Eso para que el Señor traiga abundancia a este cuerpo de él, que él quiere que sigamos ensanchando su territorio. Me gustó mucho el vídeo que presentaron ahorita y le voy a dar rápidamente un testimonio. Una vez yo, en mi carro, voy saliendo de mi iglesia y veo un señor con una Biblia y digo: bueno, usted tiene que ser cristiano, y decido darle un empujón. Cuando yo lo monto, él me pregunta que si yo soy de esa iglesia que estaba en esa calle; le digo que sí. “¿Usted conoce al hermano…?” Yo: “Sí, sí, claro”, pero un hermano de esos hermanos que son solamente tan tranquilos en su asiento.
El caso es que cinco años antes ese hermano, en un culto en uno de los hogares, tuvo una exhortación de manera tal que este señor, que estaba de visita y como vecino, duró cinco años martillándole esa exhortación en la cabeza. Dice él que no tuvo tranquilidad por cinco años, hasta que entonces no le quedó otra solución que entregarse a los caminos del Señor. Y él me decía: “Ese hermano no sabe esa historia, hace cinco años de eso”. Pero por eso lo importante, hermanos, de que, como vimos en el videíto de que se siembra, nos mantengamos diciéndole a otros: hay una esperanza para el mundo de hoy.
En la mañana de hoy quiero hablarle de una información muy importante que descubrí aquí en el libro de Génesis, y quiero que me acompañen por favor a buscar en el libro de Génesis su capítulo 22. Y vamos a estar trabajando los versículos desde el 1 hasta el 14. Es una historia que quizás la hemos trabajado varias veces, la conocemos de memoria, y tiene que ver con aquel intento de sacrificio que el Señor le pidió entonces a nuestro hermano Abraham.
El cuento del Mercedes Benz y las prioridades
Había una vez un señor muy rico, iba en su Mercedes Benz por una calle, a todo lo que da, en una curva peligrosa. El carro se desvía y cae, y está el carro todo desbaratado. El tipo tuvo que romper la puerta, pidiendo: “Auxilio, auxilio, auxilio, auxilio”. Llega una persona de la comunidad y lo ayuda a salir de ahí, y el hombre está llorando: “Ay, mi carro, mi carro, mi carro, ay, pero mi carro”. Y el hombre trata de ayudarlo, le dice: “Señor, pero usted en el accidente perdió un brazo, vamos a atender primeramente su brazo”. Y dice: “¡Ay, mi Rolex!”.
Para él era mucho más importante, primero el carro y luego entonces el Rolex, el reloj. Nosotros mismos muchas veces tenemos problemas con nuestras prioridades, y por eso yo quise hablar en la mañana de hoy sobre cuando nuestras prioridades son puestas a prueba. Ahorita nuestra hermana Guada daba el testimonio de su niño, y me llama mucho la atención que ella dice: “Cuando yo volví en sí, cuando yo me tranquilicé”. O sea que ella estaba intranquila, había perdido la paciencia, se le fue todo a pique. ¿Por qué? Porque había tenido un problema su hijo en el colegio.
Nosotros cuando estamos aquí en la iglesia, domingo en la mañana, todo está muy bien. Ahora bien, cuando se nos pone a prueba, ahí es que la cosa se nos pone un poquito difícil. Vamos a ver si esto funciona: “Cuando nuestras prioridades son puestas a prueba”. Y voy a leer aquí, entonces, como les estuve diciendo, en el capítulo 22, los versículos del 1 al 14, una de las pruebas más difíciles que yo he visto en la Biblia.
Lectura de Génesis 22: la prueba de Abraham
Aconteció después de estas cosas, que Dios probó a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.
Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo; y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.
Cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.
— Génesis 22:1-14
Aquí vemos una historia muy interesante, la hemos conocido muchas veces, pero vamos a ver entonces qué sucede cuando nuestras prioridades son puestas a prueba. Los versículos 1, 2 y 7 los voy a releer. En el 1: “Aconteció después de estas cosas que Dios probó…”, ¿a quién probó? A Abraham. Y entonces le mandó esta comisión tan interesante. En el versículo 2: “Toma ahora a tu hijo Isaac, sacrifícalo”, esa fue la comisión que le dio.
Y en el 7 dice: “Después dijo Isaac a Abraham su padre: Padre mío. —Heme aquí—. Tenemos el fuego, tenemos la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?”. ¿A quién vamos a amar más? Otra vez nuestra hermana Guada: ¿a quién amó más Guadalupe? En primera instancia, ella termina su testimonio muy lindo diciendo: “Lloré por el niño, el niño terminó siendo mejor amigo”, pero esa fue su primera instancia. Su corazón primeramente se inclinó hacia su hijo, como es natural, y yo lo guardo cocotazo a ese muchachito cuando yo lo vea.
Cuando Dios prueba a quién amamos más
Nosotros cuando estamos fríos, todo funciona bien, el problema es cuando somos probados. Aquí empieza diciéndote el pasaje que el Señor, ¿qué fue lo que hizo con Abraham? Lo probó. Ahora, muy lindo leerlo y decir: “Ah no, pero era solamente una prueba”. Muy lindo, pero que lo diga una iglesia como la nuestra, que está llena de muchos niños, y que el Señor nos mande una cosa tan interesante como esta.
Algo muy interesante de esto es que Abraham tenía a su único hijo Isaac, a quien él amaba, dice ahí. Isaac a lo mejor estaba en su mejor edad, un adolescente de algunos 13, 14 años, que ya uno está pensando: bueno, este va a ser el ingeniero de la casa, o este va a ser el doctor, o tal cosa. Uno siempre se vive haciendo imagen de sus hijos, y dice: “No los vecinos, no, no, ese es mi hijo, ese es el que saca buenas notas, ese es el duro en la clase”. Y en ese momento entonces el Señor decide probar a Abraham, y la pregunta es: ¿a quién tú vas a amar?
Isaac también era un hijo esperado en su vejez, el preferido de la casa, el heredero de la promesa. Le había dicho el Señor una promesa grandísima a Abraham, ¿verdad que sí? “Tú vas a tener hijos, muchacho, como la arena del mar, y toda esta gente va a ser hijo tuyo”. Y sin embargo, ahora le pide que esa única herencia entonces sea entregada al Señor. ¿Amaba Abraham o no a Isaac? Lo amaba. ¿Y entonces a quién tú amas? Cuando el Señor le pone a elegir entre: “Yo, Dios, y tu hijo Isaac”, qué problema, eh.
Ilustraciones de amores en competencia
¿Alguno de ustedes… dime, Ruth, tú que estás del lado de los jovencitos de aquí, la novia que te pone a elegir: mira a ver qué es lo que tú vas a hacer… Ninguna otra ha tenido una novia que lo pusiera a elegir alguna vez? Yo tuve una una vez que quedamos de juntarnos y yo no aparecí. Y ella me llamó: “Ven acá, pero, ¿tú no vienes para mi casa hoy?”. Yo le dije: “Sí, lo que pasó fue que estaba lloviendo”. “Ah, pero tú eres de azúcar”. Y dije yo: “Ay papá”. Hermano, compré un paraguas el otro día, porque Josefina me tiró ese gancho ahí.
Y muchas veces cuando nuestras novias nos ponen a elegir alguna cosa, “vamos a ver si tú te pones en fila con tal cosa”, entonces uno como que lo piensa dos veces y se alinea un poquito. El Señor así mismo fue que le hizo a Abraham: lo puso a elegir, y la pregunta era esta: “Abraham, ¿a quién tú vas a amar? ¿A quién tú amas más?”.
Gracias, siervo. Si alguien puede ayudarme con el Salmo 27:10 y en Habacuc 3, los versículos 17 al 19, por favor. Esa es la pregunta para Abraham, y su respuesta entonces iba a reflejar todo lo que significaba el amor en su vida. Salmo 27:10, por favor: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá”. Y en Habacuc 3:17-19.
Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
— Habacuc 3:17-18
Déjelo ahí ya. Pero así es, hermanos, realmente. Ahora se ve muy fácil leer y ver que Abraham “salió bien de esta”, pero Abraham no salió bien “de gratis”; Abraham tomó una decisión importante en su vida bajo esta pregunta de: “¿A quién tú vas a amar?”. Y él dijo, bueno… ¿qué fue lo que le respondió a su hijo? “El Señor va a proveer, Él va a buscar alguna solución, se va a inventar”, sobre esa fe grandísima que tenía. Ya sabía que el Señor no le iba a fallar y dijo: “Bueno, yo me voy por el camino del Señor”. Él escogió bien.
¿A quién vamos a obedecer?
Otra pregunta también que se le hizo a Abraham: “Abraham, ¿a quién tú vas a obedecer?”. Los versículos 3, 6, 9 y 10 dicen lo siguiente. Cuando está hablando de obediencia, dice que Abraham, en el versículo 3, se levantó muy de mañana, encilló su asno, tomó consigo a dos de sus siervos y a Isaac, su hijo, y preparó todo. Aquí la Biblia no da mucho detalle en esta primera lectura de Génesis, pero sí nos deja algo entender: que no hay momento de vacilación en esta historia.
Dice que inmediatamente recibió la palabra del Señor, se fue y preparó todo su equipaje, y comenzó a hacer una listita: aquí tengo la leña, aquí están los fósforos, un chin de crementina por si esto no quiere prender rápido, y todas sus cosas. ¿Creen ustedes que Abraham iba a sacrificar o no a Isaac? Les digo un secreto: mire, cuando él cogió su cuchillo y levantó la mano, el tipo ya había dado por muerto a Isaac. Yo estoy seguro que él incluso le mandó por WhatsApp a Blandino: “Mira, resérvame una caja ahí, que este muchacho no vuelve”, una urnita, porque era en ceniza que lo iba a traer.
Pero Abraham, que también conocía al Señor, estaba totalmente decidido a obedecer, no lo pensó dos veces y no dijo: “Señor, mira, dame confirmación. Tú sabes que la hermana fulana, esa es la que siempre tiene don de discernimiento en la iglesia, yo hablo con ella, a veces ella me revela otra cosa”. Siempre uno busca la quinta vuelta: “No, pero vamos a hablar, vamos a negociar”. Después que el Señor le dio la orden a Abraham, Él dejó todos los detalles a Abraham. Él nada más le dijo: “Mira, entrégame a tu hijo en un monte”, ni siquiera le dijo a dónde era la cosa.
Obediencia sin negociar con Dios
Abraham tuvo que fajarse a buscar mapa, tuvo que fajarse a buscar su leña, a hacer todo su engranaje, todo su plan, todos los detalles, simplemente para obedecer al Señor. El versículo 9 dice: “Cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho”, entonces allí fue que el Señor, de camino, fue que le dijo bien a qué iban. Edificó el altar, puso la leña, puso a Isaac, y extendiendo la mano entonces estaba dispuesto a hacer cualquier cosa.
Abraham se levanta temprano y arranca cuando el Señor le había dicho, y Abraham estaba decidido totalmente a sacrificar a su hijo Isaac. ¿Qué dice el primer libro de Samuel, capítulo 15, versículo 22? Si alguien puede ayudarme en esa lectura también: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”.
Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, Y el prestar atención que la grosura de los carneros.
— 1 Samuel 15:22
Exacto. Entonces fíjense algo: al Señor le gusta más que todo nuestro corazón en obediencia. Yo soy muy dado en mi iglesia a que cuando una gente me llega nueva, siempre me gusta saber cuál es su intención en la iglesia. Muchas veces se acerca un mecánico, por ejemplo, se convierte, está muy bien, pero el tipo, cuando tú lo analizas bien, te das cuenta de que lo que necesita es más que al Señor, lo que necesita es clientes. Y después te viene engañando media iglesia, porque todo el que dice: “Llegó un mecánico a la iglesia”, “Ah, pues mire mi carro, que en la mañana como que tal cosa…”.
O llega un doctor a la iglesia, todo el mundo quiere ya de una vez enfermarse para que el doctor le dé una receta o una cosa. Muchas veces nosotros mismos, cuando se nos pone esta pregunta en el tapete de “¿a quién vamos a obedecer?”, muchas veces fallamos.
Obediencia vs. sacrificios y activismo
Muchas veces creemos que haciendo muchas cosas maravillosas… Ahorita convocamos a una limpieza general aquí en el templo, y muchos de nosotros creemos que, bueno, si yo soy el que aporta entonces la mayor cantidad de detergente, el Señor tiene que recompensarme a mí por eso. O si yo soy el que me fajo aquí, el que limpie todas esas ventanas que nadie quiere limpiar, porque están un poquito altas, hay que encaramarse en una escalera, el Señor tiene que ayudarme a mí por eso.
Y creemos que el Señor se va a gozar de un montón de sacrificios que nosotros hagamos por él, y el Señor nos recuerda en este pasaje de Samuel que lo que quiere primeramente es la obediencia de parte de nosotros. Esta prueba que ahora vemos como una prueba, cuando se la ponen en la mesa a nuestro amigo Abraham, él no lo piensa dos veces porque él sabe que lo primordial en su vida es obedecer al Señor.
Pero hay algo más: ¿en quién vamos nosotros a confiar? En la mañana de hoy, en nuestra escuela bíblica, estuvimos trabajando un poquito sobre lo que era la mayordomía cristiana, y hablábamos también de este tema de la confianza. En el versículo 8 dice, cuando su hijo le pregunta que dónde está la carne, que él no la ve: “Dios proveerá el cordero para el holocausto”. Dios proveerá el cordero para el holocausto. Hasta ese momento, el cordero que se había provisto, ¿quién era? Isaac.
¿Y Abraham estaba hablando mentiras? Lo que pasa es que Abraham entendió que su hijo, ¿quién fue que se lo dio? Se lo dio Dios. Su hijo fue dado por Dios, ese fue el cordero que el Señor proveyó en este momento. Y el versículo 14 entonces sigue dando gracias al Señor y dice que llamó a aquel lugar de esa manera, porque Jehová proveyó.
“Jehová proveerá”: ¿en quién confiamos?
En nuestra vida, hermano, todo lo que tenemos, todo lo que somos, todo lo que hemos alcanzado ha sido el Señor quien nos lo ha dado. ¿En quién vamos nosotros a confiar? Abraham en este momento no tenía ningún otro recurso para su descendencia. Esa era la tierra prometida de Abraham, era este muchacho ya. Abraham estaba viejo, ya Abraham lo que pensó fue: “Bueno, ¿cuántos más hijos yo voy a tener después de Isaac?”. Sí tuvo un par de hijos más, pero él se veía imposibilitado, porque ya el tipo estaba medio viejito para tener más hijos.
Sin embargo, él no veía ninguna manera de cómo negociar con el Señor. Muchas veces decimos: “Señor, pero vamos a buscarle la vuelta a esto, espérate, ¿no hay otra manera, otro cordero, otra cosa?”. Pero ante esta pregunta Abraham lo que responde es: “¿En quién yo voy a confiar? Yo confiaré en el Señor”. Abraham no pensó de otra manera de confianza.
Nosotros en esta vida, por eso le digo que es cuando las prioridades se ponen a prueba que las cosas se ponen buenas en esta vida. Hablábamos así en la clase: cuando uno tiene un fondito en el banco, no es esperanza usted en esos fonditos en el banco. Cuando usted sabe, por ejemplo, que por ahí andan tres compañías detrás de usted para ofrecerle un buen trabajo, usted se pone de grosero en el trabajo que usted tiene y dice: “Que me voten, ¿y a mí qué me importa que me voten?”.
O cuando usted todavía es así, como estos dos muchachones, que se les ve que viven en casa de papi y mami, y mujeres que cocinan bueno, y toda esa cosa; cambiar de trabajo y hacer su vida loca les da igual porque no hay compromiso. Cuando uno tiene un respaldo siempre detrás, ahí es muy fácil uno tomar cualquier decisión.
Confianza falsa: dinero, estudios, herencias y lotería
Tenemos un montón de compañeros de trabajo que trabajan para comprarse un celular o para maquillaje. Así dicen: “Bueno, ahora mírate desempleado, con tres muchachos en tu casa y el mayor en la universidad”. Ahí sí la cosa se pone difícil. Cuando las prioridades se ponen a prueba, entonces es que uno decide realmente qué es lo que va a hacer.
Mucha gente ahora mismo confía en una universidad y creen que la universidad le va a resolver toda la vida. Confiamos en un trabajo, confiamos en una herencia. ¿Cuántas familias no hemos conocido que son muy bien hasta que se muere la vieja y hay que repartir beneficios, y que lo mejor es vender la casa y repartir el dinero, porque aquí nadie…? Ahí se acabó la hermandad, ahí se acabó la armonía.
Cuánto me sorprende el montonazo de bancas de apuestas que tenemos en nuestro país. Por mi casa, el negocio que más prospera y lo que más rápido abren son bancas de apuestas. Allá hay una pequeña urbanización, como de algunas 300 casas; apenas tenemos tres colmados, no hay más negocio aparte de esos tres colmados, aparte de como cinco bancas de apuestas que han abierto últimamente. Y mientras más gente esté jugando, más bancas de apuestas van a estar ofertando.
¿Y tú sabes por qué? Porque demasiada gente pone su confianza en una banca de apuestas, y dice: “No, no, no, cuando yo me saque este premio, la cosa aquí va a resolverse. Ya yo voy a ver las puertas del cielo abiertas, y no se apure, pastor, que esa ofrenda y esos diezmos van a llegar”, y todo eso. Nosotros decimos: “Mira, desde que el Señor me dé esa yipeta, yo voy a andar por toda la nación predicando el evangelio. El problema es que yo no puedo salir con este sol a la calle a predicar, necesito un carro con un buen aire acondicionado y yo estoy orándole al Señor para eso”.
Y así dejamos un montón de cosas y confiamos en un montón de situaciones, esperando un día. Abraham no pensó en nada de eso, Abraham decidió simplemente confiar en el Señor. ¿En quién vas a confiar? El Salmo 20, en su versículo 7, ahí nos habla un poquito de la confianza, y en Romanos también, capítulo 4. Si alguien puede ayudarme con el Salmo 20.
La fe de Abraham según los Salmos y Romanos
Salmo 20, versículo 7: “Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria”. Y en otra parte dice: “Por cuanto el rey confía en Jehová, y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido”.
Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.
— Salmo 20:7
Por cuanto confiar en quién, entonces, ¿cuál es la recompensa de esa confianza? No será conmovido. Si ponemos nuestra confianza en el Señor, entonces significa que todas las cosas nos irán para bien. Así, en Romanos, que está hablando justamente del caso este de Abraham, en su capítulo 4, los versículos del 16 en adelante dicen así, hablando de Abraham:
Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.
Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.
— Romanos 4:16-18
Como está escrito: “Te he puesto por padre de muchas naciones”. Y lo es delante de Dios, a quien él creyó, el cual da vida a los muertos y llama las cosas que no son como qué, como si ya fueran. Amén. Qué glorioso creer en el Señor. Abraham creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le había dicho: “Así será tu descendencia”.
Dice que Abraham conoció esa parte del Señor, ese Señor que llama las cosas que no son como si ya existieran, como si ya fueran. Nosotros muchas veces se nos hace muy difícil confiar en el Señor porque estamos viendo las cosas solamente en este momento.
La perspectiva de la fe frente a la realidad
¿Abraham qué es lo que estaba viendo en ese momento? Un hijo muerto, un pleito de su esposa. Llega sin un muchacho a tu casa para que tú veas, entonces imagina todas las excusas que tiene que dar Abraham a su señora por este muchacho, y todas las conjeturas que venían. Pero sin embargo, él puso su confianza en el Señor, y él sabía que el Señor una solución prontamente iba a buscar.
Una pregunta más: ¿a quién vamos nosotros entonces a adorar? Si ya hemos entendido que el Señor ha sido nuestra confianza, que el Señor ha sido nuestra esperanza, que el Señor ha sido todo lo que solo tenemos, si Él tiene algo para nosotros, entonces ¿a quién vamos nosotros a adorar? No hay otra manera, otra responsabilidad sobre nosotros que adorar simplemente al Señor.
Los versículos 11 al 13, que ya es la parte final, dicen:
Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.
Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
— Génesis 22:11-13
Ofreció un holocausto, le dio su alabanza, le dio toda su gratitud al Señor por haber hecho este acto maravilloso.
Adoración verdadera: en espíritu y en verdad
Dios quiere una adoración basada en el temor a Él, no que le tengamos miedo, sino que le reconozcamos cada día, que el Señor es quien tiene todas las respuestas a nuestras vidas. No hay otra manera ni otro método que no sea el Señor. Dios quiere una adoración que sea pura, una adoración que sea sin mancha, una adoración que sea genuina, levantada ante su presencia.
Ahorita leíamos que no le interesa mucho los sacrificios, y en el Evangelio también vemos un pasaje que dice muy interesante que el Señor está buscando verdaderos adoradores. ¿Que canten bonito como estos muchachos de aquí, que sepan tocar la guitarra como Raúl? Yo siempre le he orado al Señor: “Señor, yo quiero que tú me enseñes a tocar piano, pero quiero así como una inspiración divina, que ya yo amanezca un día tocando piano”, sobre todo porque yo tengo un tío que es un pianista muy, muy bueno. Y cuando yo pienso que él y yo empezamos juntos a tocar piano, le pregunto: “Señor, ¿y qué fue lo que pasó conmigo?”.
Pero el Señor quiere que le adoremos, no de esa manera, sino en espíritu y en verdad; que sea algo de verdad, que sea un momento de gratitud al Señor. Y si uno se puede hacer una lista en su casa del montón de cosas que tenemos como motivo de adoración, le aseguro que vamos a llenar muchos cuadernos haciendo motivo de gratitud al Señor.
El Señor quiere que le sirvamos de verdad. Y cuando el Señor Jesús fue tentado, había un señor ahí que quería adoración, y ¿qué le respondió? “Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás”.
Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
— Mateo 4:10
Cosas buenas que se vuelven ídolos
Hermanos, miren, en la mañana de hoy entendemos que nuestra familia tiene mucho valor, nuestras posesiones, nuestras casas. Yo conozco gente, por ejemplo, que ha dejado de ir a la iglesia porque no puede dejar su casa sola. Y hay un cuento famoso por ahí que dice un predicador: “Hermano, el Señor está aquí”, y dice un varón en la congregación: “Oye, ya dejé la casa sola”.
Amamos mucho nuestro trabajo, amamos mucho nuestra familia, y hay muchas cosas que ponemos por delante del Señor. Y aquí en la iglesia usted va a decir: “No, no, no, no, no, yo estoy con el Señor 24/7”, hasta que el Señor nos pone a prueba, hasta que nos pone a elegir: ¿a quién vamos a amar, en qué vamos a confiar, a quién vamos a obedecer, a quién vamos a adorar?
En nuestra querida red social de Facebook hay una palabra proliferada, y es: “Yo te amo”. Ahora todo el mundo ama a todo el mundo, y ahora todo el mundo quiere “de más”. ¿A quién vamos nosotros a adorar? El Señor quiere que le adoremos solamente a Él.
Abraham, padre de la fe y nuestro llamado
Abraham estableció correctamente sus prioridades, tomó decisiones correctísimas en un momento de mucha presión, y algo demasiado… yo diría que eso es algo que solamente viene de parte de Dios. Pero en cada una de estas decisiones él tomó la mejor decisión, y la mejor decisión fue Dios, fue Cristo en su vida.
Nosotros, haciendo decisiones correctas como esta, entonces estamos demostrando que realmente hemos sido bautizados por la sangre del Señor. Si en esta mañana alguien falta por tomar esa decisión tan importante de entregar su corazón de una manera real al Señor, este es un momento propicio para eso.
¿Y Abraham fue defraudado en esto que hizo? ¿Quedó avergonzado? Para nada. ¿Cómo le llamamos a Abraham ahora, qué título se ganó? “Padre de la fe”. Y nosotros, de lo que somos padres, ¿qué título te quieres ganar en el cielo cuando tú llegues allá? A veces yo me pongo a ver currículums y cosas, y digo yo: “Guau, pero mira fulano, cuánto curso ha hecho, cuánto ha logrado”. Y a veces pregunto: ¿cuánto de eso va a clavarse allá en el cielo cuando él llegue, en un cuadrito muy bien enmarcado?
Ganémosle un título real en los caminos del Señor. Seamos gente que hemos entregado nuestros corazones de una manera real al Señor y aceptémosle como tal. Y vuelvo y repito: si alguien todavía no ha hecho este paso de fe, hágalo cuanto antes, porque el Señor está buscando esos verdaderos adoradores que nos entreguemos de una manera conforme a su voluntad.
Así como hizo Abraham, seamos sabios y podamos vivir una vida completa en Él, que el Señor nunca defrauda a sus hijos.
Oración final
Vamos a orar, hermanos. Amante Padre y Dios, muchas gracias te damos, oh Señor, porque en medio de la prueba, oh Padre, ahí tú estás, Señor. Tú estás cuando estamos en bien y cuando estamos en mal, tú estás cuando estamos en salud, pero también en la enfermedad.
Y así te pedimos, Señor, que cuando nuestras prioridades sean puestas a prueba, cualquiera que venga, oh Señor, en la prueba queremos contar contigo. Ayúdanos, oh Señor, a tomar buenas decisiones en tus caminos y, sobre todo, Padre, así como tú eres fiel, ser fiel contigo, Señor, cuando se nos ponga a elegir, Señor, en prioridades sobre amor, sobre obediencia, sobre confianza, sobre adoración.
Queremos siempre inclinarnos, Señor, hacia ti, porque tú eres el que nos llena, oh Padre, en todo. Gracias, Padre, porque por tu Hijo Jesucristo ahora también alcanzamos salvación, y que ha sido la mejor de nuestras decisiones, oh Padre. Por eso te pido que nos mantengas firmes en tu fe y que nunca nos hagas fluctuar. Gracias te damos, Señor, por esta hermosa mañana, acompáñanos y ayúdanos siempre a tomar buenas decisiones. En el nombre de Jesús. Amén.