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Su palabra en nuestra casa

Deuteronomio 6:1-12

El bienestar real de la familia no depende solo del sustento, la salud o la educación, sino de que la palabra de Dios habite en el hogar, sea enseñada a los hijos y obedecida en todo tiempo. Deuteronomio 6 nos llama a edificar nuestra casa sobre la revelación del Señor y a amar a Dios con todo el corazón.

Predicado9 de septiembre de 2012
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Les invito a que me acompañen en su Biblia en el libro de Deuteronomio, en el capítulo 6. Estaremos leyendo una porción sustanciosa de la palabra del Señor, desde el versículo 1 y hasta el versículo 12. Pueden buscarlo en su Biblia y compartir ahí la Escritura con alguna persona que tengan cerca. Es el libro de Deuteronomio en el capítulo 6. Estaremos hablando acerca de traer la palabra del Señor a nuestra casa, “Su palabra en nuestra casa”. Les doy un momentito para que puedan buscarlo y compartirlo. Libro de Deuteronomio, capítulo 6, leeremos desde el versículo 1 y hasta el versículo 12. Pueden buscarlo en su Biblia y marcarlo allí, quizá puedan poner ahí su programa. Es la única porción que estaremos leyendo hoy, una porción extensa, libro de Deuteronomio, capítulo 6.

Antes de leer la Escritura, me gustaría leerles la introducción, que dice así: en toda familia prudente, los padres buscan con diligencia el sustento diario, un lugar seguro en el cual vivir, la educación de sus hijos y el bienestar de su salud. Pues cuando una de estas cosas falta, toda la familia es perjudicada. Si la familia no solamente es prudente, sino también sabia, los padres asegurarán, usando todos los medios que tengan a su alcance, que la palabra de Dios esté presente, que sea aprendida, recordada y aplicada, sabiendo que el bienestar de todos ellos depende de esto más que de cualquier otra cosa. Hoy aprenderemos a traer la palabra de Dios a nuestra casa.

Quiero hablar un momento con los padres que tenemos aquí presentes. Qué incertidumbre en la vida de un padre hay cuando vive en una casa alquilada y le piden la casa. Quizás el casero te ha dicho que tienes que mudarte en tres meses. Es más, quizá te ha dado menos de tres meses, quizás solamente te ha dado dos y te ha dicho: recojan de aquí, busquen otra casa y múdense. Los padres se ponen la mano en la cabeza y dicen: “¿Dónde dormirán mis hijos?”. Qué incertidumbre en la vida de cualquier familia cuando uno de sus padres pierde el empleo. Y dice: “Yo, que dependo de mi salario para comprar la comida de mis hijos, yo que dependo de mi salario para pagar su colegio, ¿qué será de la vida de los míos ahora que me quedé sin trabajo?”.

Qué desasosiego hay en toda familia cuando uno de sus hijos tiene un bajo rendimiento escolar, o quizás cuando uno de tus hijos ha sido expulsado de una escuela o cuando no pudo pasar un examen de admisión. Qué incertidumbre hay en la vida de cualquier familia cuando alguno de los miembros pierde la salud. El dolor en el dedo más pequeño de cualquier miembro de su familia es un dolor que se siente en todos los miembros. ¿Cómo te sientes tú cuando no tienes un seguro médico? Y acaso dices: “Yo solamente tengo el plan básico, no tengo el plan complementario; si acaso un hijo mío enfermara, ¿en dónde internaría yo a mi hijo?”. Lo que estoy compartiendo con ustedes son los asuntos de la vida diaria y cómo las familias se ajetrean por asuntos que son muy necesarios. En toda familia prudente los padres tienen mucha incertidumbre, andan preguntándose por todas estas cosas, pero me gustaría preguntarles ahora a ustedes un poco más.

¿Acaso es tema de conversación en su familia qué tanto están conociendo sus hijos la palabra del Señor? ¿Acaso es un tema de conversación entre ustedes el poco rendimiento espiritual que están teniendo sus hijos? ¿Les preocupa quizás a ustedes que no tengan el conocimiento de la palabra del Señor para poder conducir a sus hijos con rectitud? Me gustaría animarles a todos a que su familia no solamente sea una familia prudente que se preocupe por las cosas de la vida diaria, sino que su familia también sea una familia sabia y que se preocupe por las cosas de la eternidad. Así como es un tema de preocupación quedarse sin trabajo, quedarse sin salud, tener un hijo con bajo rendimiento escolar, que también sea un tema de preocupación que su familia va a la deriva y todavía no sabe cuál es la plena voluntad de Dios.

Esta porción que estaremos consultando hoy, libro de Deuteronomio en el capítulo 6, es una fuerte exhortación de Dios a que nuestra familia se preocupe no solamente por su bienestar físico, material, sino que la familia se preocupe también por su bienestar espiritual. Estoy convencido de que el desempeño espiritual de una familia es más decisivo que un aumento en tu trabajo. Estoy convencido de que tener una familia que dependa de Dios y que conozca su palabra es el mejor seguro que pueden tener tus hijos. Estoy convencido de que es un logro más relevante que tu hijo camine recto en los caminos del Señor a que tu hijo se haya recibido en cualquier universidad de este mundo. Todo aquello es importante, pero esto lo es todavía más. Acompáñenme al libro de Deuteronomio en el capítulo 6.

La lectura de Deuteronomio 6 y la instrucción para todas las generaciones

Leamos la palabra del Señor: “Su palabra en nuestra casa”. Dice la palabra del Señor de la manera siguiente:

Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados.

— Deuteronomio 6:1-2

Hermano, vamos a leer toda esta parte, pero me gustaría detenerme aquí un momento para darles a ustedes la primera parte. En esta primera parte aprendemos que la palabra de Dios es la única instrucción que puede alcanzar a todas las generaciones. Dice la misma Escritura que esto es para ti, que esto es para tu hijo y al mismo tiempo que esto es para el hijo de tu hijo; que es para los padres, es para sus hijos y es también a la vez para sus nietos.

Hermano, la palabra del Señor es una enseñanza, es una instrucción segura, y es porque es atemporal. Generaciones tras generaciones han podido sustentar su familia en la palabra del Señor. Hay otras familias que podrían ser familias prudentes, pero a la vez son necias, que edifican su familia sobre aquella base muy cambiante que es la cultura. Te pregunto: ¿sobre qué cosa estás estableciendo tu familia?, ¿cuál es el fundamento que tiene tu casa?, ¿por qué piensas que tus hijos no van a ser destruidos? Quizás piensas que tu juicio es seguro. El juicio seguro es el juicio de la palabra del Señor. La palabra del Señor es atemporal. El abuelo puede ser instruido en los caminos del Señor y le va a ir bien, y su bisnieto y hasta su chozno pueden ser instruidos en la palabra del Señor y les irá bien también. La palabra del Señor es universal.

Así como es atemporal, también esto tiene que ver con todos los pueblos, todas las etnias. En Norteamérica pueden edificar familias bajo la palabra del Señor; en Latinoamérica también; en el norte de África también podrán. La palabra del Señor es atemporal, no tiene que ver con una generación o dos, alcanza todas las generaciones, y la palabra del Señor es universal. Si acaso tú mudaras tu familia de aquí y te fueras a Europa, te fueras a Estados Unidos, estos valores que has incluido, que son sustentados en la palabra del Señor, acompañarán a tu familia aquí y en cualquier otra parte. Es el juicio seguro de la palabra de Dios.

Padre que estás aquí presente, yo te pregunto: ¿acaso te parece que tú eres tan suficiente como para edificar tu familia sobre ti mismo? ¿Acaso piensas tú que tienes la estabilidad para que tus hijos se conduzcan solamente por lo que “me dijo papá, me dijo mamá”? Padres y madres que están aquí presentes, el único lugar seguro para edificar la vida de sus hijos no son sus opiniones cambiantes, son las opiniones firmes, son las revelaciones de Dios, es su palabra.

Quizás hay padres que se sientan muy seguros de ellos mismos y dicen: “Con mi consejo le es suficiente”. Un padre sabio dice: “Yo aconsejaré a mi hijo, pero el consejo que le daré a mi hijo no es aquello que la cultura me dijo que era verdad. El consejo que le daré a mi hijo es el consejo firme de la palabra del Señor”.

Primera cosa que te estoy enseñando: la palabra del Señor es la única instrucción que puede alcanzar a todas las generaciones. Traté diciendo que ella es atemporal. Traté diciendo que ella es universal. También te diré que ella no depende de las modas pasajeras. Miren, cada generación ha tenido su moda; yo estuve haciendo memoria. Cada generación tiene su poeta, cada generación tiene su psicólogo, cada generación tiene su medicamento. Yo recuerdo que en la generación de mis padres había un hongo que se mencionaba, que ese hongo curaba como veinte enfermedades, y eso llegó a estar en muchas casas. ¿En qué casa usted no vio un hongo así, que ponían, que ese hongo lo trajeron de un lugar? Ahora no es un hongo, ahora se está hablando de otras cosas; se habla del noni, por ejemplo.

Se habla de la moringa; quizá mis hijos no conozcan la moringa, pero es como que cada generación tiene su “cura”, cada generación tiene sus modas. Los discos que escuchaban tus abuelos quizás no son los discos que escuchan tus hijos, y uno se pregunta cuál es la correcta: si lo que escuchaban ellos o lo que escuchamos nosotros. Hay mucha tensión en las generaciones cuando las generaciones no tienen un terreno común, y el único terreno común que pueden tener todas las generaciones es la revelación de la palabra del Señor. Un hijo puede discutir con su padre a ver si mi generación tiene una mejor expresión que la tuya, pero un hijo tendrá que depender de su padre porque ambos están cimentados en la misma influencia. La influencia es la influencia de la palabra del Señor.

La palabra que cubre todas las áreas y determina que nos vaya bien

La palabra del Señor cubre todas las necesidades. No hay un área de la existencia humana que escape al consejo de la palabra del Señor, y de eso estoy seguro. Quizá tú te preguntas: “Y cuando mis hijos me pregunten sobre tal cosa, ¿qué les responderé?, y cuando mis hijos tengan una necesidad en tal área de su vida, ¿con qué les instruiré?”. La palabra del Señor es un terreno firme para edificar la familia porque cubre todas las áreas de la existencia humana, y en todas esas áreas podemos nosotros glorificar al Señor.

Me emociono. Miren, la semana pasada comenzó el año escolar, y Facebook se llenó de niños uniformados que iban hacia la escuela. Yo me emocioné. Yo vi una foto de mi sobrino, hermano, uniformadito, con su mochila encima, y eso me pone contento. Son cosas que emocionan. Ahora, me gustaría ver padres emocionados porque sus hijos están conociendo con más claridad la palabra del Señor. Me gustaría ver padres emocionados porque sus hijos están tomando instrucción en algo que es eterno. Y te digo: mira, tú tendrás que instruir a tus hijos en la palabra del Señor porque tarde o temprano tus hijos buscarán una instrucción en alguna parte.

Y si no es en la palabra del Señor, la van a buscar en la cultura, y si no la buscan en la cultura la van a buscar entre sus amigos. En algún momento alguien va a influenciar a tus hijos. Mi recomendación es que la influencia más directa que tenga tu familia sea la influencia de la palabra del Señor. Vamos a movernos un poco más y veamos el versículo 3. Dice así:

Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová, el Dios de tus padres.

— Deuteronomio 6:3

Leo de nuevo: “Cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel”. Miren, cuando yo leí ese versículo como que me estremecí, especialmente por lo siguiente: todo Israel entró a la misma tierra, pero la misma tierra no la aprovechó del mismo modo a todos los que entraron. Todos entraron a la tierra que fluye leche y miel, pero no a todo el mundo en la tierra que fluye leche y miel le fue bien.

Segunda cosa que te estaré enseñando: el asunto más determinante para que nos vaya bien en la tierra es poner por obra la palabra del Señor. Las mismas personas en la misma tierra no tienen el mismo aprovechamiento. Lo que va a permitir que te vaya bien no es que estés en una buena tierra; lo que va a permitir que te vaya bien es que pongas por obra la palabra del Señor.

He escuchado padres que dicen: “A mí me gustaría llevar mi familia a Norteamérica. Yo quisiera que mis hijos crecieran en un país desarrollado”. Hay algunos que han dicho: “Me gustaría mudarme con los míos hacia Europa. Me gustaría que mis hijos crezcan, se críen en una cultura más desarrollada, en un país donde haya más bonanza económica”. Lo que es más determinante para que a ti y a tus hijos les vaya bien no es el lugar donde ustedes están viviendo, es si están poniendo o no están poniendo por obra la palabra del Señor. Dice el versículo 3: “Oye, pues, Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel”. El mayor problema no es un problema económico.

El mayor problema no es un problema legal. El mayor problema es un problema moral. Hay mucho movimiento ahora mismo en familias que están buscando mejoras. Yo vi padres donde estaba el papá, la mamá y sus dos o tres hijos, todos con una camiseta amarilla que decía “el 4% para la educación”. No está mal el 4% para la educación, pero hace falta más que educación para que nos vaya bien. No está mal que tengamos un 4% para la educación; bueno que se logre, ¿verdad?, si se lograra aprobar tal cosa. Pero necesitamos algo más que educación. Qué bueno es poder desarrollar una familia cuando hay bonanza económica en el país, pero necesitamos más que bonanza económica. Necesitamos la palabra del Señor implementada en la vida de la familia, y cuando implementas la palabra del Señor en la vida de tu familia te va a ir bien aquí o en cualquier otra parte.

Segundo punto: lo más determinante no es la tierra, lo más determinante es que podamos poner en práctica la palabra del Señor. Miren, podemos tener cierto avance sin Dios, pero el retroceso será mayor. ¿Cuántas familias han estado preparando a sus hijos para que les vaya bien en la vida y han logrado poner a sus hijos en los mejores colegios, y han logrado mandar a los hijos a los mejores institutos, y han logrado llevarlos a las mejores universidades, y han logrado que sus hijos tengan una fuerte formación intelectual, pero eventualmente un hijo formado intelectualmente, eventualmente un hijo que ha sido impulsado por sus padres, así mismo tiene una derrota moral que lo manda tres veces más hacia atrás que lo que sus padres pudieron impulsarlo hacia adelante?

La formación intelectual sin la palabra y la prioridad de amar a un solo Dios

Quizás has estado pertrechando a tus hijos intelectualmente, quizás los has estado preparando para que les vaya bien económicamente, pero no has tomado en cuenta la parte más determinante. Más determinante que va a afectar el desempeño de tus hijos, la parte más determinante es que tus hijos no solamente sean buenos profesionales, que tus hijos no solamente sean hombres prósperos y productivos, sino que tus hijos también tengan conocimiento de la palabra del Señor, para que cuando lleguen a la tierra que fluye leche y miel, esa tierra la aprovechen y no les haga mal.

¿Cuántas son las familias que han invertido la vida familiar completa en lograr la formación de sus hijos, y luego, cuando sus hijos han llegado y lo pusieron en el punto 10, se dieron cuenta de que por no tener la palabra del Señor en sus vidas, sus hijos cometieron errores, que ya no solamente los dejaron en el 9, sino que los mandaron a menos 10? ¿Cuántas son las familias que han tenido que recomenzar porque formaron intelectualmente a sus hijos, pero no los formaron moralmente? Hermano, la palabra de Dios es necesaria en tu casa porque es el asunto más determinante para que nos vaya bien.

Escuchaba a dos madres conversar y decir: “Es que tú sabes que tal colegio no es tan bueno; la educación Montessori a mí me parece que está mejor”. Y la otra decía: “Mira, esa es la educación Montessori, pero en este otro estudio fulano, fulano y fulano”. Los padres se preocupan por las relaciones de sus hijos, con quién van a estudiar, con quién se van a rodear, cuál es la instrucción que les van a dar. Caramba, ¿y por qué no nos preocupamos por la formación espiritual de ellos? Lo más determinante no es el intelecto. No está mal estudiar, gloria al Señor porque nuestros hijos estudien; no está mal tener buenas relaciones, gloria al Señor por eso. Lo más determinante para tus hijos es que puedan poner en práctica la palabra del Señor, dice la Escritura, para que les vaya bien.

¿Cómo se logra esto entonces? Para eso vamos a leer los próximos dos versículos, el versículo 4 y el versículo 5. Dice así:

Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.

— Deuteronomio 6:4-5

Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es, y amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Si usted me preguntara: “¿Cuáles son las dos cosas más esenciales que una familia le debe enseñar a sus hijos, las dos cosas más esenciales que una familia le debe enseñar a sus hijos?”, es esto: adorar a un solo Dios y poner toda su confianza en el mismo lugar. Son las dos cosas con las que un hijo no debe irse nunca de la casa de un padre sin saberlas. Las dos cosas que un hijo no debe irse de la casa de su padre sin saber: lo primero es que existe un solo Dios, “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”; y lo segundo es amar a Dios con todo su corazón, con toda su mente y con todas sus fuerzas.

Me dices: “Pastor, ¿en qué me enfoco al instruir a mi familia?”. Enfócate en esas dos cosas esencialmente. Así como a tus hijos les dan un diploma que dice: “Ya sé leer”, y tú te emocionas porque tu hijo ya sabe leer, tú debes emocionarte cuando tu hijo aprenda a adorar un solo Dios, “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”, y que tu hijo aprenda a amar a ese Dios con toda su mente, con todo su corazón y con todas sus fuerzas. ¿Qué es esto, hermano? Es amar a Dios profundamente.

Yo te pregunto: ¿tú quieres saber si lo has hecho bien ante Dios por tus hijos? Pregúntate lo siguiente: ¿he podido enseñar a mis hijos a amar a Dios profundamente? Tú quieres saber si ante Dios estás graduado como padre; pregúntate lo siguiente: ¿he enseñado a mis hijos a amar a Dios completamente? Si en algún momento te surge la duda: “Yo, como padre, ¿lo he hecho bien ante el Señor de aquí y hasta determinada edad?”, pregúntate: “¿He enseñado a mis hijos a amar a Dios fuertemente?”. Si acaso no sabes, quisieras saber qué piensa Dios acerca de tu paternidad, acerca de tu maternidad; pregúntate: “¿He enseñado yo a mis hijos a amar a Dios sobre cualquier persona, lugar o cosa?”.

Un padre lo hace bien ante Dios cuando sus hijos desde temprana edad aprenden a adorar un solo Dios y a poner en ese Dios toda su confianza. Y los padres lo hacen bien ante Dios cuando les enseñan a amar a Dios con todo su corazón, con toda su mente y con todas sus fuerzas. Hay padres que le han enseñado a sus hijos a amar a su pueblo, por ejemplo. Los padres santiagueros quizá le enseñaron: “Hay que amar a la más culta ciudad, hay que amar a Santiago”. Los padres veganos quizá podrían también decirles: “La culta y olímpica ciudad de La Vega”. Los padres azuanos quizá les han enseñado: “Azua, tierra de poetas”, como decía el anuncio, que los poetas crecen silvestres. Cada padre de cada pueblo trata de inculcarle a sus hijos amar su pueblo.

Ahora te pregunto: ¿le enseñaste tú a tus hijos amar a un solo Dios y amar a ese Dios totalmente, amarle profundamente, amarle completamente y amarle sobre todas las cosas? Si acaso como padre lograste incluir eso desde temprana edad en la vida de tus hijos, ante Dios lo hiciste bien. Quizás me dices: “Pastor, es que yo estaba muy afanado en que mi hijo aprenda la tabla de multiplicar, estaba muy afanado en que mis hijos aprendan a dividir en sílabas, estaba muy afanado en que mis hijos aprendan el álgebra de Baldor. Les pagué tutores, los mandé a escuelas de reforzamiento”. Si no le enseñaste a tu hijo a amar a Dios completamente, fuertemente, exclusivamente, a poner en él toda su confianza, has perdido tu tiempo como padre, por lo menos desde la perspectiva de Dios.

Cómo traer la palabra a la casa: presencia constante y temprana

Vamos a leer ahora del versículo 6 al 9 y entremos a la parte central: “Su palabra en nuestra casa”, cómo la ponemos. Dice la palabra del Señor así:

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

— Deuteronomio 6:6-9

Hermano, ¿qué nos enseña esta porción? El texto está diciendo cómo es que debemos poner la palabra de Dios en nuestra casa. Hay varias cosas que nos dice aquí. Escuchaba a una persona que me decía: “Yo no quiero darle instrucción religiosa a mis hijos ahora mismo. Yo quisiera que mis hijos crezcan en un lugar laico. Cuando ellos pasen de 15 años, entonces que busquen su propia religión. Cuando ellos sean grandes, entonces que decidan si buscarán a Dios o si adorarán otra cosa”. Lo que tengo para decirles es que ante Dios nadie puede ser neutral, y la sociedad no es neutral.

Tú no deberías postergar la instrucción bíblica de tus hijos, porque si tú no estás incluyendo a tus hijos en la palabra del Señor hoy, en algo están siendo incluidos ellos. Y si la palabra del Señor hoy no está en los postes de tu casa, no está sobre su frente, no está sobre su mano, yo te aseguro que algo tendrán ellos ahora mismo sobre sus ojos, sobre su frente y sobre sus manos. Padre que estás aquí presente, ¿qué crees tú que tienen tus hijos ahora mismo ante ellos? No podemos ser neutrales. Dice la palabra del Señor, decía el Señor, que “el que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”.

Ante Dios no podemos estar en un punto medio. No podemos decir: “Mira, yo ni voy a amar a Dios ni me voy a ofender con él; yo estoy aquí como neutral”. Hermano, ante Dios no podemos ser neutrales. Si postergas la instrucción bíblica de tus hijos, alguien está ganando terreno en la mente de ellos. Y yo estoy convencido de lo siguiente: gloria al Señor por aquellos hermanos que vinieron ya grandecitos a los caminos del Señor, gloria al Señor por eso. Aquellos que conocieron al Señor a los 25 años, aquellos que lo conocieron a los 30, hay otros que conocieron al Señor después de la mediana edad. Pero todo cristiano comprometido entenderá: qué bueno hubiese sido para mí conocer la voluntad del Señor desde temprana edad.

Quizás tú conociste al Señor ya en tu vejez, pero te aseguro que, si eres un cristiano comprometido, dirás: qué provechoso hubiese sido para mí haber conocido la hermosura de la revelación de Dios cuando estaba en mi niñez. Yo le pregunté a un músico, es un pianista; le pregunté a él y le dije: “Mira, ¿has escuchado esto, que para ser pianista hay que comenzar temprano, desde niño?”. Es un músico muy reconocido. Le pregunté a él: “¿Es cierto esto?”. Perdónenme, el músico que estoy hablando ahora no es el pianista; a un pianista también le pregunté, pero este que estoy pensando ahora mismo es un violinista. Y le pregunté a él: “¿Es cierto que para llegar a ser un virtuoso del violín hay que comenzar a edad temprana, que si un niño antes de los ocho años no tenía un violín en el hombro es muy difícil que llegue a interpretar las grandes composiciones?”.

Me dijo él, un violinista consagrado: “No hay una edad para comenzar a hacer música, pero aquel que comienza a convivir con la música desde la temprana edad tiene grandes ventajas sobre aquellos que la conocieron tarde”. Y comenzó a explicarme; me dice él: “Hay cierta posición de los músculos, que no es lo mismo que un niño esté desde los seis años de edad acostumbrando el violín a tenerlo en su hombro y tener esto tan cerca del oído, que una persona que tiene 60 años y ya esta musculatura y estos tendones se formaron para otra cosa. No es lo mismo ponerse un violín en el hombro a los seis, que ponérselo a los 66, no es lo mismo, ¿verdad?”.

Miren, un anciano de 80 años, yo estoy seguro que si agarra un violín hoy le sacará algunas notas, pero un niño que comenzó a ejecutar el violín desde la temprana edad, su mismo cuerpo ya creció con el instrumento. Ya no es un asunto raro, no le es extraño. Lo mismo pasa con la palabra del Señor. Miren, esto lo aprovecha todo el mundo. Si tú ya pasaste de los 30 y todavía no te habías formado en la palabra del Señor, estás a tiempo y algún provecho tendrás. Si ya tú pasaste de los 40, de los 50, de los 60, gloria al Señor, ¿verdad?, que llegaste, pero que llegaste. Pero por favor, no les cierres a tus hijos la puerta de recibir la instrucción en la palabra del Señor desde sus primeros años.

Miren, hay unos versículos que uno aprendió en su temprana edad que después de grande son difíciles. Yo a veces digo que yo estoy viviendo hoy de los versículos que me aprendí por allá temprano en los 80, en la escuelita bíblica. Y hay veces que llegan a mí esos versículos y digo: “¡Wow!, gloria al Señor que los aprendí temprano”, porque a esta altura del juego, yo pensando en el presupuesto familiar, pensando en las necesidades, pensando en los clientes, es difícil aprenderse versículos. Qué beneficio es para un niño ser expuesto desde temprano a la palabra del Señor. Qué hermoso es un padre que entiende lo valioso que esto es.

Hay unos programas infantiles, se llaman “Baby Einstein”. ¿Quién conoce esos programas? Son unos programas que tratan de inducir al niño desde temprana edad. Una vez vi una escena en que había cinco madres con un solo televisor y estaban todas mirando “Baby Einstein”, pero todas las madres trataban de que su niño esté un poquito más cerca del televisor, y una madre se movía, y la otra se movía un poco más, y la otra se movía. Yo pensaba que ellas trataban de decir: “No, que el mío lo aproveche más, que el mío lo tenga más cerca, que el mío lo escuche totalmente”. Pero todas, madres, llegaron a un momento que estaban las cinco a pocos metros, así, de la televisión, todas, cada vez más cerca, cada vez más cerca.

Todas estas madres querían que su hijo llegue a ser un “Baby Einstein”. Yo pienso que lo mismo debe desear todo padre prudente y sabio, lo mismo debe desear toda abuela prudente y sabia, lo mismo debe desear todo aquel que piensa traer hijos a este mundo: que mis hijos estén tan cerca de la palabra del Señor como puedan estarlo. Haré todo lo posible porque mis hijos reciban una buena formación en la palabra del Señor. En los deportes sucede así. Estuve mirando la biografía del padre de Venus y Serena Williams; estas son niñas virtuosas jugando tenis. Su padre, Richard Williams, tenía la intención, desde que sus niñas nacieron, de que sus hijas lleguen a ser estrellas jugando tenis.

Y sucedió que Richard Williams volcó toda la vida de esa familia buscando oportunidades para que sus hijas estén lo más cerca posible de los mejores instructores de tenis que él pudo conseguir en Estados Unidos. La familia se mudaba vez tras vez, y si tú le preguntabas a Richard Williams: “¿Por qué razón te has mudado?”, él decía: “Estoy mudándome porque al mudarme logro que mis hijas estén más cerca del campo de instrucción donde entrena determinado jugador, donde enseña determinado instructor”.

Hay familias que han tomado decisiones. Quizás tu familia vino a la capital para que tú logres entrar a alguna universidad. Hay familias que bajaron de la loma para que sus hijos puedan ir al bachillerato. Conozco familias que dejaron las lomas de café y vinieron al pueblo buscando dar la oportunidad de formación a sus hijos. Me gustaría ver que la familia de ustedes, la familia cristiana, cada vez se sacrificara más porque sus hijos sean formados en la mejor formación que un hombre puede tener sobre esta tierra, y esa es la formación en la palabra del Señor. Pero aún más: ¿cuántos padres quizás aquí presentes ya les regalaron un bate y una pelota a su hijo, porque “yo quiero que me firmen al muchacho”? Aquí hay padres peloteros que en el momento en que les nació un hijo varón, lo primero que llevaron fue un bate y una pelota.

El muchacho todavía no sabe agarrar objetos, y ya le están tirando la pelotica porque ya el padre la tiene en la mano. Y celebran estas cosas. ¿Cuántos padres se han sacrificado el sábado en la mañana para lograr que sus hijos estén en pelota en determinada liga? Pero qué triste es que en cuanto a las cosas del Señor uno ve como cierta apatía y ve a las personas como indiferentes. Hermano, la mayor formación que pueden tener tus hijos, la mayor formación que puede tener tu familia completa es la formación en la palabra del Señor. Un padre que quiere que su hijo sea ingeniero, ¿saben qué le regala? Un juego de Lego, un serrucho, un juego de construcción, un rompecabezas. Un padre que quisiera que su hijo sea comerciante como él le regala un “Monopoly” y le enseña a negociar con bienes raíces.

Hermano, que nadie te quite el privilegio, que nadie te quite esa satisfacción de que la primera Biblia que tuvo tu hijo se la llevó su padre. Que nadie te quite a ti el privilegio de que la mayor intención de que tu hijo participara en una escuelita bíblica vino de ti. Que nadie te quite a ti el privilegio de que tu hijo esté lo más cerca posible de la formación en la palabra del Señor. El cine no es neutral, el entorno no es neutral, sus amigos no son neutrales. ¿Por qué razón hemos de serlo nosotros?

Mira, hermano, la palabra del Señor debe estar en las paredes, debe estar delante de sus ojos, debe estar pegada de su cuerpo. Yo te pregunto: ¿qué es lo que está más pegado ahora mismo, qué es lo que está influyendo más de cerca en la vida de tus hijos?, ¿cuál es su influencia más directa? ¿Y cómo logro hacerlo distinto? Ideas, hermano: cuenta la historia de Dios. Qué hermosos son los padres que los personajes bíblicos se los presentan a sus hijos como héroes de Dios. Da ideas, léeles las Escrituras, da ideas, involúcralos en tu ministerio. Cuando vayas a hacer algo en la iglesia, tráelos. Hay padres que se sienten mal porque los niños en la iglesia a veces corren. En la medida de lo posible, enséñale a tu hijo a comportarse en la casa del Señor, pero es normal que los niños se muevan, que a veces los niños griten. Tráelos a la casa del Señor de todos modos, tráelos a la casa del Señor de todos modos.

Da ideas: provéeles oportunidades de formación cristiana. Es crisis para los padres cuando no han podido comprar los útiles escolares de sus hijos, pero ¿cuándo fue la última vez que le compraste tú un buen libro cristiano?, ¿cuándo fue la última vez que invertiste en que tu hijo participe en un campamento cristiano? Provee oportunidades de formación para tus hijos; tienes que asegurarte de que la palabra de Dios esté muy presente. Repítela ante ellos. Háblala estando en tu casa, háblala estando en el camino, al acostarte, al levantarte. En la familia de comerciantes se menciona mucho el dinero; el papá va caminando y va diciendo: “Yo tengo que ver cómo cierro tal negocio, tengo una factura”, y va caminando y va manejando y va hablando de eso. En las familias de músicos, el hijo va atrás, pero yo estoy seguro de que está escuchando las mejores composiciones que puedan tener, porque eso es lo que escucha su padre.

Y muchos grandes músicos han dicho: “¿Cómo tú llegaste a involucrarte en la música?”. “No, es que yo escuchaba la música salir en mi casa”. En un momento yo seguí mucho a Fito Páez, en un momento me agradaba mucho su música; después, por convicción, dejé de oírlo porque su música contradice mis convicciones. Pero Fito Páez es un virtuoso del piano, y escuché una entrevista en Argentina que le preguntaron a Fito Páez: “Fito, ¿y cómo fue que tú llegaste a involucrarte en la música?”. Y él dijo: “Lo que pasa es que mi casa estaba llena de pianos”.

Qué hermoso sería que cuando tu hijo esté caminando en tu casa tropiece con la revelación de Dios, que se encuentre con el libro que está leyendo papá, que se encuentre con la Biblia de mamá, que se encuentre con que papá está en la iglesia, que mamá sirve, “vamos para la iglesia”. Qué hermoso sería que, de la misma manera que Fito Páez tropezó en su niñez con los pianos de su madre, tropiecen tus hijos con la palabra del Señor que está tratando de conocer su madre, que está tratando de conocer su padre, que está tratando de cultivarse su abuela. Son ideas, hermano, para traer la Biblia a nuestra casa.

Quizás esto es una figura literaria; no se trata de que se les escriba en la frente literalmente, aunque algunos judíos han llegado a hacerlo. No se trata de que le escribas los versículos y se los pongas en una cinta pegante. No se trata de que las paredes literalmente estén llenas de textos. Lo que está tratando de enseñar Moisés en esta porción de la Escritura es que la palabra del Señor tiene que estar tan presente en tu casa como pueda estarlo. Ideas para hacerlo, hermano: miren, hay tres herramientas con las cuales se puede enseñar. La primera herramienta con la cual se puede enseñar son tus actitudes. ¿Cómo reaccionas tú ante una necesidad? Menciona la palabra del Señor. Qué bonito es un padre que tiene cierta necesidad y cuando su hijo viene a hablarle le dice: “Sí, pero yo estoy confiando en el Señor. Recuérdate que yo te enseñé que debemos adorar a un solo Dios y amarle con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas”. Qué hermoso es un padre que puede enseñar eso.

Actitudes, acciones y palabras; la bonanza y el peligro del olvido

Pero también hablan muy bien las acciones. Lo que tu hijo te ve haciendo probablemente es algo que tu hijo termine haciendo. A veces no me gusta traer casos así tan de actualidad y tan cercanos, pero la noticia en esta semana en nuestro país fue una madre que perdió un hijo, y tenemos como cristianos, hermano, que, de la manera que está a nuestro alcance, ser compasivos con una madre que ha perdido un hijo. Eso no es para festinarlo, eso no es para celebrarlo. Hermano, hay una madre en nuestra ciudad que perdió un hijo.

Pero escuchaba yo —y le digo esto con mucha prudencia, por respeto a esa familia, no quiero entrar en detalles— una entrevista a esa madre. Ella decía: “Él desde muy temprano comenzó a buscar de esas cosas y yo le decía que no, pero él lo seguía haciendo. Después yo comencé a respetar su individualidad”. Hoy su hijo está muerto. Te quiero decir que quizás a tiempo estás tú de cambiar el curso de la vida de tu hijo y no vas a cambiar el curso de la vida de tu hijo trayendo tu opinión personal. Vas a cambiar el curso de la vida de toda tu familia trayendo a tu familia la revelación de la palabra del Señor. No es la opinión de tu papá, no es la opinión de tu mamá, es la opinión de Dios. Qué distinta sería tu familia si en tu familia comenzara todo el mundo a caminar recto con relación a la voluntad de Dios.

Por último, hermano: primera herramienta, tus actitudes; segunda, tus acciones; y la tercera herramienta son las palabras. Ahora, las acciones son más fuertes que las palabras, y las actitudes son más fuertes que las acciones. Leo ahora del 10 al 12 para que cerremos aquí con este quinto punto: recordemos a Dios en nuestro momento de bonanza. Leemos los versículos 10 hasta el 12:

Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría; en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste; y luego que comas y te sacies, cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

— Deuteronomio 6:10-12

Mira, yo no sé si este es tu caso, pero yo he visto lo siguiente: el momento donde la familia está más receptiva a buscar la palabra del Señor es el momento de crisis. Pero en los momentos de bonanza, como que la familia dice: “Nosotros podemos solos, le damos para adelante”. Son muchas las familias que en momentos de carencia, en momentos de crisis, quizás ante un divorcio inminente, quizás ante la pérdida de la salud, quizás ante una crisis con un hijo, son muchas las familias que han buscado el consejo de la palabra del Señor y les ha ido bien. Pero muchas son las familias también que, desde que progresan y más o menos comienza la familia a encaminarse, entonces se olvidan de quién fue que los sacó de la tierra de Egipto.

Padre que estás aquí presente, cuando tu familia haga la voluntad del Señor le va a ir bien, eso es promesa de Dios. Ahora, cuídate de que, cuando te vaya bien, te olvides de Aquel que te trajo adonde estás. He visto con tristeza, hermano, que el Señor llega a la familia cuando los padres se quedan sin trabajo. A veces el Señor llega a la familia cuando los padres se quedan sin salud. A veces el Señor llega a la familia cuando uno de los hijos tomó una mala decisión que le lleva a la ruina. Ahora te pregunto a ti: ¿te podrías tú recordar del Señor en tu tiempo de bonanza?, ¿podrías tú pensar en el Señor cuando las cosas están más o menos bien, o vas a esperar el momento de crisis para poner la palabra del Señor en tu familia?

Son muchas las familias que han venido al Señor con las manos abiertas en momentos de crisis, y son muchas las familias que se han olvidado del Señor cuando la familia comenzó a caminar más o menos bien. Recuérdate de Dios en los momentos de bonanza. Leo de nuevo, son los versículos del 10 al 12: “Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría; en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste; y luego que comas y te sacies, cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre”.

Hermano, yo no sé en qué momento estás tú. Quizás tu familia está en un momento de tranquilidad; es el mejor momento para tú poner la palabra del Señor en tu casa. Quizás tu familia está ahora mismo en una situación ahí de altas y bajas; es el mejor momento para poner la palabra del Señor en tu casa. Quizás tu familia solamente ante los hombres y ante los ojos está unida, pero ahí quizás los padres están de espalda. Quizás ante la sociedad tu familia está caminando bien, pero tú que estás adentro sabes que tu familia está virtualmente destruida; es el mejor momento para poner la palabra de Dios en tu casa. ¿Cuándo es mejor poner nuestra confianza en el Señor: cuando la familia está bien o cuando la familia está mal? El mejor momento es ahora. Si estás en alta, pon tu confianza en el Señor; si estás en baja, pon tu confianza en el Señor.

Cuando tus hijos pregunten; autoridad, salvación y decisión hoy

Mándale dos de ñapa, los versículos del 20 al 25, se los leo así de rápido:

Mañana, cuando te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué significan los testimonios y estatutos y decretos que Jehová nuestro Dios os mandó?, entonces dirás a tu hijo: Nosotros éramos siervos de Faraón en Egipto, y Jehová nos sacó de Egipto con mano poderosa. Jehová hizo señales y milagros grandes y terribles en Egipto, sobre Faraón y sobre toda su casa, delante de nuestros ojos; y nos sacó de allá, para traernos y darnos la tierra que juró a nuestros padres. Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy. Y tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado.

— Deuteronomio 6:20-25

Padre, madre que están aquí presentes, sean sabios y prudentes. Miren, tarde o temprano todos los hijos cuestionamos lo que nos enseñaron nuestros padres. Tarde o temprano tus hijos van a cuestionar si acaso lo que tú les enseñaste era bueno o era malo, si acaso papá tenía razón o tiene más razón aquel que me lo está diciendo ahora mismo a través de la televisión. Tarde o temprano tus hijos cuestionarán lo que les pasaste, lo que les enseñaste. Te preguntarán por qué crees lo que crees y de dónde viene tu autoridad. Qué hermoso sería si en ese momento pudieras señalar a Dios y a su perfecta voluntad revelada.

Qué hermoso sería si cuando tu hijo te pregunte: “Papi, ¿y por qué tú crees que eso es verdad?”, tú con humildad puedas abrir la Escritura y decirle: “Yo creo que es verdad porque Dios lo dice”. Qué hermoso sería si cuando tus hijos comiencen a cuestionar lo que se les enseñó en su casa encuentren más allá que la opinión de papá o la opinión de mamá. Encuentren que lo que papá y mamá enseñaron era lo mismo que el Señor había revelado en su voluntad, que es buena, agradable y perfecta. Permítanme orar por las familias que están aquí representadas, que sean familias prudentes, pero que también sean familias sabias. Cierren sus ojos un momento ahí donde están. Mantengan sus ojos ahí cerrados. Papá, mamá que están aquí, esto es importante. Sea humilde, padre, sea humilde, madre.

¿De dónde viene tu autoridad?, ¿viene de ti mismo, o es una autoridad que está refrendada por la palabra del Señor? ¿Sobre qué estás edificando la vida de tu casa?, ¿cuál es tu maestro para que te vaya bien y sea de larga vida? Mantén tus ojos ahí cerrados. Quizás a través de la enseñanza de hoy el Señor ha inquietado tu vida y has decidido que necesitas algo más que tus opiniones, que necesitas algo más que tus humanas convicciones. Quizás el Señor te ha inquietado hoy; has llegado a conocer que necesitas la perfecta voluntad revelada de Dios, que es lo único que permanece generación tras generación. Es lo mismo que alcanza al bisabuelo, al abuelo, al padre, al hijo y al nieto.

Si acaso el Señor ha inquietado hoy tu vida para el beneficio tuyo y para el beneficio de tus hijos, en tu vida hace falta la palabra del Señor. Mantén tus ojos ahí cerrados. Quizás hoy, domingo 9 de septiembre, es día de salvación. Quizás hay padres aquí que podrían poner en el Señor su confianza para el beneficio suyo y el beneficio de sus bisnietos. Quizás la decisión que tomes hoy ante el Señor va a ser la decisión que va a cambiar el curso de tu vida, el curso de la vida de tus hijos y hasta de tus bisnietos. Quizás lo que decidas hoy a favor de tu familia cambie el curso de más de una generación.

Quizás la decisión que puedas tomar hoy ante el Señor pueda impactar cientos de vidas. Mira, Señor, los padres aquí congregados. Hemos predicado tu palabra, Señor, y les he dicho a ellos claramente que no hay lugar para edificar una familia que no sea tu voluntad, que tú eres la roca y lo demás es arena. Cambia el fundamento a las familias aquí representadas, Señor; donde había arena, pon roca. Mira las familias que están aquí, Señor, que todavía no te atienden a ti, mira los padres que están aquí. Papá, mamá, te invito a poner tu confianza en el Señor por el beneficio de tus hijos y el beneficio tuyo. Dice la Escritura en el libro de Apocalipsis, dice el Señor: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo”.

Dice el Señor que Él está a la puerta y llama, que si alguno oye su voz y abre la puerta, Él entrará a su casa. La casa es tu vida. El Señor está tocando la puerta de tu vida hoy. ¿Cómo es que una persona pone en el Señor su confianza? Comienza con una sencilla oración. Es como abrir la puerta metafóricamente hablando; es que le dices al Señor con tus palabras: “Señor, yo te quiero muy presente en mi vida, yo te quiero muy presente en la vida de mis hijos, te quiero totalmente presente en la vida de mi familia”. El regalo más grande que una familia puede tener es el regalo de la salvación.

Ay, hermano, quizás tengas que vivir alquilado toda tu vida, pero asegúrate de tener una casa para tu familia en el reino de los cielos. Quizás tengas que vivir alquilado toda tu vida en esta tierra, pero la casa que pongas en la eternidad será una morada propia y cierta. Con tus ojos ahí cerrados y con tus palabras, podrías decirle al Señor: “Señor, yo confieso que he pecado. Confieso que he estado edificando una familia lejos de tu voluntad. Confieso que he estado viviendo a la manera mía y no a la manera tuya”. Puedes decirle al Señor con tus palabras: “Te pido que perdones mis pecados”. Puedes decirle al Señor ahí, con tus palabras: “Yo te pido que me recibas como tu hijo, que vengas a morar en mi vida y en la vida de mi familia”.

Hermano, no esperes fuegos artificiales. Es una decisión que se toma ante el Señor y que el Señor la escucha. No vas a sentir nada especial; lo que sucede es que el Señor te recibe como su hijo y que comienza a edificar ahora tu vida en la roca que no varía, en la roca inconmovible de su verdad, de su revelación. Te doy un momento más. Si tú quieres recibir al Señor como tu Salvador, puedes decirle con tus palabras: “Señor, te pido que perdones mis pecados, que inscribas mi nombre en el libro de la vida. A partir de este domingo 9 de septiembre yo tomo la decisión de comenzar a hacer todo lo que esté a mi alcance para hacer que tu voluntad esté en mi vida y esté en la vida de mi familia”.

Si tú has hecho esta oración, yo te animo a que al final del culto de hoy te acerques. A mí me gustaría regalarte alguna literatura, me gustaría darte algunas instrucciones, me gustaría acompañarte en este caminar con el Señor. Mantén tus ojos ahí cerrados. Te invito a resolver ahora estar aquí el próximo domingo. Hermano, hace 100 años el domingo se le llamaba “el día del Señor”. Es algo muy nuevo que el domingo todo el mundo trabaje, que el domingo todas las tiendas abran, que el domingo toda la actividad sea normal. El domingo sigue siendo el día del Señor. Te animo a estar aquí el próximo domingo con tus hijos, con tu esposa, con los tuyos, dándole al Señor de tu vida el primer lugar de tu agenda.

Termino orando por todas las familias que están aquí. Ay, Señor, bendice grandemente a todas las familias aquí presentes. Bendíceles a ellos, bendice a sus hijos. Permite que estas familias caminen bien, Señor, en rectitud. Te doy gracias, Señor, por aquellos que han entendido y que han obedecido, y te pido misericordia por aquellos, Señor, que aún siguen obstinados en hacer las cosas a la manera suya y no a la manera tuya. Todo esto te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén y amén.

Que el Señor les bendiga mucho. Es para nosotros un gusto tenerles en nuestra iglesia. En este mismo lugar, domingo tras domingo, predicamos la palabra del Señor. Te invito a que el próximo domingo estés aquí con los tuyos y que comience a haber diferencia en tu vida para la gloria del Señor.

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