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Liderazgo

Éxodo 17:8-16

Dios nos muestra, a través de Moisés, que los líderes son humanos, se cansan y necesitan ser sostenidos por la oración y el apoyo del pueblo, mientras conducen a la iglesia dependiendo totalmente del Señor.

Predicado14 de agosto de 2011
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Y antes de orar, yo quisiera hacer una dinámica que hace mucho que no hacemos en Pez Mundial. Era algo que lo hacíamos hace unos meses, pero como que lo dejamos de hacer por alguna razón. Y es que en Pez Mundial a veces barajamos la iglesia, la barajamos. Barajamos la iglesia e invitamos hermanos, porque todo el mundo como que se sienta el domingo en el lugar donde le gusta tradicionalmente sentarse, algo que es muy bueno porque el ser humano es así, es un ser de costumbre. Pero siempre hay oportunidad para uno quizá disfrutar la enseñanza al lado de un hermano que hace mucho que quizá no comparte o quizás que nunca anteriormente había compartido, y yo quisiera preguntarle así a algunos hermanos en nuestra congregación, como a nuestra hermana Patricia, si hay algún hermano de Pez Mundial con el cual a ella le gustaría compartirse.

No te preocupes por la silla que te la conseguimos. ¿Hay algún hermano que te gustaría compartir hoy con él? Qué bueno, qué bueno. Y me van a perdonar porque a veces tenemos que separar temporalmente a la familia, pero yo creo que Edwin y Nelly ya han tenido tiempo suficiente para estar juntitos, ¿verdad? ¿Están de acuerdo conmigo? ¿Hay alguien así…? No, no han entendido, pero ahora estarían de acuerdo en que quizá en 35 minutos eso no sería algo muy gravoso. ¿Tendré 35 minutos, verdad? Eso como que no es algo tan gravoso. ¿Hay alguien así con quien Edwin quisiera compartirse para disfrutar la enseñanza, aparte de su señora esposa, verdad? Algún hermano, no te preocupes por la silla que te la conseguimos, no te preocupes.

Con Raquel, ajá, mira qué bueno, con Raquel allá atrás. Miren. Y mi hermana Maribel desde allá atrás, que siempre está con sus dos niñas preciosas, miren qué dos niñas más bonitas tiene la hermana Maribel ahí. A su lado, ¿hay algún hermano de otra congregación con quien quizá Maribel quiera sentarse hoy y compartir la enseñanza? Ajá, ¿con quién, con quién? Con la madre de Ismenia, qué bueno, por allá. Vamos a permitir que se sienta. Y mi hermana Jessie, ¿hay alguien así de nuestra iglesia con quien ella quiera compartir hoy especialmente? Ajá, con Yael, qué bueno, por allá. Ismael, ¿hay alguien en otra congregación con quien quisieras compartir hoy? Con Raúl, qué bueno, por allá.

Reacomodando la iglesia y oración comunitaria

¿Y ustedes no conocen a alguien que nos está visitando ahora en nuestra iglesia y que esperemos que nos siga visitando durante mucho tiempo más? ¿Quién conoce a Rick, quién conoce a Ricky y quién quisiera sentarse hoy con Ricky? ¿Quién quisiera? Carolina, que venga Ricky por aquí por donde Caro. Miren, ya como que la iglesia se va viendo distinta, como que va dando otro color. Y mi hermano Virgilio, que siempre está allá en su esquinita. Yo a veces sospecho que es para que levante su mano y que lo vean más. ¿Hay alguien así en esta otra iglesia con quien Virgilio quiera compartir hoy especialmente? Por allá con Kenia, qué bueno.

Tengo más gente que podría, ¿verdad? Tengo más gente que podría. Y Lilian, que está por allá siempre con su madre, ¿hay algunas manos en la congregación con quien quisiera compartir? Con Joana, que venga por aquí, háganle espacio a los dos por aquí, pues. Con Jonathan y Rocío, que están por allá, ¿hay alguien con quien quisieran compartir? Con Laura, aquí por aquí hay un espacio con Laura. Miren, hay veces que hay que romper el hielo, porque es que si uno no rompe el hielo no se bebe el jugo. Esa es la realidad. Y así Eras y Elián, ¿verdad?, que siempre están como juntitos. Carolina quiere que le dejen a Elián ahí, y así Eras. ¿Hay alguien así con quien así él quiera compartir? Ajá, por allá con Rull, qué bueno. Miren, ya la iglesia como que va tomando otro color.

Qué bueno, ¿verdad? Miren qué bonito nos vemos. Esta es la iglesia que tenemos, esta es la comunidad cristiana Pez Mundial. Son tus hermanos con quienes compartes siempre y otros con quien quizás no has tenido tanto tiempo para compartir. Les invito ahora, ya que han buscado ahí en el libro de Éxodo, en el capítulo 17, a cerrar sus ojitos juntos y tomen así de las manos al lado, para que como iglesia nos presentemos delante del Señor.

Gracias, Señor, porque tú nos has dado hermanos, nos has dado seres queridos, nos has dado iglesia. Gracias por la oportunidad que nos has dado durante la semana de compartir en diferentes momentos y circunstancias.

Oración por la comunidad y preparación del corazón

Gracias, Señor, porque quizá hemos podido orar los unos por los otros. Hemos podido quizá compartir un plato de comida en una mesa. Hemos podido compartir una actividad de entretenimiento juntos. Hemos podido compartir un momento de dolor y de necesidad. Ahora juntos, Señor, como iglesia, preparamos nuestro corazón para escuchar tu palabra. Te pedimos que hoy, Padre, al escuchar tu consejo lo entendamos y lo cumplamos. Condúcenos tú, Señor, a través de tu palabra para entender lo que tú quieres que tu iglesia entienda. Yo no tengo nada para dar, Señor, pero en ti hay tesoros preciosos. Permíteme, Señor, ir ahí a tu presencia y conseguir algo para darle a mi gente esta mañana. En mí, Señor, no hay nada que pueda dar, pero en ti hay riquezas, en ti hay tesoros.

Permíteme, Señor, ser instrumento para tomar de ti y darle a mis hermanos con amor. Mira este pasaje que estamos, Señor, por leer juntos. Instrúyenos aquí, Señor, desafíanos aquí, condúcenos aquí, Señor, como iglesia. Ayúdanos, Padre, a comprender aquí cosas y aferrarnos a ellas. Ayúdanos a retener, Señor, ayúdanos a obedecer. En el nombre de Jesús te pedimos esto. Amén, amén.

Ya que tienen ahí su Biblia, les invito a que la abran y la compartan así con el hermano que tienen al lado. Si los dos tienen Biblia, pues lean en una, pero es que la compartamos, ¿verdad? Si tienen Biblia los dos, entonces lean en una. El detalle es que podamos compartir nuestra Escritura con el hermano, porque la Escritura dice que esto es comida, ¿verdad? Vamos a compartir con nuestros hermanos.

Estaremos hoy en Pez Mundial hablando sobre liderazgo, pero desde una perspectiva que quizá ustedes no la van a conseguir en las librerías, ni cristianas ni seculares. Una perspectiva del liderazgo que quizás es muy distinta a lo que nos venden en este tiempo cuando se habla sobre liderazgo, pero que está muy ajustada a lo que es la palabra del Señor. Acompáñenme ahí, capítulo 17 del libro de Éxodo, versículo 8 en adelante, dice la palabra del Señor:

Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

— Éxodo 17:8‑13

Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro…

Hasta ahí, hermano. Estamos leyendo un acontecimiento extraordinario que sucedió en el peregrinar de Israel por el desierto, y fue que en un momento vino un pueblo. Era un pueblo nómada que vivía de saquear los pueblos que por ahí pasaban. Ellos estaban como al acecho, esperando que las tribus de mercaderes, de otras tribus nómadas como ellos, pasaran por ahí para asaltarle. Era el pueblo de Amalec. Se encontraron con el pueblo de Israel, y la manera en que el Señor le dio victoria a su pueblo puede enseñarnos a nosotros, como iglesia, algunas características interesantes acerca del liderazgo cristiano.

Recuerdos de liderazgo y el pastor José Parra

Como introducción, hermano, yo tengo que mencionar siempre cuando hablo de liderazgo al pastor José Parra, que ustedes lo conocieron aquí en nuestro aniversario de este año. Es mi pastor de casi toda la vida. Yo me congregué en la iglesia de Lucerna durante 10 años y estuve sirviendo en el liderazgo de esa iglesia por lo menos durante cuatro. O sea, yo serví más años en el liderazgo de la Iglesia Asamblea de Dios de Lucerna que los que tengo sirviendo en la comunidad cristiana Pez Mundial. Trabajé en esa iglesia en diferentes áreas; trabajé, por ejemplo, en la escuela bíblica, coordinando escuela bíblica, una escuela bíblica que tenía clases desde párvulos, esos son niños casi recién nacidos, hasta envejecientes, parejas, jóvenes, adultos, jóvenes menores, preadolescentes, niños en diferentes edades en una clase. Creo que teníamos cerca de 13 grupos de clases de escuela bíblica.

Trabajé también con los jóvenes de esa congregación, en un ministerio juvenil que era quizás en número tres veces más grande que Pez Mundial. O sea, eran cerca de 70 jóvenes que había en esa congregación, y trabajé durante cuatro años en esa iglesia y durante 10 años bajo el liderazgo de José Parra. Y cuando dejé de trabajar con ellos para sembrar una iglesia, siempre tuve como en mi corazón algo que nunca compartí con mi pastor, y tenía eso como ahí guardado. Es como un asunto… ¿les ha pasado eso?, que ustedes tienen ahí algo que ni les molesta mucho ni poco, pero que ustedes quisieran como sacarlo en un momento ante el líder con quien ustedes trabajaron. Y yo recuerdo que llamé a Parra y le dije que quería un consejo de su parte. Él siempre ha estado disponible a ofrecer cualquier consejo. Fui a su oficina allá en Lucerna, y cuando él me recibió me dice: “No, Junior, qué bueno, ¿cómo estás? ¿Cómo está la familia?” y demás, y me pasó a su oficina que está ahí en el mismo templo.

Ya en la oficina yo recuerdo que fui con una pregunta, porque con Parra hay que ir como con una personalidad muy influyente, uno tiene que ir con la pregunta puntual que le va a hacer. Y recuerdo que entré a su oficina, me senté en una sillita, él se sentó del otro lado del escritorio. Yo le pregunté: “Pastor, yo vine a preguntarle algo. Yo quiero saber por qué fue que yo trabajé durante cuatro años en esta iglesia y usted nunca me llamó para decirme si había hecho las cosas bien o si las estaba haciendo mal. Usted nunca me reprendió por algo que había hecho, nunca me dio ningún consejo al respecto”. Y yo fui como con eso en el corazón donde mi pastor, porque quería que él me dijera la verdad de por qué nunca me llamó.

Porque cuando comencé a trabajar con la juventud de su iglesia, nadie a mí… nunca Parra me llamó para decirme una cosa o la otra, nunca. Su estilo de liderazgo es muy particular, porque él como que cuida a uno indirectamente y de lado, pero yo quería que él directamente me hubiera dicho en algún momento: “Mira, lo estás haciendo bien” o “lo estás haciendo mal”. Él, con mucha calma, recuerdo que me dijo: “Sí, mira Junior, es verdad. Yo recuerdo que nunca vi la necesidad de llamarte porque tú estabas haciendo las cosas bien”. Además me dijo: “Es obvio que el Señor ha puesto en ti un liderazgo”. Y por último me dijo: “Tú siempre me manifestaste que ibas a sembrar una iglesia, que ibas a salir de entre nosotros”.

Y yo como que todavía tenía eso, y le decía: “Pastor, pero usted nunca me llamaba, usted nunca me decía, usted nunca como que me decía: ‘Junior, mira, es verdad’”. Quizá eso es que a uno se le pasa, y en el día a día piensa que está diciendo… Me dijo a mí. En esta semana pasada, mientras yo preparaba este material sobre liderazgo, pensé en esa conversación que tuve con Parra, quizás hace ya dos años y medio, y pensé en mí mismo. Y me dije: “Caramba, Rafael Pérez, qué abusador tú eres, porque tú tuviste a Parra como tu líder durante 10 años y tú nunca llamaste a Parra a su casa a ver si estaba feliz o estaba triste. Tú nunca le llamaste a ver si tenía qué comer o no tenía. Tú nunca le llamaste a ver si estaba cansado o si acaso necesitaba de tu parte que le ayudaras en algo”.

Tú nunca fuiste, tocaste hasta su casa, a ver cómo estaba su familia. Me dije a mí mismo: “Caramba, Rafael Pérez, qué egoísta tú eres”. Yo siempre esperé que Parra me llamara. Miren, después he analizado muchas veces que realmente Parra quizás no directamente me llamó a una reunión, pero se comió una pizza conmigo, me brindó un helado, fuimos de un hermano hasta el otro, y en el camino en el carro me dio algunas sugerencias. Lo que tengo para decirle, hermano, esta mañana es que yo he sido muy injusto.

Recuerdo otra cosita que le manifesté, que le dije: “Yo, pastor, usted no va ni al culto de jóvenes”. Le dije yo. Los cultos de jóvenes eran los sábados, y era el culto que yo coordinaba. Parra nunca fue, si acaso había una actividad especial entonces yo tenía que ir y decirle: “Pastor, me gustaría que usted vaya”, entonces él iba. Y le dije: “Pastor, pero usted nunca iba al culto de jóvenes. Usted iba al culto del martes, iba al culto del jueves, iba al culto del domingo, pero usted nunca iba a la célula, usted nunca iba al culto de jóvenes”.

Cuando lo vine a invitar para el aniversario de Pez Mundial, ¿saben qué entendí? Yo fui un sábado en la tarde a la casa de Parra, y entendí que el sábado en la tarde y noche era el único tiempo quizá que mi pastor, que fue mi pastor durante 10 años, podía compartir con su esposa. ¿Me están entendiendo, me están siguiendo en estas cosas? O sea, yo durante años decía: “No, que Parra no me visita, Parra no me busca”. Señores, quizás durante todo ese tiempo el único chance que tenía mi pastor para compartir con su familia era el sábado en la tarde y en la noche. Y el trabajo es mucho. Leamos de nuevo aquí en el libro de Éxodo, en el capítulo 17.

Moisés, el cansancio y la realidad del líder

He aprendido, hermano, leyendo esto, lo siguiente. Dice así, versículo 12; saltaré de un versículo al otro para enseñar varias cosas. Versículo 12: “Y las manos de Moisés se cansaban”.

Hermano, qué característica interesante esta que nosotros podemos aprender aquí: que los líderes nos cansamos. La mejor llamada que yo recibí esta semana… Yo estoy muy descansado ahora mismo, se me nota muchísimo menos cansado, se me nota más relajado. Miren, yo tenía dos años y medio luchando con un proyecto que no terminaba de salir, un proyecto que me tenía cansado financieramente, me tenía cansado físicamente y me tenía cansado mentalmente. El miércoles salió el proyecto. Y Riguel dice que sí, porque ya conoce. Era un proyecto que me tenía a mí frustrado; Ruco, que trabaja conmigo, sabe. Y el jueves en la mañana yo recibí una llamada de un hermano muy querido de esta congregación para decirme: “Rafa, me enteré que salió el proyecto y yo sé que eso a ti te tenía cansado, te tenía preocupado y todo”. Oye, mi hermano, yo creo que eso debe estar entre el “top ten” de las llamadas que yo he recibido en este año.

Un hermano de mi congregación, mi iglesia, llamándome para decirme: “Rafael, me enteré que el proyecto salió y me imagino que tú de verdad estabas cansado”. Yo tengo tres días que estoy como livianito; también tenía un proyecto así complicado encima. Lo que te estoy diciendo con esto es que tu líder se cansa. Te estoy diciendo con esto, hermano, que tu líder no tiene fuerzas inagotables. Tenemos una mala idea de liderazgo. Nos han vendido una imagen de nuestros líderes que está totalmente fuera de la realidad de la palabra del Señor. Nos han enseñado líderes incansables, nos han enseñado líderes perfectos.

Hermano, tengo para decirle que el pastor de esta iglesia lucha. Nos han enseñado, hermano, que el líder es una persona que tiene todas las respuestas. Leyendo la historia de Moisés luchando por el pueblo de Israel a través del desierto, ¿saben qué yo encontré? Que para la mayoría de las cosas que el pueblo iba donde Moisés, Moisés no tenía respuesta. Justamente en los versículos anteriores, el pueblo vino a andarle pidiendo agua, y él les dijo: “¿Qué tienen conmigo? Dejen de estar luchando conmigo, déjenme en paz”. Era lo que él estaba diciendo. “Yo no tengo agua para darles. Dios es quien puede dar agua”. Y él iba y oraba al Señor.

Bueno, nos han vendido una idea de liderazgo de un líder que es incansable, que tiene todas las respuestas y que tiene una vida perfecta. Déjenme decirle que leyendo la historia de Moisés me he dado cuenta que Moisés era un líder con muchas precariedades. Algunas de ellas, hermano, algunas de las precariedades que tenía como líder. Lo primero que tenía era que él era muy tímido. Han leído mucho en su tiempo de timidez, donde venían a buscarle y él estaba ahí como… Hermano, Moisés no era un hombre de lo que ustedes buscan de que “mira, hay que sacar al pueblo y vamos a hacer esto”. No, no, no. Moisés era un hombre muy tímido, muy tímido. Quizás lo que menos quería Moisés era exposición. Y he aprendido, hermano, que realmente los verdaderos líderes no son personas que andan buscando eso, sino que el Señor los llama para funciones extraordinarias a pesar de su limitación.

Pero Moisés era un hombre muy tímido. Aparte de eso era tartamudo. Y en un tiempo donde no era por chat, que se les factura una iglesia, donde no era por email, sino que era parándose en una piedra diciendo: “Pueblo, vamos a la izquierda”, la tartamudez era, hermano, una gran debilidad para un líder que tenía que, con su boca, conducir a un pueblo. Pero aparte de esto, había un rasgo de la personalidad de Moisés, hermano, que no le ayudaba mucho, y es que era un hombre violento e impulsivo. Y cuando Moisés se desesperaba, agredía, hermano, y daba.

¿Han leído que…? ¿Han leído cuando el Señor le dijo que le hablara a la roca y él le dio a la roca? ¿Saben, hermano, que yo estaba haciendo el ejercicio de este pasaje de la Escritura y yo he entendido lo siguiente? Lo que había en el corazón de Moisés no era darle a la piedra con el palo; era darle a María, a Aarón y a quienes más de sus hermanos del pueblo. Era a la gente que él quería darle. Lo tenían desesperado: “Que busques agua, que busques agua, que busques agua”. Y él agarró… El Señor le dijo que le hablara a la roca y él agarró, hermano, y le dio con la vara, le dio. Eso al Señor no le gustó, pero no era la roca que quería darle. Quizá era a Aarón, quizá era a María, quizá era a Josué, quizá a Caleb, quizá a cualquiera de esos que estaban ahí en el pueblo.

Hermano, tengo para decirte que Moisés era un líder con muchas debilidades. Y estas son características comunes en casi todos los líderes de la Escritura. Busquen a Gedeón, busquen a Moisés, busquen a Pablo. Todos comparten una característica en común, hermano. Son dos características que ellos tienen, características de los líderes que encuentro en la Escritura en cuanto a dos características precisas. Primera característica, hermanos: tienen un interés genuino en la causa en la cual están trabajando. Moisés no fue líder de Israel porque hablara bonito. Moisés no fue líder de Israel porque tuviera su carácter controlado. Moisés no fue líder de Israel porque tuviera todas las respuestas.

Había algo que había en el corazón de Moisés que hizo que el Señor le seleccionara para conducir a sus hermanos, y es que en el corazón de Moisés había un genuino interés en que sus hermanos fueran libres y se pusieran de acuerdo. Antes de que Moisés fuera conocido, ya él era conocido como el hombre que quería que su pueblo fuera libre y que se pusiera de acuerdo. Tenía un genuino interés en esa causa, hermano, y habían personas más apropiadas que Moisés, pero Moisés, en su corazón, era en quien esa causa realmente resonaba. Por eso fue un líder.

Segunda característica: los líderes de la Escritura, hermano, segunda característica, es una dependencia total de Dios.

Ciertamente, cuando el Señor vino a buscar a Moisés, él le dijo: “Ahí está mi hermano Aarón. Aarón te sería más útil, Señor”. Me imagino al Señor pensando de aquel lado, pensando sobre él, diciendo: “Lo que pasa es que el corazón de Aarón no vibra como vibra el corazón de Moisés para esa causa”. Habían personas mucho más apropiadas, pero ese corazón único estaba en él.

Hay muchas confusiones sobre el liderazgo, hermano. Yo quisiera hoy, de entrada, anular algunas. Qué no es un líder. Miren, un líder no es un tipo carismático. Nos han engañado y nos han vendido que la persona que logra que el otro se sienta bien entonces es un líder, y por eso la iglesia del Señor está como está. Porque hay un grupo de personas que se han levantado como líderes en congregaciones, cuyo corazón no vibra por esa congregación, pero son carismáticos. Bueno, ten cuidado con la persona que te entretiene, que probablemente su corazón no sea el corazón de Dios.

Un líder no necesariamente… es verdad que hay líderes que tienen carisma, caramba, es verdad. Pero un líder no necesariamente es el tipo carismático que hace que tú te rías y que tú te sientas bien. No, eso no es un líder. Hermano, un líder no es un tipo capacitado que tiene todas las respuestas. No, la persona que ha leído mucho, que ha vivido mucho, no, eso no es un líder. Que tenga conocimiento, que tenga profundidad, eso no es liderazgo, eso no es liderazgo a la luz de la Escritura.

Hermano, a la luz de la Escritura, un líder tampoco es una posición de jerarquía ante tus hermanos. La mayoría de los líderes, si tú entraras a un lugar y los buscaras, tú no podrías verlos. Los líderes no se visten distintos, los líderes no tienen una silla más grande, los líderes no tienen una diferenciación a nivel de posición. Si realmente hay un líder en esta congregación, y aquí hay varios, cuando las personas entran no podrían decir por su rostro, no podrían decir por su ropa: “Ese es un líder”. No. El liderazgo no es una posición, no es una jerarquía.

Tampoco, hermano, tampoco es un conjunto de herramientas. Si vas a la librería “Que cuesta”, si vas a la librería “El Camino”, si vas a cualquier librería cristiana o secular, encontrarás libros de liderazgo donde te van a enseñar herramientas para que puedas ser un mejor líder. Hermano, el liderazgo no es herramientas.

Es otra cosa. Es otra cosa. Y lo que el Señor le enseñó a sus discípulos no eran las “cinco herramientas para que puedan conducir al pueblo”. No, no fue eso. Lo que el Señor les enseñó a sus discípulos es que el que se humilla será levantado y que en este reino el que más ama es el más grande.

Un líder, hermanos, yo anoté así, a la luz de la palabra, lo que he entendido que es un líder. Y anoté dos cosas principales que quiero leerle así mismo. Anoté, primero: un líder no es líder porque tiene sus problemas resueltos; lo es porque puede dejar de pensar por un momento en sí mismo y sus problemas para interesarse genuinamente en los problemas de los demás. Hay personas que en estas congregaciones el Señor está llamando a que conduzcan a sus hermanos en diferentes áreas, pero comienzan a preguntarse: “Lo que pasa es que a mí me falta esto. Lo que pasa es que yo carezco de aquello. Yo todavía no tengo lo que hace falta”. Hermano, un líder no es la persona que tiene sus problemas resueltos. Es la persona que puede por un momento dejar de pensar en sí mismo y sus problemas e interesarse genuinamente en los problemas de los demás.

Me preguntará alguien: “Pero mira, es que yo creo que todavía no puedo ser un líder de la congregación”. Hermano, ciertamente un líder debe tener un corazón adecuado ante Dios, pero lo que más hace falta, hermano, para liderar es que puedas deponer por un momento el “yo” y comenzar a pensar por un tiempo en el “nosotros”. De que puedas sentir un real llamado del Señor por un problema de su pueblo y puedas ser instrumento de Él, no en base a tu perfección, sino en base a lo que el Señor quiere de nosotros.

Leyendo, hermano, esta historia de Moisés en la montaña, lo primero que parece medio raro… Y cada vez que tú veas un pasaje de la Escritura, pregúntate lo siguiente: ¿para qué Dios puso eso allí? Bueno, ¿verdad que es medio raro eso de que Moisés va a tener la mano así con la vara, y si él tiene la mano hacia arriba entonces el pueblo vence, y si su mano se cae entonces Amalec vence? Es medio raro, ¿verdad?

Miren, es que la Escritura nos enseña en diferentes formatos. Hay veces que nos da instrucciones directas y hay veces que esconde verdades espirituales preciosas por medio de metáforas que tienen rasgos poéticos. Josué recluta un ejército y ve a pelear, que yo estaré en la montaña intercediendo por el pueblo. Y fueron… Moisés no solamente fue solo. ¿Quiénes fueron con Moisés? Aarón y Hur estaban al lado de él, hermanos. Y hubo un momento en que entonces el líder del pueblo se cansó, y dijeron: “Pongamos una piedra”, y lo sentaron. Y los brazos se le caían. Yo le agarro un brazo, y se le queda otro brazo; yo le agarro.

Hermano, yo me pregunto: ¿y qué acaso tiene Moisés de especial para que le estén agarrando los brazos? ¿Acaso quién es Moisés para que le tengan que buscar una piedra? ¿Por qué razón hay que darle un trato distinto? ¿Y por qué Moisés no agarra y va también y pelea con todos los hermanos? El Señor nos está enseñando aquí una lección espiritual profunda y tremenda, y es que Él espera que su pueblo aprenda a cuidar a las personas que Él, por su misericordia, ha puesto para conducirlo.

Y quizás no hacía falta. El Señor pudo haber utilizado abejas, como en efecto en otra ocasión lo hizo. El Señor pudo haber detenido el sol, como en otro momento ocurrió. El Señor pudo haberle dado una fuerza extraordinaria a Josué para que venza, pero el Señor eligió esta batalla para enseñarnos que el pueblo del Señor tiene que aprender que sus líderes se cansan y necesitan ayuda. Y que de algún modo, hermano, de la estabilidad de un líder depende todo un pueblo, y por eso hay que cuidarles.

Si Moisés, cansado como Moisés, fallaba, definitivamente que el Señor podía levantar otro pueblo, pero para ese momento y en ese tiempo era Moisés. Y el pueblo tenía que hacer todo lo posible para que Moisés se mantenga bien. A veces es difícil uno imaginar el liderazgo, sus hermanos, pero tengo que mencionarles casos en Pez Mundial. Tenemos un líder de alabanza que quizá no es perfecto, pero hermano, miren, nos ha tomado cerca de tres años desarrollar a ese líder de adoración. Y si él se nos cayera en un momento, si se nos cayera, toda esta congregación sufriría.

¿Y qué tiene él de especial? Nada. Ahora, fue el líder que el Señor, en su infinita misericordia, nos permitió para este momento en esta congregación. Y cuando está yéndose de lado, lo primero que hay que hacer es mandarse corriendo, agarrar un brazo, porque si se nos cae Moisés, se nos cae, todos nosotros sufriremos. Y ¿qué hay en él? En él no hay muchas cosas, pero hay algo en su corazón, y es que el Señor puso en él la intención de dirigir este pueblo con adoración. Eso, eso.

Miren, hay un departamento de logística en Pez Mundial que tenemos que moverlo, pero ese departamento de logística comenzó con una intención que el Señor puso en el corazón de un hermano de esta congregación, y fue la intención de llevar palmas, de buscar equipo de sonido cuando en Pez Mundial no había dos pesos, de buscar los cables, de montarlos y llegar todos los días al Parque Iberoamérica en un carrito Toyota Corolla con las palmas saliéndose y montar nuestra iglesia. Eso lo puso el Señor en su corazón. Y ¿es un líder perfecto? No, tiene mil cosas que mejorar. Pero es el que el Señor nos dio, hermano, es el que el Señor nos dio, y el Señor puso eso en su corazón. Y de vez en cuando se cansa, se cansa.

Tengo tres cosas, hermano, para decirle sobre el cansancio, eso de que se le cansaban las manos a Moisés. Miren, no es lo mismo cansancio que fatiga. No es lo mismo. Fatiga es agotamiento. Pero esas tres cosas las experimentamos todos los líderes. Oiga, mi hermano, yo me reuní con una persona esta semana y he visto el fruto del programa Lectura Bíblica Mundial. ¿Cómo comenzó el programa de lectura bíblica? Una carga que el Señor puso en el corazón de un hermano de esta iglesia para que leamos y profundicemos la Biblia. Y el Señor puso eso en él. ¿Y por qué no lo puso en mí? Ese es el asunto. ¿Y por qué no…? Porque lo puso en él.

Miren, cuando uno siente una carga del Señor en el corazón para hacer algo, el Señor te está llamando, que conduzcas a tus hermanos alrededor de eso. Y lo ayudamos en la iglesia a desarrollar un programa de lectura bíblica con un calendario, y domingo tras domingo aquí están los chocolates, están las preguntas. Y a ese hermano hay que apoyarlo, porque viene y lo hace. Es un líder de nuestra congregación que ha sido de bendición ese programa para todos nosotros. ¿Usted no piensa, hermano, que de vez en cuando se debe cansar? ¿No piensa que se debe cansar?

Se debe fatigar, se debe agotar. Miren, cansancio es algo que viene a la mente de uno cuando uno tiene mucho tiempo haciendo lo mismo, como que está saturado de eso. ¿Les ha pasado a ustedes en algo que se saturan? Hermano, miren, en seis meses, un año, en algo ahí, ahí, ahí, ahí… Tarde o temprano, aunque el cuerpo esté fresquecito, uno se cansa. Y cuando se cansa, a la gente que el Señor nos ha dado para conducir este pueblo, ¿saben cómo se le ayuda? Se le agarra, se le sienta, se le cuida. ¿Por qué? Porque es verdad que ellos pueden buscar cosas que nosotros no, pero queremos que el Señor nos preserve eso que nos ha dado.

¿Me están siguiendo en este asunto, que los líderes se cansan? Nos cansamos, hermano. Hacer algo ahí, ahí, ahí, ahí… ¿Se han pensado lo que es eso, ahí, ahí, ahí, ahí y ahí? Tarde o temprano la mente pide: “Mira, ya yo necesito una pausa”. Uno se cansa. Pero también se fatiga, hermano. El cuerpo, el cuerpo se cansa. El cuerpo, así como se cansa la mente, se cansa el cuerpo. Y no hay nada carnal, hermano, en que haya un domingo en la mañana donde quizá los líderes, de corazón, estén tan cansados, tan afanados durante toda la semana, que le dé lucha pararse de la cama. Porque se cansan, se fatigan, se agotan.

Suben que el agotamiento… Hermano, la capacidad de dar no es ilimitada. Todos tenemos un techo para dar. Tú puedes dar, dar, dar, dar, dar, pero llega un momento en que tú necesitas también que te den, que te den, que te den, que te den, ¿para qué? Para dar, para dar y para dar. Y te agotas. Llega un momento, hermano, en que los líderes ya no quieren dar, porque están agotados, se les acabó el agua. Lean a David en su momento de oscuridad; llegaba un momento que David no quería ver a nadie y se trancaba. Lean a Moisés; ustedes van a ver a Moisés agotado, cansado y fatigado. “Señor, este pueblo es muy duro”. El Señor hasta lo tentó, a ver: “Si tú quieres, te busco otro pueblo”. “Ay no, Señor, déjanos con este”. Porque se cansaba, hermano, se cansaba desesperadamente.

Miren, sus líderes no son gente perfecta espiritualmente hablando, son gente que luchan con las mismas luchas que luchan ustedes. ¿Qué tienen de diferente? Que aparte de luchar con las propias, también tienen el amor necesario para luchar con las ajenas.

Tú luchas, hermano, por tener tu calendario de lectura bíblica al día, tú luchas con eso. Yo lucho también. Y cada cierto tiempo me quedo atrás. Hay veces, hermano, que cuando respondo a la pregunta, hay veces que lo hago porque veo cuatro hermanos alzando la mano y quiero darles la oportunidad, pero muchas veces yo no me la sé porque no lo leí. ¿Me están siguiendo en este asunto?

Miren, la oración, hermano. La constancia en la oración. Yo lucho con eso todos los días. Gracias al Señor que me ha provisto una esposa que me ayuda en ese área, hermano, y no me deja salir a trabajar sin orar. Pero yo le pedí a ella, le pedí a ella que me permitiera mostrarle nuestro calendario de oración para enseñarle que tiene vacíos.

En esta semana estábamos dándole gracias al Señor por todo… Esos son días, las columnas. Y diariamente nosotros escribimos los cambios y lo pedimos al Señor. Pero si ustedes buscan hacia atrás, también hay páginas en blanco. “¿Y qué pasó, pastor? ¿Qué el viernes 29 no se oró en su casa?”. Ay, hermano, mire, quizá yo estaba tan afanado por el proyecto este que les dije ahorita, estaba tan afanado con eso que cuando llegué a mi casa me dormí. O yo estaba tan afanado porque tenía una reunión a las 8 y me cogió el sueño, que no me dio tiempo a hacerlo en la mañana. Y el sábado 30, nada. Y el miércoles 20 solamente llevamos un motivo de oración ante el Señor. Un solo llevamos, y hay más hermanos.

Miren, hay temporadas completas. “¿Pastor, y el lunes 1, el martes 2, el jueves 4, qué pasó? ¿Que usted no oró?”. Sí, hermano, me conocí en un momento, estaba en una situación y había un tema, y alguien como que me preguntó: “Pastor, ¿y eso? ¿Usted no se ve afectado?”. Sí, y a mí también me afecta. Señores, sus líderes, como dijo el apóstol Pablo, son gente de carne y hueso, como ustedes. Lo único que tienen distinto, hermano, lo único, es que el Señor ha puesto en ellos el amor suficiente para que, a pesar de sus luchas, sus debilidades y sus carencias, también atiendan un chin la lucha, la debilidad y la carencia tuya. Un líder no es alguien que tiene la constancia que tú no tienes. Un líder no es alguien que tiene la perfección que a ti te hace falta. Un líder es alguien que, a pesar de sus carencias y sus necesidades, trata de ayudarte, y eso vale mucho, hermano.

Ayer nos levantamos en la casa, y yo le dije a Caro: “Hoy vamos a orar solamente por la necesidad de nosotros, y vamos a orar por nosotros”. Y al final, como una colita, oré por dos cosas más porque uno siempre como que quiere colar algo, hermano. Pero le quiero decir con esto, señores, que su pastor lucha y se cansa.

Su pastor come. Usted no me ha invitado. Pablo, escribiéndole a las iglesias, les decía: “Gracias le doy al Señor porque han tenido de nuevo cuidado de mí”. Sí, su pastor come, señores. Miren, no se lleven de lo que ustedes ven por fuera. Quizá muchos no saben: mi esposa está desempleada hace un tiempo. Para mí es una bendición, porque la tengo en la casa, yo he ganado hermano, he ganado en eso; yo cambiara muchas cosas por eso. Pero hemos estado limitados. Hermano, se acaba… ¿Les ha pasado que se les acaba? Se les acaba la despensa, se acaba el gas, hay que pagar la luz, son dos pesos de aquí y de allá. No es que el pastor debe ser una persona que tiene sus finanzas resueltas, que tiene, hermano… No. Somos gente igualito que ustedes. Y a veces hay que agarrarnos.

Y le doy las gracias al Señor, porque en esta iglesia hay gente que cuida a su pastor. Y hay gente que cuida a su pastor, hermano, que cuida a su pastor. Y gloria al Señor por eso. Hay gente que se preocupa por mí.

Déjenme decirle, hermano, liderazgo es de iglesia. Es gente que hay que agarrarla, gente de carne y hueso, que lo único que tiene distinto, hermano, lo único, es que el Señor ha puesto en ellos el amor suficiente para, a pesar de sus luchas, sus debilidades y sus carencias, también atender un chin la lucha, la debilidad y la carencia tuya. Y no lo hace porque él tenga sus problemas resueltos, lo hace porque él quizá puede amar muchísimo. ¿Me siguen en este asunto? El líder perfecto no existe. Todos nosotros luchamos, todos los líderes de congregación luchan en lo mismo que toda la congregación, y para la mayoría de las cosas que ustedes van a la sala de mi casa a preguntarme, yo tengo que consultarle al Señor porque no las sé.

El día pasado estaba orando por una situación con una persona de la congregación y le dije: “Mira, yo realmente no sé”. Hablamos ahí durante un buen tiempo, oramos al Señor y decidimos algo ahí porque había que decidir, pero yo le decía: “Mira, yo a ciencia cierta todavía no sé si lo que estamos decidiendo ahora realmente es lo que el Señor quiere que decidamos. Pero orémosle a Él para que, si no es su voluntad, Él nos baraje este asunto y se caiga”.

Usted quizá piensa como que el pastor tiene que tener en la boca la palabra precisa para el momento adecuado, el consejo apropiado, tener… No, no, hermano, no es eso. Para nosotros, aquí lo que estamos es para ayudarte a ti a que juntos, juntos, juntos podamos encontrar la dirección y el consejo del Señor, así como el pueblo iba donde Moisés y él decía: “Yo no tengo agua”, la gente venía donde él y él tenía que decirles lo mismo. Ahora, un líder, recuerden las dos características: puede sentir especialmente por la necesidad de los otros y depende de Dios, hermano, depende del Señor. Eso es lo que tenemos: depender del Señor.

Noté varias cosas sobre liderazgo que quiero así compartirles al vuelo sobre el tema. Lo primero, hermano, miren, aquí nos damos cuenta en este pasaje de la Escritura que la principal herramienta de trabajo en nuestro proyecto es la oración. Había una estrategia militar que estaba sucediendo abajo, pero había una estrategia devocional que estaba sucediendo arriba. Están muy mal las cosas por las cuales yo oro, hermano, y me gusta, y lo he hablado con mi esposa. Es que cuando yo lleno mi motivo de oración, esa oración alcanza a muchas personas en diferentes partes. Y cuando yo veo la oración vacía, yo no solamente pienso por mí, sino digo: “Wow, cuánta gente se quedó sin mi oración esta mañana”.

Hay una estrategia militar que lleva Josué debajo, una estrategia operativa. Pero hay una estrategia devocional, hermanos, que llevaban arriba Moisés, respaldado, cargado y ayudado por Hur de un lado y por Aarón del otro. Estos proyectos no solamente son logística, hermano; hay un área devocional en Pez Mundial que no debemos descuidar para que el pueblo venza.

Aprendemos, hermano, en ese pasaje de la Escritura que la principal responsabilidad de un líder no es ni siquiera pelear. ¿Saben cuál es? Interceder. Lo que hacen otros líderes es interceder por nosotros. Por eso les decía Pablo a las iglesias: “Ruego al Señor por ustedes”, les decía. Les decía constantemente: “Están en mis oraciones”, le decía a la iglesia. Es que Pablo entendía que había una estrategia. A veces yo me imagino a Pablo con Timoteo y Tito como estaba Moisés con Josué y el ejército debajo. Pablo tenía una estrategia devocional, intercediendo por las iglesias, pero tenía también diferentes paladines que estaban en diferentes partes del mundo ayudando en sitio a las iglesias, por las cuales Pablo también intercedía. Él decía: “Aunque ausente en el cuerpo, presente en el espíritu”, decía Pablo.

Hermano, para que un proyecto como Pez Mundial avance, hace falta que haya una estrategia devocional llevada por un líder, y al mismo tiempo hace falta una estrategia operativa llevada por mucha gente. Imagínenselo así mismo, hermano. Qué bien, qué bonito estaba la iglesia hoy en la organización de todo, ¿vieron qué bien? No se me descuiden en eso, porque a veces uno quiere… Es verdad, tenemos que cuidar, pero también hay que cuidar la casa del Señor, hermano. Las dos cosas van de la mano.

Yo no sé quién fue, pero aquí llegó gente temprano y montó este asunto, y cuando yo llegué estaba montado. ¿Me entienden en este asunto? O sea, yo llegué hoy aquí a las 9 y vine a ayudar de que a montar, y yo encontré que las sillas estaban montadas, que las cosas estaban conectadas, que había una clase que ya comenzó. Hay una estrategia operativa que está sucediendo aquí, que es importante.

¿Qué más aprendemos de este pasaje, hermano? Miren, aprendemos que cuando se combina la oración y el esfuerzo, la oración y el esfuerzo, el pueblo vence. Hay congregaciones, hermano, que son de movimiento y congregaciones de oración. Así son los mundos, las iglesias. Y hay iglesias que lo de ellos es estar orando, intercediendo, y hay iglesias, hermano, que lo de ellos es estar montando las sillas y montando el “tacho” y demás. Hay como dos tipos de iglesias. Vamos a hacer las dos.

Es necesario hacer una cosa sin descuidar la otra. Vamos a hacer las dos, hermano. Vamos a ser la iglesia que intercede y vamos a ser la iglesia que ejecuta.

¿Qué aprendemos, hermano, de estas cosas? Miren, aprendemos que nuestros líderes son vulnerables. Dice el libro de Zacarías lo siguiente, dice: “Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas”. Cuando los líderes en la congregación tenemos luchas fuertes, y son luchas reales, es porque el ataque principal… ¿Han leído las batallas de Israel, cómo eran en su día? Los reyes se disfrazaban para que no los distingan. Los reyes entraban disfrazados al campo de batalla. ¿Por qué? Porque entendía el ejército contrario que si acaso herían al rey, el pueblo se dispersaba.

Miren, no hay ningún líder que sea imprescindible para el Señor, pero qué lamentable es ver una iglesia dispersada porque faltó un líder. Qué triste, hermano, es ver iglesias dispersadas porque quizá no cuidaron adecuadamente a su líder. Entendemos, hermano, miren, el Señor levantará gente donde no nos imaginamos, pero siempre son transiciones dolorosas, siempre, hermano, son transiciones dolorosas, siempre hay pérdida en el camino. Qué lamentable sería que el pueblo pierda a Moisés, ¿verdad? Qué lamentable sería.

Así hacían cuando entraban los ejércitos a pelear. La estrategia primera era: “Busquen al rey y hiérenlo”. Bueno, lo mismo pasa en la casa del Señor. Cuando Satanás viene a zarandear a la iglesia, ¿por dónde comienza primero? Por sus líderes. Y normalmente, hermanos, normalmente no ataca directamente por la iglesia, porque por ahí uno se cuida.

Les comparto lo siguiente. Recuerdo cuando comencé a salir con Carolina, yo le mencioné tres cosas que ella se ha encargado de recordarme. Yo le dije que había visto líderes que eran exitosos en dos cosas, pero no en tres. Yo he visto pastores que han logrado desarrollar familias preciosas. He visto empresarios que han logrado desarrollar familias preciosas. He visto padres de familia que han logrado desarrollar empresas y otros padres de familia que han logrado desarrollar iglesias, pero yo no he conocido a alguien que haya sido exitoso en los negocios, en la iglesia y en la familia, y los tres son proyectos importantes y delicados.

Es una oportunidad de facultad de orden sobre su pastor. ¿Usted me entiende en este asunto?

Miren, imagínense ustedes. El Señor me cuida, hermano. Miren, para mí la familia es un asunto quizás en algunos aspectos más importante que la iglesia. Si yo tuviera en algún momento que atender un proyecto o el otro, la familia… Sí, hermano, miren, el tiempo que se le dedica a un proyecto como este va en detrimento directo del tiempo familiar. ¿Usted me entiende en este asunto?

Una congregación… No lo digo que lo hagan conmigo, pero una congregación, hermano, debería preocuparse: “Pastor, ¿y usted ha salido con su esposa últimamente?”. Y son cosas, hermano, que una congregación debería cuidar: “¿Pastor, ustedes están descansando?”. Ay, miren, si a mí me tocara de nuevo ser miembro de la Iglesia Asamblea de Dios de Lucerna, yo sería, hermano, el mejor miembro que José Parra tendría. El mejor miembro, que entendería. Yo iría a su casa: “Pastor, ¿usted cómo está?”. “Pastora, hay que hacer ejercicio”.

Miren, yo me estaba mirando unas fotos. Hay dos cosas donde usted puede entender cómo va mi vida por dentro. Hay dos cosas: donde ustedes vean qué tan limpio está mi carro y vean cómo está la barriga. Hay dos cosas que yo hago cuando tengo mucho estrés: como mal y no lavo el carro. Esas son cosas que los de esta iglesia, de verdad, pueden notar. Yo veo el carro sucio que tapa… Son indicadores, son indicadores. Vayan a ver cómo está mi carro limpio ya, hermano. Yo después que resuelvo todas las cosas, como que atiendo el carro. No sé si me entiende.

Miren, yo, si fuera nuevamente un miembro en la línea de esta asamblea de Dios de Lucerna, cuidaría a mi pastor, hermano, como ustedes no se imaginan. “Pastor, ¿y la casa, cómo está? ¿Y la familia, cómo está?”. Miren, es un asunto. Es un asunto. “¿Y la esposa, está contenta? ¿Y no están muy pesados? ¿Y unas vacaciones o algo? Hagan una pausa y váyanse para algún lugar, yo le atiendo a los niños”. Miren, yo eso lo cuidaría. Le quiero decir con eso, hermano, que el cuidado, el cuidado, el cuidado a los líderes debe ser un asunto de vida.

¿Ustedes no han leído los valientes de David? David tenía al lado una serie de hombres aguerridos, que David decía: “Estoy sediento, yo cruzara al otro campamento…”, y ellos estaban ahí: “Aquí está, rey, el agua. ¿A quién le damos?”. Y era que David fuera bien formado, hermano. Miren, si no estaba David iban a ver el líder, pero fue el líder que el Señor puso en ese tiempo.

Aplicando la enseñanza: oración y cuidado de los líderes

Por último, hermanos, leo esto. Miren, Dios eligió una imagen poética y memorable para enseñarnos a nosotros principalmente tres cosas: que nuestros líderes son humanos, que no son gente sacada de otro sitio, son humanos; nuestros líderes son humanos. Que nuestros líderes se cansan. Nos enseñó eso ese pasaje de la Escritura, nos enseñó que los líderes se cansan.

Bueno, cuando llegamos al tercer año de Pez Mundial, yo tenía un cansancio tan fuerte que yo estuve pensando dentro de mí si acaso tenía las energías para llegar al año 25. Uno se cansa, se fatiga, se agota.

Para enseñarnos, hermanos, principalmente que nuestros líderes necesitan ser ayudados. Dios no eligió una imagen de respaldo físico o de respaldo financiero. Eligió una imagen de respaldo en general, que aplica para todas las áreas.

Hermano, no quiero pedir solo por mí, quiero pedir por la gente que el Señor ha puesto en esta congregación. Pregúntense por ellos, la gente que mueve esta iglesia en el día a día, esos líderes. “¿Cómo está tu vida espiritual?”. La gente como que piensa que a uno no se le pregunta eso. Hermano, se le pregunta. “Hermano, ¿cómo está tu vida espiritual? ¿En qué tiempo estás orando? ¿Con qué luchas?”. A los líderes se les pregunta eso: “¿Con qué estamos luchando? ¿Cómo te ayudamos?”.

Y al final le dijo el Señor a Moisés: “Moisés, escribe estas palabras en un libro”. Tengan esto… un momentito.

El domingo pasado estuve leyendo para ustedes una carta en la que les decía que tenemos nosotros que luchar juntos, y yo quiero pedirle encarecidamente a esta congregación que no lo luchen en la congregación y dejen a su pastor solo. Luchemos todos. Y ayúdenme a mí también a luchar.

Les decía el domingo pasado, hermano, que tenemos que ser sinceros los unos con los otros, y quiero abrir mi corazón a decirles a ustedes que estoy luchando, hermano, y que tienen que cuidarme. Yo, el primero, hermano, yo también me canso. Me agoto, me fatigo. Lucho todos los días por cuidar mi testimonio, como luchas tú.

A veces venzo, a veces fallo. Que lucho con la carne, los deseos de este mundo, de la misma manera que luchas tú. Que comúnmente caigo y a veces venzo. Hermano, que me hago tantas preguntas alrededor del Señor y su majestuosidad como te las haces tú, y para muchas de esas preguntas todavía no tengo respuesta. Que también fallo en mi vida devocional. Que al igual que tú que estás luchando en tu familia, yo también tengo familia. Que al igual que tú que estás luchando en lo económico, en lo material, sí, también en la casa de tu pastor hay necesidad.

Mira los líderes de esta congregación, Señor. Mira la gente que tú has traído. Mira la gente, Padre, que tienes sirviendo en áreas con constancia, y me imagino que deben de estar cansados. Te pido, Señor… No te puedo pedir por todos, pero te pido por mi hermano Edwin, que tú has visto la constancia que ha manifestado en esto que tú has puesto en sus manos, pero me imagino que se cansa, que se agota, Señor, que se fatiga. Ayúdalo ahí, Padre, mantenlo firme. Enséñanos, Señor, dónde es que hay que levantar, dónde es que hay que sentar.

Te pido por Tomás, Señor, que mira que desde que comenzamos ha estado aquí, moviendo cosas, y me imagino, Señor, que hacerlo domingo tras domingo es algo que cansa la mente. Cargarlo domingo tras domingo es algo que cansa el cuerpo. Me imagino que también quiere que le den, así como él está dando, Señor.

Te presento a Nicolás, Señor. Mira, Padre, el esfuerzo intelectual que es venir aquí con un programa de adoración domingo tras domingo. Son canciones nuevas, Señor, canciones que no necesariamente le gustan a la gente, pero que son las canciones que nuestros líderes determinaron que se van a cantar. Dale, Señor, una fuerza especial a mi hermano, para que siga componiendo para tu gloria. Enséñanos, Señor, dónde es que podemos agarrar su brazo, dónde es que podemos sentarlo.

Mírame a mí, Padre, que me canso. Mírame a mí, Padre, que lucho. Ay, Padre, gracias por José Rafael Parra, que me dio tanto, y yo quejándome. Es verdad, Señor, que si él estuviera, estaría yo allá hoy al lado de él, junto a él, sosteniendo sus brazos, Señor, buscando dónde se sienta el pastor, cuidándolo, Señor, hasta de su mismo pueblo, como había que cuidar a Moisés, a David, defendiéndolo, Señor. No porque sea nadie especial más allá de ninguno de nosotros, sino porque es el pastor que tú pusiste en esa congregación.

Cuida tu iglesia, Señor, y cuida a los líderes de esta iglesia. Ay, Padre, mira qué doloroso sería perder algunos de ellos ahora mismo. Mira cuánto sufriría tu pueblo, Señor, si tendría que perder a su pastor, a su líder de adoración, a su líder de logística, Señor, a su maestro. Qué lamentable sería eso. Qué doloroso es, Señor, cuando el pueblo pierde sus líderes. “Hiere al pastor”, dice, “y se desparramarán las ovejas”.

Padre, termino pidiéndote que tú pongas un amor especial en la gente de Pez Mundial hacia sus líderes. Que tú pongas una sensibilidad especial en ellos, Señor, que pongas un interés especial. Tal como les decía el apóstol Pablo a sus hermanos filipenses, que daba gracias a ti, Señor, porque de nuevo habían recobrado el interés por él. Que no es que haya faltado nunca, sino que no habían tenido la oportunidad.

Ay, Padre, permite que tu iglesia, cuando piense en cuidarse, también piense en mí. Permite que tu iglesia, Señor, cuando piense que está luchando, también piense que yo lucho. Permite que esta congregación, Señor, cuando piense que se cansa y que está triste, también piense que su líder, que su pastor, está triste, Señor, y se cansa.

Permítenos, Padre, caminar como pueblo, unos ahí al pie del cañón, Señor, y otros desde la montaña intercediendo por la gente. Permítenos, Padre, combinar la devoción con la acción para llegar a ser la iglesia que tú quieres que sea. En el nombre de Jesús, por tu amor, por tu misericordia. Amén.

El Señor les bendiga mucho. Un gusto compartir con todos ustedes.

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