Ahora le ponemos nuestro corazón para escuchar la palabra del Señor. Hemos estado hablando de temas navideños y, entre todos los temas navideños, creo que el más navideño de todos es la generosidad. En este tiempo celebramos la gran generosidad que tuvo el Señor al darse a sí mismo por todos nosotros, y esto es Navidad. Tenemos que aprenderlo de Él.
Les pido que cierren sus ojitos ahí donde están y nos disponemos ahora a escuchar la palabra del Señor. Padre, en oración venimos delante de ti. Estamos por abrir, Señor, este precioso libro que contiene tu palabra, con la expectativa, Padre, de que a través de él tú puedes alimentar a tu pueblo. Estaremos leyendo, Señor, en esto que tú has dado ejemplo, que se llama generosidad, y te pedimos que este mensaje de hoy pueda ser un mensaje retenido en cada corazón.
Permite, Padre, que en este tiempo donde se celebra tu gran generosidad hacia el hombre, al dar a tu Hijo unigénito, podamos nosotros también imitarte a ti con generosidad. Dirígenos, Señor, en este tiempo, alimenta tu pueblo a través de tu palabra. Permítenos, Señor, poner en obra pronto aquello que hoy aprenderemos. En el nombre de Jesús, amén.
Le pido que me acompañe en el libro de Segunda de Corintios, en el capítulo 9. Es un pasaje de la Escritura donde podemos aprender sobre generosidad, sobre ser generosos. Pueden buscarlo ahí y dejarlo marcado, capítulo 9 del libro de Segunda de Corintios, al apóstol Pablo enseñando a esta iglesia sobre la importancia de la generosidad. Estaremos leyendo desde el versículo 5 y en adelante. Puedes compartir tu Escritura con algún hermano que tengas cerca, quizá no tenga un ejemplar de ella, y todos juntos podemos compartir la palabra del Señor.
Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.
Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.
Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.
Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.
— 2 Corintios 9:5-8
Repito este último versículo: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”. Hablemos en un momento, hermano, sobre generosidad. Este es un tema que tenemos que, en nuestra iglesia, vivirlo.
En nuestra última reunión de miembros vimos con preocupación cómo, en las diferentes partidas de lo que nuestra iglesia en este año gastó, la generosidad como que se quedó en el piso. ¿Se dieron cuenta de eso? Inexistente, hermano. En esta iglesia, formalmente, no salió un peso en este año para generosidad. Podemos celebrar que cubrimos todos nuestros compromisos, podemos celebrar que el Señor nos permitió administrar una posición aún más grande de todos sus recursos, pero tenemos que decir con mucha tristeza que en este año nuestro ministerio de diaconía se quedó en el suelo.
Nuestra iglesia en este año, formalmente hablando, no fue generosa. Digo que formalmente porque muchos miembros particulares de nuestra iglesia han hecho misericordia en diferentes maneras, pero formalmente, del presupuesto que se administró en nuestra iglesia, en generosidad no se invirtió nada. En este año la generosidad como que pasó de largo.
La generosidad como actitud intencional
Hermanos, esto es triste. La verdad es que la iglesia del Señor debe ser una organización generosa. Aprendimos esto del Señor, aprendimos que la generosidad debe ser para nosotros un valor. Ahora, la generosidad es un asunto intencional. Estaré compartiendo cuatro cosas, ha sido una manera expedita y enseñando otra gráficamente. Hoy estaremos haciendo manualidades en Pez Mundial, pero quiero explicarles cuatro cosas sobre la generosidad.
Lo primero que tengo que decirles es que la generosidad es una actitud hacia los necesitados que necesita ser aprendida y desarrollada. Mire, el hombre natural no es generoso porque sí, la verdad que no. Nosotros tenemos que aprender a ser generosos porque nacemos egoístas desde pequeños. Uno nace con el puñito así. Mire, este niño cuando nace, nace con el puñito así, aferrado. Hay muchos niños pequeños que no han sacado las manos, nacen con el puñito así y aferrado.
Y desde temprano, hermano, aprendemos a aferrarnos a nuestras cosas: a mis juguetes, a mi ropa, a mi mamá. Hay niños que hasta agreden a algunas personas que ven que se acercan a sus padres, porque “ese es mi padre, es mi mamá, es mi papá”. La generosidad, hermanos, es un asunto intencional, es una actitud intencional hacia la necesidad, y esta actitud necesita ser aprendida y desarrollada.
Por eso el apóstol Pablo se encargó no solamente de instruir por carta a las iglesias sobre la importancia de la generosidad, sino que se encargó de enviar comisiones a las iglesias que les recuerden esta verdad. Le decía Pablo a la iglesia de Corinto: “Yo quiero que la generosidad de ustedes no solamente sea un asunto de su corazón, sino que estén preparados para ser generosos”. Esta mañana, domingo, hermano, vengo a invitarte a que te prepares para ser generoso.
En este tiempo del año es el tiempo donde uno más generoso debería de ser, pero la verdad es que yo siento que es el tiempo donde más acaparamos para nosotros mismos. Todo el mundo tiene planes ya con lo que va a consumir en Navidad. Uno va a un lado y es afilado a eso: ahí empiezan a hablar del doble sueldo, de la platica, “no te vayas a hacer nada que hubiera hecho un plato”. Hay gente que va a pagar iniciales de carro, hay gente que comprará ropa. Fíjense en esto: como que en esto se pone el año donde todo el mundo anda pensando en “para mí, para mi necesidad”.
Hermano, tenemos que ser generosos. Ahora, no podemos dejar la generosidad así como al descuido, como “no, hermano, tenemos que ser generosos”, no. Hermano, tenemos que ser intencionalmente generosos, porque lo que sale de nosotros natural no es abrir la mano, es cerrar la mano, cerrar el puño. Primera cosa, hermano, que quiero decirte: la generosidad es una actitud hacia la necesidad que tiene que ser aprendida y tiene que ser desarrollada.
Esto implica que cada vez que seas generoso, la próxima vez serás más generoso aún. Uno no llega a desprenderse de las cosas de un momento para el otro, uno comienza a desprenderse progresivamente. Comienza siendo un poco generoso hoy, y mañana lo serás más. Eso es lo que se espera en esto, hermano. No debemos dejar la generosidad de nuestra iglesia como un asunto que “va a suceder algún día, y algún día en Pez Mundial los hermanos van a ser generosos”. No.
Hablaba con mi esposa de una oportunidad que se nos pasó así de hacer misericordia. ¿Y saben por qué se nos pasó? Porque no lo hicimos ayer. Cuando veníamos para la iglesia entonces ya se nos hizo tarde y dijimos: “Mira, no vamos a poder”. El asunto es que no fuimos generosos porque no nos dispusimos con antelación a ser generosos. Tengo que decirte, hermano, y recalcarte esto: la generosidad es un asunto intencional, no sale sola.
Hay cosas que tenemos que sacarlas nosotros desde abajo, porque si no, hermano, no lo hacemos. Y la generosidad es una de ellas. Si tú quieres llegar a ser misericordioso, eso no va a suceder que algún día tú te vas a despertar y dices: “Bueno, hoy me he despertado más generoso”. No, hermano. Mientras más tiempo estés sin hacer misericordia, más difícil aún te será hacer misericordia. Primera cosa: esto es intencional, necesita ser aprendido y necesita ser desarrollado.
Por eso Pablo se lo enseñó. Te pido, mi hermano, que no dejes esto para algún día pensando: “Yo, como que cuando aparezca una necesidad…”. Hermano, necesidades hay siempre, estamos rodeados de necesidad. Ahora, ante esa necesidad, nuestra actitud debe ser la generosidad, pero de manera intencional. Tengo que aprenderlo y tengo que desarrollarlo.
Generosidad y mayordomía: todo es del Señor
Aparte de esto, hermano, en segundo lugar, la generosidad es la consecuencia natural de la mayordomía. Mayordomía es una actitud, como decía el salmo: “De Jehová es la tierra y su plenitud”. ¿En qué consiste la mayordomía? Es ver todo lo que tú tienes como que no es tuyo, sino que es de Dios. Eso es mayordomía. Y te estoy enseñando que la generosidad es la consecuencia de administrar recursos que no son tuyos, sino que son de Dios. ¿Se están entendiendo, hermanos?
Usted debe saber que no hay cosa que tenga de la cual pueda decir: “Esto es mío”. Todo lo que tenemos debemos decir: “Esto es de Dios y yo solamente lo administro”. Es que no es tuyo. Mire, desde tu ropa hasta tu vehículo, y hasta tus zapatos, todo eso te lo ha dado el Señor en condición de administrador. Y lo mejor que podemos hacer con las cosas del Señor es hacer aquello que Él mismo haría.
Si tú estás administrando un patrimonio que no es tuyo… Todo mayordomo es una persona a la que se le da unos recursos para que los administre. Y lo mejor que uno puede hacer con los recursos de un hombre es aquello que ese mismo hombre haría. Si los recursos son de Dios, tenemos que hacer con nuestros recursos aquello que el mismo Dios haría a través de ellos.
Esta iglesia, hermano, da un testimonio en cuatro años de que aquí hay gente que es fiel diezmando y ofrendando, y eso, hermano, miren, cada vez que vemos la información de nuestra tesorería sabemos, mire, Patricia, nuestra vigilancia financiera dice que sí, hermano. Miren, en este día ya tenemos gente que es fiel diezmando y ofrendando sin problema. Ahora, tengo que decirte que el diezmo en sí mismo es muy bueno, es un gran principio, pero al mismo tiempo extremadamente peligroso.
El diezmo es un asunto importante, pero al mismo tiempo el diezmo conlleva un gran peligro. Primer peligro del diezmo: robarse el 90. Primer problema en esta sociedad es que cuando tú das al Señor el 10%, tú consideras que el 90 es tuyo, que lo puedes gastar en lo que tú quieras. Y no es así, hermano. Yo no tengo preocupación acerca del 10, tengo preocupación sobre el 90.
Ciertamente, hermano, miren, esto del diezmo son principios heredados del pueblo de Israel. Israel contribuía religiosamente con el 10, pero al mismo tiempo había ofrendas voluntarias para la misericordia. Ciertamente los judíos contribuían con el 10, hermanos, pero estaban buscando oportunidades. El Señor les dijo: “Cuando ustedes siembren, no cosechen hasta el último chin en el borde”. Oiga, al principio les decía el Señor en Levítico: “Cuando ustedes siembren, no me peguen hasta lo último, así buscando la raíz; dejen un poquito porque hay gente en necesidad que pasa por ahí y podría comer”.
Estaba diciendo, hermano, que tengas cuidado con el diezmo porque quizás estás en una zona de confort donde dices: “Yo soy un hermano misericordioso, yo soy generoso porque diezmo”. No, hermano. Decía el Señor: “Ustedes diezman hasta de las especias”. Se necesita dar más. Peligro del diezmo: robarse el 90, manejar un 90% de nuestros recursos como si fueran nuestros. No es así. Todos nuestros recursos son del Señor y de todos nuestros recursos daremos a Él las cuentas.
El día difícil para un mayordomo es el día en que se pasa balance a su gestión. Día difícil para el mayordomo es el día en que su Señor le dice: “¿Qué hiciste con el 100% de mis bienes?”. A pesar de todo, cuando nos encontremos con el Señor en el cielo, Él no solamente pedirá cuenta por qué hicimos con el 10% de nuestro dinero, nos pedirá cuenta por qué hicimos con el 100% de nuestro tiempo, con el 100% de nuestro dinero, con el 100% de todas nuestras fuerzas. El Señor nos pedirá cuenta de todo.
Yo no sé si estás en una zona de confort donde piensas: “Soy un hermano generoso porque doy el 10”. Hermano, te animo a que tengas cuidado. Ten cuidado con coger el 90. Ten cuidado con el diezmo mecánico. Un diezmo mecánico es un diezmo que se va sin sentir. Es un diezmo como: “Ahí está”. No. Ten cuidado con eso, hermano. Un diezmo donde no hay devoción, donde solamente se firma ahí, se hacen transferencias o se llena un sobre mecánicamente. Ten cuidado con eso, hermano. Aprende a dar con alegría, como dice el Señor. Ten cuidado con anular la misericordia.
Bueno, iglesias dicen: “Debe ser misericordiosa, pero ya yo diezmé”. Ten cuidado con esto, porque hay muchas necesidades alrededor nuestro. El Señor no instituyó el diezmo para que nosotros actuáramos como si eso fuera lo suficiente, no. El Señor instituyó el diezmo para que comenzáramos a ser generosos. ¿Para qué es esto? Para comenzar a ser generosos.
Primera cosa: esto es una actitud intencional, debe ser aprendido, debe ser desarrollado. Segundo, hermano: la generosidad es consecuencia de la mayordomía. Si vas a administrar los recursos de Dios, no te vale que Dios sea generoso; más te vale ser generoso porque Él lo es.
Prosperidad con propósito: Dios prospera para bendecir a muchos
Muchas de mis anécdotas vienen del área de los negocios, hermanos, porque es que trabajo en esto, yo vivo en esto. Un empresario muy reconocido en este país estaba reprendiendo a su gerente de mercadeo porque él decía que esa publicidad no lo representaba. Y esa gerente de mercadeo estaba haciendo una publicidad y él le dijo: “Esa campaña… usted me conoce a mí, y usted sabe que eso no se parece a mí, porque yo no lo hago así”. Qué vergüenza, hermano. El dueño del negocio le decía a quien administraba el mercadeo de su empresa: “Esa campaña no se parece a mí, porque usted me conoce, usted sabe que yo no soy así. Y eso es lo que yo le he enseñado”.
Perdóname, hermano, pero del 100% de los recursos de Dios que estás administrando, ¿te pareces a Él? ¿En esos recursos se está reflejando que esos son los bienes de Dios? Si el Señor mirara tus resultados, ¿se sentiría reflejado? ¿Diría: “Wow, yo lo haría así mismo”? ¿Te daría más de sus recursos para administrarlos? Lo que te estoy diciendo es que la generosidad es consecuencia de la mayordomía. Si administras todas tus propiedades como si fueran de Dios, entonces tus propiedades deben reflejar al Señor. El dueño de ellas es Dios.
Vengo a remenearte, hermano, para que entiendas que no solamente el diezmo, sino que todos nuestros recursos deben ser administrados como recursos de Dios. Lo tercero, hermano, que tengo que decirte al respecto… voy a hacer una pausa aquí porque yo hice una tablita. Quiero llamar a la gente, hermano, a que sea fiel al Señor con su tiempo.
Es relativamente cómodo dar el 10% de nuestro dinero, pero miren, para dar el 10% del tiempo, ahí se complica. Si tú fueras a obrar al Señor, mire, el cristiano le debe al Señor 24 horas de su día. Pero si fueras a comenzar a ser generoso con el 10% de tu tiempo, 2 horas con 24 minutos al día. Ay, “pero que yo tengo que trabajar, que yo tengo hijos, que tengo una esposa, tengo un esposo, que tengo muchos compromisos”. Hermano, si realmente fuéramos nosotros a comenzar a ser generosos con nuestro tiempo a la obra del Señor, 2:24 horas al día de nuestro tiempo deberían ir directamente a la obra de Dios.
Y al mes, hermano, ¿has pensado cuánto es? Miren, al mes deberías estar dando tres días mínimo al mes para comenzar a ser generoso, administrando tu tiempo como si fuera tiempo del Señor. La gente dice: “Señor, no tengo tiempo”. Yo no conozco a nadie que el Señor le haya dado dos días de 18 horas y mil días de dos. A todos nosotros nos da días de 24 horas. Al menos a la semana, ¿sabes cuántas son? Si piensas hacerlo a la semana, por lo menos 16:08 horas a la semana deberían ir al Señor.
Uno se queja de que en Pez Mundial… ¿sabe cuántas son las horas formales que tiene un programa a la semana? No son más de seis. Al año, hermano, si tú fueras generoso con el Señor, al año 36 días al año de tu tiempo deberían ser para Él. Perdóname, pero es más fácil dar al Señor el 10% de nuestros ingresos que el 10% de las 24 horas que todos los días Él nos da. Y el Señor es fiel.
Ustedes no han visto un día que como que despierten y como que el Señor se quede con el pueblo. “Ay, Señor, comiénzame a activarme las 24 horas de hoy”. No, hermano. El Señor da esas 24 horas con fidelidad. Todo nuestro tiempo debe ser para el Señor.
Tu energía. ¿Cuándo fue la última vez que te cansaste por Dios? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste una labor para el Señor que llegaste a tu casa cansado y dijiste: “Hijito, yo estoy cansado hoy porque estaba haciendo la obra de Dios”? ¿Cuándo fue la última vez que tu cuerpo lo exigiste para Dios? Bueno, el domingo antepasado pasé un fin de hambre porque no hemos exigido al cuerpo para el Señor.
¿Cuándo fue la última vez que te sentiste cansado, que dijiste: “Wow, yo estoy explotado porque he estado moviendo la obra de Dios”? ¿Cuándo fue la última vez que dijiste: “Yo voy a coger una cama así porque le he dado duro hoy a la obra de Dios, estamos trabajando para el Señor”? ¿Cuándo fue la última vez que llegaste cansado a la cama porque fuiste generoso con tus energías para Dios?
Los grandes hombres de Dios no fueron hombres de Dios que le dieron 10% de su dinero al Señor. Fueron gente que movieron con su cuerpo la obra de Dios. Estábamos ayer visitando una abuela que yo me gozaba mucho porque era una abuela obrera. Era una mujer que ha trabajado para la obra del Señor, y yo le decía a los hermanos que cuando un pueblo está en guerra, todo el pueblo está en guerra. Hasta el que está sentado está en guerra, porque estamos en guerra, la guerra es un asunto nacional.
Ahora, hay algunos ciudadanos que están en el campo de batalla y son los que están ahí echando el forro por todo el pueblo que está allá en sus habitaciones. Te pregunto a ti: ¿Dónde estás en la obra de Dios? “Ah, que estamos en guerra”. ¿Dónde? ¿Estamos generosos con nuestras energías para el Señor? Estoy animando a la generosidad en todos los sentidos.
Lo primero, hermano: esto es intencional, hay que aprenderlo, hay que desarrollarlo. Lo segundo: es consecuencia de la mayordomía. Si no entiendes que todo lo que tienes es del Señor, como dice el salmo, nunca vas a poder ser generoso con el Señor.
Y lo tercero, hermano, quiero predicarlo con cuidado: la generosidad y la prosperidad van de la mano. Hay doctrinas que algunas personas la alteran y entonces piensan que eso no existe. Cada vez que la Escritura habla de generosidad, habla de prosperidad, y eso va de la mano. Cada vez, hermano… miren, yo creo que tengo quince referencias bíblicas donde cada vez que nos invita a dar nos dice: “Esperen que se les dará”. “Dad, y se os dará”.
Van a recibir una porción rebosante. Leo eso del libro de Lucas. Dice: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosante darán en vuestro regazo”. Esa es la imagen. ¿Han visto cuando un saco lo llenan y lo hacen así, lo mueven y le dan al pico al saco para que baje más y le ponen más, y después dice “rebosante”? Los evangélicos conservadores a veces le tenemos miedo a hablar de la prosperidad, hermano, pero esto es bíblico.
Mire, cuando uno habla del Salmo 72, ese salmo hay que leerlo sentado. Uno tiene que sentarse así para leer ese salmo y decir: “¿Qué es lo que este hombre está pidiendo?”. Él dice: “Señor, yo te pido que tú me des riqueza, yo te pido que tú me des poder, yo te pido que tú me des dominio, yo te pido que tú me des muchos años, yo te pido que mis enemigos se rindan delante de mí, yo te pido que se me den más posesiones”. Y uno dice: “¿Y qué es lo que este hombre está pidiendo?”.
Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo. Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones. Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. Porque librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres.
— Salmo 72:8-13
¿Qué está pidiendo? Está pidiendo Salomón ser prosperado por el Señor, pero él dice: “Yo la quiero con propósito”, y el propósito es generosidad. Bueno, te quiero enseñar a que pidas al Señor prosperidad, pero no prosperidad para acumulación. Yo he definido lo que es ser próspero: ser próspero, hermano, no es tener muchas cosas guardadas. Ser próspero es administrar cada vez más de los recursos de Dios, no para nosotros mismos, sino para Dios.
Una persona próspera no es la persona que tiene mucho guardado; es una persona que cada vez administra más de los recursos de Dios, no para él mismo, sino para la gloria de su Señor. No me escandalizan los personajes bíblicos que fueron ampliamente bendecidos. Mire, Abraham fue rico, hermano, ese tenía. Y ¿saben lo que le dijeron? “En ti serán benditas todas las familias de la tierra”. No era una bendición para que Abraham se llenara él solo.
Yo no conozco a nadie a quien el Señor le haya dado algo para enaltecer su ego. No conozco a nadie. Ahora, conozco a gente que Dios le ha dado mucho para bendición de muchos. Miren, hermano, José fue bien bendecido. Y cuando el pueblo se estaba muriendo de hambre, ¿saben quién los socorrió? José. El Señor prospera hombres con propósitos, propósitos que son más grandes que los hombres mismos.
Ahora te pregunto: ¿Para qué quieres lo que quieres? Dice el libro de Santiago, y lo noto gozando de Santiago. Dice Santiago: “Ustedes piden y no reciben porque piden mal, para gastar en sus propios deleites”. Tú quieres administrar cada vez más de los recursos del Señor, yo te pregunto: ¿Para qué lo quieres? ¿Para tu ego, para tu exaltación personal, o lo quieres para socorrer al necesitado, para los huérfanos, para los menesterosos, para ayudar al pobre, para ayudar a la viuda, para hacer lo que pedía en el Salmo 72?
Yo te estoy diciendo con esto que pedir al Señor que te prospere no es malo. Ahora te pregunto: ¿Para qué lo quieres? ¿Para gastar en tus propios deleites y placeres o lo quieres para ser de bendición a mucha gente? ¿Tú quieres ser un vaso del Señor para la bendición de muchos o solamente quieres ser exaltado tú mismo? Te pregunto: ¿Para qué lo quieres?
El principio de esto, hermano, es que la generosidad y la prosperidad van de la mano y no se puede predicar de una cosa sin la otra.
Reconocer la bendición y dejar de acumular
Tengo que hacer un paréntesis aquí: vamos a dejar de mentir en el año entrante. Cada vez que alguien te pregunte: “¿Cómo te va?”, muchas veces gente que se está derramando de la bendición que Dios le ha dado se está muriendo del agua y dice: “No, ahí… tú sabes cómo está la cosa, difícil”. “No, ahí, cogiendo lucha”. No. Hay que hablar con verdad.
Aquí, en esta iglesia, hay gente que el Señor en este año le dio vehículo, le dio vivienda, le dio negocios, le dio oportunidades. Me ha pasado: estaba almorzando con unos amigos y me preguntaban la pregunta de lugar, vamos almorzando y me fui caminando a Dar Moments; me encontré con unos amigos allá, y me preguntan ellos: “Profe, ¿cómo está el negocio?”. Normalmente, al nuevo empresario que usted le pregunte cómo están las cosas, le va a decir que la nómina está cara, que los impuestos están desbaratando a todo el mundo, que tal cosa.
Y yo me puse a pensar así, comiendo, y medité hacia mí mismo, y me miré y dije: “Ana Rafael Pérez, te está yendo bien”. Y le dije: “Mira, realmente yo podría decirte que es verdad, estoy cogiendo mucha lucha, estoy pagando muchos impuestos, pero me está yendo bien”. Le dije: “Bueno, hay que decirlo, porque lo contrario sería mentir. Lo contrario sería simular una pobreza, una cosa que no está pasando. No es verdad”. No. Si te está yendo bien, dilo: “El Señor me ha prosperado, y con la prosperidad que el Señor me ha dado he podido contribuir con la obra del Señor”.
Perdóname, hermano, pero la empresa está vendiendo, quizás no somos los más grandes, pero estamos vendiendo, y eso me permite disponer de mucho de mi tiempo para la obra del Señor. Si estuviera haciendo 8 a 5 en un lugar, no tuviera la flexibilidad, quizá no pudiera servir como pastor en esta iglesia. Gloria al Señor por eso.
Perdónenme, como Pablo decía: “Perdónenme este momento de locura, hermano”. Yo he salido cuatro veces después que me dieron visa, y tres de las veces he salido con todo pago desde aquí. No quiero que se malentienda: he salido de este país cuatro veces, y de tres de cuatro he salido con todo pago. No ha salido un peso mío. Eso es el Señor. O sea, si ustedes revisan su vida se darán cuenta que han sido ampliamente bendecidos por Dios, pero la única manera en que vamos a ser generosos es cuando reconocemos que el Señor nos ha dado.
Si tú te pasas la vida diciendo “yo no tengo”, analízate y te darás cuenta de que no puede ser verdad que digas eso una persona que por lo menos carrito propio tiene, que sale en gasolina, con un galón de gasolina a casi 200 pesos, y moverse en su propio vehículo. “Ah, no, es que no tengo”. No mientas, hermano, porque en esa mentira se le da la espalda a la generosidad.
¿Tú no tienes dónde dormir? ¿Tú no tienes ropa que te pones? ¿Tú no puedes comer, aunque sea un McDonald de vez en cuando? Hay gente que ni siquiera eso tiene. Ah, no, “usted sabe cómo es aquí, hermano”. Deja de mentir. Dios te ha prosperado para que seas de bendición, y la única manera en que tú vas a poder dar es cuando reconozcas que a ti Dios te dio.
De modo rápido al último punto, hermano. Lo primero es esto: que la generosidad es intencional, hay que aprenderla y desarrollarla. Lo segundo: que es la consecuencia natural de la mayordomía; en nuestra administración de estos recursos que son de Dios, tenemos que parecernos a Dios, para que no nos reprendan. Lo tercero, hermano, es que la generosidad y la prosperidad van de la mano. Dios no te ha prosperado para que te enaltezcas; Dios te prosperó para que bendigas.
Dios no te ha prosperado para que te sientas más importante que nadie; Dios te ha prosperado para que des. Esa es la razón de tu prosperidad. Tus habilidades, tus dones, tus talentos, tu familia, tu marido, tu mujer, tu casa, tus zapatos, tu ropa, tu camisa, todo eso ha venido de Dios, y no con la intención de bendecirte a ti solamente, sino con la intención de que seas de bendición tipo José. Hermano, no era para que José se comiera todo el trigo de Egipto, era para que el pueblo de Egipto no se muriera de hambre. Para eso Dios le dio mucho.
Dice la Escritura: “Al que tiene, se le dará más, y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”. Tú quieres más de los recursos de Dios, proponte administrarlos de una manera tal que se parezca a la gestión de Dios. Tú quieres que el Señor te dé así, todo lo tuyo; trata de que en tu gestión te parezcas a Él. Cuando te parezcas a Dios administrando las cosas de Dios, entonces el Señor te dará más de sus recursos.
Me muevo al cuarto punto, hermano. Estoy hablando de generosidad. Esto yo quiero que usted me lo recuerde. Mire, hay una cosa que está en la puerta de la generosidad, que hasta que eso no sucede nadie da un peso. Yo conozco hombres que no van a dar un peso. ¿Por qué? Porque no están contentos. El contentamiento da paso a la generosidad.
Decía Pablo que él aprendió a contentarse. Una persona que está contenta es una persona que quizás no está metiendo los millones en el banco, pero dice: “Ya estoy contento, hermano, entonces yo le puedo dar”. El principal obstáculo que tiene la persona que no da es que por dentro está vacío, y cuando un hombre por dentro está vacío, por fuera no da nada. Hermano, mientras más lleno está tu corazón, más abierto está tu bolsillo.
Tú quieres encontrar un hombre generoso, encuentra un hombre que en la copa pequeña encuentra satisfacción. ¿Qué son las cosas pequeñas? Las cosas pequeñas: yo ver mis hijos, ellos estar en mi casa, yo disfrutar cosas sencillas. Esos son hombres contentos. Y ese hombre que está contento entonces es un hombre que da.
Yo invito a leer lo que dice ahí en Corintios 9. Dice él: “Para que todos tengan… que tengan lo suficiente, y después que tengan lo suficiente, entonces que abunden en buenas obras”. De acuerdo a Pablo, está estableciendo que hay un límite, hermano, donde tú dices: “Mira, Rafael Pérez, ya tenemos lo suficiente, vamos a dar”. Es como un vaso, hermano, que se rebosa.
Ahora, hay gente que no tiene fondo. Si tú no sabes cuál es tu fondo, nunca vas a dar, porque siempre vas a sentir que te falta mucho. Entonces, ¿me siguen en esto? Si tú no estás contento, si tú no sabes qué es suficiente… Yo te pregunto: si el Señor sacara la chequera y te dice: “Ey, hijo mío, ¿de cuánto es tu necesidad, que te voy a firmar un cheque?”, ¿qué tú le dices? “Señor, si tú me das tanto al mes, entonces ya yo estoy contento”.
“Mira, yo tengo aquí un dinero para darte, yo quiero dar a través de ti, pero quiero saber qué tan profundo es el hoyo que hay en tu alma. ¿Qué tanto tengo que darte y a partir de cuándo tú te rebosarás?”. ¿Me entiendes esto? Imagínate que el Señor quiere bendecir mil personas a través de ti. Entonces el Señor te pregunta: “Patricia, ¿a partir de cuándo tú comienzas a dar? Porque yo quiero bendecir. Lo que te voy dando para ti, por atrás voy a seguir dando. Yo quiero bendecir a mil personas no a través de lo que te doy a ti, sino a través de lo que tú das a otros. ¿Cuándo es que tú dices: ‘Señor, ya es suficiente conmigo, vamos a dar a los demás’? ¿A partir de cuánto es? ¿Cuál es tu límite? ¿Cuál es el nivel a partir del cual tú te contentas y dices: ‘Señor, ya yo tengo lo básico, ya yo estoy contento, podemos darle a los demás’?”
Si no tienes fondo, no recibirás. Hay gente que están pinchados, hermano, y el Señor les da y dicen: “Ay, Señor, me falta”, y le da más, “me falta”, y le da más, “me falta”. Hermano, están pinchados. Hasta que no te sientas contento con lo que tienes, entonces no podrás administrar más de los recursos del Señor.
Yo he aprendido que la manera en que Dios bendice a los hombres, hermano, es una bendición con un propósito que es más grande que ellos mismos. He encontrado que la gente que verdaderamente da, normalmente de ellos mismos tienen muy poco. Tienen muy poco. Ahora, del Señor lo tienen todo.
He aprendido esto, hermano. He aprendido que las razones por las cuales yo puedo contentarme es que en Cristo yo tengo una provisión constante. Y cuando yo entiendo, hermano, que lo que tengo no se me va a acabar, porque dependo del Señor, y cuando baja entonces el Señor pone más… Bueno, si tú entiendes esta verdad, que lo que tú tienes no lo tienes por tus propios méritos, sino por la misericordia del Señor, dejarás de vivir en esa vida de ansiedad, llenando depósitos ahí “para cuando me falte, para cuando me falte”.
Hermano, ¿cuándo te vas a dejar de guardar y vas a comenzar a dar? Cuando entiendas que en Cristo hay una provisión constante. Te pasas, hermano, plantado junto a las corrientes de las aguas. Sáquele el vasito arriba a ver si se acaba. ¿Usted me entiende esto? Sáquele agua a un río a ver si se acaba.
Cuando entiendes que estás sembrado y que tus raíces están en el río de la provisión de Dios, hermano, que puedes dar por generosidad: “Llévatelo”. El Señor me llena, y mientras más se va, más viene. A veces tú dices: “Llévense más, para que venga más”. Segunda razón, hermano, para contentarse: no solamente que en Cristo hay una provisión constante, sino que en Cristo tenemos una herencia incorruptible.
Hermano, de mi herencia ningún hotel le puede poner ni un peso, en ningún momento me puede quitar nada. Mi herencia del Señor no se gasta. Se necesita un tiempo en la vida donde tú te das cuenta que ya las riquezas en esta tierra no valen, y quizás muchos de ustedes todavía no han llegado ahí. Pero llega un momento en la vida del hombre en que, por más que tenga, nunca será suficiente, y hay que contar con la herencia incorruptible de Dios.
Si en Cristo tenemos una provisión constante, bueno, llévese, dice el Señor. Si alguien te pide la camisa, dice que se la lleves con el abrigo. Si en Cristo, hermano, tenemos una provisión constante, dejamos de aferrarnos a la ropita que tenemos, dejamos de aferrarnos a dos metros de tierra que tenemos, dejamos de aferrarnos al puesto que tenemos en el trabajo. “Llévenselo todo”, porque hay una provisión continua en el Señor.
En tercer lugar, hermano, en Cristo estamos llenos por dentro. Y cuando estás lleno por dentro, tú te sientas menos por fuera. Yo pensaba que la gente multimillonaria tenía una vida de exceso. Miren, tampoco. Yo he descubierto que la gente que tiene mucho dinero en este mundo no compran tickets de lo que ven y viven como tristes, porque tienen todas las cosas, pero como que no les da satisfacción.
Solamente hay algo todavía más lamentable que la pobreza extrema: la insatisfacción extrema. ¿Te ha pasado que tienes un plato, un banquete de comida ante ti y tienes indigestión, y todo lo que te metes te da náusea? ¿Te ha pasado? Hay mucha comida ahí para comer, pero tú no tienes apetito. Y tú dices: “Oye, cuando hay mucha comida como que…”. Hermano, ¿sabe qué les pasa a los ricos de este mundo? Que tienen tanto, pero no tienen lo más importante. Lo más importante es lo que llena por dentro. Cuando estás lleno por dentro, entonces por fuera tú vas con generosidad.
Un vaso que rebosa: gráficos de la generosidad
Quiero enseñar, hermano, cómo es que funciona esto. Si tú quieres recibir de los recursos de Dios, yo quiero gráficamente explicarte cómo esto funciona. Les he enseñado, hermano, que el Señor nos prospera con un propósito. El propósito es que seamos canales de bendición. Les he dicho que el Señor prospera personas con la intención de que se llenen, se rebosen, y que lo que se derrame entonces sea bendición para mucha gente más.
Les he enseñado, hermano, que no conozco a nadie que el Señor haya bendecido solamente con la intención de aumentar su ego, que el Señor bendice personas con la intención de que estas personas bendecidas entonces sean personas de bendición. Les he enseñado, hermano, que hay que tener un límite donde uno dice: “Señor, ya es suficiente”. ¿Dónde está tu límite? Si el Señor comenzara a dar y te pone en modo bendición ahora mismo, y le da “play”, ¿cuándo te sentirías satisfecho? ¿Hasta dónde llega tu necesidad?
Perdón, hermano, hay gente que tiene un límite grande, y el Señor le va poniendo, y uno le pregunta: “¿Qué tanto necesitas del Señor? ¿Dónde está tu límite? ¿En qué momento tú te vas a rebosar y comenzarás a mojar las personas que tienes alrededor? ¿En qué momento es que tu prosperidad se convertirá en una prosperidad no solamente para ti, sino para los tuyos? ¿En qué momento lo que el Señor te está dando alcanzará un límite en tu vida y tú dirás: ‘Señor, es suficiente’?”
En qué momento es que se va a llenar y vas a decir: “Mira, Señor, ya”. Hay otros que son peores: cuando el Señor los llena, entonces ponen la tapa y dicen: “Bueno, de ahí no pasa”. ¿Cuánto de esto que es bendición del Señor se convierte en bendición para los demás a través de ti? ¿Cuál es tu límite?
Hay otros que son peores, hermanos, y cuando ven que se están llenando lo que dicen al Señor es: “Mira, puede ser que mañana tú te vayas y dejes de prosperarme. Yo tengo aquí otras tres vasijas, yo quisiera que tú me las llenes para entonces guardarlas para mañana”. ¿En qué momento, hermano, vas a dejar de ahorrar y vas a comenzar a bendecir? ¿En qué momento es que vas a dejar de guardar y vas a comenzar a dar?
Dice el libro de Santiago, capítulo 5, hablando sobre los ricos opresores: les dice él que “vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros”. Esa riqueza guardada, ese moho que está por ahí guardado y la gente pasando hambre alrededor de ustedes, se va a convertir en testimonio en contra de ustedes mismos.
Qué distinta es la persona que el Señor bendice y se derrama. Es distinta. Qué distinta es la persona que se contenta rápido. Qué distinta es la persona que deja de acaparar y comienza a distribuir. Qué distinta.
Dice la Escritura que el Señor nos dará hasta que sobreabunde. “Hasta que sobreabunde”, hermano. Se va a dar y te va a llenar a un punto tal que lo que es prosperidad para ti, lo que es bendición para ti, entonces se convertirá en bendición para los demás. Es que ya tú no vas a tener miedo de que la gente te quite, porque tú dices: “Lo que está llegando es que sobra y abunda”. Eso es bendición. Eso es prosperidad. No una prosperidad que pone la tapa, no una prosperidad que se queda perfecta solamente para ti. Es una prosperidad que nos llena hasta que sea suficiente y se derrama.
Es la prosperidad, hermano, que llena tu corazón y te pone contento, que dice: “Mira, ya estoy contento”. Hermano, te estoy animando a que te conviertas en un canal de bendición. Te estoy animando, hermano, a que dejes de intentar acaparar todo lo que llegue a tu mano y que comiences a distribuir.
Te pido, hermano, a que bajes el límite de tus expectativas. Vámonos: el Señor tiene una provisión constante. Si el Señor siempre va a estar dando, entonces no hay que tener un vaso tan grande para guardar. Yo creo que podemos, para el año entrante, decir: “Señor, mira, ya que tú vas dando siempre, ya que no se va a acabar, no me des un vaso tan grande. Dame un vasito así, que tú me des cada día”.
Y que con contentamiento, Señor, recorte el vaso, porque si no recortamos el vaso nunca vamos a estar contentos. Te estoy animando, hermano, a que dejes de intentar que el Señor llene todos los recipientes que tú tengas alrededor. Te estoy animando, hermano, a que dejes de querer guardar en todos los recipientes que tengas alrededor y que comiences a dar.
Te animo, hermano, a que seas generoso. Un hombre generoso, en sencillas palabras, es un hombre cuyo corazón el Señor ha llenado, que el Señor le ha dado lo suficiente, y a partir de ahí entonces se riega. Ese hombre es generoso: un hombre a quien el Señor ha llenado su corazón, materialmente le ha suplido para lo básico, y a partir de ahí se riega.
Cierra tus ojitos un momento, y oremos al Señor. Voy a pedir por su generosidad.
Ay, Señor, permite que nosotros en Pez Mundial seamos vaso de bendición. Permítenos ser canal de bendición, Señor. Permítenos administrar cada vez más de tus recursos, pero no solamente para nuestro beneficio particular, sino para el beneficio de tu obra, de los necesitados.
Indícame, Señor, cuál es mi límite. Qué tanto es suficiente el corazón de Rafael Pérez, qué tanto es suficiente el corazón de mis hermanos. Ayúdame, Señor, a entender a partir de cuándo es imprudente guardar y es necesario dar.
También, hermano, haz un gran intercambio para que seas generoso: cambia recipientes por provisión continua. Cambia, hermano; reduce el tamaño de tu expectativa y depende más de la provisión continua del Señor: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, Señor”. Cambia eso que tienes por ahí guardado, acaparando, cámbialo por una provisión fresca y continua de parte del Señor.
Si el Señor es nuestro proveedor, si tenemos una herencia incorruptible y si estamos llenos por dentro, tenemos que ser generosos. Pido al Señor para que te impregne generosidad, que no solamente contribuyamos, Señor, con nuestros diezmos y nuestras ofrendas, sino que todos nuestros bienes, Señor, vayan hacia ti, que glorifiquen a ti, Señor.
Enséñale a mis hermanos, Padre, cómo es que tú bendices a los hombres: en verdad, una bendición que no eleva nuestro ego, Señor, sino que bendice a la gente que está alrededor de nosotros. Quiero pedir por bendición para mis hermanos, pero una bendición que no nos enaltezca a nosotros, sino una bendición que alcance a los demás.
Bendice, Señor, la gente que está aquí congregada hoy, pero bendícela para bendición de otros. Como tú fuiste bendición para José, bendícela, Señor, para que en ellos sean benditos todos su barrio. Como hiciste con Abraham, bendícelos, Señor, para testimonio de mucha gente, para que socorran al necesitado, al menesteroso, como hiciste con David.
Permítenos, Señor, ser bendecidos con propósito. Permítenos, Señor, administrar cada vez más de tus recursos tal y como los administrarías tú. Levanta, Señor, a tal nivel a los hermanos de Pez Mundial. Levanta, Señor, hermanos que administren más de tus recursos para tu gloria. Levanta, Señor, gente verdaderamente prosperada, una prosperidad que no dañe el corazón, sino que bendiga a las personas que tienen alrededor.
Así, Señor, como esta iglesia ha demostrado estos años fidelidad en sus diezmos y sus ofrendas, permite que sean fieles en el 90% restante, que todo, Señor, se administre como si fuera tuyo, porque lo es. Bendice tu pueblo, Señor, en verdad. Permite que la gente de Pez Mundial sea bendición en el lugar en donde estén, que se derramen, Señor, para tu gloria y el beneficio de mucha gente. En el nombre de Jesús, amén.
El Señor les bendiga mucho y nos vemos en nuestras actividades de Navidad.