Acompáñenme ustedes en el libro de los Hechos; pueden buscar al comienzo del libro de los Hechos, en el capítulo dos. Estaremos leyendo varios versículos de esta misma porción de la Escritura, hablando acerca de la identidad de la Iglesia del Señor. ¿Cómo identificamos una iglesia cristiana? ¿Cómo sabemos si es una iglesia saludable o no lo es? ¿Cuáles son las características que deberíamos nosotros de buscar para saber si estamos o no estamos dentro de la Iglesia? ¿Qué es lo que define la iglesia cristiana?
Libro de los Hechos, en el capítulo dos, leeremos a partir del versículo 41, “La identidad de la Iglesia del Señor”. Doy un momentito para que puedan buscar sus Biblias, o buscar una persona para compartir la lectura con ella. Dice así la palabra del Señor, es los primeros frutos después de la predicación del Evangelio y del derramamiento del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Dice así la palabra del Señor, versículo 41 en adelante:
Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
— Hechos 2:41-47
Hoy estaremos aprendiendo a identificar cuáles son las características distintivas de la Iglesia del Señor; es la identidad de la Iglesia. Permítanme leerles la introducción. Nos dice que la Iglesia del Señor es una comunidad de discípulos, plural, sacrificial, relevante y eterna, que vive inmersa por la voluntad de Dios en medio de una cultura individual, consumista, superficial y temporal. Por esto, para mantener nuestra identidad, antes de preguntarnos qué debe hacer la iglesia, tenemos que conocer qué es la iglesia.
Hermano, la carga que tengo para predicarles de esto hoy es que muchas personas se preguntan, cuando están buscando una congregación, qué es lo que esa congregación hace. Es más, muchas personas se preguntan cuáles son sus programas. ¿Cuáles son las actividades? ¿Tienen actividades para niños, para adolescentes, para jóvenes? ¿Acaso esa iglesia tiene actividades extracurriculares? Son las preguntas que la gente se hace cuando está buscando una iglesia. Sin embargo, la mejor pregunta no es qué hace la iglesia, sino qué es la iglesia.
Qué es la iglesia antes de lo que hace
La premisa de esto es que la iglesia hace aquello que la Iglesia es, y cuando tú conoces lo que la Iglesia es, entonces descubres lo que la iglesia tiene que ser. Vivimos en una sociedad consumista que determina que la gente tenga lo que está buscando, y lo mismo paulatinamente se viene integrando, por error, en la vida de la Iglesia. La gente ha pretendido que la iglesia debería adaptarse a sus necesidades y que la iglesia debería ser lo que la gente quiere que la iglesia sea, y muchos líderes cristianos tristemente han tratado de adaptar la iglesia a la cultura y de decirle a la cultura: “La iglesia es lo que la cultura está pidiendo”.
Hermanos, la iglesia no es lo que es porque salió a la calle, hizo una encuesta de preferencias en el gusto del consumidor y determinó que lo que la gente en la calle estaba buscando era tal cosa. No. La Iglesia es lo que el Señor, por su misericordia, le permitió ver, y cuando tú conoces lo que la Iglesia es, entonces infieres lo que la iglesia hace. Pienso por lo menos en dos audiencias en la congregación hoy: hermanos que son miembros de nuestra congregación, que ya identificaron esta iglesia como su iglesia, y personas que probablemente están buscando una congregación e identificando si acaso esta iglesia puede ser la suya o no lo es.
Lo que vengo a decirte es que antes de preguntar lo que la iglesia hace y cuáles son las actividades, tienes que conocer lo que la Iglesia es y cuál es su identidad. Identidad es lo que define algo, lo que define una entidad. Identidad es lo que te permite de algún modo mostrarte hacia fuera, pero esa identidad depende de lo que tú eres. Por lo menos hay dos cosas que conforman la identidad de una persona. Tú tienes un niño pequeño y ese niño tiene dos cosas que van a determinar su identidad.
Lo primero es una carga genética que le legaron sus padres, y esa carga genética dirá el tipo de cabello que ese niño va a tener. Esa carga genética dirá el color de piel que tendrá y el color de los ojos. Esa carga genética dirá si será un niño muy alto o si será un niño pequeño. Muchos datos sobre la identidad de un niño se conforman de acuerdo a una carga genética que ese niño tiene, pero hay algo más que se llama el ambiente. Lo que ese niño eventualmente llegará a ser se determinará por una carga genética que le legaron sus padres y, al mismo tiempo, por un comportamiento que ese niño vio en su ambiente.
Hermano, tengo para decirte que lo mismo sucede con la iglesia: lo que la Iglesia es depende de una nueva naturaleza que el Señor le ha dado a los cristianos y al mismo tiempo de un ejemplo que el Señor le dio a sus cristianos.
Cuatro razones y una ñapa para hablar de identidad
En esta primera lectura que tenemos en el libro de los Hechos, en el capítulo dos, vamos a identificar por lo menos cuatro características distintivas que tiene la Iglesia del Señor, y que son características distintivas porque estuvieron presentes en ella desde su primer comienzo en el libro de los Hechos. Y a lo largo de dos mil años de historia, en los mejores momentos de la vida de la Iglesia, mejor han resaltado aquellas mismas cuatro características. Esto es un checklist para que identifiques una iglesia cristiana: es una comunidad que tiene esto, esto, esto y aquello, y porque tiene eso entonces hace muchas cosas. Antes de saber lo que la iglesia hace, vamos a tratar de descubrir lo que la Iglesia es.
Y tú me preguntarás: “Pastor, ¿y por qué usted vino a hablar de esto?” Miren, yo tengo por lo menos cuatro razones y una ñapa para tratar este tema. La le dije: tengo cuatro razones y una ñapa para hablar hoy de la identidad de la Iglesia. La primera razón que tengo es que si nosotros no sabemos lo que somos, vamos a terminar siendo una copia de una copia, un borrón. Cuando tú no sabes lo que eres, tú te terminas pareciendo a mucha gente, y cuando a una iglesia se le olvida lo que la Iglesia es, la iglesia termina imitando lo que ve en el ambiente y muchas veces imita mal y termina siendo la copia de una copia.
Mira, si tú copias dos veces un documento, tú tienes el original, le sacas una copia, la copia sale un poco distorsionada, y si la copiadora es muy buena, entonces sale casi perfecta, pero por algún puntico tiene. Ahora, si tú tomas la copia y a la copia le haces copia, le haces quinientas reproducciones, va a llegar un momento que tendrás una hoja gris en la cual no podrás identificar las letras, porque en la copia de la copia de la copia el contenido se fue perdiendo. Primera razón que tengo para esto: tengo el temor de que mi congregación se convierta en la copia de otra iglesia, en la copia de la copia de una copia y eventualmente terminemos pareciéndonos muy poco a la Iglesia del Señor.
Y ya no seamos ni siquiera una hoja 8½ por 11 color gris, sino que seamos un negro turbio. La iglesia tiene que saber lo que es, porque si no sabe lo que es, entonces termina copiando, y todas las copias son malas; al final todas las copias se terminan desvirtuando.
Segunda razón: si nosotros no sabemos lo que somos, vamos a tomar nuestra identidad, no de otras congregaciones, sino del mundo. Cuando la gente no sabe lo que es la iglesia y viene a la iglesia, cree que la iglesia es una ONG. Y hay personas que vienen a la Iglesia del Señor y quieren que la iglesia haga lo que hace “Muchachos y Muchachas con Don Bosco”. Eso no es la Iglesia del Señor. No, que cayó tan mal, pero no es la iglesia. La Iglesia es otra cosa.
Cuando la gente no sabe lo que es la iglesia y quiera venir a la Iglesia del Señor, quiere que la iglesia se dedique a hacer actividades sociales donde la gente haga negocio, donde la gente interactúe, donde mis niños corran. Hermano, no está malo que la gente venga aquí y haga negocios con sus hermanos, pero eso no es la iglesia. Por favor, la iglesia no es eso, es otra cosa. Pero si nosotros no sabemos lo que es la iglesia, vamos a terminar tomando nuestra identidad de lo que el mundo quiere que la iglesia sea.
Tercera razón, le dije que tengo cuatro y una ñapa. ¿Están recordando cuáles son las razones? Lo primero, la copia de una copia. Hago una aclaración: hermano, no está mal copiar buenas prácticas de otras congregaciones saludables, pero antes de copiar la práctica tú tienes que saber qué cosa dio origen a esa práctica. Antes de tú decir: “Mira, ese proyecto en tal iglesia es muy bueno, tal iglesia hace tal cosa”, pregúntate por qué la iglesia hace tal cosa.
Yo había tenido un profesor de geometría que permitía que los estudiantes se fijaran en los exámenes y se copiaran los unos a los otros. Pero los exámenes eran tan complejos, hermano, que a cada estudiante por lo menos le tomaba una hora completa llenar el examen. Y uno podía copiar la respuesta del compañero, pero no le podía copiar el planteamiento. Había gente que esperaba que alguien terminara el examen: “Fulano, dame la respuesta”. “Bueno, la respuesta dio tanto”. Y cuando uno entregaba el examen al profesor, el profesor le decía: “Y de qué manera usted llegó a inferir esa respuesta, cuál fue su planteamiento”. Y uno: “Bueno, pero ahí está la respuesta”. “Sí, ahí está la respuesta, pero ¿cómo llegaste tú a esa respuesta?”
Bueno, lo mismo pasa en la Iglesia de Cristo. Si tú copias los programas de otra iglesia y no te preguntas cómo esa iglesia determinó que tales programas glorificaban al Señor, cuando te pregunte el Señor por qué hacían las cosas tú vas a decir: “Yo las hacía porque la iglesia del vecino también lo hacía”.
La copia de una copia. No debemos tomar tampoco nuestra identidad del mundo. Y lo otro es que tenemos que buscar las cosas esenciales, las más relevantes de todas. Hay muchas cosas que atraen a la gente haciendo iglesia, pero las cosas que más deben atraerle son las cosas que, a la luz de la palabra del Señor, les voy a enseñar hoy.
Le pongo un ejemplo: si usted siembra yuca, la mata de yuca es muy bonita, pero no se coma la hoja, no se coma la mata, cómase la raíz. Si usted siembra yuca, ¿verdad? Ahora, el que no sabe, cuando va a buscar yuca trae mucho tallo de yuca. Hermano, eso no se come; a la yuca se le come la raíz. Pero si tú no conoces lo que es la yuca, tú terminas comiéndote las hojas.
Esenciales y accesorios en la vida de la iglesia
Lo mismo pasa con la Iglesia de Cristo: si tú no sabes lo que es la iglesia, te vas a comer las hojas de la iglesia. Lo que te vengo a enseñar es qué cosas de una iglesia se valoran más y qué cosas se ven bien pero no son las esenciales. Si tú siembras caña, no te comas ni la raíz ni te comas la hoja, cómete lo de en medio: el tallo, de acuerdo a su naturaleza. Tú sabes que la caña, si te le comes la raíz, la raíz no es dulce, la hoja tampoco lo es; en el promedio está el tallo de la caña, eso se come.
Si tú siembras guandules, yo te diré que ni te comas el tallo ni te comas la raíz; busca algo que sale por las ramas. Hermano, en la Iglesia del Señor pasa lo mismo: una iglesia podría tener diez mil características, pero dentro de esas diez mil características hay cuatro que son esenciales y que no deben faltar en ninguna iglesia para poder decir que esa es la Iglesia del Señor. Lo que vengo a decirles es que tienen que buscar en una iglesia las mejores cosas y no solamente las cosas accesorias.
“¡Ay, que esa iglesia es rosada, la mía es verde!” Hermano, el color que la iglesia tenga por fuera en su templo no significa mucho, pero hay cuatro cosas esenciales que, sin importar que la iglesia sea fucsia o que la iglesia sea de color marrón, todas las iglesias tienen que tener eso para considerarse que son la Iglesia del Señor.
Yo creo que ya les di cuatro, ¿verdad? Falta la ñapa. La ñapa, hermano, es que hemos estado orando al Señor con intensidad desde el domingo pasado, y pronto estaremos orando, no solamente, sino también trabajando por eso, porque queremos un templo para nuestra iglesia. Pero si nosotros no sabemos qué es la Iglesia del Señor, eventualmente creeremos que la Iglesia es el templo.
Yo no quisiera ver, hermano, aquella gente que esté agarrando el templo: “¡Ay, que el templo!”, que esté saboreando el templo y que crean que el templo es la Iglesia. El templo es una herramienta de la Iglesia, pero el templo no es la Iglesia. El templo está supeditado a la Iglesia, pero si tú no sabes lo que es la iglesia y llegas a tener un templo, entonces tú entiendes que un asunto que tenga el techo así es la Iglesia del Señor. Hermano, un techo así no es la Iglesia del Señor; es el lugar donde posiblemente se reúna la Iglesia del Señor.
Y si nuestra iglesia llega a tener un templo antes de saber lo que es una iglesia, muy probablemente habrá gente que termine abrazando los bancos, que termine sobando el púlpito, que termine dándole a las paredes lo que no hay que darle a las paredes. Hermano, la ñapa es esa: si nuestra iglesia ha de tener un templo, tiene que saber lo que es una iglesia y lo que no es una iglesia.
Entonces, ¿cuáles son las características de la Iglesia? Bueno, ustedes acaban de leer ahí; las vamos a ver ahora en orden. Yo anoté partes de mi sermón de hoy, porque como mi estado de ánimo no está muy mejor, entonces no quería que mis sentimientos me traicionen; transcribí algunas partes para con precisión decirlas. Pero iremos a la primera.
Primera marca: perseverar en la doctrina original
Miren, en toda iglesia que se pueda considerar la Iglesia del Señor, sin importar que la iglesia esté en el norte de África o que esté en el Caribe, sin importar que sea una iglesia pequeña o que sea una iglesia enorme, sin importar que la iglesia tenga un templo o que la iglesia no tenga, hermano, ni siquiera una piedra donde recostar la cabeza, en todas las iglesias del Señor un asunto que nunca debe faltar es un apego total, irrestricto, imparcial, con pasión hacia la enseñanza que nos dieron los apóstoles.
Porque dice la palabra del Señor en el libro de los Hechos, en el capítulo dos, que los que recibieron su palabra fueron bautizados y se añadieron aquel día como tres mil personas. Inmediatamente después: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. De esta me voy a quedar con la primera parte, hermano: una Iglesia del Señor se caracteriza primeramente por perseverar en la doctrina original.
Inmediatamente que el Espíritu Santo se derramó, el libro de los Hechos dice, ¿sabe lo que pasó? En la vida de la gente ya: comenzaron a permanecer en la enseñanza de los apóstoles. Eso, hermano, como que convirtió la iglesia en un aula donde la gente quería saber más de Dios, donde la gente estaba indagando sobre esas cosas, donde estaban buscando lo que habían dicho los profetas, lo que se decía en la ley, donde los profetas leían estas cosas para el beneficio de la Iglesia. Pero todos ellos cerraron filas con relación a la enseñanza de los apóstoles.
Primera característica de toda Iglesia del Señor que nunca puede faltar: que estemos totalmente apegados a la enseñanza original. Cuando usted vaya a una “iglesia” y solamente se cante, y no se abra la Biblia ni le digan lo que el Señor está esperando de usted, usted fue a un concierto. Cuando usted vaya a un lugar, le den muchos besos y muchos abrazos, pero no le digan a través de la Biblia lo que el Señor está esperando de usted, usted fue a un asunto motivacional, pero usted no fue a una iglesia.
Usted fue a una iglesia cuando usted vuelva a su casa y usted tenga en su mente la enseñanza original. Por eso en la iglesia se predica. En la iglesia nosotros dedicamos más de la mitad del programa a la instrucción en las Escrituras. No porque sea un prerrequisito, no porque sea un formalismo. Predicamos esto, hermano, porque esto nos constituye una iglesia. Predicamos la palabra del Señor porque si dejáramos de predicar la palabra del Señor, esto se convertiría en una reunión de gente más o menos sana que se reúnen y pasan tiempo juntos, pero no seríamos la Iglesia del Señor.
Cuando decimos que somos la Iglesia del Señor, nos constituimos inmediatamente en guardianes, en preservadores, en lectores, en estudiantes.
Hermano, lo que el Espíritu Santo hizo en la vida de la iglesia primitiva es que convirtió tres mil personas en una comunidad de estudiantes que rodeaban a los apóstoles para que ellos les explicaran el sentido de las Escrituras. La iglesia del libro de los Hechos destaca especialmente por su pasión hacia la instrucción. Es común escuchar hermanos hablar sobre un derramamiento del Espíritu Santo con una expectativa de experiencias místicas o sensoriales: gente que, cuando el Espíritu Santo se derrame, como que va a sentir cosas, como que le va a entrar un frito por dentro, algo parecido.
Hermano, cuando el Espíritu Santo viene a tu vida, lo primero que tú sientes es una pasión inexplicable por leer la Biblia. Es una pasión inexplicable por entender la voluntad de Dios. Si tú me preguntas: “Pastor, ¿qué yo voy a sentir cuando el Espíritu Santo venga a habitar mi vida?” Mira, tú vas a sentir que tú tienes como un hambre, así, como que tú tienes un deseo de conocer las Escrituras, como que el tiempo te falta para escudriñar las Escrituras.
Yo recuerdo, hermano, cuando yo asumí la vida cristiana, lo más que yo recuerdo de ese tiempo es que yo tenía una pasión por leer la Biblia. Era el tiempo donde la luz llegaba de noche, que era con vela; yo, con vela, hermano, estaba leyendo la Escritura, quemándome así la pestaña. No lo hacía ni por la física ni por la química y a veces por la materia del liceo, hermano, pero por la palabra del Señor tenía pasión. Es imposible que digamos que somos la Iglesia del Señor si no tenemos una pasión inexplicable por conocer las Escrituras.
Primera característica de la Iglesia de Cristo es la pasión por las Escrituras. Hermano, nota eso por algún lugar: si tú estarías buscando una iglesia para congregarte, pregúntate: ¿en este lugar hay pasión por la Biblia? ¿En ese lugar la gente quiere leer las Escrituras? ¿En ese lugar la gente está hablando de versículos?
Miren, cuando aquí hacemos esto de preguntar lo que leímos en la semana, es que nos gusta, hermano, ese asunto. No es que aquí estamos ganando chocolate solamente, no. Es que la iglesia gira alrededor de la Biblia. Y si en una congregación dejaron de girar alrededor de la Biblia, dejaron de ser la Iglesia del Señor.
Si estás buscando una iglesia, si estás en esta iglesia y no sabías qué era la iglesia, tengo para decirte: primer pilar constitutivo de una iglesia cristiana es una pasión por la Biblia, y esta pasión la pone el Espíritu Santo.
El Espíritu de verdad y la nueva naturaleza cristiana
Miren, esto no es casualidad, y pienso que lo que voy a decir a continuación no es muy difícil de entender; creo que cualquier persona podría captarlo. Una de las palabras con que se describe al Espíritu Santo es “el Espíritu de verdad”. Es más, el Señor les dijo a ellos: “No se vayan muy lejos, porque ustedes van a recibir el Espíritu Santo dentro de poco”.
El Espíritu Santo, hermano, cuando viene a la vida de uno lo que hace es que uno vaya a la verdad. Él nos lleva a la verdad. Dice la Escritura que el Espíritu Santo es un ayudador, es una persona que está ahí. Lo que hace el Espíritu Santo en tu vida es que hace que tú vayas hacia la verdad, hacia la verdad, hacia la verdad.
Y lo otro dijo el Señor, cuando lo leímos hoy al comienzo de nuestro culto. Él decía que si nosotros le amamos, guardamos sus mandamientos. También decía el Señor: “Ejemplo os he dado”. Cuando tú te haces cristiano, tú recibes una nueva naturaleza del Señor, y esa nueva naturaleza hace que haya un deseo en ti, un deseo en ti. Esa nueva naturaleza hace que haya en ti un deseo por escudriñar las Escrituras, por buscar la verdad. Dice la Escritura que el Espíritu Santo nos lleva a la verdad.
Miren, una palabra para definir eso sería como un magnetismo. Cuando alguien tiene el Espíritu Santo dentro de sí, hay una pasión adentro de sí por cada vez conocer más las Escrituras, por cada vez indagar más, verlas con más claridad, cotejar cosas, decir: “Lo que dijo Isaías fue lo mismo que se cumplió en Cristo”. Se le van como abriendo los ojos al hermano, porque tiene una nueva naturaleza y esa nueva naturaleza tiende a la verdad; el Espíritu de verdad está habitando dentro de ti.
Ya tienes la primera parte: qué dos cosas conjugan la identidad de un ser humano. Lo primero, su naturaleza. La nuestra es el Espíritu Santo que vive dentro nuestro. Y lo otro, el ejemplo, lo que ve. Decía el Señor: “Ejemplo os he dado”. O sea, que Él nos dio dos cosas: Él nos puso sus genes, su naturaleza que atiende a la verdad, y también Él nos dio ejemplo con Él mismo. Por eso la enseñanza en una iglesia, hermano, debe ser el asunto principal.
Hasta para adorar a Dios, hermano, hay que adorarlo a la luz de su palabra. Hay gente que dice: “Pero en la iglesia podemos cantar tal canción…” Miren, para cantar la canción y que el Señor reciba las canciones, hay que cantarlas en verdad, en la verdad de la Escritura. Así mismo que adoremos en espíritu, sea un asunto de emoción, pero que adoremos en verdad.
Por sorpresa de mucha gente, la experiencia pentecostal, antes que una experiencia emocional, fue una experiencia intelectual. Cuando el Espíritu Santo se derramó sobre la iglesia, lo que hizo fue que todo el mundo tuviera hambre por la palabra del Señor, que todo el mundo quisiera que le aclararan más la palabra del Señor, que ellos tuvieran como esa inquietud especial.
Primera cosa que hará el Espíritu Santo en la vida de la Iglesia: nos convertirá, hermano, en una comunidad de estudiantes.
El cristianismo no es una religión de novedades. El cristianismo es una religión de permanencia y de recobro. Cuando uno se hace cristiano, uno no está tratando de encontrar algo nuevo; uno está tratando de permanecer en esto que nos legaron los apóstoles y de recobrar aquello que perdimos.
Los maestros cristianos, hermano, no tenemos mucho mérito. Cuando dices: “Fulano es un tremendo maestro, ese maestro sí me gusta”, ese maestro no tiene mucho mérito porque todo maestro cristiano bueno, lo que da no es suyo. Yo les dije una vez algo y se lo repito: si tú quieres saber si estás ante un buen maestro, hay una regla sencilla: cuando ese maestro termine de predicar, tú recordarás más la palabra del Señor que las palabras de ese maestro.
Si tú quieres saber si estás ante un gran predicador de la palabra, pregúntate: cuando ese hombre se baja del púlpito, ¿qué yo recuerdo más? ¿Recuerdo sus chistes, recuerdo sus expresiones, o recuerdo más la palabra del Señor? Por definición, un buen maestro es un poco transparente. Hay poco de él que él te pueda dar, y hay mucho de Dios que él te podría traer.
Por eso no hay mérito, hermano, cuando la despensa del Señor está buena. En la despensa del Señor parece que hay muchas cosas; en la despensa del Señor parece que la comida es buena, pero lo que damos los predicadores cristianos, hermano, no es nuestro, es del Señor.
¿Qué era lo que hacían ellos? Ellos perseveraban, ¿en qué? En la enseñanza de los apóstoles. Miren, los apóstoles del Señor eran un grupo de doce hombres que Él eligió con el fin de transmitir sus enseñanzas hacia todos nosotros, y esos doce hombres del Señor tenían la labor de ir a la iglesia y predicarle el Evangelio que el Señor les había dado y explicárselo.
Después del año 100, cuando murió Juan el apóstol, que fue el último de los apóstoles, pues ya no teníamos los apóstoles en medio nuestro, y el Señor, en su misericordia, permitió que se compusiera el canon del Nuevo Testamento. El canon del Nuevo Testamento son veintisiete libros, y usted sabe qué contienen esos veintisiete libros: contienen, cuatro de ellos, las enseñanzas de Jesús tal cual las recordaban sus primeros discípulos, y contienen también la enseñanza apostólica.
¿Por qué es tan importante el Nuevo Testamento? Porque contiene aquella explicación del ministerio de Cristo.
La iglesia apostólica y bíblica: permanencia y recobro
Lo que hicieron los apóstoles, y así como antes la iglesia se congregaba alrededor de los apóstoles, hoy el testimonio de los apóstoles está en las Escrituras. Por eso la iglesia hoy se congrega y abre la Biblia, porque en el Nuevo Testamento, especialmente, y en el Antiguo Testamento que lo explica, está la enseñanza sobre Jesús tal cual la dejaron los primeros apóstoles.
La iglesia primitiva era una iglesia apostólica y la iglesia en nuestro tiempo tiene que ser una iglesia bíblica. Primera cosa de iglesia, díganlo ustedes: ¿qué no debe faltar en una iglesia, hermano? Que tengamos hambre de esas cosas, que no falte cualquier cosa, hermano, pero que no nos falte la palabra del Señor, porque si nos faltara la palabra del Señor, ya esto no es una iglesia.
Hermano, que nos falten muchas cosas, pero que los maestros de esta iglesia prediquen a Cristo y prediquen la enseñanza apostólica, porque si comenzamos aquí a predicar cualquier cosa, vamos a terminar siendo un asunto de autoayuda, y eso no es la Iglesia del Señor. La Iglesia del Señor es una comunidad de discípulos que se reúne alrededor de la palabra de Él, que abre la Escritura para ver qué fue lo que nos legó el Señor.
Y nuestra religión es una religión de permanencia y recobro: permanecer en lo que una vez recibimos. Desde Él decía así mismo, el apóstol Pablo le decía a Timoteo. Le decía a él: “Retén”, oigan, “retén”. ¿Cómo que te tratan por quitar? Le decía el apóstol Pablo a Timoteo: “Retén la forma de las sanas palabras que me oíste, en la fe y en el amor que es en Cristo Jesús”.
Y en segundo lugar, ¿saben lo que decía el apóstol Pablo a Timoteo? “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros”.
Dos cosas, hermano, que tenemos en la iglesia: tenemos el Espíritu Santo que nos lleva a la verdad y tenemos el testimonio de Cristo escrito que nos ayuda a llegar a la verdad. La Iglesia del Señor, en gran medida, es una comunidad de gente que está estudiando la palabra de Él.
Vamos a la segunda característica. Ya tenemos la primera, hermanos, ¿cuál es? ¿Qué tenemos que tener para decir que somos una iglesia? Un apego, hermano, eso que usted se agarre de eso y no se suelte jamás. Los cristianos nos apegamos a la palabra del Señor.
En segundo lugar, dice que, aparte de perseverar en la doctrina de los apóstoles, ellos perseveraban en la comunión los unos con los otros.
Segunda marca: comunión sincera y compartir de necesidades
Segundo componente de cualquier iglesia, hermano: tenemos una comunión que sea sincera. Comunión, si ustedes fueran etimológicamente a lo que significa “comunión”, usted verá qué significa eso. Lo componen dos palabras que se juntaron: “como” y “unión”. Aparte de que la iglesia tiene la palabra del Señor al centro, hermano, entre nosotros tiene que haber comunión.
Y cuando yo predique estas cosas, por favor, analicen ustedes si acaso quizás a nuestra iglesia le falta alguno de estos componentes. Que queramos ser la Iglesia del Señor no significa que en todas las cosas estamos al ciento por ciento. Por regla general, casi todas las iglesias cojean de algún lado de esas cuatro patas. A algunas quizá les pasa muy fuerte la palabra del Señor, pero quizá en los otros tres hay alguna que está en corto. ¿Qué tenemos que hacer, hermano? Tratar de que la pata crezca.
Quizás en nuestra iglesia, hermanos, sea esto la oportunidad. Dice la Escritura que ellos tenían en común todas las cosas. A la luz de la misma Biblia yo te voy a decir algunas cosas que ellos tenían en común. Dice la Escritura que tenían en común un Señor, una fe y un bautismo. Pero aparte de esto, hermano, ellos tenían en común sus necesidades.
Los primeros cristianos, ellos vendían sus propiedades. Y alguien dijo: “No, eso era comunismo”. No, no era comunismo. ¿Saben por qué no era comunismo? Lo primero es porque era voluntario. A ningún discípulo de Cristo se le obligó a que vendiera lo que tenía. Sin embargo, hermano, ellos llegaron a disfrutar de una comunión tan estrecha que decían: “Mira, si mi hermano se va a morir de hambre y hay que vender la casa, aquí está mi casa”.
La evidencia de que eso era un asunto voluntario es que aparecieron ahí dos gente que se colaron en la vida de la Iglesia pero no eran sinceros; la comunión no era sincera. Se llamaban Ananías y Safira, y lo que hicieron ellos dos fue que vendieron una propiedad. Cuando vendieron la propiedad, ellos vieron que mucha gente vendía su casa y traía el dinero. Ellos vendieron la propiedad, pero gastaron la mitad del dinero y se lo guardaron, y dieron el restante 50. Vinieron donde Pedro: “Ay, Pedro, vendimos la propiedad, aquí está la propiedad para que los hermanos coman”.
¿Y saben lo que le dijo el Espíritu Santo a través de Pedro? “¿Quién te engañó para que le mientas al Espíritu Santo?” Y después le dijo Pedro: “¿Acaso te obligaron a vender tu propiedad? Si tú retenías tu propiedad, ¿no era tuya? Entonces ¿por qué mientes?”
Lo que se evidencia ahí, hermano, es que vender las propiedades no era una obligación, era un asunto voluntario. Esa gente llegó a estar tan cerca los unos de los otros que, si acaso había que vender la casa para que comamos, se vendía la casa. ¿Qué sucedía, hermano? Ellos vivían en un contexto de persecución. Los primeros cristianos, ¿qué tenían ellos? Cuando alguien se hacía cristiano, los echaban de su casa, los expulsaban; se veían en la calle, se iban a morir de hambre literalmente. Y algunos hermanos dijeron: “Para que no nos muramos de hambre, vamos a vender la casa”.
Ellos hicieron, hermano, lo que estaba a su alcance. Lo que te quiero enseñar con esto es que la comunión en una iglesia cristiana no significa que tú tengas que vender el carro. Ahora, si tu hermano se está muriendo de hambre y acaso tú tendrías que vender el carro, te diré: no solamente el carro, vende hasta la ropa de ser necesario. La iglesia cristiana tiene que crecer también en la vida en comunión.
¿Cómo se expresa esto en este tiempo, hermano? En nuestra iglesia hay un programa muy bonito que a veces funciona muy alto y a veces como que se resbala al suelo, que es el programa de las Dorcas. Es un programa donde el que tiene aceite en su casa trae aceite, donde el que tiene arroz trae arroz, y hay hermanos que ahora mismo no tienen ni aceite ni arroz. Yo sé que se les lleva aceite y arroz para que coman.
¿Qué hacemos, hermano? Dice la Escritura que tenemos que tener en común también nuestras necesidades. En la tristeza, hermano, qué triste es aquel que tiene una situación de salud difícil y no tiene una iglesia que ore por él. Qué triste es aquel que tiene que quedarse solo en su dolor. Qué hermoso es tener una comunidad cristiana que ora con uno, que le da la palmadita en la espalda, gente que, si se tiene que meter la mano en los bolsillos, se la pone.
No es esto, hermano, aquí un asunto que está así como “toma la tarjeta solidaridad”; la iglesia no funciona así. “Mira, hermano, yo quiero cambiar el carro, ¿dónde está el fondito de la iglesia?” No. En la iglesia no hay fondo para cambiar carro. Ahora, si alguno no se puede quedar sin comer, lo llevamos a su casa y no hay problema. Si algún hermano necesita comer, no hay que decir “que el que tiene el dinero”. Hermano, le aseguro que en esta iglesia deben haber por lo menos diez personas que se van a poner la mano en los bolsillos.
Esa es la comunión de los santos: es cargar las cargas los unos de los otros, que si algún hermano tiene necesidad particular…
Porque eso es así, porque dice la Escritura que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. A diferencia de cualquier fundación de este mundo, que cuando la gente tiene necesidad y se la suplen le imprimen un cheque de este tamaño y se lo entregan por televisión, cuando en la iglesia de Cristo alguien se está muriendo de hambre no le imprimen un cheque de este tamaño. Hermano, con discreción; nadie sabe que eso sucede.
Miren, la misericordia que en la Iglesia se hace, la gente no sabe que eso sucede. ¿Por qué? Porque cuando se hace bien, no se ve. No hay que salir a vender mi casa para que la gente coma, no, hermanos. Cuando la comunión de la Iglesia funciona, no se ve. Pero estoy seguro en esta iglesia que hay gente que ha sentido el compañerismo de sus hermanos.
Podemos hacerlo todavía más grande, hermano. Mi sueño es que eventualmente tengamos un supermercado, donde podamos dar a la gente que se está muriendo de hambre. Mire, váyase a lugares que le den dos libras de arroz, que no haya que buscar los cuartos que se necesitan. Quiere el Señor darnos un supermercado, ¿verdad? Claro. Porque es que ellos quizá vendían porque no sabían hacer comercio, pero nosotros podemos hacer un supermercado; quizás nos vaya mejor.
Lo que quiero establecer, hermano, como segunda característica de toda iglesia cristiana, es la cercanía entre sus hermanos. La cercanía en los momentos de alegría —dice la Escritura: “Alégrense con los que se ríen y lloren con los que lloran”— y la cercanía al mismo tiempo, hermano, en veces que hay que ponerse la mano no en la espalda, sino en el bolsillo de atrás.
Me sigan esto: hay veces que, ¿cómo tú le demuestras amor al hermano? Ora por tu hermano, pero si está a tu alcance, si a tu hermano le faltan 500 y tú tienes 100, da los 100; ya nada más faltan 400. Quizás alguien aparezca.
Segunda cosa en la iglesia cristiana: aparte de que permanecían en la palabra del Señor, ellos estaban juntos, eran los unos a los otros, compartían no solamente su fe, compartían no solamente la enseñanza, compartían no solamente su bautismo, sino que compartían también sus necesidades.
“Todos los que habían creído estaban juntos y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes y los repartían a todos según la necesidad de cada uno.” Otra razón por la cual eso no era comunismo: porque no era que se repartía para que todo el mundo tenga lo mismo, se repartía para que algunos que no tenían nada tuvieran algo.
Me muevo a la tercera característica. Vamos avanzando. Primera, hermano: la Iglesia es la iglesia del libro. Un cristiano tiene vocación intelectual. Un cristiano tiene vocación por la lectura. Un cristiano tiene ansias de conocer más claramente del Señor.
Lo segundo: un cristiano tiene hermanos. ¿Es posible que alguien se llame cristiano y que esté fuera de la comunión de la Iglesia? No es posible. Si tú eres un cristiano, tú vas a buscar a tus hermanos y vas a estar con ellos, uno al lado del otro. El cristianismo es una religión plural. Cuando el Señor habla de la Iglesia, habla siempre, siempre en plural.
Tercera marca: adoración genuina, en espíritu y en verdad
La iglesia, los unos a los otros, se menciona más de treinta y cinco veces en el Nuevo Testamento. Tercera característica, versículo 47: “Alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo”. Miren, la tercera característica de una iglesia: una iglesia se reúne no solamente para permanecer en la palabra del Señor, no solamente para compartir las necesidades de los unos y de los otros. También la iglesia se reúne para adorar al Señor.
Y eso es amplio: la adoración al Señor tiene que ver con la música; la adoración al Señor tiene que ver con la obediencia; la adoración al Señor tiene que ver con las actitudes; la adoración al Señor tiene que ver con doblegarnos. Mira, cada vez que tú, en tu casa, te levantas, vienes tú aquí o vienes a la iglesia para tener un culto; antes de las ocho ya estabas pensando en culto. El vecino tuyo que te vio prender el carro un domingo en la mañana, salir para algún lugar, si te preguntó, tú le pudiste decir: “Yo voy para la iglesia a adorar a Dios”.
Tú mover tu cuerpo y llegar hasta aquí, si lo haces con sinceridad de corazón, manifiesta que en tu corazón hay una intención de adoración. A veces yo me pongo a imaginar la iglesia reuniéndose un domingo en la mañana como una multitud de millones de hormiguitas que están repartidas en diferentes partes del mundo, que se levantan temprano el domingo porque el domingo es el día del Señor.
Desde el nacimiento de la iglesia, los cristianos nos vamos reuniendo un domingo en la mañana. Para ese algo que la gente no entiende. Hubo una vez un emperador que le escribió a un ayudante suyo: “Fulano, investigame qué es lo que hace esa gente cuando se reúnen”. Se llamaba Plinio el Joven quien le escribió la carta, y Plinio el Joven le respondió al emperador: “Emperador, esta gente no hace nada raro: se reúnen un domingo en la mañana para alabar, para entonar cánticos de adoración al Señor, leen una porción del Antiguo Testamento y comparten una comida sencilla. Esta gente no tiene nada raro”.
¿Qué hace el culto cristiano? Quien no entiende lo que es ser cristiano no entiende nuestro culto tampoco. Viene a la iglesia y siente que aquí no pasó nada. Aquí pasó de todo, hermano, lo que pasa es que no lo ve. Cuando el incrédulo viene a una iglesia, ¿sabe lo que ve? Mucha gente mirando para adelante. Dice la Escritura que esto es locura para los que se pierden. Cuando la gente la invitan a una iglesia y no entiende lo que es la iglesia y viene a un culto, y eso es…
“¿Y a eso que tú vas todos los domingos, sales igual? ¿Y eso es lo que hace el cristiano? ¿Y qué fue lo que pasó?” Nada. Para ti no pasó nada, hermano, nada pasó. La comunión cristiana la entienden los cristianos. Yo sí entiendo lo que es venir a adorar al Señor junto con mis hermanos. Yo sí entiendo lo que es venir a darle al Señor el primer día de mi semana. Yo sí entiendo lo que es abrir la Biblia en comunidad. Yo sí entiendo lo que es ofrendar al Señor. Yo sí entiendo lo que es ver a cada uno de mis hermanos.
Pero el que no entiende estas cosas, para él son locuras, y tú tienes ya veinte años haciendo eso todos los domingos. No entienden, hermano. Quien entiende la liturgia cristiana es un cristiano. Hay que ser cristiano para entender este asunto. Plinio no entendía esto; el emperador no lo entendía. Cuando Plinio escribió, le decía: “Esta gente no hace nada, y eso no sabe a nada”.
Con relación al culto de los paganos, hermano, aunque hasta humo salía por la puerta, aquí no ha pasado… ¿Quién ha visto humo? Nadie ha visto humo, nadie. Esto no se entiende. Pero la comunión de los santos, hermano, es una de las cosas que nos define como cristianos. Esto es inentendible para el que se pierde, pero para los cristianos, hermano, esto es una riqueza extraordinaria.
Tercera característica de la Iglesia de Cristo: la Iglesia de Cristo no solamente comparte la comunión, no solamente comparte la enseñanza, sino que también comparte la adoración. Y la adoración que hacemos, hermano, es una adoración sencilla. Competimos nosotros con cualquier festival de lo que hacen en el mundo. Miren, en cualquier canal de televisión ahora hay mejor música que aquí. Usted prende su radio, le llega estéreo por dos canales, con mucha mejor instrumentación que aquí.
El asunto es que la gente aquí adora en espíritu y también en verdad. Lo que canta la iglesia quizá musicalmente, hermanos, nosotros no nos vamos tan lejos; quizás musicalmente no vayamos muy adelante, pero lo que aquí se canta todo es verdad. Lo que se canta en la radio es mentira y no edifica tu vida. Lo que se canta aquí, aunque solamente se entonara en voz y se acompañara por una flauta dulce, es la mejor alabanza que se puede cantar en cualquier parte de la tierra, porque la alabanza de la Iglesia no es mejor solamente porque es verdad, hermano; es mejor porque el Señor la recibe.
Los mejores músicos de este mundo no podrían entonar una canción que el Señor reciba, y el hermano más humilde en la iglesia puede entonar el corito más sencillo, y el Señor recibe ese corito como si tuviera una sinfónica completa. La adoración de la Iglesia, hermano, es la adoración de la Iglesia porque el Señor de la Iglesia recibe esa adoración.
El músico más virtuoso podría hacer los acordes más complejos y el Señor no recibir esa adoración, pero el hermano más humilde, solamente con sus palmas, ahí con sus palmas, aunque desafine, el Señor las recibe.
Primera característica: la iglesia gira en torno al libro, hermano. Nosotros somos una comunidad de aprendizaje. Por eso damos curso bíblico en la semana, por eso damos curso bíblico para nuevos creyentes, por eso predicamos, hermanos, cada vez y cada vez y cada vez.
Al mismo tiempo, hermano, la iglesia cristiana tiene comunión; nosotros tenemos como unión una comunión que es real, que es sincera. La gente aquí no te valora por cuánto tú ganas o si tú tienes mucho o tienes poco. Lo peor que puede suceder, hermano, es que una iglesia se desconvierta en “la iglesia de fulano”.
No es un promedio trivial: yo recibo por lo menos un email cada vez de una persona que me escribe de algún país preguntándome cómo llega en Santo Domingo a “la iglesia del músico fulano”. Hermano, la Iglesia de Cristo es la Iglesia de Cristo, no la iglesia del músico fulano. La Iglesia de Cristo es la Iglesia de Cristo, y cuando tú vienes a la iglesia, no vienes aquí para ver a fulano que es famoso. Tú vienes aquí para ver a tu hermano, con humildad, adorando al Señor como lo vas a adorar tú también.
Segunda característica: la comunión. Tercera: la adoración, una adoración que salga de adentro, hermano, una adoración que sea sincera; que se te salgan los gallos, hermano, pero que no te falte la sinceridad.
Hay gente que ha creído que viene aquí a escuchar. Hermano, te ponemos la letra y te marcamos el pasito; tú solamente dile al Señor con tu palabra. Y esa adoración que sale ahí medio “chunga” de tu garganta, que quizás no es la garganta más potente, el Señor, así mismo, allá en el cielo la recibe porque es una adoración que sale de tu corazón, sale en espíritu y sale en verdad.
Me muevo a la cuarta característica. Voy a la parte final entonces del capítulo: “Alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”.
Cuarta marca: evangelismo dependiente y añadidos por el Señor
Cuarta característica de una iglesia cristiana: aquí compartimos las buenas nuevas del Evangelio, pero nosotros, con nuestra propia fuerza, no podemos inscribir a nadie. Yo no sé si usted me sigue en este asunto, pero por muy buena retórica que utilice el pastor Rafael Pérez, nunca puede predicar un sermón que convierta el corazón del hombre. El corazón del hombre solamente puede ser convertido cuando el Señor hace un milagro extraordinario.
La Iglesia es una comunidad, hermano, de gente que han sido añadidas a la Iglesia por la misericordia del Señor. Y si tú estás aquí hoy, siéntete bien porque tú no estás aquí porque tengas dinero, tú no estás aquí porque seas bonito, tú no estás aquí porque tengas familia, tú no estás aquí porque tengas tal cosa; tú estás aquí, hermano, porque por la misericordia del Señor tú fuiste añadido. “Y el Señor añadía cada día a la Iglesia los que habían de ser salvos”.
A eso yo le llamo un evangelismo dependiente, que no depende de que yo te llame tres veces para que tú digas que sientes que el Señor te tocó, sino que depende de que vamos a predicar la palabra del Señor, y si el Señor, en su misericordia, te toca, entonces tú serás, tú habrás de ser salvo.
La maravilla más grande de la Iglesia, hermano, es que todos los que están aquí están porque los inscribió el Señor directamente. Es más, dice la Escritura que nadie podría venir a Él si Él primero no lo trae hacia Él. Si acaso tú eres un cristiano, siéntete bien, hermano, porque a ti tu formulario de inscripción no te lo dio Rafael Pérez; tu formulario de inscripción te lo dio el Señor, que dice la Escritura que te atrae con cuerdas de amor.
A mí me gusta escuchar los testimonios de los nuevos creyentes, cuando dicen: “Mira, yo fui a la iglesia, como que sentí que algo me estaba jalando, como que algo me invitaba, como que algo me iba acercando”. Hermano, esa es la influencia del Espíritu Santo que comienza a traerte hacia Cristo. Aquí predicamos el Evangelio y a veces el Señor permite que tú lo entiendas. Cuando la gente entiende, entonces procede al arrepentimiento, pero la gloria no es del predicador que predicó, la gloria no es tampoco de la persona que escuchó.
La gloria, hermanos, ¿saben de quién es? Toda la gloria es del Señor que añade todos los días a su iglesia aquello que han de ser salvos. Como pastor, eso a mí me da una paz extraordinaria, hermano, porque a veces, cuando uno es pastor de una congregación pequeña, uno piensa que lo está haciendo mal. Pero cuando uno entiende que el tamaño de la congregación depende principalmente de la misericordia del Señor, yo a veces me pregunto: “Señor, ¿es que te falta poder para alcanzar a la gente con salvación?” No, hermano, al Señor no le falta eso. Dice la Escritura que Él es amplio en misericordia.
La Iglesia del Señor es del tamaño que el Señor de la Iglesia determine que sea cada congregación. Hay iglesias que el Señor les ha permitido tener una congregación más grande; hay otras iglesias locales que tienen una congregación más pequeña. Lo que yo sé es que, si somos la Iglesia del Señor, lo somos porque el Señor nos añadió a su Iglesia y no nosotros mismos. Nadie se inscribe en esto, hermano. Si usted primero “se inscribió”, fue porque el Señor ya le había dado un formulario. No hay nadie que pueda decir: “Yo, por mis propios medios, me salvé”. Si tú te salvaste fue por la misericordia del Señor.
Cuarta característica: la Iglesia de Cristo siempre evangeliza, pero lo hace dependiendo de que el Señor, en su misericordia, produzca un milagro.
Me gustaría resumir. Si tú estás buscando una iglesia hoy para ti y para tu familia, deja de preguntarte si esa iglesia tiene transporte, si en esa iglesia dan merienda, si la iglesia sale por televisión. Deja de preguntarte que si las sillas son cómodas. Deja de preguntarte que si la iglesia tiene un templo grande o un templo chiquito. Deja de preguntarte que si la iglesia es de tal o es cual, y pregúntate: ¿en esa iglesia se está predicando la palabra del Señor y la gente tiene pasión por el libro?
Pregúntate eso: si en esa iglesia la gente “come Biblia” y la come así, y la saborea como si fuera realmente pan de vida. Si en una iglesia hay pasión por la Escritura, es muy probable que esa sea la Iglesia del Señor.
Lo segundo, hermano, pregúntate: ¿en esa iglesia realmente hay comunión? ¿La gente comparte sus necesidades y comparte también su abundancia? Las dos cosas se comparten. O sea, ¿se comparte tu momento de necesidad? ¿En esa iglesia la gente, cuando está triste, está ahí, y cuando está alegre también? Si en la iglesia hay comunión, es probable que sea la Iglesia del Señor.
Pregúntate: cuando en esa iglesia se adora, ¿adoran para que uno vea lo bien que lo hacen, o cuando ellos adoran, adoran especialmente en verdad y de acuerdo a lo que dice la Escritura? ¿Es la adoración una adoración que sale del corazón? Si en esa iglesia hay una adoración genuina, muy probablemente es la Iglesia del Señor.
Y por último, pregúntate: ¿ha añadido alguien el Señor a través de esa iglesia? Pregúntate eso: ¿realmente se ha añadido gente a la iglesia porque el Señor los añadió? ¿En esa iglesia hay salvación? No te estoy hablando de si se convierten quinientos todos los domingos; te pregunto si hay evidencia de que en esa iglesia hay salvación.
Hermanos, si somos la Iglesia del Señor, aquí debe haber salvación, aquí debe haber una adoración genuina y ferviente al Señor, aquí debe haber una comunión sincera y, sobre todo, aquí debe haber pasión por su palabra.
Son cuatro cosas que definen la Iglesia del Señor. Fuera de ahí, hermano, quizá el Señor nos permita prontamente tener un templo, y adentro del templo predicaremos su palabra, y adentro del templo, hermano, tendremos comunión, y adentro del templo adoraremos al Señor con fervor, y adentro del templo esperamos que el Señor añada a la Iglesia a aquellos que han de ser salvos.
Aprende, hermano, a identificar la Iglesia para que no te comas las hojas. Aprende a identificar la Iglesia para que no te comas la raíz de la caña. Aprende, hermano, a identificar qué es lo que hace relevante la Iglesia del Señor. La Iglesia del Señor se hace relevante a través de esas cuatro características. Oremos a Él para que nos permita…
…que cada una de esas razones que son la razón de que nos identifican como Iglesia del Señor cada vez estén más presentes en la iglesia mundial.