Quiero hablarle hoy, especialmente a los hombres, tanto hombres de nuestra iglesia como hombres que nos visitan aquí regularmente. Esto no significa que las mujeres no estén atentas; lo que significa es que hoy vengo a hablarle específicamente a hombres. Quiero que la congregación entera esté muy, muy presente al consejo de Dios, porque esto es un asunto importante. Hermano, vine a hablarle hoy a los hombres, pero entiendo que toda mujer aquí presente debe entender esto. Vengo a hablar con preocupación, porque siempre, hermano, veo que los hombres cada vez más están alejados de la iglesia.
La iglesia se nos llena de mujeres, algo que es muy bueno, pues las queremos aquí con sus compañeros también. Siento preocupación, hermano, porque se entiende como que la iglesia del Señor es un asunto para mujeres y niños. Hay cierta preocupación porque en las iglesias como que no atendemos a los hombres, sino que las mujeres se sienten atendidas, pertrechadas, incluidas, pero ¿dónde están ellos? ¿Dónde están los hombres, dónde están los jóvenes, dónde están los que mañana van a formar familia? Hombres que están aquí presentes, por favor denme hoy toda su atención, porque lo que vengo a darles es el consejo de Dios respecto de lo que Dios espera de ustedes: es la voluntad de Dios para los hombres.
Mujeres que están aquí, que quizá están en el proyecto de formar una familia, escúchenme esto con atención. Mujeres que están aquí, que ya formaron familias, recíbanlo especialmente. Mujeres que están aquí y que ya lo intentaron y no pudieron hacer una familia según el modelo de Dios, escúchenme esto. Jóvenes que están aquí presentes, que todavía no tienen novia, atiendan esto con especial atención para que, cuando el Señor les provea a ustedes de una novia con la cual comenzar un proyecto de familia, lo hagan a la manera suya, a la manera de Dios. Hombres que están aquí, que ya tienen su novia, escuchen esto para que lo hagan a la manera de Dios.
Yo le voy a enseñar especialmente a los hombres cuál es la voluntad de Dios para nosotros, pero me interesa que todas las mujeres, desde las adolescentes hasta las que ya tienen nietos, por favor escuchen esto. Yo no sé dónde está tu proyecto de familia; quizás tú dices: “Mira, ya yo tengo tantos años de matrimonio, yo no puedo volver atrás”. Sí se puede volver atrás. Se pueden hacer las cosas a la manera de Dios y cuando se hacen las cosas a la manera de Dios, entonces las cosas salen bien.
El pensamiento de Dios versus el pensamiento del mundo
La voluntad de Dios para los hombres, pero por favor que toda mujer escuche. Tengo preocupación, hermano, y le digo con miedo de introducirle este versículo. Dice la escritura en el libro de Isaías:
Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová.
— Isaías 55:8
Yo quisiera como grabar eso con tinta china en su conciencia. Dice la escritura que los pensamientos de Dios no son mis pensamientos. Es posible que las cosas que tenga que estar diciendo ahora quizás te parezcan muy alejadas. Claro que sí, porque la sociedad está alejada del pensamiento de Dios. “Mis pensamientos no son sus pensamientos”, dice Dios. Cuando se abandonan los pensamientos de Dios, entonces comienzan a venir la cultura popular, lo que a mí me han dicho, lo que dice mi tía, lo que dice mi mamá, lo que a mí me han enseñado.
Hermano, dice la escritura en el libro de Isaías:
Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová.
— Isaías 55:8
Déjeme ver si lo ves ahí mejor, hermano, porque la verdad es que la sociedad contemporánea se ha alejado de la voluntad de Dios y cuando uno intenta volver a la voluntad de Dios, entonces te dicen: “Eso es imposible, eso es de otro tiempo, tal cosa ahora mismo no funciona”. No, hermano, mis pensamientos no son tus pensamientos, dice Jehová, y mis caminos no son tus caminos. Es mi oración que durante este sermón pueda prevalecer el pensamiento de Dios y pueda decaer el pensamiento tuyo. Es mi intención que tú dejes de lado el estereotipo, que tú dejes de lado la cultura popular y te aferres al pensamiento de Dios.
Es mi oración que tú abandones el camino propio y comiences a andar en el camino de Dios. “Pero que yo tengo 30 años caminando en este camino”, dirá alguno. Deja de caminar, porque no vas a llegar; devuélvete, si estás caminando ya devuélvete. Mírame esto: el liderazgo de los hombres en la casa y en la iglesia se ha venido deteriorando como consecuencia de abandonar el pensamiento de Dios. Esto ha producido alternativas humanas para intentar remediar la situación, y cada vez hacen más daño.
Hombres que están aquí presentes, nosotros tenemos gran responsabilidad en esto porque hemos abandonado nuestro liderazgo. Hombres que me estás escuchando ahora mismo, recuerda: gran parte del problema actual es que nosotros no estamos haciendo lo que tenemos que hacer. Como hemos dejado el lugar, como hemos olvidado que tenemos que liderar, como hemos olvidado que hay una voluntad de Dios para nuestro rol de ser hombres en nuestra casa y en nuestras iglesias, entonces esto se ha dañado.
No hay alternativa válida fuera del camino de Dios
Como resultado de esto, hemos comenzado a buscar alternativas humanas. “Vamos a buscar otro modelo”, dicen algunos. Hermano, ninguna alternativa fuera del pensamiento de Dios ha funcionado. Ninguna alternativa fuera del camino de Dios ha funcionado. “Ah, pero hemos improvisado aquí una respuesta, como los hombres no lo asumieron, entonces…” Hermano, mire, no voy a intentar dar detalles de todas las alternativas, porque no vale la pena mirar atrás, son muchas.
Ahora, estoy convencido de que solamente hay un pensamiento correcto y solamente hay un camino correcto. El pensamiento correcto es el de Dios, el camino correcto es el de Dios. Yo no vine aquí esta mañana ya tardecita a decirles a ustedes cuáles son todas las versiones posibles, todas las alternativas fuera del camino de Dios. Yo vengo a decirles la única alternativa posible y la única que funciona: que hagamos las cosas según el pensamiento y según el camino de Dios.
Como consecuencia de haber abandonado este pensamiento, mire, lo primero que tenemos es un radicalismo. Como hemos abandonado el pensamiento de Dios con relación al rol de los hombres en nuestra casa, entonces se ha manifestado un radicalismo. Por un lado está el machismo y por el otro lado está el feminismo, y en ese radicalismo se nos está yendo la existencia. Ni una cosa ni la otra, hermano. ¿Qué hay en medio de eso? En medio de eso está el pensamiento y el camino de Dios.
Es triste, pero gran parte del humor contemporáneo es humor jugando con esas dos cosas, y los cristianos nos reímos. Los personajes de humor más punteros en la comedia popular dominicana son personajes que juegan entre uno de esos dos extremos y uno se ríe. Se hace de eso comedia. Yo recuerdo que en un momento, en una congregación, se jugaba con la idea de una “asociación de maridos oprimidos”. “Ah no”, decían, como si fuera una gracia.
Hermano, perdóneme, es una iglesia jugando con los fracasos. Cosa que nunca se debería de jugar, con eso se están jugando. Y en las iglesias hacemos chistes: “No, porque este es un hombre así”, “no, porque esta es una mujer asá”, “no, porque por la mañana en su casa no tiene rumbo”. Y en la iglesia del Señor estamos jugando. Hermanos de esta congregación, en Camino al Cielo, les digo: nunca, no se debe nunca hacer chistes que pongan en juego los roles que deben funcionar en una familia, porque cuando uno se juega con esto, la posibilidad entera se daña.
Radicalismo, violencia y subjetivismo sin Dios
Ese radicalismo humano entre machismo y feminismo también se traduce en violencia. ¿Cuáles han sido las noticias? Vean los periódicos, ¿cuáles han sido las noticias? “El hombre la estuvo maltratando y ella le cortó el pene”. Esas mismas noticias, y la gente está haciendo cuentos de eso. “Ah, mira…”, y las mujeres que están muertas, los hombres haciendo broma de eso, hermano. ¿Cuáles han sido las noticias? Busquen en los periódicos a ver cuáles son las noticias que se están dando, la nota de esta semana.
Miren los programas de televisión, miren cómo comunican. Me están atendiendo: la noticia en esta semana de que en la televisión, a las seis de la tarde, un hombre le tocó los genitales y todo el cuerpo a un travesti. Esa es la noticia. Y el problema, hermano, es que nos escandalizamos porque hay un travesti en televisión, y no porque lo agarraron en horario de las seis de la tarde. Fíjese lo que esto está haciendo. Hay gente que se está riendo de esto, y hay gente… hermano, hemos abandonado el pensamiento y el camino de Dios y la sociedad está como está, y la iglesia se ríe del chiste.
Todo esto produce un subjetivismo. ¿Qué es subjetivismo? Es que entonces la gente entiende: “No es lo que yo tenga que hacer, sino lo que yo pueda hacer según mi preferencia”. Y ya no se entiende que Dios hace hombres y hace mujeres, y que ese hombre y esa mujer tienen responsabilidades únicas delante del Señor, sino que la preferencia se ha vuelto como el asunto central. “Si a mí me compete, si yo lo prefiero así, es que yo lo prefiero así”.
Hermano, esto es solamente la introducción, pero quiere decir que tenemos que abandonar el pensamiento del mundo y asumir el pensamiento de Dios. Tenemos que abandonar el camino del mundo y volver al camino de Dios. Por favor, hermano, hay dos cosas con las cuales no se debe nunca relajar: una es la familia que hizo Dios, otra es la iglesia que hizo Dios. Así como tú nunca deberías participar de un chiste que ponga en juego el testimonio de la iglesia, tú nunca deberías participar de un chiste que ponga en juego lo que son los roles en una casa. Y cuando el mundo se ría de eso, no te rías con ellos, no participes.
Somos iguales y somos diferentes. La primera de tres cosas que estaré diciendo hoy, hermano, es que lo primero es que tú entiendas en qué somos iguales y en qué somos diferentes para que sepamos dónde vamos a liderar y dónde vamos a complementar ante Dios. Hombres y mujeres tenemos igual valor, igual importancia, igual responsabilidad. Nuestra diferencia está en los roles complementarios que desempeñamos para su gloria y por su voluntad.
Igual dignidad, roles diferentes según la creación
Mi intención fascinante en este mensaje, hermano, es que las mujeres salgan siendo más mujeres que en cualquier otro momento de su vida, y que los hombres salgan siendo más hombres. Dice la Escritura: “Comportaos varonilmente”. Mi intención es que los hombres asuman su masculinidad de acuerdo al pensamiento de Dios, y lo mismo las mujeres, de acuerdo al pensamiento de Dios.
Según enseña el Espíritu de Dios en el libro de Génesis, el Señor nos hizo a ambos sexos a su imagen y a su semejanza, y tenemos igual importancia y responsabilidad. Sin embargo, tenemos roles distintos. Cuando la sociedad juega con estos roles, improvisa asuntos sobre la marcha, y entonces la sociedad entera pierde. Usted me preguntaba: “Pastor, ¿por qué esto es solamente para los hombres?”. Mis hermanos, porque aquí en la iglesia hemos pasado 500 años hablándole a las mujeres; hoy quiero hablarles a los hombres.
Hay roles que están definidos por el Señor. Dice el escritor del libro de Génesis:
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
— Génesis 1:27
No hay nada en medio, hermano: varón y hembra los creó. Quiero decirte que que seas hombre o mujer no depende de un asunto cultural. Que seas hombre o que seas mujer no depende de que en tu casa te dijeron que eras varoncito o que eras hembrita. Depende, hermano, de que Dios hace hombres y hace mujeres, y a ambos los hizo a su imagen y los hizo para su gloria de manera totalmente distinta.
“Ah, pero yo no quiero hacer lo que me corresponde”, dirá alguno. Si tú dices eso, estás violando la orden de Dios, porque Dios no te hizo según una casualidad. Dios te diseñó hombre para que cumplas un propósito siendo hombre, y Dios te hizo mujer para que, siendo mujer, lo glorifiques. Hay cosas, hermanos, que no las determinamos nosotros, hay cosas que las determinó el Señor.
Autoestima, masculinidad y feminidad bíblicas
Tengo que moverme un poco, pero te diré: la autoestima comienza con lo siguiente, con un sentido de profunda satisfacción con el rol que por la voluntad de Dios y para su gloria nos corresponde desempeñar en la vida. ¿Qué es una autoestima saludable? Un hombre que dice: “Mira, yo soy hombre, y para que yo sienta mi masculinidad, mi mujer no debe ser menos mujer”. ¿Me siguen? Eso es una autoestima saludable.
De la misma manera, una mujer que dice: “Mira, el Señor me hizo a mí mujer, y yo, conociendo mi rol de mujer, glorificaré al Señor. Y para que yo sea más mujer, mi esposo no necesita ser menos hombre”. Ese sentido de aceptación, hermano, de sentirte bien con lo que el Señor te hizo ser, de entender que el Señor te diseñó así con un propósito, es fundamental. Por ahí comienza una autoestima saludable y por ahí comienza también una masculinidad saludable, no machismo, sino masculinidad según el pensamiento y el camino de Dios.
Hombres que están aquí presentes, le estoy hablando a ustedes: siéntanse bien siendo hombres. Administre su masculinidad de una forma tal que glorifique el nombre del Señor. Entiendan que son hombres por la voluntad de Dios y que son hombres para la gloria de Dios. Fíjense que en este radicalismo se entiende que si entonces tú subes tu masculinidad, tu mujer tiene que bajar. No, hermano; ambos pueden subir. Uno subirá siendo más mujer y otro subirá siendo más hombre, y ambos glorificarán al Señor.
No tenemos que anular al otro sexo, no tenemos que reducirle al otro, no tenemos que humillar a nuestra compañera. Al contrario, debemos celebrarla como mujer, y la mujer no tiene que competir con sus maridos; tiene que celebrarlos como hombres. Es cierto que un afeminamiento, hermano, como que está llegando a la iglesia del Señor. Que yo sepa, me sorprende a veces que hasta los artistas cristianos ya cantan como mujeres, con esa vocecita afectada, como dicen ellos, y uno se queda mirando ese asunto.
Hermano, varonilmente, varonilmente. Dios te hizo hombre; te hablo aquí de que exhibas características de hombre, de masculinidad para su gloria. También están llegando a las iglesias hermanas mujeres que dominan, dominan, dominan, hermano. Mujeres que dejan de intentar ser mujeres para intentar ser hombres. Por eso tú estás cansada, por eso estás tan frustrada, porque no te da el tiempo para ser mujer y también quieres ser hombre.
Complementarnos, no competir
Hermano, la vida no da para jugar dos roles al mismo tiempo. Tú no puedes jugar dos puestos al mismo tiempo. Si el Señor te hizo mujer, sé mujer para su gloria, porque eres mujer por su voluntad. Si el Señor te hizo hombre, sé hombre para su gloria, porque eres hombre por su voluntad. Abandonemos esto de competir, hermano; no tenemos que competir, tenemos que complementarnos.
¿Cómo nos complementamos? Tú siendo más mujer que antes, para la gloria del Señor, y tu marido siendo más hombre que antes, para la voluntad del Señor. Cierro un paréntesis: “¿Y si yo no me he casado?”. Hermano, desde ahora tienes que ir asumiendo el rol que el Señor te ha permitido por su voluntad y para su gloria eventualmente desempeñar. Hombres que están aquí presentes, nuestra responsabilidad es enseñarle a nuestros hijos a ser hombres. Mujeres que están aquí presentes, dice la escritura que las mujeres ancianas deberían enseñar a las más jóvenes.
Cada vez que abandonamos el pensamiento y el camino de Dios, perdemos todos. En algunos aspectos, un hombre y una mujer son iguales; en otros aspectos, somos diferentes. En todo, fuimos creados por Dios; somos su creación, y eso nos hace especiales, nos da una dignidad especial. No se podría decir que uno es más importante que el otro. Ambos somos creación de Dios. No es que el Señor diga: “Este de mayor calidad que aquel”. A veces bromeando, pero a veces medio en serio, te dicen: “No, la mujer es la versión mejorada del hombre”. No, no, no, hermano, no. Dios hizo a la mujer y la hizo bien; Dios hizo al hombre y lo hizo bien.
Ambos somos creación de Dios, eso nos da una dignidad especial. Uno no tiene que sentirse menos que el otro, hermano. Fue Dios quien te hizo; eres creación suya. Todos somos responsables ante Él. Por eso la mujer debe ser salva y el hombre debe ser salvo. Tenemos una responsabilidad semejante, tanto hombres como mujeres daremos cuenta ante el tribunal de Dios. Pero al mismo tiempo, hermano, todos tenemos que vivir para su gloria, siendo hombre o siendo mujer. No se trata de tu preferencia, se trata de lo que Dios te hizo ser.
Cada vez que escucho a alguien decir: “Mire, yo escuchaba a un homosexual hablar que decía: ‘Yo soy una mujer en el cuerpo de un hombre’”. No, no, no. Tú eres un hombre que no quieres aceptar la voluntad de Dios sobre ti y que quieres ordenarle a Dios que te convierta en algo que Dios no quiso que tú fueras. Tu pensamiento no se impone al pensamiento de Dios. Dios no se equivocó contigo en esto. Dios no se equivocó; te equivocaste tú.
Un equipo con liderazgo definido
Fuimos creados para trabajar juntos en un equipo, hermano, de acuerdo, y cada parte desempeñando su función. Sin embargo, en este equipo el Señor estableció un liderazgo. ¿Han sido ustedes parte alguna vez de un equipo que no tiene ninguna cabeza? Es un equipo que no va a ninguna parte. Un equipo donde nadie decide, un equipo donde todo el mundo está aquí como esperando y nadie asume el nombre de líder. Los equipos para funcionar necesitan tener un líder visible, una persona que toma la iniciativa, una persona que asuma la responsabilidad por él y por los otros.
En la familia, el Señor, por su voluntad y para su gloria, estableció una cabeza, y esa cabeza es el hombre. “¿Y entonces por qué no puede ser la mujer?”, dirá alguien. Hermano, deja de estar cuestionando a Dios. Como leímos en el libro de Isaías, sus caminos no son tus caminos. Aquí está el problema de la sociedad: nosotros queremos decirle a Dios que se ha equivocado, que el Señor lo hizo mal. No, hermano, son roles totalmente distintos, y ambos producen la misma satisfacción si el Señor te permitió desempeñarlo.
Dice el libro de Génesis:
Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
— Génesis 1:28
Háganlo juntos, dice el Señor. No era que la mujer iba a estar tejiendo solamente y el hombre iba a tener todo el señorío. No es eso. Es que va a tejer bajo la autoridad de su marido. No que Adán debía estar sentado y Eva haciendo todo, no. Hermanos, cuando hablamos del liderazgo desde la perspectiva de Dios, significa que es un equipo complementario, un equipo que va a multiplicarse junto, un equipo que va a fructificar junto, pero que ese equipo tiene una cabeza y un liderazgo.
En Génesis eso viene así, y cuando al Señor Jesucristo le preguntaron, Él apuntó a Génesis. Y cuando Pablo lo explicó, ¿saben con qué lo explicó? Con Génesis. Es más, nos hacen una vuelta al origen, que entendamos que tenemos que salir del pensamiento popular y entrar en el pensamiento de Dios. Cuando Adán y Eva pecaron, Dios preguntó por Adán. “¿Dónde estás tú, Adán?”, el líder de la mujer. Adán culpando a su mujer. Este es el primer ejemplo de la falta de liderazgo masculino.
Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
— Génesis 3:8-9
¿A quién llamó Jehová? No llamó a Eva primero. El Señor llamó al líder, el Señor te llamó a ti porque puso a esa mujer bajo tus cuidados.
Responsabilidad del hombre delante de Dios
Hermano, Dios no salió a buscar a Eva primero; salió a buscar a Adán. Hombres que están aquí presentes, que han entrado en matrimonio, cuiden de sus mujeres; preocúpense porque el Señor, cuando pregunte por las cosas de su familia, va a llamar a quién: va a llamar a ti. Y espero, hermano, que no respondas como respondió Adán: “La mujer que me diste…”. Hombres aquí presentes, entiendan que tienen que asumir un modelo de autoridad en su casa y que tienen que estar ustedes presentes para cuidar de su esposa. Entiendan que el Señor a ustedes les va a pedir cuenta.
Establezco el primer punto de esta enseñanza: hombres y mujeres somos iguales y al mismo tiempo diferentes. Somos iguales en dignidad, iguales en valor, pero al mismo tiempo somos diferentes en cuanto a los roles que por la voluntad de Dios y para su gloria desempeñamos. En la familia, el Señor, en su misericordia, a las mujeres les puso un líder, y ese líder es su marido. Y cuando una mujer intenta improvisar ese liderazgo, hermano, nunca le va bien: se daña ella, daña a su marido, daña a sus hijos.
Ahora quiero detenerme específicamente en el liderazgo del hombre. Te digo: Dios espera que el hombre asuma el liderazgo en la familia tomando como modelo el liderazgo de amor, servicio y sacrificio que asumió Cristo por su iglesia. De lo que estoy hablando aquí, cuando digo que el hombre es líder en su casa, no es de un hombre machista, no es de un hombre explotador, no es de un hombre que manda por mandar. Estoy hablando de un hombre que asuma su liderazgo en su casa de la misma manera que ha asumido Cristo el liderazgo por su iglesia. Este es el modelo.
No es un modelo de explotación, no es un modelo de dominio, no es un modelo de agresividad. Es un modelo de liderazgo de amor, de servicio y de sacrificio. Fue el amor, el servicio y el sacrificio que ha manifestado Cristo por su iglesia. Cristo pudo haber sido duro, pero no lo fue. Cristo pudo haber sido violento y no lo fue.
El modelo de liderazgo de Cristo
El liderazgo como hombre en su casa no es el liderazgo que nos están enseñando en el mundo. Es un liderazgo según el pensamiento y los caminos de Dios: liderazgo de amor, liderazgo de servicio y liderazgo de sacrificio. Me concentro ahora especialmente en el liderazgo del hombre. Sabemos, hermano, en qué somos iguales: tenemos el mismo valor, la misma dignidad; ambos fuimos creados por Dios. Sin embargo, el Señor nos diseñó con roles muy diferenciados: varón y hembra los creó.
Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.
— Efesios 5:23-25
Este es un pasaje que a veces genera mucha confusión porque hay dos palabras que se deben entender muy bien para no sacarlo de contexto. Lo primero es lo que significa ser “cabeza” y lo segundo es que estamos hablando de un ejemplo. Hay hombres que han querido abusar del ejemplo y decir que en su casa son “Cristo”. Tú no eres Cristo en tu casa. Tú no eres Cristo en tu casa, tú eres un hombre creado, de una manera diferenciada, con tus debilidades; tienes a tu mujer, y tienes que tratar de imitar a Cristo. Es “como Cristo”, no que tú eres Cristo.
Aquí no hay que adorarte; a ti no hay que rendirte culto. No hagamos del hombre un ídolo, no abusemos del modelo. ¿Qué es ser cabeza? Cuando en los tiempos bíblicos se hablaba de “cabeza” se hablaba de cumbre, de líder. En una tribu, siempre había uno que hacía la labor de coordinar, la labor principal, pero tenía la misma dignidad que todos sus hermanos. Ser cabeza de sus hermanos no significaba que andaba golpeando a sus hermanos, ni siquiera que fuera más fuerte que sus hermanos, sino que él era el que hacía la labor de representación ante sus hermanos.
Está hablando de liderazgo. Cuando dice la Escritura que el hombre es cabeza de la mujer, significa que el hombre es un líder ante su mujer. Eso es. ¿Y qué es un líder? No un líder según los líderes de este mundo, sino un líder a la manera de Dios. Y a la manera de Dios es siendo ejemplo, con amor, con sacrificio y con servicio, lo mismo que ha hecho Cristo por su iglesia.
Peso y costo del liderazgo masculino
Es más, hermano, si los hombres entendieran lo que es la voluntad de Dios para un marido en su casa, entrarían al matrimonio con temor y temblor. Te pregunto a ti: ¿tú crees que tú aguantarías a una mujer lo que Cristo ha aguantado a su iglesia? ¿Tú crees que soportarías a una mujer lo que Cristo ha soportado de ti? ¿Tú crees que te someterías a lo mismo que la iglesia se ha sometido a través de la historia y todavía seguirías manteniendo tu fidelidad?
Miren, la iglesia es difícil. La iglesia, hermano, ciertamente estamos vinculados con Cristo y Él es nuestro esposo, pero miren qué difícil somos nosotros como novia. Si uno analiza bíblicamente lo que Dios espera de un hombre y lo que espera de una mujer, humanamente hablando —y digo aquí, perdónenme un momento esta locura—, parece que los hombres nos hemos llevado la peor parte. Amar a una mujer como Cristo nos ha amado a nosotros es un asunto difícil. Solamente con la ayuda del Señor lo logramos.
Esto no es un asunto de: “Ah no, yo soy el hombre en mi casa”. Hermano, ese no es el modelo de Cristo. El modelo de Cristo no es ese. Ese es un liderazgo distinto, es un liderazgo de servicio. Es un liderazgo donde Cristo se ponía un trapo, se agachaba y le lavaba los pies a sus discípulos. Eso es el liderazgo de Cristo. Es un liderazgo de servicio. Tú no eres cabeza para que te sirvan; eres cabeza para servir. Tú no eres cabeza para que te atiendan; eres cabeza para atender. Síganme esto.
El liderazgo de un hombre en su casa no es un liderazgo machista, es un liderazgo que toma como ejemplo a Cristo. ¿Cómo se expresa el liderazgo de un hombre ante su mujer? De la misma manera que se expresó el liderazgo de Cristo hacia su iglesia. Vamos a ver esto, hermanos, para que quede claro qué es lo que Dios espera de un hombre en su casa.
Dios espera de un hombre en su casa que ejerza un liderazgo espiritual. Perdóneme, pero un hombre cristiano debe ser un hombre documentado en las Escrituras para que pueda aconsejar bien en su casa. Un hombre es un hombre que debe conocer la Escritura, debe conocer la voluntad de Dios. Un hombre que debe encomendar ante Dios a su familia. El hombre debe tomar, hermano, la iniciativa; es el que debe caer de rodillas primero, es el que debe asegurarse de que el fuego del altar no se apague en su casa.
Expresiones concretas del liderazgo masculino
Eso es un hombre, un líder espiritual. El hombre debe ser sacerdote en su casa. Eso viene del hombre. La mujer claro que puede orar, puede leer la Biblia; lo que te quiero decir es: ¿quién debe tomar la iniciativa? Ah, pues entonces las mujeres no pueden orar. Sí pueden hacerlo, hermano, pero entiendan que en su casa la devoción del hogar, eso es responsabilidad del marido. Liderazgo espiritual, y por ahí comienza.
¿En qué más se manifiesta este liderazgo? Provisión material. Entonces, ¿las mujeres no deben trabajar? Claro que pueden trabajar, hermano, pero la prioridad en esto, la carga en esto, debe estar sobre el hombre. Y no me refiero ni siquiera a quién gana más o menos, sino al liderazgo de las finanzas de la casa, para que glorifiquemos al Señor con las finanzas. El liderazgo en esto viene del hombre.
El hombre debe trazar el presupuesto de su hogar. El hombre debe decir cuánto estamos necesitando, cuánto entra, cuánto sale. El hombre debe saber qué se necesita. Hay mujeres, hermano, que tienen una habilidad extraordinaria y complementan a su marido en este sentido, pero no deben ir por encima de su autoridad. No hay una cosa más fea que un hombre que entiende que su responsabilidad es solamente llegar a su casa y dejar un dinero. No, hermano, no es eso.
Dice la expresión dominicana: “El hombre es de la calle y la mujer de la casa”. No, no, no, hermano. Según el liderazgo de Dios, el hombre es de su casa. El liderazgo de la provisión material, qué entra y qué sale, de algún modo un hombre debe saber hacia dónde va eso. Debe saber cuáles son las cuentas por pagar que hay en su casa. Debe saber cuáles son las necesidades, debe saber con qué contamos. Debe hacer planes de previsión, porque quizás vengan años malos. Debe hacer un colchón para su familia, para algún modo protegerla. La provisión, el liderazgo en ese trabajo de su esposa cuando trabaje, debe ser del hombre.
¿En qué se manifiesta este liderazgo masculino? En protección física. Escuchaba a un autor que decía que si mi mujer se siente en peligro en la calle, debo ser yo el primero que reciba el golpe, y cuando yo esté inconsciente entonces que ella remate al agresor. Mire, el cuerpo del hombre no es casualidad: que tú tengas músculos más desarrollados que tu mujer. Naturalmente pones el cuerpo de una mujer y el cuerpo de un hombre y el hombre desarrolla una musculatura más fuerte, una estructura ósea más fuerte. Dios te diseñó no para que maltrates a tu mujer, sino para que la protejas.
Fidelidad, formación y reconciliación
La protección de los suyos es un asunto que debe recaer sobre los hombres. Para protegerlos, hermano, el Señor te hizo fuerte; no te hizo fuerte para que la maltrates, te hizo fuerte para que la cuides. ¿En qué más se manifiesta este liderazgo masculino? En fidelidad. ¿De dónde sale esa fama de que los hombres la mayoría de las veces no saben ser fieles? La fidelidad no me estoy refiriendo solamente a no unirte sexualmente a una mujer que no te corresponde. La fidelidad es un concepto mucho más amplio.
Dios es fiel porque sin importar lo que haya hecho el hombre, Dios ha dado siempre lo que dijo que iba a dar. La fidelidad tiene que ver con tus promesas. ¿Eres tú en tu casa un hombre que tus hijos y tu esposa entienden que un “sí” tuyo es un sí? ¿O entienden que tú dices una cosa hoy y mañana otra, según te convenga? ¿Cómo ejerces tu liderazgo de fidelidad en tu casa? Eso es fidelidad. La fidelidad incluye el aspecto sexual, la protección de las relaciones en ese sentido, pero un hombre es fiel cuando hace aquello que dijo que iba a hacer. El liderazgo en ese sentido lo lleva el hombre, así como Cristo lo ha llevado con la iglesia.
¿Ha sido Cristo fiel con nosotros? ¿Ha retirado Cristo su fidelidad porque le diéramos nosotros la espalda? Nunca, hermanos, nunca. ¿Nos ha dejado Cristo cuando lo hemos abandonado? No, Cristo ha sido fiel. El hombre también debe ser líder en cuanto a fidelidad en todos los sentidos que ese término incluya. También el hombre debe liderar en la capacitación intelectual.
Dice la Escritura que la mujer aprenda en su casa, que el marido le enseñe, que responda preguntas. Tú eres quien debe tener la capacidad para acompañar el desarrollo de tu mujer. El desarrollo de nuestras mujeres de algún modo debe estar en nuestras prioridades: que tu mujer estudie, que tu mujer se prepare, que aprenda a hablar, que aprenda a leer, que aprenda a conducirse. Aprenda, hermano. “Ah, yo no puedo darle clases”, dirá alguno. Bueno, que tu mujer vaya a la universidad, eso debe ser tu prioridad. El desarrollo académico de ella debe ser tu prioridad.
Qué triste este hombre que anula a su mujer intelectualmente y le bloquea su desarrollo. Esa debe ser tu prioridad: crearle oportunidades. ¿En qué más? En la iniciativa de reconciliación. Siempre la tomó Cristo. Tú estabas muerto en tus delitos y pecados, Él vino y se acercó a ti. Cuando el hombre le dio la espalda, Cristo vino y lo reconcilió. Dice la Escritura:
Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo.
— 2 Corintios 5:19
Es muy triste ver a hombres arrogantes que, cuando hay dificultades en su casa, se quedan en su orgullo, y la iniciativa la toman las mujeres.
Iniciativa, ánimo y deformaciones del liderazgo
Cuando en una familia hay dificultades, desacuerdos —y casi todas las familias pasan por temporadas difíciles—, la iniciativa de limar asperezas debe estar en el hombre, no en la mujer. No esperes que tu mujer esté detrás de ti corriendo, “ven, vamos a reconciliarnos”. Sé tú el que diga: “Mira, tú y yo tenemos que estar de acuerdo porque Dios me va a pedir cuentas por ti y por mí”.
Se cuenta el caso de una empresa donde ascendieron a un empleado a supervisor. Cuando lo ascendieron, el gerente comenzó a escuchar quejas: “Oiga, ¿qué le pasa a su supervisor?”. Lo que pasaba era que, al ser ascendido, ese hombre comenzó a maltratar a quienes antes eran sus compañeros, comenzó a crear desacuerdo entre ellos, a crear contienda, y al primero que se llevó de encuentro fue al supervisor. Lo habían puesto ahí para que manejara los conflictos, para que limpiara asperezas entre sus compañeros, para que cuidara de ellos.
Ten cuidado, hermano, porque cuando en tu casa las cosas comienzan a andar mal, el primero en quien Dios está pensando es en ti. Y hay familias que se van al precipicio porque hay un hombre orgulloso que no toma la iniciativa. Los desafíos de perdonar, de reconciliar, de que podamos dormir los dos en una misma cama y en la misma dirección, deben estar siempre en el marido. Ese hombre arrogante que dice: “A mí hay que pedirme perdón, que yo soy el hombre”, ese no es el modelo de Dios.
El modelo de un hombre cristiano es el modelo de Cristo: Él toma la iniciativa. También el hombre debe ser quien aliente. En momentos de dificultad, qué triste ver a este hombre blando que ante el momento difícil se frisa, se queda ahí como paralizado, y que en vez de salir a resolver genera más ansiedad. En casos de enfermedad, en casos de desempleo, en casos de riesgo físico, en casos de accidente, hay hombres que en vez de dar seguridad, lo que hacen es aumentar la angustia.
Eso no es masculino desde el punto de vista bíblico. Un hombre cristiano es un hombre que alienta, que da tranquilidad a los suyos. Yo no sé, hermano, si tú estás ejerciendo ese liderazgo, pero mira, nunca es tarde para hacer la voluntad de Dios. Nunca es tarde, hermano, para hacer la voluntad de Dios en nuestras familias.
Ahora, así como les dije lo que tiene que ser un líder cristiano en su casa, déjame decirte lo que nunca debería ser un hombre cristiano en su casa. Te pregunto: ¿alguna vez Cristo ha agredido a la iglesia? ¿Alguna vez Cristo ha tratado a la iglesia con agresión? No, hermano, no. Cristo siempre ha tratado a la iglesia de manera que pueda ofrecerla en amor.
Lo que el liderazgo masculino no debe ser
Entonces, ¿un hombre cristiano siempre debe dejar que la mujer haga lo que quiera? No. El hombre está en su casa para corregir a los suyos. Sin embargo, tiene que corregir sin agredir. Te recuerdo: tú eres más fuerte, pero el Señor no te hizo más fuerte para que pegaras más; el Señor te hizo más fuerte para que cuidaras más. El liderazgo de Cristo ante los suyos no es un liderazgo agresivo; es un liderazgo de corrección en amor.
¿Qué deformaciones de liderazgo vemos? La imposición. Ese hombre que dice: “Yo soy el hombre en la casa y aquí me impongo”. No, hermano; Cristo nunca se impuso a la iglesia. Cristo ha amado a la iglesia con paciencia. El dilema del pecador es que el pecador está perdido en sus delitos y pecados, está enemistado con Dios, está en deuda con Dios, lo agrede con su pecado, y sin embargo Dios no se le impone. El Señor dice que Él es paciente y que nos atrae con cuerdas de amor.
Hay casos muy tristes donde, por instrucción de Dios, le tocan a algunos hombres mujeres desordenadas. “¿Qué hago en ese caso?”, preguntan. Ten la paciencia necesaria que ha tenido Cristo con su iglesia. Cristo no se impone; Cristo es paciente y espera a la novia. Son ejemplos del liderazgo de Cristo. ¿Qué sería una distorsión? El control.
Qué lamentable este hombre que quiere controlar a su mujer solamente para sentirse hombre. Quiere controlar todos los detalles de la vida de ella, no porque haya una necesidad real de ese control, sino porque eso le infla el ego. Esa no es la manera en que Cristo ha amado a la iglesia. Cristo nos ha amado con libertad. Es ese hombre que quiere cuidar cada pequeñito detalle: “No, mi amor, tú no necesitas eso”. “¿Y por qué tú quieres ir a la iglesia el domingo?”. “No, porque yo soy el hombre, y tú tienes que estar aquí”.
Sin libertad. Qué triste ese hombre necio, que no conoce a Dios y quiere estar controlando necedades. Mire, en una empresa, el supervisor que se pone a controlar necedades pronto deja de ser supervisor; se controlan las cosas que son necesarias. ¿Cómo puede ser que en una casa el hombre quiera tener bajo su control todos los detalles, que se hable cuando él lo diga, que se piense cuando él lo autorice, que se controlen todas las cosas? Lo más probable es que le salga todo de control.
¿Qué ha hecho Cristo por la iglesia? Le ha dado una libertad que depende de la instrucción. Él nos instruye para que vivamos con libertad, y nosotros abusamos de esa libertad. Hermanos, entiendan muy bien: un hombre no deja de ser hombre cuando le da libertad a los suyos. “Sí, mi amor, haz tal cosa, pero recuerda que lo hacemos de esta manera”. Eso es liderazgo en un hombre en su casa.
Otra deformación es avergonzar. ¿Cuándo ha avergonzado Cristo a su iglesia públicamente? Es triste ver a hombres que públicamente frustran cosas a sus mujeres. ¿Qué ganas tú con humillar a tu mujer delante de un amigo? ¿Qué ganas tú humillando a tus hijos delante de los vecinos para demostrar que eres “más hombre”? Eso no es un hombre a la manera de Dios. Es triste ver a un hombre avergonzar a su esposa.
Dice la Escritura que debemos amar a nuestras mujeres como a nuestros propios cuerpos. Cuando avergüenzas a tu mujer, te avergüenzas tú mismo. Cristo nunca ha avergonzado a su iglesia, sino que la ha llenado de honor.
Cómo las mujeres honran y responden al liderazgo
Qué hermoso, hermano, es ver una mujer que tiene un hombre que la llena de honor, un hombre que sabe cuidar de ella. ¿Verdad que se ven distintas una mujer avergonzada, que siempre anda así como temerosa, y una mujer que camina junto a su marido con libertad? Cristo nunca ha avergonzado a su iglesia, sino que la ha llenado de honor. Hombres que están aquí presentes, por favor, no avergüencen a sus mujeres, no avergüencen a sus hijos sin necesidad. Lo que se necesita en la iglesia se llama honor.
Quiero darle ahora algunas orientaciones prácticas: “¿Cómo hago si yo no he liderado bien?” “Mire, pastor, yo hasta ahora lo que entendía es que yo tenía que imponerme. A mí me dijo alguien que para uno ser hombre tiene que tener tres cosas: su mujer, su chancleta y su jarrito de asa; que eso es lo que hace a un hombre”. Y se enseña eso. “Todo muchacho que aspira a ser hombre debe tener sus jarritos, su chancleta y su mujer”. Y se lo enseñan así, como si fuera suficiente.
Hermano, no se necesita solo eso. Se necesita algo más que el jarrito 555 de asa grande, se necesita algo más que la chancleta, se necesita algo más. Para ser hombres a la manera de Dios, necesitamos asumir el liderazgo en nuestra casa. “¿Y si yo he sido un hombre medio ausente, si he sido un hombre que no hacía entender estas cosas?”. Este es el momento de comenzar.
¿Cómo lo hago? Algunas recomendaciones. Lo primero: búscalo intencionalmente. Todo hombre debe desear liderar en su casa. Todo joven soltero debe anhelar casarse para liderar a los suyos en amor. A los niños debemos ponerles eso en la mente: “Mira, tú eventualmente vas a ser un hombre y vas a tener una mujer y unos hijos que dependerán de ti. Acostúmbrate desde ahora a liderar”.
Hay empresarios exitosos que desde chiquitos llevan a sus niños a la empresa, los sientan ahí a la vuelta para que vayan aprendiendo cómo se trabaja. Vamos a enseñar a los niños a que vayan pensando: “Yo eventualmente tendré mi propia familia y mi propio liderazgo”. Doy este consejo: estoy seguro de que si tú le enseñas a tus hijos que eventualmente serán líderes en su casa, respetarán el liderazgo tuyo ahora. Muchos hijos irrespetan a sus padres porque no entienden que mañana les tocará a ellos hacer con sus propios hijos aquello que sus padres están haciendo con ellos.
Pasos para que el hombre recupere su liderazgo
Enséñalos. Búscalo intencionalmente, hermano. No te quedes esperando. “Ay, yo me quedo aquí a ver si me recomiendan como el líder de esta casa”. No, hermano. La mujer cristiana reconoce a su marido como cabeza, aunque no se manifieste muy claramente su liderazgo. Sin embargo, el hombre debe buscar intencionalmente liderar. Debe capacitarse para eso, debe orar al Señor para que lo levante para los suyos. Debe buscarlo intencionalmente.
Comienza a estar presente. Tú no puedes liderar una empresa donde tú no vas. Tú no puedes liderar gente que no ves. Tú tienes que estar presente ahí. En la empresa, hay que estar ahí, hay que pagar la nómina, hay que hablar con la gente. En la casa es igual.
Un hombre no puede ser líder de su casa si desaparece. Ese hombre que va a su casa solamente a dormir, que no sabe lo que pasó en esa casa, que no sabe si en esa casa hubo una necesidad, que no sabe si esa casa está sucia, eso no es un líder, hermano. Eso es otra cosa. Comienza a estar presente. Saca tiempo para tu familia.
Hay hombres que no saben cuánto está la libra de habichuelas. No te digo que tú tengas que saber todos los precios, pero al menos pregunta: “Mi amor, ¿cómo está el supermercado? ¿Tú crees que el presupuesto da para esto?”. Te vas involucrando. No es que todos los detalles los decida el hombre; no es eso. Pero hay hogares donde, como el hombre nunca ha hecho nada, cuando quiere involucrarse, lo quiere hacer a base de golpes y de gritos. No es así.
Es que tú vayas a tu casa y comiences a estar ahí, y que tú le preguntes a los tuyos qué necesitan, cómo te cuido, cómo te protejo. Interésate. Depende de Dios. Tengo serias dudas de que podamos tener autoridad en nuestra casa si no respetamos la autoridad de Dios. Si tú quieres que tu mujer te respete, respeta tú a Dios.
Hay un grupo de hombres que se han pasado la vida irrespetando a Dios en todos los sentidos y entonces quieren ir a su casa y que la mujer les brinde respeto. No, hermano. Cuando tú comiences a respetar a Dios, entonces serás respetado por los tuyos. El hombre que se toma en serio a Dios, su mujer se toma en serio a él. Esa es la verdad; la autoridad se va escalonando: cuando comienzas respetando a Dios, te comenzarán a respetar en tu casa.
Qué bonito es el hombre que llega a su iglesia con su mujer y sus hijos. Es el mismo hombre que entra por ahí, “Mi amor, el domingo vamos para la iglesia porque yo voy a respetar a Dios”. Eventualmente, esa mujer también comenzará a respetarle. Toma la iniciativa. Hay decisiones que alguien tiene que tomar. Ningún líder es 100% efectivo, pero mientras más lo intentes, más lo serás.
Asume tu iniciativa. Cuando la familia está como que no se decide, párate tú y di: “Mujer, hijos, miren, vamos aquí, vamos allá”. Decide algo para la gloria de Dios, lo que el Señor quiere que tú decidas. También estoy convencido de que si el Señor te ha puesto en un liderazgo, Él te dará las herramientas, pero debes buscarlo intencionalmente, debes comenzar a estar presente, debes depender de Dios y debes tomar la iniciativa.
La mujer cristiana y el liderazgo de su esposo
Termino esta parte hablando un poco a las mujeres: la mujer cristiana y el liderazgo de su esposo. Dice Génesis 2:18:
Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.
— Génesis 2:18
Quiero hablar ahora un momentito a las mujeres. El liderazgo de tu esposo en tu casa: ¿cómo manejo esto? Por regla general, hermano, una mujer debe anhelar tener un líder en su vida. Por regla general, entiendo que por alguna razón tú no tengas ahora mismo un compañero, pero debe anhelar una mujer tener un compañero. Debe anhelar tener un hombre que cuide de ella, debe anhelar un hombre que la ame, debe anhelar en su corazón que aparezca un hombre que le provea.
Es como que la cultura contemporánea ha creado una serie de mujeres que andan buscándose proveerse ellas mismas, cuidarse ellas mismas, amarse ellas mismas; no, hermana, esa no es la voluntad de Dios para la mujer. La voluntad de Dios es que tú tengas un hombre que te cuide, que te ame, que te provea, que te represente. Esa es la voluntad de Dios para ti. ¿Cómo sucede esto? Te voy a dar algunas recomendaciones.
Lo primero: recíbelo de una autoridad confiable. Explico lo que es esto: tres pasos para aceptar el liderazgo de tu marido. Hay mujeres que todavía no han aceptado que Dios les puso una autoridad en su casa porque la autoridad no está funcionando bien. Esa mujer que dice: “No, aquí yo soy la líder porque mi marido no sirve”, esa mujer tiene que dar un paso atrás.
El primer paso que tú tienes que hacer es reconocer que fue Dios quien te puso una cabeza para cuidarte. La autoridad, créelo, fue Dios. Recíbelo. Muchos hombres no lideran mejor en su casa porque sus propias mujeres no han aprendido a recibir a su marido como la provisión de Dios para su hogar. Es imposible que llegues a estar sujeta a un marido si no entiendes que fue el Señor quien te puso esa autoridad. Recíbelo de una autoridad confiable, y esa autoridad confiable es Dios.
El primer paso para que una mujer cristiana acepte el liderazgo de su marido es que entienda que fue el Señor que te puso ese hombre en tu vida y que el Señor determinó que él sería tu cabeza. Aunque ahora mismo el liderazgo de tu marido no esté muy desarrollado, si tú no entiendes que tu marido es el líder en tu casa, nunca se va a desarrollar.
Se cuenta de un rey llamado Acab que era un líder medio débil, que tenía una mujer imponente que se llamaba Jezabel. Jezabel aprovechaba cualquier debilidad del hombre para imponerse. A veces Acab estaba tratando de hacer algo y no le salía; ¿qué hacía Acab? Llegaba a su casa, se echaba a llorar, dejaba de comer, hacía berrinche. Y la mujer llegaba: “Levántate, dame el anillo, ven, que voy a escribir yo una carta en tu nombre”. Ella firmaba por el rey.
Lean para que ustedes vean cómo terminó tanto Acab como Jezabel. Lean para que vean lo que les esperó. Dicen las Escrituras que se lo comieron los perros. Mujer que estás aquí presente, si tú tienes la tendencia a asumir el liderazgo de tu marido, comienza a entender que el Señor dispuso que en tu casa la cabeza sea él. Y cuando tú aceptes eso —“Eso me lo puso Dios”—, entonces ya tú comienzas a descansar y dices: “Ya, voy a dejar de pelear con eso, porque fue Dios que lo puso”.
Afirmar el liderazgo del esposo y casos difíciles
Una vez lo recibiste como que fue Dios que lo puso, reconoce en la práctica su liderazgo. Reconócelo. Cuando tú ves que tu marido comienza a asumirlo, dile: “Mira, mi amor, me gustó”. Afirmalo. “Me gustó que tú decidieras esto”. Reconoce el valor que eso tiene. Muchas mujeres están extremadamente cansadas porque están siendo mujeres y hombres al mismo tiempo. Cuando comiences a descansar en el liderazgo de tu marido, comenzarás a decir: “Mira, yo al principio no veía el valor, pero estoy mirando que vale la pena tener un hombre que nos represente, que nos cuide, que me ame”. Comienza a reconocer el valor de su presencia, de su liderazgo en la práctica.
Quiero aconsejar a las mujeres que celebren a sus hombres. Cuando su marido llegue a la casa, apláudanle: “Mi amor, qué bueno que llegaste”. Hágale sentir que llegó alguien importante. Cuando su marido llegue con una fundita de supermercado, dígale: “Mi amor, gracias, qué bueno”. Cuando su marido decida una cosa o la otra, dígalo públicamente: “No, mi marido decidió esto; yo voy a lo que él diga”. Celebre ese asunto, porque es bueno tener un hombre que quiere llegar a su casa porque en su casa lo valoran.
Dice la Escritura que la mujer rencillosa es como una gotera continua en la cabeza. Esa mujer que vive goteándole al marido: “Tú no resuelves, tú no traes, tú no sirves”. Así no da gusto llegar. Yo quisiera que los hombres pudieran ir a sus casas sintiendo que cada día tienen un cumpleaños. Que la mujer se prepare para celebrarlo. Que cuando él llegue le diga: “Mi amor, qué bueno, vamos a celebrar las pequeñas victorias”.
Qué buena la mujer que le da palmaditas a su marido y le dice: “Mira, ahora mismo estamos apretados, pero yo confío en que el Señor nos va a proveer a través de ti”, porque es que el Señor quiere proveer a través del marido. Hay algunas mujeres que dicen: “No, es que yo gano más que él”. Hermano, el “cómo” llega el dinero a una casa no depende solo del sueldo, depende de Dios. Y el Señor prefiere proveer a través del marido.
Cuando tu marido tenga alguna victoria en su vida, cuando tu marido logre algo, celébrenlo. Así vas a comenzar a aceptar el liderazgo que el Señor puso en tu vida.
Tres preguntas y termino esta sección. Primera: ¿qué hago si mi marido no es creyente? Eso es muy triste. La mayor bendición que una mujer puede tener es tener un hombre que se deje guiar por Dios. Esa es la mayor bendición. Hay una gran diferencia entre un gerente que está desconectado del corporativo y uno que está alineado. Es diferente trabajar con un gerente que está conectado al corporativo. De la misma manera, es bueno tener un marido que está conectado con Dios.
Si ese no es tu caso, hermana, ¿qué haces ahora? Lo primero que una mujer cristiana que tiene un marido no creyente debe hacer, dice la Escritura, es orar por él y ganarlo para Cristo por medio de su testimonio. Difícilmente las cosas en tu casa mejoren de fondo hasta que tu marido reconozca la autoridad de Dios. Y tú estás atada a eso ahora mismo. ¿Qué hace una mujer? Con amor, con paciencia, hasta el punto en que no tenga que darle la espalda a Dios, respeta a su marido.
Recuérdate que tu marido no es Cristo; tu marido no es el modelo de Cristo todavía. Si en tu caso tienes un compañero que no conoce a Dios, ora por él, con paciencia, con mansedumbre, haz por él lo que una mujer cristiana hace y espera que el Señor lo alcance con su gracia. Siempre y cuando no tengas que darle la espalda a Dios, mantente con tu marido. Eso lo enseñó el apóstol Pablo.
Segunda pregunta: ¿qué hago si mi marido no lidera? Lo primero que tienes que hacer es no liderar tú. Lo primero que tienes que hacer es eso: no usurpar tú. Porque si tú asumes el liderazgo, él nunca lo asumirá. Esa es la verdad. Hay veces que hay que decir: “Mi amor, ¿qué hacemos?”. Y si él dice: “No sé, dime tú”, insiste: “No, dime tú”. “Es que yo no sé”. “Pero yo quiero que seas tú el que decida, porque tú eres mi cabeza”. Espéralo; espera hasta que él lidere.
Ahora, si tú lo sustituyes siempre, lo más probable es que termines siendo mujer y hombre al mismo tiempo. Espéralo, ora por él. Hay mujeres necias que no entienden que muchas cosas dependen de que tu marido avance con el Señor, entonces quieren adelantarse al proceso. “Porque si yo lo asumo, llegamos más rápido”. No van a llegar nunca. Espéralo, ora por él, reconoce que es tu cabeza, comienza a motivarlo, lee la Biblia con él. Cuando te diga: “Mira, mi amor, a mí me gustaría que tú lo hagas todo tú”. Respóndele: “Yo quiero que seas tú el que decida por nosotros”.
Tercera pregunta: ¿y qué hago si mi mujer no me sigue? Este es quizá el caso más difícil de todos. Tal vez la receta que te dé no te guste. Recuerda: es el pensamiento de Dios, no el pensamiento del mundo; es el camino de Dios y no el camino del mundo. Si te tocó una mujer que no te sigue, lo más que puedes hacer es seguirla amando con un amor sacrificial, del mismo modo que lo hizo Cristo por su iglesia.
No la cargues con insultos, no la maltrates, no la violentes. En la medida de lo posible, mientras sea sostenible, ámala, ora por ella y pídele al Señor que ablande el corazón de tu mujer. Es el caso más difícil de todos los que he visto, porque es muy duro. Sin embargo, el modelo que nos dio el Señor es el modelo de Cristo con la iglesia. Ora, espérala, ruégale al Señor que le dé entendimiento.
Conclusión y llamado al arrepentimiento
Finalmente, la voluntad de Dios para los hombres es que ejerzan liderazgo en su casa siguiendo el modelo de Cristo y ayudados por sus esposas. Dice la Escritura:
Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.
— 1 Corintios 11:3
Es un orden establecido por Dios que es contrario a la cultura popular, pero que es la única manera en que las familias pueden crecer saludables, por la voluntad de Dios y para su gloria.
Permítanme orar por ustedes. Inclinen sus ojitos ahí un momento. Hoy tenemos también en nuestra iglesia comunión, y le voy a pedir a uno de nuestros diáconos, quizá nuestro hermano Tomás y nuestra hermana Patricia, que nos puedan ayudar acercando el pan y el vino. Mientras tanto, oro por la congregación.
Yo no sé si tú eres una mujer que tenga la tendencia a imponerte. Quizás eres una mujer que tiene la tendencia a proveerse tú misma. Quizás eres una mujer que tiene la tendencia a luchar y forcejear con tu marido para imponerte tú. Quizás todavía no tienes un marido, pero sabes que tienes esa inclinación. Ora al Señor ahí tú misma para que Él te permita reconocer la autoridad de un hombre. Pídele al Señor tú misma ahí para que Él te provea de un hombre líder en su casa.
Ora al Señor para que puedas reconocer ahora mismo, y eventualmente, el liderazgo de tu marido, aunque ahora mismo no se esté manifestando claramente. Si eres un hombre que me has oído, yo te estimulo a que respetes el liderazgo de Dios, para que en tu casa tu mujer respete el liderazgo suyo. Te estimulo a que no te relajes, a que no relajes esto, te estimulo a que te sigas capacitando, a que sigas aprendiendo para que enseñes en tu casa, para que instruyas en tu casa.
Si todavía no estás casado y quizás ni siquiera tienes novia, yo te animo a que comiences a depender de Dios y a aprender de la forma en que Cristo ha liderado a través de la historia a su iglesia, para que eventualmente puedas liderar en tu casa. Es mi oración que el Señor te levante como un líder. Es mi oración que el Señor levante un liderazgo masculino fuerte en Pez Mundial: hombres admirados en su casa, hombres aplaudidos en su casa.
Es mi oración para que el Señor haga de ti un hombre no como el ejemplo del modelo de Acab, un hombre manipulado y atado, sino un hombre respetado por los suyos.
Oración final y llamado a salvación
Oro por toda la congregación: Señor, mira tu iglesia. Permite que se respete el orden tuyo. Señor, mira tu iglesia; permite que prevalezca el pensamiento tuyo. Señor, mira tu iglesia; permite que caminemos en tus caminos. Mira qué difíciles parecen estos principios tomando en cuenta lo que reina en los periódicos, en los programas, en las conversaciones. Pero sabemos, Padre, por tu promesa, que solamente así podemos tener familias saludables.
Levanta el liderazgo de estos hombres, Señor, y al mismo tiempo, Señor, levanta la dependencia de estas mujeres de sus hombres. Como decía ahorita, Señor, quizás hasta un poco en broma, lo digo en serio delante de ti: permite que estos hombres sean aplaudidos en su casa y permite que estas mujeres aplaudan a sus maridos. Permite que cuando ellos lleguen, Señor, ellas reconozcan que llegó mi líder, llegó mi representante. Y permite que estos hombres amen a sus mujeres como Cristo ha amado a la iglesia, con un amor paciente, sacrificial.
Siempre hay un momento; no hay ningún sermón en el cual no se pueda invitar a una persona a que entregue su vida a Cristo. Si eres una mujer que estás aquí presente y todavía no tienes la plena convicción de que has entregado tu vida a Cristo, este es el momento. Tanto hombres como mujeres tenemos la misma responsabilidad ante Dios; todos nos veremos un día delante de Él, y toda rodilla se doblará ante Dios.
Tú, hombre, que estás aquí presente y no has reconocido la autoridad de Cristo, te animo en esta mañana a reconocerla. Es tan sencillo como que le digas al Señor en oración que le entregas tu vida a Cristo. Estoy seguro de que tu familia va a caminar mejor. Hombres, mujeres aquí presentes, todos tenemos que arrepentirnos delante del Señor. Ambos, hombres y mujeres, estamos condenados sin Cristo; ambos estamos muertos en nuestros delitos y pecados.
Puedes decir conmigo ahí, en oración, si todavía no has hecho en algún momento esta oración ni has entregado tu vida a Cristo, puedes decirle en este momento: “Señor, entrego mi vida a ti totalmente. Te pido que perdones mis pecados. Te pido que me recibas como tu hijo. Escribe mi nombre en el libro de la vida”. Puedes decirle al Señor: “A partir de este momento yo comienzo a vivir una vida agradable a ti. Pronto yo iré a las aguas y me bautizaré, reconociendo que he nacido de nuevo en la familia de Dios”.
“Perdona mis pecados” es la palabra clave. “Acéptame como tu hijo. Escribe mi nombre en el libro de la vida”. Dice la Escritura que si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. Quizás puede ser este domingo 29 de enero el domingo de tu salvación. Estoy seguro de que repercutirá en bendición para ti y para tu esposa, para tus hijos, para tu futura esposa, para tus futuros hijos, para tu futuro esposo, para tus futuros hijos.
De nuevo, si no has hecho una oración de arrepentimiento delante del Señor, este es el domingo para arrepentirte. “Señor, me arrepiento de mis pecados. Perdóname; he vivido de espaldas a ti. Acéptame como tu hijo. Me comprometo ante ti a vivir de una forma que te agrade”. Dice la Escritura: “El que creyere y fuere bautizado será salvo”. Siempre en Pez Mundial estamos dispuestos a recibir personas, a instruirlas y llevarlas a las aguas.
Acércate también al final de esta reunión. Ya que has respetado a Cristo hoy, con gusto te ayudaré a comenzar a vivir para Él. Te acompañaré en este proceso de vivir de una forma agradable al Señor.