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La relación pastoral

Hebreos 13:17

Cristo ha dado pastores a su iglesia como instrumentos para velar por nuestras almas, y la relación pastoral debe cultivarse con obediencia, sujeción y gratitud para que ellos sirvan con alegría y podamos aprovechar plenamente la gracia de Dios.

Predicado26 de junio de 2016
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Acompáñenme hermanos queridos a la Escritura, Hebreos capítulo 13. Dice así el versículo 17:

Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.

— Hebreos 13:17

A modo de introducción, les diré, hermanos, que por la influencia del individualismo secular, algo que no es cristiano ni es la voluntad del Señor para nosotros, pero que prevalece en nuestros días, ese sentido de que cada quien es independiente y va a su propio ritmo, el oficio pastoral se ha reducido a un comunicador que transmite ideas. Las ovejas quieren seguir su propia ruta y los pastores, en vez de pastorearlas, las mantienen informadas.

Pero Cristo le dio a su iglesia mucho más que eso: una valiosa relación para la vida de todo creyente en su relación pastoral, relación que debe ser edificada intencionalmente a través del tiempo, con el fin de llegar juntos a glorificar al Señor. El pastor ha sido dado por Cristo a su rebaño para dirigirle, cuidarle y alimentarle, con la advertencia solemne de que un día dará cuenta por cada oveja al Señor de los pastores. Ignorar el cuidado pastoral traerá gran daño, primero en la oveja y después en el pastor. Hoy veremos lo que Cristo demanda a sus ovejas: esto es, que obedezcan y se sujeten a sus pastores, la razón que se nos da para esto, y también una motivación para hacerlo.

Dice Hebreos, leo de nuevo el versículo 17 del capítulo 13: obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta, para que lo hagan con alegría, sin quejarse, porque esto no os es provechoso. Parece extraño que un pastor enseñe a la iglesia a sujetarse a un pastor, pero según la Escritura, es la cosa más natural del mundo. Una analogía para entender esto, hermanos, quizás es un niño pequeño: el amor paternal es algo que se inculca, y a usted en su casa le enseñaron que a un padre usted tiene que manifestarle un afecto y al mismo tiempo cierta reverencia. Yo lo hago en mi casa, se lo enseñamos nosotros, y quizás somos el objeto de su sujeción y su obediencia, pero es necesario que un niño sea instruido en su casa al respecto del afecto paternal.

Una iglesia que cuida a su pastor y el llamado a obedecer

Lo mismo pasa con la iglesia local. No deberíamos dejar estas cosas al descuido, sino que es muy solemne, responsable delante del Señor, enseñarle a mi iglesia local cómo es que el Señor ha dispuesto que funcione una relación pastoral. Al no hacer esto, hermano, me colocaría en falta. Les introduzco diciendo también que la realidad es que expongo esto con limpia conciencia, porque es parte de la Escritura; no es un asunto ni siquiera de urgencia. Digo esto con cuidado y que el Señor me permita muchos años más, pero les digo que el Señor me ha dado ocho años de ministerio que han sido muy agradables. A veces he temido que esté yo como José en Egipto, que me hayan dado los tiempos de vacas gordas para después mandar las vacas flacas, pero la realidad, hermano, es que yo he tenido ocho años de ministerio pastoral de mucha paz.

Y cuando paso tiempo con otros pastores, sin ánimo de desanimarles innecesariamente, lo que les puedo decir es que yo pastoreo una iglesia que lo primero que tiene es que es una iglesia apasionada por las Escrituras. Yo puedo predicar la palabra del Señor en cualquier otro lugar, hermano, pero yo siempre desearé predicar la palabra del Señor en mi iglesia local por la pasión que veo en mis hermanos por las Escrituras. Lo segundo es que pastoreo una iglesia que cuida enormemente a su pastor, una iglesia, hermano, que prodiga su afecto, su generosidad, y eso uno lo siente agradado, pero al mismo tiempo es una iglesia muy tranquila, que las necesidades que tenemos aquí y las situaciones son relativamente mínimas.

Los problemas que tenemos en nuestra iglesia local, gloria al Señor y gracias por esto, no han sido problemas mayores y por eso me siento satisfecho. Sin embargo, tengo la responsabilidad de enseñarle a mi iglesia cuál es la relación adecuada que debe tener con los pastores que el Señor le ha dado. Primero veamos, con la ayuda del Señor, lo que Cristo está demandando al rebaño: esto es obediencia y sujeción. Son dos palabras que parecen fuertes, y parecen más fuertes a las generaciones más nuevas. Estos son uno de los puntos donde uno ve en la Escritura cómo diferentes generaciones responden. A los hermanos mayores les parece esto la cosa más natural del mundo, pero los hermanos más jóvenes dicen: ¿y por qué razón yo tengo que obedecer?, ¿y por qué razón tengo que sujetarme?, ¿qué significa obediencia?, ¿qué significa sujeción?

Lo primero que dice aquí es “obedeced a vuestros pastores”. ¿Qué es obedecer? Es la acción. Y esto de sujetarnos, hermano, es una actitud, y pretendo explicar ambas cosas. Y puedo poner un preámbulo más: ¿qué razones podría tener el autor de Hebreos para llamar a la iglesia local a que se sujete a sus pastores?

Pastores de segunda generación y resistencia a la autoridad

¿Por qué aparece este llamado al final de la carta? Si fuera el pastor Pablo, que escribió el libro de Hebreos, ya culminada su enseñanza y al final de Hebreos entonces llama a la iglesia local y tres veces menciona los pastores, y en esta ocasión, que es la segunda, dice: obedezcan y sujétense a sus pastores. ¿Qué propósito puede tener el apóstol que escribió esto para llamar a la congregación a obedecer y a sujetarse? Puedo quizás especular, hermanos, que estos líderes quizás no infundían el mismo respeto que infundían los apóstoles, y la iglesia de buena gana se sujetaba cuando eran los apóstoles. Si tenemos aquí a uno de los apóstoles del Señor, claro que tenemos que sujetarnos porque son los apóstoles del Señor.

Pero este liderazgo, que quizás era un liderazgo de tercera generación, probablemente no infundía el mismo respeto reverente en la congregación que infundían aquellos apóstoles que habían comenzado la congregación. Al parecer, hermano —digo que se trata de una segunda generación de pastores— porque en el versículo 7 se menciona también otro grupo de pastores, y dice: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta e imitad su fe”. Esto parece, hermano, que eran pastores que ya habían muerto, y el apóstol está diciendo: consideren a aquellos que ya no están con ustedes, y después les dice: y sométanse a aquellos que el Señor ahora les ha dado.

Quiero establecer aquí, hermanos, que ciertamente, a la luz de la Escritura, hace falta un llamado a la iglesia local a sujetarse y obedecer, porque el ser humano reacciona negativamente a la obediencia y a la sujeción, y reacciona aún más cuando no es el liderazgo de primera generación, sino de segunda o tercera generación. Y esto se evidencia todavía en las iglesias locales al día de hoy: pastores que llegan a iglesias que no fundaron ellos mismos tienen un reto aún mayor que pastores que siembran iglesias. ¿Por qué es esto? Porque el ser humano quiere obedecer y sujetarse según su criterio y a su propia manera, y si éste no es el apóstol Pablo, si éste no es Pedro, si éste no es Jacobo, entonces yo voy a condicionar mi obediencia y mi sujeción.

Si puedo especular un poco más sobre por qué este llamado está al final de la carta, quizá se trate de que sin el cuidado pastoral esta carta misma tendría muy poco aprovechamiento. La realidad, hermano, es que en trece capítulos Hebreos deslumbra a la iglesia local, pero para que se viva a la luz de eso hace falta el cuidado pastoral. Y hermanos, quiero darles con esto el primer principio: la palabra del Señor tiene un aprovechamiento mínimo en tu alma si es solamente una información que se transmite. El mayor provecho que tiene el pueblo del Señor con su palabra es cuando el pueblo del Señor es exhortado, y al mismo tiempo el pueblo del Señor es acompañado. Recibir solamente instrucción sin cuidado pastoral es mínimo.

Obediencia: dejarse persuadir y confiar en el instrumento de Dios

Ahora, cuando la instrucción se acompaña con el pastorado, con este acompañamiento pastoral, entonces sí, hermano, tenemos gran fruto. Y parece que el apóstol temía que escribir grandes doctrinas sin tener un liderazgo en la iglesia que se ocupara de llevar esa doctrina al corazón del pueblo, el provecho no iba a ser tanto como si la iglesia obedecía y se sujetaba a sus pastores. Déjenme mostrarles ahora, hermanos, qué significa esto de obediencia. Y advierto que lo que pretendo hacer no es lo que han hecho algunos, que toman el término y comienzan a lavarlo tanto que se quedan sin nada. ¿Pueden entenderme esto? Toman un término duro de la Escritura, que es “obedecer”, y comienzan a echarle agua, a lavarlo, a lavarlo; le pasan detergente, le pasan un cepillo, que ya cuando usted viene a leer “obediencia” no lee obediencia, sino lo que quiere leer.

Puedo matizar un poco, hermano, pero obediencia es obediencia, ¿pueden entender? O sea, puedo explicar para que ustedes tengan un sentido mayor, pero la mejor traducción que yo he encontrado —miren, yo vi la traducción textual, traté de ver otras fuentes, de ver lingüistas, cómo traducen eso— y la mejor palabra posible es “obediencia”. Yo debería dejarlo ahí, ¿verdad? Obediencia es lo que es. Sin embargo, textualmente lo que ahí está diciendo, hermano, es “déjense persuadir”. Quizá otra traducción sería “confíen en ellos”, “dejen de luchar”. Y si armamos la vocación de dejarse persuadir y confiar en ellos, eso es obedecer, porque no es solamente para ser informados, sino para hacer lo que te están demandando.

Pero el texto, hermano, en su lenguaje original transmite no solamente una obediencia mecánica, sino una obediencia agradable, que es la consecuencia de creer firmemente que ese hombre es digno de persuadirte y que tú deberías dejarte guiar por él. Con esto quiero enseñarles que la obediencia que el Señor está demandando de ti no es una obediencia mecánica, sino una obediencia agradable que surge de entender que el Señor ha puesto un instrumento para guiarte y que tu manifestación de obediencia es la que corresponde. Aquí les diré, hermano, que lo más importante no es ni siquiera el hombre. Cuando las personas leen esto seguido le ponen una fotografía, le ponen la cara de un ministro, la cara de un pastor. Hermano, cuando te sujetas y obedeces a un pastor, no estamos hablando necesariamente del hombre, estamos hablando del instrumento.

No es necesariamente que te sujetes y obedezcas por el hombre en sí, sino porque es el instrumento que el Señor ha elegido para administrarte, para servirte. Es un medio de la gracia del Señor. Un pastor por él mismo, en su ser, no tiene nada que dar; ahora, si es un pastor del Señor, si es un instrumento del Señor, hay mucho que el Señor a través de ese pastor podría darle a tu vida.

Prejuicios contra los pastores: academia, edad, trasfondo y estilo

Y cuando obedeces y te sujetas no lo haces necesariamente por las cualidades particulares de ese hombre, sino porque es el instrumento que el Señor ha traído a tu vida, y a través de ese instrumento es que el Señor de los pastores ha querido pastorearte. Y eso marca toda la diferencia: quítale el nombre, quita la persona y mira la institución que el Señor ha dado y mira la figura que el Señor ha puesto. El Señor ha dado pastores, y es digno que nos sujetemos y que obedezcamos porque el Señor así lo ha dispuesto.

Reconozco, hermanos, que hay ciertos prejuicios, porque nuestra naturaleza es una naturaleza rebelde y el ser humano lucha con toda la autoridad. Por eso, si usted es profesor de cualquier escuela, usted va a ver la reacción a la autoridad; si el Señor está colocado como autoridad sobre una casa, va a ver la lucha que hay en esa casa para sujetarse a la autoridad; si el Señor está puesto como un empleador, va a ver la lucha de los empleados para sujetarse a sus empleadores; y si el Señor está puesto en un rebaño, verás tu lucha como oveja para sujetarte a tus pastores. ¿Por qué es esto, hermano? Yo entiendo: tú y yo tenemos una naturaleza que va de continuo al mal.

Y que rechaza la obediencia y la sujeción; es algo natural, nuestro hombre caído no funciona así. Ahora, al hombre regenerado el Señor le ha dispuesto que no ande por la libre, sino que tenga pastores. Hay prejuicios, hermanos: hay gente que al ver al pastor comienza a desechar cosas, y dice: “No me voy a sujetar porque al pastor le falta esto o le sobra aquello”. No quisiera dar una lista grande, pero tengo que mencionarlo porque me he dado cuenta que la gente a veces no entiende la generalidad, sino que hay que poner la puntualización. Algunos dicen: “No me voy a sujetar a los pastores que el Señor me ha dado porque los pastores no tienen el nivel académico que yo espero que tengan”.

Gloria al Señor por los pastores a los que el Señor les ha dado formación académica. Pero lo más importante, hermano, no es qué formación académica ese hombre tiene, sino qué llamado ese hombre tiene. Lo más importante no es si tiene un PhD o si solamente llegó a séptimo curso; lo más importante es si tiene un llamado del Señor y si el Señor le ha puesto sobre tu vida, porque si el Señor le ha puesto sobre tu vida, sin importar el nivel académico, será un instrumento del Señor. ¿Ustedes creen que la gente se sujetó a los apóstoles porque eran ilustrados? Ellos mismos decían: “Entonces, viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo…”. ¿A esos, sin letras, del vulgo, a esos ellos aprendieron a sujetarse por qué? Porque eran instrumentos del Señor. Hermano, el obstáculo académico no es un obstáculo para que te sujetes a tus pastores.

Si el Señor te ha dado pastores letrados, gózate en esto, y si te ha dado pastores que lo que tienen es la sabiduría sencilla que da la palabra del Señor y la convicción profunda que da un sentido del llamado, déjate guiar por ellos. Pero así mismo, vamos puntualizando objeciones. Hay otros que se excusan en la edad, y esto es un problema, porque a veces el pastor es muy joven, o a veces el pastor es muy viejo. ¡Qué dilema este, hermano, qué situación esta! Alguno dice: “Wow, pero si el Señor le diera a mi iglesia un pastor más joven…”, otro dice: “…un pastor más viejo…”. Hermano, no es más viejo ni más joven, es si ese hombre reúne las cualificaciones del Nuevo Testamento para los pastores y si tiene un llamado del Señor, y si tiene un llamado del Señor será de bendición para tu vida sin importar que sea entrado en años o que esté comenzando en la vida.

Gloria al Señor cuando el Señor le da a una iglesia pastores de diferentes generaciones, qué bendición. Pero sobre todo gloria al Señor cuando una iglesia tiene pastores que han sido llamados y que reúnen cualificaciones bíblicas. Hay una cosa que yo no quisiera, hermano, ni dimensionarla; yo no la voy a explicar, sino solamente la menciono porque son de las cosas que dice la Escritura que “ni aun se nombren”. Pero hay personas que quieren pastores que vengan de determinados trasfondos sociales y que respondan a determinados referentes. Hermano, eso es carnalidad. Un pastor responde a un referente que el Señor le ha dado, y aun así hay un llamado y una vocación única que el Señor ha puesto en ellos. Hay otros que piden pastores según su personalidad, y ciertamente hay instrumentos del Señor que son pastores muy carismáticos, gloria al Señor por ellos; hay otros que son más reservados.

Personalidades pastorales y lo que realmente importa

Hay iglesias a las que el Señor les ha dado pastores que son grandes comunicadores, y hay otras a las que el Señor les ha dado pastores que son muy sensibles, y tú dices: “Oye, pero qué menú el Señor nos ha dado”. Hay pastores, hermanos, que son muy de ponerle las manos a las cosas prácticas, y hay otros que son más de los libros. Son personalidades únicas que el Señor le ha dado a cada uno de sus instrumentos. Hermano, no te será útil el pastor porque tenga un don particular; te será útil un pastor porque el Señor lo puso sobre tu vida. Ese es el principio rector. Lo más importante —todo eso ayuda—, pero lo más importante es una conciencia de que si el Señor lo puso en tu vida, ese hombre será de bendición para ti.

Hay hermanos que esperan un pastor que tenga un porte impresionante, y hay otros que son como el apóstol Pablo, que decían de Pablo: “Tú por carta vas duro, pero en tu presencia no impresionas”. Al apóstol Pablo le decían: “Pablo, tú por carta das duro, tú eres muy fuerte, pero tu presencia física no es impresionante”. Hay unos que impresionan por su porte; hay gente, hermanos, que su porte solamente su porte anuncia. Hermanos, su porte habla, y uno dice: “Wow, qué…”, y por ejemplo, yo tuve la experiencia de ver a Donald Whitney, y ese es un hermano ya entrado en años y tiene un porte como inglés así, y uno dice: “Guau, ahí hay un pastor, un porte como reverendo”. Gloria al Señor, hermanos, por eso. Lo que les quiero decir es que si el Señor le ha dado eso a su instrumento, disfrútelo; si no, hermano, entienda que eso no es lo trascendental.

He respondido algunas objeciones, hermano, pero la gente anda buscando esas cosas. No está mal buscarlas, pero no las busque a un punto tal que dañe la relación pastoral. Ahora, después de ver tantos requisitos, hermano, yo me pregunto: ¿alguien quisiera que ese hombre esté lleno del Espíritu Santo? Algunos quieren que sean viejos, otros que sean jóvenes; unos quieren que tenga preparación teológica, formación; otros que no, que sea un hombre más práctico. ¿Alguien quisiera que sea un hombre lleno del Espíritu Santo? Lo más importante para una iglesia local, hermano, es tener un ministro —me dirán— que sea un ministro cualificado, un ministro que tenga evidencia de un llamado del Señor y un ministro que sea lleno del Espíritu Santo. Obedezcan a sus pastores, hermanos, sin importar la fisionomía y el color que el Señor le haya dado a su obrero.

Obediencia voluntaria e intencional; el pastor que puede pedir y demandar

¿Cómo se expresa esta obediencia? ¿Qué es esto de obedecer? Lo primero, hermano, es que se expresa de manera voluntaria. Aquí no está diciendo: “Pastores, sujeten a la obediencia al rebaño”. Le está diciendo al rebaño: “Obedezcan y sujétense ustedes a sus pastores”. La sujeción que tiene una oveja no es porque el pastor la demande, es porque ella tiene en su corazón eso de ser oveja y aprende a seguir. Es algo voluntario, no es una imposición, es una disposición. No le están enseñando aquí: “Hey, pastores que envejecieron y que van saliendo del ministerio, enseñen a lanzar a los jóvenes cómo tienen que sujetar al rebaño”. No, hermano, no es amarrar la oveja; lo que están enseñando es: la invitación del Señor es: oveja, aprendan a seguir a sus pastores y obedezcan de buena gana.

Esto debe ser algo intencional, no lo deje al descuido, porque si lo deja al descuido no lo cultiva. La relación pastoral debe ser algo prioritario: así como tú cuidas tu relación con tus hijos, tu relación con tu esposa, debes cuidar tu relación con tu pastor y cultivarla y nutrirla. Y debe haber una intencionalidad en desarrollar ese vínculo, porque es un vínculo importante para nuestro caminar cristiano. De las relaciones más importantes que tenemos en los caminos del Señor está la relación pastoral; mucho de lo que el Señor quiere traer a tu vida te lo quiere traer por esas manos. Esto casi debe ser axiomático para la iglesia local, hermano: si el Señor te ha dado pastores, el Señor quiere nutrirte, dirigirte, cuidarte por medio de los pastores. Yo veo que la gente anda buscando lo que el Señor quiere darle por un instrumento, quiere buscarlo por otras partes.

Hermano, busque los medios legítimos por los cuales el Señor quiere manifestarte su gracia, y uno de ellos son los instrumentos que el Señor ha puesto en tu congregación. Hay que hacerlo voluntariamente, hay que hacerlo intencionalmente, hay que hacerlo diligentemente, porque luchamos, hermano, con eso. Si no manifiestas diligencia, no tendrás una relación pastoral. Contrato una cosa con la otra. La realidad, hermano, es que debe ser la iglesia la que se sujeta a sus pastores, pero un pastor también debe tener la confianza de demandarle cosas a su iglesia, entre ellas que se sujete a la palabra del Señor, que haga en sus vidas cosas que glorifiquen al Señor. Hay en esto como cierto contrapeso: sí, es cierto, una iglesia se sujeta voluntariamente, pero un pastor trata de guiar un pueblo que le sigue.

Hay dos maneras, hermanos, de hacerlo: un pastor va adelante del rebaño y por el sonido el rebaño le sigue, o el pastor va detrás con la vara enderezando. El mejor de los escenarios es cuando el pastor va adelante y su pueblo le sigue. Pero a veces los hombres de Dios tienen que demandarle cosas a sus ovejas. Y un caso así que a mí me emociona es la relación que tenía Pablo con Filemón. Pablo le escribió a Filemón, y le escribió, hermano, una carta pidiendo una cosa difícil, que si no fuera, hermano, por la autoridad que Pablo tenía como un instrumento del Señor, uno diría: “Guau, Pablo, ¿y tú le vas a pedir eso a Filemón?”. A Filemón se le había ido su esclavo; al parecer se le había revelado y parece que le había defraudado. El apóstol lo encuentra en la cárcel y lo trae a Cristo, y después se lo devuelve a Filemón y le dice: “Mira, te lo mando aquí”, y con tanto cariño, hermano, que le escribe.

Dice él:

Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, prefiero rogarte, apelando a tu amor.

— Filemón 8

Pero un pastor, en primer lugar, apela al amor. Un hombre del Señor, lo primero que hace no es demandar. Bueno, yo tendría hasta serias dudas de que un hombre sea un instrumento del Señor si lo único que sabe hacer ante su pueblo es demandar cosas: “Iglesia, les demandó esto; iglesia, debe…”. No. Primero el apóstol decía: “Aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, prefiero rogarte, apelando a tu amor”.

El ejemplo de Pablo con Filemón y la dinámica sana pastor–oveja

Es interesante, hermano, que la libertad que Pablo tenía ante Filemón era “en Cristo”: no porque yo soy más fuerte que tú, no porque soy más sabio que tú; es tan sencillo como que el Señor me ha dado un rol y a ti te ha dado otro. “Yo tengo la libertad en Cristo para demandártelo”. Estoy en el versículo 8 de Filemón: “Aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, prefiero rogarte, apelando a tu amor, siendo yo Pablo ya anciano, y ahora además prisionero de Jesucristo, te ruego…”. Oye, Pablo, ya sé que tú pides: “Te ruego desde adentro”, hermano. Dice: “Yo te estoy rogando por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil; te lo envío de nuevo. Tú, pues, recíbelo como a mí mismo”.

Oye, Pablo, cuando escribía, hermano, escribía como con una autoridad y con un cierto denuedo que da el saber cuál es tu rol y tu llamado. Dice: “Yo quisiera retenerlo conmigo, para que en lugar tuyo me sirviera en mis prisiones por causa del evangelio; pero nada quise hacer sin tu consentimiento”. ¡Oye, pero qué prudente era Pablo! “Nada sin tu consentimiento, para que tu favor no sea forzado, sino voluntario”. Oh. Es el deseo que tiene todo pastor: poderle demandar algo a su oveja sin tener que decirle: “Mira, es tu pastor que te lo está pidiendo”. Pero después le dice en el versículo 17: “Así que, si me tienes por compañero, recíbelo como a mí mismo. Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta; yo, Pablo, lo escribo de mi mano, yo lo pagaré”. Y después le dice: “Por no decirte que aún tú mismo te me debes también a mí”.

¿Y cómo él le dice que no, hermano? ¿Y cómo le dice que no? ¿“No, Pablo, quédate con él, yo no lo recibo, y si me lo mandas aquí lo meto preso”? ¿Y cómo le decimos que no? Con esto lo que quiero decir, hermano, es que en el mejor de los contextos la relación que hay entre una congregación y su ministro, entre una oveja y su pastor, es una relación donde el pastor puede rogar, el pastor puede pedir, el pastor puede solicitar, pero que no se olvide, hermano, que también puede demandar. Y que en el mejor de los casos va a rogar desde el corazón, pero si no, te va a decir: “Tú mismo te me debes, recuerda: tú eres oveja. Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos”. Esa es la voluntad del Señor.

Les he mostrado, hermanos, qué significa la obediencia: algo que es voluntario, algo que es fruto de entender que es digno de seguirle, que el Señor te lo ha puesto y que estás persuadido a ello. Ahora debemos mostrar qué es esto de “sujetaos a ellos”. Porque “sujetaos”, hermano: una cosa es la obediencia, que es la acción, y otra la sujeción, que es la actitud que un pueblo tiene. Hago aquí un paréntesis: hay que marcar una diferencia entre lo que es un hermano que quizás está padeciendo de inmadurez y, por desconocimiento, no ha entendido la sujeción que debe tener a sus pastores, y otra cosa es un hermano que está en rebeldía. Pueden marcar la diferencia.

Hay cosas, por ejemplo: a veces falta disciplina, falta diligencia, inconstancia, que esos son asuntos de inmadurez, falta de carácter de Cristo en el hermano; y otra cosa es una persona que intencionalmente está desafiando a su liderazgo o manifestando una abierta rebeldía hacia sus pastores. Son cosas distintas.

Sujeción, deferencia y cierta distinción pastoral

Dice la Escritura que lo que el Señor espera de la oveja es que se sujete a sus pastores, no solamente que obedezca. La obediencia es la acción; la sujeción es la actitud. ¿Qué hace esto, hermano, de sujetarte? Es que vas a tener un trato deferente hacia tus pastores. Lo mínimo que un creyente en una iglesia debe entender es que sus pastores son su hermano mayor. ¿Puede entenderme eso? Y digo “su hermano mayor” en una casa donde hay cierta formación familiar, porque quizá tú estabas a pedradas con tu hermano mayor, pero lo mínimo es que un creyente vea a sus pastores como un hermano mayor: una persona que tiene un poco de autoridad, una persona que tiene la capacidad de dirigirte. Es lo mínimo: debe verlo así.

Y digo esto, hermano, aquí con amor y cuidado: mire, un ministro del Señor, un pastor, es mi entendimiento que debe tener cierta diferenciación. Una de las maneras en que el Espíritu se refiere a ellos es “los que os presiden en el Señor”, y todo el que preside una asamblea debe tener algún tipo de distinción. Pero aun si tu pastor no tuviera algo que te recuerde que hay una distinción, que hay asuntos que son distintos, en ti debe haber una intención de sujetarte. Lo mismo sucede en el hogar. Yo me siento en mi casa, siempre en la mesa, en el mismo lugar. La manera en que nos sentamos anuncia cierto orden. Lo mismo: hay una habitación, la habitación donde están papá y mamá, y hay otra donde están ellos, donde están los hijos.

No lleguemos a la iglesia a tener —como he visto que, quizás para enseñarlo, hacen casi una sala aquí y los ministros tienen que estar como…— no, no hay que llegar allá, hermano. Pero deben haber códigos en una congregación que les recuerden, sobre todo a los nuevos creyentes, que hay un trato que es distinto. Sobre todo porque eso ordena su alma. Y cuando he aconsejado hermanos míos y a pastores a que hagan esto, como se lo he dicho es: quizá tú no lo necesitas, y de hecho no lo necesitas, pero debe haber un código que te distinga para que un nuevo creyente entienda que en la congregación hay determinado orden, así como la arquitectura manifiesta cosas.

También en el culto antiguo, en el tabernáculo y también en el templo, el Señor puso a los que presidían ese culto y les puso vestiduras especiales. Usted se encontraba con un sacerdote, usted sabía que ese era el sacerdote. Ahora mismo la tendencia es que el ministro como que se confunde y no se distingue. Yo entiendo, hermano, que tenemos que rescatar esto, sobre todo porque, aunque no es una necesidad, es muy útil para que las personas entiendan que en la iglesia hay algún tipo de diferenciación, así como es útil que tú entiendas que en la casa hay una diferenciación. Pero, hermanos, más que esto, a mí me parece que un pastor debe tener —al no encontrar otras palabras mejores para transmitir esta intención— quizá lo que podría llamarle cierto porte, cierto “hogar”, o cierta compostura distinguida.

El porte del pastor y prácticas concretas de sujeción

Y tengo preocupación por hermanos míos, ministros, que siempre están en su congregación como pidiendo permiso y como desde abajo, y siempre como dando una vuelta muy larga. A mí me parece que un pastor debe tener la misma libertad y denuedo que tenía el apóstol Pablo, que decía: “Yo, de hecho, podría demandártelo”. ¿Pueden entenderme las dos cosas? Quizá algo que le distinga, por amor al pueblo, y al mismo tiempo un pastor debe tener cierto denuedo de confianza para ejercer su ministerio con libertad, que no sienta, hermano, que el pastor es un empleado, un asalariado de las ovejas. Él debe tener en su iglesia local cierta actitud que anuncie estas cosas.

¿De qué manera una iglesia podría, así como les he dicho, manifestar obediencia, manifestar sujeción hacia los pastores que el Señor le ha dado? Lo primero que debes hacer, hermano, es buscar consejo de tu pastor. Y quisiera, hermano, cambiar el curso de las cosas. No debería ser que el pastor salga detrás de ti siempre para aconsejarte; debería ser que antes de una decisión vayas tú primero a ser aconsejado por tu pastor. Maneras, hermanos, que pueden nutrir esta relación: quizá tomar como punto de referencia el mismo sermón del domingo. Ir donde tu pastor y decirle: “Pastor, yo no sé cómo esto aplica a mi necesidad puntual, a mi momento de vida”.

Un sermón de 45, 60 minutos, a veces no da el tiempo para aplicar cada principio espiritual a cada generación, a cada momento particular, a cada personalidad, a cada necesidad, pero da el punto de referencia, el punto de partida. Y a veces tú no sabes cómo aplicarlo. Es tan sencillo como quizás preguntar al pastor: “¿Y esto cómo hace sentido para mí, que soy quizás una hermana que no me he casado?, ¿cómo funciona esto para mí, que soy un joven que vivo con mis padres?, ¿cómo funciona esto para mí, que soy una madre soltera?, ¿cómo esto hace sentido para mí, en el momento particular que soy un hermano ya entrado en años?”. Hermano, aplicar la palabra del Señor es una de las cosas que se deleita hacer un pastor, no solamente exponerla.

El sermón es un punto de partida. Miren, regularmente todo pastor el 30% lo da después. Uno transmite un cuerpo de enseñanza, pero ese 30% el Señor se lo daba a sus discípulos, porque les predicaba al pueblo con todos los discípulos, pero después los discípulos venían diciendo: “Maestro, eso que tú has dicho está como difícil de vivir. ¿Cómo es que eso se aplica?”. Venían en privado: “Maestro, eso yo como que no lo entendí, ¿qué es lo que es un terreno y qué es lo que es el otro?”. Entonces el Señor venía y daba el 30% adicional. Acostúmbrate, hermano, a buscar esta relación pastoral: a no solamente ser informado por un pastor, sino al mismo tiempo ser formado por él, y que él complemente lo que ha estado enseñándote.

Decisiones importantes, oración pastoral y “vuestros pastores”

Maneras de manifestar cierta sujeción: acercarte, hermano, antes de una decisión importante; lo mínimo como oveja es buscar oración. ¿Pero cómo va a ser, hermano, que si el Señor te ha dado pastores, tomes decisiones importantes para tu vida y eso ni siquiera pase por la oración de tu ministro? A veces yo les he dicho que me permitan orar por necesidades puntuales porque uno quisiera como dejar de orar por las mismas cosas de siempre, orar por las luchas de sus hermanos. Su pastor debe orar por usted, pero ayuda mucho que tú digas: “Pastor, tengo que tomar tal decisión en mi familia, tal situación; tengo un hijo con esta necesidad, ore por él”. Son maneras, hermano, y uno dice: “¿Pero no es lo mismo que ore él que que ore yo?”. Hermano, es para manifestar el orden del Señor.

Es que el Señor quizá quiere proveerte por los medios legítimos que ya él te ha dado. Son maneras en que podrías manifestar sujeción y también cultivar tu relación pastoral. Miren, hasta David consultó al profeta. Y si un hombre tenía libertad en Israel para hacer un edificio, ese era el rey David. Y cuando David va a construir, llama al profeta Natán. Y uno dice: “¿Pero qué es esto de que el orden humano es el orden?”. El problema también lo tuvo Saul, que Saúl no quería, y cuando quería hacerlo lo hacía a la mala. A veces he lamentado, hermano, decisiones importantes que hermanos míos han tomado sin siquiera —no les diré que buscaran el consejo, ni siquiera la oración— de su pastor.

Decisiones importantes, por ejemplo, establecer una relación de noviazgo. “Ah, pastor, aquí está la novia”. “¿Y quién es ella?, ¿de dónde viene? ¿Has entendido lo que significa el noviazgo y el cuidado que un creyente debe tener?”. Hermano, cuántos errores han venido por quizá algo tan sencillo como manifestarle a tu pastor que vas a tomar una decisión importante. Relaciones de negocios: ¿en cuántos líos se han metido hermanos nuestros? Después entonces que tienen el agua hasta el cuello: “Ay, pastor, vamos a orar para que el Señor me saque de aquí”. Pero ¿por qué no oramos primero antes de haber entrado?

Les digo, hermano, esto que yo lamento: haber visto a mis hermanos tomar decisiones importantes en su vida y no tener ni siquiera —no le diré el consejo, que debe tenerlo— ni siquiera la oración de su ministro. Orar, hermano, encomendar tus cosas: “Quiero casarme, quiero comenzar un negocio, quiero cambiar de trabajo”. “Ah, pero es que la verdad es que es una industria que…”. Hermano, lo que un pastor te va a dar no es un consejo técnico; es orar por ti, darte cuál es la sabiduría de Dios al respecto. Aunque tú puedas ser el experto en esa área, el Señor se deleita en proveerte por los medios que ya el Señor ha determinado.

Tengo que mencionar un orden aquí antes de seguir al otro, y es que dice aquí: “a vuestros pastores”. Y es que la relación pastoral es una relación concreta y definida. Cada oveja tiene su propio pastor, y cada pastor tiene sus propias ovejas. Dice allá: “a vuestros pastores”. No: “sujétense al pastor que ustedes quieren”, sino: “a vuestros pastores”. Es una relación definida, concreta. Algunos son supuestamente pastoreados por ministros de renombre que están en otra parte del mundo: “No, mi pastor es fulano de tal, ese predicador que sale en la televisión”. Ahora la pregunta es: ¿usted cree que él pueda dar cuenta por usted ante el Señor?

“No, que a mí me pastorea fulano; que yo escucho, él me pastorea; el otro hermano…”. De nuevo, mire, nútrase de la palabra del Señor: usted puede escuchar una buena predicación, yo lo hago, yo soy su pastor, imagínese. Mi consejo es: busque lo bueno, escúchelo, recíbalo, pero no crea que eso es una relación pastoral. Si eso fuera una relación pastoral, entonces usted cree que un pastor es un comunicador. Un pastor no es eso; es más que la manera en que enseña. Un pastor no enseña como enseña cualquier predicador. Un pastor enseña con intencionalidad, un pastor enseña para colocar cosas, para ordenar cosas, un pastor enseña para implicar al otro.

El pastor real versus el pastor virtual; pluralidad y vínculos reales

¿Y usted se debe dar cuenta? Mire, cuando predica su pastor en su iglesia, su pastor predica, y usted siente como que lo están agarrando. Cuando un invitado predica, tira al aire, enseña cosas que son útiles, da vueltas por allá; pero el pastor, hermano, no enseña solamente para informar: el pastor enseña con intencionalidad. Y cuando tú dices: “Yo siento como que me están hablando a mí”, es que te estoy hablando a ti. Dice: “Oye, pero él parece como que me está hablando…”. Sí, hermano, es que he estado velando por tu alma y me preocupas. No es tan delicado eso como venir aquí a aconsejar desde el púlpito, pero definitivamente, hermano, hay veces que yo enseño porciones de la Escritura que quizá se las predico a otro hermano, pero veo que te puede ser útil y te lo mando a ti y te digo: “Mira, agarra tú este, y agarra tú el otro”.

Como enseña un pastor no es como enseña un predicador solamente: el pastor enseña como desde adentro, hermano. La enseñanza de un pastor es una enseñanza para guiar; el pastor dirige la iglesia por el púlpito. Por esto yo no negocio, hermano: si yo voy a estar en esta iglesia cuarenta domingos al año, yo voy a estar ocupando el púlpito, porque tengo que dirigir a la iglesia desde el púlpito. Y usted me dice: “¿No hay más maestros?”. Sí, usted puede tener diez maestros, pero tiene un pastor. Dice la Escritura que se sujeten y obedezcan “a vuestros pastores”. La pregunta importante es esta, hermano, si tú quieres saber: no es a quién tú has escuchado, ni quién a ti te ha formado, es quién va a dar cuenta por ti.

Yo estoy imaginando cuando nos vamos a la presencia del Señor, que el Señor como que va a esperar que las ovejas vengan con su pastor. Y esto a mí me ha traído un sentido de urgencia. Les comparto esto —no porque crea que la práctica es buena ni que piense replicarla, pero he entendido su actitud y su intención—: un pastor que conocí me dice que en su iglesia él tiene una práctica, y es que cuando él ve que los hermanos no se están sujetando ni están obedientes a su pastor, él se acerca donde ellos, busca la Escritura, y en la Escritura él busca el evangelio de Juan, capítulo 10.

Y este pastor, cuando le busca Juan 10, dice el versículo 27:

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.

— Juan 10:27

Y le dice: “Querido hermano, dice Juan 10:27: ‘Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen’. Yo como que no lo conozco. Y ahorita como que no me está siguiendo. Considere eso, hermano, porque puede ser que yo no sea su pastor, y que su pastor lo esté buscando”. Da un poco de risa, hermano, y parece un poco drástico. Quizá yo no comparto la interpretación que él está haciendo del pasaje, pero yo comparto su intención: la realidad es que si usted no me está escuchando, no me está siguiendo, parece que usted no es mi oveja. Y si usted no es mi oveja y usted es del Señor, el Señor —yo le aseguro— le tiene su pastor, y si no soy yo, algún pastor lo está buscando.

Cuanto les quiero decir, hermano, es que la relación pastoral no es un juego, es un asunto vital. Yo fui a una iglesia y prediqué en esa iglesia, y como predico frecuentemente allí, alguien me dijo: “Wow, todo lo que tú escribes en internet, todo lo que tú pones, tal cosa, yo escucho tus sermones, yo siento que como que tú desde allá me estás pastoreando”. Y yo, por dentro, hermano, yo no se lo dije, pero yo hice así: “Yo no… no, yo no lo conozco ni puedo dar cuenta”. Usted tiene su pastor. Eso sí: me entiende, hermano, yo desde aquí te puedo informar, desde aquí yo te puedo enseñar una doctrina, desde aquí por audio, por un mp3 yo te puedo transmitir algo, pero el pastor es el que te va a cuidar, el pastor dará cuenta por ti. Seamos cuidadosos en eso.

No establezcamos relaciones pastorales virtuales. El Señor te ha dado tu pastor, y a cada uno le ha dado el suyo. “Sujetaos a vuestros pastores”; ese es el llamado del Señor. Si algo más puedo decirles es que la vocación de las iglesias en el Nuevo Testamento es la pluralidad de ancianos. Algo que es mi oración es que el Señor, en los próximos años, nos dé más pastores; y una iglesia, cuando vengan más pastores, debe sujetarse a ellos, no porque sean el pastor nuevo o el pastor viejo, es porque son los pastores, hermanos, son los instrumentos que el Señor le ha estado dando a su pueblo.

Extensión del círculo pastoral y el valor emocional del vínculo

Ya les he mencionado lo que Cristo demanda a sus ovejas. Si puedo darle una ñapa más: ¿qué cosas una oveja hace con su pastor, hermano? Eso: lo introduce a su círculo familiar, a su círculo social. Me llama la atención lo que hizo Mateo: cuando Mateo conoció al Maestro, dice que enseguida llamó a sus amistades y llevó al Maestro a su casa. Hizo una fiesta. ¿Qué está haciendo Mateo? Está introduciendo a su Maestro en su círculo social. La pregunta, hermano: ¿usted sabe quién lo está pastoreando? Primero: ¿usted sabe quién lo está pastoreando? Y después: ¿y sus familiares saben quién lo pastorea? ¿Y sus amigos saben que usted tiene un pastor?

Es necesario que usted no solamente se presente como una oveja suelta, sino que usted muestre cuál es su pastor. Una práctica cristiana en las iglesias evangélicas muy característica: cuando un creyente iba a una iglesia que no era la de él, se paraba abajo, decía su nombre, decía: “Yo soy de la iglesia tal, el pastor fulano de tal”. Oh. ¿Por qué? Está manifestando, hermano, que él no es suelto. Y la realidad es que hay que tener cierto temor por los hermanos sueltos. Le doy una ñapa, hermano, y me muevo. Y recuerden esto: hay que entender el valor que tiene la relación pastoral, no solamente cómo esto lo sientes tú, sino también cómo lo siente tu pastor.

Una desconsideración de las iglesias es entender que la emoción solamente está en su corazón; los pastores también sienten. Y una de las cosas más tristes del ministerio pastoral son hermanos que, cuando vienen a la iglesia local, su pastor les recibe, les da los rudimentos básicos de la fe cristiana, les lleva a las aguas del bautismo, les acompaña en sus luchas, en sus momentos más difíciles, y en el momento menos pensado la persona anuncia que se va para otra congregación. Y no está mal, hermano: hay razones legítimas, que yo mismo se las he enseñado a todos ustedes en los talleres de membresía, por las cuales un hermano traslada su membresía de una iglesia a otra, que son hasta loables.

Pero qué desconsideración en la oveja que, en el momento menos pensado, puede soltarse el nudo como si eso no importara, como si no hubiera emociones envueltas, como si eso no fuera algo que es importante no solamente para ella sino también para su pastor. Sean cuidadosos en esto, hermano, porque qué triste es un hermano que el día menos pensado, sin previo anuncio, dice: “Yo me voy”, o se ausenta y ni siquiera se despide. Uno dice: “Pero esta persona la hemos recibido, la hemos acompañado, la hemos instruido, la hemos soportado, y no puedo tener ni siquiera el detalle de despedirte”. Hermano, sea cuidadoso con su relación pastoral.

No de nuevo, hermano, no que yo quiera decirles a ustedes que todo está pegado con clavos. Hay razones loables por las cuales una persona traslada su membresía de una iglesia a otra. Lo que les digo, hermano, es que no juguemos con eso como si no tuviera valor. Si realmente tú has tenido un pastor, vas a extrañar a tu pastor y tu pastor te va a extrañar a ti. Yo quiero pensar que Parra me extraña, por ejemplo. Y me consta que sí, hermano; pero yo quiero saber en mi corazón que mi pastor fue valioso para mí en un momento de mi vida, que me acompañó.

Ya les he manifestado esto, se lo digo como un testimonio: cuando yo comencé, no lo hice bien. Y fui donde mi pastor luego y me disculpé. Y quizá por eso el pastor Parra viene aquí una vez por año, porque tuve el detalle de ir y decir que ese nudo, que era importante, que era una relación pastoral que había, yo lo solté de mi parte. “Quédese usted con su pedazo de soga, yo me quedo con la mía”. Hermano, seamos sabios en esto y entendamos el valor que tiene una relación pastoral. Déjenme mostrarles la razón que se nos da: dice: “Ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta”.

El pastor como vigía: vela y dará cuenta

¿Por qué es que tienes que sujetarte?, ¿por qué es que tienes que obedecer? Lo primero, hermano, es porque esa persona está trabajando a tu favor. Satanás se ha encargado de crear la percepción de que el pastor está como ensañado con la oveja. ¿Por qué un pastor podría querer el mal tuyo?, ¿por qué un hombre de Dios que va a dar cuenta por tu alma quisiera que te vaya mal? La única razón que podría tener un pastor para dañarte, para troncharte, es que realmente no sea un pastor. Es la única razón que yo puedo encontrar: que sea un asalariado, o que sea un lobo disfrazado de oveja. Es lo único que puedo entender. Pero si tú has entendido que tu pastor es un pastor dado por el Señor, que tu pastor es un hombre que tiene un llamado del Señor legítimo, que es una persona, ¿por qué vas a entender que quiere lo peor para tu alma?

Les doy con esto, hermano, una ilustración: algunas ovejas se parecen a un general que tenía un vigía muy dispuesto, diligente, y cuando lo veía le anunciaba que venían las flechas. Él decía: “No, ahí está el vigía diciendo que viene la flecha, no viene ninguna flecha, amigo…”. Le están diciendo que viene la flecha por el bien de usted. “Ah, el vigía dice que ahí viene el ejército contra ti”. “No, eso es mentira; no se desmotiven, que el ejército no viene”. Hermano, le están avisando para el bien de su alma. A veces he visto la relación pastoral que, cuando un pastor vela por su pueblo y advierte a su pueblo, entonces el pueblo entiende que el pastor está ensañado.

Pero el vigía es el primero que no quiere que llegue la flecha, el vigía es el primero que quiere que el ejército enemigo no invada la ciudad. ¿Por qué vamos entonces a pensar que el vigía está ensañado contra nosotros? Hermano, el pastor vela por tu alma, y cuando te advierte lo hace con la mejor intención del mundo. A veces quizá vio mal, y alegremos juntos: si el pastor te advirtió sobre un daño que venía sobre tu vida y el daño no llegó, entonces piensa: “Bueno, me estaba cuidando, pero no estaba malintencionado”.

Hay cosas, hermano, que se ven mejor desde afuera. ¿Por qué es que el Señor ha puesto gente afuera de nuestra propia alma para que velen por nosotros? Porque hay cosas que tú no las ves. Y la mayoría de las cosas en las cuales un pastor te exhorta, te anima, te confronta, son cosas que tú no estás viendo por la proximidad. Hay veces que en tu vocabulario hay cosas que a ti no te son malsonantes porque eres tú; estás tan cerca y eres tú que lo estás diciendo que no te suena mal. Hay veces, hermano, que en tu caminar hay un paso deslizado que tú no lo notaste, pero el pastor que está detrás lo vio.

Hay veces que viene algo que podría llegar y destruir tu vida y el pastor te está advirtiendo. Eso es lo que es velar por tu alma. Y hay cosas que un pastor se permite que, para cualquier miembro de la iglesia, serían una indiscreción. Yo no esperaría que ninguna oveja se ponga a dedicar dos horas a considerar la vida de otra oveja, es decir: “¿Qué estará pasando nuestro hermano?, ¿cuál es su momento de vida?, ¿qué necesidad puede tener?”. Bueno, la Escritura nos llama a considerarnos unos a otros, pero no lo haga con tanta profundidad, hermano, porque puede terminar en crítica y murmuración.

La delicada intrusión pastoral y la seriedad de dar cuenta

Pero un pastor está llamado a ir a la presencia del Señor en oración y meditar en sus ovejas, y decir: “¿Qué podría él estar necesitando?, ¿qué como pastor yo podría estarle supliendo?, ¿cómo está su vida?, ¿cómo le veo?”. Hermano, cuando usted adora al Señor, yo lo veo, y yo veo si el hermano levantó las manos o no las levantó, si veo si se quedó callado o participó, si está indiferente, y digo: “¿Por qué será que mi hermano está como duro en la adoración?, ¿será que hay alguna aflicción?, ¿qué tendrá?”. No haga eso usted, que a usted le sería impropio; a mí me es propio velar por la alma. No debe hacer eso un pastor que va a hacer preguntas.

Hay hermanos que le tienen como un pavor a la reunión pastoral, como que… ellos piensan que son la “prueba nacional”. Como que: “No, es reunión pastoral, el pastor ahora me va a preguntar cosas”. No, hermano, quiero ver cómo le ayudo, cómo le pastoreo, cómo puedo conducirle, cómo puedo animarlo, de qué manera puedo. Reúnase tres veces y va a perder el miedo, esa es la realidad, hermano. Si usted, en vez de tener una reunión al año, tuviera una reunión al mes con su pastor, y usted no le tuviera miedo, sino que… eso hay que cultivarlo. Hermano, la confianza pastoral es algo que se cultiva.

Un pastor está atento, sí, a las necesidades. Expresión de velar por tu alma: mire, un pastor vela por sus ovejas. La instrucción es necesaria, hermano. Le digo: la instrucción de un pastor no es la instrucción de cualquier maestro; es la instrucción del pastor que está cuidando a través de un sermón, con preguntas, mirando tu paso, hermano, tu comportamiento, mirando tu desempeño ministerial, mirando cómo va tu fervor, tu devoción, tu consagración. Es un pastor, lo está mirando, y debe hacerlo, no para juzgarte o para denotar, hermano, sino para edificarte.

Y lo otro, la segunda razón: lo primero es eso, porque ellos velan por tu alma, te están cuidando. Y lo otro es que lo hace como quienes han de dar cuenta. Oye, después de yo analizar esto con detenimiento, me he dado cuenta que establecer una relación pastoral es un asunto solemne. Que si a mí me van a pedir cuenta por usted, hermano, yo quiero conocerlo bien. ¿Me están entendiendo la seriedad que eso tiene? Si yo voy a dar cuenta por usted, hermano, hay dos resoluciones que yo he tomado.

Lo primero es que si el Señor quiere que esta iglesia crezca, va a tener que mandar más pastores, pues yo no puedo cuidar más de los que tengo. Eso es; no puedo dar cuenta por más gente. Estoy “full”. La primera resolución que he tomado es esta, hermano: si queremos que esta congregación siga creciendo, el Señor va a tener que mandar más obreros, porque la verdad, hermano, es que tener cuidado del grupo que el Señor nos ha dado ya es algo demandante, y no lo estoy haciendo con tanta fidelidad como debí haberlo hecho.

Criterios para membresía y pastoreabilidad

Es un asunto solemne establecer una relación pastoral, no es: “Ya, yo soy oveja y ya”. No, hermano, vamos a conocernos. Mire, una de las cosas que debería considerar una persona antes de formalizar su membresía en cualquier iglesia local es si tiene la disposición de sujetarse a los pastores que el Señor ha puesto en esa iglesia, en esa congregación. Usted quiere formalizar su membresía, que ya usted es… ¿cómo son los pastores?, ¿qué le parece su voz? “No, a mí como que me asusta cuando habla; parece que toca un pastor barítono”. Tengo que tomarlo como una broma, pero es la realidad. O sea, ya usted: “Ah, no, que me gusta la iglesia; yo veo que esta iglesia está muy bien”. ¿Y sus pastores? “No, yo… pero yo los soporto”. No.

Si no puede sujetarse a los pastores, hermanos, entonces no puede ser parte de ese rebaño. Busque un rebaño donde se pueda sujetar de buena gana, que hay muchos; por eso es que el Señor tiene diferentes, para que usted se sujete, pero sujete a alguno. Pero así como una persona debería considerar si puede sujetarse y obedecer a los pastores de esa iglesia, un pastor debería poder identificar si esa persona es pastoreable, si está dispuesto a obedecer y sujetarse, si él puede llegar con limpia conciencia a dar cuenta por esa oveja. Es una pregunta, hermano, que yo debo poder responderla.

“Ah, tú quieres ser una oveja de este rebaño; yo voy a tener que dar cuenta al Señor por cada una de ellas”. Hay pastores que, ya sea por su experiencia, por su carácter, por los dones que el Señor les ha dado, creo que podrían tener una relación pastoral más afable con unas ovejas que con otras. He llegado a esa conclusión. Pero entiendo que eso es serio, hermano, que no debemos jugar con eso. La relación pastoral es una razón importante. Mire, hasta Cristo rindió cuenta. Cuando terminó su ministerio, le dijo al Padre: “Señor, los que me diste aquí están. Solamente se perdió el que era el hijo de perdición”.

Oye, si hasta Cristo rindió cuenta, hermano, ahora imagínese la urgencia en el corazón de que, cuando yo vea el rostro de mi Señor, me van a preguntar por ti. Vamos a darle un poquito de calor, hermano, a este asunto, porque… que el Señor nos encuentre aprobados. Miren, hay razones que son incorrectas para que una persona se integre como miembro a una iglesia local. Ya les he mencionado en otra ocasión aquellos que, cuando vienen a una iglesia local, no quieren ser pastoreados, sino que son los que dicen: “Yo he venido aquí a respaldar, yo he venido a colaborar, yo he venido a aportar”. Y yo les digo: “No, tú has venido a comer; tú has venido a comer”.

“No, yo estoy lleno, yo estoy satisfecho”. Ay, hermano, pues quizá el Señor te hubiera dado a otro lugar donde tú puedas comer. Pero aquel que llega a la iglesia solamente para colaborar o aportar no tiene en agenda que él va a ser pastoreado ni que va a oír la voz de un pastor.

Razones incorrectas de integrarse a una iglesia y primera vocación del miembro

Razones incorrectas: “Yo soy amigo del pastor, soy un familiar. Nos conocemos hace mucho tiempo; por eso es que yo vengo aquí”. Siga viniendo, eso es muy bueno. Pero una cosa es venir y otra cosa es pertenecer. Una cosa es estar aquí congregado, otra cosa es ser miembro de esta iglesia local. Pero ser miembro de esta iglesia local… si para usted es un obstáculo el vínculo familiar, como lo fue para el Señor Jesucristo, hermano. El mismo Señor Jesucristo: sus hermanos y sus familiares vinieron después. Pero inicialmente no respaldaban su ministerio.

Gloria al Señor por los pastores a quienes su familia les ha respaldado; es una gran bendición. Pero antes de cualquier cosa debe prevalecer el vínculo pastoral. Y conozco casos donde pastores han referido a sus familiares, les han dicho: “Hermano, te quiero mucho como primo, te quiero mucho, pero creo que en otra iglesia local tú podrías ser mejor pastoreado”. De nuevo, eso no es un asunto imprescindible, pero si es un obstáculo para ti el vínculo de amistad, que tú dices: “Mira, es que nos conocemos hace tantos años que yo creo…”. No, si es un obstáculo para el vínculo pastoral, dale prioridad al vínculo pastoral.

Hay otros que dicen: “Bueno, aquí faltan determinados dones, y yo vengo a dar ese don que hace falta, yo lo tengo”. Y a veces es así, hermanos. A veces es así: vas a una iglesia, falta un don, y hay un hermano que puede suplir el don. El asunto es que primero usted debe saber si puede entrar aquí en una relación pastoral, y después entonces el don que el Señor le ha traído. Recuerdo a mi pastor Parra que me decía: “Oye, Junior, tu hermano viene aquí ahora y me dice que quiere ser miembro de la iglesia, pero que ellos quieren traer para acá el ministerio de evangelismo a fondo”. Y yo le digo: “Aquí tenemos misioneritas, tenemos exploradores del Rey, tenemos dos cultos entre semana, esos son los programas que aquí tenemos”.

Digo esto como una broma, pero la realidad es que Parra era muy acogedor; cualquier persona que venía, él le permitía desarrollar un ministerio. Pero la primera vocación que alguien tiene cuando llega a una iglesia no es desarrollar un ministerio en esa iglesia: es ser pastoreado en esa iglesia, ser oveja en esa iglesia. Y cada iglesia tiene sus programas; es una bendición que una persona venga de otra parte y pueda, a su tiempo, implementar un programa, gloria al Señor. Pero la primera vocación no es que te den cinco metros dentro del redil para tú operar con libertad, sino tú integrarte al redil para ser pastoreado junto a tus hermanos. Esa debe ser la primera vocación que tiene un creyente.

Otro dice: “Soy maduro, puedo operar con más libertad”. Hay dos roles, hermano, en el rebaño: o usted reúne las cualificaciones, evidencia un llamado del Señor y pastorea, o usted es pastoreado y obedece y se sujeta. No hay un tercer rol. No hay oveja libre, no hay “freelance”: “Ni yo tengo una relación de sujeción, ni estoy sujetando a nadie, sino que estoy suelto”. Eso no existe en los caminos del Señor.

Alegría pastoral, quejas y cuidado del médico del alma

Por último, hermanos, les he mostrado primero qué significa esto, qué es lo que el Señor demanda: obediencia y sujeción. En segundo lugar, les he mostrado la razón que se nos da: ellos velan por tu alma y también darán cuenta. Permítanme concluir con la motivación que se nos da también: dice “para que lo hagan con alegría y no quejándose, porque esto no os es provechoso”. ¿Provechoso para quién? A usted, hermano, no le conviene un pastor que no desarrolla su ministerio con alegría. No es de bendición para el rebaño. Debe ser prioridad en cada iglesia local que ese pastor… no le voy a decir que lleguemos a un asunto de ser serviles, como cuidando cada asunto pequeño y grande, pero por lo menos que ese pastor se sienta agradado allí, que ese pastor quiera hacer su trabajo con alegría.

Y es verdad, hermano: miren, las relaciones pastorales a veces hay que luchar, a veces son demandantes, pero el estado natural de un ministro debe ser el gozo. No me parece que sea la vocación del Señor que los pastores siempre estén como picando piedra, que siempre tengan que estar cargando un saco de piedra, siempre como luchando con esto, que no pueden elaborar sin queja. No. No es la vocación. La intención es que el pastor desarrolle su tarea con mucha alegría, y mientras más alegría tenga su pastor, más beneficiado será su pueblo. Mientras más gozo haya en su ministro, más gozo habrá también en la iglesia a la cual el Señor le ha estado dando ministros.

Eso de “que lo hagan con alegría, lo hagan con gozo, que no vayan quejándose”… bien, advierto a la iglesia que las quejas de un pastor son oídas por el Señor de los pastores. Y no juegue con ese asunto. Ese pastor fue el Señor que se lo mandó, y cuando usted se queja de ese pastor, usted se está quejando del instrumento que el Señor le dio, a menos que sean quejas legítimas, que ya eso es otro tema, hermano. Pero quejarse de asuntos superficiales, tenga cuidado con eso, porque usted está dañando a sus hermanos. No quisiera hablar de otros temas, pero tú vas un tiempo a una iglesia de un pueblo y el pastor se me acerca y me dice: “En esta iglesia aquí los pastores duraban tres meses solamente. Desde que un pastor llegaba, se ponían de acuerdo y lo expulsaban”. Y yo: “¿Y qué es esto?, ¿es toda una iglesia…? ¿Son ovejas o son toros bravos que lo que hay ahí?”.

Esta gente no sabe el daño que están haciendo ellos mismos. Hay hermanos que, por su ignorancia, piensan que eso es un logro: “No, yo pude someter al pastor aquí”. Alguno he escuchado, hermanos, y qué dolor, qué tristeza, el daño que están haciendo ellos mismos. Un hombre que no está a gusto es el que tiene que cuidar tu alma.

Necesidades del pastor, diligencia del pueblo y gratitud

Si yo pudiera darle una analogía, hermano: imagínese que usted se va a reunir con un cirujano, y ese cirujano le va a abrir a usted el cuerpo. Usted no va a estar tirándole palos y piedras al cirujano. Miren, la labor pastoral es una labor delicada. Ese hombre necesita tranquilidad para cuidar tu alma, necesita estar atento. No le tiren piedrecita al vigía que está cuidando su alma, no lo distraigan, porque esa es la seguridad que el Señor te ha dado, ese es el cuidado que ha dado, es el medio, hermano. No dañe el medio por el cual el Señor quiere alimentarte.

Si razón, hermano, por la cual eso no le es provechoso… lo primero es eso: el trabajo pastoral es un trabajo de precisión. Un pastor tiene que tener la cabeza tranquila; no puede estar cuidando tu alma al mismo tiempo con una tensión abierta. Por eso cada tensión con un miembro de la iglesia es algo que un pastor debe buscar la manera de subsanar pronto, y más que un pastor, la misma oveja. O sea, usted no quiere tener una mala relación con el instrumento ocasionalado para que le cuide.

Maneras en que puede hacer más por esto y razones para hacerlo: miren, el trabajo pastoral requiere eso, precisión, reposo. El desánimo y las quejas menguan la pasión por velar. Hay gente que ve más cosas cuando está tranquila. Hasta en la zona franca saben eso: saben que el que trabaja con maquinaria complicada hay que darle reposo, porque si no pierde los dedos, y si pierde los dedos no va a marcar en la línea, porque él es el que está especializado en pegar esa pieza. Un pastor necesita tener cierta tranquilidad, y una iglesia debería trabajar para que su pastor esté tranquilo; esa es la encomienda.

Pero sí me dan alguna forma todavía más práctica para avivar el gozo de su ministro, el gozo de su pastor. Miren las necesidades prácticas de un pastor, y ustedes saben lo que son necesidades prácticas, ¿verdad? Sabemos lo que son necesidades prácticas. El pastor tiene un cuerpo que tiene que vestir, necesita transportación, necesita alimentación; ese cuerpo hay que alimentarlo: son necesidades prácticas. Hermano, una iglesia tiene… no le iba a decir que lo haga más payaso, pero una iglesia debería poner eso en prioridad, y el presupuesto de una iglesia debe anunciar que le importa que sus pastores sean bien atendidos en ese sentido.

Bueno, dice Gálatas 6:6:

El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.

— Gálatas 6:6

Yo me gozo en los pueblos, hermanos, porque las iglesias tienen la práctica de que, cuando un hermano tiene víveres y corta los primeros víveres, se los lleva a su ministro. Dice: “¿Pero qué es esto?, ¿por qué hay que llevarlo primero al pastor?”. Porque le da parte de toda buena obra, de toda cosa valiosa también le da cierta participación. Pero cosas así que ustedes pueden hacer: manifestar un interés en recibir la alimentación de su palabra. Qué gozo —yo quisiera compartir esto con más pastores—, pero qué gozo es cuando uno predica en una iglesia que quiere ser alimentada.

Hay congregaciones con las que los pastores luchan como se lucha con un bebé para que abra la boca y se coma la comida; el pastor tiene que hacerle “aguau”, el avioncito y demás. A veces tiene que entrar la cuchara como entre los dientes para comer, pero esta gente no quiere comer la palabra del Señor. Hermano, una iglesia que ama la palabra del Señor es un pastor que siempre va a estar contento. Yo me gozo a veces preparando el sermón porque sé que mis hermanos quieren comer.

Pero qué triste son aquellos hermanos que uno tiene que hacer una vuelta muy larga para entusiasmar al pueblo con la palabra del Señor. Miren, la mitad del sazón es la actitud con que se come. Te pueden poner la mejor receta, pero una gente que está negada a comer nunca va a encontrar eso sabroso. Ahora, una persona que come con gusto hace que el cocinero quiera cocinar mejor. Una persona que come y, cuando come, deja el plato vacío y dice: “¿No hay, por ahí, un poquito más?”, hace que al otro día esa persona se sienta todavía más agradada para cocinar con gusto.

Usted que dice: “Yo quisiera que mi pastor predicara con más gusto”. Cómaselo con gusto lo que su pastor le está dando. Son maneras en que una congregación puede hacer más agradable el ministerio de su pastor. Mire, entienda la forma de liderazgo que el Señor le ha dado a su pastor; cada pastor tiene su librito. Hay pastores que tienen una forma y otros tienen otra. Es lo mismo que un jefe: si usted ha tenido dos trabajos, usted sabe que hay unos jefes que son así y otros que son asá. Lo mismo se dibuja en el pastor: cada oveja debe saber el paso de su pastor.

Hay pastores que van a paso doble, hay otros, hermano, que van caminando y a veces van a paso doble. Hay pastores que tienen una forma y otros tienen otra forma. Pero las prácticas pastorales de su ministro apréndalas. Hay pastores, por ejemplo, que comunican al principio del año todo lo del año; hay pastores que comunican con dos meses; hay otros que comunican con un mes. Son cosas como de ese tipo, que usted le va haciendo el oído.

Hay pastores que dirigen con los ojos, otros que dirigen con las palabras. Hay pastores que son muy formales en sus reuniones —“Tenemos que tener una reunión”— y te llama la secretaria para coordinar esa reunión. Hay otros pastores que lo que te invitan es: “Pasa por aquí, para que hablemos”. Hay pastores que pastorean caminando, otros pastorean sentado: cada quien tiene una forma.

Formas de pastorear, carga del pastor y fidelidad de la oveja

Me gozaba esta semana porque volví a leer las prácticas pastorales que tenía Jonathan Edwards, que es un admirado para mí, y en algún momento yo leí que Jonathan Edwards no daba consejería pastoral. Volví a leer, hermano, y eso no es así. La práctica pastoral de Jonathan Edwards era que él predicaba sermones muy largos, y después permanecía en su estudio durante días completos, y todo el que quería llegar venía a su estudio, y él aconsejaba en su estudio. Pero en su época la práctica era que los pastores visitaban casa por casa. Algunos leyeron eso y empezaron: “No, Jonathan Edwards no pastorea, porque él no va casa por casa; vaya a su estudio”.

Lo que les quiero decir, hermano, es que tome el ritmo de su ministro. Sepa cómo su pastor pastorea y déjele pastorear de esa manera, no: “Yo quisiera que lo haga a mi manera”. Hermano, usted es la oveja. Sea fiel a su ministerio. Hoy yo he predicado todo esto con alegría. Permítanme ahora compartir un poquito de tristeza. Ya que les he predicado todo esto con alegría, permítanme darle un poquito de tristeza. Si en ocho años yo he tenido una queja en mi iglesia local es la siguiente: miren, ustedes tienen un ministro, un pastor, que es muy apasionado con estas cosas, y yo siento que a mí me sobra a veces la pasión por la casa del Señor, como que es algo que me consume.

Yo he sentido mi corazón de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba; a veces es algo inapropiado, hermano. Y he encontrado que eso el Señor me lo ha dado: yo tengo cierta carga por la casa del Señor, y puedo manifestar una diligencia que puede parecer hasta un poco avasallante cuando quiero que algo avance. Y a veces siento, con mis hermanos, viendo y oyendo, cuando me dicen: “Pastor, te veo muy cansado, te veo muy ajetreado, te veo con muchas cargas, te veo haciendo demasiadas cosas”. Y lo que el corazón me dice entonces adentro mío es: “Yo estoy haciendo muchas cosas porque tú no estás siendo fiel a tu ministerio”.

Yo estoy quizá manifestando una diligencia hacia eso más allá de lo que debería estar manifestando porque no has hecho lo que debías haber hecho. Algo que te podría ayudar, hermano, es ser fiel a tu ministerio. Yo tengo la carga por la casa del Señor, y si en la casa del Señor algo no se ha hecho como se debe hacer, tengo dos opciones: o puedo esperar que en algún momento eso se haga, o entender, hermano, que la responsabilidad última de la casa del Señor está sobre mis manos, y terminaré haciéndolo o disponiendo los medios para que eso se haga.

Una manera en que tú puedes descansar a tu ministro es siendo fiel a tu ministerio, cumpliendo con lo que tú dijiste que ibas a hacer. Es sencillo: tú dices: “Mira, yo me comprometí a esto”, y lo haces, y ya. Pero cuando tenemos que dar muchas vueltas para hacer las cosas más básicas, eso podría traer una tristeza sobre mí. Si algo podrían decir de algo triste es eso: sean diligentes, hermano; cuando se comprometan con esto tengan la palabra clave “diligencia”: hacer lo que hay que hacer para la gloria del Señor.

Agradecimiento al pastor y conclusión

Maneras, hermano: entienda sus prioridades, y termino con esto: manifieste agradecimiento. Sin ánimo de exaltar a ningún pastor, hermano, el reconocimiento es algo lícito, es algo loable. Quizá aquí también una falta ha sido que, cada vez, uno ha creado esa percepción como que el agradecimiento es impropio. Ah, hermano, qué bien: “Mira, me he sentido ministrado por ti, me he sentido bendecido por ti”. Sí, “siervos inútiles somos; lo que debimos haber hecho, eso hicimos”. Es verdad, es verdad. Pero al mismo tiempo usted tiene emociones, y cuando usted hace algo, usted… no digo que lo espera, hermano, pero ayuda mucho a que lo siga haciendo cuando es reconocido por eso que ha hecho.

Si el Señor le ha dado un pastor, trate, con prudencia —no venga usted a exaltarlo desmedidamente—, pero trate de, para que él haga su ministerio con alegría, por lo menos manifestarle que está teniendo provecho. Decirle: “Mira, me he aprovechado eso que hiciste”. Esto que yo les estoy recomendando, hermano, yo no lo hacía. Algo que me entristece mucho es que durante años yo fui bendecido por un ministro muy diligente, que se volcó hacia mí para darme tremendos regalos del Señor, y no era frecuente que yo le dijera: “Pastor, gracias”. No era frecuente, hermano, que yo le manifestara ni siquiera que eso estaba dando resultados, sino que cuando eso funcionaba yo lo daba por dado y seguía caminando.

Años después yo fui a su casa y le di las gracias. Le dije: “Le doy las gracias por su consejo, le doy las gracias por su tiempo, le doy las gracias por las oportunidades que creó para mí, aunque yo no las aprovechara en el momento. Le doy las gracias porque me dio el consejo difícil cuando yo no podía entenderlo. Le doy las gracias por tener la paciencia de soportarme en esta iglesia durante tantos años”. Y admito esto, hermano: yo fui más difícil de pastorear que la media de las ovejas que yo pastoreo. Yo, por convicción, soy, hermano, oveja del Señor, pero a veces tuve personalidad de cabra; esa es la realidad. Y tuve un pastor que me soportó. Le di las gracias también por eso.

Si usted puede, y ha escuchado esto, son maneras prácticas en las cuales usted podría hacer que la relación pastoral se haga más fructífera, y que su pastor desarrolle su trabajo con alegría. Oro por la iglesia local, para que el Señor entusiasme nuestra iglesia, el Señor bendiga nuestra iglesia con pastores. Yo creo que el Señor bendiga a nuestra iglesia también como ovejas y con actitud de oveja.

Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.

— Hebreos 13:17

Sobre todo para ustedes. Oro por la iglesia.

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