Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
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Fruto para su gloria

Juan 15:1-8

La parábola de la vid nos muestra dos asuntos principales: (1) el gran interés que tiene el Padre, el Labrador, en producir fruto en nosotros, los pámpanos, y (2) la profunda unión que tenemos con Cristo, la vid verdadera, que nos permite lograrlo. Años en el Evangelio sin fruto son una advertencia seria; lo que cuenta delante de Dios es el fruto que Él mismo produce en nosotros por medio de Cristo.

Predicado15 de abril de 2012
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Cada vez que entramos en contacto con la revelación de la palabra del Señor, nuestro corazón entra en una lucha entre hacer nuestra voluntad o hacer la voluntad del Padre, entre que prevalezca nuestro punto de vista o que prevalezca la revelación de Dios. Quiero orar hoy para que en esta lucha perdamos nosotros y gane Cristo. Quiero orar hoy para que, cuando entres en contacto con la revelación del Señor, pierda tu punto de vista y gane el Señor. Quiero orar hoy para que las personas que por primera vez escuchan la predicación de la palabra del Señor puedan ver la perfección que tiene este asunto y, con humildad, rindan su vida delante del Señor.

Te encomiendo mi iglesia, Señor, en oración. Como te decíamos al principio, no venimos a celebrarnos a nosotros, venimos a celebrarte a ti. No venimos a decir que nada hemos hecho, Señor, sino que tú has hecho cosas grandes en medio nuestro. Nada de especial hay aquí, Señor, pero estás tú y tú sí eres especial. Nos disponemos ahora a predicar tu palabra.

Mira nuestros puntos de vista, Señor, y permite que hoy pierdan. Mira nuestras opiniones, Señor, y permite que hoy pierdan cuando entren en contacto con tu revelación. Estamos por abrir tu preciosa palabra, Señor, permite que tu palabra hoy sea recibida. Permite, Señor, que tu mandamiento hoy sea puesto en obra. Permite, Señor, que comience a producir más fruto en nuestra iglesia para la gloria de tu precioso nombre, para la gloria de tu precioso nombre, Señor.

Ven, Espíritu Santo de Dios, tal como dijo Cristo que enviaría un Consolador, un Ayudador. Ven, ayúdanos hoy con tu palabra. Permítenos entender, permítenos obedecer, permítenos crecer para tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.

Acompáñame en el Evangelio de Juan, capítulo 15. Si no tiene uno de estos, me levanta la mano porque dentro está el bosquejo. A Patricia aquí me le acercan uno; quizá a Tagra, a Miriam allá también un bosquejo. Aquí están detrás los motivos de oración que tendremos para esta semana y en el centro están los puntos principales de la enseñanza de hoy.

Estaremos hablando acerca de producir fruto para la gloria de Dios. Pueden buscar en sus Biblias en el Evangelio de Juan, en el capítulo 15. Leeremos desde el versículo 1 y hasta el versículo 8. Hablaremos hoy sobre producir fruto para la gloria de Dios. Es la parábola de la vid. Doy un chance para que busquen en sus Biblias y, si tienen una persona al lado que no tiene una Biblia, pueden compartir ustedes con ella. El capítulo 15 del Evangelio de Juan, desde el versículo 1 y hasta el versículo 8. Es la parábola de la vid. Esta fue una de las últimas enseñanzas de Jesús a sus discípulos y en ella se resume cuál es la voluntad del Padre para su iglesia. Cristo, la vid verdadera. Dice así la palabra del Señor.

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

— Juan 15:1-8

La parábola de la vid y el interés del Padre

«Yo soy la vid verdadera», decía Cristo, «y mi Padre es el Labrador». Hermano, gran parte de las parábolas con que Jesús enseñó a sus discípulos son parábolas que han sido extraídas de la naturaleza. Esto es así porque el Señor estaba hablando a un pueblo que tenía una cultura muy campesina, que tenía estas referencias muy cercanas y que podían entenderlo de inmediato. Yo sé que tú eres de Santo Domingo y quizás tú nunca has sembrado una mata en tu vida, por eso hay que ayudarte. Los discípulos lo entendían a la primera, nosotros tenemos que hacer un poco de esfuerzo porque hemos perdido el contacto con la naturaleza. He venido a ayudarte a que entiendas la parábola del sembrador, la parábola de la vid.

La imagen que el Señor eligió fue una imagen muy, muy vívida. Él elige una imagen muy vívida y él fue con ellos a un viñedo, y en este viñedo entonces él comenzó a enseñar. Yo me imagino al Señor enseñando cada pámpano, el Señor enseñando cada vid, el Señor poniendo la mano sobre la naturaleza y diciéndole de manera vívida, de una manera muy visual, de manera muy concreta: «Esto es lo que yo quiero para ustedes. Yo quiero que produzcan fruto para la gloria del Padre». Parábola del Labrador.

Como introducción les diré que esta parábola nos muestra dos asuntos principales. Hoy me voy a concentrar en uno primero y en otro después, y ahí terminamos. Dos asuntos principales que nos muestra la parábola del viñedo, la parábola de la viña. Lo primero, el gran interés que tiene el Padre, esto es, el Labrador, en producir en nosotros, los pámpanos, fruto. Y lo segundo, la profunda unión que tenemos con Cristo y que nos permite lograrlo.

Dos cosas que vemos en esta parábola: lo primero, el Señor produce en nosotros fruto a través de Cristo; y lo segundo, el Padre trabaja en nuestras vidas para que este fruto sea cada vez más grande. Dos cosas en una sola parábola: el Señor produce en nosotros fruto a través de Cristo, y el Padre trabaja en nuestras vidas directamente para que el fruto sea cada vez más grande. Fruto para su gloria, dos partes: lo primero, vamos a estar analizando nuestra unión con Cristo, que nos permite llevar fruto; y lo segundo, el trabajo del Padre, esto es, el Labrador, el trabajo que él hace en nosotros y que hace que este fruto sea cada vez mayor.

Te recuerdo esto: la intención que hay en Dios es que su iglesia produzca fruto. Yo tengo una razón especial para hablar de esto, hermano, ya que me parece un ejercicio humano estar celebrando año tras año, celebrar un año por celebrarlo. Eso tiene poca gracia ante Dios. Es más, muchas veces los años nos juegan en contra. Decir que se tiene mucho tiempo haciendo algo, la mayoría de las veces no es una buena señal. Es más, muchas personas que están congregándose en nuestra iglesia hoy deberían comerse el bizcocho del aniversario con temor y temblor, porque quizá vamos para cuatro años y todavía no se ha manifestado en sus vidas aquello que el Señor quiere que en todo cristiano se manifieste, y lo que él quiere que se manifieste se llama fruto.

Celebrar un año por celebrarlo no tiene sentido; ahora, celebrar el fruto del Señor en nosotros, eso sí lleva gloria al Padre. He venido, hermano, en aniversario, no a dañar la fiesta. Lo que he venido es a decirte: si acaso estamos celebrando año tras año, quizás celebremos 25 años y estés tú todavía en el mismo lugar, hermano. La importancia no está en los años, la importancia está en el fruto. Siempre recuerdo la anécdota del estudiante de la UASD que lo expulsaron porque tenía casi 18 años y no terminaba la carrera. Hermano, tener 18 años en una universidad, eso no es mérito; terminar la carrera en cuatro años y entrar al mercado laboral y producir fruto, eso sí se podría mencionar.

Venir aquí a comernos un bizcocho año tras año, si lo único que tenemos es un año más, tiene poco mérito delante de Dios. Ahora, venir delante del Señor a decir: «Señor, mira qué tal fruto que, por permanecer en Cristo, para tu gloria hemos llevado», eso sí tiene mérito delante del Señor. Es más, hay otra parábola del mismo Señor que nos dice que una vez él fue a una higuera y encontró que la higuera no tenía fruto, y él dijo: «Córtala, para que por lo menos aproveche la tierra en otra cosa». El Labrador le dijo: «Señor, permítele un año más, a ver si da un poquito de fruto, y si no, entonces córtala». Hermano, vengo a poner urgencia en tu corazón.

Permanecer en Cristo y la realidad del fruto

Vengo a decirte que no se trata solamente de estar, se trata de permanecer en el Señor para que demos mucho fruto, y mientras más fruto demos para su gloria, mejor. Preocúpate cuando Pez Mundial tenga 20 años y tú no tengas nada que mostrar delante del Señor. Preocúpate cuando nuestra iglesia celebre un año más y no haya nada en tu vida que sea distinto. Preocúpate cuando celebres un nuevo cumpleaños y tengas más años que fruto. No venimos aquí solamente a celebrar; venimos a celebrar que el Señor está haciendo cosas en medio nuestro.

Esta parábola en un viñedo nos enseña que la intención que hay en el Padre es producir en nosotros no solamente fruto, sino producir mucho fruto, y que el Padre hará cualquier cosa que sea necesario para que el fruto sea mayor. Dos cosas que vengo a enseñarte, hermano. Lo primero, nuestra profunda unión con Cristo nos permite llevar fruto. No llevamos fruto porque queramos llevar fruto, llevamos fruto porque estamos conectados a la fuente. Hermano, llevar fruto no es: «Ah, yo me voy a disponer ahora a hacer tal cosa para el Señor». No. Llevar fruto es conectarse a Cristo, y a través de Cristo entonces tomar de él lo necesario para glorificar al Padre.

Nuestra profunda unión con Cristo nos permite llevar fruto. Si no estás unido a Cristo, es imposible que lleves fruto agradable a él. Estás perdiendo el tiempo. Tengo preocupación porque presiento que quizá muchas personas se están congregando en nuestra iglesia y están más conectados con nuestra iglesia que lo que están conectados con Cristo. Temo eso. Veo iglesias de Santo Domingo que las personas visitan esas iglesias por multitudes, y yo me pregunto: ¿por qué van a la iglesia? ¿Van allá buscando a Cristo o van buscando al predicador del momento? ¿O van buscando la canción emotiva? ¿Están buscando un ministerio de adoración que te emocione o estás buscando un maestro que te impresione?

Me pregunto: ¿estás conectado a Cristo? Si no estás conectado a Cristo, nunca podrás llevar fruto. Tengo que definirlo.

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

— Juan 15:4-5

Se lo puse aquí resaltado: «Porque separados de mí nada podéis hacer». ¿Saben cuál es el problema principal del ser humano? Que el ser humano ha entendido que puede hacer algunas cosas sin Cristo. Nosotros decimos: «Bueno, si el Señor me ayuda, yo puedo hacer más, pero ahora mismo estoy haciendo algo». Hermano, nada que estés haciendo, si no estás permaneciendo en Cristo, tiene valor ante los ojos de Dios. El gran problema del ser humano es que él entiende que su vida es relevante sin Dios. El gran problema del hombre es que ha entendido que podría hacer algunas cosas. Dice: «Bueno, bueno, ahora yo tengo a Cristo y ahora es que me va a ir bien, porque ya me estaba yendo más o menos bien».

Dice la palabra de Dios que separados de él nada podéis hacer. Personas que no conocen de Cristo y que están aquí congregadas, si tú piensas que tu vida es relevante, mira ahora tu vida desde la perspectiva de Dios. Y desde la perspectiva de Dios, si no estás conectado a Cristo, tu vida no vale nada, y eso que tú llamas fruto lo más probable es que solamente sea hojas. Gran problema del ser humano, pensamos: «No, pero si yo me esfuerzo… ya. O sea que, si el Señor me ayuda, lo logro rápido, pero si yo me esfuerzo, porque es que yo soy muy fajador, soy muy trabajador, yo podría hacer algunas cosas buenas». Hermano, dice la palabra del Señor que fuera de él nada podéis hacer, y a eso que tú le llamas «algunas cosas buenas», para el Señor significa nada.

Yo no sé dónde está tu vida ahora mismo, no sé qué tan productivo te sientas, no sé qué tan relevante, pero si has estado tratando de hacer cosas separado de Cristo, vengo a anunciarte esta tardecita que todas esas cosas ante el Señor son basura. Lo único que importa para el Padre es aquello que logramos a través de Cristo y por permanecer en él. Sí, yo sé, acabas el día satisfecho en tus logros humanos, pero insatisfecho en la noche. Yo sé que estás trabajando y como que te sientes cada vez más vacío. Sí, es que en el fondo sabes que eso es hoja, que no es fruto. El único fruto que es digno de ser celebrado, el único fruto que es digno de que uno se sienta satisfecho es aquel fruto que se produce por la conexión que tenemos con Cristo. Permanecemos en él y llevamos mucho fruto.

Lo demás es hoja. ¿Qué es fruto? Fruto es una obra que se produce en nuestras vidas porque somos pámpanos, en esta imagen, como resultado de la vida de Cristo en nosotros —porque Cristo es la vid— y del trabajo del Padre, que es el Labrador. Eso es fruto. Fruto no es «algo bueno» que tú haces, no es cualquier cosa buena que se produce en ti porque tú te esforzaste. Fruto es aquello que se produce en ti porque estás permaneciendo en Cristo. Ante Dios eso es fruto; cualquier otra cosa es irrelevante ante él. Miren, el fruto es la razón de nuestra salvación, es la consecuencia. El fruto es: cuando el Señor te ha alcanzado con salvación y te ha conectado a él, entonces comienzas a producir obras dignas de una persona que está conectada a Cristo, y eso tiene valor ante Dios.

Fruto no es cualquier cosa. Fruto es aquello que se produce en ti por un impacto milagroso, por una influencia milagrosa de la presencia de Dios en su iglesia a través de Cristo.

Ejemplos de fruto y la diferencia con el mundo

Fruto no es cualquier obra buena; fruto es la consecuencia de la vida de Cristo en nosotros. Ejemplos de fruto, miren, la Escritura menciona varios listados de fruto, pero uno de los frutos que se menciona es la verdad. Dice la Escritura que el fruto del Espíritu en nosotros es verdad. Cualquier persona que está buscando verdad lejos de Cristo tendría que tener fuerte sospecha de que no está en la verdad. Él dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», y lo que produce en nosotros es una vida verdadera. ¿Qué es una vida verdadera? Una vida de concreción, una vida de realidad espiritual. Dice la Escritura que el pecado es una ilusión; te hace vivir y creer cosas que no están ahí. Es como niebla, son cosas como que pasan.

Ahora, si estás en Cristo, estás en la verdad, estás en algo concreto, en algo que permanece. El fruto es justicia. Miren, el hombre no es justo porque es bueno; el hombre es justo cuando la influencia de Cristo opera en él, porque Cristo es justicia y el fruto del Espíritu es justicia. Es amor, es gozo, es paz, es paciencia, es benignidad, es fe, es mansedumbre, es templanza. El hombre natural no tiene esas cosas. Los cristianos tampoco es que la tenemos toda manifestada plenamente. Mira, no vayas a decir ahora: «Ah, el predicador dijo que yo la tengo toda», no, porque eres humano y luchas.

Hermano, miren, nosotros los cristianos luchamos. Esto se va manifestando en uno, y a veces le cae una plaga al fruto. Uno produce un frutico ahí para el Señor y vienen los insectos y se lo comen, y el Señor tiene que estar trabajando en uno, el Labrador, para que no se dañe. Ahora, esta es la diferencia: ciertamente tanto los cristianos como los no cristianos luchamos a veces para permanecer en la verdad, en la justicia, en el amor, en el gozo; a veces perdemos el gozo. Lo que yo estoy seguro es que sin Cristo nada de eso sucede de verdad. ¿Entienden la diferencia? O sea, un cristiano podría muchas veces estar gozoso y a veces te levantas y como que el gozo de tu salvación se te cae.

Ahora, yo estoy seguro que si una persona que no ha conocido a Cristo dijo que se levantó con gozo, se levantó con otra cosa. Si una persona que no ha conocido a Cristo me dice: «Mira, yo como que me levanté con verdad», no, tú te levantaste con otra cosa, pero con verdad no. Si alguien te dice: «Yo, ay, como que me siento más justo», tu justicia no es nada delante de Dios. Esta es la diferencia: el fruto se manifiesta solamente en aquel que ha permanecido en la vid, y si cualquier persona te dice que tiene eso sin Cristo, no tiene nada.

Ahora, los cristianos, a veces, ves el fruto más grande, a veces más abundante, y a veces, hermano, hay que buscarlo así, como que hay que buscar la mansedumbre, la templanza, la benignidad. Hermano, esto es lo que el Señor quiere que se manifieste en ti, y estas son las cosas que deberías buscar año tras año. Pregunta para esta congregación: caramba, cuatro años después, ¿eres más gozoso que antes? Cuatro años después, ¿tu vida está siendo regida por la verdad o todavía sigue la ilusión de los placeres del mundo? Cuatro años después, ¿eres más benigno? Cuatro años después, ¿tienes templanza? Cuatro años después, ¿hay más mansedumbre en ti?

Si no hay esto en tu vida, lo más probable es que hayas perdido cuatro años. Lo más probable es que deberías comerte ese bizcocho con temor y temblor. Lo más probable es que tendrías tú que llenarte de preocupación saludable delante del Señor y rogarle con todo tu corazón: «Señor, permite que el fruto se manifieste en mí». Con perdón: ningún agricultor apuesta a sembrar para esperar mucho tiempo sin ver nada. Yo mismo siembro en el patio de mi casa, hermano, y yo a veces llamo gente que me consigue semillas. Yo les digo: «Consígueme asuntos de ciclo corto, que no estoy para ciclo largo». Lo único que yo he complacido con eso fue una mata de coco que me regaló Virgilio, y eso es para algún día.

Yo estoy sembrando habas, siembro guandules, como mucho, pero no que uno un plátano llene el racimo en un año, a veces nueve meses. O sea, estoy así, que lo corto. El agricultor le gusta sembrar para comer. Me decía alguien que visitó mi casa en días pasados: «Ay, mira, ahí se ve muy bien tal cosa, una montañita». Yo puse un limón. Hermano, eso se come. Yo estoy buscando plantas que sean bonitas y que sean frutales, porque el agricultor no anda sembrando para que se vea bien, el agricultor anda sembrando para cosechar de eso un fruto.

El propósito del Señor: fruto abundante

La intención que el Señor quiere contigo no es que estés aquí como conservándote, como si esto fuera un museo. La intención que Cristo tiene contigo es que produzcas mucho fruto para la gloria del Padre. En esto el Padre es glorificado: no en que Pez Mundial tenga cuatro años, sino en que tengamos cuatro años produciendo fruto. Y si no lo hemos logrado, es que perdimos el rumbo. Esta parábola nos ilustra que el Señor tiene urgencia de que el fruto se manifieste en nosotros. Esto es fruto, esto es fruto.

Y aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, ¿según qué, hermano? Según el poder que actúa en nosotros. Te estoy diciendo que, si eres un cristiano y estás conectado a la vid, hay un poder que actúa en ti, y ese poder se llama la influencia de Cristo a través de la persona del Espíritu Santo.

Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.

— Efesios 3:20-21

Hay un poder que actúa en un cristiano, hay un poder que actúa en mí. No es que tú seas bueno, tú no andas «rulo», andas «Ruth», como dice el perfil de Ruth en Twitter. ¿Qué dice el perfil de Ruth en Twitter? ¿Qué dice? Dínoslo, Ruth. Amén: «Dentro de mí vive uno que sí es perfecto, que sí es santo». Y hace que eso se manifieste. Hermano, nosotros no somos nada nosotros mismos; ahora, conectados al Señor, ahí hay un poder que actúa en nosotros.

Miren, eso en la naturaleza yo lo observo y a veces impresiona. ¿Has visto lo que es una flor abrir? ¿Has visto lo que es eso? ¿Has visto lo que es un fruto cuajar? ¿Has visto cómo eso va tomando forma y tú dejas de verlo y ya lo encuentras más grande? ¿Qué está pasando ahí? Hay un poder que opera en la naturaleza. Así mismo sucede en la vida de un hijo de Dios: hay un poder que opera en él, y ese poder produce fruto. Hay un poder que actúa en ti, pero tienes que permanecer en la vid, tienes que estar conectado a la vid.

Hermano, la savia le llega a la planta porque la planta está conectada. Si la planta se desconecta, lo más probable es que se permanezca verde durante un tiempo, pero allí no habrá fruto. Quítale la raíz a la planta y tú entenderás lo que es la muerte. Miren, lo más parecido a la vid es la chinola, la tayota; esas son cosas que se siembran por aquí, se siembra tayota, se siembra chinola. Eso se parece un poco a la vid. Hermano, son plantas trepadoras. Tú te sorprenderás de la cantidad de plantas que hay por ahí, hay pámpanos que hace rato se desconectaron de la mata, de la planta, pero todavía se ven verdes, y tú estás esperando que se va a producir un fruto. No esperes nada, que la única manera en que se producirá fruto en ese pámpano es que el pámpano esté conectado a la vid.

Hay gente que se desconectó de Cristo hace años y todavía está esperando que en su vida se manifieste el fruto. No hay fruto sin permanecer conectados a la vid. No conseguí una planta que se parezca un poco… ¿Qué tiempo le parece que hace que la corté? ¿Qué tiempo le parece a Yuli que tiene esta planta de que la corté? ¿Qué tiempo? Cuatro horas, dice Yuli. ¿Quién da más? ¿Quién más? ¿Qué tiempo hace que corté la planta? Se ve fresca, se ve verde. ¿Hace qué tiempo? No, no es plástica, es una planta real. Esto estuvo conectado a la naturaleza, esto creció por un poder que opera en la naturaleza, creció.

¿Qué tiempo hace? No hace un día, no. El sábado antepasado en Jarabacoa corté esta planta. Y mírala, se ve verde. Es más, yo pensé que iba a prender, y la sembré en un tarro en mi casa. Dije: «Caramba, no la quite, que se ve muy bonita». Bueno, yo la busqué y no había raíces y está acá, no prendió, pero tú la ves y la ves verde. Caramba, hermano, tengo temor de que esté yo cuidando aquí una congregación de floreros ornamentales y que esté esperando yo que se manifieste un fruto ahí, y lo más probable es que solamente me quede quedarme con hojas.

La única manera en que esta iglesia puede producir fruto para la gloria de Dios es que esta iglesia no sea una estaca cortada, sino que esta iglesia esté injertada en la vid, porque fuera de mí nada podéis hacer. La única manera en que la iglesia del Señor lleva fruto es cuando la iglesia se conecta al Señor.

Hay una fuerza que opera en la naturaleza, hay una fuerza que opera en el cristiano, y eso es sobrenatural. Me decía en días pasados un hermano, que reaccionó con mansedumbre ante un accidente; me decía: «Mira, eso fue el Señor, porque yo hace no mucho tiempo no lo hubiera hecho así». A veces tú quieres actuar de una manera, y hay una fuerza que opera en ti, es el poder del Espíritu Santo que te contiene. Te domina, te domina. Así es el poder del Espíritu Santo: te contiene, te preserva.

Según el poder que actúa en nosotros, a él sea la gloria en la iglesia, en Cristo Jesús, por todas las edades, por los siglos de los siglos, amén. Como la fuerza no es tuya, como no depende de ti, entonces la gloria es para el Padre. Esa fuerza que opera en la iglesia es el Espíritu Santo.

Trapos de inmundicia y el fariseo versus el cristiano

A lo mejor también, con nuestra propia fuerza, podemos lograr algunas cosas de valor entre los hombres y para gloria nuestra, pero todo eso es nada desde la perspectiva de Dios. Tengo un versículo de Isaías, dice así:

Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

— Isaías 64:6

Dice el Señor que las obras que nosotros intentamos hacer sin Cristo, ante él, son trapos de inmundicia. Miren, muchas veces el Señor utiliza palabras fuertes en la Escritura para transmitirnos lo inútil que es hacer cosas sin él. Decía Pablo que todo lo que para él era ganancia, cuando vino a Cristo lo consideró estiércol. Ese trapo de inmundicia que aparece ahí era un paño que utilizaban las mujeres en sus días en la antigüedad. Dice el Señor que esas obras que haces sin él, ante él, son trapos de inmundicia, que eso no vale nada.

Y cómo cae aquella persona que se anda ufanando en su currículum, en su trayectoria, en su prestigio, en su reconocimiento social, en que pudo salir en la revista tal o la revista cual. Cuando el Señor te encuentra en esas revistas de vanidades, dice: «Eso es inmundicia para mí, nada de eso tiene valor». Cuando tú te andas vanagloriando diciendo lo que has logrado por tus propios medios: «Si acaso tengo un patrimonio, si acaso tengo esto, si acaso tengo lo otro», dice el Señor: «Para mí eso no es nada». Lo único que es valioso en nuestras vidas para Dios es aquello que Dios mismo ha producido en nosotros a través de la influencia de Cristo, porque «fuera de mí nada podéis hacer».

Miren, esto parece un cristiano, un fariseo, parecen parecidos, pero un cristiano es real. El fariseo se esfuerza por hacer la voluntad de Dios, el cristiano depende de que el Señor lo haga en él. El fariseo lo hace para su gloria, el cristiano lo hace para la gloria de Dios. Hermano, parece como que hay mérito en estas cosas. Si encuentras una persona que cambió su vida para la gloria de Dios, ahí no hay mérito humano, porque él mismo no pudo haberlo hecho. Si encuentras una persona que anteriormente estaba muerta en sus delitos y pecados y hoy está viva y dando buenas obras para el Señor, dando obras frutos de una persona que ha nacido de nuevo, tendrás que decir: «Definitivamente él no podía en sus propias fuerzas; la gloria es de Dios».

Cierro aquí el primer punto, pero tengo que decirte: un fariseo es aquella persona que intenta producir fruto para su propia gloria, sin contar con Cristo. Un cristiano es una persona que depende de Cristo para producir fruto para la gloria del Padre. Mi intención no es que tú hagas más obras para que te aplaudan; mi intención es que tú dejes de intentar en tus propios medios agradar a Dios. Mi intención es que tú dejes de intentar, por tus propios medios, producir lo que nunca se va a producir. Mi intención hoy es que tú seas conectado a la vid, porque fuera de él nada podemos hacer.

Ahora dice la Escritura que se produce un fruto, pero que el Señor no deja su plantación así. El Señor no deja su viñedo salvaje a que produzca lo que vaya a producir. No, no, no, no, no. El rendimiento no es igual. Miren, en Israel se plantaba una viña y se esperaban cuatro años. Cuando la viña se plantaba, no era el momento de decir: «Yo voy a plantar hoy para comer mañana». No, se plantaba y se dejaba cuatro años. En esos cuatro años se esperaba que se manifestara el fruto, entonces venía el Labrador y trabajaba la viña. Él cortaba donde había que cortar, atendía donde había que atender. No era en un momento, sino que él venía año tras año y cortaba.

El Padre es el Labrador y trabaja en nuestras vidas para aumentar la producción de fruto. Las viñas silvestres producen uvas agrias. ¿Sabes por qué razón el Señor trabaja con nosotros? Porque si nos deja así, como sueltos, «como no, mira, él se entregó a Cristo, déjalo ahí a ver…», hermano, el fruto no es bueno. Por eso un cristiano necesita no solamente conectarse a Cristo, sino permitir que el Padre trabaje en su vida para que el fruto sea mayor. No basta con conectarse. Porque si te conectaste, prepárate, porque el Padre va a trabajar en tu vida para hacer que la cosecha sea aún más grande.

Hay uvas silvestres, es verdad, pero no son buenas, son agrias. Hay uvas silvestres, es verdad, pero no son numerosas, son escasas. Hay uvas silvestres, es verdad, pero con las uvas silvestres no se cuenta. El Padre es el Labrador y trabaja en nosotros para que la cosecha de fruto sea aún mayor.

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

— Juan 15:1-3

El Labrador: levantar, limpiar y podar

La labor del Labrador en el viñedo es una labor tierna. Muchas veces cada hoja es lavada. Los pámpanos caen así a la tierra y viene el Labrador y los recoge, coloca enramadas, y en esas enramadas entonces el viñedo se extiende y produce un fruto saludable. Eso de que «lo quitará», la palabra que hay en griego lo que significa es: algo se quita de un lugar y se pone en otro. Es decir que él te busca y te levanta, y te dice: «Mira, se está arrastrando por el suelo, no, no puede ser. Está conectado a mí, pero se está arrastrando». Se parece a nosotros. Estamos conectados a Cristo, pero a veces nos arrastramos en el pecado. Se parece a nosotros. Estamos conectados a Cristo, pero a veces nos ensuciamos del pecado. Se parece a nosotros.

Dice que el Padre trabaja no solamente para que nos conectemos, sino para mantenernos limpios, porque limpios y conectados entonces llevamos todavía más fruto. En Isaías 5, del 1 en adelante, el Señor habla de la viña de Israel, y él dice: «Yo sembré una viña, pero sus uvas fueron agrias. Yo sembré una viña, pero el fruto no fue bueno». Y en esta parábola entonces el Señor nos habla de esta nueva viña que se llama la iglesia, y quiero enseñarles tres tareas que hace el Labrador.

Lo primero que te he dicho es que fuera de Cristo nada podéis hacer, que para producir fruto que valga la pena delante de Dios es necesario que ese fruto venga de la influencia de Cristo en nosotros. Y si lo hicimos en nuestras propias fuerzas, entonces eso no es fruto, sino que se llama trapo de inmundicia. Por eso es que nuestras buenas obras, obras que dependen de nuestra autosuficiencia, no significan nada delante de Dios. La obra que importa es la obra de Cristo, y ese es el fruto que permanece.

Tres tareas que hace el Labrador en su plantación. Primera tarea que hace el Labrador en su plantación: la primera tarea que hace es levantar. Quizá tú no conoces lo que es levantar, pero te lo podrías imaginar. ¿Qué es levantar? Es poner el pámpano que se ha caído del suelo sobre una estructura de soporte. Lo más parecido es una enramada. Son enramadas, no como la de la chinola alta, sino enramadas bajitas, se parecen más a las enramadas de tayota, como a esa altura. Y cada vid, entonces por ahí va subiendo, va subiendo, va subiendo, llega y hace como un nudo, y de ahí salen pámpanos que se distribuyen a través de la enredadera.

Cuando te has caído, ¿sabes qué hace el Señor? Te pone una estructura, y para eso existe la iglesia.

Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.

— Eclesiastés 4:9-10

Una vid se levanta con la otra. Tú ves una plantación y hay como muchos hombres pequeñitos, así, pareciera, como agarrándose una de la otra, y hay una rama que permite que se conecten. Es lo más parecido a un viñedo. Hermano, en la iglesia es muy difícil que un creyente solo produzca fruto, es muy difícil sin una estructura. Esta estructura que el Señor pone sobre nosotros para que produzcamos fruto se llama «gente». El Señor quiere que tú produzcas fruto no solamente por allá, aislado, sino que produzcas fruto en un viñedo.

Esta enramada, hermano, lo más parecido a una iglesia, eso es lo que es la iglesia: como una enramada de gente. Es como un grupo de personas que están interconectados, unos por los otros, recibiendo la atención del Señor. El Señor no solamente quiere que permanezcas en él, él quiere que permanezcas en él y que la estructura te levante. Para eso existe la iglesia. El Señor te levanta. Miren, el rendimiento de uno solo no es lo mismo que el rendimiento de un hermano que tiene otro hermano mayor.

Hermano, yo tengo serias dudas de que haya podido crecer espiritualmente si el Señor no pone hermanos, en momentos precisos de mi vida, que hicieron la labor de una enramada. Miren, cuando yo me caí, el Señor enviaba gente que me agarraba así. Yo siempre recordaré a la hermana Libertad, que iba y tocaba la puerta, y yo en medio de mi confusión. La hermana Libertad iba y me leía un salmo y decía —ella me llama Junior—: «Hermano Junior, el Señor me mandó aquí y me dijo que te leyera este salmo». Yo tengo salmos anotados que me dejó Libertad. Es la estructura de gente que el Señor pone sobre tu vida para cuidarte, para que produzcas más fruto. El solo no produce nada; el acompañado produce mucho.

Hay gente que quiere estar así: «No, yo soy una uva que va arrastrada por el suelo y no dependo de nadie». Hermano, el Señor pone soportes para tu vida para que te levanten. El solo no produce fruto. ¿Qué más hace el Labrador sobre nosotros? ¿Cuál es la siguiente tarea? El Labrador también limpia.

Pero antes de esto, quiero decirte: ¿cómo puedo ser levantado? Es Dios usando a nuestros hermanos para producir fruto en nosotros. ¿Cómo puedo ser levantado? Lo primero: participa en la vida de la iglesia. Miren, Pez Mundial no es esto solamente. La gente viene aquí el domingo, participa en un culto y piensa que Pez Mundial es esto. No. Pez Mundial real es el que sucede en la sala de mi casa, el que sucede en la sala de la casa tuya, el que sucede en un Burger King. Ese es el Pez Mundial real. Es la gente conectada a través de la semana en la vida de la iglesia, eso es la iglesia.

Esto aquí es una multitud reunida; la iglesia es algo más. La iglesia son hermanos que tú llamas: «Mira, tengo necesidad, ¿tú puedes ayudarme?». La iglesia es el hermano que llama cuando no entendiste un determinado pasaje de la Escritura, eso es la iglesia. Esta es la reunión de la iglesia, hermano, pero la iglesia es algo más. Conéctate a la vida de la iglesia. Hay gente que viene y nunca se conecta, nunca se agarra de una enramada, nunca se levanta porque viene y se va.

Al final de este culto, ve y pregúntale el nombre a alguien. Hay gente que viene aquí hace tiempo, pero nunca ha terminado de conectarse. Baja, pero hace mucho que nos vemos. «¿Cómo es que tú te llamas? Mira, yo soy fulano. Conóceme. Yo quiero conectarme a la vida de la iglesia». Desarrolla relaciones de valor. Cada pámpano tiene que tener por lo menos cuatro pámpanos cerca, que lo ayuden, que lo sostengan. Esa relación ahí es la que lo ayuda. Sujétate de tus líderes. El liderazgo cristiano existe para ayudar en esta estructura, para ayudar al Labrador a tejer esa estructura. Para eso nos dice el Señor que hay liderazgo.

Primera herramienta, primera tarea que hace el Labrador sobre su viña para que produzca mucho fruto, después de que el pámpano se conectó a la vid, claro está: lo primero que hace el Padre es que te levanta, pone una estructura de gente que te ayuda. Miren, todo cristiano maduro tendrá que mencionar por lo menos cinco creyentes más que impactaron su vida.

Difícilmente me encontrarás un cristiano que diga: «No, yo crecí en el Señor, yo maduré y estoy dando fruto aquí yo solo». No, no. Mire, si usted encuentra un caracol en medio de la ciudad, esté seguro de que alguien lo ayudó, porque los caracoles no cogen guagua. Si usted se ha encontrado una persona que creció, maduró y dio fruto, esté seguro de que alguien le ayudó, porque el pámpano solo no produce mucho fruto. Pregúntale, y tú le preguntas: «¿Y cuál es tu gente, quién te está ayudando?». Chequéate si te has dejado levantar.

Estoy recordando al líder de Israel en un momento, a Moisés, cansado. Y se le cansaron las manos, y el Señor, ¿sabe qué hizo? Le envió gente que le levantaron las manos. Así como el pámpano en una enramada, así mismo sucede con nosotros en determinados momentos de nuestras vidas. Nosotros permanecemos dando fruto porque gente nos agarra.

Qué triste es la persona que no podría decir: «Yo aquí reconozco que alguien me ayudó. Yo aquí reconozco que alguien me dio la mano». Qué triste es esa persona. Tarea del Labrador: él nos levanta. Él no dice: «Levántate tú solo». Él nos coloca en la enramada: «Toma, te ayudan».

Segunda tarea: nos limpia. ¿Qué es limpiar? Eliminar residuos y malezas. Dice que él nos limpia por medio de su palabra: «Todo pámpano que en mí no lleva fruto lo quitará, y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado». Dice que él nos limpia, que la limpieza que el Señor hace en nosotros es por su palabra, removiéndonos la suciedad.

Lo primero que el Señor comienza a limpiar es tu mente. Miren, nuestra mente está cargada de mentiras. Hay cosas que hemos creído como verdad, hay ilusiones que hemos creído como asunto de verdad. ¿Sabes qué es lo primero que el Señor hace cuando viene y te conecta? Comienza a limpiar tu mente a través de su palabra. Y tú cambias la revelación de Dios por tus pensamientos, y tú dices: «Caramba, yo pensaba así, pero ahora el Señor lo dice así. Mira cómo el Señor lo dice», y cambias.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

— Romanos 12:2

Él nos limpia a través de su palabra.

Despojarnos nos limpia. ¿Cómo es que lo hace? Quiero enseñarles cómo el Señor permite que nos limpie. ¿Cómo puedo ser limpiado? Lo primero: memoriza versículos. Miren, la memorización de versículos es una herramienta clave para que nuestra mente sea limpiada. Tú cambias revelación por pensamiento. Qué bonito es una persona que incluye los versículos en su conversación. Has visto a esa creyente que está hablando contigo y dice: «Sí, mira, porque dice la palabra del Señor…». Hermano, es la manera en que nuestra mente se va limpiando, la manera en que nuestra vida se va limpiando, la manera en que vencemos el pecado.

Escucha buenos sermones. Un sermón, la predicación ordenada de la palabra del Señor, cuando escuchas un buen sermón, tu mente comienza a tornarse de acuerdo a la revelación de Dios. Sujeta tus pensamientos. ¿Tú le has puesto alguna vez un versiculito a un pensamiento? ¿Te ha pasado eso alguna vez? Te ha pasado alguna vez que viene un pensamiento a tu vida y tú le metes un versículo, y ¡tan!, se va. ¿Te ha pasado? ¿Te ha pasado que viene una idea así, que está dándote vueltas en la cabeza, una idea ahí, hermano, una idea, y el Señor te trajo un versículo y se lo clavaste, y ahí murió?

Bueno, miren, los versículos son Baygón para la mente. Eso cae ahí mismo. Ten cuidado con tus pensamientos. Satanás te llena la mente de ideas. ¿Te ha pasado que escuchas una canción y terminas triste? A veces una canción está sonando en la radio, esa canción te dejó un estribillo ahí en la cabeza y comienza a darte ahí, a darte, a darte, lleno de mentira, lleno de mentira, lleno de mentira. ¿Sabes qué tú haces? Búscate un versículo ahí, como una tapa, y tú le das con el versículo ahí mismo.

Para eso sirve la palabra del Señor, hermano, para cuidar nuestros pensamientos, para sujetar nuestros pensamientos a la revelación. Y ahora viene la parte donde yo quiero entrar hoy y ahí ya es lo penúltimo, pero quiero detenerme un poco. El Señor ya te levantó a través de una estructura de gente; el Señor ya te limpió y te quitó la suciedad. ¿Y qué más hace el Labrador para que nuestra vida produzca mucho fruto? Lo siguiente que hace se llama «poda». Podar es eliminar partes inútiles del pámpano, y el Señor lo hace a través de las pruebas y las tribulaciones.

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

— Santiago 1:2-4

La poda: dolor, precisión y propósito

¿Qué es la poda, hermano? Quien no entiende este mundo de la agricultura, cuando ve la poda se pone la mano en la cabeza y dice: «¿Por qué la corta?». El Labrador dice: «Para que produzca fruto». Entonces, pero las hojas están bonitas, y el Labrador dice: «Sí, pero las hojas no se comen». El asunto es, ¿por qué razón el Labrador corta? Porque de hoja no se hace vino, ni se hace té. Estamos en vino, no estamos en té. ¿Por qué lo cortas? Porque de fruto es que se trata.

Eso es lo que la poda es: quitar partes de ti que son inútiles para que el fruto sea mayor. Yo podo mi patio, hermano. Mire, yo salgo a ver si la mata de plátano cuajó el racimo y agarro un cuchillo, y le quito, y le quito, y le quito, y se llena. Tengo tres racimos de plátano que se están llenando en el patio. Yo busqué mi machete y le corté la manzana a cada uno, ¡pan, pan!, para que se llene el racimo.

Y tú me dices: «¿Por qué le quitas la manzana?». Para que se llene. Porque yo no voy a comer manzana, yo lo que voy es a comer plátano. Esa es la labor que hace el Labrador con nosotros. Quita partes de nuestro pámpano para que el fruto sea mayor. Él lo hace por medio de pruebas.

¿Cómo hace eso? No quiero que te lleves nada más la idea, quiero que lo veas. Esta es una tijera de poda, herramienta valiosa en un viñedo, hermano. Miren, con una herramienta de poda es que se permite que el fruto sea mayor. Se buscan partes del pámpano, partes que están muy verdes, pero que por ahí no viene ningún fruto, y se cortan, y la savia se redistribuye en la planta. Se fortalece la savia que está pasando. ¿Qué se podría ir a la rama? Entonces se corta esa rama y va directamente al fruto. Eso es lo que es la poda: el Señor corta.

Miren, esta es la tijera de poda. Eso es lo que el Señor hace. Y duele, ciertamente duele. Pero el Señor busca áreas de tu vida donde no hay mucho fruto, y corta. Y tú dices: «Ay, Señor, me dolió». Sí, pero mira, por ahí no viene ningún fruto, y eso lo estábamos desperdiciando de savia. La poda, hermano, es un corte estratégico. Es estratégico, no es un corte cualquiera: «Vamos a podar todo». No. Cuando se poda es un ejercicio de precisión y sabiduría de agricultor. Se buscan partes del pámpano que el agricultor en su experiencia sabe que no producirán el fruto adecuado, y se cortan.

«Señor, pero tú me estás destruyendo». Miren, Job es un ejemplo. Ahí viene el Señor con la tijera sobre la vida de uno, y uno dice: «De mí no va a quedar nada». Sobre Job, el Señor vino y lo dejó chapiadito, como decimos, lo dejó pelado. Hermano, el Señor vino con la tijera sobre Job y dijo: «Oh, familia… oh, prestigio… oh, dinero… oh, bienes… oh, amigos…», y cortó. Y cuando Job dijo: «Señor, pero me vas a desaparecer», de ahí, hermano, de ahí se levantó un hombre más fructífero.

Hay momentos en tu vida donde tú dices: «De mí no va a quedar nada. El Señor me está desapareciendo. Se me llevó un hijo, se me llevó el esposo, se me llevó el trabajo… Señor, no vas a dejar nada». Espera un momento, que después de la poda entonces viene la gran cosecha. ¿Qué tiempo le dije que un viñedo se sembraba esperando? Bueno, cuatro años. Miren, normalmente cuando venía el Labrador con la tijera había alegría, porque él decía: «Ya vino a atenderme, ya vino a atender su plantación». Y después que la plantación sea atendida, entonces vendrá mucho fruto.

Tareas del Labrador: él nos levanta, él nos limpia, él nos poda. ¿Y para qué, hermano? Te pregunto, ¿para qué? Para que llevemos mucho fruto para la gloria de su precioso nombre. Maneras en que nos poda, quiero que me acompañen a ver una imagen. Miren, esto es una foto. Esto es un pámpano. Fíjense que el pámpano tiene diferentes ramificaciones. Es un pámpano, tiene diferentes ramificaciones. No la vid, no salió en la foto, pero estaría como por aquí, como a esa misma altura estaría la vid. El pámpano quedaría precisamente a esa altura.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos.

— Juan 15:5

Hermano, ¿para qué el Señor corta? El Señor corta para que ese pámpano, que podría dedicar su vida, podría dedicar su existencia solamente a producir hojas —y diría: «¡Qué lindo!»—, sea dirigido a producir fruto. ¡Gloria al Señor por lo que el Señor está haciendo en ti! ¿Qué es lo que el Señor está haciendo en ti? El Señor está quitando de ti partes —tú eres el pámpano, recuerda, tú no eres la vid, tú eres el pámpano—. ¿Qué está haciendo el Señor en ti? El Señor está quitando partes de tu vida que no necesariamente son malas, que no necesariamente son incorrectas, pero que no apuntan a ninguna parte.

¿Qué es lo que el Señor está haciendo en ti? El Señor está quitando brotes que son brotes que se ven verdes, pero que él sabe que por ahí no viene ningún fruto. Él los quita. ¿Para qué? Para que el fruto sea mayor, y así mismo sea su gloria. Hay partes del pámpano que el Labrador quita que no necesariamente son cosas pecaminosas. Hay personas que piensan que cada vez que pierden algo es porque pecó. Hay gente que piensa: «No, mira, si me pasó otra tragedia en mi vida, eso significa que cometí pecado». Hermano, a veces no. Job es el caso.

Decían los amigos de Job: «¿Qué gran pecado habrá cometido este hombre para que el Señor haya venido sobre él a destruirle?». Hermano, a veces no. A veces nos apresuramos a decir: «Ah, mira, que el Señor lo castigó», y regularmente, hermanos, regularmente el Señor lo que está haciendo no es castigando, sino manifestando su amor de una manera que es un poco extraña, pero que es valiosa.

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.

— Hebreos 12:11, 6

Hay personas que tienen la lengua tan ligera para juzgar los problemas de la gente, y con tanta ligereza disponen su lengua: «Pues mira, yo supe que Dios lo castigó; eso fue por no hacer tal cosa». Hermano, Dios no funciona así. Cuando el Señor corta no es una venganza contra el pámpano, no, hermano, es un servicio al pámpano. A veces duele. Duele, no siempre lo entendemos, no siempre lo entendemos, pero sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien.

Y tú dices: «¿Por qué razón tuve esa pérdida en mi vida?». Ahora mismo yo no lo entiendo, pero soy pámpano, estoy en la vid y el Labrador me puso la mano. Eso es lo único que podríamos decir. Gran parte de las tragedias que nos acontecen en nuestra vida, nosotros no podríamos explicarlas. Dice: «¿Por qué le sucedió?». Porque el Señor en su misericordia le cortó.

¿Cómo puedo ser podado? Dios utiliza nuestras circunstancias para refinarnos. Miren, hay gente que pierde trabajo. Y no todo el que se quedó sin trabajo es porque el Señor lo estaba podando. Hay algunos que los votaron por bajo rendimiento. Entonces no siempre es así, pero hay gente, hermano, que el Señor… Hay personas que son «workaholics», que respiran trabajo. Hay gente como esa. El Señor dice: «¿Dónde es que está el trabajo?». Pues sí, y el Señor te lo quita. «Ay, Señor, me duele, ése es mi trabajo, yo dependo…». Y el Señor te dice: «Fuera de mí nada podéis hacer».

Hay otros que tienen relaciones. Hay personas que han perdido amigos, hay personas que han perdido padres, hay gente que ha perdido hijos. Y uno dice: «Señor, ¿y por qué lo perdí?». Circunstancias donde Dios está moldeando tu vida para que el fruto sea mayor. ¿Han visto esas personas que se pasan la vida en la televisión, en los ejercicios, en la educación y en el dinero? En algún momento, el Señor quita alguna de esas cosas. Su vida no produce un fruto agradable para él. El Señor quita cosas de tu vida.

Tú me dirás: «Pero es que la televisión es mala». No, no necesariamente, pero hay gente que le está dedicando cuatro horas a ver televisión que podría dedicarla a producir fruto. ¿Y los ejercicios, pastor? ¿Uno no debe ir al gimnasio? Sí, hay que ir al gimnasio, ciertamente. En poco aprovecha, dice la Escritura, el ejercicio físico, pero es importante. Pero hay personas que se enfocan tanto en eso que llega un momento que se convierte en una distracción, ya no en deporte.

Mira que yo, mi hijo juega pelota. Las ligas de muchachos, todos los muchachos quieren estar en una liga, y son muy buenos. Pero llega un momento que eso se ha convertido en una distracción. ¿Sabes qué hace el Señor? Manda la poda. Es la manera en que el Señor quita distracciones de nuestra vida para que nuestra vida produzca fruto, un fruto abundante, un fruto que permanezca, un fruto que sea saludable.

Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.

— Mateo 19:29

¿Qué es dejar, hermano? No que tu papá se tiene que morir, es que tú colocas a tu papá en su justa dimensión. ¿Han visto a esas personas que no pueden congregarse en una iglesia porque «los domingos en la mañana es que yo voy donde mamá»? Ve a mamá por la tarde. Han visto a otras personas que no pueden adorar al Señor nunca en ningún ministerio porque: «Ay no, porque es el día que yo tengo para mí». Colocar a Dios primero es poner todo lo demás en su justa dimensión. Dios primero y después cualquier otra cosa, eso es lo que es dejar.

Por medio de la poda, cuando tú no te desprendes con facilidad de algo, el Señor lo corta. Ese es el asunto. Cuando tú te vas dando mucha lucha para soltar algo, entonces el Señor lo quita. Y cuando lo quita, te demuestra que tu vida no depende de esa cosa. Así mismo dice la palabra porque nuestra vida no consiste en la abundancia de los bienes que poseemos. Y cuando el Señor te quita el trabajo, el Señor te demuestra que, si él tiene que mandar las águilas, si él tiene que mandar las aves, si él tiene que hacer que las piedras boten agua, lo hará, porque nuestra vida no depende de nada de eso, sino que nuestra vida es sustentada por él.

Tres tareas del Labrador señalan la obra del Padre en nosotros: nos levanta, nos limpia y nos poda.

Aplicación: iglesia, pecado y distracciones

Siento que muchos de ustedes necesitan una estructura de gente que esté encima de ustedes para que puedan perseverar en los caminos del Señor. A menos que no se conecten con otros hermanos, no podrán llevar mucho fruto. Hay gente que está aquí que no tiene ningún hermano que pueda cuidar de él. Busca un hermano mayor y dile: «Fulano, ayúdame, porque es que yo quiero producir fruto para el Señor».

Hay gente que está aquí que está jugando con el pecado. El Señor te limpia, porque el pecado entorpece la labor de producir fruto en tu vida, y no producimos más porque participamos del pecado. El Señor te limpia. Hay gente que está aquí involucrada en la vanagloria de la vida, en la ilusión de este mundo, en los placeres de este mundo. El Señor corta cosas para que nuestra vida produzca un fruto aún más abundante para su gloria.

Finalmente, así como las plantas silvestres tienden a crecer desproporcionadamente y a producir poco fruto, los hombres nos preocupamos más por una larga vida que por una vida fructífera. No se trata de vivir 80 años; se trata de vivir 80 años dando fruto para su gloria. No se trata de cumplir cuatro años como iglesia; se trata de cumplir cuatro años produciendo fruto para su gloria. Los ojos del Señor no están puestos en las ramas, están puestos en el fruto.

Para producir mucho fruto es necesario buscarlo intencionalmente. Las hojas vienen solas. El peor agricultor de esta tierra logra hoja; ahora, solamente el mejor Labrador puede producir mucho fruto.

Cierren sus ojos y nos encomendamos al Señor. Mira esta viña, Señor, mira esta iglesia, mira estos pámpanos, mira estos primeros frutos. Mira cada pámpano de manera individual y mírame cada pámpano, Señor, en esta gran enramada que es tu iglesia. Mira la gente que está aquí hoy congregada, Señor, que pensaba que en su vida había fruto. Enséñale, Señor, que si no lo has producido tú en ellos, no es fruto. Enséñales, Señor, que si lo consiguieron ellos por su propio medio, no es fruto. Enséñales, Señor, que es trapo de inmundicia, que lo que es fruto es lo que tú produces en nosotros.

Mira la gente que está aquí que necesita conectarse a ti, Señor. Mantengan sus ojos ahí cerrados. ¿Cómo nos conectamos a Cristo? Reconociendo nuestros pecados y buscando de él. Dice la Escritura que nuestros pecados nos han enemistado con Dios, pero al mismo tiempo dice la Escritura: «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros». Dice la Escritura: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Dice la Escritura que, si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad.

Si viniste a visitar nuestra congregación porque alguien te invitó, quizá hoy puede ser el día en que estés injertado en la vid. Quizá es el día en que la vida llegue a tu pámpano. Es tan sencillo como que, en una oración, le digas al Señor con sinceridad: «Señor, perdona mis pecados. Recíbeme como tu hijo. Trabaja sobre mi vida». Aquí hay gente que está viviendo insatisfecha, porque todos los días trabaja y trabaja y nunca se siente satisfecho. Es que lo único que satisface es producir fruto para la gloria de Dios. Nuestras pobres obras siempre nos dejan insatisfechos, lo único que satisface es la presencia y el poder de Dios en tu vida.

Si tienes hoy que confesar tu pecado delante del Señor para ser injertado en la vid, dile al Señor: «Perdona mis pecados. Reconozco que fuera de ti nada puedo hacer. Acéptame hoy como tu hijo. Comienza a podar mi vida, comienza a levantarme, comienza a limpiarme». Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

— Juan 1:12

Llamado a conectarse a la iglesia y a abandonar el pecado

A los que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Mantén tus ojos ahí cerrados, y si tienes que confesar tu pecado delante del Señor, ahora hazlo. Tengo que hablar ahora a las personas que están visitando Pez Mundial esporádicamente y todavía no están conectadas a la iglesia. La iglesia no es una oficina, la iglesia es la gente. Tus hermanos son las enramadas a través de las cuales el Señor te levanta.

Acércate a mí al final del culto, acércate a nuestro hermano Eddy, acércate a alguno de nuestros hermanos de la congregación y dile: «Yo quiero que me cuiden. Yo quiero conectarme a la iglesia. ¿Qué es lo que ustedes hacen entre semana? ¿Dónde es que ustedes viven? Yo no quiero estar disperso, yo quiero estar conectado, quiero estar levantado».

Doy un momentico ahí. Aquí hay personas que están conectadas a Cristo pero todavía permanecen pecando y participando en cosas que no agradan al Señor. Esas cosas interrumpen el fruto, esas cosas entorpecen el camino del nutriente. Este es un momento para que un cristiano confiese su pecado delante del Señor. Tú puedes decirle: «Señor, yo reconozco que, por tu misericordia, fui puesto aquí en esta vid, pero he estado participando en tal cosa que a ti no te agrada, y resuelvo en esta tarde abandonar ese pecado y limpiar mi vida para tu gloria».

Si tienes que confesar algún pecado —ya eres un cristiano, pero tienes que confesar algún pecado que esté entorpeciendo la obra del Labrador en ti—, es el momento para hacerlo. El Señor te limpia por medio de su palabra.

Y por último, quiero hablar con las personas que están rodeadas de distracciones, la gente que no ha tenido tiempo para Dios porque ha estado participando en otras cosas. Quizá el trabajo, quizá los hijos. Lo que más necesitan tus hijos es que papá y mamá se sometan a Dios. «Ay, es que yo trabajo para sostenerlos». El mayor sostén que necesitan tus hijos es un sostén espiritual: que papá se comprometa con Dios, que mamá se conecte con Dios.

Aquí hay personas que van a tener que cortar cosas de su vida, pasatiempos que no necesariamente son malos, pero que distraen. Reordenar tus prioridades, dejar atrás padre, madre, hijo, casa; poner a Dios primero y todo lo demás vendrá por añadidura.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

— Mateo 6:33

Oración final por la iglesia y el fruto

Termino orando por toda la iglesia. Gracias, Señor, por nuestros cuatro años, pero gracias, Padre, porque en estos cuatro años hay fruto. Permite que el fruto sea más. Cuídanos, Señor, de engañarnos a nosotros mismos tachando un año más en el calendario. Cuídanos, Señor, de pensar en el tiempo y no en el fruto. Permite, Padre, que en el aniversario 2013 muchas de las personas que vinieron hoy por primera vez estén aquí testificando de la gran obra que tú hiciste en ellos en este año.

Permite, Señor, que en nuestro próximo aniversario nos reciba con un fruto tan abundante que la enramada esté por caerse de lo cargada. Fructifica esta iglesia, Señor, fructifica esta iglesia, Señor. Todo esto para tu gloria, en el nombre de Jesús.

Amén. Que el Señor les bendiga mucho. Nos vemos el próximo domingo en nuestro culto regular.

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