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Las respuestas de Dios ante el exceso de trabajo

Génesis 1

El trabajo no es una maldición sino un regalo: Dios mismo trabajó seis días y reposó al séptimo. La respuesta al cansancio no está en los clasificados, sino en abandonar el pecado que daña el trabajo y en reposar intencionalmente.

Predicado29 de abril de 2012
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Señor, ahora nos encomendamos delante de ti. Te encomiendo a cada hermano mío, a cada amigo que está aquí reunido. Quizás ellos han escuchado hablar muchas veces acerca de este tema, quizás muchas veces han visto los versículos que hoy estaremos leyendo, pero permite que esta vez sea totalmente diferente; que sea diferente porque ellos sientan que tú directamente los estás capacitando para entender tu voluntad y también para hacerla.

Mantén tus ojitos cerrados un momento, hermano. Te voy a encomendar que presentes tú mismo, en oración, tu trabajo delante del Señor. Te doy un chancecito ahí para que lo presentes. Si acaso trabajas en una oficina, ora ahora al Señor por tu oficina. Si acaso tu trabajo está en la casa, porque eres ama de casa, ora al Señor por tu trabajo en la casa. Si acaso tienes alguna empresa, grande o pequeña, ora ahí al Señor por eso. Les doy un momento para que ustedes mismos oren al Señor por sus trabajos.

Encomendamos, Señor, los medios de subsistencia que tú nos has dado en esta tierra. Mira a mis hermanos que trabajan en algún lugar de ocho a cinco. Mira a los otros que tienen responsabilidades en sus hogares. Mira a los otros que tienen responsabilidades ministeriales. Mira nuestro trabajo, Señor. Mira lo que pensamos ahora mismo. Estamos por abrir tu Palabra para ver lo que tú dices acerca del trabajo, y te quiero pedir en oración que cualquier punto de vista que nosotros tengamos en este momento sea reemplazado por el punto de vista tuyo y por tu revelación.

Mira las ideas que mis hermanos puedan tener acerca de sus obligaciones, de su ocupación, de su jornada laboral, y permite que entiendan ahora la perspectiva tuya, Señor, y que ellos cambien con humildad su punto de vista por tu revelación. Permite, Padre, que cuando tu Palabra hoy sea predicada, sea tu Palabra llevándonos a la verdad. Mira qué tema más urgente, Señor; mira qué tema más necesario. Nuestros trabajos están en tus manos, porque queremos hacerlo no a la manera nuestra, sino a la manera tuya y para la gloria tuya. Todo esto te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Amén, hermano. El tema que traigo hoy es un tema urgente. Venimos a hablar del trabajo, y esto es algo que ocupa la existencia de uno. Es más, hay pocos temas que requieran tanta atención durante el día como tu trabajo.

Yo tengo la convicción de que no hay ningún tema de la existencia humana que escape a la revelación de Dios, y que para cualquier tema, para cualquier necesidad que nosotros tengamos, podemos encontrar dirección en la Palabra del Señor. Pues hoy vine a hablarles acerca de la respuesta de Dios para el exceso de trabajo. Estaremos viendo el libro de Génesis, el capítulo 1 y algunos versículos del capítulo 2. ¿Qué pensaba Dios sobre el trabajo? ¿Cómo comenzó el trabajo? ¿Para qué existe el trabajo? ¿Cuál es la perspectiva de Dios acerca de este tema tan relevante, tan urgente, que requiere tanto de nuestra atención? Estaremos hablando del descanso, estaremos hablando de un trabajo productivo, estaremos hablando de cómo podemos agradar al Señor con nuestra labor.

Antes de decirte cualquier cosa, lo que vengo a decirte, hermano, es: no exageres. Miren, hay algo en el ser humano, y es que cada vez que uno le pregunta a una persona por su trabajo, lo pone en el cielo. Yo me atrevería a decir que desde niño aprendemos eso. Cuando una persona habla de su trabajo, siempre dice que su trabajo es el más agotador, el más fuerte, el que nadie aguanta. ¿Y cómo está el trabajo? El trabajo está difícil, el trabajo está muy duro, aunque quizás se pase la vida en una computadora haciendo muchos clics. Antes de decirte cualquier otra cosa: tenemos que dejar de hablar mentiras sobre nuestro trabajo.

Con exagerar el trabajo no parecemos más grandes; con exagerar el trabajo no parecemos más importantes. Tener una perspectiva correcta del trabajo nos abre la puerta para entender la revelación de Dios. Acompáñeme en el libro de Génesis, en el capítulo 1, porque tendremos hoy una lectura kilométrica. Veremos cómo trabajaba Dios y, después de que Dios trabajó, cómo nos ordenó a nosotros también que teníamos que trabajar. Pueden buscar ahí el capítulo 1 de Génesis; les doy un chancecito para que lo encuentren. Estaremos leyendo el capítulo 1 completo y también unos cuantos versículos del capítulo 2. En el comienzo de la Biblia, en el libro de Génesis, Dios aparece trabajando.

Dios aparece trabajando en el principio

Y en esta forma en que Dios trabajaba hay muchas direcciones para nosotros, que podríamos implementar también en nuestros trabajos. Dice así la Palabra del Señor, en el libro de Génesis, capítulo 1, desde el versículo 1 y hasta el versículo 31. Es una lectura kilométrica. Cada vez que leamos les voy a pedir que se imaginen esto: es Dios que está trabajando.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.

Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero.

Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.

Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y fue la tarde y la mañana el día quinto.

Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

— Génesis 1:1-31

Dios trabajó y también reposó

Ahora vamos al capítulo 2. Del capítulo 2 leemos desde el versículo 1 y hasta el versículo 3.

Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

— Génesis 2:1-3

Hermano, a lo largo de esta lectura hemos visto a Dios trabajando. Y cuando Dios estaba trabajando, algo que me llama la atención es que entre día y día Dios miraba hacia atrás y decía: «Y era bueno». Y al final, viendo toda la creación, entonces dijo Dios: «Todo lo que he hecho es bueno en gran manera». Y entonces reposó.

Después de una jornada intensa de creación, viene el Padre y reposa. De algún modo nos está diciendo que trabajar es algo que aprendimos de él mismo, que Dios es un Dios que trabaja. Es más, dice la Escritura que Dios hace cosas nuevas todos los días. Dios es un Dios que trabaja, pero Dios es un Dios que también reposa. Hay un tiempo para trabajar y se debe trabajar de la misma manera en que él trabajaba; pero hay un tiempo también para reposar, y se debe reposar porque él también reposó.

A esta altura hemos visto que Dios trabaja con intensidad, pero también hemos visto que Dios reposa, y que reposa totalmente. Vimos que él comenzó el día uno y hasta el día seis hizo todo lo que iba a hacer, ordenadamente; pero luego entonces se detuvo. Hermano, el ser humano, en cuanto al trabajo, se mueve entre dos extremos. Por un lado está la pereza extrema, aquellos que no quieren mover los brazos, aquellas personas que no quieren hacer nada productivo con su vida. Y por el otro lado están aquellas personas que quieren hacer todas las cosas todos los días de la semana y trabajar desmedidamente. Son como dos extremos: por un extremo aparece la pereza, por el otro extremo está el abuso.

A modo de introducción: el trabajo, porque fue creado por Dios y fue para beneficio del hombre, es una bendición nuestra. Pero cuando el hombre abusa del trabajo por medio del pecado, lo que antes era un esfuerzo saludable llega a ser un tormento. Eso se llama maldición. Hay un merengue dominicano que dice que a mí me llaman el negrito del batey, porque el trabajo para mí es un enemigo; el trabajo yo se lo dejo todo al buey, porque el trabajo lo hizo Dios como un castigo. ¡Cuánto error en una sola canción!

En el libro de Génesis vemos que Dios mismo trabajó, y lo segundo que vemos es que Dios nos legó a nosotros la oportunidad de trabajar, y que el trabajo inicialmente no era una maldición. Antes de que el hombre pecara, ya Dios le había establecido el trabajo como su ocupación. En el trabajo podemos expresar la imagen de Dios que ha sido puesta en nosotros, haciéndolo a la manera suya.

Miren, yo de niño veía las construcciones. Recuerdo cuando estaban asfaltando las calles y traían grandes maquinarias. Cuando yo era un niño, las calles eran calles de piedra, pero llegó un momento en que asfaltaron las calles del pueblo y trajeron grandes maquinarias, camiones, caterpillar; y yo siempre quise que se me diera la oportunidad de manejar un camión. Yo iba a la calle cuando estaban asfaltando y veía esa gran maquinaria que se movía y decía: déjenme manejar un camión, quiero que me permitan manejar un camión.

Bueno, Dios ha estado creando cosas, y después que Dios ha estado creando y administrando cosas, entonces le dice al hombre: ven tú, que yo te hice y puse en ti mi imagen; yo quiero que tú ahora administres. Cuando yo imagino que a Adán le han dado esa oportunidad, es como si me permitieran a mí manejar el camión. Dios ha estado creando cosas maravillosas, administrando cosas maravillosas, y ahora llama a Adán y a Eva y les dice: ustedes vieron que yo creé todo esto ordenadamente, maravillosamente, milagrosamente; ahora es la oportunidad de ustedes para que lo administren, para que se enseñoreen sobre ello, para que sojuzguen la tierra, y que lo hagan según la imagen mía que está en ustedes.

Trabajar es una bendición. Cuando un hombre trabaja, tiene la oportunidad de expresar esta imagen de Dios que ha sido puesta en él; tiene la oportunidad de parecerse al Dios creador que trabajaba justa y ordenadamente.

Cuatro características del trabajo de Dios

Cuatro características de Dios que se revelan en la creación, en Génesis 1 y Génesis 2. Lo primero que quiero que ustedes comprueben es que Dios trabaja de forma ordenada. ¿Han visto qué precioso orden tiene la creación? Dios no comenzó creando al hombre; no lo puso de primero, comenzó separando. Y fue creando todas las condiciones día tras día, día tras día, en un continuo. Me llama la atención cómo la creación de Dios fue una creación ordenada y contundente. Dios decía: en este día se hará tal cosa, porque en el día segundo se hará lo otro que le sigue. Antes de traer la vegetación, él separó las aguas de lo seco; y antes de traer al hombre, entonces creó todas las condiciones para que la vida del hombre fuera posible.

Dios es un creador ordenado, Dios trabaja ordenadamente. Yo estoy convencido de que es la voluntad de Dios que, cuando nosotros trabajemos, implementemos la imagen de Dios que está en nosotros y que trabajemos de la misma manera en que trabajaba Dios. Miren, yo estoy seguro de que Dios puso esto ahí para que nosotros aprendamos, por lo siguiente: Dios tiene el poder para haber creado todo en un solo día con el poder de su palabra, y que todo tuviera orden; pero él eligió ir creando poco a poco, para enseñarnos a nosotros la manera de trabajar.

La segunda característica: Dios evalúa. ¿Vieron que después de un proceso de creación, día tras día, siempre el Señor vio lo que había hecho y era bueno en gran manera? Al parecer, en medio del trabajo Dios evalúa. Es como cuando tú estás haciendo algo y te detienes: ¿hasta ahora, cómo van las cosas? Todo es bueno en gran manera, sigamos caminando. Son características que el Señor utilizó cuando estaba creando.

¿Qué otra cosa vemos? Dios termina las cosas que comienza. ¿Alguno de ustedes ha visto algún animalito incompleto? ¿Quién ha visto algo de la creación de Dios que se haya quedado trunco, por la mitad? Qué distintos somos nosotros a Dios, que comenzamos mil proyectos y terminamos unos cuantos. ¿Acaso dejó Dios por la mitad las cosas que hizo en el día tercero? ¿Acaso dejó por la mitad lo que hizo en el día cuarto? Todo lo que Dios comenzó lo terminó. ¿Cómo eres tú en tu trabajo? ¿Eres dado a hacer muchas cosas al mismo tiempo? ¿Eres dado a trabajar ordenadamente? ¿Tú terminas las cosas que comienzas?

La cuarta característica del trabajo de Dios es que Dios reposa. Tengo que hacer aquí una pausa para decirte que Dios no tiene un cuerpo como lo tienes tú. Dice la Escritura que Dios es espíritu, y no está sujeto a las leyes físicas. Nosotros nos cansamos; Dios no se cansa. Y si Dios no se cansa, ¿para qué reposa? Me llamó la atención este asunto. O sea, Dios no tiene un cuerpo como lo tengo yo, Dios no está agotado; no es que él diga: «Guau, crear las estrellas me dio lucha, crear las aves que están sobre los cielos me dio lucha, déjame sentarme». Hermano, Dios no se cansa.

¿Y si Dios no se cansa, para qué reposa? Por ejemplo nuestro, para que nosotros entendamos que los que tenemos un cuerpo necesitamos reposar. Esa es la única explicación. Miren, yo tengo años leyendo Génesis 1 y Génesis 2, y la única explicación que he encontrado para una pausa en el proceso de Dios es que esa pausa está ahí para tu beneficio. Él entendía que nosotros eventualmente trabajaríamos y que probablemente muchos de nosotros trabajaríamos a la manera en que lo hacía él. Si Dios seguía de largo, también íbamos a seguir de largo nosotros.

Hay algunos necios que quieren trabajar sin pausas, y para esos necios que trabajan sin pausa está el libro de Génesis en el capítulo 1, cuando dice que Dios, que hizo el mundo y lo sustenta, que no tiene un cuerpo limitado como lo tienes tú, hizo una pausa. Hermano, si hasta Dios descansó, ¿qué nos queda a nosotros? Descansar. Esa pausa está ahí, en el libro de Génesis, para que entendamos nosotros que tenemos que trabajar a la manera de Dios, y trabajar a la manera de Dios requiere pausas.

Fructificad, multiplicaos y sojuzgad

«Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo». Varias cosas les dijo Dios. Lo primero que les dijo fue: fructificad. ¿Qué es fructificar? Fructificar es que tú tienes una semilla y esa semilla va a producir algo que se parece a esa misma semilla. Fructificar es multiplicar lo que tienes desde la misma fuente. ¿Cómo podemos aplicar esto a nuestro trabajo? Quizás tú no tienes muchos recursos, pero esos recursos que Dios te ha dado, si los fructificas, podrías ampliarlos desde ellos mismos. Fructificar es lograr que algo se multiplique, pero no cargando otras cosas más, sino que se multiplique desde su misma fuente. Es como que tú tienes una mazorca de maíz y tomas esa mazorca, la desgranas, la pones sobre la tierra, y a través de una sola mazorca de maíz podrías conseguir sesenta mazorcas más, que todas vinieron de la misma fuente, que fue la primera mazorca.

Fructificar es parte de trabajar a la manera de Dios. Es que quizás tú tienes unos recursos limitados ahora mismo, pero Dios quiere que utilices prudentemente tus recursos, que no los desperdicies, sino que a partir de esos recursos que ya te dio produzcas mucho más desde ellos.

Otra cosa que Dios quiere es que la fructificación no sea limitada; no es una mazorca más, sino que se multiplique. Dios nos dice a nosotros: multiplicaos. Algo que también me sorprende es que Dios hizo una creación muy vasta para solamente dos seres humanos, y después los puso ahí y les dijo: vayan y llenen la tierra. Es como decirles: aprovechen todo esto que yo les he dado, y que ninguna parte de esta creación se quede baldía. La intención que Dios tenía era que aprovecháramos todo lo que él había creado.

También nos dice que tenemos que sojuzgarla y señorear sobre la creación. Sojuzgar, hermano, es una palabra que viene del hebreo, y tiene que ver con administrar prudentemente. Es como cuando a ti te ponen en una empresa y te dicen: mira, tú tienes que producir en esta empresa algún resultado. Eso es lo que Dios hizo al ponerte sobre la creación: utiliza la creación de forma tal que produzca algún resultado.

Principio número uno de tres que estaremos viendo: nuestros pecados —la envidia, los celos y los desórdenes— convierten el trabajo en una maldición.

Primer principio: nuestros pecados convierten el trabajo en maldición

Trabajar no es malo. Trabajar es lo que Dios hizo para el hombre desde el principio; trabajar no es algo nuevo. ¿Entonces por qué es tan difícil trabajar? Es difícil porque nuestros pecados convierten la bendición de Dios en una maldición.

Imagínense a Adán y Eva en el huerto del Edén sin nada para hacer, ahí de brazos cruzados, quizás dando un paseíto, pero diciendo: ¿para qué estamos aquí? ¿Te has sentido tú alguna vez en un trabajo donde no hay nada para hacer? Como que no hay propósito, como que no se sabe qué hacer. Yo les he testificado muchas veces que una de mis experiencias más traumáticas fue trabajar en una empresa que había sido vendida. Fue en los tiempos en que Carlos Slim compró Codetel, y la primera orden que dio fue parar todas las áreas de soporte. Y era desesperante para mí, porque yo iba a la oficina y le decía a mi supervisor inmediato: «Aquí no hay nada que hacer, yo no tengo nada que hacer aquí». Y él decía: «Bueno, Rafa, es que no hay proyectos, tú sabes que los han parado todos desde allá». Y yo le decía: «¿Entonces para qué venimos?». «Hay que venir, porque nos están pagando para trabajar de ocho a cinco». Pero si no hay trabajo…

Hermano, durante dos meses yo estuve yendo a una oficina de ocho a cinco y no había nada que hacer. Estar sin trabajo es más desesperante que tener mucho trabajo. En esos dos meses yo deseé que me mandaran todo el trabajo junto. Por un lado la pereza, no hacer nada; y por el otro lado, abusar del trabajo. El trabajo como tal es bueno; ahora, nuestros pecados convierten el trabajo en una maldición. Hay un texto de Eclesiastés que dice así:

He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu. El necio cruza sus manos y come su misma carne. Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.

— Eclesiastés 4:4-6

Miren, los libros de sabiduría de la Escritura no se deben leer en versículos sueltos, porque muchas veces un versículo afirma algo que parece contradictorio y el otro versículo entonces lo refuerza. Si tú tomas el libro de Proverbios y lees un solo versículo, a veces no te da la imagen completa de lo que Dios quiere transmitir. Si tomas el libro de Eclesiastés y lees un solo versículo, a veces no tomas la esencia. Hay que leer el contexto completo para entender de qué está hablando. Lo que nos dice aquí esta expresión de sabiduría es que los dos extremos son malos, y dice que hay personas que trabajan por envidia. ¿Quién es alguien que trabaja por envidia? Alguien que no trabaja para sentirse satisfecho él, sino que trabaja para sentirse como él piensa que otro se está sintiendo.

¿Han visto que en la empresa todo va bien cuando anuncian un aumento, pero después que se conoce la proporción de esos aumentos de acuerdo a la persona, comienzan los problemas? Tú dices: «Guau, yo estoy bien, porque yo ganaba aquí diez mil pesos y ahora me están pagando quince». Pero cuando tú hablas con una persona que tiene tu misma posición y el aumento de ella no fue de cinco mil, sino que la llevaron de diez a dieciocho, dices: «Pero, ¿qué pasó aquí?». Oye, te han aumentado el cincuenta por ciento del salario, pero tú te estás sintiendo insatisfecho porque a otra persona le aumentaron más que a ti. Gran parte de nuestro tormento con el trabajo no está en el trabajo mismo, está en la envidia. Dice la Escritura que la envidia, ese deseo, es lo que crea la insatisfacción.

Miren, hasta que Adán no pecó, las cosas estuvieron bien en el huerto del Edén. Pero eventualmente Adán pecó, y dice la Escritura, como castigo hacia Adán:

Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

— Génesis 3:17

Establezcamos aquí que el trabajo no era un castigo. Ahora, después de la caída, lo que antes era un trabajo llevadero se convirtió en un trabajo más difícil. Dice que la tierra comenzó a producir hierbas malas, espinos y demás. Para un agricultor eso es muy difícil: está sembrando un tipo de planta y las plantas se le llenan de plagas, se le llenan de hierbas que no contribuyen al proceso. El trabajo no es un castigo en sí, sino un privilegio; el castigo que se nos dio a nosotros fue el empeoramiento de estas condiciones. Ciertamente trabajar es más difícil ahora que antes de la caída, y después de la caída, con las diferentes expresiones del pecado, trabajar ha sido más difícil aún. Les pongo ejemplos.

Otras expresiones del pecado han seguido empeorando las condiciones del trabajo. La envidia empeora el trabajo, porque tú estás concentrado trabajando y ves lo que el otro tiene, y tú quieres lo que el otro tiene. Pero hay dos pecados, hermano, que yo he visto que son una maldición directa: el adulterio y la fornicación hacen que trabajar sea un asunto fatigoso. ¿Qué es el adulterio y qué es la fornicación? Adulterio es tener relaciones sexuales fuera del matrimonio; fornicación es tener relaciones sexuales sin haberse casado. Ustedes conocen a estas personas que cobran un sueldo y no les da: un hombre que tiene seis muchachos en la calle con mujeres diferentes. Miren, esa persona puede tener el mejor trabajo del mundo, pero siempre el trabajo le parecerá una maldición. Nuestros desórdenes son los que hacen que el trabajo sea más gravoso.

Un hombre o una mujer que tiene un hogar estable, que tiene una familia estable, que tiene un compañero que le ayuda, que trabajan los dos y se ayudan, el trabajo se le vuelve llevadero. Pero qué difícil es trabajar cuando hay envidia, cuando hay adulterio, cuando hay fornicación, cuando hay vanidad. A mí me da que las personas vanidosas, no importando el sueldo que tengan, no importando el trabajo que tengan, siempre se van a sentir insatisfechas, porque a través de su trabajo no logran la ostentación que ellas esperaban estar logrando. Muchas personas que tienen trabajo, que tienen buenos sueldos, ¿saben por qué se sienten mal? Porque no son el jefe. Les pagan bien, pero ellos no son el supervisor, y lo que quieren es ser el supervisor.

Yo presencié un pleito que fue una de las cosas más sorprendentes que yo he visto en el entorno laboral: fue un pleito por una oficina que estaba en la esquina. Había un grupo de personas con sueldos extraordinarios que se estaban peleando entre ellos, haciéndose zancadillas, uno hablando del otro, porque cada uno quería la oficina que estaba en la esquina. ¿Y por qué querían esa oficina? Porque la de la esquina era casi la del jefe. Hermano, eso es vanidad. Otra de las cosas que empeoran la situación del trabajo es la avaricia. La persona avara no tiene un límite: mientras más tiene, más quiere; mientras más tiene, más quiere. Son insaciables, no hay trabajo que para ellos sea satisfactorio.

Y los desórdenes. Miren, yo he conocido personas que no tienen sueldos extravagantes, pero que son tan organizadas en sus finanzas que ellas, con su sueldito corto, logran mucho más que gente que tiene sueldos extraordinarios. Es más, yo estoy convencido de que lo que la mayoría de la gente necesita no es un trabajo nuevo, sino ser más organizada con lo que Dios le está dando ahora mismo. Son pecados que están en nosotros y que hacen que trabajar sea más gravoso aún de lo que debería ser. Nuestros pecados complican el trabajo. Es muy difícil que tú sientas satisfacción en tu trabajo a menos que tomes control de estas cosas.

Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño.

— Salmo 127:2

¿Cómo le llama el salmo? Pan de dolores. Hubo un pensamiento que una vez el Señor puso en mi mente y ese pensamiento fue como un virus, hermano: Rafael, no eres tú quien te sustentas, es Dios quien te sustenta. Quiero poner ese mismo pensamiento en tu mente, hermano. Si acaso tú tienes un trabajo, no lo tienes sino por la misericordia del Señor. El sueldo que tú tienes ahora mismo, ¿tienes duda de que Dios lo determinó en el cielo?

Yo he visto que Dios le da a las personas según lo que las personas puedan administrar. Así como a algunos les da un trabajo con mucha responsabilidad —y son súper gerentes de estos que tienen cuatro divisiones del negocio—, a otros les permite tener sueldos extravagantes. Dios te permite administrar recursos según tu capacidad. Muchas veces nos quejamos de nuestro empleador, pero de quien nos estamos quejando en el fondo es de Dios. El Señor le permite a cada uno administrar las cosas según su capacidad.

Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.

— Salmo 37:4

Hermano, yo reconozco que esto es difícil, pero tenemos que reconocer que si acaso nosotros ganamos un peso o ganamos dos, lo ganamos por la misericordia del Señor; que si acaso tenemos un trabajo con mucha responsabilidad o con poca responsabilidad, lo tenemos porque el Señor así ha entendido que podemos administrarlo; que si acaso hoy estamos trabajando en el mercado laboral, o si el único trabajo que tenemos es cuidar de nuestros hijos en nuestra casa, tenemos esa situación particular por la misericordia del Señor. Y que nos deleitemos en el Señor, y el Señor nos concederá las peticiones de nuestro corazón. Primer principio: el trabajo no es una maldición, pero nuestros pecados han hecho que trabajar sea más difícil aún. Mientras más humildemente hagamos la voluntad de Dios, el trabajo se vuelve entonces más sencillo.

Segundo principio: el ocio nunca ha sido el plan de Dios

Principio número dos: el ocio nunca ha sido el plan de Dios para nosotros, en ningún momento de nuestras vidas. Ustedes han escuchado hermanos que dicen: yo quisiera tener un trabajo donde trabaje menos, o yo quisiera retirarme, o yo quisiera ya poder depender de otra cosa. La voluntad de Dios para sus hijos nunca ha sido el ocio. Yo no conozco a nadie en la Escritura que se haya retirado, ¿ustedes conocen a alguno? En la Biblia yo no conozco a nadie que se retirara; la gente en la Biblia se moría trabajando, esa es la verdad. O sea, este pensamiento occidental de que tú tienes que dar un golpe en tu vida, dar un palo, cerrar un negocio, una transacción que te mantenga cómodo para toda la vida y que ya no tengas que trabajar, eso no es bíblico, hermano. Lo que es bíblico es el trabajo.

Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa.

— Eclesiastés 10:18

Hubo un libro que alcanzó popularidad hace un tiempecito, se llamaba La semana de cuatro horas. Yo leí ese librito y era uno de estos libros de autoayuda que aparecen de vez en cuando. Él dice que la vida es para disfrutarla, y que uno tiene que buscar la manera de tener un medio productivo con cuatro horas de trabajo a la semana, dar el golpe y dedicarse a bailar salsa, porque él dice que se puso a tomar cursos de salsa, a recorrer el mundo y demás. La voluntad de Dios para sus hijos nunca ha sido que trabajen cuatro horas a la semana para que se dediquen solamente a sus hobbies y demás. No. La voluntad de Dios para sus hijos, en todos los momentos de su vida, ha sido el trabajo. Ahora, no es un trabajo como el mundo lo lleva, sino un trabajo según la perspectiva de Dios, que es lo que vengo a enseñarles.

Son filosofías huecas. Yo he escuchado a gente decir: «Yo tengo que dar un golpe. Yo estoy buscando hacer dos negocios: uno es para acomodarme y el otro es para retirarme». Esa es como la filosofía de vida: dar dos palos y estarse tranquilo. Miren, yo he conocido personas que han trabajado toda su vida, que se han quedado en su casa sin trabajar, ¿y saben lo que les ha pasado? Se han muerto. Dice el proverbio popular que el trabajo dignifica al hombre, y según el Libro, el trabajo es un regalo de Dios para el hombre. Y escuchen qué lamentable: la mente ociosa es taller del diablo. Vengo a decirte que la voluntad de Dios para tu vida no es que te retires joven; que la voluntad de Dios para tu vida no es que des el golpe laboral o empresarial y ya te dediques a estar en tu casa echándote fresco. Vengo a decirte que las personas que han hecho eso lo que han terminado es desesperadas. No hay una cosa más terrible que una persona que podría hacer cosas productivas con su vida y que lo único que tiene para hacer ahora mismo es ver televisión.

La voluntad de Dios para sus hijos es el trabajo, pero un trabajo según la perspectiva de Dios. Nunca ha sido la voluntad de Dios que estemos dormidos para siempre. Ahora tú me preguntas: pastor, ¿entonces qué es lo que Dios espera, que uno se muera trabajando? No, no. Dios espera que tú tengas un trabajo adecuado y que cada cierto tiempo hagas una pausa. Escuchen esta historia, esto es de Josué. Es un hombre que se llamaba Caleb, un conquistador. Caleb tenía ochenta y cinco años y fue donde Josué, y escuchen lo que le dijo:

He aquí yo soy de edad de ochenta y cinco años. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.

— Josué 14:10-12

Con ochenta y cinco años. Este es un anciano que todavía está tirando tiros, un anciano que todavía está buscando conquistar. Perdóname, pero hay gente que tiene veinticinco años y ya está pensando en dar un golpe y retirarse. Caleb, con ochenta y cinco años, le estaba diciendo a Josué: dame esa tierra, que yo veo a esa gente ahí y la voy a conquistar para la gloria de Dios. Vengo a decirte que la voluntad de Dios para nosotros nunca ha sido el ocio, siempre ha sido el trabajo productivo.

Hay una diferencia entre ocio y reposo, porque esto no es lo mismo. El reposo es una pausa posterior al trabajo con un objetivo preciso: reflexionar, prepararnos para el día siguiente y disfrutar. Ocio es solamente dejar pasar el tiempo. Qué satisfactorio es dormir después de una jornada laboral intensa. Yo quiero preguntarte: ¿te ha pasado que duermes más de la cuenta y te cansa el cuerpo? ¿Ustedes saben que la cama cansa? Duele el cuerpo cuando ya llevas unas cuantas horas durmiendo; llega un momento en que el cuerpo te duele. Hermano, el ocio cansa más que el trabajo. ¿Te ha pasado que has hecho un trabajo estimulante, algo en lo cual tú sientes que estás logrando un propósito bueno, un trabajo en el que sientes que estás avanzando y que no quieres dejar de trabajar, que el trabajo como que te da disfrute y tú dices: «Guau, mira qué bien está quedando; déjame terminar dos más, déjame terminar cuatro»?

Trabajar es una bendición; el ocio es la maldición. El ocio y la pereza nunca han sido el plan de Dios para nosotros. Es más, uno de los peores castigos que una persona podría tener es ser puesta en una cárcel. Cualquiera que haya hablado con alguien que ha estado preso durante mucho tiempo te dirá que lo peor de estar preso es sentirse improductivo; es sentir que tiene todo el tiempo del mundo disponible, pero que solamente es ocio, que su trabajo no tiene producción. Te dirá: «Yo no estoy trabajando, estoy aquí sentado, me dan comida, me dan ropa, pero no hago nada productivo con mi vida». Producir es un deleite, producir es un regalo que Dios nos ha dado; el ocio nunca ha sido su voluntad para nosotros.

El ciclo de seis días de trabajo y uno de reposo

Tres componentes del reposo. ¿Qué es reposar? Reposar no significa siempre descansar; hay veces que tú reposas sin estar cansado. Reposar es una pausa posterior al trabajo. Por ejemplo, el Señor estableció que se trabajara seis días y que al séptimo día entonces se descansara. Y no es la mejor palabra «descanso», sino «reposo», porque muchas personas no hacen un trabajo que sea físicamente exigente. Hay personas cuyo trabajo es quizás un trabajo intelectual, que no cansa tanto el cuerpo; pero de todos modos es necesario hacer una pausa. ¿Para qué? Para reflexionar, para prepararnos, para preparar el cuerpo, la mente y el espíritu, y para disfrutar de las cosas que hemos hecho.

No es bueno el afán sin reflexión; las muchas prisas provocan errores. La necedad del hombre le hace perder el camino, y luego el hombre le echa la culpa al Señor.

— Proverbios 19:2-3

No hay persona que agarre una jornada laboral de dos semanas completas sin pausa a la que el diablo no engañe. Me he dado cuenta, hermano, y te lo digo como testimonio: la manera en que más Satanás tienta a los hijos de Dios es que primero nos cansa, nos mete en jornadas laborales intensas, y después que estamos cansados, entonces nos tienta. Grandes hombres de negocios han testificado que han faltado a sus compromisos matrimoniales después de una jornada laboral intensa. Satanás te cansa, y después que te cansa, te engaña. ¿Por qué el Señor quiere que hagamos una pausa? El Señor quiere que hagamos una pausa para que no seamos engañados, para que podamos reflexionar, para que podamos prepararnos, para que podamos disfrutar.

El reposo es la voluntad de Dios para nosotros. ¿Y cómo se hace? Miren, el hombre contemporáneo trabaja y trabaja sin descanso durante sesenta y cinco años, contando con que eventualmente se retirará, reflexionará y disfrutará de su esfuerzo; pero eso nunca sucede. Es solo un autoengaño. Eso que nosotros pensamos, de que «cuando yo tenga sesenta y cinco años me voy a poner…», nadie se retira, hermano, eso es un engaño. Lo que quiere Satanás es que tú trabajes setenta y cinco años sin descansar, que nunca reflexiones, que estés engañado muchas veces por Satanás, y que después mueras de la misma manera. La voluntad de Dios para nosotros es un ciclo constante de trabajo y descanso.

Seis días se trabajará, mas el séptimo día será de reposo, santa convocación; ningún trabajo haréis; día de reposo es de Jehová en dondequiera que habitéis.

— Levítico 23:3

Hermano, esto no es un invento. El Señor estableció un proceso de seis y uno. Lo que el Señor estableció no fueron sesenta y cinco años de trabajo constante y después treinta de descanso; no. Lo que el Señor estableció es un ciclo constante de seis días de trabajo y uno de descanso. Seis días de intensa jornada, tal como lo hizo ver en la creación, y un día donde no se hace nada más allá de reflexionar, descansar y reposar. La voluntad de Dios para nosotros no es el retiro, sino unos ciclos constantes de trabajo y de descanso. Así no es como nos lo venden: nos venden sesenta y cinco años de trabajo.

Y tú hablas con este hombre que no tiene tiempo nunca, ni siquiera para adorar al Señor el domingo, y le dices: «Fulano, párate». «No, no, es que yo todavía estoy en el momento de mi vida donde tengo que producir para mi retiro». ¿Quién conoce a alguien que se retiró así, totalmente, que no hace nada, nada, nada, y está satisfecho? No está satisfecho. Cuéntame, dame un detalle: se retiró, pero sigue trabajando. La mayoría de las personas, después que supuestamente se retiran, cuando lo logran, comienzan a hacer con su vida las cosas más productivas, paradójicamente. Trabajan sesenta y cinco años, y cuando lo logran, entonces dicen: «Ya que tengo sesenta y cinco años y estoy fatigado, déjame hacer algo productivo con mi vida». La voluntad de Dios para nosotros es un ciclo constante de trabajo y descanso. No son sesenta y cinco años pegado ahí, sino seis días trabajarás y al día séptimo entonces descansarás.

Hago aquí una pausa. Miren, en nuestra sociedad el descanso está mal visto. «¿Qué tú estás haciendo?» «Nada, ando reposando». Es más, en nuestra sociedad quien no se está moviendo es mal visto; la gente se mueve aunque no tenga nada que hacer, y siempre está fulano y citano metido en algo, aunque no produzca nada, porque la gente tiene que estar siempre como en movimiento, porque quien está parado está mal. Es como una sociedad en la que la gente siempre tiene que estarse moviendo. «Fulano, deja de moverte». «No, no, no, el que pestañea pierde».

La voluntad de Dios para ti es que una vez por semana no des un golpe. La voluntad de Dios para ti es que una vez por semana ceses. La voluntad de Dios para ti es que una vez por semana, sin sentirte avergonzado porque la sociedad completa trabaje, tú te quedes en tu casa o vayas a un lugar de descanso. La voluntad de Dios para ti no son sesenta y cinco años de trabajo y unos supuestos treinta de retiro. La voluntad de Dios para ti es una vida de productividad con muchos reposos en medio. Diseñar un buen reposo, hermano, es la clave para descansar. Trabajar seis días y descansar uno, eso es lo que Dios ha establecido; y mientras mejor lo puedas hacer para la gloria del Señor, mejor. Pero llega un momento en que, al día séptimo, él se detuvo.

Te digo de nuevo, hermano: retirarte no es posible, no conozco a nadie que se haya retirado. Lo que hace la persona que malgasta su vida en trabajos que no son satisfactorios ni glorifican al Señor, solamente buscando dinero, es que después que tiene dinero entonces intenta pasar los diez años siguientes haciendo cosas que le parezcan trascendentes. La voluntad de Dios para nosotros es que lo glorifiquemos siempre por medio del trabajo, sea durante cuarenta años o durante cien, tipo Caleb: una parte de creación y otra de recreación. Esa es la voluntad de Dios para nosotros. Tengo una alerta: mira, si al día de hoy no estás reposando, lo más probable es que te mueras y nunca lo logres hacer. Hay una imagen que se utiliza para representar lo que es seguir una ilusión: es un conejo al cual le amarran una zanahoria delante. ¿Han visto ese dibujo? Un conejo corriendo tras una zanahoria que nunca alcanza. Eso es el trabajo sin descanso: eres rehén esperando que algún día esa zanahoria la vas a tener, y nunca te detienes. La voluntad de Dios para nosotros es que intencionalmente reposemos, que reflexionemos, que nos preparemos, que disfrutemos. Si no estás haciendo eso ahora mismo, lo más probable es que te mueras y nunca descanses.

Principio tres, hermanos, este es el último.

Tercer principio: el reposo hay que establecerlo intencionalmente

A menos que lo establezcas intencionalmente, no vas a reposar. Esto es un límite de seis y uno. ¿De cuántos? Seis y uno. La gente ha intentado variar esto y dice: «No, el límite debe ser otro». Hermano, seis y uno, esto lo estableció Dios. No tiene que ser el sábado; preferiblemente que sea el domingo. Yo tengo un amigo que él reposa el lunes. Es un pastor, y él dice que como está trabajando el domingo —ese es su día de trabajo—, necesita que el lunes entonces sea su descanso. Hace sentido, ¿no? Si está trabajando el domingo, él descansa el lunes. Y es verdad: tú lo llamas el lunes y no lo encuentras, porque está reposando, y sabes que se va para la playa con su esposa. El lunes en la mañana está en la playa con su esposa, hermano, pues ya él trabajó. O sea, ¿qué es el reposo? Es una pausa posterior al trabajo.

Uno no descansa porque siempre está tratando de llenar las expectativas de la gente. Hay gente que no toma vacaciones porque, si dijeran que están de vacaciones, sería mal visto. Yo conozco ejecutivos que para ellos es honroso decir: «Yo tengo cuatro años en esta empresa y nunca he tomado vacaciones». Los cristianos, una vez a la semana descansamos, porque este es el plan de Dios.

Tanto se mata el necio trabajando, que no sabe ni el camino a la ciudad.

— Eclesiastés 10:15

Es la imagen de un hombre que está en el campo tratando de producir, de producir, de producir, y le dicen: amigo, es por aquí que se llega al descanso. Lo que está diciendo es: párate, no corras la carrera de este mundo, detente.

El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.

— Marcos 2:27

Esto es lamentable, porque hay personas que han entendido que el asunto es como guardar el sábado o guardar el domingo. Esto no es un trabajo, es un regalo de Dios para nosotros. El Señor estableció por ley en Israel que seis días se trabajara, y en Israel eran tan estrictos, hermano, que dejaban su comida preparada. Todavía hoy dejan su comida preparada.

Hermano, quiero hacer una recomendación para mi iglesia: en la medida de lo posible, los domingos o coman fuera, o dejen la comida lista y caliéntenla. Tengo duda de que Dios vea muy bien que se esté meneando caldero los domingos cuando uno llega de la iglesia. Si el Señor te ha prosperado y podrías comer fuera, mira: ¿cuánto cuesta un plato de comida? Como ciento diez pesos, y con eso come una gente. O sea, con ciento diez pesos come fuera, o caliente lo que quedó del sábado, o cómprele a los chinos, o un pica pollo, alguna cosa. Lo que le quiero decir con eso es que, en la medida de lo posible, el día de reposo debe ser un día de reflexión en el Señor, debe ser un día de descanso y debe ser un día de preparar la semana siguiente. La voluntad del Señor no es que te retires, no es la inactividad; la voluntad del Señor es la mayordomía del cuerpo: seis de trabajo y uno de descanso. También dijo Jesús que el día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. El Señor te está diciendo: yo no lo puse para ponerte a trabajar ese día, yo lo puse para que descanses ese día.

¿Podría el día de reposo ser el viernes? Podría ser que sea el sábado. Podría ser que sea el domingo, por la situación de Occidente, donde aquí casi todas las empresas trabajan de lunes a viernes. Yo les recomiendo: descansa el domingo. O sea, el domingo haz una pausa en tu casa, adora al Señor y quédate quieto. Yo mismo he aprendido eso, y a mí me daba mucha lucha. «¿Qué tú estás haciendo?» «Durmiendo». Yo salgo de aquí a dormir. Con mucha dificultad, con mucha dificultad, he aprendido. No es que si aparece algo no lo hagas; lo que te estoy diciendo es que yo salgo a dormir. Es más, yo calculo que si predico una hora, tengo que dormir cuatro. Yo llego a mi casa y me duermo, y la gente dice: «¿Durmiendo todo el día?». Porque eso es reposar, eso es lo que el Señor quiere para nosotros.

Tres objetivos que tenía el reposo en la ley. Tú me preguntas: ¿y por qué el Señor lo puso por ley en Israel? En Israel no era voluntario como es para nosotros; en Israel, por ley, no se movía un dedo el día de reposo. ¿Y por qué el Señor estableció el reposo por ley? Lo primero, por protección. Dios estableció por ley un día de reposo porque sabía que de otro modo el hombre nunca lo haría. Si no se pone ahí que por ley hay que descansar, el hombre nunca descansa. Esa es la realidad, hermano: si nosotros intencionalmente no nos paramos, nunca lo logramos. Durante miles de años, por ley, en Israel no se trabajó, para que nosotros hoy, en tiempo de la gracia, voluntariamente hagamos una pausa. Por ley no se trabajaba, para que nosotros, que no estamos bajo la ley, entendamos que la voluntad de Dios es el reposo, que una vez a la semana se apaga todo.

Otra cosa por la cual Dios lo estableció fue por eficiencia. Dios instituyó por ley un día de reposo para que el hombre administrara mejor la creación. ¿Verdad que cuando tú descansas vuelves al trabajo como con fuerza, renovado, con energía mental y energía física? Lo mismo pasa en la escuela: si se estudiara todos los días y no se hiciera una pausa, la gente entonces se saturaría. Dios espera que una vez a la semana se haga: primero por protección, para que no sea opcional, sino que lo hagamos y aprendamos el beneficio; y lo segundo, por eficiencia.

He visto estudios en seguridad industrial que determinan que las jornadas laborales con horas extras, en la mayoría de los casos, producen más errores e inseguridad que una jornada completa de terminar y comenzar. Muchas empresas industriales prohíben que los empleados hagan horas extras más allá de cierto límite, porque se ha demostrado que a veces pierden dedos, a veces pierden brazos y muchas veces caen ahí mismo. La vanidad de este mundo hace que el ser humano, siempre buscando un peso más, muchas veces pierda alguna parte de su cuerpo. Por eso, en determinadas empresas las horas extras se administran, de modo tal que la gente no diga: «Yo quiero un carro; déjame pasarme cuatro semanas en jornadas de cuarenta y ocho horas para entonces lograrlo». No: por norma, en determinadas empresas las horas laborales se administran, porque hay más errores en la producción y hay más riesgo de accidentes laborales. Se daña la creación. Por eficiencia el Señor te mandó a detenerte. Y por otro lado, también por justicia.

Hermano, si el Señor no hubiera establecido que una vez a la semana se descansara, los amos abusarían de sus sirvientes; los pondrían a trabajar lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y hasta el domingo. Si esto fuera así, hermanos, personas que tuvieron pequeñitos delante de amos tan grandes se morirían ahí trabajando. El Señor estableció que por ley había que reposar una vez a la semana, para que los amos no explotaran a sus sirvientes.

¿Han visto cómo se mueve la sociedad, que el día domingo también se trabaja? Me causa mucha tristeza que tú salgas ahora mismo y cualquier negocio de cualquier tipo esté abierto en domingo. Yo recuerdo que en un momento de mi vida, cuando mi padre trabajaba, al mediodía los padres comían en la casa porque la empresa se cerraba. Trabajaban de ocho a doce y después de dos a seis; había una pausa en medio para que fueran a ver a su familia. Yo recuerdo un tiempo en que a las seis las empresas se cerraban con llave y lo que no se hizo hasta las seis no se iba a hacer. Yo conocí un tiempo en que el sábado y el domingo no se trabajaba, sino que la gente trabajaba de lunes a viernes. En países desarrollados no hay descanso: si tú hablas con una persona que trabaja en una factoría en Nueva York, te dirá que trabajan de lunes a lunes. Nuestro país va encaminado hacia eso. Se está tratando de reformar el código de trabajo —ahora mismo estamos celebrando el día del trabajador— para que se administren jornadas laborales todavía más extensas.

La voluntad de Dios, te recuerdo, no es que el hombre trabaje todos los días, sino que seis días trabajará y al séptimo día reposará. Dios estableció el descanso para que tengamos reflexión, preparación y disfrute. Miren, aunque ya no exista legalmente el día de reposo, esto sigue siendo una buena práctica para los cristianos. Ciertamente no estamos bajo la ley, pero el mismo Dios que estableció el reposo para los judíos entiende que nosotros necesitamos reposar. De nuevo, iglesia: el día domingo, vamos a tratar de que sea un día solamente de adoración al Señor y de estar descansando en la casa, en la medida de lo posible. Cuando a ti te quieran poner a trabajar ese día a la semana, dile: mira, yo guardo un día a la semana porque Dios estableció que un día a la semana reposarás.

Los evangélicos somos un poco liberales con estas cosas. Ciertamente nosotros no guardamos religiosamente ningún día de la semana, pero es una buena práctica para todo cristiano que seis días trabajará y al séptimo día reposará; es la única manera en que podemos tener descanso.

Tengo que terminar aquí con esto. Lo que la mayoría de la gente necesita no es un aumento de salario ni un nuevo empleo, sino glorificar a Dios por su trabajo, abandonando el pecado —la envidia, los celos, la pereza y el desorden— y reposando. La respuesta a tu necesidad no está en los clasificados, está en la Biblia. La respuesta a tu necesidad no está en buscar un nuevo empleo, está en hacer la voluntad de Dios. La respuesta para tu cansancio no está en que te aumenten el salario —si te lo pueden aumentar, gloria al Señor—; la respuesta a tu necesidad está en que administres tu salario adecuadamente.

La respuesta no la encontrarás cambiando de empleo. Hay gente que ha cambiado de empleo cuatro veces y todavía tiene la misma insatisfacción. Yo calculo que una vez había tenido en mi vida cerca de seis empleos formales, y en cada uno de esos empleos hubo una curva: primero había una motivación, primero estaba muy contento, y después venía la insatisfacción. Yo no sé cuántos trabajos tú has tenido, pero todos los trabajos desencantan. Cuando te contratan, al principio parece que es el trabajo más adecuado que has tenido en tu vida, el trabajo más satisfactorio, el mejor sueldo que te podrían pagar; y a las dos semanas tienes el mismo vacío en el corazón. La respuesta no está en los clasificados, la respuesta no está en buscar un nuevo empleo. La respuesta está en abandonar el pecado que daña el trabajo y en descansar, que es la voluntad de Dios para todos sus hijos. Permítanme orar por su descanso.

Oración final

Antes de orar, mírenme hacia acá. Hablar por hablar no tiene mucho sentido; hablar para actuar marca la diferencia. Cuando vayamos ahora en oración, yo te quiero pedir que tú con sinceridad le digas: Señor, concédeme una pausa. Dios te ama, y si tú intencionalmente no te paras, lo más probable es que el Señor te quite eso que no te está dejando detenerte. Quiero orar, y quiero que tú ores, para que el Señor te ayude a descansar; que el domingo sea un día donde tú solamente vengas a adorar y vayas a tu casa, quizás a ver películas, a estar con tu gente, a jugar con tus niños; que no sea el día para trabajar, que sea el día para descansar. El domingo fue hecho para el hombre, no el hombre para el domingo. Cierra tus ojos un momento.

Te oramos, Señor, por descanso. Mira, Señor, cómo Satanás ha venido para engañarnos, cómo nos envuelve en estas jornadas laborales extensas para engañarnos. Mira a mis hermanos que al día de hoy no tienen satisfacción con su trabajo. Enséñales, Padre, que la respuesta no está en los clasificados, que está en tu Palabra. Mira a mis hermanos que se están quejando porque su sueldo es poco. Mira a mis hermanos que se están quejando porque su trabajo es muy requirente. Mira a mis hermanos, Señor, que no se sienten satisfechos. Mira a los otros que piensan que no están trabajando, Señor, y trabajan para tu gloria. Padre, lo que queremos pedirte es que tú nos hagas entrar en reposo; lo que queremos pedirte es que esto nos permita descansar.

Mira a mis hermanos que están contando con un retiro a los sesenta y cinco años, Señor; enséñales que uno nunca se retira. Enséñales, Señor, que como Caleb, descansando y trabajando, se mantiene el vigor. Mira a mis hermanos que en su trabajo no han conseguido la manera de glorificarte. Mira a aquellos que no ven claramente, Señor, cómo podrían expresar tu imagen en su trabajo. Mira a aquellos que están buscando trabajo por primera vez, Señor; mira a los que no han entrado al mercado laboral y mira a los que entraron al mercado laboral hace años. Permite, Padre, que aquellos que están buscando empleo, cuando consigan un empleo, descansen y te glorifiquen con esto; y mira a aquellos que ya tienen un empleo, Señor, que descansen y que te glorifiquen en eso.

Padre, te quiero pedir contentamiento para todos nosotros. Permítenos entender, Señor, que si acaso tenemos un sueldo grande o pequeño, mucha responsabilidad o poca, es lo que tú has determinado para nosotros, y que nos contentemos con eso. Te doy un chance ahí, hermano, para que ahora tú le ores al Señor y le pidas que te dé reposo, que te dé descanso. Te doy un chance ahí, hermano, para que tú mismo le digas: Señor, hazme una pausa, ayúdame a pausar. Padre, mira a mis hermanos que están aquí hoy haciendo el trabajo de mañana. Mira a mis hermanos que a veces vienen a la iglesia y están ahí resolviendo los problemas del trabajo. Mira a mis hermanos que vienen a tu casa y, en vez de comer el alimento espiritual, su mente está divagando a ver dónde van a conseguir mil pesos más.

Trae pausa, Señor; trae reposo. Permítenos morir, Señor, con una vida productiva; que durante seis días trabajemos y al séptimo descansemos, como lo hiciste tú. Permítenos reposar, Señor; permítenos descansar; permítenos glorificarte con estas cosas. Todo esto te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

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