Presentemos nuestro corazón delante de él para que sean llenos de las palabras del Señor, lleno del alimento espiritual que necesitamos cada uno de nosotros. Oh, Padre Santo, tú que moras con poder y gloria en los cielos, ante ti nos presentamos con profunda reverencia, mi Señor, sabiendo que estamos ante el Rey de reyes, Señor de señores, aquel que gobierna con toda sabiduría, poder y majestad toda la creación. Señor, con este convencimiento nos acercamos a ti hoy en un día especial; mientras algunos esperan un día al año para celebrar tu resurrección, te ruego, oh Dios Santo, que la experiencia de la resurrección en nosotros sea continua, que no sea algo que conmemoremos solamente una vez al año, sino que día a día, instante a instante, el poder que operó en el Señor Jesucristo para levantarlo de entre los muertos y sacarlo victoriosamente de esa tumba opere también en nosotros.
Señor, te rogamos humildemente: nosotros, por nosotros mismos, no podemos poner la mira en las cosas de arriba. Te rogamos, oh Dios Santo, que el Espíritu Santo nos estimule a que cada día nosotros estemos sembrados en ti, oh Dios, que si hemos resucitado ya con Cristo, no solamente estemos esperando la resurrección corporal del cuerpo, sino que espiritualmente hemos pasado de muerte a vida por haber depositado nuestra fe en el Señor, porque tú has manifestado tu gracia sobre nosotros. Señor, te ruego que tú utilices tu palabra hoy como un instrumento para que esa convicción sea en nosotros, oh Dios, cada vez más evidente; que esa convicción sea la que nos lleve a consagrarnos más a ti; que esa convicción de la resurrección nos lleve a obedecerte cada vez más y mejor; que esa convicción de la resurrección, oh Dios, nos lleve a adorarte en absolutamente todo lo que hagamos.
Señor, dispón, dispón que a través de tu siervo, oh Dios, tú nos hables directamente a nuestros corazones, pero que nuestros corazones no sean endurecidos, sino que sean sensibles; que el Espíritu Santo los haga sensibles para que podamos tener discernimiento y entendimiento de lo que tú tienes para darnos. Señor, y si acaso hay alguien que aún no te conoce, que nos visita en el día de hoy, permite que la realidad de la resurrección sea una verdad en su vida, mi Señor. Usa tu siervo, oh Dios Santo, que tú has dispuesto en esta mañana en la vida de nuestro pastor; permite que sea un portavoz de tu verdad y que dicha verdad germine en nuestros corazones para frutos dignos de arrepentimiento.
Todo esto te lo rogamos y pedimos en el dulce y poderoso nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén, amén y amén. Nuestro hermano pastor, que el Señor le bendiga.
Lectura bíblica y presentación del tema: los efectos presentes de la resurrección
Hermanos queridos, estemos juntos en la sagrada Escritura, en la carta de Pablo a los colosenses, y consideremos cuatro versículos del capítulo 3. ¿Puede ponerse un momento en sus pies? Es la carta del apóstol Pablo a los colosenses, en el capítulo 3. Veremos desde esta porción de la Escritura los efectos presentes de nuestra resurrección. Dice así la sagrada Escritura:
Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.
— Colosenses 3:1-4
Pueden sentarse, hermanos amados. Esta es la parte del año donde el calendario tradicional recuerda la resurrección de entre los muertos de nuestro Señor Jesucristo. A mí me anima mucho que exista un día como este, y aunque no nos debemos nosotros a la tradición ni estamos tampoco en condiciones de asegurar que los días que asegura la tradición son los días, siempre es bueno recordar la resurrección de nuestro Señor. De hecho, esta doctrina, la doctrina de la resurrección de Cristo, fue la doctrina que pobló todo el Nuevo Testamento en todas sus partes; esta doctrina fue el centro de la predicación de los apóstoles. Por dondequiera que se movían los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo, hablaban de que su Señor había sido levantado de entre los muertos.
Es también esta doctrina el punto de partida de todas las exhortaciones prácticas del Nuevo Testamento, entre ellas las que le dio el apóstol Pablo a la iglesia de los colosenses. Lo que pretendo hacer hoy con ustedes es mostrar que la resurrección de nuestro Señor no es solamente una doctrina del pasado o del futuro; no solamente recordamos que nuestro Señor se levantó, sino que también nosotros, tal cual dice el apóstol Pablo, nos hemos levantado también con él, hemos sido resucitados, y el mismo poder que operó en él es el poder que está operando hoy en nosotros. Lo que quisiera evitar es que nos quedemos pensando la resurrección de nuestro Señor como un suceso del pasado o como un evento que está por venir solamente en el futuro; que entendamos que en el presente los efectos prácticos de la resurrección están operando en todo verdadero creyente.
Cuando la iglesia del Señor fue perseguida, en la resurrección encontró su confianza, y cuando el pecado quiso arrasar en ella, puso su ancla. De hecho, la doctrina de la resurrección es lo que hace singular la iglesia del Señor. La iglesia del Señor no es una asociación de personas que están buscando la mejoría de la condición humana; es un grupo de personas que ha sido levantado con poder de entre los muertos, del mismo modo que se levantó su Señor. La doctrina de la resurrección envuelve toda la vida del cristiano. Hoy volveremos a estudiar esta doctrina con un énfasis especial en sus efectos presentes. Me llama la atención lo que dice el apóstol Pablo en el capítulo 3, versículo 1 de los colosenses: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo…”. Para el apóstol Pablo, en su mente, nosotros morimos con nuestro Señor y también ya nos levantamos con nuestro Señor.
Tres aspectos de la resurrección y la insuficiencia del esfuerzo humano
Estaré mostrando primero este llamado a una vida consecuente y después dos efectos que ha tenido la resurrección en el pueblo del Señor. El llamado consecuente que hace el apóstol es que, si hemos sido resucitados con Cristo, busquemos las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aunque estos hermanos de la iglesia en Colosas físicamente estaban vivos, desde la perspectiva del apóstol Pablo ellos ya habían muerto con el Señor y habían sido levantados con el Señor. Desde la mente del apóstol Pablo, la resurrección para ellos no era solamente un asunto que iban a esperar, que iba a suceder en un momento, era algo que ya estaba sucediendo. De hecho, toda la doctrina de la salvación tiene este aspecto: nosotros no creemos en una salvación que está solamente en el futuro; creemos que el Señor nos salvó, nos está salvando y nos salvará. Creemos que el Señor nos sepultó con él y también nos levantó y también nos glorificará. Un cristiano no anda solamente mirando hacia el pasado o hacia el futuro; nosotros podemos encontrar mucho aliento en todas estas doctrinas también para la vida diaria.
De hecho, en el Nuevo Testamento la resurrección tiene por lo menos tres expresiones distintas. Frecuentemente se habla de la resurrección como un hecho corporativo: así como el Señor en una cruz corporativamente nos estaba llevando a todos nosotros, así como el Señor fue sepultado y corporativamente con él fuimos sepultados todos nosotros, también el Señor fue levantado y corporativamente todos nosotros ya nos levantamos con él. Y según el Nuevo Testamento, ya de hecho nosotros estamos sentados con Cristo en las regiones celestiales. Así de especial es la salvación de los creyentes; no es solamente un asunto pasado o un asunto futuro, también es un asunto presente. Me gustaría hoy mostrar la doctrina de la resurrección por sus efectos; ese es el primer aspecto de ella: dice que el Señor representativamente ya nos levantó.
Pero también la Escritura habla de que eventualmente nosotros corporalmente también nos levantaremos con el Señor; se nos ha prometido un futuro estado con un cuerpo glorificado, eso es real. Es el segundo aspecto de la resurrección: el primero es que ya representativamente el Señor lo logró, el segundo es que eventualmente, corporalmente, nos levantaremos nosotros de la muerte. Hablo de la muerte física, porque un creyente tiene una vida eterna y permanente en el Señor. El tercer aspecto de la resurrección es la resurrección espiritual, y es a la cual el apóstol Pablo le dedica una parte de la carta a los colosenses. Cristo no solo se levantó de la muerte; nos dio vida juntamente con él y nos impartió poder para una vida victoriosa. Eso también es parte de la resurrección: tú, que estabas muerto, has sido levantado en el Señor.
Me interesa que la iglesia conozca esto porque quienes esperan solamente una resurrección corporal tienen muy limitado el gozo y la victoria en esta vida presente. Un creyente que no entiende que el poder de la resurrección está operando en este momento en la iglesia del Señor es un creyente que pone toda su expectativa y todo su gozo en el futuro. Yo quisiera que tú entiendas que solamente vas a poder tener una vida victoriosa si entiendes el poder de la resurrección. Aquí el apóstol Pablo no está cuestionando la salvación de los colosenses, él los está estimulando desde la resurrección; él no está dudando de que ellos han sido resucitados, él está apelando a que ellos, de hecho, fueron resucitados. Él está diciendo: dado que ustedes ya resucitaron con el Señor, lo que es consecuente es que busquen las cosas de arriba y que miren las cosas de arriba.
De hecho, este es el proceder correcto: buscar un resultado desde la resurrección y no desde el esfuerzo humano. ¿Cuál es el problema que esta iglesia estaba teniendo? Era una iglesia donde sus miembros habían estado haciendo esfuerzos humanos, corporales, por tratar de vivir una vida agradable al Señor. El apóstol Pablo les dice: no hagan ese esfuerzo; no es necesario, el poder de la resurrección está disponible. Es interesante que el apóstol Pablo no les dice que se conformen a su situación; lo que él les dice es: no traten de mejorar su condición desde solamente los esfuerzos, desde el estoicismo, desde la capacidad personal. Refúgiense en el poder de la resurrección. De hecho, si ustedes buscan el capítulo anterior, la parte final, se darán cuenta de que el capítulo 3 es una continuación de esa misma línea de pensamiento. Si miran el capítulo 2 desde el versículo 20, el apóstol está tratando de alejarlos a ellos de cualquier esfuerzo humano.
Le dice él, capítulo 2, versículo 20 en adelante:
Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos, tales como: “no manejes, ni gustes, ni aun toques”, en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres, cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría, en culto voluntario, en humildad, y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.
— Colosenses 2:20-23
Lo que el apóstol está diciendo no es “entréguense a los apetitos de la carne”; lo que les está diciendo es que el método que ustedes están utilizando para tratar de alejarse es un método que no tiene ningún valor y ningún efecto. Por el contrario, el poder de la resurrección está disponible.
Peligros del ritualismo, del estoicismo y del maltrato del cuerpo
Quiero alejar a la iglesia de cualquier intento de buscar tener una vida victoriosa que no pase por el poder de la resurrección. Nosotros no podemos vivir una vida cristiana a la altura de las expectativas del Señor corriendo el camino de los colosenses; tenemos que buscar un camino más alto. Los intentos humanos de tratar de llegar a tener comunión con Dios y una vida fructífera pasan por el ritualismo: son aquellos que practican y practican y practican determinadas cosas tratando de ser mejores, y siempre terminan en el mismo punto. Quizás muchos de ustedes durante gran parte de su vida estuvieron haciendo esfuerzos humanos de ritualismo, ritualismo y ritualismo, tratando de mejorar su condición delante del Señor; eso no tiene ningún valor según las Escrituras.
Hay otros que han buscado el esfuerzo humano y el triunfalismo, tratar de buscar el desarrollo a través de nuestro esfuerzo y llamando la atención hacia nosotros mismos; no tiene ningún valor. Sin ánimo de desechar completamente el esfuerzo y la autodisciplina, les diré que la autodisciplina tampoco puede producir lo que solo produce la resurrección. ¿Cuántas veces usted puede proponerse eso? Dice el apóstol Pablo que estas cosas “tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría, en culto voluntario, en humildad, y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”. La única receta que da la Escritura con la cual se puede tener una vida victoriosa es confiar en el poder que levantó a Cristo de entre los muertos, que es el mismo poder que hoy está disponible para la iglesia del Señor.
Hay paliativos temporales que no podemos negar, hermano; tienen algún efecto en la gente. Sin embargo, tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría, pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne. El hombre ha buscado vencer esto que está dentro suyo y que él no puede a veces describir por ahí: una fuerza que se opone a que haga la voluntad del Señor, y consistentemente será vencido. Lo único que puede destruir el poder del pecado es que Cristo fue levantado de entre los muertos, y ese poder está a disposición de la iglesia. Estaba escuchando en días pasados al fundador de Twitter, esta red social, hablando de cuál es su disciplina; él atribuye gran parte de su éxito profesional.
A que tiene una disciplina de su cuerpo estoica; se ufana de ella. Lo tuvieron entrevistando, y entre las cosas que él explica es que él hace solamente una comida al día, entre las 6 y las 9 de la noche, y que él ha entendido que eso tiene en su cuerpo un efecto, por no encontrar otro término, vivificador. Habla acerca de sus rituales; él dice que hace ayuno líquido todos los fines de semana; se abstiene de comer alimentos sólidos. Entre las prácticas más exitosas que él describe para poder tener éxito en sus emprendimientos es que se levanta de madrugada, toma un sauna, inmediatamente toma una ducha fría donde baja la temperatura del cuerpo aceleradamente, de los 100 grados a los 2 grados, y repite ese ritual tres veces.
Él dice que ha entendido que cuando él somete a su cuerpo a esta rutina extrema, él tiene la capacidad para enfrentar en su día cualquier cosa que venga por delante. “Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría, en culto voluntario, en humildad, y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”. ¿En qué confiamos nosotros, hermanos? Confiamos en Romanos 8:11:
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
— Romanos 8:11
Y nos unimos al consejo de Pablo a Timoteo, donde le dijo que el ejercicio físico para poco aprovecha, pero la piedad tiene beneficios para esta vida y también para la venidera. Quiero alejar a la iglesia de cualquier esfuerzo humano de tener vidas cristianas victoriosas por el maltrato del cuerpo; no va a ninguna parte. Cuánto el catolicismo romano escribió manuales acerca de cómo martirizarse, de cómo someter el cuerpo, de cómo maltratarse, y qué producía eso: más desesperación. Tú podrías darte de treinta en treinta azotes sobre las espaldas y te parabas de ahí con una espalda con treinta azotes, pero todavía la carne no había muerto en ti; los apetitos de la carne seguían en el mismo lugar y quizás indirectamente habían sido hasta despertados. El único poder que nosotros conocemos con el cual se puede tener una vida cristiana victoriosa es el poder que levantó a Cristo de entre los muertos.
Necesidad de vivir desde la resurrección y no desde las obras
Yo sé que el apóstol Pablo no estaba aquí dudando respecto a la salvación de los colosenses, pero yo no estoy en su misma situación. Tampoco estoy yo llamado a dudar de la vida de mis hermanos; sin embargo, me parece muy necesario predicarle a la iglesia estas cosas. Será imposible que intentes alcanzar el estándar de Dios por tus propios medios; solamente un creyente que ha sido levantado de entre los muertos, espiritualmente vivo, tiene la capacidad de buscar las cosas de arriba. De hecho, los consejos cristianos deberían ser predicados con mucho cuidado porque nosotros, indirectamente, podemos llamar a las personas a que busquen una salvación por obras o que busquen un mejoramiento personal a través del abandono del pecado. Alguien que no ha sido vivificado, alguien que no ha sido levantado de entre los muertos, puede apartarse temporalmente de determinados pecados, pero eso no tiene ningún valor delante del Señor.
Dejar un pecado, dejar el otro, no marca la diferencia; es necesario haber sido levantado de entre los muertos. Las obras que son agradables delante del Señor son aquellas que son emprendidas por personas que espiritualmente están vivas y que han sido ayudadas por el Espíritu Santo; todo lo demás es solamente vanidad. Predicar a los incrédulos, predicar a aquellos que todavía no han nacido de nuevo acerca de estas cosas es unirnos nosotros a los mismos que dicen que, a través del trato duro del cuerpo, se pueden alcanzar las expectativas del Señor. “Si, pues, habéis sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba”. Antes de buscar las cosas de arriba, es necesario haber sido resucitado.
Aún los creyentes, hermanos, necesitamos ahondar en la doctrina de la resurrección por varias razones. Podríamos llegar a creer que esta ha sido siempre nuestra condición. Hermano, no siempre fue así. Yo le tengo temor a un creyente que llega a entender que él siempre ha tenido poder para sobreponerse al pecado; antes no lo tenías. Un creyente debe recordar frecuentemente que ha sido pasado de muerte a vida, porque esta condición es algo tan recurrente ya para nosotros que podemos darlo por hecho y olvidar que en un tramo de toda nuestra existencia nosotros no tuvimos poder alguno para poder vencer el pecado. Cristo fue levantado de entre los muertos, hermano, y esto es un hecho concreto que nosotros deberíamos atesorar.
Es necesario que los creyentes entendamos esto porque podríamos conformarnos teniendo expectativas iguales o aún menores que las expectativas de los de afuera. Es una incredulidad práctica: si realmente tú has nacido de nuevo en el Señor, es necesario que lo sepas, que has nacido de nuevo, porque deberías tener expectativas mucho más altas. De hecho, un creyente que espera en esta vida tener una victoria sobre el pecado que está al nivel de aquellos que entienden que pasar de un sauna a un baño frío durante el día puede darles éxito en su vida diaria es un creyente que ha negado la fe y que ha avergonzado a Cristo. Nosotros entendemos que podemos vencer el mundo, vencer el pecado, vencer al diablo, no porque tengamos en nosotros mismos la capacidad, sino porque el Señor nos ha pasado de muerte a vida.
También, hermano, es necesario que ahondemos en la doctrina porque es posible que terminemos desanimados. Hay creyentes que dicen: “Yo no he avanzado tanto en este año; yo siento que mi vida cristiana como que no despega de la línea”, y Satanás puede engañarte haciéndote creer que realmente el Señor no está trabajando en ti. Algo que da mucho aliento es saber que el Señor ya trabajó en nosotros, hermanos queridos, y también seguirá trabajando. La doctrina de la resurrección del creyente nos dice que ya el Señor nos vivificó y nos continuará vivificando. Cuando tú entiendas, cuando tú creas que el Señor no está trabajando en ti, mira hacia atrás y tú verás, hermano, que definitivamente el Señor lo ha hecho: él te ha pasado de muerte a vida y al mismo tiempo te sigue vivificando.
Quien ha tenido la experiencia de desarrollar una construcción sabe que quizás los elementos estructurales se levantan en corto tiempo, pero los accesorios de la terminación tomarán tanto tiempo como los elementos estructurales. Un creyente es una casa que ha sido levantada y todavía le faltan algunos accesorios, pero cuando tú ves una casa espiritual que ha sido constituida, tú dices: definitivamente el Señor me levantó de entre los muertos. Hay veces que la obra en santificación es una obra que va avanzando muy paulatinamente, y llegará a ser tentador pensar que realmente en tu vida no ha ocurrido nada. Ya ocurrió: ocurrió la cosa más importante. Fuiste pasado de muerte a vida. La doctrina de la resurrección nos dice que realmente el Señor ya nos levantó y nos continúa levantando, y es de mucho aliento para un creyente.
Imperativos: buscar y poner la mira en las cosas de arriba
Después de esto, entonces comienza el apóstol a hablar acerca de cuáles son las consecuencias. La primera: “Buscad las cosas de arriba”. Por favor, no intentes buscar las cosas de arriba antes de ser levantado; el Señor primero te pasa de muerte a vida y después hace que sigas buscando hacia arriba tu sustento. Esto no es algo que se dará automáticamente, sino que es posible dado lo anterior y que hace falta cultivar. Aquí hay un imperativo: “Buscad”. Cada vez que usted vea que la Escritura habla de imperativos, está diciendo cosas que el Señor espera de ti, que manifiestes cierta intención. No dice aquí “esperad”, sino “buscad”. Y es que así, hermanos queridos, como nosotros no deberíamos intentar nunca pasar de muerte a vida por nuestros propios medios —somos pasados de muerte a vida—, al mismo tiempo no deberíamos esperar de manera muy pasiva que todas las dádivas espirituales vengan del Señor de manera automática. El Señor nos está mandando a que hagamos una búsqueda constante y continua: “Antes bien, buscad”.
¿Cuál es la confianza que podemos tener nosotros en esta búsqueda, hermanos queridos? Nos anima mucho el hecho de que Cristo está sentado a la diestra de Dios. Si nosotros no hubiésemos conocido al Señor y si no tuviéramos la certeza de que el Señor está sentado a la diestra de Dios, buscar hacia arriba, hermano, fuera un asunto un poco desesperante; no conoces a nadie, no sabes quién está ahí. Pero nosotros sabemos que Cristo ha sido conocido por nosotros y él te conoce a ti, y él está sentado en este momento a la diestra de Dios. ¿Hay algo que sucede cuando alguien de nuestra entera confianza asciende a un lugar superior? Lo que sucede es que nos emocionamos.
Es frecuente en una empresa que, si tu supervisor fue ascendido a gerente, tú te sientas bien; tú dices: “¡Guau! Alguien de mi equipo, mi supervisor, fue ascendido a gerente”. Alguien que me conoce, alguien que cuida de mí. Cuando un familiar nuestro logra un ascenso de trabajo, toda la familia lo celebra porque directamente toda la familia será beneficiada. Hermano, el hecho de la ascensión de Cristo es algo que debería a todos los discípulos de Cristo llenarlos de una emoción renovada: el saber que aquel que nos conoció tanto, que caminó con nosotros, ahora está sentado a la diestra de Dios Padre, en el trono de todo dominio y toda autoridad. Debería emocionarnos profundamente porque hemos sido conocidos por él. Cristo en este momento tiene una posición de completo dominio; él está sentado a la diestra de Dios. No hay ningún poder superior, no hay ninguna cosa que escape a su soberanía.
De hecho, cuando nosotros oramos, deberíamos tener en mente que no estamos orando solamente “al cielo”; estamos orando al cielo donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Él está dirigiendo su iglesia, él está capacitando su iglesia, él está proveyendo para su iglesia y él nos está mirando. De estas necesidades de sustento para nuestra vida resucitada es algo natural para una persona que nació de nuevo. De hecho, tú sabes que naciste de nuevo porque hay en ti cierta hambre espiritual; una de las cosas que uno llega a percibir cuando ha sido pasado de muerte a vida es que en el Señor ahora tenemos una nueva sensibilidad, un nuevo entendimiento; hay cierta atracción hacia él, pero al mismo tiempo hay cierta hambre espiritual que solamente en él puede ser saciada y satisfecha.
Un creyente es una persona que llega a tener dos naturalezas: una naturaleza natural, y al mismo tiempo está la naturaleza de Cristo en nosotros; y esa naturaleza, que es la naturaleza de Cristo, tiene tanta hambre o debería tenerla como nuestro hombre natural. Y esta hambre en él solamente puede ser satisfecha. Cristo no solamente te despertó a una nueva vida; también él sustenta esta nueva vida en cada uno de nosotros. Me estaré moviendo, hermanos, en un momento, para hablar no solamente de “buscar”, sino de “poner también la mira en las cosas de arriba”, pero no puedo dejar de recordar el versículo de Hebreos 11:6, donde nos dice:
Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
— Hebreos 11:6
Me he dado cuenta de que no todos los creyentes, a pesar de que todos ellos tienen en el Señor una misma naturaleza despertada, han tenido el mismo nivel de aprovechamiento. Una cosa es estar vivo espiritualmente y otra cosa es estar vivo espiritualmente y en buenas condiciones.
Es innegable: todo verdadero creyente tiene una nueva naturaleza, pero esa nueva naturaleza en todos los creyentes no ha sido desarrollada en la misma proporción. Todo verdadero creyente tiene el Espíritu Santo, pero no todo verdadero creyente está lleno del Espíritu Santo. Todo verdadero creyente tiene el poder para sobreponerse y tener una vida victoriosa, pero no todos los verdaderos creyentes están viviendo una vida victoriosa. ¿De qué depende esto? Depende de que hay algunos que han sido más diligentes en buscar las cosas de arriba y hay otros que han dejado estas cosas tal y como estaban. Que estés vivo no significa que estés saludable; hay personas que están vivas y lánguidas. Hay creyentes que han sido despertados y están debilitados. Hay alguien que dice: “Yo estoy dudando de mi salvación a causa de que no tengo el poder para sobreponerme a determinada tentación, a determinado pecado”. Hermano, es que ya estás vivo y la potencialidad está en ti, pero tienes que buscar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.
En esto tengo que hacer una alerta, hermano: no es fácil dedicar nuestra vida nueva en el Señor a buscar las mismas cosas que hemos buscado siempre; no puede ser así. Si antes de venir a Cristo tu ansiedad, tu deseo era por las cosas materiales, deberías entender que ahora hay en tu vida una doble naturaleza y deberías anhelar también las cosas espirituales. Me impresiona el hecho de cuánto se celebra cuando el Señor ha dado un hijo, cuando el Señor ha dado una propiedad, cuando el Señor, a un creyente, le ha dado un nuevo trabajo, un ascenso. Todas estas cosas las reconocemos como dádivas que vienen de él, pero son cosas, hermanos, muy limitadas y que no alcanzan más allá de nuestra existencia temporal. Qué hermoso sería que celebráramos también las provisiones espirituales del Señor, del mismo modo que oramos y esperamos del Señor las cosas materiales.
Qué hermoso es un creyente que celebra que ha alcanzado en el Señor un nuevo nivel de entendimiento, un nuevo nivel de dominio propio, una victoria contundente sobre determinado pecado. Qué hermoso es un creyente que dice: “Lo que anteriormente no estaba, hoy está, y vino del Señor”. Quiero mostrarles esto, hermano, porque las cosas que están arriba son cosas muy dulces, pero hay que aprender a desearlas y buscarlas. Qué hermoso es un creyente que ha alcanzado el gozo, el reposo, dos cosas que a mí me parece que son responsabilidades cristianas básicas: buscar en el Señor nuestro gozo y buscar en el Señor nuestro reposo. Son cosas que vienen desde arriba, donde está sentado Cristo a la diestra del Padre. ¿Cuál es la primera consecuencia de nuestra resurrección, hermanos? Que podemos buscar y estamos llamados a buscar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Me muevo a mostrar la segunda consecuencia.
Poner la mira en las cosas de arriba: anhelo, referencia y formación espiritual
El apóstol no solamente nos dijo “buscad”; también hay otro imperativo. El primero es ese: “Buscad”. El segundo imperativo está en el versículo 2: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”. Esto, en el texto original, el término no es solamente “mirad”; no es “mirada” simple. Hay un giro donde se te habla de la intencionalidad; el traductor, de manera muy acertada, le puso ahí un “poned la mira”. No solamente “miren”, es “pongan la mira”; es como decir: miren algo intensamente. Poner la mira en las cosas de arriba significa tener vívidas imágenes mentales de lo que estamos esperando en el Señor. Poner la mira en las cosas de arriba significa entender todas estas cosas aun antes de llegar a tenerlas. Tener la mira en las cosas de arriba es anhelar algo intensamente; es como cuando la gente dice: “Tengo algo entre ceja y ceja”.
Es que tú todavía no lo tienes, pero lo estás mirando, lo estás acariciando, lo estás deseando, mientras te mantienes con una búsqueda activa. Esas cosas comienzan desde arriba. Al mismo tiempo, deberías ejercitar tu mente, tu pensamiento, para llenarte de referentes espirituales. Aun antes de que estas cosas sean una realidad para ti, ya deberías estarlas anhelando. Recuerdo cuando estaba muy involucrado en los negocios, hermano, en una temporada de mi vida, yo llené mi mente de referentes comerciales, de que realmente yo quería ser un empresario. Por ejemplo, yo no soy contador, pero conseguí un diccionario de contabilidad y aprendí todos los términos técnico-contables que pude aprender. Si usted quiere ser un discípulo de Cristo, debería poner la mira en las cosas de arriba, llenar su mente de referentes espirituales, de conceptos espirituales, de doctrinas bíblicas, de cosas que vienen de arriba. Y tú me dirás: “Pastor, es que yo todavía no tengo esas cosas”. Es que, a menos que las desees intensa e intencionalmente, esas cosas nunca van a ser realidad para ti.
Tener vívidas imágenes mentales de las cosas que son posibles en el Señor es un deber de todo creyente. Tú dirás: “Pastor, pero que yo todavía no lo tengo”. No, hermano, no es que lo tengas, es que lo anheles vívidamente; que le pongas la mira a las cosas de arriba. Lo que estás esperando del Señor, tú deberías acariciarlo. Oiga, hermano, yo quisiera acariciar y anhelar las cosas espirituales del mismo modo que yo anhelé y acaricié, en algún momento, tener un videojuego, un Nintendo. ¿Sabes lo difícil que era en tiempos atrás comprar un aparato de esos? Yo no tenía el mío, hermano, y pasó tiempo antes de que lograra tener un aparato de esos, pero ya yo lo conocía, conocía la conexión y conocía las cosas; y cuando lo tuve en la mano, hermano, esa cosa a mí me fue como completamente familiar. Claro, porque lo deseaba intensamente.
Poner la mira en las cosas de arriba es que tú dediques tanto tiempo, tanta energía mental a pensar, a desear, a anhelar esas cosas, entender esas cosas de forma tal que termines obteniéndolas. Una de las razones por las cuales nosotros estudiamos teología, hermano querido, es porque queremos entender, porque queremos poner la mira en las cosas de arriba. A menos que usted sepa lo que el Señor hace a los creyentes, usted no va a desear que el Señor haga eso en usted. Hemos estado, por ejemplo, desarrollando una serie de doctrinas bíblicas fundamentales, y alguno dirá: “Pastor, ¿y para qué le dedicamos tiempo a estudiar esas cosas?”. Literalmente, porque queremos las cosas de arriba, queremos tener la mira puesta en las cosas de arriba.
¿Por qué estudiamos la regeneración? Porque nosotros queremos experimentar todo el poder de la regeneración. ¿Por qué estudiamos la doctrina del Espíritu Santo? Porque queremos, hermano, tener una relación muy real con el Espíritu Santo y ser beneficiarios de todo lo que el Espíritu Santo puede hacer en nosotros. ¿Por qué estudiamos la doctrina de la salvación? Porque no solamente queremos ser salvados, sino, hermanos, que queremos que todos los aspectos de la salvación sean reales en nosotros. Y frecuentemente, cuando estudiamos la doctrina bíblica, nos damos cuenta de que hay cosas que nos faltan, y a menos que sepamos que esas cosas nos faltan, no trataremos de buscarlas.
Por la ayuda del Señor, hermano querido, el próximo jueves estaremos estudiando la doctrina del pecado. Y tú dirás: “Pastor, ¿y para qué estudiamos el pecado?”. Para poder vencer el pecado. Claro que a mí me entristece que yo no veo a veces a mis hermanos que tengan los ojos puestos en las cosas de arriba. Por ejemplo, yo recuerdo el momento de mi vida cristiana cuando yo leí en la Escritura que había un pecado imperdonable, hermano; eso puso en mí una urgencia. A mí hubo que explicarme muchas veces, primero, cuál era el pecado imperdonable, y después yo saber que yo no he practicado determinado pecado. El próximo jueves estaremos estudiando el pecado imperdonable, y tú me dirás: “Pastor, ¿y para qué estudiamos estas cosas?”. Para no practicarlo, para entenderlo.
¿Para qué estudiamos la conciencia humana, la depravación humana, el pecado original? Hermano, para poder poner nuestros ojos en las cosas de arriba necesitamos referentes bíblicos, teológicos, al respecto de cada una de estas cosas. De hecho, en cualquier oficio que usted haya estudiado, usted se dio cuenta de que las personas que iban a llegar lejos oficial, eran personas que estudiaban un poco más, y estudiaban porque tenían deseo real de entender. Si usted es médico, usted estudió con alguien que usted dijo en algún momento: “Cuando yo tenga un padecimiento, yo quisiera que alguien como ese sea mi médico”; una persona que no solamente estudia para pasar, sino una persona que estudia porque ha entendido, lo ve como un deleite y quiere llegar más y más en su profesión. En cualquier oficio hay personas que se conforman a lo básico y hay otros que ponen su mira en eso de forma tal que terminan obteniéndolo.
Hermano, mire tanto las cosas espirituales de forma tal que las cosas espirituales se hagan una realidad para usted. Esto es una consecuencia de nuestra nueva vida en el Señor, de nuestra resurrección junto al Señor. Algo que deberíamos preguntarnos es: ¿cómo se ve un cristiano normal? ¿Alguien que nació de nuevo, cómo se ve? Si usted es pelotero, deportista, usted tiene otros referentes en su propio deporte. ¿Cómo se ve un cristiano normal? ¿Qué es la vida cristiana? Usted debería preguntarle a otro creyente, hermano: “¿Qué fue lo que tú sentiste cuando viniste al Señor?”. Algo que se ha visto es que, para crecer en cualquier área, hace falta tener buenos ejemplos, referentes; ver a otros que también están buscando. La vida cristiana requiere, hermano, ese nivel de imitación.
Un artista necesita imitar a otro en su arte. Para usted poner la mira y saber hasta dónde se puede llegar en los caminos del Señor, usted necesita comenzar a buscar las cosas de arriba. ¿Cómo se buscan las cosas de arriba? Hay tres de ellas que yo quisiera mencionarles hoy.
Buscar a Dios, su Palabra y sus obras; llenar la mente para vencer el pecado
Bueno, sabemos: arriba está Dios. Usted debería amar y atesorar a Dios profundamente en su corazón, conocerle perfectamente. Pero hay algo que no vino de esta tierra, hermano; hay algo que vino desde arriba, y eso es la sabiduría que está en la Palabra del Señor. Mientras más usted permanece en la Palabra, más usted está poniendo las miras en las cosas de arriba. Y nuestra salvación, y la manera en que la salvación se hace manifiesta en la vida de un creyente, es algo que no viene de la tierra; también viene desde arriba. Hágase experto en esas tres cosas: hágase experto en conocer a su Dios, hágase experto en conocer la Palabra de su Dios y hágase experto en conocer las obras de su Dios.
Para poner los ojos en las cosas de arriba, hermano, hay que buscar y atesorar esas cosas intencionalmente. Tenga conversaciones con otros creyentes, lea libros cristianos. De hecho, una cosa que me ayudó mucho a mí fue leer biografías de creyentes de otras épocas. ¿Para qué yo quiero leer biografías de creyentes de otras épocas? Porque me interesa saber cómo el poder del Señor operó en ellos; porque si operó en ellos, también podría operar en mí. ¿Quién es alguien que anda buscando crecer en los caminos del Señor? Él quiere saber hasta dónde ha crecido otro, cómo se vio ese crecimiento, cómo se manifestó, porque él también quiere probar esas cosas. Lo que otro consiguió en el Señor, yo también quiero conseguirlo.
Recuerda que el Señor es galardonador de los que le están buscando. Frecuentemente, el que pone sus ojos en las cosas de arriba termina teniendo las cosas de arriba. Estaba escuchando a un agente de bienes raíces que decía que él podría determinar quién efectivamente le estaba haciendo perder el tiempo y quién iba a ser su cliente, quién terminaba comprando. Pregúnteme quién era el que iba a terminar comprando: les respondía, aquel que cuando se reunió conmigo ya había visto por lo menos cinco propiedades más; ese es el que realmente está interesado. Qué hermoso es, hermano, que el Señor nos encuentre buscando diligentemente ver las cosas de arriba y obtener las cosas de arriba. Yo puedo, sin ánimo, hermano, de hablar por mi Señor, yo casi le puedo garantizar que usted terminará teniéndolas; quien las desee intensamente, quien las mire intensamente, es una persona que también las busca intensamente.
De hecho, tener la mira en las cosas de arriba, he encontrado que es la mejor manera de luchar contra el pecado. Lo que hará el apóstol Pablo en los versículos siguientes de la carta a los colosenses es que estará mencionando diferentes pecados, pero antes de decirle eso, primero les dijo en el capítulo 2 que no lo intenten por sus propios medios. Después les dice, en los primeros cuatro versículos del capítulo 3, que el poder de la resurrección está disponible, y después él hace explícito cuáles son los pecados. Si usted quiere vencer el pecado, no trate de vencer ese pecado en específico; trate de llenar su mente de las cosas de arriba y trate de buscar las cosas de arriba. Esto funciona por desplazamiento.
¿Cómo usted evita el pecado? No le dé espacio al pecado; busque las cosas de arriba y llene su mente de las cosas de arriba. Hubo un fuego esta semana en una catedral, un fuego complejo. Todo el mundo fue; es interesante ver en las redes sociales, leyendo a la gente, todo el que fue, hermano, ya subió su foto. Le preguntan a los bomberos: “¿Pero por qué dejaron que se destruyera a tal punto? ¿Por qué no pudieron extinguirlo tan rápido?”. Ellos dieron una explicación sencilla: para que exista fuego, hace falta un combustible —madera, materiales que puedan quemarse—, hace falta oxígeno y hace falta calor. Y dijeron: como la catedral era tan grande, había demasiado oxígeno dentro, o sea, hubo que esperar que todo el oxígeno se extinguiera para después intentar entonces sofocar el fuego.
Usted quiere tener una victoria contra el pecado, hermano, quite el oxígeno; quite el oxígeno, quite el espacio de su mente. No le dé espacio en su mente al pecado; el pensamiento es el oxígeno para el pecado. Cuide sus pensamientos y usted tendrá una victoria contra el pecado. De hecho, hemos visto, hermano querido, en la experiencia de cualquier creyente, y también lo podemos constatar en la Escritura, que todo pecado comienza en el pensamiento. Usted quiere evitar un pecado, no luche contra ese pecado solamente; llene su mente de las cosas de arriba y busque intencionalmente las cosas de arriba. Deje poco espacio.
¿Cuándo es que somos especialmente tentados? Cuando en nuestra mente hay espacio. ¿Cuándo es que luchamos y somos vencidos? Cuando nos damos cuenta de que el pecado encontró mucho campo de acción en nuestra mente.
Cuánto me recuerda aquella descripción que hizo el Señor de un hombre cuya casa, espiritualmente hablando, había sido ordenada y había sido limpiada, pero que se había quedado desocupada. Bueno, trate de que su mente esté llena de las cosas de arriba, que su mente no sea una casa desocupada. Dice el Señor, en Mateo capítulo 12, del 43 en adelante:
Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: “Volveré a mi casa de donde salí”; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.
— Mateo 12:43-45
Es un asunto de espacio. El Señor ha limpiado tu vida, el Señor ha ordenado tu vida; dedica tu vida ahora a buscar las cosas de arriba y a mirar las cosas de arriba. No le des espacio. Ya yo, hermano, me he dado cuenta de que para practicar determinado pecado hace falta espacio mental. Hay hermanos que su asunto no es que se ha manifestado en ellos un poder extraordinario, que les ha dado tanto dominio propio, tanta contención; a veces, la manera en que el Señor les ha preservado para tener una vida victoriosa es que su mente la ha ocupado a un modo tal que el pecado no encontró espacio.
Y hay otros momentos donde el pecado encuentra, no solamente un espacio, hermano, espacio para él y también para muchos otros más. El apóstol Pablo no intentó decirles a los creyentes: “Venzan, de manera particular, miren cuáles son los pecados”. Menciona él aquí, versículo 5: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia. Él no les está diciendo: “Salgan ahora y saquen pecho y venzan uno a uno todos los pecados”. No. Él lo que está diciendo es: busquen las cosas de arriba y miren las cosas de arriba. Cuando ustedes busquen y miren las cosas de arriba, se darán cuenta de que tendrán una victoria renovada sobre las cosas que anteriormente les vencían.
Morir y hacer morir: convicción y acción, y la esperanza de la gloria venidera
Es un asunto de espacio. Muestro aquí, hermanos, que se requiere una combinación entre convicción y acción. Un creyente no es solamente un filósofo; un creyente, al mismo tiempo, desarrolla acciones en el poder del Señor. Parece una contradicción, pero dice el apóstol: miren, lean el versículo 3 y lean el 5, y se darán cuenta de que en el 3 dice: “Porque habéis muerto…”. Ok, nos da por muertos. Pero después el 5 nos dice: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros”. Si estoy muerto, ¿para qué voy a hacer morir?, si ya yo me morí, no puedo hacerme morir de nuevo. Parece una contradicción, hermano, pero esto es muy consecuente con la vida cristiana. Hace falta una combinación entre convicciones y acciones: la convicción es que definitivamente nosotros ya morimos en el Señor, y al mismo tiempo, acciones: dado que morimos en el Señor, no seguimos practicando esas cosas. Las dos cosas van de la mano.
Usted está convencido de que ha sido pasado por el Señor de muerte a vida y que ha sido levantado, y usted todos los días se “muere” nuevamente y permite que el Señor le levante; ambas cosas van de la mano. Concluyo con lo siguiente, hermano: quienes hemos muerto en Cristo hemos sido resucitados con él, y al mismo tiempo esperamos con él ser glorificados. Dice así el versículo 4: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Estimula mucho el saber que eventualmente seremos manifestados con Cristo en gloria. Satanás nos engaña haciéndonos creer que esta lucha contra el pecado va a ser un asunto que nunca se va a acabar. ¿Qué incluye el manifestarnos con él en gloria?
Ayuda mucho pensar en que Cristo fue resucitado y que él es primicia entre nosotros. ¿Qué significa una vida que ha sido glorificada en el Señor? Hay tres asuntos que me gustaría que ustedes recuerden que incluye esta postrera glorificación, la que está por delante: es que seremos glorificados.
Incluye perfección, una perfección similar a la de Cristo de forma tal que desde ahora podemos irnos preparando. Si tú sabes que estás caminando rumbo a una vida perfecta, tú te vas perfeccionando, pero sabes que en algún momento, hermano, esto te llegará de manera concreta y de repente con la glorificación. Llegará un momento en que tú podrás gritar, del mismo modo que gritó el apóstol: “¡Miserable de mí!”, pero al mismo tiempo tú recordarás: “La perfección me está guardada”. Agota esta lucha, hermano; este hacer morir lo terrenal en nosotros es un asunto que drena, es un asunto que cansa, se nos agota la paciencia.
De hecho, hay dos hombres de la Escritura, del Antiguo Testamento, que cuando pecaron uno se da cuenta de que ellos hicieron, hicieron, hicieron una lucha y sintieron, hermano, como que no daban más. El primero fue David; David en algún momento dijo: “Tarde o temprano esto se acabará”, y lo mejor que pudo hacer fue que terminó emprendiendo un camino de pecado. Y otro fue Sansón. Ayuda mucho saber que eventualmente seremos manifestados con él en gloria, o sea, que tendremos una naturaleza completamente perfecta.
Segundo aspecto de esa glorificación es deleite, a un nivel tan alto, dice la Escritura, que nosotros podemos renunciar ahora mismo a la satisfacción pecaminosa de manera razonable. Nosotros fuimos diseñados para experimentar deleite. De hecho, seamos cuidadosos cuando hablamos del deleite, porque podemos dar la impresión de que los creyentes nos oponemos al deleite. Nosotros lo que decimos es que el Señor nos diseñó con la capacidad de disfrutar. Sin embargo, a consecuencia del pecado, ni podemos disfrutar tanto como fuimos diseñados, ni podemos disfrutar correctamente.
Ahora, qué hermoso es saber cuánta satisfacción da saber que se nos está guardando una vida de gloria, donde el deleite tendrá un nivel tan alto que jamás podríamos nosotros haberlo experimentado en este tiempo. Un aspecto que nos ha reservado el Señor es la perfección; lo otro, el deleite. ¿Cuál es el tercer aspecto de una vida glorificada? Ayuda mucho, para vivir ahora mismo a la luz de nuestra resurrección y venciendo el pecado, saber que se nos está reservando una vida de incorrupción, de forma tal que la lucha actual contra el pecado no parezca eterna. Va a llegar un momento en que nosotros tendremos una naturaleza que es incorruptible.
Y, de hecho, hermano, para poder deleitarnos necesitamos tener una naturaleza incorruptible. No será posible volver atrás; no será posible que haya daño en nosotros; no será posible la corrupción; no será posible este avanzar y volver a retroceder. “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. ¿Cuáles son las consecuencias, hermanos, de haber sido levantados con el Señor? Las consecuencias son que nuestra vida pasó de repente de nada a todo, y al mismo tiempo, que podemos buscar y podemos poner la mira en las cosas de arriba.
Llamado a salvación y oración final por la iglesia
Ahora oraré por la iglesia para que el Señor nos permita, en cada una de estas cosas, hacer lo que la Escritura así mismo nos ha indicado. Ten tus ojos cerrados ahí, hermano querido. Si hay alguna persona que está hoy visitando y todavía no tiene la convicción de que ha pasado de muerte a vida, el Señor lo hace. Qué hermoso sería si, en un domingo donde recordamos la resurrección de nuestro Señor y nuestra propia resurrección con él, alguien testifica que el Señor le ha levantado de muerte a vida. Esto es lo más extraordinario, esto es lo más contundente, esto es lo más impactante.
No hay una cosa que sea más grande. Puedes orar ahí al Señor, si tú no tienes esta convicción, si del Señor has sentido su llamado, si el Señor ha comenzado a obrar en ti en arrepentimiento y fe. Una de las primeras cosas que debes hacer es decirle al Señor, ahí con tus palabras: “Señor, me arrepiento de mis pecados; perdona mis pecados. Recíbeme como tu hijo. Escribe mi nombre en el libro de la vida. Dame esta nueva naturaleza. Dame este poder del cual hoy se ha estado predicando”. Si el Señor te ha traído, ya estás en capacidad de buscar, ya estás en capacidad de mirar. Qué hermoso sería si alguien testifica hoy que el velo fue quitado, y que lo que le separaba de Dios también fue removido, de forma tal que puede buscar y que puede mirar.
Si el Señor te ha traído, gloria al Señor por la salvación de tu alma. Oro por todos mis hermanos. Padre, mira la iglesia aquí congregada; permite que el poder de la resurrección sea especialmente real en nosotros. Padre, cuídanos a todos nosotros del nominalismo; cuídanos a todos nosotros, Señor, de entender que podemos buscarte por nuestros propios medios. Permite que el poder que te levantó a ti de entre los muertos, Señor, vivifique nuestros cuerpos mortales también, para poder hacer tu voluntad. Padre, trae nuevos referentes para tu iglesia; trae un deseo, Señor, de entender lo que todavía no estamos viviendo, para que podamos anhelarlo. Ay, Padre, ¿cómo no comienzas tú a responder a aquellos que te están buscando?
Trae un estándar más alto, Señor; trae una victoria renovada. Permite que tu poder sea en nosotros, en este tiempo, especialmente evidente para la gloria tuya. Cómo no, Señor, anhelamos evidentemente el día de nuestra glorificación en Cristo Jesús. Amén.
Ahora nos despedimos, hermanos queridos, con alabanzas al Señor.