Vamos a cerrar nuestros ojitos y le voy a pedir que tienda su manito así sobre alguna persona que tenga cerca, para que juntos nos presentemos delante del Señor. Eso es, detenga su mano ahí un momento. Nos encomendamos juntos ante el Señor para recibir su palabra. La oración, hermanos, en esto no es un formalismo, es un reconocimiento de nuestra dependencia del Señor; para hacer su voluntad en nuestras propias fuerzas no podemos, y le solicitamos su ayuda especial.
Nos encomendamos en oración ante ti, Señor. Permite que esta rica porción de tu palabra que hoy estaremos compartiendo, que es una porción que se aproveche. Permite que hoy, Señor, cuando el banquete de tu palabra sea puesto ante los comensales, ellos participen, Señor, con intensidad, que participen con interés de esta mesa, que aprovechen, Señor, tu alimento, que es verdadera comida, como tú has dicho. Permite que nuestras opiniones, permite que nuestro punto de vista, Señor, sean depuestos y que gane tu revelación.
Te quiero pedir por estos hermanos que hoy serán llevados a las aguas, para que escuchen esto con especial atención, pero te quiero pedir también por aquellos que en otros momentos también fueron llevados a las aguas, para que ellos vuelvan, Señor, a entender qué es lo que esto significa. Dirígenos tú, Señor. Santo Espíritu de Dios, ven y sopla en medio nuestro. Ay Padre, ven, ven, ven con tu Santo Espíritu aquí; permítenos apropiarnos de tu palabra, implementarla en nuestra vida y que nos vaya bien para tu gloria. Todo esto te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
Dentro de su programa está la lectura del día de hoy en el libro de Efesios, y hay un espacio para tomar notas. También está incluido ahí un himno que estaremos entonando todos juntos cuando comencemos nuestro bautismo; están puestas ahí las letras. Acompáñenme en el libro de Efesios. Estaremos leyendo en el capítulo cuatro a partir del versículo 17. Libro de Efesios, en el capítulo cuatro y a partir del versículo 17: “Consejos para una nueva vida”. Doy un chance para que puedan buscarlo en sus Biblias y compartir; ténganlo ahí, que vamos a tener un pasaje largo de la Escritura. Hay mucho consejo aquí para tener una nueva vida en Cristo. Libro de Efesios capítulo cuatro, leeremos desde el versículo 17 y hasta el versículo 32.
Ilustración de los peloteros firmados y presentación del tema
Un chance para que lo busquen en sus Biblias. Son consejos para una nueva vida. Creo que ya todos han podido buscarlo. Miren, en días pasados yo me enteré que a los peloteros que están firmando últimamente, las Grandes Ligas implementaron en el país un programa para que, cuando se firma un pelotero, inmediatamente se le dé algún tipo de capacitación especial acerca de lo que esto significa. Y en el programa que yo estuve mirando estaban entrevistando algunos de estos peloteros firmados y les daban algunas instrucciones prácticas acerca de lo que significa ser firmado en las Grandes Ligas.
En estas instrucciones les decían, por ejemplo, a los peloteros cómo deberían manejarse con el público, con los fanáticos, cómo deberían interactuar con otros deportistas, cómo deberían administrar su dinero, en qué cosas debería participar un pelotero firmado, en qué cosas no debería de participar. Y decían ellos: “Sí, para nosotros tú has sido muy valioso”. A mí me parece que en la vida cristiana deberíamos tener lo mismo: que cuando una persona hace un compromiso formal por el Señor, se le instruya inicialmente qué es lo que esto significa y qué se espera de ellos, cuál es la expectativa que Dios tiene en sus vidas a partir de este momento.
Me gustaría que esta enseñanza la reciban de manera especial los hermanos que van a ser bautizados, pero que la reciban todavía de manera más especial aquellos que fueron bautizados en un momento y quizás no recibieron esta instrucción. ¿Qué es lo que significa tener una nueva vida? “Consejos para una nueva vida”. En esta parte del libro de Efesios el apóstol Pablo le da instrucciones muy precisas a la iglesia, por lo menos en cinco asuntos principales. Les dice, primero, que Dios les ha dado un nuevo entendimiento. En segundo lugar, les dice que Dios les ha dado una nueva sensibilidad. Luego les dice que el Señor les ha dado instrucción y ejemplo. También les dice que Dios espera que ellos sean practicantes. Y por último, les dice que no deben entristecer al Espíritu Santo. Yo les voy a hablar de todo esto un poquito.
Pero cuando lleguemos cerca de “entristecer el Espíritu Santo”, entonces ahí nos detenemos. Estoy recordando un suplemento que vendían para los niños, o venden todavía, el Choco Picapiedra. Tienen que conocer el Choco Picapiedra: era un suplemento para niños que venía, eran como figuritas con vitaminas masticables, eran dulces. Todo, todo el Choco la Picapiedra era bueno, hermano. Para mí especialmente me gustaba Bam Bam. Entonces, cuando tocaba el Choco Picapiedra yo buscaba Bam Bam. También me parece que en esta enseñanza todo es nutritivo, pero en esa parte especial del Espíritu Santo, hermano, vamos a detenernos ahí porque me parece que es la parte más sabrosa, me parece que es la parte más urgente. Leamos el pasaje completo, libro de Efesios en el capítulo cuatro y a partir del versículo 17. Dice el apóstol:
Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
— Efesios 4:17-32
Un nuevo entendimiento: de la vanidad a la luz
En la instrucción del apóstol Pablo acerca de cómo tener una nueva vida en Cristo, yo he separado esta instrucción en la estructura que les pasé. Primero estaremos hablando acerca de las cosas que el Señor nos ha dado, y en primer lugar me gustaría detenerme en respecto de que el Señor te ha dado un nuevo entendimiento. Miren, un privilegio comúnmente ignorado entre los creyentes es que no todo el mundo entiende la palabra del Señor con la misma profundidad. Es más, la Biblia es un libro oscuro para aquellos que están en oscuridad. En el mismo momento que uno se hace cristiano y uno comienza a buscar del Señor, el Señor comienza a permitir que uno tenga un entendimiento más cabal acerca de la palabra del Señor, y pasajes de la Escritura que anteriormente nos parecían muy oscuros como que comienzan a tener sentido.
Toda persona que ha nacido de nuevo podrá testificar que, a partir de que puso en el Señor su confianza, comenzó a entender la claridad que había en la Escritura. El Señor nos ha dado un nuevo entendimiento. Me llama la atención que el apóstol llama a nuestra anterior manera de pensar, le llama “vanidad”. Dice que algunos andan en la vanidad de su mente. Miren, la diferencia más significativa, a nivel de pensamiento, entre un cristiano y un incrédulo, es que el cristiano anda por asuntos que son verdad, que son concretos; el incrédulo anda en la vanidad de su mente. ¿Saben qué son la vanidad de su mente? Son cosas que a uno le llegan a la cabeza y uno las procesa como verdad. Uno habla con un hombre que no ha nacido de nuevo y encontrará que su cabeza está llena de prejuicios, está llena de suposiciones, está llena de comentarios, y todo lo que a él le llega a la mente él lo entiende como verdad.
Es más, a veces la lucha… pasaba en días pasados tiempo con una persona que había asumido algo como que era cierto, y yo le enseñaba los datos concretos que evidenciaban que lo que él entendía como cierto no lo era, y él se aferraba a su engaño, se aferraba a su mentira, se aferraba a “su verdad”. Primera cosa que el Señor hace cuando tú te haces cristiano: consejos para una nueva vida, hermano, valora que tú tienes un nuevo entendimiento. Y este entendimiento lo hace posible porque, dice la Escritura, que anteriormente estabas entenebrecido y ahora hay luz. Primera cosa, hermano, que tú tienes al ser cristiano: tienes un nuevo entendimiento. Dice el apóstol: “ya no andéis como los gentiles que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos a la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay”.
Miren, cualquier persona que realmente ha puesto en Cristo su confianza se preguntará: “¿Y cómo es que yo no pude entender esto tiempo atrás? ¿Cómo fue que yo pasé tanto tiempo ajeno al entendimiento de la voluntad del Señor?”. Dice que ellos están ahora mismo en ignorancia y, sobre todo, en la dureza de su corazón. Hermano, valora en este momento que anteriormente estabas en tinieblas y ahora estás en luz. Valora que anteriormente tu mente estaba llena de vanidad y ahora está llena de asuntos concretos.
Otra expresión de la vanidad son las cosas que para ti eran importantes. Hermano, cuando tú pongas en balanza lo que ahora tú le das importancia y lo que le dabas importancia hace un año, o hace diez, antes de poner en Cristo tu esperanza, tú verás la desproporción que en esas cosas hay. Y cosas que para ti anteriormente eran “la vida”, ahora tú te encuentras que esas cosas eran vanidad. Cosas que antes dominaban tu ser interior, eran las cosas a las cuales tú estabas vendido, te darás cuenta que eran cosas de una mucho menor importancia; estabas ajeno a estas cosas por la ignorancia que en ti había.
¿Qué cosas recibimos en el Señor, hermano? Recibimos un nuevo entendimiento. Es más, dice la Escritura que antes éramos ciegos y que la venda se nos quita de nuestros ojos. Hermano, esto es un milagro, esto es un asunto sobrenatural, esto es algo que lo logra el Señor por su misericordia. Toda persona que ha nacido de nuevo tendrá que testificar que ahora tiene un nuevo entendimiento. Por regla general, hermano, un cristiano le llama verdad a aquello que el Señor dijo que era verdad, y cualquier otra cosa la pone en duda, cualquier cosa la pone en un momento donde todavía no tiene concreción.
Quiero moverme un poco más. Recuerden que voy llegando hasta el Espíritu Santo. En lo segundo que el Señor nos ha dado, leamos el versículo 19: “los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza”. Primera cosa que el Señor nos da cuando ponemos en Él nuestra confianza: nos da un nuevo entendimiento. Segunda cosa que nos da: nos da una nueva sensibilidad.
Una nueva sensibilidad de conciencia
Hermano, te sorprenderá que vengan cosas que anteriormente tú las entendías como que no molestaban y ahora te molestan. Tú te vas a dar cuenta que cosas que antes como que pasaban de lado, ahora tú dices: “Oye, ¿pero por qué es que eso ahora me molesta tanto?”. Cosas que tú vas a ver que anteriormente tú las veías como la cosa más normal del mundo, ahora tú entiendes: “Oye, ¿pero qué es lo que sucede?”. Es que ahora estás más sensible.
Aparte de que el Señor te ha dado un nuevo entendimiento, ahora dice la Escritura que el Señor ha ablandado tu corazón. Detengámonos en esto, hermano, porque dice la Escritura que nuestra conciencia se endurece. Una cosa que permite el Señor en los hijos de luz que suceda es que nuestra conciencia está sensible, que podamos tener como esa sensibilidad especial para las cosas que no agradan al Señor. Cosas que anteriormente tú veías como cosas normales, cuando vuelvas a participar encontrarás que sientes en eso un profundo desagrado. Lugares que anteriormente asistías y hasta disfrutabas, cuando vuelvas al mismo lugar tú te preguntarás a ti mismo: “¿Y qué busco yo aquí?”.
Cosas en las que antes participabas en ignorancia, ahora cuando participas en esto, con una sensibilidad especial que el Señor ha puesto en tu conciencia, tú comenzarás a entender: “Mira, eso que anteriormente para mí no era nada, ahora lo es todo”. Eso que anteriormente yo entendía que podía participar, ahora entiendo que en eso yo no quepo. Consejo para uno que va a inscribirse en Cristo: el Señor no solamente te ha dado entendimiento, también te dio sensibilidad.
Hermano, comenzarás a sentir al Espíritu Santo reclamando terreno en tu corazón. ¿Has podido sentir alguna vez el Espíritu Santo reclamando terreno en tu corazón? Es que cuando vienes a participar en algo sientes como la constricción del Espíritu Santo, que tú dices: “Guau, como que yo siento adentro de mí una fuerza en mi interior que me hace rechazar eso y yo no entiendo qué es lo que sucede”. Lo que sucede es que ahora el Espíritu Santo te ha hecho sensible y comienza a reclamar terreno en tu corazón. Segunda cosa que hace el Señor cuando ponemos en Él nuestra confianza: el Señor nos da una nueva sensibilidad.
Mira, la gente participa en cosas extrañísimas y uno dice: “¿Cómo llegaron ahí?”. Es que se va endureciendo. Y el endurecimiento, hermano, va sucediendo poco a poco. Es como una capa que va sucediendo, como una capa que se va… película sobre película, y esto va como endureciendo nuestra conciencia. Del mismo modo, cuando venimos a Cristo, el Señor quita toda esa película y nuestra conciencia se vuelve muy sensible. Ahora podemos entender, ahora podemos sentir, ahora podemos permitir que el Espíritu Santo se mueva dentro de nosotros.
Primera cosa… ayúdenme: ¿qué fue lo primero que el Señor hizo? Entendimiento. Lo segundo: sensibilidad. Hermano, ya que tú tienes entendimiento, tú tienes sensibilidad, entonces el Señor te puede dar otra cosa. Puede dar instrucción. Anótalo ahí: tercera cosa que el Señor nos da, el Señor nos da instrucción.
Instrucción que transforma la mente y la vida
¿Y por qué razón el Señor, antes de darnos instrucción, tuvo que darnos entendimiento y sensibilidad? Darle instrucción a una persona que no ha recibido primero el entendimiento y la sensibilidad es un desperdicio. Dice la Escritura: “Mas vosotros no habéis aprendido así de Cristo, si en verdad le habéis conocido y habéis sido por él enseñados conforme a la verdad que está en Jesús”. Primera cosa que el Señor te dio: el Señor te dio la capacidad de entender. Segunda cosa: te dio la capacidad de sentir. Pero después que te dio la capacidad de entender y la capacidad de sentir, Él ha comenzado a darte la instrucción, y dice que la instrucción que te está dando te la está dando Cristo y que la verdad está en Él.
Esas tres cosas, hermano, de algún modo comprenden la vida interior de un cristiano. ¿En qué es diferente un cristiano? Un converso es diferente porque el cristiano, lo primero, es que tiene la capacidad de entender la revelación de Dios. Lo segundo por lo que es diferente el cristiano: porque el cristiano realmente siente; siente rechazo, siente la constricción, siente la urgencia por las cosas espirituales. ¿En qué es diferente? Que al cristiano realmente la instrucción le aprovecha.
Miren, se ha intentado últimamente —y tengo cierto temor y tengo cierta carga— se ha intentado llevar la revelación de Dios a los incrédulos y a las personas se les predica como que realmente ellos podrían entender. Y hay cierto movimiento ahora mismo que trata de llevar: “Mira, viva el consejo de Dios y aplica esto a tu vida”. Hermano, para que tú entiendas la preciosura que tiene la revelación de Dios, tiene que haber recibido antes la capacidad de entender eso en su justa dimensión, y para que eso aproveche en ti tiene que haber sido sensibilizado tu corazón. Darle la revelación del Señor a una persona que no tiene ni la capacidad de entender ni la capacidad de sentir es como tratar de ponerle una sinfonía a un sordo.
No vale la pena, hermano, no vale la pena. El Señor primero te da entendimiento, después el Señor te da sensibilidad, y más tarde entonces el Señor te da la instrucción. Leo un poco más: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente”. ¿De qué se trata la instrucción cristiana? Se trata de cambiar nuestra manera de pensar para que cambie nuestra manera de vivir.
A diferencia de cualquier filosofía, el cristianismo no comienza con el comportamiento, no. El cristianismo comienza con las cosas que hay en tu mente que te hacen comportarte de esa manera. El cristianismo cambia la mente primero; primero se cambia la manera de pensar y después se cambia la manera de vivir. Y dice la Escritura que nuestra mente se renueva. Esto nos da a entender que es un proceso progresivo y constante, y mientras más tiempo tú tengas caminando en el Señor, te darás cuenta que más entiendes la palabra del Señor, que más sensible tú eres a su voz y que la instrucción más te aprovecha.
Es más, que la primera vez, hermano, que la gente comienza a venir a una iglesia, la primera vez que tú escuchaste un sermón, eso te pareció como oscuro y tú sentías que te estaban hablando en chino. Con el tiempo comienzas a ser sensible para la palabra del Señor, a entender la palabra del Señor, y entonces la instrucción te llega a aprovechar. Primera cosa: entendimiento. Segunda cosa: sensibilidad. Tercera cosa: instrucción.
Todo cristiano es un practicante
Quiero leer los versículos del 25 al 29, que me parece que es la parte más práctica que tiene este pasaje de la Escritura. Dice así: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.
Advierto, hermano, que el apóstol Pablo comenzó a hablar del comportamiento después de que habló de la mente. Pon a notar esto: primero nos habló de entender, después nos habló de ser sensibles, después nos habló de recibir la instrucción y después del comportamiento. De nada vale uno intentar cambiar el comportamiento de un hombre cuya sensibilidad todavía no ha sido transformada por el Espíritu Santo, que no tiene la capacidad de entender ni ha recibido instrucción. El comportamiento es la consecuencia del cambio en nuestra manera de pensar.
Ahora, te quiero decir que todo cristiano es un practicante. Si tú te bautizaste, te vas a bautizar hoy, si has sido bautizado hace unos años, quiero recordarte: el cristianismo no se trata solamente de entender, se trata también de vivir. No se trata solamente de tener unas nuevas ideas, se trata de tener un nuevo comportamiento, y este nuevo comportamiento debe ser la consecuencia de cambiar tu manera de pensar. Los cristianos no cambiamos “porque cambiamos”; cambiamos porque cambió el pensamiento, y como cambió el pensamiento, cambió el comportamiento.
De nada vale tratar de no hacer una cosa o dejar de hacer la otra; esto debe ser la consecuencia del otro. Pero tengo que repetirte: todo cristiano es un practicante. Miren, la destrucción en la cristiandad ha estado en un grupo de personas que han asumido la vida cristiana como si esto fuera solamente venir y escuchar. Hermano, se trata de venir, escuchar y hacer. Quizás una imagen, una metáfora, para decir lo que es el cristianismo: el cristianismo es un barco, hermano, pero no es un barco de crucero, es quizás un barco mercante. Todo marinero que se alista en un barco mercante algo tendrá que hacer en ese barco.
No estás aquí solamente para pasar el tiempo, estás aquí para hacer algo en los caminos del Señor. Todo cristiano es un practicante. El Señor no solamente espera que seas sensible, el Señor no solamente espera que puedas entender, el Señor no solamente espera que recibas la instrucción, también el Señor espera todos los días que comiences a manifestar un comportamiento diferente.
Y miren qué sencillo lo hizo el apóstol. Le dice: “El que hurtaba, no hurte más”. Bueno, dígale a un ladrón que deje de robar, a ver si usted lo va a conseguir; está vendido al pecado, no puede. Ahora dígale a un hombre cuyo entendimiento ha sido aclarado, cuya sensibilidad ha sido dispuesta, que ha podido recibir la instrucción: a ese sí usted puede decirle que el que hurtaba, que no hurte más.
Miren, poner en Cristo su confianza va a hacer que muchos de ustedes tengan que cambiar su oficio. ¿Por qué tendrán que cambiar su oficio? Porque quizá anteriormente tú te ganabas la vida haciendo asuntos que no agradan al Señor, y tu misma conciencia ya no te lo permite. La misma conciencia sensibilizada de un cristiano hace que ya cuando vaya a participar en el mismo negocio en que ha participado diga: “Mi conciencia no me lo permite”. Como que los asuntos de conciencia se han dejado de lado, pero los cristianos del siglo XIX y XVIII decían: “Yo no puedo participar en eso por asuntos de conciencia”, decían ellos.
¿Qué es no participar en algo por asunto de conciencia? Que ya cuando tú participas en eso, como que una persona que no está acostumbrada a ver lo que es la vida de un matadero la meten ahí adentro, fácilmente vomita. Tu conciencia no te permite eso. Llega un momento, hermano, que cuando tu conciencia está sensibilizada, ya puedes entender el mensaje, recibes la instrucción, hay ciertas cosas en las cuales ya tú no participas. ¿Por qué? Porque tu conciencia no te deja en paz. Dices: “Yo no puedo participar en eso porque ya yo lo rechazo”. Todo cristiano es un practicante.
Miren, la mayor destrucción en los caminos del Señor no ha venido de nuestros enemigos; ha venido de nuestros asociados. La iglesia del Señor, como más comúnmente Satanás la destruye, no es mandando el ataque desde afuera, no mandando a un ateo, no mandando a un gnóstico; es tratando de que se hagan cristianos aquellos que no están dispuestos a comportarse como cristianos. Y ahí es que nos viene la vergüenza.
La gente piensa que el Titanic se hundió porque chocó con un iceberg. No; el Titanic se hundió porque quien debía haber vigilado para no chocar con el iceberg, chocó. La iglesia se ha desacreditado no porque la gente desde afuera ha estado tirando piedras a la iglesia, sino porque a la iglesia se han alistado un grupo de personas que no han entendido que ser cristiano es asumir, con la ayuda del Señor, con un nuevo entendimiento y con una nueva sensibilidad, una nueva manera de vivir. “El que hurtaba, no hurte más”. Miren qué sencillo lo dice el apóstol Pablo.
Palabras, trabajo y conducta distinta del cristiano
“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca”. Un cristiano… es vergonzoso ver a los cristianos participando en conversaciones de sobremesa con el mismo nivel de ligereza que participan los inconversos. En un cristiano sus conversaciones ya se limitan. En un cristiano, en su conversación, él ya se queda callado, y: “Fulano, pero tú como que hablas menos ahora en la mesa, ¿qué es lo que pasa?”. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación”. Tu forma de ganarte la vida es distinta. Dice también la palabra: “Trabaje, para que haciendo con sus manos lo que es bueno tenga con qué compartir”.
Te sorprenderá la cantidad de dominicanos que están acostumbrados a ganarse la vida “dando palos”. Están “dando palos”, ¿eh? Tú te estás quieto en tu casa durante veinte días, y en diez días tú tratas de resolver el mes “dando un palo”, derrochando aquí, buscando un asunto ilegal por allá. Hermano, si era lo que tú hacías anteriormente, dice la Escritura que el que hurtaba, no hurte más, sino que se gane con seriedad su sustento.
Las palabras, hermano, palabras corrompidas en conversaciones inapropiadas, y el que es llamado no participa en nada de eso. Por último, hermano, y en la parte que también más me interesa, dice: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Después les he dicho que recibimos del Señor un nuevo entendimiento, que recibimos de Él una nueva sensibilidad, que recibimos de Él ahora una instrucción que nos aprovecha, que también el Señor espera que seas un practicante. Tengo que decirte que en el momento que te hiciste cristiano ya dentro de ti, adentro de ti, comienza a vivir el Espíritu de Dios.
Y dice que el Espíritu de Dios se contrista, se contrista; lo que quiere decir esa expresión es “se entristece profundamente”. Hermano, ya tú tienes que comenzar a vivir como si Dios mismo —y así es— está viviendo dentro de ti. Hay gente que se pregunta: “Mira, ¿yo podré ir a ese lugar? ¿Es un lugar apropiado para un cristiano?”. No te preguntes si es un lugar apropiado para un cristiano; pregúntate: “¿Ese lugar es apropiado para Dios?”.
La gente se pregunta: “¿Debo participar en esa conversación?”. Pregúntate lo siguiente: “¿Cristo participaría?”. Mire, la gente quiere vivir haciendo una filosofía rarísima, a ver si “se permite o no se permite”. Pregúntate lo siguiente: si Dios mismo está viviendo adentro de ti, guíate por lo siguiente: “¿Ese empleo es para un cristiano?”. No; pregúntate: “¿Cristo se ganaría la vida haciendo eso?”.
“¿Ese pensamiento es un pensamiento correcto o incorrecto?”. Pregúntate: “¿Yo me imagino ese pensamiento en la mente de Cristo?”. Dice la palabra del Señor que el Espíritu Santo de Dios, la tercera persona de la Trinidad, viene a habitar en el corazón de aquellos que han puesto en Cristo su confianza. Ya la pregunta no es si el hombre dice que es bueno o el hombre del otro dice que es malo; la pregunta es: “¿Qué dice Cristo? ¿Participaría Cristo en eso? ¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.
El Santo Espíritu de Dios está habitando en tu corazón. Dice la Escritura: “No contristéis el Espíritu Santo”. El Espíritu Santo es una persona. Miren, algunas religiones han dicho que el Espíritu Santo es como una fuerza; las fuerzas no se ponen tristes, ¿verdad que no? Dice la Escritura que el Espíritu Santo se entristece. ¿Y por qué se entristece? Porque tu corazón ahora es su casa.
¿A usted le gustaría que, cuando vuelva a Santo Domingo, un grupo de cerdos hayan entrado a su casa y hecho allá sus porquerías? ¿Le gustaría recibirse con eso? Nadie quisiera encontrar eso en su casa. No hay una cosa para mí más incómoda… hay unos vecinos que a ellos les encantan… mire, yo pongo una gramita bonita en frente de mi casa, y ahora todos los vecinos van a pasear el perro. Y cada vez que entro a mi casa, entonces encuentro “regalitos”, encuentro… hermano, esa es mi casa. Yo me siento incómodo cada vez que un perro va y hace sus necesidades en la puerta de mi casa. ¿Por qué? Porque es mi casa.
Hermano, tu corazón ahora es la casa del Espíritu Santo, y cuando el Espíritu Santo se entristece es porque en su casa se prestan para hacer cosas sucias, cosas que no le agradan. Se entristece el Espíritu Santo. Todo cristiano tiene que ser muy cuidadoso con las cosas que suceden en su vida, porque ya mi vida es la casa del Espíritu Santo. Dice la Escritura que somos templos del Espíritu Santo. ¿Por qué se entristece? Bueno, se entristece porque el Espíritu es Santo.
Personas de otras culturas, cuando vienen a República Dominicana… hay culturas cuadradas y culturas que son onduladas. Yo trabajé una vez con un alemán y ese señor vivía en crisis aquí, porque él no entendía. Los dominicanos mueven mucho la mano, los dominicanos hablan muy rápido, los dominicanos dicen una cosa y hacen la otra. Ya ha pasado: vino aquí un inversionista y me decía ese hombre que a él le parece muy raro que aquí la gente da un plazo y cuando llega el plazo dicen que eso se va a hacer otro día. Él dice: “No, en mi cultura la gente cuando toma una fecha, lo entrega en esa fecha”. Ese hombre me decía: “No, es que en mi cultura no es así; allá cuando una gente te dice que es para tal día, es para tal día”. Es una cultura como de decir las cosas puntual y hacerlas. Después aquí: “No, no se pudo, vamos a hacerlo otro día”, y ya a los dominicanos eso nos parece muy normal, pero cuando vienen personas de otras culturas a convivir entre nosotros, “qué raro son ellos”, nos dicen.
No entristecer al Espíritu Santo en nuestra vida diaria
Decimos: “Ese está loco, qué loco está eso”. ¿Y qué es lo que es loco? ¿Loco que le falta cordura o loco que está muy bueno? No entienden esas cosas. Hermano, lo mismo sucede cuando tú te haces cristiano. El Espíritu Santo comienza a vivir en tu corazón y tú participas en cosas que para el Espíritu Santo son muy raras. Hermano, no lleves al Espíritu Santo “cruzando” por esos lugares, hermano. No pongas al Espíritu Santo a ver esas cosas. Si el Espíritu Santo está en nuestro corazón, tenemos que entender que el Espíritu es muy Santo.
Cuando uno tiene un visitante distinguido en su casa y uno le dice al muchacho: “Cállate, muchacho, que eso no se dice”, tú tienes que entender que, con el Espíritu Santo en tu corazón, hay cosas que no se dicen, hay cosas que no se hacen, hay cosas que no se miran. Si realmente el Espíritu Santo habita en tu corazón, hay cosas, hermano, en las cuales yo no doy, porque: “Hey, que el Espíritu Santo está conmigo, yo no puedo ir a ese lugar”.
Si te has hecho cristiano, si te has bautizado, si el Espíritu Santo está viviendo en tu corazón, hermano, hay cosas que no se dicen, cosas que no se hacen, cosas que no se ven, cosas que no se piensan. Hay cosas que tú dices: “Cállate, muchacho, ¿cómo estás diciendo eso? ¡El Espíritu de Dios está en mi corazón, yo no puedo hacer eso, el Espíritu es muy Santo!”. Dice que se entristece; se entristece porque tú eres su casa, hermano. Se entristece porque es una persona; se entristece porque Él es muy Santo.
Pero, hermano, quiero terminar aquí: se entristece por la misma razón que se entristece un padre cuando ve que un hijo está teniendo un comportamiento díscolo, un comportamiento inapropiado. Qué tristeza es para una madre tener un hijo delincuente, pero ella no se entristece solamente por la deshonra que es tener un hijo delincuente, sino al imaginar cuál será el futuro de su hijo. Qué tristeza es para una familia tener un miembro con un comportamiento inapropiado, y te causa tristeza no solamente porque su comportamiento te ofende a ti como su familiar, sino porque tú sabes cuál es la consecuencia de su comportamiento.
Dice la Escritura que el Espíritu de Dios nos anhela celosamente. Bueno, esa expresión, “que nos anhela celosamente”, es que cuando tú comienzas a ser infiel al Señor en tu comportamiento, en tu pensamiento, en tus relaciones, en tus palabras, el Señor comienza a sentirse tan defraudado como te sientes tú cuando un familiar tuyo te engaña, cuando un familiar tuyo te deshonra. Dice la Escritura que el Espíritu nos anhela celosamente.
Pablo nos recomendó: “No entristezcáis al Espíritu Santo”. Hermano, te recuerdo: tú eres su casa. Te recuerdo: el Espíritu Santo quiere tener una casa limpia. Te recuerdo: el Espíritu es muy Santo. Y lo otro, hermano: la consecuencia de tu comportamiento es algo que le entristece. Es muy común cuando ves a gente que uno ama mucho participando en cosas que uno sabe que no terminan bien, y tú se lo dices: “Fulano, apártate de eso, que eso no te va a llevar a ninguna parte”. Hermano, lo mismo siente el Espíritu Santo cuando te ve participando en hechos pecaminosos. El pecado no lleva a ninguna parte. ¿Qué da el pecado? El pecado da una satisfacción temporal y da una maldición eterna; eso es lo que da el pecado.
Cuando el Espíritu Santo nos ve a nosotros participando, después de haberle recibido a Él como un huésped en nuestra casa, en nuestro corazón, Él nos ve a nosotros participando en esas cosas y Él sabe cuál es nuestro destino; Él lo sufre profundamente. Quiero animar a los hermanos que van hoy a ser bautizados a que entiendan, hermano: esto no solamente es un formalismo. Ser cristianos es un compromiso, es un compromiso a tener una mente sensible, a tener un nuevo entendimiento, a tener un nuevo comportamiento y a cuidar la casa del Espíritu Santo.
Quiero animar a los hermanos que ya han sido bautizados. Yo no sé qué comportamientos has estado manifestando últimamente, pero te animo, hermano: compórtate como que adentro de ti vive el huésped más distinguido que puede ser recibido en casa alguna, el Espíritu Santo de Dios. Cierren sus ojos ahí un momento. Siempre es apropiado hacer una invitación. Qué bueno es saber que el Espíritu de Dios vive en nuestro corazón. Qué bueno es saber que adentro de nosotros está el huésped más distinguido.
Quizás aquí hay personas que todavía no han puesto en Cristo su confianza. Muchas veces el bautismo de un ser querido, el bautismo de un amigo, el bautismo de un hermano se convierte en una oportunidad, en testimonio, para los familiares, los amigos, los relacionados. Frecuentemente hemos visto que después de un bautismo en nuestra iglesia hay personas que se acercan a la iglesia y ponen en Cristo su confianza.
Invitación a recibir a Cristo y cierre
En el libro de Apocalipsis, dice el Señor, dice Cristo, en el libro de Apocalipsis:
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, cenaré con él, y él conmigo.
— Apocalipsis 3:20
El Señor está dispuesto a venir a habitar en tu casa. Este privilegio que tenemos los cristianos de tener este residente sobrenatural adentro de nuestro corazón, que es el Santo Espíritu, está a la disposición de todas aquellas personas que abran la puerta. Mantén tus ojos ahí cerrados. Quiero orar por aquellas personas que todavía no tienen a Cristo en su corazón.
Lo que vinimos hoy a celebrar a través del bautismo es que el Señor ha negado la vida de estas personas, se la ha llenado totalmente. Lo mismo que sucedió en tu familiar puede suceder en ti. Lo mismo que estamos hoy aquí hablando y lo mismo que estás presenciando hoy: tú eres un espectador, pero mañana podrías ser el protagonista. Qué hermoso sería que en el próximo bautismo en nuestra iglesia tengamos alguna persona que presenció este bautismo de lejos y diga: “Wow, yo quisiera tener lo que tiene esa gente”.
Qué hermoso sería que el esposo, el amigo, el hermano, la madre, el familiar, el ser querido de alguno de los hermanos que antes han sido bautizados o alguno de aquellos que serán bautizados hoy pueda decir: “Yo también quiero al Señor habitando en mi corazón”. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré, cenaré con él y él conmigo”. Tan sencillo como que abras la puerta de tu corazón al Señor, el Señor estará dentro de ti. Es una oración sencilla, hermano, pero es una oración poderosa. Hace toda la diferencia.
Hay gente que está esperando sentir fuegos artificiales. Hermano, no escucharás nada en lo que sea; ni sudarás. El Señor vendrá a habitar en tu corazón. Quizás nadie lo vea, pero estará allí. Puedes decirle al Señor, en tus palabras: “Padre, yo te pido que perdones mis pecados. Reconozco que me he estado comportando de una manera en que no me comportaría si tú comienzas a vivir en mi corazón. Reconozco que he estado participando en cosas que sé que no te agradan”. Dice la Escritura: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados”. Eso es arrepentimiento: es tomar una decisión de volver atrás. Eso es la conversión: es dar un cambio de rumbo.
Yo te invito a arrepentirte hoy y convertirte al Señor. Qué hermoso sería si anotaras en tu agenda que el día 2 de septiembre, el bautismo de nuestra hermana Bertania, en el bautismo de nuestra hermana Guadalupe, en el bautismo de nuestra hermana Arelis, fue el día en que el Señor comenzó a vivir también en tu corazón. Es tan sencillo como que repitas ahí, con sinceridad: “Te pido, Señor, que perdones mis pecados; reconozco que he estado viviendo alejado de ti; abro la puerta para que vengas a participar en mi casa y que te quedes aquí a vivir para siempre”.
Si tú has reconocido tus pecados delante del Señor, si con sinceridad te has arrepentido, si le has pedido que venga a habitar en tu corazón, no se trata de sentir una cosa; se trata de saber una cosa. Y lo que tienes que saber es que fiel es el que prometió y que, si el Señor ha prometido salvación, el Señor te ha dado salvación. Dice también la Escritura: “El que creyere y fuere bautizado será salvo”. Yo te animo a que te acerques a mí al final del culto. Me gustaría integrarte en nuestros próximos talleres de membresía, explicarte lo que significa la vida cristiana, y que en los próximos meses puedas ser bautizado del mismo modo que bautizaremos hoy a tres de nuestros hermanos.