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La tentación de Cristo - Ejemplo para nosotros

Mateo 4:1-11

La tentación de Cristo en el desierto, aunque Él no la necesitaba, fue permitida por Dios como ejemplo para que entendamos cómo opera la tentación y cómo podemos vencerla aferrados a la Palabra de Dios.

Predicado8 de febrero de 2015
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Pueden cerrar sus ojos un momento para que juntos oremos al Señor. Nos encomendamos, Señor, dependiendo de ti en oración. Estamos por considerar tus sagradas escrituras. Mira que diferentes personas nos visitan hoy, permite, Señor, que, ayudados por tu Santo Espíritu, ellos puedan entender tu palabra y se sientan al mismo tiempo animados a ponerla por obra. Te encomiendo también la iglesia, la congregación que está aquí reunida, permite que tu palabra predicada, Señor, sea recibida en nuestro corazón como buena tierra.

Permite, Señor, que tu palabra sembrada eventualmente germine, crezca y produzca en nuestras vidas mucho fruto. Te encomiendo especialmente, Señor, a mis hermanos que comienzan a caminar la vida cristiana y que quizás se preguntan si acaso, Señor, podrán permanecer. Permite que al estudiar esta porción de las escrituras se sientan, Señor, envalentonados a hacer tu voluntad, confiando, Padre, en que serán acompañados por ti. Dirígenos en este tiempo de enseñanza, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Acompáñenme, hermanos, a sus Biblias, al Evangelio de Mateo, en el capítulo cuatro. Los pasados domingos estuvimos exponiendo primero Mateo capítulo 1 y capítulo 2, la genealogía y el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Luego, el domingo pasado estuvimos exponiendo Mateo capítulo 3, que trata acerca del bautismo de nuestro Señor Jesucristo, y hoy llegamos hasta Mateo capítulo cuatro, que comienza con la tentación de nuestro Señor en el desierto. Estaremos viendo específicamente la tentación de Cristo y cómo esto es un ejemplo para todos nosotros.

Les pido que busquen sus Biblias, Evangelio de Mateo, para que leamos juntos desde el versículo 1 y hasta el versículo 11. Pueden ponerse por un momento sobre sus pies para que leamos la palabra del Señor, la tentación en el desierto, la tentación de nuestro Señor Jesucristo.

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropiece tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

— Mateo 4:1-11

Pueden sentarse. Dice nuestra introducción que después de ser bautizado, y antes de que nuestro Señor comenzara su ministerio público, fue llevado, por iniciativa de Dios, al desierto para ser tentado por el diablo. La forma en que fue tentado, principalmente en su identidad como Hijo de Dios y en las inclinaciones más comunes en los hombres, pero sobre todo la forma en que respondió, citando las escrituras, son el punto de partida para entender la tentación, su propósito, la forma en que opera y la forma en que podemos obtener victoria.

La tentación de Cristo como ejemplo para nosotros

Es muy revelador el hecho de que Cristo no tenía necesidad de atravesar este proceso. En Él no había una naturaleza caída inclinada al mal, como sí hay en nosotros, pues Él no conoció pecado. En Él no había la necesidad de un fortalecimiento espiritual, pues en Él habitaba corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Y en Él no había ninguna duda acerca de su identidad como Hijo de Dios, pues el Padre estaba en Él y Él en el Padre. Tampoco tenía que haber interactuado con el diablo tres veces, pues como demostró al final, con una reprensión suya era suficiente.

Todo esto evidencia que la tentación de Cristo es principalmente un ejemplo para nosotros. Expongo esta porción de la escritura pensando específicamente en aquellos de mis hermanos que comienzan a trajinar la vida cristiana. Al pensar en la tentación de Cristo, pienso en aquellos de mis hermanos que están siendo invitados a dejar de lado sus convicciones y a comportarse como se comportan los incrédulos. Pienso en aquellos de mis hermanos que quizás han estado lidiando en áreas de su vida donde no han podido glorificar al Señor y piensan que quizás nunca sea posible que tengan victoria en esa área especial de tentación.

He venido a mostrarles la tentación de nuestro Señor Jesucristo especialmente como un ejemplo, para que podamos nosotros ser victoriosos en nuestras tentaciones, que son particulares. Antes de comenzar a desarrollar el texto, me gustaría decirles un preámbulo. Y es que algunas personas, por entender mal este pasaje de Mateo capítulo cuatro, han llegado a entender que existe como una lucha cósmica de medición de fuerzas entre Dios y el diablo, y que el diablo es tan poderoso como el Señor Jesucristo, y que están como lidiando, como tratando de luchar, a ver si uno se puede sobreponer al otro.

Nada más alejado de la realidad. Lo que nos enseña Mateo capítulo cuatro es que Satanás es poderoso, pero ante el poder del Señor él tiene que ceder. Que ciertamente es el padre de toda mentira y trata de hacer caer a los hijos del Señor, pero que los hijos del Señor no podemos ser alcanzados por Satanás si acaso antes el Señor no se lo permitiera. Esta porción del Evangelio de Mateo comienza diciendo: “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo”.

Soberanía de Dios y límites de Satanás

Me llama la atención que no es como algunas películas lo retratan, como que Cristo estaba en el desierto y vino Satanás subrepticiamente y como que le sorprendió. No; era el propósito de Dios, desde antes de que el Señor se encontrara en el desierto, llevar a Cristo allí para que Cristo sea tentado por Satanás. Dice que fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado. No fue llevado por Satanás al desierto, no fue sorprendido por Satanás en el desierto, sino que dentro de la soberanía de Dios fue permitido a Satanás, temporalmente, que tentara a nuestro Señor Jesucristo.

Satanás no es soberano, Satanás no es todopoderoso. Satanás es el padre de toda mentira que ataca a los creyentes, pero su poder es totalmente limitado al poderío de Dios. Me gustaría al mismo tiempo quitarle a mis hermanos el temor. Hay veces que la mitología popular, que las películas, nos han enseñado a Satanás como un ser irresistible; nos han enseñado a Satanás como un ser todopoderoso, como alguien ante el cual uno siempre se debe estar como cuidando, como “cuidado de Satanás”. La escritura no enseña eso así. Lo que enseña la escritura es que Satanás llega hasta donde el Señor se lo permite.

Y que Satanás, hasta en determinados casos, puede ser utilizado bajo el permiso del Señor como agente para que nosotros seamos fortalecidos en nuestra fe. Aquello que nos dice la mitología popular de un Satanás irresistible, que tiene como todo acceso a los hijos del Señor, está muy alejado de la revelación de Dios. Antes de entrar de lleno me gustaría también mostrar una aparente contradicción que hay, porque dice el libro de Santiago, en el capítulo 1 y versículo 13, que Dios no tienta a nadie. Pero aquí nos dice que el Señor fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para ser tentado por el diablo.

Entonces hay como una aparente contradicción. Nos dice el Evangelio que efectivamente el Señor nos permite entrar en tentación, pero nos dice Santiago que Dios no es que nos está tentando, sino que nosotros somos tentados cuando, atraídos por nuestros propios deseos naturales, Satanás utiliza esta ocasión para hacer caer. Es una aparente contradicción, pero la verdad se explica muy claramente a la luz de la escritura. La tentación es permitida por el Señor, pero no es el Señor quien pone estos deseos en el corazón; nuestros deseos ya estaban allí.

Cómo opera la tentación y sus límites

¿Cómo es que opera la tentación? La tentación opera sobre unos deseos que hay dentro de nosotros que no honran al Señor. A esto la escritura le llama la concupiscencia o los deseos de la carne. Lo que enseña la escritura es que esos deseos de la carne no fue Dios que los puso en ti, sino que esos deseos ya estaban allí. Lo que hace Satanás es que aviva eso adentro tuyo de forma tal que tú deshonres al Señor, pero no es Dios que pone en ti el mal pensamiento, no es Dios que pone en ti esa inclinación malvada. Esas inclinaciones ya estaban en el hombre natural, lo que ha hecho Satanás es que ha tomado la pasión de esa oportunidad para tentarnos.

También me gustaría enseñarles cuál es el alcance de la tentación. Dice el libro de Primera de Corintios, capítulo 10 y versículo 13, que no nos ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana, sino que el Señor nos permite ser tentados hasta donde nosotros podamos soportar, y que, junto con la tentación, nos da también una salida. Antes de estudiar la tentación de Cristo les diré esas tres cosas sobre la tentación. Lo primero es que toda tentación entra en el ámbito humano. Hermano, a veces uno es tentado y uno siente que eso es un asunto sobrenatural, como una fuerza irresistible. Dice la escritura que todas las tentaciones que nosotros enfrentamos son asuntos que no sorprenden a la naturaleza humana, son asuntos que están dentro del ámbito de lo humano.

Lo segundo, dice la escritura, es que nadie será tentado más allá de lo que pueda soportar. O sea, que el Señor conoce tu capacidad y limitará la tentación hasta donde tú puedas glorificarle, pero no es algo irresistible, no es algo que pueda dominarte automáticamente. Dice la escritura que nadie es tentado más allá de lo que pueda soportar. Y en tercer lugar también dice la escritura que, junto con cada tentación, el Señor nos da también la salida. Eso no es tan fácil de pensar, hermano, pero antes de considerar la tentación me gustaría dejarles esas tres cosas en la mente: nada que no sea humano, hasta donde esté tu capacidad, y al mismo tiempo el Señor te dará una salida.

¿Para cuál es el propósito de todo esto? El Señor no lo necesitaba. Les introduzco con esto mismo: el Señor era todopoderoso, el Señor era sin pecado, no había posibilidad alguna de que Satanás tuviera éxito en la tentación a nuestro Señor Jesucristo, y uno se pregunta, ¿para qué entonces el Señor lo permitió? Así como les enseñé el domingo pasado con el bautismo de nuestro Señor, que el Señor se bautizó principalmente para darnos ejemplo a nosotros, les diré que el Señor fue tentado especialmente para mostrarnos a nosotros cómo funciona la tentación y, al mismo tiempo, cómo los creyentes podemos tener victoria en cualquier área de nuestras vidas.

Primera tentación: deseos legítimos mal canalizados

Me permite entonces presentarle el primer área de tentación. Dice la escritura: “Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Primera área en la cual nuestro Señor Jesucristo fue tentado; son las mismas áreas donde todos nosotros somos tentados también. El Señor fue tentado en los deseos de su carne.

Y les digo con esto, hermano, que no eran deseos inapropiados, no eran asuntos bajos, no eran asuntos vergonzosos. El Señor fue tentado, no en un asunto como que uno solo esperaría, sino en las cosas más normales del mundo. El ser humano come tres veces al día y algunas veces hasta cinco, si hace dos meriendas. Yo les pregunto, hermano, ¿hay algo inapropiado en la comida? Es algo muy legítimo. Fue el mismo Señor que nos hizo a nosotros seres humanos y nos puso un instinto que se llama el instinto de alimentación. Cuando usted come, usted no ofende a Dios.

El problema en la tentación de Cristo, en la primera tentación, no era que le estaban ofertando algo vergonzoso, algo que se pudiera desechar automáticamente porque lo que Satanás estaba tratando de sugerir fuera algo vergonzoso. Hermano, lo que Satanás está ofreciendo es algo muy bueno, pero detrás de lo que ofrece hay una actitud incorrecta. Y con esto me permito enseñarles que hay cosas que nos son legítimas a los cristianos, pero nuestras actitudes y el contexto hacen que esas cosas sean cosas que ofenden al Señor.

La manera común en que opera Satanás es enseñándote algo legítimo por un medio que es ilegítimo; algo que el Señor te ha permitido tener, pero de la manera en que el Señor no esperaría que tú lo tengas. Le pregunto de nuevo, hermano, ¿es malo comer? No, no es malo comer. Lo que es malo es que nuestro proveedor sea el diablo. Adentro de nosotros, hermanos, hay deseos que son deseos naturales y que el Señor ha puesto en nuestro interior, y esas cosas desearlas, pensarlas y hasta tenerlas no son cosas pecaminosas. Pero algunas cosas legítimas se vuelven pecaminosas por las actitudes. Satanás lo que quería en este momento era convertirse en el proveedor de alimentos de nuestro Señor Jesucristo.

Pan, ayuno y dominio propio

Dios espera saciar todas nuestras necesidades, pero Él espera hacerlo Él. Comer pan no era algo pecaminoso, pero en ese momento no tocaba comer pan. Hermano, los instintos de nosotros todos están ahí para ser saciados, pero deben ser saciados a la manera de Dios. Y cada vez que una persona intenta hacer un “short cut” y saciar sus instintos por sus propios medios, sin acción de gracias delante del Señor, entonces todo eso se convierte en pecado. El ser humano come, pero no come cada vez que quiere. El ser humano necesita diferentes cosas, pero no puede saciar su necesidad siempre en el momento que quiere; tiene que esperar que el Señor le satisfaga.

Un buen parámetro, dice la escritura, es que todas esas cosas son legítimas y son buenas y se toman con acción de gracias. ¿Qué significa eso, hermano? Que cuando te vayas a saciar alguna necesidad y tú no puedes decirle a ese medio: “Señor, gracias”, ten cuidado. Un buen parámetro que puede utilizar un cristiano para saber si algo que es legítimo es al mismo tiempo algo que es apropiado hacerlo en el momento es lo siguiente: ¿usted podría darle las gracias al Señor en ese momento por el medio que está proveyendo? Si tú no puedes decirle al Señor por algo “Señor, gracias”, ten mucho cuidado, hermano, porque muy probablemente estás siendo tentado y estás supliendo la tentación por un medio que el Señor no te ha permitido.

Le pongo un ejemplo. Miren, hay personas que hacen determinados negocios que son, en apariencia, negocios buenos. Pero, ¿usted podría hablarle al Señor de ese negocio con confianza? ¿Usted podría decirle: “Señor, mira, estoy haciendo tal transacción”? Eso sería algo horroroso delante del Señor. Ah, pero a uno “sucio no negocio”, entonces es cuando va a trabajar. La pregunta, hermano, no es si tú negocias, sino si tú podrías al Señor hablarle abiertamente de ese negocio.

Una oportunidad de trabajo. ¿Trabajar es malo? No. La escritura ordena que el hombre trabaje; dice la escritura: el que no trabaja, que no coma. Ahora, ¿ese determinado trabajo en que un cristiano se envuelve, es algo legítimo? Un buen parámetro es el siguiente: ¿tú podrías darle las gracias al Señor por ese trabajo que te ha concedido? ¿Tú entenderías que es el Señor que te ha concedido ese trabajo? Ahí es que la gente dice: “Bueno, lo único malo de ese trabajo es que hay que hacer tal cosa, eso es lo único malo”, dice la gente.

Hermano, de nuevo te digo: el problema no es la alimentación, el problema es por qué medio se está cubriendo esa necesidad legítima que el Señor ha puesto en ti. Cristo afirmó que, más que pan, dice la escritura, su sustento era la palabra del Señor. Él les respondió: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Hermano, de nuevo recuérdate, hay cantidad de cosas que te son legítimas, pero la manera en que sacias esas cosas podría convertirse en algo pecaminoso. Lo que era pecaminoso no era el pan. El mismo Señor multiplicó los panes y los peces; a Él le gustaba el pan. Lo que era pecaminoso era la manera en que se estaba tratando de saciar la necesidad.

En ese momento Él había resuelto apartarse de la comida. Y aquí respondo otra cosa: ¿cuál es el motivo del ayuno? Hermano, los cristianos no ayunamos para pasar hambre solamente. Cuando usted se abstiene de algo que es legítimo, de algo que es lícito hacerlo, de algo que no es vergonzoso, de algo que no es pecaminoso, usted se abstiene de eso para tener dominio sobre su hombre interior. La comida no está mala, comer no está mal, pero en algún momento usted tiene que decir: “Cuerpo, no te toca comida”. El cuerpo te va a pedir comida y tú le dices: “No te toca”.

Instintos de adquisición y reproducción

Porque en el momento que tu instinto logra vencer tu voluntad, en ese momento te vuelves esclavo de la comida. Lo mismo pasa con otros instintos. Por ejemplo, está el instinto de adquisición. Bueno, hay un gustico que le da al ser humano cuando pasa una tarjeta de crédito por un verifón. Eso es muy legítimo. Hermano, el Señor nos diseñó a nosotros para adquirir cosas. Por eso cada vez que usted tiene un paquete de algo nuevo y usted le quita la moña, hay una emoción que sucede en el ser humano. Eso es un instinto muy básico, se llama instinto de adquisición.

El ser humano quiere tener cosas y decir “esto es mío”. El ser humano quiere tener cosas y decir “esto es nuevo”. El ser humano donde quiera adquirir cosas, es decir “lo compré”. A un punto tal que hay personas que llegan a disfrutar más la transacción de la compra que el objeto mismo. Se llama instinto de adquisición. Ahora le pregunto: si usted no puede controlar en un momento lo que usted compra, lo que no compra, ya usted es esclavo del instinto de adquisición. Y sería muy saludable que durante una temporada tú te abstuvieras de comprar cualquier cosa.

Es sabio, por ejemplo, que un cristiano al final del año diga: “Mira, yo siento que a finales del año yo voy a ejercitar mi voluntad y voy a glorificar al Señor absteniéndome de comprar”. ¿Está malo comprar? No, no está malo comprar, como no está malo comer. El asunto es que el cristiano no compra cada vez que su instinto le dice: “Compra”. El cristiano no come cada vez que el instinto le dice: “Come”. El cristiano a veces se abstiene para glorificar al Señor, enseñando que le es más honroso hacer su voluntad que satisfacer el instinto.

También está el instinto de reproducción. Eso está ahí, el Señor lo ha puesto adentro de cada ser humano. El sexo comienza a emerger y comienza a desearse. Ahora, un cristiano no expresa el instinto de reproducción, no se reproduce ni intenta reproducirse cada vez que el cuerpo se lo pide. Por ejemplo, los cristianos cultivamos el instinto de reproducción dentro del matrimonio. Y antes de casarse hay algo dentro tuyo que te va a decir: “Reprodúcete, reprodúcete, reprodúcete”, pero tú le dices, al igual que la comida, al igual que las compras: “No te toca ahora”.

El sexo no es algo malo, no es algo vergonzoso. Dice la escritura que es algo honroso. Pero un cristiano sabe abstenerse para glorificar a su Señor. Hermano, estoy enseñando en todas estas cosas que el Señor no fue tentado con algo malo o inapropiado; fue tentado con algo muy bueno y que le era legítimo, pero supo abstenerse.

“Escrito está”: la Palabra como autoridad

¿Tú quieres saber qué tanto estás avanzando en la vida espiritual? Pregúntate de eso: ¿qué tanto podría yo abstenerme en determinadas cosas, a un punto tal que yo demuestre que amo más al Señor que esas cosas? ¿Podría yo abstenerme de determinadas comidas? ¿Podría abstenerme yo de determinadas cosas que me son lícitas? El Señor se abstuvo. Me llama la atención, y voy a hacer en esto, hermano, un paréntesis: el Señor respondió, “Escrito está”. Y ese “Escrito está” debería ser atesorado por cada cristiano. Es muy interesante que Él no intentó razonar con Satanás. Él no intentó entablar una conversación y persuadirle. Él solamente le dijo: “Yo estoy absolutamente convencido de que la Palabra del Señor es la Palabra del Señor, y si dice que es bueno, es bueno; y si dice que es malo, es malo. Escrito está”.

En cada momento de tentación el Señor citó las escrituras. Y algo muy interesante es que todas son porciones de las escrituras del libro de Deuteronomio. Algo que nos muestra esto, que parece que el Señor tenía la Palabra del Señor en su mente. Él conocía las sagradas escrituras y las tenía frescas. Es una lección para nosotros, hermano. ¿Qué medio nos ha dado el Señor para sobreponernos a la tentación? Estar muy afirmados en lo que Dios ha dicho en su Palabra. Cada vez Él respondió: “Escrito está”.

Me emociona el saber que nuestro Señor Jesucristo, que es Dios mismo y que inspiró las escrituras, cuando tuvo que defenderse de la tentación, se defendió con las escrituras. Hermano, el Señor se pudo haber defendido de diferentes maneras. De nuevo le repito, con que el Señor le hubiera dicho a Satanás “vete, Satanás” en el primer momento, Satanás hubiera abandonado el asunto. Pero Él eligió utilizar las escrituras y cada vez dijo: “Escrito está”. El Señor mismo entendía el poder que tiene su Palabra; Él entendía la autoridad que tiene su Palabra. Él entendía que su Palabra es un medio legítimo para defenderse. Se entendía como Palabra de Dios, inspirada.

Un cristiano tiene que conocer la escritura, hermano que estás aquí presente. Si tú tienes temor de que vayas a permanecer en los caminos del Señor, no cultives ese temor innecesariamente. Permanece en la escritura, conoce las escrituras a un punto tal que tú también puedas decir: “Escrito está”. Pero les advierto: el “Escrito está” no es como un conjuro. No es como una expresión que tú dices: “Satanás, escrito está”, y como que Satanás huye. Nos han vendido la caricatura como que Satanás le teme a que se le recita un versículo. Eso no es así, hermano.

Satanás también cita la Biblia

En la segunda tentación ya el diablo está usando versículos también. Es muy interesante ese asunto, porque en la primera tentación él tentó al Señor con la comida, el Señor respondió: “Escrito está”, pero para la segunda le dice Satanás: “Échate abajo, porque escrito está”. O sea, viene con versículo. Y sorprende el hecho de que Satanás citó un versículo, y no corto, sino un párrafo completo de las escrituras.

Con esto estoy desmitificando aquello que nos dicen como que Satanás le teme a la Biblia. Hay gente que piensa que: “No, yo tengo que andar con mi Biblia porque si Satanás me sorprende, entonces yo hago así, le enseño mi Biblia, y Satanás huye”. Hermano, Satanás usa todos esos asuntos, él los conoce. Se han visto ese asunto como de exorcismo: “Uy, Satanás, aquí están las escrituras”. Hermano, la verdad es que Satanás las usa y las conoce. Él es el padre de mentira y las tergiversa.

A lo que Satanás no le huye no es a que tú digas “Escrito está” frío. Lo que Satanás le huye es a un cristiano que está fundamentado en las escrituras a un punto tal que pueda decirle: “Satanás, tú puedes ofrecer cualquier cosa, pero yo sé en mi corazón, en mi íntima convicción, que escrito está”. No es un temor a la Palabra del Señor fría, como versículo suelto. Es un temor a que el corazón tuyo esté tan convencido de que la Palabra de Dios es verdad, a un punto tal que nada compite en tu corazón con la Palabra del Señor.

“Satanás, tú puedes ofrecer diferentes cosas, pero yo sé, estoy convencido, absolutamente convencido, de que la Palabra de Dios es verdad. Escrito está”. De nuevo, hermano, la autoridad de un cristiano son las escrituras. Todo el mundo tiene una autoridad. Por ejemplo, hay personas que dicen: “No, porque esto salió en los libros, eso está en los libros, eso es una verdad”. Esa es su fuente de autoridad. Antes eso era más chulo, porque antes era muy difícil que una persona escribiera un libro, pero ahora cualquiera escribe un libro, y ya ha perdido como la chulería decir “eso salió en los libros”, porque ahora cualquiera escribe un libro.

Hay otros que citan la ciencia. Dicen: “No, porque eso es un dato científico”. Y así mismo hay un informe científico que dice una cosa, y después hay otro que lo contradice. A mí me causa mucha risa, por ejemplo, porque los científicos no se ponen de acuerdo si el café hace daño o si es un medicamento. Unos dicen: “El café es bueno”, otros dicen: “El café es malo”. Bebamos café, dejemos de beber café, y no se ponen de acuerdo, hermano.

Hay otros que andan esperando la autoridad de un hombre, la autoridad de un sínodo, que quieran decir: “Yo quisiera como que alguien tuviera la autoridad”. Y les gusta, por ejemplo, citar a un papa, citar un concilio. El asunto es que nada de eso es confiable, hermano, porque los papas y los concilios andan contradiciéndose cada cierto tiempo, y los hombres un día dicen una cosa y después dicen la otra. Por eso la confianza de un cristiano no debe estar en un líder espiritual. Los pastores caen, los sacerdotes son difamados, pero la Palabra del Señor, escrito está, permanece para siempre.

La única autoridad infalible: la Escritura

Me causa mucha risa eso, porque quienes vienen del catolicismo están acostumbrados a que les dicen que el papa es infalible. Pero un papa dice una cosa y después el otro viene y dice la otra. Por ejemplo, el papa Francisco ahora mismo está cambiando cosas. Yo me pregunto: ¿pero no andan diciendo que ustedes son infalibles?

Algo que también sucedió es que el papa Sixto le hizo una traducción a la Vulgata, y cuando hizo la traducción, él dijo que el mismo papa Sixto revisó cada página, página tras página, para asegurar la exactitud. Y después la Vulgata Sixtina terminó siendo el caso de la traducción de la Biblia que más errores había tenido, a un punto tal que hubo que recogerlas. Y uno dice: “Pero si es infalible, ¿cómo él permite que se cuelen los errores?”. Hermano, que todos los hombres fallamos; pero hay algo que no falla. Dice la escritura que la Palabra del Señor permanece para siempre. Escrito está.

Quiero enseñarles, hermano, a utilizar el “Escrito está”. Ya les quité el asunto de que no es como un conjuro, de que: “Diablo, escrito está; Satanás, escrito está; ahí te mando la Palabra”, o dormir con la Biblia cerca. Hay gente que duerme con la Biblia abierta en el Salmo 23 y piensa que eso aleja a los demonios. No, eso no… la Palabra del Señor no funciona así. Lo único que eso ha logrado es que se le pongan las páginas duras, pero de que abrir la Biblia en el Salmo 23 sirva para algo, no.

Nada de eso funciona, hermano, nada de eso funciona. Ahora le pregunto: ¿cómo funciona el “Escrito está”? “Escrito está” significa, hermano, no que tú estás recitando con tu boca, sino que en tu corazón tú crees en las promesas de Dios, de verdad, de verdad, de verdad, a un punto tal que tú puedas decir: “Sin importar lo que me ofrezcan, yo sé que lo que el Señor me proveerá es más grande que cualquier cosa que tú puedas ofrecerme”. Escrito está es aceptar que la escritura es tu principal fuente de autoridad, más allá de tus opiniones.

Un cristiano tiene que aprender a cambiar de decir: “Yo opino, yo creo al respecto”, a decir: “Escrito está, la Palabra del Señor dice al respecto”. Deje de andar todavía como diciendo: “No, esa es mi opinión; bueno, yo tengo también la mía”, pero Dios ha dicho: “Escrito está”, y la opinión de Dios está por encima de la opinión de cualquier hombre.

Hermano, “Escrito está” es que la Palabra del Señor está muy por encima de mis emociones. Miren, hay veces que uno se siente descorazonado, hay veces que uno se siente muy animado, pero uno sabe que “Escrito está”. Entonces, nuestra convicción cristiana de que somos hijos de Dios, que era lo que Satanás estaba atacando, no debiera depender de cómo nosotros nos sentimos. Si fuera por eso, el domingo nos viéramos tres gatos aquí.

Ahora, yo sé que “Escrito está”: “Rafael, tú eres un cristiano porque el Señor te ha alcanzado por salvación”. Escrito está, aunque no te sientas. Hermano, escrito está, dice la escritura, no “yo me siento”. Hay personas que su fe cristiana depende de su sentimiento, y hay veces que sienten que son hijos de Dios y hay veces que sienten que ya no son hijos de Dios. Hermano, no es lo que tú sientas, es lo que “Escrito está”.

Predicación, adoración y la Palabra

La Palabra del Señor está muy, muy, muy por encima de cualquier otra cosa, y debemos utilizarla al predicar. Hermano, sería muy raro que un predicador venga y no cite las escrituras. Si usted está escuchando un sermón cristiano y al comenzar no se citan las escrituras, y durante el sermón no se permanece en la escritura, usted está perdiendo el tiempo, porque eso le está diciendo algo: que lo que le están diciendo es su opinión.

De ahí la urgencia de que se predique la Palabra del Señor, a un punto tal que la gente sepa que lo que está recibiendo no son las cavilaciones de un hombre, no; es “Escrito está”. Es más, que un predicador que se sube a un púlpito sin las escrituras no tiene ninguna autoridad para hablarle al pueblo. Porque, ¿por qué deberíamos oírte? Yo tengo una opinión también, y tú tienes otra. No, no; es que “Escrito está”.

Lo mismo pasa, hermano, miren, cuando se dirige la música. Una persona que va a dirigir al pueblo del Señor en adoración tiene que enseñar las escrituras, porque lo único que le permite dirigir al pueblo en adoración es “Escrito está”, y poder decirle a la gente: “Eso que estamos cantando no es lo que fulanito de tal sintió en algún momento, no; es que eso ‘Escrito está’”.

A un punto tal que si tú tienes alguna dificultad en relacionar lo que se está cantando con porciones concretas de la Palabra del Señor, no deberías cantar eso. ¿Pueden entenderme, hermano? O sea, los cristianos no cantamos nuestras emociones, nuestro pensamiento, “hoy estoy inspirado y voy a componer una canción”. No, hermano, nosotros cantamos “Escrito está”.

Me llama la atención que Satanás hizo tres ofertas, y eran asuntos inverosímiles, pero el Señor no se detuvo en ninguno de esos detalles. Cada vez dijo: “Escrito está”. Hermano, “Escrito está” no es un conjuro, “Escrito está” no es un estribillo. “Escrito está” es la profunda convicción que hay en el corazón de un cristiano de que el Señor cumple sus promesas, de que lo que el Señor ha prometido se cumplirá, de que en Dios no hay sombra de variación. Cuando el Señor le dijo “Escrito está”, lo que está diciendo es: “Yo sé que el Señor puede proveerme. En el Señor no hay ausencia de pan, el Señor puede hacerlo. Lo que yo quiero que tú sepas es que la voluntad del Señor a mí me resulta más agradable que el pan”.

Tengo que pasar a la segunda. Ya les he explicado qué significa el “Escrito está”. En la segunda tentación es en la que les digo que Satanás comenzó también a citar la Biblia. Y Él le dijo: “Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está…”.

A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, para que no tropiece tu pie en piedra.

— Salmo 91:11-12

Hermano, Satanás también dice “Escrito está”. Óigame, Satanás diciendo “Escrito está”. De nuevo, no es que Satanás le tiene miedo al versículo. Él lo recita, él se lo sabe. A mí me sobrecoge Satanás citando las escrituras, y párrafo largo. De nuevo, le digo: “Escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán para que no tropiece tu pie en piedra”. Jesús le dijo: “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”.

Segunda tentación: soberbia espiritual

En la primera área de tentación Satanás vino a tentarle con los deseos naturales, que son lícitos, como la alimentación. En esta segunda viene a tentarle con algo que se llama soberbia. ¿Qué es la soberbia? Que tú entiendas que tú eres más importante de lo que realmente eres. Dice la escritura que cada uno piense de sí con cordura, que nadie piense más de sí que lo que realmente le corresponde. ¿Qué es lo que no le está diciendo? Le está diciendo: “Mira, ve, súbete ahí y tírate, para que el Señor te pare”.

¿Y qué pretende Satanás con todo esto? Pretende controlar a Dios: “Yo puedo tirarme, Dios va a tener que pararme, porque yo soy el Hijo de Dios, a mí hay que pararme”. Eso se llama soberbia. Un cristiano, hermano, recibe la provisión del Señor con humildad, pero nunca desafiaría a Dios. Eso de que: “No, yo soy hijo de Dios, a mí hay que hacerme caso, a mí hay que protegerme”, hay que ser cuidadoso, hermano, porque eso se ha colado entre las iglesias. Han habido otras personas que quieren reclamar cosas: “Porque soy hijo de Dios, yo soy hijo de Dios, a mí me toca, me corresponde”. Hermano, tenga cuidado, eso se llama soberbia.

Un cristiano no se tira para que Dios lo pare. Un cristiano camina con humildad por donde el Señor le ha trazado el rumbo. No es “Señor, me voy a tirar aquí y tú vas a tener que pararme”, sino “Señor, por donde tú quieres que yo camine”. No es “Señor, yo me voy a meter en este lío y de aquí tú me sacas”, no; es “Señor, dame discernimiento para hacer tu voluntad”. Lo otro se llama soberbia y es una actitud pecaminosa.

Satanás pretendió citar las escrituras. Lo interesante de esto es que las citó fuera de contexto. Las citó correctamente, pero mal encaminadas. Aquí hay una lección para nosotros: que alguien pueda enseñar la Biblia no significa que sea un maestro genuino de la Palabra del Señor. Dice la escritura que los lobos se visten como ovejas y que Satanás se disfraza. Hay cantidad de personas que están dizque enseñando la Palabra del Señor, pero lo hacen tan mal que lo que hacen es desviar al pueblo.

No basta con conocer la Biblia. Algo que uno tiene que buscar siempre es que un maestro de la escritura tiene que parecerse a lo que está predicando. Y si Satanás está diciendo “Escrito está”, él debería por lo menos parecerse a lo que dice la escritura. Y él no se parece. Su testimonio va por un lado como padre de mentira, entonces él dice que “Escrito está”. Dice la escritura que de una fuente no salen dos tipos de agua.

Humildad frente a expectativas extravagantes

Es muy raro que usted encuentre un maestro autorizado de la Palabra del Señor que no ame al Señor. ¿Cómo va a ser que tú vengas solamente a decir: “No, porque ‘Escrito está’”, si tu vida no refleja lo que “Escrito está”? No; “Escrito está” y yo vivo de acuerdo a lo que “Escrito está”.

Hermano, yo quiero animarle a que sean humildes y dejen de estar esperando respuestas extravagantes de Dios. Eso de que te voy a subir al pináculo del templo: el templo de Jerusalén daba a un gran vacío, como si fuera un acantilado, un precipicio. Era tan alto que dice que se producía vértigo tú pararte y mirar hacia abajo. Lo que el diablo está diciendo es: “Sin ninguna razón más allá que la vanidad vamos a subirte al pináculo del templo, para que desde allí tú te tires, la gente vea que tú eres el Hijo de Dios”. Escrito está: “Al Señor tu Dios no tentarás”.

¿Qué es tentar al Señor nuestro Dios, hermano? Hay cantidad de gente que, en vez de ser humilde, seguir el camino del Señor, están esperando del Señor respuestas extravagantes. Le pongo un ejemplo. Hay algunos que no tienen sustento, están orando al Señor en su casa: “Ay, Señor, yo sé que tú puedes multiplicar el pan”. Hermano, salga a buscar trabajo, sea humilde. Dice el proverbio que el Señor bendice al diligente.

¿Qué es extravagante? Quedarte en tu cuarto esperando que el Señor mande del cielo pan. Porque el Señor lo manda. Yo he visto que históricamente, cuando el Señor ha querido sustentar a la gente, les consigue trabajo. ¿Puede entenderme que es una extravagancia, como que es lo mismo que tirarte del pináculo del templo? ¿Y por qué deberíamos mandarte el pan a ti con un dron a tu casa, que aterrice y entre por la ventana? ¿Y quién eres tú? O sea, dime, ¿quién eres tú?

Hay gran cantidad de personas que se han creído el protagonista de la película y entienden: “No, el Señor a mí me sustenta. El Señor me manda el pan directamente”. Yo he visto que normalmente el Señor sustenta a sus hijos consiguiéndoles trabajos dignos que, sin avergonzar su nombre, pueden ganarse su sustento.

“Yo tengo ahora mismo todo… yo quisiera como que el Señor me proveyera espiritualmente, me diera una experiencia”. La gente está esperando como que venga una nube y se le ponga encima y los llene de fortaleza espiritual. Lo que yo he visto es que cuando el Señor quiere fortalecernos espiritualmente, Él lo hace a través de su Palabra, a través del culto cristiano, a través de la oración. “Ah, no, yo estoy esperando así que el Señor me fortalezca”. Hermano, sea humilde, abandone la soberbia y deje de estar esperando respuestas extravagantes del Señor.

Aplicaciones prácticas de “No tentarás al Señor”

¿Usted cree que eso es sabio? Diga, pedirle al Señor que te proteja en la carretera y, mientras tanto, estás manejando más de 120. “No, porque el Señor me protege”. Hermano, el Señor le protege, ¿verdad? Pero no tiente al Señor. Usted puede entenderme; son asuntos prácticos, porque la gente dice: “No, pero yo soy cristiano”. Hermano, más de 120, no. Eso es tentar al Señor.

En otro ámbito, aquellos que son irresponsables con sus finanzas, que dicen: “No, yo me voy a meter en este lío, porque yo soy hijo de Dios”. “Al Señor tu Dios no tentarás”. Ustedes ven que tiene implicaciones prácticas, que no solamente es un texto bonito: “Al Señor tu Dios no tentarás”, sino que hay que ser cuidadoso para no estar desafiando al Señor metiéndose en líos donde un cristiano no se debería meter. “No, porque yo soy una persona de fe”. Eso no es fe, eso es soberbia. “No, porque el Señor me va a ayudar; el Señor no va a permitir que sus hijos queden en vergüenza”. Hermano, no mande después para que los hermanos tengan que sacarlo de Transunion de los líos que se metió.

“Al Señor tu Dios no tentarás”. Un cristiano no anda poniéndose innecesariamente en riesgo. Un cristiano no anda desafiando al Señor. Un cristiano es humilde y sigue la dirección de su Señor. “Al Señor tu Dios no tentarás”.

Hermano, esto deberíamos nosotros llevarlo a nuestra vida diaria. El primer área de tentación: sus sentidos naturales, la alimentación, algo legítimo pero mal canalizado. Que por favor ningún hermano mío tenga que decir: “Eso es lo malo”. Yo estoy adorando al Señor, le pongo cuentos, cosas que yo he oído, hermano. Gente que está esperando una visa, que dicen: “No, que yo quiero ir al exterior, pero no me dan la visa. Hermano, ayúdeme, oren por mí por una visa”. Y después: “Hermano, ya tengo la visa”. “¿Y cómo la conseguiste?”. “No, que alguien me ayudó, por eso… eso es lo único malo, lo único malo”. No, eso es todo malo.

O sea, si el Señor quiere que tú viajes, hermano, Él va a buscar una manera en que tú no tengas que sacrificar tu testimonio, en que tú puedas viajar. Está el hermano esperando trabajo: “Ay, es que yo estoy esperando un empleo, que el Señor me provea”. “Oren por mí por un empleo”. Consiguen el empleo: “Ah, ¿y qué es lo que tú estás haciendo?”. Algo que avergüenza; un cristiano hace eso. “No, eso es lo único malo, pero ya tengo trabajo”. ¿Y tú crees que fue el Señor que respondió? ¿Tú te atreverías sinceramente a darle las gracias al Señor por ese trabajo?

Ejemplos de decisiones que comprometen el testimonio

Son cosas así en que la gente se involucra, hermano. Que nadie tenga que decirte: “Eso es lo malo”. Le pongo otro caso. Miren, dice la escritura de manera muy clara que un cristiano tiene que permanecer como el Señor lo llamó. ¿Usted entiende eso? O sea, dice la escritura que si usted está casado con una esposa inconversa, si usted vino al Señor, usted debería tratar, en la medida de lo posible, de permanecer con su esposa, de amarla, de darle el mejor de los tratos. Lo mismo una hermana que tiene un marido que no es cristiano. Dice la escritura que debería sujetarse a su marido, seguirle de buena gana, y con su testimonio lograr que su marido sea traído.

Pero un cristiano, dice la escritura, no debería intencionalmente, con conocimiento, unirse en yugo desigual. “Ay, pastor, he durado tanto tiempo orando porque el Señor me provea pareja. Ya apareció y él es más bueno”. “¿Pero es cristiano?”. “Eso es lo único malo”. Yo he tenido dos casos tristes de gente que andan esperando cosas del Señor. Son cosas que no quisiera tener que mencionarlas, pero recuerdo un compañero de trabajo, uno de ellos, que me dijo: “Rafael, mira, yo sé que tú eres un cristiano. Ora por mí, porque mi novia está embarazada, y yo quiero casarme, pero no puedo”.

Como todo cristiano le dije: “Mira, qué bueno, cuenta conmigo en lo que te puedo ayudar. No es la manera en que el Señor esperaría que tú seas padre. El Señor esperaría que los hijos estén en la familia. Pero ya ha sucedido; qué bueno que tú quieres honrarla y que quieres casarte. Sí, vamos a orar”. “Ora por mí, para que el Señor me provea de las cosas más básicas”. A la semana: “Rafael, ya se resolvió el problema”. “¿Se casaron? ¿Qué pasó?”. “No, no, ya no te preocupes. Ya se resolvió el problema. Alguien me dio una idea y se resolvió el problema”. “Fulano, tú mataste a tu propio hijo”. “Eso es lo único malo”.

Hermano, el Señor quiere proveerte de medios legítimos para que tú hagas su voluntad, de forma tal que tú no tengas que decir, al final: “Eso es lo malo”. Cuando el Señor quiere alimentarte, Él conseguirá los medios por los cuales sus hijos no se mueran de hambre. Cuando el Señor quiera darte un trabajo, te proveerá de un trabajo en que tú no tengas que avergonzarle. Cuando el Señor quiera dirigirte en algo, va a tener que dirigirte de una manera tal que no sea algo vergonzoso, que no sea algo que tú digas: “Eso es lo malo”, que no sea como un combo entre 10% de maldad y 15% de error, que tú no tengas que decir: “Eso es lo malo”.

Tercera tentación: idolatría y gloria mal dirigida

Que la voluntad del Señor sea tu sustento. Paso al último y con esto termino. Primer lugar: tentaciones físicas. Segundo lugar: la soberbia. Tercer lugar: la idolatría. “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos. Y le dijo: Todo esto te daré si postrado me adorares”. Hermano, lo que Satanás estaba ofreciendo aquí, la verdad es que es algo inverosímil. Solamente en la mente del diablo cabe que un ser creado como Satanás pueda recibir a Dios postrándose delante de él. Solamente en la mente diabólica cabe algo como eso. Eso da risa, eso da como rabia. Eso da ganas de decir: “¿Quién eres tú, Satanás?”.

Pero lo interesante es que el Señor no se dejó distraer por eso, sino que le respondió del mismo modo: “Escrito está”. “Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”. Hermano, eso se llama idolatría. Cada vez que tú estás honrando a una criatura, honrando un lugar, honrando un objeto, sobre Dios, eres un idólatra. Dice la escritura que sólo a Dios adorarás.

Algo muy interesante en esto es que lo que Satanás le está ofreciendo al Señor es precisamente lo que el Señor vino a hacer. Dice que Él vino a hacer un reino. Satanás le está ofreciendo: “Señor, yo voy a lograr que vengan a ti y te adoren, y que tú tengas tu reino… por la manera mía”. Y déjeme decirle que Satanás realmente lo que estaba ofreciendo ahí es una media verdad. Satanás tiene un reino, que está compuesto por personas que se han inclinado a él voluntariamente y que no hacen la voluntad del Señor. Por eso dice la escritura que él es el príncipe de esa gente, el príncipe de los hijos de desobediencia.

Sí es verdad que el Señor vino a hacer un reino, pero no un reino con súbditos que son hijos de desobediencia, sino un reino de personas que han nacido de nuevo, que tienen una nueva manera de pensar, que han sido regeneradas. Satanás le dice: “Yo te voy a dar los reinos”, y postrado tú me adorarás. ¿Qué ha sido idolatría? Atribuirle a cualquier cosa, cualquier medio, la gloria que sólo se le debe dar al Señor. Hay cosas que tú puedas hacer por tus propios medios que no glorifican al Señor. Un cristiano trata de hacer cosas que den la gloria al Señor primariamente.

Satanás no tiene nada que sea legítimamente suyo. Cristo le respondió del mismo modo: “Solamente al Señor tu Dios adorarás”.

Resistir la tentación es adorar a Dios

Hermano, yo quiero hacer una última advertencia con esto. Un cristiano debería desestimar cualquier oportunidad de exagerar su propia valía, de lograr cosas de dominio, de dominio personal. Todo lo que un creyente debe hacer es vivir para la gloria de su Señor, y cualquier otra cosa se llama idolatría.

También advierto lo siguiente: cuando cedes a la tentación, lo que haces es adorar al diablo. ¿Por qué un cristiano no debería ceder a la tentación? Primariamente porque cuando usted cede a la tentación, deja de tener a Dios como su proveedor y acepta el plan de Satanás. En cualquier área de tu vida tú puedes tener cosas legítimas; si tú las haces a la manera de Satanás, la gloria no será dada a Dios.

Y con esto también tendré que mostrar que Satanás está sujeto a la Palabra del Señor. Miren que en esta tercera tentación el Señor le dijo: “Vete, Satanás”, y ¿qué hizo el diablo? “Entonces le dejó”. Hermanos, Satanás no es irresistible. Satanás lo que es, es un mentiroso, y enseña que tiene más poder del que legítimamente le corresponde. Si hubiera sido por la voluntad del Señor, le dice eso desde el principio y él no tiene ni siquiera que esperarlo.

Concluyo aquí: “El diablo entonces le dejó, y he aquí vinieron ángeles y le servían”. ¿Qué manera más sublime de enseñarnos a nosotros lo que es la provisión del Señor? Satanás quiere que tú comas pan a su manera. Satanás quiere que tú tientes a Dios. Satanás quiere que tú hagas un reino alejado de la voluntad del Señor. Dice la escritura que el Señor le dijo: “Vete, Satanás”; él se fue, y vinieron ángeles y le servían.

Hermano, la provisión del Señor para tu necesidad está tan cerca como que el Señor diga que se ha hecho, y se hará. Dice la escritura, asimismo: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros”. Con esto quiero mostrarle, hermano, al final, que el Señor evitó comer el pan que Satanás quería que comiera, el Señor evitó tentar a Dios, el Señor evitó la propuesta de Satanás y, al final, vinieron ángeles y le servían. O sea, que la provisión del Señor estaba a una orden.

No sé en qué área de tu vida estés siendo tentado, pero si resistes un poco glorificarás al Señor, y el Señor por algún medio enviará la provisión que hace falta. Yo no quiero especular más de lo que dice la escritura, pero quién sabe si lo que vinieron a traer los ángeles fueron panes. Dice que los ángeles le servían, o sea, los ángeles vinieron a atender sus necesidades.

Aplicación final y oración de cierre

Hermano, dice la escritura que el Señor sabe de qué tú tienes necesidad, y cualquier cosa que te haga falta, el Señor solamente espera que tú glorifiques su nombre para disponer que ángeles sean enviados para suplir la necesidad que haga falta. Como cristianos tenemos dos opciones: o damos el paso corto de ceder a la tentación de Satanás, o esperamos el tiempo suficiente a que el Señor provea por alguna parte.

Me emociona recordar la expresión de Job. Estaba enfermo, hermano, y Job le dijo a sus enemigos: “Aunque él me matare, en él esperaré”. Yo estoy convencido de que el Señor puede proveerme. Lo que decía Job era: “Aun así, yo esperaré en el Señor”.

Yo oro por la iglesia que está aquí presente, y les invito, cuando oremos, a que cierren sus ojos. Te invito a que consideres las áreas de tu vida donde estás siendo tentado. Bendice, Señor, esta congregación con una provisión de “Escrito está” renovada. Que tengamos, Señor, más confianza que en cualquier otro momento de que tu Palabra es verdad y que la convicción que tenemos de la seguridad de tus palabras ahora nos mantenga firmes ante la tentación.

Te pido por aquellos de mis hermanos que quizás te han estado deshonrando en diferentes áreas. Permite, Señor, que sean restaurados y que sean fortalecidos por ti. Te pido por aquellos, Padre, que están comenzando la vida cristiana y se preguntan si acaso podrán permanecer. Permite, Padre, que sean afianzados en tus escrituras de forma tal que se mantengan firmes hasta el final.

Mantén tus ojos ahí cerrados, hermano. Te pido, Señor, que tú nos des una provisión especial de paciencia para esperar a que tú proveas; que tú nos des, Señor, una provisión especial de dominio propio para no satisfacer nuestros instintos en el momento que nos lo piden; que tú nos des una provisión especial de discernimiento para que, en cualquier decisión de nuestra vida, sepamos con claridad las cosas que te glorifican y las cosas que no.

Permite que esta sea una iglesia, Señor, de gente victoriosa, de personas que con la ayuda tuya puedan decir tres veces “Escrito está”, y que al final sientan que tú directamente les provees. ¿Cómo no pedírtelo, Señor? Provee legítimamente para las necesidades de mis hermanos.

Mira aquellos, Señor, que les hace falta sustento. Mira aquellos, Señor, que han estado poniendo sus ojos en alguna provisión del diablo, pero que tienen que saber que tú provees, Señor, para lo que haga falta. Tú has dicho, Padre, que tienes cuidado de nosotros y que si un hijo te pide un pan tú no le das una serpiente. Bendice esta semana especialmente a nuestra iglesia con victorias amplias en áreas de su vida donde haya estado fracasando. Todo esto para tu gloria, en Jesús. Amén.

Que el Señor les bendiga, hermanos. Nos veremos el próximo miércoles en nuestro estudio bíblico y nos veremos también el viernes para nuestra película. Que el Señor les fortalezca, que el Señor les guarde.

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