El siguiente día, otra vez estaba Juan y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: he aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí, que traducido es Maestro, ¿dónde moras? Les dijo: venid y ved. Fueron y vieron dónde moraba, y se quedaron con Él aquel día, porque era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón y le dijo: hemos hallado al Mesías, que traducido es el Cristo. Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús dijo: tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro. El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe y le dijo: sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro.
Y Felipe halló a Natanael y le dijo: hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿de Nazaret puede salir algo bueno? Le dijo Felipe: ven y ve. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él, y es una expresión similar, ¿verdad?, cada vez que Jesús recibía uno le decía algo. A este le dijo: he aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿de dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi. Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y le dijo: porque te dije: te vi debajo de la higuera, ¿crees? Cosas mayores que estas verás. Y le dijo: de cierto, de cierto os digo: de aquí en adelante veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.
El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron dónde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro). El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.
— Juan 1:35-51
En esta lectura introductoria, en nuestra oración, vemos que la intención que había en los primeros discípulos de Cristo era compartir, y vemos al mismo tiempo que la forma en que lo hacían era una forma muy sencilla. Me llama la atención que los primeros discípulos de Cristo, cuando invitaron a sus amigos a conocer a Jesús, no les dieron un discurso teológico muy amplio, no les dieron una explicación muy detallada; lo que les dieron fue una explicación vivencial: “ven y ve”. En nuestra iglesia estamos ahora apuntando hacia nuestra campaña, hacia nuestra jornada de predicación y alabanzas, y quizás tú dices: yo no sé cómo invitar a alguien, yo no tengo las palabras adecuadas para lograr que mis amigos me entiendan. Hermano, amigo que estás aquí hoy presente, hay una cosa que es más contundente que todas, y es traer una persona directamente a Cristo.
Una lección que yo veo aquí es que Cristo conocía a las personas mucho antes de que las personas vinieran a Cristo. Y es muy probable que antes de que tú pensaras en invitar a un vecino, ya el Señor estaba pensando en ese vecino. Es muy probable que mucho antes de que tú decidieras invitar a un familiar, ya el Señor tenía los ojos puestos en ese familiar. Es muy probable, hermano, que antes de que tú toques la puerta de tu vecino para invitarle a nuestra jornada de predicación, el Señor haya estado contemplando la vida de ese vecino. Es totalmente seguro que el Señor conoce a cada hombre de manera particular y de manera íntima. Hermano, si yo no supiera qué darle a las personas y cuál es la necesidad más urgente que la persona tiene, uno sería muy convincente, pero yo estoy convencido de que el Señor sí conoce lo que cada hombre necesita.
A Pedro le cambió el nombre, le puso un nombre que era apropiado a lo que sería su futuro. A Natanael le dijo: ya yo te había visto, que estabas debajo de la higuera, y le habló de su carácter. El Señor conoce a cada hombre de manera íntima y de manera muy particular. Yo te animo hoy, hermano, a que tú anotes ahí en tu oración, y que lo hagas con la actitud de Felipe.
La actitud sencilla de Felipe: “ven y ve”
¿Me entienden cuál es la actitud de Felipe? La actitud de Felipe es: mira, yo quizás no tengo todas las herramientas para convencer a una persona, quizá yo no tengo mucho de nuevo para hablarle, pero hay algo que todos nosotros podemos hacer, y es decirle a un amigo, a un familiar, a un compañero de trabajo: ven y ve. Antes de pasar a la oración, hermano, te digo algo más: miren, Felipe no tenía quizás toda la información sobre Cristo, pero había algo de lo cual Felipe estaba seguro. Felipe quizá no tenía toda la información, quizá Felipe no tenía un estudio bíblico completo, pero había algo que Felipe sí tenía muy seguro, había algo, hermano, de lo cual Felipe no dudaba, aunque quizás no podía responder todas las preguntas que le pudieron haber hecho.
Felipe sí sabía algo, y eso lo sabía bien. Eso que Felipe sabía, eso de lo cual Felipe estaba muy seguro, es que él había encontrado a Jesús, el Rey, el Mesías. Quizás le faltaban argumentos, hermanos, pero él tenía una firme convicción. Te animo a que tomes tu lápiz; allá Karen tiene algunos lápices que puede facilitar, ¿no? Lilian tiene lápices por allá. Y que en un acto de fe, hermano, hagas tú lo mismo que hizo Felipe: anotar aquí nombres de vecinos, nombres de compañeros de trabajo, nombres de amigos, con la intención de orar por ellos para que el Señor te dé la valentía para decirles algo sencillo.
Lo más sencillo que podrías decirle a tu amigo, a tu compañero de trabajo o a tu familiar es: ven y ve, porque yo he encontrado a Jesús, el Cristo. Solo eso, sencillo, es lo que estaremos haciendo en lo que queda de mes. Te doy un chancecito ahí para que ustedes puedan anotar, antes de entrar a las oraciones, tus posibles invitados. Quiero advertirte que no anotes personas a las cuales ustedes invitarían con mucha facilidad. Hay gente que ustedes saben que les dirían que sí; anoten la gente que es difícil, porque esa es la gente por la que necesitamos trabajar en oración.
Anota a tu hermano, que tú pensarías que quizás tu hermano no respondería a la invitación. Anota a tu padre, anota ahí a un primo, anota ahí a un vecino. Anota a personas, compañeros de trabajo, anota personas que quizás tú sospecharías que te dirían que no, y vamos a aprovechar este día de hoy para orar por esa gente. Especialmente, vamos a orarle al Señor para que nos dé el valor de decirles: ven y ve, y vamos a orarle al Señor para que cuando estas personas vengan a la campaña, el Señor les hable de manera personal y les hable de manera íntima, de la misma manera que le habló el Señor a Natanael, de la misma manera que le habló el Señor a Simón, que les hable a su corazón y les permita reconocer ellos también lo que hemos reconocido nosotros: que hemos encontrado a Jesús, el Cristo. Anota ahí, date un momento para anotar nombres, piensa en gente de tu familia.
Listas de fe e intercesión por invitados
Piensa en gente por tu casa, piensa en tus seres queridos que todavía no conocen al Señor, amistades de antaño. Date un momento ahí, anota a esa gente en un acto de fe. Esa lista tú te la llevarás a tu casa para que sigas orando por ellos, para que cuando se acerque más el momento puedas llevarles una invitación personalizada. Anota gente ahí en un acto de fe, y dile al Señor que te permita… Me va a permitir sentarme, yo estoy más contento de lo que aparento, es que esta semana, dice la Escritura que el ejercicio físico aprovecha poco, y he retomado los ejercicios, y hoy el cuerpo me pasó factura, sí. Pero anoten ahí, en un acto de fe, a sus relacionados.
Entiendan esto: que la salvación depende del Señor, no depende de ti. Lo que de ti depende es decirle a la gente: ven y ve. Entiende esto: que un amigo tuyo se convierta no depende de tus argumentos; depende de que el Señor le hable directamente a su corazón, y el Señor le conoce de manera íntima. Date un chance ahí para anotar tu gente. Los hermanos que estuvieron en la reunión de oración durante la semana ya tienen otro listado similar; anota gente nueva. Llena tu lista con personas. Vamos a dar ahí unos minutitos más para que, antes de que entremos a los motivos de oración generales, ustedes anoten ahí posibles invitados. Pídele ahí en silencio al Señor que te ilumine hacia quién invitar, que traiga gente a tu mente.
Las personas a veces compiten a ver quién tiene más contactos en Facebook. Es una buena oportunidad para tú aprovechar a esa gente que tú tienes por ahí, que hace años que no ves y que te mantiene conectado de forma superficial, para aprovechar y darle una llamadita y decirle: mira, hace rato que no estamos ahí como mirándonos, yo te invito a una jornada de predicación en mi iglesia. Ven a escuchar el mensaje del Evangelio, mi iglesia tiene un evento especial y quiero que tú estés ahí. Anota el nombre de tu jefe en un acto de fe. Anota ahí el nombre de tu compañero de trabajo. Quizás tú no conoces a las personas por su nombre, pero les ves siempre; puedes anotar ahí “el vigilante”, “el chofer de tal lugar”, “la asistente de fulano”, anota ahí esos nombres así por referencia.
Orando por la campaña, la iglesia y el ministerio de adoración
Estamos casi comenzando nuestros motivos de oración generales. Queremos mover nuestra campaña en oración, queremos movernos en oración, queremos hacer nuestra parte, que es orar y predicar. Queremos hacer nuestra parte sabiendo que el Señor hará la suya. Dice así mismo la Escritura:
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
— Marcos 16:15-16
Anímate ahí a anotar nombres de gente que tú quieres mucho, para que no sea condenada, sino que sea salva. Doy un momento más para que busques el nombre en tu mente de posibles invitados y lo pongas en tu listado.
Después de los motivos de oración generales, daremos un momento para que ores por ellos, para que ores que el Señor les haga sensibles, para que el Señor hable a su corazón de la misma manera que habló al corazón de Natanael, para que el Señor les alcance con salvación. En los motivos de oración generales yo estaré presentando el motivo, y voy a dar un momento para que toda la iglesia ahí en silencio ore por el mismo sentir delante del Señor. Cuando comencemos a anunciar cada uno de estos motivos de oración generales, inicialmente lo presentaré delante del Señor y daré un momento para que lo presenten también ustedes en un acto de fe. El Señor ha dicho que Él quiere que le pidamos; vamos a aprovechar su oferta y oremos a Él con insistencia por estas cosas.
Ya vamos a comenzar a orar. Después, si te llega algún nombre adicional durante la oración, toma un momentito y anótalo también. Encomendamos este momento delante del Señor. Nos disponemos ahora, Señor, a presentar motivos de oración por nuestra campaña. Nos disponemos ahora, Señor, a ir en oración delante de ti. Entendemos, Padre, que estas cosas se mueven espiritualmente. Entendemos, Señor, que una campaña, sin la ayuda de tu Espíritu Santo, es un concierto más de estos que hace el mundo. Entendemos, Señor, que la diferencia entre cualquier evento y este está en la oración y en la dependencia de tu Espíritu Santo. Entendemos, Señor, que podemos hacer nuestra parte, que es orar, que es interceder, que es predicar y decir “ven y ve”, y entendemos, Señor, que tú puedes hablar íntimamente al corazón de la gente.
Comenzamos por pedirte, Señor, por el crecimiento de nuestra iglesia durante la campaña. Permite, Señor, que la iglesia Pez Mundial crezca. Permite, Señor, que durante esta campaña crezcamos en número, crezcamos en compromiso. Permite, Señor, que crezcamos en desprendimiento. Permite que al final de esta campaña, Señor, la gente que nunca ha traído un amigo a esta iglesia crezca, Señor, en evangelismo. Doy un momento ahí, hermano, para que ores tú mismo por el crecimiento de nuestra iglesia. Puedes pedirle tú con tus palabras al Señor, ahí, que haga que nuestra iglesia crezca en este tiempo. Ora ahí, hermano, tú por el crecimiento de tu iglesia. Pídele al Señor que te permita tener hermanos nuevos, pídele al Señor que te permita ver caras nuevas, pídele al Señor que necesitemos un espacio más grande, pídele al Señor que nuestra iglesia esté aumentada.
No dejes de pedirle al Señor con tus palabras. Queremos tener esta convicción, la convicción de que antes de comenzar con el montaje, toda la iglesia oró al Señor por la campaña. Queremos tener esta seguridad, la seguridad de que no estamos solos en este proyecto, de que la iglesia ha clamado al Señor. Oramos ahora por la participación de nuestro ministerio de adoración, que estará cantando al Señor, que estará alabando al Señor durante la campaña. Usa, Señor, a nuestros músicos; usa, Señor, a nuestros cantantes; usa, Señor, a los hermanos que vengan también a colaborar en este propósito de la adoración a ti, usa, Señor, a cada músico, usa, Señor, a cada cantante. Usa, Señor, a cada persona que tome parte en el programa, usa, Señor, a nuestra gente, hazlos disponibles, Señor, para que te adoren.
Doy un momento, hermano, es tu chance para orar por los músicos, orar por los cantantes, orar por cada persona que participa en el programa. Ora ahí por la participación especial de nuestro ministerio de adoración, ora por los músicos que puedan ayudarnos. Ora ahí, hermano, no dejes de orar por estas cosas. Da mucha seguridad en un proyecto grande como este saber que la iglesia está en oración delante del Señor, que no lo hacemos en nuestra propia fuerza, que lo hacemos dependiendo del Padre. Dice la Escritura:
Porque separados de mí nada podéis hacer.
— Juan 15:5
Doy ahí la oportunidad, hermano, para que en silencio, ahí en tu mente, con tus palabras, ores al Señor por cada uno de los hermanos que hacen música en nuestra iglesia. Ora para que ellos estén dispuestos a cantar al Señor. Ora para que ellos tengan buena comunión con el Señor. Ora para que sean instrumentos, ora para que no se vean ellos, sino para que la gente vea a Cristo a través de ellos. Ora por Ruro, ora por Nicole, ora por Patri. Ora por nuestros hermanos que colaboran en el ministerio de adoración en diferentes áreas.
El evangelista invitado y la logística del montaje
Es el momento ahora de orar por el doctor Massimo Rossi, para que el Señor le use en la predicación. Usa, Señor, a nuestro hermano Massimo. Mira que ya llegó a Ucrania para la campaña evangelística allá; permite que se levanten muchos frutos para tu gloria, Señor, en ese lugar. Úsale, Señor, de la misma manera que queremos que le uses en Santo Domingo, te pedimos que le uses en Ucrania. Permítenos, Señor, recibir noticias, permítenos, Señor, recibir noticias de una gran cosecha por allá, y permite, Señor, que esos frutos anuncien la gran cosecha que tendremos por aquí.
Sabemos, Padre, que todo esto es para ti, sin importar el lugar donde suceda. Usa a Massimo, Señor, por Ucrania y úsale en Santo Domingo. Aprovecha ahí, hermano, y ora por el doctor Massimo Rossi. Pídele al Señor que le cuide, pídele al Señor que le dé palabra de sabiduría. Pídele al Señor que cuando Massimo le esté predicando a tus hermanos, a tus amigos, a tu compañero de trabajo, pueda hablarles directamente a su corazón, dirigido por el Espíritu Santo. Él es un instrumento, es un hombre como cualquiera de nosotros, pero puede ser instrumento en las manos de Dios, y eso es una gran cosa. Ora ahí por Massimo Rossi. Es más, no queremos tener esta convicción de que la iglesia en pleno oró por la campaña.
Antes de tocar cualquier puerta, hermano, toquemos la puerta del Señor en oración. Aprovecha ahí para orar por Massimo: usa, Señor, al doctor Massimo Rossi en nuestra campaña, usa, Señor, a este hermano, a este evangelista. Dale buen cuidado, tráelo con protección, permite que su salud le ayude, Señor. Permite que él esté enfocado en predicar tu Evangelio. Permite, Señor, que pueda disfrutar de cielos abiertos, permite, Señor, que sea sensible, permite, Padre, que sea un instrumento útil en tus manos. Úsale grandemente para tu gloria.
Oramos ahora por el montaje y los trabajos de logística. Mira, Señor, cuántas cosas están por hacer. Mira que estamos imaginando esta plaza, Señor, convertida en un gran auditorio para la predicación del Evangelio. Mira, Señor, que pienso que podríamos tener más de 250 personas aquí reunidas, Señor, con hambre de ti. Comienza tú a poner sensibilidad, Señor, pero sobre todo ayúdanos en el montaje. Mira cada proveedor, Señor, mira los proveedores que traerán equipos diversos, mira la gente, Señor, que traerá la plataforma, mira la gente, Señor, que traerá el sonido, mira la gente que traerá la proyección, la multimedia, mira la gente, Señor, que suplirá las diferentes cosas. Permite que los proveedores cumplan, permite, Señor, que no haya imprevistos a última hora, permite, Señor, que todo esto esté coordinado, ajustado, y permite, Padre, que suceda decentemente y en orden, como te agrada a ti.
Usa cada proveedor, Señor, en nuestra campaña. Usa, Señor, cada proveedor en la campaña. Usa, Señor, cada persona. Señor, sabemos, sabemos, sabemos que el esfuerzo más grande es el esfuerzo espiritual, pero te pedimos, Padre, que todo el que esté montando aquí algo sea usado por ti. Hermano, aprovecha ahí y ora por el montaje, ora por la logística, ora por las personas que estarán funcionando como anfitriones. Ora, ora ahí por todo lo que va a suceder en esos dos días en esta plaza. Ora por cada silla que será colocada, ora por la plataforma, ora ahí por cada botón que será tocado. Ora para que todos los equipos estén coordinados, ora para que todo este montaje suceda bien.
Provisión económica y salvación del personal de la plaza
Ora por transporte, ora para que nada se pierda, para que nada se rompa, nada se dañe. Satanás acostumbra a distraer a las personas por medio de ruidos, por medio de caídas, por medio de cosas triviales. Ora al Señor para que el Señor tome control de todo el montaje, de toda la logística, y que todo el mundo esté enfocado en darle a Él la gloria, que todo el mundo esté enfocado en que las almas sean alcanzadas.
Es el momento de orar al Señor por nuestro presupuesto. A principios de año nuestro equipo de trabajo, nuestro equipo pastoral, reservó un gran presupuesto para la campaña, pero falta más. Ora al Señor ahí para que Supla recursos materiales para cubrir toda la operación. Ora ahí para que el Señor disponga recursos extraordinarios, que lleguen ofrendas de diferentes lugares. Ora ahí por generosidad. También es importante, es el momento, por si acaso el Señor te está hablando, para que des una ofrenda especial para nuestra campaña. Busca un sobre y ponle tú mismo “campaña evangelística” y dedícalo a eso. Quizás 500 pesos, quizás 1000, quizás algo más, pero todo es útil para la gloria del Señor y la salvación de las almas.
Ora ahí para que el Señor supla, para que el Señor provea para cubrir nuestro presupuesto. Pídele ahí, en tus palabras, al Señor que el Señor provea. Es el momento de orar, en este momento, por el personal de esta plaza. En este edificio hay mucha gente que aquí trabaja, y queremos que esa gente que aquí trabaja, aquí mismo sea predicada. Ora al Señor por el personal de la cooperativa, ora al Señor por el personal de estas tiendas que aquí funcionan, ora al Señor por el personal de vigilancia, ora al Señor por cada empleada o por cada dueño de algún negocito de los cuales hay aquí. Pídele que estas personas… ora, Señor, para que el Señor permita que estas personas respondan a la invitación y digan que sí.
Que cuando les toquemos la puerta y les digamos: queremos que vengas a la campaña, queremos que vengas a la jornada, la gente diga que sí, que digan: ya yo lo estoy esperando. Ora al Señor para que el personal de la plaza responda a la invitación, que digan que sí, que los tengamos aquí tanto el sábado como el domingo. Ora por eso, hermano.
Que vengan, se conviertan y permanezcan
Hermano, esto es un motivo de oración especial, el que sigue: ora para que todas estas personas se conviertan. Es una gran cosa reunir la gente aquí, es una gran cosa tener un montaje amplio aquí, pero es una cosa todavía más grande ver al Espíritu Santo tocando las vidas de las personas aquí congregadas. Ay, Señor, alcánzales con salvación.
Que en cada silla que aquí se coloque, Señor, en cada silla, Señor, que cada persona que ocupe una de esas sillas, esté el Espíritu Santo ocupando su corazón. Alcanza, Señor, con salvación, porque eso no lo podemos hacer nosotros. Alcanza, Señor, con salvación, porque esto no lo podemos hacer nosotros; esto lo haces tú. Permítenos, Señor, ver manos levantadas, permítenos, Señor, ver gente comprometiéndose contigo. Permite, Padre, que tengamos asistencia récord en la próxima jornada de talleres de membresía. Permite, Señor, que tengamos que rehacer la logística de nuestra iglesia con la cantidad de personas que tú agregues, como sucedió en Pentecostés. Señor, visítanos especialmente; Espíritu Santo, visítanos especialmente. Espíritu Santo, Señor, mira nuestra campaña, que es evangelística, visítanos. Espíritu Santo, especialmente visítanos.
Tal como sucedió el día de Pentecostés, que aquel día miles fueron agregados a tu iglesia, permite que suceda ahora, Señor, permite que una multitud de gente se levante para salvación en nuestra campaña y permanezca, Señor, en tu iglesia. Pide ahí, hermano, pide que la gente se convierta, pide que no solamente sea un concierto, pide que sea un día de salvación. Pide ahí que el Señor salve.
Damos gracias ahora, Señor, por las iglesias que ahora están respaldando la campaña. Gracias, Padre, por la iglesia Misión Bíblica, que de entrada dijo que sí. Gracias, Señor, porque estuvieron dispuestos no solamente a traer sus amigos, sus invitados, sino a venir ellos, Señor, también junto a nosotros, Padre, como un solo hombre, a trabajar por la campaña. Gracias por la iglesia Metodista Nacional, Señor, que dijo que sí y que ya está haciendo esfuerzo, Padre, por traer gente a la campaña.
Aumenta esas iglesias también, Señor, bendice esas iglesias, Señor. Permítenos recibir, Señor, el testimonio de que allá también el pueblo tuyo creció de la misma manera que creció aquí. Permite, Padre, que esta campaña, que esta jornada, sea también una oportunidad para unir, Señor, fuerzas con otras iglesias. Gracias por estas iglesias que formalmente respaldan la campaña, Señor, y gracias por otras iglesias que también, Señor, se estarán uniendo. Permite que la Jornada de Esperanza sea una oportunidad, Señor, de que tu pueblo trabaje junto por un mismo propósito, y permítenos estar juntos y de acuerdo, unánimes, sintiendo lo mismo, Señor, tal cual sucedió en Pentecostés.
Ora ahí por la iglesia Misión Bíblica, ora ahí por la iglesia Metodista Nacional, ora por ellos para que la gente les diga que sí a su invitación. Ora por ellos, para que el Señor también les aumente. Ora tú con tus palabras.
El programa, el orden y la protección en la jornada
A continuación oramos por el programa de la campaña: ¿qué haremos?, ¿en qué orden lo haremos?, ¿qué tan largo será? Señor, dispón tú todas las partes. Enséñanos, Señor, qué canción primero y qué canción después. Dirígenos, Señor, en la selección de alabanzas. Dirígenos, Señor, en la selección de participaciones. Dirígenos, Señor, en todas las partes del programa. Glorifícate tú en nuestro programa. Danos dirección en cuanto al programa de la campaña. Ora ahí, hermano, con tus palabras; pídele al Señor que nos permita colocar cada cosa en su lugar. El Señor conoce la mejor configuración; Él sí sabe cuándo se pone una cosa y cuándo se pone la otra. Ora ahí al Señor en tus palabras.
Ay, Padre, qué satisfacción nos da saber que este es un programa que se presentó ante ti en oración; qué confianza nos da, Señor, el saber que oramos por estas cosas. Hermano, no queremos ningún sobresalto con la campaña. Tendremos aquí una cantidad de personas que, según nos dicen en la plaza, nunca antes en este edificio se había congregado tanta cantidad de personas a una misma hora. Oremos al Señor ahora para que la campaña se desarrolle en orden y bajo el cuidado del Señor, que no haya ningún tipo de accidente; que en lo que las personas vienen de sus casas, de su trabajo hasta la campaña y van de aquí hasta su casa, vayan cuidadas por los ángeles. Ora al Señor ahí por protección.
Cuídanos, Señor, de malas noticias, cuídanos, Señor, de accidentes. Mira lo peligroso que está la calle, el sentido de inseguridad que hay en la gente; trae confianza especial, Señor, y trae también cuidado especial. Mira a la persona que dice, Señor, que no quiere salir de su casa de noche; permite que esos dos días salgan y que sean cuidados por ti, y permítenos decirles, con convicción: hemos orado para que el Señor te cuide en la calle. Miramos aquí, Señor, trae protección, trae cuidado, trae horas frescas, Señor, trae horas frescas. Órale al Señor ahí ahora en tus palabras, para que la campaña se desarrolle en orden y bajo el cuidado del Señor. Un chance ahí para que ores, para que el Señor tome control del transporte.
Que el Señor tome control de la llegada, de la salida, que no haya nada que lamentar, que lo que tengamos después de la campaña sean jornadas de testimonio, anunciando las cosas grandes que el Señor ha hecho en medio nuestro. Oremos a continuación para que los invitados no solamente vengan dos días, sino que se integren a la iglesia para toda la vida, que permanezcan. Hermano, cualquier persona va a un lugar, pero solamente cuando el Señor ha tocado a una persona, esa persona permanece. Oremos para que los invitados no sean solamente invitados; que pronto sean miembros de nuestra iglesia, de la iglesia Misión Bíblica, de la iglesia Metodista Nacional o de cualquier otra iglesia saludable en Santo Domingo; que no solamente vengan, sino que permanezcan.
Permite, Señor, que esta gente no solamente venga a una campaña dos días; permite que esta gente, en estos dos días, Señor, comience un viaje para toda su vida. Permite que permanezcan en ti, Señor. Permítenos ver, Señor, de manera palpable, que sí, que la iglesia aumentó. Permítenos escuchar, Señor, los testimonios de otras iglesias aumentadas. Permite, Señor, que la Jornada de Esperanza del 2012 sea una jornada histórica. Mira, Padre, el comentario con las campañas regularmente es que la gente viene y no vuelve; permite, Señor, que tengamos gran fruto que permanezca para tu gloria.
Recuerda, hermano, que la salvación de las almas es el trabajo de Dios, pero que el instrumento que Él ha querido utilizar para que el Evangelio sea predicado somos nosotros. Hagamos nuestra parte, confiemos en oración en que el Señor va a hacer la suya.
Intercesión específica por invitados difíciles y valor para testificar
Doy un momento ahora para que ores especialmente por tus invitados. Menciónalos por nombre ahí, en tu listado, delante del Señor. Ora por aquellos que te parezcan que son especialmente difíciles. El Señor logró que un hombre como Saulo, que perseguía a la iglesia, fuera humillado ante Él y edificara la iglesia siendo Pablo. El Señor cambió su nombre. La persona que te parezca más difícil podría ser la mayor herramienta en la mano del Señor. Los próximos líderes de nuestra iglesia están ahora mismo como estaba Saulo: en su oscuridad. Podría suceder que ese amigo difícil, podría suceder que ese familiar que ha sido necio, podría suceder que aquel que se ha burlado de las cosas del Señor sea transformado por el Señor.
De perseguidor a apóstol. Podría suceder que el milagro de la salvación suceda aquí. Ora ahí por sus nombres. Yo pienso en los míos también y los encomiendo al Señor. Ora por los que te parezcan más difíciles, ora por aquellos que tú no sepas cómo entrarles, ora por aquellos a quienes tú como que no tengas la confianza de invitarles. Señor, danos valor, danos de nuevo. Lo mismo que le diste, Señor, a los apóstoles para que extendieran tu Evangelio, dánoslo a nosotros, Señor, una valentía renovada. Lo mismo que le diste a Pedro, Señor, que inicialmente era pusilánime y te negó, para que eventualmente se levantara y te predicara, Señor, dánoslo a nosotros. Danos valor, Señor, para decir “ven y ve”.
Danos convicción, Señor, para decir que hemos encontrado a Jesús, el Cristo. Permite que en esta campaña, Señor, no solamente invitemos, sino que nos identifiquemos contigo. Permite, Padre, que cuando la gente nos diga: oye, ¿tú eres cristiano?, podamos decirle: sí, yo soy cristiano y me gustaría que tú también lo seas. Permite, Señor, que la timidez se rompa en esta campaña, permite, Señor, que el miedo se anule en esta campaña, permite, Señor, que el Espíritu Santo nos envalentone en esta campaña. Permítenos ver guaguas de gente, Señor, venir a la campaña. Permítenos, Señor, ver carros entrando y saliendo y dejando cada vez más personas en nuestra campaña. Guau, Señor, dos días gloriosos para tu gloria. Nos estamos imaginando desde ya, Señor, esta multitud reunida.
En esta plaza, esta multitud reunida, Señor, en torno a tu Palabra. Nos estamos imaginando, Señor, esta multitud alabándote. Nos estamos imaginando, Señor, esta multitud siendo predicada. Nos estamos imaginando, Señor, un mar de gente puesto en contacto con tu Evangelio. Danos el valor, Señor, para que esta lista se convierta en invitación. Mira la gente, Señor, que dice no tener tiempo. Permite, Padre, que la semana la oración continúe. Gracias, Señor, por la paz que nos da saber que la iglesia completa oró por la campaña. Permítenos celebrar ahora, Padre. Doy un chance más ahí para que ores por tus nombres, por tu listado.
Ay, hermano, antes de tú anotar ese nombre, quizás ya el Señor había estado pensando en esa persona. Antes de tú poner su nombre ahí, quizás ya el Señor le había visto debajo de la higuera. Antes de tú escribir su nombre en tu hojita de papel, quizá ya el Señor estaba tratando con él, quizá ya estaba inscrito. Permítenos, Padre, ser nosotros instrumento para atraer a Natanael. Permítenos, Señor, a nosotros ser instrumento para traer a Pedro. Permítenos, Señor, a nosotros ser generosos para dar por gracia lo que por gracia hemos recibido.
Resumen de peticiones, clima, fruto y cierre de la oración
De nuevo, Señor, nuestra campaña: que nuestra iglesia crezca, que la participación de nuestro ministerio de adoración, Señor, sea la mejor de toda su vida, de toda su historia. Permite que canten, Señor, de lo profundo de su corazón, que eleven, Señor, sus mejores canciones. Permite que el hermano Massimo Rossi sea ungido por ti, Señor. Permite que cuando él predique, Señor, lo haga con autoridad, lo haga con denuedo, Padre. Permite que cada palabra que salga de su boca, Señor, sea una palabra que haya sido primero escuchada de la boca tuya.
Permite, Padre, que cuando él hable, la gente sienta que su corazón late. Permite, Señor, que cuando él invite la gente diga que sí, y que no sea una decisión de un momento, Señor, sino que sea una decisión para toda la vida. Permite que el montaje y los trabajos de logística, Señor, se desarrollen en paz. Permite que todo esto quede bien, permítenos hacerlo con excelencia, Señor, como lo mereces tú. Permite que cuando nuestros amigos vengan aquí, Señor, ellos admiren los niveles de excelencia que tiene nuestra iglesia y nosotros podamos darte a ti la gloria. Permítenos, Señor, tener una campaña ordenada, que no haya desórdenes aquí, Señor, que no haya disturbios. Permite que lo que haya aquí, Señor, es una atmósfera de paz.
Permite, Señor, que la música, que la música, Señor, mientras la gente llega, suene y que esa música, Señor, alegre el alma. Y permite que cuando tu Palabra se predique, Señor, sea una Palabra que desafíe al incrédulo. Proveenos, Señor, para el presupuesto, provee lo que haga falta, provee lo que haga falta, Señor. ¿Cuánto vale un alma, Padre? Esto no tiene precio. Provee tú lo que haga falta. Permite que el personal de la plaza, Señor, cuando comience a ver la promoción en la semana, comience a decidir que estará, Señor. Permite que cuando vean la imagen, Señor, del cartel, y que vean, Señor, estas sillas, se sientan identificados y aquí estén, Señor.
Permite que los asistentes se conviertan, Padre, permite que esa invitación sea una invitación aprovechada. Permite, Padre, que cuando ellos tengan que decidir entre hacer su voluntad o hacer la tuya, te confiesen delante de los hombres. Tú has dicho, Señor, que si te confesamos delante de los hombres, tú nos confesarás delante de tu Padre. Permite que los invitados levanten su mano, Señor, y respondan. Permite que las iglesias respalden, Señor, permítenos tener la satisfacción de que iglesias completas estén aquí. Permítenos, Señor, tener el gozo de ver a nuestros hermanos de otras partes. Permite, Señor, que nuestra iglesia se conozca. Danos dirección en cuanto al programa, dirígenos, Señor, en el orden, dirígenos, Señor, en la duración.
Dirígenos, Señor, que cada persona que tome parte sea usada por ti. Cuídanos, Padre, de accidentes, de asaltos, de robos, cuídanos, Señor, de sobresaltos. Cuídanos de fenómenos naturales, cuídanos, Señor; permite que tengamos buen clima, Señor, y, si te es posible, si te es posible, Señor, que los fenómenos naturales no se conviertan en un obstáculo. Permite, Padre, que el clima ayude, permite que la atmósfera, Señor, conspire para salvación. Permite, Señor, que todas las variables sean dominadas por ti. Tú una vez, Señor, dominaste los fenómenos atmosféricos y hubo paz; hazlo nuevamente para tu gloria.
Ay, Señor, permítenos que el domingo siguiente a la campaña haya gente. Permite que el domingo después, Señor, sea un domingo glorioso. Permítenos, Padre, la satisfacción de tener hermanos nuevos, nuevas caras. Trae, Señor, más gente a nuestra iglesia, permítenos cuidarles. Permite, Padre, que el domingo después, el domingo después, Señor, permite que ese domingo después, Señor, esas manos que se levantaron para la gloria tuya, esas mismas personas estén aquí para tu gloria. Permite, Señor, que esta campaña no sea sin fruto, sino que el fruto sobreabunde para tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.
Gloria al Señor, hermanos, den un aplauso ahí al Señor. Y esperemos con ánimo que el Señor va a hacer cosas grandes en medio de nuestra jornada. Hermanos, miren, hay un asunto poderoso cuando una iglesia logra colocarse de acuerdo en oración y hacer en fe aquello que hay que hacer por la salvación de las almas. El Señor desde el cielo ve esto y hace su parte. El Señor no nos invitó a convertirnos; nos invitó a predicar, y cuando una iglesia ora y predica, hermanos, suceden cosas asombrosas.
Llamado a seguir orando y a usar las listas de invitados
Esperemos nosotros con alegría. Estaremos orando el próximo domingo; ya tendremos reunión regular, pero el miércoles estaremos orando. El miércoles, en la oficina de la iglesia, hermano, estaremos orando. Así como movemos cosas para la grúa, del Señor las movemos también en oración. Contemos con que tendremos una gran cosecha. La Jornada de Esperanza del 2012… es más, hermano, que ya yo estoy abriendo la posibilidad de que en el 2013 no hagamos una, sino que hagamos dos para la gloria del Señor. Que el Señor les bendiga mucho. Vamos a esperar a los niños, que tienen una participación especial. A ver si alguien les da una voz, que los niños tienen algo especial para nosotros hoy.
Te animo, hermano, a que no botes tu hojita. Enséñame tu hojita, ¿tienes tu hojita allí?, ¿tienes tu…? No boten su hojita, hermano, dóblenla, dóblenla, dóblenla, sigan poniendo nombres, sigan colocando allí los nombres y sigan orando por esa gente. Yo tengo la esperanza, hermano, aunque la gente cada vez es más dura para el Evangelio, a veces la gente más dura es la gente más fructífera. A veces la gente que era como Saulo de Tarso, que perseguía a los cristianos para matarlos, terminó siendo como Pablo el apóstol, que sacrificaba su vida para que el Evangelio avance. Ora por la gente más difícil, que quizá ahí están los próximos líderes de nuestra iglesia. Ora por la gente que siempre te ha dicho que no, porque probablemente en esta jornada este sea su sí. Ora al Señor para que sea el Señor quien nos acompañe en nuestra Jornada de Esperanza de este año.
No dejen de poner nombres, hermano, miren, no lo dejen para después. Lo que queremos es que cuando llegue el momento de mandar las invitaciones, ustedes busquen sus diferentes listados y pongan esos nombres en las invitaciones y comiencen a llevarlas. A veces sucede que uno no sabe a quién invitar; qué bueno es que con un mes de antelación estamos comenzando a meditar, estamos comenzando a buscar nombres, a buscar familiares, estamos comenzando a pensar en gente, y contamos con que el Señor puede hacer un gran milagro en nuestra Jornada de Esperanza de este año.
Los niños vienen en un momentito, hermano. Vamos a orar un poco más, vamos a, en lo que llegan los niños, cierra tus ojos ahí. Vamos a orarle al Señor un poco más, que la oración nunca sobra, hermano, esto es algo bueno.
Oramos al Señor: gracias, Padre. Oro un poco más, Señor, lo que te quiero pedir es un valor reforzado. Oro un poco más, Señor, y te pido por mí, para que me des de nuevo. Mírame, Señor, ayúdame con mis vecinos, ayúdame, Señor, con mis amigos. Ayúdame con los clientes, ayúdame, Señor, con la gente difícil. Danos valor, Padre, para predicar. Danos valor para invitar. Sazona tú nuestras invitaciones, Señor. Glorifícate tú en nuestra iniciativa. Llena esta plaza de gente, Señor, y llena nuestra iglesia de miembros, para tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.
Les dejo aquí a Nelly. Recuerden que nos despedimos luego de la participación, y nos vemos el próximo miércoles.