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La reacción de Herodes ante la llegada del Rey

Mateo 2

Mateo narra la llegada del verdadero Rey prometido y cómo la reacción de Herodes desenmascara el corazón humano que se resiste al señorío de Cristo.

Predicado10 de diciembre de 2023
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Es el Evangelio de Mateo, en el capítulo dos. Mateo es el primer libro del Nuevo Testamento. La semana pasada estuvimos en Mateo, capítulo 1, y ahora vamos, con el favor del Señor, a Mateo capítulo dos. Veamos la reacción de Herodes ante la llegada del Rey. Es una porción extensa de la Escritura, pero me parece apropiado leerla completa para que se entienda lo que allí está ocurriendo. Son porciones que en otro año hemos expuesto parte de ellas; ahora quisiera exponer no cada una de las partes, sino el capítulo en su conjunto y la idea central que nos deja la palabra del Señor en esta parte. Evangelio de Mateo en el capítulo dos, y veremos aquí la reacción de Herodes ante la llegada del Rey.

Dice así la Sagrada Escritura, Mateo capítulo dos:

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo. Entonces Herodes, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Voz fue oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron. Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño. Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel. Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea, y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret; para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.

— Mateo 2

Siéntense, mis hermanos. Quisiera mostrar en esta porción de la Escritura la reacción de Herodes ante la llegada del Rey. Y con el título se hace ver la agenda del predicador: no es la reacción del rey Herodes ante la llegada de Jesús, sino la reacción de Herodes ante la llegada del Rey. Normalmente la parafernalia de la Navidad hace que estas porciones de la Escritura se segmenten, y las personas se dejan deslumbrar solamente por unos magos, por una estrella, por visiones, sueños y los asuntos que son llamativos de todo este hecho. Pero el hecho de fondo y lo que realmente persigue Mateo cuando escribe esta historia es mostrar que ha llegado un Rey.

El proyecto de Herodes y el verdadero linaje real

Persigue Mateo, cuando escribe esta historia, mostrar que ha llegado un Rey. De hecho, no es casualidad que Mateo capítulo 1 se introduzca con una larga genealogía, que vimos la semana pasada, y ahora aparezca un rey supuesto sentado en un trono y magos que vienen de oriente a buscar el legítimo Rey que ha nacido. Al parecer, el personaje del rey Herodes junto a unos magos que están buscando al rey de los judíos parece esto un relato sencillo, pero hay en el fondo un gran conflicto. Herodes era un rey ilegítimo para los judíos, no era natural de los judíos. En la genealogía de Jesús nos dimos cuenta que, por un lado y por el otro, Jesús reclamaba una ascendencia hasta el rey David y hasta Abraham, o sea que en cuanto a genealogía era la persona correcta y que el lugar donde había nacido Jesús era el lugar donde decía la profecía.

¿Quién era Herodes? Era un político que, con la ayuda de Roma, se había sentado en el trono de David, un extranjero edomita. Y ahora Herodes se encuentra con que aparecen magos de oriente buscando al legítimo Rey. Esto parece autoofensivo: uno que ha nacido en el lugar que debía haber nacido y cuyo linaje es el linaje correcto, uno en el cual cantidad de profecías apuntan a él directamente. ¿Qué sucederá? Lo impresionante de esta historia es que aquí no hay un conflicto humano que está servido, una guerra civil, un enfrentamiento; lo que hay es Dios cumpliendo las profecías y dejando al rey Herodes aparentemente de lado. El proyecto en la vida de Herodes era llegar a ser el rey de los judíos.

Es un personaje histórico muy bien documentado. Me dediqué a buscar historia general al respecto de la historia de los judíos en este tiempo. Flavio Josefo describe muy bien la historia de Herodes. Se llamaba Herodes el Grande. Dice un historiador que Herodes el Grande fundó una dinastía de reyezuelos. No eran reyes muy grandes, pero eran gente muy diligente que en una provincia de Roma habían logrado relevancia. No estaban en el centro de Roma, sino en el campo, y en el campo ellos dominaban. Uno como cristiano tiende a ver las tierras bíblicas como que eran lugares de gran importancia, la importancia que tenían estos lugares en importancia profética, pero eso era un campo, de hecho, tierra vacía. Para Roma la provincia de Judea no era la provincia más importante, tampoco era una provincia como que pareciera, para los cristianos, como que esa era la capital del mundo; no era la capital del mundo.

Hablo, hermano, no despectivamente, sino tratando de traer realidad: eso era un campo. Que el papá de Herodes logró que le dieran eso para administrar y él pidió el título de rey, y la verdad que eso le importaba tan poco a Roma que le permitieron utilizar el título de rey, y cuatro hijos suyos reinaron el mismo lugar. Pareciera que era un rey industrioso. Durante 30 años, este hombre comenzó un proyecto de darle esplendor a la provincia de Judea, que después se llamó Palestina y que los cristianos le llamamos Tierra Santa. Y su proyecto de vida, durante más de 30 años, fue hacer construcciones, traer la paz en la región, hacer puertos, darle cierto esplendor.

Entre las cosas que este hombre, aparece en la historia que construyó, están hipódromos, reconstruyó ciudades, ayudó a sobrellevar la destrucción de un terremoto donde murieron más de 30 000 personas. Se sobrepuso a una hambruna, vendió su propio tesoro para ayudar al pueblo. Él quería ser querido por los judíos, pero sucede con los judíos que ellos no querían a Herodes, pues decían que él no es judío, no tiene sangre judía. Él dijo: si ese es el problema, me voy a casar con una mujer de los judíos, y buscó quizás la mujer apropiada con la cual se debía casar un hombre para que su pueblo le amara. Se casó con una muchacha, Mariamne, hija de una dinastía entre los judíos, y aun casándose con ella, el pueblo nunca llegó a amarle.

No se sabe si eso es historia general o si es dato anecdótico. Dicen que, antes de morir —murió de viejo—, uno de los últimos movimientos de Herodes fue que apresó hombres judíos y los puso en el hipódromo y le dijo a sus soldados: cuando yo muera, mátenlos, porque yo sé que los judíos no van a llorar mi muerte, pero que por lo menos lloren durante mi muerte.

Herodes: grande, genial y sanguinario

Sucede con los hombres como Herodes: geniales y sanguinarios al mismo tiempo, son contradictorios. Él quería realmente ser un rey, y el celo de su vida era ser recibido por los judíos. El templo en tiempo de Herodes había sido devastado por diferentes secuencias de imperios y eso eran ruinas, piedras; y él reconstruyó el templo de Salomón y le dio la gloria que tenía en tiempos de Salomón, y por lo menos arquitectónicamente hizo un templo impresionante. De forma tal que los judíos debían sentirse orgullosos de tener en el trono un rey como Herodes, que trajera la paz a la provincia, que reconstruyera el templo y que le diera a la provincia de Judea quizá el esplendor que debía tener en los días de David o en los días de Salomón.

Pero murió con el deseo de ser el rey de los judíos. Él era el rey que los romanos habían puesto, y ahora ha llegado el rey de los judíos. Ese es el conflicto en el capítulo dos de Mateo: que ha llegado el legítimo Rey, pero hay un hombre que está ocupando el trono. Yo me imagino la sensación de Herodes cuando llegaron los magos de oriente y le dijeron que dónde es que ha nacido el rey de los judíos, porque ellos han venido a adorarle. Llama la atención que él parece que conocía las profecías. Dice el versículo 1: cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y hemos venido a adorarle”.

Lo que este hombre ha buscado durante 30 años es lo que estos magos de oriente han venido a dar, pero no a él. El conflicto central en este capítulo es quién es el Rey, y el tema central en el Evangelio de Mateo es que Jesús es el Rey. De hecho, Mateo comienza con la genealogía de Jesús y termina con Pilato preguntándole a Jesús: “¿Realmente tú eres el rey de los judíos?”, y ¿qué le responde Jesús? “Tú lo has dicho”. El arco en la historia de Mateo es que hay un Rey, pero no parece que hay un Rey.

El dilema en Mateo es: si Jesús es el Rey, ¿por qué no está sentado en el trono de Herodes? De hecho, en toda esta historia Jesús aparece, pero no aparece como un rey físico, como un rey violento. Solamente reinan aquellos que pueden reconocerle. A mí me llamó la atención que cuando vinieron estos magos de oriente, o sabios, o personas de una casta, estas personas vinieron y, cuando ven a Jesús, ellos le adoran como a un Rey. Pero no es un asunto de parafernalia, no es un asunto visual, no es un asunto de que tiene construcciones, no es que todavía ha traído la paz, es un asunto de convicción. Lo que Mateo está mostrando es que Jesús es el Rey, no necesariamente porque tenga el trono de Herodes; que Jesús es el Rey porque en él se cumplieron las profecías.

El pequeño rey interior: usurpación y señorío

Y son de las cosas con las cuales tenemos que lidiar los cristianos: que nosotros decimos que Jesús es el Rey, pero Jesús no parece ser el Rey. Y solamente es Rey en aquellos que pueden reconocerle; y lo paradójico en el Evangelio es que las personas que reconocieron a Jesús como Rey no eran las personas que se esperaría que reconocieran a Jesús como Rey, sino aquellos a los cuales providencialmente Jesús se les fue revelado. ¿Cuáles fueron las actitudes de Herodes? La primera que aparece aquí es una actitud que yo podría describir como usurpación: él está sentado en un trono que no le corresponde. Yo creo que Herodes es un ejemplar bien representativo de la humanidad.

Yo de niño veía estos textos y me llamaban la atención como “buenos contra malos”: Herodes malo, los magos buenos, como esta tensión. Esa es una manera muy simple de ver los textos bíblicos. La idea central en este asunto es que Jesús es el Rey, nosotros no lo somos. Herodes no es el rey, y tú tampoco lo eres. Pero dentro de todo ser humano hay un pequeño rey que está entronado, un espacio no negociable en el que nos aferramos a eso en forma irracional y en el cual reclamamos soberanía. El asunto es que el que nació no solamente fue Jesús, porque “os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. Y el señorío de Cristo lo sintió Herodes y también debemos sentirlo nosotros.

De hecho, yo creo que Herodes fue más sincero que nosotros, porque la gente dice: “no, que yo recibo a Cristo como mi Salvador y también como mi Señor”. Si Herodes dice que Jesús realmente es el Señor, lo que está diciendo es que él no es el rey. Y si nosotros decimos que somos cristianos, lo que estamos diciendo es que realmente ya nosotros no somos soberanos sobre nuestra vida. El conflicto que se ha desatado es que Jesús es el Rey, pero no es el Rey porque visualmente lo parezca, es Rey porque nosotros lo reconocemos y humildemente hacemos lo que hicieron estos magos de oriente. He estado mostrando actitudes de Herodes: la primera, una actitud de usurpación.

La segunda es la actitud de turbación. Dice el versículo 3: “Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él”. Yo no estoy acostumbrado a presentar a Cristo como una figura que turba. Yo estoy acostumbrado a presentar a Cristo como una figura que concilia. De hecho, la persona te dice: recibiste a Cristo como tu Salvador, eso significa que todo en tu vida va a estar bien. Yo creo que la actitud más sincera que sucede ante la llegada de Cristo a la vida de una persona debe ser turbación. Si Cristo es realmente quien dijo que es, aquí hay problemas. Si Cristo es realmente el Señor, aquí hay problema porque yo estoy reinando sobre mí mismo.

Bueno, yo soy creyente hace muchos años, pero todavía, después de muchos años, yo lucho en mi vida con el señorío de Cristo. No es fácil. Los seres humanos vivimos en abierta rebeldía contra Dios, y si realmente nosotros entendemos que Jesús es quien dijo que es, deberíamos estar tan turbados como turbado estaba Herodes. ¿Qué es lo que Herodes está diciendo? “Mi proyecto de 30 años está siendo amenazado por uno que supuestamente ha nacido”.

Cristo como amenaza a nuestros reinos personales

Bueno, yo no me lo invento, está en historia general. Herodes mató tres hijos suyos porque le miraron mucho el trono. Mató a su suegra y también a la esposa; y si habían personas que se convertían en una amenaza para lo de él, lo que hacía Herodes era que les quitaba de en medio. Imagínese la turbación de Herodes con estos magos que vienen buscando al Rey que ha nacido. Yo quisiera en este año salir de la poesía de “adoramos al Rey”. Si realmente Jesús es quien dijo que es, lo menos que debería producir en nosotros es turbación, porque Jesús es un estorbo al proyecto del hombre.

Y yo testifico esto, hermano, pues tengo muchos años tratando de entronar a Jesús en mi corazón y todavía no lo logro perfectamente. Hay áreas de mi vida donde yo no estoy dispuesto a sacrificar ese pedacito. Los cristianos hablamos de estas cosas como que todo el mundo ya se rindió a Cristo. Nominalmente, me fijen en esto: nominalmente yo puedo decir que soy un cristiano, pero asumir que realmente Cristo reina sobre mi vida en mí debe producir tanta turbación como produjo la noticia en los oídos de Herodes.

Cristo es una amenaza para los intereses del hombre pecador. Nuestros pequeños reinos y dominios están siendo amenazados con alguien que ha venido. Yo no conozco a nadie que sea sinceramente un cristiano y su vida siga igual. Y es verdad que nuestra vida va a cambiar para bien, pero el cambio, ¿cuánto duele? Ayer hablaba yo de eso con Carla y le digo: “mira, yo estoy muy cansado en esta temporada, pero yo realmente reconozco que en esta temporada, en áreas de mi vida, yo he crecido; pero el crecimiento duele, y duele mucho, trae estrés”.

La gente dice: “no, yo este año quiero comprometerme con hacer en mi vida la voluntad de Dios”. ¿Usted sabe lo difícil que es eso? “No, mira, yo estoy listo para ser cristiano de verdad”. O sea, tú estás listo para pensar dos veces: “okey, esta es la decisión y ahora yo voy a ver la decisión a la luz de que yo no tengo señorío sobre mi vida”. Si de por sí la crianza es difícil, es difícil tener papá y mamá y es difícil tener un esposo, imagínese lo que es tener un Señor sobre tu vida. Es algo estresante.

Anoté unas cuantas cosas. Miren: Cristo es una amenaza porque es una amenaza para nuestra vanagloria. Todos nosotros sin Dios vivimos en un proyecto de autopromoción personal. Todo el mundo quiere ser reconocido, y cuando venimos a Cristo, ya nosotros no vivimos para nuestra vanagloria sino para la gloria suya.

Vanagloria, control y estructuras intelectuales

Yo me estoy casi turbando como Herodes, hermano, con lo duro que es que te vengan a decir: “mira, ahora ya tú no vas a vivir para promocionarte”. ¿De qué hablamos nosotros? De nosotros mismos, de nuestros proyectos, de nuestros planes, de nuestras realizaciones. Cuando tú vienes a Cristo, tú te mueres a ti mismo y tú comienzas a vivir para la gloria suya. Y ya no se trata de ti, sino que se trata de él. Qué bonito decirlo, qué difícil es vivirlo. Uno vive con su proyecto de autopromoción debajo del brazo.

Cristo es una amenaza para nuestros deseos de control. Yo soy el tipo de persona, hermano, que yo quiero sentir que tengo control de mi vida. Y después me recuerdo que Cristo es Señor de mi vida. Herodes lo está diciendo: “a mí Roma me ha dejado durante 30 años medio tranquilo y ahora me están diciendo que hay que repartir el trono”. Eso es. Cristo es una amenaza para nuestra estructura intelectual.

Una de las áreas donde tenemos que luchar, y luchamos los cristianos diariamente, es que todo el mundo tiene alguna verdad. Todo el mundo tiene una filosofía. El ser humano es un ser racional; nosotros no podemos operar en el vacío. Los seres humanos no somos máquinas. Todo ser humano tiene una filosofía, todo ser humano tiene una cosmovisión, todo ser humano tiene alguna verdad, y qué difícil es aprender después de viejo. Uno de los retos de venir a Cristo después de adulto es que, cuando uno viene a Cristo después de adulto, uno no solamente tiene ya una filosofía personal, sino que eso está medio petrificado.

Cristo es una amenaza para mi estructura intelectual, mi verdad, mi formación, mis ideas originales, mi cosmovisión, mi filosofía, algún código moral. Todo ser humano necesita eso, una fuente de autoridad moral. Nosotros no operamos, no somos máquinas; el ser humano necesita ser consistente con su estructura mental. Se lo he mencionado otras veces, pero yo me puse a analizar lo que es la vida de un ladrón, un ratero. Aun los ladrones son seres morales. Escuchaba uno de ellos que decía: “no, yo se lo pido”.

Me dijo, alguien me dijo el día pasado —yo asumo que era un ladrón—, la persona me dijo: “mira, déjemelo, déjeme ganármelo”. O sea: “mira, yo quiero hacer eso, págueme por hacerlo, déjeme ganármelo”. ¿Qué es lo que él me está diciendo? Que si yo no le pago por hacerlo, él no se lo va a ganar, se lo va a robar. “Déjeme ganármelo, yo me lo quiero ganar”. Ah, ¿qué es lo que tú me estás diciendo? Que los seres humanos somos seres morales. “Mire, deme algo ahí, por eso fue que lo agredí, porque yo le pedí y no me lo dio”. Es que los seres humanos necesitamos sentir que nuestros actos están de acuerdo con algún código moral, con una filosofía, con algo que aprendimos.

Y cuando venimos a Cristo, hermano, ahora no es el código mío, ahora es el código suyo. De hecho, muchas veces es volver a aprender. Dice: “mire, es que yo estoy habituado a hacerlo así, pero es que ahora yo tengo que preguntarme si como yo estoy habituado a hacerlo es la manera que aquel que es Señor sobre mi vida quiere que las cosas se hagan”. A la luz de tener ahora a Cristo sobre nuestra vida: ¿quién es el hombre? ¿De dónde venimos? ¿Para qué estamos aquí? ¿Realmente estamos yendo a alguna parte? ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia a la luz de que tenemos un nuevo Señor sobre nuestra vida?

He estado mostrando que Cristo es una amenaza. De ahí que casi se entiende cuando él dijo: “yo no he venido a traer paz, yo he venido a traer espada”. Yo vengo a separar familias. Sí, es verdad. Uno se agrupa según su género y su especie y uno pasa tiempo con gente que se parece a uno. Y tú eres mi amigo, en gran medida, porque tú y yo tenemos una serie de pensamientos en los cuales son colindantes. Pero cuando yo acepto ahora a Cristo sobre mi vida, significa que en mi vida ahora hay un nuevo código de conducta y me voy diferenciando de ti. Y por eso es que llegar a ser cristiano es tan difícil.

Hemos vuelto un problema esto, hermano, pues la gente ahora me habla de que “no, que yo estoy listo para ser cristiano” y yo digo: “¿de verdad?”.

El costo real de seguir a Cristo

¿De verdad? Porque mire, yo tengo unos cuantos años tomándome en serio la vida cristiana y me doy cuenta que esto es algo agotador. Cristo es una amenaza para nuestros pecados. El deseo más alto de todo hombre sin Dios es poder practicar su pecado con tranquilidad. ¿Qué es lo que es calidad de vida sin Cristo? Calidad de vida es el confort de poder practicar nuestro pecado con un poco de sosiego: “déjame en paz, yo sé mi asunto”. Y cuando Cristo llega a nuestra vida, él se atraviesa entre nosotros y nuestros pecados, y nos da la tercera persona de la Trinidad, que es el Espíritu Santo, que nos recuerda todos los días que nosotros ahora tenemos un nuevo Señor sobre nuestra vida y dice la Palabra que nos anhela celosamente.

No, no cualquiera se turba. Estoy mostrando que Cristo es el Rey, que los que reconocen a Cristo son una minoría dentro del conjunto de personas, y que aquellos que reconocen a Cristo inicialmente se sienten un poco turbados, porque Cristo representa algo. Veamos ahora el interés incorrecto que tenía Herodes. Dice el versículo 4: “Y convocados todos los principales sacerdotes y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo”. Ah, no, recuerden que Mateo está mostrando a Jesús como el Rey, no necesariamente porque él tenga la pompa que tenía Herodes. Él está mostrando a Jesús como el Rey porque Jesús cumplió las profecías.

Y le pregunto ahora, ¿a quién había que preguntarle? A los sacerdotes y escribas dónde había de nacer el Cristo. Llama la atención que no está preguntando por curiosidad bíblica. Herodes, pero tú eres el hombre que los judíos dicen que tú no eres un hombre piadoso, que tú no tienes interés en estas cosas. “Yo sé que no tengo interés, pero eso me está amenazando”. Hay un interés incorrecto en la persona de Jesús que muchos hombres llegan a tener. No hablo con gracia, pero muchos de ustedes, antes de venir a Cristo, ustedes leían la Escritura por la razón incorrecta. De hecho, yo me sorprendo que hay personas que combaten mi fe y conocen más de mi fe que yo mismo.

De hecho, las personas que más conocen las Escrituras, la profecía y que más interés superficial tienen regularmente son las personas más seculares y aquellos que quieren sacar a Dios de la ecuación.

Herodes parece un estudiante de la Biblia. “O sea, ¿tú quieres un estudio bíblico ahora?”. No es que yo tenga un interés necesariamente, no es que yo diga que eso es verdad, yo lo que quiero es salir del problema. El problema es que hay alguien que está amenazando mis intereses, y si para salir de ese que está amenazando mis intereses yo tengo que volverme un erudito, yo quiero que me den la clase. Hay gente que realmente no tiene interés en nuestra fe, y aun así estudian nuestra fe, combaten nuestra fe, indagan de nuestra fe y dejan al creyente sin palabras. A mí me toca ver creyentes que se sienten como desarmados, pero la realidad, hermanos, es que nosotros no vinimos a Cristo por un asunto intelectual; Cristo nos fue revelado.

Y eso a veces es difícil, porque parece que es que uno no tiene argumentos. Argumentos existen. Uno tiene algo más que un argumento: es la realidad contra la salvación. Si hace falta evidencia, aquí hay evidencia interna y externa. ¿Cuál es la evidencia interna? Son las Escrituras. Dice: “Él convocó los principales sacerdotes y los escribas del pueblo, y les preguntó dónde había de nacer el Cristo”. Lo anoté, hermanos: miren, frecuentemente los incrédulos manifiestan más interés en los fundamentos de nuestra fe que la media de los verdaderos creyentes. Conocen las Escrituras, elaboran argumentos, preguntan al respecto de la evidencia, indagan insistentemente aún en nuestras vidas para encontrar inconsistencias. Es como el “estudio bíblico contrario”.

Yo leía esto, hermano, y me llama la atención que los escribas y sacerdotes le dijeron dónde iba a nacer, pero no fueron. Ellos le dijeron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: ‘Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un guiador que apacentará a mi pueblo Israel’”. Pero ellos no fueron. No hace falta solamente conocer las Escrituras, hace falta moverse hacia Cristo. Y aquí tenemos los sacerdotes y escribas, que ellos sabían dónde iba a nacer, pero no fueron a verlo.

Esto me dio duro esta semana, hermano, pues yo soy una persona que, a modo profesional, me dedico a enseñar la Palabra. Y fui confrontado con el hecho de que probablemente nosotros le digamos a otros dónde está Cristo, pero no nos movamos hacia Cristo.

Saber sin ir, oír sin obedecer

Podemos conocer las Escrituras y no movernos; podemos guiar a otros mientras permanecemos nosotros mismos en nuestra perdición. Podemos estar tan endurecidos que no reaccionamos ante la evidencia. El Evangelio de Mateo introduce en el capítulo dos los personajes, y lo que queda delante es la persecución de sacerdotes, escribas y, en gran medida, todo el pueblo de Israel contra aquel Rey que les nació, y ellos van a combatirle.

¿Cuál es la evidencia externa? La interna, la Escritura, está ahí. ¿Cuál es la externa? Aquí hay una estrella que hay que resolver. Dice: “Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella”. Me llama la atención la palabra “diligentemente”. El hombre parece que tiene un interés en Jesús. “Entonces, Rafa, me parece que tengo un interés en la ley”. Él tiene un interés en él mismo. ¿Por qué Herodes no va a ver a Jesús? Porque su interés no era un interés sincero, él tenía el interés incorrecto.

Después dice el versículo 8, hermano, y aquí la actitud de simulación: “Y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore”. El centro de todo esto es adoración. Los magos vinieron a adorarle, y Herodes ofreció también ir a adorarle. Lo que aquí está debatiéndose es si tú vas a adorar o no vas a adorar. Aquí hay un Rey que nació; creer o no creer, adorar o no adorar, ese es el asunto. Él no quería ir sinceramente a adorar, era un asunto de simulación en la palabra.

Mirando a Herodes, hermano, volví a constatar algo que le he enseñado antes a la iglesia, y es que la incredulidad es algo mucho más profundo que la falta de evidencia. Y ese era el estado de muchos de nosotros antes de venir a Cristo: incredulidad, no solamente falta de argumentos. Se ha difundido la idea de que las personas pueden llegar a ser cristianos porque vean la evidencia. No es así. La Escritura presenta esto como un nuevo nacimiento; hay una escama en nuestros ojos que debe ser quitada, hay un milagro que debe ocurrir.

Si fuera por evidencia, cualquiera llegara a ser cristiano. Herodes estuviera adorando en este momento, porque él vio la evidencia.

Hay una doble evidencia: están las Escrituras y hay una estrella. Yo, durante gran parte de mi adolescencia y primera juventud, la invertí en debatir con las personas y argumentar, y realmente yo creía que yo podía lograr que alguien se convirtiera en cristiano. De hecho, por momentos yo sentí que lo logré, ofrecer los argumentos necesarios para que las personas sean puestas contra la pared y se den cuenta que las evidencias acerca de Jesús son irrebatibles. Hermano, ahora digo con humildad que si el Señor no hubiera tenido misericordia de mí, yo fuera entre los incrédulos de los peores, y que la única razón por la cual yo pude ver a Cristo es gracia.

Porque hay gente más inteligente que yo, que ha visto la misma evidencia que yo vi, y no vio a Cristo; y lo que yo vi fue, comparativamente, muy poco, y Cristo me brilló en los ojos. De forma tal que uno habla con mucha humildad de su salvación. Nosotros no somos salvos porque seamos sabios, no somos salvos porque seamos eruditos, nosotros hemos sido salvos por gracia, porque la luz de Cristo resplandeció en nosotros, de forma tal que debemos hablar con mucha humildad de nuestra salvación.

Entonces, ¿qué piensa uno, que un creyente es como más inteligente que la media? No. Herodes era genial y no vio a Cristo. Estos hombres, magos de oriente que se están moviendo tampoco eran gente piadosa, a mí me llamó la atención. Estos eran probablemente astrólogos paganos del mundo antiguo, que el Señor tuvo misericordia y les mandó una estrella para que vieran a Jesús. No era un maestro de la ley. Los maestros de la ley vieron la evidencia y no se movieron.

Ay, hermano, te estoy mostrando que hace falta, a veces, más oración que argumento. Que hace falta pedir más gracia que evidencia, y la evidencia está ahí.

Adoración genuina y doctrinas secundarias

Isaías 6:10, hablando de la condición de incredulidad de Israel, decía el profeta:

“Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vean con sus ojos, ni oigan con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, ni haya para él sanidad”.

La incredulidad no es solamente falta de argumento, la incredulidad es un asunto espiritual y el Señor puede suspenderlo. He estado mostrando y hablando un poco de Herodes y cuáles fueron sus actitudes: una actitud de usurpación, de turbación ante la llegada del verdadero Rey, un interés incorrecto y ahora la simulación de ir a adorar. Me moveré en un momento, hermano, pero permítame hablar un chin de adoración.

Yo creo que se nos da demasiado estudio bíblico y se habla poco de adoración. Alguien dirá: “pero ciertos paganos están viniendo quizás de Babilonia, de naciones antiguas, y ya llegaron a ver a Jesús, vamos a darle un estudio bíblico, vamos a aprovechar para discipularlos, a regalarles un par de libros, que se los lleven”. No, el “estudio bíblico”, hermano, se llama adoración. La gente debate de la adoración, dice: “no, cuál es la adoración correcta, debemos adorar en espíritu y en verdad, no, mira, no se debe hacer esto, no se debe aquello”. Esta gente no tiene mucho estudio bíblico, lo que tienen es un interés genuino.

Es reconocer que un Rey había nacido, y eso hay que permitírselo a la gente. Yo creo que uno a veces es demasiado “picky” con la doctrina, como que todo el mundo tiene que hacer la cosa a la manera de nosotros. “No, antes de que vean al niño, vamos a que lean la ley de Moisés, enseñarle el fundamento básico para que puedan adorar correctamente”. Si todo eso lo suelta muchos de nuestros contemporáneos, dicen: “no, su adoración no fue correcta, esos regalos que le dieron, porque esa gente no eran ni siquiera cristianos”. Parece que el Señor, hermano, tiene menos rigor que uno al respecto de recibir la adoración de los hombres. Dejen que la gente adore.

Lo que estoy diciendo es: dejen que la gente le exprese al Señor sinceramente su adoración. No es que uno se entregue a una antiintelectualidad y que uno se entregue a “todo el mundo haga lo que le parezca”, pero esas personas vienen de tan lejos, hermano. Yo digo: el principal foco de lo que ellos vinieron a hacer, ese chin de ver un niño, ya no; ellos vinieron a ver al Rey y, cuando vinieron a ver al Rey, entonces ellos adoraron.

Dice el versículo 9: “Ellos, habiendo oído al rey —interesante que él no fue, pero a él le oyeron—, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo”. Bueno, yo a veces quisiera, hermano, que uno tuviera esa actitud. Tenemos tanta doctrina. No estoy atacando la doctrina, no es eso, hermano; es que a veces uno tiene tanto bagaje doctrinal que se le olvida la actitud de regocijo ante un asunto tan impresionante como esto.

Estos hombres paganos, de algún modo, su corazón se llenó de regocijo. Se regocijaron —dice el 10— con muy grande gozo. “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose…” Escuchen: se postraron. Yo les decía el domingo pasado que yo crecí de niño en un colegio católico y estas cosas me rompían mucho la cabeza. Yo decía: “¿qué es eso, ver unos hombres postrándose ante un niño?”. Los evangélicos tendemos a ver a Jesús ya adulto. Lo que ese niño representaba; ellos no solamente vieron un niño, vieron a Dios cumpliendo la promesa, y Dios hizo algo en su corazón que ellos reconocieron que ahí había algo.

Postrándose. Recuerden que los maestros de la ley se quedaron allá estudiando. ¿Y dónde están los maestros de la ley? Estudiando. ¿Y los escribas, dónde están? Recibiendo el estudio bíblico. ¿Y los magos, dónde están? Adorando. ¿Y los magos, dónde están? Postrados. “Y abriendo sus tesoros le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes…” Ahí es que devuelvo a la gente: ¿qué es lo que hace Dios hablándoles a ellos? Ellos no son maestros de la ley. La gente piensa que Dios le habla a los maestros de la ley y los sacerdotes; Dios también le habla a los magos de oriente. Cristo es para todo el mundo. Lo que estoy mostrando, hermano.

Una llegada discreta, pero nada oculta

Muestro ahora la manera en que este Rey fue traído. La llegada, evidentemente, fue una llegada discreta. Para el gusto de mucha gente fue un asunto, digamos, muy privado. Sin embargo, estos hombres importantes vinieron de oriente y probablemente vinieron con una comitiva, porque en el mundo antiguo no se viajaba solo. Eso fue un aparataje: hombres entrando a Jerusalén. Y esta gente, “no, que yo vine a buscar al Rey que ha nacido”. Visitaron a Herodes y fueron muy explícitos al respecto del propósito de su viaje.

Y usted no los ve haciendo turismo interno, “no, estamos haciendo…” No sé si me entienden, hermano. No es que esta gente llegaron discretamente. Yo me lo imagino, me imagino el aparataje de camellos entrando, sirvientes adelante; la gente en el mundo antiguo viajaba con la cocina encima, o sea, llevaban sus pertrechos, sus víveres, los sirvientes, sus carpas y toda la cosa. Y yo me los imagino entrando a Jerusalén y esta gente: “¿y estos qué vienen?”. “No, que nació el Rey”. Dice el texto que toda Jerusalén se turbó con la noticia.

Porque la llegada de Cristo fue una llegada discreta, es verdad, pero tampoco fue un asunto oculto, un asunto privado. Fue tan público que ellos llegaron directamente ante el rey Herodes. O sea, no es como que le están bordeando. Quiero mostrar aquí que los hombres somos atraídos hacia Cristo, no vamos a él, sino que somos atraídos. Decía Jesús: “todo lo que el Padre me da vendrá a mí”. Nosotros no venimos a Cristo porque a nosotros nos gusta viajar y vamos a ver. No, si realmente alguien va a Cristo y encuentra a Cristo es porque ha sido traído hacia él.

Esa es la hermosura de nuestra salvación. La llegada de Cristo fue proclamada por diferentes medios, y aquí también hacen cortocircuito las personas que quieren vivir solamente de la Escritura. Hermano, Dios es soberano. Y para atraer al hombre hacia Cristo, Dios usa los medios que haya que usar. Puedo decir, hermano, que es cierto: Dios siempre confirma sus profecías en la Escritura, pero Dios va a usar lo que haya que usar para que los demás vengan a él, y no usa siempre el mismo medio.

Estos hombres importantes de oriente vieron una estrella, y a través de una estrella entonces vinieron. Pero la misma estrella cualquier otra persona la vio y no vino. No es la estrella, quizá muchas otras personas vieron el fenómeno visual, pero es que no es la estrella; es que hay algo que Dios hace de forma tal que esa estrella sea significativa para alguien.

Durante mucho tiempo la gente ha entendido como que las crisis y demás hacen que las personas se ablanden y vengan a Cristo. Si al caso vamos, hermano, ya todo el mundo fuera creyente. Las crisis no salvan, ni el dolor. La gente piensa que: “no, mira, si esa persona tiene una experiencia de dolor entonces va a venir a Cristo”. Lo que hace el dolor es que radicaliza a las personas aún más; el dolor no ha salvado a nadie. Las estrellas no han salvado a nadie. Dios quiere salvar y usa los medios que haya que usar.

Uno ve eso y dice: “no, entonces la estrella es un medio de gracia, la estrella Dios la usa para salvación”. No, hermano. Dios usa cualquier medio, pero el poder no está en la estrella. La gente pudo haber visto la estrella, pero no fue atraída a Cristo por la estrella; ellos sí.

Los escribas y sacerdotes se lo confirmaron a Herodes por las Escrituras, y como ellos lo hablaron parece que ellos estaban persuadidos de que eso era así. Yo regalaba Biblias y yo esperaba que la Biblia iba a traer un discípulo de Cristo. Regale Biblia, hermano, está muy bien, pero el poder no está en la Biblia como objeto; la Biblia no salva. Dios puede utilizar su Palabra para atraer a alguien hacia sí.

Yo fui salvado por Dios a través de las Escrituras, pero no fue que en un momento bíblico yo vi cosas. Yo lo describo, hermano, como lo recuerdo: en algún momento, leyendo las Escrituras —a pesar de que yo fui a una iglesia de niño, a pesar de que me dieron testimonio, a pesar de que yo recuerdo haber hecho una oración—, yo recuerdo una temporada de mi vida donde yo leía la Escritura y yo siento que la Escritura como que se abrió para mí. Y fue un asunto más allá de letras, fue un asunto más allá de lectura; no fue un asunto lector, yo sentía que había un asunto espiritual en el asunto.

A un punto tal que regalé muchas Biblias. Yo puedo regalar la Biblia, pero no puedo regalar la salvación. Que tu corazón sea abierto a la Palabra y que la Palabra se abra ante ti es un milagro.

Medios diversos, un solo Dios soberano

Estoy mostrando, hermano, que cuando se llevan de la estrella, vean a Dios salvando a través de una estrella. Que los escribas y sacerdotes supieron buscar la profecía, pero la profecía no habló a su corazón. Qué hermoso cuando la Palabra habla al corazón de un hombre; eso es distinto. Hay gente que piensa que llegó a ser cristiano porque “un predicador me predicó”. Los predicadores no salvan; Dios puede salvar a través de la predicación, es lo que te estoy mostrando.

Hubo una multitud de ángeles; en Lucas se documenta que él avisó a unos humildes pastores. “Ah, entonces los ángeles salvan”. No, hermano. Dios pudo usar los ángeles para traerte hacia él. Había una mujer y un hombre que estaban en el templo; uno era Simeón. Dice que el Espíritu Santo habló al corazón de Simeón, de forma tal que él se movió al templo y se encontró con el niño Jesús. “Ah, entonces mira, siempre es que el Espíritu Santo te va a mover y te va a llevar a un sitio”. Eso fue en Simeón. Hermano, Dios usa lo que vaya a usar.

Y Ana, que fue otra de las que le vio, parece que las circunstancias la encontraron en medio. Yo digo: Dios obra las circunstancias de forma tal que Ana viera a Jesús. Estoy mostrando que el Señor nos salva a través de diferentes maneras. Termino mostrando cómo Dios mueve la historia.

Para mi gusto, hermano —de poder ver unas cuantas series de Netflix—, aquí hay poca intriga. Sí, porque uno ve una serie de Netflix y sale buscando como esa tensión, el arco dramático. Uno dice: “pero aquí hay como poco tiro”. Hubo una temporada en que la gente iba al cine y la película era buena según los tiros que se tiraban: “se tiraron pocos tiros, esa película no era muy buena”.

Hermano, aquí la “pelea” que es la historia es como cuando tú dices: “pero, ¿dónde está la confrontación y qué pasó? ¿Y Jesús se paró en la puerta y dijo: no, el trono es mío, y él dijo: no que no es suyo, es mío, vamos a luchar, y una escaramuza, una guerra civil?”. No. Herodes ni ha visto al Rey de los judíos y ya Dios lo está dejando correr.

Dios muestra su soberanía dejándonos a nosotros en nuestra locura. La gente piensa que a todo el mundo Dios le va a dar bola y le va a hacer un capítulo. “No, mira, yo soy incrédulo, yo soy un personaje principal”. Ni secundario: la media de los incrédulos, lo que sucede es que se mueren de viejo ya.

De hecho, Herodes se murió de viejo. ¿No se entiende? O sea, pareciera que con un personaje como este, lo que va a suceder ahora es que va a haber una luz y una cosa, y Herodes va a cambiar, y yo digo: no. Él se murió de largo. No hay drama. Dios cumple sus propósitos, a veces de manera tan discreta que nos hace ver que realmente, para él, los hombres somos polvo.

Y que cuando tú entiendes que tú eres rey de los judíos porque tú tienes 30 años haciendo edificios, él te deja que hagas diez edificios más, no te preocupes. De hecho, cuando Herodes muere, ¿cómo dice? “Murió Herodes”, y uno dice: “ah, ¿ya? ¿Y ya?”. La historia no termina como con un “wow, y mira lo que sucedió al final”. No.

Escuchen cómo es que termina. Dice el versículo 19:

“Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño”.

Y ya. Lo que le quiero mostrar, hermano, es —y a cualquier persona que esté escuchando— que no siempre hay esa historia tan dramática donde: “mira, yo tengo un testimonio, que yo era incrédulo y el Señor me salvó, y lo que pasó en mi vida fue tal…”. Eso no es lo más común. Lo más común es que tu testimonio sea: “durante 20 años, 30 años, 40 años, yo viví de manera muy alejada de Dios, entregado a mi filosofía, entregado a mis argumentos, entregado a mi manera de vivir, sin reconocer a Cristo sobre mi vida; y milagrosamente, en algún momento, el Señor abrió mi entendimiento, ahí le recibí”.

O la historia de tu vida puede ser: “y me morí de viejo y me morí sin Cristo, y ya”. No siempre hay drama, no siempre hay tensión. En la vida lo que sucedió es que Herodes murió, y cuando se murió Herodes —y yo digo, no, él se murió de viejo—, el Señor había medido sus días y cuando terminaron, eso pasó a la historia.

La discreta fidelidad de Dios cumpliento su Palabra

¿Cómo se ve la soberanía de Dios en esta historia? Trajo a los magos de oriente directo a Herodes, pero luego los envió —hablándoles por sueño— por otro camino, y el Señor hace como una pequeña intervención y hace que avance en su propósito. Aun antes de que Herodes ordenara matar a los niños, ya Dios conocía los planes de Herodes antes de que subieran a su corazón y cuidó al niño. Así se ve Dios en la salvación.

En vez de enfrentar a Herodes o castigarle en forma dramática, el Señor dejó que Herodes se muriera. Ay, mi hermano, mi oración es que el Señor tenga misericordia de alguna gente que yo amo mucho y todavía no han visto a Cristo, de forma tal que no los deje morirse así. Porque la gente hasta se muere y no se da cuenta de que se fue sin Dios, así, sin más. Esa es la historia de siempre.

No siempre hay un arco dramático donde hay tensión y las personas subjetivamente dicen: “no, tú no, yo sí”. Eso no es común. La gente se muere de viejo y se muere sin Cristo.

Mientras José obedecía —dice el versículo 21— Dios le habló de nuevo reiteradamente: “Entonces él se levantó y tomó al niño y a su madre y vino a tierra de Israel”. Y uno dice: “¿pero dónde están las luces? ¿Dónde está el asunto?”. La vida de José, María y Jesús fue una vida relativamente discreta. El Señor no necesita fuegos artificiales para cumplir su propósito. Es lo que estoy enseñando: que no hay que esperar cosas extraordinarias para venir a Cristo. Es lo que estoy mostrando: que los planes de Dios avanzan a veces en maneras muy discretas. Y que el Señor a veces te está llamando en maneras que son tan sutiles que tú dices: “no, esa no es la voz de Dios”. Esa es la voz de Dios.

Si ese es José, el esposo de María, y esa es María, la que tuvo en el vientre al Salvador, yo no veo a Dios como de manera tan sutil moviendo la historia, yo creo que nosotros deberíamos crecer un poquito en humildad y dejar de estar buscando drama y obedecer a Dios. A mí me sorprende la gente que si no hay como asunto electrificante, como que sienten que no hubo “el asunto”. Aquí no hay nada electrificante, aquí no hay fuegos artificiales, hermano.

Y así es que Dios alcanza su propósito, así es, hermano. Sorpréndanse que pasaron, de ahí en lo adelante, cerca de 30 años hasta que Jesús comenzó su ministerio público. Y aun el ministerio público de Jesús fue un asunto en el campo, hermano. Él no estaba en Roma, en medio del emperador y haciendo cosas grandes allí. Fue discretamente.

Yo leo esto, y a mí me pastorea. Escuchen lo que dice el 21: “Entonces él, o sea José, se levantó y tomó al niño y a su madre y vino a la tierra de Israel”. Yo digo: “y así es”. Cuando Dios es Dios, él no necesita deslumbrarme para seguir siendo Dios. Yo dudaría de mi fe si yo veo a Dios siempre haciendo como gimnasia olímpica para llamar mi atención, para que yo no me olvide de que él es Dios. Él es Dios, él no tiene que estarnos demostrándonos otra cosa. Él hace lo que va a hacer.

En todo el relato Dios tiene más interés en cumplir su Palabra que en los asuntos dramáticos o espectaculares. Lo consistente en todo el relato —dice así el versículo 5, solamente recapitulo— es: “Ellos le dijeron: En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta…”. Check, Dios cumplió su promesa. Dice el 15: “Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta…”. Check, Dios está cumpliendo su profecía. Dice el 17: “Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías…”. Check, Dios está cumpliendo su Palabra.

Y uno diría: “Señor, pero publícalo en el periódico, espérate, tan rápido”. No. Hay que esperar, “generar la expectativa”. Dios no necesita creativos. Y dice el 23: “Y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas…”. Check. Dios tiene más interés en demostrar su fidelidad que en los fuegos artificiales.

Si usted va a recordar algo el día de hoy, recuerde esto: Dios puede usar cualquier medio para traernos a Cristo, pero él se asegura de confirmar sus profecías en la Palabra. Usted no será salvo por lo que usted vea. Cristo le puede traer salvación, pero al mismo tiempo deje de estar esperando fuegos artificiales y humíllese bajo la poderosa mano de Dios.

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