Ese Evangelio de Mateo en el capítulo 1. Y desde esta porción de la Escritura quisiera mostrarle a la iglesia algunas verdades asombrosas en la genealogía de nuestro Señor Jesucristo. Evangelio de Mateo en el capítulo 1, son los primeros versículos del Nuevo Testamento, Mateo, capítulo 1, desde el versículo 1 y hasta el 17. Verdades asombrosas en la genealogía de Jesús. Antes de leerlo, admito que quizás a simple vista ésta no sea la lectura más estimulante de todas las que se pueda seleccionar para el día de Navidad. Es una genealogía que ha sido históricamente la porción de la Escritura más difícil de leer. Recuerdo aquel momento donde yo comencé a leer la Palabra y quería leer la Biblia completa, y cuando llegué al libro de Números tuve que enfrentarme a las genealogías, esta hilera de nombres que se pronuncia uno después de los otros.
Y tuve que enfrentarme a las genealogías, esta hilera de nombres que se pronuncia uno después de los otros. Creo que hay aquí verdades asombrosas, por eso quisiera compartir el texto con ustedes y que lo veamos, veamos juntos lo que Dios tiene para nosotros. El Señor inspiró toda su Palabra, y aun en la genealogía hay edificación. Dice así la Escritura, Evangelio de Mateo en el capítulo 1. Genealogía de Jesucristo, y comienza así:
Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zera; Fares a Esrom, y Esrom a Aram. Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón. Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa. Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías. Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías. Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías. Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel. Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor. Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud. Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce.
— Mateo 1:1-17
Puede sentarse, mis hermanos.
Por qué empezar el Nuevo Testamento con una genealogía
Verdades asombrosas en la genealogía de Jesús. Tradicionalmente, de toda la parte de la Biblia, las genealogías han sido las partes más difíciles de leer. Son unos listados de gente que engendra gente, que parecen interminables. Esta es relativamente corta, pero hay genealogías que son sábanas, hileras de nombres: este engendró a este, y éste engendró a este, y este a este. Nombres con pronunciación extraña para nosotros y cuyo significado o valor no siempre son evidentes. La mayoría de los creyentes salta las genealogías o las lee rápido. De hecho, se acostumbra a comenzar la lectura de Navidad en el Evangelio de Mateo en Mateo 1:18, donde dice: “El nacimiento de Jesucristo fue así”. ¿Y qué hacemos con los 17 versículos anteriores? También fueron inspirados a favor de nosotros.
Sorprendentemente, el Nuevo Testamento comienza con una genealogía, y la expresión “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. ¿Qué manera de comenzar el Nuevo Testamento completo? Al leer eso algo llamó la atención en mí, porque comenzar la segunda parte completa de la Escritura con una genealogía no es que Dios quiera ponérnosla difícil, es que estas cosas tienen sentido. Así como el Antiguo Testamento comienza con el relato de la creación física, el Nuevo Testamento comienza con el relato de la “creación” de un pueblo, un linaje. Estudiar la genealogía de Jesús parece poco estimulante, como una conferencia de contabilidad por partida doble, como la invitación de: “Vamos a reunirnos a detallar algunos estados financieros”.
Cosas que no invitan, parecen monótonas, aburridas. Pero la contabilidad importa, y la genealogía también. Trate de decir que la contabilidad no es interesante, siempre y cuando la empresa no sea suya. Y trate de decir que las genealogías son aburridas, siempre y cuando Cristo no sea su Redentor. Pues si la empresa es suya, usted quiere ver los números, y si Cristo es su Salvador, a usted su linaje le importa. Estas cosas tienen que ver con nuestra salvación. El Señor no estaba dejando la genealogía solamente para que veamos nombres, no. El Señor está dejando esta genealogía porque ésta, de manera particular, tiene que ver con todos nosotros, pues, oh gran sorpresa, nosotros por extensión somos parte de ese linaje.
La genealogía y nuestra salvación
Nosotros, en lo espiritual, somos hijos de Dios, y las bendiciones que vinieron a través del Mesías que se encarnó por esa genealogía nos han alcanzado hasta nosotros. Si la empresa es suya, mire la contabilidad, y si el Salvador es suyo, lea la genealogía. Hoy veremos cómo la genealogía confirma la realidad de la encarnación, anuncia el Evangelio, prefigura la iglesia y confirma la fidelidad de nuestro Dios. Admito, la lectura quizá no es la más estimulante, pero lo que hay aquí a mí me satisface. A mí no me gustaba leer estados financieros hasta que supe que leyendo los estados financieros podemos ver qué quedó después de la doble línea, y si hay ganancia se reparten. A mí no me interesaba mucho la genealogía hasta que reconocí que Cristo es mi Salvador.
Y si Él es mi Salvador, lo que hay aquí, aunque sean nombres tediosos, requiere mi esfuerzo. Le pido a la iglesia que hagamos hoy un ejercicio de madurez y le hagamos el esfuerzo a la genealogía de nuestro Señor Jesucristo, que comienza mostrando la encarnación como un hecho real. ¿Para qué existen genealogías? Para que veamos que Cristo existió en el tiempo y el espacio. Parecen asuntos innecesarios, pero vivimos en días donde hay que mostrarle a la gente que nuestro Señor Jesucristo fue una persona real, que estuvo entre nosotros en un tiempo determinado de la historia. Que Cristo no es un mito de la Navidad, que Cristo no es un ser fantasmagórico, que no tiene existencia en el tiempo y el espacio, sino que Cristo se encarnó en un momento de la historia, en una familia específica y en un plan eterno.
Que la encarnación de Cristo no es un asunto que nosotros por conveniencia nos pusimos de acuerdo, no es un asunto de consenso: “¿Quiénes estamos de acuerdo con la encarnación de Cristo?”. La encarnación de Cristo es un asunto tan serio como un embarazo y el nacimiento de un muchacho. Eso no es algo que nosotros estamos a favor o en contra, es algo que es una realidad presente, y nosotros tenemos que asumirla. Cristo entró en el tiempo y el espacio y entró de manera tan segura que tenemos su genealogía.
La encarnación de Cristo como hecho histórico
Él se encarnó en una familia. Dice el versículo 16: “José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo”. Ellos no solamente querían un Cristo, ellos querían un Cristo encarnado. Ellos no solamente querían mostrar que Cristo existe o ha existido, ellos querían mostrar que Cristo había existido en el tiempo y el espacio, en su generación. Que Cristo había tenido una madre, que el Señor eligió una mujer a través de la cual Él se encarnó. La genealogía está extensivamente documentada y muestra que Cristo es un descendiente de Abraham y de David, y muestra aquí, como si fueran los bloques grandes, tres generaciones de un lado hasta el otro. Yo no solamente creo en un Salvador, yo creo en el Salvador prometido, el Salvador que estábamos esperando desde la antigüedad, el Salvador que cumple las profecías del Antiguo Testamento.
Yo quisiera ver la promesa que le fue dada a Abraham y le fue confirmada a David, yo quisiera ver que se hizo realidad en medio de nosotros. Se levantaron muchos aparentes salvadores, pero este es el Salvador prometido. Ellos no solamente dicen: “Se levantó un maestro en otros tiempos”. Ellos están diciendo: “Se levantó en nuestros días aquel que fue profetizado desde el comienzo de los días”. Un antepasado antiguo como Abraham, al cual se le dio la promesa de un descendiente. Un descendiente de Abraham que es David, en el cual se confirmó la promesa; le dijeron que un hijo suyo se sentaría en el trono de David, y en estos momentos aparece aquel que va a ocupar el trono. Esto no es un asunto de voluntades, no es un asunto de emociones, estos son asuntos de legitimidad, y es como cuando se va a repartir una herencia.
Aquí hay un hombre que ha llegado, que está reclamando un derecho, el derecho a regir sobre los hombres, y para que él tenga derecho a regir sobre los hombres vamos a ver su genealogía: ¿se cumple o no se cumple? Se cumple. ¿Es de él o no es de él? Lo es. ¿Tiene o no tiene el derecho? Lo tiene. Hay gente que ve siempre el cristianismo como un asunto de emociones y de sentimientos. Esto no es ni emoción ni sentimiento; está tan aburrido como una genealogía, pero tiene tanto poder como las genealogías tienen.
La genealogía conecta todo el Antiguo Testamento
Hay familias, hermanos, que cuando se abren los libros se remenean, porque aquí hay que ordenar las cosas. “Por favor, no abran, quién entró aquí, hay un descendiente…”. Miren, hermano, eso da. Las genealogías, esos textos aburridos, cuando se interpretan adecuadamente y se abren, eso tiene el poder de mover cosas. Aquí está apareciendo Jesús y Mateo va a presentar a Jesucristo como el Rey, pero no quiere presentar un rey emotivo, emocional, “el rey de los corazones”. Él va a presentar un Rey legítimo, que tiene genealogía y que en Él se cumple. Y que, de ambos lados, tanto por su mamá como por su papá, es un descendiente directo del rey David. El que está aquí no es un hombre que se apareció y dice: “Yo soy un filósofo”. El que está aquí es el heredero legítimo, apareció el Rey y aquí está.
No es que los discípulos dijeron: “Él es el Rey”. No, es que la genealogía confirma que Él tiene el derecho sobre el trono. Mateo presenta a Jesús como el Rey, y él quiere que entendamos que el Rey no solamente es Rey en sus corazones, es el Rey que tiene toda la legitimidad. ¿Qué hace la genealogía? La genealogía le da sentido a todos los libros del Antiguo Testamento, mostrando su hilo conductor, y el hilo conductor es el plan de redención. Estos personajes que están aquí son personajes cuyas historias están en el Antiguo Testamento. Usted dice: “Pero se comienza mencionando a Jesucristo como un descendiente de Abraham”. Usted lee el libro de Génesis y encontrará la historia de Abraham y de sus hijos, patriarcas de la nación de Israel.
De forma tal que, cuando aparecen en la genealogía de Jesucristo, usted dice: “Para esto existe el Antiguo Testamento, existe el Antiguo Testamento para que conozcamos a través de qué familia, a través de qué pueblo, a través de qué linaje era que nos iba a venir el Mesías”. La genealogía de Cristo integra los dos testamentos en uno solo. Algunas personas dirán: “¿Y para qué nosotros leemos los libros del Antiguo Testamento, si somos del nuevo pacto?”. Porque en el Antiguo Testamento se nos ofreció un Salvador, y en el Nuevo Testamento apareció el Salvador. Pero si no tuviéramos el Antiguo, cantidad de estos nombres quedarían desapercibidos. Hermanos míos que están todavía en el momento emocional de la natividad, donde entienden que lo que estamos celebrando solamente es que Jesús nació, no. No estamos celebrando que “nació” solamente; estamos celebrando que nació conforme a las Escrituras.
No es un mito: la encarnación y la teofanía
No solamente estamos celebrando el “baby shower” del cielo, estamos celebrando la legitimidad de su reinado. Si esto no se hubiese cumplido así, todavía podría ser que sucediera que viniera otro y dijera que tiene los derechos legítimos. Pero ya no va a venir otro, ya vino Él. ¿Qué hace la genealogía? Demuestra la encarnación como un hecho real; no es solamente un asunto que “sucedió”, sucedió en el tiempo y el espacio. No hay que tener prejuicio alguno al respecto de esto, no deberíamos ver la encarnación como una teofanía. Hay gente que ve la encarnación como que apareció un hombre, ya maduro, que se fue; una teofanía, como las teofanías del Antiguo Testamento. Teofanías son apariciones de Jesucristo preencarnado; a veces se le llama el Ángel de Jehová: vino un hombre.
Pero la teofanía no tiene genealogía. Usted no sale a buscar genealogía de teofanías, las teofanías no se engendran. El Mesías al cual nosotros adoramos y servimos no es una figura que emergió y nadie sabe de dónde vino. De este sabemos de dónde vino: vino de Abraham y vino de David. Cristo no es solamente una teofanía, Cristo no es solamente… no, Cristo no es una teofanía; es la encarnación de Dios, es Dios haciéndose hombre. Cristo no es la transformación de un hombre natural; Él es Dios desde la encarnación. Eso a mí me rompía la cabeza, pues yo crecí en un colegio católico, y ver al Niño Jesús, de mano en mano, con los bracitos así, yo rechazaba eso visceralmente. Pollo evangélico, colegio católico.
Yo tuve que tomarle el gusto a ver las imágenes de la encarnación, pues ver a Dios hecho hombre de niño, yo entendía que eso era católico. Hermano, eso no es católico, eso fue así. De forma tal que a mí me rompe la cabeza: desde que estaba en el vientre Él era Dios. Él no fue que, en un momento, presionaron un botón en el cielo y dijeron: “Ok, ahora que venga la transformación…”. Perdóneme que hable así de mi Salvador, hablo así para poder explicarlo. No es como que en el cielo activaron el algoritmo y Él, que era hombre, entonces ahora muta en Dios, no. Él es Dios desde la encarnación, Él fue concebido como Dios, y desde que estaba en el vientre ya estaba recibiendo la adoración de Dios.
Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre
Y desde el vientre ya estaba haciendo cosas. Eso no es católico, hermano, eso es bíblico: que Él es Dios desde el vientre de su madre, Él es Dios desde su nacimiento. Vinieron a adorarlo como Dios desde que Él estaba en el pesebre. No fue que después de la transfiguración Él recibió como la deidad, no. Él es Dios desde que era un niño; a los 12 años ya Él estaba haciendo cosas como Dios. Que Él haya comenzado su ministerio público después de los 30 no significa que antes de eso Él haya guardado su deidad. Él es Dios, eternamente Dios; el Hijo ha sido eternamente el Hijo, y se encarnó para estar en medio de nosotros. Fue adorado siendo un niño por los ángeles, por los magos de Oriente, por los pastores.
Esas teofanías del Antiguo Testamento no eran igual. Aquí hay alguien que se hizo hombre. Y usted dice: “Guau, pero qué es imaginar un niño, Sogel…”. Esa es la perfecta humanidad. Cristo atravesó todas las temporadas de la vida que vivimos los seres humanos, de forma tal que tiene con nosotros una plena identificación. Desde la primera semana de embarazo, como se cuenta, “creciendo el niño”, “el niño crecía y se fortalecía” y se iba llenando de gracia. Todos los procesos de un ser humano los vivió Él, de forma tal que Él es un ser humano cabal, y Él al mismo tiempo Dios, perfectamente Dios y perfectamente hombre. Yo puedo explicar esas cosas, hermano, pero yo entenderlo, comprenderlo como… ya me están pidiendo mucho. Yo hablo de las cosas tal cual se nos han revelado, porque a mí me rompe la cabeza.
Cómo es que pueden existir dos naturalezas perfectamente habitando un solo ser, o cómo puede coexistir una Trinidad donde haya tres personas en una sola esencia, son cosas que uno entiende por revelación. Y aquí uno reconoce su pequeñez y la grandeza de nuestro Dios. Estoy rescatando la encarnación de mi Señor, hermano, pues yo siento que los evangélicos estamos habituados a adorar solamente a Cristo de 30 años para arriba. Él es Dios desde siempre; desde antes que se encarnara estaba siendo Dios, Él ha sido el Hijo eternamente Hijo. Él estaba coexistiendo con el Padre eternamente, Él fue quien hizo la creación, no fue que Cristo apareció como un personaje emergente. Él no es un personaje emergente, Él es eterno y Él ha sido eternamente coexistente en una Trinidad, y se encarnó en un momento de la historia, y cuando se encarnó vivió todos los procesos.
La humanidad de Cristo y nuestra pequeñez
En todo momento, hermano. Usted no ha tenido que defender la vida desde la concepción, ahora nos hemos vuelto tan… uso la palabra con cuidado: un poquito “expertos” en los temas. Dios no sabe, no ha tenido que estudiar biología y toda la cosa. Y cuando yo veo todos esos procesos, yo digo: “Y mi Señor vivió todo eso, guau”. Y Él creció en ese vientre, y ¿apareció ya grande? No, hermano, creció, y el vientre se fue abultando, y eventualmente Él nació. Y cuando nació también tuvo todos los procesos que vive un bebé, y después un niño, y después 12 años, y después más grande, y después, hermano, hasta que fue un hombre. Estuvo entre nosotros, son cosas impresionantes.
Siendo un niño, Él se sentaba en el templo, junto a los doctores de la ley, que se maravillaban de su sabiduría. Que el ministerio público, que es lo más importante en la vida de Jesús, no es suficiente, es verdad. María dice que guardaba todas estas cosas en su corazón. María progresivamente se fue haciendo con la idea de lo que era el plan de Dios para su vida y para el Hijo de Dios. Pero eso no significa que Cristo creciera en su deidad a medida que María crecía en su entendimiento. Que yo no entienda completamente la deidad suya no significa que Él deje de ser menos Dios. Eso es un asunto muy humano: nosotros entendemos que Dios es Dios hasta el punto que yo puedo entenderlo. Dios es completamente Dios, yo lo entienda o no lo entienda.
La gente piensa que su entendimiento limita a Dios. Él es autoexistente, Él existe por sí mismo fuera de su cerebro, y aunque nosotros no podamos entender todas las cosas, Él es las cosas en su plenitud, aunque usted no lo entienda. Mi ignorancia no limita la deidad de Dios, es lo que le estoy diciendo. Él es muy grande. Hay otros que soslayan el hecho histórico de la encarnación con la idea de que “Cristo siempre ha estado aquí, lo importante es que ha estado aquí”. Yo sé que Él estuvo aquí; por un momento estuvo aquí siendo un bebé. En un momento estuvo aquí siendo un niño, en un momento estuvo aquí encarnado, y eso no va a volver. Él ya está glorificado, y esto no vuelve hacia atrás. Eso es algo único e irrepetible; jamás volverás a verlo.
La unicidad de la encarnación y la genealogía como anuncio del evangelio
En debilidad, humillado, asumiendo la condición de hombre. Él la asumió una vez, ya Él no va a volver, no se va a repetir; esto es un hecho irrepetible. Es una manera simplona de resolver asuntos que nos rompen la cabeza decir: “No, lo importante es que Él está entre nosotros”. No; Él estuvo entre nosotros de manera singular en algún momento de la historia, encarnación se llama. ¿Para qué sirve la genealogía? Demuestra que la encarnación fue un hecho real. Cristo no solamente apareció “en la nada”, no; en un momento de la historia, a través de una genealogía, Él vino. Sin embargo, lo que más me ha paseado esta semana es ver cómo la genealogía anuncia el Evangelio.
¿Qué es el Evangelio? Es la buena noticia de que Dios ha venido a salvar a los hombres sin importar su condición, sin importar su trasfondo, sin importar lo lejos que los hombres estaban de Dios. Dios ha venido a salvar al hombre. Esa es la buena noticia del Evangelio, y la buena noticia del Evangelio no solamente se anuncia en los ministerios públicos del Señor, no solamente se anuncia por los milagros del Señor; se anuncia desde su genealogía. La genealogía de Cristo es consistente con su ministerio: Él vino a anunciarnos el Evangelio, Él es el Evangelio. Y la buena nueva del Evangelio se anuncia aun en su genealogía. ¿Cómo se ve el Evangelio en la genealogía de Jesús? Miren, la única razón por la cual avanzó el plan de redención a través de todos estos hombres fue gracia.
Aquí no hay un grupo de hombres que se orquestaron y se pusieron de acuerdo para que pudiera, a través de ellos, venir el Salvador. Aquí hay un Dios que ha estado hilando la historia de forma tal que, a través de hombres pecadores y perversos y muy malos, Él iba a alcanzar su propósito. Es gracia. El Evangelio no es la historia de que nosotros somos buenos y estamos haciendo avanzar los planes de Dios; el Evangelio es la historia de que los planes de Dios están avanzando a pesar de nosotros.
Pecadores en la genealogía: Abraham, Isaac, Jacob, Judá
Y creo que no hago yo mucho daño al mostrarle alguno que otro nombre para que usted sepa quiénes eran. No quiero generalizar, hermanos, que hay gente muy buena y piadosa, pero también hay gente muy perversa. Y no están aquí porque fueran buenos, están aquí a causa del Evangelio, la buena noticia de que el Señor los incluyó de pura gracia. Arranquemos por Abraham, y el Señor me cuide, el padre de la fe. Bueno, yo veo un plan consistente en las Escrituras en mostrar que sea Dios veraz y todo hombre mentiroso. Yo veo un plan consistente en la Escritura en mostrar que Cristo sea exaltado y todo hombre disminuido, y los personajes más populares son los que peor parados salen.
Terminamos, hermanos, de ver los últimos capítulos de la serie “The Crown” en casa; estamos evaluando, parece que lo ayudaron, una serie de la monarquía y demás, y parece que quien escribió el guion escribió el guion para ayudar al que es rey en este momento. Digo: “Mira, parece que lo ayudaron”. No, no; aquí no ayudaron a nadie, y a Cristo no hubo que ayudarlo porque Él es perfecto. Pero Abraham, cuando se describe su historia en el libro de Génesis, se describe como un hombre mentiroso, doblemente mentiroso, que expuso reiteradamente a su esposa y cometió un pecado y lo volvió a cometer. Padre de la fe. Isaac, su hijo, cometió los mismos pecados de su padre y le agregó el plus del pecado de la parcialidad, y era una familia muy disfuncional. Tremenda familia que el Señor elige para que avance el plan de redención. El plan de redención no avanzó por la familia de los patriarcas, avanzó a pesar de ella.
Y el Evangelio, en nuestros días, no avanza por nuestros propios medios; avanza por el poder de Cristo operando en nosotros. Así como la genealogía de Cristo no avanzó porque la gente fuera buena, la causa de Cristo hoy no avanza porque la hacemos nosotros tampoco. El Señor es poderoso para hacer avanzar sus proyectos, y yo veo el Evangelio en la genealogía: cómo a través de todos estos despropósitos el Señor dijo: “Yo dije que iba a hacer una cosa y la haré, yo cumpliré mi Palabra a pesar de ustedes”. Abraham, luego Isaac, ninguno de los dos era perfecto. Isaac engendró a Jacob. Jacob, un engañador, con carácter cuestionable, que Dios miró con misericordia y Dios fue más fuerte que él. Yo volví a leer la historia de Jacob este año y dije: “El Señor fue más fuerte que él”.
Y él siente que ganó, hermano, que luchó con Dios y ganó, ¿entiende? Él estaba tan necesitado que él entendió que ganó. Ese es Jacob, hermano, es el patriarca, y a través de ese fue que vino el Mesías. Y estos son los antepasados suyos. Está la tendencia, hermano; imagínese la descendencia que somos nosotros. El Evangelio se ve en la genealogía porque aquí no hay gente perfecta, hay personas con carácter cuestionable que, misericordiosamente, han sido injertadas en un linaje que ellos no tenían la capacidad de elegir por sus propios medios. La misericordia del Señor. Aparece Judá. Ah, Judá, el que le dio el nombre a la tribu de Judá. “Guau, es el León de la tribu de Judá”. Hermano, salga a buscar la biografía de Judá.
Judá, Tamar, Rahab y los nudos de la historia
Sin ser el primogénito, llegó a ocupar un lugar preponderante. Tuvo algunos hijos; su primogénito fue tan perverso que Dios le quitó la vida. Dice que era tan malo el hijo de Judá —no estamos culpando a los padres de la crianza de los hijos, pero…—, fue tan perverso que el Señor lo cortó. Y su segundo hijo, Onán, por egoísmo no quiso perpetuar la descendencia de su hermano, y también fue cortado. Del patriarca. Ya cuando está más o menos sin hijos, él quiso proteger a su tercer hijo, Sela, y evitó dárselo en casamiento a Tamar, porque él quería quizás preservar un linaje. “El linaje vendría por Sela”, estará creyendo él; está diciendo: “Hay que cuidar, se me están muriendo los hijos y hay que dejar uno para perpetuar la imagen”. Quizás él está diciendo: “No, no se puede cortar la línea, entonces ya se me han muerto dos hijos, y si doy el tercero se va a morir, y si se muere también, entonces nos vamos a quedar sin la promesa”.
Tú lo puedes poner abajo de la cama, y por ahí no es que va a venir la promesa. El Señor se levantará la promesa de donde quiera. Se le murieron, le puso, y dice él: “Ya no voy a poder tener más hijos, solamente queda uno, hay que cuidar, que no le dé ni una gripe al muchacho, que por ahí es que viene el plan de redención”. Dato al margen: a Judá le gustaban las prostitutas. Su nuera, que él había evitado darle su tercer hijo para que tuviera descendencia, se disfrazó de prostituta, concibió con él; o sea, que él llegó a embarazar a la que había sido su nuera. Esos son unos líos, hermano. Esos son unos líos; la genealogía de Jesús… esos son unos nudos fuertes.
Bueno, la genealogía de Jesús es una genealogía complicada; es decir: “¿Desde ahí puede salir algo bueno?”. Quedó embarazada la nuera, él embarazó a su nuera. Y cuando el embarazo se descubre, entonces… esto parece una novela. Hermano, yo estoy predicando, pero esto parece como chisme de barrio. Pero así es que es la genealogía de Jesús. No es fácil, hermano, la gente no es fácil, ninguno. Así es que está. Eso es el Evangelio, ¿usted sabía? Eso es el Evangelio: los planes y propósitos eternos de Dios avanzando a través de seres imperfectos como nosotros. De forma tal que ese es usted y ese soy yo. Usted dice: “Ah, Jacob, Abraham, Rafael Pérez…”. Usted también.
Su primera intención, cuando supo que su nuera había quedado embarazada y él no sabía que era él mismo que la había embarazado, fue: “Que muera”, dijo. “Sáquenla, apedréenla”. Y ella dice: “No, espérese, que es suyo”, tenía las pruebas, y fue evidente. Y a través de ese hijo, que se llamaba Fares, fue que avanzó la promesa.
Más pecadores en la línea: Rahab, David, Betsabé, Salomón, Roboam, Jeconías
¿Y qué vamos a hacer con Sela, que lo teníamos bajo una cama para que ni siquiera gripe le diera? No, se lo pongas de lado, que no; por ahí no es que viene, es por el otro. Después aparece en la genealogía Rahab. ¿Quién era Rahab? La ramera de Jericó. Que paradójicamente, la ramera entiende mejor que muchos el Evangelio. Esa es la gente que Dios usa. Ahí es que viene el asunto, esa es la gente que Dios usa: una ramera que, por la misericordia del Señor, fue injertada en su pueblo y terminó siendo la madre de un hombre muy piadoso que se llamó Booz.
¿Cómo una ramera como Rahab puede criar un hombre tan íntegro como Booz? Es que esta no es la ramera de antes, una ramera puesta en Cristo. Es el Evangelio, hermano: que mujeres como Rahab crían hombres como Booz. ¿Se identificó un poco, hermano? ¿Entiende el propósito de la genealogía? Le está mostrando: “Esta es tu genealogía, esta es la historia hasta ahora, y después tú vas a estar integrado en esa historia”. Está mostrando: “Esta es tu historia”. Tú no eres perfecto, pero tu Dios es poderoso. Tú no tienes buena reputación, pero tú puedes ser el papá de Booz. ¿Entiende lo que es el Evangelio? El Evangelio de nosotros es que, ah, no, una prostituta… hay varias mujeres cuestionables en la genealogía de Jesús.
Después aparece, textualmente, en el versículo 6, y dice: “Y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías”. Y hay que ponerlo así. ¿Y qué manera de escribir genealogía es esta? ¿Y qué es eso? Bueno, si esto fuera que estuvieran escribiendo en días pasados, hay que poner un editorial: “Espérate, no hay que ponerlo así, pon que ‘Betsabé’, pon otra cosa”. No; el Señor quiso que se documentara en su propia genealogía que el rey David —no David, sino el rey David— engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. De forma tal que te la están poniendo como el “spot” en la historia para que sea escandaloso. Uso el término de manera intencional para crear el efecto, hermano, del chanchullo más feo del Antiguo Testamento. Ese, ese.
Era el rey David, mientras se recreaba en su palacio, vio una mujer desnuda, la deseó, la mandó a buscar, que para colmo era la mujer de uno de sus soldados más fieles. Estuvo con ella, la embarazó, quiso ocultar. Uso el término “chanchullo” para crear el efecto: quiso ocultar la barriga, hizo un chanchullo para ocultar todo eso, quiso que al hombre lo sacaran de la guerra, que lo trajeran, lo mandaran a su casa para que tuviera relaciones sexuales con su esposa y entendiera que el muchacho era suyo. El hombre, providencialmente, no se quiso ir, fue más bueno que él.
Cuando eso no avanzó, entonces se le escribió a su general: “Mira, pónganlo al frente para que lo maten”. Le mató al papá al muchacho y le quitó la mujer a Urías. ¡Guau, hermano! “Pero David…”. Pero eso tuvo que haber quedado fuera, ¿no? El Señor quiso: “Mira, yo pude haber cambiado el hilo de la descendencia, pude haber utilizado este, este, pero vamos a tratar de que sea por aquí que avance el asunto”, de forma tal que para siempre se ha recordado: “Y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías”. Por ahí, David, porque yo quiero que se vea lo perverso que tú eras y lo bueno que es Dios.
Gracia que supera el pecado y la aparente contradicción con Jeconías
Nuestros pecados no son más fuertes que los planes de Dios. ¿Cómo se ve el Evangelio en la genealogía de Jesús? Que nuestro pecado no es más fuerte que el plan de Dios. Si el Evangelio avanzara porque nosotros fuéramos buenos, el mandato hace rato que estuviera puesto en pausa. Pero el Evangelio es un poder incontenible, que avanza, avanza, avanza. Y los hombres hacemos todo lo que sea humanamente posible por torcerle el brazo a Dios, y el Señor sigue haciendo su voluntad. El Evangelio me dice cómo es que todo avanza por el poder de Dios. ¿Cómo avanzó la genealogía de Cristo? Bueno, así nació Salomón, y el Señor lo documentó: “De la que fue mujer de Urías”. Uf.
Entonces yo bromeaba ayer con esto, y yo digo: “Si David hubiese mirado a Mateo escribiendo, David hubiese dicho: ‘¿Y ese disparate? ¿Y eso que tú estás escribiendo ahí? Arregla eso. ¿Y hay que ponerme así? De Abraham no dijiste nada de eso, ni de Isaac, ni de Jacob… ¿y por qué a mí me pone “de la que fue mujer de Urías”? Ponle su nombre…”. Es que Dios inspiró su Palabra, hermano, y Él quiso inspirar la Palabra de forma tal que los pecadores sintamos empatía con los pecadores. Si un hombre como David está en la genealogía de Cristo, yo creo que yo puedo recibir el Evangelio. Si hombres como Jacob están aquí, yo creo que hay un lugar para mí.
¿Y quién fue Salomón? Salomón fue el rey bueno que terminó mal, de forma tal que por sabiduría nadie lo logra. La gente piensa que, si nos volvemos muy sabios, entonces vamos a pecar poco. Salomón fue más sabio que usted. Pida misericordia. No es: “Si yo leo todos los libros que hay que leer, ya yo leí a Piper, ya leí a McArthur, ya leí a C. S. Lewis, ya tengo mi biblioteca personal…”. Póngala más grande, y todavía pida misericordia, que Salomón fue más sabio que usted y terminó mal. ¿Para qué está Salomón aquí? Para que veamos que la inteligencia no exime de la necesidad de la misericordia. Aunque usted se vuelva muy sabio, necesita el Evangelio. De los que podemos identificar, hay dos más: Roboam, hijo de Salomón. ¿Y quién fue Roboam? El que dividió el reino, un muchacho perversito, cuya frase más memorable fue: “El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre”. Esa es su expresión más fuerte.
Vinieron a pedirle ayuda, el pueblo: “Mira, apacigua un poco”. Y él: “Denme tres días y vuelvan”. Y cuando volvieron, les respondió con violencia, siendo un muchacho, y se dividió el reino. Ese es Roboam, y ahí está en la genealogía. Y el último que aparece que podamos identificar, hermano —quizás otros identifiquen otros nombres—, Jeconías. Sobre Jeconías aparece una maldición que pendía sobre él en Jeremías 22:30, y dijo el Señor de él:
Así ha dicho Jehová: Escribid lo que sucederá a este hombre, privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá.
— Jeremías 22:30
Lea usted qué aparente contradicción.
Jeconías, maldición y soberanía; inclusión por gracia
Qué maldición sobre Jeconías. Imagínese a Dios diciéndole eso a usted. “No, me maldijo, ya no hay esperanza para mí, me maldijo, ya no hay…”. Pero escuche la maldición: “Hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida”. Esa es la maldición que venía sobre este hombre, y aparece ahí. Recuerdo yo, siendo un adolescente, lidiando con estas aparentes contradicciones, decir: “Pero a este hombre se le dice que nada próspero le va a suceder en su vida, y que ningún descendiente suyo se sentará sobre el trono de David. ¿Y cómo lidiamos con el hecho de que está en la genealogía de Jesús? ¿Y qué busca aquí? ¿Se coló? ¿Se contradijo Dios?”. Bueno, esas son aparentes contradicciones de la gracia.
Yo pensaba dejarlos como suspenso para ponerlos a ustedes a leer la Biblia. “No, suéltalo todo completo, tíramela ahí, tírala completa”. Pero esas son de las cosas que le rompen la cabeza si usted no estudia la Escritura, cuando dice: “¿Qué busca aquí Jeconías, si a él explícitamente se le dijo que un descendiente suyo no se sentaría sobre el trono de David, y es un antepasado de Cristo?”. Siga estudiando, hermano. Tanto María como José son descendientes directos del rey David de líneas diferentes. La línea de José viene por Jeconías, y la línea de María viene a través de Natán, por otro lado. Y el Señor se encargó de que se pudiera cumplir la profecía sobre Jeconías y, al mismo tiempo, que tuvieras la genealogía.
Hay gente que dirá: “No, yo he cometido tal pecado, para mí no hay misericordia, yo deshonré a Dios, a mí me expulsaron de una iglesia, a mí me maldijeron, tengo mala reputación…”. Siga pidiendo gracia, hermano, que fácilmente termine usted en la genealogía de Jesús. Si a Jeconías, con una maldición tan grande, lo metieron aquí dentro, yo creo que a usted también lo pueden meter. Yo veo a este hombre dentro y digo: “Oye, hay esperanza para mí; si aún Jeconías, con una maldición tan grande, llegó a estar en la genealogía, hermano, qué no será el Señor misericordioso con nosotros”. No se deje engañar por Satanás, pida misericordia. Sin importar el pecado, sin importar el castigo, sin importar la consecuencia, dígale: “Señor, desbarátame, pero no me quites tu nombre, no me saques de tu pueblo. Permíteme, Señor, estar en tu genealogía”.
Aclaro aquí que ninguno de estos hombres estaba haciendo un esfuerzo activo para que se cumpliera la promesa. No era que estaban aquí diciendo: “No, no, nosotros, a través de mí es que va a venir el Mesías”. Nadie sabía por dónde venía. Pero el Señor quiso que fuera así. Yo no creo que un creyente deba vivir con un delirio de persecución diciendo: “Si yo fallo, se cae la promesa”. No, porque Dios va a hacer lo que vaya a hacer. Ninguno de nosotros importa tanto. Quites esa presión de encima, hermano, y viva por la misericordia del Señor y para su gloria. Porque esa presión de encima, de que “no, yo tengo que cuidar mis pasos porque el futuro de la iglesia está en mis manos…”. ¿Y quién es usted?
Soberanía, mujeres en la genealogía y el prejuicio roto
¿Quién es usted? Esa presión de encima… No, es que yo tengo que ser cuidadoso, porque a través de mí… ¿Quién es usted? Cuide sus pasos, hermano, porque usted quiere honrar a Dios, pero no piense que el futuro de la iglesia está en sus manos. Lo que le debemos al Señor es obediencia, pero nadie es imprescindible para Dios, y aun el que parece desechado para Dios puede tener futuro. Es lo que estoy mostrando: la genealogía anuncia el Evangelio. Ninguno de ellos se ofreció tampoco para que los pongan: “Mira, yo cuando haga falta algún descendiente para que falte en la genealogía, inclúyanme a mí”. Eso se llama soberanía. El Señor tuvo misericordia de quien tuvo misericordia. María es María porque el Señor tuvo misericordia de ella, y José es José porque el Señor tuvo misericordia de él. Aun si hubieran sido perfectamente conocidos, piadosos, eso no es lo que los pone ahí. Y usted es salvo por gracia, no por su esfuerzo.
¿Cómo se ve el Evangelio en la genealogía? Bueno, la genealogía de Jesús, a diferencia de otras genealogías antiguas y contemporáneas a esta, menciona mujeres por sus nombres. Mujeres extranjeras. Se menciona a Tamar, que se vistió de prostituta y concibió con su suegro, se menciona a Rahab la ramera, se menciona a la mujer de Urías, se menciona a Rut la moabita. Alguien dirá: “Ah, pero con Rut sí, claro, con mujeres como Rut ahí estamos hablando”. El asunto es que pusieron a Rut y a María junto a Tamar y a Rahab la ramera y a Betsabé.
El Evangelio a usted no se lo va a compartir con quien usted quiera, sino con quien Dios traiga. ¿Porque no caben en la misma línea, no? María, no. Pero María, una joven virgen, joven judía piadosa… ¿Qué hace con Rahab la ramera? Esa es la iglesia, hermano, es el Evangelio. El que no es el señor, el Señor sale y trae a quien quiera traer, y usted lo recibe de buena gana. ¿Usted se imagina a María sacando cuerpo: “A mí no me pongan ahí a estas. No, Tamar no, a ver, Betsabé no, porque entonces la gente va a pensar que mi caso es igual que el de ella y que así fue también que yo concebí. A mí no me junten con Betsabé, que ese es asunto de ella, no quiero que la gente llegue a pensar mal”?. No, eso es el Evangelio, que no es al que usted quiere, ni cuando usted quiere, ni como usted quiere; es la soberanía de Dios en la salvación.
Inclusión radical: el Evangelio es para todos
“Tendré misericordia de quien tendré misericordia”. Dios no hace acepción de personas. Para ser parte de la misma historia, vamos a tener que guardar nuestros prejuicios, porque Dios está salvando. Tú sabes que Dios va a salir a salvar y al que Dios traiga quizás a usted no le guste. Bueno, a los judíos diciendo: “Sí, Rut la moabita sí, porque esa muchacha se ve que ella era piadosa, y es verdad que no era judía, pero era piadosa, Rut sí. Tamar no. Ay no, a Rahab ni me la enseñen, esa sí…”. Así. Hermano, el Evangelio no es para gente muy mala ni tampoco para gente muy buena, el Evangelio es para la gente. No es “tienen que ser como José y María”; no, también pueden ser como David.
El Evangelio no es para gente buena, tampoco es solamente para gente mala; el Evangelio es para la gente. Todos necesitamos a Cristo, y todos cabemos en Cristo. Se ha creado ese doble prejuicio: el prejuicio negativo y el prejuicio positivo, de que el Evangelio es solo para la gente muy mala o que es solo para gente muy buena. El Evangelio es para la gente muy mala, para la gente muy buena y para el que está más o menos, más o menos donde tú te sientes. “Yo estoy como ni muy lejos ni muy cerca”. También es para ti. El Evangelio es para todo el mundo.
¿Alguien dirá: “Que vengan las extranjeras piadosas a Cristo”? Cristo dijo: “Que vengan todas, tráiganmelas, las recibimos”. ¿Cuándo es la iglesia del Señor? Algunas aplicaciones de esto, hermano. Miren, el bien más preciado que tiene un creyente es la promesa de Dios. Hay algunas hermanas un poco carnales que ven la historia de Rut y Booz y dicen: “Wao, pero la verdad es que Rut dio un palo, se casó con un hombre próspero, que tenía tierras, sirvientes y toda la cosa”. La cosa más grande que tenía Booz es que era un hombre piadoso y que Dios había tenido misericordia de él y se había fijado en él para que a través de él viniera la descendencia, y ese fue el palo que dio Rut la moabita.
El verdadero “palo”: ser parte de la historia de redención
No fue que se casó con “el dueño del terreno”, es que se casó con un hombre que era el hombre de la promesa. La riqueza más grande que obtuvo Rut la moabita es que fue antepasada de Jesús junto a Booz. La riqueza más grande que tenemos los creyentes es que somos parte de esta historia. La cosa más valiosa que le puedo dar yo a mi familia, a mis hijos, es que yo tengo a Cristo; somos parte de esta historia, hermano, y eso es la cosa. Mira, Booz era íntegro, era un hombre respetuoso, era un hombre trabajador, era un hombre próspero, era un hombre que estaba dentro de los planes de Dios, y esa es la cosa más importante que tiene un creyente.
¿Qué podemos aplicar de esto? Estoy hablando, hermano, de que la genealogía de Jesús anuncia el Evangelio de Jesucristo. Aun después del pecado más grave siempre hay espacio para la gracia. Recuerdo haber participado, de muchacho, en debates: “¿Cuál es el pecado imperdonable?”. Quizás, dirigido por el Señor, quizás con sabiduría práctica, recuerdo que en un momento yo me incorporé y dije: “El único pecado imperdonable es la falta de arrepentimiento”. Eso es así. No, que “la blasfemia contra el Espíritu Santo”, que esto, que lo otro… Hermano, el único pecado imperdonable es la falta de arrepentimiento. Y no importando el pecado que usted haya cometido, arrepiéntase, venga al Señor, arrepentimiento y fe. Que si a Jeconías lo recibieron, hermano, lo van a recibir a usted también. Casos como ese abren la puerta.
Bueno, cuando a usted le falten fuerzas o le vengan dudas, confíe en que Dios no está dejando de cumplir su propósito. “El Señor cumplirá su propósito en mí”. Si el Señor lo hizo en Jacob, lo hizo en Abraham, lo hizo en Isaac —de los patriarcas, Isaac yo lo veo como medio lentico—, yo digo: “Este muchacho como que medio lento, no empuja mucho”, porque sabemos que Jacob era perversito, pero empujaba. Pero este muchacho, ¿qué fue lo que pasó con él? Cuando a usted le falten fuerzas, diga: “Si el Señor, a través de esta maraña de gente, hizo algo, lo hará también en mí”.
La genealogía prefigura la iglesia: inclusión e identidad
Predique este texto este año, hermano, el Salmo 138:8: “Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos”. No saque pecho, hermano, pida gracia. El Evangelio avanza a través de usted. Quisiera mostrar que la genealogía prefigura la iglesia. Ya mencioné la providencia del Señor en incluir gente de un lugar y de otro, la dependencia de Dios porque estos hombres no se esforzaron por ellos mismos, y la universalidad de la salvación. Todo eso está en la iglesia de Cristo. Bueno, la iglesia de Cristo es la comunidad más heterogénea que existe sobre esta tierra. Ahora se habla de inclusión, y yo me río: “Ser inclusivo…”. La iglesia de Cristo tiene 2000 años de historia siendo inclusiva, y su genealogía tiene 6000, dándole para atrás. ¿Dónde es que cabe inclusión? Usted quiere buscar inclusión, busque la sangre de Jesús, que ahí usted va a encontrar inclusión.
Bueno, los moabitas, los de Jericó, con los judíos piadosos, judíos malos, judíos perversos, y todo el mundo en un solo pueblo. Eso es inclusión. Y esa es la iglesia de Cristo, hermano, la comunidad más pareja. Todo un grupo de mestizos, unos más movidos que otros, y así estamos todos mezclados. Esa es la iglesia. La gente te habla, el día de hoy: “No, esta es una institución inclusiva, una institución exclusiva, inclusiva…”. Inclusiva, la iglesia. En la iglesia no hay prejuicios de edad: Cristo es para el viejo, Cristo es para el muchacho. Cristo es para el rico, Cristo para el pobre. Cristo es para el profesional, Cristo para el que nunca ha ido a un curso, ni siquiera un cursito de Infotep. Cristo para el que tiene dos pesos, Cristo para el que no tiene nada, Cristo para el blanquito, Cristo para el morenito, para el mulato, Cristo para todo el mundo.
Está prefigurando la iglesia. Su genealogía está prefigurando la iglesia. ¿Cuánta crítica se hace a las iglesias hipersegmentadas? Eso no existe, eso se baraja. Donde quiera que te encuentres homogeneidad, no busques a Cristo, porque Cristo no es homogéneo. En su genealogía no hay homogeneidad. Una iglesia donde todo el mundo se parece, yo le tendría miedo, de verdad. Una iglesia donde solamente hay pobres, hay problemas. Una iglesia donde solamente hay ricos, hay problemas. Una iglesia donde solamente hay blancos, hay problemas. Y donde solamente hay negros también hay problemas. La iglesia es para todo el mundo. La genealogía de Cristo mezcla todo. No hay acepción de personas en Cristo, aquí cabemos todos, hermano, aquí estamos más raros en este barco todos juntos, y la única manera de hacerlo homogéneo es que usted se salga y nos deje a Cristo aquí tranquilo. Por favor, sálgase usted y no se lo lleve.
Espera, anonimato y fidelidad de Dios
Prefigura la iglesia. ¿Cuánto iba a durar? Mateo midió y dijo: “Catorce generaciones de aquí a aquí, catorce de aquí a aquí, catorce de aquí a aquí”. Mirando retrospectivamente, cualquiera hace los números, pero nadie sabía cuánto iba a durar la cosa, cuántas generaciones. ¿Cuánto se prolongaría el tiempo del exilio? ¿Cuánto se prolongaría…? Ah, que 400 años, que… Gente que sale con unos números, y ahora los números se ven claros, ahora se ven claros. ¿Por cuánto tiempo se perpetuará el período de la iglesia hasta la segunda venida de Cristo? Nosotros no sabemos. Así como en su genealogía nadie sabía dónde el Señor terminaría de agregar eslabones a la cadena y vendría el Mesías, en este momento no sabemos su segunda venida.
Así como vivían ellos, vive la iglesia. María no sabía si iba a venir en su tiempo o en la generación siguiente o en la siguiente, pero María esperaba, y gente piadosa esperaba la redención de Israel. La iglesia está en la misma situación: nosotros sabemos que el Señor vuelve, pero no sabemos cuándo. Figuras de nombre preponderante comparten la misma posición y dignidad con perfectos desconocidos. ¿Ha pensado, hermano, que el grueso de la iglesia de Cristo somos anónimos, y que de nosotros nadie sabe, pero el Señor nos llamó por nuestro nombre, y nuestro nombre está inscrito en el libro de la vida? En la genealogía de Jesús, gran parte de los personajes ni usted ni yo sabemos quiénes son. Dios los conoce.
Así es la iglesia. Gran parte de quienes la componen viene con una reputación escandalosa. Eso somos nosotros. Termino mostrando, sobre todo, que la genealogía es una muestra de la fidelidad de Dios. Nosotros tendemos a sublimar la historia de Israel, pero Israel no era tan importante como nosotros pensábamos que lo era. De hecho, era un pueblo; la mayor grandeza de Israel era su Dios y sus leyes. Pero mientras el Señor estaba desarrollando la historia de la redención, el mundo veía levantarse y caer imperios y civilizaciones completas, y el Señor discretamente estaba levantando un pueblo.
La verdadera grandeza y el cierre de la historia
Yo me pongo a ver a veces, con curiosidad, mientras Abraham estaba viviendo, qué otras civilizaciones estaban emergiendo. Hermano, y pasaban muchas cosas en esta tierra, pero uno piensa que lo único que existía era Abraham. No, hermano, mientras eso sucedía, muchas otras cosas existían. Y, en comparación con otras civilizaciones, en cuanto a tecnología, número y riqueza, Israel era un pueblo relativamente pequeño. Mírelo con Egipto; Egipto le sacaba la milla. Mencione los que aparecen en la Biblia: Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma. Y esto, parece que somos minoría; la gente piensa que, porque tenemos a Cristo, nosotros tenemos que tener la preponderancia, y no es así. Materialmente, económicamente y hasta moralmente hay naciones que nos superan, pero el Evangelio le saca la milla a todo eso. Esa es la diferencia.
No es: “Vamos echando, mira el pueblo del Señor, el pueblo más grande…”. Nosotros podemos ser minoría, hermano, pero tenemos a Cristo. China, hermano. ¿Ha pensado lo que es China como imperio? En lo que todas estas cosas se estaban desarrollando, China tuvo tres Augustos, cinco emperadores y múltiples dinastías. Trescientos años antes de Cristo ya la casa imperial de Japón se estaba desarrollando. Grecia, hermano, Alejandro Magno, después todos sus generales, todo eso estaba sucediendo, y usted dice: “Pero eso era lo más grande que estaba pasando”. No; lo más grande era la historia de la redención. Yo le quiero mostrar a la iglesia, hermano, que nuestra pompa no es que seamos muchos, nuestra pompa no es que seamos prósperos, nuestra pompa no es que tengamos el poder. Nuestra pompa es que tenemos el Evangelio.
Estados Unidos, al día de hoy, la gente vive buscando que se levante alguna figura política que represente a la iglesia, y la iglesia entonces va a volver a su esplendor. La iglesia ya tiene su esplendor, hermano; el esplendor de nosotros no es aquel. ¿Qué hace esto? Si nosotros creemos en la fidelidad de Dios, no importa que seamos los más grandes, no importa que seamos los más notados. Podemos ser una pequeña minoría y tener satisfacción. Segunda de Timoteo 2:19: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos”. La gente quiere vivir en eso del lema de: “Mira qué tan grandes somos los cristianos, ya somos el 20% de la población, ya somos el 15…”, y quieren vivir midiendo demográficamente. Hermano, nosotros estamos listos para ser minoría. Ahora, “conoce el Señor a los que son suyos”.
Esta gente en la genealogía de Jesús, todos ellos fueron minoría, anónimos, desconocidos. Había gente más relevante que cualquiera de ellos. De hecho, en la historia de Israel uno tiende a ver a Salomón y, es verdad, con relación a otros fue un rey muy grande, pero quizás hubo otros que también fueron grandes o más grandes que Salomón. Pero el brillo del pueblo de Dios no está ahí. “Conoce el Señor a los que son suyos”, ese es otro mérito. El versículo 17, el resumen, dice: “De manera…”. Ese “de manera” está diciendo: “Aquí hay algo que se cerró, aquí hay algo que se ha resumido”. En algún momento se va a cerrar el tiempo de los gentiles, y alguien pondrá el bloque y dirá: “De manera que las generaciones…”. Yo me imagino, hermano, que en la segunda venida de Cristo va a haber otro Mateo 1:17 que diga: “De manera que todas las generaciones, desde Abraham hasta David, son 14; desde David hasta la deportación a Babilonia, 14; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, 14”. Y después van a poner otro versículo ahí; van a poner: “Y desde la primera venida de Cristo hasta la segunda venida de Cristo, tantas”, y ahí vamos a estar nosotros, hermano.
En algún momento se cierra la historia, y Dios es fiel. Yo no sé cuándo, hermano. La gente dice: “¿Cuántas generaciones, cuántas? Porque han pasado unas cuantas…”. Sí, han pasado unas cuantas, hermano, y yo estoy seguro de que en algún momento se cerrarán también las generaciones. Yo me gozo de ser incluido, y espero que otros más sean añadidos a la genealogía de Cristo.
Si va a recordar algo hoy, hermano, recuerde esto: lo más importante no es tu reputación ante los hombres, sino llegar a ser parte de la historia de la redención. Que nuestros nombres estén escritos en el libro de la vida y que, cuando se cierre el tiempo de los gentiles, el Señor nos conozca por nombre y ahí esté documentado en el libro de la vida.