Tercera parte de una serie. Si Dios es soberano en la salvación entonces concluimos que también es soberano la misión. Así, los hombres no serán salvados por nuestra intención, tampoco serán salvados por nuestros planes y proyectos, sino por el deseo personal de Dios y la iniciativa suya. Como mucho, una iglesia que está en misión tiene la intención de unirse a lo que Dios está haciendo. Hoy veremos (1) la soberanía de Dios en la misión, (2) nuestra respuesta a la soberanía de Dios y (3) la forma en que el equipo misionero de Pablo fue dirigido.
Transcripción automática
Continuamos hoy la última parte de esta serie de enseñanzas. Estuvimos viendo primero que la misión continuará a pesar de nuestras diferencias, después que la misión continuará con nuevos instrumentos, y hoy estaremos viendo que la misión continuará con la dirección del Señor. Es Hechos capítulo 16 desde el versículo 6 en adelante: la visión del varón macedonio.
Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia. Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciéndole: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.» Cuando vio la visión, enseguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.
— Hechos 16:6-10
La soberanía de Dios en la misión
En esta porción de la escritura estaremos viendo que la misión continuará con la dirección del Señor. No me refiero a que a partir de un punto la misión que anteriormente iba con nuestra dirección comenzará con la dirección del Señor. La misión siempre ha estado bajo la dirección del Señor, pero quiero recordarle a la iglesia que es Cristo y no nosotros quien traza la agenda. Si Dios es soberano en la salvación, como creemos que así es, entonces concluimos que también él es soberano en la misión. Y así como salvar a ningún ser humano está al alcance de ningún hombre, sino que la salvación es del Señor, la misión también es del Señor. Los hombres no serán salvados por nuestra intención, tampoco serán salvados por nuestros planes ni por nuestros proyectos, sino por el deseo personal de Dios y la iniciativa suya. Como mucho, la iglesia se une a Dios en la misión, pero quien está salvando es el Señor.
Quisiera reducir el protagonismo de la iglesia y mostrar que no se trata de Pablo y de los planes de Pablo, que se trata de Cristo y de los planes del Señor. Nosotros como mucho podemos unirnos a lo que el Señor está haciendo, pero la misión no es nuestra sino suya.
Ninguno de nosotros tiene más ardor por la misión que el Señor. Fue él quien compró a precio de sangre a aquellos que están por ser salvados.
Cuando parece que nada está sucediendo
Comenzamos esta serie con mucho ímpetu. Pablo se propuso visitar las iglesias y consolidarlas. Hubo cierta desavenencia, después se unió Timoteo y hay entusiasmo, pero en este momento al entusiasmo se le echa una cubeta de agua y pareciera que nada va a suceder. Y a veces cuando parece que nada está sucediendo es que el Señor las más grandes cosas está haciendo. Quisiera quitar el pensamiento de que una iglesia que está en misión está siempre tirando tiros y que siempre estamos haciendo cosas. A veces sabemos que estamos en misión porque no estamos haciendo cosas, sino esperando humildemente a que el Señor de la misión nos indique y nos marque el paso. La misión es suya y no nuestra, y una iglesia debería cultivar una paciencia reverente en esperar lo que el Señor quiere hacer en medio de nosotros.
Cuando yo esbocé esta serie y la dividí en tres, supuse que esta para mí sería la parte más difícil, porque es la que va en contra de mi personalidad natural.
Si no fuera por mis convicciones y porque me debo al Señor, mi personalidad es la personalidad de hacer cosas, de lanzar ideas, proyectos, de mover asuntos. Y este aspecto de la misión es algo que me humilla. Me recuerda que aunque yo tenga intención de hacer cosas, no siempre mis intenciones llegarán a buen puerto. Gran parte de mis planes y proyectos serán frustrados, y no significa que eran malos planes o malos proyectos, significa que el Señor es soberano de la misión. E infiero que las congregaciones se parecen a su pastor, y Pez Mundial es una iglesia muy diligente. Pero yo quisiera que a nuestra diligencia le pongamos otro componente: el componente de la paciencia reverente. Este esperar a no hacer las cosas nuestras, sino a que el Señor nos conceda hacer lo que él quiere hacer. Y cuando el Señor no ha hablado, entonces recojamos.
La actitud militar de la espera
Estuve leyendo literatura militar, y algo que desespera a cualquier pelotón es cuando no hay nada que hacer. El pelotón está listo y está loco por entrar al combate directo, pero tiene que esperar que llegue la orden. Y en lo que llega el comando, uno se prepara, limpia las armas, manda cartas a su familia, pregunta si llegó algo, limpia las armas otra vez, manda otra carta. Y en eso, en la literatura de guerra pueden pasar tres meses, y en esos tres meses se cultiva la actitud militar. Se ha querido entender que la actitud militar es solamente asumir un comando y responder, pero asumir una actitud militar también es no hacer nada cuando no tienes una orden directa.
Aquí tenemos a Pablo, al apóstol Pablo, siendo frustrado consistentemente con relación a lo que eran sus planes y proyectos.
El Señor tenía una agenda, como la tengo yo y la tienes tú, pero el Señor tenía otra agenda. Y cuando el Señor hablaba, entonces recogía.
Un Dios personal con voluntad propia
Es interesante el vocabulario con que se describe la soberanía de Dios en la misión. Dios no solamente tiene un plan, Dios también es un Dios personal. Cuando yo entendí esto, fue algo como una nueva revelación para mí. Yo no solamente sirvo a un Dios que tiene planes, yo sirvo a un Dios que tiene personalidad. No es que los planes de Dios se van a ejecutar con la personalidad mía. No, los planes de Dios se ejecutarán con la personalidad de Dios. Y servir a un Dios personal nos da una perspectiva muy nueva de la obediencia. Significa que no solamente necesitamos saber qué hay que hacer, también hay que saber qué hay que hacer a la manera de Dios y en el tiempo de Dios. Obediencia no es solamente recibir el mandamiento y salir a obedecerlo según tus términos. Obediencia también es tener comunión con Dios de forma tal que en cada momento no solamente sabemos lo que hay que hacer, sino lo que hay que hacer a la manera de Dios.
Me gozo en que mi Dios no es solamente un legislador universal que ha dejado decretos.
Me gozo en saber que mi Dios es un Dios personal y este Dios personal habla, interrumpe, detiene, boicotea mis proyectos. Cuando él boicotea mis proyectos, entonces yo me gozo en que no estoy sirviendo solamente a una ley, a un algoritmo, estoy sirviendo a un Dios personal que tiene voluntad y revela su voluntad. Por lo cual, no vale solamente con ser buenos estudiantes de las escrituras; al mismo tiempo deberíamos atesorar una comunión con Dios.
Iglesias como la nuestra, de corte bautista, tenemos esta tendencia a entender que con el estudio vamos a resolver todos los problemas. No solamente hace falta estudio, también hace falta comunión, oración, dependencia. De forma tal que a veces tú sabes lo que hay que hacer, pero no sabes lo que hay que hacer de manera puntual y particular según la agenda de Dios para este tiempo. Y hay que volver a buscar el rostro de Dios.
Vamos a estudiar la escritura, sí, vamos a estudiar la escritura para darnos cuenta de que el Dios de la escritura es un Dios personal que tiene voluntad. Y a veces tú sabes lo que hay que hacer y haces lo que sabes, pero el Señor te revela sus planes y sus proyectos.
La madurez no es tener todas las respuestas
En dos ocasiones se menciona a la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo. Alguien dirá que Pablo era un hombre inmaduro. No era un hombre inmaduro. Se ha confundido y se piensa que madurez es hacer una línea recta entre tus planes y la voluntad de Dios. Un creyente maduro y sensible no es un creyente que siempre sabe para dónde va. Es un creyente que tiene una buena disposición a devolverse. Madurez espiritual no es tener la respuesta para cada dilema. Madurez espiritual es saber que en Cristo está la respuesta.
Una iglesia madura no es una iglesia que escribe sus planes estratégicos, los pone bonitos y le da hacia adelante. Una iglesia madura es la iglesia que escribe sus planes estratégicos, los pone por escrito, después se humilla y hace nuevos planes estratégicos, y vuelve y se humilla y termina llegando hacia donde Dios quiere llevarle.
Nosotros no queremos ser la iglesia que ve después de la curva, queremos ser la iglesia que ve a Cristo. La iglesia sabe lo que hay que hacer, pero no solamente quiere hacerlo como si Dios fuera una ley. Quiere hacerlo de forma tal que Cristo tenga deleite en lo que ella está haciendo. Y para que Cristo tenga deleite, tú no solamente necesitas conocer el mandamiento, tú necesitas conocer al Señor de la iglesia. Y el Señor de la iglesia tiene planes y proyectos. Es verdad, él tiene decretos y sus decretos son claros, pero tú le amas y él te ama. Y tú no solamente quieres obedecer y estar en cumplimiento, tú quieres estar en comunión, tú quieres estar en obediencia. Tú quieres conocer su revelación y tú quieres conocer al Dios que está detrás de su revelación.
Lo legítimo no siempre es lo correcto para ti
Hay cosas que son legítimas. Asia y Bitinia, los lugares donde Pablo quería ir a predicar el evangelio, eran lugares legítimos. Esa gente necesitaba que se le predicara el evangelio. Y así mismo, hay cientos de cosas que son legítimas, que son correctas. El asunto es que no son correctas para ti, o por lo menos no ahora. No son la voluntad de Dios para mí particularmente.
Y algo muy dominicano: la gente se comparte la receta.
Tu receta puntual fue para ese padecimiento puntual en ese cuerpo puntual. Dios tiene una receta que es para ti, y el mismo medicamento que es bueno y funciona en ese cuerpo no va a funcionar en el tuyo. Y la misma voluntad de Dios revelada para tu hermano, probablemente sea correcto para él, pero no es correcto para ti. No es pecaminoso, es que no es la voluntad de Dios puntualmente para mí. No solamente quiero hacer la voluntad de Dios, yo quiero hacer lo que Dios quiere que yo haga.
La iglesia de al lado está haciendo tal cosa. Esa es la dirección del Señor para ese cuerpo de creyentes. Bernabé y Juan Marcos deben andar por otra parte haciendo lo que es la voluntad de Dios para ellos. Y Pablo, Silas y Timoteo en este momento están haciendo la voluntad de Dios específica para ese conjunto de creyentes.
El copy-paste en la misión no vale. Hay que buscar el rostro de Dios todos los días.
No es que va a aparecer de manera imponente el apóstol Pablo con un plan abajo del brazo y le va a decir al equipo por aquí es que vamos. Pablo le va a decir que por aquí es que vamos y pronto va a tener que devolverse. Él quería ir a Asia, quería ir a Bitinia, pero el Señor quería que fuera a otra parte. Y alguien dirá: «Pastor, ¿y por qué el Señor no se lo dijo desde el principio?» Porque Dios es soberano y nosotros somos su pueblo. Esa demanda por información a veces tiene una carnalidad detrás, y es que tú quieres reemplazar el lugar de Dios. Hay cosas que el Señor se ha guardado en su corazón y no te quiere revelar todavía. Él quiere que tú esperes.
La salvación como obra singular de Dios
Aquí hay una aproximación a la misión que debemos entender: Dios no solamente quiere salvar, Dios quiere salvar personas específicas, en lugares específicos y en momentos específicos. Tarde o temprano la misión va a llegar a esas ciudades, pero Dios quiere que en este momento llegue a otra parte. Él tiene prioridades. Yo me gozo de servir a un Dios que tiene prioridades.
Entender la soberanía de Dios es entender que los hombres de manera particular no han respondido a Dios en sus propios términos o voluntades. Dios quiso salvar a esos hombres.
Y entender la soberanía de Dios en la misión es entender que la misión no llegará al lugar donde nosotros entendíamos según nuestro plan de que iba a llegar. Llegará donde Dios quiere que llegue.
Cambia la perspectiva, nos hace ver nuestra salvación como una obra singular. No fue que en algún momento yo me salvé; en algún momento el Señor quiso salvarme. Y cuando yo veo al Señor interrumpiendo a Pablo para que no vaya a Bitinia, sino que vaya a Macedonia, solamente infiero la cantidad de cosas que el Señor interrumpió para que uno sea salvado.
Gózate de que cuando el Señor te salvó a ti dejó de hacer otras cosas para ponerte a ti en ese momento, porque en ese momento tú eras la prioridad. De forma tal que nosotros no vemos nuestra salvación como algo que nos tocó, sino un asunto en que el Señor vino a salvarme en el momento justo en que tenía que ser alcanzado.
A los macedonios, yo me imagino cómo se gozaban en su salvación. «Pablo, tú querías ir a Asia, después querías ir a Bitinia, pero el Señor quería que tú vinieras a nosotros y nos anunciaras el evangelio.» Cuánto nos ha amado el Señor de forma tal que nos ha enviado un mensajero específicamente para que nosotros seamos salvos. Cuando tú llegas a la presencia del Señor, tú verás la cantidad de cosas que el Señor movió, impidió o estorbó de forma tal que tú alcanzaras salvación.
Donde quiera que haya un hombre que dijo que fue salvado, tú deberías ver que hay un Dios con personalidad que le salvó.
Pon tus sueños en contexto
La salvación no es nuestra, sino que es suya. La misión no continuará según nuestros términos, sino según la dirección del Señor. Eventualmente, todas esas ciudades fueron predicadas. El evangelio llegó a Asia, llegó a Bitinia, llegó a Latinoamérica, llegó al Caribe Insular, a Santo Domingo, cada cosa en su momento.
De forma tal que ya uno no compra la ansiedad. Yo tengo un ardor, un fuego de responder al llamado de Dios para mi vida, pero ya no ando apagando los fuegos de las necesidades, pues las necesidades son ilimitadas.
Tú sales a ver en esta creación, y la cantidad de pecados, de injusticia y de maldad es un asunto que abruma. Pero el Señor espera que echemos agua en lugares específicos. Debemos poner nuestros sueños en contexto. Nadie tiene más ardor que Dios en la misión.
Recuerdo que hace muchos años, yo era casi un adolescente, le mandé una carta a un escritor que yo admiraba. Le decía que no me entusiasmaba la universidad, no me entusiasmaba esto, no me entusiasmaba lo otro, lo único que me entusiasmaba era el ministerio.
Me respondió Floyd Woodward. Yo llegué al pastor y le dije: «Floyd Woodward me mandó una carta.» Y me dice: «Muchacho, Floyd Woodward te mandó una carta a ti.» Decía la carta: «Querido muchacho, le animo encarecidamente a que se inscriba en la universidad. Que se comprometa con su iglesia. Que termine sus estudios.» Me echó cinco cubetas de agua a mi ardor. Después me dijo: todo eso eventualmente podría ser muy útil para la misión.
Y al día de hoy yo me encuentro con personas que están por quemarlo todo, porque en aquel lugar la gente se está perdiendo. Y yo tengo un mapa en la oficina, y por donde quiera que eche los ojos, por ahí hay gente que se está perdiendo. Es dejar la ansiedad, ese ardor. Nadie tiene más ardor que Cristo y él tiene paciencia.
El cuarto de guerra
Hay algo que se llama el cuarto de guerra. Y mientras los soldados están tirando los tiros, en el cuarto de guerra comen hasta bizcochos. Y comen bien, y se relajan, no se tiran ningún tiro. «¿Pero ustedes no están en la guerra?» Sí, estamos en la guerra, pero la guerra tiene una parte táctica y tiene una parte estratégica. Y en esa parte estratégica, en el cuarto de guerra, no hay ansiedad, no hay desesperación, hay planes, proyectos, cálculos para los próximos años, porque una guerra tiene muchas batallas.
Cuando yo veo a Cristo que está sentado en su trono, rodeado de gloria, él no tiene ansiedad, él tiene planes y proyectos.
Y será salvado el que el Señor quiera salvar, en el momento del Señor, según los términos del Señor. Quisiera cultivar un vivo interés por aquellos que el Señor sí me concede, porque creo que ahí está mi gozo. Y mi frustración está cuando me aferro a Bitinia. Hay cantidad de cosas que yo he querido hacer y me aferro a ellas y pierdo el gozo. Yo estoy haciendo lo que el Señor me ha concedido hacer y tengo paz. De forma tal que tenemos paz.
Nuestra respuesta a la soberanía de Dios
He estado mostrando la soberanía de Dios en la misión. Ahora quiero mostrarle a la iglesia cómo responder a ese Dios soberano y personal que nos permite trabajar junto a él. Dicen los versículos 6 al 8:
Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia. Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas.
— Hechos 16:6-8
Primero se lo prohibió y después no se lo permitió. Prohibido es «por ahí ni miren.» Y no se lo permitió: «Cuidado si lo hacen.»
Imagino que no se lo permitió cuando ellos ya estaban listos. Recojan, que aquí no es. Esta debe ser nuestra respuesta a la soberanía de Dios en la misión. Aquí hay dos experiencias que son frustrantes: la prohibición y el impedimento. Nadie quiere eso. No me prohíban cosas ni me impidan cosas.
He visto personas que creen que Dios siempre está abierto, que el Señor quiere que hagas todo lo que tú puedas hacer. Cuánto me recuerda al profeta cuando el rey le dijo que quería construir un templo. «Rey, construya, dele hacia adelante.» Y el Señor le interrumpió y le dijo: «Ve, habla de nuevo con el rey, que él no va a construir ningún templo.»
Dios tiene planes, personalidad, y a veces lo que parece un buen consejo es un buen consejo, pero es un buen consejo general. Por eso me gozo en la manera en que aconsejó Jetro a Moisés: le dijo, «Si el Señor te dirigiere y eso hicieres, el Señor te bendiga.» Sea cuidadoso con su consejo, que a veces el mejor consejo es un consejo muy general para lo que esa persona, particularmente, el Señor está haciendo con ella.
De forma tal que un consejero no puede anular la personalidad de Dios. El mejor de los consejos no tiene la particularidad de tú mismo buscar el rostro del Señor para ti en ese momento puntual.
Porque me he dado cuenta de que hay gente que quiere ser aconsejada para evitar tener comunión con Dios. Tú puedes tener el mejor de los consejeros, pero Dios todavía quiere tener una relación personal y particular contigo.
Pablo no se quedó detenido esperando una dirección. Él salió a hacer cosas que entendía que glorificaban al Señor y que eran propias a la misión, pero tenía una disposición de devolverse. Esto es especialmente frustrante para quienes tenemos deseo de control.
El ídolo del control
Aquí me predico a mí, no a ti. Pero si te toca un poco, cógelo. Ese deseo de control se puede convertir casi en un ídolo que reemplaza a Dios. Y de eso yo tengo mucho. Me arrepiento de mi pecado y vuelvo a humillarme delante de mi Dios. Pero es una de mis luchas, el querer controlar cosas. Cuando tú quieres controlar cosas, tú te das cuenta de que el único que controla es él. Al único que las cosas no se le van de las manos es a él. Y las cosas que tú piensas que tienes más controladas, eso está todo manga por hombro. En esta tierra hay percepción de control, pero control tiene él.
En verano en casa jugamos videojuegos, tenemos dos controles.
Y a veces uno está jugando y otro agarra el otro control. Y el personaje se mueve y tú dices: «¿Qué está pasando?» No tienes control. Esa es nuestra vida. Tú tienes un control chiquito y el Señor tiene el control grande. Y cuando tú te mueves para la izquierda, el Señor te mueve para la derecha. Y hasta que tú no te rindas, vas a estar frustrado. La experiencia de un creyente es rendirse ante Dios. Entregarse. En nuestro hombre natural vamos a luchar con eso.
¿Cómo se manifiesta ese ídolo de control? Se manifiesta con una visión muy estrecha y detallada de lo que hay que hacer, sin lugar para los imprevistos o los cambios. Y cuando llegan imprevistos y cambios, te frustras, porque hiciste un plan muy detallado y las cosas no salieron como esperabas.
Y hay algo que sientes como en el cuerpo que se mueve. ¿Sabes qué es lo que se está moviendo? Un deseo de ser Dios que tú tienes. Y no lo eres.
Da duro cuando tú quieres hacer cosas que son correctas. Y tú vuelves y dices: «Pero lo que yo estoy haciendo es lo correcto.» Eso es lo correcto. Pero el Señor está haciendo lo que es mejor para ti. Se manifiesta con perder el interés cuando algo no se hace a nuestra manera. «Se juega con mis reglas o me llevo la pelota.» Se manifiesta con un perfeccionismo excesivo, que es una manera de imponer nuestra visión. Con estudiar mucho y antes que los otros, de forma tal que domines a los demás. Se disimula con una capa de piedad: «No, pues yo soy diligente, soy constante, mi sí es sí, mi no es no.» Pero a veces lo que es tu sí es el no de Dios, y a veces lo que es tu no es el sí de Dios.
Hay una actitud de madurez de renunciar a cosas correctas para sujetarnos a la voluntad de un Dios que es personal.
Él no solamente es un Dios que es verdadero, él no solamente es veraz, él es veraz pero él también es un Dios personal que quiere relacionarse personalmente con nosotros. Y a veces nos quita cosas que son correctas. Y tú te estás aferrando a la pelota porque tú entiendes que la pelota es correcta para ti. La pelota es correcta, pero no es correcta para ti en este momento, porque Dios tiene personalidad. «Demuéstrame que eso es pecado.» Yo te puedo demostrar que Dios es personal. Lidia con él.
La persistencia dirigida
Debemos ser constantes y estar dispuestos a padecer, prosiguiendo la voluntad de Dios. Sea persistente cuando usted se siente especialmente dirigido. Pongo el asterisco y un asterisco grande. Hombres como Guillermo Carey asumieron tareas que durante años no dieron fruto, pero se sentían particularmente dirigidos por el Señor a eso. No había ningún fruto. Cuando él estaba predicando la palabra del Señor en Asia, predicaba y predicaba y no veía ningún fruto, pero se sentía particularmente dirigido por el Señor en ese sentido.
El problema está cuando te aferras a las necedades y caprichos de tu malvado corazón y entiendes que con eso estás glorificando al Señor. Eso no es ser constante ni persistente. Eso no es longanimidad. Eso es deseo de control.
Y usted puede orar por una piedra insistentemente y bañar esa piedra en oración y no habrá fruto. Deje de estar orando por lo que Dios no quiere bendecir. Esto nos lleva a que seamos un poco graciosos al respecto. Usted va a predicar el evangelio y si el Señor le concede, esta persona vendrá a Cristo. Y si no, usted va a seguir predicando el evangelio. Tú no fracasaste. Dios salió a salvar. Y a veces tú buscando una cosa, el Señor te concede la otra.
La misión también refina a los obreros
Dios no solamente está salvando, está trabajando en el carácter del equipo. Usted piensa que la misión es solamente la salvación de los hombres. Misión también es el perfeccionamiento de los obreros. Y en este momento hay un equipo de misión que necesita que su carácter sea aún más refinado.
Timoteo, que era el más joven, probablemente entendió que la misión era una chulería, porque Pablo una vez vino a su ciudad y aquello fue un despliegue.
Y quizá Timoteo esperaba que la misión fuera un asunto donde siempre se está predicando, que siempre hay conversión. Pero nada estaba pasando. Timoteo entiende que el carisma de un líder no es lo que dirige la misión. Él no está siguiendo a Pablo, está siguiendo a Cristo. Y Pablo a veces sale y después se devuelve, pero Cristo es asertivo. El Señor no solamente quiere alcanzar a los hombres con salvación, también quiere refinar a su iglesia, también quiere perfeccionar a sus obreros.
Silas era un hombre sabio y prudente. En su momento fue el comisionado especial del concilio de Jerusalén.
Cuando los ancianos se reunieron en Jerusalén y tomaron una decisión, enviaron a Silas como uno de sus embajadores. Y ahora Silas está aprendiendo que esto no es un asunto administrativo o político, que esto es Dios dirigiendo todos los días milimétricamente la misión. Hay hermanos que operan la misión como si fueran embajadores. Creen que todo es manejo, política, estrategia. No, es Dios dirigiendo. Silas va a entender que ya no son los ancianos en Jerusalén, que el Señor está dirigiendo su iglesia. Que los concilios no son más fuertes que la voluntad expresada por un Dios que es soberano. Él no delega su soberanía; la comunica a través de instrumentos.
Y Pablo, ¿qué podría aprender? Pablo tuvo un primer viaje misionero lleno de dinamismo, fruto, entusiasmo.
Ya tenemos unos cuantos kilómetros, eso era un viaje extenuante, caminar a pie. Después que Pablo hizo el viaje y se expuso y se cansó, cuando llegó a predicar se le fue prohibido. Y se despachó hacia otro lugar y cuando llegó allá no se le permitió. Pablo está aprendiendo que la experiencia previa no le evitará depender activamente del Señor. «Ya yo lo he hecho antes, ya yo puedo hacerlo con la mano izquierda.» No, tú vas a tener que ponerle de nuevo el ojo al Señor y humillarte como la primera vez.
No siempre en sobremarcha
Como iglesia tenemos que interiorizarlo. Esto para nosotros ha sido un año un poco lento, como que pocas cosas han sucedido. Y cuando veo que poco ha sucedido, solamente el Señor sabe si ahora mismo están sucediendo las cosas más valiosas en la historia de nuestra iglesia. A mí me encanta el movimiento, pero yo prefiero esperar pacientemente y saber que el Señor tiene un plan. Una iglesia no tiene que estar siempre en sobremarcha para sentir que está en misión.
A veces en la mayor tranquilidad el Señor está haciendo las más grandes cosas. Lo más importante es que el Señor vea la disposición de nuestra iglesia. Y que cuando el Señor diga a la izquierda, la iglesia vaya a la izquierda. Y cuando el Señor diga marcha, la iglesia marche. Y si el Señor no va con nosotros, que no nos saque, como dijo Israel en sus mejores tiempos.
Me gozo en que Pablo, cuando el Señor frustraba sus planes, no se sentaba en una piedra a decir que no se iba a mover. Él seguía intentando. ¿Y qué hace Pablo en Troas? Sigo predicando el evangelio. Me levanto todos los días con mi mejor disposición de hacer la obra.
Con expectativas frustradas, una pronta disposición a renunciar a sus planes. Lo que enseño es que no te aferres. Ten muchos planes. Haz cosas que entiendas que glorifican al Señor y que son convenientes. Quizás muchas de esas cosas, sin que el Señor te haya dirigido de manera particular, él te las concede. Pero al mismo tiempo, ten una pronta disposición a renunciar, a devolverte, sin luchar.
El esfuerzo como obediencia, no como resultado
Yo tengo esa tendencia de siempre rebuscar las cosas. Yo dediqué muchas horas a eso, vamos a ver si sirve para otra cosa. En lo espiritual hay asuntos que se pueden mandar a pérdida. Se hizo ese esfuerzo, no funcionó, y entonces ya. El Señor vio mi esfuerzo. Mi orientación principal no es al resultado, es a la obediencia. Que tu orientación principal no sea al resultado, sino a la obediencia. El Señor me vio cuando yo caminé hacia Bitinia y me vio también acercándome hacia Asia. Y ahora el Señor me ve en Troas y quizá en Troas tenga misericordia de mí y me dé dirección.
No hay que dar muchas explicaciones.
Yo sobreexplico. ¿Y saben por qué sobreexplico? Porque tengo demasiado cuidado de mí mismo. Temor al hombre, mi autoimagen, no quiero parecer contradictorio. ¿Cuántas veces he llenado mi pizarra y la borro de nuevo? Y cuando la borro digo, esto se está borrando y como que nada. Y después digo, eso no se fue a pérdida, el Señor vio mi diligencia. Que el Señor me encuentre trabajando, eso es lo que quiero. Y Pablo en Troas, buscando a ver si ahí el Señor le da dirección. Que el Señor te encuentre en Troas, figuradamente hablando.
Sin reclamar el hecho de que nos esforzamos. La actitud de siervo. Qué feo es un siervo que cuando hace una cosa y le mandan hacer otra, siempre está diciendo: «Pero ya yo hice eso ayer.» Hágalo.
El Señor no solamente quiere que usted haga las cosas para que funcionen. El Señor a veces te permite frustrarte porque la frustración le hace bien a tu carácter. Hazlo con gusto. Ten una alegre disposición a seguirlo intentando. Seguirlo intentando es una forma de obediencia, seguirlo intentando es un reclamo de esperanza.
Me gozo en esta temporada, vuelvo a tener entusiasmo. Quiero hacer cosas y espero cosas en el Señor. Y cuando espero cosas en el Señor significa que en mi corazón hay esperanza. Que no las frustraciones, los avatares, las idas y vueltas, los impedimentos hayan endurecido mi corazón. Todavía yo sueño cosas para el Señor y espero que él me lo conceda. La esperanza es necesaria en esta tierra hasta que tengamos la presencia del Señor.
Maneras incorrectas de responder
Evita lo siguiente. Evita aferrarte a un contexto ministerial al que Dios no te está llamando. Evita quedarte atrapado con lo que tú dijiste anteriormente que ibas a hacer. Evita ese compromiso histórico: «No, es que yo no quiero desdecirme. Yo dije que iba a hacer tal cosa.» Y ya terminas haciendo eso. Eso probablemente sea tu Asia y tu Bitinia. Tú querías hacerlo y era bonito que lo quisieras, pero ya el Señor te mostró que por ahí no es. Entonces recoge y muévete.
Ten precaución con la devoción mal canalizada.
Deja de orar por algunas cosas. Parece extraño, pero hasta por personas específicas, por temporada, yo he dejado de orar. Yo puedo mantener a modo general la oración por las personas que están en Asia, que están en Bitinia, pero no puedo hacer que Asia y Bitinia sean toda mi devoción.
La visión del varón macedonio
Tengo que mostrar también la forma en que el equipo fue dirigido por Dios. Están en Troas. Troas era un puerto. No lo dice aquí, pero yo asumo que Pablo se movió a donde estaba el puerto. Porque si el Señor no nos ha permitido ni aquí ni allí, parece que va a haber que coger un barco. Y si el Señor me manda a coger un barco, yo quiero estar cerca del puerto. Se movió a Troas.
Y estando en Troas, se le mostró a Pablo una visión.
Yo me imagino la satisfacción de Pablo cuando se sintió dirigido. Una visión de noche. No dice que estuviera durmiendo. Parece que de noche tuvo una visión. Dios en otro momento lo habló por profetas, en otro momento lo habló por circunstancias, y en este momento lo habló por una visión. Y cada vez el Señor cambiaba el medio, de forma tal que no se aferren.
Un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciéndole: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.»
— Hechos 16:9
Pablo tuvo la visión, pero escuchen ahora: «Cuando vio la visión, enseguida procuramos partir para Macedonia.»
Qué interesante que el Señor no solamente puso en Pablo visión, sino también puso un entendimiento en el equipo de que el Señor estaba dirigiendo. «Dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.» Qué satisfacción da eso. Si ahora yo estoy caminando en una región muy amplia y en esa región sé que el Señor nos está dirigiendo para que le anunciemos el evangelio, qué satisfacción da hacer aquello que Dios quiere que se haga.
Lucas se une al equipo
Un cambio sutil en esta narración es que ahora aparece una voz en off que acompaña el relato hasta el final de los Hechos. Esa voz se infiere que es Lucas. Anteriormente la narración tenía una voz, ahora tiene otra: «Cuando vio la visión, enseguida procuramos partir hacia Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que le anunciásemos el evangelio.» Quien está escribiendo, que es Lucas, ahora parece que se integró al equipo. Muchos comentaristas dicen que este fue el momento en que Lucas se unió al segundo viaje misionero del apóstol Pablo.
Pareciera en el contexto que para lo que sirvió la vuelta larga fue para que Lucas se encontrara con Pablo, con Timoteo y con Silas.
¿Y para qué sirvió esa vuelta? Para tener a Lucas. Y tener a Lucas en un equipo misionero ayuda mucho. Lucas era médico, era una persona con una mente estructurada, un hombre que tenía un sentido de la historia, y él documentó todo esto a favor de todos nosotros. Pareciera que el Señor permitió una vuelta larga para que a la llegada a Troas ya Lucas estuviera en el equipo misionero. Solo Dios sabe los instrumentos que nos aguardan en el camino.
Yo leía esto esta semana y recordaba la historia de Hudson Taylor. Fue un misionero de mucho fruto, y él frecuentemente lidiaba con la situación de no tener recursos. Y él escribió que al trabajo de Dios hecho a la manera de Dios nunca le faltarán los recursos de Dios.
Hubo una pérdida importante con la salida de Bernabé, un hombre con experiencia, y con la salida de Juan Marcos, que era un hombre con juventud, pero fue compensada por el Señor a través de Silas, a través de Timoteo y a través de Lucas. Solamente el Señor sabe los instrumentos que encontraremos en el camino, y uno se mueve con esta expectativa de que el Señor todos los días está levantando gente.
También me gozo en que Lucas no tiene el perfil esperable para personas que van a hacer el ministerio. Era un médico. Pareciera que todo el mundo tiene que ser cantante o predicador. La misión necesita muchos recursos. No solamente predicando y cantando lo vamos a hacer. Hay muchos dones que el Señor va reclutando e incluyendo en el equipo misionero.
El evangelio como obra personal de Dios
Eventualmente, a su tiempo, Dios habló. Y Dios habló estando ellos sobre el camino. Asumí eso para mí: yo quiero que el Señor me hable y me encuentre en Troas. Cuando el Señor me diga: «¿Dónde tú estás?» «No, que estoy más lejos de donde comencé. Ahora estoy en Troas, a ver si aquí quieres tener misericordia.» Uno se pone en marcha y el Señor dirige. Recuerdo a Eliezer, un hombre que lo mandaron con una misión. Le dijo Abraham: «Ve a tal lugar, consígueme allá una esposa a mi hijo.» Él salió, y después oró y dio la gracia al Señor:
Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo.
— Génesis 24:27
Guiándome Jehová en el camino. Muchas cosas no suceden porque las personas se detienen esperando la dirección del Señor.
El Señor te concede hacer aquello que encuentra apropiado; ten una disposición a renunciar. La agenda de Dios no era ni Asia ni era Bitinia, sino que era Macedonia. Macedonia era la puerta hacia Europa.
El evangelio es el poder de Dios actuando en forma personal para la salvación de los hombres en forma particular. El evangelio no es una fuerza, el evangelio no es una idea. El evangelio es la vocación de un Dios personal de salvar a hombres particulares. El evangelio no solamente es el poder del Señor para salvar, es el poder del Señor para salvar hombres específicos en momentos específicos de la historia y en lugares particulares. Que el Señor quiera seguir haciendo su obra personal y particular en medio de nosotros.
Como iglesia le invito a que oremos con una resolución de devolvernos, de seguirlo haciendo, de ser interrumpidos, de confiar en que ha valido la pena aunque el viaje haya sido largo. Que después de esta vuelta, el Señor quiera dirigirnos. Y si no, que nos encuentre en Troas.