Que el Señor les bendiga, hermanos queridos. Antes de predicar la Escritura, tomemos un momento para orar por las madres que están aquí presentes. Vamos a pedirle a las madres solamente que se pongan ahí un momento sobre sus pies, a las madres, eso, a todas las madres. Y ahora pedirle a los hermanos que se acerquen, así que rodeen a cada una de esas madres y que le pongan ahí una manito para orar por ellas como iglesia, pedirle al Señor que les bendiga especialmente, que les acompañe en esta jornada que ellas han emprendido con su ayuda.
Que sea el Señor trayendo paciencia especial, que sea el Señor trayendo sabiduría especial, deleite especial en estas cosas y que todas ellas puedan ver el fruto, si no ahora mismo, hermanos, cuando nos encontremos en la presencia del Señor. Padre, mira estas madres que están aquí congregadas como iglesia, Señor, las ponemos ahí en oración en tus poderosas manos. Te pedimos, Señor, que seas tú trayendo aliento especial a cada madre aquí congregada, Señor.
Paciencia especial, sabiduría práctica, Señor. Mira los dilemas, Señor, de la maternidad. Mira los dolores especiales que siente una madre, Señor. Acompáñales tú en esta jornada, estimúlales tú, Señor, trae tú aliento especial y permite, Padre, que por tu misericordia puedan ver el fruto de su labor. Dale, Señor, convencimiento, convencimiento. Dale, Señor, resistencia. Dale, Señor, para que todos los que están alrededor de ellas sean nutridos para la gloria tuya. En el nombre de Jesucristo, que es nuestro Señor, amén.
Gloria al Señor por cada una de estas madres, que el Señor les siga ayudando. Acompáñenme, hermanos amados, a la Sagrada Escritura y estemos juntos en el libro de los Jueces. Es frecuente que el día de las madres se tome una porción alusiva a las madres en la iglesia.
Una historia realista de maternidad: la madre de Sansón
¿Para traer sabiduría del Señor al respecto de este privilegio que el Señor le ha dado a algunas de nuestras hermanas, que es el privilegio de la maternidad? Frecuentemente se toman los casos más estándar, las madres más ejemplares, donde es más fácil estar al principio para nosotros. Hoy veremos un caso que creo que puede darnos una perspectiva realista acerca de lo que es la maternidad.
No es la primera vez que se expone este texto del libro de los Jueces, capítulo 13, en nuestra iglesia. De hecho, hacen hoy cuatro años nuestro hermano Ray A. Váquez expuso a la iglesia esta misma porción de la Escritura, e invito a la iglesia a que volvamos a la misma porción de la Escritura. Porque es una fuente, hermano, donde siempre hay agua y donde nunca somos defraudados. En aquel momento vimos la perspectiva de una heroína anónima; hoy veremos los grandes desafíos que tiene que experimentar una madre para desarrollar su labor.
Pónganse un momento sobre sus pies. Es el libro de los Jueces. Estaremos leyendo el capítulo 13. Es una porción conocida de la Escritura, el nacimiento de Sansón, pero me gustaría que hoy, cuando veamos el nacimiento de Sansón, no pensemos en Sansón, sino en la madre de Sansón. Dice así la palabra del Señor:
Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, y Jehová los entregó en mano de los filisteos por cuarenta años.
Y había un hombre de Zora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manoa; y su mujer era estéril, y nunca había tenido hijos.
A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y le dijo: He aquí que tú eres estéril, y nunca has tenido hijos; pero concebirás y darás a luz un hijo.
Ahora, pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda.
Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos.
Y la mujer vino y se lo contó a su marido, diciendo: Un varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, temible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dio su nombre.
Y me dijo: He aquí que tú concebirás y darás a luz un hijo; por tanto, ahora no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda. Porque este niño será nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte.
Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, vuelva otra vez a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer.
Y Dios oyó la voz de Manoa, y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no estaba con ella.
Y la mujer corrió prontamente a avisar a su marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino a mí el otro día.
Y se levantó Manoa y siguió a su mujer, y vino al varón, y le dijo: ¿Eres tú aquel varón que habló a la mujer? Y él dijo: Yo soy.
Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?
Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije. No tomará nada que proceda de la vid, no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda; guardará todo lo que le mandé.
Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego que nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito.
Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquel fuese ángel de Jehová.
Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos? Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?
Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer.
Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra.
Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová.
Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto.
Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto.
Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón; y el niño creció, y Jehová lo bendijo.
— Jueces 13:1–24
Pueden sentarse, hermanos queridos. Reconozco que esta no es la historia estándar para hablar de la maternidad. Sin embargo, me parece que esta es una de las historias de la Escritura que más se acerca a los retos que las madres contemporáneas pueden tener en su labor.
Les digo a modo de introducción que para una mujer piadosa la maternidad es un viaje especialmente largo. Comienza aun antes de la concepción, con el deseo de ser madre; se concreta cuando su deseo es cumplido, llega a estar embarazada y da a luz; y se extiende durante toda una vida, acompañando a sus hijos en cada etapa y sintiendo, aunque sea a la distancia, como su corazón es desafiado en cada una de las circunstancias de ellos. El viaje solamente termina cuando ve cumplidos en los suyos los propósitos de Dios, frecuentemente después de varios periodos de dolor que con toda seguridad le afectarán a ella.
Especialmente hoy veremos estas etapas en la madre de Sansón y cómo, a pesar de muchos desvaríos, Dios cumplió su propósito en la vida de su hijo. Veremos que la expectativa de unos padres creyentes no puede ser que sus hijos sean exitosos en los términos del mundo y después se pierdan.
Propósito de Dios vs. éxito del mundo
Sino que sean salvos, y en sus vidas se cumplan los propósitos de Dios, aunque sea por medio del dolor y mucha incertidumbre. Un hijo como Sansón es el hijo que le da mucho tormento a una mamá. Fue un instrumento levantado por el Señor para propósitos específicos, pero cuando uno lee la historia de Sansón dice: qué instrumento.
Los desafíos que debió experimentar la madre de Sansón, cuyo nombre no aparece en la Escritura, sino que se presenta como la mujer de Manoa, fueron desafíos particulares. Pero me gustaría que todas las madres aquí hoy presentes puedan identificarse con los retos de la maternidad vistos a través de la historia de la mamá de Sansón. Estaré mostrando a la iglesia cinco desafíos distintos con los cuales cualquier madre puede identificarse y depender igualmente del Señor.
Comenzaré mostrando ante la iglesia el primer desafío que experimentó esta madre, y es el desafío de modelar ante su hijo un estándar espiritual. Es un caso excepcional en la Escritura, porque aquí no tenemos solamente el caso de uno que sería nazareo. Un nazareo era una persona consagrada al Señor por un tiempo específico; a veces un voto nazareo podía tomar algunos meses, a veces, como en la vida de Sansón, el voto nazareo se proyectaba durante toda una vida.
Lo excepcional aquí es que el Señor no solamente pidió que Sansón sea dedicado como un nazareo al Señor, apartado para él desde el vientre, sino que su madre también cumpliera el mismo estándar. Le dice el Señor, leo de nuevo los versículos del 3 al 5:
A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y le dijo: He aquí que tú eres estéril, y nunca has tenido hijos; pero concebirás y darás a luz un hijo.
Ahora, pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda.
Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento.
— Jueces 13:3–5
Ser un nazareo en Israel era un rol muy particular. Frecuentemente estaba reservado para personas que en las manos del Señor alcanzarían grandes propósitos. Eran personas que se consagraban al Señor en una etapa específica y se apartaban de muchas cosas para cultivar solamente la devoción a Dios. Estos elementos del voto nazareo eran elementos simbólicos.
Tenía que abstenerse, por ejemplo, del vino. Tenía que evitar cortarse el cabello, una señal externa de que esa persona se estaba consagrando especialmente al Señor, y, al igual que los sacerdotes y las personas que trabajaban en el templo, no podían tocar cadáveres ni cosa inmunda. El Señor ahora le solicita a la madre que consagre a su hijo como un nazareo por el mismo tiempo que se consagre ella.
Veo aquí, hermano, dos personas preparándose para una labor espiritual. Sansón sería consagrado al Señor y se prepararía para ser un instrumento especial como un nazareo; pero al mismo tiempo su madre se consagraría al Señor y se prepararía para ser un instrumento del Señor como una madre. Hay razones al mismo tiempo que podrían ser razones prácticas y muy convenientes para pedirle a la madre el mismo nivel de abstención.
Es esperable que, ya que su mamá también se apartaría, Sansón tuviera en su casa un ejemplo directo de cómo vive una persona que se consagra especialmente al Señor. De hecho, es esperable que ella misma, al haberse apartado de estas cosas, ayudara especialmente a su hijo a vivir apartado para el Señor, por lo menos en el tiempo que estuvo a su alcance, porque eventualmente Sansón hizo otras cosas con su vida. Pero mientras estuvo bajo el cuidado de su madre, es esperable que, ya que su madre conocía lo que era apartarse para el Señor, él al mismo tiempo aprendiera a apartarse.
Es frecuente que la primera referencia para las disciplinas espirituales que tiene cualquier muchacho sean las referencias de su madre. Si usted le pregunta a alguna persona cuál fue la primera persona que viste orando, leyendo la Biblia, congregándose en la iglesia, frecuentemente dicen: mi mamá. El Señor estableció que no solamente Sansón tendría un rigor espiritual especial, sino que su madre también se prepararía especialmente.
Este es el primer desafío que experimentará toda madre: si el Señor te ha dado el privilegio de concebir, prepárate espiritualmente, hermana, para esta labor. Depende del Señor espiritualmente y apártate de muchas cosas para poder glorificar al Señor bien en el rol de la maternidad. Tengo que ir un poco rápido, hermanos queridos.
Modelar un estándar espiritual y alinear el propósito
Primer desafío para una madre: modelar ante sus hijos un estándar espiritual. Cuando uno lee los votos nazareos parecieran cosas estridentes, extravagantes, pero hermano, lo que el Señor le ha establecido a su iglesia no es ni más ni menos que un asunto que ante el mundo parece estridente y extravagante. Lo que el Señor ha demandado para todos los creyentes es apartarnos del mundo y vivir para la gloria del Señor. Lo que el Señor ha demandado a todos los creyentes es que vivamos en medio del mundo con características distintivas que nos muestran que somos parte del pueblo del Señor, y en esto toda madre cristiana debería poder identificarse.
Si tú quieres criarle un hijo al Señor, establece en tu casa un estándar, un modelo de cómo podemos apartarnos para vivir exclusivamente para nuestro Dios. Segundo desafío, hermanos queridos, está en el versículo 5: es el desafío de alinear a sus hijos con el propósito de Dios. Dice:
He aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de mano de los filisteos.
— Jueces 13:5
Madre que estás aquí hoy presente, el principal desafío que tú tienes con tus hijos, la principal tarea que estás desarrollando como madre cristiana, no es la tarea del rendimiento físico de tu hijo, no es la tarea del rendimiento académico de tu hijo, no es la tarea del rendimiento económico y el éxito en la vida que tus hijos puedan tener. La primera tarea que tiene una madre piadosa es criarle hijos al Señor. El Señor se lo estableció aquí y le dijo: él sería nazareo, pero no sería nazareo para el pueblo, no sería nazareo para otra gente, sería nazareo a Dios desde el nacimiento.
Qué hermoso sería si toda madre cristiana asumiera que no solamente está criando, sino que le está criando hijos al Señor. Qué hermoso sería si entendiéramos como padres todos que nuestra meta en la vida no es que nuestros hijos tengan vidas exitosas, sino que nuestros hijos alcancen en su vida el propósito del Señor. Qué distinta sería la crianza cristiana si nos apartáramos del estándar del mundo, que nos dice que si nuestros hijos aprueban las materias que hay que aprobar, tienen el crecimiento físico que hay que tener, se les aplican las vacunas que hay que aplicarles, luego se enrolan donde hay que enrolarse y encajan donde hay que encajar, y eventualmente se desarrollan en todas las áreas, humanamente hablando, en que la gente se supone que debe desarrollarse.
Entendamos que la principal tarea que tenemos como padres es hacer con nuestros hijos aquello que el Señor dijo que iba a hacer con ellos, y alinear nuestras expectativas con los planes y los propósitos del Señor. Algo que me preocupa como pastor es que frecuentemente, cuando pastoreo y aconsejo a los padres, los padres están preocupados por las mismas cosas que el mundo se preocupa. Están preocupados por el comportamiento de un hijo, están preocupados por el rendimiento académico de un hijo, están preocupados porque otro lo logró y el mío todavía no.
¿Y yo me pregunto: cuál es tu trabajo? ¿Qué es lo que estás haciendo? ¿Cuál es el propósito de Dios para la vida de tu hijo? El desafío de esta madre era entender que este hijo no llenaría sus expectativas particulares, sino que tenía que llenar las expectativas de Dios, y lograr alinear las expectativas de Dios con los planes de ella era el segundo desafío que iba a experimentar esta madre. Es el desafío de que nuestras expectativas y las expectativas del Señor se parezcan.
Renunciar a nuestros sueños y abrazar los de Dios
Y después que las expectativas del Señor sean logradas, qué hermosa sería una madre que pueda decir como quizás dijo la madre de Sansón: mi hijo fracasó en todas las áreas que los hombres miden, pero terminó siendo un héroe de la fe. Qué hermosa sería una madre que dice: mi hijo no va al ritmo que van los otros muchachos, pero yo espero que, en cuanto al ritmo de alcanzar en su vida el propósito del Señor, los propósitos del Señor en la vida suya se cumplan.
De hecho, me interesa mucho la historia de Sansón, porque Sansón no tuvo un desarrollo estándar. Fue, humanamente hablando, un muchacho caprichoso, pero aun en su temperamento caprichoso, la cosa más importante en Sansón se cumplió: lo que Dios dijo que iba a ser a través de él lo hizo. A ella se le anunció claramente el propósito. Lo que están diciendo es: tú eres estéril. Él se lo recuerda; el ángel le dice: tú eres estéril. Esto me llama la atención, hermano, porque la esterilidad es de las cosas donde se genera más impotencia en una familia.
Miren, concebir no es un asunto que está garantizado. Cada vez que predico estos temas vuelvo y lo digo porque generan mucha aflicción. Las personas piensan que todo el mundo se va a casar y que todo el mundo va a tener hijos y que sus hijos van a ser todos los hijos estándar que vienen como “check, check, check” y una vida feliz. Hermano, primero usted no sabe si se va a casar; eso lo da el Señor, esposa, esposo. Y usted no sabe si va a concebir. Los hijos son un tesoro del Señor y el Señor se lo da a algunos y se los evita a otros.
Uno podría pensar que esta mujer, la madre de Sansón, era estéril por diferentes razones, pero cuando se encuentra el ángel, el ángel le dice: tú eres estéril. Lo que está diciendo es: yo lo sé. Y en mi soberanía yo lo he determinado, y en este momento te quito la esterilidad. Y yo quiero que tú sepas que tú eras estéril y que yo sabía que tú eras estéril, y en este momento vas a concebir, pero no vas a concebir un hijo que va a ser tu proyecto de vida; vas a concebir un hijo que es mi proyecto para Israel.
Hermano, qué cambio da la paternidad cuando uno entiende que los hijos no son el proyecto de nosotros en primer lugar, sino que en primer lugar son el proyecto de Dios. Y que lo mejor que podemos hacer nosotros es hacer que el proyecto de Dios sea el proyecto de nosotros. En la vida de un hijo no caben los planes del padre en contra de los planes de Dios; lo mejor que podemos hacer nosotros es hacer de los planes de Dios que estén, esos también, nuestros planes.
De hecho, la oración de un padre debería ser: Señor, permite que mis propósitos para mis hijos estén alineados con los propósitos tuyos, y que lo que yo esté buscando sea lo mismo que tú quieres conseguir a través de la vida de ellos.
Se lo anunció a ella cuál iba a ser el propósito. Lo que le están diciendo no es: un hijo para que tú pienses que vas a cumplir tus sueños; en él se van a cumplir los sueños de Dios.
Esta cosa se dice rápido, hermano, pero es difícil uno desarraigar los planes y los sueños que tiene para sus hijos. Todo el mundo tiene sueños para sus hijos. Y en nuestros hijos no se deben cumplir los sueños de nosotros; nuestros hijos deben cumplir los propósitos de Dios. Pero en esto, hermano, hay una renuncia, porque cada padre tiene un plan para la vida de su hijo.
Hay algunos que tienen un plan en lo académico, hay otros que tienen un plan en lo deportivo, hay otros que tienen un plan en lo social, hay otros que tienen un plan en lo financiero; pero más allá y más arriba de cada uno de esos planes están los planes y los propósitos del Señor. Y el reto para una madre es alinear su sueño con el sueño del Señor y la vida de sus hijos con la vida que el Señor ha trazado.
Una madre lo hace bien, no cuando sus hijos llegan a ser aplaudidos por el mundo, sino cuando en sus hijos se cumplen los propósitos que Dios dijo que iba a cumplir. Primer desafío, hermano: modelar ante su hijo un estándar espiritual alto. Segundo desafío: alinear a sus hijos con el propósito de Dios.
Incertidumbre y búsqueda de dirección en oración
Hablemos ahora por un momento del desafío de la incertidumbre. Los versículos del 6 al 8 dicen:
Y la mujer vino y se lo contó a su marido, diciendo: Un varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, temible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre.
Y me dijo: He aquí que tú concebirás y darás a luz un hijo; por tanto, ahora no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda. Porque este niño será nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte.
Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste vuelva ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer.
— Jueces 13:6–8
Hermanos, incertidumbre. Yo creo que todo padre humilde debería poder reconocer delante del Señor, decir: Señor, aquí está el muchacho, pero qué es lo que vamos a hacer con él. Señor, si tú tienes planes para tus criaturas, yo quiero saber cuál es el plan específico que tú tienes para él, porque yo no quiero dedicar mi vida a encauzarlo por un lugar que quizás es inverso al lugar donde tú lo estás llevando.
Oye a Manoa, este hombre, hermano, es uno de los hombres más sabios que encuentro en toda la Escritura. Es un hombre piadoso, es un hombre que tiene una mujer a su lado y sabe dejarse ayudar espiritualmente por una mujer piadosa.
Me llama la atención que las dos veces que vino el ángel habló primero con la mujer, pero Manoa no se ofendió. Él dijo: no, habla con ella, porque ella es de Dios también. De hecho, el Señor dignifica a esta mujer, cuyo nombre no aparece en la Escritura, dándole siempre la prioridad del encuentro: primero hablaba con ella y después ella iba y se lo decía a su esposo.
Dios en su soberanía, hermano, no anuncia sus planes por completo, ni los detalla. El Señor solamente dice a grandes rasgos y nos deja a nosotros en esta incertidumbre, porque Dios espera que acudamos permanentemente a él en oración, en busca de direcciones concretas. Sería maravilloso que cada muchacho naciera con su manual.
¿Usted se imagina que el Señor mandara el PDF? Dice: aquí está el PDF del primero; ahí está, mire, es el PDF, imprímelo, repásalo varias veces, ya te lo aprendiste. Ok, concebiste nuevamente, aquí está el PDF del segundo. Hermano, los muchachos no vienen con eso.
Ahora nosotros, por convicción, sabemos que para cada vida hay un propósito, y sabemos, hermano, que el Señor nos da instrucciones al respecto de su propósito cuando clamamos a él en oración. Qué hermoso es cuando los padres se ponen de acuerdo para clamar al Señor al respecto de direcciones específicas para su hijo. Órale, pregúntale: Señor, qué tú quieres que hagamos con el muchacho, cómo es que tú quieres que lo cultivemos, qué tipo de instrumento él será en tus manos, enséñanos, Señor, hacia dónde tú quieres llevarlo, y nosotros haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que él llegue.
Y qué triste es un padre, hermano, que esté empujando a la izquierda y Dios vaya a la derecha. Qué triste es un padre que esté luchando con su hijo en contra de la voluntad de Dios. Qué hermoso es un padre que clama al Señor y le dice: Señor, qué tú quieres que hagamos con el muchacho.
Manoa hace una de las oraciones más piadosas que yo encuentro para un padre: “Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste vuelva ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer”.
Qué cosa más preciosa, hermano, cuando un padre le dice: Señor, no es mi sueño, sino el tuyo.
Manoa estaba creyendo, hermano, que lo que Dios dijo se haría. Ahora lo que está reconociendo es que él no sabe la manera particular en que hay que hacerlo. Todavía la esposa quizá no se le ve la barriga, hermano. Qué hermosa la maternidad, porque a veces la hermana quizá ya sabe que está embarazada, pero todavía no se ve la barriga. Todavía a la mamá de Sansón no se le ve la barriga; pero ella por convicción dice: no, eso viene, eso es un asunto seguro. Señor, ya estamos creyendo que vamos a ser padres; ahora lo que queremos es saber qué tipo de padres tú quieres que seamos, por dónde nos cuidas especialmente, por dónde instruimos especialmente. “Que nos enseñe lo que hayamos de hacer”.
Mientras yo meditaba en ese texto en la semana, yo me decía a mí mismo en mi corazón: yo quiero ser como Manoa. De hecho, hay otro hombre en la Escritura que es el perfil inverso al de Manoa. Se llamaba Nabal, y era un necio. Tenía una mujer espiritual y sensible al lado, y cuando su mujer le hablaba con sensibilidad espiritual, lo que hacía él era que maldecía, rechazaba, era un hombre violento. Hermano, no sea como Nabal, sea como Manoa.
Qué hermoso es un padre que dice: Señor, aquí estoy yo como cabeza de proyecto familiar. Tú me has dado esposa, tú me has dado hijos, pero yo reconozco, como Salomón en sus mejores años, que no sé cómo entrar y cómo salir. Señor, cómo tú esperas que yo pastoree el corazón de cada uno de mis muchachos. Señor, cómo tú esperas que yo dirija el timón de esta familia. Hacia dónde tú quieres llevar nuestra casa. Señor, hacia dónde tú quieres que yo pastoree a mi esposa. Hacia dónde tú quieres, Señor, que pastoreemos nuestros hijos.
Este desafío tercero, hermano, es el desafío de la incertidumbre: es el no saber de manera precisa lo que el Señor quiere. Pero al mismo tiempo, se resuelve este desafío, hermano, dependiendo del Señor en oración.
Paternidad compartida y respuesta de Dios
De la incertidumbre de la maternidad, hermano, ayuda mucho tener un cónyuge piadoso. Si usted es una mujer cristiana, y el Señor —eso también el Señor no se lo ha dado a todo el mundo— hay cantidad de hermanos nuestros que van a ser padres solteros, otros van a ser madres solteras. Pero si el Señor le dio un cónyuge creyente, sería muy gravoso que ustedes no se pongan de acuerdo para buscar conocer juntos la voluntad del Señor.
Si el Señor te dio un esposo, oh madre, no te cierres a lo que dice el mundo, que nos polariza, que nos divide. Entiende que estamos trabajando juntos en el mismo propósito, que no es el propósito del papá ni el propósito de la mamá: son los propósitos del Señor.
¿Cómo se pone de acuerdo una familia en la paternidad? Entendiendo que este proyecto no es nuestro; nosotros somos parte de un proyecto más grande: es el proyecto de Dios para la familia. Cuando Manoa oró se refirió a Dios como “Señor mío”. Oye, que así es que un hombre ora: “Señor mío”. Creyó completamente lo que el mensajero de Dios le dijo a su mujer, se haría. No se sintió mal al respecto de que Dios se le acercara a ella primero.
Del versículo 9 al 14 dice que el Señor le respondió a este padre, hermano. Oye, y parece que fue rápido:
Y Dios oyó la voz de Manoa, y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no estaba con ella.
Y la mujer corrió prontamente a avisar a su marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino a mí el otro día.
Y se levantó Manoa, y siguió a su mujer, y vino al varón, y le dijo: ¿Eres tú aquel varón que habló a la mujer? Y él dijo: Yo soy.
Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?
— Jueces 13:9–12
Yo quisiera ver, hermano, familias en nuestra iglesia clamando al Señor, diciendo: Señor, cómo es que tú quieres que criemos. Y yo me gozaré, hermano, cuando yo pueda decir: “Y oyó Dios la voz de Manoa”. Ay, Señor, oye la voz de Manoa; oye, Señor, la voz de familias que están clamando, de padres que no saben cómo entrar y cómo salir, pero ellos saben que el Dios que les dio los hijos, hermano, Dios sabe para dónde van esos muchachos.
Y qué descanso da la paternidad cuando uno llega a entender, quizás no el plan general, pero por lo menos uno sabe la esquina aproximada hacia dónde el Señor nos está guiando. Gloria al Señor por esos momentos de dirección. Dios respondió la oración, hermano.
Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije. No tomará nada que proceda de la vid, no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda; guardará todo lo que le mandé.
Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego que nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito.
Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquel fuese ángel de Jehová.
Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos? Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?
Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer.
Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra.
— Jueces 13:13–20
Hermano, una actitud de todo padre cristiano es agradecer al Señor primero por el privilegio de ser padre. Después, cada vez que el Señor te dé dirección al respecto de qué hacer, glorificarle. La paternidad, hermano, esto es como una prueba de obstáculos, y todos los días tú encuentras que lo sabio es izquierda o derecha, que lo sabio es avanzar o detener, que lo sabio es acelerar o reducir. Y cada vez que el Señor te dirija, hermano, glorifica al Señor, que te está dando dirección en la crianza de tus hijos.
Qué hermoso es un padre que tiene preguntas y que, cuando Dios le da respuesta, lo que hace es un altar y exalta el nombre del Señor. De hecho, hermano, el culto del domingo para un padre debería ser una celebración de que Dios le está guiando. Debe venir acá a decir: el Señor hoy me dijo cómo es que tengo que tenerle paciencia a mi hijo, cómo es que tengo que acompañarle, cómo es que tengo que hablarle, cómo es que tengo que dirigirlo, y sobre todo, el Señor me ha mostrado cómo debe ser su manera de vivir.
Mientras más sepamos de eso, hermano, como padres más adoremos el nombre del Señor. He mencionado primero el desafío de modelar ante sus hijos un estándar espiritual; después, el desafío de alinear a sus hijos con el propósito de Dios; en tercer lugar, el desafío de la incertidumbre, este asunto de que no sabemos qué vamos a hacer con el muchacho que viene en camino.
Cuando no hay indicaciones claras: discernimiento y buen juicio
El cuarto desafío se parece al tercero, pero tiene diferencias, y es el desafío de no siempre tener claro cómo proceder, que es lo siguiente. Dice del 21 al 25:
Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer.
Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová.
Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto.
Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto.
Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón; y el niño creció, y Jehová lo bendijo.
— Jueces 13:21–24
Wow, hermano. Eso somos los padres cristianos. Uno quisiera tener una conversación directa y precisa con el Señor, pero el Señor nos dice los asuntos importantes, y en los demás nos deja depender de él para actuar con sabiduría. Y en esto, hermano, la verdad es que no hay dos libritos que sean iguales.
Usted va a ser dirigido por el Señor y yo seré dirigido por el Señor. Y en esto seamos sabios, prudentes, porque a veces yo te dirijo a ti a una cosa y me dirijo a mí a otra cosa, y tú dices: ¿cómo es esto? Es que cada muchacho es diferente; por eso, cada padre dependerá del Señor.
Hay hermanos que dicen: no, hay que hacerlo a la manera mía, porque el mío, la mía era hembra, yo hice esto en tal temporada. Espérese, hermano. Aunque sean hembras, hay muchos sabores de instrumentos femeninos para el Señor, y hay muchos sabores de instrumentos masculinos para el Señor. Cada padre tendrá que depender del Señor, con sabiduría, para criar a sus hijos.
Ahora, vemos aquí que tampoco hay una expectativa como que el Señor te esté diciendo a cada momento qué es lo que hay que estar haciendo, izquierda, derecha. No, hermano. El Señor espera que en un momento, en un tramo, operemos con sabiduría.
Más allá de estos asuntos que son esenciales, dice: “El ángel no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer”. Esto, hermano, es una oportunidad para ejercitar el buen juicio y el discernimiento. Un padre creyente tiene que tener esas dos cosas: buen juicio y discernimiento, porque hay cosas que el Señor concretamente no te las ha revelado, pero espera que tú operes con buen juicio y discernimiento.
Esta es la razón, hermano, por la cual debemos estudiar las Escrituras. ¿Por qué estudiamos todas las Escrituras? Porque vemos muchos hijos y vemos muchos padres, y mientras más los vemos a ellos, hermano, vamos mejorando nuestro juicio y vamos decidiendo con más sabiduría. Llega un momento, hermano, en la paternidad, que hay cosas que no son 2 + 2 = 4.
Hay hermanos que dicen: “Pastor, yo quiero saber la voluntad directa y específica del Señor con respecto a esto”. Hay que buscar sabiduría y tener buen juicio, depender del Señor, porque no hay una plantilla. Esto no es un asunto como: mira, si sucede esto, haz lo otro. Es depender activamente del Señor; por eso hay que conocer las Escrituras.
Esta es una razón también para buscar el consejo de otros creyentes. A veces estamos muy confundidos en la paternidad y no sabemos cómo entrar, cómo salir. Busca consejo de creyentes maduros que, sin ánimo de replicar sus prácticas, te puedan decir: dependimos del Señor en eso y el Señor nos ayudó por allá.
Me impresiona aquí, hermano, que la madre mostró mucho discernimiento espiritual. Qué mujer esta, hermano, sabia y prudente. El marido, Manoa, está asustado. Dice el versículo 22:
Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto.
— Jueces 13:22
Él está asustado. Pero vemos aquí una mujer que tiene un discernimiento espiritual impresionante. Esta es una teóloga, hermano; esta es una mujer que ha conocido a Dios y que puede concluir bíblicamente. Cuando uno lee eso, dice: oye, pero esta mujer se nota que conocía a Dios y que conoce la Escritura y que tiene sensibilidad, porque Manoa tiene la cabeza grande diciendo: “Vamos a morir”. ¿Qué dice ella?
Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto.
— Jueces 13:23
Eso es conocer al Señor y operar con buen juicio y sabiduría. El ángel no le ha dicho nada de eso, pero su discernimiento anuló el temor. Este es un buen referente, hermanos, de cómo proceder cuando no hay indicaciones objetivas.
Hay padres que dicen: “Pero es que el Señor no me está diciendo si lo inscribo en este colegio o lo inscribo en el otro”. Hay padres que quisieran que los nombres de los colegios salieran en el Nuevo Testamento: “Señor, ¿montessori o no montessori? Señor, ¿le damos la educación aquí, se la damos allá?”. Hermanos, hay cosas en la Escritura que no van a salir los nombres así específicamente. Ahora, hay buen juicio y discernimiento.
Qué buen juicio y discernimiento. De lo que tú conoces de Dios, tú puedes inferir qué a Dios le agrada. Ella sabe que Dios es bueno, ella sabe que Dios es consistente, a ella ya Dios le ha revelado otras cosas, y a la luz de lo que Dios le reveló previamente de manera objetiva, ella puede discernir las partes que no están claras. Ella dice: aquí hay tres cosas las cuales ella evaluó a su juicio. El juicio es: no moriremos. ¿Y por qué no moriremos? Porque Dios no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda. “Si le estamos adorando y todavía estamos adorándole, y él nos ha recibido, parece que no nos va a destruir”.
Porque si ya estuvimos ahí adorándole y él no nos destruyó en el momento, ¿por qué nos va a destruir después? Eso es lo primero, hermano: la adoración. Ella dice: no, pero nosotros hemos estado adorando a Dios, y él ha recibido nuestra adoración. Significa que Dios no nos va a desbaratar; él nos está amando.
Lo otro que ella dice es entendimiento: “No nos hubiera revelado estas cosas”. ¿Para qué Dios abriría nuestro entendimiento, nos hablaría estas cosas objetivas, y su propósito fuera destruirnos? Eso es teología, hermano; eso es lo que es buen juicio, eso es lo que es un consejo bíblico.
Después dice ella: “Ni ahora nos habría anunciado esto”. Tú lo hablaste, vino, nos mostró todas estas cosas, nos anunció otra cosa. O sea, que parece que Dios está con nosotros. Hermano, cuando usted no entiende cinco versículos para tomar una decisión, usted tiene al Dios que se ha revelado en la Escritura, usted tiene al Dios que no puede negarse a sí mismo, usted tiene al Dios que es consistente, usted tiene al Dios que es bueno. Hay veces, usted tiene al Dios que es santo. Hay veces que usted no sabe qué decidir objetivamente, pero usted tiene que tomar una decisión que haga sentido con el carácter revelado de Dios en lo que previamente ya conoció.
Eso es, hermano, operar con buen juicio y con entendimiento. Eventualmente, el versículo 24 dice:
Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón; y el niño creció, y Jehová lo bendijo.
— Jueces 13:24
Todo este dilema fue antes de que ella diera a luz. O sea, el muchacho no ha nacido. Miren, criar, hermano, es un asunto agotador. Todavía el muchacho no ha nacido, y aquí tenemos ya un cansancio. Uno, de solamente leer estos dilemas, se cansa.
Esta es la razón, hermano, por la cual un padre debe tener buen entendimiento y estar relativamente descansado, porque cuando uno no tiene la mente tranquila, Satanás te engaña y te llena de cosas. A ti se te olvida lo que Dios hizo antes. Y si tú te dejas llevar de la corriente del mundo, quizá tú dices como Manoa: “Nos van a matar, es verdad, nos van a matar”. Pero ve, hermano, que ella no ha dejado que su mente corra según la corriente del mundo. Con discernimiento, dice: no. Dado lo que conocemos de Dios y lo que Dios ha estado haciendo, viviremos. Gloria al Señor.
Este era el cuarto dilema: el desafío de no tener claro cómo decidir y cómo proceder. Cuando el Señor no le diga objetivamente qué hacer, como padre evalúe lo que usted conoce de su Dios, lo que usted sabe que es verdad de su Dios, y tome una decisión que sea consistente con lo que Dios había revelado.
Un hijo difícil, pero un héroe de la fe
Termino mostrando el quinto desafío, hermano, que es lo que encuentro aquí más fructífero, lo que encuentro en Manoa en que el Señor más puede pastorearnos al respecto de esto como iglesia, y es el desafío de ver la forma enrevesada en que se cumplen en nuestros hijos los propósitos de nuestro Dios.
Después de tu leer esta historia, uno entendería: “No, mira, esto fue un gran líder cristiano, un muchacho que nunca se descarrió, un muchacho que nunca tomó malas decisiones, un muchacho que fue una línea recta desde el alumbramiento hasta que fue recibido en el cielo, un héroe de la fe evidente en todos los momentos de su vida”. No es así.
De hecho, lo que sigue —no voy a leer todo el texto porque la historia de Sansón termina en el capítulo 16—, pero lo que sigue, que son desde su alumbramiento hasta su muerte, hermano, es una historia muy enrevesada, donde a veces pareciera que Dios no se está moviendo. El prontuario de Sansón, hermano, parece contradecir lo que Dios había profetizado en su nacimiento.
Usted lee lo que Dios dijo que iba a ser Sansón y lo que terminó haciendo, y usted dice: “Señor, ¿y qué está pasando con tu propósito? Señor, ¿y qué está pasando con tus planes? Señor, estoy confundido”. Ahora, imagínese la mamá de Sansón en esas incertidumbres.
La primera decisión que aparece aquí que toma Sansón, cuando ya tiene la edad para decidir, cuando ya no es un muchacho, cuando ya él no está viviendo bajo el control directo de sus padres, la primera decisión de Sansón es la decisión de casarse con una filistea. Y yo me imagino, hermano, el conflicto que fue sobre la casa de Sansón.
Su padre Manoa, un hombre piadoso, temeroso de Dios; su mamá, una mujer que se ha consagrado al Señor desde antes de tu nacer, una mujer piadosa. Dice el capítulo 14:
Descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos.
Y subió y lo declaró a su padre y a su madre, diciendo: Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer.
Su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómame ésta por mujer, porque ella me agrada.
— Jueces 14:1–3
¿Qué usted haría, hermano querido? Aquí a un papá la cabeza se le pone grande. “Mi hijo, tú eres un nazareo. Tú has sido profetizado por el Señor como un instrumento para la liberación de su pueblo. ¿Cómo es que tú nos pides a nosotros, tus padres, hombres piadosos, gente que se ha consagrado al Señor, que te tomemos por mujer una hija de los enemigos de tu pueblo?”
Su padre y su madre le dijeron: “No hay mujer entre las hijas de tus hermanos ni en todo nuestro pueblo para que vayas a tomar mujer de los filisteos, incircuncisos”, y Sansón respondió a su padre: “Tómame esta por mujer, porque ella me agrada”. Hermano, es una estocada al corazón de una mamá.
Y la mamá dice: “Me muero, me muero; mi hijo no me obedece, mi hijo está tomando una mala decisión, Señor”. Y ora, llora. Terminó casándose con esa mujer. Y la mamá piensa que ya se va a volver loca y que ya no hay futuro, y que ya todo se desbarató, y la presión del pueblo, y que: “Mira, mira con quién se casó, es la hija de Manoa, el hijo de Manoa, y mira esta mujer”. Manoa piadoso, y con lo que le sale.
Hermano, esas son las cosas que hacen que las familias cristianas se muevan, y tú dices: “¿Qué están haciendo nuestros hijos y qué está pasando?” Padres que están aquí, mire, nosotros podemos criar a nuestros hijos hasta un punto, pero llega un momento que nuestros hijos comienzan a tomar decisiones, y frecuentemente esas decisiones no serán las decisiones que nosotros como padres piadosos entendemos que son las mejores decisiones.
Pero los propósitos del Señor caminan, hermano, en senderos que uno a veces no entiende. Porque en medio de todas estas cosas, el Señor terminó haciendo en Sansón los propósitos que Dios dijo que iba a hacer, pero no es la manera que le da descanso a un padre. Y es un desafío para un padre cristiano entender que sus hijos no toman las mejores decisiones, pero que a pesar de eso el Señor puede tener misericordia.
Es un desafío para un padre entender que nuestros hijos harán cosas que son diferentes a las cosas en las cuales nosotros les instruimos, pero que a pesar de eso los propósitos del Señor son más altos y más poderosos que las decisiones de nuestros hijos, y que aun en maneras que uno no entiende el Señor puede hacer que caminen sus propósitos.
Dolor de ver el pecado de los hijos y la fidelidad de Dios
Quiero traer consuelo a los padres que están criando, cuyos hijos comienzan ya a hacer otras cosas. Hermano, ore por la salvación de sus hijos, ore por los propósitos del Señor, porque aun usted no entienda lo que está pasando en este momento, si el Señor les ha de salvar y si el Señor quiere hacerlo, el Señor lo hará, aunque a nosotros nos duela.
Sin embargo, tengo que identificar, hermano, que para un padre, para una madre especialmente, estas cosas son como estocadas en el corazón. Después de esto, lo que hace Sansón es que viola la ley de los nazareos. Él ve un cadáver y toma del cadáver y come desde el cadáver y le da también a su mamá.
Usted se imagina, hermano, lo que es una madre creyente diciendo: “Pero yo jamás he tocado cadáver ni cosa muerta; tú tampoco lo has hecho. ¿Cómo es que ahora tú te diviertes practicando la maldad?” Miren, en la vida de los creyentes llegan momentos que eso es como cuando un bollo de hilo se enreda, donde usted dice: “¿Qué va a pasar con mi hijo y qué va a pasar con este muchacho, qué es lo que está decidiendo y qué es lo que está haciendo?”
Si el Señor tiene misericordia de tus hijos, aun de ese bollo de hilo el Señor eventualmente hará grandes cosas en maneras que tú no lo estés esperando. Hermano, pero yo conozco y he visto historias vez tras vez, en situaciones familiares que parecen muy enrevesadas, el Señor hace cosas que son preciosas. Y de donde tú pensabas que iba a haber que buscar una tijera para cortar el hilo y desbaratar el bollo, el Señor, con gracia, hermano, hace líneas rectas en asuntos que están muy doblados.
Eventualmente, Sansón regresa y se separa de esa mujer y vuelve a vivir a la casa de sus padres, una historia nueva. Dice el capítulo 14, del 19 al 20, que él volvió, hermanos, regresó para la casa de sus padres. Más adelante enseña la Escritura que su mujer es entregada a otro. Wow, hermano. Miren la inestabilidad en la familia de los hijos; eso es algo que los padres y las madres especialmente lo sienten como que les están desbaratando su propia vida.
De hecho, el dolor de los hijos duele a veces más que el dolor propio. Y cosas que tú quisieras evitarle a tus hijos, el Señor viene y se las receta. Unos padres piadosos como Manoa y su mujer ahora tienen que vivir con un muchacho inestable familiarmente, que se casa con la filistea, después se separa de ella, vuelve a vivir para su casa, después trata de regresar con ella y ella está viviendo con otro hombre.
Hermano, eso parece la vida misma. ¿Cuántos son los padres que están luchando por la inestabilidad familiar de sus hijos y dicen: “No, que esto, que está con esta mujer y que ahora se dejaron, y que volvieron a estar juntos”? Llega un momento que Sansón se volvió tan insoportable e inepto que vinieron sus mismos hermanos y se lo llevaron amarrado y lo entregaron a sus enemigos. Y también ahí el Señor se glorificó.
Después de ahí se levanta Sansón y dice que juzga a Israel por veinte años. Y después parece que Sansón se estabilizó, y que ya, hermano, pasaron las locuras de la juventud, y que ya el muchacho está tranquilo. Él va y se une con una prostituta. Y ahí también el Señor vuelve y tiene misericordia. Esa es la vida de una mamá.
La madre ve la película de sus hijos. Y si tú tienes uno, es como si tuviera un televisor, y tú la ves mirando cómo se va desarrollando. Si tú tienes tres, es como si tuvieras tres televisores, y vas mirando: aquí va esta historia, ahí eso está atrancado, yo no sé qué va a pasar ahí. Y los papás se van volviendo locos y se van jalando el moño y dicen: “¿Qué va a pasar?”
Hermano, lo que va a pasar es que lo que Dios dijo que iba a hacer lo hará. Lo que va a pasar es que, si el Señor tuvo misericordia de Sansón, Sansón prevalecerá, más allá de cualquier desvarío. Padre cristiano, tenemos que desarrollar resistencia, porque hay veces que los planes y propósitos del Señor en la vida de nuestros hijos no son planes y propósitos lineales, sino que son asuntos que tienen muchas curvas.
Después fornica con esa prostituta. Entonces se junta con Dalila, que es el episodio más conocido. Y cuando se junta con Dalila, él comienza a jugar, hermano, con su consagración, y le dice: “No, es que mi fortaleza viene de una cosa, después viene de la otra”, hasta que Dalila termina venciéndolo.
Hay padres que sienten que hay una mujer o un hombre que está por vencer su hijo, y dicen: “Ay, Señor, ten misericordia; está juntado con esa mujer o ese hombre que es muy malo”. Ahí yo me imagino, hermano, el corazón de esa mujer, de esa mamá, moviéndose en medio de esas circunstancias.
Viene y es apresado. Pierde el vigor espiritual. Le sacan los ojos. Se lo llevan preso.
Se imagina el dolor de una madre que dice: “Mi hijo, le sacaron los ojos. Mi hijo, que el Señor dijo que iba a ser un gran líder en Israel, quien comenzaría a libertar a su pueblo, ahora está preso; a los filisteos le sacaron los ojos, y lo que hacían los filisteos es que usaban a Sansón como si Sansón fuera un juguete”.
Dice el capítulo 16:
Y le dijo Dalila: Sansón, los filisteos sobre ti. Luego que se despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras veces y me escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él.
Mas los filisteos le echaron mano y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel.
— Jueces 16:20–21
Ay, hermano, usted se imagina la mamá de Sansón recibiendo la noticia. Esa es la vida misma, hermano querido, y estos son los propósitos de nuestro Dios. La Escritura no lo dice, hermano, pero yo infiero que si estos padres oraron tanto en el proceso de embarazo, yo imagino a esos padres dándole rodilla, llorando por su hijo.
Vez tras vez se cumple esta historia: hijos que están en este momento despelotando el mundo, y hay padres que están en oración clamando por sus hijos. Y el Señor escucha la oración de un padre. En este momento, dice la Escritura que el Señor se apartó de Sansón, hermano, pero yo no puedo dejar de pensar que todavía quizás sus padres estaban orando por el muchacho.
El versículo 23 del capítulo 16 dice:
Entonces los principales de los filisteos se juntaron para ofrecer sacrificio a Dagón su dios, y para alegrarse; y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras manos a Sansón nuestro enemigo.
Y viéndolo el pueblo, alabaron a su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos a nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había dado muerte a muchos de nosotros.
Y aconteció que cuando sintieron alegría en su corazón, dijeron: Llamad a Sansón, para que nos divierta. Y llamaron a Sansón de la cárcel, y sirvió de juguete delante de ellos.
— Jueces 16:23–25
Hermano, hay hijos aquí de madres nuestras que están siendo juguetes del mundo, de entretenimiento. Hay hijos que han ido tan profundo en su pecado y su desvarío que ya lo que son es un entretenimiento para el mundo, es una vergüenza para el pueblo del Señor. Y aun ahí el Señor puede tener misericordia.
Voy rápido, hermano, tengo que cerrar. Dice el versículo 28:
Entonces Sansón clamó a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios.
— Jueces 16:28
Wow, hermano. ¿Cuántos son los Sansones que, en medio de haber perdido sus ojos, haber perdido todo su vigor espiritual, quizá por amor al Señor, a sus padres, o por amor al Señor a sí mismos, por la fidelidad que Dios tiene con sus propósitos, el Señor ha tenido misericordia en ese último momento? Y ya, hermano, cuando no faltaba nada, el Señor les visita nuevamente.
Vamos a esperarnos que estos acontecimientos llenaran de dolor el corazón de su madre, pero a pesar de todo —a pesar del pecado, a pesar del dolor, a pesar de la incertidumbre— Dios cumplió sus propósitos en Sansón. Y a pesar de lo que el mundo pudiera decir de Manoa y de su mujer, estos son padres que fueron padres exitosos, porque no criaron, hermano, al hijo perfecto, sino al hijo que, por la misericordia del Señor, fue salvo y que, paradójicamente, aun en sus contradicciones, alcanzó en su vida el propósito del Señor.
Éxito verdadero en la paternidad y esperanza para padres
A pesar de todo esto, hermanos, puedo decir que el éxito de la paternidad poco tiene que ver con los estándares humanos. Si nosotros evaluáramos a Manoa y a su mujer criando, uno diría: “Fracasaron. Su hijo los deshonró, su hijo no les hizo caso, su hijo terminó preso, perdió los ojos. Yo sabía que esa gente no estaban criando a ese muchacho bien”.
Hermano, ellos no lo sabían, ni la gente en su tiempo tampoco, pero estaban criando a un héroe de la fe. Y cómo aparece Sansón en el libro de Hebreos.
¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas.
— Hebreos 11:32
Aparece en Hebreos 11:32 al nivel de Barac, al nivel de David y al nivel de Samuel como uno de los héroes de la fe. Y uno dice: “Wow, Señor, ¿y qué es lo que tú estás diciendo?” Esto, hermano, lo que te voy a decir es que parece a veces que tú, haciendo las cosas a la manera del Señor, fracasaste. Pero la historia es el Señor que la escribe.
Hermano, la mamá de Sansón, cuando él murió, ya no vivía. Sansón murió en ese suceso. Dice el versículo 31 de Jueces 16:
Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y le tomaron, y le llevaron, y le sepultaron entre Zora y Estaol, en el sepulcro de Manoa su padre.
— Jueces 16:31
Manoa murió, hermano, y no supo qué pasó con su hijo. Ahora, cuando se encontraron en el cielo, hermano, ellos pudieron ver claramente cuál fue el propósito del Señor.
Son muchos los padres que dicen: “Yo fracasé, mis hijos se perdieron, yo les entré en el camino, y de ahí no se sacó nada”. Hermano, entienda que los propósitos del Señor, sus caminos son más altos que nuestros caminos, sus pensamientos más altos que nuestros pensamientos.
Hermano, no intente evaluar su éxito como padre según los cánones humanos. Manoa murió y no lo supo, su mujer murió y no lo supo, pero cuando los tres se encontraron en el cielo, tremenda historia que tejió el Señor en medio de ellos, y las grandes cosas que el Señor hizo para levantarse un héroe de la fe.
Hijos de padres piadosos, aun siendo salvos, podrían tomar malas decisiones. Termino aquí con un manto de gracia, lo amo. ¿Cuánto nos afligimos los padres cuando nuestros hijos no obedecen? ¿Cuánto nos afligimos cuando pareciera que ellos no aman a Dios?
Desde pequeños, hermano, a veces usted le dice a su hijo: “Mi hijo, vamos a orar”, y dice: “Yo no quiero orar”. Y eso tú lo sientes como: “Ay, me mató, me mató; mi hijo no ama mi Dios”. No se entregue tan rápido, hermano, que Dios hace cosas que son muy grandes.
Hay padres que dicen: “Ya ni siquiera viven conmigo; yo les entré en el camino, pero ellos han hecho otras cosas con su vida”. Recientemente escuché yo el caso de un padre cuyo hijo vivía fuera del país, entregado a la promiscuidad, y el Señor le salvó y le trajo de vuelta, hermano, después de muchos años.
Hermano, no dejemos de orar por los nuestros. Entendamos que la paternidad es un asunto principalmente de oración, de buscar dirección del Señor y de entender que Dios soberanamente cumplirá sus propósitos.
Oro por las madres especialmente y oro por todos los padres aquí congregados, para que en medio de este desafío de ver la forma enrevesada en que se cumplen los propósitos del Señor tengamos sosiego, consuelo y también mucha fe.
Oración final por padres y madres
Ahí donde están, hermanos, cierren sus ojos y oro por toda la iglesia congregada. Padre, mira las madres que están aquí congregadas y no saben dónde están sus hijos. Mira las madres que están aquí congregadas, Señor, y tienen la aflicción de que sus hijos están tomando malas decisiones.
Mira los padres, Señor, que estamos comenzando, y ya vemos como nuestros hijos comienzan, Señor, hacia izquierda o hacia derecha, pero a veces no se mantienen rectos en lo que entendemos que te glorifica y es tu voluntad. Danos paciencia, Señor, danos consuelo, pero sobre todo danos esperanza.
Padre, en medio de los desvaríos de muchos hijos, levántate muchos Sansones en medio de nosotros. Padre, permítenos tener consuelo en que nuestros hijos no cumplan el estándar del mundo, pero que por ti sean considerados entre los héroes de la fe. Danos el gozo, Señor, de que quizás no tengamos aquí hijos que el mundo celebra por su desempeño deportivo, académico, financiero, pero que sean celebrados porque sus vidas, aun a pesar de ellos, alcanzaron los propósitos de nuestro Dios.
Haz cosas grandes, Señor, en medio de nosotros. Levanta, Señor, padres piadosos que instruyan a los suyos, y danos el gozo de, aunque sea cuando lleguemos a tu presencia, poder celebrar, Señor, las maneras en que tú alcanzaste tus propósitos y cerraste la historia. Todo esto para tu gloria, en el nombre de Jesucristo, que es nuestro Señor, amén.
Que el Señor les bendiga, hermanos queridos. Nuestro ministerio de alabanza nos despide con canción.