba en el huerto y cuya obediencia se nos confiere. Hay un mejor y verdadero Abel que fue inocentemente asesinado y cuya sangre clama por nuestra absolución en vez de nuestra condenación. Hay un mejor y verdadero Abraham, quien contestó el llamado de Dios para dejar todo lo cómodo y familiar y salir al vacío a crear un nuevo pueblo de Dios. Hay un mejor y verdadero Isaac, el hijo de risa, de gracia, que no sólo fue ofrecido por su padre en el monte, sino que verdaderamente fue sacrificado por nosotros. Hay un mejor y verdadero Jacob, quien luchó y recibió el golpe de justicia que nosotros merecíamos, para que, al igual que Jacob, sólo recibiéramos las heridas de gracia que nos despiertan y nos disciplinan. Hay un mejor y verdadero José, quien a la diestra del rey perdona a los que le traicionaron y vendieron y que usa su nuevo poder para salvarlos. Hay un mejor y verdadero Moisés, quien se pone en la brecha entre el pueblo y el Señor y es mediador de un nuevo pacto. Hay una mejor y verdadera peña de Moisés, la cual, al golpearla con la vara de la justicia de Dios, nos brinda agua en el desierto. Hay un mejor y verdadero Job, quien de veras sufrió inocentemente para después interceder por y salvar a sus amigos insensatos. Hay un mejor y verdadero David, cuya victoria se convierte en la victoria del pueblo, aunque ellos mismos ni siquiera levantaron una piedra. Hay una mejor y verdadera Ester, quien no sólo arriesgó perder un palacio terrenal, sino que perdió su gran palacio celestial; no sólo arriesgó su vida, sino que la entregó para salvar a su pueblo. Hay un mejor y verdadero Jonás, arrojado a la tempestad por el rescate de muchos. Hay un mejor y verdadero cordero pascual, inocente, perfecto, indiviso, inmolado para que pasara de largo el ángel de la muerte. Él es el verdadero templo, el verdadero profeta, sacerdote y rey, el verdadero cordero y sacrificio, la luz verdadera y el pan verdadero. La Biblia no es una serie de historias desconectadas; es un solo narrativo que nos señala a una Persona: a Jesús.

Gloria al Señor, hermanos. Ese es todo el Antiguo Testamento en cuatro minutos. Tenemos un mejor y verdadero templo, que es Cristo. Oremos para que todos estos sermones, predicando nueve meses acerca del Antiguo Testamento, acompañen a nuestra iglesia, no solamente en este año, sino que la acompañen hasta que el Señor nos permita hacer su obra en esta tierra. Oremos al Señor.

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