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La misión continuará / Parte 2

Hechos 16:1-5

Segunda parte de una serie. La misión requiere la entrada constante de nuevos instrumentos, y para que esto suceda, tenemos que trabajar juntos: la iglesia, la familia y los más jóvenes entre nosotros. Pablo, Bernabé y Silas son importantes, pero Juan Marcos y Timoteo también necesitan ser involucrados. Hoy veremos (1) cómo el Señor se levantó en Timoteo un instrumento poco esperable, (2) el gran sacrificio personal que hizo este joven para unirse a la misión y (3) la forma en que fue entrenado sobre la marcha. Veremos que la misión continuará con nuevos instrumentos.

Transcripción automática

En esta segunda parte de la serie sobre el segundo viaje misionero del apóstol Pablo, vemos cómo la misión continuará no solamente con instrumentos diferentes, sino con gente que probablemente sea mucho más joven de lo que hemos estado esperando. La integración de Timoteo en la misión nos enseña que la entrada constante de nuevos instrumentos requiere que trabajemos juntos como iglesia: el pastor, la congregación, las familias y los más jóvenes entre nosotros.

Después llegó a Derbe y a Listra, y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego. Y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. Quiso Pablo que este fuese con él, y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego. Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen. Así que las iglesias eran confirmadas en la fe y aumentaban en número cada día.

— Hechos 16:1-5

Un instrumento poco esperable

Esta es la primera vez que el nombre de Timoteo emerge en la narración, pero sabemos mucho al respecto de él. Hay dos cartas del Nuevo Testamento que fueron dirigidas específicamente para él —Primera y Segunda de Timoteo— y en gran parte del resto de las cartas de Pablo su nombre vuelve a aparecer. No es un personaje secundario ni un asunto incidental. Aparece aquí siendo un muchacho. Los eruditos han tratado de inferir qué edad tenía Timoteo cuando se unió a Pablo y a Silas en el segundo viaje misionero, y calculan que quizás tenía aproximadamente 18 años.

La misión requiere la entrada constante de nuevos instrumentos y para que esto suceda tenemos que trabajar juntos como iglesia. Tengo cierta aprehensión, porque la gente viene y se congrega y no toma media decisión. Hoy predico la Escritura esperando que alguno de ustedes decida algo en la dirección en la cual el Señor quiere llevarnos. No quisiera predicarle a una iglesia pasiva que vino solamente a recibir información, sino a una iglesia activa que quiere unirse a algo y está por tomar una decisión. La decisión que quiero que tomemos es, primero, una resolución en nuestro corazón y también en nuestro ministerio de involucrar a personas mucho más jóvenes que nosotros para que con seriedad asuman también la misión.

Comienzo clarificando: no es la vocación llenar esto de muchachos por llenarlo. Nada más alejado de la realidad. Cuídenos el Señor de infantilizar el ministerio. Lo que hay en mi corazón como tu pastor no es decirte que se sienten todos los adultos y los muchachos se pongan en pie. Es decirle a los muchachos, principalmente, que hay oportunidad para ellos en los caminos del Señor, pero que esa oportunidad es costosa. Esto no es un divertimiento. Es un compromiso serio y te debe pesar el ruedo cuando lo asumes. Lo menos que quisiera es que la iglesia piense que esto es una iglesia de niños, donde los jovencitos sirven y se ven bonitos y tómenle su foto. Lo que quiero mostrar es que la misión importa. Importa el muchacho, importa el anciano. Pero tanto el anciano como el muchacho deberían tener el carácter correcto para asumir con seriedad el servir a Cristo. No es poner el listón más bajo, es ponerlo más alto.

Vengo de mostrar la semana pasada que un muchacho, Juan Marcos, fue confrontado por Pablo, quien le dijo que no iría con ellos a la misión. Y ahora muestro que otro muchacho, Timoteo, el mismo Pablo le dice: tú sí. Y la pregunta es inevitable: ¿por qué Timoteo sí y Juan Marcos no? Porque el carácter importa. «Pastor, ¿y por qué este niño sí y el otro no?» Por lo mismo que este viejo sí y aquel no. No es un asunto de edad, es un asunto de carácter y de disposición. Hay lugar para los más jóvenes en los caminos del Señor, pero hay jóvenes y hay jóvenes, y me gustaría estar pastoreando a los jóvenes correctos.

Hoy veremos cómo el Señor se levantó en Timoteo un instrumento nuevo pero poco esperable por su edad. Veremos el gran sacrificio personal que hizo este joven para unirse a la misión. Y veremos la forma en que fue entrenado sobre la marcha. Veremos que la misión continuará con nuevos instrumentos.

Un instrumento que marcó la diferencia

Aquí hay un instrumento que es Timoteo, jovencísimo, probablemente con unos cuantos meses más que la media de los jovencitos de nuestra iglesia. Uno que temprano se enroló en el servicio al Señor, y al final del ministerio del apóstol Pablo vemos a Timoteo emerger como el sucesor de los apóstoles en la iglesia del Señor. No hubo que esperar que el apóstol Pablo se estuviera retirando para salir a buscar un instrumento. Al comienzo del ministerio de Pablo ya había instrumento previsto, de forma tal que pudiese acompañar la misión y tomar toda la experiencia necesaria para continuar la labor apostólica. La sucesión no se comienza a preparar al final, se comienza a preparar al principio.

Este instrumento, Timoteo, era un instrumento poco esperable. Consideremos que venimos desde el concilio de Jerusalén, una controversia entre judíos y gentiles. El concilio fue una gran reunión en la iglesia antigua donde se debatía si los gentiles deberían ser o no recibidos haciéndose o no judíos. Habían judíos que decían que los gentiles, si no se circuncidaban, no iban a ser salvos. Y la resolución del concilio fue que la salvación es por fe y que no hacía falta circuncidarse para ser salvos.

Entonces aparece ahora un muchacho, Timoteo, hijo de una judía convertida al cristianismo y de un padre griego, desconocido y al parecer no creyente. Timoteo tenía las características menos indicadas para que fuera el sucesor de Bernabé. Humanamente hablando, no era el instrumento idóneo para el momento de la iglesia. Era una persona que si llegaba a una sinagoga judía le iban a dar bola negra: primero por ser muchacho y después por ser gentil. Desde la perspectiva de los judíos él era judío por su madre, pero al no ser circuncidado, era un judío que había negado su identidad. En la religión judía asumían que si un muchacho era de madre judía, él automáticamente era judío, pero debía expresar su identidad a través de la circuncisión.

No le permitirían hablar en la sinagoga, sería una gran objeción para el ministerio y despertaría las ronchas del concilio de Jerusalén. Desde la perspectiva de muchos judeocristianos, él tampoco había sido salvo, pues algunos que venían de Judea enseñaban que si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podréis ser salvos. Timoteo era el peor de los dos mundos: no era compatible ni como judío ni como gentil.

Al parecer, Timoteo conoció a Cristo en el primer viaje misionero del apóstol Pablo, cinco años atrás. Hizo una conversión genuina a la fe cristiana. Siendo un joven, los judíos entendían que una persona alcanzaba prestancia para liderar, para ser un anciano, a una edad mayor. Si tomamos en cuenta a los levitas, ellos comenzaban a servir a los 25 años y los miembros del Sanedrín a los 30. Alguien de 18 quizá todavía era muy joven. Era tan joven como Juan Marcos, pero con un carácter diferente.

El testimonio que marca la diferencia

Dice el versículo 2: «Y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.» Eso marca toda la diferencia. Quiero evitar que se hagan generalizaciones grandes al respecto de la juventud. Hay un triunfalismo donde quiera que haya un joven, pareciera que hay un héroe, y no es así. Y hay una actitud derrotista donde pareciera que los jóvenes siempre se están cayendo a pedazos, y tampoco es así. Contrario a lo que dice la Escritura: «Os escribo a ustedes, jóvenes, porque son fuertes y han vencido al maligno.» Hay muchacho y hay muchacho.

Un buen testimonio de la iglesia en dos ciudades marcó toda la diferencia. Lo que hay que preguntarse no es qué edad tiene, es cuál es su testimonio. Lo más importante no es si es joven o es viejo, lo más importante es si hay o no hay carácter. Y el carácter no es un asunto definitivo. Personas que en este momento quizás no están listas podrían estar listas mañana. No se aferren a prejuicios permanentes al respecto de la gente, pues el Señor hace cosas nuevas todos los días. Probablemente el muchacho que hoy es inconstante, mañana sea un muchacho constante. Y probablemente el que hoy no está listo, mañana lo esté.

Como iglesia, no andamos buscando reclutar muchachos porque sean muchachos. Estamos buscando que el muchacho desarrolle el carácter correcto de forma tal que le sea útil al servicio del Señor. El testimonio entre la iglesia es un asunto que importa. Se llama testimonio y es la percepción que otros tienen de tu carácter.

Para involucrar a los más jóvenes, la iglesia debe tener los ojos espirituales abiertos. Hay muchachos que están dando señales espirituales y muchachos que no las dan. «¿Qué hacemos, pastor?» Oramos por ellos y les damos buen testimonio. Creamos las condiciones para que puedan madurar y comprometerse. Pero hay señales espirituales y esas señales se llaman testimonio, y la iglesia debe tener los ojos abiertos. Vivimos en días donde pareciera que nadie debe tener los ojos abiertos, que nadie juzgue. Una iglesia madura se mueve en medio de la congregación buscando no solamente dónde hay talento, sino dónde hay sensibilidad espiritual, dónde el Señor está haciendo una obra, quiénes están siendo despertados, dónde hay fibra espiritual. Creyentes maduros en una congregación son aquellos que darán testimonio y prestancia a los muchachos que se van levantando.

Un maestro de escuela bíblica no solamente da clase: da clase y mide. Con discreción, con prudencia, con sabiduría. Pero un maestro de escuela bíblica es el primero que identifica dónde hay algo. Y cuando lo ve, lo atesora y dice: ahí hay uno. ¿Y qué hacemos con los que todavía no dan señales? Seguimos orando, seguimos instruyendo y esperando en el Señor.

El testimonio de la iglesia local cuenta. La cosa más valiosa que puede tener un muchacho es que sus hermanos de su iglesia local, quizás hasta de dos congregaciones, digan que tiene buen testimonio. Eso es más importante que ir a un seminario, más importante que ir a un instituto bíblico. El testimonio de la iglesia local es aún más importante que tener un llamado en el corazón que te quede quemando. Yo veo muchachos todos los días que quieren servir al Señor, me dicen: «Pastor, tengo ardor en el corazón.» Y yo les pregunto: «¿Qué dice tu iglesia local?» Hermanos maduros de la congregación son aquellos que se colocan delante de los Timoteos que el Señor ha levantado y dicen: «Yo sé que ese muchacho, cuando ora, él está orando a un Dios que conoce. Él no ha sido bautizado aún, pero tiene un interés genuino en los caminos del Señor.» El muchacho no solamente tiene talento, también tiene integridad. Cuando todos los demás se iban detrás de la ingenuidad del mundo, se mantuvo firme. Iglesia, te quiero invitar a que te muevas con los ojos abiertos y mientras vayas orando al mismo tiempo vayas identificando a los Timoteos que el Señor ha levantado.

La iglesia, la familia y los instrumentos nuevos

La iglesia necesita interiorizar el hecho de que necesitamos nuevos instrumentos. Esto no es mecánico. No es que porque estés aquí ya eres útil al Señor. Hay cantidad de personas que están aquí hace años y quizá todavía no son útiles. Porque sean jóvenes no significa que estén listos. Pablo le dijo a Timoteo en una de sus cartas: «Ninguno tenga en poco tu juventud; sé ejemplo de los creyentes en conducta, en amor; ten buen testimonio.» Y una razón importante para que los muchachos se comprometan en los caminos del Señor y resuelvan andar en rectitud es que quieren serle útiles a Cristo.

Para que esto suceda no solamente hace falta un pastor que tenga la intención: hace falta una congregación que tenga ojos abiertos y familias de creyentes que estén criándoles muchachos a la misión. Que digan: realmente nosotros estamos comprometidos en dar un paso al frente para que los nuestros tengan un servicio al Señor, militancia. De Timoteo conocemos su abuela y también su mamá, que eran creyentes y dieron buen testimonio. Esas mujeres estaban ahí, prestas a preparar un instrumento para los caminos del Señor. Que el muchacho sea un proyecto de alguien. He estado hablando de que este instrumento era poco esperable, pero algo marcó la diferencia: buen testimonio. «Que el muchacho es gracioso, que es simpático, que es muy cariñoso.» ¿Qué dice su corazón? ¿Hacia dónde va? ¿Están sus ojos puestos en las cosas de arriba o no están puestos?

Quiero presentar al ministerio como un gran privilegio, pero ese privilegio no debe ser tirado al suelo. «No les den las perlas a los cerdos,» dice la Palabra. Deberíamos tener una alta expectativa de lo que es el ministerio del Señor, comenzando por nosotros, de forma tal que cuando alguien quiera participar podamos mostrar esto como el más alto privilegio de su vida. Y preguntarle directamente: «¿Realmente tú quieres servir a Cristo? ¿Te puedes comprometer? ¿Quieres tomar una decisión?» Tú podrías dedicar tu vida a muchas otras cosas, pero esta es la cosa más importante.

Yo quisiera que mis hermanos en su congregación tengan prestancia, de forma tal que sean admirables para los más jóvenes. Que ellos quieran hacer lo que estamos haciendo nosotros. Yo no solamente hago el trabajo pastoral: yo quisiera ser admirable para los muchachos. Que ellos digan: «Yo tuve un pastor joven que era serio, y él amaba al Señor. Esto no era para él solamente un trabajo, realmente era un hombre apasionado de esta obra.» Y yo podía sentir el cariño de su congregación cuando él pastoreaba su iglesia, de forma tal que ellos también quieran sentir el cariño de una congregación. Muchachos que tienen un pastor admirable probablemente tengan más oportunidad de servir a Cristo que aquellos que no lo tienen. Quiero caminar en integridad de forma tal que los más jóvenes de esta congregación vean un ejemplo de integridad, un ejemplo de pasión por el Señor. No es solamente un asunto de erudición —y también quiero que el Señor me conceda erudición—. Yo quisiera que cuando vean a su pastor digan: «Realmente eso es un hombre esforzado, que ha amueblado su mente de forma tal que pueda ser útil a Cristo.» Y que Dios me ayude a ser útil a Cristo y que ellos comiencen desde ahora a amueblar su mente para ser útiles a Cristo.

Y que vean que en mí hay satisfacción. A veces estoy cansado y le digo: «Señor, dame fuerza renovada; que mi congregación me vea que tengo deleite cuando predico tu Palabra», de forma tal que los muchachos también quieran predicar la Palabra. Nuestra iglesia local necesita que haya adultos entusiasmados, apasionados por el Señor, de forma tal que ellos también quieran asumir esta carrera.

El sacrificio personal de Timoteo

Un instrumento poco esperable, ahora muestro el sacrificio. Timoteo no fue reclutado simplemente por ser joven, sino sobre todo por tener buen testimonio. La iglesia necesita Timoteos con buen testimonio. «Pastor, tengo cinco muchachos.» Y yo pregunto: ¿están serios? ¿Están puestos para esto? No me traiga un Juan Marcos. Siga orando por él. Timoteo sí. Hay muchachos que uno quiere muchísimo, pero no están listos. No es mi cariño lo que te va a enrolar en el servicio a Cristo: es tu pasión por el Señor, es tu compromiso. Y ese compromiso se evidencia en decisión.

Recuerden: Timoteo era hijo de padre griego y madre judía, y él no había sido circuncidado. Se esperaba que un judío fuera circuncidado porque era la señal del pacto. Timoteo ya era cristiano. Ya sabía que la circuncisión no hacía diferencia alguna para fines de salvación. Él no se iba a circuncidar para ser salvo. Pablo le está diciendo, lean el texto: «Quiso Pablo que este fuese con él.» Y la respuesta natural era: «¿Pablo, tú quieres que yo vaya contigo? ¿Hago la mochila?» Espérate, entiende que te estás comprometiendo. Todo el mundo quiere ser reclutado, pero no todo el mundo es reclutable.

Yo recuerdo el momento cuando estaba terminando el bachillerato y supe que existían becas. Salí a buscar mi promedio. Con muchos 70 no se aplica para beca. Y entendí que cuando yo estaba jugando, cuando estaba distrayéndome, cuando estaba siendo inconstante, había otros que estaban buscando los puntos. Aquellos que obtuvieron los puntos correctos eran las primeras opciones para la beca.

¿Tú quieres servir a Cristo? ¿Has estado desarrollando carácter? ¿Has estado buscando constancia, testimonio? ¿Has estado llenando tu mente con la Palabra del Señor? En este momento hay muchachos de 12 años que están llenando su mente con la Palabra del Señor, y hay otros que están llenando su mente de otras cosas. Los jóvenes de iglesia enfrentan muchas distracciones. La música es interesante, buscar una identidad es interesante, aproximarse al sexo opuesto irresponsablemente es interesante. Y yo luché con todo eso. El pecado siempre ha sido pecado, el mundo siempre ha sido mundo. Hoy no es más fácil que ayer. Generación va, generación viene, más la tierra sigue siendo la misma. Las luchas que yo tuve para servir a Cristo van a ser las mismas luchas que tienes tú.

Pero algo que el Señor utilizó para rescatarme es que yo quise usar mi vida en algo que tuviera valor eterno. Yo recuerdo pecados de los cuales me devolví en el acto a causa de que yo quería servir a Cristo. Y cuando tuve la oportunidad de practicar determinados pecados, la proyección hacia adelante me limitaba: si yo practico ese pecado, probablemente eso sea un impedimento mañana. Y quizá, así como la beca, se me fue el momento. Se me va ya el momento de acompañar a Pablo en el segundo viaje misionero. Querer servir a Cristo es una razón para que los muchachos se santifiquen. Querer servir a Cristo es una razón para que quieran conocer la Palabra. Querer servir a Cristo es una razón para tener una militancia constante en los caminos del Señor. Y si no tenemos una razón poderosa por delante, probablemente no lo logremos.

Lo mío es lo ministerial, pero el béisbol funciona así mismo. Yo veo al muchacho que quiere ese pitching: se está cuidando, está formando su cuerpo, actitud deportiva, dándole la vuelta al play, porque quiere jugar en las grandes ligas. Yo creo que los muchachos necesitan tener ambición espiritual, querer comprometerse, jugar a la gran liga del Señor. Si tú tienes un objetivo —y esto es más importante que la gran liga, más importante que el básquetbol, más importante que cualquier otra carrera— esta es la única que tiene valor eterno. Es un gran privilegio. Y los primeros reclutados son aquellos que dedicaron el tiempo que había que dedicar.

Yo me dediqué a estudiar las Escrituras. Quise estar en medio del pueblo del Señor y tener buen testimonio. La gente piensa que el testimonio es algo que te va a llegar por ósmosis. No, eso se sale a buscar. Yo pude haber sido definido por otras cosas, pero yo quería ser definido como un muchacho que asumía con seriedad las cosas que se le encomendaban en su iglesia local. Que hablaba las cosas correctas. Estaba lleno de las mismas tentaciones que estás lleno tú, pero elegí el camino más alto. Así como la gente se pone para jugar pelota, yo me puse para asumir un camino ministerial. Yo quería ser útil en mi generación. Yo pude haber tenido ambición material, pero tuve ambición espiritual. Y quise comprometer mi vida con cosas que tuvieran valor eterno y distinguirme.

El testimonio no va a llegar por ósmosis. Hay que salirlo a buscar. Guardar el silencio cuando hay que guardarlo. Recoger las manos cuando hay que recogerlas. Apartar la vista cuando hay que apartarla. Hacer lo que esté difícil hacer cuando hay que hacerlo. Porque tú estás construyendo un activo intangible que se llama buen nombre, testimonio, y eso es más valioso que el oro. Y la razón que me impulsaba a hacer aquello es que yo quería ser útil para Cristo. Yo no sabía si lo iba a lograr o no, pero quería que el Señor me usara en ese sentido. Dele la vuelta al play espiritualmente hablando. Comprométase con seriedad en los caminos del Señor. Y probablemente cuando Pablo vaya al segundo viaje misionero, usted sea una opción. O quizá va a tener que esperar otro ciclo. Un muchacho que a los 18 está listo, probablemente comenzó a los 13. Y el que está listo a los 25, probablemente comenzó a los 20. Cada vez que postergas la decisión de consagrarte al Señor y de hacer lo que hay que hacer, estás mandando más hacia adelante la oportunidad de tu vida: servir a Cristo.

Y a veces tenemos cosas que hacer, pero no hay quien lo haga. «Pero yo tengo los dones, ¿por qué no me ponen a mí?» Porque no tiene lo que tenía Timoteo: el testimonio de dos iglesias que hablaban de su prestancia espiritual. Anhelo que los muchachos de nuestra iglesia no solamente esperen como que «un día voy a servir a Cristo». No, si usted quiere servir a Cristo un día, comience hoy a comprometerse. El sacrificio hay que pagarlo.

La circuncisión: el precio del compromiso

Timoteo no necesitaba ser circuncidado para ser salvo. Ya se había debatido ese tema y se demostró que no era necesario. Pero ahora Pablo le dice: «Timoteo, tú vas conmigo. ¿Estás dispuesto a pagar el precio?» ¿Cuál precio? La circuncisión. ¿Y por qué? Porque sería escandaloso el hecho de que estuviera en medio de una audiencia judía y siendo judío no hubiera cumplido con la cosa más básica que un judío cumple. Le dirían: «Ese ni siquiera como judío pudo dar la talla y ahora esperan que él nos dé la clase.»

Por eso la obra del Señor a veces no avanza: porque ponemos los peores por delante del pueblo. Pablo le dijo a Timoteo: «Yo quiero que tú tengas prestancia y que cuando yo te lleve delante de los judíos, ellos entiendan que tú, sin necesitarlo, aun las leyes judías las cumpliste e hiciste lo que había que hacer.»

Aquí hay una aparente contradicción que hay que resolver. El concilio de Jerusalén ya demostró que no había que circuncidarse. Y Pablo tuvo otro colaborador, Tito, a quien se negó a circuncidarlo. ¿Y por qué circuncida a Timoteo? Porque Timoteo era hijo de madre judía y los judíos entendían que la identidad judía venía a través del vientre. Si eres hijo de una judía, eras judío, pero tenías que expresar y cumplir con la ley. Sería un problema que Timoteo intentara interactuar con una audiencia judía sin haber cumplido con las cosas necesarias. Aunque ya no necesitamos eso, cumple con lo que hay que cumplir para que tenga prestancia también entre los judíos y pueda servirles. Más que un asunto teológico era un asunto práctico: evitar ser escandaloso, favorecer su trabajo misionero. Timoteo, si tú no estás circuncidado y eres judío, no te van a dejar ni siquiera hablar. «No, eso no es necesario. Yo tengo cinco versículos que demuestran que no hace falta.» Ten quince versículos, pero queremos que puedas hablar para que seas útil. Que tengas la oportunidad, que no sea escandaloso.

Y el sacrificio personal —de varón a varón— fue heroico. No es lo mismo ser circuncidado de niño que de adulto. Y uno dice que está pagando un precio para hacer la obra del Señor: el precio lo pagó Timoteo. Ese muchacho estaba comprometido. Vivimos en días donde todo el mundo quiere que le disculpen. Nadie quiere pagar el precio. A Timoteo no se la pusieron fácil. ¿Realmente tú quieres ir con Pablo y Silas en el segundo viaje misionero? ¿Estás dispuesto a comprometerte como ellos? Me llama la atención que a Juan Marcos no se le pidió nada cuando fue en el primer viaje, pero a Timoteo le pidieron un sacrificio. Y no es ponérsela difícil: es preguntar si estás dispuesto a sacrificarte o no. Después que un hombre se circuncida, quizá no se devuelva como se devolvió Juan Marcos.

El problema de la misión es que siempre estamos poniendo el listón más bajo. «Es que las nuevas generaciones son inconstantes.» Hay muchachos muy constantes en esta generación. Lo que pasa es que hay un call center que ya los reclutó. Hay muchachos que son talentosísimos. Lo que pasa es que los negocios de la vida ya los envolvieron. Porque como los mostramos en la iglesia, como que ellos son apáticos. Eso es aquí que son apáticos. En los negocios están tirando paquetico, en su emprendimiento, en sus intereses, en su futuro, en sus hobbies.

No es que no tienen capacidad. Muchachos que han pasado varios juegos de Zelda —y se investigaron cuáles son las fórmulas que hay que hacer para poder terminar el juego— me dicen que leer el Nuevo Testamento es muy difícil. Leer el Nuevo Testamento es facilísimo. No es que no hay capacidad: es que tienen su interés en otra parte. Como iglesia somos demasiado condescendientes: «No, que los muchachos no pueden.» Claro que pueden. Muchachas jovencísimas ya saben ponerse bonitas, arreglarse, ven su canal de YouTube, meten la presión para que les compren los productos. Para eso sí pudieron ponerse.

Contextualización verdadera

Esto también es contextualización: hacer cosas que son sacrificios personales de forma tal que la misión avance. No es sacrificar cosas que son cómodas para ti, es hacer cosas que son incómodas para ti para ponérselas fáciles a los otros.

Hace como 20 años un amigo cristiano me invitó a un estudio bíblico en un café. Y cuando llegué allá, hubo una conversación al respecto del evangelio de Juan. Después le pregunté: «¿Y esto qué es?» Y me dijo: «Que tenemos que contextualizarnos. Entonces los no creyentes, tenemos que ir al lugar de ellos, beber lo que ellos beben, hacer lo que hacen, para volvernos potables y que entiendan nuestra fe.» Eso es al revés.

Contextualización no es hacer lo que estás loco por hacer para que el mundo te reciba. Es hacer lo que no querías hacer de forma tal que la iglesia te reciba. Es circuncidarse. Es hacer lo incómodo. Es hacer lo que nos cuesta. Es tu sacrificio personal. Timoteo, para ser útil al pueblo del Señor, tuvo que hacer sacrificios personales. Cosas que sabía que no eran necesarias, pero sabía que eran convenientes.

Cuando yo estaba entrando al ministerio traté de ser lo más conservador que pude. Porque el joven era yo, y yo quería poder servir a los mayores. Eso me llevó a que cuando iba a predicar siempre tenía una corbata, que no es común. Humildemente me ponía la chaqueta, y una Biblia grande en papel. Y los mayores se dieron cuenta de que este muchacho no era irrespetuoso, que él realmente honraba la cultura, las tradiciones, su contexto. Mi contexto ministerial es Latinoamérica y aquí la gente es muy tradicional. Yo tuve que volverme potable a mi contexto. No solamente iba a servir a muchachos: tenía que ser potable para diferentes generaciones. Y cuando el mundo iba en que los jóvenes son alternativos y la iglesia emergente, yo estaba buscando lo más tradicional que pudiera ser, porque yo quería servir a los tradicionales, como quería Pablo servir a los judíos. No volverme servil hacia ellos: volverme sensible.

Verdadera contextualización es ser sensible a las generaciones anteriores. En vez de entender «yo soy el muchacho, yo soy lo nuevo, yo soy el futuro, todo el mundo que se ponga para mí,» es tú ponerte para ellos. Sacrificar tus preferencias personales de comida, bebida, música, para evitar ser escandaloso. Sujetarte al liderazgo de tu iglesia, respetar la cultura de la iglesia en tu ciudad. Si en la ciudad donde tú estás las iglesias no estilan hacer algo, no lo hagas, que te pongan un problema escandaloso y digan que eres un irrespetuoso. Circuncidarse para Timoteo tampoco era bíblico, y se circuncidó.

Algo a destacar es que Timoteo siendo joven aceptó sacrificarse para participar en la misión. «Quiso Pablo que este fuese con él y tomándole le circuncidó,» no por causa de Timoteo, sino por causa de los judíos que había en aquellos lugares. No le circuncidó para que fuera salvo. Le circuncidó para que Timoteo pudiera ser útil, para que los judíos que había en aquellas ciudades pudieran conocer a Cristo.

Juventud de esta iglesia: vamos a tener que sacrificarnos para poder servir a Cristo. Hay que entender que esto es un bien mayor. Lo que hace falta no es ponerle la cosa cómoda, sino darle un buen ejemplo, como el de Pablo. Hay jóvenes que están dispuestos a pagar el precio. Esos son los jóvenes idóneos. Y si les mostramos que eso es lo que hay que pagar para ser un cristiano y para ser un instrumento para el Señor, quizá convenga que vean lo que cuesta. ¿Han visto ese paradigma de nuestros días donde siempre se le pone a la gente la cosa fácil para que no vuelvan atrás? Quizá es mejor que Timoteo se devuelva ahora y no en medio, porque ya vivimos la experiencia con Juan Marcos que se nos devolvió.

Involucrar a los más jóvenes con seriedad

Muchos jóvenes en la historia de la iglesia han asumido fuertes compromisos a temprana edad. Solamente la iglesia entiende que alguien de 25 años es muy joven mientras él es gerente de una empresa. Desde que pueden sacar una cédula, los call centers los están reclutando. La delincuencia temprano los sale a buscar. Hay muchachos de 13 que ya están en la delincuencia. Juan Calvino escribió la Institución de la Religión Cristiana a los 26 años. Jonathan Edwards ya a los 19 predicaba y era pastor a los 26. Moody a los 23. Graham a los 19. Los Wesley eran jovencísimos todos.

Para la virtud como que hay que esperar a los 30, pero para la maldad desde los 12. Al Capone a los 14 le dio unos golpes a una maestra y fue expulsado: primer delito, a los 14. Pablo Escobar desde la adolescencia ya participaba en cantidad de delitos. Hay jovencitas que a los 16 ya su mente está puesta en cómo pueden lograr cosas que ofenden a Dios. Y la iglesia quiere cerrar los ojos hasta que tengan 30. Y cuando la gente ya ha desbaratado su vida, entonces vamos a ver si quieren servir a Cristo. El momento es ahora.

Ideas prácticas para la iglesia

El punto es que no es solamente que sean jóvenes, es que sean jóvenes y tengan buen testimonio. Que como iglesia tengamos los ojos abiertos a ver dónde el Señor se está moviendo. Y que sepamos decirle a Juan Marcos que espere un momento y decirle a Timoteo: ahora sí. No es solamente tener instrumentos jóvenes por tenerlos: hay instrumentos jóvenes que tienen buen testimonio. No se engañen: el pecado no coge pausa y desde temprano nos está visitando. Hace falta dones, pero hace falta carácter.

A veces los muchachos ya tomaron una decisión. Hace rato que decidieron el mundo. Y tú los ves aquí, que tienen el cuerpo, pero su mente está en otra cosa. Ya su mente está en el dinero, en la vanidad, la superficialidad, en la sensualidad. Que estén aquí en medio de un ambiente cristiano no significa que el mundo no esté haciendo el trabajo en su mente, en su corazón. Abran los ojos.

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

— 1 Timoteo 4:12

Evitemos el aniñamiento y el infantilismo. No solamente que sean muchachos: deben ser responsables. Y si no son responsables, tengamos la voluntad de decirle: ahora no. No es un no permanente, es un «ahora no». Si le hemos dado una oportunidad de que le ponga la mano al arado, de que contribuya con la iglesia local, y no está dando señales de que su corazón está puesto en esto, hay que decírselo. Esto es más que música: es adoración. Esto es más que oratoria: es predicar la santa Palabra del Señor. Esto es más que infraestructura: esta es la casa de Cristo. Esto es más que gente: esto es un pueblo que ha sido comprado a precio de sangre.

En los pueblos agrícolas los muchachos de 12 ya saben contar, ya saben pesar. Desde muchacho, pero con el papá al lado que le dice: «Cuidado, no vayas a tirar el patrimonio de la familia con una mala decisión.» Samuel en el santuario no estaba jugando al sacerdocio. Su mamá le puso hasta un vestidito especial, pero no era que él estaba jugando en el santuario. Estaba escuchando a Dios, siendo dirigido por Dios, siendo usado por Dios, y sobre todo teniendo buen testimonio cuando los hijos del sacerdote Elí estaban en desbandada. Lo que él estaba haciendo, Dios lo estaba recibiendo. Y ya Dios estaba pastoreando su pueblo a través de la sensibilidad espiritual que tenía Samuel. Y le sirvió al Señor durante toda su vida. No es que ellos están como jugando todavía: están sirviendo a Cristo y deben hacerlo con entereza. David, cuando venció a Goliat, no estaba jugando. Estaba luchando por su vida y representando al pueblo del Señor.

Y si un muchacho no lo toma en serio, probablemente pronto hay que decirle: ya no. Y les voy a pedir a las familias de nuestra iglesia que cuando vean que a su muchacho le dicen que no, entiendan que está siendo pastoreado al respecto de eso. A veces hay que removerlo para que entienda el valor que eso tiene, y cuando venga, vuelva con un carácter diferente.

Asume que alguien joven te está mirando. Si eres un maestro de escuela bíblica, entiende que esos niños te están mirando y vuélvete ejemplar. No solamente estás haciendo una tarea: estás haciendo una tarea esperando despertar a un Timoteo. Pablo cinco años atrás estuvo en la ciudad de Timoteo e hizo un gran trabajo, fue valeroso. Y Timoteo vio el testimonio de Pablo y cuando Pablo lo invitó, él sabía a qué le estaba invitando, porque hace cinco años estuvo entre ellos y vio cómo lo hizo.

Si eres músico en nuestra iglesia, no solamente hagas música: haz música y vuélvete imitable. Piensa que aquí hay una serie de niños que te están mirando y que eventualmente van a querer hacer lo que haces tú. Y deberían ver en tu rostro lealtad, en tu carácter compromiso, en tus decisiones integridad. Usted debería caminar en medio de su congregación tratando de ser imitable, que la gente le mire y diga: «Yo quiero ser así.» «Sed imitadores de mí, como yo de Cristo.» Los muchachos de nuestra congregación necesitan tener referentes que sean admirables.

Yo admiro a mi pastor. Yo recuerdo a Fausto Mena de Lemus, desde que yo era un niño. Yo veía la pasión de Fausto. Él hacía unos dramas en la iglesia: buscaba potes de aceite, los cortaba, les ponía un bombillo y con eso iluminaba escenas. Y yo veía el entusiasmo de Fausto sirviendo al Señor. Dejó una impronta en mi mente. Me marcó para bien. Yo admiraba a mi pastor Parra. Le admiro todavía. Donde quiera que haya un Timoteo que se esté levantando, hay un apóstol Pablo que hizo un trabajo, quizás durante cinco años. No nos rebajemos ni negociemos el sacrificio. Hay oportunidad para ti, pero hay que pagar el precio. Es una carrera posible. La ciudad no solamente necesita peloteros, abogados, ingenieros: también necesita misioneros, pastores, maestros de escuela bíblica.

La gente te habla del ministerio como si fuera un negocio ilegítimo. Esto tiene dignidad. Yo recuerdo que le decía a la gente que quería dedicarme al ministerio pastoral. «Usted está volviendo loco, va a morir de hambre.» Yo quisiera que los más jóvenes vean que uno puede hacer esto y no morirse de hambre. Yo tengo una vida muy dinámica y una gran satisfacción en el corazón, de forma tal que ellos también quieran hacerlo. La iglesia del Señor necesita instrumentos. Como la zona franca necesita gente, como el servicio al cliente en el hotel espera que usted vaya para allá y hable inglés, la iglesia del Señor necesita instrumentos. Que el Señor nos permita levantarlos. Si usted es un papá, involúcrese usted.

El ejemplo de Richard Williams

Estuve mirando un poco de la historia de Richard Williams, el papá de Venus y Serena Williams. Él entendió que si se comprometía en esa disciplina, sus hijas podían revolucionar el deporte. Y tomó esa decisión aún antes de tenerlas. Vio una transmisión de un partido de tenis, vio que una muchacha ganó un cheque de miles de dólares, y dijo: «Si una hija mía se dedica a eso, no solamente va a hacer una impronta de que hay muchachas negras revolucionando un deporte de blancos, sino que también podemos vivir de eso.» Habló con su esposa, y como las hijas mayores ya habían crecido, decidieron tener dos más. Antes de que esas muchachas nacieran, él escribió un plan de 70 páginas para su desarrollo deportivo.

Él entendió que si sus hijas tenían un propósito alto, iba a poder alejarlas de las drogas, de las pandillas, y les puso de temprano una ambición en el tenis. Comenzó a dar entrenamiento desde el lunes hasta el sábado. Dicen que eran tan fuertes los entrenamientos que les daba que seguridad social le apareció en la casa a ver si había maltrato. Y cuando fueron, ellas mismas testificaban del buen trato que recibían de su papá, y que ellas mismas estaban comprometidas en ese proceso y querían pagar el precio. Tomó consistentemente decisiones para sacrificarse y acercarlas a su meta. Se mudó a California sin poder pagarlo, porque ahí era donde se estaba jugando.

Yo estoy animando a los papás de esta iglesia a que tomen consistentemente decisiones que acerquen a sus hijos a que puedan servir al Señor. Si hay que mudarse cerca de una iglesia, múdese. Si hay que tomar una decisión laboral, tómela. Porque usted quiere que sus hijos sean útiles al Señor. La satisfacción de un padre cristiano debe ser ver a sus hijos siendo un instrumento. Yo me imagino la madre y la abuela de Timoteo cuando veían a Timoteo partir con Pablo. La regla era que se entrenaba bajo cualquier condición climática, en jornadas extenuantes.

Williams les preparó para vencer la hostilidad del racismo y seguir generando resultados. Él les pagaba a muchachos para que les gritaran desde la guagua, para prepararlas a que resistieran. Vamos a preparar a los muchachos para que resistan el mundo. Sé tú diferente, marca la diferencia. Y él exigió por contrato a la academia donde las inscribió que él tendría acceso a todos los entrenamientos y que sus hijas siempre iban a estar bajo su supervisión. «Pastor, yo se lo voy a traer para que usted lo entrene.» ¿Usted lo quiere entrenar conmigo? Esto no es una actividad extracurricular. Si usted es un padre creyente, el primero que debe estar aquí es usted. Les va mejor a los muchachos que vienen desamparados a la iglesia —si su papá y su mamá se comprometen— que aquellos que tienen padres cristianos poco comprometidos, porque comienzan a nivelarse contigo.

Que dejen de ser espectadores

Concedámosle a los muchachos su espacio de protagonismo. Todos los muchachos se quieren destacar en algo: por eso se cortan los moños de manera diferente, por eso se ponen la ropa que quieren ponerse. Que encuentren su identidad en Cristo. La única institución que no le quiere dar identidad a la gente somos nosotros. En los trabajos seguido los ponen de supervisores y se sienten bien. Y en la iglesia: «Aquí uno no se tiene que destacar.» No, destácate aquí. Humildad no es decir que no tienes don, ni capacidad, ni talento. Humildad es decir: sí tengo, y pienso de mí mismo con cordura, conforme a la medida de fe que le ha sido dada a cada uno. Pero el músico de mi iglesia soy yo —un muchacho debería poder decirlo.

Aprovecha que tu iglesia tiene cierta sensibilidad a que los muchachos se involucren. Una gran pérdida que ha tenido el pueblo del Señor es que ya los niños no participan. La iglesia se ha profesionalizado y esa profesionalización del ministerio ha hecho que las nuevas generaciones no tengan tanta oportunidad. Al día de hoy la liturgia cristiana es demasiado profesional, donde todo tiene que quedar perfecto. Antes tú veías a los niños que le ponían la mano al arado desde temprano, y eso permitía que desarrollaran actitudes. Aprovecha el hecho de que tu iglesia local tiene cierta sensibilidad a que los niños se involucren en el ministerio como una plataforma de oportunidad. Tú dices: «Pero aquí mis hijos pueden tener la posibilidad. Aquí mis sobrinos pueden hacerlo. Mi nieto aquí puede florecer.»

Entrenados sobre la marcha

Del versículo 4 al 5 se muestra que el entrenamiento se le dio sobre la marcha. No se puso la misión en pausa para darle un curso intensivo. Él se fue con ellos y comenzó a imitarlos. «Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen. Así que las iglesias eran confirmadas en la fe y aumentaban en número cada día.» Pablo, Silas y Timoteo. Es la mejor experiencia que un joven puede tener. Para que los muchachos amen el ministerio, tenemos que involucrarlos. Que le cojan el gusto. Que dejen de consumir la iglesia y comiencen a contribuir con ella. Que un muchacho diga: «Yo no solamente estoy aquí para sentarme; esto también es parte de lo que yo hago, es parte de mi identidad, parte de mi trabajo.»

Las iglesias que quieren desarrollar sus recursos tienen que pagar el precio en tiempo y ajustar sus expectativas. Si no, siempre vamos a estar buscando los recursos fuera, donde otros los desarrollaron. Para que el recurso se desarrolle aquí, hay que crear las oportunidades. Nuestra carga como iglesia es desarrollar localmente los recursos: los líderes, los predicadores, los cantantes, los pastores, los músicos. No siempre hay que salir a buscar un músico formado; a veces hay que pagar el precio de formarlo aquí. Que dejen de ser espectadores, que se conviertan en productores. Que sientan que tienen cosas que hacer en la casa del Señor.

Qué bonito un hijo tuyo que te dice: «Mami, tenemos que llegar temprano. Yo tengo que servir al Señor. Tengo que ir para mi ensayo. Tengo reunión hoy de mi ministerio.» Cuando han querido jugar fútbol, se les buscan los recursos. Cuando han querido jugar béisbol, cuando han querido cualquier cosa, los videojuegos, se hacen unos líos para comprar esa consola.

Quienes participan siendo jóvenes necesitan saber que representan a alguien. Es hermoso un muchacho que siente que está representando a su pueblo. Que dice: «Yo estoy aquí representando a los ancianos de Jerusalén. Alguien ha puesto sus expectativas en mí.» Es una carga que compromete cuando dices: «Yo soy parte de este equipo.»

La evidencia de fruto es una fuerte motivación para renovar el compromiso. Yo me imagino a Timoteo cuando vio que las personas estaban creciendo en la fe y que las iglesias estaban aumentando en número. Qué hermoso cuando los muchachos le toman el gozo a su iglesia y dicen: «Mi iglesia está creciendo, yo me estoy involucrando, cada vez tenemos más trabajo.» Que sientan ese trabajo como suyo.

Cómo se ve aquí el evangelio

El evangelio es la buena noticia de que Dios está actuando para la salvación de los hombres. Y también es la buena noticia de que Dios no necesita instrumentos terminados para obrar. Que Dios puede utilizar instrumentos como Pablo, como Bernabé y como Silas, pero también puede utilizar instrumentos como Juan Marcos y como Timoteo. Que el Señor permita que se levante una generación apasionada por el Señor, comprometida con su causa, y sobre todo con buen testimonio de su iglesia local. Ayúdenme a orar por esto, ayúdenme a dar buen ejemplo. Ayúdenme a invertir en los muchachos para que tengamos instrumentos a largo plazo.