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El mensaje imprescindible(El mensaje del evangelio)

1 Corintios 15:1-8

Entre todos los mensajes bíblicos hay uno que es imprescindible: el evangelio de Jesucristo, su muerte por nuestros pecados y su resurrección para darnos vida eterna. Sin este mensaje, todo lo demás en la vida cristiana se convierte en simple autoayuda y pierde su esencia.

Predicado15 de enero de 2012
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

¿Cómo? Como decíamos el domingo pasado, cuando se va a dedicar la palabra del Señor para recibirla, hay que quitar expectativas humanas equivocadas. Hay que permitir que la palabra del Señor forme nuestro pensamiento y nos emocione de la manera correcta. La expectativa más importante es que el Señor puede hoy hablar. Él puede confrontar tus objetos de afecto, tus ídolos, tus pecados ocultos. Te repito que le digas al Señor en oración que hable hoy a tu vida. Quizás has tenido una duda, quizás has tenido una dificultad; pídele en oración al Señor: “Señor, háblame a través de tu Palabra”.

Oremos, hermanos, como congregación. “Estamos por abrir tu Palabra, Señor, por leer lo que tú tienes para nosotros allí. Permite que, como José, que Dios traerá en tiempo de necesidad, podamos recibir tu Palabra con expectativa. Permite, Señor, que evitemos la distracción, que estemos enfocados en recibir. Permite no tener la atención en otras cosas. Perfecto Padre, que tu Palabra nos alumbre en diferentes áreas donde nos has hablado una y otra vez por tu Palabra. En el nombre de Jesús. Amén”.

En el centro de su programa está el bosquejo de la enseñanza de hoy. Los acompaño a que nos ubiquemos en el libro de Primera de Corintios, en el capítulo 15. Veremos ocho versículos, desde el versículo 1 hasta el versículo 8. Ya los niños van a su clase bíblica. Pedimos que abran esas Biblias en el capítulo 15 del libro de Primera de Corintios. Qué bueno, hermano, que podamos estar atentos durante nuestro culto entero, y qué bueno para cada padre. A todos decíamos el domingo pasado: qué bueno tener niños; a veces se mueven en la iglesia, y qué bueno que los adultos entonces reaccionan como adultos, manteniendo su atención en el culto a su Dios.

El mensaje imprescindible y la falsa religiosidad

Si puede, mantenga su Biblia abierta, el libro de Primera a los Corintios, capítulo 15. Son muchos versículos, pero estaremos leyendo del versículo 1 hasta el versículo 8. Yo voy a hablarles hoy, hermanos, del mensaje imprescindible. Lo que yo vine a decir hoy es lo mismo que les debemos decir este mes y el próximo, y por lo menos mensualmente. Si yo dejo de estar diciendo este mismo mensaje, estoy en retraso. Tengo que estar haciendo énfasis en el mismo mensaje.

Yo tenía la intención de iniciar desde el domingo pasado una serie y hoy hablar del tema de misericordia. Sin embargo, estuve analizando hasta el jueves en la noche, pensando qué era lo que me hacía falta, y entendiendo delante del Señor que si una congregación no conoce este mensaje imprescindible, de poco sirve que yo siga hablando de misericordia o de cualquier otra cosa. Eso caerá como algo bonito, pero sin raíz. Una cosa que me llama la atención es que lo imprescindible es el evangelio del Señor.

Hoy vengo a presentarles de nuevo el mensaje del evangelio del Señor. Hace un tiempo salió en los periódicos dominicanos un hecho que estaba sucediendo en algunos hoteles. Y es que vendían a extranjeros la idea de casarse en República Dominicana. Les organizaban una gran fiesta, y los extranjeros celebraban en nuestros hoteles, participaban de un banquete, recibían regalos, se tiraban fotos, y después entonces regresaban a sus países pretendiendo que habían sido casados. Pero cuando mandaban a buscar el acta de matrimonio, tal cosa no existía. Se encontraban con la desagradable sorpresa de que solamente fue una fiesta, que solamente fue un montaje, pero que realmente no habían sido casados.

Yo sospecho que podría estar sucediendo esto mismo con muchas personas que visitan iglesias. Vienen a la casa del Señor y celebran con nosotros, reciben el banquete de su Palabra, disfrutan de la comunidad, pero probablemente cuando se encuentren ante el Señor descubrirán que no tuvieron el evangelio del Señor. Hablando de esto, quiero insistir en que son muchos los mensajes que se deben proclamar desde las Sagradas Escrituras, porque toda ella es útil. Sin embargo, entre todos esos mensajes hay uno que sobresale, porque no solamente es útil, sino imprescindible. Es el mensaje que debemos proclamar antes que cualquier otro, y el que deberíamos predicar si tuviéramos una sola hora de afecto, una sola oportunidad: ese mensaje es el evangelio.

Miren, la Palabra del Señor es utilísima. Hay gente que viene a la casa del Señor y aquí reciben principios, los implementan en su familia y les va bien. Hay gente que llega a la casa del Señor, escucha predicada su Palabra, va y aplica esos principios en un negocio y su negocio comienza a caminar bien. Hay gente que tiene problemas muy profundos en su vida personal y comienzan a implementar principios de la Palabra del Señor y les va bien, porque la Palabra del Señor es útil.

El evangelio, raíz de la vida cristiana

Ahora bien, dentro de toda esa utilidad de la Palabra del Señor hay escondido un asunto que no solamente es útil, hermano, esto es un asunto imprescindible. Es lo que no debe faltar. Ese es el mensaje que no debemos dejar de predicar, este mensaje que el apóstol Pablo incluye en cada una de sus cartas. A veces estaba hablando de una cosa y terminaba en la cruz de Cristo, hablando de la hermosura del evangelio. Hermano, este es el mensaje imprescindible.

Si acaso ustedes van a escuchar un solo sermón en toda su vida que vaya a dirigir su vida, este es el sermón que deberían escuchar. Si acaso ustedes no pueden concentrarse en muchas verdades –hay personas que no tienen esa capacidad– o deciden concentrarse en una verdad, hermano, concéntrense en esta. Si acaso usted fuera a morir mañana y antes se le predica el último sermón, que ese último sermón sea que se le hable del evangelio de Cristo. Todo lo que hay en la Palabra del Señor que explique el evangelio de Cristo es un asunto imprescindible.

Es más, nadie debería llamarse cristiano antes de conocer, hermano, conocer al dedillo lo que es el evangelio de Cristo. Y si tú no lo conoces todavía, no te preocupes, pero escudríñalo. Usted llegó al lugar donde tendría que haber llegado: aquí se enseña lo que es el evangelio de Cristo. Es más, muchas de las preciosas doctrinas del cristianismo, sin pasar por el evangelio de Cristo, se vuelven un absurdo, un ridículo. Hermano, por eso se le llama la locura de la predicación. Es que la gente cuando uno le habla de misericordia sin Cristo… hermano, misericordia no existe sin el evangelio. Nadie podría ejercer misericordia correctamente si no ha pasado por el evangelio.

Usted podría comenzar una fundación, podría comenzar una ONG, pero nadie podría ejercer misericordia como Dios manda sin haber pasado por el evangelio. Hermano, vivir la voluntad del Señor en nuestros roles en la familia sin el evangelio, eso no es posible. Hermano, no lo intente, no lo va a lograr. Hay gente que ha querido vivir en su familia de una forma tal como está en la carta a los Efesios sin el evangelio. Imposible.

Muchas doctrinas preciosas de las Escrituras, si no se conocen claramente, si no se tiene claro el fundamento del evangelio, se caen en manos de la mera humanidad. Es algo que para el incrédulo, para el que no tiene el evangelio, es locura. Y sobre todo, sobre todo, la esperanza de un creyente, esa cosa que alegra, esa cosa que da salvación y gozo a un creyente, hermano, está basada en el evangelio.

Sin evangelio solo queda autoayuda

Es más, miren, si ustedes le quitan al cristianismo el evangelio, ¿saben qué le queda? Solo le queda autoayuda. Y eso da igual que sea Pablo, que sea Joel, o que sea Carlos, o que sea “La hermosa juventud” en esta o cualquier otra librería. Eso es lo que se está vendiendo: si se le saca el evangelio, el cristianismo es filosofía; se vuelve algo robado de su esencia, algo barato, algo de lo que se encuentra en cualquier librería en este tiempo.

No, no, si ustedes sacan el evangelio, el cristianismo es como cuando usted toma una fruta y le saca todo el jugo con un colador o con una máquina de jugo. Después que le sacan el jugo, ¿qué es lo que queda? La pulpa seca. A veces en algunos pueblos de República Dominicana, personas muy pobres le piden a la vecina: “Vecina, cuando usted haga jugo, déjeme lo que queda arriba en el colador, esa pulpa. Déjeme eso para yo usarlo”. Eso es aprovechar la pulpa que queda cuando se le ha sacado todo el jugo.

Hermano, eso es el cristianismo sin evangelio: una fruta a la cual se le sacó toda la sustancia y solamente quedó la pulpa. El nombre del evangelio es el mensaje imprescindible. Yo quiero que ustedes estén atentos, porque esto puede transformarlo todo, pero por aquí comenzamos. Esta es la raíz del evangelio, perdón, esta es la raíz de la vida cristiana, y eso se llama evangelio.

La vida de un creyente que no está anclada en el evangelio es como un árbol que no tiene raíz; eso se cae en cualquier momento, ante cualquier viento, ante cualquier prueba. Solamente se podría decir que una persona es madura cuando ha madurado en conocer al dedillo, conocer profundamente y creer totalmente el mensaje del evangelio. No te llames cristiano si no entendiste lo que es el evangelio. Es como un matemático que diga que no conoce la tabla de valores, hermano; si no conoce la tabla de valores, no podría hacer operaciones de las demás.

¿Sucedía aquí en República Dominicana –no sé si sucede todavía– que en la embajada de Estados Unidos, cuando pedían músicos para trabajo, les decían “tóquese algo ahí” a ver si sabían. Bueno, fíjese, ¿cómo conoces a alguien que se dice cristiano? Fláquele por ahí, pregúntele poco a poco qué es el evangelio. Y si no lo sabe, dígale: “Mira, ve a una iglesia y pídele que te prediquen eso”. No hay cristiano que no tenga claro el evangelio.

El texto base: el evangelio que salva

Vayamos al libro de Primera de Corintios. Esa es la Palabra del Señor. Hablando de esto, Pablo dice:

Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.

— 1 Corintios 15:1-8

Hemos leído la Palabra del Señor. Este es el pasaje donde está el resumen del evangelio. Esta es la esencia. Está diciendo Pablo aquí varias verdades. Lo primero que nos dice es que el evangelio debe ser predicado, el evangelio debe ser recibido, y en el evangelio se persevera.

“Además os declaro el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, y en el cual también perseveráis”. Tres cosas, hermano: lo primero es que el evangelio ha de ser predicado. Mire, la palabra “evangelio” significa buena noticia. Las noticias, para ser buenas, deben darse de manera clara, no deben darse de manera confusa.

La noticia no es para que el mensajero la confunda. Hermano, mire, es un asunto que se puede explicar en cinco minutos, y hay que agarrar la noticia en serio. A mí no me gusta ver un noticiero donde no entiendo la noticia porque se me va en el movimiento del brazo del presentador. Me gusta cuando me dan la noticia: me digan qué pasó, dónde pasó y cuáles son las consecuencias; ya, a favor o en contra.

Con el evangelio sucede lo mismo, hermano. Yo lo que quiero es que tú lo entiendas claramente. No quiero adornarlo, quiero que tú entiendas claramente qué significa el evangelio y sepas lo que estás creyendo. En el mundo antiguo el “evangelio” era un mensajero que llegaba con la noticia de una victoria, un mensaje que no era suyo, un mensaje muy claro.

El evangelio es un asunto que tiene que ver con algo legal: es una posición que cambia de un momento a otro. Cuando se firma un documento legal, aquellos documentos largos, con hojas grandes y palabras precisas, lo que se busca es decir una cosa sencilla con términos precisos. Hay una gran verdad legal detrás de eso que se está explicando con tantas cláusulas.

Del mismo modo, el evangelio es un asunto que define nuestra posición ante Dios. Entonces estamos hablando de un asunto de vida o muerte. El evangelio es para ser predicado, es para ser proclamado, para que llegue de la manera más clara posible. Es más, hermano, que no haya un “pero, yo no entendí”. Si algo hace un pastor es darlo muchas veces y presentarlo muchas veces, muchas veces, hasta que la gente se muera con esa verdad abrazada.

Que se mueran con esa verdad del evangelio. Vamos a aprender esto de tal forma que, cuando se mueran, se mueran abrazados de eso. Dice Pablo que lo predicó, lo proclamó. Me gusta que cuando Pablo habla del evangelio, él no anda con muchas vueltas. Él puede ser un maestro y meterse en explicaciones profundas en otros temas, pero cuando va al evangelio, él dice: “Esto era, esto, esto y esto”. Ya.

El evangelio es una buena noticia para ser proclamada. Pero al mismo tiempo es una buena noticia para ser recibida. Y si tú sabes que algo no se ha recibido, hay un problema. Nosotros queremos anunciarla, pero queremos también que ustedes la reciban de verdad. Recibirla, hermanos, es entenderla a lo primero; o sea, queremos que entiendas lo que eso significa.

Hay dos o tres cosas sencillas aquí, y eso define toda la vida cristiana. De eso depende toda la vida de fe. De eso dependen todas las demás doctrinas. Se predica, se recibe, y luego se persevera. “Perseverar” es seguir viviendo de acuerdo a esto, seguir en esto.

Retener el evangelio con cuidado activo

Hay gente que recibe el evangelio en un momento, pero después se levanta y lo deja. Por eso dice el versículo 2:

Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

— 1 Corintios 15:2

Si no lo retuviste, amigo mío, estás perdiendo tu tiempo. Si perdiste el evangelio, si no lo retuviste, estás desperdiciando tu vida religiosa. Y esa palabra “retener”, yo quiero explicarla. Mira, “voy a retener esto” denota un cuidado activo. Si tú tienes un certificado de depósito a plazo fijo, la gente guarda ese documento porque eso es dinero.

Nadie deja un certificado de depósito de diez millones de pesos tirado en la salita de su casa. La gente lo busca, lo guarda, tal vez en una caja fuerte, porque eso es dinero, y hay gente que te lo quiere quitar. Mire, espiritualmente es lo mismo: es un cuidado activo sobre la hermosura de este papel, de estas afirmaciones, de estas verdades que son muy ciertas y que marcan toda la diferencia delante de Dios.

Dice Pablo que si no retienes estas cosas, entonces tu fe es vana. No es algo que se escucha una vez, que tú lo entendiste, pero como que se te fue. Hermano, hay gente que no toma nota, no escribe nada, pero mire, si usted es de los que no toman nota, por lo menos el evangelio entiéndalo y no deje que se le vaya de las manos.

Hay otro peligro, hermano: el enemigo. Como que te lo quiere quitar. Hay muchos falsos maestros que no necesariamente te enseñan un error grosero; a veces Satanás obra distrayendo con asuntos secundarios. Uno se pone a ver la Palabra del Señor y siempre atiende cosas secundarias: “Déjame aprender de tal tema, de tal doctrina”. Todo eso es bueno, hermano, pero trata de no perderte ahí. Agarra esto primero y después sigue con lo demás.

No sueltes lo principal. No permitas que nada te haga dejar esto. Amarra estas verdades para que no se le quede a usted el evangelio en el camino. No lo deje. El evangelio es el asunto que explica toda la doctrina. Por aquí comienza todo.

Sin embargo, esto, como conocemos nuestro estado, se nos va. Por eso “retener” denota un cuidado activo, un peligro real y, al mismo tiempo, una dependencia responsable. Y alguien se pregunta: “Ay, yo creía que era Dios que me guardaba, ¿y ahora resulta que yo tengo que cuidar mi salvación?”. El Señor te va a dar todos los recursos para que tú perseveres en Él, pero al mismo tiempo la Biblia muestra que hay gente que no valora lo que se le ha dado.

Cuidar con temor y temblor lo que Dios produce

Recuerden la historia de Esaú. Esaú tenía la promesa de Dios, y tenía hambre en un momento, y por hambre, una urgencia, vendió lo que tenía. Ten cuidado. El Señor te ayudará, hermano, a mantener este asunto, pero manifiesta tú también que quieres cuidarlo. No lo eches por allá como algo para abandonar, como una verdad ligera. Esto es un asunto al que hay que aferrarse con uñas y dientes.

No te distraigas. Dice la Palabra del Señor: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. Ocúpate, hermano, en tu salvación con temor y temblor. Y el mismo pasaje continúa diciendo: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Fíjese cómo se complementa: de verdad que el Señor produce el querer como el hacer, pero tú ocúpate con temor y temblor.

“Voy para allá, hermano, le voy a decir a mi mujer que venga, que escuche el evangelio”, pero quiero que no se les vaya. Dice también la Escritura: “¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?”. Es muy sencillo: el evangelio parece un asunto sencillo, son tres cositas, pero se toma a la ligera y uno lo deja ir de las manos; hoy está firme en esa verdad y mañana está pensando en otra cosa. No deje que el evangelio se le pase de las manos.

Lo primero: el evangelio se predica, se recibe y en él se persevera. Lo segundo: el evangelio salva si se retiene, si lo recibes de corazón y si tú vives de acuerdo a estas cosas. A eso es que Pablo va cuando dice:

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí…

— 1 Corintios 15:3a

De los escritores del Nuevo Testamento, el que más instrucción dio probablemente fue Pablo. Ahora, dice Pablo: “Lo primero que yo les enseñé fue esto”. Entonces le está dando un orden de importancia. Si tú has estado tratando de conocer la instrucción cristiana sin evangelio, eso no es cristianismo; eso es autoayuda, eso es motivacional, eso es filosofía. Lo que hace que todo funcione es el evangelio.

Pablo dice que lo primero que les decía era esto, y hay evidencia. Lea las cartas de Pablo y verá que todas están permeadas de la cruz de Cristo. Él decía: “Si no predico estas cosas, de nada vale lo demás”. En importancia, hermano, primero lo primero: evangelio. En importancia, evangelio. En orden, como lo más importante, hermano.

Este fue el primer mensaje de Pablo. Es como si él dijera: “Mire, el tema mío es este, lo que yo predico es esto, este es mi tema: el evangelio”. No es raro que haya tanto cristiano hoy confundido, temeroso, tan débil, porque no llevan esto en el corazón. Porque la gente, por lo menos, debería entender de qué se trata esto. Cristianismo sin evangelio es un cascarón vacío; no hay nada.

La centralidad de la resurrección y la esperanza eterna

Este era el mensaje primero de Pablo, el mensaje más importante, y fue el mensaje con el que él existía, con el que él se paraba. Cuando Pablo ya estaba muriendo, estaba preso, y le escribe a Timoteo, le dice: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”. Y le recuerda estas cosas que él recibió. Él dice: “Cuanto a mí, ya estoy para ser sacrificado”, pero en todo momento él vuelve al evangelio.

Y en este mismo capítulo 15, después Pablo dice que si no existiera la esperanza de la resurrección, todo esto sería ridículo y nada de lo que él ha hecho tendría sentido. Pero tenemos muchos creyentes que quieren recibir del Señor en esta vida todas las recompensas que están guardadas para el cielo, y entonces se frustran. Dicen: “Es que yo no entiendo por qué me está pasando esto”. Hermano, te está pasando porque no entiendes el evangelio.

La mayor promesa de un cristiano son las promesas que están en el cielo. Y un cristiano que no vive de acuerdo a esa realidad siempre va a ser un cristiano carnal, un cristiano desesperado. Estaba leyendo días pasados un libro del año 400 y pico, se llama “La ciudad de Dios”, de Agustín de Hipona. Él decía: “Lo que hizo que muchos cristianos soportaran el martirio, toda esa gente que estaba siendo quemada, despedazada, fue que habían entendido el evangelio”. En la importancia del evangelio está la capacidad de soportar.

Vayamos a decir lo que Pablo dice claro, una cosa detrás de la otra. Vamos otra vez a 1 Corintios 15, pero ahora concentrados específicamente. Estamos en el versículo 3. Pablo resume así:

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras.

— 1 Corintios 15:3-4

Primera parte del evangelio: Cristo murió por tus pecados.

¿Hay alguien aquí que sienta a veces una tristeza en el corazón? “Yo me siento medio depresivo, hermano”. A veces puede ser depresión, pero muchas veces eso es la carga de tus pecados, de tu conciencia, que te están llamando la atención hacia Dios. Hay gente que vive muy tranquila, pero cuando entiende su realidad ante Dios, comienza a sentirse sucio, comienza a sentirse acusado. Hay gente que se siente deprimida y lo que tiene es su conciencia hablando.

Una característica de la gente que está muy entregada al pecado es que se vuelven insensibles; el pecado les da para adelante y ya no sienten nada. Tienen la conciencia cauterizada; no sienten. Pero la Biblia dice que el Espíritu Santo convence al hombre de pecado. Yo no sé si tú has sido convencido de pecado, hermano, pero mire, un cristiano es una persona que llegó un momento a convencerse de su realidad ante Dios. Entendió que era pecador, que era abominable ante Dios, y entonces escuchó el evangelio.

¿Y qué dice el evangelio? Que Cristo murió por nuestros pecados. Ese es un primer gran componente. Hermano, si tú no aceptas que Cristo murió por tus pecados, ante Dios no tienes esperanza. Dice la Escritura que nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, que estábamos sucios. Primer componente del evangelio, hermano: un reconocimiento de que nosotros éramos pecadores y que Cristo murió por nuestros pecados. Hemos sido perdonados.

Eso es algo que sucedió, no porque tú lo sentiste muy fuerte, sino porque Dios lo declaró. Hay gente que escucha un llamado en la iglesia y después dice: “Pero yo no lo siento, yo lloré ahorita, pero ahora no siento nada”. Hermano, ¿cómo es que se siente un contrato legal? Las notificaciones y los contratos son figuras legales; lo importante es lo que está declarado. Un contrato es un documento, no una emoción.

¿Alguien aquí se ha emocionado leyendo un contrato comercial? Eso no da gusto ni leerlo, pero es lo que vale. Ahora, cuando firmas y te entregan la casa, ahí sí te emocionas. La justificación es un hecho legal delante de Dios. Tú no tenías esperanza, tú estabas muerto en pecado. Eso es lo que significa salvación. La salvación, hermano, es una intervención que sucede sobre una persona que no tiene ningún tipo de posibilidad de salir de su condición.

Recuerda al pueblo de Israel cuando estaba acorralado, al borde del Mar Rojo. Ellos decían: “Ya para nosotros no hay esperanza”. Y Moisés les dice: “Estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros”. Salvación es cuando una persona no tiene para dónde coger y se agarra del Señor como única salida. Eso es salvación.

Una persona que ha sido salva es una persona que ha reconocido: “Yo no tenía ningún tipo de posibilidad de agradar a Dios, de acercarme a Dios por mis propios medios, y me agarré de todo corazón de Cristo”. “Señor, sálvame”. Eso es como el que se está ahogando y le tiran la mano. Eso es lo que el Señor ha hecho por nosotros.

Primer componente: reconocer que el Señor murió por nuestros pecados. Y si no entendiéramos eso, todo esto sería falso. Estaríamos engañándonos los unos a los otros. Que no se te olvide: el evangelio significa que Cristo murió por tus pecados, que esa deuda la pagó otro, que esa falta fue cubierta por otro.

Creer al evangelio aunque no sientas “fuegos artificiales”

Primer componente del evangelio, creo que es la tabla básica. Pablo dice: “Lo mismo que recibí, eso mismo les he enseñado: que Cristo murió por nuestros pecados”. Hermano, pagar la deuda es una gran cosa. Pero pagar una gran deuda, cuando no hay ningún medio de pagarla, eso es una cosa enorme.

Digamos entonces: ¿cuál es el primer componente del evangelio? Decir que creemos en el evangelio es creer que Cristo murió por nuestros pecados. Vamos a aterrizarlo: yo no sé si ustedes lo creen o si todavía están tambaleando en ese asunto, pero eso comienza con una confesión de pecados. Dice la Escritura en 1 Juan:

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

— 1 Juan 1:9

Eso es aparentemente sencillo. Yo recuerdo cuando hice esa oración. Yo no sentí nada extraordinario. Hay gente que se queda esperando “fuegos artificiales” después que confiesa su pecado y recibe el perdón. No hay por qué esperar fuegos artificiales, hermano. Créelo. Esto es para creerse.

Cree que en el momento en que confesaste tus pecados fue que el Señor te perdonó. Primer componente del evangelio: que Cristo murió por nuestros pecados. Mire, esa es la tablita del “dos por dos son cuatro” para el cristianismo. Si a ti te preguntan en una guagua: “¿Qué es el evangelio?”, que “Cristo murió por mis pecados” te salga así, como “dos por dos son cuatro”. Eso tiene que salir claro. No se puede ser cristiano sin pasar por el evangelio. El evangelio significa que Cristo murió por tus pecados.

Hay hermanos que, aun habiendo confesado su pecado, todavía se sienten sucios. Se sienten como que falta algo siempre. Y Satanás los tiene quemándose ahí, recordándoles cosas. Hermano, suelte eso, abrace el evangelio. El evangelio dice que Cristo murió por mis pecados. Yo lo creo.

Satanás trabaja mucho con eso. La gente se arrepiente, confiesa su pecado ante el Señor, y comienza Satanás a recordarle todo el pasado. “Tú hiciste esto, tú hiciste aquello, tú te pasaste”. Y tú no tienes vida para desarmar toda esa lista. Hay gente que quisiera hacer una confesión pecado por pecado desde que tenía dos años, y eso es imposible. Lo que el Señor te manda es: “Reconoce que has vivido en pecado, que has vivido de espaldas a Dios. Dile: Señor, yo reconozco que me he pasado la vida haciendo las cosas a mi manera, que he vivido para mí y no para ti. Yo te pido que me perdones todos mis pecados”.

Después, a los cinco años de convertido, viene alguien y dice: “Ay, pero yo creo que no me arrepentí de la vez que me robé aquel mango”. Hermano, eso es descabellado. Satanás obra así: después que el Señor te limpia, te trata de traer de nuevo la basura. Dice la Escritura que el Señor no tiene memoria de nuestras transgresiones.

Dice la Biblia que Él las echó en lo profundo del mar. Dice que aunque tus pecados sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Eso desapareció delante de Dios. Eso es evangelio. Un evangélico es uno que cree que Cristo murió para perdonar sus pecados. Es que nosotros teníamos que morir.

Dice la Escritura: “La paga del pecado es muerte”. A ti te tocaba esa muerte, pero el Señor tomó tu lugar. ¿Qué te queda de ahí para la semana? Agradecimiento. Por eso venimos a dar culto al Señor domingo tras domingo los evangélicos. Cuando nos reuníamos en los grupos de testimonio, siempre alguien decía: “Yo primero doy gracias al Señor por la salvación de mi alma, por el perdón de mis pecados”.

Y alguno dice: “Eso es una muletilla”. No es una muletilla. Es que tenemos que decirlo una y otra vez. Después que hemos sido perdonados, no hace falta un grito más, no hace falta un show más; lo que hace falta es que en nuestro corazón haya agradecimiento. Díganme ustedes: primer elemento del evangelio, hermano, ¿cuál es? Cristo murió por nuestros pecados.

Cristo resucitó: nuestra esperanza más allá de la muerte

Eso es, como “dos por dos son cuatro”, eso tiene que estar. ¿Y después de eso, hermano, qué hay? Mire lo que dice Pablo. Estamos todavía en el versículo 3:

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras.

— 1 Corintios 15:3

“Conforme a las Escrituras” dos veces lo repite luego, porque no fue un asunto improvisado. Ya estaba profetizado cuál iba a ser el sacrificio que iba a ejercer el Mesías. Estaba profetizado que Cristo iba a ser el sacrificio perfecto, una vez y para siempre. Cristo cumplió esa profecía. Cuando enseñamos a la gente nueva, solemos llevarlos por las profecías que se cumplieron en Cristo, para que vean por qué Él es el Cordero.

¿Por qué razón Cristo tomó nuestro lugar? Porque el Señor lo había anunciado así, y Él lo hizo, y el Padre lo recibió como sacrificio. Conforme a las Escrituras. Segundo componente: Cristo no solo murió por nuestros pecados, sino que fue sepultado y resucitó al tercer día conforme a las Escrituras.

Eso también hay que creerlo. Usted primero lo cree, aunque no lo sienta. Hay gente que piensa que primero tiene que sentir y después creer. No. Primero usted lo cree y después lo siente. Primero se afirma en esa verdad: “Aunque yo me vea así de sencillo, aunque cualquier persona piense que yo soy cualquier cosa, ante Dios, hoy, pago ya está. La deuda quedó saldada”.

Hay gente que quiere vivir la vida como para convencerse de nuevo, como si hubiera que pagar de nuevo. No. Ya no hay problema de pecado entre tú y Dios; ese problema desapareció en Cristo. Pablo predicó primeramente esto. Y en segundo lugar, ¿qué otro componente del evangelio dice?

Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras.

— 1 Corintios 15:4

Segundo componente: nosotros creemos en un Cristo resucitado. Y alguno pregunta: “¿Y eso qué me afecta a mí?”. Aguántemelo ahí.

Inicialmente yo creí que el Señor perdonó mis pecados. Eso es evangelio: Cristo murió por mis pecados. Nada de obras mías, yo tengo paz con Dios porque Él pagó. Y después, cuando entendí, me emocioné: “Oh, Señor, yo me he pasado cuántos años metiendo la pata, viviendo como no debo”. Y el Señor dice: “Yo no te perdoné por tu penitencia, te perdoné por Cristo. Arrepiéntete y conviértete”.

Ahora, Cristo no solo murió, sino que fue sepultado y resucitó al tercer día. Algo que nadie había logrado. Y aquí hay que hacer una diferencia entre resucitar y revivir. Hay casos en la Biblia, como Lázaro, que fue traído de vuelta a la vida, pero se murió de nuevo. Hay personas que han estado clínicamente muertas y han sido reanimadas, pero vuelven a morir. Esos son revividos.

Cristo fue resucitado en un cuerpo glorificado para no morir jamás. La muerte no tiene más dominio sobre Él. Y eso nos da a nosotros esperanza. Eso es evangelio. Eso significa que a nosotros nos va a pasar lo mismo.

Esta vida es muy corta. Dice la Escritura en Eclesiastés que todo bajo el sol es vanidad. Nuestra vida, hermano, es un pestañear con relación a la eternidad que tenemos en Cristo. La vida aquí es un suspiro.

Podemos esperar en las esperanzas terrenales, pero ellas no nos acompañan muy lejos. Sin embargo, en Cristo tenemos vida eterna. Él es primicia de los que se levantan, y nosotros nos levantaremos también con Él.

Vivir a la luz de la eternidad

Un evangélico es una persona que cree que hay esperanza de vida más allá de la muerte. Un evangélico es una persona que cree que sus pecados han sido perdonados, que Cristo fue muerto, fue sepultado y resucitado, y que también nosotros seremos levantados. Un evangélico es una persona que descansa en este asunto: perdón de pecados, muerte y resurrección de Cristo, y mi resurrección con Él.

Decía Job, en el Antiguo Testamento, en medio de su sufrimiento:

Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios.

— Job 19:25-26

Una persona que vive como si esta vida fuera lo único, vive racionalmente deprimida. Y muchas de las depresiones humanas tienen que ver con que la esperanza está puesta solo en lo temporal. Tú estás afligido porque no tienes dinero, porque la salud se te está deteriorando, porque la situación se te complica. Pero entiende, hermano, que un día tú estarás con el Señor eternamente.

Y la eternidad es algo que no termina. No hay forma de explicarlo con números humanos. Si tú compararas lo que son 70 años, que en promedio puede vivir una persona si le va bien, con lo que es la eternidad, es incomparable. Y dice la Escritura que no hay proporción entre las aflicciones del tiempo presente y la gloria venidera.

Pablo lo dice así en este mismo capítulo 15:

Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.

— 1 Corintios 15:17-19

Yo no quisiera desalentarlo, pero voy a hacer aquí una pausa para decir lo siguiente: si tú no tienes evangelio, si tu esperanza está solo en esta vida, estos 10, 20 o 30 años que te queden, vete por ahí y vive como tú quieras. No hay mucha diferencia. Si tú no tienes esperanza eterna, esto se trata solo de controlar comportamiento.

Pero, hermano, si tú tienes el evangelio, entiéndelo y persevera en estas cosas. Hay una esperanza que es eterna, una esperanza firme. Aunque te falte algo aquí, aunque no tengas lo que otros tienen, aunque se enferme tu cuerpo, hay algo que nadie te puede quitar.

Consuélense con estas palabras

Dice la Escritura en 1 Tesalonicenses, escrito también por Pablo, a una iglesia que estaba sufriendo:

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

— 1 Tesalonicenses 4:13

Esto da una alegría en el corazón de uno: que Cristo murió por mis pecados, que Cristo se levantó de entre los muertos y que me levantará a mí también. Eso es evangelio. Que nuestra vida aquí es temporal; esta es una pasada, esto es un pestañear.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

— 1 Tesalonicenses 4:14-17

Todos aquellos que murieron enfermos, aplastados, perseguidos, en Cristo, resucitarán primero. Y luego, si acaso no hemos muerto aún, nosotros seremos arrebatados juntamente con ellos para recibir al Señor. Y dice: “Así estaremos siempre con el Señor”.

Eso es evangelio: que Cristo murió por tus pecados, que fue sepultado, que resucitó, y que también nosotros vamos a ser levantados con Él, y viviremos para siempre con Él. Pablo cierra esa sección diciendo:

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

— 1 Tesalonicenses 4:18

Ese es el mayor aliento que se le puede dar a alguien que ha conocido el evangelio: recordarle esta promesa. Es triste consolar a una persona que supuestamente es creyente y no ha conocido el evangelio. Tú te quedas sin herramienta. Pero si hay evangelio, tú puedes decirle: “Mira, tu vida está escondida con Cristo en Dios. Hagan de cuenta que te quiten lo que te quiten, tu tesoro está guardado en el cielo”.

Dice la Escritura: “Haced tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corrompen”. Esa es la esperanza cierta en la cual deberíamos consolarnos, según el evangelio. Si un cristiano no ve estas cosas, será siempre un cristiano depresivo, siempre diciendo: “A mí me ha tocado mal, a mí no me han dado”. Nosotros no estamos llamados a medirnos por eso, porque nuestra esperanza está en que un día nos levantaremos para vivir con el Señor, y así para siempre.

Asegurando hoy tu esperanza eterna

Y algunos comienzan a complicarlo: “¿Y cómo va a ser eso? ¿Y qué pasa con el milenio? ¿Y qué hay con tal detalle?”. Hermano, lo importante aquí es lo que dice el texto: que nosotros viviremos para siempre con el Señor. Eso es lo central. Hay muchos detalles escatológicos que se pueden estudiar, y algunos tendrán valor, pero la esperanza cierta que tiene un cristiano, la importante, es que estaremos para siempre con el Señor. Eso es lo que llena el corazón.

Esta es la noticia. Señor, habla a nuestro corazón con humildad. Si tú sientes que has estado buscando mil cosas para sentirte bien, si tú sientes que todavía no tienes la plena seguridad de que vas a vivir para siempre con el Señor, que no estás muy claro en esto, hoy es buen día para afirmarlo. Eso cambia toda la diferencia.

Dile al Señor, en la intimidad de tu corazón: “Señor, yo he entendido que tú moriste por mis pecados. Yo he entendido que tú has sido levantado de entre los muertos y que me levantarás a mí también. Yo pongo hoy en ti mi esperanza”. Haz esa oración ahí donde estás. Si no tienes todavía esa certeza de que has aceptado el evangelio, afirma eso delante de Dios.

Este mensaje es imprescindible, no solamente bueno. Hemos enseñado muchas cosas, pero esto es imprescindible, esto no puede faltar.

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